Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Revisting Perceiver and Target Gender Effects in Deception Detection” de Lloyd, Summers, Hugenberg y McConnell. En este artículo hablan de como el género del preceptor y del objetivo puede influir en la detección del engaño.

La problemática de la detección del engaño ha sido de gran interés para la justicia durante siglos y también ha sido un tema muy investigado. A pesar de todo ello, la detección del engaño es complejo. Se ha comprobado que las personas detectan correctamente en un 54% de los casos, lo que supone un porcentaje muy bajo por encima de lo que sería el azar (50%). El no poder detectar el engaño con corrección tiene graves consecuencias económicas, sociales, emocionales, teniendo implicaciones significativas para el comercio, la justicia penal y las relaciones románticas.

Las investigaciones sobre el tema han intentado mejorar la precisión con la que se detectan los engaños. Una de las características más investigadas ha sido el receptor y el género del objetivo, tema central del presente estudio.

Las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento han llegado a tres conclusiones respecto el género y la detección del engaño. La primera es que las mujeres son mejores que los hombres en la detección del engaño. La segunda es que dependiendo de las investigaciones las mujeres o los hombres son mejores mentirosos. La tercera es la combinación del género tanto del objetivo como del perceptor.

Diferentes investigaciones concluyeron que las mujeres son mejores detectando mentiras que los hombres, mostrando un mayor rendimiento en diferentes paradigmas como puede ser detectándolas con desconocidos o con sus parejas sentimentales. Han sido superiores tanto en los juicios explícitos de engaño como en las medidas inconscientes. Esto es consistente con los resultados del género en las tareas de sensibilidad interpersonal en general. Las mujeres son superiores a los hombres en las tareas relacionadas con la percepción de la persona y la sensibilidad interpersonal como son la memoria de las personas, el reconocimiento de las emociones, el conocimiento de señales no verbales y la interpretación de señales verbales y no verbales. Esto puede ser debido a que las mujeres han desarrollado siempre roles sociales dirigidos al cuidado que enfatizan la sensibilidad emocional. Esto podría hacer que aumentase la sensibilidad social a través de la práctica y la creación de estereotipos que afecten de manera diferente al rendimiento de hombres y mujeres. Se ha comprobado, incluso, que los hombres se desempeñan peor en tareas enmarcadas como femeninas que cuando se enmarcan como masculinas o no se enmarcan. En cambio, en relación con la detección de la mentira no hay estereotipos aparentes sobre que las mujeres sean más sensibles en la detección del engaño. De hecho, si nos fijamos en una de la profesión que más pueden utilizar la detección del engaño, como es la policía, la gran mayoría son hombres. Hay investigaciones que incluso han llegado a la conclusión contraria, que los hombres son mejores detectando mentiras que las mujeres. Los metanálisis no han encontrado evidencias sólidas sobre la mejor precisión en la detección del engaño por alguno de ambos géneros.

En cuanto a la relación del género de la persona que miente, a pesar de haber recibido menos atención, las conclusiones tampoco son definitivas. Unas investigaciones concluyeron que las mujeres eran mejores mintiendo que los hombres ya que tienen más práctica con las emociones y su demostración, y, por tanto, serían capaces de mentir mejor sobre ellas. Mientras que otras investigaciones concluyeron que era más difícil de detectar a los mentirosos masculinos. La teoría que subyace a estas dos conclusiones opuestas es la misma. En este último caso se apuesta a que la causa de que sea más fácil leer a las mujeres es justamente su mayor emocionalidad, lo que hace más fácil que se le escape la emoción real que están sintiendo. Parece ser que hay una mayor evidencia que apuesta porque son mejores mentirosos los hombres, pero no se pueden llegar a conclusiones definitivas firmes.

En la relación con la detección del engaño y la combinación del género del objetivo como del perceptor se concluyó que los preceptores femeninos en comparación con los masculinos eran más precisos en la detección del engaño en blancos masculinos. Por el contrario, los preceptores masculinos fueron más precisos en blancos femeninos. Esto puede explicarse debido a los sesgos y preferencias del género. Confiamos más en las personas de nuestro propio género y puede hacer que nos perdamos pistas sobre el engaño. Pero estudios posteriores no consiguieron comprobar ese efecto.

¿Por qué existen hallazgos tan inconsistentes en esta área? Primero, porque muchos estudios clásicos en este tema tenían conjuntos de estímulos relativamente pequeños, en gran parte debido a la dificultad de crear estímulos de alta calidad en los paradigmas de detección de mentiras. Segundo, muchos estudios que observaron los efectos del género del perceptor tienen bajo poder estadístico. Tercero, algunas inconsistencias de los efectos de género en la detección de mentiras pueden ser metodológicas. Finalmente, los hallazgos del efecto de género también pueden ser ocultados por cuestiones analíticas.

En el presente estudio se analiza el papel del preceptor y el género del objetivo, además se intentan evitar algunos de los problemas que presentaba la literatura prexistente. Para ello se reclutó una gran cantidad de muestra (402 sujetos) y una gran cantidad de vídeos (320) con igualdad de mujeres y de hombres y contando dos verdades y dos mentiras. Los vídeos fueron extraídos de la Base de Datos de Detección del Engaño de la Universidad de Miami, y se normalizaron multitud de variables para que el trabajo contara con más control. Esto permitió usar la Teoría de Detección de Señales (SDT) que ofrece una mayor precisión sobre los mecanismos subyacentes a la detección de mentiras, ayudando a no confundir la capacidad de discriminar entre verdades y mentiras con la tendencia a favorecer una respuesta sobre otra.

Los 402 sujetos (203 hombres y 199 mujeres) vieron cada uno un subconjunto de la muestra de vídeos. Los participantes eran su mayoría blancos (83’5%) y con edades comprendidas entre los 18 y los 78 años. Los vídeos eran muestras de 80 sujetos diferentes (40 hombres y 40 mujeres) diciendo verdades y mentiras sobre sus relaciones personales. Sus edades estaban comprendidas entre los 18 y los 26 años. Los sujetos grababan los videos con las siguientes instrucciones, primero describir a una persona que les gustara, porque les gustaba y que dijeran sus cualidades positivas, después tenían que describir a la misma persona, pero en este caso tenían que mentir y decir porque no les gustaba y sus cualidades negativas. En el tercer vídeo tenían que describir a una persona que no les gustase decir porque no y sus cualidades negativas y para acabar un cuarto vídeo donde mintieran diciendo porque les gustaba esa misma persona y sus cualidades positivas. Cada participante fue asignado al azar para ver uno de los 20 conjuntos de vídeos diferentes que había, cada conjunto contenía 16 vídeos. Cada conjunto incluyó ocho vídeos de objetivos femeninos (cuatro verdades y cuatro mentiras) y ocho vídeos de objetivos masculinos (cuatro verdades y cuatro mentiras). Cada conjunto de vídeos incluía una verdad negativa, una mentira negativa, una verdad positiva y una mentira positiva, de dos mujeres y de dos hombres. Después de ver cada vídeo, los participantes respondían a cuatro preguntas que siempre estaban en el mismo orden: ¿Esta persona está diciendo la verdad o una mentira?, ¿cómo de atractiva es esta persona?, ¿qué confiable es esta persona?, y ¿cómo de ansioso te parece está persona? A la primera pregunta tenían que seleccionar verdad o mentira y las otras tres se evaluaron mediante una escala del 1 al 7 donde el 1 era “De ningún modo” y el 7 era “Extremadamente”.

Los resultados del estudio en primera instancia replicaron conclusiones de la literatura preexistente como que los preceptores exhiben habilidades de detección de mentiras un poco mejor que el azar o que muestran un sesgo de verdad general en sus juicios. Como resultados novedosos se puede hablar de que los preceptores revelaron una mayor sensibilidad y precisión para sus juicios sobre objetivos femeninos que para objetivos masculinos. Además, los perceptores juzgaban a los objetivos masculinos como veraces más a menudo que los objetivos femeninos. Sin embargo, no se observó ningún efecto del género del perceptor en la sensibilidad, precisión o sesgo de verdad. Tampoco se encontró interacción entre el preceptor y el género objetivo en cualquiera de los resultados. Una explicación posible a por qué se juzga como más veraces a los hombres pueden ser los estereotipos. Los hombres son más agresivos físicamente y las mujeres para agredir utilizan más la agresión relacional a través de chismes y cotilleos. Por ello se ven que son más propensos al escepticismo respecto a los objetivos femeninos. Una limitación importante del estudio es que solo se usaron videos con pequeñas mentiras que serían extrapolables a lo que se puede encontrar en nuestro día a día, pero no se podría extrapolar a las grandes mentiras como en la detección de engaño en el ámbito criminal.