Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Influences of accent and ethnic background on perceptions of eyewitness testimony”, de la autora Lara Frumkin, de la Universidad de Maryland (EEUU), que estudian cómo influye el acento en la percepción de nuestro interlocutor.

En los últimos 20 años, la población de España ha cambiado considerablemente. A día de hoy, la cifra de inmigrantes supera los cuatro millones y medio, es decir, son casi el 10% de la población. Muy cerca de un país que consideramos tan multicultural como Estados Unidos con su 12%. Aunque muchos estudios han investigado aspectos de la discriminación como los estereotipos o los prejuicios, pocos se han centrado en la forma en que los inmigrantes son socialmente percibidos y juzgados. Algunos de estos escasos estudios han puesto en evidencia que el acento de nuestro interlocutor es también una forma de comunicación, con la que nos expresa su origen foráneo, y que sólo con esto los oyentes ya se forman opiniones, juzgan y determinan la credibilidad que achacan a esa persona.

Las investigaciones sobre el acento nos expresan también que, independientemente del país o el idioma, los nativos tienden a degradar a los inmigrantes en base a éste. Se produce, por tanto, un rechazo hacia el individuo independientemente de sus palabras y de la calidad estética de su acento, y un prejuicio basado en el país de origen y el prestigio otorgado a los nacidos en ese país. Se han creado incluso programas para ayudar a reducir el acento, lo que nos demuestra efectivamente este rechazo en la práctica y el efecto negativo que tiene en los oyentes.

Es poco probable que exista un esfuerzo consciente para responder negativamente a las personas con acento extranjero, puesto que las personas por lo general no son conscientes de sus prejuicios. Sin embargo, el acento hace que a nivel subconsciente ya percibamos a esa persona como diferente de nosotros mismos y nos predispone a un juicio poco favorable. Por ello, es importante ver hasta qué punto esto puede afectar el acento en una sala del tribunal y demás mecanismos de justicia.

En este experimento participaron 174 participantes nacidos en Estados Unidos, con una edad media de 19 años y 63% de mujeres. Los participantes fueron divididos en seis grupos, uno para cada uno de los vídeos (condiciones experimentales): 35 vieron un vídeo en el que hablaba un alemán sin acento, 30 un alemán con acento, 30 un mexicano sin acento, 27 un mexicano con acento, 26 un libanés sin acento, y 26 un libanés con acento. En realidad se trataba de los mismos tres actores (un alemán, un libanés y un mexicano) que modulaban el acento para hacerlo aparecer y desaparecer en cada uno de sus vídeos. El vídeo duraba apenas 3 minutos y seguidamente después de su visionado debían contestar a unas preguntas sobre lo creíbles que les resultaban, como si fuera la grabación de un testimonio.

Los resultados nos muestran que el testimonio entregado por el mismo testigo fue percibido como menos favorable cuando el testigo hablaba con acento. Este efecto se replicó en los tres testigos, con sus diferentes acentos. De hecho se puntuó más bajo cuando se utilizaba acento en las cuatro variables medidas: credibilidad, exactitud, engaño y prestigio. Estos resultados se corresponden con los hallados en otras investigaciones, que afirman que los acentos diferentes del nuestro se perciben negativamente.

Es importante resaltar que este estudio fue realizado por estadounidenses y sería interesante replicarlo en otros países de distinto idioma nativo para comprobar si los resultados son extrapolables, aunque todo indique que es probable. Por tanto, es importante tener en cuenta las implicaciones de estos resultados para el sistema judicial y concienciar del poder de estas variables que parecen tan irrelevantes y en realidad son tan influyentes en el testimonio de los testigos.