Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Anger fosters action. Fast responses in a motor task involving approach movements toward angry faces and bodies”, de los autores Josje M. de Valk y Jasper G. Wijnen, de la University of Amsterdam, y de Mariska E. Kret, de la Leiden University, que investiga la influencia que tiene en la velocidad de respuesta el percibir un gesto facial o físico de enfado.

Los humanos están bien adaptados para reconocer y responder rápida y adecuadamente a las respuestas emocionales de otros. Dado que las respuestas amenazantes son procesadas a fondo y rápidamente detectadas, nos permiten prepararnos para acciones más rápidas. Sin embargo, si bien la mayoría de estudios se centran en la detección de las expresiones faciales amenazantes, no se debe olvidar que la cara forma parte del contexto global del cuerpo. Distintas expresiones de emoción pueden ser reconocidas en el lenguaje corporal ante la ausencia de claves vocales o faciales.

Tanto las caras como los cuerpos son procesados por redes neurales similares. Sin embargo, en comparación con la expresión facial, la expresión corporal contiene un componente de acción directa. Una postura temerosa se traduce como una postura de evitación al observador, y una postura agresiva se relaciona con una de aproximación. Estas diferencias se reflejan en los patrones de actividad cerebral, llegando incluso a mostrarse que el lenguaje corporal activa la preparación a la acción más que las expresiones faciales, especialmente cuando el enfado o la ira son expresadas. La investigación que presentamos buscaba, precisamente, demostrar todos estos planteamientos teóricos.

Por tanto, las expectativas de la investigación fueron tres: en primer lugar, se esperaban reacciones más rápidas ante estímulos amenazantes que ante estímulos neutrales. En segundo lugar, y dado el componente de acción que posee el lenguaje corporal, se esperaban respuestas más rápidas ante estos estímulos que ante estímulos faciales. Por último, se esperaban tiempos de reacción menores ante cuerpos enfadados que ante cuerpos temerosos.

Para ello, se seleccionó una muestra de 33 participantes para tomar parte en el experimento. A estos participantes se les pedía colocarse detrás de una pantalla táctil, donde deberían presionar el punto rojo que aparecería en la misma tan rápido como pudieran. A partir de ese punto, se combinaba la aparición del punto con la aparición de diversas imágenes, representando distintas expresiones corporales y faciales, entre las cuáles se intercalaban algunas de ira.

Los resultados mostraron que los participantes respondían más rápido a expresiones de enfado que a emociones neutrales. Sin embargo, no se encontró diferencias en el tiempo de respuesta si el enfado se traducía en postura corporal o facial. Además, ninguna diferencia significativa se encontró en el tiempo de reacción ante posturas temerosas y de enfado, o temerosas y estímulos neutrales. Esto demostró el planteamiento de que, ante expresiones de amenaza, independientemente de la procedencia de la misma (corporal o facial), las conductas son activadas más rápidas que ante otros estímulos neutrales.