Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta vez les ofrecemos un resumen del artículo “Memorias hechas a mano: la solidez del efecto de Desinformación Gestual en entrevistas con niños testigos presenciales”, de los autores Elizabeth Kirk, de la Universidad de York, y Daniel Gurney, Rebecca Edwards y Chris Dodimead, de la Universidad de Hertfordshire, que trata sobre cómo la influencia de los gestos de un entrevistador pueden influir en la precisión de los relatos del entrevistado.

Ha sido arduamente demostrada la influencia que ciertas claves verbales pueden tener sobre la precisión o veracidad de las declaraciones de adultos y niños. Sin embargo, y mientras que la mayor parte de las investigaciones se centran en analizar precisamente la influencia de la conducta verbal del entrevistador, es en la actualidad cuándo los investigadores han descubierto que la conducta no verbal del entrevistador puede influir del mismo modo durante la entrevista de investigación, corrompiendo así la declaración de un testigo y llevándole a realizar imprecisiones (e incluso a dar datos falsos) en la misma. Es precisamente la sugestibilidad de los niños la que plantea a los investigadores más preocupación, lo cual ha llevado a intentar definir cuáles son las variables que facilitan o dificultan que este efecto de “desinformación” afecte a los menores. Sin embargo, si bien se conocen varias de las claves que pueden prevenir o elicitar que este efecto se produzca a través del lenguaje verbal, todavía poco se sabe de cómo las variables del menor pueden resultar útiles ante la influencia del efecto de desinformación gestual. Es por ello que en este estudio, y con objeto de evaluar qué variables del niño pueden actuar frente a este efecto, se han seleccionado tres factores distintos: la fuerza del recuerdo, la edad y la habilidad verbal. Estos factores son elegidos debido a que numerosos autores han demostrado la importancia que los mismos representan para evitar efectos de manipulación del testimonio a través de la comunicación verbal. Así, la fuerza del recuerdo fue evaluada a través de preguntar a ciertos niños directamente tras el evento en cuestión, la edad a través de la creación y evaluación de dos grupos con edades distintas (uno de ellos de tres a cuatro años, y el otro de siete a ocho), y la habilidad verbal a través de la aplicación del Adaptative Language Inventory (ALI) y su posterior comparación con la influencia producida por los gestos en cada menor.

Los resultados de este estudio arrojan datos interesantes. En primer lugar, se encontró que no había una diferencia sustancial ni en la edad ni en la fuerza del recuerdo a la hora de ver influida su declaración a través de comunicación no verbal, dado que ante ambas variables la influencia de los gestos del interlocutor era bastante elevada (especialmente, como indica el estudio, cuando se usaban los gestos de “lanzar” y “comer”). Tampoco se encontró una “resistencia” significativa al efecto de desinformación gestual entre aquellos niños con una mayor puntuación en el ALI y aquellos con una puntuación menor. Sí que se halló que muchos de los niños, de hecho, tendían a incluir en sus testimonios nueva información coherente con los gestos que habían visto del entrevistador, y es aquí donde se encontró que los niños más pequeños incluso llegaban a inventar información para ampliar aquella que habían recibido del entrevistador. Así, mientras que en el evento original el actor principal estaba bebiendo, el gesto del entrevistador provocó que los niños dijesen que en realidad estaba comiendo. No obstante, mientras que los niños más mayores se limitaron a dejar la explicación en ese punto, los niños menores llegaron incluso a inventar qué estaba comiendo el actor. Atendiendo a los resultados, sin embargo, los autores afirman que el efecto de desinformación gestual es resistente a ciertos factores que sí se ha demostrado que son útiles para reducir el efecto de desinformación verbal (fuerza del recuerdo, edad y habilidad verbal).

En conclusión, los autores plantean que, dada la capacidad limitada de los menores de ignorar información gestual incongruente con sus recuerdos, el hecho de acompañar preguntas o interrogatorios con gestos puede resultar en un arma de doble filo. Por un lado, demuestran que acompañar preguntas con gestos que proporcionen información precisa respecto al hecho ayuda a facilitar la respuesta verbal de los menores. Sin embargo, también puede provocarse una confusión al menor si los gestos utilizados no son congruentes con la situación en cuestión.