Tercera y última parte del estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros,  en donde se estudia la validez de la hipótesis de los defensores de PNL que afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. 

Como se explicó en la anterior entrada, este tercer experimento examina si la supuesta relación entre los movimientos oculares en las mentiras surge en una serie de videos que contienen mentiras de gran importancia, en concreto, mentiras relativas a la desaparición de un ser querido. El proyecto implicó codificar los movimientos oculares realizados por los participantes en dos tipos de videos. En una serie de videos había pruebas convincentes de que los participantes estaban mintiendo, mientras que en la otra serie de videos la evidencia sugería fuertemente que estaban diciendo la verdad. Como antes, el estudio investigó la duración corta y más larga de los movimientos oculares en la parte superior derecha y en la parte superior izquierda. Las variables dependientes fueron la frecuencia de las miradas de los participantes (es decir, movimientos oculares que duraron un segundo o más) y miradas rápidas (movimientos oculares de menos de un segundo de duración) a la dirección superior derecha o superior izquierda durante la entrevista.

Los videos que se usaron en el experimento eran 52 videos en los que las personas hacen un llamamiento público directo para el regreso seguro de un pariente desaparecido. Estos videos han sido recopilados de agencias de noticias en varios países, incluidos Australia, Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos. Hay pruebas contundentes (que incluyen, por ejemplo, la posesión del arma homicida, las imágenes de la cámara de seguridad, la persona que conduce la policía al cuerpo de la víctima, el pariente más tarde encontrado vivo con el secuestrador o el familiar que se suicidó) para sugerir que las personas en 26 de estos videos estaban mintiendo y los de los otros 26 videos decían la verdad.

Cada una de las cintas de video fue codificada por dos evaluadores independientes. El procedimiento de codificación fue idéntico al empleado en el Estudio 1 e implicó contar el número de veces que el participante miró hacia arriba y hacia la derecha, y hacia arriba a la izquierda, durante cada entrevista. Un codificador analizó todos los videos, mientras que un segundo codificador examinó una selección aleatoria de 13 videos para evaluar la confiabilidad entre evaluadores.

Pues bien, como sucedió con los dos anteriores experimentos, los resultados de nuevo no fueron significativos. Si bien existen más frecuencia de miradas rápidas hacia la izquierda en los casos de mentira que en los casos de verdad, existe aproximadamente el mismo número de frecuencia y tiempo en miradas hacia la derecha en los casos de verdad y de mentira.

Por tanto, una vez más, los datos no respaldaron las afirmaciones hechas por los practicantes de PNL. En resumen, los tres estudios no proporcionaron ninguna evidencia para apoyar la noción de que los patrones de movimientos oculares promovidos por muchos profesionales de PNL ayudan a la detección de mentiras. Esto está en línea con los hallazgos de una cantidad considerable de trabajos previos que muestran que las pistas faciales (incluidos los movimientos oculares) son indicadores pobres de engaño por sí solos. Es decir, determinadas microexpresiones faciales pueden ser indicadores de incongruencias entre lo dicho verbalmente y lo expresado no verbalmente, pero eso no significa que sea un indicador de mentira, y por supuesto no debe trabajarse con un solo indicador para detectar la mentira, sino con un conjunto de indicadores o factores que puedan orientar al evaluador a considerar si existe una incongruencia entre lo que el sujeto explica verbalmente y lo que el cuerpo indica físicamente. Por tanto, aunque hayamos podido comprobar según los resultados de los experimentos la no validez de la detección de la mentira únicamente por el movimiento ocular, tampoco se debe de entender que un solo y único factor, de forma aislada, que indique incongruencia en el testimonio (por ejemplo una microexpresión o una postura corporal), sea suficiente para detectar con total fiabilidad una mentira aun cuando el significado de dicho factor esté validado científicamente.

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