Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Inside – Out: From Basic Emotions Theory to the Behavioral Ecology View” de Crivelli y Fridlund. En este artículo se hace una revisión de la Teoría Básica de la Emoción resaltando sus incoherencias internas y proponiendo una teoría alternativa, la Ecología del Comportamiento.

La Teoría Básica de las Emociones (BET) tiene ya más de 60 años y fue la causante del interés del público en general sobre el estudio del comportamiento facial humano. La existencia de expresiones faciales que sean universales tanto en su producción como en su entendimiento influyeron en la mejora de las técnicas de interrogatorio y detección de engaños de manera global. Sin embargo, esta teoría presenta incoherencias internas y suposiciones viciadas y por ello se presenta la Teoría de la Ecología del Comportamiento (BECV), que describe el comportamiento facial humano basándose en la comunicación animal y la evolución biológica y cultural.

El inicio de los estudios sobre la emoción puede remontarse hasta Aristóteles, así como de la expresión facial de la misma pueden estar en LeBrun en el siglo XVII. Pero no fue hasta “La expresión de las emociones del hombre y los animales” de Charles Darwin donde se asentarían las bases del BET. Darwin reflexionaba sobre que la expresión facial de las emociones eran vestigios de comportamientos ancestrales.

Ya en el siglo XX Allport definió las expresiones como el lenguaje de la cara que tendría cientos de emociones asociadas, categorizándolas en seis: dolor, sorpresa-miedo, ira, disgusto, placer y varias actitudes de tono hedónico neutral. Allport creía que las expresiones se adquirían a través del condicionamiento social temprano. Pero la BET no estuvo de acuerdo ya que para ellos las expresiones faciales de la emoción eran automáticas, sólo se suprimían con gran dificultad, sus significados eran invariantes y no dependían del contexto. Esta idea fue la predominantes hasta finales del siglo, cuando diversos estudios confirmaron la dependencia de las expresiones faciales con el contexto.

La formulación de BET de emociones categóricas, universales y expresiones coincidentes con las mismas se basó en los escritos de Tomkins. Se fundaba en un conjunto de afectos primarios que eran como autómatas autocontenidos, independientes de la cognición, no intencionados y tenían primacía sobre los impulsos. Cada uno de los afectos producía una configuración facial distinguible y reconocible universalmente.

El mayor auge de esta teoría se dio a raíz de la investigación de Ekman sobre el comportamiento facial ya que presentaba mejores pruebas deductivas y era más fácil para utilizar los métodos de laboratorio estándar. Ekman consideró como básicas las emociones que tenían una expresión asociadas a ellas única y reconocida universalmente. Las seis emociones básicas eran: ira, miedo, asco, tristeza, sorpresa, y alegría. La explicación que brindó fue que los humanos compartimos ciertas expresiones faciales de emoción que expresan nuestras emociones específicas debido a nuestra filogenia común y que la cultura actúa como supervisora y podría llegar a modificar alguna expresión prototípica innata. Refiriéndose esto último a la posibilidad de enmascaramiento de alguna emoción debido a las reglas culturales sobre las mismas. Además, diferenciaron entre situaciones donde la persona está sola a otras donde está acompañada. En el primero de los casos las expresiones se mostrarán más libremente, sin la influencia de la cultura, y en el segundo estarán más influenciadas por la parte cultural.

Algunos problemas que presenta dicha teoría son: primeramente, la experiencia emocional o sentimientos, que no han podido ser verificados empíricamente y hay que confiar en el autoinforme de los sujetos. También hay conflicto con el número de emociones básicas, ya que no hay exposición clara de criterios de inclusión o exclusión en la lista de estas.

Otro de los problemas que presenta es el de la mezcla, esta teoría nos dice que las emociones pueden combinarse o derivar una en la otra y que por tanto las expresiones aparezcan también mezcladas. Lo que supone que si una persona presenta dos expresiones combinadas está sintiendo dos emociones combinadas, lo cual es complicado de verificar empíricamente, ya que, si no se puede comprobar una, dos es más difícil. Además, se contaba con el problema de que las expresiones prototípicas rara vez se podían observar de manera plena porque están influidas por la cultura que hace que se maquillen.

Como alternativa encontramos la Teoría de la Ecología del Comportamiento (BECV) que fue presentada en la década de los 90. Es una teoría externalista y funcionalista que permite reconectar el estudio de las exhibiciones faciales humanas con la evidencia de la biología evolutiva y los estudios de comunicación animal. Para esta teoría las expresiones faciales son herramientas flexibles que han ido evolucionando conjuntamente y que permite la modificación del comportamiento de las personas con las que nos relacionamos en beneficio de ambos. La evolución se puede dar por selección natural o cultural.  Las expresiones faciales tienen un significado dentro de la propia interacción social y dependerá de los objetivos y los contextos. Esto viene respaldado por los modelos bayesianos de flexibilidad fenotípica desarrollados por biólogos evolutivos contemporáneos.

Esta teoría plantea que incluso aunque el sujeto este solo en una sala, puede sentir la influencia social, ya sea pensando en otros o al enfrentarse a alguna máquina que hace algo inesperado (no devolver el cambio) o cuando está rezando a Dios. Esto dejará sin validez la diferenciación hecha previamente entre caras libres de cultura o influenciadas por la misma.

El BECV tampoco tiene interés en afirmar que las expresiones faciales sean universales, ni puede afirmar si tiene un origen biológico o cultural, ya que para realizar dicha afirmación habría que hacer un análisis muy minucioso y múltiples experimentos para determinar todas las posibles explicaciones. Su enfoque es funcionalista y está centrado en explicar como usamos las expresiones en nuestro día a día, enfatizando la sensibilidad al contexto del propio comportamiento facial durante la interacción.

La revisión presentada plantea que BET o no se ha dado cuenta de los problemas o contradicciones que presenta y que los nuevos planteamientos sobre nuevas emociones y nuevas formas de visualización de las expresiones no se han analizado con la profundidad suficiente. Al igual que no se ha tenido en cuenta otros puntos de vista diferentes al occidental tanto en su definición de emociones como en la de la expresión facial. A modo de resumen de los principales problemas que presenta son la visión simplista y anticuada de la interacción biología – cultura, un conjunto de dicotomías, reflejadas en la partición neurocultural que ya no es sostenible, un conjunto de cambios en los criterios y conceptos mediante los cuales explican los nuevos hallazgos y una conciencia limitada frente a la importancia de la cultura en la vida.