Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Executing Facial Control During Deception Situations”, de los autores Carolyn M. Hurley y Mark G. Frank, de la Universidad de Buffalo (EEUU), que estudian si se pueden controlar las facciones durante una mentira para evitar ser detectados.

El engaño es parte de nuestro día a día. Mentimos a la mayoría de las personas para suavizar nuestras interacciones sociales y la cortesía dicta que no debemos tratar de detectar esas mentiras para no avergonzar a nuestro interlocutor ni alterar el funcionamiento social. Si preguntamos a un amigo si le gusta nuestro nuevo peinado o si le cae bien nuestra nueva pareja, sea lo que sea que piense en realidad, las normas sociales dictan que responderá que sí y nosotros haremos por creérnoslo. Pero no son estas mentiras las que nos preocupan y nos traen aquí, sino aquellas más raras y a su vez más peligrosas, las que tienen intenciones hostiles y se producen en escenarios de riesgo.

A día de hoy, la gente se interesa por estos temas más que antes y podemos encontrarlos incluso en el cine y las series exagerados y llenos de desinformación. Sin embargo, si en algo han acertado es que vigilar la cara es una de las formas más comunes de buscar mentiras. Así pues, nuestra preocupación ahora es otra muy distinta. ¿Si cualquier persona tiene a mano las técnicas de detección de la mentira no generará eso mejores mentirosos? Es por ello que estos investigadores trataron de evaluar si las personas son capaces de ejecutar con éxito contramedidas de control facial para evitar ser detectados mintiendo.

Los participantes fueron 33 mujeres y 27 hombres de unos 20 años y estudios universitarios. El experimento consistía en crear una falsa “escena del crimen”: se interrogaría a todos los participantes sobre el robo de unas entradas de cine. A los participantes que aleatoriamente se les había asignado decir la verdad se les daría una de las entradas si lograban convencer de su inocencia a los interrogadores. A los mentirosos se les darían dos si lograban engañarles y fingían su inocencia. En ambos casos, se les “amenazó” con rellenar largos y tediosos cuestionarios como castigo si fallaban y no conseguirían las entradas. Del 0 al 10, los participantes valoraron el castigo con un 5 (castigo moderado), aunque en realidad fue una estrategia para motivarles y nadie tuvo que hacerlo aunque fracasara, llevándose la entrada de cine igualmente como agradecimiento por la participación.

Dentro de cada grupo (sinceros y mentirosos), se dividieron en tres subgrupos: a uno se le indicó antes del interrogatorio que no sonrieran, ya que el interrogador lo detectaría como signo de estar mintiendo. A otro tercio se le indicó que lo que no debían era levantar las cejas, por el mismo motivo. Al tercio restante no se le dio ninguna indicación para usarlos de grupo control. Después de estas instrucciones, los que estaban en la categoría “mentirosos” cogieron las entradas y se las escondieron. Posteriormente se les interrogaba en una sala con cámaras de vídeo donde se les hicieron varias preguntas, algunas relacionadas con las entradas y otras no.

Los resultados mostraron que las expresiones podían suprimirse pero sólo parcialmente. Por un lado, encontraron que suprimir la sonrisa era mucho más fácil que controlar las cejas ya que es un movimiento mucho más involuntario. Sin embargo, a pesar de las instrucciones todos mostraron la conducta que se les había pedido que no mostraran al menos una vez. Los sinceros eran capaces de controlar el movimiento de sus cejas mejor que los mentirosos, pero curiosamente cuando se pedía la supresión de este movimiento se conseguía colateralmente que se redujeran también las sonrisas. Es posible que esto se debiera a que controlar las facciones a la vez que se desarrollan las mentiras es un esfuerzo cognitivo extra y para reducir esfuerzos el cerebro simplifica la orden a minimizar la expresión facial a nivel general en vez de por zonas, resultando en una cara de póker poco expresiva. Aunque, sorprendentemente, todos los mentirosos creyeron conseguir controlar su expresión sin fallos a pesar de que ninguno lo logró del todo.

Es, por tanto, de gran importancia vigilar si nuestro interlocutor parece estar conteniendo su expresividad dado que sería una pista de que está tratando de luchar contra los tics que le pondrían en evidencia como mentiroso. Sin embargo, no debemos dejar de tener en cuenta que cada día es más fácil mentir ya que la información sobre cómo detectar mentiras está al alcance de la mano de cualquiera. ¿Qué habrían sido capaces de lograr en el experimento si hubieran podido ensayar un poco o ser específicamente entrenados para suprimir esos tics?