Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Personalidad

La influencia del Comportamiento No Verbal en entornos hospitalarios según la edad del paciente. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “A Comparison of Music Therapy Students’ and Professional Music Therapists’ Nonverbal Behavior: A Pilot Study” de los autores Jones, Jennifer D y Cevasco, Andrea M., Se trata de un extenso estudio que trata diferentes temas relativos al comportamiento no verbal y la musicoterapia, por lo que procedemos a resumir un fragmento del estudio en donde se explican las diferentes influencias del comportamiento no verbal según la edad y salud del paciente en entornos hospitalarios.

Los investigadores han estudiado el papel de las expresiones faciales en la comunicación y los efectos de las expresiones faciales positivas, y descubrieron que las diferencias físicas en las sonrisas de disfrute, definidas como sonrisas espontáneas, versus las sonrisas forzadas, eran observables e incluso influían en las percepciones de los demás. Aquellos que demostraron sonrisas de disfrute fueron vistos como más positivos y parecían más expresivos, naturales, extrovertidos, sociables, relajados y agradables que cuando mostraron sonrisas no placenteras. Los investigadores encontraron que la sonrisa positiva influyó en la confianza entre extraños; también encontraron que las características faciales afectaron en torno a la cooperación, y también se descubrió que las parejas que tenían juicios positivos sobre la calidad de la relación mostraban expresiones faciales y posturas significativamente más positivas.

También se ha investigado que muchas personas imitaban espontáneamente las expresiones emocionales de aquellos que observaban y, a través de este mimetismo, experimentaron un cierto contagio emocional. La expresión facial está estrechamente relacionada con las emociones de un individuo y la comprensión de los estados emocionales de los demás; sin embargo, la capacidad de decodificar la expresión facial y hacer suposiciones precisas sobre el estado emocional de una persona no es uniforme a lo largo de la vida. El proceso de envejecimiento y ciertas enfermedades afectan la capacidad de una persona para juzgar la expresión facial y otros tipos de comportamiento no verbal.

El proceso de envejecimiento afecta la capacidad de uno para decodificar la información no verbal, en particular el reconocimiento y la expresión de emociones negativas a través de la expresión facial. Los investigadores en psicología social han explicado este déficit en la decodificación de las emociones negativas como un mayor control sobre las emociones negativas con la edad; sin embargo, investigaciones neuropsicológicas indican que el daño a diferentes regiones neuronales afecta el reconocimiento de la emoción. Los adultos mayores fueron significativamente menos expertos en identificar las emociones de miedo y tristeza, pero identificaron con mayor precisión el disgusto en comparación con los adultos más jóvenes. Se sabe además que la enfermedad de Parkinson afectó significativamente a la identificación de emociones de los sujetos. Los autores concluyeron que las estructuras cerebrales específicas fueron responsables de codificar ciertas emociones y que el envejecimiento y la enfermedad pueden afectar al reconocimiento de emociones específicas. Otros investigadores, sin embargo, encontraron que los participantes mayores, con una edad promedia de 77 años, reestructuraron lo que las personas indicaron para que coincida con el contenido no verbal que se expresó a través de expresiones faciales, lo que indica que los adultos mayores siguen confiando en la información no verbal.

En el estudio de la distancia y el espacio en la interacción humana (la proxemia) la distancia interpersonal puede indicar el estado social relativo de cada persona y determinar el tipo de interacción. Las personas de edad similar interactúan más de cerca, al igual que las personas del mismo estatus social. Los muy mayores y muy jóvenes son la excepción a esta norma; a menudo provocan interacciones a una mayor proximidad. La distancia puede reflejar el nivel de comodidad entre dos personas con distancias mayores observadas entre personas incómodas durante la comunicación.

Las personas con condiciones discapacitantes observables a menudo se encuentran con mayores distancias de interacción. En el transcurso de tres tareas, se encontró que los sujetos que enseñaban una tarea a los compañeros mantenían una mayor distancia interpersonal con el compañero que usaba una silla de ruedas que el compañero sin silla de ruedas. La distancia entre el sujeto y los compañeros fue significativamente mayor durante la primera interacción, aunque la mayor distancia entre el sujeto y el compañero con una silla de ruedas no alcanzó significación en las interacciones posteriores. A medida que el sujeto ganó experiencia, la tendencia a evitar la interacción próxima se redujo.  Una mayor familiaridad con la situación fomentó una interacción más próxima entre el sujeto y el compañero.

Los investigadores a menudo examinan la proximidad de dos personas que participan en la comunicación, así como el impacto del espacio en los grupos de comunicadores. Los adultos mayores experimentaron mayores beneficios de una mayor proximidad durante una tarea de discusión que los adultos en edad universitaria. Los adultos mayores reportaron menos ansiedad cuando se comunican en lugares cerrados y percibieron a sus compañeros de comunicación significativamente más positivamente que sus compañero más jóvenes. Muchos de los adultos mayores en el estudio vivían solos e informaban significativamente más soledad que los estudiantes universitarios. La proximidad más cercana pareció proporcionar un aumento positivo de la excitación que resultó en una mejor comunicación y disfrute. La capacidad de comunicación de los adultos mayores se vio facilitada por una mayor proximidad.

Los investigadores han encontrado que los adultos mayores usan e interpretan los gestos de forma diferente a los adultos más jóvenes. Las mujeres entre las edades de 62 y 80 usaron significativamente menos gestos descriptivos en una tarea de descripción de objetos en comparación con las mujeres más jóvenes (entre 18 y 34 años). Las mujeres mayores tomaron más tiempo para describir los elementos verbalmente que sus compañero más jóvenes. Además, los adultos mayores fueron significativamente menos hábiles para juzgar las emociones de los movimientos corporales que los adultos más jóvenes. Los adultos mayores en el estudio cometieron más errores decodificando las emociones negativas de los gestos que los positivos. No está claro si las enfermedades relacionadas con la edad, como la enfermedad de Alzheimer, alteran la capacidad de identificar las emociones a partir de señales del cuerpo, por lo tanto, los profesionales deben ser conscientes de que los adultos mayores pueden no usar la información codificada por el movimiento corporal y gestos tan efectivamente como sus compañero más jóvenes. Sin embargo, ambos grupos hacen juicios sobre su grado de satisfacción con la atención basada en el comportamiento no verbal de los profesionales de la salud. Por tanto, se sabe que la comunicación no verbal fue el principal predictor de la satisfacción del paciente. Esto incluyó pacientes con problemas médicos directos como dolor de pecho, aquellos que  buscan asistencia sobre el VIH, o aquellos con más necesidades psicosociales de depresión o abuso sexual. Los pacientes informaron estar satisfechos con los médicos en función de su comportamiento no verbal en lugar de las preguntas que hicieron o no hicieron los médicos. Los autores sugirieron que los médicos deben atender sus comportamientos no verbales si desean aumentar la satisfacción del paciente a pesar de lo que dicen o de la información que reúnen durante las visitas de los pacientes. También sugirieron que la formación de estudiantes y residentes incluya instrucción formal en habilidades de comunicación no verbal.

Se encontraron resultados similares en estudios de enfermeras practicantes y estudiantes. Se examinó el comportamiento no verbal de las enfermeras y descubrieron que las enfermeras desarrollaron una buena relación con los pacientes ancianos en la enfermería domiciliaria y un hogar para los ancianos a través de la mirada, la cabeza y la sonrisa. En casi todos los encuentros, las enfermeras sonrieron y asintieron con la cabeza, y durante el 58% de las interacciones, las enfermeras se acercaban al paciente, expresando su inmediatez y sus comportamientos de interés. Sin embargo las estudiantes de enfermería estaban físicamente distantes de los pacientes con delirio en rotaciones de salud mental por dos motivos: miedo a daño físico y sentimientos de inadecuación durante la comunicación. Cuándo y cómo los profesionales de la salud aprenden a utilizar de manera efectiva las conductas no verbales para establecer una relación y comunicarse con los pacientes es digno de una investigación continua.

En los últimos años, los profesionales médicos han tenido un interés especial en investigar los efectos del comportamiento no verbal durante las interacciones con pacientes ancianos. En otra investigación, se estudiaron las calificaciones de los pacientes sobre los comportamientos no verbales comunicativos y específicos de los fisioterapeutas con el funcionamiento físico, cognitivo y psicológico de los pacientes ancianos al ingreso, en el momento del alta y 3 meses después del alta. Encontraron que el comportamiento de distanciamiento de los terapeutas, definido como no sonreír, permanecer sentados y no mirar a los clientes, predijo significativamente una disminución en las actividades cotidianas de los clientes, se asoció con un aumento en la confusión cognitiva de los clientes, se correlacionó positivamente con grado de depresión, y como resultado una disminución del funcionamiento físico.

Los terapeutas que mostraron un afecto positivo dieron como resultado que los clientes mostraran una disminución en la confusión. Sonriendo se produjo una mejora en la movilidad. Un hallazgo interesante fue que los efectos positivos de fruncir el ceño y asentir con la cabeza por parte de los terapeutas estaban representados por una disminución en la confusión; los encogimientos de los terapeutas se asociaron con una disminución de la movilidad; y la sacudida de la cabeza del terapeuta se asoció con una disminución en la confusión. En general, la expresividad facial resultó en una mejora sustancial en las actividades de la vida diaria y una disminución en la confusión, así como mejoras a corto y largo plazo en el funcionamiento físico y cognitivo. Los autores teorizaron que este fenómeno podría deberse a que la expresividad facial comunica empatía y preocupación por el cliente, lo que resulta en la satisfacción del paciente y mejoras en la salud.

En base a estos resultados, se realizó un segundo estudio para investigar los efectos de tres categorías de afecto facial: la expresividad facial involucraba la combinación de sonreír, fruncir el ceño y asentir con la cabeza; afecto positivo referido a la combinación de sonreír y asentir; y afecto negativo implicó la combinación de mirar hacia otro lado y no sonreír. Los pacientes valoraron la expresividad facial y el afecto positivo más positivamente que el patrón neutral, y el afecto positivo resultó en la mayor satisfacción del paciente. Aquellos terapeutas que exhibieron expresividad facial y afecto positivo fueron percibidos como más cálidos, comprensivos, preocupados y empáticos.

Las emociones positivas y la empatía como promotores de conductas prosociales e inhibidores de conductas agresivas.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Positive emotions and empathy as promotors of prosocial behavior and inhibitors of aggresive behavior” de los autores Richaud y Mesurado, que analizan si  la empatía y las emociones positivas son capaces de inhibir conductas agresivas y potenciar conductas prosociales.

Las emociones positivas son conceptualizadas como experiencias de satisfacción o placer, siendo las más frecuentes la alegría, la satisfacción, la serenidad y la simpatía. Las funciones de las emociones positivas vendrían a complementar las de las emociones negativas, y ambas serían igualmente importantes en un contexto evolutivo. Si las emociones negativas solucionan problemas de supervivencia inmediata, las emociones positivas solucionan cuestiones relativas al desarrollo y crecimiento personal y a la conexión social. En este sentido las emociones positivas permiten desarrollar las habilidades sociales adecuadas para generar vínculos entre personas y el aprendizaje de conductas de ayuda. Al mismo tiempo, varios estudios han mostrado una alta correlación entre los afectos negativos y el neuroticismo, cuyas características principales son la inestabilidad emocional y la agresividad.

Existe mucha evidencia acerca de la relación entre la empatía y la conducta prosocial pero la mayoría de estos estudios han analizado la relación entre la empatía y la conducta prosocial en conexión con situaciones de necesidad y o emociones negativas del objetivo, y se ha dado muy poca atención a la empatía positiva y en especial a la relación entre la empatía positiva y la conducta prosocial. Las personas tienden a ayudar a aquellos a quienes perciben como alegres y felices, por lo que la experiencia de empatía positiva puede determinar conductas prosociales. Las conductas prosociales son las acciones que se realizan voluntariamente para aumentar el bienestar de otro. Actuando autónomamente la prosocialidad no sólo contribuye al bienestar del que recibe la acción y mejora las relaciones interpersonales, sino que además genera afecto positivo y bienestar en la persona que realiza tales conductas, por lo tanto, las personas estarían intrínsecamente motivadas a mostrar conducta prosocial cuando experimentan afecto positivo, porque actuar en forma prosocial sería un medio para mantener ese estado afectivo placentero.

Dado que existe abundante evidencia acerca de los predictores psicosociales de la prosocialidad, empatía, emociones positivas y autoeficacia social, a la vez que protectores frente a la agresividad, el objetivo del presente estudio es analizar qué proporción de variancia de la prosocialidad y de la agresividad predice cada uno de los factores antes mencionados. Asimismo, como existen abundantes investigaciones que muestran que existen diferencias significativas en las conductas prosociales y la agresividad en función del sexo, los análisis se realizaron por separados en niños y niñas.

En el estudio participaron 221 niños de ambos sexos entre 10 y 13 años de clase social media, y se utilizaron los siguientes instrumentos de evaluación: Cuestionario de emociones positivos (mide la dimensión de alegría y gratitud, serenidad, simpatía y satisfacción personal), el cuestionario “the interpersonal reactivity index” (IRI) para evaluar la disposición empática a través de factores cognitivos y emocionales; la escala multidimensional de autoeficacia social que permite evaluar la autoeficacia a través de las dimensiones académicas, deportivas y sociales; la escala de agresividad física y social que describen la conducta del niño tendiente a herir a otros física y verbalmente; y el cuestionario de conducta prosocial que evalúa conductas como el grado de ayuda, capacidad de compartir, bondad y cooperación.

Tras emplear todos estos instrumentos en los participantes, se obtuvieron los siguientes resultados: Los resultados de las correlaciones indicaron que tanto en los niños como en las niñas la conducta prosocial se relacionó con la empatía, en especial con la toma de perspectiva, pero en mayor grado con las emociones positivas, en especial con la alegría y la satisfacción personal. Analizando la relación entre la empatía y las emociones positivas, se encontró que tanto la toma de perspectiva como la preocupación empática se encuentran altamente relacionadas con las emociones positivas, en especial con la alegría y gratitud y con la satisfacción personal, tanto en los varones como en las mujeres y con la serenidad en las niñas. Estos hallazgos estarían en línea con la idea acerca de la importancia de las emociones positivas en el desarrollo de la prosocialidad. Sin embargo, en el presente estudio, la empatía negativa aparece altamente relacionada con las emociones positivas. Por lo tanto, podríamos pensar que las personas estarían intrínsecamente motivadas a mostrar conducta prosocial cuando experimentan afecto positivo, pero también podríamos considerar que la empatía negativa también genera ese afecto placentero y esto especialmente si observamos, como queda dicho, que la mayor relación entre la empatía negativa (tanto en toma de perspectiva como en preocupación empática) se da con alegría y gratitud, tanto en los niños como en las niñas (por tanto entendemos que tanto la empatía negativa como la positiva generan conductas prosociales). Los autores hipotetizan que probablemente lo que realmente actúa determinando la conducta prosocial es el afecto positivo generado por la capacidad para resonar dentro nuestro con el afecto del otro, ya sea positivo o negativo, que lleva a actuar en pro del otro.

Con respecto a la autoeficacia social estuvo asociada a la conducta prosocial, la satisfacción personal y la preocupación empática sólo en las niñas. Probablemente la educación característica de las niñas, que acentúa su sensibilidad emocional a las necesidades de los demás y su capacidad para las relaciones interpersonales, determina en ellas creencias más firmes de autoeficacia social, que son importantes para el desarrollo de su prosocialidad. A la vez esta última estaría en los varones más apoyada en la empatía, en especial en la preocupación empática y en el afecto positivo que ella implicaría.

En relación a los análisis de regresión jerárquica realizados en este estudio pudo observarse que tanto la empatía como las emociones positivas se encuentran involucradas en la predicción de la conducta prosocial, tanto en los niños como en las niñas. Sin embargo, parece claro que en el caso de los niños la empatía tiene una mayor fuerza predictiva que las emociones positivas (la empatía explica el 29 % de la varianza mientras que las emociones positivas explican el 13 %), a diferencia de las niñas donde ambas variables parecen compartir similar potencia (la empatía explica el 21 % de la varianza mientras que las emociones positivas explican el 18 %). Se entiende por tanto que en varones la prosocialidad estaría más asociada al afecto positivo provocado por la resonancia afectiva con el otro, que las emociones positivas experimentadas aisladamente. En las niñas, en cambio, ambas formas de afecto positivo tendrían la misma importancia, nuevamente porque en las mujeres las emociones serían más valoradas que en los varones y por lo tanto parecerían tener una mayor fuerza motivante en el desarrollo de conductas prosociales. Estudios previos que han analizado la intencionalidad de las conductas prosociales han encontrado que las mujeres presentan mayores niveles de conductas prosociales emocionales, es decir aquellas conductas prosociales que implican ayudar a otros cuando están pasando por circunstancias emocionales difíciles- que los varones.

Cuando analizamos el poder predictivo de la empatía, las emociones positivas y la autoeficacia social en la inhibición de las conductas agresivas, encontramos que el modelo no resultó significativo en la explicación de la conducta agresiva en los niños, y sí en el caso de las niñas. Los resultados indicaron que tanto la empatía como las emociones positivas inhiben la conducta agresiva en las niñas. Quizás, dado que en los varones generalmente predomina la agresión física, mucho más impulsiva que la verbal, no daría lugar a empatizar con el otro y menos aún a experimentar una emoción positiva que pudiera llegar a atenuar o modular la conducta agresiva. Este resultado vuelve a resaltar la importancia que tienen las emociones en las niñas, a la hora de contribuir al desarrollo de conductas funcionales, así como de inhibir conductas disruptivas.

Competencia, moralidad, sociabilidad… ¿Qué aspectos están más vinculados al apoyo laboral entre compañeros?. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club de Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Initial Impressions Determine Behaviours: Morality Predicts the Willingness to Help Newcomers.”, de los autores Stefano Pagliaro, Marco Brambilla, Simona Sacchi , Manuela D’Angelo y Naomi Ellemers, que analizan qué papel tiene la moralidad en el juicio social y en la evaluación inicial de la otra persona.

Durante las últimas décadas, la psicología social ha abordado las implicaciones sociales de la moralidad en las relaciones interpersonales y los procesos grupales. Esta investigación en concreto ha examinado la relación existente entre el razonamiento moral y el juicio emitido, así como las emociones provocadas por las características morales y por tanto su consecuencia en la formación de impresiones. Se trata de un estudio interesante ya que, como sabemos, los juicios morales son muy importantes en las evaluaciones dentro de los grupos, en las normas grupales y en la formación de impresiones de otros individuos o grupos.

Además de realizar un estudio sobre ello, el presente artículo investiga una hipótesis: ¿la información moral percibida y la respuesta emocional provocada al inicio de la interacción también tiene un impacto en las intenciones conductuales posteriores hacia la otra persona (por ejemplo, voluntad de ayudar y apoyar a un recién llegado en el trabajo)?.

El modo en que las personas forman impresiones de otros individuos y grupos es un tema central en la psicología social, que organiza las impresiones de las personas en dos dimensiones evaluadoras centrales que son la competencia (instrumental) y la calidez (expresiva). La dimensión de calidez abarca los rasgos asociados con la sociabilidad (como ser servicial y amable), así como los rasgos que indican la moralidad (como la honestidad y la confiabilidad). Además, se demostró a través de diferentes grupos, contextos culturales y metodologías de investigación que la moralidad (más que la competencia o la sociabilidad) es la base principal del orgullo y la identificación del grupo. Como resultado, por ejemplo, se descubrió que la moralidad percibida de la organización aumentaba los sentimientos de orgullo de los empleados hacia la organización, y predijo su satisfacción y compromiso laboral.

Conociendo por tanto estas dimensiones y subdimensiones, algunos estudios examinaron el impacto de la información vinculada a la moralidad de desconocidos en comparación con la información vinculada a la sociabilidad y competencia de desconocidos. En una serie de experimentos, los participantes mostraron una tendencia significativa a seleccionar más moralidad que sociabilidad e información de competencia cuando se les pidió que eligieran rasgos que los ayudaran a formarse una impresión de otro desconocido. En un esfuerzo por explicar por qué la gente mira principalmente la moralidad (en vez de competencia y sociabilidad) cuando forma una impresión global de los demás, los investigadores generalmente se refieren a una hipótesis funcionalista que explica que las personas atienden la información moral en las interacciones sociales porque les interesa principalmente comprender si las intenciones conductuales de la otra parte (que puede ser un individuo o un grupo) son beneficiosas o perjudiciales para ellos. Podría decirse que este juicio debería guiar el comportamiento posterior hacia la otra parte, en términos, por ejemplo, de las tendencias de evitación de aproximación, o de las tendencias de cooperación. La idea de que la información sobre la moralidad de otra persona probablemente provoque respuestas emocionales más fuertes que la información relacionada con la competencia también es sugerida por aquellos trabajos que han argumentado que los juicios morales tienen implicaciones sociales de mayor alcance que los juicios de competencia, causando que las personas sean más vigilantes para los miembros de su grupo que podrían carecer de moralidad en lugar de aquellos que carecen de competencia. Por tanto podemos entender que la moralidad (en lugar de la competencia) es un determinante primario de las reacciones emocionales hacia un objetivo específico, y que provoca respuestas conductuales.

Para corroborar estas ideas, la investigación que presentamos se centra en el impacto de la moralidad (frente a la competencia) sobre la formación de impresiones y las tendencias de comportamiento en un lugar de trabajo real aplicado (una muestra de maestros y empleados escolares evalúan a un recién llegado en su organización y expresan su disposición a participar en actividades relacionadas con el trabajo que ayudarían al recién llegado a adaptarse a la nueva situación). Específicamente, la investigación evaluó las respuestas emocionales iniciales y la disposición a ayudar a la otra persona como indicadores relevantes de estos procesos. Es decir, el objetivo fue evaluar si las respuestas emocionales iniciales guían el enfoque de comportamiento frente a las tendencias de evitación (en este caso, la disposición a participar en actividades sociales y relacionadas con el trabajo que ayudan al recién llegado a adaptarse a la nueva situación). Se examinó esto en el contexto de los trabajadores que dan la bienvenida a un recién llegado en el trabajo, ya que esto representa una situación en la que los participantes no dependen directamente de las acciones de la otra persona para sus propios resultados. Esto permite ir más allá de las explicaciones de pruebas de investigación anteriores basadas en el intercambio interpersonal y la interdependencia.

En la investigación participaron 79 profesores y empleados voluntarios, con una edad media de 40 años. Al comienzo del experimento, el investigador les dijo a los participantes que estaban participando en un estudio sobre la formación de impresiones. Se les pidió a los participantes que imaginaran que un nuevo director de escuela llegaría a su escuela en el futuro cercano. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a una de las cuatro condiciones experimentales: Baja moralidad, alta moralidad, baja competencia o alta competencia. Esto se mostraba según la descripción del gerente (tratando la moralidad en aspectos de honestidad, sinceridad y confiabilidad, y la competencia en aspectos de inteligencia, competencia y habilidad). Según la descripción, cada uno de los participantes debería de indicar el grado en que sentían diferentes rasgos como afecto, hostilidad, odio o sospecha hacia el sujeto.

A continuación, se pidió a los participantes que indicaran sus intenciones de ayudar a que el nuevo gerente se ajustara a la nueva situación participando en actividades (es decir, estaría dispuesto a: “pasar tiempo con el nuevo director escolar para describir el prácticas educativas ”, ” pasar tiempo con el nuevo director de la escuela para mostrar nuestra ciudad ”, ” trabajar junto con el nuevo director de escuela ”, etc.).

Finalmente se preguntó a cada participante que calificaran al nuevo gerente según la percepción de moralidad (“qué tan moral es el nuevo gerente?”) y de competencia (“es competente?”), en escalas del 1 (nada) al 7 (totalmente).

Los resultados mostraron lo siguiente: Los participantes indicaron una respuesta emocional más positiva al nuevo director escolar en la condición de alta moralidad que en la condición de baja moralidad, y calificaron al objetivo de manera más favorable en la condición de alta competencia que en la condición de baja competencia. Aun así, se revela que el efecto de la moralidad era confiablemente mucho más fuerte que el efecto de la competencia. En cuanto al comportamiento, los participantes mostraron más intenciones conductuales positivas en la condición de alta moralidad que en la condición de baja moralidad, pero no hubo resultados claramente diferenciados en los casos de alta y baja competencia.

Esto, por supuesto, no quiere decir que la competencia sea irrelevante, y de hecho también en la competencia de investigación actual afectó las respuestas emocionales iniciales. Sin embargo, los resultados muestran que el efecto de la competencia en estas respuestas iniciales es más débil que el efecto de la moralidad. Además, y posiblemente lo más útil e importante a nivel práctico, la competencia no influye en las tendencias conductuales de las personas para ayudar al otro desconocido, mientras que la moralidad sí lo hace. Estos resultados tienen implicaciones prácticas importantes, especialmente en empresas y organizaciones en los que las personas tratan de dar más visibilidad a su competencia que a su moralidad, ya que estos resultados sugieren que los compañeros de trabajo pueden estar más inclinados a utilizar información relacionada con la moral para establecer relaciones de apoyo y cooperación con otros en el trabajo. Por lo tanto, estos hallazgos relacionados con el papel de diferentes dimensiones evaluativas en las percepciones sociales y sus consecuencias conductuales podrían ayudar a mejorar estratégicamente la sinergia entre los empleados en el trabajo, lo que puede ser crucial para promover la formación de equipos, la confianza y la cooperación en la empresa.

Dime con quién hablas y te diré qué tono usas. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Perceived differences in social status between speaker and listener affect the speaker’s vocal characteristics’”, de los autores Juan David León Gómez, Viktoria R. Mileva, Anthony C. Little y S. Craig Roberts, de la Universidad de Stirling (Reino Unido), que analizan las diferencias en el tono de voz respecto a la dominancia o el prestigio de nuestro interlocutor. 

No es ninguna novedad que no nos comportamos de la misma manera con nuestros amigos que con nuestros padres, del mismo modo que tampoco en el trabajo o en un bar. Sabemos modular perfectamente nuestro comportamiento y eso atañe a todo tipo de conductas, incluido el tono de voz.

Existen evidencias de que la voz de una persona varía según con quién hablamos. Dado que sabemos que el tono de voz es una forma de comunicación no verbal también, en este estudio se aborda cómo variamos nuestro tono de voz en función de si percibimos a nuestro interlocutor como una persona dominante, prestigiosa o de forma neutra.

Los participantes fueron 24 hombres y 24 mujeres, con una edad promedio de 20 años. Se les dijo que llevarían a cabo una entrevista de trabajo simulada que no requería la presencia física del entrevistador. En lugar de ello se les mostraba una de las tres fotos (dominante, prestigioso o neutro), que habían sido valoradas por otros participantes en un estudio previo en esas categorías. Por tanto, los participantes veían la fotografía junto a una ficha falsa que incluía nombre, empleo y testimonio de sus empleados, pero en todos los casos hablaban con uno de los experimentadores; lo que significa que los cambios que encontrarían en el registro de voz se debería a la información facilitada sobre el supuesto entrevistador.

Los resultados mostraron que los participantes cambiaban su tono de voz (junto a otras características vocales) en respuesta al supuesto estatus social de su interlocutor, y esto ocurría incluso cuando ellos mismos se consideraban de alto estatus. Sin embargo, los que tenían un alto prestigio mantuvieron el mismo tono independientemente del entrevistador al que se le asignara. Los investigadores hipotetizaron que se debía a que era una forma de mostrar calma y que la situación estaba bajo control.

Respecto a la dominancia, una situación como una entrevista de trabajo implica per se cierta dominancia del entrevistador sobre el entrevistado, así que tenía sentido que se utilizara un tono más agudo como señal de sumisión y de no suponer una amenaza. Por ello, encontramos que las personas que se describían en los cuestionarios previos como bajos en dominancia usaban un tono más agudo al hablar. Sin embargo, para las personas que se tildaban a sí mismas de dominantes no sólo no hablaron con voz más aguda, sino que además utilizaron un tono más grave.

Los resultados son prometedores pero sería importante replicarlos en una muestra más amplia y con un rango de edad menos específico, dado que en muchos casos podía tratarse de su primera entrevista laboral y mostrarse más intimidados de lo normal. Sin embargo, no deja de ser una prueba de cómo alteramos nuestro tono de voz delatando cómo de dominante percibimos a nuestro interlocutor o el estatus que consideramos tener.

Hombres tatuados: los saludables chicos malos. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Tattooed men: Healthy bad boys and good-looking competitors’”, de los autores Andrzej Galbarczyk de la Universidad Jagiellonian y Anna Ziomkiewicz de la Academia Polaca de Ciencias, que estudian los estereotipos sobre las personas tatuadas.

En otras ocasiones hemos hablado de estereotipos. De cómo nuestra primera impresión, equivocada o no, transmite un mensaje a los demás y supone el inicio de la interacción de una manera u otra. Lo creamos o no, no tratamos de la misma forma a una persona que nos parece atractiva de otra que nos es físicamente indiferente. Igual que si vamos de noche por la calle y nos topamos con alguien de aspecto peligroso no dudamos en cambiar de acera mientras que no seríamos tan drásticos con alguien que parezca inofensivo.

Uno de los elementos de nuestro aspecto físico que más debate ha causado a lo largo de estas décadas son los tatuajes. Distintos estudios han tratado de abordar la personalidad, las interacciones y los estereotipos sobre ellos, y es que suponen una particular forma de comunicación con los demás usando la propia piel como medio. Pero, ¿qué es lo que transmite esa conducta? ¿Nos parecen atractivos? ¿Modernos? ¿Peligrosos? ¿Atrevidos? ¿Nos sentiríamos seguros en manos de un médico tatuado? ¿En un juicio creeríamos el testimonio de alguien tatuado?

Para estudiar cómo percibimos este elemento se fotografiaron a nueve hombres de entre 19 y 35 años sin camisa, con el torso al descubierto, misma postura y sin sonrisa. Ninguno estaba tatuado, y un fotógrafo profesional añadió digitalmente un símbolo abstracto a su brazo derecho como tatuaje. Posteriormente se añadieron las fotos a una supuesta encuesta sobre el atractivo masculino y se pasó a 2369 mujeres heterosexuales y 215 hombres heterosexuales. Los participantes veían sólo una de las dos versiones de la fotografía de cada modelo al azar, asegurando que vieran como mínimo una de cada tipo, y se les pedía que evaluaran al modelo del 1 al 5 en cuanto a atractivo, salud, masculinidad, dominancia, agresividad, potencial para ser una buena pareja y potencial para ser un buen padre.

Las mujeres calificaron las versiones tatuadas de las imágenes como más sanas, pero no más o menos atractivas que las originales. A la inversa, los hombres clasificaron las versiones tatuadas de las imágenes como más atractivas, pero no más o menos sanas que las originales. Tanto hombres como mujeres calificaron imágenes de los modelos tatuados como más masculinos, más dominantes y más agresivos. Las mujeres, pero no los hombres, evaluaron a los hombres tatuados como peores parejas potenciales y  peores padres potenciales que los hombres no tatuados. Por tanto, los resultados confirman que la adición de tatuajes cambia la percepción de los demás sobre quiénes los llevan. También demuestran que los tatuajes no sólo influyen en la preferencia femenina, sino que pueden ser aún más importantes en la competencia entre hombres.

En conclusión, podemos afirmar que los tatuajes en los hombres se asocian con la masculinidad, pero principalmente con “el lado oscuro de la testosterona”: la violencia, la dominancia y la infidelidad.

Tu voz puede poner en peligro la entrevista de trabajo. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Vocal Fry May Undermine the Success of Young Women in the Labor Market”, de los autores Rindy C. Anderson, Casey A. Klofstad , William J. Mayew y Mohan Venkatachalam, de la Universidad de Duke y la Escuela de Negocios Fuqua, que analizan cómo influye el uso del “vocal fry” en la imagen trasmitida a los demás. 

El vocal fry (o “voz rasgada” en español) se refiere a un tipo de voz caracterizado por vibraciones irregulares e intermitentes de las cuerdas vocales. Se produce mediante un cierre de los pliegues vocales estando éstos relajados, permitiendo así que el aire “burbujee” al pasar entre ellos y produciendo un sonido de frecuencia muy baja. Podemos aquí ver un ejemplo de a qué sonido nos estamos refiriendo y cómo es una forma de hablar cada vez más popular entre las jóvenes.

Hay quien afirma que esta forma tan particular de hablar es una forma de hacer parecer el tono de voz propio más bajo, ya que es el tipo de voz que se percibe como más fuerte y dominante. Es decir, que se utilizaría como un método de mostrar seriedad, inteligencia y determinación. Sin embargo, otras corrientes consideran esta moda como algo desagradable, que muestra a la persona como inmadura y maleducada, ya que en cierto modo la voz suena como si la persona estuviera aburrida.

Ante la falta de cohesión entre los distintos puntos de vista se llevó a cabo esta investigación, que busca analizar cómo se percibe realmente a las jóvenes que hablan con voz rasgada de cara a su perfil profesional. Para ello, se utilizó la voz de siete mujeres jóvenes de entre 19 y 27 años y siete varones jóvenes de entre 20 y 30.  Fueron grabados diciendo la frase “gracias por considerarme para esta oportunidad”, tanto en su tono de voz normal como con la voz rasgada.

El experimento se llevó a cabo en línea a 800 oyentes (400 hombres y 400 mujeres). Para maximizar la validez externa, se dividió a la muestra en tres grupos de edad: 18-33 (n = 265, 133 mujeres y 132 hombres), 34-50: (n = 268, 134 mujeres y 134 hombres) y 51-65 (n = 267 133 mujeres y 134 hombres). Aleatoriamente se les asignaba analizar las voces de los hombres o de las mujeres (sólo uno de los dos tipos para evitar saturación). Se oían las dos voces de cada persona, presentadas en orden aleatorio, y se pedía posteriormente que juzgaran cuál de las dos percibían como más educada, competente, confiable, atractiva y a cuál de las dos contratarían. Una vez evaluado todo esto se pasaba al siguiente par de voces y así sucesivamente.

Los resultados muestran que las mujeres que hablan con voz rasgada o vocal fry son vistas como menos competentes, menos educadas, menos fiables, menos atractivas y son menos contratables laboralmente. Además, esas percepciones eran aún más fuertes cuando el interlocutor era otra mujer. A nivel general, la voz rasgada era percibida negativamente en ambos sexos, por ambos sexos y en cualquier franja de edad por parte del oyente.

Por lo tanto, de cara a una entrevista de trabajo o incluso en cualquier entrevista o conversación en la que uno quiera parecer competente o mostrarse educado debe evitarse el uso de la voz sesgada y hablar en nuestro tono de voz natural, sea el que sea. De lo contrario, no sólo empañaremos nuestra propia imagen, ofreciendo una peor versión de nosotros mismos, sino que además, ¿quién querría hablar con alguien que parece aburrido de escucharle?

Cara de matón: Los rasgos faciales predicen la sentencia. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facial trustworthiness predicts extreme criminal-sentencing outcomes”, de los autores John Paul Wilson y Nicholas O. Rule, de la Universidad de Toronto (Canadá), que estudian el efecto subconsciente que nos produce la cara de los demás en ámbitos legales.

La mayoría de la gente preferiría tener un rostro atractivo e, innegablemente, se sienten atraídos por personas con rasgos faciales agradables. Sin embargo, a la hora de sentir confianza preferimos una cara “típica”. Los rostros promedio, aquellos que podríamos ver como anodinos y absolutamente “del montón”, de alguna forma nos hacen sentir cómodos. Esas caras representan la normalidad y eso nos hace sentir confianza y percibirles como más fiables. Y es que no sólo “los ojos son la ventana del alma”, de algún modo sentimos que toda la cara nos muestra lo que necesitamos saber de la otra persona incluso sin necesidad de cruzar una palabra. Basta con un vistazo para que nos hagamos una idea de la extroversión, la competencia, la dominación e incluso la honradez de una persona. Y eso, por supuesto, es totalmente una opinión sesgada y basada en estereotipos.

Por desgracia para muchos, una cara ancha se percibe como más violenta y agresiva, como si fuera la cara de “un matón”, y por consiguiente transmite muy poca confianza. Y, aunque sepamos que esto es un sesgo, no podemos evitar que nuestro subconsciente nos juegue una mala pasada juzgando a estas personas, en cuyo caso sus rasgos son una cuestión puramente genética. Y esto es un grave problema cuando lo que estamos juzgando es si esa persona es culpable o inocente de un crimen. O, peor aún, si merece la pena de muerte.

Para ver hasta qué punto nos afecta la cara de una persona en los juicios que nos formamos de él, incluso en situaciones en las que no deberíamos hacerlo como lo es un tribunal, se llevó a cabo este experimento. La idea principal era demostrar si las caras calificadas como poco fiables coincidían también con las que habían sido condenadas a pena de muerte y si la amplitud facial era una de las causas de verles de este modo.

Para este estudio se seleccionaron a 371 presos del corredor de la muerte (226 caucásicos y 145 afroamericanos). Se seleccionaron la misma cantidad de presos, manteniendo la proporción racial, que estuvieran en prisión por homicidio de primer grado y condenados a cadena perpetua como grupo control. De manera que se formaron parejas con las fotografías: presos de misma raza y sexo pero uno condenado a muerte y el otro no. Las 742 fotos finales fueron puestas en blanco y negro para evitar diferencias de iluminación o que se viera el color del uniforme (ya que el corredor de la muerte tiene un uniforme distinto a la cárcel convencional). Posteriormente las fotos eran evaluadas por voluntarios, que las calificaban en función de atractivo, madurez y confiabilidad entre otras.

Para una segunda fase, se cogieron fotografías de Proyecto Inocencia, por lo que eran personas que se había demostrado que habían ido a la cárcel injustamente. Se seleccionaron 37 fotografías, de las cuales 20 eran afroamericanos y 17 caucásicos o hispanos. Además, 17 habían sido condenados a muerte y 20 a cadena perpetua. Una vez más fueron puestas en blanco y negro y se valoró la confiabilidad de sus rostros por voluntarios externos.

El primer experimento nos mostró una correlación entre que una cara fuera calificada como poco confiable y recibir una pena de muerte. Una de las variables que parecía influir en esa falta de confianza era el ancho de la cara: las caras anchas daban poca confianza. El resultado se volvió a encontrar en el segundo experimento, cuando se trataba de personas inocentes. Esto pone en evidencia un peligroso sesgo en el sistema judicial: más allá de las pruebas, si una cara no nos transmite confianza porque tiene aspecto “de matón”, lo consideramos culpable. Y, por desgracia, la cara ancha es una cuestión de genética.

¿Salud o inteligencia? La elección de un líder según sus rasgos faciales. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “A face for all seasons: searching for context-specific leadership traits and discovering a general preference for perceived health”, de los autores Brian R. Spisak, Nancy M. Blaker, Carmen E. Lefevre, Fhionna R. Moore y Kleis F. B. Krebbers, de la Universidad de Amsterdam, que estudian la preferencia por rasgos faciales saludables antes que intelectuales en la elección de un líder.

Nuestra cara muestra una cantidad significativa de datos que los demás pueden leer incluso a nivel subconsciente. Por ejemplo, altos niveles de estrógeno se asocian tanto con una cara más femenina como con comportamientos más amigables, de manera que cuando buscamos personas amistosas inconscientemente buscamos ese tipo de señales en los demás.

Una de las utilidades de evaluar los rasgos faciales es la elección de un líder. A todos nos gusta ver fotos de nuestros políticos, sentir la confianza que transmiten unos y otros y evaluamos aspectos de ellos que ni siquiera sabríamos explicar pero que tenemos bien aprendidos. El rostro puede darnos información de la aptitud genética y de rasgos del carácter y otros experimentos ya han mostrado que la simple exposición a una fotografía permite evaluar el liderazgo de una persona por encima del azar. Estos resultados se repitieron con niños de tan sólo cinco años, una edad en la que se tiene total ignorancia de conocimiento político o de liderazgo, por lo que estos estereotipos por los que juzgamos a los demás parecen tener que ver con un sesgo cognitivo más instintivo y menos relacionado con el aprendizaje.

Saber elegir adecuadamente un líder aumenta la eficiencia y eficacia de la acción colectiva, mientras que elegir mal puede obstaculizar seriamente el progreso del grupo. Es por ello que en el siguiente experimento se evaluó la forma de valorar a un líder en función de distintos aspectos faciales y situaciones de cooperación y competición, en un intento de aumentar el conocimiento sobre el liderazgo y la elección de líderes.

Para este estudio se contó con 148 participantes (79 hombres y 69 mujeres) con una media de edad de 33 años, que completaron el experimento de manera online. El diseño consistía en hacerles imaginar que estaban eligiendo al nuevo CEO de una empresa y para ello debían evaluar varias caras de hombre en función de la salud percibida, la inteligencia, la masculinidad y el atractivo en diversas situaciones (de competición o de cooperación, entre otras).

Los resultados mostraron que las caras saludables frente a las no saludables, también eran más vistas como inteligentes, atractivas y masculinas, a pesar de ser la misma cara con pequeñas modificaciones. Ocurría lo mismo con las caras más y menos inteligentes, salvo en la masculinidad, donde ser muy inteligente se veía como poco masculino. Pero a la hora de elegir, los participantes anteponían que su líder fuera saludable antes que inteligente independientemente del contexto.

Es posible que estos resultados muestren un sesgo subconsciente de aquella época en la que un líder saludable equivalía a un líder fuerte y era el factor físico lo más importante para el éxito de la especie. Sin embargo, ahora se traduce en interés por los políticos que dedican tiempo y esfuerzo a cuidar su aspecto. Al parecer aún nos queda mucho que evolucionar para empezar a dar importancia a la mente de nuestro líder por encima de su fuerza o su belleza.

¿Sonreír ampliamente o no? Efectos de la sonrisa en los negocios. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Smile Big or Not? Effects of Smile Intensity on Perceptions of Warmth and Competence”, de los autores Ze Wang, Huifang Mao, Yexin Jessica Li y Fan Liu, en un estudio conjunto de la Universidad de Florida, la Universidad de Iowa, la Universidad de Kansas y la Universidad de Adelphi, que estudia la influencia de la sonrisa en el marketing.

Pongamos por ejemplo que necesita acudir a un médico especialista privado. Consulta en internet y finalmente se tiene que decidir entre dos que están cerca de su casa y tienen buenas críticas y un precio razonable. En última instancia, encuentra una foto de ambos en sus respectivas páginas. Uno de ellos sonríe ampliamente, el otro tiene una sonrisa mucho más leve. La foto supone el desempate y, en contra de lo que el sentido común nos haga pensar, elegiremos al que sonríe menos.

La sonrisa es una importante herramienta social como ya hemos visto en otros artículos, es un signo universal de amistad o de buena voluntad. Ver en la foto a un médico sonriente nos hará sentir que es una persona afectuosa y simpática… y, sin embargo, le veremos menos competente. Los investigadores trataron de evaluar este fenómeno en varios experimentos.

En el primero, los investigadores mostraban a los participantes (123, 55 mujeres) imágenes de marketing que mostraban al vendedor ya fuera con una sonrisa amplia o leve y debían valorar del 1 al 7 por un lado lo afectuoso, amable, simpático, sincero que era, y por otro lo competente, inteligente, capaz y hábil. Es decir, ocho virtudes subdivididas en dos grupos: afecto y competencia. Efectivamente las sonrisas amplias puntuaban más alto en las cualidades afectuosas pero menos en las de competencia y se podía ver el efecto opuesto en la sonrisa leve.

En otro experimento, con 281 participantes (155 mujeres) se añadió la variable “riesgo”. Se les presentaba el supuesto anuncio de una nutricionista y en una de las variantes daba un consejo muy arriesgado sobre salud y en otra uno poco peligroso. Cuando el consejo peligroso iba asociado con una gran sonrisa se reducía la competencia percibida, las posibilidades de contratar el servicio e incluso disminuían las inscripciones a la prueba gratuita. Sin embargo, cuando el riesgo era bajo y la nutricionista sonreía ampliamente era vista como más afectuosa y no afectaba a la competencia, consiguiendo una mayor inscripción y contratación.

Esto es así por el enfoque prevención-promoción: cuando estamos buscando algo con la intención de prevención o protección, como sería por ejemplo un abogado o un médico, importa más la competencia que el afecto; pero cuando buscamos promoción o adquisición de algo que no supone un peligro como contratar una dieta o comprar ropa, nos importa más el afecto que nos muestra el vendedor y preferimos una agradable sonrisa que su apariencia competente.

Por tanto, no es que en los negocios la sonrisa deba eliminarse sino que debe tenerse en cuenta qué tipo de negocio estamos ofreciendo y, acorde a ello, ofrecer una apariencia u otra: Una gran sonrisa para negocios o servicios con poco riesgo como la moda, y una sonrisa leve para empleos en los que debes mostrarte competente y experto como abogacía, medicina y asesores financieros. Debemos, por tanto, de asegurarnos de estar lanzando las señales adecuadas al público.

Emojis y emoticonos: Perspectivas y posibilidades en el estudio del lenguaje no verbal. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Emojis: Insights, Affordances, and Possibilities for Psychological Science”, de los autores Linda K. Kaye, Stephanie A. Malone y Helen J. Wall, de la Universidad Edge Hill de Ormskirk (Reino Unido) y la Universidad Católica de Australia, que abordan el uso de los emoticonos y los emojis en la comunicación virtual.

Comunicarnos es esencial para las personas como seres sociales que somos y la interacción virtual se ha convertido en una importante forma de comunicación a día de hoy. Cuando hablamos cara a cara, disponemos de dos vías de comunicación: el comportamiento verbal, como es el habla, y el no verbal, como los gestos, el tono, las expresiones faciales, etc. Sin embargo, no disponemos de esa segunda parte en los entornos virtuales ya que se basan principalmente en interacciones mediante texto escrito como blogs, mensajes o correos electrónicos. Es por ello que han surgido, como mecanismo compensatorio, el uso de emojis y emoticonos que dotan de matices emocionales el mensaje.

El primer uso informado fue en los años 80. En distintos foros se empezaron a utilizar símbolos del teclado formando caras horizontales. La primera fue la cara sonriente  :- )  para indicar que algo era broma. Después surgió la vertiente japonesa de usar letras y símbolos para crear caras de forma vertical como ésta ^_^. Esta combinación de letras y símbolos son los emoticonos, cuyo nombre deriva de “emoción” e “icono”. Tiempo más tarde surgieron los emojis, que son las distintas imágenes con forma de cara que muestran una emoción de forma más clara y menos subjetiva 🙂 .

Ahora estos símbolos se han convertido en una expresión emocional frecuente con una clara intención comunicativa en nuestros mensajes y hasta un 92% de la población on-line los utiliza. Y no son sólo la forma de comunicación de los jóvenes del milenio: una encuesta de 2014 en Estados Unidos reveló que sólo el 54% de los usuarios de los emoticonos estaban en el rango de edad entre 18 y 34 años. Es decir, casi la mitad de la gente que los usa para expresarse no son precisamente “jóvenes”. Por ello, los investigadores creen que comunicarse a través de estos elementos estaría más relacionado con la personalidad que con la edad. De modo que ya podemos echar un vistazo a las recientes investigaciones que, aunque aún novedosas y casi en pañales, ya evalúan esta nueva forma de comunicación digital y lo que revela del comportamiento humano.

Los usuarios son muy conscientes de cómo los emojis y los emoticonos reducen la ambigüedad del discurso, pero también son más “controladas”. A diferencia de las expresiones faciales o el tono de voz, que son espontáneas, la matización que se hace en los medios online es voluntaria y puede ser fácilmente manipulada, perdiendo parte de su honestidad si así se desea. Independientemente de las ventajas y desventajas, somos contextualmente conscientes de con quién hablamos y en qué medio, lo que nos hace regular el uso de emoticonos y emojis según la situación. Por ejemplo, no es lo mismo un mensaje a un amigo que a un jefe, ni tampoco es igual el correo electrónico que las redes sociales.

Además de examinar el uso de los emoticonos y emojis en las emociones, también se ha investigado cómo se comunica la personalidad y cómo se es percibido por los demás gracias a ellos. Los hallazgos recientes indican que los observadores inexpertos son capaces de juzgar la extroversión y la apertura a la experiencia de sus interlocutores en la red con niveles razonables de precisión tan sólo viendo su perfil de Facebook. Esto sería una ventaja sobre la comunicación cara a cara, donde la apertura a la experiencia es en gran medida indetectable en las primeras impresiones.

Juntos, estos hallazgos ilustran que hay claramente algo único en los comportamientos virtuales que los distinguen de las acciones tradicionales del comportamiento humano. Y, dado que podemos prever que la comunicación cara a cara, pese a que nunca será sustituida por la virtual, va a compartir escenario cada vez con más fuerza con ésta, es interesante seguir abordando este nuevo campo de estudio en la comunicación y la conducta humana.

Los efectos de la cara aniñada y la edad en la credibilidad. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facial appearance and impressions of credibility: The effects of facial babyishness and age on person perception”, de los autores Jaume Masip, Eugenio Garrido y Carmen Herrero, de la Universidad de Salamanca, que cómo la edad o los rasgos aniñados influyen en la percepción de las personas.

Realizamos mucha investigación tratando de detectar la mentira tanto a través del lenguaje como de la conducta no verbal; sin embargo, es importante prestar atención también a las creencias sobre el engaño y las señales que la gente utiliza para realizar juicios de veracidad y que, en muchos casos, no son ciertas. Sabemos que la ropa, el atractivo físico o incluso una sonrisa pueden llegar a influir a nivel inconsciente en cómo de honesta percibimos a una persona, y uno de los rasgos que se estudiaron en esta investigación fueron las facciones aniñadas.

Los bebés son vulnerables y dependientes, es por ello que es una cuestión evolutiva ser capaz de percibir las características que nos llevan a identificar a un bebé para protegerlo y cuidarlo. Esas características morfológicas que desencadenan nuestros instintos son las siguientes:

  • Estructura craneal: Los niños tienen una frente más grande y una barbilla más pequeña.
  • Ojos: En el proceso de maduración crecen poco, por ello en proporción son más grandes en un niño que en un adulto respecto al resto de la cara.
  • Cejas: En los niños son más delgadas y más altas.
  • Nariz: Más pequeña y achatada en los niños.
  • Orejas: Los niños las tienen más pequeñas.
  • Labios: Los niños tienen la boca más pequeña, por lo que sus labios parecen más carnosos en proporción y se ven más delgados en los adultos.
  • Mejillas: Los bebés tienen las mejillas redondas y rechonchas, pero al desarrollarse la mandíbula en la adolescencia se pierde ese efecto. Por ello las caras adultas son más angulosas o de facciones fuertes.
  • Otros elementos: Además, los niños tienen una piel más clara y suave que la de los adultos, un cabello y ojos también más claro y unas pupilas proporcionalmente más grandes que los adultos.

Sin embargo, se ha encontrado que en individuos adultos que muestran características faciales que se asemejan a las de los bebés se les atribuyen también rasgos infantiles y, en consecuencia, se les percibe como menos maduros o intelectuales. Aunque, por otra parte, también se les ve como más accesibles, tranquilos, amables y afectuosos. Eso sin duda tiene repercusiones a nivel social e interpersonal como en las oportunidades laborales o la atribución de culpa en un tribunal. La hipótesis de esta investigación era que podríamos ver cómo además podíamos ver afectada la credibilidad y la honestidad entre otras características tanto en caras aniñadas como en niños respecto a adultos o facciones más adustas.

En este experimento participaron 324 estudiantes universitarios, mayoritariamente mujeres. Mediante el uso de programas de ordenador para modificar fotografías, se cogieron tres fotografías de un varón en diferentes edades (niño, adulto y anciano). Se manipularon para que vistieran igual y tuvieran una expresión neutra y un mismo peinado y salieran mirando a la cámara, como en documentos oficiales. Luego se manipularon para resaltar en cada una de las fotografías las características propias de la edad (por ejemplo, que el niño tenga los ojos grandes o que un anciano tenga los labios más finos). De manera que se tenían 9 fotografías finales (3 rangos de edad x 3 niveles de aniñamiento facial). Cada persona veía una única foto y rellenaba un cuestionario, de manera que cada cara fue evaluada 36 veces. Los participantes debían valorar cada cara del 1 al 7 en las siguientes características: fuerte-débil, sumisión-dominancia, inteligente-estúpido, ingenuo-astuto, afectuoso-distante, sincero-deshonesto, creíble-poco creíble.

En los resultados encontramos que las variaciones a las que se sometían las caras variaban el juicio que se hacía sobre ellas. Las caras aniñadas eran percibidas como más honestas, más creíbles, más débiles, más sumisas, más ingenuas y más afectuosas que las maduras. Es decir, afectó a todas las variables menos la inteligencia. Y la variable de la edad influyó también, demostrando que cuanta más edad más probable vemos una agresión sexual, fuerza, astucia, dominancia y frialdad emocional. En cambio, se veía a los niños como menos sinceros, debido a que se les considera demasiado imaginativos y poco confiables, con la única excepción de las agresiones sexuales, donde no se consideraba que un niño pudiera mentir.

Es importante en los contextos legales tener en cuenta que la apariencia o la edad de la gente nos influye a nivel subconsciente. Es posible que nos veamos afectados por el estereotipo de que “lo bello es bueno”: otros experimentos en el pasado ya demostraron nuestra tendencia a creer que las personas más atractivas son también más inteligentes, sinceras, honestas y cándidas. En vistas de nuestra falta de precisión ajustando la credibilidad de forma tan superficial es importante mejorar las herramientas de para su evaluación y tratar de ser lo más imparciales posible.

La importancia del contexto durante el flirteo. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Is This Seat Taken? The Importance of Context During the İnitiation of Romantic Communication”, de los autores Kerry Anne McBain, Lena Hewitt, Teagan Maher, Melinda Sercombe, Shannon Sypher y Grace Tirendi, de la Universidad James Cook (Australia), que investiga sobre la relación entre el flirteo y el contexto en el que tiene lugar.

“¿Qué tal? ¿Puedo invitarte a una copa?” A veces el flirteo es obvio y otras veces es sutil. Cuando alguien coquetea está comunicando a la otra persona señales de atracción y por lo general son estrategias indirectas, de manera que se pueda sortear un rechazo directo si la otra persona no corresponde el deseo. Sin embargo, no solo podemos encontrar distintas formas de flirteo sino que también podemos mostrar propensión a hacerlo en diferentes sitios según nuestro estilo y nuestro sexo.

Sabemos que existen cinco estilos de flirteo: el tradicional, el cortés, el sincero, el físico y el juguetón. El estilo tradicional, a grandes rasgos, cumple las expectativas de género convencionales para cada sexo y se espera que sea el hombre quien haga el primer movimiento; siendo además propio de gente introvertida. El estilo cortés es más cauteloso; quiénes usan este estilo dirigen su coqueteo a menos posibles parejas, utilizan una comunicación no sexual (evitando ser abiertamente sexuales o inapropiados) y prefieren una conexión emocional y segura; por ello son personas que se toman su tiempo para conocer a la otra persona y su coqueteo es sutil e incluso imperceptible en ocasiones.

Para el estilo sincero desarrollar una conexión emocional y un interés sincero es la clave central para iniciar el coqueteo. Aquellos a los que se les atribuye este estilo son más propensos a acercarse a una pareja potencial, consideran los flirteos como un halago y creen que continuamente están coqueteando con ellos. Este estilo se asocia con el desarrollo de conexiones emocionales fuertes, alta química sexual y relaciones significativas y duraderas. No es propio de ellos coquetear para una sola noche. El estilo físico es el más competente expresando sus deseos físicamente y se siente cómodo con ello. Buscan una conexión emocional y una forma juguetona de iniciar el coqueteo. Estas personas tienen poca dificultad en hacer saber su interés a la otra persona y están ansiosos por participar en conversaciones personales y privadas. Por último, el estilo juguetón es visto como divertido y no va necesariamente vinculado al desarrollo de una relación romántica. Para las personas que tienen este estilo el objetivo es divertirse, no están interesados en relaciones profundas y no están particularmente preocupados por ser malinterpretados por los demás.

También se ha estudiado que el contexto puede ser importante a la hora de flirtear, aunque menos ampliamente. Es por ello que es el objetivo de este estudio adentrarse en la relevancia del ambiente y para ello se analizó el estilo de flirteo junto al coqueteo en diversos contextos: bar, contexto educativo, supermercado, gimnasio, oficina, transporte público, fiesta y citas rápidas.

Para esta investigación se utilizaron a 697 personas (206 hombres y 491 mujeres) con edades entre 18 y 73 años, de los cuales el 43,5% estaban solteros, el 34% en una relación y el 22,5% casados. Además, el 52% eran estudiantes universitarios y el 48% población general. La participación se llevó a cabo de manera online y tomaba unos 20 minutos aproximadamente. Además de los datos demográficos, debían rellenar dos cuestionarios: el Inventario de Estilos de Flirteo (FSI) y el Cuestionario de Comportamientos de Flirteo en Contexto (FBCQ).

Encontramos que cuando se pedía a los participantes que eligieran qué estilo de flirteo encajaba más con ellos, el 40% eligió el físico, el 43% el sincero, un 7% el juguetón, otro 7% el tradicional y el 3% restante el cortés. Para cada uno de estos estilos encontramos lo siguiente:

  • Estilo tradicional: Como decíamos al principio, son introvertidos y no están abiertos a nuevas experiencias ni se sienten cómodos en un papel social. Son más propensos a encontrarse en clubs que en bares, porque no consideran que en un bar pueda surgir una relación comprometida. Las mujeres de este estilo carecen de confianza, tienen dificultades para identificar el potencial de una relación y les cuesta desarrollar una conexión emocional dado que les resulta complicado tener conversaciones privadas y personales incluso estando interesadas en la persona. Por otro lado, los hombres son más propensos a conocer a la persona antes de acercarse de forma romántica. Cuando flirtean en una fiesta, un bar, el trabajo o un ambiente educativo es poco probable que usen el lenguaje corporal para señalar interés; y es muy poco probable verles flirteando en lugares como un supermercado.
  • Estilo físico: Son confiados, extrovertidos y abiertos a nuevas experiencias. Es gente que se siente cómoda flirteando en fiestas, bares, entorno educativo, en el gimnasio, en el supermercado o en citas rápidas. En cuanto al género, los hombres además eran más propensos a flirtear también en el transporte público que las mujeres.
  • Estilo juguetón: Este estilo busca subir el autoestima de quienes lo tienen. Son personas extrovertidas, despreocupadas con los demás y no muy educados ni cautelosos en sus acercamientos para coquetear. Los resultados muestran que pueden flirtear en cualquier ambiente indiscriminadamente pero evitarán situaciones diseñadas para mostrar un interés sincero. En cuanto a género, los hombres se mostraron más propensos que las mujeres a adoptar este enfoque lúdico en el ambiente de trabajo, en un entorno educativo, en el transporte público y en el supermercado.
  • Estilo sincero: Es un estilo extrovertido y más común en mujeres y se relaciona bien con personas de estilo educado o físico, aunque no con el juguetón y el tradicional. Son personas cautelosas pero sin problema para interrelacionarse en cualquier contexto. En una fiesta, ellos preferirían ser presentados (al igual que en el estilo tradicional) pero harían uso del lenguaje corporal (como el estilo físico) para demostrar interés a su interlocutor. El uso de lenguaje físico también sería común en contextos como el gimnasio. Sin embargo, analizando por sexos, los hombres utilizan generalmente este estilo en el supermercado o en el transporte público más que las mujeres.
  • Estilo cortés: Son siempre cautelosos en todos los entornos y por lo general prefieren entablar conversación con alguien en lugar de usar el lenguaje corporal para demostrar interés. Sin embargo, harán uso del lenguaje corporal (estilo físico) cuando flirtean en un entorno educativo. No se encontraron diferencias de género en el uso de este estilo para ninguno de los entornos evaluados.

En general, los datos del estudio son interesantes pero deben tenerse en cuenta las limitaciones de la muestra: el 80% eran menores de 25 años y la mayoría de ellos solteros, imposibilitando así la generalización. Además de que no todos los estilos estaban en la misma proporción. Sería relevante replicar los resultados subsanando esos puntos para poder generalizar las conclusiones.

Evidencias de la personalidad y la agresividad en la biomecánica de la marcha. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Evidence of Big Five and Aggressive Personalities in Gait Biomechanics”, de los autores Liam Satchell, Paul Morris, Chris Mills, Liam O’Reilly, Paul Marshman y Lucy Akehurst, de la Universidad de Portsmouth (Inglaterra), que tratan de demostrar como la personalidad y la agresividad se manifiestan a través de la forma de caminar.

Un completo desconocido en mitad de la calle, no sabemos nada de él. Y sin embargo, unos pasos inseguros parecen decirnos que es tímido. O su forma de andar rápida y vigorosa parece gritar que está enfadado. ¿Expresa nuestro cuerpo realmente cómo somos o cómo nos sentimos? Gran parte de la investigación en lenguaje no verbal se ha centrado en la cara y en los microgestos, incluso en la postura, la posición y hasta el tono de voz. ¿Pero qué pasa con nuestra forma de andar cotidiana? ¿Acaso no sería de interés poder prever las intenciones de una persona sólo viendo su forma de acercarse a nosotros?

Con la intención de arrojar luz sobre ese ámbito, se realizó un análisis exploratorio teniendo como únicas hipótesis que encontraríamos más rotación de la pelvis en mujeres y una mayor rotación del tórax en los hombres además de mayor agresividad. Respecto a la personalidad, no se hicieron hipótesis en firme.

Se reclutaron 29 participantes para el estudio, 16 de los cuales eran hombres con una media de 21 años. Se les pedía que se subieran a una cinta de correr y, tras ponerla en su velocidad de paseo normal, dieran un paseo en ella para familiarizarse. Después se les añadían unos marcadores reflectantes de 12 mm de diámetro en ambos hombros, una en la horquilla esternal (bajo el cuello), en las crestas ilíacas anteriores (cadera); y en la parte de atrás del cuerpo, crestas ilíacas posteriores (zona lumbar) y en la parte alta de la columna, ladeado hacia la derecha. De manera que se tenían puntos de referencia del tórax, de la pelvis y general. Se utilizaron además marcadores adicionales en las piernas y en los pies para identificar los ciclos de la marcha a pie. Primero se les midió durante 10 segundos estando quietos para hacer un modelo de su cuerpo y luego tuvieron que caminar 60 segundos en la cinta. Junto con las cámaras y los software de captura del movimiento se analizaron las formas de caminar de los participantes.

Posteriormente se les pasarabn dos cuestionarios. En primer lugar, el cuestionario de agresión de Buss-Perry que mide cuatro subescalas: la tendencia a la agresión física, a la agresión verbal, la disposición a la ira y la hostilidad hacia los demás. Y, en segundo lugar, hicieron el inventario de personalidad conocido como Big Five, dado que es el más ampliamente aceptado e investigado en diferencias individuales. Los cinco rasgos que mide son: la extraversión, la apertura a la experiencia, la responsabilidad, el neuroticismo y amabilidad.

Se analizaron por separado los resultados de hombres y mujeres, basándose en estudios anteriores. Respecto a la agresión, se encontró que los movimientos por separado del tórax y de la pelvis no indicaban nada, pero era el grado de rotación entre ambos el que reflejaba agresión física, especialmente en mujeres. Es decir, cuando andamos, al mismo tiempo que avanzamos el pie derecho y la cadera derecha, el cuerpo se equilibra avanzando el hombro y el brazo izquierdos, y viceversa. En la gente agresiva, el grado en que se marcan los movimientos es más pronunciado. Donde se encontró correlación para los hombres y la agresividad fue en la velocidad de la marcha: cuanto más veloces, más violentos.

Aunque se esperaba encontrar relación con la extraversión, los resultados no fueron consistentes. Sin embargo, se encontró relevancia en los datos para la amabilidad y la responsabilidad, aunque no saben justificar por qué. Es posible que la personalidad se filtre a la marcha, por ejemplo, adoptando un estilo más confiado de caminar. Pero aún debe investigarse si la marcha afecta a la personalidad o viceversa. Lo que está claro es que, aunque se tenga por un proceso automático, es un reflejo de la psicología individual y aún puede encontrarse mucha información en este ámbito. ¿Podríamos en un futuro preveer los delitos o las agresiones por la forma de caminar de los atacantes?

Evaluación de la personalidad usando el olor corporal. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Assessing Personality Using Body Odor: Differences Between Children and Adults”, de la autora Agnieszka Sorokowska, de la Universidad de Breslavia (Polonia), que analiza si los rasgos de personalidad podrían ser reconocidos usando señales olfativas en las interacciones hombre-mujer y niños-adultos.

El olor corporal es una variable importante en las interacciones sociales y, sin embargo, ha sido obviada y subestimada aunque los estudios traten de demostrar su papel. Varios autores defienden que podría estar relacionado con la elección de pareja sexual, del apego entre madres y bebés, indicar la fertilidad femenina o permitir la identificación personal. Pero, además, los últimos estudios creen que podría darnos información sobre la personalidad.

Muchos estudios sugieren que el funcionamiento psicofisiológico de los individuos se refleja en los niveles de diversas sustancias químicas en la piel, la saliva, la orina y las secreciones genitales, contribuyendo al olor corporal natural. Y, más concretamente, podrían verse afectados por la extroversión, la dominancia y el neuroticismo.

Para comprobar esta hipótesis se realizaron dos estudios: uno con niños y otro con adultos. La muestra estuvo compuesta por 75 niños (35 niñas y 40 niños) con una edad media de 8 años, y 75 adultos (41 mujeres y 34 hombres) con una edad media de 20 años. Ambos grupos tuvieron que clasificar los rasgos de personalidad de 50 desconocidos (24 mujeres y 26 hombres de entre 18 y 30 años), basándose en su olor corporal, por lo que además fue requisito no tener problemas olfativos.

Se utilizó olor corporal de adultos en ambos casos debido a que las glándulas encargadas de la producción de feromonas no están activas hasta la pubertad. Para recoger la muestra de olor, se facilitó a los donantes almohadillas de algodón, cinta hipoalergénica quirúrgica, jabón sin perfume, un frasco de vidrio estéril y una nueva camiseta. Los donantes debían lavarse la mañana de la toma de la muestra con el jabón, ponerse las almohadillas en las axilas con la cinta quirúrgica, usar la camiseta suministrada y llevarlo todo durante 12 horas. Además, debían abstenerse de usar cosméticos perfumados (como desodorantes, perfume o jabón), comer alimentos picantes (ajo, cebolla, etc.) y beber alcohol o fumar desde el día de antes. Después de 12 horas, los participantes dejaban las toallitas en el frasco y las devolvían a los experimentadores.

Después, tanto donantes del olor como los participantes debían realizar un test de personalidad de seis cuestiones, cada una de ellas compuesta por tres descriptores: (1) sociable, alegre y activo (extraversión; E); (2) simpático, amable y confiado (amabilidad; A); (3) confiable, auto-disciplinado, y responsable (responsabilidad; C); (4) ansioso, nervioso y fácilmente trastornado (neuroticismo; N); (5) curioso, tiene gusto de cambios, y tiene muchas nuevas ideas (abertura a la experiencia; O). Y, por último, (6) dominante, no ceder, y es un líder (dominancia; D). Ésta última fue añadida por los autores a los cinco factores originales de la teoría de McCae y Costa. Los participantes marcan sus respuestas en la escala de 1 a 5 (1 = en desacuerdo absoluto; 2 = Algo en desacuerdo; 3 = ni de acuerdo, ni en desacuerdo;, 4 = de acuerdo en algo y 5 = totalmente de acuerdo). Todas las frases estaban en positivo y se habían mostrado a otros niños para confirmar que eran entendibles.

El procedimiento fue el mismo para adultos que para niños: La evaluación de los olores se realizó de forma que cada persona calificaba sobre 5 puntos las seis dimensiones de la muestra que se le facilitaba y debía intuir el sexo. Cada participante evaluaba cuatro muestras de olores seleccionadas aleatoriamente, pero manteniendo que examinaran al menos una masculina y una femenina. Además, cada muestra debía ser evaluada al menos seis veces, siendo al menos dos veces por un hombre y dos por una mujer.

Se encontró que los niños no identificaban correctamente el sexo por el olor corporal, ni tampoco tuvieron resultados consistentes en los seis factores salvo para el neuroticismo. En los adultos jóvenes acertaron en el sexo en el 60% de las ocasiones, lo cual no es mucho más que el azar. También se encontraron resultados significativos para el neuroticismo y, además, para la dominancia.

La razón de por qué el neuroticismo es el único factor que se puede identificar a través del olfato, tanto en niños como en adultos, podría deberse a que los neuróticos son propensos al estrés y este proceso podría afectar al olor debido a que produzcan sustancias corporales relacionadas con el miedo. Quizás, como coloquialmente se suele decir, no sólo los perros huelan el miedo.

Respecto a la dominancia, los comportamientos agresivos y dominantes correlacionan con elevados niveles de testosterona, lo que afectaría también a las glándulas sudoríparas, y por consiguiente al olor. Así que la gente dominante podría oler diferente que la gente sumisa. Y el hecho de que los niños no puedan detectar esta diferencia olfativa de poder entre adultos podría deberse a que esto sólo es importante tras la pubertad, de cara a la atracción sexual. Esto se respalda en el hecho de que las mujeres prefieran los olores de hombres dominantes durante su fase fértil del ciclo reproductivo y que los juicios de dominancia sean más precisos cuando se evalúa al sexo opuesto.

Aún queda por averiguar más sobre los otros factores de personalidad, pero por ahora los resultados muestran que el olor corporal humano puede transmitir información importante sobre nuestro interlocutor, complementando las señales visuales y auditivas y contribuyendo a la exactitud de las primeras impresiones.

La pupila refleja las decisiones y los sesgos. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Decision-related pupil dilation reflects upcoming choice and individual bias”, de los autores Jan Willem de Gee, Tomas Knapen y Tobias H. Donner, en un estudio conjunto de la Universidad de Amsterdam y la Universidad de Berlín, que aborda cómo las pupilas cambian su tamaño según la respuesta a una decisión.

La mirada es una gran fuente de información para nuestro interlocutor, cargada de connotaciones e información no verbal que acompaña a nuestras palabras. La mayoría de esos microgestos, en mayor o menor medida pueden llegar a ser controlables, pero hay uno que nos traiciona por completo: el tamaño de nuestras pupilas.

No es novedosa la utilización de la medida pupilar para la toma de decisiones. Los cambios en el tamaño de las pupilas bajo una luz constante se han utilizado como marcador en distintos procesos mentales y cerebrales. Sin embargo, no todos los experimentos recuerdan tener en cuenta el factor del aprendizaje. No reaccionamos de la misma manera ante un estímulo la primera vez que lo vemos que las siguientes, de la misma forma que tomar una decisión no requiere los mismos procesos mentales cada vez. Es por ello que en este diseño, el equipo investigador tuvo en cuenta el efecto acumulativo que produce el aprendizaje.

Además, se tuvo en cuenta también el sesgo propio de cada persona a la hora de tomar decisiones: algunas personas tienen más tendencia a dar el “sí” incluso cuando dudan de la respuesta (liberales) y otras tienen más tendencia al “no” en caso de duda (conservadores). Así que, ¿tendrían estos factores influencia en la respuesta de la pupila a la hora de tomar decisiones?

Para contrastar esta hipótesis se contó con la colaboración de 23 estudiantes a los que se les midió el tamaño de la pupila mientras observaban una grabación en la que debían detectar una señal visual en un monitor sobre un fondo con ruido dinámico, lo cual dificultaba su percepción y, por tanto, la decisión de si lo habían visto realmente o no. Se llevaron a cabo entre 6 y 10 sesiones (entre 480 y 800 ensayos por sujeto) para ver el efecto acumulativo del entrenamiento.

Los resultados parecen mostrar que durante un proceso de decisión prolongado, la pupila se dilata principalmente durante el proceso de formación de la decisión más que cuando ya está ésta tomada.  Además, los datos parecen indicar que cuando una persona da una respuesta afirmativa las pupilas se dilatan más que si da una negativa. Por otro lado, este efecto se ve aún más remarcado cuando contesta afirmativamente la persona que tiende a ser conservadora, es decir, cuando contesta en contra de sus propias preferencias.

En cierto modo, este descubrimiento parece indicar que las pupilas pueden ser predictoras de la respuesta. Quizás, para futuras investigaciones, sea interesante replicar estos resultados con decisiones de tipo emocional, ya que eso acercaría un poco más estos resultados a sus posibles utilizaciones prácticas.

Los perfiles de Facebook reflejan la personalidad real, no la auto-idealización. Club del Lenguaje No Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facebook Profiles Reflect Actual Personality, Not Self-Idealization”, de los autores Mitja D. Black, Juliane M. Stopfer y Boris Egloff de la Universidad de Mainz, Simine Vazire de la Universidad de St. Louis, Sam Gaddis y Samuel D. Gosling de la Universidad de Texas y Stefan C. Schmukle de la Universidad de Münster, que evalúa el realismo de los perfiles en las redes sociales en los jóvenes.

Más de 700 millones de personas en todo el mundo utilizan las redes sociales. Estas páginas se han integrado como parte de nuestra interacción social y son ampliamente utilizadas como parte de la comunicación e incluso a nivel laboral ya desempañan un importante papel. Y a pesar de tan amplia inserción en nuestras vidas, todavía nos faltaba una pregunta por hacernos y corroborar: ¿Son realistas las impresiones que transmiten de nosotros las redes sociales?

Es una suposición ampliamente aceptada que no nos mostramos a nosotros mismos en las redes sociales sino que creamos y mostramos al mundo una versión idealizada de cómo preferiríamos ser en lugar de nuestras auténticas personalidades. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que nuestros contactos en las redes sociales nos conocen de verdad, fuera de la pantalla, y ellos también tienen acceso a publicar en nuestros perfiles y a comentar en las publicaciones propias. Es decir, la imagen mostrada se configura entre varias personas, lo que hace difícil que uno mismo muestre algo diferente de lo que es en realidad.

Para comprobar esta hipótesis se contó con 236 usuarios de las redes sociales más populares en sus respectivos países de entre 17 y 22 años: 133 usuarios de Facebook estadounidenses y 103 usuarios de StudiVZ y SchuelerVZ de Alemania. Se guardó los perfiles de los participantes antes de llevar a cabo los test de personalidad para evitar las modificaciones. Posteriormente se pasó un test de auto-ideal a los participantes para medir la versión de sí mismos que quisieran ser y contrastar si es esa la impresión que transmiten en sus perfiles. Por otro lado, se les pasó a ellos y a sus amigos cercanos un test de personalidad para conseguir más exactitud en la medición de la personalidad real de los participantes. Por último se pidió a evaluadores externos que valoraran la personalidad que percibían en las distintas páginas personales para contrastar con cuál de las dos imágenes que se tenía de los participantes cuadraba más.

Los resultados mostraron que los perfiles se percibían en consonancia con la personalidad real de los usuarios y no con su versión idealizada. Las medidas que fueron más significativas fueron la extraversión y la apertura a la experiencia, y la más baja fue la de neuroticismo, resultados que son similares a estudios previos sobre impresiones cara a cara con desconocidos.

Por tanto, podemos comprobar que las redes sociales, e Internet mismo, han pasado a formar parte de nuestras vidas y son una herramienta más para expresarse y comunicarse, donde la gente no hace otra cosa que mostrarse tal y como son. Quizás eso podría explicar en parte su gran popularidad en los últimos tiempos. Tal vez el siguiente paso sea comprobar si esta forma de pensar es única de los jóvenes, que ya han crecido en un mundo interconectado por la red, o si ya se ha convertido en algo general a todas las edades.

Determinar la personalidad a través del nick de un juego. Club Lenguaje No Verbal.

Determinar la personalidad a traves del nick de un juego - club lenguaje no verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Impressions of World of Warcraft players: personalities based on their usernames: Interobserver consensus but no accuracy”, de los autores Lindsay T. Graham y Samuel D. Gosling, de la University of Texas at Austin, cuyo objetivo es determinar si la personalidad de un individuo puede ser determinada con precisión a través de su nick en un juego online.

A nivel científico, es reconocido que las personas se forman impresiones de las otras en base a retazos mínimos de información (en muchas ocasiones, ni siquiera hace falta un contacto verbal). Incluso un dato tan básico como la dirección de correo de una persona puede provocar que nos creemos una imagen concreta de la misma. Así, encontramos que elementos como la apariencia física, la organización de un perfil de Facebook, la música favorita o incluso la decoración de las habitaciones o de los lugares de trabajo pueden permitir a un individuo juzgar de manera relativamente precisa la personalidad de un individuo.

Millones de personas juegan en la actualidad a juegos online conocidos como MMORPG (juegos de rol online multijugadores masivos), tales como Second Life o Farmville. Una de las particularidades de estos juegos es que los jugadores mantienen relaciones sociales con otros jugadores, resultando en la mayoría de ocasiones en un encuentro online previo a un posible encuentro offline fuera de las redes (si el mismo llega a darse). Es por ello que la primera impresión que suelen recibir del otro individuo los jugadores son los “nicknames” de los mismos.

Teniendo en cuenta, por tanto, la importancia de los nicks como primer elemento en la interacción con otro individuo, los investigadores de este artículo se plantearon una pregunta. ¿Puede el nick de un usuario de un MMORPG concreto (en este caso, World of Warcraft) permitir a otro individuo realizar impresiones relativamente sobre su personalidad?

Para poner a prueba esta hipótesis, los investigadores reclutaron 1357 individuos, que se encargaron de reportar sus nicks (uno solo por persona) y completar cuestionarios de personalidad. Posteriormente, dos grupos de estudiantes (uno de jugadores de World of Warcraft, y otro de personas que nunca habían jugado) se dedicó a evaluar la personalidad de cada individuo en base a su nick.
¿Qué indicaron los resultados del estudio? Por un lado, el consenso entre las respuestas de los jugadores fue fuerte, con pequeñas diferencias entre ambos grupos (los jugadores tuvieron un consenso mayor en extraversión, estabilidad emocional y apertura, y los no jugadores tuvieron un consenso mayor en cordialidad y responsabilidad).

Por otro lado, y en lo que se refiere a la precisión de las impresiones de los observadores, al contrario que en las investigaciones sobre correos electrónicos, no se encontró ninguna evidencia de precisión en las impresiones de los observadores. Incluso con la adopción de claves por parte de los mismos para evaluar los nicks (fijarse en el género, tener un nombre bonito, incluir contenido sexual, de ciencia ficción, múltiples palabras, etc), no se encontró una precisión significativa entre los mismos.

Esta investigación concluyó, por tanto, que los nicks, de manera aislada, no proporcionan información precisa sobre la personalidad de los individuos, pero sí que proporcionan claves que elicitan un acuerdo entre las opiniones de los diversos usuarios. Por tanto, dado el aumento de interacciones en los contextos sociales, serán necesarias más investigaciones que permitan descubrir si las impresiones de terceros sobre un individuo pueden ser precisas o no.

Analizando la personalidad en base a la personalización del dormitorio. Club del Lenguaje No Verbal.

Analizando la personalidad en base a dormitorios - Club Lenguaje No Verbal

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “A Room With a Cue: Personality Judgments Based on Offices and Bedrooms”, de los autores Samuel D. Gosling y Sei Jin Ko, de la University of Texas, y Thomas Mannarelli, del INSEAD, que estudia la eficacia de los juicios de personalidad basados en las oficinas y dormitorios. Dada la longitud de la investigación, el resumen será presentado en dos partes, siendo la presente la segunda y última (dedicada a hablar sobre los dormitorios y el análisis de los mismos en términos de personalidad). La primera parte puede ser encontrada en este enlace.

Los resultados de la primera parte de la investigación eran prometedores, pero dejaba en el aire la duda sobre si estos datos serían generalizables al análisis de otros espacios personales. A pesar de que los espacios de trabajo claramente contenían residuos conductuales y expresiones de la identidad, tan solo podían proveer de una información limitada, dado que se trata de un contexto con un abanico limitado de actividades y formas de expresión. Se podría llegar a plantear, por tanto, que ciertos rasgos relacionados con el contexto de trabajo podrían ser más evidentes o expresados (por ejemplo, la Responsabilidad), mientras que otros menos relacionados (por ejemplo, la Cordialidad) podrían mostrarse en menor medida.

Por ello, en esta segunda parte del estudio, el objetivo de los autores fue centrarse en un ambiente rico que pudiera facilitar un rango más amplio de expresión individual y de residuos del comportamiento. Para este propósito, se necesitaba examinar espacios en los cuales los ocupantes pasaran mucho tiempo y utilizaran para algo más que para trabajar. Por ello, finalmente, se decidió que serían estudiadas las habitaciones de la muestra de individuos. En este caso, además, también se incluyó la variable “raza” a la hora de evaluar los estereotipos (dado que además la muestra fue totalmente diferente). Los resultados arrojados por la investigación se recogen a continuación:

Respecto al consenso, se encontró nuevamente que todas las opiniones eran significativamente similares, aunque se encontrasen variaciones entre los rasgos (el consenso se divide, de mayor a menor, en Apertura a la experiencia y Responsabilidad, Extraversión, Cordialidad y muy poco para la Estabilidad Emocional). La precisión de los observadores, por su parte, fue mayor que en las oficinas (.37 respecto a .22). El orden de la precisión, de mayor a menor, fue el siguiente: Apertura a la experiencia, Responsabilidad, Estabilidad emocional, Extraversión y Cordialidad (estas dos últimas más débiles).

A la hora de estudiar las claves contextuales, se encontró que nuevamente la Responsabilidad era aquella que mostraba los elementos diferenciadores más evidentes, como eran la limpieza, la organización o el desorden. En lo que respecta a la Apertura a la Experiencia, los juicios fueron realizados en base a lo distintiva que les resultase la habitación, el nivel de decoración y la cantidad o variedad de libros, revistas y discos. La Cordialidad fue asociada con mayor facilidad que en las oficinas, con elementos como la “alegría” percibida por los observadores en la habitación, los colores, la limpieza, la organización, la calidez y comodidad, no tener ropa esparcida por en medio, etc. La Extraversión, en este caso, tuvo correlaciones más débiles (al contrario que en las oficinas), con la decoración y el desorden. Muy pocas claves fueron relacionadas con la Estabilidad Emocional, pero las que presentaron una correlación modesta tenían que ver con factores ambientales (iluminación, calidad del aire, etc). El estudio de la validez de estos resultados indicaron que la intuición de los observadores fueron muy acertadas en el caso de la Responsabilidad y la Apertura a la Experiencia, siendo las otras tres menos acertadas en sus predicciones.

Por último, si bien las diferencias en cuanto a estereotipos de sexo fueron similares a las del estudio en lugares de trabajo (bastante poco notables), sí que se encontraron muchas diferencias a la hora de tratar con estereotipos de raza (en este caso, blancos y asiáticos). Los blancos fueron percibidos como más abiertos a la experiencia, estables emocionalmente y extravertidos que los asiáticos, así como significativamente menos cordiales. A la hora de evaluar si realmente existía alguna diferencia a nivel estadístico, tan solo se encontró que los blancos tendían a puntuar más en Apertura a la Experiencia que los asiáticos, y las mujeres menos que los hombres en Estabilidad Emocional.

En conclusión, ambos estudios mostraron que podían encontrarse rastros conductuales y de personalidad en ambientes en los que una persona interactúa, y que los mismos podían ser utilizados por observadores para realizar impresiones más o menos precisas de la personalidad de estos individuos.

 

Iniciativa en situaciones de comunicación. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les proponemos un resumen del artículo “El rol de la personalidad en el inicio de situaciones de comunicación”, de los autores Sofie Frederickx de la Universidad de Leuven (Bélgica) y Joeri Hofmans de la Vrije Universiteit Brussel (Bélgica), acerca de la relación entre los rasgos de personalidad y el tipo de comunicación que se establece.

En el campo de la comunicación existe un enorme interés en cómo las diferencias individuales afectan a la manera de comunicarse. Los rasgos generales de personalidad, y especialmente la extraversión, el neuroticismo y la afabilidad, influyen en diversos aspectos de la comunicación interpersonal. Los estudios previos se han centrado exclusivamente en el papel de la personalidad cuando ya se está involucrado en una situación de comunicación. La investigación sobre la elección de la situación ha demostrado que las personas no acaban de forma pasiva en esas situaciones, sino que participan activamente en su selección y evitación. Por otra parte, el tipo de situaciones que se escogen y evitan difieren considerablemente entre las personas, y la personalidad parece ser un importante determinante. Dado el impacto de los rasgos generales de personalidad en la forma de comunicarse, cabe preguntarse si también están relacionados con los tipos específicos de situaciones de comunicación que se eligen. En el presente estudio, se aborda esta cuestión examinando si los cinco grandes rasgos de personalidad se relacionan con los tipos de conversaciones que se inician en la vida diaria. Para ello, se plantea la hipótesis de que los individuos tienden a buscar las situaciones de comunicación que son congruentes con su personalidad. Puesto que el hecho de comportarse de manera discordante con los rasgos de personalidad propios genera sentimientos negativos y positivos cuando la conducta es congruente.

Para probar esta hipótesis, se han centrado en la congruencia entre los cinco grandes rasgos de personalidad y tres características de situaciones de comunicación: (1) la familiaridad con el compañero de interacción, (2) la colaboración del compañero, y (3) la certeza sobre el tema de conversación. En primer lugar, la familiaridad con el interlocutor ha demostrado aumentar los sentimientos de simpatía y disminuir las sensaciones de incertidumbre y ansiedad. Como consecuencia, esta función está ligada a una mayor calidad y frecuencia de la interacción. En segundo lugar, un pequeño aporte del compañero a la conversación produce un aumento de la afectividad negativa y se asocia con la evitación de iniciar la conversación. Por último, la incertidumbre en general conduce a eludir las interacciones interpersonales. Por ello, se espera que estas características se relacionen con una mayor probabilidad de iniciar una conversación. En cuanto a los rasgos de personalidad, en primer lugar, la extraversión es una dimensión que se relaciona con la sociabilidad, los individuos que puntúan alto en extraversión se caracterizan por una gran necesidad de contacto social y atención. Por lo tanto, se prevé que las personas con alta extraversión escojan más situaciones de comunicación interpersonal en comparación con personas con baja extraversión, independientemente de las características específica de la situación (Hipótesis 1). En segundo lugar, las personas afables suelen ser amables, generosas, y con predisposición a ayudar a los demás. Asimismo, participan en las conversaciones con un enfoque más positivo, están motivados por mantener relaciones interpersonales positivas, y experimentan más sentimientos desagradables cuando se involucran en discusiones que los individuos con baja afabilidad. Así pues, se plantea la hipótesis de que los individuos con alta afabilidad van a elegir más frecuentemente situaciones de conversación con conocidos (Hipótesis 2a) que propician la conversación (Hipótesis 2b). En tercer lugar, el neuroticismo se caracteriza como la tendencia crónica a experimentar sentimientos y pensamientos negativos, a la inestabilidad emocional y la inseguridad. Por lo tanto, las personas con altas puntuaciones en neuroticismo seleccionarán situaciones que se caracterizan por la incertidumbre y la ansiedad. Es decir, situaciones de conversación con extraños (Hipótesis 3a) determinadas por la incertidumbre sobre el tema (Hipótesis 3b). En cuarto lugar, se ha probado también cómo los rasgos de apertura a la experiencia (imaginación, cultura, tolerancia y sensibilidad artística) y responsabilidad están relacionados con la selección de los diferentes tipos de situación de comunicación. Por último, se ha analizado asimismo si las relaciones entre los cinco grandes rasgos y el inicio de la situación de comunicación varían cuando se controla la variable de autoestima. Un rasgo que ha demostrado estar asociado con medidas de comunicación tales como la aprehensión y la preferencia por la comunicación cara a cara.

Se ha examinado la relación entre las diferencias individuales en los tipos de conversaciones iniciadas y las diferencias individuales en extraversión, afabilidad, neuroticismo, apertura y responsabilidad. Se han hallado relaciones significativas en línea con el principio de congruencia que establece que las personas buscan situaciones que sean congruentes con su personalidad. Así pues, los resultados apoyan la conclusión de que la personalidad no sólo afecta a la conducta una vez que las personas están involucradas en una situación, sino que también es un determinante importante de diferencias interindividuales en la selección y la evitación de la situación. Se ha descubierto igualmente, que al controlar la variable de autoestima, los individuos con puntuaciones altas en neuroticismo participan con más frecuencia en comunicaciones cuando el compañero de interacción es conocido. Por último, las diferencias individuales en apertura y responsabilidad no tienen un efecto significativo sobre las situaciones de comunicación que se inician. En cuanto a las limitaciones del estudio, es importante destacar que se han medido inicios de situaciones de comunicación auto informadas y no reales. Futuras investigaciones deberían comprobar si las relaciones halladas en estas situaciones también se dan en inicios reales. Una segunda limitación de los datos auto informados es que el margen de error de la memoria puede haber afectado al informe. Por lo tanto, en futuras investigaciones podrían apoyarse en la experiencia basada en sucesos ya que de esta manera se informa sobre el comportamiento cuando se está llevando a cabo. En tercer lugar, es posible que las diferencias individuales en el informe de inicio de situaciones de comunicación sean debidas a las diferencias individuales en la forma de reflejar lo experimentado en lugar de a las diferencias individuales en su comportamiento real. Esta limitación de nuevo subraya la necesidad de replicar los hallazgos con medidas de conducta reales, en lugar de auto informadas. En cuarto lugar, el estudio se ha basado únicamente en unas pocas características situacionales. En quinto lugar, sólo se midieron las conversaciones iniciadas por los sujetos, dejando de lado las conversaciones que no iniciaron ellos. Así pues, puede ser interesante para futuras investigaciones medir asimismo el nivel de actividad social y examinar el número de conversaciones iniciadas en relación al total de conversaciones. Por último, las características situacionales se han conceptualizado como categorías binarias (presentes o ausentes). Por lo tanto, en futuras investigaciones debería probarse si la medición de las características situacionales de manera continua afecta a los resultados. De esta manera, se ha demostrado que las diferencias individuales en la personalidad no sólo se reflejan en la conducta durante una comunicación, sino también en los tipos de situaciones de comunicación que las personas eligen en la vida diaria. En particular, los individuos dedican tiempo a situaciones de comunicación que fomentan, promueven y alientan las manifestaciones conductuales de su personalidad. En consecuencia, se ha demostrado que únicamente se puede alcanzar una completa comprensión del papel de la personalidad en la comunicación si a su vez se estudia su impacto en el tipo de situaciones elegidas.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje No Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Analizando la personalidad en base al lugar de trabajo. Club del Lenguaje No Verbal.

Analizando la personalidad en base al lugar de trabajo. Club Lenguaje No Verbal.

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “A Room With a Cue: Personality Judgments Based on Offices and Bedrooms”, de los autores Samuel D. Gosling y Sei Jin Ko, de la University of Texas, y Thomas Mannarelli, del INSEAD, que estudia la eficacia de los juicios de personalidad basados en las oficinas y dormitorios. Dada la longitud de la investigación, el resumen será presentado en dos partes, siendo la presente la primera (dedicada a las oficinas o lugares de trabajo de los individuos).

Mucho puede ser aprendido sobre los individuos estudiando el espacio que habitan. Las teorías interaccionistas sugieren que los individuos seleccionan y crean sus ambientes sociales (por ejemplo, sus amistades, sus actividades sociales, etc.), encajándolos y reforzando así sus disposiciones, preferencias, actitudes, etc. Así, por ejemplo, un individuo extravertido elegirá amigos y colegas que le permitan actuar tal y como es. De manera consistente a estos planteamientos, los autores de la investigación hipotetizan que los individuos también alteran y crean sus ambientes físicos para reflejar y reforzar quiénes son. Yendo incluso más allá, proponen que los observadores utilizan esta información de los contextos del día a día para formarse impresiones sobre cómo son los ocupantes de estos entornos.

En esta investigación, por tanto, se plantearon diversos supuestos de investigación: la relación entre el ambiente observado y la impresión de los observadores (tanto a nivel de precisión como de consenso entre ellos), la precisión de las impresiones en base a los elementos elegidos por los individuos, y la influencia de los estereotipos en el consenso y la precisión de los observadores. A esto, además, se le debe sumar que todas las hipótesis fueron estudiadas en dos contextos distintos: oficinas y dormitorios de los individuos.

En la primera investigación, centrada en los espacios de trabajo de los individuos, los resultados arrojaron datos especialmente interesantes: en primer lugar, y respecto al consenso, se encontró una correlación significativa y positiva entre las distintas opiniones de los observadores. Además, se demostró que el mayor consenso se encontraba en el rasgo Apertura a la Experiencia, seguido de Responsabilidad y Extraversión y, en menor medida, Cordialidad y Estabilidad Emocional (aunque las mismas variaron en función de si se trataba de una observación rápida, o había interactuación mínima con el individuo). También la precisión fue significativamente consistente, variando nuevamente entre los rasgos del mismo modo que en el consenso (exceptuando la Cordialidad, que no mostró relación significativa).

En el caso de las claves contextuales, se encontró que la Responsabilidad y la Apertura fueron los rasgos más relacionados con diversos elementos del entorno. Así, la Responsabilidad fue correlacionada con el buen uso del espacio, la limpieza y la organización de manera positiva, y con el desorden de manera negativa. Aquellos con una Apertura a la experiencia alta fueron relacionados con el distintivo uso de los espacios, el nivel de decoración, la cantidad de revistas y la cantidad y variedad de discos y CDs. En lo referente a la Extraversión, se encontró que existía correlación, más allá de otras claves, con la decoración, el colorido, el desorden y lo no convencional. Muy pocas de las claves encontradas fueron relacionadas con la Cordialidad o la Estabilidad Emocional.

Por último, en el estudio de las influencias de los estereotipos, se encontró que se percibía a las mujeres como significativamente más cordiales y menos estables emocionalmente que los hombres, interpretándose que los observadores, en función del sexo del sujeto evaluado, modificaban sus ratios de respuesta en el contexto de la Cordialidad y la Estabilidad Emocional. Esto, tras ser evaluado teniendo en cuenta la precisión, demostró ser efectivo para el rasgo Estabilidad Emocional como única diferencia significativa.

En conclusión, y para concluir con la investigación dedicada a las oficinas de los individuos, se encontraron diversos niveles de consenso y precisión entre los juicios de los observadores (especialmente en la Apertura a la Experiencia, la Responsabilidad y la Extraversión), lo cual, si tenemos en cuenta que los rasgos más consensuados fueron aquellos que utilizaban más características concretas del entorno, muestra que se podría extraer, de manera efectiva, ciertos rasgos de la personalidad del estudio de los entornos físicos de los individuos.

Análisis de la personalidad basado en la apariencia física. Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Personality Judgements Base don Physical Appearance”, de los autores Laura P. Naumann, de la University of California, Simine Vazire, de la Washington University in St. Louis, Peter J. Rentfrow, de la University of Cambridge, y Samuel D. Gosling, de la University of Texas, que investiga la relación entre la apariencia física y los juicios de personalidad.

La investigación psicológica revela poco sobre cómo la personalidad es expresada en la apariencia física o cómo la apariencia influye en los juicios sobre personalidad de un observador, aunque se haya demostrado la importancia de la misma en la formación de primeras impresiones. De hecho, tras dos décadas de investigaciones, los investigadores todavía no conocen con exactitud la auténtica magnitud de la precisión basada tan solo en la apariencia física. ¿Hasta qué punto influye, entonces, la percepción física de un individuo en el juicio de un observador?

Esta investigación examinó los juicios en condiciones de desconocimiento del contrario, juicios basados en la apariencia física capturados en fotografías de cuerpo entero. Se preguntó a los observadores qué rasgos podían juzgar con precisión basándose tan solo en la apariencia física. Más allá de esto, se analizó la precisión del observador en dos condiciones: la precisión cuando se observa una foto con la máxima ausencia de comunicación no verbal expresiva, y la precisión cuando el sujeto de la imagen puede adoptar una pose y unas expresiones espontáneas. Por último, también se analizó qué elementos dinámicos (como la expresión) y estáticos (el estilo de vestir) de la apariencia están relacionados con la personalidad real del individuo y con el juicio del observador.

Todas estas hipótesis fueron puestas a prueba, dando lugar a diversos resultados:

En primer lugar, sobre la pregunta “¿Qué rasgos pueden ser percibidos con precisión basándose en la apariencia física de una fotografía estática”?, los resultados indican que se mostró cierto grado de precisión para la extraversión y niveles marginalmente significativos para la apertura y la estabilidad emocional. Sin embargo, los observadores no fueron preciosos al juzgar la cordialidad o la responsabilidad. También la religiosidad y la autoestima mostraron ser rasgos identificables significativamente.

En segundo lugar, respecto a la pregunta “¿Puede la precisión de un juicio mejorar cuando la expresión no verbal es visible?”, consistente con la predicción que realizan los autores, los rasgos fueron juzgados de manera más precisa cuando se mostraban posturas espontáneas (es decir, en presencia de expresión libre corporal), sobre todo en los rasgos de cordialidad y apertura.

Por último, en referencia a la pregunta “¿Qué claves están asociadas con la personalidad real de los individuos y con los juicios de los observadores?, se encontró que, por un lado, tanto los elementos dinámicos como los estáticos resultaron ser indicadores válidos de la extraversión, siendo la mirada, la sonrisa y la postura los elementos más destacados. En lo que respecta a la cordialidad, la postura y la sonrisa relajada mostraba una puntuación mayor en este rasgo. Los sujetos más responsables tendían menos a vestirse de manera distintiva (aunque los observadores no coincidieron en este punto a la hora de puntuar el rasgo, defendiendo más peso de una postura sana, pulcra y saludable). La estabilidad emocional correlacionó con una postura y actitud más relajadas (aquí nuevamente los observadores añadieron otros elementos, como la sonrisa). Por último, los sujetos con mayor apertura a la experiencia tenían una postura menos saludable y una apariencia menos pulcra, pero mostrando a su vez un estilo de vestir distintivo. Los observadores, nuevamente, coincidieron en este punto, añadiendo otros (como la sonrisa) que no encajaban en los resultados objetivos.

A veces los demás nos conocen mejor que nosotros mismos. Club Lenguaje No Verbal.

A veces los demás nos conocen mejor que nosotros mismos. Club Lenguaje No Verbal.

A veces los demás nos conocen mejor que nosotros mismos. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, esta vez les ofrecemos un resumen del artículo “A veces los demás nos conocen mejor que nosotros mismos” de las autoras Simine Vazire y Erika N. Carlson de la Universidad de Washington (EE.UU.) que trata de la percepción de la propia personalidad.

La mayoría de nosotros tenemos la poderosa intuición que nos conocemos mejor de lo que los demás nos conocen. Sin embargo, todos conocemos personas que se engañan a sí mismas, lo cual plantea la incómoda posibilidad de que nosotros, también, podríamos estar engañándonos. Cuando se trata de nuestra propia personalidad, cada vez hay más evidencia de que nuestros puntos ciegos son considerables. Por otra parte, los demás a veces pueden ver cosas sobre nuestra personalidad que no podemos. El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia más reciente en relación a la precisión de la auto percepción de la personalidad y la percepción de los otros y demostrar que la imagen completa de cómo es una persona requiere tanto la propia perspectiva de la persona como la perspectiva de otros que la conocen bien.

El primer paso para poder determinar que los demás saben cosas de nuestra personalidad que nosotros mismos no conocemos es mostrar que hay lagunas en nuestro auto conocimiento. Algunos puntos ciegos pueden deberse a una simple falta de información. Pueden deberse asimismo a demasiada información, tenemos acceso a tantos pensamientos, sentimientos y comportamientos que a menudo nos cuesta mucho agregar mentalmente esos indicios y reconocer patrones. Sin embargo, en muchos casos, los puntos ciegos no son tan inocentes ya que son el resultado de procesos cognitivos motivados. Querer afirmar y mejorar nuestra autoestima es uno de los motivos de mayor influencia en la auto percepción. El conocimiento motivado influye y distorsiona la auto percepción de muchas maneras que ayudan a crear y mantener puntos ciegos en el auto conocimiento. Un claro ejemplo de punto ciego lo encontramos en la investigación sobre discrepancias entre las percepciones explícitas e implícitas de las personas sobre su propia personalidad. La personalidad implícita se mide normalmente por la asociación automática que las personas hacen de ellas mismas con rasgos específicos o comportamientos. De este modo, se forman asociaciones automáticas o implícitas sobre la base de anteriores patrones de comportamiento. Por lo tanto, los rasgos que la gente asocia automáticamente con ellos mismos en pruebas implícitas pueden predecir el comportamiento más allá de los rasgos que promueven conscientemente en mediciones explícitas de personalidad. Si el procesamiento implícito del auto conocimiento fuera simplemente una cuestión de eficiencia, deberíamos ser capaces de aumentar la congruencia entre nuestra auto imagen explícita e implícita centrando nuestra atención en las manifestaciones conductuales de nuestra personalidad implícita. Así pues, parece que nuestros motivos a veces nos llevan a ignorar los aspectos de nuestra personalidad que otros pueden detectar. Como resultado, nuestras auto percepciones conscientes proporcionan una valiosa pero incompleta perspectiva sobre nuestra personalidad.

El segundo paso para poder determinar que otros pueden conocer cosas acerca de nuestra personalidad que nosotros desconocemos es mostrar que los demás son expertos en la detección de la personalidad. Resulta que muchos aspectos de la personalidad son increíblemente transparentes a los demás, incluso cuando no se están transmitiendo deliberadamente. Revelamos nuestra personalidad deliberada e indeliberadamente a través de la música que escuchamos, nuestros dormitorios, y nuestro entorno online. Por otra parte, cuanto más convivimos con los demás, con mayor precisión pueden inferir nuestros pensamientos y sentimientos. Estos hallazgos muestran que somos agudos conocedores de las personalidades de los demás, probablemente debido a la importancia de la percepción interpersonal para nuestra especie social. En consecuencia, los demás, especialmente aquellos que pasan mucho tiempo con nosotros y con los que nos sinceramos, se convierten casi inevitablemente en expertos en nuestra personalidad.

El objetivo de este artículo es demostrar que a veces los demás ven aspectos de nuestra personalidad de los que no somos conscientes. La igualdad total en los niveles de precisión oculta un patrón más interesante: la auto valoración de la personalidad y la valoración de los demás no sólo proporcionan información redundante, sino que reflejan aspectos diferentes. Vazire (2010) propuso que tenemos mejor información de nosotros mismos que los demás para juzgar rasgos internos, rasgos principalmente definidos por pensamientos y sentimientos, pero que los demás tienen mejor información para juzgar rasgos externos, rasgos principalmente definidos por la conducta manifiesta. Existen evidencias de que las personas cercanas podrían de hecho tener impresiones más positivas sobre nosotros de las que tenemos, pero que sus percepciones son aun así más precisas. Los hallazgos sugieren que los que nos conocen bien a veces ven cosas que no vemos en nosotros mismos, sobre todo cuando se trata de aspectos de nuestra personalidad que pueden ser apreciados por los demás y de los que nos preocupamos mucho (y por lo tanto no podemos ver de forma objetiva).

Para conocer la personalidad de alguien, tenemos que saber tanto la manera en que se ve a sí mismo como la manera en que le ven otras personas que le conocen bien. El hecho de que la auto percepción sea una parte importante de la personalidad no es algo nuevo; el nuevo descubrimiento es que los demás saben muchas cosas acerca de nosotros que desconocemos. La investigación plantea que aunque tendemos a sobrestimar el grado en que otros comparten nuestra percepción de nosotros mismos, somos capaces de detectar la impresión que producimos a los demás, incluso al conocer a alguien por primera vez. Parece asimismo que sabemos cómo las personas que nos conocen en diferentes contextos nos ven de distinta manera (por ejemplo, los padres frente a los amigos). En resumen, parece que somos algo conscientes de cómo nos ven los demás, pero no siempre hacemos uso de esa información para juzgar nuestra propia personalidad. Por lo tanto, es posible que podamos mejorar nuestro auto conocimiento dando más importancia a nuestras impresiones acerca de cómo nos ven los demás, especialmente, cuando se trata de rasgos evaluativos observables (por ejemplo: ser divertido, encantador, etc.). Estudios recientes han planteado que la auto afirmación reduce las respuestas defensivas y nos hace más receptivos a la información negativa sobre nosotros. Por otro lado, las técnicas de meditación pueden reducir los dos principales obstáculos para el auto conocimiento: la falta de información y las tendencias motivacionales. En resumidas cuentas, se sabe poco sobre cómo mejorar el auto conocimiento. Parece evidente que queda mucho por aprender acerca de cómo podemos llegar a conocernos mejor.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno