Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Detección de mentiras (página 1 de 2)

¿Puede una sonrisa falsa aumentar la percepción de confianza de los demás? Club de Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “A fake smile thwarts cheater detection” de Matia Okubo, Akihiro y Kenta Ishikawa. Un interesante estudio publicado en “Journal of Nonverbal Behavior”, en donde explican como las personas discriminan a posibles mentirosos en base a sus expresiones faciales negativas, y como una expresión facial positiva falsa (como una sonrisa falsa) puede influir en la percepción de confianza de los demás y frustrar la posible detección de una mentira. 

La cooperación social es una característica universal de las sociedades humanas porque las interacciones cooperativas mejoran la aptitud para la supervivencia. Sin embargo, esta mejora puede estar en riesgo si hay mentirosos durante las interacciones de cooperación: Los mentirosos pueden explotar a sus compañeros en un intercambio social beneficiándose de ellos sin reciprocidad. La cooperación social a largo plazo sólo tiene éxito si los individuos son capaces de detectar y evitar a los mentirosos en sus interacciones sociales. Aunque existen técnicas científicas que ayudan a detector las mentiras, Cosmides (1989) propuso que los humanos tienen mecanismos cognitivos innatos para detectar a estos mentirosos, basándose especialmente en las expresiones faciales.

Las expresiones faciales de los demás proporcionan información sobre su estado emocional y sus intenciones, que desempeñan un papel importante en la cooperación social. Algunas investigaciones encontraron que las caras de los mentirosos eran juzgadas más agresivas (amenazantes e intimidantes) y atraían la atención de los observadores durante las tareas visuales. Estos resultados sugieren que las expresiones emocionales agresivas como la ira pueden funcionar como una señal facial para la detección de los mentirosos.

Además, una expresión emocional agresiva es un determinante importante de la confianza facial percibida. Oosterhof y Todorov en una investigación en 2008 utilizaron una técnica de transformación en rostros generados por computadora y demostraron que los cambios en la dimensión confiable de los rostros afectaban principalmente a las percepciones de ira y felicidad, pero no a las percepciones de otras expresiones emocionales básicas. Demostraron además que los rostros dignos de desconfianza son percibidos como más enojados que los rostros confiables. Por tanto la capacidad de detectar a los mentirosos (erroneamente o no) por su apariencia puede basarse, al menos parcialmente, en la detección de expresiones emocionales agresivas de los rostros. Si los mentirosos expresan habitualmente niveles más altos de emociones agresivas, la gente debería ser capaz de distinguir de manera fiable a los mentirosos de los cooperadores. Sin embargo, este no es el caso: Aunque la gente es sensible a los mentirosos, la detección de los mentirosos, por supuesto, no es perfecta en situaciones del mundo real. Los autores de este artículo especulan que estas fallas en la detección de mentirosos son atribuibles a la habilidad de los mentirosos para disfrazar las emociones que indicarían su actitud poco cooperativa.

Una expresión facial que puede utilizarse para disfrazar las emociones subyacentes es la sonrisa, que es la señal más importante en la cooperación social, así como una de las expresiones más fáciles de fingir según Ekman. De hecho, en un experimento se usaron caras generadas por ordenador y demostraron que la percepción de la confiabilidad de las caras estaba correlacionada con la intensidad de las expresiones felices. Utilizaron fotografías de candidatos electorales y descubrieron que la intensidad de la sonrisa predijo la confianza percibida.

Estos resultados sugieren que incluso un símil artificial o planteado aumenta la confianza percibida. Sobre la base de estos hallazgos, se formularon las siguientes hipótesis: (1) Debido a que las expresiones faciales agresivas señalan la actitud poco colaboradora del observador, los observadores pueden discriminar con éxito a los mentirosos de los cooperadores detectando niveles más altos de expresiones faciales agresivas entre los mentirosos. Sin embargo, (2) tal detección de mentirosos puede ser frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores.

Para probar estas hipótesis, los autores llevaron a cabo una tarea de calificación utilizando fotografías faciales de los mentirosos y cooperadores, que fueron categorizados sobre la base de las puntuaciones en un juego económico. Se pidió a los modelos para las fotografías (es decir, a los mentirosos y cooperadores) que adoptaran tres tipos de expresiones faciales posadas (feliz, neutral y enojado) cuando se tomaron sus fotografías. Debido a que las  hipótesis involucraban la función de una sonrisa falsa (es decir, una expresión de felicidad posada), se usaron expresiones faciales posadas en lugar de expresiones espontáneas. Los participantes evaluaron las fotografías faciales en términos de intensidad emocional (la fuerza de la emoción que se expresa) y confiabilidad. En base a las hipótesis, se predijo que las fotografías de los mentirosos serían calificadas como emocionalmente más expresivas (más felices y más enojadas por rostros felices y enojados, respectivamente) que las de los cooperadores. Como resultado de una exitosa detección de mentirosos basada en expresiones agresivas, las fotografías de los mentirosos serían calificadas como menos confiables que las de los cooperadores para la expresión de enojo. Sin embargo, para la expresión feliz, la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad desaparecería debido a una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores para ocultar su actitud social.

Para comprobarlo hicieron un experimento con 68 estudiantes universitarios o de posgrado (33 mujeres y 35 hombres) de la Universidad de Sophia o de la Universidad de Meijigakuin, Tokio, Japón. La mitad de los participantes calificaron las caras enojadas y la otra mitad las caras felices.

Los modelos para las fotografías de los rostros fueron reclutados en la Universidad de Senshu, Kanagawa, Japón, y eran desconocidos para los participantes en las tareas de calificación. Las fotografías de los rostros se seleccionaron a partir de fotografías de 84 modelos masculinos. Había dos expresiones faciales posadas (feliz, enojado) para cada modelo. Se pidió a las modelos que se sentaran frente a la cámara y se les animó a ser tan emocionalmente expresivos como fuera posible para cada emoción.

La tarea de calificación utilizó un total de 108 fotografías. Fueron 96 fotografías definidas por una combinación ortogonal de 2 expresiones faciales (enojado y feliz) y 2 condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores, 24 cada uno). Además, se utilizaron 12 estímulos de relleno con una expresión neutra en la tarea de clasificación. Los modelos para los estímulos de relleno puntuaron alrededor del promedio en la puntuación de engaño (es decir, 6 modelos cada uno por encima y por debajo de la mediana). Se agregaron estímulos de relleno para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales, de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación.

En cada ensayo, se pidió a los participantes que evaluaran una fotografía de un rostro presentado en un monitor LCD en términos de (1) la confiabilidad y (2) la intensidad de la expresión facial de la persona en la fotografía en una escala de 7 puntos (0 no confiable en absoluto – 6 extremadamente confiable, y 0 extremadamente feliz, 6 extremadamente enojado). La fotografía de la cara estaba presente hasta que se hizo la respuesta.

Cada participante completó 60 ensayos ya sea con caras con expresiones felices o expresiones de enojo. Esto se hace para evitar un efecto potencial de arrastre de presentaciones repetidas del mismo modelo con diferentes expresiones faciales: El juicio previo sobre el modelo con una expresión (por ejemplo, enojado) puede afectar el juicio posterior sobre el mismo modelo con la otra expresión facial (por ejemplo, feliz), especialmente con respecto a la confiabilidad.

La intensidad emocional fue relativamente alta en todas las fotografías porque se animó a los modelos a ser lo más expresivos emocionalmente posible cuando se tomaron sus fotografías. Tales fotografías podrían haber tenido un aspecto similar entre los ensayos en cuanto a intensidad emocional porque los participantes observaron sólo un tipo de expresiones planteadas (feliz o enojado). Por lo tanto, se añadieron los estímulos de relleno con expresiones emocionales neutras para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación. Los 60 ensayos consistieron en 48 ensayos de dos condiciones de cooperación (mentirosos versus cooperadores, 24 cada uno) y 12 ensayos de relleno.

Para analizar los resultados, para cada participante, se calcularon las calificaciones medias de intensidad emocional y confiabilidad para las 4 condiciones definidas, una combinación ortogonal de dos condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores) y dos tipos de calificación (intensidad emocional y confiabilidad). Cada puntaje de calificación fue sometido a un análisis de diseño mixto de dos factores de varianza con la expresión facial (feliz vs. enojado) como un factor entre los participantes y la cooperación (mentirosos vs. cooperadores) como un factor dentro de los participantes.

Sobre la intensidad emocional, las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como emocionalmente más expresivas que las de los cooperadores. La expresión facial fue significativa con mayor intensidad para la expresión feliz que para la expresión de enojo. No hubo interacción entre la cooperación y la expresión facial, lo que indica que la ventaja de los mentirosos en la intensidad emocional se observó independientemente de las expresiones emocionales.

En cuanto a la confiabilidad, las fotografías de los mentirosos se calificaron de menos fiables que las de los cooperadores. Hubo un efecto principal significativo de la expresión facial, con mayor confiabilidad para la expresión feliz que para la expresión enojada. Estos efectos principales fueron calificados por una interacción significativa entre la cooperatividad y la expresión facial: Para la expresión de enojo, los mentirosos fueron calificados de menos confiables que los cooperadores. La desventaja de estos mentirosos desapareció para las expresiones felices. Además, la confiabilidad de los mentirosos fue calificada como más alta para la expresión feliz que para la expresión enojada. Esta ventaja de la expresión feliz no era significativa para los cooperadores.

A raíz de los resultados del experimento, se concluye que las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como más expresivas emocionalmente independientemente de la expresión emocional en el presente estudio. Para la expresión de enojo, este resultado concuerda con los hallazgos previos de que los rostros de los mentirosos fueron juzgados como más agresivos (amenazantes e intimidantes) y atrajeron la atención de los observadores. Además, encontraron que los rostros poco confiables eran percibidos como más enojados que los rostros confiables.

La intensidad emocional de la expresión feliz también fue calificada como más alta para los mentirosos que para los cooperadores. Además, los rostros con expresiones emocionales felices eliminaron la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad que se observaba en la expresión de enojo. Estos resultados apoyan la hipótesis de que la detección de mentirosos puede verse frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos son más capaces de expresar con mayor intensidad que los cooperadores.

De todos modos, es necesario tener en cuenta algo, y es que a diferencia del presente estudio, otros estudios previos encontrados (no resumidos a fecha actual en el Club de Lenguaje No Verbal) han encontrado que los cooperadores, en lugar de los mentirosos, son emocionalmente más expresivos durante las interacciones sociales que los mentirosos. Estos resultados parecen ser inconsistentes con los hallazgos de este estudio. Esta inconsistencia puede atribuirse a las expresiones faciales planteadas utilizadas en el presente estudio. En contraste con el presente estudio, los estudios consultados anteriormente se centraron en las expresiones faciales espontáneas durante situaciones sociales, por lo que esa “espontaneidad” puede ser la responsable de estas diferencias, ya que las emociones espontáneas pueden funcionar como una señal para la cooperación social porque los individuos emocionalmente expresivos son menos capaces de ocultar emociones y, por lo tanto, deben comprometerse a tener intenciones de cooperación y comportarse de manera cooperativa. Dicho de otra manera, los cooperadores con señales emocionales honestas pueden ser menos capaces de fingir sus emociones que los mentirosos, quienes pueden expresar intensidades más altas de emociones falsas con el fin de disfrazar su actitud no cooperativa para que puedan fingir ser cooperativos. Además, mientras que en el presente estudio se utilizaron imágenes fijas, en estudios anteriores consultados se utilizaron vídeos que pueden transmitir información más significativa desde el punto de vista social, como expresiones faciales dinámicas e interacción social continua.

 

 

Teorías de la carga cognitiva en la detección de las mentiras. La técnica SUE. Club del Lenguaje No Verbal

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Outsmarting the Liars: Toward a Cognitive Lie Detection Approach” de Aldert Vrij, Par Anders Granhag, Samantha Mann, y Sharon Leal, en donde explican la influencia de la elaboración de mentiras en la carga cognitiva del sujeto.  En esta ocasión, basándonos en el contenido del artículo, y ampliándolo con contenido adicional, se explicará de forma breve y sencilla cómo afecta la carga cognitiva en las declaraciones de un sujeto y cómo puede utilizarse este factor para la detección de las mentiras. 

Varias décadas de investigación de detección de mentiras han demostrado que la capacidad de las personas para detectar el engaño observando el comportamiento y escuchando el habla es limitada, con, en promedio, el 54% de las verdades y mentiras clasificadas correctamente. Para mejorar las tasas de precisión, algunos investigadores han intentado desentrañar las estrategias utilizadas por ciertas personas identificadas con habilidades extraordinarias de detección de mentiras (los llamados atrapadores de mentiras) mientras que otros investigadores han trabajado en mostrar las señales de “diagnóstico” del engaño. El éxito de tales programas de capacitación ha sido limitado, con solo unos pocos puntos porcentuales, en promedio, ganados en precisión. El problema es que las señales de engaño son generalmente débiles y poco confiables. Una de las razones es que las explicaciones teóricas subyacentes de por qué aparecen tales señales, nerviosismo y carga cognitiva, también se aplican a los que cuentan la verdad. Es decir, tanto los mentirosos como los que leen la verdad pueden temer ser incrédulos y tener que pensar mucho al proporcionar una declaración. ¿Pueden los entrevistadores hacer preguntas que provocan activamente y amplifican las señales verbales y no verbales del engaño? Los esfuerzos en el pasado (por ejemplo, la Entrevista de Análisis de Comportamiento de Reid) se han concentrado en despertar y amplificar las emociones, pero es dudoso si se pueden plantear preguntas que necesariamente generarán más preocupación en los mentirosos que en los narradores de verdad. Sin embargo, es posible hacer preguntas que aumenten la carga cognitiva más en mentirosos que en los que dicen la verdad. Esta perspectiva cognitiva de detección de mentiras consiste en dos enfoques. La técnica de carga cognitiva tiene como objetivo hacer que la entrevista sea más difícil para los entrevistados. Se argumenta que esto afecta a los mentirosos más que a los que dicen la verdad, lo que resulta en señales cada vez más evidentes de engaño. La técnica de preguntas estratégicas examina diferentes formas de cuestionamiento que provocan la mayoría de las respuestas diferenciales entre los sinceros y los mentirosos.

Sobre la técnica de carga cognitiva:  Mentir puede ser más exigente cognitivamente que decir la verdad. En primer lugar, formular la mentira puede ser cognitivamente exigente. Un mentiroso necesita inventar una historia y debe monitorear su fabricación para que sea plausible y se adhiera a todo lo que el observador u observadores saben o podrían descubrir. Por otra parte, los mentirosos deben recordar lo que han dicho a quién para mantener la coherencia. Los mentirosos también deben abstenerse de proporcionar nuevas pistas. En segundo lugar, los mentirosos son menos propensos que los sinceros a dar por sentada su credibilidad. Como tal, los mentirosos estarán más inclinados que los sinceros a monitorear y controlar su conducta para parecer honestos con el investigador, y tal monitoreo y control es cognitivamente exigente. Tercero, como los mentirosos no dan por hecho la credibilidad, también pueden monitorear las reacciones del investigador cuidadosamente para evaluar si parecen estar saliéndose con la suya, y esto también requiere recursos cognitivos. En cuarto lugar, los mentirosos pueden estar preocupados con la tarea de recordarse a sí mismos sus roles, lo que requiere un esfuerzo cognitivo adicional. Quinto, los mentirosos también tienen que suprimir la verdad mientras están elaborando las mentiras, y esto también es cognitivamente exigente. Finalmente, aunque la activación de la verdad a menudo ocurre automáticamente, la activación de la mentira es más intencional y deliberada, y por lo tanto requiere un esfuerzo mental.

Un cazador de mentiras podría explotar los diferentes niveles de carga cognitiva que experimentan los mentirosos y los sinceros para discriminar más efectivamente entre ellos. Los mentirosos requieren más recursos cognitivos que los sinceros y tendrán menos recursos cognitivos sobrantes. Si se aumenta la demanda cognitiva, lo que podría lograrse al hacer solicitudes adicionales es que los mentirosos puedan no ser tan buenos como los sinceros al hacer frente a estas solicitudes adicionales. Una forma de imponer carga cognitiva es pidiendo a los entrevistados que cuenten sus historias en orden inverso. Esto aumenta la carga cognitiva porque (a) va en contra de la codificación de orden directo natural de los eventos que ocurren secuencialmente, y (b) interrumpe la reconstrucción de eventos a partir de un esquema. Otra forma de aumentar la carga cognitiva es instruir a los entrevistados para que mantengan contacto visual con el entrevistador. Cuando las personas tienen que concentrarse en contar sus historias, probablemente cuando se les pide que recuerden lo que ha sucedido, tienden a apartar la mirada de su compañero de conversación (por lo general, a un punto inmóvil), porque mantener el contacto visual es una distracción.

En dos experimentos, se solicitó a la mitad de los mentirosos y narradores de la verdad que recordaran sus historias en orden inverso o que mantuvieran contacto visual con el entrevistador, mientras que no se dio ninguna instrucción a la otra mitad de los participantes. Aparecieron más señales de engaño en el orden inverso y manteniendo las condiciones de contacto visual que en las condiciones de control. Los observadores que vieron estas entrevistas grabadas en vídeo pudieron distinguir mejor entre verdades y mentiras en la condición de orden inverso y mantener las condiciones de contacto visual que en las condiciones de control. Por ejemplo, en el experimento de orden inverso, el 42% de las mentiras se clasificaron correctamente en la condición de control, muy por debajo de las que normalmente se encuentran en la investigación de detección de mentiras verbales y no verbales, lo que sugiere que la tarea de detección de mentiras fue difícil. Sin embargo, en la condición experimental, el 60% de las mentiras se clasificaron correctamente, más de lo que se encuentra típicamente en este tipo de investigación de detección de mentiras.

Sobre la técnica de preguntas estratégicas: Un hallazgo consistente en la investigación del engaño es que los mentirosos se preparan a sí mismos al anticipar una entrevista. La planificación facilita la mentira, y las mentiras planificadas suelen contener menos señales de engaño que las mentiras espontáneas. Sin embargo, los efectos positivos de la planificación solo surgirán si los mentirosos anticipan correctamente qué preguntas se harán. Los investigadores pueden explotar esta limitación haciendo preguntas que los mentirosos no anticipan. Aunque los mentirosos pueden negarse a responder preguntas no anticipadas, las respuestas de tipo “no sé” o “no recuerdo” generarán sospecha si las preguntas son sobre aspectos centrales (pero imprevistos) del evento objetivo. Para probar la técnica de las preguntas imprevistas, se entrevistó individualmente a pares de mentirosos y de personas que hablaban sobre haber almorzado juntos en un restaurante. Mientras los sinceros almorzaban juntos, los mentirosos no lo hicieron, pero se les ordenó que fingieran que sí. Todas las parejas tuvieron la oportunidad de prepararse para la entrevista. El entrevistador hizo preguntas de apertura convencionales (por ejemplo, “¿Qué hiciste en el restaurante?”), Seguidas de preguntas sobre detalles espaciales (por ejemplo, “En relación con dónde te sentabas, ¿dónde estaban los comensales más cercanos?”) y detalles temporales (por ej., “¿Quién terminó su comida primero, usted o su amigo?”). Además, se les pidió que dibujaran el diseño del restaurante. Las preguntas espaciales y las solicitudes de dibujo fueron una sorpresa para los entrevistados (esto se estableció después de la entrevista). Con base en la superposición de las respuestas entre los dos miembros de la pareja a las preguntas anticipadas, los mentirosos y los sinceros no se clasificaron por encima del nivel de oportunidad. Sin embargo, en base a las respuestas a las preguntas imprevistas, hasta el 80% de los pares de mentirosos y sinceros se clasificaron correctamente.

Por lo tanto, hacer preguntas imprevistas provocó señales de engaño. Hacer preguntas no anticipadas también puede ser efectivo al evaluar a los entrevistados individuales en lugar de a los pares de entrevistados. Un entrevistador podría hacer la misma pregunta dos veces. Cuando los mentirosos no han anticipado la pregunta, tienen que elaborar una respuesta en el acto. La memoria de un mentiroso sobre esta respuesta inventada puede ser más inestable que la memoria de un sincero sobre el evento real. Por lo tanto, los mentirosos pueden contradecirse a sí mismos más que los sinceros. Este enfoque probablemente funciona mejor si las preguntas se formulan en diferentes formatos. Cuando se les pidió que describieran verbalmente y dibujaran el diseño de un restaurante, las respuestas verbales y los dibujos de las personas sinceras mostraron más superposición que las respuestas verbales y los dibujos de los mentirosos. Los dibujos nunca se han usado antes como una herramienta de detección de mentiras, pero tienen potencial, como se demostró en otros experimentos. Más que una solicitud verbal, la solicitud del dibujo obliga al entrevistado a transmitir información espacial. Es decir, incluir un objeto dentro de un dibujo requiere que ese objeto esté ubicado espacialmente. En comparación, se puede describir verbalmente un objeto en una habitación sin indicar su ubicación espacial. Si un mentiroso no ha visto un elemento en un lugar determinado, puede describirlo verbalmente, pero lo hará sin explicar su ubicación para evitar el riesgo de ser descubierto. Dicha ” estrategia de enmascaramiento ” no es posible cuando se le pide que haga un dibujo. Como resultado, un mentiroso puede decidir no dibujar el objeto. En un experimento de puestos de trabajo, los sinceros discutían sus ocupaciones reales, mientras que los mentirosos discutían las ocupaciones que fingían tener. Cuando se les pidió que describieran verbalmente el diseño de su oficina, las respuestas de los sinceros y mentirosos fueron igualmente detalladas; sin embargo, cuando se les pidió que dibujaran el diseño de sus oficinas, los dibujos de los mentirosos fueron menos detallados que los de los sinceros.

El uso estratégico de la evidencia (SUE)

 Los sospechosos mentirosos y que dicen la verdad entran en entrevistas con la policía en diferentes estados mentales. Un sospechoso culpable a menudo tendrá un conocimiento único sobre el crimen, el cual, si lo reconoce el entrevistador, hace obvio que él o ella es el perpetrador. La principal preocupación del culpable será asegurar que el entrevistador no obtenga ese conocimiento. Los sospechosos inocentes enfrentan el problema opuesto, por temor a que el entrevistador no crea lo que hicieron en el momento del crimen. Estos diferentes estados mentales implican diferentes estrategias para mentirosos y sinceros. Los sospechosos culpables tienden a usar estrategias de evasión (por ejemplo, evitando mencionar dónde estaban en un momento determinado) o estrategias de negación (por ejemplo, negar haber estado en un lugar determinado en un momento determinado cuando se les preguntó directamente). Por el contrario, los sospechosos inocentes no evitan ni escapan, sino que son comunicativos y dicen la verdad como sucedió.

En la técnica SUE, el investigador busca detectar estas estrategias diferenciales a través de un uso estratégico de la evidencia disponible (por ejemplo, posible información incriminatoria, es decir, el entrevistador tiene pruebas y evidencias sobre el crimen). El propósito de SUE es hacer preguntas abiertas (por ejemplo, “¿Qué hiciste el domingo pasado por la tarde?”) seguidas de preguntas específicas (por ej., “¿Tú o alguien más manejaron tu automóvil el último domingo por la tarde?”) sin revelar la existencia de evidencias (por ejemplo, sin que el entrevistado sepa inicialmente que el entrevistador tiene las imágenes de circuito cerrado de televisión del automóvil del entrevistado conducidas en un lugar específico ese domingo por la tarde). Las personas que cuentan la verdad probablemente mencionen conducir el automóvil ese domingo por la tarde, ya sea espontáneamente o después de que se lo pidan (por ejemplo, “diga la verdad, como sucedió”). Es poco probable que los mentirosos mencionen conducir el automóvil de forma espontánea o después de que se lo pidan.

Esta técnica SUE para detectar mentiras puede ser aprendida (de hecho, es una de las varias herramientas y técnicas que se enseña en nuestro Máster de Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira). De hecho, en un experimento realizado por los autores del artículo que resumimos, la mitad de los entrevistadores recibieron entrenamiento SUE y se les ordenó entrevistar al sospechoso utilizando la técnica SUE. Los entrevistadores restantes fueron instruidos para entrevistar al sospechoso en el estilo de su elección. Los entrevistadores no capacitados obtuvieron una precisión del 56.1% (similar a la que se encuentra típicamente en la investigación de detección de mentiras verbales y no verbales), mientras que los entrevistadores entrenados en SUE obtuvieron un 85.4% de precisión. Los sospechosos culpables contradecían la evidencia con más frecuencia que los sospechosos inocentes, particularmente cuando los interrogaban entrevistadores entrenados por SUE.

¿Es la forma de hablar una señal fiable para detectar el engaño? Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Detecting Deceptive Speech: Requirements, Resources and Evaluation” de Julia Hirschberg, en donde resumimos concretamente si existen diferencias en la forma de hablar entre mentirosos y sinceros, así como los resultados de un metaanálisis referido a la forma de hablar como señal de identificación del engaño y su fiabilidad. 

El engaño generalmente se define como un intento deliberado de engañar a los demás. Los que engañan son aquellos que intentan convencer a otros de que algo es verdadero y que el engañador sabe que es falso, excluyendo, por ejemplo, a los actores o mentirosos patológicos. Distinguir a los mentirosos de los que cuentan la verdad es un tema de interés tanto para los científicos como para el personal encargado de hacer cumplir la ley, que espera que la investigación científica identifique señales confiables que puedan ser utilizadas por máquinas o humanos en la detección práctica del engaño. La mayoría de los estudios de engaño hoy se enfocan en señales visuales de engaño, como expresiones faciales (por ejemplo, Ekman) o gestos corporales (por ejemplo, Burgoon) o en señales biométricas tradicionales utilizadas en poligrafía (por ejemplo, Horvath). Muchos proyectos de investigación actuales están intentando aplicar enfoques de aprendizaje automático basados ​​en la detección de emociones como la ira, la frustración, la confianza o la incertidumbre en los sistemas de diálogo. Dicha investigación ha motivado la aplicación de técnicas similares en intentos de identificar otros tipos de estado del hablante, como el engaño, que a su vez se ha asociado en la literatura psicológica con emociones tales como miedo (de detección) o euforia (al no ser detectado). Un problema importante para los estudios de engaño en cualquier canal es el hecho de que muchas variables pueden influir en el estado del hablante durante un acto de engaño.

La mayoría de los investigadores, así como los profesionales, estarían de acuerdo en que no hay una sola señal para el engaño, sino que se deben buscar múltiples indicadores. Aunque pocos estudios se han centrado en las claves habladas, ha habido un trabajo considerable en indicadores léxicos y semánticos de engaño. En general, dichas anotaciones han sido codificadas a mano por anotadores capacitados o etiquetadas de forma subjetiva, aunque también se han realizado algunos estudios basados en palabras clave.

Los estudios del habla y el lenguaje engañosos realizados por científicos del comportamiento se han centrado principalmente en la percepción humana del engaño y los análisis descriptivos de la desviación del uso sintáctico o léxico o en el rango de tono o volumen comparado con algunas “normas” generales o específicas declaraciones escritas. Estos estudios proporcionan información útil sobre la percepción humana de las señales de engaño y algunos proporcionan correlaciones entre las percepciones humanas y las medidas objetivas de las señales en la señal del habla. Sin embargo, muchos de los hallazgos de estudios previos han sido inconclusos e incluso contradictorios, tal vez debido a la variación en la motivación de los mentirosos estudiados, a la cantidad de preparación previa empleada en la elaboración de la mentira, a las diferencias individuales entre los hablantes o al modo en que qué características particulares se han definido en diferentes estudios. Por lo tanto, se ha hipotetizado que los mentirosos hablan más que los que cuentan la verdad o hablan menos, dependiendo tal vez del cuidado con el que la mentira ha sido preparada antes de contar o el deseo del engañador de retener la información. También se ha pensado que exhiben más latencia de respuesta o menos, por razones similares; Los mentirosos demasiado ensayados pueden darse a conocer respondiendo preguntas particulares con demasiada rapidez, mientras que los mentirosos que no han sido ensayados deben dedicar más tiempo a pensar sobre la mentira que están inventando. Se ha observado que los mentirosos hablan más alto o más suave cuando están acostados, y exhiben más tensión vocal y menos “agradabilidad” vocal. Los estudios han encontrado que los mentirosos exhiben menos disfluencias o más que los narradores de la verdad, quizás de nuevo dependiendo de la cantidad de ensayo de sus historias. Sobre bases similares de que las mentiras ensayadas difieren de la revelación de la verdad normal, se cree que los mentirosos hacen menos admisiones de olvidos que los que cuentan la verdad. Se dice que los mentirosos menos ensayados parecen menos seguros, para proporcionar menos detalles y descripciones de escenas, para ser menos plausibles y lógicos en sus historias, para producir más repeticiones, para usar más negaciones y expresiones “indirectas” (por ejemplo, atribuir acciones), y opiniones para nosotros o ellos, para proporcionar menos detalles, exhibir una complejidad cognitiva menor en su discurso, y desviarse del tema con mayor frecuencia al mencionar eventos periféricos o relaciones. Estas características se capturan en varios esquemas de codificación, como la codificación NVB de Vrij de comportamientos no verbales de mirada, gesto, falta de fluidez, latencia de respuesta y velocidad de conversación; CBCA (Análisis de contenido basado en criterios), que codifica contenido léxico y RM (Reality Monitoring), que codifica la información perceptual, cognitiva y afectiva identificada en las declaraciones de los sujetos (Vrij y Masip). Los practicantes típicamente explican que pasan una buena parte de una entrevista inicial para determinar si un hablante normalmente exhibe comportamientos tales como evitar la mirada; para estos hablantes, hacer contacto visual puede despertar sospechas en los interrogatorios posteriores, mientras que para aquellos que no evitan el contacto visual normalmente, la evitación de la mirada durante el interrogatorio podría considerarse sospechosa. Y la mayoría de las características que involucran lo que se dice deben ser codificadas o interpretadas de otra manera por un agente humano con cierta habilidad.

El metaestudio de DePaulo et al. sobre las señales del engaño proporciona una excelente encuesta de 158 indicadores hipotéticos y 1338 estimaciones separadas de estudios previos. Este útil estudio compila los resultados de experimentos con sujetos en los que se observó a adultos que mienten y dicen la verdad, donde las señales potenciales de engaño se midieron objetivamente de alguna manera o se evaluaron por los humanos, en un intento de determinar qué señales representan conductas engañosas y no engañosas cuando se examinan en todos los estudios que los incluyen como factores. DePaulo examina la importancia de las claves individuales en apoyo de cinco hipótesis básicas sobre mentirosos:

  1. Los mentirosos son menos comunicativos que los que cuentan la verdad (“detienen algo”).
  2. Las historias de los mentirosos son menos convincentes en términos de la fluidez y verosimilitud de su narrativa; tienden a ser menos convincentes que los que cuentan la verdad sobre todo.
  3. Los mentirosos parecen menos positivos y agradables que los que dicen la verdad, en términos de lo que dicen y cómo lo dicen.
  4. Los mentirosos parecen tensos, debido a la carga cognitiva de mantener una mentira consistente o temer el descubrimiento.
  5. Por razones similares, los mentirosos pueden incluir más imperfecciones en sus historias, o pueden incluir menos, debido al ensayo previo de lo que planean decir.

Si bien muchas de las señales examinadas en estas categorías son gestos faciales y corporales, se incluyen una cantidad de posibles señales del habla y el lenguaje, por lo que es instructivo observar cuáles de estas señales se confirman a través de los estudios.

Con respecto a las señales acústicas y prosódicas al engaño, DePaulo descubrió que, a través de los estudios examinados, había evidencia de una diferencia significativa entre mentirosos y narradores de la verdad en la proporción del tiempo total de conversación que los mentirosos hablaban frente a su compañero de conversación, con mentirosos hablando significativamente menos que los que cuentan la verdad. Sin embargo, factores como la duración global de la respuesta, la duración de la interacción, la latencia de respuesta, el volumen y la frecuencia de conversación, que también se han propuesto como posibles pistas para discriminar el habla engañosa del no engañoso, no mostraron diferencias significativas en este metaestudio.

Con respecto a la falta de fluidez del habla (incluidas las pausas y vacilaciones llenas y silenciosas), DePaulo no encontró evidencia para esto en todos los estudios; de hecho, descubrieron que los mentirosos tendían a hacer significativamente menos autocorrecciones espontáneas. Nótese también el trabajo más reciente sobre pausas llenas y silenciosas como señales de engaño por Benus, que muestra una correlación positiva entre estas pausas y el decir la verdad. Examinando las señales léxicas y semánticas del engaño, codificadas por los evaluadores humanos, DePaulo encontró apoyo en los estudios de afirmaciones de que las producciones de mentirosos son menos plausibles y fluidas que las de los que cuentan la verdad en una serie de categorías hipotéticas en la literatura: los mentirosos proporcionaron significativamente menos detalles que los narradores de la verdad y tendían a hacer declaraciones y quejas significativamente más negativas. Los mentirosos también hicieron menos admisiones por falta de memoria y menos expresiones de duda. Fueron significativamente más propensos a mencionar frases extrañas en sus discursos que los verídicos. En general, hubo correlaciones negativas significativas entre las clasificaciones de engaño y de los observadores sobre la plausibilidad de las historias de los mentirosos y su estructura lógica, y hubo significativamente más discrepancias y declaraciones ambivalentes en sus narrativas.

Para otras señales hipotéticas de engaño en esta categoría, el estudio de DePaulo no encontró correlaciones significativas con el engaño. Estos incluyen la proporción de palabras únicas utilizadas por mentirosos, su uso de términos generalizadores, autorreferencias o referencias mutuas o grupales, el uso de construcciones tentativas (por ejemplo, “yo pienso”), la cantidad de detalles inusuales o superfluos que proporcionaron, sus discusiones sobre estado mental del hablante o del oyente, la cantidad de información sensorial que proporcionaron (codificada usando RM) y la complejidad cognitiva de su resultado. Sin embargo, es importante observar que aunque DePaulo no encontró correlaciones significativas de muchas señales hipotéticas en los estudios que incluyeron, los estudios individuales encontraron que estas características son señales útiles para el engaño, ya sea solo o en combinación con otras características. Y se han realizado trabajos más recientes en algunos de ellos, que por supuesto no se incluyeron en este metaestudio. También es difícil combinar estudios de señales individuales que pueden estar sujetos a diferentes definiciones e interpretaciones, particularmente cuando estas señales se miden perceptualmente en lugar de objetivamente. Entonces, aunque los resultados de DePaulo son útiles, claramente no descartan posibles señales de engaño.

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¿Funcionan los programas para detectar mentiras a través del análisis de la voz? Club del Lenguaje No Verbal

Existen pocas aplicaciones creadas con el objetivo de detectar el engaño a través del análisis de la voz del sujeto de forma automática. Ha habido algún intento de automatizar una forma simple de análisis léxico del texto engañoso en un programa llamado Consulta Lingüística y Conteo de Palabras (LIWC), desarrollado en la década de 1990. LIWC calcula el porcentaje de palabras en un texto que cae en una de las 72 categorías diferentes, para capturar emoción “negativa”, grado de autorreferencia e indicadores de complejidad cognitiva, bajo la hipótesis de que los mentirosos exhiben más la emoción negativa y menos las autorreferencias. Utilizando este análisis basado en palabras clave, el programa informa si el contenido del texto responde a un testimonio verídico o falso clasificando a los mentirosos versus los que cuentan la verdad a una tasa de precisión global del 61%.

Por otro lado, existe el análisis de estrés de voz para detectar mentiras. El trabajo sobre Análisis de estrés de voz (VSA) supone que los indicadores de estrés vocal también indican engaño, pero esta hipótesis no se ha respaldado en pruebas experimentales, aunque las características examinadas para el análisis de VSA pueden resultar útiles en combinación con otras caracteristicas. Los enfoques de análisis de estrés de voz (VSA) se basan en indicadores de bajo nivel de estrés, como microtemblores o fluctuaciones vocales, como indicadores indirectos de mentira. Ha habido poca evidencia de que los sistemas VSA puedan discriminar eficazmente el engaño del habla no engañosa, aunque se ha descubierto que dichos sistemas podrían ser herramientas útiles para un examinador experto. Probaron recientemente la utilidad de la inestabilidad frente a otras características como discriminadores para el engaño y encontraron que, aunque la fluctuación de voz no discriminaba, la afinación lo hacía, aunque solo de manera dependiente del hablante. Sin embargo, los sistemas VSA continúan siendo comercializados ampliamente a las agencias de aplicación de la ley como la respuesta a sus problemas de detección de engaño.

Recientemente, ha habido interés en aplicar técnicas de Aprendizaje Automático al problema de la detección del engaño a partir del habla, buscando probar cuáles de las muchas características propuestas en la literatura conductual podrían ser a) objetivamente medibles y b) discriminadores útiles.

Se han realizado estudios utilizando árboles de decisiones capacitados en información léxica para predecir el engaño. Las claves incluyen números de sílabas, palabras, oraciones, oraciones cortas y oraciones ‘simples’; medidas de complejidad de palabras y oraciones; indicadores de especificidad y expresividad; y una medida de “informalidad” basada en errores detectables automáticamente. Los resultados para los árboles de decisión de mejor rendimiento examinados a partir de 20 ejecuciones de validación cruzada en un conjunto de datos muy pequeño muestran una tasa de acierto del 70%. También se ha trabajado para aplicar las tecnologías del habla y las técnicas de aprendizaje automático al lenguaje engañoso a través del programa Columbia-SRI-Colorado (CSC). Este programa fue diseñado para provocar el discurso engañoso y no engañoso dentro del hablante. Las pruebas incluyeron entrevistas con treinta y dos hablantes nativos de inglés americano estándar. Los sujetos realizaron tareas en seis áreas, donde se manipuló la dificultad de las tareas para que los entrevistados obtuvieran puntajes más altos que un perfil artificial en dos áreas, menor en dos e idénticamente en otros dos. Los sujetos recibieron incentivos financieros y de autopresentación para convencer a un entrevistador de que, de hecho, habían realizado lo mismo que el perfil objetivo. Los sujetos fueron instruidos para presionar uno de los dos pedales ocultos del entrevistador después de cada declaración, un pedal de verdad y otro de mentira. Las entrevistas duraron entre 25 y 50 minutos, y comprendieron aproximadamente 15,2 horas de diálogo; produjeron aproximadamente 7 horas de discurso del sujeto. Los datos se registraron utilizando micrófonos en una cabina de sonido y posteriormente se transcribieron ortográficamente. Se crearon varias segmentaciones a partir de los datos: la segmentación implícita de las prensas de pedal, que se corrigió a mano para alinearse con los conjuntos de declaraciones correspondientes; segmentos de palabras, de la alineación automática de la transcripción usando un motor SRI ASR; unidades con forma de oración y etiquetadas; y grupos que se identificaron a partir de alineaciones de palabras ASR más intensidad y pausas, y posteriormente se corrigieron manualmente. Por lo tanto, el estudio consistió en la transcripción léxica, las etiquetas de mentira globales y locales, las segmentaciones y el discurso en sí mismo.

El estudio de este programa ha logrado una precisión del 66,4%, usando una combinación de características acústico-prosódica, léxica y dependiente del hablante y 64,0% utilizando las características acústicas-prosódicas solamente. Por lo tanto, los resultados producidos automáticamente por programas son bastante alentadores, pero no pueden utilizarse como factores inequívocos ni de muy alta fiabilidad.

Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte III). Club del Lenguaje No Verbal

 

Tercera y última parte del estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros,  en donde se estudia la validez de la hipótesis de los defensores de PNL que afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. 

Como se explicó en la anterior entrada, este tercer experimento examina si la supuesta relación entre los movimientos oculares en las mentiras surge en una serie de videos que contienen mentiras de gran importancia, en concreto, mentiras relativas a la desaparición de un ser querido. El proyecto implicó codificar los movimientos oculares realizados por los participantes en dos tipos de videos. En una serie de videos había pruebas convincentes de que los participantes estaban mintiendo, mientras que en la otra serie de videos la evidencia sugería fuertemente que estaban diciendo la verdad. Como antes, el estudio investigó la duración corta y más larga de los movimientos oculares en la parte superior derecha y en la parte superior izquierda. Las variables dependientes fueron la frecuencia de las miradas de los participantes (es decir, movimientos oculares que duraron un segundo o más) y miradas rápidas (movimientos oculares de menos de un segundo de duración) a la dirección superior derecha o superior izquierda durante la entrevista.

Los videos que se usaron en el experimento eran 52 videos en los que las personas hacen un llamamiento público directo para el regreso seguro de un pariente desaparecido. Estos videos han sido recopilados de agencias de noticias en varios países, incluidos Australia, Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos. Hay pruebas contundentes (que incluyen, por ejemplo, la posesión del arma homicida, las imágenes de la cámara de seguridad, la persona que conduce la policía al cuerpo de la víctima, el pariente más tarde encontrado vivo con el secuestrador o el familiar que se suicidó) para sugerir que las personas en 26 de estos videos estaban mintiendo y los de los otros 26 videos decían la verdad.

Cada una de las cintas de video fue codificada por dos evaluadores independientes. El procedimiento de codificación fue idéntico al empleado en el Estudio 1 e implicó contar el número de veces que el participante miró hacia arriba y hacia la derecha, y hacia arriba a la izquierda, durante cada entrevista. Un codificador analizó todos los videos, mientras que un segundo codificador examinó una selección aleatoria de 13 videos para evaluar la confiabilidad entre evaluadores.

Pues bien, como sucedió con los dos anteriores experimentos, los resultados de nuevo no fueron significativos. Si bien existen más frecuencia de miradas rápidas hacia la izquierda en los casos de mentira que en los casos de verdad, existe aproximadamente el mismo número de frecuencia y tiempo en miradas hacia la derecha en los casos de verdad y de mentira.

Por tanto, una vez más, los datos no respaldaron las afirmaciones hechas por los practicantes de PNL. En resumen, los tres estudios no proporcionaron ninguna evidencia para apoyar la noción de que los patrones de movimientos oculares promovidos por muchos profesionales de PNL ayudan a la detección de mentiras. Esto está en línea con los hallazgos de una cantidad considerable de trabajos previos que muestran que las pistas faciales (incluidos los movimientos oculares) son indicadores pobres de engaño por sí solos. Es decir, determinadas microexpresiones faciales pueden ser indicadores de incongruencias entre lo dicho verbalmente y lo expresado no verbalmente, pero eso no significa que sea un indicador de mentira, y por supuesto no debe trabajarse con un solo indicador para detectar la mentira, sino con un conjunto de indicadores o factores que puedan orientar al evaluador a considerar si existe una incongruencia entre lo que el sujeto explica verbalmente y lo que el cuerpo indica físicamente. Por tanto, aunque hayamos podido comprobar según los resultados de los experimentos la no validez de la detección de la mentira únicamente por el movimiento ocular, tampoco se debe de entender que un solo y único factor, de forma aislada, que indique incongruencia en el testimonio (por ejemplo una microexpresión o una postura corporal), sea suficiente para detectar con total fiabilidad una mentira aun cuando el significado de dicho factor esté validado científicamente.

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Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte II). Club del Lenguaje No Verbal

Segunda parte del estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros en donde se estudia la validez de la hipótesis de los defensores de PNL que afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. 

En el primer estudio se comprobó que la hipótesis de los practicantes de PNL, de que los participantes tendrían una probabilidad significativamente mayor de mirar hacia su derecha cuando estaban mintiendo en comparación con cuando decían la verdad, y que serían significativamente más propensos a mira hacia su izquierda cuando decían la verdad en comparación con cuando estaban mintiendo, se cumplía pero no de una forma fiable, ya que los resultados estadísticos mostraban una diferencia de comportamiento ocular mínima entre la condición de “verdad” y de “mentira”. Podría argumentarse que el estudio carecía de validez porque los practicantes de PNL no defienden que la detección de mentiras involucre la codificación cuidadosa de las entrevistas filmadas, sino que promueve un proceso más intuitivo y holístico basado en la observación de la conducta en tiempo real. También se quiere comprobar cual es el motivo por el que la creencia de esta hipótesis es tan amplia. Por ello, resumimos a continuación el segundo experimento realizado en donde se añadían dos importantes variables: Una variable en la cual se informa a los participantes del significado que tiene mirar hacia la izquierda o hacia la derecha en función de si dicen verdades o mentiras (para comprobar si este conocimiento previo influye en el comportamiento ocular), y otra variable en la que se hace creer a los evaluadores que esta explicación se encuentra en un marco científico para comprobar si en esos casos los niveles de confianza de los evaluadores era mayor que los que no fueron informados de ello.

Para este experimento, los participantes fueron asignados aleatoriamente a uno de dos grupos. Los participantes en uno de los grupos recibieron información sobre el patrón de movimiento ocular que los practicantes de PNL creen que está asociado con la mentira (condición de “entrenamiento NLP”), mientras que los participantes en el otro grupo no recibieron esta información (condición de “control”). Luego se pidió a todos los participantes que miraran las entrevistas del Estudio 1, indicaran si pensaban que el entrevistado estaba mintiendo o diciendo la verdad, y calificaron la confianza que tenían en su decisión.

Participaron 50 sujetos (16 hombres, edad promedio 26,62 años, rango 18-73) que fueron reclutados a través de contactos de los experimentadores. A los participantes se les dijo que el estudio se refería a la psicología de la mentira y no se les compensó por su participación en el estudio.

A los participantes que aleatoriamente se les asignó el grupo de “entrenamiento PNL” se les ofreció una hoja de capacitación de PNL en donde se describían los patrones de movimiento ocular que los practicantes de PNL creen que están asociados con la mentira, y se proporcionó una ilustración clara de lo que deberían estar buscando durante la tarea de detección de mentiras. También se les proporcionó una hoja de respuestas: con ello se pedía a los participantes que indicaran si pensaban que cada entrevistado estaba diciendo la verdad o mintiendo, y calificaba el grado de confianza en su respuesta en una escala entre 1 (nada seguro) y 7 (muy seguro). A los participantes del grupo “control” no se les ofreció ninguna información sobre PNL.

A todos los participantes se les mostraron los 32 videoclips. Después de ver cada clip, se le pidió al participante que indicara si creía que el entrevistado estaba mintiendo o diciendo la verdad, e indicó qué tan seguros estaban de su decisión, en la hoja de respuestas. Los experimentadores no sabían si el clip evaluado era la verdad o una mentira

Los resultados revelaron que no había diferencia entre los niveles de precisión y las clasificaciones de confianza de los dos grupos (“entrenamiento PNL” y “control”), por lo que tampoco brindaron soporte para las afirmaciones relacionadas con la PNL y la detección de mentiras. En los videos en los que el participante decía la verdad, 16 de los 21 sujetos de “entrenamiento PNL” acertaron, mientras que también 16 de los 29 sujetos del grupo control acertaron. En cuanto a los vídeos en los que el participante mentía, 4 sujetos de los 21 sujetos “entrenamiento PNL” acertaron, y 4 sujetos de los 29 sujetos de control acertaron.

Se realizó otro experimento especialmente interesante, un tercer experimento que examinaba si la supuesta relación entre los movimientos oculares en las mentiras surgió en una serie de videos que contienen mentiras de gran importancia. El estudio utilizó una gran muestra internacional de cintas de video que contenían imágenes de personas que hacían un llamamiento público por un familiar desaparecido. En aproximadamente la mitad de estos casos, existe evidencia abrumadora que sugiere que la persona que presentó la apelación mentía, mientras que en los casos restantes, la evidencia sugiere que la apelación fue verdadera. La codificación previa de estas cintas ha revelado varias diferencias importantes en el comportamiento verbal y no verbal de los mentirosos y no mentirosos, como, por ejemplo, mentirosos que usan menos palabras, más palabras provisionales (por ejemplo, “si”, “quizás”, “tal vez”), y mayor parpadeo. Sobre la base de las afirmaciones hechas por muchos practicantes de PNL, se predijo que aquellos que mienten en las conferencias de prensa serían significativamente más propensos a mirar hacia su derecho que aquellos que dicen la verdad.

Este experimento resulta interesante porque incluye una variable: El interés propio en realizar la mentira. Debe de existir una diferencia conductual entre mentir en una investigación científica a través de las instrucciones facilitadas por los investigadores, a mentir en un entorno real, en casos especialmente graves, en los que se miente en lo relativo a la desaparición de un familiar y por tanto, aparentemente, requiere un mayor esfuerzo en la elaboración de la mentira y una conducta diferente. En este tercer experimento es en el que se observará este factor, teniendo en cuenta de nuevo que lo que se observa y se juzga es única y exclusivamente el movimiento ocular, y no el resto de posibles indicadores de mentira que puedan aparecer en los vídeos a raíz de la conducta mostrada. Este tercer experimento, y las conclusiones finales sobre la validez o no de la relación entre el movimiento ocular y la mentira, serán presentados en la próxima entrada.

Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte I). Club del Lenguaje No Verbal

 

Los defensores de la programación neurolingüística (PNL) afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. De acuerdo con esta noción, una persona que mira hacia su derecha está diciendo una mentira, mientras que si mira hacia la izquierda es indicativo de estar diciendo la verdad. A pesar de la creencia generalizada en esta afirmación, no existen suficientes exámenes científicos que validen esta creencia. Para comprobar la certeza o falsedad de estas creencias, procedemos a resumir algunos de los más interesantes experimentos encontrados en el estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros, en donde se discuten las implicaciones teóricas y prácticas de estos hallazgos.

Los psicólogos han llevado a cabo una gran cantidad de investigaciones en un intento de establecer los correlatos conductuales de la mentira. Sin embargo, a pesar de este impresionante catálogo de trabajos, ninguna investigación previa ha examinado adecuadamente la validez de una noción que ha recibido una amplia aceptación entre el público, a saber, que los mentirosos tienden a exhibir un patrón particular de movimiento ocular. Según esta idea, cuando las personas diestras miran hacia la derecha, es probable que visualicen un evento “construido” (es decir, imaginado), mientras que cuando miran hacia la izquierda es probable que visualicen una memoria “recordada” (es decir, un evento que realmente les ha sucedido). En cambio, cuando miran hacia la derecha, es probable que estén pensando en un sonido “construido”, y cuando miran hacia la izquierda, es probable que estén pensando en un sonido “recordado”. Estas presuntas relaciones se enseñan con frecuencia en cursos de capacitación de PNL, y son omnipresentes en Internet. De hecho, una búsqueda en Google sobre los términos “programación neurolingüística” revela miles de sitios que describen la supuesta relación, y algunos videos bien conocidos de YouTube que alientan a los interesados en la detección de mentiras a adoptar este enfoque.

A lo largo de la década de 1980, los investigadores examinaron muchas de las afirmaciones hechas por los practicantes de PNL. Gran parte de este trabajo evaluó la supuesta relación entre el movimiento ocular y la modalidad de pensamiento e implicó registrar los movimientos oculares de los participantes mientras les hacía preguntas que alentaban a recordar recuerdos visuales y auditivos (por ejemplo, “¿De qué color es la puerta de su casa?”, “¿Puedes describir el sonido de la voz de tu madre?”). Este trabajo fracasó consistentemente en respaldar las afirmaciones de PNL. Aunque los defensores de PNL no vieron los pensamientos “construidos” como mentiras, esta noción se ha vuelto común, lo que lleva a muchos practicantes de PNL a afirmar que es posible obtener una visión útil de si alguien está mintiendo de sus movimientos oculares. Desafortunadamente, muy poco o ningún trabajo previo ha examinado la validez de este reclamo. Rhoads y Solomon se refieren brevemente a cuatro experimentos que supuestamente demostraron que la técnica podría usarse para clasificar con precisión el 90% de las verdades y mentiras, pero no proporcionan una referencia para estos experimentos. Vrij y Lochun se mostraron con razón escépticos sobre estos supuestos estudios, señalando que ningún otro experimento en la psicología de la detección de mentiras ha producido este nivel de precisión. Los tres experimentos que resumiremos a continuación aquí proporcionan el primer examen experimental de la supuesta relación entre la mentira y el patrón de movimientos oculares propuesto por muchos practicantes de PNL. El estudio 1 consistió en filmar a los participantes que mienten y dicen la verdad, y luego codifica sus movimientos oculares. Sobre la base de las afirmaciones hechas por muchos practicantes de PNL, se predijo que los participantes tendrían una probabilidad significativamente mayor de mirar hacia su derecha cuando estaban mintiendo en comparación con cuando decían la verdad, y que serían significativamente más propensos a mira hacia su izquierda cuando decían la verdad en comparación con cuando estaban mintiendo.

Para hacer este experimento se realizó lo siguiente. El experimento empleó un diseño dentro de dos condiciones. En cada condición, los participantes llevaron a cabo una serie de acciones y luego tomaron parte en una entrevista grabada en video sobre su comportamiento. En una condición, se pidió a los participantes que dijeran la verdad, mientras que en la otra condición se les pidió que mintieran. Como la literatura de la PNL no especifica qué duración de los movimientos oculares se consideran informativos, el estudio investigó movimientos de corta y larga duración. Las variables dependientes fueron la frecuencia de las miradas de los participantes (es decir, movimientos oculares que duraron un segundo o más) y miradas (movimientos oculares de menos de un segundo de duración) a la dirección superior derecha o superior izquierda durante la entrevista.

Para realizar el experimento se contó con 32 participantes (12 hombres, con una edad promedio de 22.3 años, rango de 18-56 años) que eran principalmente estudiantes de pregrado contratados a través de contactos de los experimentadores. Como la literatura de la PNL sugiere que la supuesta relación entre la mentira y los movimientos oculares es más fuerte en las personas diestras, los participantes solo fueron reclutados si se describían a sí mismos como diestros. A los participantes se les dijo que el estudio se refería a la psicología de la mentira, pero no se les informó que implicaba estudiar el movimiento ocular. Los participantes fueron evaluados individualmente.

El orden en el que completaron la condición “Mentira” y “Verdad” se determinó al azar mediante un lanzamiento de moneda. En la condición de “Mentira”, al participante se le dio primero el teléfono móvil del experimentador. Luego se les ordenó ingresar a una determinada oficina, esconder el teléfono en su bolsillo o bolso y regresar a la sala de informes. El experimentador explicó que serían llevados a una sala de entrevistas y filmados respondiendo tres preguntas: “¿Qué hiciste dentro de la oficina?”, “¿Qué objetos viste en el cajón del escritorio?” Y “¿Cuál era el diseño de los objetos en el cajón?”. Cuando se les preguntó qué hacían dentro de la oficina, se le pidió al participante que mintiera, y dijo que ellos abrieron el cajón del escritorio y pusieron el teléfono dentro. Cuando se le preguntó qué objetos veían en el cajón, se le pidió al participante que describiera cinco objetos plausibles (“verosímil” se definió como algo lo suficientemente pequeño como para caber y se puede ver en un cajón del escritorio). Cuando se le pide que describa el diseño de los objetos, se le pidió al participante que diera una descripción ficticia. Se le pidió al participante que fuera lo más convincente posible a lo largo de la entrevista. El participante completó esta tarea y luego fue llevado a la sala de entrevistas y entrevistado por un segundo experimentador que desconocía si el participante estaba mintiendo o diciendo la verdad. Durante la entrevista, el participante se sentó frente a un fondo negro con la cámara enfocada en la cara del participante para que sus movimientos oculares estuvieran claramente registrados. En la condición de “Verdad”, al participante se le entregó el teléfono móvil del experimentador y se le indicó ir a cierta oficina, abrir el primer cajón del escritorio en la oficina, colocar el teléfono dentro del cajón y observar los otros objetos dentro del cajón, y luego que regresase a la sala de información. El experimentador explicó que luego serían llevados a una sala de entrevistas y filmados respondiendo tres preguntas: “¿Qué hiciste dentro de la oficina?”, “¿Qué objetos viste en el cajón del escritorio?” y “¿Cuál era el diseño de los objetos en el cajón?”. Al participante se le pidió que dijera la verdad durante toda la entrevista. El participante completó la tarea y luego fue llevado a la sala de entrevistas y entrevistado por un segundo experimentador. El contenido del cajón del escritorio de oficina para cada prueba se eligió al azar de un grupo de treinta objetos cotidianos (por ejemplo, grapadora, manzana, calculadora, paraguas pequeño, sobre).

Cada una de las 64 entrevistas (es decir, dos entrevistas por participante) fueron codificadas por dos calificadores independientes. Para asegurarse de que los evaluadores no fueron influenciados por los comentarios de los participantes durante las entrevistas, las pistas de audio fueron eliminadas antes de la codificación. La codificación incluía contar el número de veces que el participante miraba y hacia la derecha, y hacia la izquierda, durante cada entrevista. Los movimientos de los ojos en otras direcciones (por ejemplo, directamente hacia arriba o hacia abajo) no fueron codificadas. Para ayudar a garantizar la alta confiabilidad entre evaluadores, los evaluadores recibieron capacitación sobre cuatro entrevistas de ‘prueba’ que se filmaron además de las entrevistas de los participantes.

Los dos evaluadores observaron repetidamente cada entrevista tanto a velocidad normal como a baja velocidad, y contaron la cantidad de veces que el participante miró arriba a la derecha por un segundo o más, arriba a la izquierda por un segundo o más, arriba a la derecha por menos de un segundo y arriba a la izquierda por menos de un segundo.

Pues bien, los resultados del análisis no mostraron resultados concluyentes. Las miradas a la izquierda y a la derecha se produjeron indistintamente al decir la verdad o al mentir. En cuanto al tiempo en segundos en los que se desviaba la mirada, tampoco se encontraron resultados relevantes: Las miradas rápidas hacia la izquierda se realizaron con más frecuencia al decir la verdad que al mentir, y las miradas hacia la izquierda durante más de un segundo se produjeron más en la condición de la verdad que en la condición de la mentira. Sin embargo, las miradas rápidas hacia la derecha se produjeron por igual en los casos de mentiras que en los casos de verdad, y las miradas de más de 1 segundo a la derecha se produjeron tan solo un poco más en las condiciones de mentira que en las de verdad. En los 4 casos, las diferencias de tiempo y frecuencia son insignificantes, por lo que la hipótesis no puede considerarse válida por si sola, o mejor dicho, aunque los datos validen la hipótesis, la validez estadística es demasiado débil como para poder asegurar de forma científica que la hipótesis se cumple con certeza.

Podría argumentarse que el estudio carecía de validez porque los practicantes de PNL no defienden que la detección de mentiras involucre la codificación cuidadosa de las entrevistas filmadas, sino que promueve un proceso más intuitivo y holístico basado en la observación de la conducta en tiempo real. El Estudio 2 abordó este tema informando a un grupo de participantes sobre los movimientos oculares que los practicantes de PNL afirman estar asociados con la mentira, y luego pidiéndoles que vean las entrevistas del Estudio 1 y clasifiquen cada una como una mentira o la verdad. Se formuló la hipótesis de que los participantes en este grupo de “entrenamiento PNL” superarían a un grupo de participantes control que no habían recibido tal entrenamiento. En segundo lugar, suponiendo que no exista una relación entre los patrones propuestos de movimientos oculares y la mentira, ¿por qué la gente debería creer que existe tal patrón? Una posibilidad es que las personas confíen más en sus capacidades de detección de mentiras cuando creen que están siguiendo un marco teórico científico, como el aparentemente proporcionado por PNL. El Estudio 2 también abordó esta pregunta al pedirles a los participantes en las condiciones de “entrenamiento PNL” y “control” que califiquen qué tan seguros estaban de sus juicios. Se formuló la hipótesis de que el grupo de “entrenamiento PNL” produciría niveles de confianza significativamente más altos que aquellos en el grupo “control”. En la siguiente entrada del blog veremos cómo se desarrolló este segundo experimento.

¿Pueden los niños de 5 años evaluar mensajes verbales y no verbales a la vez?

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la investigación “Do actions speak louder than words? preschool children’s use of the verbal-nonverbal consistency principle during inconsistent communications” de Michelle Eskritt y Kang Lee, en la que demuestran qué factores influyen en la correcta aplicación del principio de coherencia verbal-no verbal en niños de hasta 5 años, y en los casos de inconsistencia, qué canal (verbal o no verbal) tiene mayor influencia en la toma de decisiones del niño en casos naturales y en casos exagerados.

El propósito de la investigación que presentamos en esta entrada fue abordar la posibilidad de que el principio de coherencia verbal – no verbal sea aplicado por niños de menos de 10 años. Para ello, se investigó si los niños de 3, 4 y 5 años se basarían en señales no verbales en lugar de verbales para determinar el verdadero estado de las cosas cuando la inconsistencia entre las señales les resultaba obvia. A los niños se les mostraron viñetas de videos en las que un actor bebía una bebida e hizo una declaración verbal (por ejemplo, “Me gusta” o “No me gusta”) que era inconsistente con su expresión emocional (por ejemplo, fruncir el ceño o sonreír). Un grupo de niños vio videos en los que el actor expresó expresiones emocionales de forma natural al hacer declaraciones verbales sobre su gusto o desagrado por una bebida (nos referiremos a ello a partir de ahora como “condición natural”). Otro grupo de niños vieron videos en los que el actor exageró sus expresiones emocionales para hacerlo más relevante para los participantes (la condición exagerada). A los niños se les preguntó directamente si al actor le gustaba o no la bebida. La hipótesis es que si los niños pequeños pueden usar el principio de coherencia verbal-no verbal de manera apropiada, deberían responder de acuerdo con lo que sea que exprese la expresión emocional del actor. En contraste, si los niños tienen un sesgo léxico, deben responder de acuerdo con la declaración verbal del actor. Además, si el sesgo de respuesta de los niños se debe a su dependencia de un indicio más destacado, los niños deberían ser menos propensos a confiar en las declaraciones verbales del actor en la condición exagerada que en la condición naturalista. Alternativamente, si los niños tienen un sesgo léxico y siguen la noción de que “las palabras hablan más que las acciones”, deben confiar en la declaración verbal del actor, como lo hicieron los niños en investigaciones anteriores, independientemente de la relevancia de las claves no verbales en el estudio actual.

Participaron un total de 91 niños. Los niños fueron reclutados de las guarderías locales. 33 niños de 3 años, 28 niños de 4 años, y 30 niños de 5 años de edad. Los niños fueron divididos en dos grupos; los que vieron el video “natural” y los que vieron el video exagerado. Se dijo a los niños que iban a jugar un juego en el que tenían que adivinar si le gustaba o no una bebida.

El actor tenía cuatro bebidas de diferentes colores frente a ella. Estaban alineados uno al lado del otro y el actor probaba cada una de las bebidas a su vez. La mitad de las bebidas fueron endulzadas de acuerdo con las instrucciones del paquete y la mitad de ellas no estaban endulzadas y, por lo tanto, tenían un sabor muy ácido. Para cada bebida, el actor o pronunció una declaración verbal con una expresión facial neutral o exhibió una expresión facial sin una declaración verbal. Estas reacciones verbales o faciales fueron positivas (cuando la bebida se endulzó) o negativas (cuando la bebida no se endulzó). Por lo tanto, para las bebidas endulzadas, el actor reaccionó con una declaración verbal positiva (es decir, “me gusta”) o una expresión facial no verbal positiva (es decir, una sonrisa); para las bebidas no endulzadas, el actor hizo una declaración verbal negativa (es decir, “No me gusta”) o una expresión facial negativa (es decir, un ceño fruncido). Para cada prueba, después de que el actor probara una bebida, reanudó una expresión neutral. En este punto, el video se detuvo, y se les preguntó a los niños: “¿Crees que le gustó la bebida o no?”.

Después se mostraron videos a los niños en los que el actor mostraba comportamientos verbales y no verbales. Los niños fueron asignados a cualquiera de dos grupos. En el Grupo “natural”, la fase experimental consistió en dos condiciones dentro de la materia. En la condición consistente de dos canales, cuatro nuevas bebidas estaban en frente del actor (dos endulzadas y dos sin endulzar). El actor reaccionó a dos bebidas endulzadas con una sonrisa y la frase “Me gusta” (los ensayos de valencia positiva), y dos bebidas sin azúcar con el ceño fruncido y la frase “No me gusta” (los ensayos de valencia negativa). En la condición inconsistente de dos canales, el actor bebió otras cuatro bebidas nuevas (dos endulzadas y dos sin endulzar). El actor reaccionó a las dos bebidas endulzadas con la frase “No me gusta” combinadas con una sonrisa (las pruebas de valencia positiva inconsistentes), y las dos bebidas sin azúcar con la frase “Me gusta” con el ceño fruncido (la valencia negativa) ensayos inconsistentes). Para todas las pruebas, el actor recibió instrucciones de no enmascarar su reacción genuina a las bebidas y mostrar su reacción de la forma más natural posible. El orden de las cuatro bebidas para cada condición fue aleatorizado. Se usaron dos versiones del video con cada video que contenía las viñetas de degustación de bebidas en un orden aleatorio diferente. Cada niño fue asignado aleatoriamente a una de las dos versiones del video, así como a una de dos órdenes de condiciones experimentales de dos canales, ya sea la condición Inconsistente primero o la condición Inconsistente segunda. Para el grupo Exagerado, el contenido de la presentación de video fue idéntico al utilizado para el grupo “natural”, excepto que el comportamiento emocional fue exagerado. La demostración emocional positiva se modificó de tal manera que el actor sonrió, se frotó el estómago, se lamió los labios y emitió un sonido “mmmm”. La demostración emocional negativa incluyó al actor frunciendo el ceño, estremeciéndose, secándose la boca y emitiendo un sonido parecido a “blech” . Una vez más, se usaron dos versiones del video con cada video que contenía las viñetas de degustación de bebidas en un orden aleatorio diferente. Cada niño fue asignado aleatoriamente a una de las dos versiones del video, así como a una de dos órdenes de condiciones experimentales de dos canales, ya sea la condición Inconsistente primero o la condición Inconsistente segunda. Toda la sesión duró aproximadamente 10 minutos.

Los resultados mostraron lo siguiente. Las respuestas de los niños se dividieron en aquellas que dependían de señales verbales durante al menos un ensayo, y las que dependían por completo de claves no verbales para resolver la tarea. Esta división de los tipos de respuesta en el presente estudio permitió examinar el patrón de tipos de niños en diferentes edades en las que se basa. Se realizaron dos análisis para comparar el rendimiento de los niños a través de la edad y la condición (natural versus exagerado) para los tipos de prueba inconsistentes de valencia positiva y negativa. La variable predicha fue si un niño dependía de señales verbales durante al menos un ensayo o dependía completamente de señales no verbales. La mayoría de los niños en la condición natural, a través de los grupos de edad, se basó predominantemente en pistas verbales para resolver la tarea, independientemente de la valencia del ensayo. Los niños que vieron el estado Exagerado, por otro lado, eran más propensos a usar señales no verbales. Además, los contrastes a priori revelaron que los niños de 5 años eran más propensos a confiar en señales no verbales en comparación con los niños de 3 años durante los ensayos inconsistentes de valencia negativa. El número de niños en la condición Exagerada que dependen de señales no verbales parece ser mayor en los ensayos de inconsistencia de valencia negativa en comparación con los ensayos de inconsistencia de valencia positiva. Por lo tanto, se realizó una prueba de signos para examinar si la valencia del ensayo tuvo algún efecto sobre el rendimiento de los niños. A los niños se les asignó un punto por cada prueba en la que confiaron las señales no verbales para determinar si al actor le gustaba la bebida o no. Se compararon los puntajes de los niños para los ensayos inconsistentes de valencia positiva y negativa. No se encontraron diferencias significativas para el tipo de valencia para cualquier edad para la condición natural. Sin embargo, los niños de 3 años fueron más propensos a confiar en el indicio no verbal en los ensayos inconsistentes de valencia negativa que en los ensayos inconsistentes de valencia positiva, pero no se encontraron diferencias significativas para los niños de 4 y 5 años. Los niños mayores tienden a seguir usando la señal no verbal para responder independientemente de la valencia de la señal.

En conclusión, cuando las mismas expresiones emocionales se mostraban solas en la condición de un canal, los niños dedujeron correctamente el agrado o desagrado del actor por una bebida dada en función de sus expresiones emocionales. Sin embargo, los resultados de la condición Exagerada revelaron que la prominencia de las indicaciones no verbales de un actor tuvo un impacto significativo en la dependencia de los niños pequeños de las señales no verbales para la información de la verdad. Cuando el actor exageró sus expresiones emocionales para hacer que las señales no verbales fueran más destacadas en la condición Exagerada, los niños de todas las edades comenzaron a confiar más en las señales no verbales del actor para determinar si al actor realmente le gustaban las bebidas. En comparación con los niños en la condición natural, los del grupo Exagerado dependían menos de las afirmaciones verbales del actor.

Por tanto, el uso de señales no verbales por parte de preescolares desde los 3 años de edad para interpretar mensajes inconsistentes es mucho más temprano que lo sugerido por investigaciones previas que no encontraron esta habilidad hasta los 9 o 10 años de edad, lo que sugiere que los niños en edad preescolar no siempre tienen un sesgo léxico, aunque todavía no se basaron categóricamente en el principio de “las acciones hablan más fuerte que las palabras”.

Cuando las señales no verbales son sobresalientes o llamativas, pueden usar señales no verbales para tomar esa decisión. Por lo tanto, una de las razones de la dependencia de los niños pequeños en las señales verbales durante la comunicación inconsistente informada en estudios previos podría deberse a que los mensajes verbales se transmitieron de forma más significativa que las señales no verbales.

Cabe señalar que los niños de 3 a 5 años todavía tienen que aprender a usar el principio de coherencia verbal-no verbal de manera apropiada. Para hacerlo, deben enfocarse y confiar en señales no verbales independientemente de su prominencia durante la comunicación inconsistente. Los resultados de la investigación sugieren que los niños menores de 5 años aún no tienen esta capacidad, que puede adquirirse durante los años de escuela primaria. Por ejemplo, el nivel de desarrollo cognitivo puede afectar la forma en que los niños pequeños manejan mensajes inconsistentes. Los niños pequeños pueden tener dificultades para mantener la información diferente de los canales verbales y no verbales simultáneamente. Por lo tanto, se verían obligados a elegir una representación para enfocarse. Con el aumento de la capacidad cognitiva después de los años preescolares, los niños pueden llegar a integrar y evaluar mensajes inconsistentes verbales y no verbales y tomar decisiones apropiadas sobre qué mensaje creer.

 

El principio de coherencia verbal-no verbal y su uso por parte de niños

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos algunas de las principales ideas recogidas por K. Rotenberg en su obra “Children’s use of the verbal-nonverbal consistency principle to infer truth and lying”, en donde explica a partir de qué edades un niño es capaz de detectar una mentira o inconsistencia verbal a través del comportamiento no verbal encontrado. Este artículo será introductorio y fundamental para comprender la investigación que mostraremos en el siguiente artículo en el que a través de un experimento con niños de entre 3 y 5 años se estudiará si un cambio en el método de experimentación puede influir en los resultados de este principio.

 

La comunicación social cotidiana es un proceso dinámico en el que varios mensajes se comunican simultáneamente o en el tiempo y el espacio entre un emisor y un receptor. Estos mensajes son generalmente consistentes entre sí. A veces, sin embargo, el remitente transmite mensajes inconsistentes. En comunicaciones inconsistentes, es esencial que el receptor sepa ver la discrepancia entre los mensajes y use la información recibida para interpretar su significado. Una de las principales situaciones inconsistentes de comunicación implica que el mensaje verbal es diferente, o contradictorio, del mensaje no verbal. En este tipo de situación, los adultos tienden a utilizar el llamado principio de consistencia verbal-no verbal, un principio que supone que las conductas verbales y no verbales de uno normalmente transmiten el mismo mensaje. Cuando hay una discrepancia, los adultos tienden a tratar el mensaje no verbal en lugar del verbal como la fuente de información más confiable. Se entiende que este principio se basa en una suposición de sentido común de que “las acciones dicen más que las palabras” y el mensaje no verbal revela las verdaderas intenciones del remitente. Comprender el principio de coherencia verbal-no verbal es fundamental para la interacción social exitosa porque los mensajes discrepantes verbales y no verbales no son extraños de encontrar en la comunicación cotidiana.

La comunicación verbal incoherente ocurre con frecuencia y sirve varias funciones interpersonales útiles, por ejemplo, para bromear, para engañar, o cuando uno experimenta sentimientos conflictivos. Con el uso apropiado del principio de coherencia verbal-no verbal, las personas pueden inferir la verdad de la información contenida en los mensajes inconsistentes del remitente y responder en consecuencia. El uso inapropiado del principio verbal-no verbal, por otro lado, puede conducir a un fallo en la comunicación (por ejemplo, una broma se toma en serio), o una consecuencia indeseable (por ejemplo, ser engañado por el otro). Sin embargo, aunque está bien establecido que los adultos usan el principio de coherencia verbal-no verbal en comunicaciones inconsistentes, hay poca evidencia con respecto a cuando los niños aprenden a usar este principio.

Algunas investigaciones han encontrado que los niños hasta 9 a 10 años no pueden usar el principio de coherencia verbal-no verbal en situaciones comunicativas donde las emociones no verbales son inconsistentes con las emociones expresadas verbalmente. Tienden a confiar en las señales verbales en lugar de las no verbales cuando encuentran una comunicación inconsistente. En otras palabras, siguen una suposición poco convencional de que “las palabras hablan más que las acciones”.

La dificultad de los niños con el principio de coherencia verbal-no verbal puede deberse a su falta de algunas habilidades que son necesarias para el uso apropiado de este principio. Para utilizar el principio de coherencia verbal-no verbal de forma adecuada, los individuos deben ser capaces de reconocer señales tanto verbales como no verbales (por ejemplo, emociones). También deben detectar las discrepancias entre los dos canales si efectivamente existen tales discrepancias. Además, necesitan comprender las distinciones entre la apariencia y la realidad, en particular, la distinción entre las emociones expresadas y las emociones sentidas. Solo con estas habilidades de requisitos previos, las personas pueden comenzar a utilizar el principio de coherencia verbal-no verbal para tomar decisiones sobre en qué canal confiar durante la comunicación inconsistente. La investigación existente ha demostrado consistentemente que la mayoría de estas habilidades de requisito previo se adquieren en los años preescolares (por ejemplo, la capacidad de interpretar las expresiones no verbales de las emociones de los demás surge en la infancia). Los bebés no solo son capaces de reconocer y diferenciar entre diferentes emociones, sino que también pueden usar las emociones de otros para guiar sus propias acciones y hacer predicciones sobre los deseos y preferencias de los demás. Al final del período preescolar, los niños no solo pueden reconocer las emociones sino también etiquetarlas adecuadamente. Los preescolares, además, demuestran una comprensión de las causas de las emociones. Al final de los años preescolares, los niños también han adquirido las habilidades lingüísticas necesarias para comprender las emociones expresadas verbalmente.

Con respecto a la comprensión de la distinción entre apariencia y realidad, los niños de 3 años bajo ciertas condiciones ya pueden apreciar lo que es real y lo que es aparente. Específicamente, con respecto a la distinción entre emociones expresadas y sentidas, se descubrió que incluso los niños de 3 años podían distinguir entre cómo se siente una persona y la emoción que una persona expresa en ciertas situaciones. A los 6 años de edad, los niños pueden inferir correctamente las verdaderas emociones que siente otro individuo a pesar de la expresión abierta del individuo y comprender las razones del individuo para hacerlo.

Dados estos hallazgos en la literatura, es sorprendente que los estudios existentes sobre comunicación inconsistente encuentren que los niños tienen dificultades para usar el principio de consistencia verbal-no verbal hasta los 10 años de edad. Una posibilidad de tal retraso puede deberse a la metodología utilizada en estos estudios. Es posible que hayan subestimado la capacidad de los niños pequeños para usar el principio de coherencia verbal-no verbal debido a varias limitaciones. Primero, en algunos de los estudios, la información no verbal inconsistente transmitida a los niños podría haber sido demasiado sutil o artificial. Por ejemplo, la expresión emocional se ha presentado en un formato de libro de cuentos. Debido a que la expresión emocional es dinámica, el método de contar historias podría restringir severamente la entrega de información emocional, dificultando el uso de los niños del principio de coherencia verbal-no verbal. También se les ha pedido a los niños que identifiquen si un personaje miente o no como medida de su comprensión de la regla de coherencia verbal-no verbal. Sin embargo, como se indicó anteriormente, la comunicación verbal y no verbal inconsistente no implica automáticamente mentir; Las bromas y el sarcasmo también implican incoherencias verbales y no verbales. Además, aunque muchos preescolares entienden el engaño como la intención de inculcar creencias falsas en la mente de otra persona, la investigación ha demostrado consistentemente que tienen una comprensión limitada del concepto de mentir. A menudo etiquetan erróneamente como mentiras las transgresiones verbales (por ejemplo, jurar) o declaraciones falsas. Es posible que los niños por tanto realmente usaran el principio de coherencia verbal – no verbal pero no se pudo demostrar esta capacidad debido a su dificultad para etiquetar un acto comunicativo incongruente como mentiroso.

Sin embargo, una tercera explicación también es posible. Se podría argumentar que las expresiones emocionales mostradas en investigaciones previas podrían no ser tan sobresalientes como las declaraciones verbales. Por lo tanto, si las señales no verbales se hicieron más destacadas, es más probable que los niños las usen para interpretar la situación. Por lo tanto, la razón por la que los niños confiaron en las palabras en lugar de en las acciones podría no ser porque siguieron el principio de “las palabras hablan más que las acciones”, sino más bien, podrían simplemente confiar en la señal más llamativa o “exagerada”.

Este es el motivo por el que puede resultar difícil establecer a partir de qué edad los niños son capaces de usar el principio de coherencia verbal – no verbal, e incluso usándolo, saber a partir de que edad o en qué condiciones es usado de forma correcta. Está claro que el aprendizaje y el desarrollo del lenguaje juega un papel fundamental en el inicio del uso de este principio, pero… ¿existen investigaciones fiables?.

Partiendo de las hipótesis planteadas previamente y conociendo la cantidad de factores que influyen en la aplicación del principio de coherencia verbal – no verbal en niños pequeños, en la próxima entrada se analizarán todas estas hipótesis a través de la investigación realizada por Michelle Eskritt y Kang Lee, en la que gracias a la participación de 91 niños de entre 3 y 5 años se comprobó si eran capaces de usar correctamente el principio de coherencia verbal – no verbal en casos de discrepancias verbales – no verbales “naturales”, y en casos de discrepancias exageradas.

No puedes mentir a un mentiroso. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “’You can’t kid a kidder’: association between production and detection of deception in an interactive deception task”, de los autores Gordon R. T. Wright, Christopher J. Berry y Geoffrey Bird, de la Universidad de Londres, que analizan la correlación entre detectar mentiras y ser un buen mentiroso. 

Quizás te suene de algo el nombre de Frank Abagnale Jr., o cómo mínimo, recuerdes la película Atrápame si puedes, dirigida por Steven Spielberg y basada en la juventud de Frank. Un ejemplo, entre muchos otros, de delincuentes que acaban colaborando con la ley para pillar a otros delincuentes. Y es que existe la creencia de que los infractores de la ley son buenos pillando a otros como ellos.

Y, aunque no hay evidencia científica, también creemos que un buen mentiroso también es bueno detectando las mentiras en los demás. Como si su propio control del lenguaje verbal y no verbal en la mentira le diera las claves para captar esas señales en otros. Y ésta era la hipótesis que pretendían demostrar los autores de este estudio.

Participaron 51 adultos (27 mujeres y 24 hombres) de 25,35 años de media e inglés como lengua materna. Les dividieron en 10 grupos y se les pasó una encuesta de opinión con afirmaciones con las que debían mostrar su acuerdo o desacuerdo como “deberían prohibir fumar en todos los espacios públicos”. Una vez que sabíamos sus verdaderas opiniones, se les pidió que hablaran con su grupo y compartieran algunas afirmaciones veraces sobre esas opiniones y en otras ocasiones mintieran al respecto, en ambos casos acompañándolo de argumentos para lo cual disponían de 20 segundos por afirmación (por ejemplo, “estoy a favor de los Realitys en televisión porque es una importante forma de aprender sobre el mundo y sobre la gente. A veces, un mal ejemplo es una buena manera de comprender el camino correcto y cómo deberíamos comportarnos”). Se les animó diciéndoles que habría un premio de 50 libras para el que mejor mintiera y otro para el que más mentiras de los demás detectara.

Los investigadores encontraron que, efectivamente, cuanta más facilidad se tenía para mentir, más fácil les resultaba detectar las mentiras de los demás. Es decir, en esta ocasión la cultura popular ha acertado: un buen mentiroso reconoce las mentiras en otros. Lo cual nos sugiere un dilema: Un jurado honesto será peor detectando las mentiras del acusado. ¿Rentaría más confiar en un jurado menos honrado?

Influencia del acento en la percepción del testigo. Club lenguaje no verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Influences of accent and ethnic background on perceptions of eyewitness testimony”, de la autora Lara Frumkin, de la Universidad de Maryland (EEUU), que estudian cómo influye el acento en la percepción de nuestro interlocutor.

En los últimos 20 años, la población de España ha cambiado considerablemente. A día de hoy, la cifra de inmigrantes supera los cuatro millones y medio, es decir, son casi el 10% de la población. Muy cerca de un país que consideramos tan multicultural como Estados Unidos con su 12%. Aunque muchos estudios han investigado aspectos de la discriminación como los estereotipos o los prejuicios, pocos se han centrado en la forma en que los inmigrantes son socialmente percibidos y juzgados. Algunos de estos escasos estudios han puesto en evidencia que el acento de nuestro interlocutor es también una forma de comunicación, con la que nos expresa su origen foráneo, y que sólo con esto los oyentes ya se forman opiniones, juzgan y determinan la credibilidad que achacan a esa persona.

Las investigaciones sobre el acento nos expresan también que, independientemente del país o el idioma, los nativos tienden a degradar a los inmigrantes en base a éste. Se produce, por tanto, un rechazo hacia el individuo independientemente de sus palabras y de la calidad estética de su acento, y un prejuicio basado en el país de origen y el prestigio otorgado a los nacidos en ese país. Se han creado incluso programas para ayudar a reducir el acento, lo que nos demuestra efectivamente este rechazo en la práctica y el efecto negativo que tiene en los oyentes.

Es poco probable que exista un esfuerzo consciente para responder negativamente a las personas con acento extranjero, puesto que las personas por lo general no son conscientes de sus prejuicios. Sin embargo, el acento hace que a nivel subconsciente ya percibamos a esa persona como diferente de nosotros mismos y nos predispone a un juicio poco favorable. Por ello, es importante ver hasta qué punto esto puede afectar el acento en una sala del tribunal y demás mecanismos de justicia.

En este experimento participaron 174 participantes nacidos en Estados Unidos, con una edad media de 19 años y 63% de mujeres. Los participantes fueron divididos en seis grupos, uno para cada uno de los vídeos (condiciones experimentales): 35 vieron un vídeo en el que hablaba un alemán sin acento, 30 un alemán con acento, 30 un mexicano sin acento, 27 un mexicano con acento, 26 un libanés sin acento, y 26 un libanés con acento. En realidad se trataba de los mismos tres actores (un alemán, un libanés y un mexicano) que modulaban el acento para hacerlo aparecer y desaparecer en cada uno de sus vídeos. El vídeo duraba apenas 3 minutos y seguidamente después de su visionado debían contestar a unas preguntas sobre lo creíbles que les resultaban, como si fuera la grabación de un testimonio.

Los resultados nos muestran que el testimonio entregado por el mismo testigo fue percibido como menos favorable cuando el testigo hablaba con acento. Este efecto se replicó en los tres testigos, con sus diferentes acentos. De hecho se puntuó más bajo cuando se utilizaba acento en las cuatro variables medidas: credibilidad, exactitud, engaño y prestigio. Estos resultados se corresponden con los hallados en otras investigaciones, que afirman que los acentos diferentes del nuestro se perciben negativamente.

Es importante resaltar que este estudio fue realizado por estadounidenses y sería interesante replicarlo en otros países de distinto idioma nativo para comprobar si los resultados son extrapolables, aunque todo indique que es probable. Por tanto, es importante tener en cuenta las implicaciones de estos resultados para el sistema judicial y concienciar del poder de estas variables que parecen tan irrelevantes y en realidad son tan influyentes en el testimonio de los testigos.

¿Quién miente mejor? Psicopatía vs inteligencia emocional. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Would I lie to you? ‘‘leakage’’ in deceptive facial expressions relates to psychopathy and emotional intelligence”, de los autores Stephen Porter, Leanne ten Brinke, Alysha Baker y Brendan Wallace, de la Universidad de British Columbia (Canadá), que estudian cómo influye la inteligencia emocional y la psicopatía en la expresión de emociones falsas.

No es extraño que las personas oculten la expresión facial de sus verdaderas emociones, ya sea con buenas o malas intenciones. Llamamos a esto engaño emocional y puede suceder de tres maneras: simulando una expresión emocional en ausencia de cualquier emoción real, enmascarando una emoción (es decir, remplazando la emoción sentida por otra diferente), o neutralizando una expresión (lo que implica ocultar la emoción real tras una cara neutra). La investigación ha demostrado que el engaño emocional es detectable: por ejemplo, en el caso de las sonrisas Duchenne y las sonrisas falsas encontramos que ciertos músculos no pueden ser activados intencionalmente sin ausencia de una emoción genuina o, por el contrario, que no pueden ser suprimidos en presencia de una emoción particularmente potente (a lo que llamamos “fuga emocional”).

Hay poco estudiado sobre las diferencias individuales en las habilidades de engaño emocional, pero los investigadores sugieren la hipótesis de que la experiencia en la comunicación emocional sería influyente en esta habilidad. Por tanto, encontraríamos diferencias en las personas con inteligencia emocional (IE) y en psicópatas.

Por un lado, la primera hipótesis sería que, dado que los individuos con altos niveles de IE tienen la capacidad de percibir emociones en los demás, también se espera que tengan una mayor capacidad para controlar sus propias emociones (por ejemplo, mostrar una convincente sonrisa falsa); por tanto, mostrarán una mayor competencia para el engaño emocional.

Por otro lado, los psicópatas parecen ser camaleones de las emociones y usan sus habilidades de actuación para manipular a otros de manera efectiva en diversos contextos interpersonales. Debido a la falta de emociones reales, podemos encontrar menos “fugas emocionales” en ellos durante una exhibición emocional falsa. Por ello, la segunda hipótesis sería que los psicópatas tienen más facilidad para controlar sus expresiones emocionales durante el engaño.

Así pues, aunque la inteligencia emocional y la psicopatía están inversamente relacionadas y reflejan dos extremos opuestos del continuo afectivo, esperamos que ambos sean eficaces como mentirosos emocionales pero por las razones opuestas.

Para probar estas hipótesis se contó con 100 participantes (25 varones y 75 mujeres) que proporcionaron las expresiones emocionales genuinas y falsas, y otros 27 voluntarios fueron los encargados de evaluarlas en tiempo real. Para provocar las emociones se utilizaron imágenes del Sistema Internacional de Imágenes Afectivas, que son imágenes que han sido evaluadas sobre qué tipo de emoción (entre otras cosas) provocan en la mayoría de la gente. Las emociones que se buscaron fueron principalmente tristeza, enfado, miedo, felicidad o neutra. Se les fueron mostrando las imágenes durante 5 segundos, dejando entre imagen e imagen 5 segundos de descanso para volver a una cara neutra. Previamente se les había instruido sobre cómo debían reaccionar a cada foto: expresar una emoción genuina, expresar una emoción falsa, neutralizar una emoción o enmascararla por otra. Realizaron además un cuestionario de inteligencia emocional.

Como resultado, encontramos que los individuos con alta inteligencia emocional tienen un mayor control de sus propias expresiones y mostraban emociones falsas más convincentes que otros y durante más tiempo. Sin embargo, esa capacidad no evitó las fugas emocionales: aunque eran mejores simuladores no eran mejores en ocultar lo que de verdad sentían. De hecho, los participantes que puntuaron alto en el factor de bienestar mostraron una fuga más larga durante las emociones genuinas y las engañosas, probablemente relacionadas con la felicidad (es decir, sonrisa incontrolada).

Por otro lado, se encontró que los psicópatas muestran menos fugas emocionales durante las expresiones emocionales falsas. Sin embargo, no todas las facetas de la psicopatía están asociadas con el engaño emocional competente: La impulsividad se relacionó con el aumento de las fugas emocionales durante el engaño. Estos resultados sugieren que facetas específicas de la psicopatía se asocian con la competencia en la experiencia afectiva, incluyendo el engaño emocional, en lugar de la totalidad de la construcción psicopatía.

Sin embargo, aunque los participantes emocionalmente inteligentes y psicópatas mostraron emociones particularmente convincentes, no engañaron a jueces externos con más frecuencia que otros participantes. Este resultado nulo puede estar relacionado con las escasas tasas de exactitud de los detectores de engaño y su falta de conocimiento empíricamente válido sobre las señales de la mentira. Así, mientras que los mentirosos emocionalmente inteligentes o psicópatas pueden ser particularmente convincentes para el ojo entrenado, los observadores ingenuos pasan por alto estas señales y continúan tomando conjeturas infundadas sobre la credibilidad.

Control facial durante una situación de engaño. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Executing Facial Control During Deception Situations”, de los autores Carolyn M. Hurley y Mark G. Frank, de la Universidad de Buffalo (EEUU), que estudian si se pueden controlar las facciones durante una mentira para evitar ser detectados.

El engaño es parte de nuestro día a día. Mentimos a la mayoría de las personas para suavizar nuestras interacciones sociales y la cortesía dicta que no debemos tratar de detectar esas mentiras para no avergonzar a nuestro interlocutor ni alterar el funcionamiento social. Si preguntamos a un amigo si le gusta nuestro nuevo peinado o si le cae bien nuestra nueva pareja, sea lo que sea que piense en realidad, las normas sociales dictan que responderá que sí y nosotros haremos por creérnoslo. Pero no son estas mentiras las que nos preocupan y nos traen aquí, sino aquellas más raras y a su vez más peligrosas, las que tienen intenciones hostiles y se producen en escenarios de riesgo.

A día de hoy, la gente se interesa por estos temas más que antes y podemos encontrarlos incluso en el cine y las series exagerados y llenos de desinformación. Sin embargo, si en algo han acertado es que vigilar la cara es una de las formas más comunes de buscar mentiras. Así pues, nuestra preocupación ahora es otra muy distinta. ¿Si cualquier persona tiene a mano las técnicas de detección de la mentira no generará eso mejores mentirosos? Es por ello que estos investigadores trataron de evaluar si las personas son capaces de ejecutar con éxito contramedidas de control facial para evitar ser detectados mintiendo.

Los participantes fueron 33 mujeres y 27 hombres de unos 20 años y estudios universitarios. El experimento consistía en crear una falsa “escena del crimen”: se interrogaría a todos los participantes sobre el robo de unas entradas de cine. A los participantes que aleatoriamente se les había asignado decir la verdad se les daría una de las entradas si lograban convencer de su inocencia a los interrogadores. A los mentirosos se les darían dos si lograban engañarles y fingían su inocencia. En ambos casos, se les “amenazó” con rellenar largos y tediosos cuestionarios como castigo si fallaban y no conseguirían las entradas. Del 0 al 10, los participantes valoraron el castigo con un 5 (castigo moderado), aunque en realidad fue una estrategia para motivarles y nadie tuvo que hacerlo aunque fracasara, llevándose la entrada de cine igualmente como agradecimiento por la participación.

Dentro de cada grupo (sinceros y mentirosos), se dividieron en tres subgrupos: a uno se le indicó antes del interrogatorio que no sonrieran, ya que el interrogador lo detectaría como signo de estar mintiendo. A otro tercio se le indicó que lo que no debían era levantar las cejas, por el mismo motivo. Al tercio restante no se le dio ninguna indicación para usarlos de grupo control. Después de estas instrucciones, los que estaban en la categoría “mentirosos” cogieron las entradas y se las escondieron. Posteriormente se les interrogaba en una sala con cámaras de vídeo donde se les hicieron varias preguntas, algunas relacionadas con las entradas y otras no.

Los resultados mostraron que las expresiones podían suprimirse pero sólo parcialmente. Por un lado, encontraron que suprimir la sonrisa era mucho más fácil que controlar las cejas ya que es un movimiento mucho más involuntario. Sin embargo, a pesar de las instrucciones todos mostraron la conducta que se les había pedido que no mostraran al menos una vez. Los sinceros eran capaces de controlar el movimiento de sus cejas mejor que los mentirosos, pero curiosamente cuando se pedía la supresión de este movimiento se conseguía colateralmente que se redujeran también las sonrisas. Es posible que esto se debiera a que controlar las facciones a la vez que se desarrollan las mentiras es un esfuerzo cognitivo extra y para reducir esfuerzos el cerebro simplifica la orden a minimizar la expresión facial a nivel general en vez de por zonas, resultando en una cara de póker poco expresiva. Aunque, sorprendentemente, todos los mentirosos creyeron conseguir controlar su expresión sin fallos a pesar de que ninguno lo logró del todo.

Es, por tanto, de gran importancia vigilar si nuestro interlocutor parece estar conteniendo su expresividad dado que sería una pista de que está tratando de luchar contra los tics que le pondrían en evidencia como mentiroso. Sin embargo, no debemos dejar de tener en cuenta que cada día es más fácil mentir ya que la información sobre cómo detectar mentiras está al alcance de la mano de cualquiera. ¿Qué habrían sido capaces de lograr en el experimento si hubieran podido ensayar un poco o ser específicamente entrenados para suprimir esos tics?

¿Sonreír te hace menos creíble? Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Gender, Smiling, and Witness Credibility in Actual Trials”, de los autores Jacklyn E. Nagle, Stanley L. Brodsky y Kaycee Weeter, de la Universidad de Alabama (Estados Unidos), que estudia cómo afecta la sonrisa a la credibilidad según el género.

Sonreír es una capacidad de gran importancia para los seres humanos. Como ya vimos en otros artículos, sonreír expresa nuestras emociones e incluso cuando la sonrisa es forzada mantiene una utilidad social. Además, sonreír con mayor o menor frecuencia indica rasgos de nuestra personalidad como la extroversión o la simpatía. Sin embargo, no todo lo referente a la sonrisa es positivo. ¿Qué ocurriría si percibiéramos a las personas que sonríen como poco creíbles o menos dignas de confianza?

Por una cuestión social, las mujeres tienden a sonreír más que los hombres. Por esta razón, de alguna forma esa idea admitida en el subconsciente nos hace juzgar más duramente a un hombre que sonríe, como si violar su rol de género le diera menos credibilidad. Según algunos estudios, en un juicio es menos aceptable que sonría un testigo masculino a que lo haga uno femenino, ya que en ellas es algo “normal” pero no en ellos. El objetivo de este estudio era analizar con más precisión la influencia de la sonrisa en la credibilidad según el género.

Los investigadores usaron la Escala de Credibilidad de los Testigos (WCS) que es una herramienta para medir la credibilidad percibida a través de cuatro facetas principales que se asocian a ella: la simpatía, la confianza, la integridad y el conocimiento. Si el acto de sonreír influye en cómo nos perciben en cuanto a alguna de esas características tendría, por tanto, efecto en la credibilidad. La hipótesis principal del estudio es que sonreír afectaría en la credibilidad a través de dos de sus facetas secundarias: la simpatía y la integridad.

Se evaluaron clips de vídeo de juicios reales, tanto penales como civiles (entre los que se incluyen casos de trabajadores, agresiones, violencia doméstica, tráficos de droga y asesinatos). Los testigos fueron 22 hombres y 10 mujeres mayores de edad, de los cuales 21 eran caucásicos y 11 afroamericanos. Se contabilizaron sus sonrisas y se hizo a los participantes evaluarles en función de la Escala de Credibilidad.

De los 32 testigos observados, 23 sonrieron (72%) y 9 no (28%). Tal y como se esperaba, las mujeres sonrieron más que los hombres aunque los datos no llegaron a ser significativos, quizás por el bajo número utilizado. Sin embargo, los hombres parecían más íntegros que las mujeres. Además, los testigos que sonreían eran vistos como más simpáticos, y cuando la sonrisa era de una mujer el efecto era mayor que en los hombres. Sin embargo, las mujeres sonrientes no parecían más simpáticas que los hombres no sonrientes. Los investigadores creen que esto se debe a que de esta forma (mujer-sonrisa; hombre-serio) era congruente con las normas de género y eso favorecía la simpatía.

Es decir, contrario a las expectativas, el género y la sonrisa afectaban a la credibilidad pero de forma combinada. Los hombres eran más dignos de confianza hasta que sonreían, entonces lo eran las mujeres al parecer más simpáticas. Es decir, por desgracia, para parecer creíble hay que cumplir los estereotipos de género, pues aunque la influencia no sea muy grande, cada pequeño paso ayuda.

Los mentirosos no evitan la mirada, la buscan. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Windows to the Soul? Deliberate Eye Contact as a Cue to Deceit”, de los autores Samantha Mann, Aldert Vrij, Sharon Leal, Pär Anders Granhag, Lara Warmelink y Dave Forrester, de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), que pone en evidencia que los mentirosos buscan el contacto visual deliberadamente durante la mentira.

Popularmente existe la creencia de que los mentirosos evitan la mirada de su interlocutor cuando hablan. Mann, en un experimento en 2004, preguntó a 99 agentes de policía cómo detectar cuando alguien estaba mintiendo y el 73% afirmó que creían que los mentirosos mirarían a otro lado al hablar. Es posible que la razón por la cual creemos que los mentirosos tienden a desviar la mirada es porque la gente suele desviar la mirada cuando está avergonzada y es posible sentirse avergonzado cuando uno hace algo moralmente reprochable como mentir. Además, también es común desviar la mirada cuando el esfuerzo mental aumenta y mentir requiere más carga cognitiva que ser sincero.

Sin embargo, también tenemos razonas para creer que los mentirosos no desviarían la mirada. Cuando intentamos persuadir a alguien tendemos a mirarle a los ojos y una mentira no es sino un intento de persuadir al otro de que estamos diciendo la verdad. Mientras que alguien que está siendo sincero y da por supuesta su credibilidad no tiene la necesidad de buscar la mirada del otro para convencerle de ella. Un mentiroso, en cambio, necesita monitorear a su interlocutor mientras habla para asegurarse de que le está creyendo y seguir construyendo alrededor de su mentira si fuera necesario.

Los estudios, en cambio, ofrecen datos contradictorios al respecto. Los autores hipotetizan que estas incongruencias puedan deberse a que, por un lado, el mentiroso desea apartar la mirada, pero por otro lado tiene la necesidad de mantener el contacto visual para parecer convincente. El resultado final es una cantidad de contacto visual similar a la de una persona sincera. Esto no implica que no podamos usar la mirada para detectar mentiras sino que hasta ahora no lo hemos hecho de la manera correcta. Por ello, la hipótesis de este estudio es que los mentirosos desean parecer convincentes y necesitan monitorear a su interlocutor y, por tanto, podremos apreciar en ellos intentos de contacto visual deliberados.

Para este experimento se utilizaron a 338 participantes, siendo en su mayoría hombres (72%) y con una edad promedio de 34 años. Las nacionalidades fueron además muy diversas, siendo 28 el mínimo de una zona continental y 46 el máximo. El procedimiento era sencillo: se esperaba a la gente a la salida de un aeropuerto internacional y se les ofrecía participar en el experimento con la posibilidad de ganar 10 libras por ello. Si accedían a ello, se les informaba de que otro investigador les iba a hacer dos preguntas. A la primera, todos debían contestar la verdad (¿a dónde vas a volar hoy?), pero a la segunda a unos se les decía que al hablar con el otro investigador debían mentir y a otros que debían decir la verdad (¿Cuál es el propósito de tu viaje?). Posteriormente el investigador trataba de juzgar si le estaban diciendo la verdad o no. El experimento duraba unos 20 minutos y ambas entrevistas eran registradas. Finalmente 177 participantes estaban en el grupo sincero y 161 en el de los mentirosos. Se confirmó más tarde que todos los que debían ser sinceros lo habían sido y que todos los que debían inventar una mentira efectivamente lo habían hecho.

Se pidió a personas ajenas a la investigación analizar las grabaciones para codificar el porcentaje de tiempo que los participantes evitaban la mirada del investigador y el que deliberadamente la buscaban. En los resultados no se encontraron diferencias significativas en cuanto a la etnia pero sí que se hallaron respecto a las miradas: las personas sinceras buscaban menos el contacto ocular que los mentirosos.

En contra de lo que habitualmente se cree, no hay diferencia entre personas sinceras y mentirosas a la hora de evitar la mirada. Sin embargo, sí que la hay a la hora de buscar la mirada del oyente, como si estuvieran valorando si resultaban creíbles o no. Así pues, es importante no usar esto como un indicador automático de engaño, es una cuestión de grado, pero este estudio aporta una interesante clave para la detección de la mentira a nivel no verbal.

Las verdaderas emociones pueden ocultarse tras una sonrisa. Club Lenguaje No Verbal.


Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Hiding true emotions: microexpressions in eyes retrospectively concealed by mouth movements”, de los autores Miho Iwasaki y Yasuki Noguchi, de la Universidad de Kobe (Japón), que analiza cómo la parte inferior del rostro ayuda a disimular microexpresiones de la parte superior.

Cuando vamos paseando por la calle y nos encontramos a alguien que no nos cae especialmente bien, durante apenas un instante mostramos una expresión de desagrado que pasa a ser disimulada rápidamente por una sonrisa forzada para poder saludar cortésmente. En nuestra vida cotidiana tenemos muchas situaciones como esa, y es que en el día a día se entremezclan las expresiones emocionales sinceras y las falsas.

Es innegable la utilidad de saber distinguir una expresión sincera de una falsa y han surgido multitud de estudios sobre el tema. Por ejemplo, para distinguir una sonrisa auténtica de una falsa, una de las claves está en los ojos. La contracción de los músculos que rodean los ojos crean ese característico efecto de “patas de gallo” que representan a la sonrisa Duchenne, la sincera. Es por esto que se considera que las emociones sinceras ocurren en la parte superior del rostro y que la inferior es más fácilmente manipulable a nuestro antojo.

Sin embargo, los autores de este estudio sugirieron que una sonrisa es un rasgo muy predominante en la cara y podría enmascarar las microexpesiones a pesar de que ocurrieran en lugares distantes del rostro. De hecho, cualquier movimiento de la boca podría distraer al interlocutor de los cambios ocurridos en los ojos apenas un instante antes.

Para este estudio se llevaron a cabo cinco experimentos en los cuáles participaron respectivamente 19, 17, 10, 10 y 12 personas. A todos los participantes se les pasó un test de autismo para descartar problemas en el reconocimiento de emociones, confirmando que todos estaban en el rango normal. En el primer experimento se medía el movimiento ocular de los participantes mientras se les presentaban unas imágenes en las que aparecían caras neutras que posteriormente cambiaban para presentar un cambio emocional en boca y ojos, en sólo uno de los dos o en ninguno y luego pasaba a neutro o a mostrar un cambio en la boca. La expresión emocional duraba apenas 50 milisegundos. Se pedía a los participantes que ignoraran la boca y se centraran en los ojos, tratando de discernir cuándo observaban una microexpresión en los ojos y cuando no. En otro de los experimentos se utilizó únicamente la alegría como emoción a valorar. En esta ocasión los ojos mostraban una microexpresión emocional que podía variar entre ira, asco o alegría y posteriormente se enmascaraba con cualquiera de las seis emociones (ira, asco, alegría, sorpresa, tristeza, miedo) o una expresión neutra. Se utilizaron tanto rostros femeninos como masculinos.

Los resultados, a pesar de estar basados en pocas personas, eran muy contundentes: hay una clara interacción entre la parte inferior y superior del rostro que obstaculiza nuestros juicios de autenticidad de las expresiones emocionales. Cuando había cambios en la parte inferior de la cara las microexpresiones de los ojos pasaban desapercibidas la mayoría de las veces, incluso aunque se había predispuesto a los participantes a que prestaran toda su atención a los ojos. Se encontró también que el efecto se maximizaba cuando, después de una expresión en los ojos ocurría una expresión en la boca. Es posible que esto sea una estrategia inconsciente para desviar la atención durante una conversación, de manera que las expresiones involuntarias pasan desapercibidas por otras voluntarias y deliberadamente más lentas que buscan inhibir la percepción de las anteriores.

En conclusión, incluso cuando sabemos que este fenómeno ocurre no podemos evitar que la boca nos distraiga de los ojos. Quizás sería conveniente grabar las reacciones que realmente nos interese analizar para poder analizar las microexpresiones de forma artificial como en casos judiciales. Por otro lado, parece que lo que nos dictaba el instinto funciona: una buena sonrisa falsa puede ocultar lo desagradable que nos resulta alguien.

Afasia y emociones: No comprender el lenguaje te hace detectar mejor las mentiras. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Lie detection and language comprehension: People who can’t understand words are better at picking up lies about emotions.”, de los autores Nancy L. Etcoff, Paul Ekman, John J. Magee y Mark G. Frank, de la Universidad de Massachusetts, que pone en relación la afasia con la capacidad para detectar mentiras.

En los ochenta, en un pabellón de afasia en Estados Unidos, hablaba en televisión el que en aquella época era el presidente, Ronald Reagan. Se podía esperar que el presidente conmoviera a sus conciudadanos con su discurso, pero en aquel lugar lo que resonaban eran carcajadas. No todos, cierto. Había algunos desconcertados, otros ofendidos, incluso algunos claramente recelosos… pero la gran mayoría parecían estar oyendo el mejor de los chistes. ¿Por qué aquellas personas que no podían entender lo que oían se reían con el discurso?

Las personas con afasia tienen daño en el hemisferio cerebral izquierdo, la zona encargada del lenguaje y según el tipo de afasia, puede llegar al extremo de no ser capaz de comprender el lenguaje, como si todo el mundo les hablara en un idioma desconocido y que son incapaces de aprender. Sin embargo, el habla no es sólo palabras, es expresión. Los afásicos no entienden las palabras pero oyen el tono, ven la expresividad, toda la comunicación no verbal que hay en torno al habla.

Precisamente porque no entienden el lenguaje no se les puede engañar con él, y en su defecto captan única y exclusivamente todas las señales involuntarias y espontáneas que son mucho más difíciles de falsear y que ponen en evidencia la mentira. De alguna manera, el cerebro compensa la pérdida de una capacidad alimentando otra en algunos casos y en los afásicos les hace más sensibles al lenguaje no verbal. Por ello, aquella sala se reía al oír el discurso del presidente: captaban su lenguaje no verbal y lo percibían tan grotesco e incongruente que no sólo no podían ser engañados, sino que lo encontraban incluso gracioso.

Un equipo de Massachusetts quiso poner a prueba esta capacidad que siempre se ha dado simplemente por hecho y comprobar en el laboratorio las habilidades de los afásicos comparándolas con otros tipos de daño cerebral y con personas sanas. Así que para este experimento se compararon los resultados de 10 pacientes con graves deficiencias en la comprensión del lenguaje por daño en el hemisferio cerebral izquierdo, 10 pacientes con daño en el hemisferio cerebral derecho, 10 personas sanas de edad similar a los pacientes y 48 estudiantes universitarios sanos. La tarea consistía en ver un vídeo en la que aparecían diez personas, dos veces consecutivas cada una: una de las veces que hablaban, las personas estaban viendo escenas agradables y hablando de las emociones positivas que sentían al verlas; en el otro clip de vídeo debían decir lo mismo pero mientras veían escenas horribles de mutilaciones. Es decir, en un vídeo debían mentir y en el otro, no.

Los pacientes afásicos, es decir, los que tenían daño en el hemisferio izquierdo, fueron significativamente más precisos detectando mentiras. Y no sólo eso: también se dividían los vídeos en aquellos donde las pistas de la mentira estaban en la expresión facial, el tono de voz o ambos. Se encontró que todos los pacientes afásicos eran inusualmente sensibles a las expresiones faciales que delataban la mentira, con una media del 73% de acierto en detectar mentiras.

En conclusión, es posible que el daño en los circuitos del lenguaje dé lugar a un mecanismo compensatorio en el cerebro que aumente el reconocimiento de conductas no verbales. O tal vez, simplemente, el no vernos “distraídos” por las palabras y tener como única fuente de información el lenguaje no verbal nos haga más expertos en este tipo de comunicación. Pero queda en evidencia la importancia de analizar el lenguaje no verbal para la detección de la mentira, ya seamos afásicos o no.

Los efectos de la cara aniñada y la edad en la credibilidad. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facial appearance and impressions of credibility: The effects of facial babyishness and age on person perception”, de los autores Jaume Masip, Eugenio Garrido y Carmen Herrero, de la Universidad de Salamanca, que cómo la edad o los rasgos aniñados influyen en la percepción de las personas.

Realizamos mucha investigación tratando de detectar la mentira tanto a través del lenguaje como de la conducta no verbal; sin embargo, es importante prestar atención también a las creencias sobre el engaño y las señales que la gente utiliza para realizar juicios de veracidad y que, en muchos casos, no son ciertas. Sabemos que la ropa, el atractivo físico o incluso una sonrisa pueden llegar a influir a nivel inconsciente en cómo de honesta percibimos a una persona, y uno de los rasgos que se estudiaron en esta investigación fueron las facciones aniñadas.

Los bebés son vulnerables y dependientes, es por ello que es una cuestión evolutiva ser capaz de percibir las características que nos llevan a identificar a un bebé para protegerlo y cuidarlo. Esas características morfológicas que desencadenan nuestros instintos son las siguientes:

  • Estructura craneal: Los niños tienen una frente más grande y una barbilla más pequeña.
  • Ojos: En el proceso de maduración crecen poco, por ello en proporción son más grandes en un niño que en un adulto respecto al resto de la cara.
  • Cejas: En los niños son más delgadas y más altas.
  • Nariz: Más pequeña y achatada en los niños.
  • Orejas: Los niños las tienen más pequeñas.
  • Labios: Los niños tienen la boca más pequeña, por lo que sus labios parecen más carnosos en proporción y se ven más delgados en los adultos.
  • Mejillas: Los bebés tienen las mejillas redondas y rechonchas, pero al desarrollarse la mandíbula en la adolescencia se pierde ese efecto. Por ello las caras adultas son más angulosas o de facciones fuertes.
  • Otros elementos: Además, los niños tienen una piel más clara y suave que la de los adultos, un cabello y ojos también más claro y unas pupilas proporcionalmente más grandes que los adultos.

Sin embargo, se ha encontrado que en individuos adultos que muestran características faciales que se asemejan a las de los bebés se les atribuyen también rasgos infantiles y, en consecuencia, se les percibe como menos maduros o intelectuales. Aunque, por otra parte, también se les ve como más accesibles, tranquilos, amables y afectuosos. Eso sin duda tiene repercusiones a nivel social e interpersonal como en las oportunidades laborales o la atribución de culpa en un tribunal. La hipótesis de esta investigación era que podríamos ver cómo además podíamos ver afectada la credibilidad y la honestidad entre otras características tanto en caras aniñadas como en niños respecto a adultos o facciones más adustas.

En este experimento participaron 324 estudiantes universitarios, mayoritariamente mujeres. Mediante el uso de programas de ordenador para modificar fotografías, se cogieron tres fotografías de un varón en diferentes edades (niño, adulto y anciano). Se manipularon para que vistieran igual y tuvieran una expresión neutra y un mismo peinado y salieran mirando a la cámara, como en documentos oficiales. Luego se manipularon para resaltar en cada una de las fotografías las características propias de la edad (por ejemplo, que el niño tenga los ojos grandes o que un anciano tenga los labios más finos). De manera que se tenían 9 fotografías finales (3 rangos de edad x 3 niveles de aniñamiento facial). Cada persona veía una única foto y rellenaba un cuestionario, de manera que cada cara fue evaluada 36 veces. Los participantes debían valorar cada cara del 1 al 7 en las siguientes características: fuerte-débil, sumisión-dominancia, inteligente-estúpido, ingenuo-astuto, afectuoso-distante, sincero-deshonesto, creíble-poco creíble.

En los resultados encontramos que las variaciones a las que se sometían las caras variaban el juicio que se hacía sobre ellas. Las caras aniñadas eran percibidas como más honestas, más creíbles, más débiles, más sumisas, más ingenuas y más afectuosas que las maduras. Es decir, afectó a todas las variables menos la inteligencia. Y la variable de la edad influyó también, demostrando que cuanta más edad más probable vemos una agresión sexual, fuerza, astucia, dominancia y frialdad emocional. En cambio, se veía a los niños como menos sinceros, debido a que se les considera demasiado imaginativos y poco confiables, con la única excepción de las agresiones sexuales, donde no se consideraba que un niño pudiera mentir.

Es importante en los contextos legales tener en cuenta que la apariencia o la edad de la gente nos influye a nivel subconsciente. Es posible que nos veamos afectados por el estereotipo de que “lo bello es bueno”: otros experimentos en el pasado ya demostraron nuestra tendencia a creer que las personas más atractivas son también más inteligentes, sinceras, honestas y cándidas. En vistas de nuestra falta de precisión ajustando la credibilidad de forma tan superficial es importante mejorar las herramientas de para su evaluación y tratar de ser lo más imparciales posible.

Sonreír cuando estás afligido: Cuando la sonrisa significa un ceño fruncido. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Smiling When Distressed: When a Smile Is a Frown Turned Upside Down”, del autor Matthew E. Ansfield, de la Universidad de Lawrence, que analiza la utilización de la sonrisa en situaciones angustiosas o desagradables como máscara de las verdaderas emociones.

La gente a veces responde a las experiencias emocionales negativas de maneras aparentemente paradójicas. No es raro que en situaciones incómodas o vergonzosas la gente tienda a sonreír o a reír, como cuando te tropiezas frente a gente conocida o te cantan cumpleaños feliz y no sabes a dónde mirar mientras tanto. Tras una montaña rusa o asustarse en una película de terror, no es raro ver a la gente reír aunque en realidad estén abrumados. Incluso en algunos funerales se ha encontrado un extraño comportamiento risueño en los cónyuges. Así que, ¿por qué la gente sonríe durante experiencias bochornosas o angustiantes en lugar de mostrar sus verdaderas emociones?

Algunas teorías creen que sonreír es en realidad una “máscara” para camuflar las emociones negativas en circunstancias sociales según dictan las reglas culturales, ya que, como sabemos, las emociones son universales pero no su expresión según dónde nos encontremos, y no todas las culturas valoran de la misma forma la expresividad emocional. Sin embargo, otras teorías sugieren que se trate de una función autoreguladora, de manera que ayude a regular el ánimo y disociarse del estímulo negativo. A pesar de estas explicaciones, existe poca investigación que pruebe el papel de la sonrisa en las experiencias emocionales negativas, por ello se llevó a cabo este experimento para comparar hombres y mujeres en distintas situaciones y valorar sus reacciones emocionales.

Para la primera fase se presentaron 160 personas (80 hombres y 80 mujeres), que fueron emparejados con alguien de su mismo sexo, con alguien del sexo contrario o participó en solitario. Cada uno de los subgrupos se decidió al azar, respetando que hubiera el mismo número de personas de cada sexo en cada uno. La actividad consistía en ver cuatro clip de vídeo desagradables, cuatro divertidos y cuatro neutros, en orden aleatorio, de entre 40 y 50 segundos. Después se les pidió que evaluaran su experiencia emocional viendo los vídeos, se les encuestó sobre sus lenguaje corporal (“¿has sonreído a propósito?”, “¿te has mostrado disgustado?”) y, por último, unos evaluadores externos calificaron las reacciones que vieron en los participantes.

Como resultado, no sólo se sonreía más cuanto mayor era la intensidad de la emoción y que se hacía más cuando se estaba acompañado que solo, sino que además los hombres tenían más tendencia a enmascarar sus emociones bajo una sonrisa que las mujeres. Además, tanto hombres como mujeres sonreían más cuando estaban acompañados de un hombre que de una mujer. Además, tres de cada cuatro personas de los que sonrieron viendo los vídeos angustiosos dijeron ser conscientes de ello, pero no porque estuvieran sonriendo a propósito, sino porque trataban de no hacerlo. Por otro lado, cuando se preguntó a hombres y mujeres cómo deberían reaccionar viendo algo desagradable, el 55% de los hombres respondió que con una expresión estoica y el 41% que con disgusto, mientras que el 92% de las mujeres dijo que debían mostrar disgusto: por lo tanto, parece que los participantes sonreían a pesar de que sus creencias de que no era apropiado y de sus esfuerzos conscientes por no hacerlo.

Dado que sonreír en sustitución de una muestra de disgusto o de una expresión más apropiada a la situación que no enmascare los sentimientos reales es algo que se valora negativamente, se decidió llevar a cabo un segundo experimento para tratar de medir el efecto de cómo somos vistos por los demás cuando hacemos tal conducta. Para ello participaron 65 hombres y 65 mujeres y se les pusieron los vídeos que se grabaron de las reacciones de los participantes del primer estudio. Los vídeos no tenían audio y no se les informó de qué estaban viendo los participantes para mostrar esas reacciones, sólo que debían decir sus impresiones sobre ellos. Luego volvieron a verlos tras leer antes de cada clip de vídeo un resumen del vídeo que habían visto en esa ocasión los participantes y luego debían valorar de nuevo sus reacciones y sus impresiones sobre ellos.

Curiosamente, aunque los hombres estaban experimentando mayores dificultades emocionales, sus sonrisas parecían de diversión más que de disgusto, mientras que las mujeres se percibían más disgustadas que divertidas. Y, cuánto más parecía que alguien se divertía en lugar de pasarlo mal, más inapropiado se percibía; aunque, por otro lado, cuando un hombre hacía esto se le percibía como más masculino y dominante, como si esta conducta fuera parte del estereotipo masculino. Del mismo modo, si una mujer mostraba esa conducta se la veía como más masculina.

En conclusión, parece que podemos afirmar que la sonrisa responde tanto a la necesidad de autorregularse y por ello podíamos observarla incluso cuando los participantes estaban solos frente al estímulo negativo, como a la necesidad de enmascarar las emociones y por ello podemos ver distintas reacciones en cuanto a género, tipo de estímulo y frente a quién se encontraban. Es posible que la diferencia en cuanto a género se deba a las reglas de exhibición emocional culturales que dictaminan que los hombres deben de ser más estoicos que las mujeres y, en su defecto, no mostrar emociones negativas en público. Por tanto, los hombres deben soportar mayor carga social y su angustia es mayor ante las emociones negativas por tener que lidiar al mismo tiempo con la necesidad de ocultarlas. Por ello, los hombres sonríen más que las mujeres ante situaciones desagradables o estresantes y, contrariamente a las mujeres, parecen divertidos aunque no es así.

Detección de la mentira a nivel inconsciente. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Some Evidence for Unconscious Lie Detection”, de los autores Leanne ten Brinke, Dayna Stimson y Dana R. Carney, de la Universidad de California, que investiga sobre la detección a nivel subconsciente del engaño.

La mentira forma parte de nuestro día a día. Desde las mentiras “piadosas”, que son herramientas pro-sociales y sin consecuencias negativas, hasta las destructivas y dañinas. Y, sin embargo, la capacidad del ser humano para detectar con precisión la mentira es de apenas el 54%. Es decir, apenas superior a decidir al azar si algo es mentira o no. No obstante, esta incompetencia para la detección del engaño no parece compatible con la teoría evolutiva. Para la adquisición de recursos relacionados con la supervivencia y la competición por los compañeros atractivos, la capacidad de mentir debería haber evolucionado junto con la capacidad de detectar el engaño.

Algunas teorías creen que erramos por la ausencia de señales estereotipadas: los mentirosos no siempre evitan la mirada o se muestran nerviosos. El hecho de que busquemos las señales equivocadas puede cubrir las mentiras, junto con la negligencia de obviar que incluso dentro de una misma persona las señales que nos indican que miente varían con el tiempo. También hay autores que creen que en épocas de abundancia y seguridad carecemos de la motivación necesaria para mantenernos alerta y detectar los engaños, lo cual encajaría en la teoría evolutiva al significar que en épocas de escasez aumentaría nuestra precisión fruto de la necesidad.

En cambio, los autores de esta investigación defendían que el problema radicaba en la mente consciente: estamos afectados por los estereotipos y los sesgos y eso afecta a nuestro análisis de la conducta ajena. Su hipótesis era dejándonos llevar de forma más intuitiva e inconsciente aumentaríamos nuestro porcentaje de acierto.

Para demostrar esto se llevaron a cabo dos experimentos. En el primero participaron setenta y dos estudiantes universitarios (51 mujeres, 21 hombres). Se les presentaba un vídeo de 12 falsos interrogatorios en el que a todos los actores se les acusaba de haber robado cien dólares. La mitad de ellos habían fingido el robo y la otra mitad no, y se les incentivó con que podrían llevarse el dinero de verdad si lograban convencer a quienes vieran el vídeo de no haber robado. Se les hacían diez preguntas con tono neutro, algunas verificables como “¿qué ropa llevas?” o “¿qué tiempo hace fuera?”, y otras relacionadas con el robo como “¿robaste el dinero?”, “¿por qué debería creerte?” o “¿me estás mintiendo?”. Cada uno de los vídeos duraba un minuto aproximadamente. Cuando se pidió a los participantes que dijeran de quién sospechaban que estaba mintiendo y quién estaba diciendo la verdad las respuestas fueron bastante inexactas: sólo fueron capaces de detectar al mentiroso en un 43% de las veces, y quién decía la verdad en el 48% de las ocasiones.

Para un segundo experimento contaron con sesenta y seis estudiantes universitarios (42 mujeres y 24 hombres) que visualizaron los mismos vídeos sobre interrogatorios del primer experimento y después se les hacía ver las caras de los sospechosos intercalados con palabras del campo semántico de la “verdad” o la “mentira” como “honesto”, “falso”, “engañoso”, “veraz”, etc. Los resultados mostraron que los participantes asociaban inconscientemente las palabras de engaño con los sospechosos que habían mentido y al mismo tiempo las palabras antónimas con los que dijeron la verdad.

Estos hallazgos podrían significar que, efectivamente a nivel inconsciente e intuitivo podemos detectar la mentira con más éxito pero nuestros procesos conscientes alteran nuestra capacidad y nos entorpecen en la detección del engaño. Sería interesante replicar estos resultados con una muestra más amplia y mayor rango de edad para evaluar con detenimiento este fenómeno a favor de la intuición.

Credibilidad de las denuncias de agresión sexual. Club del Lenguaje No Verbal.

Credibilidad de las denuncias de agresión sexual. Club del Lenguaje No Verbal.

Credibilidad de las denuncias de agresión sexual. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Despistado por la emoción: la capacidad de los observadores de discriminar denuncias de agresiones sexuales reales y falsas”, de los autores Kristine A. Peace de la Universidad Grant MacEwan (Canadá), Stephen Porter de la Universidad British Columbia (Canadá) y Daniel F. Almon de la Universidad Dalhousie (Canadá), que trata sobre la detección del engaño en las denuncias de agresión sexual.

Una de las razones por las que el engaño ha generado un enorme interés científico son los problemas que han surgido en el sistema legal como resultado de las evaluaciones de credibilidad erróneas y en consecuencia condenas injustas. En particular, los casos de agresiones sexuales suponen un importante reto para la policía y para los jueces; el hecho no suele denunciarse de inmediato y normalmente no existen pruebas confirmatorias. Si bien es difícil establecer un número determinado, se estima que hasta un 20% de las denuncias podrían ser falsas. Por lo tanto, resulta esencial investigar los factores asociados con las características de las denuncias de agresión sexual reales y falsas y la exactitud en la discriminación de los observadores es crucial. El presente estudio examina la capacidad de los observadores (posibles jurados) para discriminar informes reales y falsos de agresión sexual, y si las diferencias individuales están relacionadas con la capacidad para determinar la credibilidad de tales afirmaciones. Uno de los objetivos del estudio es determinar si existe una predisposición a la veracidad ante denuncias reales y falsas de agresión sexual. Se prevé que en el análisis de las declaraciones escritas que contienen descripciones impactantes y perturbadoras de agresiones sexuales, los observadores serán más propensos a creer el informe. Además de determinar la precisión del observador en la valoración de las denuncias de agresión sexual, se ha tratado de identificar las posibles diferencias individuales entre los observadores legos que podrían contribuir a diferentes niveles de competencia de valoración. La fuerza del contenido emocional de la declaración podría interactuar con la función emocional y la personalidad del juez para influir en los juicios de credibilidad. Los distintos rasgos de personalidad podrían asimismo estar relacionados con el uso diferenciado de señales en la toma de decisiones. En general, el análisis empírico de las capacidades de detección del engaño y las diferencias individuales ha arrojado resultados inconsistentes. Las investigaciones que analizan el uso de señales ha revelado que los participantes que se apoyan en un mayor número y variedad de señales (ya sean verbales y/o no verbales) tienden a ser más precisos en la detección del engaño. Este estudio cuenta con tres objetivos principales: (1) evaluar la exactitud de los juicios de credibilidad de denuncias reales y falsas de agresión sexual; (2) analizar el papel de la personalidad y las diferencias individuales en la precisión de la detección; y (3) examinar las estrategias de utilización de señales y su relación con la precisión en las valoraciones de credibilidad.

Los resultados del estudio apoyan las anteriores investigaciones que indicaban que la precisión en la detección está en general alrededor del nivel de azar, y se confirma la predicción con respecto a la predisposición a la veracidad cuando se juzgan denuncias de victimización sexual. De hecho, los observadores que obtuvieron peores resultados, mostraron poca precisión discriminatoria y respuestas sesgadas. Sin embargo, es posible que los juicios sobre la intensidad emocional se hayan visto limitados por la naturaleza emocional de las denuncias de agresión sexual. Curiosamente, el estudio reveló una ligera correlación negativa entre confianza y precisión en la detección de denuncias reales de victimización. Como tal, es importante tener en cuenta la confianza en la toma de decisiones dado que se asocia con percepciones de veracidad. Por otro lado, se halló una correlación negativa entre extraversión y precisión global, lo que indica que los participantes que puntúan bajo en extraversión demostraron más capacidades de detección. Otro hallazgo fue la asociación positiva entre precisión, apertura a la experiencia y neuroticismo. El análisis sobre el uso de señales en este estudio no apoya las hipótesis; la precisión no está relacionada con el número o el tipo de señales empleadas. Parece ser que tanto las denuncias falsas como las reales contenían muchas de las señales más utilizadas (cantidad de detalles, consistencia lógica, detalles relevantes), lo que limita cualquier asociación entre uso de señales y precisión. De este modo, el uso de señales irregulares de palabras/frases se asoció con una mayor precisión en la correcta discriminación de informes reales. Se analizó igualmente si los jueces más precisos utilizan señales diferentes a las que emplean los jueces que cometen más errores. Pero contrariamente a lo que cabría esperar, no existe diferencia en la utilización de señales entre los jueces.

Algunos investigadores han llegado a la conclusión de que las diferencias en la detección del engaño dependen más de las características y conductas del que engaña más que del observador. Algunos argumentan que las diferencias individuales son insignificantes, salvo que las personas difieran en su predisposición a la veracidad de las declaraciones. Los hallazgos sugieren que los factores de personalidad tienen al menos una ligera influencia sobre la capacidad de detección del engaño y confirman que los legos asumen más a menudo que las denuncias de agresión sexual son veraces. El siguiente paso en esta investigación es evaluar la capacidad de los investigadores de la policía y de los que toman las decisiones judiciales para discriminar las denuncias de agresión sexual reales y falsas, y si estos profesionales presentan predisposiciones similares o diferentes hacia la credibilidad de estas denuncias. El presente estudio ofrece una visión de las capacidades de detección del engaño cuando se usan estímulos reales y emocionalmente evocadores. Los participantes obtuvieron peores resultados que al nivel de azar en general, y demostraron una predisposición a la veracidad en sus determinaciones. Estos resultados tienen consecuencias para el ámbito forense, cuando los investigadores se enfrentan a denuncias de agresión sexual, y afrontan el reto de determinar la veracidad.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje No Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Sabiduría popular frente a conocimiento científico sobre la detección no verbal del engaño. Club Lenguaje no Verbal.

Detección de la mentira

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les sugerimos un resumen del artículo “¿Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo? Sabiduría popular frente a conocimiento científico sobre la detección no-verbal del engaño”, del autor Jaume Masip, de la Universidad de Salamanca, en el cuál se revisa la fiabilidad de la detección del engaño a través de la evaluación del lenguaje no verbal.

En multitud de ocasiones, la psicología social ha sido criticada por estudiar ciertas situaciones que, según gran parte de la población, son “de sentido común”. Esto provoca, habitualmente, que la sabiduría popular sustituya al auténtico conocimiento científico a la hora de abordar evidencias o problemas de la vida cotidiana (a lo cual contribuyen, sin duda, series de televisión, libros de autoayuda, etc.). Uno de los campos de la psicología en los que más falsas creencias existen es el de la comunicación no verbal.

¿Hasta qué punto puede la comunicación no verbal transmitirnos realidades absolutas sobre el comportamiento de un individuo? Mientras que la investigación científica nos lleva a relativizar los descubrimientos, la mayoría de la sabiduría popular habla de realidades dicotómicas, sin atender a la variación entre individuos o situaciones. Esta visión errónea es especialmente flagrante en casos como la detección de mentiras, en la cual existen multitud de creencias sobre la utilidad del lenguaje no verbal para detectar las mismas. Este artículo trata de desmantelar algunas de estas creencias populares erróneas, basándose en la rigurosa investigación científica para demostrar la falsedad de muchas de las afirmaciones realizadas fuera de la disciplina de la psicología sobre el tema.

  • ¿Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?

Tal y como las evidencias científicas demuestran, no hay diferencias sustanciales en la detección de la mentira a través del lenguaje corporal respecto a tratar de adivinarlo al azar (en torno al 50% de los casos son acertados). Ni siquiera tras “entrenar” a expertos se encontraron diferencias importantes entre estos y personas que no tenían ningún conocimiento sobre detección de mentiras. Por tanto, y en contra de la “afirmación popular”, se encontró que la capacidad para discriminar entre mensajes verdaderos y falsos es muy escasa en los seres humanos, dependiente sobre todo de elementos personales y contextuales. No es, por tanto, fácil “pillar a un mentiroso”.

  • ¿Afecta nuestra confianza a nuestra capacidad para detectar mentiras?

En absoluto. De hecho, tal y como muestran las investigaciones, las personas no tenemos conciencia de lo correctos o incorrectos que son nuestros juicios de credibilidad. Incluso en multitud de ocasiones tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de discriminar entre verdades y mentiras.

  • ¿Existen señales conductuales de cuándo alguien nos está mintiendo?

Taparse la boca, tocarse la nariz, frotarse un ojo o el cuello, mirar fijamente a los ojos… todas estas acciones son, según la cultura popular, rasgos de un mentiroso. De hecho, muchos de estos estereotipos también han sido estudiados, encontrándose que muchos de ellos parecen tener validez universal (como el de que un mentiroso aparta la mirada).

Por supuesto, prácticamente ninguno de estos estereotipos es cierto (y menos generalizables a toda la población). La discrepancia entre estos y la realidad empírica puede dar cuenta del escaso valor de las claves conductuales para formular juicios correctos de mentira.

  • ¿Existe alguna posibilidad de llegar a ser un buen “detector de mentiras”?

Se han realizado multitud de intentos en este sentido, entrenando de diversas maneras a múltiples observadores. Sin embargo, el porcentaje de aciertos no ha representado un gran aumento (del 54% a 57%). ¿A qué se debe esto? En realidad, no es motivo exclusivamente del tipo de entrenamiento, sino de los escasos indicadores conductuales que son realmente útiles. Según ciertos autores, más que incrementar la precisión, lo que provocan estos entrenamientos es el aumento de la tendencia a decir que los mensajes son falsos.

Conducta no verbal en entrevistas con menores víctimas de abuso. Club Lenguaje No Verbal

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Non-verbal behavior of children who disclose or do not disclose child abuse in investigative interviews”, de los autores Carmit Katz, Lindsay C. Malloy, Michael E. Lamb, Armita Atabaki y Sabine Spindler, de la universidad de Cambridge, e irit Hershkowitz, de la universidad de Haifa, que investiga la posible existencia de relaciones entre la conducta no verbal de los niños y su confesión (o no) sobre el padecimiento de abusos.

Muchas de las víctimas de abuso de menores son reticentes a divulgar sus experiencias y pueden negar activamente haber sufrido estos abusos cuando son directamente preguntados. Sin embargo, la confesión del menor suele ser habitualmente crucial para el inicio de la intervención de los servicios de protección al menor, el tratamiento, y la persecución criminal al autor. Para poder evitar falsos negativos en los interrogatorios, los entrevistadores necesitan identificar a los niños reticentes a confesar tan pronto como sea posible, con el fin de adaptarse a ellos y tratar de ayudarles a sobrepasar esta reticencia y hablar sobre lo que les ocurrió.

Gran cantidad de investigaciones han estudiado (y demostrado) que la no apertura de los menores, de los cuales se sabe han sido víctimas de abuso, puede ser predicha en base a examinar la reticencia del niño en la parte de la entrevista previa a que se discutan los asuntos más importantes. Sin embargo, estos estudios se centraron tan solo en la conducta verbal de los menores. Los objetivos de la presente investigación están orientados a estudiar la conducta no verbal en este tipo de entrevistas, haciendo hincapié en tres objetivos distintos: 1) evaluar la conducta no verbal en la fase previa a la parte principal de la entrevista de niños que confiesan y niños que no confiesan 2) investigar las diferencias en conducta no verbal entre niños que confiesan o no confiesan, y 3) evaluar los cambios en la conducta no verbal conforme se desarrolla la entrevista.

Para comprobar esto, se seleccionaron 40 entrevistas grabadas a niños entre 3 y 13 años guardadas en archivos, de los cuales 14 eran sospechosos de haber sido víctimas de abusos sexuales, y 26 víctimas de abusos físicos. La particularidad es que la mitad de ellos terminaban confesando ser víctimas del crimen, y la otra mitad lo ocultaba. El visionado de estos vídeos permitió complementar una hoja de registro sobre las conductas no verbales de los individuos, las cuales se dividían en indicadores de estrés, la desconexión física, las emociones faciales negativas y las positivas.

Los resultados de esta investigación mostraron que se podían hallar diferencias en la comunicación no verbal entre confesores y no confesores. Así, por ejemplo, durante todo el interrogatorio, la desconexión física (conductas como girar el cuerpo en dirección contraria al interrogador, cubrirse la cara o la cabeza, levantarse total o parcialmente, etc.) era mucho más prevalente en no confesores que en confesores. Sin embargo, no se encontraron diferencias entre conductas de estrés y emocionalidad, más allá de que durante la entrevista, la expresión de emociones positivas se reducía, y aumentaba el estrés y la desconexión física general. Tampoco la expresividad facial fue determinante a la hora de predecir si un niño llevaría a cabo una confesión o no.

En conclusión, esta investigación demuestra que  la conducta no verbal (especialmente, los índices de desconexión física de los individuos) pueden predecir si los niños confesarían o no, lo cual lo vuelve quizá la variable más destacable en esta investigación. Esto además representa una interesante aplicación práctica del estudio del comportamiento no verbal en interrogatorios, permitiendo así que los interrogadores predigan la posible conducta del menor y sean capaces de adaptar el interrogatorio para relajarlo y conseguir una confesión sobre el abuso sufrido.

La mano sobre el corazón influye sobre conductas y juicios morales. Club Lenguaje No Verbal.

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Hand over Heart Primes Moral Judgments and Behavior”, de los autores Michal Parzuchowski, de la University of Social Sciences and Humanities de Sopot, y Bogdan Wojciszke, de la SWPS de Sopot, que analiza la influencia que el gesto simbólico de poner una mano sobre el corazón al realizar afirmaciones tiene en la percepción de sinceridad y honestidad.

En la presente investigación, los autores buscan demostrar la influencia que puede tener la comunicación no verbal sobre la honestidad y la conducta moral de los individuos. Más concretamente, evalúan cómo el gesto de poner la mano sobre el corazón puede influir sobre la conducta moral de un individuo.

Esto es contrastado mediante dos hipótesis: en primer lugar, que la persona que realiza el gesto de poner la mano sobre el corazón es percibida como más sincera y honesta; en segundo lugar, que la persona que es manipulada para llevar a cabo este gesto, se comporta de manera más honesta. Para la demostración de estos objetivos, se llevaron a cabo cuatro experimentos distintos, que resumimos a continuación:

En el primer experimento, se evaluó si para la población en la que trabajaban los autores (polaca), el gesto de poner la mano en el corazón era considerado como un signo de honestidad. Se dividió por tanto el experimento en dos condiciones, una que actuaría como “control” y representaba a una persona con la mano en su estómago, y otra condición “experimental” en la que se encontraba a la persona con la mano en el corazón. Como era de esperar, mientras que el 18% de la muestra indicó que se mostraban signos de honestidad en la condición control, el 49% de la muestra indicó que en la condición experimental se encontraban signos de honestidad. Quedó así demostrado que el signo de poner la mano en el corazón implicaba una percepción de honestidad.

El segundo experimento se planteó con el objetivo de demostrar si el gesto de poner la mano sobre el corazón era visto como un signo comunicativo útil para transmitir honestidad o sinceridad. Se dividió nuevamente la investigación en dos condiciones. En la primera, una persona con la mano en el corazón realizaba un discurso. En la segunda, ocurría lo mismo, pero sin realizar este gesto. Como los autores esperaban, el discurso de la persona con la mano en el corazón fue evaluado como más creíble que el de la persona que no realizaba este gesto.

En el tercer experimento, se trató de demostrar la influencia del gesto de la mano sobre el corazón sobre la conducta del propio individuo que lo realiza. Para ello, se pidió a gente que evaluara la belleza física de un grupo de individuos en una serie de fotografías, mientras realizaban varios gestos control (y entre ellos, el gesto experimental de la mano sobre el corazón). Como resultado de esto, se demostró que, cuando se decía que alguien no era atractivo, siempre se le consideraba menos atractivo cuando se tenía la mano sobre el corazón. Esto, tal y como plantean los autores, podría ser debido a que tendemos a “moderar” nuestras opiniones cuando se habla en contextos concretos sobre la belleza física. Este gesto, por tanto, estaría provocando que se diera una opinión más “honesta” con el pensamiento real del individuo, por lo cual quedaría demostrada la influencia de este gesto en la sinceridad del discurso de quien lo realiza.

Por último, en el cuarto experimento se buscó experimentar con la influencia que sobre la mentira puede tener el gesto de poner la mano sobre el corazón. Por ello, se decidió pedirle a un grupo de individuos que mintiesen (o no) al realizar un discurso, mientras sostenían la mano sobre su pecho o sobre su hombro. Los resultados mostraron que los individuos que sostenían la mano sobre el corazón tendían a ser más sinceros y a mentir en menos ocasiones que aquellos en el grupo control de la mano sobre el hombro.

En conclusión, los autores defienden que los experimentos realizados demostraban que la honestidad podía ser manipulada a través de la inclusión de claves asociativas no emotivas, tales como los gestos y la comunicación no verbal y, más concretamente, por el gesto simbólico de poner una mano sobre el corazón.

El efecto de desinformación gestual en entrevistas con niños testigo. Club Lenguaje No Verbal.

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta vez les ofrecemos un resumen del artículo “Memorias hechas a mano: la solidez del efecto de Desinformación Gestual en entrevistas con niños testigos presenciales”, de los autores Elizabeth Kirk, de la Universidad de York, y Daniel Gurney, Rebecca Edwards y Chris Dodimead, de la Universidad de Hertfordshire, que trata sobre cómo la influencia de los gestos de un entrevistador pueden influir en la precisión de los relatos del entrevistado.

Ha sido arduamente demostrada la influencia que ciertas claves verbales pueden tener sobre la precisión o veracidad de las declaraciones de adultos y niños. Sin embargo, y mientras que la mayor parte de las investigaciones se centran en analizar precisamente la influencia de la conducta verbal del entrevistador, es en la actualidad cuándo los investigadores han descubierto que la conducta no verbal del entrevistador puede influir del mismo modo durante la entrevista de investigación, corrompiendo así la declaración de un testigo y llevándole a realizar imprecisiones (e incluso a dar datos falsos) en la misma. Es precisamente la sugestibilidad de los niños la que plantea a los investigadores más preocupación, lo cual ha llevado a intentar definir cuáles son las variables que facilitan o dificultan que este efecto de “desinformación” afecte a los menores. Sin embargo, si bien se conocen varias de las claves que pueden prevenir o elicitar que este efecto se produzca a través del lenguaje verbal, todavía poco se sabe de cómo las variables del menor pueden resultar útiles ante la influencia del efecto de desinformación gestual. Es por ello que en este estudio, y con objeto de evaluar qué variables del niño pueden actuar frente a este efecto, se han seleccionado tres factores distintos: la fuerza del recuerdo, la edad y la habilidad verbal. Estos factores son elegidos debido a que numerosos autores han demostrado la importancia que los mismos representan para evitar efectos de manipulación del testimonio a través de la comunicación verbal. Así, la fuerza del recuerdo fue evaluada a través de preguntar a ciertos niños directamente tras el evento en cuestión, la edad a través de la creación y evaluación de dos grupos con edades distintas (uno de ellos de tres a cuatro años, y el otro de siete a ocho), y la habilidad verbal a través de la aplicación del Adaptative Language Inventory (ALI) y su posterior comparación con la influencia producida por los gestos en cada menor.

Los resultados de este estudio arrojan datos interesantes. En primer lugar, se encontró que no había una diferencia sustancial ni en la edad ni en la fuerza del recuerdo a la hora de ver influida su declaración a través de comunicación no verbal, dado que ante ambas variables la influencia de los gestos del interlocutor era bastante elevada (especialmente, como indica el estudio, cuando se usaban los gestos de “lanzar” y “comer”). Tampoco se encontró una “resistencia” significativa al efecto de desinformación gestual entre aquellos niños con una mayor puntuación en el ALI y aquellos con una puntuación menor. Sí que se halló que muchos de los niños, de hecho, tendían a incluir en sus testimonios nueva información coherente con los gestos que habían visto del entrevistador, y es aquí donde se encontró que los niños más pequeños incluso llegaban a inventar información para ampliar aquella que habían recibido del entrevistador. Así, mientras que en el evento original el actor principal estaba bebiendo, el gesto del entrevistador provocó que los niños dijesen que en realidad estaba comiendo. No obstante, mientras que los niños más mayores se limitaron a dejar la explicación en ese punto, los niños menores llegaron incluso a inventar qué estaba comiendo el actor. Atendiendo a los resultados, sin embargo, los autores afirman que el efecto de desinformación gestual es resistente a ciertos factores que sí se ha demostrado que son útiles para reducir el efecto de desinformación verbal (fuerza del recuerdo, edad y habilidad verbal).

En conclusión, los autores plantean que, dada la capacidad limitada de los menores de ignorar información gestual incongruente con sus recuerdos, el hecho de acompañar preguntas o interrogatorios con gestos puede resultar en un arma de doble filo. Por un lado, demuestran que acompañar preguntas con gestos que proporcionen información precisa respecto al hecho ayuda a facilitar la respuesta verbal de los menores. Sin embargo, también puede provocarse una confusión al menor si los gestos utilizados no son congruentes con la situación en cuestión.

Reconocimiento de anomalías conductuales y Detección de mentiras. Club Lenguaje No Verbal.

Reconocimiento de anomalías conductuales y detección de mentiras. Club Lenguaje No Verbal.

Reconocimiento de anomalías conductuales y Detección de mentiras. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Efectos positivos del entrenamiento en reconocimiento de anomalías conductuales para la detección de mentiras”, de los autores David Matsumoto y Hyisung C. Hwang de la Universidad Estatal de San Francisco (EE.UU.), Lisa G. Skinner del F.B.I. (EE.UU.) y Mark G. Frank de la Universidad Estatal de Nueva York (EE.UU.), que trata de los posibles efectos positivos del entrenamiento en la detección de anomalías conductuales para los agentes de la ley.

El reconocimiento de indicadores relacionados con la verdad y la mentira puede ser una valiosa ayuda para los agentes de la ley, y la investigación ha proporcionado una gran fuente de información relativa a dichos indicadores. Una de ellas proviene del análisis de las palabras utilizadas en las tomas de declaración o los interrogatorios. Las mentiras contienen menos palabras y omisiones de información; son menos plausibles, estructuradas, y lógicas; son más internamente discrepantes y ambivalentes; contienen detalles recurrentes y carecen de marco contextual; e incluyen más descripciones de lo que no ocurrió. Otra fuente de indicadores proviene del análisis del comportamiento no verbal. Los indicadores de comportamiento no verbal se producen debido a que las emociones y cogniciones se expresan verbalmente y porque los pensamientos y sentimientos opuestos generados al mentir suelen filtrarse a pesar de los intentos de controlarlos. Los indicadores de comportamiento no verbal de la mentira comprenden cambios en el uso de ilustradores del habla y gestos emblemáticos; expresiones faciales de emoción y cognición, especialmente fuga emocional; cambios en el parpadeo, pausas, y tasas de habla; e intentos de controlar o regular las propias emociones. A pesar de la existencia de estas dos ricas fuentes de indicadores de la verdad y la mentira, no son fácilmente identificables. Pero para algunas profesiones, es crucial que las mentiras se detecten con mayor precisión que al azar; la aplicación de la ley es una de esas profesiones. Dado que no existen indicios de engaño, una cuestión fundamental es si los individuos en general, y los agentes de la ley en particular, pueden ser entrenados para mejorar su capacidad para detectar mentiras. Por lo tanto es importante formar a las personas en el reconocimiento de los indicadores verbales y no verbales de la verdad y la mentira conjuntamente puesto que suelen aparecer de forma simultánea. Se ha examinado si la formación tanto en indicadores verbales como no verbales de la verdad y la mentira tendría efectos positivos sobre la capacidad de los agentes de la ley para su detección. Los participantes del estudio son alumnos de la Academia Nacional del FBI.

Los análisis han generado varias conclusiones notables. Cuando los vídeos fueron analizados en su conjunto, hubo un aumento general de las tasas de precisión de alrededor del 10%, lo que corresponde con un tamaño del efecto bastante grande. Los efectos positivos del entrenamiento se repitieron cuando se analizaron los datos de los vídeos de individuos que decían la verdad y los vídeos de individuos que mentían por separado. Curiosamente el efecto del entrenamiento fue mayor con los vídeos en los que se mentía que con los vídeos en los que se decía la verdad, y limitado a vídeos de crímenes más que a vídeos de opiniones. No obstante, existen ciertas limitaciones en este estudio, tal vez la mayor es la falta de grupo control. Debido a esto, no se puede descartar por completo la posibilidad de que los alumnos hayan mejorado su capacidad de detectar mentiras simplemente asistiendo a un curso en la Academia Nacional del FBI, ni se puede deducir que los efectos dependan exclusivamente del contenido de ese curso en particular. Otra limitación podría ser el número relativamente pequeño de vídeos utilizados en los pre y post tests y su brevedad, y el hecho de que los alumnos fueran meros observadores de la interacción y no tuvieran la libertad de interrogar a los entrevistados ellos mismos. De este modo, los alumnos tuvieron que hacer juicios basados en la mínima información disponible. Otra posible limitación de los vídeos utilizados para evaluar la precisión en la detección de mentiras es el hecho de que representaban estudiantes de licenciatura y de postgrado y algunos miembros de la comunidad, mientras que los vídeos utilizados en la formación incluyen víctimas reales, sospechosos y testigos. No parece, sin embargo, que esto sea una limitación, ya que no hay evidencia que sugiera que las fugas verbales y no verbales sean específicas de la edad adulta, y no hay ninguna razón o evidencia que indique que la anomalías conductuales representadas en los vídeos sean diferentes a las generadas por las personas que aparecen en los vídeos de formación para las clases. Por otro lado, que la mejoría en la precisión de la detección de mentiras se produzca al combinar las técnicas de análisis de palabras y comportamiento no verbal puede parecer de sentido común dado que el entrenamiento en una estrategia u otra generalmente produce beneficios. Sin embargo, que cada técnica produzca efectos positivos por separado no significa necesariamente que lo hagan de forma combinada. Los alumnos que aprenden ambas técnicas por separado suelen sentirse abrumados por la cantidad de detalles a los que deben prestar atención, y es muy probable que la formación en ambas pueda haber producido demasiada sobrecarga de información de manera que su aplicación práctica no haya tenido éxito. Los resultados sugieren asimismo que la mejora en los índices de precisión observados en el estudio no es simplemente debida a los aumentos en el procesamiento activo de los estímulos. Algunos estudios han revelado que, debido al sesgo de verdad (tendencia a juzgar las declaraciones como verdaderas), el entrenamiento en detección de mentiras puede afectar a la precisión en la detección de mentiras pero no de verdades. No obstante, los resultados hallados no apoyan esta idea, ya que el entrenamiento produce un aumento en los índices de precisión tanto en los vídeos de individuos que dicen la verdad como en los vídeos de individuos que engañan. Lamentablemente, el diseño del estudio impide saber exactamente que elementos fundamentales de los cursos producen efectos positivos en la precisión de la detección de mentiras.

En consecuencia, el reconocimiento de anomalías conductuales en el comportamiento verbal y no verbal no sólo ayuda a los investigadores a detectar mentiras con mayor precisión; sino que también puede utilizarse como apoyo en las entrevistas e interrogatorios. No obstante, el reconocimiento de anomalías conductuales para evaluar la veracidad y detectar mentiras en entrevistas de investigación no es la panacea para resolver todos los casos. Normalmente las entrevistas e interrogatorios necesitan apoyarse en otras fuentes como declaraciones de testigos, pruebas forenses y otras evidencias. Aún así, los investigadores deben preparar y planificar las entrevistas e interrogatorios, y elaborar las preguntas y guiar la conversación cuando se detecten anomalías. Del mismo modo, los investigadores que han recibido formación en detección de mentiras deberían tener cuidado con los sesgos que puedan aparecer tras el entrenamiento. Así pues, la identificación de anomalías conductuales válidas indicadoras de verdad y mentira, tanto verbales como no verbales, puede ser de gran utilidad para cualquier investigador.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje No Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Arrepentimiento Verdadero y Arrepentimiento Simulado. Club Lenguaje No Verbal.

Arrepentimiento Verdadero y Arrepentimiento Simulado. Club Lenguaje No Verbal.

Arrepentimiento Verdadero y Arrepentimiento Simulado. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta vez les ofrecemos un resumen del artículo “Lágrimas de cocodrilo: Comportamientos faciales, verbales y corporales relacionados con el arrepentimiento verdadero y simulado”, de los autores Leanne ten Brinke y Stephen Porter de la Universidad de Columbia Británica (Canadá), que trata sobre la detección del engaño emocional en el arrepentimiento.

El engaño es un aspecto común de la interacción social humana. No obstante, las mentiras acompañadas de intensas emociones y manifestaciones emocionales falsas pueden tener graves consecuencias a nivel individual y social. Por ejemplo, en sentencias condenatorias o audiencias de libertad condicional, el arrepentimiento es un factor importante; la credibilidad percibida de la emoción de un acusado durante su testimonio determina las decisiones finales relativas a su futuro. Los sentimientos de culpa se producen sobre todo en situaciones en las que el acto deplorable era controlable por el transgresor. Aunque se ha sugerido que una sola expresión universal no representa arrepentimiento, ninguna investigación empírica hasta la fecha ha considerado analizar la combinación de expresiones emocionales universales asociadas a este estado de ánimo. Además, ningún estudio ha examinado las posibles diferencias de expresión emocional entre el arrepentimiento verdadero y el simulado. La teoría y la investigación plantean la existencia de varias señales de comportamiento asociados con el engaño. En teoría, las manifestaciones de un mentiroso y de quien dice la verdad deben variar debido a la elevada excitación, la carga cognitiva y el control conductual involucrados en la simulación de un relato o sentimientos. Mientras relata los hechos, el mentiroso debe controlar sus expresiones faciales (a veces tiene que ocultar o simular una emoción) y el lenguaje corporal. Esta necesaria “multitarea” debería reducir el nivel de control consciente que el mentiroso tiene sobre cada canal de comportamiento e incrementar la cantidad de “fugas” relativas a uno u otro(s), en función de a que le está dedicando su esfuerzo. Teniendo en cuenta que la cara es el foco principal en la interacción interpersonal, un mentiroso inteligente sería capaz de controlar su expresión facial. De esta manera, los individuos que engañan deben mantener su duplicidad simulando expresiones emocionales concurrentes con la mentira y eliminando la “fuga” de sus verdaderas emociones. Dada la compleja musculatura de la cara, y la pesada carga cognitiva relacionada con esta tarea, no es de extrañar que la expresión de emociones genuinas y simuladas pueda ser sensiblemente diferente. Por lo tanto, se puede deducir que las emociones relacionadas con el engaño podrían dar lugar a expresiones simuladas.

La evidencia empírica señala que puede ser importante atender a las señales verbales para detectar mentiras emocionales en las manifestaciones de arrepentimiento. La extensa bibliografía sobre el engaño revela que, los mentirosos tienen tendencia a hablar más lento y dar menos detalles. Son asimismo más propensos a dudar. Del mismo modo, los patrones lingüísticos pueden proporcionar indicadores de falso discurso. En concreto, los mentirosos tienden a utilizar menos pronombres en primera persona y referencias a otras personas. La bibliografía existente confirma que también existen asociaciones entre el lenguaje corporal y el engaño. El presente estudio investiga las posibles señales faciales, verbales y corporales de engaño en las manifestaciones de verdaderas transgresiones autobiográficas asociadas con el arrepentimiento verdadero y simulado. Se prevén diferencias en la presencia y duración de las expresiones emocionales que se producen cuando los participantes describen sus sentimientos de arrepentimiento genuinos frente a los simulados. La Hipótesis 1 plantea que se prevé que la tristeza domine las manifestaciones de sentimientos genuinas en comparación con las manifestaciones simuladas. Por otro lado, se prevé que las manifestaciones simuladas de emociones se caractericen por la presencia de expresiones emocionales discordantes, como felicidad o ira. Según la hipótesis 2, se prevé de manera similar que las verdaderas manifestaciones emocionales den lugar a largos estados de tristeza, mientras que las manifestaciones engañosas contendrían mayores estados de felicidad e ira. De acuerdo con la hipótesis 3, se prevé que las expresiones negativas (simuladas) estén más frecuentemente seguidas de expresiones positivas (fuga emocional) en el arrepentimiento simulado, en comparación con el verdadero arrepentimiento. La hipótesis 4 plantea la relación de los indicadores verbales con el arrepentimiento simulado. En la hipótesis 5 se analiza el lenguaje corporal como señal de arrepentimiento simulado.

Este estudio es probablemente el primero en investigar las señales conductuales en el arrepentimiento verdadero y simulado. Se esperaba que las manifestaciones emocionales difirieran en los niveles de credibilidad, especialmente cuando los participantes describían los sentimientos asociados a cada transgresión. Un hallazgo importante es que no existen diferencias significativas en la presencia de expresiones faciales emocionales universales entre el arrepentimiento verdadero y el simulado. Las manifestaciones emocionales de arrepentimiento simulado (por ejemplo: “Me sentí tan culpable”) contienen una mayor variedad de emociones, en relación con las manifestaciones genuinas. Las manifestaciones simuladas se relacionan normalmente con felicidad y sorpresa. Además, puesto que los relatos genuinos contienen menos emociones, la manifestación emocional del mentiroso puede también reflejar una estrategia de sobre-compensación, lo que da lugar a un comportamiento emocional melodramático por una transgresión pasada relativamente leve, no delictiva, que no justifica tal expresión. Dado que ambas experiencias descritas ocurrieron en realidad (es decir, todos los detalles del evento eran verdaderos) y que no se ejerció ningún control sobre la longitud o el contenido específico de los relatos de cada participante, es sorprendente que no se encuentren diferencias en la expresiones faciales emocionales al analizar toda la narración. Se examinaron asimismo las micro-expresiones como posibles señales de engaño emocional y las frecuencias relativas parecen indicar que pueden revelar el verdadero estado de ánimo. Las micro-expresiones generalmente indican tristeza en el arrepentimiento genuino e ira en el simulado. Mientras que la tristeza es un elemento del arrepentimiento, la ira normalmente es contraria a él. Por lo tanto, estas breves expresiones pueden revelar sentimientos encubiertos (y aparentes). El hallazgo de que las micro-expresiones (en general) son igualmente comunes en las expresiones genuinas y en las simuladas destaca la importancia de considerar la emoción expresada en su contexto en lugar de simplemente interpretar la presencia de una micro-expresión como señal de engaño. Además de la presencia de emociones expresadas, se ha descubierto asimismo que las secuencias de expresiones emocionales de arrepentimiento verdadero son diferentes de las del arrepentimiento simulado, pero únicamente en la parte inferior de la cara. Por el contrario, las expresiones negativas (tristeza) en el arrepentimiento simulado son seguidas normalmente por otras emociones, positivas y negativas. A pesar de no presentar diferencias significativas en el lenguaje corporal y las conductas verbales, los participantes muestran más vacilaciones del habla (por ejemplo: “eh, eh, eh”), cuando cuentan la historia relacionada con el arrepentimiento simulado en comparación con el verdadero relato de arrepentimiento. El aumento de vacilaciones del habla generalmente da lugar a un incremento de la complejidad cognitiva. Por otro lado, el contacto cara a cara con un infractor durante una audiencia de libertad condicional influye enormemente en las decisiones relativas a la liberación. Por lo tanto, la identificación de señales de comportamiento fiables que puedan diferenciar entre el arrepentimiento verdadero y el simulado podría tener considerables implicaciones prácticas. Los resultados actuales pueden ser de relevancia práctica para psicólogos forenses, para agentes de libertad condicional y para los que toman decisiones legales al evaluar la veracidad de las manifestaciones de arrepentimiento. A pesar de que es necesaria más investigación antes de que tales señales comporten factores agravantes o atenuantes en un juicio, los profesionales clínicos pueden encontrar esta investigación útil para detectar y enfrentarse a las “lágrimas de cocodrilo”, resultando probablemente en un tratamiento más justo y efectivo para los delincuentes. En general, se necesita más investigación para obtener una mayor comprensión de esta común y significativa emoción humana.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje No Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Linkedin y currículos inventados. Club Lenguaje No Verbal.

 

Linkedin y currículos inventados. Club Lenguaje No Verbal.

Linkedin y currículos inventados. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, esta vez les sugerimos un resumen del artículo “El efecto de Linkedin en Currículos engañosos”, de los autores Jamie Guillory y Jeffrey T. Hancock de la Universidad de Cornell (EE.UU.), que trata sobre el engaño en los currículos a través de Linkedin.

En el marco del engaño en la autopresentación, las mentiras para realzar son parte de un esfuerzo por gestionar la forma en que nos comunicamos con el mundo. Una consultora de RR.HH. reveló que el 43% de los currículos contienen imprecisiones significativas. Ser cogido en una mentira para ponerse en valor daña la reputación y conlleva un castigo social o material. En la era de los perfiles online, se han planteado nuevamente los factores que alientan o desalientan el engaño. Estos perfiles se han convertido en algo sorprendentemente común con las redes sociales. En ellas pueden encontrarse webs de orientación profesional, como Linkedin, donde la gente sube sus currículos online y establecen contactos con colegas y amigos. Aunque el entorno online puede facilitar el engaño, ciertos factores deberían limitar el engaño y fomentar la honestidad. Los perfiles de redes sociales hacen que las autopresentaciones estén públicamente disponibles y conectan individuos al perfil (colegas y supervisores) que pueden comprobar si es falso o no. Los investigadores, han demostrado la importancia de las relaciones sociales en el fomento de la honestidad entre los individuos. ¿Cómo afecta Linkedin a la tensión entre la motivación para el engaño en la autopresentación y la motivación para ser honesto, dado que el hecho de ser descubierto daña la reputación? El presente estudio examina cómo los currículos en Linkedin afectan a la frecuencia y al tipo de engaño que se produce.

La investigación sugiere que el engaño basado en la identidad ocurre en mayor medida en la comunicación mediada por ordenador que en la comunicación cara a cara. La razón principal de que el engaño digital sea más frecuente en la comunicación online se debe a que “la interacción basada en textos o las representaciones virtuales” no están físicamente conectadas a un individuo. Los objetivos de la autopresentación, sin embargo, son un común e importante motivador para el engaño sin importar el medio. La investigación demuestra que el querer parecer competente motiva el engaño. Cuando se trata de parecer competente, la motivación para mentir surge de la necesidad de impresionar a un público, como un posible empleador. Los perfiles de las redes sociales están diseñados para transmitir impresiones a una audiencia. Los fines de la autopresentación deberían conducir al engaño en perfiles de redes sociales, sobre todo en el caso de perfiles de Linkedin, que están diseñados para transmitir la competencia profesional. Cuando una persona crea un perfil de Linkedin, la web proporciona una configuración predeterminada para hacer público el perfil, generando un posible público al que el interlocutor deberá dar explicaciones por sus mentiras. La configuración pública debería aumentar la posibilidad de que un empleador descubra el engaño. En cambio, los currículos tradicionales, son confidenciales y no son ampliamente compartidos fuera de las entidades. Las muestras de información socialmente conectadas en éstos sitios deberían limitar el engaño, ya que ser detectado tiene graves consecuencias. Entonces, ¿Cómo afecta exactamente Linkedin al engaño? Existe una percepción generalizada de que el engaño está muy extendido en el entorno online. La investigación reciente, sin embargo, ha mostrado que la esencia del engaño (más que las señales no verbales) mejora la precisión en la detección del engaño. Así pues, el miedo a ser cogido en una mentira debería ser mayor al elaborar un currículo público. La primera hipótesis que se plantea es la siguiente: El engaño ocurrirá con menor frecuencia en perfiles públicos que en perfiles privados o currículos tradicionales. No obstante, no todas las mentiras son iguales. Una reacción más sutil ante la presión de crear un currículo público en Linkedin podría afectar asimismo al tipo de mentiras que se cuentan para llevar a cabo los objetivos de la autopresentación. Por lo tanto, se debe realizar el engaño estratégicamente, mintiendo sobre distintos tipos de información en función de la publicidad de las afirmaciones. Concretamente, al crear un currículo público se debería mentir menos sobre los empleos anteriores, ya que esta información puede comprobarse fácilmente. La segunda hipótesis que se plantea es: Los perfiles públicos contendrán menor engaño acerca de información verificable, pero mayor engaño sobre información no comprobable que los currículos tradicionales o los perfiles privados. En este caso, los participantes del estudio fueron asignados aleatoriamente a una de las tres condiciones de elaboración de currículos: tradicional en Word, u online en un perfil de Linkedin que podía ser privado o público.

El carácter público de Linkedin determina el engaño en los currículos de los participantes. Aunque la tasa de engaño no difirió entre los dos tipos de currículos, los participantes mentían de forma diferente dependiendo de si su autopresentación era un currículo tradicional o de Linkedin. Los participantes que crearon perfiles públicos de Linkedin mintieron menos acerca de la información verificable e incrementaron su atracción con consecuencias mínimas por mentir más acerca de la información no comprobable. Los participantes que elaboraron currículos tradicionales mintieron más sobre la información comprobable fundamental para el trabajo, probablemente porque existe menos riesgo de ser descubierto. Los que elaboraron un currículo tradicional cumplieron los objetivos de la autopresentación engañando acerca de la información verificable, y mintieron menos acerca de la información no comprobable. Por lo tanto, estos hallazgos son consistentes con las hipótesis, y tienen importantes implicaciones teóricas y prácticas. En primer lugar, estos datos son consistentes con la idea de que las motivaciones de la autopresentación conducen al engaño. En segundo lugar, los hallazgos indican que la aceptación de que en Internet existe mucho engaño no es necesariamente correcta. Los datos sobre los currículos de Linkedin reflejan tasas inferiores de engaño en comparación con anteriores trabajos en este campo. Además, los datos son una muestra del reciente debate sobre el predominio del engaño en la comunicación diaria, con algunas investigaciones que sugieren que la mayoría de las personas miente un poco cada día y otras que sugieren que sólo unas pocas personas mienten mucho. En el actual estudio, más del 90 % de los participantes mintió al menos una vez en su currículo. La investigación revela que la publicidad de la información afecta a la honestidad de una manera más compleja de lo que se suponía anteriormente. Los participantes valoraron la publicidad estratégicamente, adaptando sus mentiras en base a si otras personas podían comprobar online que la información era engañosa, lo que indica que la publicidad de la información no garantiza la honestidad. En consecuencia, el carácter público de las autopresentaciones online determina cómo usamos el engaño para lograr nuestros objetivos.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Los músculos de la cara revelan el engaño. Club Lenguaje No Verbal.

Los músculos faciales revelan el engaño. Club Lenguaje No Verbal.

Los músculos de la cara revelan el engaño. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, en esta ocasión les ofrecemos un resumen del artículo “Darwin el detective : contracciones observables de los músculos faciales revelan mentiras emocionales trascendentes” de los autores Leanne ten Brinke, Stephen Porter y Alysha Baker de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) que nos acerca una vez más al apasionante tema de la detección de mentiras.

Entre algunas de sus afirmaciones, Darwin (1872) argumentó que las expresiones emocionales se heredan, manifestaciones involuntarias de nuestro estado interior. Además, de todos los canales a través de los cuales las señales emocionales pueden expresarse, consideró el rostro como el principal. En promedio, las personas mienten dos veces al día; las razones más comunes incluyen el altruismo, el manejo de impresiones, o el beneficio personal del mentiroso. Tal engaño a menudo tiene éxito; los observadores son capaces de determinar si una persona dice la verdad o si una expresión facial particular es verdadera o falsa. Sin embargo, la poderosa motivación por parecer creíble, junto con la complejidad de crear y mantener una mentira consecuente, puede conducir a una mayor filtración de señales conductuales y a la probabilidad de detección en contextos determinantes. Darwin sugirió que algunos movimientos de los músculos faciales asociados con la emoción no pueden ser completamente inhibidos a pesar de los esfuerzos realizados por el poseedor de la emoción. Propuso además que el intento de contraer ciertos músculos faciales durante la simulación emocional sería un fracaso. En conjunto, estas proposiciones forman la hipótesis de la inhibición. Porter y ten Brinke (2008) revelaron que es más probable que ocurran filtraciones sutiles de emociones en las expresiones simuladas. Asimismo, un reciente estudio de seguimiento descubrió que la verdadera emoción es particularmente difícil de suprimir, y es más probable que se manifieste a través de la cara cuando es fuerte, en relación con estados emocionales más débiles. Dados los limitados recursos cognitivos existentes y la dificultad para realizar las múltiples tareas necesarias durante el engaño, se plantea que la filtración emocional ocurre probablemente cuando la mentira es compleja y/o relacionada con una emoción fuerte que se oculta o falsea. Concretamente, se prevé que los músculos faciales menos sometidos al control voluntario tenderán a fallar. Por lo tanto, serán los músculos faciales superiores los primeros en fallar durante el engaño emocional.

En el primer estudio que examina las señales faciales de engaño en la vida real, engaño emocional trascendente, se han analizado los comportamientos grabados en vídeo de una gran muestra internacional de individuos implorando públicamente el regreso de un familiar desaparecido, la mitad de los cuales se determinó más tarde habían asesinado al familiar antes del llamamiento público. Sin embargo, los resultados de este estudio no permitieron alcanzar conclusiones definitivas precisamente sobre qué músculos fallaron en los imploradores que mentían. El estudio actual investiga por primera vez los músculos faciales que son menos susceptibles al control voluntario durante el engaño emocional trascendente. Se analizó la activación muscular asociada con tristeza, felicidad y sorpresa (frontalis, corrugator supercilii, orbicularis oculi, zygomatic major, y depressor anguli oris) en los llamamientos en televisión por el regreso de un familiar, un nuevo paradigma en el estudio del engaño trascendente.

La expresión de las emociones a menudo se manipula conscientemente para facilitar el engaño y puede tener importantes consecuencias cuando no se detecta. A pesar de que a veces se logra el engaño emocional, las señales conductuales pueden desenmascarar la falsa cara en situaciones cognitivamente exigentes. La hipótesis de la inhibición de Darwin, junto con el conocimiento de la inervación facial y las limitaciones cognitivas, parece ser un conciso resumen de la conducta facial de engaño en este contexto. En particular, se previó que el “fallo muscular”de la frente, bajo un control cortical limitado, revela la falsa cara. De este modo, cuando los asesinos que mentían intentaron replicar los gestos faciales de tristeza de la parte superior, su activación del frontal fue con frecuencia exagerada. Los imploradores que mentían también eran más propensos a mostrar una activación del cigomático mayor que los imploradores verdaderamente afligidos. A diferencia de los asesinos embusteros, los imploradores auténticos mostraron una activación de los músculos asociados con la aflicción innata interculturalmente relacionados con la tristeza y sobre los que se planteó la hipótesis de que servían para algún beneficio funcional así como para facilitar la comunicación humana. Por otra parte, este hallazgo revela que los imploradores que mentían fueron incapaces de mantener la activación del músculo superior de la cara, supuestamente debido a su reducida conectividad cortical y a otros estímulos que limitan el control cognitivo sobre esta contracción. En resumen, la presencia de gestos faciales innatos relacionados con la tristeza es un indicador fiable de auténticos sentimientos de aflicción y sinceridad en llamamientos públicos. Por lo tanto, mientras que la cara no representa la “panacea” en la detección de mentiras, el análisis de los gestos faciales puede combinarse con otros indicadores de engaño para documentar las predicciones de credibilidad. Este estudio utilizó un nuevo paradigma para afrontar la falta de investigación sobre el engaño trascendente en la vida real, para apoyar el enfoque de la filtración emocional bajo una carga cognitiva. De hecho, estos hallazgos sostienen la idea de que el rostro humano está marcado por su propia historia y los intentos de ocultar las emociones en un acto engañoso probablemente fracasen.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Mentiras arriesgadas. Lenguaje no verbal y detección de mentiras. Club del Lenguaje no Verbal.

Mentiras arriesgadas en casos de desaparición de personas. Club del Lenguaje no Verbal

Mentiras arriesgadas. Club del Lenguaje no Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, en esta ocasión os ofrecemos un resumen del artículo “La identificación de las consecuencias de las mentiras arriesgadas en el comportamiento” de los autores Leanne Ten Brinke y Stephen Porter de la Universidad de Columbia Británica (Canadá) que nos acerca al sugerente tema de las mentiras arriesgadas en los casos de desaparición de personas.

El engaño ha evolucionando como un aspecto fundamental de la interacción social humana. Numerosos estudios han analizado las señales del engaño en el comportamiento, pero la mayoría se han desarrollado en un contexto de laboratorio. Sin embargo hasta la fecha, este es el estudio más amplio acerca de las consecuencias en el comportamiento de las mentiras arriesgadas, comparando manifestaciones reales sinceras por medio de tres canales de comunicación: discurso, lenguaje corporal y expresiones faciales emocionales. Para ello se ha utilizado una muestra de individuos que aparecieron en medios de comunicación suplicando por el retorno de un ser querido supuestamente desaparecido. Los intentos fallidos de simular la tristeza y la falta de felicidad revelan emociones encubiertas en los sujetos.

En el caso de las mentiras arriesgadas, los mentirosos se enfrentan a una tarea difícil, ya que el que engaña debe construir una historia coherente y detallada y comunicar la información falsa a través de la expresión facial, del habla, y del lenguaje corporal, de una manera que refuerce su aparente credibilidad. Las mentiras arriesgadas pueden ir acompañadas de fuertes emociones, miedo, remordimiento, rabia e incluso nerviosismo, que deben ser inhibidas o convincentemente fingidas. Pensemos en el marido que públicamente implora por el retorno de su esposa desaparecida que el mismo ha asesinado. Debe controlar su lenguaje corporal y enmascarar sus genuinas expresiones faciales emocionales mientras inventa una historia creíble y toma en cuenta las graves consecuencias de ser descubierto. Dada la dificultad de esta tarea, las señales “filtradas” del aumento de la carga cognitiva, la excitación emocional, la gestión del impacto, y el distanciamiento psicológico pueden revelar la dualidad del mentiroso.

La cara es un lienzo dinámico en el que los seres humanos expresan los estados emocionales y de la que se infieren los estados de los demás. Sin embargo, los humanos han evolucionando para alterar sus expresiones faciales y facilitar el engaño. Aunque los intentos de fingir o inhibir las expresiones emocionales a menudo tienen éxito, desde hace tiempo se sabe que al prestar atención a ciertos aspectos de la expresión facial tal dualidad puede verse comprometida.
Gracias a diversos estudios, se ha podido averiguar que algunos movimientos musculares faciales asociados con emociones fuertes están fuera del control voluntario y no pueden ser completamente inhibidos. Además, ciertos músculos faciales no pueden ser activados intencionalmente durante la simulación emocional. Un planteamiento relacionado es que las microexpresiones, expresiones de la cara completa que revelan las verdaderas emociones, y que pueden ser rápidamente reprimidas por un mentiroso, son una señal válida de engaño. Igualmente las expresiones involuntarias son generalmente sutiles y aparecen solamente en la parte superior o inferior de la cara (por ejemplo, una sonrisa de suficiencia cuando se está intentando parecer triste), y las “microexpresiones” son escasas.

La preparación de una mentira es una tarea mentalmente ardua, el asesino debe ocultar la verdad, tiene que preparar una coartada plausible y coherente con los hechos conocidos por la policía y evitar verse implicado en el crimen. Por el contrario, el que dice la verdad simplemente debe recordar lo que ha pasado. Además, generalmente los mentirosos tienen tendencia a controlar con más detenimiento su discurso, su lenguaje corporal, y sus expresiones faciales que quien dice la verdad, aumentando la demanda cognitiva asociada con la propuesta de una coartada falsa. Las manifestaciones conductuales que suponen una mayor cargar cognitiva conllevan un discurso lento, pausas más largas, y el aumento de las vacilaciones del habla (ej: eh, eh, eh), proporcionando al mentiroso más tiempo para construir un historia creíble. La dificultad de la tarea también puede llevar al aumento de errores en el discurso o a descuidar el lenguaje no verbal. Por lo que generalmente se asocia el engaño con un menor número de movimientos de la mano y del brazo que acompañan normalmente al discurso para ilustrar el contenido de la narrativa.

Los intentos de crear una distancia psicológica entre el mentiroso y la verdad, posiblemente en un esfuerzo inconsciente para aumentar la facilidad de engaño, pueden dar lugar a un uso característico de palabras en el engaño. Usando un software de lingüística informatizada, estudios de laboratorio han descubierto que los mentirosos tienden a usar menos pronombres en primera persona (para evitar aceptar la responsabilidad), más palabras sobre emociones negativas (revelando sentimientos de culpa), y más palabras imprecisas como “quizá” o “tal vez” (evitando el compromiso con la mentira). Dado que se presume que estas señales se producen de manera inconsciente, son menos susceptibles a la manipulación y por lo tanto también aparecen en mentirosos relativamente sofisticados (poblaciones penales) y en situaciones de la vida real.

En este estudio se examinaron vídeo grabaciones de conductas de una gran muestra de individuos que rogaban, emocionados, públicamente por el retorno de un familiar desaparecido. Con el fin de garantizar la validez interna del estudio, para determinar que un sujeto estaba engañando e incluirlo en la muestra, se exigían pruebas irrefutables de que estaba involucrado en el asesinato de la persona desaparecida. Aproximadamente en la mitad de los casos, el “reclamante” era culpable de haber asesinado al familiar antes del llamamiento público. La mentira crucial que cuentan estos asesinos mentirosos aparece durante el llamamiento directo en el que piden ayuda para encontrar a la persona desaparecida, sabiendo que nunca va a ser así. Durante los llamamientos, los indicadores de activación emocional de la conducta (discurso, lenguaje corporal y expresiones faciales emocionales), la carga cognitiva, el intento de controlar la conducta y la distancia psicológica fueron exhaustivamente codificados gracias a un software capaz de registrar señales de comportamiento y expresiones faciales emocionales de engaño (tocarse la cara, parpadear, rascarse, desviar la mirada, etc.). Durante el llamamiento, los asesinos mentirosos eran más propensos a expresar indignación que tristeza, al contrario que los “reclamantes” sinceros. Del mismo modo, los “reclamantes” que mentían usaban más palabras imprecisas para evitar (inconscientemente) el compromiso con sus palabras y distanciarse de la transgresión. Sin embargo, no se han podido evidenciar diferencias en los indicadores verbales de activación cognitiva, ni tampoco en las señales de lenguaje corporal, salvo en el momento en que el asesino hacia el llamamiento directo para solicitar ayuda en la búsqueda de la persona desaparecida.

El estudio de los indicadores analizados en este trabajo puede servir como guía para dirigir búsquedas o investigar desapariciones en las que se sospecha la implicación de un familiar. Se podría incluso formar a personal de seguridad para que fueran capaces de detectar este tipo de señales de engaño. Los resultados ofrecen de este modo un importante y novedoso avance en nuestra comprensión de la comunicación humana involuntaria.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

La sonrisa de Duchenne y la persuasión. Club del Lenguaje no Verbal.

La sonrisa de Duchenne y la persuasion. Club del Lenguaje no Verbal.

Sonrisa de Duchenne (imagen de la derecha). Club del Lenguaje no Verbal.

Apreciados suscriptores del Club del Lenguaje no Verbal, el artículo que hoy les ofrecemos estudia la sonrisa de Duchenne y la sorprendente relación de la misma con la persuasión. Dicho estudio se ha llevado a cabo por Sarah D. Gunnery de la Universidad Tufts  (EE.UU) y Judith A. Hall de la Universidad Noreste de Boston (EE.UU.). Las autoras investigan la persuasión como el resultado social de la capacidad de producir una sonrisa Duchenne deliberada dentro de una tarea de juego de roles. Los participantes en el presente estudio tenían que convencer a un experimentador de que les gustaba el sabor tanto de un zumo rico como el de otro de sabor desagradable, mientras eran grabados en vídeo. Los resultados mostraron la evidencia de que una mayoría considerable de personas puede producir deliberadamente una sonrisa de Duchenne y que las personas con esta habilidad resultan más persuasivas.

La sonrisa de Duchenne es una expresión que incluye la activación del músculo cigomático mayor que tira de las comisuras de los labios para formar una sonrisa, así como la activación de los músculos orbiculares de los ojos, que elevan las mejillas para crear las patas de gallo alrededor de los ojos, tal y como se aprecia en la imagen de la derecha de la actriz Julia Roberts, no ocurriendo ésto en la imagen de la izquierda. Hecho éste que nos permite inferir que la sonrisa de la izquierda es una sonrisa falsa, mientras que la de la derecha es una sonrisa auténtica o sonrisa de Duchenne.  Hasta hace poco, la sonrisa de Duchenne se había estudiado como una verdadera lectura de las emociones positivas. Si bien existen anteriores líneas de investigación acerca del comportamiento no verbal y las expresiones faciales, estas han sido en general utilizadas como señales sociales deliberadas; solo recientemente la sonrisa Duchenne se ha convertido en un tema teóricamente relevante. El objetivo del presente estudio era investigar la capacidad de cómo crear una sonrisa Duchenne deliberada, así como que el uso de dicha sonrisa en una interacción social estaba relacionado con la capacidad de una persona para persuadir a los demás.

Muchas investigaciones han reflejado cómo la gente percibe las sonrisas de Duchenne. En general, los resultados muestran que las sonrisas de Duchenne se perciben más positivamente que las sonrisas que carecen de este marcador. La lista de características positivas que se atribuyen a la gente que presenta Duchenne es bastante larga: generosa, extrovertida, competente y genuina, entre otras valoraciones. Las personas podrían beneficiarse ampliamente con esta expresión espontánea de placer que sólo puede producirse cuando alguien se siente realmente feliz.

Hay muchas situaciones sociales en las que uno puede elegir poner una sonrisa Duchenne deliberada con fines comunicativos prosociales o benignos. La gente puede ocultar su decepción o desagrado gracias a una sonrisa de Duchenne para no herir los sentimientos de otra persona o porque a pesar de que no se sienta realmente feliz, quiera comunicar que aprecia el favor que otra persona hizo por ella, por ejemplo. Poner deliberadamente una sonrisa de Duchenne no tiene que ser hecho para un beneficio personal, sino que también puede usarse para suavizar una interacción social o comunicar una información determinada. Por lo tanto, la expresión y su mensaje pueden ser auténticos y sinceros, pero no coincidentes con el estado afectivo de ese preciso momento. El engaño no es necesariamente la fuerza motivadora que subyace detrás de la utilización de una sonrisa Duchenne. Es probable que las personas capaces de poner deliberadamente una sonrisa Duchenne sean más capaces, a su vez, de encubrir un sentimiento negativo. En el presente estudio los participantes tenían que hacer creer a un experimentador que les gustaba el sabor tanto de un zumo agradable como el de otro desagradable y, también, que no les gustaba el sabor de ninguno de los dos mismos jugos, con el fin de persuadirle. La capacidad de los participantes para poner deliberadamente una sonrisa de Duchenne se puede correlacionar con el uso de esta sonrisa durante una tarea de persuasión, a pesar de que no se pueda deducir si es deliberada o espontánea. Aquellos que fueron capaces de producir la sonrisa de Duchenne deliberada durante la tarea del juego de roles resultaron ser más persuasivos en general, lo que indica que las personas que pueden producir sonrisas de Duchenne deliberadas emplean más el lenguaje no verbal y las habilidades sociales en su cotidianeidad.

Las personas que saben cómo producir la sonrisa deliberada Duchenne no necesariamente la eligen utilizar para un propósito engañoso, aunque esto resulte contrario a la hipótesis original de este trabajo. Hay, de hecho, una razón lógica para suponer que el poder hacer esta expresión deliberadamente es propio de una persona que puede utilizarlo en cualquier situación, dándose diferencias individuales en su voluntad de utilizarla con fines manipuladores. La capacidad de producir una sonrisa de Duchenne deliberada es una decisión individual. Algunas personas tienen esa capacidad y optan por usarla, pero otras no. Este es el primer estudio que muestra que las personas que pueden producir una sonrisa Duchenne son más persuasivas en contextos sociales distintos e indica que quienes gozan de esta habilidad reciben múltiples beneficios en sus interacciones sociales.

La sonrisa de Duchenne se sigue utilizando en trabajos científicos y de forma más visible en los medios de comunicación populares para describir una expresión de felicidad sentida como real. Se describe como auténtica, mientras que las sonrisas Duchenne no son auténticas; la persona quiere expresar felicidad, sea esta real o no. Las investigaciones futuras seguirán estudiando la conexión entre la sonrisa deliberada Duchenne, el uso de la sonrisa de Duchenne en situaciones sociales y cómo estos dos comportamientos diferentes pueden predecir resultados sociales positivos en diferentes contextos de persuasión. Esto nos permitirá poner a prueba los efectos del contexto afectivo sobre la relación entre la sonrisa deliberada Duchenne y la persuasión. Resulta necesario explorar cómo la sonrisa deliberada Duchenne afecta también a otros aspectos de la vida social, tales como, por ejemplo, los resultados de las citas y la salud.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Medición del prejuicio no verbal a través del lenguaje corporal. Club del Lenguaje no Verbal.

Medicion del prejuicio no verbal a traves del lenguaje corporal

Las respuestas no verbales ante los estereotipos. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados  suscriptores del Club del Lenguaje no Verbal, el artículo elaborado por Joshua D. Meadors y Carolyn B. Murray  de la Universidad de California (USA), que hoy nos place ofrecerles se centra en una de las grandes preocupaciones de la psicología social, los estereotipos.   Aunque diversas investigaciones han demostrado la existencia de prejuicios raciales a la hora de medir actitudes y conductas manifiestas, existen pocos análisis acerca de las señales no verbales, sutiles, que caractericen tales prejuicios. El presente estudio investiga el sesgo racial implícito mediante el análisis de los comportamientos no verbales de personas que visionaron un vídeo en el que aparecía un presunto delincuente, cuya identidad étnica estaba manipulada para ser negro o blanco. Los participantes parecían mucho más seguros al describir al sospechoso blanco que al describir al negro. Los participantes también mostraban una postura “abierta” al describir al sospechoso negro y una postura “cerrada” (por ejemplo, los brazos cruzados) al describir al blanco. Los resultados indican que los sesgos en las actitudes y las creencias pueden ser detectados y medidos de forma fiable a través del lenguaje corporal. Los resultados se discuten en términos de cómo los comportamientos no verbales pueden revelar formas más sutiles de prejuicios y diversos estados afectivos.

Aunque Estados Unidos tiene una historia marcada por el prejuicio y la discriminación, las personas suelen hablar contra el racismo y niegan tener una preferencia racial cuando se les pregunta directamente. La creencia de que vivimos en una era completamente libre de tales sesgos no es muy real. Los prejuicios, los estereotipos y el favoritismo del endogrupo se mantienen resistentes al cambio y es probable que persistan a través de generaciones. Por lo tanto, es plausible todavía la existencia de estos prejuicios convertidos poco a poco en tabú. La gente todavía practica los métodos más sutiles de discriminación. El presente estudio se centra en el comportamiento no verbal como medio de estos sesgos. Investigaciones en psicología han proporcionado muchas pruebas no verbales con respecto a los prejuicios raciales.

Este estudio tiene como objetivo la evaluación de los prejuicios raciales implícitos a través de calificaciones afectivas basadas en el lenguaje del cuerpo de los participantes, así como mediante el empleo de una taxonomía de las señales de comportamiento no verbal que tienen una base teórica establecida para su expresión y que se centra en los comportamientos sutiles que reflejan actitudes implícitas en un contexto cuajado de prejuicios y estereotipos.

Los científicos contemporáneos afirman que la comunicación no verbal influye en el establecimiento de los pensamientos y comportamientos que se consideran coherentes con las creencias culturales. Tales actitudes implícitas se forman a menudo influenciadas por amigos, familiares y otros conocidos del entorno del sujeto. La comunicación verbal tiende a jugar un papel cognitivo en las interacciones interpersonales, mientras que la comunicación no verbal juega un papel más afectivo, relacional o emocional. Por consiguiente, los comportamientos no verbales se han teorizado para transmitir una gran cantidad de información acerca de las emociones de un individuo como sus actitudes, motivaciones y rasgos de personalidad. Entre el contenido verbal y no verbal de un mensaje, la mayoría de las personas cree que el contenido no verbal refleja con mayor precisión los verdaderos sentimientos del comunicador, así como la intención de su mensaje. Es decir, el comportamiento no verbal parece ofrecer una representación más coherente con la personalidad que la conducta verbal explícita.

Muchas de las intervenciones diseñadas para reducir los prejuicios raciales y la discriminación fallan en gran parte porque el sesgo intergrupal es contagioso y se transmite de forma implícita (por ejemplo, de manera no verbal o por medio de micro-agresiones).

¿Exhiben los individuos sesgo racial a través de señales no verbales en su lenguaje corporal? Este efecto ha podido ser bien comprobado en las mujeres, pero sólo parcialmente en los hombres. Los codificadores muestran una postura significativamente más cerrada al describir al sospechoso blanco que al describir al sospechoso negro. Esta postura cerrada puede ser una respuesta no verbal que actúa de acuerdo con la incertidumbre y la ansiedad inducida por la presentación de un estereotipo determinado. La postura cerrada a menudo se puede interpretar como una reducción en la inmediatez entre el comunicador y el receptor. Otra evidencia sugiere que estos comportamientos están a menudo relacionados con la ansiedad, el estrés o la incomodidad.

Las diferencias de género, tales como la interacción entre la manipulación experimental (es decir, el origen étnico del sospechoso) y el sexo biológico del codificador, fueron apoyadas por los datos obtenidos, específicamente en las calificaciones de ansiedad e incertidumbre y en el comportamiento no verbal de la postura cerrada. Las mujeres fueron evaluadas como más ansiosas e inseguras que los hombres cuando el sospechoso era blanco, pero menos ansiosas e inseguras que los hombres cuando el sospechoso era negro. Las mujeres también cerraron su postura más que los hombres cuando el sospechoso era blanco, pero menos que los hombres cuando el sospechoso era negro. Los participantes tendieron a cerrar su postura al describir al sospechoso blanco, pero mostraron una postura abierta al describir al sospechoso negro. Hombres y mujeres pueden responder de manera diferente a los sospechosos de acuerdo con la forma en que fueron socializados para responder a este tipo de situaciones. Por otra parte, los estereotipos de criminales violentos y contra-estereotipos pueden provocar una ansiedad cualitativamente diferente en hombres y mujeres.

Los resultados del presente estudio implican que las actitudes más implícitas y las creencias (por ejemplo, los estereotipos) se pueden detectar de forma fiable a través de la comunicación no verbal y objetivamente ser medidas en comportamientos no verbales específicos (por ejemplo, a través del lenguaje corporal). Existen diferencias significativas entre muchos de los comportamientos al comparar muestras específicas (por ejemplo, entre hombres y mujeres y entre etnias). Las diferencias individuales y situacionales en muchas otras actitudes implícitas complejas y específicas podrían ser capturadas a través de medidas no verbales, especialmente a través de la tecnología y el software más sofisticados de los que se dispongan.

Los estudios futuros pueden optar por analizar las representaciones en series de tiempo, en frecuencias objetivas de comportamientos no verbales específicos y estados afectivos. Se han producido avances recientes en la tecnología que miden el tono vocal y el lenguaje corporal sin que afecte la subjetividad humana. Presumiblemente, la detección de actitudes implícitas más sutiles y complejas (por ejemplo, el sesgo no verbal) puede reducirse a conductas o gestos específicos. Los procedimientos tales como el sistema de acción del cuerpo y la postura de codificación podrían significar una más amplia taxonomía del lenguaje corporal y de posicionamiento, pero la expresión emocional es todavía necesaria para determinar los aspectos singulares del comportamiento que pueden cambiar en función de actitudes, situaciones y estados emocionales.

En el presente estudio solo se examina la relación entre un número determinado de comportamientos no verbales y estados afectivos, pero hay potencialmente un sinnúmero de relaciones entre dichas variables. Sin embargo, la tecnología de procesamiento de vídeo y un software que permita la codificación sensible en el tiempo se están convirtiendo en unas herramientas metodológicas populares que puedan utilizarse para examinar y cuantificar la relación entre actitudes implícitas y sus manifestaciones físicas con los resultados conductuales. Aunque el presente estudio considera específicamente la evidencia de prejuicios no verbales y discriminación, los mecanismos subyacentes en la comunicación, las diferencias culturales y los fenómenos relacionados se beneficiarán enormemente de una investigación continuada.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

¿Ventanas del alma? El contacto visual deliberado en la detección de mentiras. Club del Lenguaje no Verbal.

¿Ventanas del alma? Contacto visual deliberado como señal de engaño. Club del Lenguaje no Verbal.

¿Ventanas del alma? Contacto visual deliberado como señal de engaño. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores del Club del Lenguaje no Verbal, el artículo que esta vez presentamos rompe con el tópico de que cuando se miente no se mira a los ojos. Efectivamente, aunque la gente cree que las personas mentirosas evitan el contacto visual, recientes estudios  han demostrado que no existe una relación significativa entre la mirada y el engaño. En el presente experimento, llevado a cabo por Samantha Mann, Aldert Vrij, Sharon Leal, Lara Warmelink, Dave Forresterel, todos pertenecientes al Departamento de Psicología de la Universidad de Portsmouth (UK) y por  Pär Anders Granhag de la Universidad de Gotemburgo (Suecia), se midieron los movimientos oculares de una manera innovadora: se codificó la medida en que los entrevistados establecieron deliberadamente contacto visual con el entrevistador. Los mentirosos pretenden ser convincentes y, por lo tanto, son más propensos a supervisar al entrevistador para determinar si les ha creído. Por lo tanto, los mentirosos contactarán visualmente de manera deliberada con mayor asiduidad que los que dicen la verdad; esta certeza se opone a la creencia estereotipada de que los mentirosos miran habitualmente para otro lado. En esta experiencia, además de la variable contacto visual deliberado, se codificó la cantidad de tiempo que los entrevistados desviaron la mirada del entrevistador. Los mentirosos mostraron un contacto visual más deliberado que las personas que decían la verdad, mientras que la cantidad de desviación de la mirada no difirió entre ambos perfiles.

Los datos se obtuvieron tras un análisis efectuado sobre sujetos pertenecientes a 10 etnias, teniendo en cuenta dos formas diferentes de medir los movimientos oculares (desviación de la mirada y contacto visual deliberado) como variables dependientes. Participantes de Europa Occidental y de Asia Central mostraron relativamente poca desviación de la mirada, pero sus porcentajes se diferenciaron significativamente de los de los participantes de Europa del Este. Se ha comprobado en el pasado que en las interacciones cotidianas la raza blanca caucásica muestra menos desviación de la mirada que los negros afrocaribeños. Los participantes de Europa Occidental muestran menos desviación de la mirada (11,94% del tiempo) frente a los participantes de África Oriental (20,94%). Los mentirosos no exhibieron ni más ni menos desviación de la mirada que los que dijeron la verdad en general, teniendo en cuenta todas las razas a la hora de demostrar este extremo.

En el presente experimento se midió también si los participantes daban la impresión de haber establecido contacto visual deliberado con sus entrevistadores. Como se preveía, los mentirosos lo hicieron con más frecuencia que quienes decían la verdad. Además, se examinó el contacto visual mediante la medición de la cantidad de tiempo que los entrevistados apartaban la mirada del entrevistador y no se encontraron diferencias entre los mentirosos y los que decían la verdad. Como se pudo comprobar, las señales no verbales de engaño a menudo no se encuentran porque no se miden con suficiente precisión.

De todas formas, un único instante de contacto con los ojos no debe utilizarse para inferir el engaño. Lo que el presente trabajo muestra es que los mentirosos dan la impresión de hacer contacto visual más deliberadamente que quienes dicen la verdad. Aunque las diferencias culturales surgieron en la desviación de la mirada, no resultaron relevantes. Ni los participantes de Europa Occidental ni los de África Oriental mostraron excesiva desviación de la mirada. Los participantes fueron miembros de la población que dijo la verdad en general, pero que mintió en un entorno de su vida acerca de un evento concreto. Este experimento se diferencia de otros en que los participantes de éstos suelen ser estudiantes universitarios que hablan de temas que en realidad no están relacionados directamente con ellos, con lo que resulta poco concluyente.

El deseo de ser convincente y la inclinación a controlar a los entrevistadores pueden aumentar entre quienes dicen la verdad cuando los riesgos aumentan, lo que aportaría en esta ocasión un equilibrio entre quienes dicen la verdad y los mentirosos, dando lugar a resultados similares a los reportados en el presente experimento.

En otro experimento reciente, en el que se examinó el comportamiento de participantes sospechosos de delitos graves durante sus entrevistas con la policía, se encontraron patrones de contacto ocular similares a los de anteriores estudios, sin obtener diferencias en la longitud de la desviación de la mirada. La conclusión vuelve a ser que aumenta tanto el deseo de ser convincente como la inclinación a controlar a los entrevistadores más en las personas que dicen la verdad que en los mentirosos.

Otra deducción extraída a raíz de esta experiencia es que es probable que algunos mentirosos hubieran tenido ya una experiencia similar en el pasado y, por lo tanto, confiaran en ella a la hora de ser capaces de construir una mentira. Esto aumenta la validez del experimento, ya que este comportamiento es el que los mentirosos suelen reflejar en la vida real. Al contar sus mentiras, en lugar de fabricar una historia completa, hacen referencia concreta a un hecho específico que realmente han experimentado en el pasado.

El hallazgo de que el contacto visual deliberado proporciona una señal clara para diagnosticar un eventual engaño es un dato muy importante dentro de la investigación sobre el engaño no verbal. Un beneficio adicional de dicho indicio, por encima de otras señales de comportamiento, es que resulta fundamental que pueda codificarse de forma instantánea durante la entrevista, en tiempo real. Dentro de los propios sujetos se hallan herramientas de detección de gran potencial, que logran dominar y percibir las diferencias individuales en el comportamiento y en el lenguaje de las personas. Esto podría suponer uno de los aspectos más interesantes para ser examinado en futuras investigaciones.

Aunque este experimento se ha centrado en el contacto visual deliberado, y así ha quedado plasmado en este artículo, no significa que se recomiende, por ejemplo, que el personal de seguridad en los aeropuertos u otros profesionales se centre de forma única y exclusiva en ello. Los detectores de mentiras deberán fijarse en una variedad de señales mucho más amplia, así que el contacto visual deliberado debe ser incorporado, como una más, al elenco de herramientas predominantemente verbales de detección de mentiras, aunque señalando algunos matices. El contacto visual deliberado es una señal de que existe el engaño y que consigue delatar algunos perfiles mentirosos. Por el contrario, la gran mayoría de las señales verbales discriminan claramente entre quienes dicen la verdad y los mentirosos, tal y como se plantea en la investigación. La obtención de señales verbales depende en gran medida de la calidad y oportunidad de las preguntas que se hacen al sujeto, dentro de una óptima técnica de interrogatorio. Lograr en ello una alta calidad no es algo que surja de modo natural, sino que supone una habilidad especial que debe ser aprendida y practicada. Además, muchos protocolos de entrevista supuestamente eficientes sólo se pueden utilizar en entornos muy específicos. Este artículo subraya que el contacto visual deliberado resulta menos sensible que un buen protocolo de entrevista y que es un elemento que debe ser examinado, antes de aplicarse, teniendo en cuente cada situación y entorno de la investigación pertinente.

Club del Lenguaje no Verbal

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Confesiones inducidas por la policía: Factores de riesgo y recomendaciones para la detección de mentiras. Club del Lenguaje no Verbal.

Detección de mentiras en las confesiones inducidas por la policia. Club del Lenguaje no Verbal.

Detección de mentiras en las confesiones inducidas por la policia. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados amigos del Club del Lenguaje no Verbal, debido a la gran trascendencia del asunto nos satisface poder presentarles este interesante artículo en el que se nos detalla cuáles son los factores de riesgo más importantes para evitar las falsas confesiones inducidas por la policía. Este fascinante artículo se debe al profundo estudio y análisis tanto de la literatura existente hasta el momento actual, como de la casuística en relación a las confesiones inducidas por la policía realizada por el siguiente grupo de expertos: Saul M. Kassin de la Universidad de la Ciudad de Nueva York (USA), Steven A. Drizin de la Universidad de Chicago (USA), Thomas Grisso de la Universidad de Massachusetts (USA), Gisli H. Gudjonsson del Instituto de Psiquiatría de Londres (UK), Richard A. Leo de la Universidad de San Francisco (USA), Allison D. Redlich de la Universidad Estatal de Nueva York en Albany (USA).

Debido a las continuas exoneraciones de condenados que, siendo inocentes, confesaron haber cometido diferentes crímenes, se ha observado que dichos sujetos tenían unas características en común, como el hecho de ser muchos de ellos adolescentes, tener algún tipo de discapacidad intelectual o la presencia de ciertos rasgos de personalidad. Asimismo, las técnicas de interrogatorio más frecuentemente utilizadas en aquellos casos de confesiones falsas demostradas, tenían una mayor duración temporal y en las mismas estaban involucradas pruebas falsas presentadas por los agentes en el caso. Por ello, los autores del presente artículo nos recomiendan, por estas y otras muchas razones, la grabación electrónica como protocolo obligatorio en la puesta en marcha de los interrogatorios.

A día de hoy se estima que en entre el 15 y el 20 % de los casos en los que se ha exonerado al culpable, mediante una prueba de ADN, había existido una falsa confesión (Garrett, 2008; Scheck, Neufeld y Duyer, 2000). Sin embargo, debemos tener en cuenta que este porcentaje será mucho mayor ya que solamente conocemos la punta del iceberg del problema aquí presentado. Ésta, junto con la identificación errónea por parte de un testigo, son las causas más comunes de una condena injusta, como también lo son el defecto en evidencia forense, o el falso testimonio de informadores. Así, los estudios relativos a las confesiones falsas plantean que se remontan a los juicios de las brujas de Salem, uno de los primeros casos documentados.

En 1989, Gary Dotson fue la primera persona inocente, exculpada por ADN. Dos décadas después, ya son más de doscientas las personas que han sido exculpadas, algunas de ellas condenadas a pena de muerte. De todos estos casos, entre el 15 y el 20% son condenados a partir de una falsa confesión, inducida por la policía. Una confesión falsa es la admisión de un acto criminal, acompañado generalmente por una narración de cómo y por qué ocurrió el crimen, que el confesor no cometió. Se puede determinar que dicha confesión es falsa si posteriormente se determina que el crimen que se creía hecho, no existió, si la evidencia muestra que es físicamente imposible que sea culpable (por ejemplo, si se sitúa al autor a miles de kilómetros del lugar del suceso), si se detiene al verdadero autor no teniendo éste ninguna conexión con el falso confesor, o si la evidencia física nos revela que no es posible, a través de sangre, semen, saliva… etcétera.

Drizin y Leo (2004), analizaron más de 125 casos de falsa confesión probada entre los años 1971 y 2001. En el 93% de los casos se trataba de hombres. El 81% eran casos de asesinato, el 8% de violación y el 3% de incendios. De estos, el 74% se exoneraron al identificar al verdadero perpetrador, y en un 46% se descubrieron nuevas evidencias. De entre éstos, el 63% eran menores de 25 años y un 32% menores de 18 años. En un 22% de los casos, los falsos confesores tenían algún tipo de retraso mental y en un 10% una enfermedad mental diagnosticada. Con todo, en la actualidad, ninguna organización gubernamental o privada mantiene un registro de confesiones falsas, por lo que la información disponible no es completa.

La Corte Suprema de EEUU ha reconocido que la confesión es la evidencia más poderosa de culpa. Es por este motivo que, desde hace siglos, los agentes de la ley han abusado de su poder en la sala de interrogatorios, siendo conscientes de este hecho. A finales del S XIX hasta 1930, la policía de EEUU empleaba el llamado “tercer grado”, utilizando el dolor físico o mental con el objetivo de obtener confesiones y otro tipo de información de los sospechosos de un determinado crimen. Se englobaban aquí desde la violencia física, la tortura, el confinamiento, las amenazas… Desde 1930 hasta 1960 el uso del “tercer grado” ha disminuido considerablemente, siendo excepción y no regla. En estos años se amplió el uso del interrogatorio orientado psicológicamente mediante métodos de detección de mentiras y técnicas interrogativas psicológicas que ya empiezan a aparecer en los manuales. Sin embargo, los interrogatorios muchas veces se basan en una “corazonada” a través de una entrevista previa. Este hecho debe preocuparnos, ya que según diferentes estudios solamente el 54% de los agentes son capaces de distinguir la verdad del engaño, por intuición. El objetivo del interrogatorio es obtener declaraciones incriminatorias, admisiones y una confesión completa (Leo, 2008). Está diseñado para inducir al estrés mediante la sensación de aislamiento y aumentar la ansiedad del sospechoso así como la sensación de desesperación asociada con la negación de la confesión. Inban y colaboradores (2001) describen la técnica REID, recomendando el aislamiento inicial del sospechoso en una pequeña habitación privada (para aumentar la ansiedad y las ganas de escapar). A continuación, por un lado se le acusará con diferentes afirmaciones basadas en evidencia (real o ficticia) y por otro lado se le ofrecerá simpatía y justificación moral, ofreciendo la confesión como el medio más conveniente de escape. Kassin y McNall (1991) fueron los impulsores de estas técnicas de minimización y maximización. Se trataría de un factor de riesgo situacional, junto al tiempo del interrogatorio y la presentación de pruebas falsas. El tiempo medio del interrogatorio se sitúa entre los 30 minutos y las dos horas. Las falsas confesiones tienden a ocurrir después de largos periodos de tiempo. La estratagema de presentación de pruebas falsas, es una táctica controvertida usada ocasionalmente por la policía y no aprobada por todos los expertos, ya que está implicada en una gran mayoría de falsas confesiones.

Por otro lado, no debemos olvidar que diferentes estudios han dado como resultado que son los adolescentes y discapacitados quienes tienen más problemas en comprender sus derechos en el interrogatorio. Estaríamos aquí ante diferentes factores de riesgo disposicionales. Además de la edad del sospechoso (ser menor), englobaría el deterioro mental (enfermedad y/o retraso mental). El 44% de los menores exonerados y el 69% de los discapacitados fueron injustamente condenados por confesiones falsas.

Con todo, a pesar de contar con reglas, como la regla de corroboración y la regla de confiabilidad, los autores nos muestran su preocupación por las condiciones en las que hoy en día se realizan los interrogatorios. La principal recomendación realizada para evitar falsas confesiones, y por lo tanto falsas condenas, es el uso generalizado de la grabación digital de los interrogatorios, en todo caso, evitando así, la posible manipulación de las confesiones.

Traducción: Nahikari Sánchez

Edición: Belén Alcázar

Club del Lenguaje no Verbal, 2014

Construyendo el órgano de engaño. Lenguaje no verbal y detección de mentiras. Club del Lenguaje no Verbal.

Tecnica neurologica de deteccion de mentiras, Club Lenguaje no Verbal.

Tecnica neurologica de deteccion de mentiras. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, en esta ocasión os ofrecemos un extracto del artículo “Construyendo el órgano de engaño. La retórica de la resonancia magnética funcional (fMRI) y la huella digital del cerebro” de la autora Melissa Littlefield, de la Universidad de Illinois (Estados Unidos), en el cual se aborda el interesante ámbito de las neurociencias aplicadas a la detección de mentiras.

La resonancia magnética funcional (fMRI) y la electroencefalografía (EEG), basada en la tecnología de huellas digitales del cerebro, han sido aclamados en Estados Unidos de América como las mejores tecnologías de detección de mentiras, sobre todo tras los atentados terroristas del 9 de septiembre de 2001. En efecto, los resultados obtenidos por estas nuevas técnicas se consideran mucho mejores que el polígrafo, que medía cambios en el sistema nervioso autónomo, correlacionando con emociones como la ansiedad, el miedo o la culpa. Así, la huella digital cerebral se centra, solamente, en el cerebro, aumentando la subjetividad de la prueba.

El polígrafo se creó a principios del S XX y ha disfrutado de cierta popularidad en las diferentes agencias de los Estados Unidos de América. Sin embargo, tras los atentados de 2001, el gobierno de los Estados Unidos y tanto investigadores como científicos observaron la necesidad de detectar con más precisión y rapidez las diferentes amenazas a la seguridad nacional que se les planteaban. Con todo, esta tecnología, desarrollada en los años 90, se vio impulsada, debido a que permitía “desbloquear” el cerebro de terroristas sospechosos (Gammage, 2002; Shuman, 2002; Bowden, 2003, Cavouto, 2003).

La posibilidad de detección del engaño mediante el análisis del cerebro se realiza mediante el estudio de las diferentes conexiones cuantificables entre el cerebro (mente y biología) y el comportamiento humano. Las alteraciones en la hemodinámica del cerebro y de la actividad eléctrica representan los orígenes fisiológicos del engaño. Así, sobre la base del EEG, la huella digital del cerebro fue desarrollada y patentada por Lawrence Farwell, un psicólogo egresado de Harvard y uno de los muchos profesionales que trabajan en la aplicación del EEG en la detección de mentiras. La técnica de Farwell mide la actividad eléctrica del cerebro cuando un individuo se expone a un estímulo. Para ello se utiliza un casco provisto de una serie de electrodos y el sujeto debe centrarse en una pantalla donde aparecen ciertas imágenes, palabras y sonidos. En el momento del reconocimiento de alguno de estos elementos el sujeto deberá pulsar el botón SI, si no lo reconoce, el botón NO. Con todo, las respuestas conscientes no son necesarias para que la prueba funcione. La señal eléctrica utilizada es la P300, fuera del control consciente. La huella digital del cerebro produce un registro de reconocimiento del estímulo a través del catálogo de información almacenada en el cerebro del sujeto analizado.

Por otra parte, el BOLD-fMRI, mide los cambios en los niveles de oxigenación de la sangre. Si la actividad neuronal requiere oxígeno, las neuronas activas reciben más oxígeno de la sangre que las neuronas inactivas. Así, la mayor actividad neuronal hará aumentar la oxigenación de la sangre. Podemos observar que mediante el fMRI y la huella digital cerebral, lo que analizamos es la memoria, a huella digital dejada en el cerebro a través de estímulos determinados. Al determinar cualquier negación consciente de la memoria, se observa el engaño. Con el objetivo de realizar este estudio, se utiliza el GKT (Prueba Conocimiento Culpable) que se compone de tres elementos denominados estímulos sonda, estímulos objetivos y estímulos neutros. Los estímulos neutros son palabras e imágenes irrelevantes que ayudan a establecer la línea base desde la que poner a prueba las diferentes reacciones. La sonda es la información correspondiente al crimen que solamente es posible que conozca el autor de los hechos. Los objetos serán aquellas informaciones sobre el crimen que han podido estar expuestas en prensa. En este último caso será reconocido, pero no se tratara de autoinculpación. Así, utilizando el GKT solamente los involucrados en un determinado hecho delictivo tendrán reacciones cerebrales ante estímulos sonda.

Farwell compara el cerebro con un disco duro capaz de almacenar y recuperar información, por lo que la memoria de ciertos acontecimientos importantes (como puede ser la comisión de un delito grave) estará intacta mucho tiempo después de haber ocurrido los hechos. De esta manera, Laugleben y Farwell argumentan que la actividad eléctrica del cerebro y la hemodinámica, no pueden ser deliberadamente manipulados  por los sospechosos. Así, pueden contener la respiración, morderse la lengua, intentar frenar su ritmo cardíaco, pero ninguna de estas tácticas que si pueden desbaratar los resultados del polígrafo tendrá ningún efecto sobre las técnicas basadas en el cerebro.

¿Existen los expertos “naturales” en detectar mentiras? Club del Lenguaje no Verbal.

Lies-and-TruthEstimados miembros y lectores del Club del Lenguaje no Verbal. Les presentamos hoy un artículo que resume la interesante investigación llevada a cabo en la Universidad de  Winston-Salem por el científico Gary D. Bond. El autor no plantea inicialmente el animado debate existente entre Bond y Uysal (2007, Law and Human Behavior, 31, 109-115) y O’Sullivan (2007, Law and Human Behavior, 31, 117-123) referido a la existencia o no existencia de expertos en detección del engaño. Los profesionales que participan en las diferentes etapas del proceso judicial entienden que el engaño se produce, con frecuencia, en múltiples situaciones dentro de este contexto (Stro ¨ MWall y Granhag 2004). La investigación que les presentamos se realizó con presos, los cuales, informalmente, señalaron que los agentes de policía, abogados, funcionarios de prisiones, y otros prisioneros les mentían con bastante frecuencia. Por lo tanto, el contexto forense es un lugar único para estudiar el engaño y su detección a muchos niveles y desde múltiples perspectivas, siendo especialmente importante para el proceso judicial la detección de mentiras en los interrogatorios efectuados por los profesionales de este campo. Hay informes de que algunas personas, concretamente, profesionales encargados de hacer cumplir la ley, poseen una mayor precisión en la detección de engaño (Ekman y O’Sullivan 1991), y algunos incluso pueden ser designados como expertos o” magos” de detección debido a sus habilidades extraordinarias (O’Sullivan y Ekman 2004).

En la investigación se llevaron a cabo dos experimentos cuyos objetivos eran (a) la identificación de expertos en la detección del engaño mediante evaluaciones forenses, y (b) el estudio de su comportamiento de detección mediante el proceso del seguimiento del movimiento ocular.

En el Experimento 1, se presentaron a un grupo de estudiantes universitarios (122 estudiantes) y a 112 miembros de las fuerzas del orden estadounidenses (policías, funcionarios federales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), de la Oficina de Asuntos Indígenas (BIA), y de la Patrulla Fronteriza) las declaraciones grabadas en vídeo de delincuentes en libertad condicional que mentían y decían la verdad en cuatro condiciones: 1) en un interrogatorio en relación con un crimen simulado, 2) en preguntas acerca de su historial laboral en un entrevista de trabajo, 3) en sus relatos referidos a personas que tuvieron un impacto positivo o negativo en sus vidas, y 4)  en sus descripciones a vídeos que habían visto. Los resultados de este experimento mostraron que sólo 11 personas anotaron el 80% o más en la detección de la verdad y el engaño en los mensajes producidos por los delincuentes en libertad condicional. Estas personas se clasificaron como expertos, siendo todos ellos miembros del grupo de las fuerzas del orden.

En  el Experimento 2, participaron sólo 8 de los 11 personas que obtuvieron calificaciones superiores al 80% de precisión y 8 estudiantes que habían alcanzado tasas de precisión de al menos un 37,5%. En este experimento  se analizó el proceso de toma de decisiones de  detección de los participantes, su  precisión, tiempos de reacción, donde miraban en el momento de la decisión, y las señales de comportamiento  que utilizaron para tomar decisiones. Finalizado el experimento dos personas consiguieron superar la tasa del 80%, alcanzando una tasa de precisión del 90%. Estos expertos fueron dos mujeres de 28 y 30 años funcionarias de la Oficina de Asuntos Indígenas (BIA). Los expertos suelen rápidamente  integrar la información obtenida del comportamiento observado para llegar a una conclusión  de veracidad, porque se fijan de inmediato en estas pistas emitidas por el mentiroso (Charness et al. 2001). Por el contrario, los observadores menos experimentados requieren más información sensorial para alcanzar  una representación general de la escena observada  (Abernathy 1990). Efectivamente, los expertos fueron significativamente más rápidos que los estudiantes en la toma de decisiones, medida por el tiempo de reacción. También era importante distinguir la ubicación exacta  del área de la cara o del cuerpo en que el experto se fijaba en el momento preciso  en que emitía su juicio de ”Verdad” o ” Mentira”. Esta cuestión se examinó mediante  el análisis de seguimiento del movimiento ocular utilizando el visor de datos EyeLink II. Una de las dos expertas que alcanzaron una tasa de reconocimiento por encima del 80% miró más en el área de la cara, mientras que la otra se fijó en el área del brazo/torso a la hora de tomar su decisión.

Finalmente, para analizar las señales de comportamiento se pidió a los participantes decir en voz alta todo lo que pensaban mientras veían los vídeos de los delincuentes. Cada frase fue  transcrita y  codificada en (a) señales paralingüísticas  según su definición en la investigación de Kasl y Mahl (1965) y de DePaulo et al. (1982) (por ejemplo, repeticiones, pausas, frase incompletos), (b) señales verbales o del contenido del mensaje (por ejemplo., inconsistencias, contradicciones, verosimilitud), (c) señales no verbales, tales como los movimientos, la mirada, la expresión facial, la postura, etc. y (d) señales intuitivas que eran informes de los sentimientos, las reacciones viscerales y de los sentimientos instintivos. La comunicación de señales paralingüísticas y verbales fue superior en los estudiantes que en los expertos, respecto a las señales intuitivas no se encontraron diferencias, y dónde si se fijaron más los expertos fue en las señales no verbales, las cuales observaron para tomar decisiones rápidas y precisas.

Aunque los métodos, estímulos, y los criterios empleados para detectar expertos en esta investigación son diferentes de los utilizados por la investigación de O’Sullivan y Ekman (2004), los resultados de este estudio también parecen indicar que hay algunas personas que se pueden calificar como “expertos en detección de mentiras”.

“Forensic Phychology” de Stephen Porter. Club del Lenguaje no Verbal.

lenguaje_no_verbal_libroporterEl Club del Lenguaje no Verbal tiene el honor de presentaros la nueva publicación de nuestro amigo Stephen Porter quien, junto a su compañero Lawrence S. Wrightsman , ha escrito la segunda edición de “Forensic Phychology”. En el libro los autores estudian el comportamiento humano en el difícil terreno del crimen y su castigo y muestra cómo los psicólogos son un eslabón más de la cadena que completa el sistema judicial, actuando como perfiladores criminales y consultores forenses.

Aquellos que tuvistéis la oportunidad de asistir al Taller de Detección de Mentiras celebrado en Ávila el pasado otoño, pudistéis comprobar cómo el Dr. Porter mostraba cómo hay técnicas no verbales que juegan un papel importante en el ámbito de la psicología forense.

A quien os apasione este tema, desde aquí, os animamos a leerlo, impulsados por su rigurosidad científica y conocedores de la profesionalidad de nuestro amigo de la Universidad de British Columbia.

¿Me estás mintiendo? Aprender a detectar mentiras

El artículo que hoy os presentamos forma parte de un reciente estudio realizado por Hurley y M.G. Frank de la Universidad de Buffalo en E.E.U.U (2011) quienes investigaron la capacidad que tenemos de controlar  los músculos de la cara para ocultar una mentira.

El engaño es parte de la vida cotidiana. La mayoría de la gente miente a diario para sobrellevar  las interacciones sociales (DePaulo y Kashy 1998). La cortesía dicta que no debemos tratar de desenmascarar estas mentiras, ya que desembocaría en un malestar social que afectaría al funcionamiento normal de las relaciones (Goffman, 1963). Hay otro  tipo de mentiras que sí son importantes de detectar, éstas son menos habituales, y afectan a la seguridad pública. Los individuos peligrosos mienten en contextos y situaciones arriesgadas como es el caso de las investigaciones criminales, en zonas de control de aeropuertos, lucha contra el terrorismo, y así sucesivamente (Frank et al. 2007). La detección de estas mentiras ha adquirido especial importancia desde los acontecimientos terroristas del 11 de septiembre de 2001.

Después del 11 de septiembre, una serie de programas de televisión se dedicaron a representar la lucha de las fuerzas de seguridad contra la delincuencia y el terrorismo, en todos ellos se mostraban técnicas de investigación forense, entrevistas e interrogatorios, y detección de mentiras. Aunque estos programas se permitían ciertas licencias poéticas y eran en apariencia ficticios, muchas de las técnicas descritas se basaban en estrategias y en indicadores conductuales propias de los profesionales de este ámbito. Esta información se presentaba al público  de una forma tan apetecible que planteaba la posibilidad de que pudiera ser un medio de aprendizaje para individuos con malas intenciones. En el mundo de la seguridad, una persona que altera deliberadamente su conducta para engañar a un agente o personal de seguridad se dice que está utilizando contramedidas conductuales.

Las contramedidas conductuales son las estrategias que los mentirosos eligen deliberadamente para controlar el comportamiento de la cara o cuerpo y engañar así a los profesionales de la detección de mentiras. Hasta la fecha no se ha demostrado si los mentirosos pueden suprimir elementos de su expresión facial como una medida más. Este estudio examinó si los participantes podían reprimir las acciones faciales como el movimiento de las cejas o la sonrisa cuando estaban siendo sometidos a un examen realizado por un agente de seguridad. Los resultados derivados de las micro codificaciones momentáneas revelaron que las acciones faciales se pueden reducir, pero no eliminar, y que las instrucciones para suprimir un solo elemento de la expresión dio lugar a una reducción total del movimiento facial, independientemente de la veracidad.

En esta investigación se planteaba una cuestión ¿pueden los participantes suprimir deliberadamente elementos de su expresión facial, de igual manera que cuando utilizan contramedidas conductuales? Los resultados mostraron que la respuesta a esta pregunta es sí y no. Las instrucciones para suprimir voluntariamente un solo elemento de una expresión facial mostraron que efectivamente, los participantes redujeron significativamente la sonrisa, pero fueron menos efectivos en el control de la frente. Además, para la sonrisa, también se produjo una disminución significativa en la media de la intensidad de las expresiones mostradas, pero otra vez se repitió lo mismo para la frente. Sin embargo, estos hallazgos también muestran que los participantes no podían eliminar por completo estos movimientos en un periodo crítico durante un interrogatorio. Todos los participantes mostraron al menos una sonrisa en un período crítico durante el interrogatorio, a pesar de la instrucción recibida de suprimir esas sonrisas. De manera similar, casi todos los participantes mostraron al menos un movimiento de la frente a pesar otra vez de recibir instrucciones específicas de eliminar ese tipo de movimientos.

El control de los gestos faciales es menor que el que ejercemos sobre nuestro cuerpo como es el caso de los movimientos de las manos y los dedos (Caso et al. 2006). Sin embargo, a pesar de mostrar cierta habilidad en suprimir y ocultar ciertas acciones faciales, con el experimento se demostró que los participantes no eran capaces de eliminar completamente todas las acciones.

Hay que tener en cuenta estos resultados, ya que este es el primer estudio que examina contramedidas conductuales faciales, sin embargo los autores del estudio reconocen que el experimento se realizó en un contexto de laboratorio en el que las condiciones son muy diferentes a las que se encontrarían en la vida real por lo que instan a tener mucha precaución y no generalizar los resultados a escenarios del mundo real.

Aún así, y dado que en los programas de seguridad ciudadana se está destacando cada vez más la importancia del comportamiento no verbal como otro recurso para identificar a las personas con intenciones sospechosas (Frank et al. 2007), necesitamos urgentemente investigación adicional acerca de estos temas.

Formación en reconocimiento de microexpresiones

En esta ocasión os presentamos un artículo que, una vez más, trata sobre las microexpresiones, esas manifestaciones fugaces de emociones que tratamos de ocultar. Carolyn M. Hurley realizó un estudio en la Universidad de Buffalo en E.E.U.U a través del cual quería demostrar la efectividad de formarse en la detección de microexpresiones.

La capacidad para detectar microexpresiones es una habilidad importante para captar el verdadero estado emocional de una persona, sin embargo, estas breves expresiones son a menudo muy difíciles de captar. Este es el primer estudio que examina el efecto que tiene el entrenamiento, la exposición, la motivación y el refuerzo en la detección de microexpresiones. Se llevó a cabo un diseño de estudio con tres grupos de control, en el que se capacitó a 306 participantes en la detección de microexpresiones y luego se les evaluó a las 3 semanas y posteriormente a las 6 semanas. Esta formación mejoró el reconocimiento de microexpresiones pero se consiguió un éxito mucho más determinante cuando un instructor experto se encargó de la formación y empleó diferentes técnicas tales como la descripción, la práctica y la retroalimentación. La autora recomienda a partir de este estudio la formación en la captación de microexpresiones, puesto que se pueden utilizar en áreas tan diversas como la sanidad, los negocios, la seguridad y en contextos interculturales.

Si reflejáramos y expresáramos nuestras emociones cada vez que sentimos una, cada uno de nosotros sería un experto en percibir los sentimientos del otro. Sin embargo, las presiones que tenemos para ocultar o enmascarar los verdaderos sentimientos desembocan  en manifestaciones emocionales muy breves o fragmentadas (llamadas microexpresiones momentáneas, Haggard e Isaacs, 1966; o microexpresiones, Ekman y Friesen, 1969).  La vida cotidiana nos somete a muchas presiones para ocultar o enmascarar las propias emociones, como consecuencia de la cultura, el contexto, las reglas de cortesía, etc. (Ekman 1972). Aumentar nuestra capacidad para percibir e interpretar estas rápidas expresiones mejoraría nuestra habilidad en interacciones sociales porque nos permitiría  comprender mejor el verdadero estado de ánimo de las personas.

La capacidad de “interpretar” a los demás es ventajosa para todo el mundo sin duda, pero en particular para los médicos y los agentes de seguridad a quienes esta capacidad puede ayudarles a juzgar más acertadamente las intenciones sospechosas de los demás. Es importante identificar métodos efectivos de formación, especialmente en situaciones críticas en las que una mayor comprensión de las emociones puede mejorar sustancialmente la seguridad ciudadana y la calidad de vida.

Las emociones son respuestas automáticas que se desencadenan en una fracción de segundo por estímulos del medio ambiente que alteran nuestra atención y generan respuestas  biológicas, preparándonos para reaccionar. Las emociones son complejas e implican una serie de respuestas que afectan al tono muscular, la voz y actividad del sistema nervioso autónomo (Levenson 1994). Además de señales internas, las emociones también provocan señales externas tales como las expresiones faciales que proporcionan pistas de estos cambios internos.

Este estudio fue uno de los primeros en evaluar el uso de METT (Micro Expresion Training Tool), un programa de formación en microexpresiones que actualmente se utiliza en contextos sanitarios y de seguridad. Los hallazgos encontrados en esta investigación validan el uso de esta herramienta para mejorar la capacidad de detectar microexpresiones emocionales, sugieren que la formación persiste a las 6 semanas y aún más, proporcionan la mejor manera de implementar la formación. Sin embargo, se necesita seguir investigando para demostrar de manera concluyente su utilidad en la gran diversidad de situaciones que se dan en la vida diaria.

¿Sabes distinguir las sonrisas falsas de las verdaderas?

Estimados amigos, os dejamos con otro artículo especial para nosotros, por su contenido  y porque disponemos de él gracias al esfuerzo de nuestras compañeras y delegadas del Club del Lenguaje no Verbal en México, Ana Paula Díaz y Pilar Lozano.

Pudiera ser que no resulte tan sencillo diferenciar una sonrisa falsa de una auténtica a pesar de que la mayoría de nosotros confiamos bastante en nuestra propia habilidad para ello.

Una de las razones principales es la variedad de tipos de sonrisa que se han identificado. Para hacernos una ligera idea Paul Ekman (2001) reconoció 18 tipos de sonrisas, todas con un significado social diferente a la expresión espontánea de felicidad. Reducir la tensión, ocultar la expresión de otras emociones y manipular o engañar son solo algunas de las funciones que podemos desempeñar cuando sonreímos. Este mismo autor sugirió que puede haber alrededor de 50 tipos de sonrisa en total y que, además,  es una expresión facial que tienen todas las culturas a lo largo y ancho del planeta.

De aquí se plantea un reto para el perceptor: ser capaz de discriminar con exactitud entre los diferentes tipos de sonrisa con el objetivo de conocer el significado de una sonrisa en particular, que va a influir, a su vez, en la interacción social. Necesitamos ser sensibles a la diferencia entre las sonrisas que indican una experiencia emocional positiva de aquellas que sirven a otras funciones comunicativas. Imaginemos por un momento la importancia de las consecuencias que se pueden derivar si confundimos una sonrisa que pretende ocultar enfado, y la malinterpretamos como una expresión de alegría.

Cada vez más, un creciente cuerpo de investigación sugiere que existe información facial que revela el tipo de sonrisa. Duchenne (1862/1990) y más recientemente Ekman y colaboradores (1998) han informado de distinciones fisonómicas entre las sonrisas de disfrute y no disfrute. En las sonrisas genuinas además de los músculos que intervienen en el movimiento de las comisuras de los labios, también se activan otros músculos situados alrededor de los ojos que cuando se contraen generan arrugas. De esta manera, lo que vulgarmente conocemos como patas de gallo es un indicador de sonrisa verdadera.

Las psicólogas Lynden Miles y Lucy Johnston de la Universidad de Aberdeen y Canterbury respectivamente, conscientes del poder de la sonrisa en la interacción humana pusieron en marcha una investigación para dar a conocer precisamente la capacidad que tenemos para diferenciar una sonrisa auténtica de una deliberadamente fingida. Para ello 37 estudiantes de la universidad de Canterbury se ofrecieron como voluntarios para participar en dos experimentos, y se les mostró una serie de fotografías de las que tenían que juzgar si cada persona era feliz o no. Tenían que realizar un doble juicio por cada expresión facial, una vez juzgando la emoción mostrada y otra la emoción sentida.

Los resultados de esta investigación demuestran que los perceptores son sensibles al tipo de sonrisa y existe una evidencia clara de saber diferenciar las sonrisas falsas de las auténticas.  Aunque las autoras sugieren la importancia de seguir investigando para descubrir la información que usan los perceptores  para determinar el significado de una sonrisa.

El presente estudio ha demostrado que en líneas generales, podemos detectar el estado emocional de una persona sonriente, lo que es importante para garantizar unas relaciones sociales eficaces.

Por último, para aquellos que deseen comprobar su habilidad a la hora de reconocer sonrisas falsas, os dejamos el enlace de un test gratuito que figura en la pagina web de la BBC <hacer test>

Dime qué cara pones y te diré si mientes (II)

Hay dos fuentes principales por las que se escapan expresiones afectivas reprimidas: expresiones sutiles y micro expresiones. En las expresiones faciales sutiles la persona muestra fragmentos de una emoción oculta utilizando sólo una parte de la musculatura de la que normalmente se utilizaría en caso de que la emoción no se ocultase. Posiblemente, esto es debido a la existencia de un grupo de músculos faciales infalibles que son muy difíciles de controlar, especialmente aquellos que se sitúan alrededor de la frente y las cejas. De manera que estos músculos  no están  presentes en las expresiones emocionales fingidas, ni se pueden reprimir ni enmascarar, lo que proporciona valiosos indicios en la detección del engaño (Ekman y Friesen, 1975). Sin embargo, es importante tener en cuenta que no todas las expresiones contienen estos grupos de músculos infalibles (Ekman, 2001). Y por otra parte, hay personas que pueden manipular estos músculos. Otra forma de fuga de expresiones faciales de emociones reprimidas  son las micro-expresiones,  son expresiones faciales en las que se utilizan los grupos musculares completos pero que se producen sólo durante un breve instante, por lo general alrededor de una cuarta parte de un segundo (Ekman y Friesen, 1969; Frank y Ekman 1997). Tal es su brevedad que la mayoría de los observadores no las perciben, aunque su identificación se ​​puede mejorar con el entrenamiento y la práctica (Ekman y Friesen, 1974).

Debido a la dificultad que supone suprimir tanto las micro-expresiones como las expresiones sutiles, se han estudiado a fondo para proporcionar indicaciones valiosas para descubrir el engaño. De hecho, dos estudios han demostrado que los estudiantes universitarios y los profesionales que necesitan detectar mentiras, tienen una mayor capacidad de identificar las micro-expresiones y por tanto su precisión en la detección de engaño es mayor (Ekman y O’Sullivan, 1991; Frank y Ekman, 1997). Sin embargo, no hay estudios similares en cuanto a la identificación de las expresiones sutiles. Por lo que sería muy interesante  investigar si la habilidad para percibir expresiones sutiles se correlaciona a su vez con una precisión de la detección de engaño. Mientras que la identificación de micro-expresiones se basa en la percepción de una expresión emocional completa en un corto período de tiempo, la identificación de las expresiones sutiles requiere la extrapolación de una expresión emocional a partir de señales fragmentadas. Por lo tanto, en este estudio, se considera la hipótesis de que la habilidad en la identificación de las expresiones sutiles y micro-expresiones desembocaría en una precisión muy alta en la detección de la mentira.

Mientras que estudios previos (Kraut, 1980; Vrij 2000) han demostrado que los observadores no son nada precisos detectando la mentira, los resultados de este estudio mostraron una precisión media del 64%, pero sólo para la identificación de mentiras o verdades que implican respuestas emocionales a estímulos. En contraste, la tasa de precisión para los estímulos no emocionales fue significativamente peor que el azar.

Estos resultados sin duda apoyan la teoría en la que se afirma que se dejan escapar expresiones emocionales que son incongruentes con el mensaje verbal, lo que puede proporcionar indicaciones útiles para detectar la mentira. A pesar de comprobar que existe una diferencia entre la detección de la mentira emocional y aquella no emocional esta teoría tiene una aplicación sorprendente. En particular, tiene importantes implicaciones para el diseño de la investigación tradicional en la detección del engaño. Los resultados de este estudio sugieren un posible efecto moderador en el tipo e intensidad de la emoción para una mayor  precisión en detectar mentiras. Aún así, hay que reconocer que es necesario continuar investigando para comprobar el papel de las emociones y sus efectos diferenciales en la detección del engaño.

Las correlaciones significativas positivas entre la detección de la mentira emocional y el rendimiento en la SETT también apoyan resultados de investigaciones anteriores, que demostraron que los observadores que prestaban atención a las señales no verbales tenían una mayor precisión en la detección del engaño (DePaulo et al. 1983, 1988). Por lo tanto, parecería que la capacidad de leer emociones filtradas a través de expresiones sutiles se asocia con una precisión en la detección de mentira. Sin embargo, este hallazgo necesita ser revisado, dada la correlación negativa entre el rendimiento SETT y la detección de mentiras que no conllevan emociones. Parece ser que dependiendo del contexto, la identificación de las emociones a través de expresiones sutiles no siempre puede mejorar la detección del engaño. Esta propuesta tiene importantes implicaciones prácticas. Por ejemplo, la formación de los cuerpos de seguridad para identificar  expresiones sutiles no necesariamente aumentará su habilidad de detección y, de hecho, en determinadas circunstancias, su tasa de error podría en realidad aumentar.

En este estudio fue notable que los resultados obtenidos por los decodificadores detectando mentiras no emocionales estuvieron significativamente por debajo del azar. Una razón para estos malos resultados es simplemente la falta de señales emocionales observables. Pero cabe señalar otra explicación alternativa como que el pobre rendimiento de los decodificadores se produjo debido a una falsificación intencionada por parte de los codificadores. Podría decirse que, cuando el contenido emocional de los estímulos es bajo es mucho más fácil para los codificadores controlar y disimular su comportamiento no verbal, y por lo tanto inducir a error a los observadores. Otra posibilidad es que estos resultados pueden deberse a que los decodificadores malinterpretan un sentimiento negativo, debido al propio acto de mentir, en este caso relacionado en particular por el recelo a ser detectado y por la ansiedad que puedan sentir los codificadores.

A diferencia de estudios anteriores, el presente estudio no encontró una correlación significativa entre la capacidad de identificar micro-expresiones y la detección de la mentira (cf. Ekman y O’Sullivan, 1991; Frank y Ekman, 1997). Una posibilidad es que existe una falta de micro-expresiones visibles dentro del procedimiento utilizado para evaluar a los participantes. Por lo tanto, no sorprende que no haya correlación significativa entre la METT y la detección de mentiras no emocionales.

Esta disparidad entre los resultados para la SETT y la METT es obviamente un problema que será necesario abordar en futuras investigaciones. Como los codificadores saben que no hay consecuencias al mentir en este estudio, puede provocar que sus expresiones faciales no sean un reflejo fiel de la emoción. Por lo tanto, esto puede ser más similar para la SETT que para la METT, que muestra completamente (aunque breve) la emoción sin inhibiciones. Ciertamente, es necesario aclarar en futuras investigaciones la relación exacta entre la METT y la SETT. También sería útil investigar  los resultados aquí presentados para la METT y la SETT y comprobar si se repetirían con una muestra diferente. Sin embargo, los resultados de este estudio apoyan la creciente evidencia de que las personas que prestan más atención a las señales no verbales y las perciben con mayor precisión son también mejores detectores del engaño.

Un hallazgo notable fue la importante diferencia entre la detección de la mentira con emociones y sin emociones. En este estudio se comprueba que es necesario no confundir estas dos dimensiones de engaño y emotividad. Así, en general, los resultados de este estudio demuestran la importancia de tener en cuenta el tipo de mentira al evaluar las habilidades de los observadores.

La detección de mentiras es un proceso complejo, y los resultados de este estudio han demostrado que algunas de las generalizaciones de estudios previos eran erróneas y deberían someterse a un examen más exhaustivo. Sin embargo, se requiere más investigación de las habilidades no verbales que llevan a una mejor detección de la mentira, y de cómo se ven afectadas por el tipo de mentira sobre la que se está indagando. Estos avances no sólo deberían mejorar nuestra comprensión teórica, sino también mejorar nuestra capacidad práctica para formar a los profesionales en detectar mentiras puesto que es una de sus competencias más difíciles.

Dime qué cara pones y te diré si mientes (I)

Queridos amigos del Club del Lenguaje no Verbal, hoy os animamos a leer un interesante artículo acerca de cómo nuestras emociones nos pueden delatar a la hora de mentir. Además el contenido de esta investigación realizada en la Universidad de York (Reino Unido) está muy relacionada con el contenido del I Taller de Detección de Mentiras que tendremos el gusto de conocer en octubre. Así que muy especialmente aquellos que os habéis inscrito no dejéis de prestar atención a este estudio.

Los autores de esta investigación grabaron en vídeo a un grupo de participantes, Codificadores, dando descripciones verídicas o falsas de secuencias de video diseñadas para generar respuestas emotivas y otras enfocadas a no generarlas.  A otro grupo de participantes, Decodificadores (denominados así por su misión en desenmascarar la mentira) se les pidió que indicaran la veracidad de cada elemento,  qué señales tenían en cuenta para elaborar su juicios, y a continuación, debían completar tanto la herramienta de entrenamiento de Micro Expresiones METT (Micro Expression Training Tool) como la herramienta de entrenamiento de Expresiones Sutiles SETT (Subtel Expression Training Tool). Se descubrió que, aunque el rendimiento general de los Decodificadores para detectar quién mentía se debía al azar, el rendimiento para la detección de la mentira emocional estaba significativamente por encima del azar, mientras que para la detección de la mentira no emocional fue significativamente inferior a la suerte. La precisión en la detección de la mentira emocional también fue correlacionada positivamente con el uso de las expresiones faciales y con un rendimiento en la SETT, pero no en la METT. El estudio pone de relieve la importancia de tener en cuenta el tipo de mentira a la hora de evaluar la capacidad de la detección del engaño.

El engaño, ya sea por omisión o falsificación directa, es una parte fundamental de la interacción social humana (DePaulo et al., 2003). El engaño puede referirse a cualquier cosa sin importancia, se trataría de lo que coloquialmente llamamos “mentiras piadosas”, hasta situaciones en las que las consecuencias de la mentira son graves, especialmente aquellas en las que está implicada la justicia. Aunque muchas mentiras se descubren debido a la evidencia física o por la información de terceros (Park et al. 2002), a veces esto puede ser insuficiente o incluso inexistente. En tales contextos, las personas que se encargan de detectar la verdad (como los agentes de la ley) pueden verse obligados a depender de otras señales, tales como el comportamiento no verbal, como indicador de  verdad o falsedad de una declaración.

A pesar de que se cree lo contrario, investigaciones como las que realizaron Bond y DePaulo (2006) y Vrij (2006) indican que la precisión de la mayoría de las personas en la detección de mentiras es relativamente pobre. Sin embargo, a pesar de este dato las investigaciones también han identificado a personas que son especialmente buenas en esta tarea. Por ejemplo, Ekman y O’Sullivan (1991) encontraron que los agentes del servicio secreto alcanzaron un 64% de precisión, de manera similar, Ekman et al. (1999) encontró índices de precisión entre el 68% a 73% entre los grupos con un interés especial en la detección del engaño. Por lo tanto, aunque la mayoría de la gente muestra una precisión de detección de la mentira sólo moderadamente por encima del azar, parece ser que hay individuos expertos en este sentido. Al parecer, existen pistas conductuales para detectar mentiras, aunque la mayoría de los individuos no son particularmente buenos en su identificación.

Hay que señalar que no existe una señal infalible para detectar el engaño. La nariz de Pinocho, que crecía cada vez que  mentía, no es más que un bonito cuento infantil. Sin embargo, se han identificado una serie de posibles indicadores que dependen del contexto ( DePaulo et al 2003;. Vrij 2000;. Zuckerman et al 1981). En particular, se cree que hay señales no verbales indicadoras de engaño que surgen directamente de fuentes cognitivas y emocionales (Ekman, 2001). En lo que a la parte cognitiva se refiere, esto se atribuye al aumento de la carga cognitiva experimentada en la elaboración de una mentira ( Vrij et al. 2001), y en cuanto a la parte emocional, se trata de señales no verbales que la persona deja escapar involuntariamente en mentiras relacionadas con las emociones, tales como el miedo o la culpa, y que son incongruentes con la mentira que el impostor está tratando de hacer creer (Ekman, 2001; Ekman y Friesen 1969, 1974). Esto puede deberse a experiencias afectivas asociadas con el contenido de la mentira (por ejemplo, si la persona está mintiendo acerca de experiencias cargadas de emoción), o con emociones causadas por el acto de mentir en sí mismo (Ekman, 2001). Se cree que los fallos que puede cometer el impostor al mentir se producen a través de diferentes canales no verbales, sobre todo la expresión facial, los movimientos corporales o el tono de voz (Ekman et al., 1991).

La importancia de estos diferentes canales es objeto de debate.

Existe la hipótesis de que tanto el cuerpo (Ekman y Friesen 1969) como la voz (Scherer 1986) tienen la misma importancia que la expresión facial a la hora de detectar el engaño. De hecho, se ha afirmado que puede ser incluso mayor, tanto porque las personas cuando mienten tienden a prestar menos atención a controlar el cuerpo (Ekman y Friesen, 1969), como porque las señales vocales son más difíciles de controlar (Scherer, 1986). Sin embargo, los resultados de la investigación no parecen apoyar estas afirmaciones, que demuestran un movimiento corporal reducido (Ekman et al 1988;. Vrij 2000). Sin embargo, existe la evidencia científica de que las expresiones faciales son de gran importancia porque a través de éstas se escapan reacciones afectivas reprimidas. En concreto, hay estímulos que de forma automática activan expresiones faciales relacionadas con las emociones universales (Ekman y Friesen 1975; Ekman et al. 1983). Aunque aprendemos a una edad muy temprana a ocultar e inhibir estas expresiones faciales, de acuerdo a normas propias de nuestra cultura, podemos dejar escapar expresiones que por diversos motivos nos interesa esconder, a través de los llamados músculos faciales “infalibles” o de micro-expresiones. Por lo tanto, a pesar del enorme control que tenemos de la expresión facial, puede ser la mejor fuente de detección del engaño emocional (Ekman y Friesen, 1969). (continuará …)

Cómo parpadeamos al decir mentiras

Estimados amigos del Club del Lenguaje No Verbal, debido a las solicitudes de muchos de nuestros miembros, hoy os presentamos la versión extendida del artículo sobre la investigación de Sharon Leal y Aldert Vrij llevada a cabo en la Universidad de Porstmouth en el Reino Unido en la que se pretende demostrar que las personas, cuando mentimos, parpadeamos menos que cuando decimos la verdad. Hace unos meses subimos a nuestro blog un breve resumen de la investigación que ha suscitado un gran interés y demandas sobre una mayor explicación de este trabajo. A continuación os presentamos una versión ampliada del artículo.

En el estudio se puso a prueba la hipótesis en la que se afirma que cuando los mentirosos experimentan una demanda cognitiva, sus mentiras están asociadas con una disminución de parpadeo, seguido directamente por un aumento de parpadeo una vez que la mentira se ha contado. El método que se siguió para realizar la investigación fue estudiar el comportamiento de 13 personas que tenían que mentir y otras 13 que no mentían en un total de tres períodos. El período en el que tenían que mentir se denominó período crítico. Se grabaron los parpadeos de este grupo durante estos tres periodos. El patrón del comportamiento del parpadeo que se observó en las personas que mentían era notablemente diferente al patrón obtenido en quienes decían la verdad. Los primeros mostraban una disminución de parpadeo en el período crítico comparado con los otros dos períodos en los que se decía la verdad, en los que se observó un aumento considerable. Mientras que el grupo que solo decía la verdad, mostraba un aumento de parpadeo durante el período crítico en comparación con los otros períodos. Con estas observaciones realizadas la investigación presenta unas implicaciones para la detección de la mentira que se prestan a debate.

Con la investigación los autores han demostrado que el parpadeo disminuye cuando aumenta la demanda cognitiva (Bageley y Manelis 1979; Bauer et al. 1987; de Drew 1951; Goldstein et al. 1992, Holland y Tarlow 1972, 1975; Wallbott y Scherer, 1991). Por ejemplo, Holland y Tarlow (1972) se encontraron con que los participantes parpadeaban menos cuando tenían que memorizar un número de 8 dígitos en comparación con un número de 4 dígitos en un período de 70 s. La investigación sugiere además que durante las interrupciones de demanda cognitiva se produce una ráfaga de parpadeos (Holland y Tarlow 1972; Leal, 2005; Malmstrom et al. 1977; Stern et al. 1984). Por ejemplo, Holland y Tarlow (1972) instruyeron a los participantes en sumar los números que se les presentaban durante los ensayos con intervalos de 10 s. Para nueve ensayos el número a añadir en intervalos de 2, 4 y 6 fue cero (que facilita la tarea de sumar en estos intervalos). Para los otros nueve ensayos, ninguno de las cifras era cero. Los ensayos que contenían el número cero provocaban más parpadeo en los ojos que aquellos ensayos que no contenían cero, debido a un aumento de parpadeo durante los intervalos en los que el cero estaba presente.

Los autores consideran que estos resultados podrían ser relevantes para predecir el parpadeo de los ojos realizado durante y directamente después de mentir, y examinar este hecho en el presente experimento. A veces mentir es cognitivamente más exigente que decir la verdad (véase más adelante), y la mentira en estas situaciones daría lugar a una disminución de parpadeo. Una vez que se ha dicho la mentira, se produce una pausa de la demanda cognitiva, lo que desembocaría en un aumento de parpadeo.

Mentir puede ser más exigente cognitivamente hablando que decir la verdad (DePaulo et al 2003;. Zuckerman et al. 1981), y varios aspectos de la mentira contribuyen a este aumento de carga mental (Vrij 2004, 2008,. Vrij et al, 2006b, en prensa, 2008). En primer lugar porque la formulación de la propia mentira puede suponer en sí misma una tarea (Vrij 2008), de manera que hay que preparar una historia y controlar que la invención se la está creyendo  el observador. Además, los mentirosos deben recordar sus declaraciones anteriores, de modo que parezcan consistentes cuando vuelven a contar su historia, y saber qué contaron y a quién. También deben evitar cometer errores en el habla, y deben abstenerse de proporcionar nuevas pistas. En segundo lugar, los mentirosos son más propensos que aquellos que dicen la verdad a supervisar y controlar su comportamiento a fin de parecer creíbles (DePaulo y Kirkendol 1989). En tercer lugar, tienen que controlar las reacciones del entrevistador con más cuidado con el fin de evaluar si están mintiendo bien (Buller y Burgoon 1996; Schweitzer et al. 2002). Este control del entrevistador también supone carga cognitiva. En cuarto lugar, los mentirosos pueden estar preocupados por la tarea de recordarse a sí mismos su actuación (DePaulo et al. 2003), que requiere un esfuerzo cognitivo extra. En quinto lugar, tienen que ocultar la verdad mientras  están mintiendo, y esto también es cognitivamente exigente (Spence et al. 2001). Finalmente, mientras que la activación de la verdad a menudo ocurre automáticamente, activar una mentira es más intencional y deliberado, y por lo tanto requiere un esfuerzo mental (Gilbert, 1991; Walczyk et al. 2003, 2005).

Obviamente, mentir no siempre es más exigente cognitivamente que decir la verdad (McCornack 1997). Tal vez las razones anteriormente expuestas de por qué la mentira es más cognitivamente exigente puede darnos una idea de cuándo esto es así. Por ejemplo, mentir es probable que sea más exigente que decir la verdad sólo cuando los entrevistados tienen una motivación para hacerlo. Sólo en estas circunstancias se puede suponer que los mentirosos consideran que se va a poner en duda su credibilidad y por lo tanto serán más propensos a controlar su propio comportamiento y las reacciones del entrevistador. En segundo lugar, para que mentir sea cognitivamente más exigente que decir la verdad, los mentirosos deben ser capaces de recuperar su actividad sincera con facilidad y tener un recuerdo claro de ello. Sólo cuando aquellos que mienten conocen con claridad la verdad, les será será mucho más difícil evitarla. En el otro lado de la ecuación, los que dicen la verdad también necesitan tener fácil acceso a la verdad para que la tarea sea relativamente poco exigente. Si tienen que esforzarse mucho en recordar la situación (por ejemplo, porque no estaba muy clara o porque ocurrió hace mucho tiempo), se produce una fuerte demanda cognitiva que puede exceder las demandas cognitivas que los mentirosos necesitan para la invención de una historia.

En estudios experimentales los investigadores se aseguran de que los entrevistados están motivados (por lo general dando un premio para conseguir una impresión fiable) y que  el objetivo se consigue fácilmente (normalmente entrevistando a los sospechosos poco después de informarles sobre el objetivo), y el experimento no es una excepción a esto. Cuando se realizó este experimento, se descubrió que la mentira parece ser más exigente que decir la verdad en varios aspectos. Los participantes que han evaluado directamente su propia carga cognitiva manifiestan que la mentira es más exigente cognitivamente que decir la verdad. Esto ocurrió no sólo cuando eran necesarias respuestas más elaboradas (Granhag y Stro ¨ mwall 2002; Hartwig et al 2006.; Stro ¨ mwall et al. 2006; Vrij et al. 2001, 2006c; Vrij y Mann 2006; White y Burgoon 2001), sino también cuando eran suficientes respuestas cortas (Caso et al 2005;. Vrij et al 1996,. 2006c). En la investigación fMRI sobre el engaño, mentir y decir la verdad se diferencian sólo por el hecho de apretar el “botón” de la verdad o el “botón” de la mentira. Sin embargo, la actividad cerebral de los participantes revela que la mentira es más exigente cognitivamente que decir la verdad (Spence et al. 2004).

En el ámbito forense, podemos suponer que por lógica los entrevistados tienen una fuerte motivación para hacer creer que su coartada es real, pero no podemos asumir siempre que sean capaces de recuperar el objetivo fácilmente, ya que esto puede variar de un caso a otro. Los análisis de las entrevistas de la policía con la vida real de los sospechosos, sin embargo, sugieren que la mentira exige un esfuerzo mental extra que decir la verdad en el ámbito forense. En primer lugar, en los interrogatorios de policía, las mentiras estaban acompañadas por disminución del parpadeo, aumento de pausas, y disminución en los movimientos de manos y dedos, todo ello signos de carga cognitiva (Mann et al 2002;. Vrij y Mann, 2003). En segundo lugar, los oficiales que vieron los videos de las entrevistas a sospechosos aseguraron que los sospechosos parecían estar esforzándose más cuando mentían que cuando decían la verdad (Mann y Vrij 2006).

Los mentirosos, que hacen hasta una coartada en el periodo crítico, deberían experimentar más demanda cognitiva cuando lo recuerdan puesto que implica engaño que cuando recuerdan los otros períodos que implican verdad. Por lo tanto, los autores concluyen con este estudio que los mentirosos muestran menos parpadeo al recordar el periodo crítico que al recordar los otros periodos.  Además también se encontraron con que cuando esta demanda cognitiva alta cesa, es decir, inmediatamente después de mentir, se producen una ráfaga de parpadeos (que denominan el efecto compensatorio).

Este experimento demostró que, en situaciones en las que mentir requiere de demanda cognitiva, se asocia una disminución de parpadeo seguido por un efecto compensatorio: Un aumento de parpadeo de los ojos inmediatamente después de que se ha contado la mentira y ha cesado la demanda cognitiva. Son sorprendentes los diferentes patrones de parpadeo  que surgieron para los mentirosos y para los que dicen la verdad. Se ven raramente en la investigación del engaño diferencias tan notables en el comportamiento entre aquellos que mienten y los que no (DePaulo et al 2003;. Vrij 2008). Los mentirosos muestran una disminución en el parpadeo durante el engaño (es decir, el periodo crítico), en comparación con los períodos en los que decían la verdad y esto fue seguido por un aumento en el parpadeo en el período de transición cuando la mentira ya se ha contado (en comparación con el periodo crítico y el resto). Aquellos que decían la verdad mostraron un aumento de parpadeo durante el periodo crítico en comparación con los otros dos períodos que no fue seguido por un cambio en parpadeo justo después del período crítico. El aumento del parpadeo en las personas que decían la verdad no estaba previsto, pero tal vez podría explicarse en términos de ansiedad. Tal vez experimentaron más ansiedad durante el periodo crítico que durante el inicio del estudio, ya que podrían haberse dado cuenta que este periodo es el componente clave de la prueba en la que se evalúa su credibilidad. La ansiedad se asocia con un aumento en el parpadeo (Chiba 1985; Harrigan y O’Connell, 1996; Tecce 1992). Dado que el período crítico no está asociado con un aumento en la demanda cognitiva en aquellos que contaban la verdad, no hay ninguna razón teórica por la cual se produjera el efecto compensatorio en ellos, y, de hecho, no se produjo.

Aún está por verse si los detectores de mentiras, desconocido aún durante este estudio, interpretarán el parpadeo que muestran los que dicen la verdad y los que no. Se ha demostrado en investigaciones que los detectores suelen asociar un aumento de parpadeo asociado con el engaño (Stro ¨ mwall et al. 2004; Taylor y Hick 2007; Vrij et al. 2006a). Los hallazgos arrojados en esta investigación sugieren que harían (i) una incorrecta clasificación de quienes dicen la verdad como mentirosos y (ii) de forma incorrecta clasificarían mentirosos como todo lo contrario cuando se fían del parpadeo para detectar engaño en circunstancias en las que mentir requiere carga cognitiva.

Los escépticos pueden argumentar que se utilizó una situación en la que había poco que perder, y que las conclusiones de los autores acerca de que los mentirosos reducen el parpadeo cuando experimentan una carga cognitiva pueden no ser acertadas cuando conllevan consecuencias más importantes. Tal vez en situaciones donde hay mucho en juego, donde los resultados realmente importan a los mentirosos, la ansiedad que experimentan es muy alta y esto conlleva un aumento del parpadeo en el momento de mentir. La investigación de Mann et al. ‘S (2002), en la que se examinaron el parpadeo de los ojos a los sospechosos en interrogatorios de la policía cuando decían la verdad y cuando mentían durante las entrevistas, sugieren que los escépticos pueden estar equivocados. El estudio de Mann et al. ‘S tenía un componente de gran impacto, puesto que se estudiaba a sospechosos acusados de delitos graves como asesinato, violación, e incendios provocados. De nuevo, los sospechosos mostraron una disminución en el parpadeo cuando mentían. Se desconoce si esto fue seguido por un efecto compensatorio inmediatamente después de  mentir, ya que no se ha analizado.

Como consecuencia práctica de los resultados del estudio, los autores creen que los patrones de frecuencia de parpadeo se pueden controlar para ayudar a los profesionales que tienen que detectar a los mentirosos en identificar las partes de las declaraciones de los sospechosos que son indicativos de engaño, lo cual justifica un examen más detallado. Una de las ventajas de la tasa de control de parpadeo en lugar de otras medidas fisiológicas es que se puede hacer de una manera no intrusiva con una cámara a distancia que podría recoger el parpadeo de los ojos vigilando la oclusión de la retina (Stern, 2006, comunicación personal a Sharon Leal), lo que hace que sea aplicable a muchas situaciones.

Las observaciones que recogen los autores respecto a la mentira no sólo están relacionadas con el parpadeo. Por ejemplo, cuando Clinton declaró ante el Gran Jurado en el caso Mónica Lewinsky, se sentó muy quieto cuando respondió a las preguntas potencialmente incriminatorias sobre si ordenó o no a su secretario personal a ir a la casa de Lewinsky a recoger los regalos que le había hecho (Vrij 2002). Sin embargo, hizo una serie de movimientos sutiles cambiantes después de contestar estas preguntas.

Los autores esperan con este estudio que se estimule más la investigación sobre los comportamientos mostrados por los mentirosos, durante y directamente después de la mentira en situaciones en las que se experimenta carga cognitiva.

Detectar de mentiras en niños y adultos

Estimados amigos y miembros del Club del Lenguaje no Verbal. Hoy os presentamos una investigación llevada a cabo en la Universidad de California por Edelstein, Luten , Ekman y Goodman en la cual se pretendió comprobar si las personas adultas reconocen mejor las mentiras expresadas por niños que las mentiras expresadas por otros adultos.

En el ámbito forense, será de máxima importancia la capacidad y precisión de detectar mentiras que tengan policías, abogados, jueces o cualquier otra persona con responsabilidad en el esclarecimiento de la verdad. Un aspecto crucial será el estudio de la capacidad de detectar aquellas mentiras incluidas en el testimonio que un niño pueda realizar de un evento. Aun reconociendo esta importancia, pocos son los estudios realizados para determinar la precisión de los adultos para reconocer cuándo un niño está mintiendo.

Según Ekman, mentir es la falsificación deliberada de un hecho cuando el receptor no ha sido advertido de la intención de mentir del emisor, al contrario de otras formas de engaño en las cuales el receptor sabe explícita o implícitamente que podrían estar engañándoles (poker, ilusionismo, …). Los resultados de diferentes investigaciones indican que la capacidad y precisión de los adultos no entrenados en la detección de mentiras rara vez excede de lo que cabría esperar por azar. Estos resultados podrían reflejar la capacidad que tenemos las personas para ocultar los indicadores de engaño y/o nuestra escasa capacidad de detectar mentiras.

La investigación del desarrollo del niño sugiere que a medida que el niño crece, su comprensión del engaño le hace cada vez más capaz en la mentira. Por ejemplo, en un estudio reciente, estudiantes universitarios evaluaron la veracidad de 32 niños (edades 7-8 y 10-11 años). La capacidad global de los participantes para detectar las mentiras de los niños fue sólo ligeramente por encima del azar (59%), una tasa comparable a la encontrada en estudios sobre adultos. El estudio incluyó diferentes experimentos que indicaron que, a partir aproximadamente de 12 años de edad, los niños han adquirido competencias suficientes en el control de su comportamiento no verbal para ocultar los indicadores de la mentira.

Las conclusiones del estudio indican que la precisión en el acierto, en términos generales, fue igual a la concluida en otras investigaciones, es decir, al mismo nivel que el azar. Sin embargo, llamó poderosamente la atención que los adultos fueron más precisos detectando la mentira en niños que en otros adultos, sin embargo, fueron más precisos detectando la verdad en adultos que en niños. Según los autores, este hecho puede producirse motivado por un sesgo, de manera que tendamos a pensar que los adultos dicen más la verdad que los niños. En cualquier caso, los autores concluyen que es necesaria una mayor investigación para determinar los prejuicios existentes en la detección de mentira y su efecto sobre la precisión de la detección.

El Club del Lenguaje no Verbal ….crece

Estimados lectores y miembros del Club del Lenguaje no Verbal. Es para nosotros un placer comunicarles que nuestra organización, día a día, con mucho esfuerzo y una gran dosis de humildad, va creciendo. Queremos dar la bienvenida públicamente a nuestros nuevos compañeros de viaje, Gianna Virginia Tassara de la República del Perú, Ana Paula Díaz de la República de México, Elda Marzo de República Dominicana, y Lucio Guberman de la República Argentina, personas que con sus aportaciones enriquecerán nuestro Club y otorgarán una mayor cercanía a los miembros que, desde numerosos países, nos siguen. En la pestaña “quienes somos” de esta web tienen a su disposición sus datos de contacto.

 Por último, sólo comentarle que si está interesado en formar parte de nuestra organización como delegado del Club del Lenguaje no Verbal no dude en ponerse en contacto con nosotros en los datos que aparecen en   << contacto >>

Conocimiento social de la mentira y credibilidad.

Amparo Caballero, Flor Sánchez y Alberto Becerra de la Universidad Autónoma de Madrid, con el afán de conocer los procesos que facilitan la detección de la mentira, han realizado un estudio en el que buscan comprobar la incidencia del conocimiento social de mentira a la hora de juzgar algo como mentira o verdad.

Primero cuestionan la jerarquía de la información no verbal como el principal indicador conductual que delata a una persona que miente. Resultados de la investigación empírica han revelado que los juicios son más acertados cuando el emisor no es observado directamente, sino cuando los jueces escuchan y leen los mensajes, dando relevancia tanto al contenido verbal del mensaje como a la información que lo acompaña, dígase entonación, pausas, etc. Esto ha abierto el debate sobre el orden de relevancia entre el lenguaje verbal y lenguaje no verbal a la hora de detectar mentiras. Por otro lado señalan que conductas primordialmente de carácter no verbal como las alteraciones en el habla, lentitud al hablar, cambios en el tono de voz, entre otras, están asociadas de manera objetiva a la expresión de la mentira y por tanto son reconocidas como indicadores reales de mentira. Estos indicadores permitirían en teoría una detección precisa de la mentira, sin embargo los trabajos empíricos han mostrado que lo hacen con una precisión baja, que se aproxima a lo esperado por azar. Para ellos, la baja precisión en la detección se debe a errores en los juicios dando verdaderos como falsos y viceversa. La posible explicación a la aparición de estos errores es que los que desean detectar las mentiras, se dejan influenciar más por una serie de conductas que ellos subjetivamente consideran asociadas a la mentira, por ejemplo ocultar la mirada al interlocutor, tocarse alguna parte del cuerpo, juguetear con objetos o cambiar de posición, en lugar de tomar como referencia los indicadores reales de mentira. Así, estas conductas que para su juicio representan un indicador de mentira, en realidad no lo son y terminan convirtiéndose en indicadores subjetivos de mentira. ¿Y de dónde vienen estos indicadores subjetivos de mentira? Un razonamiento de esta investigación nos dice que si la gente se equivoca al formular juicios porque se dejan llevar por indicadores no verbales que ellos “creen” asociados a la mentira, es probable que existan algún tipo de “creencias” que forman parte de un conocimiento más general sobre la mentira. A lo que ellos llaman conocimiento social de mentira.

El estudio se llevó a cabo de la siguiente forma: se reclutaron 147 jueces estudiantes de psicología (116 mujeres y 31 varones). Cada juez fue expuesto a un conjunto de clips auditivos, sobre los cuales debían decidir si los mensajes que oían eran verdaderos o falsos. El estudio reveló que cuando la gente tiene que decidir sobre la credibilidad de personas desconocidas y sus mensajes incluyan información que pueda ser relacionada con el conocimiento social sobre la mentira, este conocimiento tiene clara influencia sobre los juicios. Otra conclusión es que las personas tienen organizado su conocimiento sobre la mentira en torno a dos criterios que se solapan: la situación social en que aparece la mentira, es decir, con quien, donde y cuando se produce la mentira; (ej: mentir en casa cuando se llega tarde) y el objetivo que cumple la mentira (ej: evitar una reprimenda de los padres). Así, por ejemplo, cuando alguien dice que ante la pregunta de un niño pequeño sobre si existen los reyes magos, emitir la respuesta de que sí existen, coincidiría con la respuesta típica en esas situaciones, lo que lleva a evaluar el mensaje como verdadero, que no está mintiendo. El estudio concluye con la hipótesis final de que el conocimiento social sobre la mentira influye más que cualquier otro tipo de información, ya sea verbal o no verbal, cuando se hacen juicios sobre la credibilidad de personas desconocidas.

Detección Indirecta del Engaño: Buscando el Cambio.

Estudios realizados (DePaulo & Bell, 1996; DePaulo & Kashy, 1998; Kashy & DePaulo, 1996) han demostrado que la gente durante el transcurso de sus actividades diarias miente en un 25% de sus interacciones con otros.

Esto prueba que es una conducta muy constante en la socialización del ser humano, sin embargo, ¿tú te crees capaz de detectar cuando alguien te está mintiendo? Si no te miran a los ojos, si su postura cambia, si se nota nervioso, o si se mueve mucho, pues esos son algunos de los estereotipos más populares para descifrar a quien está mintiendo, pero el que sean los más populares no quiere decir que sean los más certeros.

Estos estereotipos caen dentro de lo que Christian L. Hart (Texas Woman University), Derek G. Filmore (East Central University) y James D. Griffith (Shippensburg University), llaman detección directa del engaño, que para ellos no es tan efectiva a la hora de evidenciar mentiras ya que se basa en una identificación explícita de patrones concretos, la cual, diversos análisis bibliográficos han demostrado no ser tan precisa. En cambio, ellos proponen la detección indirecta de mentiras o del engaño, bajo la hipótesis de que observar simples cambios de conducta más allá de seguir algún patrón de conductas específico, es un método mucho más certero. Para ello han realizado un estudio donde se le pidió a 104 estudiantes universitarios de psicología (53 hombres y 51 mujeres) contrastar detección directa vs. detección indirecta en 20 entrevistas (10 hombres y 10 mujeres) grabadas en video.

A todos los entrevistados se les hacían las mismas cuatro preguntas, pidiéndole a la mitad de ellos que mintiera en su respuesta a la cuarta pregunta. Los estudiantes se dividieron en grupos y se les pidió a cada grupo por separado realizar una de dos instrucciones: a unos determinar si las personas en las entrevistas mentían o decían la verdad al contestar la cuarta pregunta, y a los otros grupos se les ordenó registrar si los entrevistados mostraban cambios en su conducta, en su lenguaje corporal o variaciones al hablar, al responder a la cuarta pregunta.

Los resultados de la investigación arrojaron que los grupos de detección indirecta, que se guiaban por registrar los cambios en conducta de los entrevistados, identificaron con mayor precisión quienes mentían en la cuarta pregunta, mientras que los grupos de detección directa, basados en determinar directamente quienes mentían y quienes no, obtuvieron una precisión muy cercana a la que se hubiera obtenido por mera probabilidad.

Esto apoya pues su hipótesis de que el observar simples cambios en la conducta de las personas que mienten, puede ser una estrategia mucho más productiva que buscar conductas específicas a la hora de detectar mentiras. Más allá de que existan conductas o patrones de conductas universales en las personas al mentir, lo que es evidente es que la gente que miente sí manifiesta ligeros o sutiles cambios de conducta, que en cada uno pueden ser únicos y/o diferentes. Para los investigadores, el hecho de que los participantes desconocieran el propósito de su experimento previno que ellos desviaran su atención hacia los clásicos estereotipos de detección, los cuales parecen más bien desorientar a la gente. En cambio el cuerpo creciente de evidencia sugiere que si la gente puede ser alejada de sus estrategias de detección estereotípicas de mentiras, puede entonces detectar pistas significativas e importantes sobre las conductas de los mentirosos, que de otra forma hubieran pasado desapercibidas. Finalmente proponen estudiar a futuro las diferentes variantes de detección indirecta que pudiera haber y dentro de entornos más reales para alcanzar una detección del engaño más precisa.

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Estimados amigos, debido a la acogida que tuvo el pasado año nuestro libro de recopilación de artículos publicados en el Club del Lenguaje no Verbal, este año volvemos a editar un ebook con la recopilación de todos nuestros post publicados durante el 2011. Puedes descargarlo en este link

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Un mundo de mentiras

Estimados amigos del Club del Lenguaje no Verbal, hoy nos hacemos eco de un artículo publicado por la Universidad de MacQuaire en Sidney en la cual analizaban los indicadores subjetivos de la mentira. Estos indicadores son elementos que creemos hacen las personas cuando mienten, indicadores comúnmente aceptados por la mayoría de la población pero que pueden corresponderse con indicadores reales o no.

¿Cómo te das cuenta cuando alguien está mintiendo?, esa es la pregunta que realizó el equipo de investigación “The Global Deception Research Team” en un estudio hecho en 75 países y con 43 idiomas diferentes. Lo que este equipo había notado es que los estereotipos más comunes en occidente sobre alguien al mentir no son los que los investigadores han encontrado como los más reveladores de engaño o mentira. Sin embargo el estudio realizado confirmó la existencia de estereotipos globales sobre las conductas que realizan las personas cuando mienten.

Esta investigación se desarrolló en dos partes, una respondiendo la pregunta abierta “¿Cómo te das cuenta cuando alguien está mintiendo?”  y la otra contestando un cuestionario sobre el hecho de mentir.

Algunas conclusiones interesantes que arrojó este estudio fueron que, en 51 de 58 países estudiados, el “desviar la mirada” fue el rasgo más respondido de todos y el que 43.90% de las personas respondió como primera opción. El 71.5% de los que respondieron cree que los que mienten desvían la mirada, el 65.2% cree que las personas que mienten cambian su postura más de lo usual, 64.8% cree que los mentirosos se  tocan y/o rascan repetidamente, y el 62.2% cree que los que cuentan historias más largas de lo normal también mienten.

En la primera parte del estudio, los sujeto de los Emiratos Árabes Unidos fueron menos proclives a mencionar la desviación de mirada como característica de alguien que miente, sin embargo en el cuestionario, el 65% mencionó que las personas tienen un menor contacto visual a la hora de mentir.

En general el estudio nos dice que “desviar la mirada”, es el estereotipo que más gente detecta como signo de que alguien está mintiendo, dado que 61 de 63 países participantes lo creen, sin embargo existen extensas investigaciones publicadas que demuestran que el hecho de “desviar la mirada” tiene muy poca asociación al hecho de mentir, ya que sucede de igual forma tanto en gente que dice la verdad como en quien no, entonces, si los estereotipos de alguien que miente no reflejan en realidad conducta de engaño, ¿cómo es que se tiene esa concepción de ellos?

Para eso, este equipo de investigadores ha propuesto una hipótesis muy interesante. Ellos explican que los estereotipos están diseñados para desalentar el hábito de mentir pero no para describir la conducta de quienes mienten. Según su hipótesis estos estereotipos tienen unos cimientos morales y encarnan una norma global: la gente que miente debe sentir vergüenza, por lo que deben mostrar signos de ocultamiento, pena y sumisión, y el desviar la mirada según sus resultados, es una interpretación universal asociada a la vergüenza.

Por ejemplo, los niños deben avergonzarse al mentir a sus padres, los mentirosos deben sentirse mal y ser atrapados. Los estereotipos capturan y promueven estos preceptos como vehículos de control social y así, estos estereotipos son pasados de generación en generación. Incluso señalan que el contacto visual se remonta hasta el momento en que somos bebés. El primer vehículo de interconexión entre madre e hijo se da mediante el contacto visual, por lo que el rompimiento de este contacto se convierte en la primera señal de desaprobación del niño. Para cuando los niños ya tienen 3 años, ya saben que los adultos reaccionan negativamente ante las conductas engañosas, por lo que terminan asociando el desviar la mirada con la mentira o engaño. Finalmente los autores expresan una visión distinta ya que les preocupa que, lejos de desalentar el hábito de mentir, estos estereotipos mas bien promueven dichas conductas engañosas, puesto que ignoran las habilidades de los mentirosos y predisponen a las personas para no detectar las mentiras por completo y por ende ser incapaces de castigarlas. Para los autores estas creencias tienen nobles sentimientos nobles pero terminan siendo contraproducentes. 

Cuatro oportunidades para la detección de mentiras en una entrevista.

“Ojos que no ven, corazón que no siente” o “el amor es ciego” son dos dichos populares que anuncian que la mayoría de las personas buscamos la felicidad, aunque sea a costa apartar la vista ante las evidencias. En 1969 Frijda enunció sus leyes emocionales. Entre ellas, se encuentra la ley de la realidad aparente, según la cual la intensidad emocional será mayor cuanto más real le parezca la situación al individuo. Este mecanismo psicológico tiende a desvirtuar la realidad haciéndola más asumible en términos de felicidad. Quizá sea este el motivo por el cual las personas somos tan ineficaces a la hora de detectar mentiras. Desde pequeños, preferimos no ver la realidad antes de asumir que nos están mintiendo. Este hecho hace que, cuando vamos madurando, seamos realmente “malos” detectando mentiras, aun cuando éstas estén delante de nuestras narices.

Un reciente artículo publicado en Psychology Today por Joe Navarro, hace mención a la investigación de 261 casos en los cuales se declaraba, a diferentes imputados, como inocentes a consecuencia de la aparición de pruebas irrefutables de ADN. En estos casos, investigados por diferentes cuerpos de seguridad estadounidenses, el 100% de los inspectores de policía se equivocaron.

Según el autor, esta situación se puede modificar actuando sobre el entorno y la formación como claves fundamentales a la hora mejorar la precisión en la detección de mentiras.  Sólo en un entorno donde el entrevistador domine la situación y tenga el control del tiempo podríamos hablar de posibilidad de éxito en la detección. El entrevistador, en este entorno, deberá ser el que dirija la conversación haciendo preguntas. Cuando se le otorgue al entrevistado la libertad total de expresar sus opiniones, la posibilidad de detectar una mentira será mucho menor. Sin embargo, cuando se le hagan preguntas en una secuencia adecuada y por parte de un entrevistador bien formado, se dispondrá de 4 elementos a través de los cuales detectar el engaño. Durante cualquier proceso de entrevista, especialmente en un entorno forense, hay básicamente cuatro oportunidades por pregunta, para evaluar si la persona está ocultando algo.

Primera oportunidad. Durante la enunciación de la pregunta.

A medida que el entrevistado escucha la pregunta se puede ver el comportamiento que indica que el individuo se bloquea, restringe sus movimientos o se ve afectado negativamente por la pregunta (labios apretados, retracción de la barbilla, etc), por el contrario podría comenzar a relajarse. Un buen entrevistador formula la pregunta y observa sin mostrar duda o sospecha. Una vez que se hace la pregunta, el entrevistador espera y observa. Ahora bien, para el culpable, no todas las palabras tendrán el mismo peso. Un asesino que utiliza un punzón va a reaccionar a esta palabra de manera diferente que si se le pregunta por un machete, un cuchillo o una pistola. Esas palabras no tendrán el mismo efecto emocional, porque sólo la palabra “punzón”, el arma del crimen, es una amenaza para él.

Segunda Oportunidad – Durante el procesamiento de la pregunta.

La segunda oportunidad para evaluar el engaño es cuando la persona entrevistada procesa la pregunta que acaba de oír. Algunas personas procesan muy rápidamente las preguntas, mientras que otros se toman su tiempo. No importa cuál sea la forma de procesar la pregunta, la clave será la variación respecto de su forma habitual de procesamiento, así como los efectos de la pregunta sobre el entrevistado (repetir la pregunta, cierre de tobillos, mirada fija hacia adelante, variación en la velocidad de parpadeo, …) Cambios en el comportamiento o la expresión facial implican cambios cognitivos o emocionales. La cuestión a plantearse por el entrevistador será la de averiguar el “por qué”.

Tercera oportunidad – Durante la respuesta

Cómo responde, su convicción, los titubeos, la voz firme, los movimientos de brazos de cierre o apertura, cerrar los puños ocultando los dedos, las palmas hacia arriba o hacia abajo, la posición de la barbilla, y los hombros subiendo hacia las orejas son elementos a observar. Si se comprueba un cambio de estado o intensidad emocional, estaremos ante una pregunta sobre la que profundizar.

Cuarta oportunidad. Después de la respuesta.

La cuarta oportunidad para evaluar el engaño será después de que haya respondido a la pregunta. En ese momento, un buen entrevistador va a esperar creando una pausa de aspecto natural, pero que será tensa para el entrevistado. Se podrá observar si hay alguna expiración de alivio, relajación en el comportamiento, movimientos en la silla, o respiración agitada. Después de una pregunta, el entrevistado, si cree que no le han detectado su engaño, desarrollará un comportamiento tendente a la relajación del estrés soportado al escuchar, procesar y responder a la pregunta (movimientos, exhalación con carrillos hinchados, exhalación prolongada, tocarse a uno mismo o auto-calmarse).
Evidentemente, al igual que el resto de autores que estudian, desde la seriedad, el ámbito de la detección de mentiras, Navarro plantea que estos elementos son tan sólo indicadores, meramente sugieren que hay problemas sobre los cuales habrá que profundizar. Puede que no haya indicadores concluyentes de engaño, pero hay cosas que podemos observar, tanto en lo que se dice, como en el lenguaje corporal del entrevistado.

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