Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Comunicación social (página 1 de 2)

Fingir ira en las negociaciones. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The consequences of faking anger in negotiations”, de los autores Stéphane Côté, Ivona Hideg y Gerben A. van Kleef, de la Universidad de Toronto (Canadá), que analizan la influencia de fingir ira en las negociaciones. 

En cualquier tipo de negociación, lo lógico es buscar ganar ventaja sobre el otro y no es raro que alguna vez se recurran a tácticas para ello. Por lo general, tendemos a pensar que si nos mostramos enfadados o perdemos los nervios seremos vistos como poco racionales por la otra persona y no querrá seguir la negociación. Pero, ¿y si además de poco elegante fuera efectivo?

Los investigadores de este estudio tenían la hipótesis de que, mientras que fingir enojo no tendría efectos positivos, la ira real podría ser de ayuda en una negociación. ¿Por qué? Porque si tu emoción es vista como falsa genera desconfianza, lo cual es muy poco conveniente en una negociación. Los investigadores describen la falsificación de la ira como una “actuación superficial”. Es decir, lo que haces cuando expresas externamente una emoción que no estás sintiendo realmente. Al parecer, cómo se ve nuestra cara cuando fingimos ira es totalmente diferente de cómo se ve cuando realmente estamos enfadados. Y si la otra persona lo sabe puede interpretar nuestros actos como “falsos, calculadores, deshonestos y oportunistas”. Por otro lado, la ira auténtica puede hacer que la oposición te vea como “difícil y poco transigente” y, por tanto, paradójicamente les hace ceder.

Los investigadores examinaron el impacto de la “ira superficial” frente a la cólera real (comunicada por los actores usando una estrategia de “acción profunda”) en un proceso de negociación. Los participantes fueron 140 estudiantes universitarios (66 hombres y 74 mujeres) con edades comprendidas entre 18 y 28 años. Fueron asignados al azar para ver una grabación de un hombre negociando una venta de autos con ellos. Había tres clips de vídeo, cuyas formas de hacer la oferta variaba: una presentación falsamente enojada, una presentación neutral o una presentación con ira real. Debían ver la grabación, decidir si aceptaban o rechazaban la oferta, y si rechazaban la oferta, debían hacer una contraoferta. Los investigadores fijaron la oferta de compra inicial para el coche en el valor de mercado más bajo, de modo que una proporción alta de los estudiantes buscara hacer contraoferta.

Como resultado encontraron que, cuando se fingía ira en un proceso de negociación, era probable que el otro le impusiera demandas particularmente altas, se mostrara relativamente insatisfecho y tuviera poco interés en trabajar con de nuevo con esa persona debido a la desconfianza que había generado. De hecho, las mayores contraofertas fueron realizadas a negociadores que fingían la ira; en segundo lugar, a los negociadores neutrales, y las más bajas a los que estaban furiosos de verdad. Según los participantes, no había diferencia en cómo percibían los dos tipos de ira, los veían igual de intensos. Sin embargo, desconfiaban más del que fingía enfado y le imponían demandas más altas, mientras que al enojado de verdad le veían como un negociador más duro y le hacían contraofertas más bajas.

Por tanto, los investigadores concluyen que fingir ira no es lo mejor para una negociación. Y, si bien un enfado real pueda traer algún beneficio, la emoción no sería auténtica si la estamos manipulando para nuestro beneficio. Así que quizás lo más recomendable sea mostrarse cortés y neutral y no ser deshonesto.

Pídelo cara a cara: eres menos persuasivo tras el ordenador. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Ask in person: You’re less persuasive than you think over email”, de los autores M. Mahdi Roghanizad, de la Universidad de Waterloo (Canadá), y Vanessa K. Bohns, de la Universidad de Cornell (Estados Unidos), que estudian los componentes no verbales de la persuasión cara a cara. 

Cada día es más habitual el uso del correo electrónico o del WhatsApp para comunicarnos. Dedicamos más tiempo a nuestros amigos por las redes sociales que para tomar un café. Y es que la comunicación está evolucionando junto con la tecnología a la inmediatez y la comodidad por encima de su factor más personal.

Tanto es así que no es raro que en las empresas haya algún tipo de mensajería interna para que no tengamos que levantarnos del asiento para pedir algo a un compañero, ni siquiera que levantar el teléfono para darle un toque más humano. Y es que la mensajería es más rápida que ir por el pasillo a otro despacho o incluso que el ascensor a otra planta. Pero, ¿realmente puede sustituir al cara a cara?

Estos investigadores plantearon la hipótesis de que hay un efecto que llamaron “la subestimación del efecto de cumplimiento”. En otras palabras, que somos más persuasivos cara a cara debido a los elementos no verbales que acompañan a ese tipo de interacción. Para probar esto se llevaron a cabo dos experimentos.

En el primer experimento, participaron 45 estudiantes universitarios cuya tarea era pedir a 10 desconocidos que rellenaran una breve encuesta de personalidad. La mitad de los solicitantes debían hacerlo “cara a cara”, acercándose a 10 estudiantes desconocidos en un campus universitario, mientras que los otros participantes debían obtener las encuestas por correos electrónicos que enviarían a extraños elegidos fuera del directorio de la universidad. En ambas condiciones, los solicitantes utilizaron el mismo discurso para realizar la solicitud y, antes de que comenzaran, se le preguntó a los solicitantes cuántas personas pensaban que podrían llegar a completar la encuesta.

Los resultados confirmaron la hipótesis de los investigadores: aquellos en la condición cara a cara subestimaron sus poderes de persuasión, mientras que los que estaban en la condición de correo electrónico sobreestimaron su tasa de éxito. Ambos grupos pensaron que podrían convencer alrededor de 5 de las 10 personas. Sin embargo, mientras que los participantes de correo electrónico convencieron tan sólo al 10% de las personas para realizar su petición, las solicitudes cara a cara de un extraño obtuvo una tasa de éxito del 70%.

En un segundo estudio, 60 participantes fueron nuevamente asignados al azar a las condiciones cara a cara o correo electrónico. Esta vez, los participantes se acercaron a desconocidos que ya habían acordado completar un cuestionario por 1 dólar. Esta vez, su tarea consistía en convencer a los extraños de completar una tarea adicional de forma gratuita. Una vez más, antes de hacer sus peticiones, a los participantes se les preguntó cuántas personas de cada 7 pensaban que estarían de acuerdo en realizar la segunda tarea. Una vez más, los participantes en la condición cara a cara lograron persuadir a mucha más gente.

En conclusión, tendemos a creer que somos mucho más persuasivos de lo que somos en realidad hablando por correo electrónico (y quizás también en otras plataformas exentas del cara a cara). Una de las razones por las que las solicitudes cara a cara son mucho más efectivas es que las personas se sienten más incómodas al decir “no” en persona. De hecho, según los autores es 34 veces más efectivo. Así que, aunque también pueda ser incómodo pedir algo cara a cara, desde luego vale la pena si se prima la efectividad sobre el apuro.

Dime con quién hablas y te diré qué tono usas. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Perceived differences in social status between speaker and listener affect the speaker’s vocal characteristics’”, de los autores Juan David León Gómez, Viktoria R. Mileva, Anthony C. Little y S. Craig Roberts, de la Universidad de Stirling (Reino Unido), que analizan las diferencias en el tono de voz respecto a la dominancia o el prestigio de nuestro interlocutor. 

No es ninguna novedad que no nos comportamos de la misma manera con nuestros amigos que con nuestros padres, del mismo modo que tampoco en el trabajo o en un bar. Sabemos modular perfectamente nuestro comportamiento y eso atañe a todo tipo de conductas, incluido el tono de voz.

Existen evidencias de que la voz de una persona varía según con quién hablamos. Dado que sabemos que el tono de voz es una forma de comunicación no verbal también, en este estudio se aborda cómo variamos nuestro tono de voz en función de si percibimos a nuestro interlocutor como una persona dominante, prestigiosa o de forma neutra.

Los participantes fueron 24 hombres y 24 mujeres, con una edad promedio de 20 años. Se les dijo que llevarían a cabo una entrevista de trabajo simulada que no requería la presencia física del entrevistador. En lugar de ello se les mostraba una de las tres fotos (dominante, prestigioso o neutro), que habían sido valoradas por otros participantes en un estudio previo en esas categorías. Por tanto, los participantes veían la fotografía junto a una ficha falsa que incluía nombre, empleo y testimonio de sus empleados, pero en todos los casos hablaban con uno de los experimentadores; lo que significa que los cambios que encontrarían en el registro de voz se debería a la información facilitada sobre el supuesto entrevistador.

Los resultados mostraron que los participantes cambiaban su tono de voz (junto a otras características vocales) en respuesta al supuesto estatus social de su interlocutor, y esto ocurría incluso cuando ellos mismos se consideraban de alto estatus. Sin embargo, los que tenían un alto prestigio mantuvieron el mismo tono independientemente del entrevistador al que se le asignara. Los investigadores hipotetizaron que se debía a que era una forma de mostrar calma y que la situación estaba bajo control.

Respecto a la dominancia, una situación como una entrevista de trabajo implica per se cierta dominancia del entrevistador sobre el entrevistado, así que tenía sentido que se utilizara un tono más agudo como señal de sumisión y de no suponer una amenaza. Por ello, encontramos que las personas que se describían en los cuestionarios previos como bajos en dominancia usaban un tono más agudo al hablar. Sin embargo, para las personas que se tildaban a sí mismas de dominantes no sólo no hablaron con voz más aguda, sino que además utilizaron un tono más grave.

Los resultados son prometedores pero sería importante replicarlos en una muestra más amplia y con un rango de edad menos específico, dado que en muchos casos podía tratarse de su primera entrevista laboral y mostrarse más intimidados de lo normal. Sin embargo, no deja de ser una prueba de cómo alteramos nuestro tono de voz delatando cómo de dominante percibimos a nuestro interlocutor o el estatus que consideramos tener.

Hombres tatuados: los saludables chicos malos. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Tattooed men: Healthy bad boys and good-looking competitors’”, de los autores Andrzej Galbarczyk de la Universidad Jagiellonian y Anna Ziomkiewicz de la Academia Polaca de Ciencias, que estudian los estereotipos sobre las personas tatuadas.

En otras ocasiones hemos hablado de estereotipos. De cómo nuestra primera impresión, equivocada o no, transmite un mensaje a los demás y supone el inicio de la interacción de una manera u otra. Lo creamos o no, no tratamos de la misma forma a una persona que nos parece atractiva de otra que nos es físicamente indiferente. Igual que si vamos de noche por la calle y nos topamos con alguien de aspecto peligroso no dudamos en cambiar de acera mientras que no seríamos tan drásticos con alguien que parezca inofensivo.

Uno de los elementos de nuestro aspecto físico que más debate ha causado a lo largo de estas décadas son los tatuajes. Distintos estudios han tratado de abordar la personalidad, las interacciones y los estereotipos sobre ellos, y es que suponen una particular forma de comunicación con los demás usando la propia piel como medio. Pero, ¿qué es lo que transmite esa conducta? ¿Nos parecen atractivos? ¿Modernos? ¿Peligrosos? ¿Atrevidos? ¿Nos sentiríamos seguros en manos de un médico tatuado? ¿En un juicio creeríamos el testimonio de alguien tatuado?

Para estudiar cómo percibimos este elemento se fotografiaron a nueve hombres de entre 19 y 35 años sin camisa, con el torso al descubierto, misma postura y sin sonrisa. Ninguno estaba tatuado, y un fotógrafo profesional añadió digitalmente un símbolo abstracto a su brazo derecho como tatuaje. Posteriormente se añadieron las fotos a una supuesta encuesta sobre el atractivo masculino y se pasó a 2369 mujeres heterosexuales y 215 hombres heterosexuales. Los participantes veían sólo una de las dos versiones de la fotografía de cada modelo al azar, asegurando que vieran como mínimo una de cada tipo, y se les pedía que evaluaran al modelo del 1 al 5 en cuanto a atractivo, salud, masculinidad, dominancia, agresividad, potencial para ser una buena pareja y potencial para ser un buen padre.

Las mujeres calificaron las versiones tatuadas de las imágenes como más sanas, pero no más o menos atractivas que las originales. A la inversa, los hombres clasificaron las versiones tatuadas de las imágenes como más atractivas, pero no más o menos sanas que las originales. Tanto hombres como mujeres calificaron imágenes de los modelos tatuados como más masculinos, más dominantes y más agresivos. Las mujeres, pero no los hombres, evaluaron a los hombres tatuados como peores parejas potenciales y  peores padres potenciales que los hombres no tatuados. Por tanto, los resultados confirman que la adición de tatuajes cambia la percepción de los demás sobre quiénes los llevan. También demuestran que los tatuajes no sólo influyen en la preferencia femenina, sino que pueden ser aún más importantes en la competencia entre hombres.

En conclusión, podemos afirmar que los tatuajes en los hombres se asocian con la masculinidad, pero principalmente con “el lado oscuro de la testosterona”: la violencia, la dominancia y la infidelidad.

El deseo en la mirada: la dilatación pupilar delata la excitación sexual. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Eyes Have It: Sex and Sexual Orientation Differences in Pupil Dilation Patterns’”, de los autores Gerulf Rieger y Ritch C. Savin-Williams, de la Universidad de Cornell (Nueva York), que estudian cómo se manifiesta la excitación sexual en la dilatación de las pupilas. 

Una imagen dice más que mil palabras y eso, inequívocamente se puede aplicar al lenguaje no verbal. Un gesto, una mirada, una postura… muchos pequeños detalles que pueden facilitar mucha información de forma inconsciente y que un observador entendido puede interpretar fácilmente. Muchas veces, incluso sin saber sobre lenguaje no verbal, instintivamente sabemos interpretar las señales de los demás por una cuestión puramente evolutiva, incluso sin entender la comunicación que se está dando entre nosotros a un nivel tan primario.

Ese es el caso de la interpretación de señales sexuales, que por lo general, y si uno no es muy torpe en ese campo, puede captar incluso sin que nos hayan enseñado a hacerlo. Una de las señales más comunes en el flirteo es la mirada, como ya hemos visto en otras ocasiones. Sin embargo, la ciencia ha dado un paso más allá y han cuantificado y clasificado la atracción sexual e incluso la propia orientación en función de nuestros ojos. 

La dilatación de la pupila a los estímulos indica la activación del sistema nervioso autónomo. Este sistema está asociado con muchos procesos automáticos como la transpiración, la digestión, la presión arterial y la frecuencia cardíaca. Por esta razón, la dilatación pupilar se ha utilizado como indicador de respuestas automáticas y que no están bajo el control consciente de las personas. Por lo tanto, es poco probable que las personas puedan suprimir la dilatación de sus pupilas a los estímulos a los que se sienten sexualmente atraídos. Lo cual implica que los patrones de dilatación de la pupila podrían reflejar, con alta sensibilidad, la atención automática relacionada con la atracción sexual y la orientación sexual.

Para probar esta hipótesis se contó con un total de 165 hombres y 160 mujeres jóvenes, principalmente caucásicos, que variaban su sexualidad entre “completamente heterosexual” a “completamente homosexual” pasando por los rangos intermedios de flexibilidad y bisexualidad según la escala Kinsey. Los participantes debían ver diversos vídeos de 30 segundos cada uno, en los que iba apareciendo una persona masturbándose mientras se les rastreaba la mirada con un detector infrarrojo que medía la dilatación y constricción pupilar.  En total se veían 12 escenas de hombres y 12 de mujeres. Los vídeos habían sido evaluados en un estudio piloto, seleccionándose los que fueron evaluados como los más atractivos. Además se visualizaban vídeos de la naturaleza de 1 minuto como estímulo neutro entre unos y otros. 

Los datos demostraron para los hombres que efectivamente las pupilas reaccionaban según su orientación sexual, dilatándose para las mujeres en heterosexuales, para hombres en homosexuales y en ambos casos para bisexuales. En cambio, las mujeres mostraron un patrón distinto: las mujeres heterosexuales reaccionaban también a otras mujeres. Quizás, teorizan los autores, como respuesta evolutiva a la cópula forzada para evitar lesiones. 

En definitiva, la dilatación pupilar es un indicador significativo de la orientación sexual y de la atracción. Lo cual implica que una simple mirada puede bastar para que el lenguaje corporal de la persona que tenemos delante delate si se siente atraída por nosotros. La desventaja es que nuestros ojos serán igual de elocuentes si nuestro interlocutor sabe prestar atención a los detalles. 

No puedes mentir a un mentiroso. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “’You can’t kid a kidder’: association between production and detection of deception in an interactive deception task”, de los autores Gordon R. T. Wright, Christopher J. Berry y Geoffrey Bird, de la Universidad de Londres, que analizan la correlación entre detectar mentiras y ser un buen mentiroso. 

Quizás te suene de algo el nombre de Frank Abagnale Jr., o cómo mínimo, recuerdes la película Atrápame si puedes, dirigida por Steven Spielberg y basada en la juventud de Frank. Un ejemplo, entre muchos otros, de delincuentes que acaban colaborando con la ley para pillar a otros delincuentes. Y es que existe la creencia de que los infractores de la ley son buenos pillando a otros como ellos.

Y, aunque no hay evidencia científica, también creemos que un buen mentiroso también es bueno detectando las mentiras en los demás. Como si su propio control del lenguaje verbal y no verbal en la mentira le diera las claves para captar esas señales en otros. Y ésta era la hipótesis que pretendían demostrar los autores de este estudio.

Participaron 51 adultos (27 mujeres y 24 hombres) de 25,35 años de media e inglés como lengua materna. Les dividieron en 10 grupos y se les pasó una encuesta de opinión con afirmaciones con las que debían mostrar su acuerdo o desacuerdo como “deberían prohibir fumar en todos los espacios públicos”. Una vez que sabíamos sus verdaderas opiniones, se les pidió que hablaran con su grupo y compartieran algunas afirmaciones veraces sobre esas opiniones y en otras ocasiones mintieran al respecto, en ambos casos acompañándolo de argumentos para lo cual disponían de 20 segundos por afirmación (por ejemplo, “estoy a favor de los Realitys en televisión porque es una importante forma de aprender sobre el mundo y sobre la gente. A veces, un mal ejemplo es una buena manera de comprender el camino correcto y cómo deberíamos comportarnos”). Se les animó diciéndoles que habría un premio de 50 libras para el que mejor mintiera y otro para el que más mentiras de los demás detectara.

Los investigadores encontraron que, efectivamente, cuanta más facilidad se tenía para mentir, más fácil les resultaba detectar las mentiras de los demás. Es decir, en esta ocasión la cultura popular ha acertado: un buen mentiroso reconoce las mentiras en otros. Lo cual nos sugiere un dilema: Un jurado honesto será peor detectando las mentiras del acusado. ¿Rentaría más confiar en un jurado menos honrado?

Lenguaje no verbal de la infidelidad ajena. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Thin slices of infidelity: Determining whether observers can pick out cheaters from a video clip interaction and what tips them off”, de los autores Nathaniel M. Lambert, Seth Mulder y Frank Fincham, de la Universidad de Brigham, que estudian cómo los observadores externos pueden captar señales de infidelidad observando a una pareja interactuar unos minutos.

Nuestras primeras impresiones acerca de los demás son una mezcla de ideas preconcebidas y estereotipos junto con lo que la mayoría de la gente llama “instinto” o “sexto sentido”, que no es más que nuestra capacidad para interpretar el lenguaje no verbal de otras personas. Si bien es cierto que esa capacidad, sin ningún tipo de entrenamiento, no nos sirve precisamente para detectar mentiras, ¿seríamos capaces de detectar las mentiras cuando la cosa no va con nosotros?

Este estudio plantea la hipótesis de que, al igual que pedimos a un jurado que pueda evaluar a un desconocido basándose en apenas unos minutos oyéndole hablar, todos somos capaces de interpretar, aunque sea de forma inconsciente, el lenguaje no verbal de los demás y captar ciertas señales sobre sus relaciones y sentimientos. Concretamente, creen que unos completos desconocidos pueden detectar la infidelidad después de ver a parejas de novios interactuando durante no más de 3 a 5 minutos.

Los investigadores realizaron dos experimentos diferentes. La primera incluyó a 51 estudiantes universitarios (16 hombres y 35 mujeres de 18 a 23 años) que participaron junto con sus parejas románticas. Los estudiantes completaron cuestionarios antes del experimento para evaluar su “infidelidad emocional y física”, mientras que sus respectivas parejas no completaron cuestionario alguno. Luego las parejas fueron grabadas en vídeo completando una tarea de dibujo donde uno de los miembros de la pareja estaba con los ojos vendados y el otro daba instrucciones sobre qué dibujar. Más tarde, seis observadores objetivos y entrenados observaron las cintas de vídeo y respondieron a la siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo de probable es que esta persona haya mostrado interés en otra persona distinta de su pareja?
  2.  ¿Cómo de probable es que esta persona coqueteara con alguien que no sea su pareja?
  3.  ¿Cómo de probable es que esta persona haya tenido relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja?
  4.  ¿Cómo de comprometido está el participante en su relación?
  5.  ¿Cómo de fiable has percibido que es esa persona?

Se llevó a cabo un segundo experimento con 43 estudiantes (21 varones y 22 mujeres, con edades comprendidas entre 18 y 33 años) que participaron con sus respectivas parejas. Esta vez, ambos miembros de la pareja completaron los cuestionarios y los investigadores anotaron “puntuaciones promedio de infidelidad” para cada participante en base a sus respuestas a si habían sido infieles y cómo de lejos habían ido en esa infidelidad. Los participantes completaron la misma tarea de dibujo que los participantes en el primer experimento. Posteriormente, cinco observadores entrenados vieron los vídeos y calificaron a los participantes como en el primer experimento, basándose en las mismas preguntas.

En los resultados podemos comprobar que se podía detectar la infidelidad con observar la interacción de la pareja durante una sencilla tarea en apenas unos minutos. El porcentaje de acierto en ambos experimentos fue por encima del azar. Además, no se encontró diferencia entre ambos sexos en contra del mito de que la conducta infiel es más común en hombres.

En definitiva, los resultados son interesantes y debería ahondarse en qué tipo de pistas visuales llevaban a los observadores a discriminar la conducta de unos y otros. ¿Quizás nos es más fácil detectar las mentiras cuando no nos las dicen a nosotros?

Tu voz puede poner en peligro la entrevista de trabajo. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Vocal Fry May Undermine the Success of Young Women in the Labor Market”, de los autores Rindy C. Anderson, Casey A. Klofstad , William J. Mayew y Mohan Venkatachalam, de la Universidad de Duke y la Escuela de Negocios Fuqua, que analizan cómo influye el uso del “vocal fry” en la imagen trasmitida a los demás. 

El vocal fry (o “voz rasgada” en español) se refiere a un tipo de voz caracterizado por vibraciones irregulares e intermitentes de las cuerdas vocales. Se produce mediante un cierre de los pliegues vocales estando éstos relajados, permitiendo así que el aire “burbujee” al pasar entre ellos y produciendo un sonido de frecuencia muy baja. Podemos aquí ver un ejemplo de a qué sonido nos estamos refiriendo y cómo es una forma de hablar cada vez más popular entre las jóvenes.

Hay quien afirma que esta forma tan particular de hablar es una forma de hacer parecer el tono de voz propio más bajo, ya que es el tipo de voz que se percibe como más fuerte y dominante. Es decir, que se utilizaría como un método de mostrar seriedad, inteligencia y determinación. Sin embargo, otras corrientes consideran esta moda como algo desagradable, que muestra a la persona como inmadura y maleducada, ya que en cierto modo la voz suena como si la persona estuviera aburrida.

Ante la falta de cohesión entre los distintos puntos de vista se llevó a cabo esta investigación, que busca analizar cómo se percibe realmente a las jóvenes que hablan con voz rasgada de cara a su perfil profesional. Para ello, se utilizó la voz de siete mujeres jóvenes de entre 19 y 27 años y siete varones jóvenes de entre 20 y 30.  Fueron grabados diciendo la frase “gracias por considerarme para esta oportunidad”, tanto en su tono de voz normal como con la voz rasgada.

El experimento se llevó a cabo en línea a 800 oyentes (400 hombres y 400 mujeres). Para maximizar la validez externa, se dividió a la muestra en tres grupos de edad: 18-33 (n = 265, 133 mujeres y 132 hombres), 34-50: (n = 268, 134 mujeres y 134 hombres) y 51-65 (n = 267 133 mujeres y 134 hombres). Aleatoriamente se les asignaba analizar las voces de los hombres o de las mujeres (sólo uno de los dos tipos para evitar saturación). Se oían las dos voces de cada persona, presentadas en orden aleatorio, y se pedía posteriormente que juzgaran cuál de las dos percibían como más educada, competente, confiable, atractiva y a cuál de las dos contratarían. Una vez evaluado todo esto se pasaba al siguiente par de voces y así sucesivamente.

Los resultados muestran que las mujeres que hablan con voz rasgada o vocal fry son vistas como menos competentes, menos educadas, menos fiables, menos atractivas y son menos contratables laboralmente. Además, esas percepciones eran aún más fuertes cuando el interlocutor era otra mujer. A nivel general, la voz rasgada era percibida negativamente en ambos sexos, por ambos sexos y en cualquier franja de edad por parte del oyente.

Por lo tanto, de cara a una entrevista de trabajo o incluso en cualquier entrevista o conversación en la que uno quiera parecer competente o mostrarse educado debe evitarse el uso de la voz sesgada y hablar en nuestro tono de voz natural, sea el que sea. De lo contrario, no sólo empañaremos nuestra propia imagen, ofreciendo una peor versión de nosotros mismos, sino que además, ¿quién querría hablar con alguien que parece aburrido de escucharle?

Lenguaje no verbal del matón y su influencia en la conducta de ayuda. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Nonverbal Bully: Effects of Shouting and Conversational Distance on Bystanders’ Perceptions”, de los autores Corey A. Pavlich, Stephen A. Rains y Chris Segrin, de la Universidad de Arizona (EEUU), que estudian la influencia de la proxémica y el tono de voz a la hora de evaluar una situación de abuso.

El acoso o bullyng es un problema común entre los más jóvenes. Se calcula que casi uno de cada diez adolescentes es intimidado como mínimo dos o tres veces al mes. Y en la edad adulta podemos encontrar también estas conductas, con repercusiones legales mucho más graves.

Sabemos que la comunicación no verbal juega un papel fundamental en la percepción de la interacción con los demás, y eso incluye la dominación o la agresividad. Por ello, también juega un papel trascendente en durante una intimidación. Es por esa razón que el objetivo de este estudio es analizar qué formas específicas de comportamiento no verbal percibimos como amenazantes en una interacción de bullyng y cuáles generan intención de intervenir en los espectadores.

Participaron un total de 148 estudiantes universitarios (66,2% de mujeres), con una edad media de 20,8 años. La quinta parte de ellos (20,3%) admitieron haber sido intimidados por abusones durante la secundaria, mientras que casi un tercio (32,4%) declararon haber sido matones. Para las dos variables a medir (volumen de la voz y distancia) se utilizó un medidor de decibelios para asegurarse que las situaciones cumplían los requisitos establecidos: 65dB para una conversación a tono normal y 85dB para tono alto. La distancia por su parte se midió con una cinta métrica para distinguir la distancia de conversación social de la íntima. De manera que teníamos cuatro situaciones: (1) voz normal y distancia social, (2) voz elevada y distancia social, (3) voz normal y distancia íntima y (4) voz elevada y distancia íntima. Los participantes se dividieron a partes iguales en los cuatro posibles subgrupos.

Los participantes debían ver el vídeo en el que, salvo por las variables de volumen de la voz y distancia entre los actores, se representaba la misma escena: un abusón intimidando a otro compañero de clase con palabras despectivas y humillantes. Para asegurarse que entendían la situación, el vídeo se presentaba como un escenario de intimidación entre un abusón y su víctima. Para evitar sesgos, cada persona vio la actuación de dos actores de su mismo sexo. Tras el visionado, los participantes debían valorar en el agresor su nivel de agresividad, dominancia, intimidación y amenaza; en la víctima, valoraron su aparente debilidad, pasividad, capacidad social y si parecía ser acosado a menudo. Por último, se preguntó en qué medida habrían intervenido para parar al agresor si hubieran estado presentes físicamente en la escena y su grado de acuerdo con que el matón estuviera gritando a la víctima y que estuviera invadiendo su espacio personal.

Se encontraron varios hallazgos notables. En primer lugar, los resultados muestran que la gente era más proclive a intervenir cuando el abusón invadía el espacio personal de la víctima, ya que eso representaba mayor vulnerabilidad por parte de la víctima o un potencial daño para ella. Sin embargo, en contra de lo esperado, que el abusón gritara dentro del espacio personal de la víctima no se vio como la situación más agresiva. Quizás porque se espera que una víctima débil se apartara amedrentada por el agresor y quedarse cerca de él a pesar de los gritos se vea como una muestra de fortaleza y, por tanto, de dominio sobre el abuso.

Por otro lado, a pesar de que los agresores son vistos como más peligrosos cuando se encuentran a una distancia social, los observadores eran más propensos a intervenir cuando estaban en el espacio personal. Quizás se deba a que se les percibe como más proclives a una agresión física y, por tanto, es más necesaria la ayuda externa; o quizás porque, como decíamos antes, se le percibe como más débil y el transeúnte se siente menos amenazado él mismo si entra a ayudar. Del mismo modo, encontramos más predisposición a ayudar si el matón está hablando en tono normal que si está gritando.

En conclusión, podemos ver que el lenguaje no verbal es importante en una agresión y en cómo la perciben los espectadores, sobre todo en su predisposición a ayudar. Sería interesante replicar este experimento con actores en vivo para poder dar más validez ecológica a los resultados.

Inteligencia a primera vista, pero sólo en hombres. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Perceived intelligence is associated with measured intelligence in men but not women”, de los autores Karel Kleisner, Veronika Chvátalová y Jaroslav Flegr, de la Universidad Charles en Praga, que estudian cómo somos capaces de evaluar la inteligencia de los hombres con un vistazo pero no la de las mujeres.

El rostro humano es una estructura compleja con una función fundamental de señalización social. Aunque numerosas y variadas especies de mamíferos exhiben estructuras faciales bien desarrolladas, los roles comunicativos y expresivos de la cara alcanzan un nivel único de capacidad en los seres humanos. Investigaciones previas afirman que el rostro puede informarnos acerca de la personalidad, el sexo, la edad, la salud, la etnia, la clase social, el atractivo y la afiliación política, así como, en cierta medida, de la inteligencia.

Algunos investigadores han sugerido que la evolución ha jugado un papel clave en la evolución de los rasgos faciales para que, mediante la selección sexual, indiquen la inteligencia del individuo. Los indicadores visuales responsables de una atribución superior de inteligencia pueden reflejar honestamente la inteligencia real de una persona y, por lo tanto, pueden ser utilizados para seleccionar una pareja sexual o social preferente. Las investigaciones anteriores muestran que las personas son capaces de juzgar la inteligencia a partir de las cualidades faciales de personas desconocidas. La inteligencia medida se ha demostrado que se correlaciona con la inteligencia percibida facialmente y otros rasgos de la personalidad.

Aunque varios estudios han examinado la percepción de la inteligencia a partir de diferentes señales visuales, en ninguno de estos estudios se describen los rasgos faciales específicos que juegan un papel en la evaluación de la inteligencia. Es por ello que este estudio tiene como objetivo estudiar tales rasgos, además de revisar la teoría anterior.

Los participantes son, por un lado, los 80 estudiantes (40 hombres y 40 mujeres) a los que se les midió su cociente intelectual y fueron fotografiados. El segundo grupo estuvo compuesto por 160 evaluadores (75 hombres y 85 mujeres) que calificaron las fotos del primer grupo y no tenían ningún tipo de relación con ninguno de ellos, es decir, eran completos desconocidos. Las fotos fueron evaluadas de 1 a 7 tanto en inteligencia como en atractivo. El orden de presentación fue aleatorio para cada uno de los evaluadores. Además, las fotografías fueron analizadas con métodos morfométricos con el fin de detectar los rasgos faciales que están asociados con la percepción de la inteligencia, la belleza o ambas.

Curiosamente, los evaluadores fueron capaces de estimar la inteligencia con una precisión alta en los hombres, pero no en las mujeres. Por otro lado, no se pudo detectar la asociación entre el CI y la belleza, y tampoco con la morfología facial, a pesar de que otros estudios nos hayan brindado datos de cómo es una cara inteligente y una que no lo es: En ambos sexos, una cara más estrecha con una barbilla más delgada y una nariz más alargada se caracteriza con el estereotipo de alta inteligencia, mientras que una cara más ovalada y más amplia con un mentón poco marcado y una nariz pequeña caracteriza la baja inteligencia.

Como poco, es interesante que la inteligencia haya podido ser evaluada con acierto sólo para uno de los dos sexos y que no se haya debido a los estereotipos que conocemos. Sin duda son datos que deberán estudiarse con más detenimiento para buscar si la explicación responde a estereotipos, a que el baremo por el que medimos a cada sexo es distinto o a un posible fallo metodológico.

Influencia del acento en la percepción del testigo. Club lenguaje no verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Influences of accent and ethnic background on perceptions of eyewitness testimony”, de la autora Lara Frumkin, de la Universidad de Maryland (EEUU), que estudian cómo influye el acento en la percepción de nuestro interlocutor.

En los últimos 20 años, la población de España ha cambiado considerablemente. A día de hoy, la cifra de inmigrantes supera los cuatro millones y medio, es decir, son casi el 10% de la población. Muy cerca de un país que consideramos tan multicultural como Estados Unidos con su 12%. Aunque muchos estudios han investigado aspectos de la discriminación como los estereotipos o los prejuicios, pocos se han centrado en la forma en que los inmigrantes son socialmente percibidos y juzgados. Algunos de estos escasos estudios han puesto en evidencia que el acento de nuestro interlocutor es también una forma de comunicación, con la que nos expresa su origen foráneo, y que sólo con esto los oyentes ya se forman opiniones, juzgan y determinan la credibilidad que achacan a esa persona.

Las investigaciones sobre el acento nos expresan también que, independientemente del país o el idioma, los nativos tienden a degradar a los inmigrantes en base a éste. Se produce, por tanto, un rechazo hacia el individuo independientemente de sus palabras y de la calidad estética de su acento, y un prejuicio basado en el país de origen y el prestigio otorgado a los nacidos en ese país. Se han creado incluso programas para ayudar a reducir el acento, lo que nos demuestra efectivamente este rechazo en la práctica y el efecto negativo que tiene en los oyentes.

Es poco probable que exista un esfuerzo consciente para responder negativamente a las personas con acento extranjero, puesto que las personas por lo general no son conscientes de sus prejuicios. Sin embargo, el acento hace que a nivel subconsciente ya percibamos a esa persona como diferente de nosotros mismos y nos predispone a un juicio poco favorable. Por ello, es importante ver hasta qué punto esto puede afectar el acento en una sala del tribunal y demás mecanismos de justicia.

En este experimento participaron 174 participantes nacidos en Estados Unidos, con una edad media de 19 años y 63% de mujeres. Los participantes fueron divididos en seis grupos, uno para cada uno de los vídeos (condiciones experimentales): 35 vieron un vídeo en el que hablaba un alemán sin acento, 30 un alemán con acento, 30 un mexicano sin acento, 27 un mexicano con acento, 26 un libanés sin acento, y 26 un libanés con acento. En realidad se trataba de los mismos tres actores (un alemán, un libanés y un mexicano) que modulaban el acento para hacerlo aparecer y desaparecer en cada uno de sus vídeos. El vídeo duraba apenas 3 minutos y seguidamente después de su visionado debían contestar a unas preguntas sobre lo creíbles que les resultaban, como si fuera la grabación de un testimonio.

Los resultados nos muestran que el testimonio entregado por el mismo testigo fue percibido como menos favorable cuando el testigo hablaba con acento. Este efecto se replicó en los tres testigos, con sus diferentes acentos. De hecho se puntuó más bajo cuando se utilizaba acento en las cuatro variables medidas: credibilidad, exactitud, engaño y prestigio. Estos resultados se corresponden con los hallados en otras investigaciones, que afirman que los acentos diferentes del nuestro se perciben negativamente.

Es importante resaltar que este estudio fue realizado por estadounidenses y sería interesante replicarlo en otros países de distinto idioma nativo para comprobar si los resultados son extrapolables, aunque todo indique que es probable. Por tanto, es importante tener en cuenta las implicaciones de estos resultados para el sistema judicial y concienciar del poder de estas variables que parecen tan irrelevantes y en realidad son tan influyentes en el testimonio de los testigos.

¿Quién miente mejor? Psicopatía vs inteligencia emocional. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Would I lie to you? ‘‘leakage’’ in deceptive facial expressions relates to psychopathy and emotional intelligence”, de los autores Stephen Porter, Leanne ten Brinke, Alysha Baker y Brendan Wallace, de la Universidad de British Columbia (Canadá), que estudian cómo influye la inteligencia emocional y la psicopatía en la expresión de emociones falsas.

No es extraño que las personas oculten la expresión facial de sus verdaderas emociones, ya sea con buenas o malas intenciones. Llamamos a esto engaño emocional y puede suceder de tres maneras: simulando una expresión emocional en ausencia de cualquier emoción real, enmascarando una emoción (es decir, remplazando la emoción sentida por otra diferente), o neutralizando una expresión (lo que implica ocultar la emoción real tras una cara neutra). La investigación ha demostrado que el engaño emocional es detectable: por ejemplo, en el caso de las sonrisas Duchenne y las sonrisas falsas encontramos que ciertos músculos no pueden ser activados intencionalmente sin ausencia de una emoción genuina o, por el contrario, que no pueden ser suprimidos en presencia de una emoción particularmente potente (a lo que llamamos “fuga emocional”).

Hay poco estudiado sobre las diferencias individuales en las habilidades de engaño emocional, pero los investigadores sugieren la hipótesis de que la experiencia en la comunicación emocional sería influyente en esta habilidad. Por tanto, encontraríamos diferencias en las personas con inteligencia emocional (IE) y en psicópatas.

Por un lado, la primera hipótesis sería que, dado que los individuos con altos niveles de IE tienen la capacidad de percibir emociones en los demás, también se espera que tengan una mayor capacidad para controlar sus propias emociones (por ejemplo, mostrar una convincente sonrisa falsa); por tanto, mostrarán una mayor competencia para el engaño emocional.

Por otro lado, los psicópatas parecen ser camaleones de las emociones y usan sus habilidades de actuación para manipular a otros de manera efectiva en diversos contextos interpersonales. Debido a la falta de emociones reales, podemos encontrar menos “fugas emocionales” en ellos durante una exhibición emocional falsa. Por ello, la segunda hipótesis sería que los psicópatas tienen más facilidad para controlar sus expresiones emocionales durante el engaño.

Así pues, aunque la inteligencia emocional y la psicopatía están inversamente relacionadas y reflejan dos extremos opuestos del continuo afectivo, esperamos que ambos sean eficaces como mentirosos emocionales pero por las razones opuestas.

Para probar estas hipótesis se contó con 100 participantes (25 varones y 75 mujeres) que proporcionaron las expresiones emocionales genuinas y falsas, y otros 27 voluntarios fueron los encargados de evaluarlas en tiempo real. Para provocar las emociones se utilizaron imágenes del Sistema Internacional de Imágenes Afectivas, que son imágenes que han sido evaluadas sobre qué tipo de emoción (entre otras cosas) provocan en la mayoría de la gente. Las emociones que se buscaron fueron principalmente tristeza, enfado, miedo, felicidad o neutra. Se les fueron mostrando las imágenes durante 5 segundos, dejando entre imagen e imagen 5 segundos de descanso para volver a una cara neutra. Previamente se les había instruido sobre cómo debían reaccionar a cada foto: expresar una emoción genuina, expresar una emoción falsa, neutralizar una emoción o enmascararla por otra. Realizaron además un cuestionario de inteligencia emocional.

Como resultado, encontramos que los individuos con alta inteligencia emocional tienen un mayor control de sus propias expresiones y mostraban emociones falsas más convincentes que otros y durante más tiempo. Sin embargo, esa capacidad no evitó las fugas emocionales: aunque eran mejores simuladores no eran mejores en ocultar lo que de verdad sentían. De hecho, los participantes que puntuaron alto en el factor de bienestar mostraron una fuga más larga durante las emociones genuinas y las engañosas, probablemente relacionadas con la felicidad (es decir, sonrisa incontrolada).

Por otro lado, se encontró que los psicópatas muestran menos fugas emocionales durante las expresiones emocionales falsas. Sin embargo, no todas las facetas de la psicopatía están asociadas con el engaño emocional competente: La impulsividad se relacionó con el aumento de las fugas emocionales durante el engaño. Estos resultados sugieren que facetas específicas de la psicopatía se asocian con la competencia en la experiencia afectiva, incluyendo el engaño emocional, en lugar de la totalidad de la construcción psicopatía.

Sin embargo, aunque los participantes emocionalmente inteligentes y psicópatas mostraron emociones particularmente convincentes, no engañaron a jueces externos con más frecuencia que otros participantes. Este resultado nulo puede estar relacionado con las escasas tasas de exactitud de los detectores de engaño y su falta de conocimiento empíricamente válido sobre las señales de la mentira. Así, mientras que los mentirosos emocionalmente inteligentes o psicópatas pueden ser particularmente convincentes para el ojo entrenado, los observadores ingenuos pasan por alto estas señales y continúan tomando conjeturas infundadas sobre la credibilidad.

¿Salud o inteligencia? La elección de un líder según sus rasgos faciales. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “A face for all seasons: searching for context-specific leadership traits and discovering a general preference for perceived health”, de los autores Brian R. Spisak, Nancy M. Blaker, Carmen E. Lefevre, Fhionna R. Moore y Kleis F. B. Krebbers, de la Universidad de Amsterdam, que estudian la preferencia por rasgos faciales saludables antes que intelectuales en la elección de un líder.

Nuestra cara muestra una cantidad significativa de datos que los demás pueden leer incluso a nivel subconsciente. Por ejemplo, altos niveles de estrógeno se asocian tanto con una cara más femenina como con comportamientos más amigables, de manera que cuando buscamos personas amistosas inconscientemente buscamos ese tipo de señales en los demás.

Una de las utilidades de evaluar los rasgos faciales es la elección de un líder. A todos nos gusta ver fotos de nuestros políticos, sentir la confianza que transmiten unos y otros y evaluamos aspectos de ellos que ni siquiera sabríamos explicar pero que tenemos bien aprendidos. El rostro puede darnos información de la aptitud genética y de rasgos del carácter y otros experimentos ya han mostrado que la simple exposición a una fotografía permite evaluar el liderazgo de una persona por encima del azar. Estos resultados se repitieron con niños de tan sólo cinco años, una edad en la que se tiene total ignorancia de conocimiento político o de liderazgo, por lo que estos estereotipos por los que juzgamos a los demás parecen tener que ver con un sesgo cognitivo más instintivo y menos relacionado con el aprendizaje.

Saber elegir adecuadamente un líder aumenta la eficiencia y eficacia de la acción colectiva, mientras que elegir mal puede obstaculizar seriamente el progreso del grupo. Es por ello que en el siguiente experimento se evaluó la forma de valorar a un líder en función de distintos aspectos faciales y situaciones de cooperación y competición, en un intento de aumentar el conocimiento sobre el liderazgo y la elección de líderes.

Para este estudio se contó con 148 participantes (79 hombres y 69 mujeres) con una media de edad de 33 años, que completaron el experimento de manera online. El diseño consistía en hacerles imaginar que estaban eligiendo al nuevo CEO de una empresa y para ello debían evaluar varias caras de hombre en función de la salud percibida, la inteligencia, la masculinidad y el atractivo en diversas situaciones (de competición o de cooperación, entre otras).

Los resultados mostraron que las caras saludables frente a las no saludables, también eran más vistas como inteligentes, atractivas y masculinas, a pesar de ser la misma cara con pequeñas modificaciones. Ocurría lo mismo con las caras más y menos inteligentes, salvo en la masculinidad, donde ser muy inteligente se veía como poco masculino. Pero a la hora de elegir, los participantes anteponían que su líder fuera saludable antes que inteligente independientemente del contexto.

Es posible que estos resultados muestren un sesgo subconsciente de aquella época en la que un líder saludable equivalía a un líder fuerte y era el factor físico lo más importante para el éxito de la especie. Sin embargo, ahora se traduce en interés por los políticos que dedican tiempo y esfuerzo a cuidar su aspecto. Al parecer aún nos queda mucho que evolucionar para empezar a dar importancia a la mente de nuestro líder por encima de su fuerza o su belleza.

Respuesta adaptativa a la exclusión social: La detección de sonrisas sinceras. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Adaptive Responses to Social Exclusion: Social Rejection Improves Detection of Real and Fake Smiles”, de los autores Michael J. Bernstein, Steven G. Young, Christina M. Brown, Donald F. Sacco y Heather M. Claypool, de la Universidad de Miami, que estudian cómo las personas excluidas socialmente detectan mejor las sonrisas verdaderas.

Evolutivamente, estar excluido de la manada implica numerosas amenazas inmediatas y a largo plazo. En consecuencia, los seres gregarios somos especialmente sensibles a las señales que indican un potencial rechazo de nuestros iguales. No es raro que la gente con alta necesidad de pertenencia sean muchos mejores en analizar el lenguaje no verbal de los que les rodean por esta razón, y aquellos mejor insertados en la sociedad tienen una mejor memoria para la información social que los más marginados. En ambos casos, los individuos que temen o sufren el rechazo social muestran mucha atención a estas señales no verbales.

Un importante indicador de señales sociales es la expresión facial de las emociones. Una sonrisa auténtica y sincera, conocida como sonrisa Duchenne, es indicativa de actitudes de cooperación y afiliación. Mientras que las sonrisas sociales o falsas, las no Duchenne, puede servir para enmascarar emociones negativas. La capacidad de identificar y discriminar ambos tipos de sonrisa puede servir a las personas poco incluidas socialmente a afiliarse de nuevo al grupo.

Anteriores investigaciones ya han demostrado que los individuos con más necesidad de pertenencia son más exactos discriminando emociones (por ejemplo, entre felicidad e ira), pero ninguna investigación ha evaluado el alcance de esa capacidad. La hipótesis de este estudio era que ser capaz de identificar la categoría emocional cualitativa de un despliegue facial es de gran importancia para los individuos socialmente excluidos, puesto que distinguir las emociones reales de las falsas parece especialmente importante para asegurar que los esfuerzos de reafiliación se distribuyen al máximo hacia las personas que muestran señales de que desean interactuar y relacionarse. Por tanto, los individuos rechazados mostrarían una mayor capacidad de discriminación entre sonrisas reales y falsas, presumiblemente porque están más en sintonía que otros a sutiles señales sociales.

Treinta y dos estudiantes (17 mujeres, 15 hombres) participaron en el estudio. Eran asignados aleatoriamente a condiciones de inclusión social, exclusión social o grupo control. Luego se les mostró caras que exhibían sonrisas Duchenne o no Duchenne y se les pidió que decidieran si cada una de ellas era “real” o “falsa”. Para manipular el estatus social se utilizó una técnica consistente en hacerles rememorar y escribir acerca de una situación pasada en la que se sintieron aceptados (para los de inclusión social), rechazados (para los de exclusión) o sobre el día de antes de acudir al experimento (grupo sin manipulación social).

Los resultados mostraron que los individuos socialmente rechazados tienen una capacidad mejorada para determinar si la expresión facial “feliz” de un individuo es genuina o falsa. Esto sugiere que la motivación para sentirse parte del grupo de nuevo aumenta la sensibilidad de los que se sienten rechazados para detectar las señales que indican oportunidad de afiliación. Además se vio que no afectaba a la sensibilidad el sexo ni de los que sonreían ni de los observadores.

En conclusión, el rechazo social aumenta nuestra sensibilidad perceptiva hacia las oportunidades de reintegrarnos en el grupo. Como animales sociales que somos, tiene sentido que sentirnos aislados nos mueva a buscar en los demás señales que indiquen posibilidad de reconectar, de lo contrario perderíamos esas oportunidades de adaptarnos de nuevo a la sociedad. Sería interesante ampliar este estudio al análisis de otras emociones y otro tipo de situaciones.

¿Sonreír ampliamente o no? Efectos de la sonrisa en los negocios. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Smile Big or Not? Effects of Smile Intensity on Perceptions of Warmth and Competence”, de los autores Ze Wang, Huifang Mao, Yexin Jessica Li y Fan Liu, en un estudio conjunto de la Universidad de Florida, la Universidad de Iowa, la Universidad de Kansas y la Universidad de Adelphi, que estudia la influencia de la sonrisa en el marketing.

Pongamos por ejemplo que necesita acudir a un médico especialista privado. Consulta en internet y finalmente se tiene que decidir entre dos que están cerca de su casa y tienen buenas críticas y un precio razonable. En última instancia, encuentra una foto de ambos en sus respectivas páginas. Uno de ellos sonríe ampliamente, el otro tiene una sonrisa mucho más leve. La foto supone el desempate y, en contra de lo que el sentido común nos haga pensar, elegiremos al que sonríe menos.

La sonrisa es una importante herramienta social como ya hemos visto en otros artículos, es un signo universal de amistad o de buena voluntad. Ver en la foto a un médico sonriente nos hará sentir que es una persona afectuosa y simpática… y, sin embargo, le veremos menos competente. Los investigadores trataron de evaluar este fenómeno en varios experimentos.

En el primero, los investigadores mostraban a los participantes (123, 55 mujeres) imágenes de marketing que mostraban al vendedor ya fuera con una sonrisa amplia o leve y debían valorar del 1 al 7 por un lado lo afectuoso, amable, simpático, sincero que era, y por otro lo competente, inteligente, capaz y hábil. Es decir, ocho virtudes subdivididas en dos grupos: afecto y competencia. Efectivamente las sonrisas amplias puntuaban más alto en las cualidades afectuosas pero menos en las de competencia y se podía ver el efecto opuesto en la sonrisa leve.

En otro experimento, con 281 participantes (155 mujeres) se añadió la variable “riesgo”. Se les presentaba el supuesto anuncio de una nutricionista y en una de las variantes daba un consejo muy arriesgado sobre salud y en otra uno poco peligroso. Cuando el consejo peligroso iba asociado con una gran sonrisa se reducía la competencia percibida, las posibilidades de contratar el servicio e incluso disminuían las inscripciones a la prueba gratuita. Sin embargo, cuando el riesgo era bajo y la nutricionista sonreía ampliamente era vista como más afectuosa y no afectaba a la competencia, consiguiendo una mayor inscripción y contratación.

Esto es así por el enfoque prevención-promoción: cuando estamos buscando algo con la intención de prevención o protección, como sería por ejemplo un abogado o un médico, importa más la competencia que el afecto; pero cuando buscamos promoción o adquisición de algo que no supone un peligro como contratar una dieta o comprar ropa, nos importa más el afecto que nos muestra el vendedor y preferimos una agradable sonrisa que su apariencia competente.

Por tanto, no es que en los negocios la sonrisa deba eliminarse sino que debe tenerse en cuenta qué tipo de negocio estamos ofreciendo y, acorde a ello, ofrecer una apariencia u otra: Una gran sonrisa para negocios o servicios con poco riesgo como la moda, y una sonrisa leve para empleos en los que debes mostrarte competente y experto como abogacía, medicina y asesores financieros. Debemos, por tanto, de asegurarnos de estar lanzando las señales adecuadas al público.

¿Sonreír te hace menos creíble? Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Gender, Smiling, and Witness Credibility in Actual Trials”, de los autores Jacklyn E. Nagle, Stanley L. Brodsky y Kaycee Weeter, de la Universidad de Alabama (Estados Unidos), que estudia cómo afecta la sonrisa a la credibilidad según el género.

Sonreír es una capacidad de gran importancia para los seres humanos. Como ya vimos en otros artículos, sonreír expresa nuestras emociones e incluso cuando la sonrisa es forzada mantiene una utilidad social. Además, sonreír con mayor o menor frecuencia indica rasgos de nuestra personalidad como la extroversión o la simpatía. Sin embargo, no todo lo referente a la sonrisa es positivo. ¿Qué ocurriría si percibiéramos a las personas que sonríen como poco creíbles o menos dignas de confianza?

Por una cuestión social, las mujeres tienden a sonreír más que los hombres. Por esta razón, de alguna forma esa idea admitida en el subconsciente nos hace juzgar más duramente a un hombre que sonríe, como si violar su rol de género le diera menos credibilidad. Según algunos estudios, en un juicio es menos aceptable que sonría un testigo masculino a que lo haga uno femenino, ya que en ellas es algo “normal” pero no en ellos. El objetivo de este estudio era analizar con más precisión la influencia de la sonrisa en la credibilidad según el género.

Los investigadores usaron la Escala de Credibilidad de los Testigos (WCS) que es una herramienta para medir la credibilidad percibida a través de cuatro facetas principales que se asocian a ella: la simpatía, la confianza, la integridad y el conocimiento. Si el acto de sonreír influye en cómo nos perciben en cuanto a alguna de esas características tendría, por tanto, efecto en la credibilidad. La hipótesis principal del estudio es que sonreír afectaría en la credibilidad a través de dos de sus facetas secundarias: la simpatía y la integridad.

Se evaluaron clips de vídeo de juicios reales, tanto penales como civiles (entre los que se incluyen casos de trabajadores, agresiones, violencia doméstica, tráficos de droga y asesinatos). Los testigos fueron 22 hombres y 10 mujeres mayores de edad, de los cuales 21 eran caucásicos y 11 afroamericanos. Se contabilizaron sus sonrisas y se hizo a los participantes evaluarles en función de la Escala de Credibilidad.

De los 32 testigos observados, 23 sonrieron (72%) y 9 no (28%). Tal y como se esperaba, las mujeres sonrieron más que los hombres aunque los datos no llegaron a ser significativos, quizás por el bajo número utilizado. Sin embargo, los hombres parecían más íntegros que las mujeres. Además, los testigos que sonreían eran vistos como más simpáticos, y cuando la sonrisa era de una mujer el efecto era mayor que en los hombres. Sin embargo, las mujeres sonrientes no parecían más simpáticas que los hombres no sonrientes. Los investigadores creen que esto se debe a que de esta forma (mujer-sonrisa; hombre-serio) era congruente con las normas de género y eso favorecía la simpatía.

Es decir, contrario a las expectativas, el género y la sonrisa afectaban a la credibilidad pero de forma combinada. Los hombres eran más dignos de confianza hasta que sonreían, entonces lo eran las mujeres al parecer más simpáticas. Es decir, por desgracia, para parecer creíble hay que cumplir los estereotipos de género, pues aunque la influencia no sea muy grande, cada pequeño paso ayuda.

Los mentirosos no evitan la mirada, la buscan. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Windows to the Soul? Deliberate Eye Contact as a Cue to Deceit”, de los autores Samantha Mann, Aldert Vrij, Sharon Leal, Pär Anders Granhag, Lara Warmelink y Dave Forrester, de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), que pone en evidencia que los mentirosos buscan el contacto visual deliberadamente durante la mentira.

Popularmente existe la creencia de que los mentirosos evitan la mirada de su interlocutor cuando hablan. Mann, en un experimento en 2004, preguntó a 99 agentes de policía cómo detectar cuando alguien estaba mintiendo y el 73% afirmó que creían que los mentirosos mirarían a otro lado al hablar. Es posible que la razón por la cual creemos que los mentirosos tienden a desviar la mirada es porque la gente suele desviar la mirada cuando está avergonzada y es posible sentirse avergonzado cuando uno hace algo moralmente reprochable como mentir. Además, también es común desviar la mirada cuando el esfuerzo mental aumenta y mentir requiere más carga cognitiva que ser sincero.

Sin embargo, también tenemos razonas para creer que los mentirosos no desviarían la mirada. Cuando intentamos persuadir a alguien tendemos a mirarle a los ojos y una mentira no es sino un intento de persuadir al otro de que estamos diciendo la verdad. Mientras que alguien que está siendo sincero y da por supuesta su credibilidad no tiene la necesidad de buscar la mirada del otro para convencerle de ella. Un mentiroso, en cambio, necesita monitorear a su interlocutor mientras habla para asegurarse de que le está creyendo y seguir construyendo alrededor de su mentira si fuera necesario.

Los estudios, en cambio, ofrecen datos contradictorios al respecto. Los autores hipotetizan que estas incongruencias puedan deberse a que, por un lado, el mentiroso desea apartar la mirada, pero por otro lado tiene la necesidad de mantener el contacto visual para parecer convincente. El resultado final es una cantidad de contacto visual similar a la de una persona sincera. Esto no implica que no podamos usar la mirada para detectar mentiras sino que hasta ahora no lo hemos hecho de la manera correcta. Por ello, la hipótesis de este estudio es que los mentirosos desean parecer convincentes y necesitan monitorear a su interlocutor y, por tanto, podremos apreciar en ellos intentos de contacto visual deliberados.

Para este experimento se utilizaron a 338 participantes, siendo en su mayoría hombres (72%) y con una edad promedio de 34 años. Las nacionalidades fueron además muy diversas, siendo 28 el mínimo de una zona continental y 46 el máximo. El procedimiento era sencillo: se esperaba a la gente a la salida de un aeropuerto internacional y se les ofrecía participar en el experimento con la posibilidad de ganar 10 libras por ello. Si accedían a ello, se les informaba de que otro investigador les iba a hacer dos preguntas. A la primera, todos debían contestar la verdad (¿a dónde vas a volar hoy?), pero a la segunda a unos se les decía que al hablar con el otro investigador debían mentir y a otros que debían decir la verdad (¿Cuál es el propósito de tu viaje?). Posteriormente el investigador trataba de juzgar si le estaban diciendo la verdad o no. El experimento duraba unos 20 minutos y ambas entrevistas eran registradas. Finalmente 177 participantes estaban en el grupo sincero y 161 en el de los mentirosos. Se confirmó más tarde que todos los que debían ser sinceros lo habían sido y que todos los que debían inventar una mentira efectivamente lo habían hecho.

Se pidió a personas ajenas a la investigación analizar las grabaciones para codificar el porcentaje de tiempo que los participantes evitaban la mirada del investigador y el que deliberadamente la buscaban. En los resultados no se encontraron diferencias significativas en cuanto a la etnia pero sí que se hallaron respecto a las miradas: las personas sinceras buscaban menos el contacto ocular que los mentirosos.

En contra de lo que habitualmente se cree, no hay diferencia entre personas sinceras y mentirosas a la hora de evitar la mirada. Sin embargo, sí que la hay a la hora de buscar la mirada del oyente, como si estuvieran valorando si resultaban creíbles o no. Así pues, es importante no usar esto como un indicador automático de engaño, es una cuestión de grado, pero este estudio aporta una interesante clave para la detección de la mentira a nivel no verbal.

Afasia y emociones: No comprender el lenguaje te hace detectar mejor las mentiras. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Lie detection and language comprehension: People who can’t understand words are better at picking up lies about emotions.”, de los autores Nancy L. Etcoff, Paul Ekman, John J. Magee y Mark G. Frank, de la Universidad de Massachusetts, que pone en relación la afasia con la capacidad para detectar mentiras.

En los ochenta, en un pabellón de afasia en Estados Unidos, hablaba en televisión el que en aquella época era el presidente, Ronald Reagan. Se podía esperar que el presidente conmoviera a sus conciudadanos con su discurso, pero en aquel lugar lo que resonaban eran carcajadas. No todos, cierto. Había algunos desconcertados, otros ofendidos, incluso algunos claramente recelosos… pero la gran mayoría parecían estar oyendo el mejor de los chistes. ¿Por qué aquellas personas que no podían entender lo que oían se reían con el discurso?

Las personas con afasia tienen daño en el hemisferio cerebral izquierdo, la zona encargada del lenguaje y según el tipo de afasia, puede llegar al extremo de no ser capaz de comprender el lenguaje, como si todo el mundo les hablara en un idioma desconocido y que son incapaces de aprender. Sin embargo, el habla no es sólo palabras, es expresión. Los afásicos no entienden las palabras pero oyen el tono, ven la expresividad, toda la comunicación no verbal que hay en torno al habla.

Precisamente porque no entienden el lenguaje no se les puede engañar con él, y en su defecto captan única y exclusivamente todas las señales involuntarias y espontáneas que son mucho más difíciles de falsear y que ponen en evidencia la mentira. De alguna manera, el cerebro compensa la pérdida de una capacidad alimentando otra en algunos casos y en los afásicos les hace más sensibles al lenguaje no verbal. Por ello, aquella sala se reía al oír el discurso del presidente: captaban su lenguaje no verbal y lo percibían tan grotesco e incongruente que no sólo no podían ser engañados, sino que lo encontraban incluso gracioso.

Un equipo de Massachusetts quiso poner a prueba esta capacidad que siempre se ha dado simplemente por hecho y comprobar en el laboratorio las habilidades de los afásicos comparándolas con otros tipos de daño cerebral y con personas sanas. Así que para este experimento se compararon los resultados de 10 pacientes con graves deficiencias en la comprensión del lenguaje por daño en el hemisferio cerebral izquierdo, 10 pacientes con daño en el hemisferio cerebral derecho, 10 personas sanas de edad similar a los pacientes y 48 estudiantes universitarios sanos. La tarea consistía en ver un vídeo en la que aparecían diez personas, dos veces consecutivas cada una: una de las veces que hablaban, las personas estaban viendo escenas agradables y hablando de las emociones positivas que sentían al verlas; en el otro clip de vídeo debían decir lo mismo pero mientras veían escenas horribles de mutilaciones. Es decir, en un vídeo debían mentir y en el otro, no.

Los pacientes afásicos, es decir, los que tenían daño en el hemisferio izquierdo, fueron significativamente más precisos detectando mentiras. Y no sólo eso: también se dividían los vídeos en aquellos donde las pistas de la mentira estaban en la expresión facial, el tono de voz o ambos. Se encontró que todos los pacientes afásicos eran inusualmente sensibles a las expresiones faciales que delataban la mentira, con una media del 73% de acierto en detectar mentiras.

En conclusión, es posible que el daño en los circuitos del lenguaje dé lugar a un mecanismo compensatorio en el cerebro que aumente el reconocimiento de conductas no verbales. O tal vez, simplemente, el no vernos “distraídos” por las palabras y tener como única fuente de información el lenguaje no verbal nos haga más expertos en este tipo de comunicación. Pero queda en evidencia la importancia de analizar el lenguaje no verbal para la detección de la mentira, ya seamos afásicos o no.

Emojis y emoticonos: Perspectivas y posibilidades en el estudio del lenguaje no verbal. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Emojis: Insights, Affordances, and Possibilities for Psychological Science”, de los autores Linda K. Kaye, Stephanie A. Malone y Helen J. Wall, de la Universidad Edge Hill de Ormskirk (Reino Unido) y la Universidad Católica de Australia, que abordan el uso de los emoticonos y los emojis en la comunicación virtual.

Comunicarnos es esencial para las personas como seres sociales que somos y la interacción virtual se ha convertido en una importante forma de comunicación a día de hoy. Cuando hablamos cara a cara, disponemos de dos vías de comunicación: el comportamiento verbal, como es el habla, y el no verbal, como los gestos, el tono, las expresiones faciales, etc. Sin embargo, no disponemos de esa segunda parte en los entornos virtuales ya que se basan principalmente en interacciones mediante texto escrito como blogs, mensajes o correos electrónicos. Es por ello que han surgido, como mecanismo compensatorio, el uso de emojis y emoticonos que dotan de matices emocionales el mensaje.

El primer uso informado fue en los años 80. En distintos foros se empezaron a utilizar símbolos del teclado formando caras horizontales. La primera fue la cara sonriente  :- )  para indicar que algo era broma. Después surgió la vertiente japonesa de usar letras y símbolos para crear caras de forma vertical como ésta ^_^. Esta combinación de letras y símbolos son los emoticonos, cuyo nombre deriva de “emoción” e “icono”. Tiempo más tarde surgieron los emojis, que son las distintas imágenes con forma de cara que muestran una emoción de forma más clara y menos subjetiva 🙂 .

Ahora estos símbolos se han convertido en una expresión emocional frecuente con una clara intención comunicativa en nuestros mensajes y hasta un 92% de la población on-line los utiliza. Y no son sólo la forma de comunicación de los jóvenes del milenio: una encuesta de 2014 en Estados Unidos reveló que sólo el 54% de los usuarios de los emoticonos estaban en el rango de edad entre 18 y 34 años. Es decir, casi la mitad de la gente que los usa para expresarse no son precisamente “jóvenes”. Por ello, los investigadores creen que comunicarse a través de estos elementos estaría más relacionado con la personalidad que con la edad. De modo que ya podemos echar un vistazo a las recientes investigaciones que, aunque aún novedosas y casi en pañales, ya evalúan esta nueva forma de comunicación digital y lo que revela del comportamiento humano.

Los usuarios son muy conscientes de cómo los emojis y los emoticonos reducen la ambigüedad del discurso, pero también son más “controladas”. A diferencia de las expresiones faciales o el tono de voz, que son espontáneas, la matización que se hace en los medios online es voluntaria y puede ser fácilmente manipulada, perdiendo parte de su honestidad si así se desea. Independientemente de las ventajas y desventajas, somos contextualmente conscientes de con quién hablamos y en qué medio, lo que nos hace regular el uso de emoticonos y emojis según la situación. Por ejemplo, no es lo mismo un mensaje a un amigo que a un jefe, ni tampoco es igual el correo electrónico que las redes sociales.

Además de examinar el uso de los emoticonos y emojis en las emociones, también se ha investigado cómo se comunica la personalidad y cómo se es percibido por los demás gracias a ellos. Los hallazgos recientes indican que los observadores inexpertos son capaces de juzgar la extroversión y la apertura a la experiencia de sus interlocutores en la red con niveles razonables de precisión tan sólo viendo su perfil de Facebook. Esto sería una ventaja sobre la comunicación cara a cara, donde la apertura a la experiencia es en gran medida indetectable en las primeras impresiones.

Juntos, estos hallazgos ilustran que hay claramente algo único en los comportamientos virtuales que los distinguen de las acciones tradicionales del comportamiento humano. Y, dado que podemos prever que la comunicación cara a cara, pese a que nunca será sustituida por la virtual, va a compartir escenario cada vez con más fuerza con ésta, es interesante seguir abordando este nuevo campo de estudio en la comunicación y la conducta humana.

Los efectos de la cara aniñada y la edad en la credibilidad. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facial appearance and impressions of credibility: The effects of facial babyishness and age on person perception”, de los autores Jaume Masip, Eugenio Garrido y Carmen Herrero, de la Universidad de Salamanca, que cómo la edad o los rasgos aniñados influyen en la percepción de las personas.

Realizamos mucha investigación tratando de detectar la mentira tanto a través del lenguaje como de la conducta no verbal; sin embargo, es importante prestar atención también a las creencias sobre el engaño y las señales que la gente utiliza para realizar juicios de veracidad y que, en muchos casos, no son ciertas. Sabemos que la ropa, el atractivo físico o incluso una sonrisa pueden llegar a influir a nivel inconsciente en cómo de honesta percibimos a una persona, y uno de los rasgos que se estudiaron en esta investigación fueron las facciones aniñadas.

Los bebés son vulnerables y dependientes, es por ello que es una cuestión evolutiva ser capaz de percibir las características que nos llevan a identificar a un bebé para protegerlo y cuidarlo. Esas características morfológicas que desencadenan nuestros instintos son las siguientes:

  • Estructura craneal: Los niños tienen una frente más grande y una barbilla más pequeña.
  • Ojos: En el proceso de maduración crecen poco, por ello en proporción son más grandes en un niño que en un adulto respecto al resto de la cara.
  • Cejas: En los niños son más delgadas y más altas.
  • Nariz: Más pequeña y achatada en los niños.
  • Orejas: Los niños las tienen más pequeñas.
  • Labios: Los niños tienen la boca más pequeña, por lo que sus labios parecen más carnosos en proporción y se ven más delgados en los adultos.
  • Mejillas: Los bebés tienen las mejillas redondas y rechonchas, pero al desarrollarse la mandíbula en la adolescencia se pierde ese efecto. Por ello las caras adultas son más angulosas o de facciones fuertes.
  • Otros elementos: Además, los niños tienen una piel más clara y suave que la de los adultos, un cabello y ojos también más claro y unas pupilas proporcionalmente más grandes que los adultos.

Sin embargo, se ha encontrado que en individuos adultos que muestran características faciales que se asemejan a las de los bebés se les atribuyen también rasgos infantiles y, en consecuencia, se les percibe como menos maduros o intelectuales. Aunque, por otra parte, también se les ve como más accesibles, tranquilos, amables y afectuosos. Eso sin duda tiene repercusiones a nivel social e interpersonal como en las oportunidades laborales o la atribución de culpa en un tribunal. La hipótesis de esta investigación era que podríamos ver cómo además podíamos ver afectada la credibilidad y la honestidad entre otras características tanto en caras aniñadas como en niños respecto a adultos o facciones más adustas.

En este experimento participaron 324 estudiantes universitarios, mayoritariamente mujeres. Mediante el uso de programas de ordenador para modificar fotografías, se cogieron tres fotografías de un varón en diferentes edades (niño, adulto y anciano). Se manipularon para que vistieran igual y tuvieran una expresión neutra y un mismo peinado y salieran mirando a la cámara, como en documentos oficiales. Luego se manipularon para resaltar en cada una de las fotografías las características propias de la edad (por ejemplo, que el niño tenga los ojos grandes o que un anciano tenga los labios más finos). De manera que se tenían 9 fotografías finales (3 rangos de edad x 3 niveles de aniñamiento facial). Cada persona veía una única foto y rellenaba un cuestionario, de manera que cada cara fue evaluada 36 veces. Los participantes debían valorar cada cara del 1 al 7 en las siguientes características: fuerte-débil, sumisión-dominancia, inteligente-estúpido, ingenuo-astuto, afectuoso-distante, sincero-deshonesto, creíble-poco creíble.

En los resultados encontramos que las variaciones a las que se sometían las caras variaban el juicio que se hacía sobre ellas. Las caras aniñadas eran percibidas como más honestas, más creíbles, más débiles, más sumisas, más ingenuas y más afectuosas que las maduras. Es decir, afectó a todas las variables menos la inteligencia. Y la variable de la edad influyó también, demostrando que cuanta más edad más probable vemos una agresión sexual, fuerza, astucia, dominancia y frialdad emocional. En cambio, se veía a los niños como menos sinceros, debido a que se les considera demasiado imaginativos y poco confiables, con la única excepción de las agresiones sexuales, donde no se consideraba que un niño pudiera mentir.

Es importante en los contextos legales tener en cuenta que la apariencia o la edad de la gente nos influye a nivel subconsciente. Es posible que nos veamos afectados por el estereotipo de que “lo bello es bueno”: otros experimentos en el pasado ya demostraron nuestra tendencia a creer que las personas más atractivas son también más inteligentes, sinceras, honestas y cándidas. En vistas de nuestra falta de precisión ajustando la credibilidad de forma tan superficial es importante mejorar las herramientas de para su evaluación y tratar de ser lo más imparciales posible.

Sonreír cuando estás afligido: Cuando la sonrisa significa un ceño fruncido. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Smiling When Distressed: When a Smile Is a Frown Turned Upside Down”, del autor Matthew E. Ansfield, de la Universidad de Lawrence, que analiza la utilización de la sonrisa en situaciones angustiosas o desagradables como máscara de las verdaderas emociones.

La gente a veces responde a las experiencias emocionales negativas de maneras aparentemente paradójicas. No es raro que en situaciones incómodas o vergonzosas la gente tienda a sonreír o a reír, como cuando te tropiezas frente a gente conocida o te cantan cumpleaños feliz y no sabes a dónde mirar mientras tanto. Tras una montaña rusa o asustarse en una película de terror, no es raro ver a la gente reír aunque en realidad estén abrumados. Incluso en algunos funerales se ha encontrado un extraño comportamiento risueño en los cónyuges. Así que, ¿por qué la gente sonríe durante experiencias bochornosas o angustiantes en lugar de mostrar sus verdaderas emociones?

Algunas teorías creen que sonreír es en realidad una “máscara” para camuflar las emociones negativas en circunstancias sociales según dictan las reglas culturales, ya que, como sabemos, las emociones son universales pero no su expresión según dónde nos encontremos, y no todas las culturas valoran de la misma forma la expresividad emocional. Sin embargo, otras teorías sugieren que se trate de una función autoreguladora, de manera que ayude a regular el ánimo y disociarse del estímulo negativo. A pesar de estas explicaciones, existe poca investigación que pruebe el papel de la sonrisa en las experiencias emocionales negativas, por ello se llevó a cabo este experimento para comparar hombres y mujeres en distintas situaciones y valorar sus reacciones emocionales.

Para la primera fase se presentaron 160 personas (80 hombres y 80 mujeres), que fueron emparejados con alguien de su mismo sexo, con alguien del sexo contrario o participó en solitario. Cada uno de los subgrupos se decidió al azar, respetando que hubiera el mismo número de personas de cada sexo en cada uno. La actividad consistía en ver cuatro clip de vídeo desagradables, cuatro divertidos y cuatro neutros, en orden aleatorio, de entre 40 y 50 segundos. Después se les pidió que evaluaran su experiencia emocional viendo los vídeos, se les encuestó sobre sus lenguaje corporal (“¿has sonreído a propósito?”, “¿te has mostrado disgustado?”) y, por último, unos evaluadores externos calificaron las reacciones que vieron en los participantes.

Como resultado, no sólo se sonreía más cuanto mayor era la intensidad de la emoción y que se hacía más cuando se estaba acompañado que solo, sino que además los hombres tenían más tendencia a enmascarar sus emociones bajo una sonrisa que las mujeres. Además, tanto hombres como mujeres sonreían más cuando estaban acompañados de un hombre que de una mujer. Además, tres de cada cuatro personas de los que sonrieron viendo los vídeos angustiosos dijeron ser conscientes de ello, pero no porque estuvieran sonriendo a propósito, sino porque trataban de no hacerlo. Por otro lado, cuando se preguntó a hombres y mujeres cómo deberían reaccionar viendo algo desagradable, el 55% de los hombres respondió que con una expresión estoica y el 41% que con disgusto, mientras que el 92% de las mujeres dijo que debían mostrar disgusto: por lo tanto, parece que los participantes sonreían a pesar de que sus creencias de que no era apropiado y de sus esfuerzos conscientes por no hacerlo.

Dado que sonreír en sustitución de una muestra de disgusto o de una expresión más apropiada a la situación que no enmascare los sentimientos reales es algo que se valora negativamente, se decidió llevar a cabo un segundo experimento para tratar de medir el efecto de cómo somos vistos por los demás cuando hacemos tal conducta. Para ello participaron 65 hombres y 65 mujeres y se les pusieron los vídeos que se grabaron de las reacciones de los participantes del primer estudio. Los vídeos no tenían audio y no se les informó de qué estaban viendo los participantes para mostrar esas reacciones, sólo que debían decir sus impresiones sobre ellos. Luego volvieron a verlos tras leer antes de cada clip de vídeo un resumen del vídeo que habían visto en esa ocasión los participantes y luego debían valorar de nuevo sus reacciones y sus impresiones sobre ellos.

Curiosamente, aunque los hombres estaban experimentando mayores dificultades emocionales, sus sonrisas parecían de diversión más que de disgusto, mientras que las mujeres se percibían más disgustadas que divertidas. Y, cuánto más parecía que alguien se divertía en lugar de pasarlo mal, más inapropiado se percibía; aunque, por otro lado, cuando un hombre hacía esto se le percibía como más masculino y dominante, como si esta conducta fuera parte del estereotipo masculino. Del mismo modo, si una mujer mostraba esa conducta se la veía como más masculina.

En conclusión, parece que podemos afirmar que la sonrisa responde tanto a la necesidad de autorregularse y por ello podíamos observarla incluso cuando los participantes estaban solos frente al estímulo negativo, como a la necesidad de enmascarar las emociones y por ello podemos ver distintas reacciones en cuanto a género, tipo de estímulo y frente a quién se encontraban. Es posible que la diferencia en cuanto a género se deba a las reglas de exhibición emocional culturales que dictaminan que los hombres deben de ser más estoicos que las mujeres y, en su defecto, no mostrar emociones negativas en público. Por tanto, los hombres deben soportar mayor carga social y su angustia es mayor ante las emociones negativas por tener que lidiar al mismo tiempo con la necesidad de ocultarlas. Por ello, los hombres sonríen más que las mujeres ante situaciones desagradables o estresantes y, contrariamente a las mujeres, parecen divertidos aunque no es así.

Detección de la mentira a nivel inconsciente. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Some Evidence for Unconscious Lie Detection”, de los autores Leanne ten Brinke, Dayna Stimson y Dana R. Carney, de la Universidad de California, que investiga sobre la detección a nivel subconsciente del engaño.

La mentira forma parte de nuestro día a día. Desde las mentiras “piadosas”, que son herramientas pro-sociales y sin consecuencias negativas, hasta las destructivas y dañinas. Y, sin embargo, la capacidad del ser humano para detectar con precisión la mentira es de apenas el 54%. Es decir, apenas superior a decidir al azar si algo es mentira o no. No obstante, esta incompetencia para la detección del engaño no parece compatible con la teoría evolutiva. Para la adquisición de recursos relacionados con la supervivencia y la competición por los compañeros atractivos, la capacidad de mentir debería haber evolucionado junto con la capacidad de detectar el engaño.

Algunas teorías creen que erramos por la ausencia de señales estereotipadas: los mentirosos no siempre evitan la mirada o se muestran nerviosos. El hecho de que busquemos las señales equivocadas puede cubrir las mentiras, junto con la negligencia de obviar que incluso dentro de una misma persona las señales que nos indican que miente varían con el tiempo. También hay autores que creen que en épocas de abundancia y seguridad carecemos de la motivación necesaria para mantenernos alerta y detectar los engaños, lo cual encajaría en la teoría evolutiva al significar que en épocas de escasez aumentaría nuestra precisión fruto de la necesidad.

En cambio, los autores de esta investigación defendían que el problema radicaba en la mente consciente: estamos afectados por los estereotipos y los sesgos y eso afecta a nuestro análisis de la conducta ajena. Su hipótesis era dejándonos llevar de forma más intuitiva e inconsciente aumentaríamos nuestro porcentaje de acierto.

Para demostrar esto se llevaron a cabo dos experimentos. En el primero participaron setenta y dos estudiantes universitarios (51 mujeres, 21 hombres). Se les presentaba un vídeo de 12 falsos interrogatorios en el que a todos los actores se les acusaba de haber robado cien dólares. La mitad de ellos habían fingido el robo y la otra mitad no, y se les incentivó con que podrían llevarse el dinero de verdad si lograban convencer a quienes vieran el vídeo de no haber robado. Se les hacían diez preguntas con tono neutro, algunas verificables como “¿qué ropa llevas?” o “¿qué tiempo hace fuera?”, y otras relacionadas con el robo como “¿robaste el dinero?”, “¿por qué debería creerte?” o “¿me estás mintiendo?”. Cada uno de los vídeos duraba un minuto aproximadamente. Cuando se pidió a los participantes que dijeran de quién sospechaban que estaba mintiendo y quién estaba diciendo la verdad las respuestas fueron bastante inexactas: sólo fueron capaces de detectar al mentiroso en un 43% de las veces, y quién decía la verdad en el 48% de las ocasiones.

Para un segundo experimento contaron con sesenta y seis estudiantes universitarios (42 mujeres y 24 hombres) que visualizaron los mismos vídeos sobre interrogatorios del primer experimento y después se les hacía ver las caras de los sospechosos intercalados con palabras del campo semántico de la “verdad” o la “mentira” como “honesto”, “falso”, “engañoso”, “veraz”, etc. Los resultados mostraron que los participantes asociaban inconscientemente las palabras de engaño con los sospechosos que habían mentido y al mismo tiempo las palabras antónimas con los que dijeron la verdad.

Estos hallazgos podrían significar que, efectivamente a nivel inconsciente e intuitivo podemos detectar la mentira con más éxito pero nuestros procesos conscientes alteran nuestra capacidad y nos entorpecen en la detección del engaño. Sería interesante replicar estos resultados con una muestra más amplia y mayor rango de edad para evaluar con detenimiento este fenómeno a favor de la intuición.

Los efectos sociales y culturales en la sonrisa infantil durante el juego. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Children’s Nonverbal Displays of Winning and Losing: Effects of Social and Cultural Contexts on Smiles”, de los autores Phoebe H. C. Mui, Martijn B. Goudbeek, Marc G. J. Swerts y Arpine Hovasapian, en un estudio conjunto de la Universida de Tilburg (Países Bajos) y la Universidad de California, que sugieren que las sonrisas de los niños son susceptibles a factores sociales y culturales.

Imaginemos a un niño jugando: Sonríe cada vez gana pero se enfurruña cada vez que pierde. No es sorprendente ya que es lo que cabe esperar de un niño. Pero pongamos que el niño no está jugado solo, hay más niños con él. ¿Seguiría mostrando sus emociones de la misma forma ante los otros niños? Hacerlo podría implicar afectar al buen ambiente del juego. ¿Acaso no es desagradable que un amigo se enfade cuando le ganamos? Al jugar en equipo somos, en parte, responsables de mantener la armonía y la cohesión pero algunas sociedades ponen por encima la expresión personal y las metas individuales.

Desde muy pequeños, los niños adhieren connotaciones sociales a su sonrisa. Otros estudios han demostrado que los niños ríen más ante estímulos humorísticos si hay otros niños presentes; y que muestran sonrisas más amplias abriendo un regalo no deseado delante del experimentador que estando a solas. Así que, la forma de sonreír e interactuar de los niños durante el juego podría estar depender de su formación cultural.

Para probar esta hipótesis se llevó a cabo un experimento cuyos participantes fueron 55 niños de origen chino (siendo 34 de ellos varones) y 31 holandeses (de los cuales, 23 eran varones). Todos tenían ocho años de edad y se contaba con el consentimiento de sus padres y profesores.

Se decidió que la tarea experimental fuera un juego para obtener de los niños las expresiones faciales asociadas a ganar o perder. Los niños fueron aleatoriamente a una de las dos condiciones: jugar solo (15 niños holandeses y 13 chinos) o emparejados (16 parejas holandesas y 21 chinas). Las parejas estaban conformadas por niños del mismo sexo y debían cooperar. Los niños estaban sentados frente a una pantalla de ordenador, sobre la cual había una cámara registrando sus expresiones durante el juego. Sin embargo, para el análisis sólo se tenía en cuenta a uno de los niños de la pareja, elegido al aleatoriamente. Las instrucciones del juego se les daban en su lengua materna (holandés o chino) para asegurarse que eran entendidas.

El juego consistía en ir sacando cartas y se debía adivinar si la siguiente sería mayor o menor. Sin embargo, el juego estaba amañado para que cada niño al menos ganara dos veces y perdiera dos veces. Esto era así porque para los análisis se utilizaban nada más que la grabación de la expresión facial durante la segunda victoria y durante la segunda derrota. Evitándose así expresiones menos efusivas a medida que avanza el juego por perder el interés. Para evaluar las expresiones de los niños se utilizó el código FACS, que identifica la presencia e identidad de los músculos faciales.

Se encontró que, efectivamente, se sonreía más estando en pareja que a solas. Luego, comparando por culturas, se observó que los niños chinos que jugaban en parejas sonreían más que estando a solas, un efecto social que no ser observó en los niños holandeses. Esto encaja con la teoría de que una sociedad más estricta y colectiva (China) antepondrá al grupo por encima de uno mismo como ocurre con sociedades más flexibles e individualistas (Holanda). Fue curioso, sin embargo, que no afectaba a la sonrisa el hecho de ir ganando o perdiendo en el juego. Quizás debido a que, tanto niños como adultos, sugieren en momentos de desconcierto, como puede ser cuando se pierde de forma inesperada.

En conclusión, estos hallazgos sugieren que las sonrisas de los niños en un contexto competitivo son susceptibles a los factores sociales y culturales. Quizás sería interesante desarrollar estos resultados con otras emociones como la tristeza o incluso replicarlo en adultos para comprobar el efecto de ambas variables en la otro tipo de muestra.

Evidencias de la personalidad y la agresividad en la biomecánica de la marcha. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Evidence of Big Five and Aggressive Personalities in Gait Biomechanics”, de los autores Liam Satchell, Paul Morris, Chris Mills, Liam O’Reilly, Paul Marshman y Lucy Akehurst, de la Universidad de Portsmouth (Inglaterra), que tratan de demostrar como la personalidad y la agresividad se manifiestan a través de la forma de caminar.

Un completo desconocido en mitad de la calle, no sabemos nada de él. Y sin embargo, unos pasos inseguros parecen decirnos que es tímido. O su forma de andar rápida y vigorosa parece gritar que está enfadado. ¿Expresa nuestro cuerpo realmente cómo somos o cómo nos sentimos? Gran parte de la investigación en lenguaje no verbal se ha centrado en la cara y en los microgestos, incluso en la postura, la posición y hasta el tono de voz. ¿Pero qué pasa con nuestra forma de andar cotidiana? ¿Acaso no sería de interés poder prever las intenciones de una persona sólo viendo su forma de acercarse a nosotros?

Con la intención de arrojar luz sobre ese ámbito, se realizó un análisis exploratorio teniendo como únicas hipótesis que encontraríamos más rotación de la pelvis en mujeres y una mayor rotación del tórax en los hombres además de mayor agresividad. Respecto a la personalidad, no se hicieron hipótesis en firme.

Se reclutaron 29 participantes para el estudio, 16 de los cuales eran hombres con una media de 21 años. Se les pedía que se subieran a una cinta de correr y, tras ponerla en su velocidad de paseo normal, dieran un paseo en ella para familiarizarse. Después se les añadían unos marcadores reflectantes de 12 mm de diámetro en ambos hombros, una en la horquilla esternal (bajo el cuello), en las crestas ilíacas anteriores (cadera); y en la parte de atrás del cuerpo, crestas ilíacas posteriores (zona lumbar) y en la parte alta de la columna, ladeado hacia la derecha. De manera que se tenían puntos de referencia del tórax, de la pelvis y general. Se utilizaron además marcadores adicionales en las piernas y en los pies para identificar los ciclos de la marcha a pie. Primero se les midió durante 10 segundos estando quietos para hacer un modelo de su cuerpo y luego tuvieron que caminar 60 segundos en la cinta. Junto con las cámaras y los software de captura del movimiento se analizaron las formas de caminar de los participantes.

Posteriormente se les pasarabn dos cuestionarios. En primer lugar, el cuestionario de agresión de Buss-Perry que mide cuatro subescalas: la tendencia a la agresión física, a la agresión verbal, la disposición a la ira y la hostilidad hacia los demás. Y, en segundo lugar, hicieron el inventario de personalidad conocido como Big Five, dado que es el más ampliamente aceptado e investigado en diferencias individuales. Los cinco rasgos que mide son: la extraversión, la apertura a la experiencia, la responsabilidad, el neuroticismo y amabilidad.

Se analizaron por separado los resultados de hombres y mujeres, basándose en estudios anteriores. Respecto a la agresión, se encontró que los movimientos por separado del tórax y de la pelvis no indicaban nada, pero era el grado de rotación entre ambos el que reflejaba agresión física, especialmente en mujeres. Es decir, cuando andamos, al mismo tiempo que avanzamos el pie derecho y la cadera derecha, el cuerpo se equilibra avanzando el hombro y el brazo izquierdos, y viceversa. En la gente agresiva, el grado en que se marcan los movimientos es más pronunciado. Donde se encontró correlación para los hombres y la agresividad fue en la velocidad de la marcha: cuanto más veloces, más violentos.

Aunque se esperaba encontrar relación con la extraversión, los resultados no fueron consistentes. Sin embargo, se encontró relevancia en los datos para la amabilidad y la responsabilidad, aunque no saben justificar por qué. Es posible que la personalidad se filtre a la marcha, por ejemplo, adoptando un estilo más confiado de caminar. Pero aún debe investigarse si la marcha afecta a la personalidad o viceversa. Lo que está claro es que, aunque se tenga por un proceso automático, es un reflejo de la psicología individual y aún puede encontrarse mucha información en este ámbito. ¿Podríamos en un futuro preveer los delitos o las agresiones por la forma de caminar de los atacantes?

La sensación de intimidad en las redes sociales. Club de Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Self-disclosure on SNS: Do disclosure intimacy and narrativity influence interpersonal closeness and social attraction?”, de los autores Ruoyun Lin y Sonja Utz, del instituto de Leibniz y la Universidad de Tubinga (Alemania), que aborda el estudio de la intimidad y el atractivo social en las relaciones por internet.

Aunque las redes sociales se utilizan principalmente para mantenernos en contacto con gente conocida, no es raro entablar conversación con algún desconocido. En Twitter, por ejemplo, es relativamente común seguir a gente que sólo conocemos en línea. Algunos estudios creen que tanto las revelaciones personales como los mensajes divertidos de esta red crean sensación de proximidad entre los usuarios, pero esos juicios se han formado de manera subjetiva con estudios correlacionales. Es por ello que el siguiente estudio trata de abordar cómo se forma esta intimidad y qué factores influyen en ello.

Ya sea para hablar de qué se ha comido hoy o para profundizar acerca de un sentimiento, ambos tipos de mensaje son autorrevelaciones. Éstas se pueden clasificar en dos dimensiones: por su extensión y por lo íntimas que sean. Las revelaciones en internet tienen unas características propias en comparación con la comunicación cara a cara. En primer lugar, cuando una revelación es demasiado personal es más probable que sea considerada inapropiada que si se dijera en persona. Por tanto, la autorrevelación íntima en las redes sociales puede reducir la atracción interpersonal. En segundo lugar, las revelaciones no se dirigen a un único interlocutor, sino a varios. Sin embargo, puede ocurrir que en las redes sociales las personas no se den por aludidas y por tanto tener menos efecto. Y, en tercer lugar, las revelaciones de cada persona están inmersas en la marea de publicaciones ajenas, por lo que es posible no prestarle atención.

Por otro lado, otro factor importante es la narrativa. En las autorrevelaciones es revelar la información de uno mismo contándola de manera que parezca una historia. A la gente le gusta ser transportada por la narrativa de una película o novela, desarrollan sentimientos de cercanía con los personajes gracias a ella. Por este motivo, las autorrevelaciones que son narrativas, es decir, que en su conjunto forman una historia continua y coherente, tienen mayor facilidad de comprensión, viveza, compromiso y respuesta emocional.

Las hipótesis del estudio eran que (1) a mayor cantidad de autorrevelaciones, más familiaridad se despertaría en los demás; (2) que las autorrevelaciones íntimas, si se percibían como apropiadas, aumentaría la cercanía y la atracción social; y por último, (3) que las autorrevelación narrativas aumentarían la cercanía y la atracción social.

Para el experimento se diseño una red social llamada Social Net y que era similar a Facebook. En ella crearon cinco perfiles falsos, dos de ellos publicaron cinco veces, uno tres veces y dos una sola vez. Se trataba de un diseño 2×2: alta vs baja intimidad y alta vs baja narratividad. En todas las condiciones había mensajes distractores idénticos, intercalados de la misma forma.

En la primera fase del experimento participaron un total de 139 personas mayores de 18 años, de los cuales sólo 29 fueron hombres y con una media de edad de 24 años. Se pidió a los participantes que navegaran por la red social como si acabaran de crearse una cuenta nueva y que consideraran a los amigos ya incluidos como si los hubiera sugerido la red. Después se les preguntaba cómo de familiarizados se sentían con esos perfiles, valorándolo en una escala Likert de 1 a 7. Del mismo modo, se les preguntó por la impresión que les daban, la narrativa y el interés social. La segunda fase realizó la misma tarea pero en línea y con una muestra mayor: 433 participantes (161 de ellos eran hombres), con una media de edad de 26 años.

De ambas fases se extrae la conclusión de que la autorrevelación pública de información es beneficiosa ya que crea una sensación de familiaridad. Sin embargo, los efectos de la narrativa y la intimidad no son muy claros. Para futuras investigaciones deberán usarse sistemas más realistas, ya que la red social contaba sólo con quince publicaciones. Además, el hecho de que una fase se realice en el laboratorio y la otra a distancia puede suponer, como en este caso, la diferencia en los resultados entre ambas fases. Pero no deja de ser un paso adelante en el estudio de la forma de comunicación de este siglo.

Evaluación de la personalidad usando el olor corporal. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Assessing Personality Using Body Odor: Differences Between Children and Adults”, de la autora Agnieszka Sorokowska, de la Universidad de Breslavia (Polonia), que analiza si los rasgos de personalidad podrían ser reconocidos usando señales olfativas en las interacciones hombre-mujer y niños-adultos.

El olor corporal es una variable importante en las interacciones sociales y, sin embargo, ha sido obviada y subestimada aunque los estudios traten de demostrar su papel. Varios autores defienden que podría estar relacionado con la elección de pareja sexual, del apego entre madres y bebés, indicar la fertilidad femenina o permitir la identificación personal. Pero, además, los últimos estudios creen que podría darnos información sobre la personalidad.

Muchos estudios sugieren que el funcionamiento psicofisiológico de los individuos se refleja en los niveles de diversas sustancias químicas en la piel, la saliva, la orina y las secreciones genitales, contribuyendo al olor corporal natural. Y, más concretamente, podrían verse afectados por la extroversión, la dominancia y el neuroticismo.

Para comprobar esta hipótesis se realizaron dos estudios: uno con niños y otro con adultos. La muestra estuvo compuesta por 75 niños (35 niñas y 40 niños) con una edad media de 8 años, y 75 adultos (41 mujeres y 34 hombres) con una edad media de 20 años. Ambos grupos tuvieron que clasificar los rasgos de personalidad de 50 desconocidos (24 mujeres y 26 hombres de entre 18 y 30 años), basándose en su olor corporal, por lo que además fue requisito no tener problemas olfativos.

Se utilizó olor corporal de adultos en ambos casos debido a que las glándulas encargadas de la producción de feromonas no están activas hasta la pubertad. Para recoger la muestra de olor, se facilitó a los donantes almohadillas de algodón, cinta hipoalergénica quirúrgica, jabón sin perfume, un frasco de vidrio estéril y una nueva camiseta. Los donantes debían lavarse la mañana de la toma de la muestra con el jabón, ponerse las almohadillas en las axilas con la cinta quirúrgica, usar la camiseta suministrada y llevarlo todo durante 12 horas. Además, debían abstenerse de usar cosméticos perfumados (como desodorantes, perfume o jabón), comer alimentos picantes (ajo, cebolla, etc.) y beber alcohol o fumar desde el día de antes. Después de 12 horas, los participantes dejaban las toallitas en el frasco y las devolvían a los experimentadores.

Después, tanto donantes del olor como los participantes debían realizar un test de personalidad de seis cuestiones, cada una de ellas compuesta por tres descriptores: (1) sociable, alegre y activo (extraversión; E); (2) simpático, amable y confiado (amabilidad; A); (3) confiable, auto-disciplinado, y responsable (responsabilidad; C); (4) ansioso, nervioso y fácilmente trastornado (neuroticismo; N); (5) curioso, tiene gusto de cambios, y tiene muchas nuevas ideas (abertura a la experiencia; O). Y, por último, (6) dominante, no ceder, y es un líder (dominancia; D). Ésta última fue añadida por los autores a los cinco factores originales de la teoría de McCae y Costa. Los participantes marcan sus respuestas en la escala de 1 a 5 (1 = en desacuerdo absoluto; 2 = Algo en desacuerdo; 3 = ni de acuerdo, ni en desacuerdo;, 4 = de acuerdo en algo y 5 = totalmente de acuerdo). Todas las frases estaban en positivo y se habían mostrado a otros niños para confirmar que eran entendibles.

El procedimiento fue el mismo para adultos que para niños: La evaluación de los olores se realizó de forma que cada persona calificaba sobre 5 puntos las seis dimensiones de la muestra que se le facilitaba y debía intuir el sexo. Cada participante evaluaba cuatro muestras de olores seleccionadas aleatoriamente, pero manteniendo que examinaran al menos una masculina y una femenina. Además, cada muestra debía ser evaluada al menos seis veces, siendo al menos dos veces por un hombre y dos por una mujer.

Se encontró que los niños no identificaban correctamente el sexo por el olor corporal, ni tampoco tuvieron resultados consistentes en los seis factores salvo para el neuroticismo. En los adultos jóvenes acertaron en el sexo en el 60% de las ocasiones, lo cual no es mucho más que el azar. También se encontraron resultados significativos para el neuroticismo y, además, para la dominancia.

La razón de por qué el neuroticismo es el único factor que se puede identificar a través del olfato, tanto en niños como en adultos, podría deberse a que los neuróticos son propensos al estrés y este proceso podría afectar al olor debido a que produzcan sustancias corporales relacionadas con el miedo. Quizás, como coloquialmente se suele decir, no sólo los perros huelan el miedo.

Respecto a la dominancia, los comportamientos agresivos y dominantes correlacionan con elevados niveles de testosterona, lo que afectaría también a las glándulas sudoríparas, y por consiguiente al olor. Así que la gente dominante podría oler diferente que la gente sumisa. Y el hecho de que los niños no puedan detectar esta diferencia olfativa de poder entre adultos podría deberse a que esto sólo es importante tras la pubertad, de cara a la atracción sexual. Esto se respalda en el hecho de que las mujeres prefieran los olores de hombres dominantes durante su fase fértil del ciclo reproductivo y que los juicios de dominancia sean más precisos cuando se evalúa al sexo opuesto.

Aún queda por averiguar más sobre los otros factores de personalidad, pero por ahora los resultados muestran que el olor corporal humano puede transmitir información importante sobre nuestro interlocutor, complementando las señales visuales y auditivas y contribuyendo a la exactitud de las primeras impresiones.

La pupila refleja las decisiones y los sesgos. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Decision-related pupil dilation reflects upcoming choice and individual bias”, de los autores Jan Willem de Gee, Tomas Knapen y Tobias H. Donner, en un estudio conjunto de la Universidad de Amsterdam y la Universidad de Berlín, que aborda cómo las pupilas cambian su tamaño según la respuesta a una decisión.

La mirada es una gran fuente de información para nuestro interlocutor, cargada de connotaciones e información no verbal que acompaña a nuestras palabras. La mayoría de esos microgestos, en mayor o menor medida pueden llegar a ser controlables, pero hay uno que nos traiciona por completo: el tamaño de nuestras pupilas.

No es novedosa la utilización de la medida pupilar para la toma de decisiones. Los cambios en el tamaño de las pupilas bajo una luz constante se han utilizado como marcador en distintos procesos mentales y cerebrales. Sin embargo, no todos los experimentos recuerdan tener en cuenta el factor del aprendizaje. No reaccionamos de la misma manera ante un estímulo la primera vez que lo vemos que las siguientes, de la misma forma que tomar una decisión no requiere los mismos procesos mentales cada vez. Es por ello que en este diseño, el equipo investigador tuvo en cuenta el efecto acumulativo que produce el aprendizaje.

Además, se tuvo en cuenta también el sesgo propio de cada persona a la hora de tomar decisiones: algunas personas tienen más tendencia a dar el “sí” incluso cuando dudan de la respuesta (liberales) y otras tienen más tendencia al “no” en caso de duda (conservadores). Así que, ¿tendrían estos factores influencia en la respuesta de la pupila a la hora de tomar decisiones?

Para contrastar esta hipótesis se contó con la colaboración de 23 estudiantes a los que se les midió el tamaño de la pupila mientras observaban una grabación en la que debían detectar una señal visual en un monitor sobre un fondo con ruido dinámico, lo cual dificultaba su percepción y, por tanto, la decisión de si lo habían visto realmente o no. Se llevaron a cabo entre 6 y 10 sesiones (entre 480 y 800 ensayos por sujeto) para ver el efecto acumulativo del entrenamiento.

Los resultados parecen mostrar que durante un proceso de decisión prolongado, la pupila se dilata principalmente durante el proceso de formación de la decisión más que cuando ya está ésta tomada.  Además, los datos parecen indicar que cuando una persona da una respuesta afirmativa las pupilas se dilatan más que si da una negativa. Por otro lado, este efecto se ve aún más remarcado cuando contesta afirmativamente la persona que tiende a ser conservadora, es decir, cuando contesta en contra de sus propias preferencias.

En cierto modo, este descubrimiento parece indicar que las pupilas pueden ser predictoras de la respuesta. Quizás, para futuras investigaciones, sea interesante replicar estos resultados con decisiones de tipo emocional, ya que eso acercaría un poco más estos resultados a sus posibles utilizaciones prácticas.

¿Las expresiones faciales se desarrollan antes del nacimiento? Club del Lenguaje no Verbal.

bebe_feliz-ecografia-4d-expresion-facial-emociones-lenguaje-no-verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Do Facial Expressions Develop before Birth?”, de los autores Nadja Reissland, Brian Francis, James Mason y Karen Lincoln, en un estudio conjunto de la Universidad de Durham, la Universidad de Lancaster y el hospital universitario de James Cook, que abordan el desarrollo de las expresiones faciales de las emociones en los fetos.

Como ya comentábamos en otra ocasión, los bebés al nacer ya son capaces de expresar emociones. Partimos de la base de la universalidad de las emociones y su expresión facial por este motivo, ¿pero en qué momento se desarrolla esa capacidad si ya desde el momento del nacimiento contamos con ella?

Para responder a esa pregunta se examinaron los movimientos faciales de fetos grabados en vídeo con máquinas del ultrasonido 4D en las últimas etapas del embarazo. Los fetos fueron de dos niñas sanas. Una de ellas fue observada en las semanas 24, 27 y 34, y la otra en las semanas 24, 28, 32 y 35. Cada una de las sesiones de observación duró veinte minutos. Las expresiones estudiadas fueron la cara de llorar y la de reír, ambas compuestas por un máximo de 7 movimientos faciales.

Se identificaron 19 movimientos faciales, algunos propios de cada una de las dos expresiones faciales, pero otros no pertenecían a ninguna o eran compartidos. Como resultado se encontró que el número medio de confluencia de tres o más movimientos faciales se incrementó del 7% al 69% entre las semanas 24 y la 35. Además, las expresiones pertenecientes a la cara de llorar se incrementaron de 0 a un 42%, y la de risa de 0 a un 35%.

Es decir, antes de nacer, encontramos que un feto puede mover la cara, por ejemplo separando los labios, arrugando la nariz o bajando una ceja, como ya sabíamos. Sin embargo, los investigadores observaron que a lo largo de las semanas los movimientos iban progresando y conformando combinaciones complejas asociadas a expresiones faciales reconocibles. En la semana 24, primera etapa de la observación, los fetos movían un solo músculo de la cara cada vez, como abrir la boca o estirar los labios, pero en la semana 35 podríamos verles ampliar los labios, bajar las cejas y profundizar el surco nasolabial, todo al mismo tiempo.

A pesar de que el feto no puede hacer ningún sonido, el desarrollo de las expresiones faciales significa que al nacer, el bebé ya ha desarrollado los movimientos faciales para acompañar el llanto y la risa. Sin embargo, los autores no creen que los fetos estén manifestando las emociones asociadas a esas expresiones faciales en el vientre. Lo comparan, sin embargo, con los movimientos respiratorios o la acción de chuparse el dedo que llevan a cabo y que son precursores de las acciones que llevarán a cabo tras nacer, como si se tratara de una práctica. De manera que el feto podría estar “practicando” esas muecas.

Es interesante la potencial aplicación a identificar problemas de salud de este descubrimiento, ya que existe relación entre los patrones de comportamiento del feto y su desarrollo cerebral. Y las diferencias en la evolución de la expresión facial podrían indicarnos problemas en el desarrollo. En futuras investigaciones pretenden averiguar si también podemos encontrar diferencias entre fetos cuyas madres fumen durante el embarazo y las que no lo hacen, y también el estudio de otras expresiones faciales como la ira.

El amor está en la mirada: Un estudio de seguimiento ocular del amor y el deseo sexual. Club del Lenguaje no Verbal.

amor-sexo-pareja-mirada-lenguaje-no-verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Love Is in the Gaze: An Eye-Tracking Study of Love and Sexual Desire”, de los autores Mylene Bolmont, John T. Cacioppo y Stephanie Cacioppo, en un estudio conjunto de las universidades de Ginebra y Chicago, que estudia cómo diferenciar las intenciones románticas de las sexuales de nuestro interlocutor basándose en la orientación de su mirada.

¿Alguna vez has sentido “amor a primera vista”? ¿O quizás estás más familiarizado con esas miradas que parecen desnudarte? El rostro es un elemento de gran importancia en la comunicación y la interacción social, al igual que la mirada, que nos aporta mucha información de nuestro interlocutor. Y en menos de medio segundo los ojos ya podrían estar revelando los intereses de una persona incluso antes de que él mismo llegue a racionalizarlos.

El amor y el deseo sexual han sido pocas veces estudiados como elementos separados. En parte por los sesgos heredados de nuestra cultura, y en parte por lo complicado de su estudio, ya que a nivel cerebral comparten áreas corticales y subcorticales como el tálamo y el hipocampo entre otras que complican su diferenciación. Sin embargo, el amor y el deseo ni son lo mismo ni están obligatoriamente relacionados (el amor no es requisito para el sexo, ni el deseo acaba desencadenando un enamoramiento): ambos pueden existir por sí mismos o combinados en cualquier grado. Así pues, el objetivo de este estudio era comparar las conductas humanas frente a la percepción de estímulos que les provocaran deseo sexual y enamoramiento.

Para este experimento se presentaron voluntarios 20 participantes (13 mujeres y 7 hombres). De esos 20, sólo 17 llegaron a la segunda fase. A pesar de ello, los datos obtuvieron un 95% de significación estadística. Además, todos los sujetos mostraron puntuaciones en la media de ansiedad, depresión, soledad y deseo sexual, siendo representativos de la población.

En ambas fases del experimento se les hacía presenciar una serie de fotografías de personas desconocidas en un ordenador. Para evitar interferencias, primero se evaluaba la parte conductual y luego la monitorización ocular. En la parte conductual, se pedía a los participantes mirar las fotografías y evaluar si les sugerían deseo sexual (sí o no) o amor romántico (sí o no). Después, en la parte del seguimiento ocular, se les realizaba la misma tarea pero pidiéndoles que se limitaran a observar las fotos y pensar en su respuesta anterior, salvo que en esta ocasión sólo veían dos fotos de las presentadas anteriormente elegidas al azar de cada tipo (románticas y sexuales).

En la fase 1, se mostraron 120 fotografías de parejas heterosexuales de adultos jóvenes (18 a 30 años) en las que las distintas parejas se miraban mutuamente, se tocaban las caras o miraban a cámara, y no comprendían desnudos ni escenas eróticas. Habían sido elegidas en un experimento previo en el que se seleccionaron por una muestra de similar edad las que sugerían más romanticismo y más atractivo sexual.

En la fase 2, los estímulos consistían en 80 fotografías (40 hombres y 40 mujeres) de individuos atractivos mirando a la cámara. Cada participante veía solo las fotografías del sexo opuesto. Igual que en la fase 1, la edad era similar y no se incluía pornografía. Y al igual que en la fase 1, se les encomendó decidir lo más rápido y preciso posible si la fotografía les sugería sentimientos románticos o deseo sexual, pero nunca se preguntaban ambas cosas de la misma foto.

En primer lugar, se demostró que las fotos cumplían su función y las eróticas despertaban interés sexual y las románticas sentimientos amorosos. Una vez validada la base del experimento, se demostró que los participantes eran más propensos a fijarse en la cara de las personas cuando se toman decisiones sobre el amor romántico que al tomar decisiones sobre el deseo sexual, y los mismos participantes eran más propensos a mirar el cuerpo cuando se toman decisiones acerca del deseo sexual que al tomar decisiones sobre el amor romántico. Es interesante también señalar que tanto hombres como mujeres se comportaban de la misma forma en este aspecto. Respecto a la segunda fase, una vez más no hubo diferencias de género en el comportamiento en cuanto al número de miradas, ni la duración de éstas, y se corroboró la hipótesis sobre dirigir la mirada según las intenciones hacia la persona que se observa.

En resumen, podemos afirmar que la atención visual refleja aquello que es más importante para las intenciones o metas, partiendo de la base de que la mirada mutua es uno de los elementos más fiables del amor entre parejas y que la atracción física es parte elemental de la atracción sexual. Aunque aún se sabe poco sobre los mecanismos que hay tras el enamoramiento, estos patrones de respuesta suponen unas primeras pistas respecto a los procesos de atención automáticos que pueden diferenciar los sentimientos que evoca un extraño. Y a su vez, pueden suponer un interesante marcador para utilizar en terapias de pareja.

Enfrentarse a los injustos: Introducción de la imagen proxémica como medida implícita de aproximación y evitación durante la interacción social. Club del Lenguaje no Verbal.

proxemia-miradas-evitacion-realidad-virtual-club-lenguaje-no-verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facing Off with Unfair Others: Introducing Proxemic Imaging as an Implicit Measure of Approach and Avoidance during Social Interaction”, de los autores Cade McCall y Tania Singer, del Institute for Human Cognitive and Brain Sciences de Alemania, que estudia la proxemia durante interacciones con personas justas e injustas.

A nadie le gusta ser tratado injustamente. Distintos experimentos han demostrado que, a nivel actitudinal, percibimos a los desleales como menos agradables y menos atractivos que los que nos tratan con justicia. A nivel emocional, las personas que han recibido un trato injusto reportan desprecio, ira, e incluso tristeza. La reacción contra la injusticia tiene lugar incluso cuando sólo somos meros observadores y no receptores de la acción. Desde un punto de vista evolutivo, tiene sentido una reacción adversa contra la deslealtad dado que ataca directamente a la cooperación y a la vida en grupo, tan necesarios en una especie social. Por tanto, es lógico reaccionar censurando y/o evitando a estas personas que no son dignas de confianza.

El antropólogo Edward C. Hall acuñó el termino “proxémica” para describir los usos comunicativos y culturales del espacio interpersonal. Esto incluye el distanciamiento interpersonal, la orientación corporal y la forma de mirar a otros. Estos elementos de la comunicación no verbal expresan implícitamente actitudes y motivaciones durante las interacciones sociales y pueden reflejar la naturaleza de la relación entre los dos interactuantes. Así que no es de extrañar que tendamos a acercarnos a las personas que evaluamos positivamente y evitemos a los que no.

En la investigación se ha abordado ampliamente el tema de la injusticia mediante experimentos de economía monetaria, y también por otro lado se ha evaluado el lenguaje no verbal ante personas que no nos eran agradables. Pero este experimento se planteó otro tipo de situación mucho más propia de la vida real: ¿qué ocurre cuando contemplamos la injusticia y no tenemos la oportunidad de castigar a esa persona? ¿Y cómo nuestro cuerpo refleja esas actitudes? ¿Podría predecirse en nuestro lenguaje no verbal cuando vamos a tomar represalias contra otra persona?

Con el fin de buscar la relación entre estas variables se llevó a cabo este experimento, donde se contó con 56 participantes (26 mujeres y 30 hombres). Cada uno de los participantes interactuaba con dos investigadores-cómplices, haciéndoles creer que eran participantes como ellos. Se les hacía esperar juntos en el vestíbulo para darle credibilidad, se les explicaba el experimento y luego los separaban para interactuar en línea desde salas separadas.

El experimento consistía en cuatro tareas: 1) un juego económico, 2) una tarea de memoria en un entorno virtual, 3) la posibilidad de castigar económicamente a otros jugadores, 4) cuestionarios. En el juego económico, uno de los dos cómplices era significativamente más equitativo que el otro para crear la sensación de que uno de los dos era injusto. Posteriormente se les ponía las gafas de realidad virtual y se les introducía en un mundo virtual que consistía en una habitación gris donde estaban los otros dos compañeros. Las gafas permitían también medir la posición y orientación de la cabeza respecto a los otros para los cálculos proxémicos. Los participantes debían andar por la habitación virtual memorizando las fotos para ser interrogados por ellas, pero la verdadera intención de la prueba era ver su acercamiento a los dos cómplices.

Después volvían al juego monetario, donde se les daba la oportunidad de castigar a los otros dos jugadores, haciendo que esa persona perdiera el triple de lo que el participante pagara. Y finalmente se cumplimentaron unos cuestionarios en los que debían calificar numéricamente a los otros participantes en términos de justicia, simpatía, atractivo o molesto entre otros.

Tal como se esperaba, los resultados mostraron que el cómplice justo era valorado como más equitativo, más agradable, más simpático, menos molesto y más atractivo que el cómplice injusto. Esto a su vez demuestra que el intercambio monetario del juego es considerado como una actividad social relevante, puesto que afectaba a nivel actitudinal a los participantes.

Por otro lado, todos los participantes eligieron castigar a los jugadores desleales más que a los justos, y ninguno castigó al justo más que al injusto. En cuanto a la proxémica, los participantes eligieron acercarse más a los justos en la habitación de realidad virtual, aunque sólo encontraron resultados significativos para la distancia interpersonal, no en la mirada. Sin embargo, también se esperaba que algunos participantes prefirieran estar cerca de los desleales: aquellos que eran propensos a castigar a los injustos. Así que se analizó la proxémica con la tendencia a castigar a los otros en la tarea posterior, encontrando que los que más castigaban a los desleales también estuvieron más tiempo frente a ellos y además les dieron la espalda mientras eran observados por ellos.

En definitiva, podemos afirmar que la injusticia influye en nuestro comportamiento no verbal y que la proxémica sirve de predictor de nuestra conducta posterior. Pero con estos resultados aún surgen más preguntas por contestar: ¿es la aproximación y la evitación una forma de mostrar aprobación y censura a los demás o en realidad son expresiones involuntarias demasiado sutiles como para ser percibidas por los otros?

Los perfiles de Facebook reflejan la personalidad real, no la auto-idealización. Club del Lenguaje No Verbal.

perfiles-redes-sociales-facebook-club-lenguaje-no-verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facebook Profiles Reflect Actual Personality, Not Self-Idealization”, de los autores Mitja D. Black, Juliane M. Stopfer y Boris Egloff de la Universidad de Mainz, Simine Vazire de la Universidad de St. Louis, Sam Gaddis y Samuel D. Gosling de la Universidad de Texas y Stefan C. Schmukle de la Universidad de Münster, que evalúa el realismo de los perfiles en las redes sociales en los jóvenes.

Más de 700 millones de personas en todo el mundo utilizan las redes sociales. Estas páginas se han integrado como parte de nuestra interacción social y son ampliamente utilizadas como parte de la comunicación e incluso a nivel laboral ya desempañan un importante papel. Y a pesar de tan amplia inserción en nuestras vidas, todavía nos faltaba una pregunta por hacernos y corroborar: ¿Son realistas las impresiones que transmiten de nosotros las redes sociales?

Es una suposición ampliamente aceptada que no nos mostramos a nosotros mismos en las redes sociales sino que creamos y mostramos al mundo una versión idealizada de cómo preferiríamos ser en lugar de nuestras auténticas personalidades. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que nuestros contactos en las redes sociales nos conocen de verdad, fuera de la pantalla, y ellos también tienen acceso a publicar en nuestros perfiles y a comentar en las publicaciones propias. Es decir, la imagen mostrada se configura entre varias personas, lo que hace difícil que uno mismo muestre algo diferente de lo que es en realidad.

Para comprobar esta hipótesis se contó con 236 usuarios de las redes sociales más populares en sus respectivos países de entre 17 y 22 años: 133 usuarios de Facebook estadounidenses y 103 usuarios de StudiVZ y SchuelerVZ de Alemania. Se guardó los perfiles de los participantes antes de llevar a cabo los test de personalidad para evitar las modificaciones. Posteriormente se pasó un test de auto-ideal a los participantes para medir la versión de sí mismos que quisieran ser y contrastar si es esa la impresión que transmiten en sus perfiles. Por otro lado, se les pasó a ellos y a sus amigos cercanos un test de personalidad para conseguir más exactitud en la medición de la personalidad real de los participantes. Por último se pidió a evaluadores externos que valoraran la personalidad que percibían en las distintas páginas personales para contrastar con cuál de las dos imágenes que se tenía de los participantes cuadraba más.

Los resultados mostraron que los perfiles se percibían en consonancia con la personalidad real de los usuarios y no con su versión idealizada. Las medidas que fueron más significativas fueron la extraversión y la apertura a la experiencia, y la más baja fue la de neuroticismo, resultados que son similares a estudios previos sobre impresiones cara a cara con desconocidos.

Por tanto, podemos comprobar que las redes sociales, e Internet mismo, han pasado a formar parte de nuestras vidas y son una herramienta más para expresarse y comunicarse, donde la gente no hace otra cosa que mostrarse tal y como son. Quizás eso podría explicar en parte su gran popularidad en los últimos tiempos. Tal vez el siguiente paso sea comprobar si esta forma de pensar es única de los jóvenes, que ya han crecido en un mundo interconectado por la red, o si ya se ha convertido en algo general a todas las edades.

En el ojo del espectador: el contacto visual aumenta la resistencia a la persuasión. Club del Lenguaje No Verbal.

mirarse-a-los-ojos-convencer-persuasion-club-lenguaje-no-verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “In the Eye of the Beholder: Eye Contact Increases Resistance to Persuasion”, de los autores Frances S. Chen, Julia A. Minson, Maren Schöne y Markus Heinrichs, en un estudio conjunto de la Universidad de Freiburg, la Universidad de Columbia y la Universidad de Harvard, que aborda la posibilidad de que mirar a los ojos al interlocutor aumente la resistencia a ser persuadidos.

Existe la creencia popular de que mirar a los ojos a otra persona es la mejor forma de hablar con ella y que es un punto a favor a la hora de hacerles llegar nuestro punto de vista, especialmente cuando no están de acuerdo con nosotros. Sin embargo, el estudio de Chen y sus compañeros ha demostrado que se produce un efecto contraproducente: el oyente se hace más resistente a la persuasión.

Para llevar a cabo dicho estudio, se realizaron dos experimentos. En el primero, los investigadores recurrieron a tecnología de seguimiento ocular y les pidieron a los participantes que viesen un vídeo de una persona que hablaba sobre determinados temas políticos. Encontraron que mientras más prolongado era el contacto visual, menos convincentes resultaban los argumentos a los participantes. Mantener la mirada únicamente se asoció positivamente con los participantes que ya estaban de acuerdo con el orador previamente.

Para confirmar el efecto de la mirada en la persuasión, se llevó a cabo un segundo experimento. En esta ocasión a un grupo de participantes se le pidió que mirara directamente a los ojos del orador mientras que al otro grupo se le indicó que evitarán el contacto visual y se centraran en los movimientos de la boca.

Curiosamente, quiénes establecieron el contacto visual se mostraron menos convencidos con el discurso político y menos abiertos a la interacción con los oradores, por tanto, eran más difíciles de persuadir.

En conclusión, estos resultados nos muestran el hecho de que el contacto visual puede enviar diferentes tipos de mensajes, que varían en dependencia de la situación. Por un lado, mirar directamente a los ojos puede ser un signo de conexión y confianza y ayudar al orador, pero otras veces se puede asociar al dominio y la intimidación, sobre todo cuando existe una confrontación. Como resultado, las personas reaccionarían retrayéndose a su propia postura con más convicción y cerrándose a argumentos diferentes.

Expresión facial y reconocimiento de emociones en lactantes (II). Club del Lenguaje No Verbal.

reconocimiento-expresiones-emociones-lactantes-club-lenguaje-no-verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos la segunda parte del artículo “Expresión facial y reconocimiento de emociones en lactantes”, de los autores Jaime Iglesias, Ángela Loeches y Juan Serrano, de la Universidad Autónoma de Madrid, que recoge una interesante revisión sobre la expresión y reconocimiento de emociones en la infancia. Debido a su extensión fue dividido en dos partes (aquí podéis encontrar la primera parte), hoy os traemos su continuación: el reconocimiento de las emociones en las expresiones faciales por los lactantes.

Los seres humanos tienen un conocimiento social temprano que se ve reflejado en la atracción visual que sienten los bebés por otros rostros. Partiendo desde supuestos neodarwinianos, el desarrollo de la expresión facial de las emociones debió haber ocurrido a la par que la necesidad de atender y responder a esas señales. Por lo tanto, si un bebé es capaz de expresar emociones también debería ser capaz de reconocerlas en otros rostros.

Para este experimento se utilizó el paradigma de la habituación visual. En primer lugar se presenta al lactante la imagen de una expresión facial hasta que se familiariza con ella y deja de prestarle atención. Entonces se le presenta una expresión diferente intercalada con la anterior. Si el niño presta atención de nuevo asumimos que las ha discriminado como diferentes, y si su atención decae otra vez al ver la expresión anterior, es que la ha reconocido.

Se utilizaron diapositivas en color de expresiones faciales de las seis emociones básicas utilizando a una única modelo, una mujer joven de la cual seleccionaron 72 poses. Las diapositivas se proyectaron en diferentes sesiones, cambiando su orden de presentación para cada niño. En cada sesión, el lactante veía dos expresiones: a la que debía habituarse y la nueva; y se le hacían tantas sesiones como combinaciones había entre las seis emociones por pares.

Se llegó a la conclusión de que los bebés discriminaban las expresiones, ya que siempre dedicaban más tiempo a observar la expresión nueva que la habituada. Y dado que siempre se utilizaba a la misma modelo alterando sólo su expresión facial, podemos achacar por entero el resultado a las emociones y no a otros factores externos como el cambio del peinado o del contorno de la cara.

Estos resultados, sumados a los de otras muchas investigaciones con niños invidentes, con síndrome de Down, estudios interculturales e incluso con primates no humanos, nos dan un fuerte apoyo a la teoría del innatismo y la universalidad de las emociones y su expresión y reconocimiento.

Aún se desconoce si otras emociones, supuestamente básicas según otros autores como el interés o el desprecio, están definidas por una expresión facial universal. Esto se debe a que todavía se ignoran los mecanismos evolutivos que dan lugar a la génesis de las expresiones faciales. Es decir, ¿por qué unos movimientos y no otros se han asociado diferencialmente a cada emoción? Hay algunas teorías al respecto. Por ejemplo, en el caso de la sorpresa, contraer el músculo frontal aumenta el campo visual y, en consecuencia, favorece la percepción. Lo que nos permitiría “ver mejor” aquello que nos han sorprendido. Sin embargo, estas justificaciones son hipótesis muy parciales que aún necesitan estudio; así que podría ser la siguiente incógnita a desvelar.

Expresión facial y reconocimiento de emociones en lactantes (I). Club del Lenguaje No Verbal.

reconocimiento-facial-emociones-bebes-club-lenguaje-no-verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Expresión facial y reconocimiento de emociones en lactantes”, de los autores Jaime Iglesias, Ángela Loeches y Juan Serrano, de la Universidad Autónoma de Madrid, que recoge una interesante revisión sobre la expresión y reconocimiento de emociones en la infancia. Debido a su extensión lo dividiremos en dos partes: hoy os hablaremos de la expresión facial de los lactantes.

Desde los años ochenta, la psicobiología ha explicado las emociones desde una perspectiva evolutiva, enfatizando su adaptabilidad para afrontar determinadas demandas ambientales. Las emociones básicas (alegría, tristeza, ira, miedo y, para algunos autores, desagrado y sorpresa) se han desarrollado con el objetivo de favorecer la comunicación y la supervivencia, especialmente en las primeras interacciones humanas: las que tienen lugar entre una madre y su hijo.

La mayoría de los investigadores han dado por resuelta la cuestión de la universalidad de las emociones y sus expresiones faciales, aceptando la premisa de que, bajo ese “fondo innatista”, cada sociedad modela las expresiones faciales culturalmente. Un ejemplo de esta teoría es que los occidentales y los orientales reaccionan de la misma forma cuando se les presenta un estímulo desagradable, pero éstos últimos enmascaran bajo una sonrisa su reacción negativa si hay otras personas presentes. Otra prueba de la universalidad de las emociones la encontramos en los niños invidentes. Distintos estudios comparativos han llegado a la conclusión de que podemos encontrar el mismo repertorio de expresiones emocionales en estos niños que han crecido sin ver las expresiones adultas que en cualquier niño vidente, descartando de este modo que el aprendizaje visual (y por tanto, social) sean necesarios para el desarrollo de la expresión social.

Así pues, si nos basamos en que la expresión emocional no es aprendida, ¿no deberíamos poder encontrar esas expresiones en bebés? Ese fue uno de los objetivos de este estudio: determinar si podían encontrar en bebés lactantes de tres a nueve meses las expresiones faciales supuestamente universales que se corresponden con las emociones básicas e innatas. Pero, a diferencia de otros estudios previos que se basaban en juicios subjetivos (¿el bebé está contento o no?), los autores han recurrido a un sistema más imparcial como lo es el uso de códigos obrsevacionales, concretamente del Facial Action Coding System (FACS). Este sistema consiste en subdividir las expresiones emocionales en sus elementos y presentarlos en una lista, sin asociarlos a la emoción, para evitar la predisposición del observador. Por ejemplo, una emoción como la sorpresa se dividiría en “elevar las cejas”, “elevar el párpado superior”, “separar lo labios” y “descenso de la mandíbula”.

Un aspecto importante de esta investigación son los estímulos utilizados para provocar las emociones en los niños. En general, los autores coinciden en las condiciones necesarias para producir la alegría, el desagrado y la tristeza, pero el miedo, la ira y la sorpresa causa controversia. Las que se utilizaron en esta investigación fueron los siguientes:

  • La alegría se intentó producir durante la interacción cara a cara con la madre u otra persona familiar y, en ocasiones, recurriendo al juego «cucú-tras».
  • La ira, por medio de la retirada varias veces consecutivas de algún objeto de las manos o de la boca del niño a la vez que se le inmovilizaban los brazos.
  • El miedo, mediante la aproximación de un extraño.
  • La sorpresa, provocando la aparición y desaparición repentina de alguna persona u objeto familiar al niño.
  • El desagrado, dándole a probar zumos ácidos.
  • Y la tristeza, a causa de la pasividad de la madre ante la mirada y las vocalizaciones de su hijo después de un periodo prolongado de exposición ante un extraño.

Los niños fueron grabados para analizar posteriormente las expresiones a distintas velocidades de reproducción en busca de los distintos elementos que componen las expresiones emocionales por distintos observadores. Como resultado se encontraron efectivamente la presencia de las expresiones universales, con la única excepción de la ira. Los cambios en esta emoción son achacados a las alteraciones respiratorias que producen las vocalizaciones que acompañan a la expresión de ira infantil.

Este estudio, por tanto, nos lleva a concluir que los lactantes son capaces de expresar desde los tres meses de edad las emociones de alegría, ira, miedo, sorpresa, desagrado y tristeza. La pregunta que nos queda ahora por resolver es: ¿son capaces también de reconocer esas mismas expresiones emocionales en otras personas?

Uso de claves no verbales para estimular el aprendizaje online. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del capítulo “Loving this Dialogue!!!!  Expressing Emotion Through the Strategic Manipulation of Limited Non-Verbal Cues in Online Learning Environments”, de los autores Krystle Phirangee y Jim Hewitt, de la University of Toronto, que a su vez forma parte del libro “Emotions, Technology, and Learning”, y que analiza la transmisión de emociones a través de las limitadas herramientas “no verbales” de las redes sociales.

Desde los primeros días de las conferencias a través de ordenadores, las emociones han sido un tópico de interés en la investigación educativa. Esto es así debido a la dificultad para demostrar emociones a través de la comunicación online, así como a la priorización que ha tenido un estilo desapasionado de escritura (similar a los textos académicos), en detrimento de la transmisión de emociones.

Habitualmente caracterizada como aburrida, fría e impersonal, el aprendizaje online es frecuentemente visto como menos emocional comparado con las clases presenciales. Sin embargo, los estudios demuestran que, como las clases presenciales, los estudiantes viven emociones positivas y negativas derivadas de la interacción en la comunicación online (por ejemplo, tras recibir apoyos a una idea). Sentimientos de alienación y aislamiento pueden ser desarrollados si no se puede satisfacer una comunicación asertiva con los compañeros (incluyendo el apartado emocional). Sin embargo, es cierto que las maneras de demostrar emociones son, aparentemente, mucho más limitadas en la comunicación online que en la presencial. Derks et al. (2008) demostraron, por el contrario, que la carencia de contenido emocional verbal o visual en la comunicación online se suple con otros mecanismos compensatorios, como los emoticonos, con el fin de reducir la ambigüedad de sus mensajes.

El estudio que hoy analizamos se centró en evaluar los tipos de claves no verbales que los estudiantes utilizaban para expresar emociones en un curso online de una universidad norteamericana. Se analizó la comunicación de 45 estudiantes durante el curso de 12 semanas, entrevistándose además a 4 de ellos con el fin de proveer de claves sobre cómo los estudiantes expresaban emociones online, y cómo las interpretaban. Los resultados se dividen en tres grupos, en función del “aspecto no verbal” analizado:

  • Emoticonos: el análisis de contenido reveló que los estudiantes utilizaban emoticonos del mismo modo que una persona utilizaba expresiones faciales o entonaciones vocales: para acompañar ideas con emociones. Cuatro de ellos fueron utilizados habitualmente: el emoticono de la sonrisa (para expresar apoyo a otras ideas, para agradecer, etc.), el de tristeza (para afrontar un reto, para expresar dificultad, etc.), el de sacar la lengua y el de guiño (que se utilizaban para plasmar humor o sarcasmo). En general, además, los participantes indicaban que utilizaban los emoticonos para “suavizar” el contenido de sus mensajes.

A pesar de la utilidad que los emoticonos tenían en la expresión de las emociones, los alumnos indicaron que habían sido inicialmente reticentes a utilizarlos en sus notas online, argumentando que no sabían si procedería utilizarlos en un contexto académico (aun sabiendo que permitirían desarrollar el tono o la expresividad de su mensaje). También les preocupaba que el instructor del curso pudiera no aceptar el uso de los mismos, y tampoco conocían cómo utilizarlos en un contexto académico.

  • Signos de puntuación no convencionales: el análisis de contenido también reveló que los estudiantes en ocasiones utilizaban signos de puntuación de modos no convencionales para expresar emociones (específicamente, exclamaciones y puntos suspensivos).

Los participantes indicaban que el uso de varias exclamaciones les servía para mostrar entusiasmo, frustración, o la necesidad de más tiempo para analizar una idea. También les permitía poner de relevancia comentarios que les llamaban la atención.

Por otro lado, el uso de puntos suspensivos se relacionaba con reflexión, o para sugerir que una idea todavía se encontraba bajo consideración.

  • Uso del botón “Like”: Facebook creó y popularizó un botón llamado “Me gusta” o “Like”. Habitualmente es utilizado en redes sociales online para indicar cuando una persona aprecia, disfruta o apoya cierto contenido. En el curso realizado durante la investigación, un botón de “Me gusta” fue añadido para poder apoyar los comentarios de cada compañero. El análisis de contenido, en este caso, mostró que se utilizaba para varios fines: indicar aprecio por perspectivas afines, agradecer, mostrar apoyo a gente con problemas, reconocer el esfuerzo, mostrar aprecio para gente que contestaba a sus preguntas, etc.

En conclusión, esta investigación encontró que el uso de puntuación, emoticonos y botón de “me gusta” provocaba que los alumnos pudieran expresar con mayor facilidad sus emociones en clases online. Por tanto, el apostar por un apoyo a este tipo de comunicación no verbal en los distintos contextos por parte de los tutores, podría derivar en la creación de una “cultura de compañeros de clase” (en palabras de los autores) que provocaría una sensación de seguridad y apoyo entre los distintos compañeros de clase, así como una menor cantidad de malentendidos entre los mismos.

En última instancia, el uso de estas claves no verbales online se vería como un rol necesario y productivo en los distintos cursos, proveyendo al alumno con herramientas para transmitir sus emociones, y reduciendo la sensación de frialdad y aislamiento que (erróneamente) provoca la formación online.

Contexto social, vergüenza y comunicación no verbal. Club del Lenguaje no Verbal

Verguenza, contexto social y comunicacion no verbal - club lenguaje no verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Social Presence, Embarrassment, and Nonverbal Behavior”, de los autores Marco Costa y Pio Enrico Ricci Bitti, de la University of Bologna, y Wies Dinsbach y Antony S. R. Manstead, de la University of Amsterdam, con el fin de analizar la relación entre la conducta no verbal, la vergüenza y el contexto social.

Dado que la vergüenza es una emoción social típica, parece razonable esperar que esta manifestación conductual se elicite en momentos de interacción social más que en condiciones de aislamiento.  Estudios previos han establecido que esta emoción es menos intensa entre familia y amigos que ante individuos totalmente desconocidos, por lo cual el sentimiento de vergüenza debe ser mayor ante la presencia de extraños.

Los científicos, a su vez, han determinado que la vergüenza se encuentra asociada con distintos cambios en los elementos de la comunicación no verbal, como la posición de los ojos, alteraciones del discurso, posturas rígidas, sonrisas nerviosas, etc. De hecho, han llegado incluso a establecer el funcionamiento que sigue a nivel no verbal la expresión de la vergüenza. Así, en primer lugar se daría una evitación o aversión a las miradas. A continuación, una inhibición de la sonrisa. Posteriormente, aparecería una sonrisa que afectaría tan solo a ciertos músculos faciales. A continuación, aumentarían los movimientos de la cabeza hacia abajo, yu por último, un individuo se tocaría la cara.

Partiendo de esta base teórica, los investigadores plantearon una hipótesis: la conducta no verbal de un individuo, relacionada con una expresión conductual medible, debería también reflejar la experiencia subjetiva de vergüenza de un individuo, siendo la misma superior en presencia de participantes que en una condición aislada. El objetivo de este estudio fue, por tanto, analizar el impacto de la presencia de personas desconocidas en la experiencia y conducta de vergüenza de un individuo.

Para ello, 22 mujeres y 16 hombres participaron en el estudio, durante el cual fueron divididos en dos condiciones. En la condición aislada, se sentó al individuo en una silla, frente a una pantalla en la que pasaban imágenes de diversa índole, entre ellas imágenes eróticas de hombres y mujeres. En la condición con compañía, se incluyeron otras dos sillas detrás del individuo, en la cual se sentaban siempre dos investigadores. Una vez terminada la presentación de las imágenes, se solicitaba a los participantes que rellenasen un cuestionario respondiendo a cómo se habían sentido durante la prueba, puntuando emociones como la ansiedad, el interés, la sorpresa o la vergüenza a través de escalas de puntuación. Finalmente, a los participantes se les informaba de la presencia de una cámara en la sala, y se les pedía consentimiento para poder analizar las imágenes.

Tras la codificación de la conducta no verbal de los individuos, estos fueron comparados con los datos extraídos de los cuestionarios rellenados por los participantes. Como quedó patente, mostrar escenas de desnudez y situaciones eróticas fueron efectivas para crear situaciones de vergüenza. A su vez, tal y como se esperaba, la presencia de otros provocó que esta emoción fuera más fuerte en los participantes. Las conductas no verbales más comúnmente observadas fueron movimientos de los labios, rotación de sillas, inclinaciones de cabeza, tocamientos en la cara, movimientos de mano, evitar mirar fijamente a la pantalla, sonrisas “tontas”, etc. Todos ellos encajaron en las conductas prototípicas (salvo la rotación de la silla) de la conducta de vergüenza.

Sorprendentemente, se encontraron tres datos interesantes. En primer lugar, que aunque los individuos reportaban diferentes niveles de vergüenza, no se encontraron diferencias en la frecuencia de conductas no verbales en función de las imágenes mostradas. En segundo lugar, de manera inconsistente a la teoría, 5 de 11 respuestas no verbales fueron menos frecuentes en situaciones con extraños que aisladas. Por último, los hombres exhibieron más conductas no verbales de vergüenza que las mujeres, aunque las mismas reportaron haber sentido más vergüenza.  Una explicación dada por los autores fue que se hubiera dado un fenómeno de inhibición social, que había reducido drásticamente las conductas no verbales relacionadas con la vergüenza. Sin embargo, y dado que esto entraba en conflicto con el planteamiento defendido por los autores (que la presencia de individuos facilitaría la expresión de la emoción), en la reflexión final de la investigación se encauza a otros investigadores a analizar estos posibles fenómenos.

Diferencias paralingüísticas en conversaciones entre parejas y amigos.

Laughing young guy enjoying a conversation over the cellphone

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les sugerimos un resumen del artículo “People will know we are in love: evidence of differences between vocal samples directed toward lovers and friends”, de los autores Sally D. Farley, de la University of Baltimore, Susan M. Hughes y Jack N. Lafayette, del Albright College, en el cuál se examina si existe variación en el tono identificable en función de la persona con la que hablamos.

Como animales sociales, los humanos instintivamente intuimos los estados emocionales de todos aquellos que nos rodean. Tal y como apuntan las investigaciones, un gran número de descubrimientos defienden que las características de nuestra voz, sin ir más lejos, permiten a los individuos de nuestro alrededor extraer más datos que aquellos puramente derivados del discurso. Estos elementos son conocidos en el estudio de la comunicación no verbal como “paralingüísticos”.

Precisamente, los elementos paralingüísticos parecen ser un elemento de gran importancia específicamente en el campo de las relaciones amorosas entre personas. ¿A qué es debido? A que nuevamente, tal y como los estudios abalan, un individuo puede modificar las características de su voz para atraer a posibles compañeros. De hecho, y tal y como se demostró en un experimento sobre la seducción, aquellos hombres que utilizaron una mayor modulación vocal tuvieron más éxito que aquellos que no modularon su paralingüística, llegando incluso a tener una segunda cita con la pareja en el estudio.

Sin embargo, y más allá de la simple atracción, hay ciertas evidencias que indican que las parejas de individuos continúan modificando sus voces cuando hablan entre sí. Por ejemplo, se demostró que la frecuencia del llamado “babytalk” (“conversación de bebé”) era un fuerte predictor de la intimidad y la atracción entre una pareja. En contraposición a esto, otros investigadores indican que estos cambios en el tono pueden no limitarse a las relaciones entre parejas, sino incluir también aquellas relaciones de amistad que generan un estado afectivo o motivacional.

Precisamente frente a esta dicotomía de resultados, el propósito de este estudio consistió en explorar cómo los individuos alteran sus elementos paralingüísticos en función de si hablan con una pareja (heterosexual u homosexual) o si hablan con un amigo muy cercano del mismo sexo a través de conversaciones telefónicas. Para ello, se grabaron distintas conversaciones entre individuos, y se seleccionó a una muestra que debía identificar si se trataba de parejas o de amigos.

En lo que se refiere a esta identificación, se encontró que en un 64.6% de los casos se acertaba, gracias a las características paralingüísticas, si se trataba de una relación de pareja o de amistad (lo cual se encontraba por encima de los límites de la probabilidad básica, 50%). También el interés romántico en frases como “qué estás haciendo” o “cómo estás” fue identificado a través del modo de hablar de los individuos grabados.

Por otro lado, fue identificado que los observadores consideraban más animados a aquellos que hablaban con sus amigos frente a sus parejas. Sin embargo, en contra de lo que los autores predijeron (que los individuos tratarían de sonar más confiados para parecer más atractivos), se encontró que aquellas voces que hablaban con parejas eran puntuadas de modo más negativo. Respecto al tono de voz, los hombres utilizaron tonos levemente más agudos, al contrario que las mujeres (levemente más graves), cuando hablaban o preguntaban a sus parejas. Finalmente, y a través del establecimiento de un modelo en base a las evaluaciones de los observadores, se encontró que cuanto más incluían en su tono elementos más relacionados con el romanticismo (cualidades positivas, amor, pasión, intimidad, etc.), más positivamente eran evaluadas las personalidades de las personas que hablaban.

En conclusión, esta investigación permitió dar fuerza al argumento de que nuestro tono de voz se ajusta al individuo con el que estamos hablando, y de un modo especialmente particular si estamos tratando con nuestra pareja. Esto, lejos de terminarse tras la fase de “cortejo”, seguiría ocurriendo en las distintas interacciones de la pareja, y permitirían a individuos desconocidos identificar de una manera significativa si los individuos observados son pareja o amigos.

 

 

 

 

 

 

Comunicación no verbal en la negociación. Club Lenguaje No Verbal.

Comunicacion no verbal en negociacion - Club Lenguaje No Verbal

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les sugerimos un resumen del artículo “Comunicación no verbal en la negociación: la importancia de saber expresar lo que se dice”, de los autores Fernando Gordillo León, de la Universidad Camilo José Cela, Rafael López Pérez, de la Fundación Universitaria Behavior & Law, Lilia Mestas Hernández, de la Universidad Nacional Autónoma de México, y Beatriz Corbi Gran, de la Universidad Camilo José Cela, que trata las aplicaciones del estudio sobre el comportamiento no verbal en el campo de la negociación.

La comunicación es el medio a través del cual las personas intercambian mensajes racionales y emocionales. Sin embargo, esta no está limitada al componente verbal, sino que se nutre a su vez de componentes no verbales que permiten transmitir una mayor cantidad de información complementaria al mero discurso. La transmisión del lenguaje es, en muchas ocasiones, por tanto, más importante que el contenido del propio mensaje.

Es por ello que no prestar atención a la comunicación no verbal en procesos aparentemente racionales, como son las negociaciones, puede suponer una pérdida de información y la imposibilidad de alcanzar un acuerdo que satisfaga a todas las partes. Durante una interacción comercial, si percibimos los mensajes no verbales de nuestro interlocutor y sabemos interpretarlos, podremos cambiar el rumbo de la negociación para adaptarnos a sus necesidades. Esto es posible porque el lenguaje no verbal refleja las emociones, motivaciones y actitudes de las personas. Y es precisamente la presencia de emocione positivas en el momento de la negociación un beneficio para la resolución de conflictos, mientras que las negativas generan competencia y disgregación.

¿Qué elementos no verbales deben ser tenidos en cuenta dentro del campo de la negociación? Como veremos a continuación, encontraremos varios elementos importantes: la distancia interpersonal, la imagen y el contacto físico, el contacto visual, la expresión facial, los gestos y la postura.

  • Distancia interpersonal: conocer la personalidad de los individuos, así como las distancias básicas interpersonales, pueden permitirnos cierta maniobrabilidad a la hora de afrontar una negociación. Así, las personas extrovertidas prefieren distancias menores que los introvertidos, por ejemplo. Esto puede resultar de vital importancia en una negociación, ya que mantener una distancia excesiva puede dar la impresión de desinterés, mientras que una excesivamente cercana puede representar una gran presión para el individuo.
  • Imagen y contacto físico: resultar atractivo tiene diversas consecuencias, como ser considerado más persuasivo, con más habilidades sociales, mejor adaptados, más deseables y exitosos, y más competentes. Esto, a su vez, puede también entenderse de nuestro modo de vestir, que puede afectar a nuestra credibilidad. Por otro lado, el contacto físico puede ser indicador de interés o de dominio, aunque también está sujeto al contexto cultural (por ejemplo, en Latinoamérica hay más contacto físico que en Europa).
  • Contacto visual: en una negociación, el contacto visual es un canal muy importante de comunicación. En términos generales, este elemento puede permitirnos detectar el interés (dilatación de las pupilas), nerviosismo (frecuencia de parpadeo), búsqueda de intimidad o intimidación (prolongación del contacto visual), etc.
  • Expresión facial: el interés de la emoción en el ámbito de la negociación está orientado a comprender como estas pueden favorecer a resolución de problemas en la interacción entre individuos. La expresión facial es uno de los canales más importantes para detectar la información. Por ejemplo, si un individuo muestra la emoción de la ira, por lo general realizará menos concesiones que otro individuo.
  • Los gestos y las posturas: uno de los gestos más importantes en las relaciones comerciales es el apretón de manos, que permiten determinar la actitud de los individuos (dominancia, igualdad, sumisión, etc.). Por otra parte, la postura también informa del estado emocional de las personas, y puede mostrar signos de indiferencia, respeto, agradecimiento, etc.

Alcohol, comunicación no verbal y relaciones de pareja. Club del Lenguaje No Verbal.

Alcohol, comunicación no verbal y relaciones de pareja

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les proponemos un resumen del artículo “Alcohol-Influenced Nonverbal Behaviors During Discussions About a Relationship Problem” de las autoras Jennifer A. Samp y Jennifer L. Monahan, de la University of Georgia, que evalúa la funcionalidad del consumo de alcohol respecto a la comunicación no verbal en relaciones de pareja.

El impacto de la comunicación no verbal en relaciones funcionales puede ser particularmente importante en contextos en los que existe consumo de alcohol. De hecho, el consumo de esta sustancia ha demostrado ser facilitadora de ciertas conductas en el ámbito de la comunicación, como la apertura a los demás, la demostración de interés sexual hacia extraños, etc. Las investigaciones utilizando a parejas casadas han mostrado, de hecho, que en algunas parejas el consumo de alcohol provoca un aumento de la expresividad en las conductas relacionales con el otro individuo. Sin embargo, ¿resulta este aumento de la expresividad de las conductas no verbales positivo, o por el contrario puede resultar negativo para ciertas parejas?

Atendiendo a esta cuestión, esta investigación trató de dilucidar cuál es la influencia exacta del alcohol en la puesta en práctica de conductas no verbales durante conversaciones entre individuos románticamente relacionados. Para ello, se invitó a una muestra de parejas a participar en el experimento, procediendo posteriormente a dividirlas en dos grupos: en ciertas parejas, se provocó que uno de los individuos bebiera alcohol, y en otras parejas se mantuvo a ambos totalmente sobrios (creando así un grupo control y un grupo experimental). Posteriormente, se procedió a proponer un tema de conversación (en este caso, una hipotética infidelidad, dada la importancia de esa temática en una relación de pareja), y se realizó una evaluación de la comunicación no verbal de todos los participantes.

Los codificadores analizaron la expresividad de los individuos, dividiéndola en animación facial, gestos y movimiento corporal, a través de vídeos sin sonido. Posteriormente, analizaron la expresividad verbal, poniendo sonido al vídeo, a través de tres variables: animación vocal, velocidad y variabilidad en el tempo del discurso. También se analizó el afecto positivo, a través de la medición de sonrisas, movimientos sociales placenteros y la apariencia de felicidad. También se utilizaron dos mediciones (movimientos corporales de adaptación y códigos del State-Trait Anxiety Index) para analizar la ansiedad de los individuos.

Los resultados mostraron, en primer lugar, los individuos que consumieron alcohol realizaron más gestos que los que no lo consumieron. Sin embargo, conforme avanzaba la conversación, los individuos sobrios mostraron mayor animación facial que los ebrios. Respecto a la expresividad vocal, se encontró que los individuos ebrios utilizaban mayor animación vocal que sus compañeros sobrios, aunque esto se igualó conforme avanzaba la conversación. Los ebrios hablaron más rápido también durante el principio de la conversación.

Por otra parte, se encontró que los individuos ebrios y sobrios no se diferenciaban en la conducta de sonreir o en los gestos faciales de placer. Sin embargo, a partir del minuto 3, los individuos ebrios comenzaron a sonreir significativamente menos, y a mostrar menos expresiones de placer. Con respecto a la ansiedad, también a partir del minuto 3 se encontró que los individuos ebrios mostraron más ansiedad generalizada, así como gestos de auto-adaptación.

Poniendo todos los resultados en común, se llegó a la conclusión de que los individuos ebrios y sobrios actuaban de manera bastante similar a nivel comunicativo en los primeros instantes, aunque conforme avanzaba la conversación los individuos ebrios exhibían conductas menos relacionales y más ansiosas. Esto mostraría, por tanto, que el alcohol no solo no mejoraría la comunicación dentro de la pareja, sino que en realidad provocaría falta de confort, aumento de ansiedad y de estrés del individuo, complicando por tanto la comunicación entre individuos.

 

 

Cambios en la voz ante individuos atractivos. Club Lenguaje No Verbal.

Cambios en la voz ante individuos atractivos - Club Lenguaje no Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les proponemos un resumen del artículo “Vocal and Physiological Changes in Response to the Physical Attractiveness of Conversational Partners”, de los autores Susan M. Hughes y Bradley C. Rhodes, del Albright College, y de Sally D. Farley, de la University of Baltimore, en el cuál se analiza la influencia de encontrarse frente a un individuo atractivo en los cambios fisiológicos y vocales.

El sonido de la voz de un individuo puede comunicar una gran riqueza de información biológica y social a potenciales compañeros. El atractivo de la voz también está significativamente correlacionado con el status hormonal y los marcadores físicos, además de predecir numerosas conductas sexuales. La frecuencia fundamental de la voz y el tono son medidas del atractivo de la misma, habiendo sido extensamente examinados, aunque sin un consenso sobre qué constituye una voz atractiva.

Existe, además, un largo cuerpo de evidencias que sugieren que los individuos manipulan sus voces cuando hablan a distintos individuos en distintos contextos. Así, las mujeres suenan más competentes cuando hablan con sus jefes respecto a cuando se refieren a sus subordinados, mientras que las voces de los hombres suenan más competentes cuando hablan con sus iguales. Esto implica que los individuos adecúan su voz dependiendo de la situación en la que se encuentran. A su vez, la atracción interpersonal puede cambiar no solo las características vocales, sino que pueden hallarse evidencias indirectas en las respuestas fisiológicas. De este modo, muchos individuos opinan que debería haber un aumento del arousal en presencia de aquellas personas a las que se sienten atraídas.

Si ponemos estas afirmaciones en común, resulta razonable llegar a pensar que tal vez los hombres y las mujeres también puedan alterar su tono de voz cuando se encuentren ante individuos que les resultan atractivos. Aquí, sin embargo, las investigaciones son limitadas, y con resultados en ocasiones contradictorios. Dada por tanto esta situación, y con el fin de confrontar hasta qué punto hay cambios en la voz y en las variables fisiológicas, esta investigación fue puesta en marcha para determinar cuántas variables se ven modificadas en presencia de individuos considerados atractivos o no atractivos. Así, fueron grabadas en total 45 muestras de distintas voces, tanto de hombres como mujeres, y posteriormente fueron clasificadas por una muestra imparcial en orden de atractivo (con el fin de consensuar qué voces eran atractivas y cuáles no lo eran). Finalmente, se invitó a una muestra a que mantuvieran una breve conversación con los emisores de las voces, y se les pidió que dijesen qué tono era el más y menos atractivo.

Los resultados se dividieron en dos niveles: objetivos y subjetivos. A nivel objetivo, la frecuencia fundamental de la voz y el tono, fueron significativamente menores ante individuos considerados atractivos frente a los no atractivos. Este efecto fue más pronunciado en hombres ante la presencia de mujeres atractivas. A nivel subjetivo, se encontró que los individuos consideraban más placenteras aquellas voces con un tono más reducido.

Por último, para medir los cambios fisiológicos se realizó una medición de la respuesta galvánica en la piel. Esto permitió comprobar que cuando hablaban a un individuo con voz más atractiva, había un mayor cambio fisiológico en la piel que cuando se hablaba a individuos no atractivos (sin encontrarse ninguna diferencia por sexos).

Percepción de la sonrisa en distintos contextos culturales. Club Lenguaje No Verbal.

Percepcion de la sonrisa en diferentes contextos culturales - Club Lenguaje No Verbal

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículoBe Careful Where You Smile: Culture Shapes Judgments of Intelligence and Honesty of Smiling Individuals”, que investiga la diferente percepción que se tiene de individuos sonrientes según la cultura. Dado el elevado número de autores, en esta ocasión dejaremos un enlace mediante el cuál podéis consultarlos en la página web de la revista que publica el artículo. Podéis acceder al mismo aquí. 

Es comúnmente reconocido que es bueno sonreir. Diversas investigaciones muestran que los individuos sonrientes son percibidos como más felices, atractivos, competentes, y amistosos, prometiendo una interacción satisfactoria. Son utilizadas para transmitir un amplio abanico de signos psicológicos, incluyendo emociones positivas, intenciones sociales, o incluso jerarquía. Sin embargo, y pese a que estas conclusiones parecían resultar universales, hay otros estudios que muestran que podría haber diferentes percepciones respecto a los individuos sonrientes en función de la cultura en la que tenga lugar la observación.

Con el fin de poner a prueba esta hipótesis (¿Difiere la opinión sobre las personas sonrientes según la cultura?), en este estudio se investigaron un total de 44 culturas distintas, con el fin de poder comparar entre las mismas (y entre los distintos países) hasta qué punto podía variar la percepción hacia la expresión de la sonrisa. Para esto, además, se planteó una comparación entre individuos sonrientes y no sonrientes, valorándose por parte de la muestra la inteligencia de los mismos. Por último, también se puso en práctica la comprobación, en base a distintos enfoques teóricos, de que en aquellos países con mayor índice de corrupción, una sonrisa podría no provocar la misma confianza que en otros países menos azotados por este problema.

Para poner a prueba las hipótesis, se formó una muestra con 4519 individuos de 44 culturas distintas de todos los continentes. Se tomaron medidas de 42 culturas distintas dentro del proyecto GLOBE, además de Noruega (debido a las diferentes mediciones en este país) y de Pakistán (por las tasas de corrupción). Todos los individuos tuvieron que puntuar 8 caras, 4 sonrientes y 4 serias, divididas en distintas etnias, en dos escalas Likert: una de inteligencia y otra de honestidad.

Los resultados indicaron que, como se esperaba, la sonrisa no fue consistentemente percibida como una señal de inteligencia en todas las culturas. Tan solo en 18 de las 44 culturas se atribuyó la sonrisa a la inteligencia, mientras que en otras 6 se encontró lo contrario. En las 20 restantes, no se encontró ninguna relación significativa. Además, se encontró que las mujeres encontraban a las personas más inteligentes cuando sonreían que los hombres.

También se encontró apoyo para la hipótesis sobre la sonrisa en sociedades más corruptas. Aunque en 37 culturas se encontró que los individuos que sonreían eran más honestos que aquellos que no lo hacían, hubo variabilidad cultural en la significación de estos resultados que dependían de los niveles de corrupción de la sociedad. Por tanto, se demostraba así que la percepción sobre la honestidad de individuos sonrientes podía verse influida por la corrupción del país. Por último, se encontró que las mujeres que no sonreían eran puntuadas como más honestas que los hombres que tampoco lo hacían.

En conclusión, tras realizar este estudio intercultural, quedó demostrado que la percepción de una sonrisa podía variar dependiendo del contexto en el que la misma se diera, demostrando así que existían excepciones a la regla de que los individuos más sonrientes siempre eran considerados poseedores de cualidad más positivas, como la honestidad o la inteligencia.

Lenguaje no verbal y estilos de flirteo. Club del Lenguaje No Verbal.

Estilo de flirteo y Lenguaje No Verbal - Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “The Verbal and Nonverbal Correlates of the Five Flirting Styles”, de los autores Jeffrey A. Hall y Chong Xing, de la University of Kansas, que analiza las relaciones entre los distintos estilos de flirteo y la conducta verbal y no verbal de los individuos que la llevan a cabo.

Numerosas investigaciones sociobiológicas demuestran que, en las fases de iniciación al cortejo, existen multitud de estrategias de atracción (por ejemplo, las que incluyen la autopromoción, la derogación de los competidores, etc.). Aunque las investigaciones han tratado de encontrar qué estrategias de flirteo funcionan mejor entre una multitud de posibles tácticas, en realidad se ha encontrado que ninguna de las mismas es apropiada, eficaz o útil en todos los individuos o en todos los contextos.

Hall creó, a raíz de sus propias investigaciones, el llamado inventario de estilos de flirteo (FSI), con el cual introducir un nuevo método para medir las diferencias individuales en la iniciación del cortejo. A través del estudio de antiguas tipologías, la perspectiva de Hall mantiene que hay cinco estilos distintos para comunicar la atracción: el físico, el tradicional, el sincero, el cortés y el juguetón. El estilo físico implica una capacidad elevada de detección de detectar el interés de otros individuos, y de transmitir el suyo. El estilo tradicional implica una creencia en que el hombre debe ser el que realice los “primeros pasos”, y que la mujer no debe “perseguir” al hombre durante un flirteo. El estilo sincero implica una conexión emocional y mostrar interés sincero en el compañero potencial. El estilo cortés refleja una aproximación cauta y autocontrolada al cortejo, con maneras apropiadas, comunicación no sexual, y todo tipo de conductas consideradas no inapropiadas. Por último, el estilo juguetón implica un estilo divertido, con fines instrumentales, sin el objetivo de alcanzar una relación posterior.

Cada uno de estos estilos representa una manera diferente de transmitir interés romántico entre individuos. Teniendo en cuenta la importancia que las claves conductuales pueden representar durante el cortejo, esta investigación trató de relacionar los cinco estilos de flirteo con las conductas verbales y no verbales asociadas a la atracción física. Para ello, se seleccionó a 102 individuos solteros, dividiéndolos por parejas, a los que se aplicó el cuestionario de Hall sobre el estilo de flirteo. Posteriormente, se les invitó a mantener una conversación en pareja, realizándose preguntas entre ellos. Finalmente, y una vez terminada esta conversación (de 12 minutos de duración), se les solicitó que rellenaran una escala de atracción física respecto a la pareja que les hubiera tocado. Durante todas estas fases, los protagonistas fueron grabados en vídeo y audio.

Los resultados se indican a continuación, en base a los distintos estilos de flirteo y las correlaciones encontradas con la conducta verbal o no verbal:

Respecto al estilo de flirteo físico, se encontró que los individuos con puntuaciones altas en esta modalidad experimentaban conversaciones más fluidas, lanzando a su vez menos cumplidos durante la interacción. Las mujeres hacían menos preguntas, realizando menos automanipulaciones físicas. A su vez, también asentían con la cabeza y afirmaban en mayor cantidad de ocasiones en los primeros 3 minutos. En la última mitad de la interacción, los hombres con una puntuación alta dijeron menos cumplidos y miraron de manera seductora mucho menos que en otros grupos.

En el grupo tradicional, se halló que los individuos tenían una alta tendencia a asentir con la cabeza o decir que sí durante los tres minutos que otros grupos (como el grupo físico). Las mujeres tendían a mover las manos más veces durante la interacción, y más dadas a tomar el pelo en los tres primeros minutos de la conversación. Los hombres tenían a inclinarse más hacia su compañera, así como a tener un tono de voz superior en la primera mitad de la conversación. Además, los hombres cruzaron menos sus piernas durante la mayor parte de la interacción, y movieron sus cabezas más durante la mitad de la misma.

En el estilo sincero, se encontró que los individuos tenían a realizar menos automanipulaciones físicas que la media durante la interacción, particularmente los hombres. Además, tendían menos a bromear el compañero que otros grupos en los primeros tres minutos (nuevamente, sobre todo en el caso de los hombres). Las mujeres mostraban una mayor cantidad de miradas de flirteo, aunque los primeros tres minutos también los hombres lo hacían. Las mujeres además también movían más las manos que en otros grupos, y sonreían y reían más durante la última mitad de la conversación. Los hombres además tenían un mayor tono de voz durante toda la interacción. Además, tendían mucho menos a cruzarse de brazos y piernas que otros grupos, así como a inclinarse hacia el otro individuo.

En el estilo cortés, los individuos realizaban menos automanipulaciones durante toda la intervención, y tenían un tono de voz mucho menor durante la misma. Además, eran los que menos preguntas realizaron, particularmente en el caso de las mujeres. Los hombres afirmaban y decían “sí” más veces durante la mitad de la intervención, y apenas se movían para acercarse a su compañero. Por último, los hombres de este grupo mostraron una menor tendencia a bromear durante los últimos momentos de la interacción.

Por último, en el estilo juguetón, se encontró que los individuos tenían a extender o hinchar el pecho durante la mitad de la conversación, y lanzaban más cumplidos durante los tres primeros minutos (especialmente los hombres). También se automanipularon menos durante los 3 primeros minutos. Las mujeres realizaron menos preguntas durante la primera mitad de la interacción, tuvieron más miradas seductoras y se encogieron más de hombros hacia la mitad de la conversación. Los hombres cruzaron menos sus piernas durante los primeros tres minutos.

Iniciativa en situaciones de comunicación. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les proponemos un resumen del artículo “El rol de la personalidad en el inicio de situaciones de comunicación”, de los autores Sofie Frederickx de la Universidad de Leuven (Bélgica) y Joeri Hofmans de la Vrije Universiteit Brussel (Bélgica), acerca de la relación entre los rasgos de personalidad y el tipo de comunicación que se establece.

En el campo de la comunicación existe un enorme interés en cómo las diferencias individuales afectan a la manera de comunicarse. Los rasgos generales de personalidad, y especialmente la extraversión, el neuroticismo y la afabilidad, influyen en diversos aspectos de la comunicación interpersonal. Los estudios previos se han centrado exclusivamente en el papel de la personalidad cuando ya se está involucrado en una situación de comunicación. La investigación sobre la elección de la situación ha demostrado que las personas no acaban de forma pasiva en esas situaciones, sino que participan activamente en su selección y evitación. Por otra parte, el tipo de situaciones que se escogen y evitan difieren considerablemente entre las personas, y la personalidad parece ser un importante determinante. Dado el impacto de los rasgos generales de personalidad en la forma de comunicarse, cabe preguntarse si también están relacionados con los tipos específicos de situaciones de comunicación que se eligen. En el presente estudio, se aborda esta cuestión examinando si los cinco grandes rasgos de personalidad se relacionan con los tipos de conversaciones que se inician en la vida diaria. Para ello, se plantea la hipótesis de que los individuos tienden a buscar las situaciones de comunicación que son congruentes con su personalidad. Puesto que el hecho de comportarse de manera discordante con los rasgos de personalidad propios genera sentimientos negativos y positivos cuando la conducta es congruente.

Para probar esta hipótesis, se han centrado en la congruencia entre los cinco grandes rasgos de personalidad y tres características de situaciones de comunicación: (1) la familiaridad con el compañero de interacción, (2) la colaboración del compañero, y (3) la certeza sobre el tema de conversación. En primer lugar, la familiaridad con el interlocutor ha demostrado aumentar los sentimientos de simpatía y disminuir las sensaciones de incertidumbre y ansiedad. Como consecuencia, esta función está ligada a una mayor calidad y frecuencia de la interacción. En segundo lugar, un pequeño aporte del compañero a la conversación produce un aumento de la afectividad negativa y se asocia con la evitación de iniciar la conversación. Por último, la incertidumbre en general conduce a eludir las interacciones interpersonales. Por ello, se espera que estas características se relacionen con una mayor probabilidad de iniciar una conversación. En cuanto a los rasgos de personalidad, en primer lugar, la extraversión es una dimensión que se relaciona con la sociabilidad, los individuos que puntúan alto en extraversión se caracterizan por una gran necesidad de contacto social y atención. Por lo tanto, se prevé que las personas con alta extraversión escojan más situaciones de comunicación interpersonal en comparación con personas con baja extraversión, independientemente de las características específica de la situación (Hipótesis 1). En segundo lugar, las personas afables suelen ser amables, generosas, y con predisposición a ayudar a los demás. Asimismo, participan en las conversaciones con un enfoque más positivo, están motivados por mantener relaciones interpersonales positivas, y experimentan más sentimientos desagradables cuando se involucran en discusiones que los individuos con baja afabilidad. Así pues, se plantea la hipótesis de que los individuos con alta afabilidad van a elegir más frecuentemente situaciones de conversación con conocidos (Hipótesis 2a) que propician la conversación (Hipótesis 2b). En tercer lugar, el neuroticismo se caracteriza como la tendencia crónica a experimentar sentimientos y pensamientos negativos, a la inestabilidad emocional y la inseguridad. Por lo tanto, las personas con altas puntuaciones en neuroticismo seleccionarán situaciones que se caracterizan por la incertidumbre y la ansiedad. Es decir, situaciones de conversación con extraños (Hipótesis 3a) determinadas por la incertidumbre sobre el tema (Hipótesis 3b). En cuarto lugar, se ha probado también cómo los rasgos de apertura a la experiencia (imaginación, cultura, tolerancia y sensibilidad artística) y responsabilidad están relacionados con la selección de los diferentes tipos de situación de comunicación. Por último, se ha analizado asimismo si las relaciones entre los cinco grandes rasgos y el inicio de la situación de comunicación varían cuando se controla la variable de autoestima. Un rasgo que ha demostrado estar asociado con medidas de comunicación tales como la aprehensión y la preferencia por la comunicación cara a cara.

Se ha examinado la relación entre las diferencias individuales en los tipos de conversaciones iniciadas y las diferencias individuales en extraversión, afabilidad, neuroticismo, apertura y responsabilidad. Se han hallado relaciones significativas en línea con el principio de congruencia que establece que las personas buscan situaciones que sean congruentes con su personalidad. Así pues, los resultados apoyan la conclusión de que la personalidad no sólo afecta a la conducta una vez que las personas están involucradas en una situación, sino que también es un determinante importante de diferencias interindividuales en la selección y la evitación de la situación. Se ha descubierto igualmente, que al controlar la variable de autoestima, los individuos con puntuaciones altas en neuroticismo participan con más frecuencia en comunicaciones cuando el compañero de interacción es conocido. Por último, las diferencias individuales en apertura y responsabilidad no tienen un efecto significativo sobre las situaciones de comunicación que se inician. En cuanto a las limitaciones del estudio, es importante destacar que se han medido inicios de situaciones de comunicación auto informadas y no reales. Futuras investigaciones deberían comprobar si las relaciones halladas en estas situaciones también se dan en inicios reales. Una segunda limitación de los datos auto informados es que el margen de error de la memoria puede haber afectado al informe. Por lo tanto, en futuras investigaciones podrían apoyarse en la experiencia basada en sucesos ya que de esta manera se informa sobre el comportamiento cuando se está llevando a cabo. En tercer lugar, es posible que las diferencias individuales en el informe de inicio de situaciones de comunicación sean debidas a las diferencias individuales en la forma de reflejar lo experimentado en lugar de a las diferencias individuales en su comportamiento real. Esta limitación de nuevo subraya la necesidad de replicar los hallazgos con medidas de conducta reales, en lugar de auto informadas. En cuarto lugar, el estudio se ha basado únicamente en unas pocas características situacionales. En quinto lugar, sólo se midieron las conversaciones iniciadas por los sujetos, dejando de lado las conversaciones que no iniciaron ellos. Así pues, puede ser interesante para futuras investigaciones medir asimismo el nivel de actividad social y examinar el número de conversaciones iniciadas en relación al total de conversaciones. Por último, las características situacionales se han conceptualizado como categorías binarias (presentes o ausentes). Por lo tanto, en futuras investigaciones debería probarse si la medición de las características situacionales de manera continua afecta a los resultados. De esta manera, se ha demostrado que las diferencias individuales en la personalidad no sólo se reflejan en la conducta durante una comunicación, sino también en los tipos de situaciones de comunicación que las personas eligen en la vida diaria. En particular, los individuos dedican tiempo a situaciones de comunicación que fomentan, promueven y alientan las manifestaciones conductuales de su personalidad. En consecuencia, se ha demostrado que únicamente se puede alcanzar una completa comprensión del papel de la personalidad en la comunicación si a su vez se estudia su impacto en el tipo de situaciones elegidas.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje No Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

El enfado ajeno como motor de la acción propia. Club Lenguaje No Verbal.

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Anger fosters action. Fast responses in a motor task involving approach movements toward angry faces and bodies”, de los autores Josje M. de Valk y Jasper G. Wijnen, de la University of Amsterdam, y de Mariska E. Kret, de la Leiden University, que investiga la influencia que tiene en la velocidad de respuesta el percibir un gesto facial o físico de enfado.

Los humanos están bien adaptados para reconocer y responder rápida y adecuadamente a las respuestas emocionales de otros. Dado que las respuestas amenazantes son procesadas a fondo y rápidamente detectadas, nos permiten prepararnos para acciones más rápidas. Sin embargo, si bien la mayoría de estudios se centran en la detección de las expresiones faciales amenazantes, no se debe olvidar que la cara forma parte del contexto global del cuerpo. Distintas expresiones de emoción pueden ser reconocidas en el lenguaje corporal ante la ausencia de claves vocales o faciales.

Tanto las caras como los cuerpos son procesados por redes neurales similares. Sin embargo, en comparación con la expresión facial, la expresión corporal contiene un componente de acción directa. Una postura temerosa se traduce como una postura de evitación al observador, y una postura agresiva se relaciona con una de aproximación. Estas diferencias se reflejan en los patrones de actividad cerebral, llegando incluso a mostrarse que el lenguaje corporal activa la preparación a la acción más que las expresiones faciales, especialmente cuando el enfado o la ira son expresadas. La investigación que presentamos buscaba, precisamente, demostrar todos estos planteamientos teóricos.

Por tanto, las expectativas de la investigación fueron tres: en primer lugar, se esperaban reacciones más rápidas ante estímulos amenazantes que ante estímulos neutrales. En segundo lugar, y dado el componente de acción que posee el lenguaje corporal, se esperaban respuestas más rápidas ante estos estímulos que ante estímulos faciales. Por último, se esperaban tiempos de reacción menores ante cuerpos enfadados que ante cuerpos temerosos.

Para ello, se seleccionó una muestra de 33 participantes para tomar parte en el experimento. A estos participantes se les pedía colocarse detrás de una pantalla táctil, donde deberían presionar el punto rojo que aparecería en la misma tan rápido como pudieran. A partir de ese punto, se combinaba la aparición del punto con la aparición de diversas imágenes, representando distintas expresiones corporales y faciales, entre las cuáles se intercalaban algunas de ira.

Los resultados mostraron que los participantes respondían más rápido a expresiones de enfado que a emociones neutrales. Sin embargo, no se encontró diferencias en el tiempo de respuesta si el enfado se traducía en postura corporal o facial. Además, ninguna diferencia significativa se encontró en el tiempo de reacción ante posturas temerosas y de enfado, o temerosas y estímulos neutrales. Esto demostró el planteamiento de que, ante expresiones de amenaza, independientemente de la procedencia de la misma (corporal o facial), las conductas son activadas más rápidas que ante otros estímulos neutrales.

La imitación durante el proceso de confirmación conductual. Club Lenguaje No Verbal.

La imitación durante el proceso de confirmación conductual. Club Lenguaje No Verbal.

La imitación durante el proceso de confirmación conductual. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “The tongue-tied chameleon: El papel de la imitación no consciente en el proceso de confirmación conductual”, de los autores K. Rachelle Smith-Genthôs, Darcy A. Reich y Mario P. Casa de Calvo de la Universidad Tecnológica de Texas (EE.UU.) y, Jessica L. Lakin de la Universidad Drew (EE.UU.), que analiza la conducta de imitación que se produce durante las interacciones sociales.

Los comportamientos de las personas se interrelacionan durante las interacciones sociales. En la investigación actual, se señala que estos procesos están íntimamente conectados. Concretamente, el comportamiento de un perceptor impulsado por una expectativa negativa puede ser involuntariamente imitado por el destinatario, lo que lleva a la confirmación de la conducta. La imitación no consciente se produce cuando el destinatario corresponde involuntariamente al comportamiento del perceptor con un comportamiento idéntico o similar. Las personas imitan las expresiones faciales de enfado a un nivel muscular cuando se les muestran imágenes representativas e imitan un tono negativo de voz cuando repiten un texto que han escuchado en un tono negativo. Una de las cuestiones analizadas por la actual investigación es si se imitan los comportamientos no verbales negativos que se producen durante las interacciones sociales en curso. Algunas investigaciones plantean que esto podría ocurrir, pero las interacciones sociales implican demandas y metas de auto-presentación que pueden inhibir la imitación de comportamientos negativos. Una segunda pregunta es si la imitación de conductas negativas en las interacciones sociales guiadas por expectativas puede conducir a consecuencias negativas. El objetivo asociado es un fuerte motivador de la conducta de imitación. Por lo tanto, en las interacciones en las que las necesidades de afiliación son más notables (situaciones de entrevista), es posible que se imite la conducta del compañero de interacción incluso si no es lo más beneficioso. La profecía auto cumplida ha sido demostrada en varias interacciones y puede ocurrir sin el conocimiento o intención de perceptores o destinatarios. Ocurre cuando el perceptor se crea expectativas sobre el compañero de interacción, trata a su destinatario de forma congruente con la expectativa y este inconscientemente se comporta de manera que confirma las expectativas del perceptor. El perceptor provoca el comportamiento consistente con la expectativa del destinatario alterando el clima afectivo, el esfuerzo realizado, la retroalimentación y las oportunidades para responder. La influencia de los efectos de la expectativa sigue siendo un tema de investigación activo. Podría existir un interesante vacío teórico en el modo en que las tendencias de comportamiento del perceptor suscitan conductas consistentes con la expectativa del destinatario. Existen dos procesos capaces de explicarlo, y se propone además un tercero. En primer lugar, los comportamientos del perceptor imponen limitaciones situacionales y el destinatario muestra reacciones situacionalmente limitadas. En segundo lugar, las conductas del perceptor son conscientemente interpretadas por el destinatario y este decide conscientemente reaccionar del mismo modo. Una tercera posibilidad es que los comportamientos del perceptor congruentes con la expectativa son percibidos por el destinatario, quien, sin saberlo, se implica en comportamientos idénticos a través del proceso automático de conducta de imitación. Cuando el perceptor tiene expectativas negativas sobre el destinatario, el comportamiento no verbal refleja esa negatividad. El destinatario puede percibir esos comportamientos e imitarlos inconscientemente. Las conductas negativas mostradas por el destinatario pueden entonces confirmar las expectativas negativas del perceptor.

Este estudio investiga esta posibilidad. En concreto, se analiza, si en el caso de que la imitación de conductas negativas se produzca en una interacción social, las consecuencias de la imitación de un comportamiento negativo y la imitación explican cómo los comportamientos congruentes con las expectativas de los perceptores provocan la confirmación conductual con la expectativa del destinatario. En este caso, se simuló una entrevista telefónica, en la que los participantes se postulaban para un hipotético puesto de trabajo. Se manipularon los comportamientos de los entrevistadores relevantes a las expectativas en vez de las propias expectativas formulando a los supuestos candidatos preguntas en un tono de voz negativo o neutral. Se predijo que los candidatos que escucharon las preguntas formuladas en un tono negativo rendirían peor y utilizarían un tono más negativo que los candidatos que escucharon las preguntas neutralmente formuladas. Además, la relación entre el tono de voz del entrevistador y el rendimiento de los candidatos debería estar influida por el tono de voz de los candidatos. Los candidatos cambiaban su tono para encajar con el tono del entrevistador, y hay que considerar este cambio para los efectos del tono de voz del entrevistador en el desempeño general de los candidatos durante la entrevista.

Este experimento ha demostrado que los participantes en esas entrevistas simuladas imitaron el tono de voz negativo del entrevistador, ese tono de voz (manipulado para manifestar un comportamiento guiado por las expectativas) condujo a una profecía auto cumplida en cuanto al rendimiento de los participantes, y que el efecto del tono del entrevistador en el rendimiento de los candidatos se produjo por un cambio en el tono de voz de estos. Por lo tanto, la imitación del tono de voz juega un papel fundamental en el proceso de confirmación conductual. El presente estudio demuestra que las personas imitan comportamientos negativos en las interacciones sociales, incluso cuando esa imitación produce resultados negativos (un peor rendimiento). Las futuras investigaciones deberían investigar qué tipos de comportamientos negativos son imitados en esas interacciones, las circunstancias en las que se produce la imitación negativa, y las posibles consecuencias de esa imitación. Es posible que los procesos de imitación sustenten otros patrones de interacción perjudiciales, así como el incremento de los conflictos en las relaciones. El presente estudio es también el primero en demostrar que la conducta de imitación no consciente puede servir como un proceso a través del cual los comportamientos de los perceptores guiados por las expectativas (paso 2) conducen a los destinatarios a alterar involuntariamente su propio comportamiento para mostrar un rendimiento congruente con la expectativa (paso 3). La imitación puede actuar sola o junto con otros mecanismos, tales como limitaciones situacionales o reciprocidad deliberada, para facilitar la confirmación conductual. Las futuras investigaciones deberían continuar explorando estos y otros mecanismos para llenar el vacío teórico existente entre las tendencias de comportamiento que transmiten las expectativas del perceptor y las conductas de confirmación de expectativas exhibidas por el destinatario. Así pues, la actual investigación amplía la comprensión tanto de la imitación como de la confirmación conductual y demuestra que estos procesos están íntimamente conectados.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje No Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Reconocimiento facial de emociones negativas en relaciones de pareja. Club Lenguaje No Verbal.

Reconocimiento facial de emociones negativas en relaciones de pareja. Club Lenguaje No Verbal

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Recognition of Facial Expressions of Negative Emotions in Romantic Relationships”, de los autores Seung Hee Yoo y Sarah E. Noyes, de la San Francisco State University, que investiga cómo una mejor capacidad de reconocer expresiones faciales influye en la satisfacción con las relaciones de pareja del individuo.

Entender los factores que predicen la satisfacción en las relaciones de pareja es una tarea importante, dado que ser capaces de mantener este tipo de unión de una manera fuerte y sana contribuye a la felicidad de ambos individuos. Una importante línea de investigación en lo referente a las relaciones de pareja ha sido la evaluación del rol de las emociones dentro de las mismas. A su vez, dentro de la evaluación de las emociones, una gran parte de las investigaciones se ha centrado en las experiencias emocionales negativas dentro de la pareja, particularmente en cómo los individuos de la misma expresan sus emociones e interactúan el uno con el otro durante las etapas de un conflicto. Conocer estas experiencias emocionales condicionará el tipo de respuesta que la pareja sea capaz de plantear durante los conflictos, determinando así directamente la felicidad de los individuos que la componen.

Dentro de este campo de estudio, encontramos que las expresiones faciales de emoción ayudan a los individuos a conocer las emociones de los otros, así como sus creencias e intenciones. Esto permite que los individuos que forman la pareja sean capaces de inferir elementos tan complejos como las actitudes o el comportamiento que el otro individuo va a llevar a cabo. Los objetivos de esta investigación se centran precisamente en averiguar si la capacidad de un individuo para inferir emociones negativas de la expresión fácil será capaz de predecir relaciones de pareja más estables y durables, así como qué tipo de respuestas constructivas se plantean ante el conflicto.

Para poder medir habilidad del individuo para la identificación de emociones faciales, se utilizó la versión reducida de la Micro – Expression Recognition Training Tool (MiX). Para analizar las respuestas constructivas ante los conflictos, se examinaron tres tipos distintos de respuestas identificadas mediante la investigación previa: resolución de problemas positiva, actuación durante el conflicto y retirada del mismo. Estos tres tipos de respuestas fueron recogidos mediante otro cuestionario, el Conflict Resolution Style Inventory (CRSI). Por último, se aplicó a la muestra de la investigación un cuestionario sobre la calidad de su relación, el Relationship Assessment Scale (RAS).

Los resultados alcanzados en esta investigación fueron muy interesantes. Así, mientras que no se encontró relación entre la identificación facial de emociones positivas y la satisfacción en la relación de pareja, sí fue encontrada una relación entre esta última y la identificación facial de emociones negativas. Precisamente también la identificación facial de emociones negativas se encontró correlacionada con el estilo de actuación durante el conflicto, en el cual individuos con una capacidad de identificar emociones negativas más alta utilizaban menos comportamientos agresivos durante las discusiones (o lo que es lo mismo, hacían uso de conductas más asertivas). No se encontró relación entre la identificación de emociones negativa y la resolución positiva de problemas o la retirada del conflicto. Se demostró también que los individuos con menor actuación durante el conflicto reportaban relaciones más satisfactorias.

En conclusión, esta investigación demuestra que, a mayor capacidad de entender lo que la pareja siente (en este caso, a través del reconocimiento facial de expresiones emocionales negativas), mayor capacidad para responder de manera asertiva y comunicativa a los conflictos. Como resultado de utilizar una estrategia constructiva de resolución de conflictos, los individuos se mostraban, por tanto, más satisfechos en sus relaciones de pareja.

El poder de las imágenes: género vs lenguaje corporal en el estatus percibido. Club Lenguaje No Verbal.

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Picture Power: Gender Versus Body Language in Perceived Status”, de los autores April H. Bailey y Spencer D. Kelly, de la University of Colgate, que investiga la relación entre las variables género y lenguaje corporal con el establecimiento de posiciones jerárquicas entre individuos.

Durante los primeros 5 minutos del encuentro de 3 personas totalmente extrañas entre sí, una jerarquía de poder emerge entre ellos. Esto es así dado que los propios individuos son colocados en distintas posiciones de poder en base a su poder personal y percibido por el grupo. Para establecer esta jerarquía o estatus, hay varias claves que son tenidas en cuenta. El género y las conductas no verbales se encuentran entre ellas, pero todavía se desconoce qué variable se impone cuando dos o más de ellas entran en conflicto. Específicamente, si bien la relación entre diversas variables ha sido largamente estudiada, apenas se ha prestado atención a la relación entre las variables género y lenguaje corporal, debido a lo cual todavía es desconocido cuál de las dos prima sobre la otra a la hora de asignar un estatus.

Esta investigación se centra en demostrar qué elemento es más poderoso, ya sea género o lenguaje corporal, a la hora de atribuir poder jerárquico a un individuo. A los individuos de la muestra se les pediría que decidiesen si una serie de palabras representaban dominancia o sumisión, a la vez que se les ponía una imagen de un hombre o mujer realizando una pose concreta. Durante este proceso, que debería tener lugar durante pocos segundos, se debía medir los índices conductuales a través de la aplicación del N400, de calcular los tiempos de reacción, la tasa de error y, en general, la respuesta cerebral del individuo. La hipótesis de trabajo se resume del siguiente modo: si los participantes daban más importancia al género que a la pose del individuo, la incongruencia de la pose con la palabra tendría un efecto muy pequeño en las medidas. Sin embargo, si le daban mucha importancia a la pose, la incongruencia de esta tendría un impacto mayor a la hora de responder, afectando por tanto a la decisión de una manera más evidente.

Respecto a las conclusiones que arroja esta investigación, el primer resultado obtenido  es que la prueba de medida N400 no fue útil para predecir diferencias a la hora de seleccionar si una palabra era sumisiva o dominante en función del género o la pose. Sin embargo, los tiempos de respuesta y la tasa de error sí que replicaron asociaciones ya establecidas en la literatura entre hombres y posturas dominantes y mujeres y posturas menos dominantes, así como entre posturas más abiertas y palabras más relacionadas con la dominación, y posturas más cerradas y palabras relacionadas con la sumisión. La relación encontrada entre las palabras de sumisión y dominancia y el género fue mucho más leve, por lo que los autores determinan que la pose tiene un impacto mucho mayor.

En conclusión, los autores encontraron que la pose (conducta corporal) tiende a afectar más a nuestra percepción de dominancia o sumisión jerárquica que el género al que pertenezcamos, aunque esta relación parece encontrarse levemente desdibujada cuando hablamos de la relación entre hombres y palabras de sumisión. Esto lleva a los autores a plantear que, probablemente, la pose tenga un impacto mucho mayor en la percepción de dominación o sumisión jerárquica en mujeres que en hombres.

Conducta no verbal en entrevistas con menores víctimas de abuso. Club Lenguaje No Verbal

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Non-verbal behavior of children who disclose or do not disclose child abuse in investigative interviews”, de los autores Carmit Katz, Lindsay C. Malloy, Michael E. Lamb, Armita Atabaki y Sabine Spindler, de la universidad de Cambridge, e irit Hershkowitz, de la universidad de Haifa, que investiga la posible existencia de relaciones entre la conducta no verbal de los niños y su confesión (o no) sobre el padecimiento de abusos.

Muchas de las víctimas de abuso de menores son reticentes a divulgar sus experiencias y pueden negar activamente haber sufrido estos abusos cuando son directamente preguntados. Sin embargo, la confesión del menor suele ser habitualmente crucial para el inicio de la intervención de los servicios de protección al menor, el tratamiento, y la persecución criminal al autor. Para poder evitar falsos negativos en los interrogatorios, los entrevistadores necesitan identificar a los niños reticentes a confesar tan pronto como sea posible, con el fin de adaptarse a ellos y tratar de ayudarles a sobrepasar esta reticencia y hablar sobre lo que les ocurrió.

Gran cantidad de investigaciones han estudiado (y demostrado) que la no apertura de los menores, de los cuales se sabe han sido víctimas de abuso, puede ser predicha en base a examinar la reticencia del niño en la parte de la entrevista previa a que se discutan los asuntos más importantes. Sin embargo, estos estudios se centraron tan solo en la conducta verbal de los menores. Los objetivos de la presente investigación están orientados a estudiar la conducta no verbal en este tipo de entrevistas, haciendo hincapié en tres objetivos distintos: 1) evaluar la conducta no verbal en la fase previa a la parte principal de la entrevista de niños que confiesan y niños que no confiesan 2) investigar las diferencias en conducta no verbal entre niños que confiesan o no confiesan, y 3) evaluar los cambios en la conducta no verbal conforme se desarrolla la entrevista.

Para comprobar esto, se seleccionaron 40 entrevistas grabadas a niños entre 3 y 13 años guardadas en archivos, de los cuales 14 eran sospechosos de haber sido víctimas de abusos sexuales, y 26 víctimas de abusos físicos. La particularidad es que la mitad de ellos terminaban confesando ser víctimas del crimen, y la otra mitad lo ocultaba. El visionado de estos vídeos permitió complementar una hoja de registro sobre las conductas no verbales de los individuos, las cuales se dividían en indicadores de estrés, la desconexión física, las emociones faciales negativas y las positivas.

Los resultados de esta investigación mostraron que se podían hallar diferencias en la comunicación no verbal entre confesores y no confesores. Así, por ejemplo, durante todo el interrogatorio, la desconexión física (conductas como girar el cuerpo en dirección contraria al interrogador, cubrirse la cara o la cabeza, levantarse total o parcialmente, etc.) era mucho más prevalente en no confesores que en confesores. Sin embargo, no se encontraron diferencias entre conductas de estrés y emocionalidad, más allá de que durante la entrevista, la expresión de emociones positivas se reducía, y aumentaba el estrés y la desconexión física general. Tampoco la expresividad facial fue determinante a la hora de predecir si un niño llevaría a cabo una confesión o no.

En conclusión, esta investigación demuestra que  la conducta no verbal (especialmente, los índices de desconexión física de los individuos) pueden predecir si los niños confesarían o no, lo cual lo vuelve quizá la variable más destacable en esta investigación. Esto además representa una interesante aplicación práctica del estudio del comportamiento no verbal en interrogatorios, permitiendo así que los interrogadores predigan la posible conducta del menor y sean capaces de adaptar el interrogatorio para relajarlo y conseguir una confesión sobre el abuso sufrido.

Usando gestos de apoyo al discurso en tareas espaciales. Club Lenguaje No Verbal

Usando gestos apoyo discurso tareas espaciales - Club Lenguaje No Verbal

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Using and Seeing Co-speech Gesture in a Spatial Task”, de los autores Alexandra Suppes, de la Columbia University, Christina Y. Tzeng, de la Emory University, y Laura Galguera, de la Universidad de Oviedo, que analiza la utilidad que el uso de gestos de apoyo al discurso posee a la hora de facilitar la comprensión del interlocutor en tareas espaciales.

Las personas suelen producir gestos de apoyo al discurso mientras están comunicándose. Investigaciones previas han indicado que estos gestos apoyan el proceso comunicativo, pero a quién apoyan exactamente los mismos (si al oyente o al comunicador) es todavía objetivo de debate. Mientras que una postura defiende que los gestos aumentan la comprensión del oyente conforme complementan el discurso verbal, otra defiende que en realidad es al comunicador a quien realmente ayuda la inclusión de gestos (ayudándole a clarificar el mensaje que quiere transmitir).

En esta investigación, dividida a su vez en dos situaciones experimentales distintas, los autores tratan de discernir, partiendo de ambas bases teóricas, tres planteamientos distintos: en primer lugar, qué gestos se utilizan para explicar una tarea espacial según aumenta la complejidad de la misma. En segundo lugar, hasta qué punto los gestos del anterior experimento sirven para mejorar el entendimiento del oyente. Y por último, hasta qué punto es importante o útil que los oyentes vean los gestos que acompañan al lenguaje verbal. Para ello, se pediría a participantes que describiesen diseños de apartamentos para que un grupo de oyentes pudiera copiarlos. A estos participantes se les entregó aleatoriamente un diseño “fácil” o “complejo” de describir.

Los resultados de la primera situación experimental, que analizaba las dos primeras hipótesis, mostraban que no había una diferencia significativa en el tipo de gestos utilizados en función de la dificultad de definir el diseño del apartamento. Los únicos gestos que mostraron un aumento fueron los icónicos, por lo cual la hipótesis de que un aumento de la complejidad de la narración implicaba un aumento de la cantidad de gestos quedó demostrada tan solo parcialmente.

Los resultados de la segunda situación experimental son más sorprendentes si cabe: un aumento de gestos icónicos por parte de los “narradores” implicaba un dibujo menos preciso del diseño del apartamento por parte de los oyentes.  Esto choca directamente con el planteamiento de que los gestos en el mensaje son dirigidos a facilitar la comprensión por parte del oyente, y da fuerzas a la teoría de que realmente son utilizados por el comunicador como medio para apoyar su proceso comunicativo.

En conclusión, y tal y como indican los autores de esta investigación, se demuestra así que el uso de lenguaje icónico no implica necesariamente un aumento en la comprensión de los individuos de un mensaje, particularmente en tareas que implican un uso de la memoria espacial.

Similitudes y diferencias culturales en gestos simbólicos. Club Lenguaje No Verbal.

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, esta semana les presentamos un resumen del artículo “Cultural Similarities and Differences in Emblematic Gestures”, de los autores David Matsumoto y Hyisung C. Hwang, de la San Francisco State University, que analiza las similitudes entre los gestos simbólicos de diferentes culturas.

Los gestos representan una parte importante de la comunicación no verbal de los seres humanos, y en los últimos años muchas han sido las investigaciones realizadas sobre los mismos. Representando un elemento complementario a nuestra capacidad comunicativa, no es de extrañar que así sea. Los gestos nos permiten ilustrar nuestro discurso, transmitir ideas más o menos complejas, y modular el significado de nuestra comunicación verbal.

Hay muchos modos de clasificar los gestos. Sin embargo, la mayor parte de las clasificaciones suelen dividirlos en dos grandes grupos: aquellos que se utilizan durante el discurso verbal (también conocidos como gestos coverbales), y aquellos que se utilizan sin llevar a cabo comunicación verbal alguna (los llamados gestos emblemáticos o simbólicos). Cada cultura suele tener ciertos gestos asociados a sus creencias o su estilo de comunicación, ya sean de un tipo o de otro. Sin embargo, ¿Podríamos llegar a encontrar gestos cuyo significado trascendiera de lo meramente cultural? ¿Existen gestos simbólicos generalizados entre las culturas? Esa es la pregunta que da lugar a esta investigación.

Para poder comprobar la hipótesis sobre la generalización cultural de los gestos simbólicos, llevaron a cabo un listado con palabras o expresiones básicas que pudieran resumirse en gestos, todos de distintas culturas. Una vez con este listado, solicitaban a alguien de esta cultura que llevasen a cabo los gestos frente a individuos de su misma cultura. Si estos eran capaces de entender su significado, este gesto era seleccionado para ser presentado ante otras culturas.

Este proceso de selección, cribado y presentación a miembros de las distintas culturas dio lugar a dos grandes bloques de resultados. En primer lugar, se encontró que, como era de esperar, una gran parte de los gestos variaban según la cultura en la que tuvieran lugar. Esto se debía a tres razones esenciales: que el mensaje tuviera distintos emblemas o símbolos según la cultura (los gestos específicos para los insultos, por ejemplo), que el emblema o símbolo tuviera distintos significados (por ejemplo, el símbolo de hacer un anillo con el pulgar y el índice y levantar los otros tres dedos puede significar “vale”, “ok”, pero también “dinero”), o que el símbolo o emblema exista exclusivamente en una cultura concreta (por ejemplo, el mensaje de “disculpa” solo existe en ciertas zonas de Asia). En segundo lugar, sin embargo, se encontraron ciertos gestos que tenían significados comunes interculturalmente, siendo la mayor parte de ellos gestos transmisores de mensajes muy básicos (“sí”, “no”, “no lo sé”).

¿Cuál es la conclusión que los autores destacan de estos resultados? Que si bien la cultura influye en la creación de gestos simbólicos propios de cada tipo de sociedad, las constantes guerras, migraciones, y la cada vez más evidente globalización (entre otros fenómenos) provocan que cierto tipo de gestos se estén universalizando,  lo cual a su vez puede ser representación de que las primeras transmisiones a nivel cultural entre dos grupos distintos suelen comenzar con elementos básicos (como en este caso, mensajes con un significado verbal muy simple), para ir posteriormente adquiriendo elementos más complejos a nivel de significado. Existen, por tanto, gestos simbólicos comunes entre las distintas culturas, los cuales muy probablemente sean fruto de un lento pero inexorable proceso de unificación comunicativa de las mismas.

Antiguas entradas