Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Categoría: Comportamiento cooperativo

Competencia, moralidad, sociabilidad… ¿Qué aspectos están más vinculados al apoyo laboral entre compañeros?. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club de Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Initial Impressions Determine Behaviours: Morality Predicts the Willingness to Help Newcomers.”, de los autores Stefano Pagliaro, Marco Brambilla, Simona Sacchi , Manuela D’Angelo y Naomi Ellemers, que analizan qué papel tiene la moralidad en el juicio social y en la evaluación inicial de la otra persona.

Durante las últimas décadas, la psicología social ha abordado las implicaciones sociales de la moralidad en las relaciones interpersonales y los procesos grupales. Esta investigación en concreto ha examinado la relación existente entre el razonamiento moral y el juicio emitido, así como las emociones provocadas por las características morales y por tanto su consecuencia en la formación de impresiones. Se trata de un estudio interesante ya que, como sabemos, los juicios morales son muy importantes en las evaluaciones dentro de los grupos, en las normas grupales y en la formación de impresiones de otros individuos o grupos.

Además de realizar un estudio sobre ello, el presente artículo investiga una hipótesis: ¿la información moral percibida y la respuesta emocional provocada al inicio de la interacción también tiene un impacto en las intenciones conductuales posteriores hacia la otra persona (por ejemplo, voluntad de ayudar y apoyar a un recién llegado en el trabajo)?.

El modo en que las personas forman impresiones de otros individuos y grupos es un tema central en la psicología social, que organiza las impresiones de las personas en dos dimensiones evaluadoras centrales que son la competencia (instrumental) y la calidez (expresiva). La dimensión de calidez abarca los rasgos asociados con la sociabilidad (como ser servicial y amable), así como los rasgos que indican la moralidad (como la honestidad y la confiabilidad). Además, se demostró a través de diferentes grupos, contextos culturales y metodologías de investigación que la moralidad (más que la competencia o la sociabilidad) es la base principal del orgullo y la identificación del grupo. Como resultado, por ejemplo, se descubrió que la moralidad percibida de la organización aumentaba los sentimientos de orgullo de los empleados hacia la organización, y predijo su satisfacción y compromiso laboral.

Conociendo por tanto estas dimensiones y subdimensiones, algunos estudios examinaron el impacto de la información vinculada a la moralidad de desconocidos en comparación con la información vinculada a la sociabilidad y competencia de desconocidos. En una serie de experimentos, los participantes mostraron una tendencia significativa a seleccionar más moralidad que sociabilidad e información de competencia cuando se les pidió que eligieran rasgos que los ayudaran a formarse una impresión de otro desconocido. En un esfuerzo por explicar por qué la gente mira principalmente la moralidad (en vez de competencia y sociabilidad) cuando forma una impresión global de los demás, los investigadores generalmente se refieren a una hipótesis funcionalista que explica que las personas atienden la información moral en las interacciones sociales porque les interesa principalmente comprender si las intenciones conductuales de la otra parte (que puede ser un individuo o un grupo) son beneficiosas o perjudiciales para ellos. Podría decirse que este juicio debería guiar el comportamiento posterior hacia la otra parte, en términos, por ejemplo, de las tendencias de evitación de aproximación, o de las tendencias de cooperación. La idea de que la información sobre la moralidad de otra persona probablemente provoque respuestas emocionales más fuertes que la información relacionada con la competencia también es sugerida por aquellos trabajos que han argumentado que los juicios morales tienen implicaciones sociales de mayor alcance que los juicios de competencia, causando que las personas sean más vigilantes para los miembros de su grupo que podrían carecer de moralidad en lugar de aquellos que carecen de competencia. Por tanto podemos entender que la moralidad (en lugar de la competencia) es un determinante primario de las reacciones emocionales hacia un objetivo específico, y que provoca respuestas conductuales.

Para corroborar estas ideas, la investigación que presentamos se centra en el impacto de la moralidad (frente a la competencia) sobre la formación de impresiones y las tendencias de comportamiento en un lugar de trabajo real aplicado (una muestra de maestros y empleados escolares evalúan a un recién llegado en su organización y expresan su disposición a participar en actividades relacionadas con el trabajo que ayudarían al recién llegado a adaptarse a la nueva situación). Específicamente, la investigación evaluó las respuestas emocionales iniciales y la disposición a ayudar a la otra persona como indicadores relevantes de estos procesos. Es decir, el objetivo fue evaluar si las respuestas emocionales iniciales guían el enfoque de comportamiento frente a las tendencias de evitación (en este caso, la disposición a participar en actividades sociales y relacionadas con el trabajo que ayudan al recién llegado a adaptarse a la nueva situación). Se examinó esto en el contexto de los trabajadores que dan la bienvenida a un recién llegado en el trabajo, ya que esto representa una situación en la que los participantes no dependen directamente de las acciones de la otra persona para sus propios resultados. Esto permite ir más allá de las explicaciones de pruebas de investigación anteriores basadas en el intercambio interpersonal y la interdependencia.

En la investigación participaron 79 profesores y empleados voluntarios, con una edad media de 40 años. Al comienzo del experimento, el investigador les dijo a los participantes que estaban participando en un estudio sobre la formación de impresiones. Se les pidió a los participantes que imaginaran que un nuevo director de escuela llegaría a su escuela en el futuro cercano. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a una de las cuatro condiciones experimentales: Baja moralidad, alta moralidad, baja competencia o alta competencia. Esto se mostraba según la descripción del gerente (tratando la moralidad en aspectos de honestidad, sinceridad y confiabilidad, y la competencia en aspectos de inteligencia, competencia y habilidad). Según la descripción, cada uno de los participantes debería de indicar el grado en que sentían diferentes rasgos como afecto, hostilidad, odio o sospecha hacia el sujeto.

A continuación, se pidió a los participantes que indicaran sus intenciones de ayudar a que el nuevo gerente se ajustara a la nueva situación participando en actividades (es decir, estaría dispuesto a: “pasar tiempo con el nuevo director escolar para describir el prácticas educativas ”, ” pasar tiempo con el nuevo director de la escuela para mostrar nuestra ciudad ”, ” trabajar junto con el nuevo director de escuela ”, etc.).

Finalmente se preguntó a cada participante que calificaran al nuevo gerente según la percepción de moralidad (“qué tan moral es el nuevo gerente?”) y de competencia (“es competente?”), en escalas del 1 (nada) al 7 (totalmente).

Los resultados mostraron lo siguiente: Los participantes indicaron una respuesta emocional más positiva al nuevo director escolar en la condición de alta moralidad que en la condición de baja moralidad, y calificaron al objetivo de manera más favorable en la condición de alta competencia que en la condición de baja competencia. Aun así, se revela que el efecto de la moralidad era confiablemente mucho más fuerte que el efecto de la competencia. En cuanto al comportamiento, los participantes mostraron más intenciones conductuales positivas en la condición de alta moralidad que en la condición de baja moralidad, pero no hubo resultados claramente diferenciados en los casos de alta y baja competencia.

Esto, por supuesto, no quiere decir que la competencia sea irrelevante, y de hecho también en la competencia de investigación actual afectó las respuestas emocionales iniciales. Sin embargo, los resultados muestran que el efecto de la competencia en estas respuestas iniciales es más débil que el efecto de la moralidad. Además, y posiblemente lo más útil e importante a nivel práctico, la competencia no influye en las tendencias conductuales de las personas para ayudar al otro desconocido, mientras que la moralidad sí lo hace. Estos resultados tienen implicaciones prácticas importantes, especialmente en empresas y organizaciones en los que las personas tratan de dar más visibilidad a su competencia que a su moralidad, ya que estos resultados sugieren que los compañeros de trabajo pueden estar más inclinados a utilizar información relacionada con la moral para establecer relaciones de apoyo y cooperación con otros en el trabajo. Por lo tanto, estos hallazgos relacionados con el papel de diferentes dimensiones evaluativas en las percepciones sociales y sus consecuencias conductuales podrían ayudar a mejorar estratégicamente la sinergia entre los empleados en el trabajo, lo que puede ser crucial para promover la formación de equipos, la confianza y la cooperación en la empresa.

Los gestos de manos de los líderes y la influencia en sus seguidores. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “How leaders influence followers through the use of nonverbal communication”, de los autores Samuel Temple, y Linda Talley de la Universidad de Houston, que muestran cómo los líderes pueden influir en los seguidores a través del uso de la comunicación no verbal (en concreto, a través de los gestos de sus manos).

Los expertos, los bloggers y los medios de comunicación han comentado sobre el significado de la comunicación no verbal para las figuras políticas, y los líderes empresariales de todo el mundo utilizan la comunicación no verbal en sus discursos. Los observadores son capaces de interpretar la comunicación no verbal, percibiendo así al comunicador con ideas atractivas o distanciadoras, por lo que se entiende que la atracción entre un líder y su seguidor está determinada por la comunicación no verbal que muestra el líder, y la percepción e interpretación del seguidor del significado de estos mensajes no verbales.

 Algunos investigadores han demostrado que la comunicación no verbal juega un papel más importante que la comunicación verbal debido a la naturaleza espontánea de esta comunicación, mostrando estados emocionales involuntariamente comunicativos o fugaces a través de pantallas o gestos. Por ejemplo, los gestos de las manos de los líderes pueden afectar a los seguidores sin que los líderes sepan en ocasiones lo que transmiten sus gestos, en términos de significado e impacto (aunque cuando los líderes conocen qué significados pueden transmitir, pueden aprovecharlo y así tener una mejor oportunidad de transmitir sus mensajes en función de sus objetivos).

El presente estudio se basa en el significado e impacto de los gestos con las manos, la inmediatez no verbal y la interacción social. Algunas investigaciones sugieren que cuanto más inmediatez no verbal usa una persona, más personas la evaluarán de manera positiva y preferirán estar cerca de él o ella. Aunque este trabajo se basó en evaluaciones de docentes y estudiantes, la misma teoría debería ser válida para una evaluación de líder y seguidor ya que ambos estudios muestran un desequilibrio de poder.

El estudio busca probar las siguientes hipótesis:

H1. Los gestos positivos con las manos tendrán un mayor efecto en la capacidad de los participantes de percibir la inmediatez no verbal en los líderes en comparación con los gestos defensivos de las manos en presencia de un canal de sonido verbal.

H2. Los gestos defensivos de las manos que incluyen un canal de sonido verbal tendrán un efecto menor en la capacidad de los participantes para percibir la inmediatez no verbal en los líderes, en comparación con los gestos que no incluyen gestos manuales que incluyen un canal de sonido verbal.

Para probar ambas hipótesis, se realizó el siguiente experimento: Se prepararon 3 vídeos que muestran a un líder que presenta un mensaje positivo a los seguidores. La variable independiente, gestos con las manos, consta de tres niveles: gestos positivos con las manos, gestos defensivos con las manos, y gestos neutros con las manos.

Se consideran “gestos positivos con las manos” los siguientes gestos: Manos comunitarias (la posición de las manos muestra la palma hacia arriba o vertical al suelo), manos de humildad (las manos se juntan frente a la persona a la altura de la cintura), y manos en pendiente (las manos forman un campanario con las yemas de los dedos tocando).

Se consideran “gestos defensivos con las manos” los siguientes gestos: Manos en los bolsillos (una o ambas manos), brazos cruzados, y manos detrás de la espalda.

Los gestos neutrales con las manos se refieren a los gestos en los que el líder mantiene las manos a su lado durante todo el discurso.

Cada uno de los tres vídeos de un minuto de duración usa uno de los tres tipos de gestos. Todos los vídeos usaron al mismo actor que retrata a un líder de una organización que realiza el mismo discurso de un minuto y que varía solo en el uso de los niveles de gestos de la mano definidos por el experimento. La premisa básica del discurso fue positiva ya que el mensaje verbal usó palabras y mensajes inspiradores, y el contenido del discurso fue la entrega de buenas noticias a la audiencia. El actor memorizó el discurso para que cada tratamiento proporcionara el mismo mensaje verbal y pareciera natural para el actor. El actor se vistió igual para todos los videos.

Los participantes (89 hombres y 121 mujeres) son profesionales comerciales, ya sean empleados o por cuenta propia. Cada participante vio uno de los vídeos (asignado al azar) y respondió a las preguntas de la encuesta. Después, el participante completó el Informe de Observación de la Escala de Inmediación No Verbal (NIS-O), que utiliza una escala de cinco puntos como respuestas, que va de nunca (1) a muy seguido (5), y una puntuación total que van de -52 a 52. Este instrumento mide la atracción o distancia de una persona hacia la otra (este instrumento se utilizó previamente en estudios de liderazgo y comunicación no verbal).

El instrumento NIS-O incluye 26 preguntas que brindaron al participante la oportunidad de evaluar los gestos con las manos de un líder y luego hacer una evaluación. Las preguntas se usaron para determinar el grado de inmediatez de los participantes y cómo los participantes perciben los gestos de la mano del líder.

Los resultados del experimento mostraron que el grupo de gestos manuales positivos obtuvo una puntuación de atracción significativamente más alta que los gestos neutrales o defensivos. En cuanto a los gestos neutrales y defensivos, los resultados no difirieron significativamente los unos de los otros. Por tanto, esto establece que los gestos manuales positivos crean atracción en  los espectadores.

Se concluye por tanto que, debido a que los gestos con las manos en la comunicación se pueden observar fácilmente desde el principio hasta el final de una interacción por parte de un seguidor, si un líder quiere ser más eficaz en la creación de una conexión emocional con los seguidores para crear un cambio, entonces, comprender el significado de los gestos de la mano es fundamental para el éxito. Este estudio revela lo que un líder puede hacer con sus manos para crear más inmediatez con los seguidores simplemente usando gestos positivos específicos y minimizar los sentimientos de falta de inmediatez al no regular los gestos con las manos ni los gestos defensivos de las manos. Al centrarse en gestos específicos de las manos, los líderes pueden ver cómo un pequeño cambio puede tener un impacto positivo en su relación con los seguidores para su aceptación en lugar de rechazo.

Influencia del apretón de manos en la negociación cooperativa. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “Handshaking Promotes Cooperative Dealmaking”, de los autores Juliana Schroeder y Jane Risen, de la Universidad de Chicago, y Francesca Gino y Michael I. Norton de la Universidad de Harvard, en donde investigan como puede influir un apretón de manos en las negociaciones.

Terminamos esta serie de artículos relativos al “apretón de manos” con el siguiente estudio en el que los investigadores sugieren que los apretones de manos antes de las negociaciones -o la falta de ellas- sirven como sutiles pero críticos indicadores de los motivos sociales de los negociadores. En particular, los apretones de manos indican buena disposición para actuar cooperativamente durante las negociaciones. Se propone en el estudio que los apretones de manos aumentan los comportamientos de cooperación en la mesa de negociaciones y, como resultado, influyen en los resultados.

La investigación cuenta con 4 estudios. El primer estudio examina si los apretones de manos son especialmente relevantes para las negociaciones, en contraste con otros gestos no verbales porque la gente se siente más cómoda al iniciarlos al inicio de una negociación. Para ello, se realizaron encuestas a 50 trabajadores (34 hombres, media de edad 31 años) a los que les preguntaba qué gesto, de una lista de 12, le haría sentir más cómodo antes de un proceso de negociación, y qué gesto incitaría a cooperar. Los trabajadores podían seleccionar varios gestos.
El 100% de los participantes informaron que estarían cómodos estrechando la mano con el otro al inicio de la negociación, y el 90% de los participantes también informaron que estarían cómodo haciendo contacto visual. La mayoría de los participantes también eligió el apretón de manos como el único comportamiento que llevaría a la experiencia de negociación más cooperativa (34 personas), significativamente más que el número que selecciona contacto visual (13 personas)

El segundo estudio examina si las personas tienen la creencia intuitiva de que un apretón de manos señala la cooperación. Se realizó el estudio con 106 pares de estudiantes de MBA que tuvieron que completar su negociación en clase con un compañero aleatorio. Se comprobó que proporcionalmente, las parejas que iniciaron la negociación estrechando las manos (74 parejas) consiguieron mayores resultados de negociación conjunta que aquellos que no realizaron el apretón de manos.

En el tercer estudio 120 estudiantes universitarios fueron asignados aleatoriamente en pares, en los que cada par representan una entrevista de trabajo en donde quien hace de jefe y quien hace de candidato, deben de negociar salario, fecha de inicio y ubicación. La mitad de las parejas comenzarán estrechando la mano, la otra mitad no lo hacen. Las parejas que se estrecharon la mano discutieron sus preferencias de manera más abierta, mintieron menos, y eran más propensos a inclinarse hacia las ideas del otro.

 El cuarto estudio estudió el efecto del apretón de manos al comienzo de negociaciones conflictivas. Para ello, 170 ejecutivos (133 hombres) se asignan en pares aleatorios en donde uno realiza el papel de vendedor y otro de comprador. La mitad de los pares estrechan la mano antes de la negociación (procedimiento similar al anterior estudio). En este caso, el comprador sabe que el bien inmueble en venta se utilizará como comercio, y no de forma residencial, por lo que el bien inmueble es mucho más valioso, por lo que mentir acerca de esa información es tentador. El vendedor no sabe esta información, y ambos deben de acordar un precio entre $40 y $60 millones. En los resultados se mostró que las parejas que realizaron el apretón de manos negociaron precios más equitativos y los compradores fueron menos propensos a mentir o mintieron parcialmente.

 Las conclusiones por tanto del estudio son las siguientes: Los apretones de manos son gestos no verbales consecuentes en las negociaciones ya que la gente se siente cómoda iniciando negociaciones a través de este gesto que interpretan como cooperativo. Los apretones de manos aumentan los comportamientos cooperativos, afectando por tanto a los resultados de las negociaciones. Los pares asignados aleatoriamente en el estudio que realizaban el apretón de manos eran más propensos a revelar abiertamente sus preferencias sobre el negocio, lo que ayudó a mejorar los resultados. Además, tenían menos probabilidades de mentir sobre sus preferencias y acuerdos elaborados.

Queda por tanto demostrado que el apretón de manos promueve la adopción de estrategias cooperativas e influye en los resultados de la negociación.

Fingir ira en las negociaciones. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The consequences of faking anger in negotiations”, de los autores Stéphane Côté, Ivona Hideg y Gerben A. van Kleef, de la Universidad de Toronto (Canadá), que analizan la influencia de fingir ira en las negociaciones. 

En cualquier tipo de negociación, lo lógico es buscar ganar ventaja sobre el otro y no es raro que alguna vez se recurran a tácticas para ello. Por lo general, tendemos a pensar que si nos mostramos enfadados o perdemos los nervios seremos vistos como poco racionales por la otra persona y no querrá seguir la negociación. Pero, ¿y si además de poco elegante fuera efectivo?

Los investigadores de este estudio tenían la hipótesis de que, mientras que fingir enojo no tendría efectos positivos, la ira real podría ser de ayuda en una negociación. ¿Por qué? Porque si tu emoción es vista como falsa genera desconfianza, lo cual es muy poco conveniente en una negociación. Los investigadores describen la falsificación de la ira como una “actuación superficial”. Es decir, lo que haces cuando expresas externamente una emoción que no estás sintiendo realmente. Al parecer, cómo se ve nuestra cara cuando fingimos ira es totalmente diferente de cómo se ve cuando realmente estamos enfadados. Y si la otra persona lo sabe puede interpretar nuestros actos como “falsos, calculadores, deshonestos y oportunistas”. Por otro lado, la ira auténtica puede hacer que la oposición te vea como “difícil y poco transigente” y, por tanto, paradójicamente les hace ceder.

Los investigadores examinaron el impacto de la “ira superficial” frente a la cólera real (comunicada por los actores usando una estrategia de “acción profunda”) en un proceso de negociación. Los participantes fueron 140 estudiantes universitarios (66 hombres y 74 mujeres) con edades comprendidas entre 18 y 28 años. Fueron asignados al azar para ver una grabación de un hombre negociando una venta de autos con ellos. Había tres clips de vídeo, cuyas formas de hacer la oferta variaba: una presentación falsamente enojada, una presentación neutral o una presentación con ira real. Debían ver la grabación, decidir si aceptaban o rechazaban la oferta, y si rechazaban la oferta, debían hacer una contraoferta. Los investigadores fijaron la oferta de compra inicial para el coche en el valor de mercado más bajo, de modo que una proporción alta de los estudiantes buscara hacer contraoferta.

Como resultado encontraron que, cuando se fingía ira en un proceso de negociación, era probable que el otro le impusiera demandas particularmente altas, se mostrara relativamente insatisfecho y tuviera poco interés en trabajar con de nuevo con esa persona debido a la desconfianza que había generado. De hecho, las mayores contraofertas fueron realizadas a negociadores que fingían la ira; en segundo lugar, a los negociadores neutrales, y las más bajas a los que estaban furiosos de verdad. Según los participantes, no había diferencia en cómo percibían los dos tipos de ira, los veían igual de intensos. Sin embargo, desconfiaban más del que fingía enfado y le imponían demandas más altas, mientras que al enojado de verdad le veían como un negociador más duro y le hacían contraofertas más bajas.

Por tanto, los investigadores concluyen que fingir ira no es lo mejor para una negociación. Y, si bien un enfado real pueda traer algún beneficio, la emoción no sería auténtica si la estamos manipulando para nuestro beneficio. Así que quizás lo más recomendable sea mostrarse cortés y neutral y no ser deshonesto.

Lenguaje no verbal de la infidelidad ajena. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Thin slices of infidelity: Determining whether observers can pick out cheaters from a video clip interaction and what tips them off”, de los autores Nathaniel M. Lambert, Seth Mulder y Frank Fincham, de la Universidad de Brigham, que estudian cómo los observadores externos pueden captar señales de infidelidad observando a una pareja interactuar unos minutos.

Nuestras primeras impresiones acerca de los demás son una mezcla de ideas preconcebidas y estereotipos junto con lo que la mayoría de la gente llama “instinto” o “sexto sentido”, que no es más que nuestra capacidad para interpretar el lenguaje no verbal de otras personas. Si bien es cierto que esa capacidad, sin ningún tipo de entrenamiento, no nos sirve precisamente para detectar mentiras, ¿seríamos capaces de detectar las mentiras cuando la cosa no va con nosotros?

Este estudio plantea la hipótesis de que, al igual que pedimos a un jurado que pueda evaluar a un desconocido basándose en apenas unos minutos oyéndole hablar, todos somos capaces de interpretar, aunque sea de forma inconsciente, el lenguaje no verbal de los demás y captar ciertas señales sobre sus relaciones y sentimientos. Concretamente, creen que unos completos desconocidos pueden detectar la infidelidad después de ver a parejas de novios interactuando durante no más de 3 a 5 minutos.

Los investigadores realizaron dos experimentos diferentes. La primera incluyó a 51 estudiantes universitarios (16 hombres y 35 mujeres de 18 a 23 años) que participaron junto con sus parejas románticas. Los estudiantes completaron cuestionarios antes del experimento para evaluar su “infidelidad emocional y física”, mientras que sus respectivas parejas no completaron cuestionario alguno. Luego las parejas fueron grabadas en vídeo completando una tarea de dibujo donde uno de los miembros de la pareja estaba con los ojos vendados y el otro daba instrucciones sobre qué dibujar. Más tarde, seis observadores objetivos y entrenados observaron las cintas de vídeo y respondieron a la siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo de probable es que esta persona haya mostrado interés en otra persona distinta de su pareja?
  2.  ¿Cómo de probable es que esta persona coqueteara con alguien que no sea su pareja?
  3.  ¿Cómo de probable es que esta persona haya tenido relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja?
  4.  ¿Cómo de comprometido está el participante en su relación?
  5.  ¿Cómo de fiable has percibido que es esa persona?

Se llevó a cabo un segundo experimento con 43 estudiantes (21 varones y 22 mujeres, con edades comprendidas entre 18 y 33 años) que participaron con sus respectivas parejas. Esta vez, ambos miembros de la pareja completaron los cuestionarios y los investigadores anotaron “puntuaciones promedio de infidelidad” para cada participante en base a sus respuestas a si habían sido infieles y cómo de lejos habían ido en esa infidelidad. Los participantes completaron la misma tarea de dibujo que los participantes en el primer experimento. Posteriormente, cinco observadores entrenados vieron los vídeos y calificaron a los participantes como en el primer experimento, basándose en las mismas preguntas.

En los resultados podemos comprobar que se podía detectar la infidelidad con observar la interacción de la pareja durante una sencilla tarea en apenas unos minutos. El porcentaje de acierto en ambos experimentos fue por encima del azar. Además, no se encontró diferencia entre ambos sexos en contra del mito de que la conducta infiel es más común en hombres.

En definitiva, los resultados son interesantes y debería ahondarse en qué tipo de pistas visuales llevaban a los observadores a discriminar la conducta de unos y otros. ¿Quizás nos es más fácil detectar las mentiras cuando no nos las dicen a nosotros?

Lenguaje no verbal del matón y su influencia en la conducta de ayuda. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Nonverbal Bully: Effects of Shouting and Conversational Distance on Bystanders’ Perceptions”, de los autores Corey A. Pavlich, Stephen A. Rains y Chris Segrin, de la Universidad de Arizona (EEUU), que estudian la influencia de la proxémica y el tono de voz a la hora de evaluar una situación de abuso.

El acoso o bullyng es un problema común entre los más jóvenes. Se calcula que casi uno de cada diez adolescentes es intimidado como mínimo dos o tres veces al mes. Y en la edad adulta podemos encontrar también estas conductas, con repercusiones legales mucho más graves.

Sabemos que la comunicación no verbal juega un papel fundamental en la percepción de la interacción con los demás, y eso incluye la dominación o la agresividad. Por ello, también juega un papel trascendente en durante una intimidación. Es por esa razón que el objetivo de este estudio es analizar qué formas específicas de comportamiento no verbal percibimos como amenazantes en una interacción de bullyng y cuáles generan intención de intervenir en los espectadores.

Participaron un total de 148 estudiantes universitarios (66,2% de mujeres), con una edad media de 20,8 años. La quinta parte de ellos (20,3%) admitieron haber sido intimidados por abusones durante la secundaria, mientras que casi un tercio (32,4%) declararon haber sido matones. Para las dos variables a medir (volumen de la voz y distancia) se utilizó un medidor de decibelios para asegurarse que las situaciones cumplían los requisitos establecidos: 65dB para una conversación a tono normal y 85dB para tono alto. La distancia por su parte se midió con una cinta métrica para distinguir la distancia de conversación social de la íntima. De manera que teníamos cuatro situaciones: (1) voz normal y distancia social, (2) voz elevada y distancia social, (3) voz normal y distancia íntima y (4) voz elevada y distancia íntima. Los participantes se dividieron a partes iguales en los cuatro posibles subgrupos.

Los participantes debían ver el vídeo en el que, salvo por las variables de volumen de la voz y distancia entre los actores, se representaba la misma escena: un abusón intimidando a otro compañero de clase con palabras despectivas y humillantes. Para asegurarse que entendían la situación, el vídeo se presentaba como un escenario de intimidación entre un abusón y su víctima. Para evitar sesgos, cada persona vio la actuación de dos actores de su mismo sexo. Tras el visionado, los participantes debían valorar en el agresor su nivel de agresividad, dominancia, intimidación y amenaza; en la víctima, valoraron su aparente debilidad, pasividad, capacidad social y si parecía ser acosado a menudo. Por último, se preguntó en qué medida habrían intervenido para parar al agresor si hubieran estado presentes físicamente en la escena y su grado de acuerdo con que el matón estuviera gritando a la víctima y que estuviera invadiendo su espacio personal.

Se encontraron varios hallazgos notables. En primer lugar, los resultados muestran que la gente era más proclive a intervenir cuando el abusón invadía el espacio personal de la víctima, ya que eso representaba mayor vulnerabilidad por parte de la víctima o un potencial daño para ella. Sin embargo, en contra de lo esperado, que el abusón gritara dentro del espacio personal de la víctima no se vio como la situación más agresiva. Quizás porque se espera que una víctima débil se apartara amedrentada por el agresor y quedarse cerca de él a pesar de los gritos se vea como una muestra de fortaleza y, por tanto, de dominio sobre el abuso.

Por otro lado, a pesar de que los agresores son vistos como más peligrosos cuando se encuentran a una distancia social, los observadores eran más propensos a intervenir cuando estaban en el espacio personal. Quizás se deba a que se les percibe como más proclives a una agresión física y, por tanto, es más necesaria la ayuda externa; o quizás porque, como decíamos antes, se le percibe como más débil y el transeúnte se siente menos amenazado él mismo si entra a ayudar. Del mismo modo, encontramos más predisposición a ayudar si el matón está hablando en tono normal que si está gritando.

En conclusión, podemos ver que el lenguaje no verbal es importante en una agresión y en cómo la perciben los espectadores, sobre todo en su predisposición a ayudar. Sería interesante replicar este experimento con actores en vivo para poder dar más validez ecológica a los resultados.

Respuesta adaptativa a la exclusión social: La detección de sonrisas sinceras. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Adaptive Responses to Social Exclusion: Social Rejection Improves Detection of Real and Fake Smiles”, de los autores Michael J. Bernstein, Steven G. Young, Christina M. Brown, Donald F. Sacco y Heather M. Claypool, de la Universidad de Miami, que estudian cómo las personas excluidas socialmente detectan mejor las sonrisas verdaderas.

Evolutivamente, estar excluido de la manada implica numerosas amenazas inmediatas y a largo plazo. En consecuencia, los seres gregarios somos especialmente sensibles a las señales que indican un potencial rechazo de nuestros iguales. No es raro que la gente con alta necesidad de pertenencia sean muchos mejores en analizar el lenguaje no verbal de los que les rodean por esta razón, y aquellos mejor insertados en la sociedad tienen una mejor memoria para la información social que los más marginados. En ambos casos, los individuos que temen o sufren el rechazo social muestran mucha atención a estas señales no verbales.

Un importante indicador de señales sociales es la expresión facial de las emociones. Una sonrisa auténtica y sincera, conocida como sonrisa Duchenne, es indicativa de actitudes de cooperación y afiliación. Mientras que las sonrisas sociales o falsas, las no Duchenne, puede servir para enmascarar emociones negativas. La capacidad de identificar y discriminar ambos tipos de sonrisa puede servir a las personas poco incluidas socialmente a afiliarse de nuevo al grupo.

Anteriores investigaciones ya han demostrado que los individuos con más necesidad de pertenencia son más exactos discriminando emociones (por ejemplo, entre felicidad e ira), pero ninguna investigación ha evaluado el alcance de esa capacidad. La hipótesis de este estudio era que ser capaz de identificar la categoría emocional cualitativa de un despliegue facial es de gran importancia para los individuos socialmente excluidos, puesto que distinguir las emociones reales de las falsas parece especialmente importante para asegurar que los esfuerzos de reafiliación se distribuyen al máximo hacia las personas que muestran señales de que desean interactuar y relacionarse. Por tanto, los individuos rechazados mostrarían una mayor capacidad de discriminación entre sonrisas reales y falsas, presumiblemente porque están más en sintonía que otros a sutiles señales sociales.

Treinta y dos estudiantes (17 mujeres, 15 hombres) participaron en el estudio. Eran asignados aleatoriamente a condiciones de inclusión social, exclusión social o grupo control. Luego se les mostró caras que exhibían sonrisas Duchenne o no Duchenne y se les pidió que decidieran si cada una de ellas era “real” o “falsa”. Para manipular el estatus social se utilizó una técnica consistente en hacerles rememorar y escribir acerca de una situación pasada en la que se sintieron aceptados (para los de inclusión social), rechazados (para los de exclusión) o sobre el día de antes de acudir al experimento (grupo sin manipulación social).

Los resultados mostraron que los individuos socialmente rechazados tienen una capacidad mejorada para determinar si la expresión facial “feliz” de un individuo es genuina o falsa. Esto sugiere que la motivación para sentirse parte del grupo de nuevo aumenta la sensibilidad de los que se sienten rechazados para detectar las señales que indican oportunidad de afiliación. Además se vio que no afectaba a la sensibilidad el sexo ni de los que sonreían ni de los observadores.

En conclusión, el rechazo social aumenta nuestra sensibilidad perceptiva hacia las oportunidades de reintegrarnos en el grupo. Como animales sociales que somos, tiene sentido que sentirnos aislados nos mueva a buscar en los demás señales que indiquen posibilidad de reconectar, de lo contrario perderíamos esas oportunidades de adaptarnos de nuevo a la sociedad. Sería interesante ampliar este estudio al análisis de otras emociones y otro tipo de situaciones.

Los efectos sociales y culturales en la sonrisa infantil durante el juego. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Children’s Nonverbal Displays of Winning and Losing: Effects of Social and Cultural Contexts on Smiles”, de los autores Phoebe H. C. Mui, Martijn B. Goudbeek, Marc G. J. Swerts y Arpine Hovasapian, en un estudio conjunto de la Universida de Tilburg (Países Bajos) y la Universidad de California, que sugieren que las sonrisas de los niños son susceptibles a factores sociales y culturales.

Imaginemos a un niño jugando: Sonríe cada vez gana pero se enfurruña cada vez que pierde. No es sorprendente ya que es lo que cabe esperar de un niño. Pero pongamos que el niño no está jugado solo, hay más niños con él. ¿Seguiría mostrando sus emociones de la misma forma ante los otros niños? Hacerlo podría implicar afectar al buen ambiente del juego. ¿Acaso no es desagradable que un amigo se enfade cuando le ganamos? Al jugar en equipo somos, en parte, responsables de mantener la armonía y la cohesión pero algunas sociedades ponen por encima la expresión personal y las metas individuales.

Desde muy pequeños, los niños adhieren connotaciones sociales a su sonrisa. Otros estudios han demostrado que los niños ríen más ante estímulos humorísticos si hay otros niños presentes; y que muestran sonrisas más amplias abriendo un regalo no deseado delante del experimentador que estando a solas. Así que, la forma de sonreír e interactuar de los niños durante el juego podría estar depender de su formación cultural.

Para probar esta hipótesis se llevó a cabo un experimento cuyos participantes fueron 55 niños de origen chino (siendo 34 de ellos varones) y 31 holandeses (de los cuales, 23 eran varones). Todos tenían ocho años de edad y se contaba con el consentimiento de sus padres y profesores.

Se decidió que la tarea experimental fuera un juego para obtener de los niños las expresiones faciales asociadas a ganar o perder. Los niños fueron aleatoriamente a una de las dos condiciones: jugar solo (15 niños holandeses y 13 chinos) o emparejados (16 parejas holandesas y 21 chinas). Las parejas estaban conformadas por niños del mismo sexo y debían cooperar. Los niños estaban sentados frente a una pantalla de ordenador, sobre la cual había una cámara registrando sus expresiones durante el juego. Sin embargo, para el análisis sólo se tenía en cuenta a uno de los niños de la pareja, elegido al aleatoriamente. Las instrucciones del juego se les daban en su lengua materna (holandés o chino) para asegurarse que eran entendidas.

El juego consistía en ir sacando cartas y se debía adivinar si la siguiente sería mayor o menor. Sin embargo, el juego estaba amañado para que cada niño al menos ganara dos veces y perdiera dos veces. Esto era así porque para los análisis se utilizaban nada más que la grabación de la expresión facial durante la segunda victoria y durante la segunda derrota. Evitándose así expresiones menos efusivas a medida que avanza el juego por perder el interés. Para evaluar las expresiones de los niños se utilizó el código FACS, que identifica la presencia e identidad de los músculos faciales.

Se encontró que, efectivamente, se sonreía más estando en pareja que a solas. Luego, comparando por culturas, se observó que los niños chinos que jugaban en parejas sonreían más que estando a solas, un efecto social que no ser observó en los niños holandeses. Esto encaja con la teoría de que una sociedad más estricta y colectiva (China) antepondrá al grupo por encima de uno mismo como ocurre con sociedades más flexibles e individualistas (Holanda). Fue curioso, sin embargo, que no afectaba a la sonrisa el hecho de ir ganando o perdiendo en el juego. Quizás debido a que, tanto niños como adultos, sugieren en momentos de desconcierto, como puede ser cuando se pierde de forma inesperada.

En conclusión, estos hallazgos sugieren que las sonrisas de los niños en un contexto competitivo son susceptibles a los factores sociales y culturales. Quizás sería interesante desarrollar estos resultados con otras emociones como la tristeza o incluso replicarlo en adultos para comprobar el efecto de ambas variables en la otro tipo de muestra.

Enfrentarse a los injustos: Introducción de la imagen proxémica como medida implícita de aproximación y evitación durante la interacción social. Club del Lenguaje no Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facing Off with Unfair Others: Introducing Proxemic Imaging as an Implicit Measure of Approach and Avoidance during Social Interaction”, de los autores Cade McCall y Tania Singer, del Institute for Human Cognitive and Brain Sciences de Alemania, que estudia la proxemia durante interacciones con personas justas e injustas.

A nadie le gusta ser tratado injustamente. Distintos experimentos han demostrado que, a nivel actitudinal, percibimos a los desleales como menos agradables y menos atractivos que los que nos tratan con justicia. A nivel emocional, las personas que han recibido un trato injusto reportan desprecio, ira, e incluso tristeza. La reacción contra la injusticia tiene lugar incluso cuando sólo somos meros observadores y no receptores de la acción. Desde un punto de vista evolutivo, tiene sentido una reacción adversa contra la deslealtad dado que ataca directamente a la cooperación y a la vida en grupo, tan necesarios en una especie social. Por tanto, es lógico reaccionar censurando y/o evitando a estas personas que no son dignas de confianza.

El antropólogo Edward C. Hall acuñó el termino “proxémica” para describir los usos comunicativos y culturales del espacio interpersonal. Esto incluye el distanciamiento interpersonal, la orientación corporal y la forma de mirar a otros. Estos elementos de la comunicación no verbal expresan implícitamente actitudes y motivaciones durante las interacciones sociales y pueden reflejar la naturaleza de la relación entre los dos interactuantes. Así que no es de extrañar que tendamos a acercarnos a las personas que evaluamos positivamente y evitemos a los que no.

En la investigación se ha abordado ampliamente el tema de la injusticia mediante experimentos de economía monetaria, y también por otro lado se ha evaluado el lenguaje no verbal ante personas que no nos eran agradables. Pero este experimento se planteó otro tipo de situación mucho más propia de la vida real: ¿qué ocurre cuando contemplamos la injusticia y no tenemos la oportunidad de castigar a esa persona? ¿Y cómo nuestro cuerpo refleja esas actitudes? ¿Podría predecirse en nuestro lenguaje no verbal cuando vamos a tomar represalias contra otra persona?

Con el fin de buscar la relación entre estas variables se llevó a cabo este experimento, donde se contó con 56 participantes (26 mujeres y 30 hombres). Cada uno de los participantes interactuaba con dos investigadores-cómplices, haciéndoles creer que eran participantes como ellos. Se les hacía esperar juntos en el vestíbulo para darle credibilidad, se les explicaba el experimento y luego los separaban para interactuar en línea desde salas separadas.

El experimento consistía en cuatro tareas: 1) un juego económico, 2) una tarea de memoria en un entorno virtual, 3) la posibilidad de castigar económicamente a otros jugadores, 4) cuestionarios. En el juego económico, uno de los dos cómplices era significativamente más equitativo que el otro para crear la sensación de que uno de los dos era injusto. Posteriormente se les ponía las gafas de realidad virtual y se les introducía en un mundo virtual que consistía en una habitación gris donde estaban los otros dos compañeros. Las gafas permitían también medir la posición y orientación de la cabeza respecto a los otros para los cálculos proxémicos. Los participantes debían andar por la habitación virtual memorizando las fotos para ser interrogados por ellas, pero la verdadera intención de la prueba era ver su acercamiento a los dos cómplices.

Después volvían al juego monetario, donde se les daba la oportunidad de castigar a los otros dos jugadores, haciendo que esa persona perdiera el triple de lo que el participante pagara. Y finalmente se cumplimentaron unos cuestionarios en los que debían calificar numéricamente a los otros participantes en términos de justicia, simpatía, atractivo o molesto entre otros.

Tal como se esperaba, los resultados mostraron que el cómplice justo era valorado como más equitativo, más agradable, más simpático, menos molesto y más atractivo que el cómplice injusto. Esto a su vez demuestra que el intercambio monetario del juego es considerado como una actividad social relevante, puesto que afectaba a nivel actitudinal a los participantes.

Por otro lado, todos los participantes eligieron castigar a los jugadores desleales más que a los justos, y ninguno castigó al justo más que al injusto. En cuanto a la proxémica, los participantes eligieron acercarse más a los justos en la habitación de realidad virtual, aunque sólo encontraron resultados significativos para la distancia interpersonal, no en la mirada. Sin embargo, también se esperaba que algunos participantes prefirieran estar cerca de los desleales: aquellos que eran propensos a castigar a los injustos. Así que se analizó la proxémica con la tendencia a castigar a los otros en la tarea posterior, encontrando que los que más castigaban a los desleales también estuvieron más tiempo frente a ellos y además les dieron la espalda mientras eran observados por ellos.

En definitiva, podemos afirmar que la injusticia influye en nuestro comportamiento no verbal y que la proxémica sirve de predictor de nuestra conducta posterior. Pero con estos resultados aún surgen más preguntas por contestar: ¿es la aproximación y la evitación una forma de mostrar aprobación y censura a los demás o en realidad son expresiones involuntarias demasiado sutiles como para ser percibidas por los otros?

Diferencias paralingüísticas en conversaciones entre parejas y amigos.

Laughing young guy enjoying a conversation over the cellphone

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les sugerimos un resumen del artículo “People will know we are in love: evidence of differences between vocal samples directed toward lovers and friends”, de los autores Sally D. Farley, de la University of Baltimore, Susan M. Hughes y Jack N. Lafayette, del Albright College, en el cuál se examina si existe variación en el tono identificable en función de la persona con la que hablamos.

Como animales sociales, los humanos instintivamente intuimos los estados emocionales de todos aquellos que nos rodean. Tal y como apuntan las investigaciones, un gran número de descubrimientos defienden que las características de nuestra voz, sin ir más lejos, permiten a los individuos de nuestro alrededor extraer más datos que aquellos puramente derivados del discurso. Estos elementos son conocidos en el estudio de la comunicación no verbal como “paralingüísticos”.

Precisamente, los elementos paralingüísticos parecen ser un elemento de gran importancia específicamente en el campo de las relaciones amorosas entre personas. ¿A qué es debido? A que nuevamente, tal y como los estudios abalan, un individuo puede modificar las características de su voz para atraer a posibles compañeros. De hecho, y tal y como se demostró en un experimento sobre la seducción, aquellos hombres que utilizaron una mayor modulación vocal tuvieron más éxito que aquellos que no modularon su paralingüística, llegando incluso a tener una segunda cita con la pareja en el estudio.

Sin embargo, y más allá de la simple atracción, hay ciertas evidencias que indican que las parejas de individuos continúan modificando sus voces cuando hablan entre sí. Por ejemplo, se demostró que la frecuencia del llamado “babytalk” (“conversación de bebé”) era un fuerte predictor de la intimidad y la atracción entre una pareja. En contraposición a esto, otros investigadores indican que estos cambios en el tono pueden no limitarse a las relaciones entre parejas, sino incluir también aquellas relaciones de amistad que generan un estado afectivo o motivacional.

Precisamente frente a esta dicotomía de resultados, el propósito de este estudio consistió en explorar cómo los individuos alteran sus elementos paralingüísticos en función de si hablan con una pareja (heterosexual u homosexual) o si hablan con un amigo muy cercano del mismo sexo a través de conversaciones telefónicas. Para ello, se grabaron distintas conversaciones entre individuos, y se seleccionó a una muestra que debía identificar si se trataba de parejas o de amigos.

En lo que se refiere a esta identificación, se encontró que en un 64.6% de los casos se acertaba, gracias a las características paralingüísticas, si se trataba de una relación de pareja o de amistad (lo cual se encontraba por encima de los límites de la probabilidad básica, 50%). También el interés romántico en frases como “qué estás haciendo” o “cómo estás” fue identificado a través del modo de hablar de los individuos grabados.

Por otro lado, fue identificado que los observadores consideraban más animados a aquellos que hablaban con sus amigos frente a sus parejas. Sin embargo, en contra de lo que los autores predijeron (que los individuos tratarían de sonar más confiados para parecer más atractivos), se encontró que aquellas voces que hablaban con parejas eran puntuadas de modo más negativo. Respecto al tono de voz, los hombres utilizaron tonos levemente más agudos, al contrario que las mujeres (levemente más graves), cuando hablaban o preguntaban a sus parejas. Finalmente, y a través del establecimiento de un modelo en base a las evaluaciones de los observadores, se encontró que cuanto más incluían en su tono elementos más relacionados con el romanticismo (cualidades positivas, amor, pasión, intimidad, etc.), más positivamente eran evaluadas las personalidades de las personas que hablaban.

En conclusión, esta investigación permitió dar fuerza al argumento de que nuestro tono de voz se ajusta al individuo con el que estamos hablando, y de un modo especialmente particular si estamos tratando con nuestra pareja. Esto, lejos de terminarse tras la fase de “cortejo”, seguiría ocurriendo en las distintas interacciones de la pareja, y permitirían a individuos desconocidos identificar de una manera significativa si los individuos observados son pareja o amigos.

 

 

 

 

 

 

Efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo. Club Lenguaje No Verbal.

Efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo. Club Lenguaje No Verbal.

Efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo cotidiano: un experimento de campo” de los autores Max Ernest-Jones, Daniel Nettle y Melissa Bateson de la Universidad de Newcastle (UK), acerca del comportamiento cooperativo.

Las sociedades humanas se caracterizan por altos niveles de comportamiento cooperativo (es decir, el comportamiento que beneficia a otros individuos con un coste a corto plazo para uno mismo), a menudo dirigido a no familiares. Entre los modelos más destacados de estabilidad evolutiva de cooperación entre no familiares, se encuentran los modelos basados en la reputación y en el castigo. En los modelos de reputación, los individuos que no cooperan cuando tienen la oportunidad de hacerlo, corren el riesgo de no ser elegidos como compañeros de interacción por parte de otros miembros del grupo que han observado o conocen su comportamiento. Mientras el valor esperado de esta futura pérdida de oportunidades interacción sea lo suficientemente elevado, las consecuencias para la reputación pueden hacer de la cooperación una estrategia que facilita la adaptabilidad, incluso cuando es probable que el beneficiario no corresponda. En los modelos de castigo, se imponen los costes de la adaptabilidad a los miembros del grupo que no cooperan. Una vez más, esto puede ser suficiente para que la cooperación sea una estrategia facilitadora de la adaptabilidad, y la tendencia a castigar el comportamiento no cooperativo puede verse favorecida por la selección bajo ciertas circunstancias. Existe evidencia empírica sobre los efectos de la reputación y del castigo en la conducta cooperativa humana. Tanto la reputación como la evitación del castigo suponen un incentivo para cooperar que sólo se obtiene cuando alguien más sabe acerca de la conducta. Por lo tanto, en la medida que los mecanismos psicológicos que subyacen de las decisiones de cooperar han sido moldeados por la presencia recurrente de efectos de reputación y de castigo, deberían ser altamente sensibles a las señales que indican que el comportamiento está siendo observado. Una potente señal de observación son un par de ojos, y se ha demostrado que solo con poner la imagen de unos ojos como fondo de pantalla en un ordenador es suficiente para aumentar la cooperación en el Juego del Dictador (Dos jugadores; uno de ellos, el dictador, divide cierta cantidad de dinero entre él mismo y el otro jugador, el receptor). En contraste con estos resultados, se ha descubierto que las imágenes de ojos como fondo de pantalla de ordenador no tuvieron efecto sobre la conducta cooperativa del segundo jugador en el Juego de la Confianza (Ejercicios físicos para probar y estimular la confianza en uno mismo y en el grupo). Por otra parte, se ha mostrado recientemente que estar en una habitación con otras personas no tiene ningún efecto sobre las decisiones en el Juego del Ultimátum (similar al Juego del Dictador, en el que se interacciona de manera anónima) cuando se asegura explícitamente que los individuos no tendrán conocimiento de lo que se decide.

En este artículo se ha llevado a cabo un experimento de campo en el que se midieron los efectos de los carteles sobre el comportamiento de tirar basura de los clientes en una cafetería de autoservicio. Se prepararon carteles con imágenes de ojos de personas o de algunas flores, y con un mensaje escrito congruente o incongruente con el comportamiento que se quería medir. La cafetería se compone de 35 mesas de diferentes tamaños y se rige por un sistema de auto-limpieza cuya norma social (Reforzada por carteles en las paredes) es que los clientes deben recoger la basura de sus mesas antes de salir de la cafetería. En la condición congruente los carteles muestran el mensaje: “Por favor coloquen sus bandejas cuando hayan acabado”, mientras que en la condición incongruente el mensaje es: “Por favor, sólo consuman alimentos y bebidas comprados en este establecimiento”.

En un experimento diseñado para investigar los efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo en un entorno real, se ha descubierto que los carteles que representan imágenes de ojos aumentan la probabilidad de que la gente recoja la basura de sus mesas en una cafetería de auto-servicio. Por lo tanto, se podría decir que la cercanía de imágenes de ojos puede tener consecuencias importantes en la conducta cooperativa en un entorno real. Parece que los mecanismos psicológicos que controlan las decisiones sobre si cooperar o no son especialmente sensibles a las señales que normalmente indican un escrutinio social. Para muchos individuos, las imágenes de ojos no fueron relevantes para la interacción en la cafetería. Supuestamente, la presencia de observadores reales proporciona muchas señales de observación, y esto puede saturar el efecto de los estímulos artificiales. Sin embargo, es posible que las señales de observación solo influyan en ciertas situaciones. En primer lugar, los efectos de la inclusión de señales sutiles de observación pueden ser mayores en entornos con pocos observadores reales. En segundo lugar, la influencia de las señales implícitas puede ser anulada por instrucciones explícitas sobre el anonimato del comportamiento. Finalmente, puede haber otros aspectos de la estructura de la tarea cooperativa que manifiesten señales de observación de forma menos notable. Puede ser que los diferentes escenarios evoquen diferentes esquemas psicológicos, donde la observación de terceros es un aporte menos importante, y el comportamiento del compañero lo es más. Además de demostrar el efecto de los ojos, los datos proporcionan asimismo evidencia directa de que la presencia de personas reales, y la posibilidad de ser realmente observado, reduce el comportamiento de tirar basura. Por lo tanto, algunos individuos en grandes grupos pueden sentirse igual de ignorados que si estuvieran solos. A pesar de que este tipo de experimentos no explica el origen evolutivo de la cooperación humana, ayuda a esclarecer el funcionamiento de los mecanismos de cercanía, en ambientes naturales, por medio de los cuales los individuos deciden cuando comportarse de forma cooperativa y cuando no hacerlo. Este estudio confirma que la visualización de imágenes de ojos tiene la misma eficacia que un codazo, no sólo porque los ojos atraen la atención, sino por conexiones más básicas entre la sensación de ser observado y la conducta cooperativa. Las imágenes de ojos parecen ser eficaces en la inhibición de conductas antisociales en situaciones donde no existe una relación de compañerismo (Por ejemplo: no despilfarrar bienes públicos, o no deteriorar infraestructuras públicas), y en especial cuando hay pocas personas alrededor mirando.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno