Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: junio 2018

Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte III). Club del Lenguaje No Verbal

 

Tercera y última parte del estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros,  en donde se estudia la validez de la hipótesis de los defensores de PNL que afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. 

Como se explicó en la anterior entrada, este tercer experimento examina si la supuesta relación entre los movimientos oculares en las mentiras surge en una serie de videos que contienen mentiras de gran importancia, en concreto, mentiras relativas a la desaparición de un ser querido. El proyecto implicó codificar los movimientos oculares realizados por los participantes en dos tipos de videos. En una serie de videos había pruebas convincentes de que los participantes estaban mintiendo, mientras que en la otra serie de videos la evidencia sugería fuertemente que estaban diciendo la verdad. Como antes, el estudio investigó la duración corta y más larga de los movimientos oculares en la parte superior derecha y en la parte superior izquierda. Las variables dependientes fueron la frecuencia de las miradas de los participantes (es decir, movimientos oculares que duraron un segundo o más) y miradas rápidas (movimientos oculares de menos de un segundo de duración) a la dirección superior derecha o superior izquierda durante la entrevista.

Los videos que se usaron en el experimento eran 52 videos en los que las personas hacen un llamamiento público directo para el regreso seguro de un pariente desaparecido. Estos videos han sido recopilados de agencias de noticias en varios países, incluidos Australia, Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos. Hay pruebas contundentes (que incluyen, por ejemplo, la posesión del arma homicida, las imágenes de la cámara de seguridad, la persona que conduce la policía al cuerpo de la víctima, el pariente más tarde encontrado vivo con el secuestrador o el familiar que se suicidó) para sugerir que las personas en 26 de estos videos estaban mintiendo y los de los otros 26 videos decían la verdad.

Cada una de las cintas de video fue codificada por dos evaluadores independientes. El procedimiento de codificación fue idéntico al empleado en el Estudio 1 e implicó contar el número de veces que el participante miró hacia arriba y hacia la derecha, y hacia arriba a la izquierda, durante cada entrevista. Un codificador analizó todos los videos, mientras que un segundo codificador examinó una selección aleatoria de 13 videos para evaluar la confiabilidad entre evaluadores.

Pues bien, como sucedió con los dos anteriores experimentos, los resultados de nuevo no fueron significativos. Si bien existen más frecuencia de miradas rápidas hacia la izquierda en los casos de mentira que en los casos de verdad, existe aproximadamente el mismo número de frecuencia y tiempo en miradas hacia la derecha en los casos de verdad y de mentira.

Por tanto, una vez más, los datos no respaldaron las afirmaciones hechas por los practicantes de PNL. En resumen, los tres estudios no proporcionaron ninguna evidencia para apoyar la noción de que los patrones de movimientos oculares promovidos por muchos profesionales de PNL ayudan a la detección de mentiras. Esto está en línea con los hallazgos de una cantidad considerable de trabajos previos que muestran que las pistas faciales (incluidos los movimientos oculares) son indicadores pobres de engaño por sí solos. Es decir, determinadas microexpresiones faciales pueden ser indicadores de incongruencias entre lo dicho verbalmente y lo expresado no verbalmente, pero eso no significa que sea un indicador de mentira, y por supuesto no debe trabajarse con un solo indicador para detectar la mentira, sino con un conjunto de indicadores o factores que puedan orientar al evaluador a considerar si existe una incongruencia entre lo que el sujeto explica verbalmente y lo que el cuerpo indica físicamente. Por tanto, aunque hayamos podido comprobar según los resultados de los experimentos la no validez de la detección de la mentira únicamente por el movimiento ocular, tampoco se debe de entender que un solo y único factor, de forma aislada, que indique incongruencia en el testimonio (por ejemplo una microexpresión o una postura corporal), sea suficiente para detectar con total fiabilidad una mentira aun cuando el significado de dicho factor esté validado científicamente.

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Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte II). Club del Lenguaje No Verbal

Segunda parte del estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros en donde se estudia la validez de la hipótesis de los defensores de PNL que afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. 

En el primer estudio se comprobó que la hipótesis de los practicantes de PNL, de que los participantes tendrían una probabilidad significativamente mayor de mirar hacia su derecha cuando estaban mintiendo en comparación con cuando decían la verdad, y que serían significativamente más propensos a mira hacia su izquierda cuando decían la verdad en comparación con cuando estaban mintiendo, se cumplía pero no de una forma fiable, ya que los resultados estadísticos mostraban una diferencia de comportamiento ocular mínima entre la condición de “verdad” y de “mentira”. Podría argumentarse que el estudio carecía de validez porque los practicantes de PNL no defienden que la detección de mentiras involucre la codificación cuidadosa de las entrevistas filmadas, sino que promueve un proceso más intuitivo y holístico basado en la observación de la conducta en tiempo real. También se quiere comprobar cual es el motivo por el que la creencia de esta hipótesis es tan amplia. Por ello, resumimos a continuación el segundo experimento realizado en donde se añadían dos importantes variables: Una variable en la cual se informa a los participantes del significado que tiene mirar hacia la izquierda o hacia la derecha en función de si dicen verdades o mentiras (para comprobar si este conocimiento previo influye en el comportamiento ocular), y otra variable en la que se hace creer a los evaluadores que esta explicación se encuentra en un marco científico para comprobar si en esos casos los niveles de confianza de los evaluadores era mayor que los que no fueron informados de ello.

Para este experimento, los participantes fueron asignados aleatoriamente a uno de dos grupos. Los participantes en uno de los grupos recibieron información sobre el patrón de movimiento ocular que los practicantes de PNL creen que está asociado con la mentira (condición de “entrenamiento NLP”), mientras que los participantes en el otro grupo no recibieron esta información (condición de “control”). Luego se pidió a todos los participantes que miraran las entrevistas del Estudio 1, indicaran si pensaban que el entrevistado estaba mintiendo o diciendo la verdad, y calificaron la confianza que tenían en su decisión.

Participaron 50 sujetos (16 hombres, edad promedio 26,62 años, rango 18-73) que fueron reclutados a través de contactos de los experimentadores. A los participantes se les dijo que el estudio se refería a la psicología de la mentira y no se les compensó por su participación en el estudio.

A los participantes que aleatoriamente se les asignó el grupo de “entrenamiento PNL” se les ofreció una hoja de capacitación de PNL en donde se describían los patrones de movimiento ocular que los practicantes de PNL creen que están asociados con la mentira, y se proporcionó una ilustración clara de lo que deberían estar buscando durante la tarea de detección de mentiras. También se les proporcionó una hoja de respuestas: con ello se pedía a los participantes que indicaran si pensaban que cada entrevistado estaba diciendo la verdad o mintiendo, y calificaba el grado de confianza en su respuesta en una escala entre 1 (nada seguro) y 7 (muy seguro). A los participantes del grupo “control” no se les ofreció ninguna información sobre PNL.

A todos los participantes se les mostraron los 32 videoclips. Después de ver cada clip, se le pidió al participante que indicara si creía que el entrevistado estaba mintiendo o diciendo la verdad, e indicó qué tan seguros estaban de su decisión, en la hoja de respuestas. Los experimentadores no sabían si el clip evaluado era la verdad o una mentira

Los resultados revelaron que no había diferencia entre los niveles de precisión y las clasificaciones de confianza de los dos grupos (“entrenamiento PNL” y “control”), por lo que tampoco brindaron soporte para las afirmaciones relacionadas con la PNL y la detección de mentiras. En los videos en los que el participante decía la verdad, 16 de los 21 sujetos de “entrenamiento PNL” acertaron, mientras que también 16 de los 29 sujetos del grupo control acertaron. En cuanto a los vídeos en los que el participante mentía, 4 sujetos de los 21 sujetos “entrenamiento PNL” acertaron, y 4 sujetos de los 29 sujetos de control acertaron.

Se realizó otro experimento especialmente interesante, un tercer experimento que examinaba si la supuesta relación entre los movimientos oculares en las mentiras surgió en una serie de videos que contienen mentiras de gran importancia. El estudio utilizó una gran muestra internacional de cintas de video que contenían imágenes de personas que hacían un llamamiento público por un familiar desaparecido. En aproximadamente la mitad de estos casos, existe evidencia abrumadora que sugiere que la persona que presentó la apelación mentía, mientras que en los casos restantes, la evidencia sugiere que la apelación fue verdadera. La codificación previa de estas cintas ha revelado varias diferencias importantes en el comportamiento verbal y no verbal de los mentirosos y no mentirosos, como, por ejemplo, mentirosos que usan menos palabras, más palabras provisionales (por ejemplo, “si”, “quizás”, “tal vez”), y mayor parpadeo. Sobre la base de las afirmaciones hechas por muchos practicantes de PNL, se predijo que aquellos que mienten en las conferencias de prensa serían significativamente más propensos a mirar hacia su derecho que aquellos que dicen la verdad.

Este experimento resulta interesante porque incluye una variable: El interés propio en realizar la mentira. Debe de existir una diferencia conductual entre mentir en una investigación científica a través de las instrucciones facilitadas por los investigadores, a mentir en un entorno real, en casos especialmente graves, en los que se miente en lo relativo a la desaparición de un familiar y por tanto, aparentemente, requiere un mayor esfuerzo en la elaboración de la mentira y una conducta diferente. En este tercer experimento es en el que se observará este factor, teniendo en cuenta de nuevo que lo que se observa y se juzga es única y exclusivamente el movimiento ocular, y no el resto de posibles indicadores de mentira que puedan aparecer en los vídeos a raíz de la conducta mostrada. Este tercer experimento, y las conclusiones finales sobre la validez o no de la relación entre el movimiento ocular y la mentira, serán presentados en la próxima entrada.

Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte I). Club del Lenguaje No Verbal

 

Los defensores de la programación neurolingüística (PNL) afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. De acuerdo con esta noción, una persona que mira hacia su derecha está diciendo una mentira, mientras que si mira hacia la izquierda es indicativo de estar diciendo la verdad. A pesar de la creencia generalizada en esta afirmación, no existen suficientes exámenes científicos que validen esta creencia. Para comprobar la certeza o falsedad de estas creencias, procedemos a resumir algunos de los más interesantes experimentos encontrados en el estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros, en donde se discuten las implicaciones teóricas y prácticas de estos hallazgos.

Los psicólogos han llevado a cabo una gran cantidad de investigaciones en un intento de establecer los correlatos conductuales de la mentira. Sin embargo, a pesar de este impresionante catálogo de trabajos, ninguna investigación previa ha examinado adecuadamente la validez de una noción que ha recibido una amplia aceptación entre el público, a saber, que los mentirosos tienden a exhibir un patrón particular de movimiento ocular. Según esta idea, cuando las personas diestras miran hacia la derecha, es probable que visualicen un evento “construido” (es decir, imaginado), mientras que cuando miran hacia la izquierda es probable que visualicen una memoria “recordada” (es decir, un evento que realmente les ha sucedido). En cambio, cuando miran hacia la derecha, es probable que estén pensando en un sonido “construido”, y cuando miran hacia la izquierda, es probable que estén pensando en un sonido “recordado”. Estas presuntas relaciones se enseñan con frecuencia en cursos de capacitación de PNL, y son omnipresentes en Internet. De hecho, una búsqueda en Google sobre los términos “programación neurolingüística” revela miles de sitios que describen la supuesta relación, y algunos videos bien conocidos de YouTube que alientan a los interesados en la detección de mentiras a adoptar este enfoque.

A lo largo de la década de 1980, los investigadores examinaron muchas de las afirmaciones hechas por los practicantes de PNL. Gran parte de este trabajo evaluó la supuesta relación entre el movimiento ocular y la modalidad de pensamiento e implicó registrar los movimientos oculares de los participantes mientras les hacía preguntas que alentaban a recordar recuerdos visuales y auditivos (por ejemplo, “¿De qué color es la puerta de su casa?”, “¿Puedes describir el sonido de la voz de tu madre?”). Este trabajo fracasó consistentemente en respaldar las afirmaciones de PNL. Aunque los defensores de PNL no vieron los pensamientos “construidos” como mentiras, esta noción se ha vuelto común, lo que lleva a muchos practicantes de PNL a afirmar que es posible obtener una visión útil de si alguien está mintiendo de sus movimientos oculares. Desafortunadamente, muy poco o ningún trabajo previo ha examinado la validez de este reclamo. Rhoads y Solomon se refieren brevemente a cuatro experimentos que supuestamente demostraron que la técnica podría usarse para clasificar con precisión el 90% de las verdades y mentiras, pero no proporcionan una referencia para estos experimentos. Vrij y Lochun se mostraron con razón escépticos sobre estos supuestos estudios, señalando que ningún otro experimento en la psicología de la detección de mentiras ha producido este nivel de precisión. Los tres experimentos que resumiremos a continuación aquí proporcionan el primer examen experimental de la supuesta relación entre la mentira y el patrón de movimientos oculares propuesto por muchos practicantes de PNL. El estudio 1 consistió en filmar a los participantes que mienten y dicen la verdad, y luego codifica sus movimientos oculares. Sobre la base de las afirmaciones hechas por muchos practicantes de PNL, se predijo que los participantes tendrían una probabilidad significativamente mayor de mirar hacia su derecha cuando estaban mintiendo en comparación con cuando decían la verdad, y que serían significativamente más propensos a mira hacia su izquierda cuando decían la verdad en comparación con cuando estaban mintiendo.

Para hacer este experimento se realizó lo siguiente. El experimento empleó un diseño dentro de dos condiciones. En cada condición, los participantes llevaron a cabo una serie de acciones y luego tomaron parte en una entrevista grabada en video sobre su comportamiento. En una condición, se pidió a los participantes que dijeran la verdad, mientras que en la otra condición se les pidió que mintieran. Como la literatura de la PNL no especifica qué duración de los movimientos oculares se consideran informativos, el estudio investigó movimientos de corta y larga duración. Las variables dependientes fueron la frecuencia de las miradas de los participantes (es decir, movimientos oculares que duraron un segundo o más) y miradas (movimientos oculares de menos de un segundo de duración) a la dirección superior derecha o superior izquierda durante la entrevista.

Para realizar el experimento se contó con 32 participantes (12 hombres, con una edad promedio de 22.3 años, rango de 18-56 años) que eran principalmente estudiantes de pregrado contratados a través de contactos de los experimentadores. Como la literatura de la PNL sugiere que la supuesta relación entre la mentira y los movimientos oculares es más fuerte en las personas diestras, los participantes solo fueron reclutados si se describían a sí mismos como diestros. A los participantes se les dijo que el estudio se refería a la psicología de la mentira, pero no se les informó que implicaba estudiar el movimiento ocular. Los participantes fueron evaluados individualmente.

El orden en el que completaron la condición “Mentira” y “Verdad” se determinó al azar mediante un lanzamiento de moneda. En la condición de “Mentira”, al participante se le dio primero el teléfono móvil del experimentador. Luego se les ordenó ingresar a una determinada oficina, esconder el teléfono en su bolsillo o bolso y regresar a la sala de informes. El experimentador explicó que serían llevados a una sala de entrevistas y filmados respondiendo tres preguntas: “¿Qué hiciste dentro de la oficina?”, “¿Qué objetos viste en el cajón del escritorio?” Y “¿Cuál era el diseño de los objetos en el cajón?”. Cuando se les preguntó qué hacían dentro de la oficina, se le pidió al participante que mintiera, y dijo que ellos abrieron el cajón del escritorio y pusieron el teléfono dentro. Cuando se le preguntó qué objetos veían en el cajón, se le pidió al participante que describiera cinco objetos plausibles (“verosímil” se definió como algo lo suficientemente pequeño como para caber y se puede ver en un cajón del escritorio). Cuando se le pide que describa el diseño de los objetos, se le pidió al participante que diera una descripción ficticia. Se le pidió al participante que fuera lo más convincente posible a lo largo de la entrevista. El participante completó esta tarea y luego fue llevado a la sala de entrevistas y entrevistado por un segundo experimentador que desconocía si el participante estaba mintiendo o diciendo la verdad. Durante la entrevista, el participante se sentó frente a un fondo negro con la cámara enfocada en la cara del participante para que sus movimientos oculares estuvieran claramente registrados. En la condición de “Verdad”, al participante se le entregó el teléfono móvil del experimentador y se le indicó ir a cierta oficina, abrir el primer cajón del escritorio en la oficina, colocar el teléfono dentro del cajón y observar los otros objetos dentro del cajón, y luego que regresase a la sala de información. El experimentador explicó que luego serían llevados a una sala de entrevistas y filmados respondiendo tres preguntas: “¿Qué hiciste dentro de la oficina?”, “¿Qué objetos viste en el cajón del escritorio?” y “¿Cuál era el diseño de los objetos en el cajón?”. Al participante se le pidió que dijera la verdad durante toda la entrevista. El participante completó la tarea y luego fue llevado a la sala de entrevistas y entrevistado por un segundo experimentador. El contenido del cajón del escritorio de oficina para cada prueba se eligió al azar de un grupo de treinta objetos cotidianos (por ejemplo, grapadora, manzana, calculadora, paraguas pequeño, sobre).

Cada una de las 64 entrevistas (es decir, dos entrevistas por participante) fueron codificadas por dos calificadores independientes. Para asegurarse de que los evaluadores no fueron influenciados por los comentarios de los participantes durante las entrevistas, las pistas de audio fueron eliminadas antes de la codificación. La codificación incluía contar el número de veces que el participante miraba y hacia la derecha, y hacia la izquierda, durante cada entrevista. Los movimientos de los ojos en otras direcciones (por ejemplo, directamente hacia arriba o hacia abajo) no fueron codificadas. Para ayudar a garantizar la alta confiabilidad entre evaluadores, los evaluadores recibieron capacitación sobre cuatro entrevistas de ‘prueba’ que se filmaron además de las entrevistas de los participantes.

Los dos evaluadores observaron repetidamente cada entrevista tanto a velocidad normal como a baja velocidad, y contaron la cantidad de veces que el participante miró arriba a la derecha por un segundo o más, arriba a la izquierda por un segundo o más, arriba a la derecha por menos de un segundo y arriba a la izquierda por menos de un segundo.

Pues bien, los resultados del análisis no mostraron resultados concluyentes. Las miradas a la izquierda y a la derecha se produjeron indistintamente al decir la verdad o al mentir. En cuanto al tiempo en segundos en los que se desviaba la mirada, tampoco se encontraron resultados relevantes: Las miradas rápidas hacia la izquierda se realizaron con más frecuencia al decir la verdad que al mentir, y las miradas hacia la izquierda durante más de un segundo se produjeron más en la condición de la verdad que en la condición de la mentira. Sin embargo, las miradas rápidas hacia la derecha se produjeron por igual en los casos de mentiras que en los casos de verdad, y las miradas de más de 1 segundo a la derecha se produjeron tan solo un poco más en las condiciones de mentira que en las de verdad. En los 4 casos, las diferencias de tiempo y frecuencia son insignificantes, por lo que la hipótesis no puede considerarse válida por si sola, o mejor dicho, aunque los datos validen la hipótesis, la validez estadística es demasiado débil como para poder asegurar de forma científica que la hipótesis se cumple con certeza.

Podría argumentarse que el estudio carecía de validez porque los practicantes de PNL no defienden que la detección de mentiras involucre la codificación cuidadosa de las entrevistas filmadas, sino que promueve un proceso más intuitivo y holístico basado en la observación de la conducta en tiempo real. El Estudio 2 abordó este tema informando a un grupo de participantes sobre los movimientos oculares que los practicantes de PNL afirman estar asociados con la mentira, y luego pidiéndoles que vean las entrevistas del Estudio 1 y clasifiquen cada una como una mentira o la verdad. Se formuló la hipótesis de que los participantes en este grupo de “entrenamiento PNL” superarían a un grupo de participantes control que no habían recibido tal entrenamiento. En segundo lugar, suponiendo que no exista una relación entre los patrones propuestos de movimientos oculares y la mentira, ¿por qué la gente debería creer que existe tal patrón? Una posibilidad es que las personas confíen más en sus capacidades de detección de mentiras cuando creen que están siguiendo un marco teórico científico, como el aparentemente proporcionado por PNL. El Estudio 2 también abordó esta pregunta al pedirles a los participantes en las condiciones de “entrenamiento PNL” y “control” que califiquen qué tan seguros estaban de sus juicios. Se formuló la hipótesis de que el grupo de “entrenamiento PNL” produciría niveles de confianza significativamente más altos que aquellos en el grupo “control”. En la siguiente entrada del blog veremos cómo se desarrolló este segundo experimento.

El comportamiento no verbal en entornos virtuales (Parte II). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la segunda parte del resumen del estudio “Cyber-Flirting: An Examination of Men’s and Women’s Flirting Behaviour Both Offline and on the Internet” de Mónica Whitty, estudio en donde se explican las formas de comunicación online y las diferencias y similitudes entre el comportamiento no verbal tradicional y el que se establece a través de Internet y Redes Sociales.

En la primera parte del artículo resumimos algunas de las características comunes en el coqueteo fuera y dentro de la red según el género del individuo. A continuación se busca respuesta a las siguientes hipótesis:

Hl: El cuerpo (o la descripción del mismo) se usa para coquetear con la misma frecuencia en salas de chat que en situaciones cara a cara.

H2: Las mujeres coquetearán tanto en salas de chat como en situaciones cara a cara con más frecuencia que los hombres al emplear señales no verbales (o sustitutos en línea para estas señales).

H3: Los hombres coquetearán tanto en las salas de chat como en las situaciones cara a cara con más frecuencia que las mujeres al describir su estado socioeconómico y al iniciar el contacto.

Para responder a estas hipótesis, los participantes que habían utilizado salas de chat fueron invitados a participar en el estudio. 5.697 individuos completaron la encuesta, de los cuales 3554 (62%) eran mujeres y 2143 (38%) eran hombres. Aunque es una limitación de la encuesta, para eliminar el sesgo solo se invitó a los heterosexuales a participar. Las edades variaron de 18 a 70 con una media de 23. El 70% de la muestra tenía una educación secundaria, el 14% había completado un diploma o un certificado, 13% un título y 3% calificaciones de postgrado. El 55% de la muestra eran solteros, 29% tenían novio o novia, 11% estaban casados, 4% estaban separados o divorciados, y 1% no respondieron. El 74% en algún momento de sus vidas, formaron una relación romántica con alguien que conocieron fuera de línea, mientras que el 23%, en algún momento de sus vidas, formaron una relación romántica con alguien que conocieron en línea. El 35% se había encontrado con alguien cara a cara a quien se habían encontrado por primera vez en línea. El 59% de la muestra declaró que coqueteaba con más frecuencia fuera de línea, 22% más frecuentemente en línea, 13% lo mismo y 6% no coqueteaba. La muestra consistió en individuos de una variedad de países, con 69% de América y Canadá, 16% de Australia y Nueva Zelanda, 6% del Reino Unido, 2% de Europa, 2% de Asia, 1% de América del Sur, 0.5% de Medio Oriente y 0.2% de África (el resto no indicó su país de residencia).

Se construyó una encuesta que se centró en las formas en que las personas coquetean en situaciones cara a cara y cómo coquetean en las salas de chat. Aunque se pudo haber seleccionado una gran cantidad de conductas de coqueteo para este estudio, dado que los objetivos eran examinar si el cuerpo puede reconstruirse en línea para coquetear y examinar si los hombres y las mujeres coquetean de maneras tradicionalmente definidas, este estudio se enfocó en conductas no verbales y sus sustitutos en línea, descripciones de atractivo y estado socioeconómico, y el inicio del contacto con otro.

A los participantes se les pidió que calificaran en una escala de Likert de 7 puntos (1 = nunca, 7 = todo el tiempo) con qué frecuencia coqueteaban al mostrar comportamientos particulares para indicar atracción por otro. A los participantes se les pidió que consideraran el comportamiento coqueto en situaciones cara a cara y el comportamiento coqueto en las salas de chat. Algunos ejemplos de ítems incluyen: ‘¿Alguna vez te has esforzado por parecer físicamente atractivo para que puedas atraer a otro / a otros?’ y ‘¿Alguna vez utilizas emoticones, como caras sonrientes : ) o un guiño ; ) para indicar a alguien en línea que te sientes atraído por ellos?’ A los participantes se les preguntó si coqueteaban describiendo el ingreso y / o la educación y / o la ocupación; haciendo un esfuerzo por parecer físicamente atractivo; iniciar una conversación con alguien que encontraron atractivo; mostrar gestos no verbales, como sonreír o mirar; y riendo y tocando. A los participantes se les preguntó si coqueteaban en línea al describir el ingreso y / o la educación y / o la ocupación; describiéndose a sí mismos como físicamente atractivos; iniciar contacto con alguien que conocieron en línea; mostrar sustitutos no verbales, como emoticones ( :O ,  ; )  , XD); y usando acrónimos, como LOL (reír a carcajadas, muchas risas).

Los resultados fueron los siguientes:

Para probar la primera hipótesis, se realizaron pruebas pareadas en los ítems que evaluaron el grado en que el cuerpo se representó en el comportamiento de flirteo. La mayoría de los participantes (59%) afirmaron que coqueteaban con más frecuencia fuera de línea, y los datos revelan que las personas que coqueteaban con más frecuencia cara a cara eran más propensas que las que coqueteaban en línea para flirtear en situaciones cara a cara a usar señales no verbales y reír, e iniciar el contacto o la charla. Las comparaciones también mostraron que las personas que coqueteaban con mayor frecuencia en línea enfatizaban el atractivo más que las personas que coqueteaban cara a cara o coqueteaban tanto en línea como fuera de línea. Además, las personas que coqueteaban con más frecuencia en línea eran más propensas que las personas que coqueteaban más frecuentemente cara a cara para destacar su  nivel socioeconómico.

Con los datos obtenidos en las encuestas se investigaron también las diferencias sexuales en el comportamiento de flirteo. Las variables dependientes incluyeron elementos que medían el comportamiento coqueto en línea y fuera de línea.

La Hipótesis 2 fue parcialmente respaldada por los resultados. Las mujeres coqueteaban más que los hombres en situaciones cara a cara, al mostrar señales no verbales, reír, tocar y hacer un esfuerzo con su apariencia. En línea, las mujeres coqueteaban más que los hombres al usar sustitutos de señales no verbales (como emoticones) y risas (como acrónimos como LOL) y describiéndose a sí mismas como físicamente atractivas.

La hipótesis 3 también fue parcialmente respaldada. Los hombres coqueteaban más que las mujeres en situaciones cara a cara enfatizando su estatus socioeconómico. Sin embargo, contrariamente a las expectativas, los hombres no eran más propensos a iniciar contacto fuera de línea. En línea, sin embargo, los hombres eran más propensos que las mujeres a iniciar contacto (iniciando la conversación).

Por tanto, podemos concluir que a pesar de las afirmaciones de algunos investigadores de que Internet es más una reunión de mentes que de cuerpos, este estudio encontró alguna evidencia de que el cuerpo desempeña un papel importante en el coqueteo cibernético en las salas de chat. Los datos sugieren que las personas son más propensas a usar el cuerpo para coquetear fuera de línea. Sin embargo, dado que la mayoría de la muestra declaró que flirteaba más fuera de línea, se requirió un segundo análisis. En este segundo análisis, las personas que afirmaron coquetear más cara a cara se compararon con las personas que afirmaron coquetear más en línea, y con las personas que afirmaron coquetear en línea tanto como lo hicieron fuera de línea. Esto resaltó algunas diferencias significativas. Los resultados sugirieron que aquellos que coquetean más en línea pueden traducir el cuerpo a través de texto, usando, por ejemplo, cinética (en forma de acrónimos, como LOL), ocular (en forma de emoticones, como un guiño), y háptica (a través de descripciones en el texto). De hecho, la representación de las señales no verbales y la risa parece ser una forma popular para las personas para ciber-ligar. Este estudio respalda de alguna manera los argumentos teóricos previos de que el cuerpo puede traducirse con éxito en línea. Sin embargo, es posible que cuanto mejor se manejan en Internet, más capaces de hacerlo.

En general, los hombres y las mujeres coqueteaban en formas distintivamente definidas por el género, tanto en encuentros cara a cara como en salas de chat. Aunque los pequeños tamaños de efecto sugieren que debemos tratar estos resultados con precaución, como se predijo, las mujeres eran más propensas que los hombres a coquetear en línea y fuera de línea empleando señales no verbales, riéndose y enfatizando el atractivo físico.

El comportamiento no verbal en entornos virtuales (Parte I). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “Cyber-Flirting: An Examination of Men’s and Women’s Flirting Behaviour Both Offline and on the Internet” de Mónica Whitty, estudio en donde se explican las formas de comunicación online y las diferencias y similitudes entre el comportamiento no verbal tradicional y el que se establece a través de Internet y Redes Sociales.

Dado el creciente número de relaciones que se inician en línea, ahora existe una necesidad adicional de comprender exactamente cómo estas relaciones comienzan. Algunas investigaciones han considerado cómo las relaciones románticas progresan en línea; por ejemplo, Whitty y Gavin sostuvieron que las relaciones a menudo no permanecen en línea, sino que tienden a progresar del chat al al teléfono o cara a cara. McKenna, Green y Gleason  concluyeron a partir de su investigación que la capacidad de autodescubrir más en un entorno anónimo fueron razones importantes por las que las relaciones en Internet se desarrollan rápidamente y suelen ser íntimas y cercanas. Sin embargo, aunque su investigación apoya en parte sus afirmaciones, estos investigadores no exploraron en detalle los tipos de conversaciones que tienen lugar en línea. Por ejemplo, ¿fueron algunas de estas conversaciones sobre la apariencia? Whitty ha argumentado que, aunque los cuerpos físicos no están presentes en línea, el cuerpo sigue siendo importante. Por ejemplo, una persona puede coquetear en línea al describir cómo se ve, siente y huele su cuerpo.

Dado el fuerte énfasis de los teóricos sobre la ausencia del cuerpo en línea y los argumentos para que la atracción en Internet sea el resultado de una “reunión de mentes”, uno de los objetivos de este estudio fue examinar si se ha pasado por alto el papel del cuerpo. Además, este estudio tuvo como objetivo explorar si los hombres y las mujeres coquetean en línea de maneras tradicionalmente definidas. Si bien se reconoce aquí que hay una gran variedad de comportamientos de flirteo que los científicos sociales deberían considerar, este estudio limitó su enfoque a lo siguiente: comportamientos no verbales, como sonreír, mirar y tocar; sustitutos de comportamientos no verbales, como emoticones (sonrisas, guiños), acrónimos (LOL – reír a carcajadas), descripciones de atractivo físico, descripciones de estado socioeconómico e inicio de contacto.

En ocasiones se ha argumentado que las discusiones sobre la ausencia del cuerpo en Internet son contraproducentes y los científicos sociales deben cambiar su enfoque a cómo se retrata el cuerpo en línea. Hasta hace poco se creía que el comportamiento de flirteo cara a cara consiste principalmente en señales no verbales, especialmente en las primeras etapas de las relaciones. El lenguaje corporal puede señalar la atracción sin la obviedad de la palabra hablada. Esta ambigüedad protege a las personas de cualquier humillación si la persona a la que señalan atracción no comparte sus sentimientos. Algunos códigos básicos que son importantes a considerar en el coqueteo incluyen cinética, miradas, apariencia física, olor, voz, aspectos proxémicos y hápticos… Si bien los individuos pueden ser hábiles para mostrar estas señales de flirteo en encuentros cara a cara, la pregunta es cómo se replican estas señales tradicionales sin conexión en línea, si es que lo hacen. Este documento ahora considera estos códigos básicos de flirteo con mayor detalle y especula sobre cuáles podrían ser los equivalentes en línea.

Las exhibiciones tradicionales de gestos cinéticos incluyen sacudir el cabello, lamerse los labios, sonreír, reír o reírse tontamente. Los movimientos oculares, incluyen dilatación de la pupila, miradas recatadas, miradas cortas, destellos de cejas a menudo acompañados de una sonrisa y contacto visual. Las formas olfativas de flirteo se ejemplifican por el uso de perfume y para después del afeitado. El lenguaje coqueto es típicamente un discurso más animado con una cantidad moderada de risa, menos silencios y pausas y mayor calidez e interés. Proxémica es la cantidad de distancia personal mantenida entre individuos. Las personas que se inclinan una hacia la otra y que están en el mismo ángulo corporal son percibidas como más coquetas que las que se alejan unas de otras. La háptica, o el uso del tacto, es una forma común de comunicación, particularmente en el comportamiento de flirteo. Otro signo de comportamiento seductor es el uso del ajuste innecesario de la ropa.

Para que el coqueteo ocurra en el ciberespacio, el cuerpo debe representarse a través del texto. Por ejemplo, en lugar de esforzarse por verse bien, como se haría tradicionalmente en una cita fuera de línea, las personas pueden crear una primera impresión al describir a través del texto qué tan atractivas son. Sin embargo, a diferencia de las interacciones tradicionales, esto no se limita a la apariencia del cuerpo real. Como se argumentó en documentos anteriores, el ciberespacio permite a una persona crear un cuerpo nuevo y atractivo a través del texto. De hecho, podemos idear un ser completamente nuevo y atractivo; uno que tiene un buen trabajo, gana enormes sumas de dinero y es bien educado. Incluso si las fotos se intercambian en línea, estas no son fotos necesariamente de la persona real, o alternativamente, las personas pueden seleccionar cuidadosamente imágenes de sí mismos que salen especialmente bien (posiblemente seleccionando sus mejores fotos, o incluso sus fotos siendo mucho más jóvenes).

Las miradas y movimientos de las cejas no se replican tan fácilmente en línea. Sin embargo, hay algunas alternativas a estos gestos no verbales. Por ejemplo, los emoticones, que son dibujos hechos a partir de símbolos de puntuación, podrían ser una alternativa útil. Expresiones faciales como caras sonrientes, guiños y besos como un sustituto del lenguaje corporal. Además, en lugar de utilizar risas audibles, las personas pueden usar acrónimos, como LOL (“lot of laughts”, es decir, reír a carcajadas o muchas risas). Otro dispositivo que se puede agregar al repertorio de comportamientos de flirteo en línea es el uso de nicks seductores. Aunque el contacto físico no es posible en línea, puede describirse cómo se siente y cómo se puede imaginar.

Algunos comportamientos de flirteo fuera de línea son aún menos fáciles de traducir en línea. Por ejemplo, es difícil encontrar sustitutos de la proxémica. Los participantes en línea no saben cómo huele la persona con la que están hablando, y las sutilezas de la voz, como el tono y el timbre, no son evidentes en línea. Las pausas en la conversación pueden atribuirse a una mala conexión a Internet o malas habilidades de escritura en lugar de una falta de interés. Las personas tampoco pueden indicar atracción en línea inclinándose más cerca de la otra persona o reflejando sus movimientos corporales.

Además de considerar cómo se representa el cuerpo en un comportamiento coqueto en línea, este estudio examinó si las diferencias de género características del coqueteo sin conexión eran evidentes en el coqueteo en línea. Los psicólogos evolutivos sugieren que las mujeres aportan información de sus cuerpos físicos, lo que debería indicar una buena salud, juventud y fertilidad. Por el contrario, algunas de las características deseables importantes para los hombres incluyen el dominio físico y la capacidad de producir recursos (por ejemplo, estatus social, ambición y altos ingresos). De hecho, la investigación ha encontrado evidencia para respaldar estos supuestos. Los hombres califican el atractivo físico como una cualidad importante en una pareja más que las mujeres, y las mujeres otorgan calificaciones más altas a los rasgos que reflejan dominio y estatus social.

Si los hombres y las mujeres le dan más importancia a algunas cualidades atractivas que a otras, a su vez esperaríamos que los hombres y las mujeres coqueteasen de diferentes maneras para acentuar las características deseadas. La investigación ha observado a las mujeres en lugares como bares de solteros. Se identificaron 52 muestras no verbales diferentes por parte de las mujeres, señales de coqueteo que servían para atraer y provocar el acercamiento de los hombres. Estos incluían gestos tales como patrones faciales y de la cabeza, sonreír, reír, tocar, inclinarse y arreglarse discretamente. A diferencia de las mujeres, los hombres eran más propensos a coquetear mediante el estado de señalización y el dominio, que a menudo se consigue gastando dinero, exagerando sus ingresos, vistiendo ropas costosas, alardeando de su inteligencia superior y exagerando su nivel de popularidad sexual.

Estas diferencias de género no se limitan simplemente a los encuentros cara a cara. Una investigación realizada en la década de 1970 descubrió que las mujeres en los anuncios personales eran más propensas a ofrecer atractivo y buscar seguridad financiera, mientras que los hombres eran más propensos a ofrecer seguridad financiera y buscar el atractivo. El atractivo físico era la calidad de mayor rango deseada por los hombres, y de hecho aparecía más del doble de frecuencia en los avisos de los hombres que en las mujeres. Las mujeres, por el contrario, tenían más probabilidades de esperar a un hombre comprensivo, emocionalmente sano y financieramente estable.

Algunos teóricos han sugerido que el Ciberespacio es un lugar donde las personas se liberan para ser quienes quieran. El ciberespacio es posiblemente un lugar donde los individuos pueden trascender los roles de género cuando se trata de un comportamiento coqueto. Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que las tendencias de las relaciones fuera de línea se replican en línea. Por ejemplo, se ha encontrado que en las salas de chat los hombres mienten o exageran más detalles sobre su educación, ocupación e ingresos que las mujeres.

Scharlott y Christ en 1995 hicieron la primera investigación sobre las diferencias de género y la atracción en un sitio de citas en línea. Estos investigadores encuestaron a personas utilizando un sitio de citas por Internet llamado Matchmaker. En ese momento, las fotos y los videos no eran una característica del servicio, sin embargo, los participantes pudieron calificar su atractivo en una escala de apariencia ‘muy buena’ a ‘inferior a la media’. Estas personas también incluyeron otros detalles sobre ellos mismos, incluidos los ingresos. Scharlott y Christ  encontraron que “muchos usuarios heterosexuales de Matchmaker se ajustan en gran medida a los roles específicos de género tradicionalmente atribuidos a hombres y mujeres”. En su estudio, los hombres eran más propensos a iniciar contacto y las mujeres tenían más probabilidades de asumir un rol pasivo. Además, las mujeres que calificaron su apariencia como superior a la media o muy buena recibieron más mensajes de los hombres que las mujeres que se calificaron a sí mismas como promedio. Curiosamente, lo mismo no ocurrió para los hombres.

Para los propósitos de este estudio, los investigadores eligieron las salas de chat, ya que el texto era el modo primario de comunicación en estos espacios al momento del estudio; a diferencia, por ejemplo, de los sitios de citas en línea que generalmente muestran fotografías. Basándose en la investigación descrita en el artículo que resumimos, se generaron las siguientes hipótesis:

Hl: El cuerpo (o la descripción del mismo) se usa para coquetear con la misma frecuencia en salas de chat que en situaciones cara a cara.

H2: Las mujeres coquetearán tanto en salas de chat como en situaciones cara a cara con más frecuencia que los hombres al emplear señales no verbales (o sustitutos en línea para estas señales).

H3: Los hombres coquetearán tanto en las salas de chat como en las situaciones cara a cara con más frecuencia que las mujeres al describir su estado socioeconómico y al iniciar el contacto.

Los resultados de las hipótesis, así como el método de investigación empleado, será explicado en el siguiente artículo.