Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: febrero 2018

¿Puede una única señal no verbal cambiar nuestra percepción y comportamiento? (Parte II). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, continuamos con los resultados de la investigación “When a Small Thing Means so Much: Nonverbal Cues as Turning Points in Relationships ” de Tony Docan-Morgan , Valerie Manusov , y Jessica Harvey en donde se estudia qué tipo de comportamientos no verbales pueden llegar a influir y transformar comportamientos y percepciones en el otro o en uno mismo. 

Como explicamos en la anterior entrada, las señales no verbales en las relaciones pueden funcionar como puntos de inflexión, llegando a producir importantes cambios en la relación (sentimental, laboral, de amistad, o de cualquier tipo). Para estudiarlo, 255 estudiantes participaron rellenando una encuesta en donde informaban si recordaban alguna señal no verbal propia o de la otra persona que hubiese influido en la relación, y en caso positivo, hace cuanto se produjo, que cambios sucedieron, si fueron positivos o negativos, etc. Los resultados servirían para responder a las siguientes preguntas:

¿Qué conductas no verbales instigan puntos de inflexión en las relaciones? ¿Cómo evalúan los encuestados esos comportamientos? ¿Cuáles son las asociaciones entre la valencia percibida de un punto de inflexión no verbal y otras evaluaciones importantes? ¿ los comportamientos que desencadenan cambios en las relaciones pueden variar en función del tipo de relación que existe? ¿Qué cambios informan las personas debido a estas señales e interpretaciones? ¿Hay ciertas señales más probables de ocurrir con ciertos tipos de cambio?

En cuanto a la pregunta sobre qué conductas no verbales instigan puntos de inflexión en las relaciones, las categorías claves que se les dieron a los participantes como potencialmente involucradas en el evento fueron: comportamiento ocular, expresiones faciales, tacto, gestos con las manos, voz, espacio físico, uso del tiempo y “otros”. Dado que las señales no verbales a menudo actúan en grupo, se permitió a los participantes marcar cualquier señal no verbal que fuera, en su memoria, parte del punto de inflexión. Por lo tanto, la aparición de cada señal en el conjunto de datos podría oscilar entre 0 (no fueron indicados por ninguno de los encuestados) y 255 (todos los encuestados indicaron que el indicio era parte del cambio). De los 255 participantes, 127 dijeron que el comportamiento ocular/visual  fue el factor desencadenante del cambio en su relación. Esta fue la señal no verbal elegida más comúnmente. Casi tan comunes fueron las expresiones faciales, que se informaron 123 veces, a menudo en combinación con el comportamiento visual. El tacto fue el siguiente comportamiento observado con más frecuencia, con 116 de los participantes, y 101 participantes eligieron el espacio personal. Las indicaciones vocales (70 personas), el tiempo (56 personas) y los gestos con las manos (34 personas) se notaron con menos frecuencia. La opción “otro” fue elegida por 28 participantes. De estos, dos mencionaron “lo que se dijo”, una categoría no aplicable al estudio. Muchos de los otros se incluyeron o se reafirmaron las categorías existentes (por ejemplo, “sentado a mi lado” es parte del espacio físico, y “la combinación de expresión facial y ojos” se capturó en los tipos de comportamientos de los que ya han elegido). Hubo 2 casos en los que se señaló “silencio / falta de comunicación” (aunque formaría parte de “vocal”), 2 casos de “alejamiento”, 1 caso de “beso” (aunque formaría parte de “tacto”), 4 casos de “movimiento”, 2 de “postura”, 1 de “lágrimas”, 1 de “interés sexual”, y 1 de “contestar el teléfono mientras interactúa con el otro”.

Se resume por tanto que las señales más frecuentes que desencadenan el cambio en las relaciones son el comportamiento ocular, las expresiones faciales, el tacto y el uso del espacio personal.

Respecto a la pregunta relativa a cómo evalúan los encuestados estos comportamientos, los participantes que indicaron que las expresiones faciales estaban involucradas en el evento fueron menos positivas que aquellos cuyos eventos no incluyeron expresiones faciales, sugiriendo así que las señales faciales tendían a ser parte de eventos que se pensaba que eran algo más negativos que otros puntos de inflexión, aunque eran bastante neutrales. La presencia del tacto recibió puntajes de valencia más altos que aquellos que no indicaron que el toque ocurrió. Aquellos encuestados que indicaron que las señales vocales eran parte del punto de inflexión fueron más negativos en sus juicios del evento que aquellos que no indicaron la presencia de señales vocales. En general, entonces, tres señales parecen estar asociadas consistentemente con los juicios del evento. El tacto se asoció con juicios más positivos, voz con evaluaciones más negativas y expresiones faciales con puntuaciones neutras (pero puntuaciones que fueron inferiores a las puntuaciones dadas a las interacciones que no incluyeron expresiones faciales). Los otros comportamientos pueden haber estado asociados con eventos que a veces se juzgaron positivamente y otros negativamente, o que no tuvieron una evaluación sólida.

La tercera pregunta de investigación exploró algunas de las formas en que la valencia de los puntos de inflexión no verbales puede estar asociada con otros juicios que hicieron los encuestados. En todos los casos, hubo una relación positiva muy fuerte entre la forma en que las personas evaluaron la señal y la percepción que tenían de la relación ellos mismos, lo que sugiere que la percepción que tiene de su relación puede influir en la evaluación general del evento. Aunque no se pueden hacer afirmaciones causales, hay una sugerencia de que la valencia de los eventos, o al menos cómo se perciben o interpretan, afecta en cómo la gente juzga su relación, la otra persona y a sí mismos, tanto en casos positivos como negativos.

En cuanto a la pregunta sobre si ciertos comportamientos eran más o menos propensos a desencadenar puntos de inflexión en diferentes tipos de relaciones, los participantes indicaron el tipo de relación que tenían con la otra persona antes y después de que ocurriera el evento. Para esta pregunta, se utilizó el tipo de relación tal como existía (al menos en los informes de los participantes) antes del evento, se comprobó con el tipo de relación posterior al evento, y se analizaron los resultados cruzándolos con los siete posibles comportamientos. En este caso, ningún resultado fue suficientemente significativo como para poder responder con seguridad a la pregunta, aunque hubo una tendencia para las expresiones faciales. La frecuencia de ocurrencia informada sugiere que esta indicación puede haber sido particularmente común en eventos que ocurrieron con un miembro de la familia (es decir, una diferencia notable, pero no estadísticamente significativa, en la frecuencia para aquellos miembros de la familia que indicaron que las expresiones faciales fueron parte del punto de inflexión). Los otros tipos de relación tuvieron aproximadamente la misma ocurrencia / no ocurrencia de expresiones faciales en sus puntos de inflexión. Los análisis exploratorios del tipo de relación después del evento (no aplicable para familias) encontraron una diferencia significativa entre los tipos de relación en la frecuencia de contacto con pares “románticos” que probablemente indicaron que esta señal fue parte del evento que, en muchos casos, desencadenó el cambio hacia el romance.

En cuanto a la última pregunta, sobre qué tipos de cambios provocaron las señales no verbales, la investigación realizó una extensa explicación que no debe de ser ignorada, y debido al gran valor informativo para todos los interesados en el comportamiento no verbal, será recogido, junto con las discusiones y conclusiones finales de la investigación, en la siguiente entrada del blog.

¿Puede una única señal no verbal cambiar nuestra percepción y comportamiento? (Parte I). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la investigación “When a Small Thing Means so Much: Nonverbal Cues as Turning Points in Relationships ” de Tony Docan-Morgan , Valerie Manusov , y Jessica Harvey; un extenso artículo que investiga qué tipo de comportamientos no verbales pueden llegar a influir y transformar comportamientos y percepciones en el otro o en uno mismo. Debido a la extensión del estudio y al especial interés de la teoría sobre las señales no verbales y la gran cantidad de resultados obtenidos, el artículo se dividirá en una explicación teórica (a continuación) y los resultados prácticos del estudio (en próximas entradas).

Las señales no verbales son importantes en las relaciones, y funcionan en esas relaciones en una variedad de formas. Por ejemplo, las relaciones a veces sufren cuando las personas envían mensajes conflictivos no verbales, expresan negatividad mediante claves no verbales o malinterpretan las conductas de los demás. La comunicación no verbal también es un medio potente para mostrar afecto, expresar emociones positivas y mantener relaciones satisfactorias. Las señales no verbales son un modo a través del cual las personas reflejan la naturaleza actual de la relación con alguien y con otros a su alrededor. Es decir, envían mensajes relacionales al mostrar sin palabras, y a menudo de maneras sutiles, cómo las parejas (de cualquier tipo) definen qué relación tienen entre ellos.

Por ejemplo, sentarse cerca y tocarse entre sí son signos de una relación íntima, especialmente en las primeras etapas de la relación amorosa. En estos casos, las señales no verbales están actuando como reflejos del estado relacional actual. La muestra de ciertos comportamientos (por ejemplo, ese tipo de señales íntimas) funciona también para crear un cierto tipo de relación, es decir, además de enviar mensajes relacionales que se comunican sobre la relación existente entre las personas, las señales no verbales también pueden funcionar para generar un tipo de conexión o consideración diferente. Un ejemplo de esto puede ser los toques breves y apropiados entre dos personas, toques que tienden a aumentar el afecto positivo entre las dos partes. A menudo estas claves no verbales implicadas en crear relaciones tienen su efecto fuera del conocimiento de los interactuantes; sin embargo, hay momentos en el curso de una relación en que las señales no verbales son más notables, y los interactuantes pueden interpretarlas activamente y responder a ellas.

En este artículo se toma en especial consideración aquellas señales no verbales que pueden funcionar como desencadenantes reconocibles para el cambio dentro de las relaciones. Es decir, una o más señales no verbales pueden funcionar para alterar rápida y notablemente algo en una relación, o al menos en la mente de las partes de esa relación.

Los cambios repentinos o notables en las relaciones han sido estudiados principalmente por investigadores interesados ​​en los puntos de inflexión relacionales, aunque por lo general las señales no verbales aún no han sido el centro de atención de estos estudios. Los puntos de inflexión capturan un momento crítico, un evento o incidente que tiene un determinado impacto en la relación, y desencadenan una reinterpretación de lo que la relación significa para los participantes.

Los investigadores que estudian puntos de inflexión en las relaciones se han preocupado principalmente por identificar los tipos de eventos (por ejemplo, un argumento, un cambio en el estado civil, etc) que crean cambios marcados en tipos de relación particulares, como pueden ser relaciones románticas, de amistad, relaciones profesor-alumno, etc. También han tenido interés en los cambios particulares que producen los puntos de inflexión, como los niveles de compromiso, la satisfacción relacional, la autoeficacia, la cercanía, etc. Un estudio de Baxter y Bullis demuestra como en las relaciones románticas dos comportamientos asociados con el primer contacto y el primer contacto sexual fueron eventos importantes en el aumento del compromiso con las relaciones. También encontraron otros puntos de inflexión asociados en cierto grado con el espacio físico, a menudo discutidos como una forma de comunicación no verbal. En particular, sus participantes identificaron la separación física (por ejemplo, vacaciones, viajes al extranjero) y la convivencia como puntos de inflexión relacionales. También encontraron que los aumentos o disminuciones en la distancia geográfica constituyen puntos de inflexión en un rango de tipos relacionales. En su estudio de los puntos de inflexión en las relaciones docentes y estudiantes universitarios, Docan-Morgan y Manusov encontraron que ver a un profesor en un entorno no académico puede ser un punto de inflexión. Por lo tanto, hay evidencia de que diferentes señales no verbales (como tacto, espacio, ambiente y tiempo) tienen el potencial de crear puntos de inflexión para los interactuantes.

Pero toda esta discusión es en gran medida especulativa. Es decir, surge de alguna evidencia indirecta y una conceptualización general de que las señales no verbales son capaces de producir un cambio significativo. Dada la importancia de las señales no verbales para las relaciones y la evidencia de que las señales no verbales pueden ser parte de puntos de inflexión, se justifica una mayor exploración de qué tipos de comportamientos pueden constituir estos factores desencadenantes no verbales, y qué cambios pueden llegar a producir estos comportamientos. Dada la limitada investigación en esta área, la investigación debe comenzar desde cero, evaluar los tipos de señales que pueden desencadenar el cambio en las interacciones cotidianas, descubrir la valencia de esos factores desencadenantes, y discernir qué tipo de cambios pueden producirse a partir de estos factores desencadenantes.

El artículo que se resume en la presente y en la próxima entrada del blog realizan esta investigación desde cero, buscando también saber si los tipos de comportamientos están vinculados al tipo de relación en el que ocurren. El artículo realiza un estudio diseñado para explorar desencadenantes no verbales o puntos de inflexión a medida que ocurren en una amplia gama de relaciones cercanas. En particular, se realizan las siguientes preguntas:

¿Qué conductas no verbales instigan puntos de inflexión en las relaciones? ¿Cómo evalúan los encuestados esos comportamientos? ¿Cuáles son las asociaciones entre la valencia percibida de un punto de inflexión no verbal y otras evaluaciones importantes? ¿ los comportamientos que desencadenan cambios en las relaciones pueden variar en función del tipo de relación que existe? ¿Qué cambios informan las personas debido a estas señales e interpretaciones? ¿Hay ciertas señales más probables de ocurrir con ciertos tipos de cambio?

Para responder a todas estas preguntas se realizó un estudio con 301 estudiantes (211 mujeres y 90 hombres), quienes realizaron una encuesta. Se dijo a los participantes que se realizaría un proyecto de investigación que examina los tipos de comportamientos no verbales que ocurren en relaciones cercanas con otros (por ejemplo, padres, amigos, parejas románticas, compañeros de trabajo), y que recibirían crédito adicional en el curso por su participación. Se les invitó a participar en una encuesta en donde se les preguntaba si podían recordar algún tipo de comportamiento no verbal promulgado por ellos mismos o por otra persona en el que sintiesen que algo cambió entre ellos y esa otra persona. Este punto de inflexión podría ser positivo o negativo. Si el participante era capaz de recordar ese momento, se le pidió que respondiese a 2 preguntas: Cuál fue el comportamiento (o comportamientos) y cuál fue el significado que interpretaron para el comportamiento. Se les solicitó también que describiesen la historia de ese comportamiento y qué cambió el comportamiento producido.

De estos 301 participantes, fueron 255 (183 mujeres, 72 hombres) los que indicaron que fueron capaces de “recordar un momento en el que ellos u otra persona usaron una señal no verbal que cambió algo con otra persona”. 40 encuestados  informaron que el comportamiento ocurrió hace menos de una semana (desde que realizaron la encuesta), 52 recuerdan que ocurrió hace más de una semana pero hace menos de un mes, 52 recordaron que ocurrió más de un mes pero menos de seis meses, 30 marcaron que el comportamiento ocurrió más de seis meses pero menos que hace un año, 38 dijeron que sucedió entre uno y dos años atrás, 44 señalaron que fue hace más de dos pero menos de cinco años, y 14 indicaron que el comportamiento tuvo lugar hace más de cinco años.

Los participantes informaron incidentes con 123 mujeres y 132 hombres. La edad promedia de los participantes fue de 21 años. Cuando se les preguntó cómo categorizaron su relación antes del evento, 92 mencionaron que era romántico, 103 identificaron un amigo, 21 hablaron de un miembro de la familia, 25 incluyeron una relación de trabajo, y el resto dijeron que eran conocidos o que no tenían relación con esta persona antes de la señal no verbal.

También calificaron en una escala de 1 (muy negativo) a 5 (muy positivo) cuán positivo o negativo fue el evento para ellos; qué tan positiva o negativamente vieron su relación antes y después del evento; qué tan negativos o positivos se sintieron sobre la otra persona antes y después del evento; y cuán positiva o negativamente se sintieron ellos mismos antes y después del evento. Indicaron cuánto tiempo había pasado desde que ocurrió el evento, qué comportamientos no verbales estaban involucrados en el evento (además de su descripción abierta, podían elegir uno o más de los siguientes: comportamiento visual, expresiones faciales, tacto, gestos con las manos) , voz, espacio físico, uso del tiempo y “otro”, con un lugar para ingresar qué otro tipo de señal estaba involucrado). También informaron cuánto tiempo antes del momento actual ocurrió el evento, su relación con la otra persona en el momento de la ocurrencia y en el presente, y otra información demográfica. Los resultados de todas las hipótesis estudiadas podrá consultarlas en el siguiente artículo.

¿Cómo influyen las experiencias amorosas en la percepción del amor sobre otros?

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la investigación “The effects of experience and infatuation on the perception of love” de Maya Aloni y Frank J. Bernieri, en la que demuestran si aquellos sujetos enamorados o que visualizan frecuentemente obras románticas son capaces de detectar señales románticas con más facilidad que otros sujetos.

¿Las personas que leen novelas románticas, ven películas de amor, y tienen largas relaciones de amor, tienen una agudeza perceptual especial para el amor?  ¿Las personas enamoradas son más capaces de detectar señales de amor que los demás? Generalmente, uno de los determinantes importantes de la precisión con que las personas emiten juicios es su experiencia y conocimiento con el tema dado, y con qué frecuencia tienden a pensar sobre el tema. En estas percepciones el comportamiento no verbal tiene un papel fundamental. Se ha encontrado que la relación de pareja se manifiesta en aspectos tales como afecto positivo, atención mutua, y coordinación temporal de movimientos posturales y proximidad.

El presente artículo hipotetiza que la experiencia con las relaciones románticas y el nivel de enamoramiento de los perceptores aumentaría la precisión con la que juzgarían el amor dentro de una muestra de parejas que participan en una conversación neutral. Se examinan las diferencias individuales en la precisión del juicio de amor mediante la evaluación de un número de moderadores perceptores hipotéticos: (a) qué tan obsesivamente pensaban en el amor, (b) cuánto estaban enamorados en el momento del estudio, (c) cuánto consumió medios relacionados con el amor, y (d) la cantidad de experiencia que tenían con el amor (por ejemplo, la duración de la relación más larga).

Participaron 163 estudiantes de psicología de entre 18 a 50 años. Los participantes informaron de la duración de su relación de mayor duración y si estaban en una relación en el momento del estudio. Se les pidió a los participantes que indicaran en una escala de 10 puntos hasta qué punto disfrutaban: (a) leer novelas románticas y / o libros de relaciones, (b) ver programas de citas en televisión, y (c) ver películas románticas. Los tres ítems estaban altamente correlacionados y se combinaron en una variable de “consumo de medios de amor”. Los participantes también completaron: (a) Escala de amor de Sternberg de 45 ítems, (b) Escala de amor apasionado de Hatfield y Sprecher (1986) y (c) un autoinforme del porcentaje de tiempo que pasaron pensando en el amor ( es decir, “en promedio, ¿qué porcentaje de su tiempo (0-100%) gasta pensando en un ser querido, en estar enamorado o sobre el concepto de amor?”).

Las dos escalas de amor y los pensamientos obsesivos estaban altamente correlacionados y sugerían la formación de una variable compuesta, que denominan Estado de amor actual. Las medidas de la experiencia del amor (consumo de medios y duración de la experiencia previa) constituyeron construcciones diferentes.

Las parejas involucradas de forma romántica seleccionadas al azar de una investigación longitudinal de las relaciones románticas sirvieron como objetivos. Los objetivos completaron una serie de cuestionarios, incluida la escala de amor de Sternberg (1986), que sirvió como criterio de precisión. Se grabó con cada pareja un vídeo en donde se tomó la primera interacción de cinco interacciones de 10 minutos grabadas en video durante un período de 2 semanas. Esta primera interacción fue diseñada como una sesión de “calentamiento” neutral para ayudar a las parejas a aclimatarse al procedimiento de grabación de video. A las parejas se les pidió que discutieran sobre las diversas actividades que les gustaba hacer juntas. Las parejas se sentaron en sillas acolchadas con los apoyabrazos colocados unos pocos centímetros de distancia, y se grabaron en video durante 10 minutos. Los segmentos de corte fino (cada 50 s de longitud) de cada una de las 45 parejas se extrajeron del primer, quinto y décimo minuto de las discusiones. Los primeros 20 s de cada uno de estos se colocaron en sucesión para generar un clip de 60 s que mostró 20 s desde el principio, el medio y el final de la interacción grabada. Los participantes vieron y calificaron solo a 25 de las 45 parejas para acortar la tarea del juicio por video para reducir la fatiga. Dos “cintas de estímulo” fueron construidas. Cinco de las 25 parejas aparecieron en ambas cintas.

A los participantes se les leyó lo siguiente: “Estás a punto de ver un video de 25 minutos que muestra 25 clips de parejas involucradas sentimentalmente. Se ve a estas parejas sosteniendo tarjetas que discuten varias actividades mutuas (como ir a una obra de teatro, ir a un restaurante, lavar los platos juntos, etc.).” Se les pide que juzgue cuánto creen que el hombre en el clip ama a la mujer, y cuánto creen que la mujer en el clip ama al hombre. Luego juzgaron por separado el amor del hombre por su pareja romántica, y el amor de la mujer por su pareja romántica en una escala de 1 a 9. Al finalizar la tarea de juicio, todos los participantes informaron cuán seguros estaban en sus juicios de amor.

Los resultados fueron los siguientes. La confianza de los jueces en la precisión que creyeron haber logrado en esta tarea de juicio de amor se correlacionó positivamente con la duración de su relación más larga, la cantidad de medios de amor que disfrutaron y el estado de amor actual.  En cuanto a la exactitud y precisión, los resultados muestran que el juicio del participante solo se asoció al azar con el criterio de amor objetivo, es decir, los coeficientes de precisión individuales variaron lo suficiente como para mostrar enormes diferencias individuales en el rendimiento. Esta amplia gama de puntuaciones facilitó determinar si esta variación de precisión podría ser explicada por la propia experiencia de amor del observador y el estado actual de amor. Sin embargo, en todos los participantes, el coeficiente de precisión promedio fue imperceptiblemente bajo, lo que significa que (a diferencia de la hipótesis inicial) los sujetos que estaban enamorados y obsesionados con el amor (como estado de amor actual) fueron menos precisos al juzgar el amor. Este efecto fue significativo dentro de la muestra de jueces hombres pero no alcanzó significación dentro de las mujeres. Además, la precisión del juicio de amor no mostró relación con la duración de la relación más larga o el consumo de medios amorosos.

Por tanto, a pesar del hecho de que la confianza en la precisión de su juicio aumentaba si pensaban mucho sobre el amor, estaban enamorados y habían experimentado relaciones amorosas más largas, los resultados muestran que su precisión real no era mejor. Esto sugiere que las personas enamoradas pueden ser menos precisas al percibir el amor manifestado a su alrededor. Una posibilidad que podría explicar estos hallazgos es simplemente que los esquemas de amor activados en nuestros participantes eran demasiado idiosincrásicos y subjetivos para la tarea de juicio que empleó la escala de amor de Sternberg como criterio de juicio. En otras palabras, el “amor” que estaban buscando no era el mismo “amor” que este estudio consideraba verdadero (es decir, el puntaje en la escala de amor empleada). Es en este sentido que estar enamorado puede impedir que uno vea con precisión el amor que nos rodea; al menos como se definió en la investigación. Puede ser que los participantes en el amor estuvieran más en sintonía y percibieran con precisión su propia construcción idiosincrásica implícita de amor mejor que cualquiera de los otros jueces.

Otra razón por la cual la precisión global pudo haber sido tan baja tiene que ver con el contexto dentro del cual los objetivos fueron grabados en video. Las parejas objetivo fueron vistas teniendo una agradable discusión neutral. Es posible que el comportamiento de las parejas en conflicto sea más diagnóstico del éxito de la pareja que su comportamiento en interacciones neutrales o agradables. La hipótesis sería entonces que la precisión del juicio de amor será significativamente mayor cuando los observadores evalúen parejas en situaciones de conflicto.

Ante estos resultados también se debería de tener en cuenta el rango de edad tan amplio de los participantes. Los participantes mayores han tenido más tiempo para experimentar el amor y desarrollar un esquema de amor enriquecido. Sin embargo, los objetivos en el video no eran sus pares, y eran mucho más jóvenes. Por lo tanto, no está claro si la edad en sí misma aumentaría o disminuiría la precisión en este contexto.

Se concluye entonces que estar enamorado hace que nos sintamos más seguros al evaluarlo en los demás, pero ese aumento en la confianza puede no corresponder a un aumento en la precisión. El amor que vemos es el amor que conocemos. Si el amor que conocemos no es el amor que otros conocen, o no es el amor que el otro conoce, entonces nuestra precisión se verá comprometida.

 

¿Pueden los niños de 5 años evaluar mensajes verbales y no verbales a la vez?

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la investigación “Do actions speak louder than words? preschool children’s use of the verbal-nonverbal consistency principle during inconsistent communications” de Michelle Eskritt y Kang Lee, en la que demuestran qué factores influyen en la correcta aplicación del principio de coherencia verbal-no verbal en niños de hasta 5 años, y en los casos de inconsistencia, qué canal (verbal o no verbal) tiene mayor influencia en la toma de decisiones del niño en casos naturales y en casos exagerados.

El propósito de la investigación que presentamos en esta entrada fue abordar la posibilidad de que el principio de coherencia verbal – no verbal sea aplicado por niños de menos de 10 años. Para ello, se investigó si los niños de 3, 4 y 5 años se basarían en señales no verbales en lugar de verbales para determinar el verdadero estado de las cosas cuando la inconsistencia entre las señales les resultaba obvia. A los niños se les mostraron viñetas de videos en las que un actor bebía una bebida e hizo una declaración verbal (por ejemplo, “Me gusta” o “No me gusta”) que era inconsistente con su expresión emocional (por ejemplo, fruncir el ceño o sonreír). Un grupo de niños vio videos en los que el actor expresó expresiones emocionales de forma natural al hacer declaraciones verbales sobre su gusto o desagrado por una bebida (nos referiremos a ello a partir de ahora como “condición natural”). Otro grupo de niños vieron videos en los que el actor exageró sus expresiones emocionales para hacerlo más relevante para los participantes (la condición exagerada). A los niños se les preguntó directamente si al actor le gustaba o no la bebida. La hipótesis es que si los niños pequeños pueden usar el principio de coherencia verbal-no verbal de manera apropiada, deberían responder de acuerdo con lo que sea que exprese la expresión emocional del actor. En contraste, si los niños tienen un sesgo léxico, deben responder de acuerdo con la declaración verbal del actor. Además, si el sesgo de respuesta de los niños se debe a su dependencia de un indicio más destacado, los niños deberían ser menos propensos a confiar en las declaraciones verbales del actor en la condición exagerada que en la condición naturalista. Alternativamente, si los niños tienen un sesgo léxico y siguen la noción de que “las palabras hablan más que las acciones”, deben confiar en la declaración verbal del actor, como lo hicieron los niños en investigaciones anteriores, independientemente de la relevancia de las claves no verbales en el estudio actual.

Participaron un total de 91 niños. Los niños fueron reclutados de las guarderías locales. 33 niños de 3 años, 28 niños de 4 años, y 30 niños de 5 años de edad. Los niños fueron divididos en dos grupos; los que vieron el video “natural” y los que vieron el video exagerado. Se dijo a los niños que iban a jugar un juego en el que tenían que adivinar si le gustaba o no una bebida.

El actor tenía cuatro bebidas de diferentes colores frente a ella. Estaban alineados uno al lado del otro y el actor probaba cada una de las bebidas a su vez. La mitad de las bebidas fueron endulzadas de acuerdo con las instrucciones del paquete y la mitad de ellas no estaban endulzadas y, por lo tanto, tenían un sabor muy ácido. Para cada bebida, el actor o pronunció una declaración verbal con una expresión facial neutral o exhibió una expresión facial sin una declaración verbal. Estas reacciones verbales o faciales fueron positivas (cuando la bebida se endulzó) o negativas (cuando la bebida no se endulzó). Por lo tanto, para las bebidas endulzadas, el actor reaccionó con una declaración verbal positiva (es decir, “me gusta”) o una expresión facial no verbal positiva (es decir, una sonrisa); para las bebidas no endulzadas, el actor hizo una declaración verbal negativa (es decir, “No me gusta”) o una expresión facial negativa (es decir, un ceño fruncido). Para cada prueba, después de que el actor probara una bebida, reanudó una expresión neutral. En este punto, el video se detuvo, y se les preguntó a los niños: “¿Crees que le gustó la bebida o no?”.

Después se mostraron videos a los niños en los que el actor mostraba comportamientos verbales y no verbales. Los niños fueron asignados a cualquiera de dos grupos. En el Grupo “natural”, la fase experimental consistió en dos condiciones dentro de la materia. En la condición consistente de dos canales, cuatro nuevas bebidas estaban en frente del actor (dos endulzadas y dos sin endulzar). El actor reaccionó a dos bebidas endulzadas con una sonrisa y la frase “Me gusta” (los ensayos de valencia positiva), y dos bebidas sin azúcar con el ceño fruncido y la frase “No me gusta” (los ensayos de valencia negativa). En la condición inconsistente de dos canales, el actor bebió otras cuatro bebidas nuevas (dos endulzadas y dos sin endulzar). El actor reaccionó a las dos bebidas endulzadas con la frase “No me gusta” combinadas con una sonrisa (las pruebas de valencia positiva inconsistentes), y las dos bebidas sin azúcar con la frase “Me gusta” con el ceño fruncido (la valencia negativa) ensayos inconsistentes). Para todas las pruebas, el actor recibió instrucciones de no enmascarar su reacción genuina a las bebidas y mostrar su reacción de la forma más natural posible. El orden de las cuatro bebidas para cada condición fue aleatorizado. Se usaron dos versiones del video con cada video que contenía las viñetas de degustación de bebidas en un orden aleatorio diferente. Cada niño fue asignado aleatoriamente a una de las dos versiones del video, así como a una de dos órdenes de condiciones experimentales de dos canales, ya sea la condición Inconsistente primero o la condición Inconsistente segunda. Para el grupo Exagerado, el contenido de la presentación de video fue idéntico al utilizado para el grupo “natural”, excepto que el comportamiento emocional fue exagerado. La demostración emocional positiva se modificó de tal manera que el actor sonrió, se frotó el estómago, se lamió los labios y emitió un sonido “mmmm”. La demostración emocional negativa incluyó al actor frunciendo el ceño, estremeciéndose, secándose la boca y emitiendo un sonido parecido a “blech” . Una vez más, se usaron dos versiones del video con cada video que contenía las viñetas de degustación de bebidas en un orden aleatorio diferente. Cada niño fue asignado aleatoriamente a una de las dos versiones del video, así como a una de dos órdenes de condiciones experimentales de dos canales, ya sea la condición Inconsistente primero o la condición Inconsistente segunda. Toda la sesión duró aproximadamente 10 minutos.

Los resultados mostraron lo siguiente. Las respuestas de los niños se dividieron en aquellas que dependían de señales verbales durante al menos un ensayo, y las que dependían por completo de claves no verbales para resolver la tarea. Esta división de los tipos de respuesta en el presente estudio permitió examinar el patrón de tipos de niños en diferentes edades en las que se basa. Se realizaron dos análisis para comparar el rendimiento de los niños a través de la edad y la condición (natural versus exagerado) para los tipos de prueba inconsistentes de valencia positiva y negativa. La variable predicha fue si un niño dependía de señales verbales durante al menos un ensayo o dependía completamente de señales no verbales. La mayoría de los niños en la condición natural, a través de los grupos de edad, se basó predominantemente en pistas verbales para resolver la tarea, independientemente de la valencia del ensayo. Los niños que vieron el estado Exagerado, por otro lado, eran más propensos a usar señales no verbales. Además, los contrastes a priori revelaron que los niños de 5 años eran más propensos a confiar en señales no verbales en comparación con los niños de 3 años durante los ensayos inconsistentes de valencia negativa. El número de niños en la condición Exagerada que dependen de señales no verbales parece ser mayor en los ensayos de inconsistencia de valencia negativa en comparación con los ensayos de inconsistencia de valencia positiva. Por lo tanto, se realizó una prueba de signos para examinar si la valencia del ensayo tuvo algún efecto sobre el rendimiento de los niños. A los niños se les asignó un punto por cada prueba en la que confiaron las señales no verbales para determinar si al actor le gustaba la bebida o no. Se compararon los puntajes de los niños para los ensayos inconsistentes de valencia positiva y negativa. No se encontraron diferencias significativas para el tipo de valencia para cualquier edad para la condición natural. Sin embargo, los niños de 3 años fueron más propensos a confiar en el indicio no verbal en los ensayos inconsistentes de valencia negativa que en los ensayos inconsistentes de valencia positiva, pero no se encontraron diferencias significativas para los niños de 4 y 5 años. Los niños mayores tienden a seguir usando la señal no verbal para responder independientemente de la valencia de la señal.

En conclusión, cuando las mismas expresiones emocionales se mostraban solas en la condición de un canal, los niños dedujeron correctamente el agrado o desagrado del actor por una bebida dada en función de sus expresiones emocionales. Sin embargo, los resultados de la condición Exagerada revelaron que la prominencia de las indicaciones no verbales de un actor tuvo un impacto significativo en la dependencia de los niños pequeños de las señales no verbales para la información de la verdad. Cuando el actor exageró sus expresiones emocionales para hacer que las señales no verbales fueran más destacadas en la condición Exagerada, los niños de todas las edades comenzaron a confiar más en las señales no verbales del actor para determinar si al actor realmente le gustaban las bebidas. En comparación con los niños en la condición natural, los del grupo Exagerado dependían menos de las afirmaciones verbales del actor.

Por tanto, el uso de señales no verbales por parte de preescolares desde los 3 años de edad para interpretar mensajes inconsistentes es mucho más temprano que lo sugerido por investigaciones previas que no encontraron esta habilidad hasta los 9 o 10 años de edad, lo que sugiere que los niños en edad preescolar no siempre tienen un sesgo léxico, aunque todavía no se basaron categóricamente en el principio de “las acciones hablan más fuerte que las palabras”.

Cuando las señales no verbales son sobresalientes o llamativas, pueden usar señales no verbales para tomar esa decisión. Por lo tanto, una de las razones de la dependencia de los niños pequeños en las señales verbales durante la comunicación inconsistente informada en estudios previos podría deberse a que los mensajes verbales se transmitieron de forma más significativa que las señales no verbales.

Cabe señalar que los niños de 3 a 5 años todavía tienen que aprender a usar el principio de coherencia verbal-no verbal de manera apropiada. Para hacerlo, deben enfocarse y confiar en señales no verbales independientemente de su prominencia durante la comunicación inconsistente. Los resultados de la investigación sugieren que los niños menores de 5 años aún no tienen esta capacidad, que puede adquirirse durante los años de escuela primaria. Por ejemplo, el nivel de desarrollo cognitivo puede afectar la forma en que los niños pequeños manejan mensajes inconsistentes. Los niños pequeños pueden tener dificultades para mantener la información diferente de los canales verbales y no verbales simultáneamente. Por lo tanto, se verían obligados a elegir una representación para enfocarse. Con el aumento de la capacidad cognitiva después de los años preescolares, los niños pueden llegar a integrar y evaluar mensajes inconsistentes verbales y no verbales y tomar decisiones apropiadas sobre qué mensaje creer.