Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: enero 2018

El principio de coherencia verbal-no verbal y su uso por parte de niños

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos algunas de las principales ideas recogidas por K. Rotenberg en su obra “Children’s use of the verbal-nonverbal consistency principle to infer truth and lying”, en donde explica a partir de qué edades un niño es capaz de detectar una mentira o inconsistencia verbal a través del comportamiento no verbal encontrado. Este artículo será introductorio y fundamental para comprender la investigación que mostraremos en el siguiente artículo en el que a través de un experimento con niños de entre 3 y 5 años se estudiará si un cambio en el método de experimentación puede influir en los resultados de este principio.

 

La comunicación social cotidiana es un proceso dinámico en el que varios mensajes se comunican simultáneamente o en el tiempo y el espacio entre un emisor y un receptor. Estos mensajes son generalmente consistentes entre sí. A veces, sin embargo, el remitente transmite mensajes inconsistentes. En comunicaciones inconsistentes, es esencial que el receptor sepa ver la discrepancia entre los mensajes y use la información recibida para interpretar su significado. Una de las principales situaciones inconsistentes de comunicación implica que el mensaje verbal es diferente, o contradictorio, del mensaje no verbal. En este tipo de situación, los adultos tienden a utilizar el llamado principio de consistencia verbal-no verbal, un principio que supone que las conductas verbales y no verbales de uno normalmente transmiten el mismo mensaje. Cuando hay una discrepancia, los adultos tienden a tratar el mensaje no verbal en lugar del verbal como la fuente de información más confiable. Se entiende que este principio se basa en una suposición de sentido común de que “las acciones dicen más que las palabras” y el mensaje no verbal revela las verdaderas intenciones del remitente. Comprender el principio de coherencia verbal-no verbal es fundamental para la interacción social exitosa porque los mensajes discrepantes verbales y no verbales no son extraños de encontrar en la comunicación cotidiana.

La comunicación verbal incoherente ocurre con frecuencia y sirve varias funciones interpersonales útiles, por ejemplo, para bromear, para engañar, o cuando uno experimenta sentimientos conflictivos. Con el uso apropiado del principio de coherencia verbal-no verbal, las personas pueden inferir la verdad de la información contenida en los mensajes inconsistentes del remitente y responder en consecuencia. El uso inapropiado del principio verbal-no verbal, por otro lado, puede conducir a un fallo en la comunicación (por ejemplo, una broma se toma en serio), o una consecuencia indeseable (por ejemplo, ser engañado por el otro). Sin embargo, aunque está bien establecido que los adultos usan el principio de coherencia verbal-no verbal en comunicaciones inconsistentes, hay poca evidencia con respecto a cuando los niños aprenden a usar este principio.

Algunas investigaciones han encontrado que los niños hasta 9 a 10 años no pueden usar el principio de coherencia verbal-no verbal en situaciones comunicativas donde las emociones no verbales son inconsistentes con las emociones expresadas verbalmente. Tienden a confiar en las señales verbales en lugar de las no verbales cuando encuentran una comunicación inconsistente. En otras palabras, siguen una suposición poco convencional de que “las palabras hablan más que las acciones”.

La dificultad de los niños con el principio de coherencia verbal-no verbal puede deberse a su falta de algunas habilidades que son necesarias para el uso apropiado de este principio. Para utilizar el principio de coherencia verbal-no verbal de forma adecuada, los individuos deben ser capaces de reconocer señales tanto verbales como no verbales (por ejemplo, emociones). También deben detectar las discrepancias entre los dos canales si efectivamente existen tales discrepancias. Además, necesitan comprender las distinciones entre la apariencia y la realidad, en particular, la distinción entre las emociones expresadas y las emociones sentidas. Solo con estas habilidades de requisitos previos, las personas pueden comenzar a utilizar el principio de coherencia verbal-no verbal para tomar decisiones sobre en qué canal confiar durante la comunicación inconsistente. La investigación existente ha demostrado consistentemente que la mayoría de estas habilidades de requisito previo se adquieren en los años preescolares (por ejemplo, la capacidad de interpretar las expresiones no verbales de las emociones de los demás surge en la infancia). Los bebés no solo son capaces de reconocer y diferenciar entre diferentes emociones, sino que también pueden usar las emociones de otros para guiar sus propias acciones y hacer predicciones sobre los deseos y preferencias de los demás. Al final del período preescolar, los niños no solo pueden reconocer las emociones sino también etiquetarlas adecuadamente. Los preescolares, además, demuestran una comprensión de las causas de las emociones. Al final de los años preescolares, los niños también han adquirido las habilidades lingüísticas necesarias para comprender las emociones expresadas verbalmente.

Con respecto a la comprensión de la distinción entre apariencia y realidad, los niños de 3 años bajo ciertas condiciones ya pueden apreciar lo que es real y lo que es aparente. Específicamente, con respecto a la distinción entre emociones expresadas y sentidas, se descubrió que incluso los niños de 3 años podían distinguir entre cómo se siente una persona y la emoción que una persona expresa en ciertas situaciones. A los 6 años de edad, los niños pueden inferir correctamente las verdaderas emociones que siente otro individuo a pesar de la expresión abierta del individuo y comprender las razones del individuo para hacerlo.

Dados estos hallazgos en la literatura, es sorprendente que los estudios existentes sobre comunicación inconsistente encuentren que los niños tienen dificultades para usar el principio de consistencia verbal-no verbal hasta los 10 años de edad. Una posibilidad de tal retraso puede deberse a la metodología utilizada en estos estudios. Es posible que hayan subestimado la capacidad de los niños pequeños para usar el principio de coherencia verbal-no verbal debido a varias limitaciones. Primero, en algunos de los estudios, la información no verbal inconsistente transmitida a los niños podría haber sido demasiado sutil o artificial. Por ejemplo, la expresión emocional se ha presentado en un formato de libro de cuentos. Debido a que la expresión emocional es dinámica, el método de contar historias podría restringir severamente la entrega de información emocional, dificultando el uso de los niños del principio de coherencia verbal-no verbal. También se les ha pedido a los niños que identifiquen si un personaje miente o no como medida de su comprensión de la regla de coherencia verbal-no verbal. Sin embargo, como se indicó anteriormente, la comunicación verbal y no verbal inconsistente no implica automáticamente mentir; Las bromas y el sarcasmo también implican incoherencias verbales y no verbales. Además, aunque muchos preescolares entienden el engaño como la intención de inculcar creencias falsas en la mente de otra persona, la investigación ha demostrado consistentemente que tienen una comprensión limitada del concepto de mentir. A menudo etiquetan erróneamente como mentiras las transgresiones verbales (por ejemplo, jurar) o declaraciones falsas. Es posible que los niños por tanto realmente usaran el principio de coherencia verbal – no verbal pero no se pudo demostrar esta capacidad debido a su dificultad para etiquetar un acto comunicativo incongruente como mentiroso.

Sin embargo, una tercera explicación también es posible. Se podría argumentar que las expresiones emocionales mostradas en investigaciones previas podrían no ser tan sobresalientes como las declaraciones verbales. Por lo tanto, si las señales no verbales se hicieron más destacadas, es más probable que los niños las usen para interpretar la situación. Por lo tanto, la razón por la que los niños confiaron en las palabras en lugar de en las acciones podría no ser porque siguieron el principio de “las palabras hablan más que las acciones”, sino más bien, podrían simplemente confiar en la señal más llamativa o “exagerada”.

Este es el motivo por el que puede resultar difícil establecer a partir de qué edad los niños son capaces de usar el principio de coherencia verbal – no verbal, e incluso usándolo, saber a partir de que edad o en qué condiciones es usado de forma correcta. Está claro que el aprendizaje y el desarrollo del lenguaje juega un papel fundamental en el inicio del uso de este principio, pero… ¿existen investigaciones fiables?.

Partiendo de las hipótesis planteadas previamente y conociendo la cantidad de factores que influyen en la aplicación del principio de coherencia verbal – no verbal en niños pequeños, en la próxima entrada se analizarán todas estas hipótesis a través de la investigación realizada por Michelle Eskritt y Kang Lee, en la que gracias a la participación de 91 niños de entre 3 y 5 años se comprobó si eran capaces de usar correctamente el principio de coherencia verbal – no verbal en casos de discrepancias verbales – no verbales “naturales”, y en casos de discrepancias exageradas.

Consistencia verbal y no verbal a través del tiempo. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la continuación del resumen del artículo “Behavioral Stability Across Time and Situations: Nonverbal Versus Verbal Consistency” de los autores Max Weisbuch, Michael L. Slepian, Asha Clarke, Nalini Ambady, y Jeremy Veenstra-VanderWeele, que analizan la estabilidad conductual a través del tiempo y situaciones desde el enfoque de la comunicación verbal y desde la comunicación no verbal. 

La presente entrada de blog muestra la continuación del estudio de la estabilidad conductual a través del comportamiento verbal y no verbal. En la entrada anterior, la estabilidad conductual se estudió en función de diferentes situaciones, y a continuación, en la presente entrada, se tratará la estabilidad conductual en función del tiempo (comparando comportamientos verbales y no verbales ante situaciones idénticas separadas 3 años).

Comprobamos en el primer estudio realizado (del que publicamos un resumen hace pocos días) que el comportamiento no verbal puede ser más consistente que el comportamiento verbal en todas las situaciones, pero… los diferentes canales conductuales (verbal y no verbal) varían en la consistencia temporal?

Los estudios de consistencia temporal generalmente enfatizan cómo la consistencia en el tiempo puede revelarse dentro de los individuos más que dentro de los comportamientos, pero, aunque los individuos pueden mostrar consistencia en sus comportamientos a lo largo del tiempo, ciertos comportamientos pueden mostrar una consistencia más temporal que otros. Debido a la tremenda variabilidad posible en la conducta verbal, en comparación con la conducta no verbal, se espera encontrar una mayor consistencia temporal en la conducta no verbal que verbal.

Para comprobarlo, se estudió el comportamiento de 49 estudiantes de medicina (29 mujeres) en dos situaciones similares, separadas por 32 meses. Los estudiantes de medicina fueron grabados en video durante las evaluaciones clínicas que tuvieron lugar durante el primer y tercer año de la escuela de medicina. En ambas situaciones, los participantes respondieron a una indicación similar de un paciente (en realidad, una actriz); esto permitió el aislamiento de las diferencias temporales, manteniendo la situación lo más constante posible.

La primera situación del año fue la primera entrevista estandarizada de pacientes que los estudiantes realizaron en su clase introducción de habilidades clínicas. La situación del tercer año fue una entrevista clínica estandarizada realizada al final de rotaciones clínicas de tercer año para evaluar las habilidades clínicas de los estudiantes y prepararlos para sus exámenes. Debido a que el comportamiento se registró durante la educación clínica en lugar de los experimentos de laboratorio, el contexto de este estudio tuvo la ventaja adicional de ser especialmente natural. Además, el hecho de que los estudiantes estuvieran siendo evaluados en su desempeño hizo que la situación fuera muy atractiva para ellos. Finalmente, vale la pena resaltar que estas observaciones de comportamiento fueron separadas por el lapso relativamente largo (para estudios de psicología social) de 32 meses. Para ambas situaciones, se separó la conducta no verbal de la verbal al crear (a) videos silenciosos y (b) transcripciones escritas. El comportamiento de todos los participantes fue codificado por evaluadores de pregrado en una universidad diferente. Al igual que en el Estudio 1, se esperaba una mayor coherencia conductual en las calificaciones de la conducta no verbal en comparación con la verbal.

Los estudiantes de medicina se grabaron en video durante las entrevistas estandarizadas con los pacientes como parte del entrenamiento clínico y las evaluaciones del primer y tercer año de los estudiantes. Durante estas evaluaciones, se esperaba que los estudiantes entrevistaran a actrices que retrataran pacientes con síntomas y condiciones particulares. Una cámara de video discreta estaba dirigida al estudiante de medicina. Aunque los síntomas y las condiciones mostradas por la actriz fueron ligeramente diferentes entre el primero y el tercer año, para el propósito de este estudio se estandarizó un aspecto del comportamiento del paciente a lo largo de los 2 años: en ambos exámenes, la paciente y actriz verbalmente expresó que ella había estado experimentando estrés. En el examen del primer año, esta señal empática ocurrió cuando la paciente indicó que los síntomas del estado de su enfermedad le causaban estrés y vergüenza en el trabajo. En el examen del tercer año, la señal empática ocurrió cuando la paciente indicó que experimentaba dolor en el pecho que puede haber ocurrido a partir de una variedad de factores psicológicos estresantes.

Al igual que en el Estudio 1, los grupos de evaluadores independientes hicieron calificaciones de los videos clips y las transcripciones para crear índices de conducta verbal y no verbal, respectivamente. También como en el Estudio 1, los investigadores codificaron la cantidad de tiempo que cada participante pasó hablando por clip. Finalmente, para descartar la posibilidad de que la consistencia en la apariencia estática represente la aparente consistencia del comportamiento, grupos adicionales de evaluadores independientes hicieron calificaciones de las imágenes tomadas de cada video clip. Para todos los medios, las calificaciones consideraron las variables relacionadas con el compromiso interpersonal, como se describe a continuación. La parte relevante de la cinta de video del examen clínico fue el período de tiempo posterior a la introducción de la señal empática. Para los videos del primer y tercer año, se editaron los videos para reducir la muestra para cada participante a los 10 segundos después de la introducción de la señal empática. A partir de estos clips de 10 segundos, se crearon tres tipos de muestras de comportamiento. Los videos silenciosos eran simplemente los clips con la pista de audio eliminada. Las transcripciones fueron registros escritos de las palabras de los estudiantes de medicina durante el clip. Las imágenes fijas eran los primeros cuadros individuales de cada clip en los que el rostro del participante era visible (es decir, el participante no estaba mirando su portapapeles). Dentro de cada tipo de muestra de comportamiento, se crearon dos conjuntos de clips: uno para los exámenes del primer año y otro para los exámenes del tercer año. Había, por lo tanto, un total de cuatro conjuntos de video clips y dos conjuntos de imágenes fijas.

En general, los evaluadores fueron consistentes en sus calificaciones. En las transcripciones del primer año se mostró confiabilidad en las calificaciones de amistad estudiantil de medicina (a = .89), preocupación (a = .80), y simpatía (a = .87), al igual que los vídeos de silencio de primer año (a’s = .77, .56 y .77, respectivamente) y las imágenes fijas de primer año (a’s = .78, .62 y .64, respectivamente). En las transcripciones de tercer año se mostró confiabilidad en las calificaciones de amistad estudiantil de medicina (a = .87), preocupación (a = .86), y simpatía (a = .87), al igual que videos en silencio del tercer (a’s = .61, .53 y .61, respectivamente) y las imágenes fijas (a’s = .84, .83 y .78, respectivamente). Las imágenes fijas también mostraron confiabilidad en sus calificaciones de atractivo físico para el primer año (a = .89) y el tercer año (a = .78). Dentro de cada uno de los seis grupos de evaluadores, las calificaciones de amabilidad, preocupación y simpatía de cada participante se promediaron. Posteriormente, se evaluó la consistencia interna de estos tres elementos dentro de cada muestra de comportamiento. Las calificaciones fueron consistentes entre los tres ítems para las transcripciones del primer año (a = .91), el video silencioso del primer año (a = .80), las imágenes fijas del primer año (a = .78), las transcripciones del tercer año (a = .80), video silencioso de tercer año (a = .93) e imágenes fijas de tercer año (a = .90). Por lo tanto, se calculó una puntuación de compromiso para cada participante al promediar las calificaciones de amabilidad, preocupación y simpatía dentro de cada tipo de muestra de comportamiento.

Estos datos calculados se clasificaron en los resultados como comportamiento no verbal (video silencioso), comportamiento verbal (transcripciones) y apariencia (imágenes fijas).

Sobre la consistencia temporal en las calificaciones basadas en la apariencia, los estudiantes de medicina mantuvieron cierta consistencia en su apariencia, ya que hubo una correlación significativa entre las calificaciones de atractivo de primer y tercer año de imágenes fijas; sin embargo, no hubo una correlación significativa en las calificaciones de participación interpersonal de imágenes fijas en el primer y tercer año. Por lo tanto, parece ser el caso de que esta muestra exhibió consistencia en su apariencia física, pero que las imágenes fijas no fueron suficientes para proporcionar valoraciones coherentes temporalmente de los estados psicológicos.

En cuanto a la consistencia Temporal en Comportamiento No Verbal, hubo una correlación significativa entre el compromiso no verbal en el primer año y el compromiso no verbal en el tercer año (r (47) = .30). También se controló el cambio en la apariencia física estática, como lo indica la diferencia entre las calificaciones de compromiso interpersonal basadas en la apariencia del primer y tercer año. Hacerlo no redujo la consistencia entre el compromiso no verbal de primer y tercer año [pr (46) = .29) ni tampoco influyó en la diferencia entre el atractivo físico del primer y el tercer año [pr (46) = .29]. Por lo tanto, la consistencia en el comportamiento no verbal no era una función simple de apariencia o consistencia en la apariencia.

En el caso de la consistencia Temporal en el Comportamiento Verbal, no hubo correlación entre el compromiso verbal en el primer año y el compromiso verbal en el tercer año, (r (47) = -.06, p = .67). Y como en el Estudio 1, la correlación de consistencia para el comportamiento no verbal fue significativamente mayor que la correlación para el comportamiento verbal.

Se observa por tanto, como conclusión, que hay consistencia en el comportamiento no verbal, pero no en el comportamiento verbal. Los estudiantes de medicina exhibieron niveles constantes de compromiso no verbal durante entrevistas clínicas separadas por más de 2 años. Estos resultados no fueron una función de consistencia en la apariencia física, sino más bien un comportamiento dinámico no verbal. En contraste, el compromiso verbal no pareció ser constante a lo largo del tiempo (de hecho, hubo una consistencia significativamente mayor en el comportamiento no verbal que en el comportamiento verbal). La naturaleza de la consistencia no verbal es notable por tres razones: el lapso de tiempo durante el cual se observó consistencia, el hecho de que se produjo una intervención importante durante este período (entrenamiento clínico) y el hecho de que se observó consistencia en una situación poco común en su validez ecológica y nivel de impacto. El comportamiento se observó durante el curso de la capacitación clínica, no en un laboratorio psicológico, y fue un comportamiento en el que los participantes fueron altamente invertidos. En otras palabras, había muchos factores que de lo contrario podrían limitar la consistencia temporal, pero aun así se observaron los resultados explicados.

Como resumen tanto de este estudio como del primero realizado (en nuestra anterior entrada), hemos observado la consistencia en el comportamiento no verbal a través de las situaciones y el tiempo, pero no observamos coherencia en el comportamiento verbal. En el estudio 1 (entrada de blog anterior), el comportamiento afectivo no verbal fue consistente en las dos situaciones, mientras que el comportamiento afectivo verbal no lo fue. Si bien las dos situaciones tenían similitudes (ambas tuvieron lugar en un entorno de investigación e incluían respuestas aproximadamente estandarizadas de un confederado), diferían en dimensiones significativas. La primera situación fue formal, en relación con la segunda, y consistió en una entrevista con un investigador mayor y de más alto nivel vestido profesionalmente. La segunda situación le pidió al participante que se familiarizara con un compañero, y fue informal en comparación con la primera situación. En el estudio 2 (explicado anteriormente), el comportamiento no verbal exhibió consistencia temporal, mientras que el comportamiento verbal no. Tal consistencia se observó en las interacciones de los estudiantes de medicina con pacientes simulados durante dos instancias separadas por más de 2 años.

Concluimos por tanto que los principios del comportamiento se manifiestan consistentes en el comportamiento no verbal. Por tanto, se debe de tener en cuenta que la consistencia no verbal puede jugar un papel importante en el mantenimiento de la coherencia de la personalidad.

Consistencia verbal y no verbal en función de las situaciones. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Behavioral Stability Across Time and Situations: Nonverbal Versus Verbal Consistency” de los autores Max Weisbuch, Michael L. Slepian, Asha Clarke, Nalini Ambady, y Jeremy Veenstra-VanderWeele, que analizan la estabilidad conductual a través del tiempo y situaciones desde el enfoque de la comunicación verbal y desde la comunicación no verbal. 

Debido a la complejidad y extensión de la investigación, la presente entrada de blog tratará el estudio de la estabilidad conductual en función de diferentes situaciones a través de los comportamientos verbales y no verbales mostrados, mientras que la próxima entrada de blog tratará la estabilidad conductual en función del tiempo.

Los tratamientos tradicionales de la personalidad sugieren que los individuos muestran consistencia en su comportamiento y tienen cualidades y disposiciones estables. Sin embargo, algunos estudios sugieren que existe poca consistencia en el comportamiento de las personas en todas las situaciones, mientras que otros estudios proporcionan evidencia de la consistencia en el comportamiento. En el presente artículo, los autores describen una distinción conductual simple que puede ayudar a explicar por qué los individuos pueden parecer consistentes e inconsistentes al mismo tiempo. La explicación la realizan a través de 2 extensos estudios diferenciados, en los que se examina hasta qué punto el comportamiento no verbal revela coherencia, pero el comportamiento verbal no.

El primer aspecto que tratan los autores es la importancia de saber diferenciar en estos estudios de consistencia el comportamiento verbal y no verbal. Explican que las conductas que están ligadas a comportamientos automáticos son más propensas a exhibir consistencia que las conductas que están estrechamente vinculadas a la situación o son deliberadas. Sin embargo, estas distinciones se confunden en gran parte con la distinción entre conducta verbal y no verbal. Esta confusión teórica a menudo se lleva a estudios empíricos de consistencia; por ejemplo, los comportamientos automáticos en un estudio “son expresivos en la cara, la voz y los gestos”, “se mueve mucho” y “se ríe frecuentemente” , ” mientras que las conductas deliberadas incluían conceptos como ” ofrece consejos, ” expresa críticas ” y ” demuestra inteligencia ”. Aunque esta confusión es ecológicamente válida (es más probable que los comportamientos no verbales sean automáticos), en los estudios publicados se suele restar importancia a ello. De hecho, hasta la publicación de este artículo no se pudo encontrar un solo estudio que comparara explícitamente la coherencia verbal con la no verbal en relación a la consistencia de un sujeto en el tiempo. Esto puede ser problemático ya que la distinción entre el comportamiento verbal y no verbal puede explicar por qué las personas pueden parecer consistentes e inconsistentes como explicaremos más adelante. Por las razones resumidas a continuación, se sostiene que las observaciones de la conducta no verbal pueden dar lugar a observaciones de consistencia, mientras que las observaciones de la conducta verbal pueden dar lugar a observaciones de inconsistencia.

En primer lugar, las conductas no verbales, como las expresiones faciales, la postura corporal y la distancia interpersonal, son más difíciles de controlar conscientemente que el comportamiento verbal. Además, hay evidencia de que los mecanismos automáticos vinculan la experiencia de la emoción con su expresión facial y motora; incluso si uno es capaz de controlar un comportamiento no verbal individual (por ejemplo, sonreír), puede ser difícil o imposible que las personas controlen simultáneamente muchas conductas no verbales (por ejemplo, sonrisa, expansión postural, movimiento de las extremidades, etc) . Por el contrario, si los individuos quieren controlar su comportamiento verbal, hay un solo canal para considerar el contenido hablado, por lo que resulta mucho más sencillo. Esto no quiere decir, por supuesto, que toda conducta no verbal sea automática y que toda conducta verbal sea deliberada, sino más bien que es sencillo controlar conscientemente el comportamiento verbal que el no verbal. Debido a que el comportamiento controlado conscientemente es más inconsistente que el comportamiento relativamente automático, el comportamiento verbal debería ser menos consistente que el comportamiento no verbal.

Más allá de la automaticidad del comportamiento, hay una distinción evidente en el número de significados que posiblemente se pueden comunicar a través del comportamiento verbal frente al no verbal. Las conductas no verbales tienen un número finito de significados relativamente simples. Por esta razón, hay mucha más variabilidad en el comportamiento verbal y, por lo tanto, un mayor potencial para la variabilidad entre situaciones. Del mismo modo que los puntajes promedio en una escala de personalidad de múltiples ítems deben exhibir más consistencia que los puntajes en una escala de personalidad de un solo ítem, la expresión del comportamiento debe exhibir más consistencia cuando se considera a través de múltiples canales de comunicación. El comportamiento verbal consiste en una corriente de comunicación (palabras habladas), mientras que la conducta no verbal consiste en muchas secuencias paralelas (por ejemplo, mirada, sonrisa, fruncimiento de las cejas, postura, etc.). Esto último aporta más indicios en la traducción del rasgo estable a la expresión del comportamiento, lo que debería mejorar la estabilidad en la expresión del comportamiento en todas las situaciones.

Como era de esperar, muchos de los comportamientos consistentes observados en estudios previos fueron no verbales. Sin embargo, estos estudios no aislaron la conducta verbal de la no verbal ya que los objetivos de esa investigación previa no consideraban los canales conductuales. En la investigación actual, los autores aislaron el comportamiento verbal y no verbal y se examinó la consistencia de cada uno. La hipótesis de la investigación fue que la coherencia conductual se manifiesta en el comportamiento no verbal, pero no se manifiesta en el comportamiento verbal.

Como dijimos, para ello realizaron dos estudios, uno sobre la consistencia situacional y otro sobre la consistencia temporal. A continuación resumiremos el estudio relativo a la consistencia situacional, publicando en la próxima entrada del blog el resumen sobre el estudio de la consistencia temporal.

En este estudio, el comportamiento de los participantes se registró en dos situaciones separadas. La primera situación fue una entrevista con un investigador de sexo masculino adulto vestido con ropa formal. La segunda situación consistía en una entrevista informal con una compañera (en realidad una cómplice). La entrevista y la tarea de conocerse se utilizó para permitir la expresión natural de la conducta verbal y no verbal al tiempo que proporcionaban diferentes contextos significativos. Para ambas situaciones, se separó la conducta no verbal de la verbal al crear (a) videos silenciosos y (b) transcripciones escritas. En una universidad diferente, el comportamiento emocional de los participantes fue codificado por evaluadores de pregrado. Se esperaba una mayor consistencia conductual en las calificaciones de la conducta no verbal que verbal.

41 estudiantes (21 mujeres, 20 hombres) en una universidad participaron en el estudio a cambio de dinero. El estudio se realizó individualmente, de modo que hubo 41 sesiones experimentales. Al llegar al laboratorio, cada participante completó el consentimiento informado y posteriormente se le indicó que tomara asiento en una oficina sin amueblar. Varias situaciones se desarrollaron en esta oficina, como se describe a continuación.

En la primera situación, los participantes fueron entrevistados por primera vez por un investigador de sexo masculino adulto vestido profesionalmente. El participante estaba sentado en una mesa, lo que lo separó del entrevistador. Ambos estaban sentados en sillas de oficina y la cámara de video (detrás y a la izquierda del entrevistador) estaba dirigida al participante. La entrevista comenzó con preguntas sobre los planes profesionales del participante después de la universidad y terminó con preguntas sobre la experiencia del participante en su universidad. La última pregunta fue: “¿Qué piensas de tu experiencia en la universidad hasta ahora? ¿estás feliz en esta universidad? ” Posteriormente, los participantes realizaron una serie de tareas para un estudio no relacionado. Estas tareas incluyen leer los titulares de los periódicos en voz alta y una tarea de pantomima.

En la segunda situación, después de completar las tareas antes mencionadas, se les presentó a las participantes a una alumna de otra universidad (en realidad una cómplice), y el experimentador les informó que debían participar en una tarea de “conocerse entre ellos”. El experimentador explicó que el objetivo de la tarea era que los participantes se conocieran entre sí: para lograr este objetivo, debían hacerse preguntas unos a otros. Los cómplices fueron entrenados (durante un período de varias semanas) para mantener la coherencia entre los participantes mientras responden naturalmente. Así, los cómplices hicieron las mismas preguntas entre los participantes, respondieron de manera idéntica a los participantes a una variedad de preguntas anticipadas y mantuvieron la misma actitud agradable y comprometida entre los participantes. Después de la interacción, los participantes fueron agradecidos, informados y compensados.

Tras estas situaciones, se construyeron videoclips de aproximadamente diez segundos para proporcionar segmentos informativos de comportamiento. Dichos segmentos breves de comportamiento pueden proporcionar suficiente información para que los perceptores hagan juicios precisos sobre las personas. Además, los juicios realizados a partir de videoclips son tan precisos como los juicios realizados a partir de las transcripciones, lo que sugiere una validez predictiva más o menos equivalente a las clasificaciones de video y transcripciones. El video clip de la primera interacción (entrevista) consistió en los primeros 10 segundos de la respuesta a la pregunta final de la entrevista. Se construyeron dos videoclips de 10 segundos a partir de la segunda interacción (interacción informal). El primer clip consistió en los primeros 10 segundos en los que el participante habló durante al menos la mitad de esos segundos. El segundo clip se extrajo justo antes del final de la interacción, que tuvo lugar cerca de 3 minutos más tarde. Finalmente, un asistente de investigación realizó las transcripciones de los clips de ambas situaciones. Después de la transcripción, la pista de audio se eliminó de todos los videoclips.

El comportamiento de las calificaciones afectivas se puede definir con respecto a las acciones de nivel micro (por ejemplo las sonrisas), mientras que las acciones de nivel más grande corresponden al significado último de la conducta. En la investigación actual, los autores se enfocan especialmente en los comportamientos de nivel grande en lugar de micro porque estos comportamientos “grandes” son mejores predictores del comportamiento y muestran una consistencia superior. En lugar de utilizar un conteo de sonrisas o palabras positivas, utilizaron calificaciones globales de afecto. De esta manera, el comportamiento no verbal frente al verbal no fue redundante con el comportamiento a niveles grandes frente al micro. 44 estudiantes (29 mujeres) fueron asignados para calificar las transcripciones de ambas situaciones (n = 14), videos silenciosos de la interacción social (n = 16) o videos silenciosos de la entrevista (n = 14) . Los participantes calificaron los objetivos con respecto a (a) felicidad conductual y (b) tristeza conductual (de -3, “nada feliz / triste” a “3”, “extremadamente feliz / triste”). Todos los estímulos se presentaron en orden aleatorio en pantallas de ordenador; los videoclips permanecieron en la pantalla durante su duración y fueron reemplazados por escalas de calificación. Las transcripciones permanecieron en la pantalla hasta que se seleccionó la opción ” continuar ”, momento en el cual las transcripciones fueron reemplazadas por escalas de calificación. Se recogieron valoraciones tanto felices como tristes para tratar el comportamiento afectivo como una variable global más que como una variable unipolar. Se anticipó una correlación altamente negativa entre estas dos calificaciones, de modo que su diferencia denotaría una escala confiable de comportamiento afectivo.

Para la entrevista, la confiabilidad entre evaluadores fue aceptablemente alta para los video clips silenciosos (felicidad a = .94; tristeza a = .87) y las transcripciones (a’s = .94 y .91). Para la interacción informal, las calificaciones de cada juez se promediaron en los dos clips. La confiabilidad inter-evaluador fue aceptablemente alta para los video clips silenciosos (a’s = .91 y .84) y para las transcripciones (a’s = .82 y .76). Por tanto, las calificaciones de cada evaluador se promediaron; este proceso de compilación de datos generó ocho puntos de datos para cada participante (entrevista verbal feliz, entrevista verbal triste, entrevista no verbal feliz, etc.).

Los resultados fueron los siguientes:

Los análisis correlacionales revelaron una relación negativa significativa entre las puntuaciones de felicidad y tristeza. Para el video silencioso, las calificaciones de felicidad y tristeza estuvieron altamente correlacionadas tanto para la entrevista, (r (39) = -.87),  como para la interacción informal, (r (39) = -.75) . Del mismo modo, para las transcripciones, la felicidad y la tristeza estuvieron altamente correlacionadas tanto para la entrevista (r (39) = -.89), como para la interacción informal, (r (39) = -.78). Como resultado, se restaron las calificaciones de tristeza de las calificaciones de felicidad dentro de cada medio para crear puntuaciones de afecto. Se esperaba mostrar con ello que el comportamiento no verbal fuera consistente en todas las situaciones. De hecho, se observó una correlación significativa entre el comportamiento afectivo no verbal (calificaciones de videos silenciosos) durante la entrevista y el comportamiento afectivo no verbal durante la interacción informal (r (39) = .54). Como era de esperar, la correlación de consistencia para el comportamiento no verbal fue significativamente mayor que la del comportamiento verbal. De hecho, no hubo una correlación significativa del comportamiento afectivo verbal (calificaciones de las transcripciones) entre las dos situaciones (r (39) = -.06).

Los resultados del estudio concluyen por tanto que los participantes mostraron una mayor consistencia en el afecto no verbal, en relación con el afecto verbal. Para abordar explicaciones alternativas plausibles, se confirma que la inconsistencia del comportamiento verbal no depende de la cantidad de conducta verbal. Los resultados de este estudio inicial sugieren un mayor papel para el comportamiento no verbal que verbal en la consistencia de situaciones. Así como el comportamiento no verbal puede ser más consistente que el comportamiento verbal en todas las situaciones, puede exhibir una consistencia superior a lo largo del tiempo. La coherencia rara vez es del 100% y, al igual que los diferentes canales conductuales varían en la consistencia del contexto o situación, deben variar en la consistencia temporal. Esto último fue analizado en el segundo estudio, cuyo resumen y conclusiones publicaremos en la próxima entrada del blog.

La influencia del Comportamiento No Verbal de los oponentes en los debates. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Role of Background Behavior in Televised Debates: Does Displaying Nonverbal Agreement and/or Disagreement Benefit Either Debater?” de los autores John Seiter, Harry Weger y Andrea Jensen Harold, que analizan los efectos del comportamiento no verbal de fondo que muestran los oradores de los debates televisados con el propósito de debilitar al oponente.

Es un hecho que las personas intentan controlar sus conductas comunicativas, especialmente las señales no verbales, para crear las impresiones deseadas de sí mismas, y también de los demás. Estos intentos pueden ser más frecuentes en algunos contextos que en otros. Por ejemplo, en las campañas políticas, los candidatos a vicepresidente pueden gastar más energía promoviendo imágenes favorables de sus compañeros de carrera que de ellos mismos. Al mismo tiempo, los candidatos pueden tratar de retratar a sus oponentes bajo una contexto negativo. Dada la naturaleza altamente competitiva de las campañas políticas, la mayoría de los candidatos entienden lo importante que es aprovechar las oportunidades para gestionar las impresiones de ellos mismos y de los demás. Aunque se puede pensar que se presta más atención a lo que los candidatos dicen durante las campañas que a sus gestos, las oportunidades para gestionar las impresiones no se limitan al mundo de las palabras. Por ejemplo, en los últimos años, las transmisiones de debates políticos han seguido utilizando tecnología como pantallas divididas y subpantallas, proporcionando a los espectadores acceso a señales no verbales que de otro modo no verían (por ejemplo, las señales no verbales del hablante y el oponente en el fondo). Como tal, a los que debaten se les ha brindado la oportunidad de influir en sus audiencias incluso cuando no están hablando. Una forma en que los polemistas televisados ​​podrían verse tentados a participar en tales intentos persuasivos implica expresar el desacuerdo de manera no verbal durante el turno de su oponente al hablar. Dadas las limitaciones de tiempo inherentes a los medios televisados, intentar responder al argumento de un oponente de forma no verbal podría parecer una táctica atractiva cuando las oportunidades de respuestas verbales son limitadas.

Sin embargo, este comportamiento no siempre es agradable para los espectadores. Por ejemplo, los pesados ​​suspiros, las sacudidas de cabeza y las expresiones faciales doloridas del vicepresidente Al Gore durante las respuestas de George W. Bush en la campaña de 2000 dieron como resultado la percepción de que Gore era menos agradable. En la campaña de 2004, las expresiones faciales, muecas y contorsionadas del presidente Bush durante las respuestas del candidato John Kerry redujeron su atractivo para los votantes indecisos.

El desacuerdo no verbal parece disminuir las percepciones de credibilidad, las percepciones de lo apropiado, y las percepciones de simpatía hacia el polemista que expresa desacuerdo. Teniendo en cuenta tales críticas junto con la investigación empírica que apunta a las consecuencias negativas del comportamiento de fondo antagónico (lo explicaremos más adelante), una pregunta importante sigue siendo: ¿cómo podría un candidato obtener una ventaja al mostrar desacuerdo no verbal durante el turno de palabra de un oponente y al mismo tiempo evitar el efecto negativo de dicho comportamiento? El propósito del estudio que resumimos a continuación es examinar la suma de comportamientos no verbales que expresan el acuerdo junto con los signos de desacuerdo no verbal como una táctica para mitigar las posibles consecuencias negativas de expresar únicamente el desacuerdo. Además, este estudio amplía el trabajo existente al explorar si el comportamiento de fondo mostrado por los participantes en el debate afecta las percepciones de la audiencia sobre el resultado del debate.

Hay al menos dos razones por las cuales una combinación de acuerdo y desacuerdo podría ser una táctica efectiva. En primer lugar, en lugar de ser percibido como una acción intencional de frustrar al que habla, un equilibrio entre el acuerdo y el desacuerdo podría simplemente verse como una reacción natural abierta a lo que el hablante está diciendo. Como resultado, el comunicador no verbal podría ser visto como menos antagónico y, a su vez, más creíble y apropiado. En segundo lugar, la investigación sobre conflictos maritales sugiere que la influencia de conductas negativas sobre las percepciones mutuas de los socios y la relación puede reducirse cuando los socios también muestran comportamientos positivos. Uno de esos comportamientos positivos identificados en la investigación conyugal es el acuerdo de comunicación.

Eso si, hay que estudiar si cuando el oponente (que no tiene turno de palabra) realiza comportamientos de estar de acuerdo, la audiencia puede llegar a percibir que el hablante es especialmente creíble y persuasivo. Para analizar todo esto, el estudio toma las siguientes hipótesis:

Hipótesis 1: un polemista será percibido como significativamente (a) menos creíble, y (b) menos apropiado cuando muestre un desacuerdo no verbal moderado o constante durante el discurso de un oponente que cuando muestre una expresión neutral durante el discurso del oponente.

Hipótesis 2: un polemista será percibido como significativamente (a) más creíble, y (b) más apropiado cuando el oponente del hablante muestra un desacuerdo no verbal moderado o constante que cuando el oponente del hablante muestra una expresión neutral.

Cuestión 1: ¿Se considerará que el polemista es más o menos creíble, apropiado y / u objetivo cuando un polemista muestra tanto el acuerdo no verbal como el desacuerdo durante el discurso del oponente en comparación con mostrar solo un desacuerdo no verbal?

Cuestión 2: ¿Se verá al polemista como más o menos creíble, apropiado y / u objetivo cuando un polemista muestra tanto el acuerdo como el desacuerdo durante el discurso del oponente en comparación con mostrar una expresión facial neutral?

Cuestión 3: ¿El comportamiento no verbal de un polemista televisado durante el discurso de un oponente afecta las percepciones de la audiencia acerca de las habilidades de debate de los debatientes?

Cuestión 4: ¿El comportamiento no verbal de un polemista televisado durante el discurso de un oponente afecta las percepciones de la audiencia sobre quién ganó el debate?

Cuestión 5: ¿El comportamiento no verbal de un polemista televisado durante el discurso de un oponente afecta las percepciones de la audiencia de la medida en que se ganó un debate?

Cuestión 6: ¿La percepción de sesgo media la asociación entre el comportamiento no verbal y la credibilidad percibida?

Para resolver todas estas cuestiones, se consiguió la participación de 151 alumnos (72 hombres y 79 mujeres, rango 18-36 años, edad media: 22 años) de cursos universitarios de comunicación. Cada participante recibió 1 crédito por ser voluntario para juzgar un debate televisado y completar un cuestionario después.

Dos estudiantes femeninas (ambas de 21 años), que habían completado un curso de argumentación en el semestre anterior y que eran aproximadamente equivalentes en sus habilidades de debate, se ofrecieron como oponentes en cuatro versiones de un debate grabado en vídeo. Las cuatro versiones contenían la misma toma de introducción de 7 segundos que mostraba a ambos debatientes sentados en lados opuestos de una tribuna. Las cuatro versiones también compartieron las mismas imágenes de ambos debatientes hablando. El primer polemista abogó por una legislación que exija que las estaciones de televisión cumplan con sus responsabilidades educativas con los niños; su oponente argumentó en contra de este plan. Debido a consideraciones prácticas (por ejemplo, queríamos dejar suficiente tiempo para que los participantes vean el debate y completen cuestionarios), cada participante debatió una sola vez. El discurso del orador 1 duró 6 min 47 s. El orador 2 duró 6 min 59 s. Con el fin de proporcionar a la audiencia vistas de ambos debatientes al mismo tiempo, este estudio utilizó subpantallas, mostrando al polemista en un formato de pantalla completa, mientras que el oponente que no hablaba se mostró en subpantallas más pequeñas que aparecían en la esquina inferior izquierda o derecha de la pantalla completa. Cada vez que el Orador 2 aparecía en la pantalla secundaria, no mostraba ninguna reacción no verbal (es decir, mostraba una expresión neutral denominada “cara de piedra”).  En contraste, cada versión del debate difería en el papel que le otorgaba el Orador 1. Una de las versiones no mostró desacuerdo de fondo por su parte, dos mostraron diferentes grados de desacuerdo de fondo, y una mostró una combinación de acuerdo y desacuerdo. Específicamente, las versiones del debate representaban las siguientes cuatro condiciones: (1) subpantallas mostraban que el Orador 1 permanecía impactado durante el discurso de su oponente; (2) subpantallas mostraron al Orador 1 demostrando un nivel moderado de desacuerdo no verbal durante el discurso de su oponente; (3) subpantallas mostraron al Orador 1 demostrando un desacuerdo no verbal casi constante durante el discurso de su oponente; y (4) subpantallas mostraron al Orador 1 demostrando tanto el acuerdo no verbal como el desacuerdo no verbal durante el discurso de su oponente.

El Orador 1 comunicó el desacuerdo con el Orador 2 mediante el uso de comportamientos silenciosos, como sacudir la cabeza de izquierda a derecha, poner los ojos en blanco, sonreír y pronunciar palabras (por ejemplo, “¿Qué?” Y “No”). En la cuarta condición, el Orador 1 expresó su acuerdo con el Orador 2 ya sea por un simple asentimiento con la cabeza o expresando consideración reflexiva usando una expresión facial contemplativa que termina con una mirada hacia arriba seguida de un leve movimiento de cabeza y apretando los labios como diciendo ” Ok, estoy de acuerdo con eso “.

En las cuatro condiciones, las subpantallas que muestran al Orador 1 aparecieron cinco veces durante el discurso de su oponente (a aproximadamente 35 s, 1 min 56 s, 2 min 53 s, 5 min 15 s, y 6 min 33 s en el discurso) y duraron un promedio de 36 s.
En condición 2 (desacuerdo moderado), el presentador 1 mostró desacuerdo no verbal (durando unos 6 s) mientras se mostraba en las dos primeras y dos últimas subpantallas apareció durante el discurso de su oponente. Ella permaneció con cara de piedra durante el resto de su aparición en las subpantallas.
En la Condición 3 (desacuerdo constante), el Orador 1 mostró un desacuerdo no verbal en las cinco subpantallas durante casi toda la duración de cada subpantalla.
En la Condición 4 (acuerdo más desacuerdo), el Orador 1 mostró un desacuerdo no verbal (que duró unos 6 s) en la primera y última subpantalla y acuerdo no verbal (que duró unos 6 s) en la segunda y cuarta subpantallas.

Los estudiantes seleccionaron uno de cuatro períodos de tiempo para ver un debate. Cada versión de debate fue asignada aleatoriamente a una de las cuatro sesiones. Los estudiantes, en grupos de aproximadamente 12 a 20, vieron una de las cuatro versiones del debate (cara de piedra = 19 hombres, 17 mujeres y 2 que no informaron el género; desacuerdo moderado = 18 hombres y 22 mujeres; desacuerdo constante = 15 hombres y 25 mujeres, acuerdo más desacuerdo = 18 hombres y 15 mujeres). Cada versión de debate se proyectó en color en una pantalla grande (178 cm2). A los estudiantes solo se les dijo que debían juzgar el debate. Después del debate, completaron un cuestionario que contenía las medidas dependientes, y luego se les agradeció por participar.

Los factores medidos fueron los siguientes:

Credibilidad del orador. La credibilidad de los debatientes se midió utilizando un instrumento cuya escala está compuesta por 15 elementos diferenciales semánticos de 7 puntos que miden cinco dimensiones de credibilidad: Carácter, Sociabilidad, Competencia, Composición y Extroversión. La escala para cada dimensión se calculó sumando los ítems.

Oportunidad. Se utilizó una herramienta capaz de evaluar las percepciones de la audiencia acerca de la idoneidad de los debatientes. La medida incluye cinco ítems semánticos diferenciales de 7 puntos (por ejemplo, el comportamiento del polemista fue apropiado / inapropiado o apropiado / impropio).

Habilidad de debate. Las percepciones de los participantes sobre las habilidades de debate de los oradores se evaluaron con elementos del “Cuestionario de Debates de la Asociación Americana de Medicina Forense” utilizada comúnmente por los jueces en los torneos de debate intercolegial. El cuestionario incluye una serie de ítems con escalas de 5 puntos, cada una de las cuales evalúa Análisis, Razonamiento y Evidencia.

Objetividad. El grado en que un polemista parecía objetivo se evaluó mediante respuestas a dos ítems semánticos diferenciales de 7 puntos (sesgado / imparcial y unilateral / considera otros puntos de vista). Debido a que esta variable es interesante para aplicaciones prácticas, aunque las escalas con solo dos ítems generalmente tienen puntuaciones de confiabilidad más bajas, la variable se mantuvo para el análisis.

Resultado del debate. Finalmente, los participantes informaron sus percepciones sobre el resultado del debate al indicar a quién creían que habían ganado (Orador 1 o 2) y al indicar en una escala de 7 puntos el grado en que acordaron que un debate fue el ganador del debate ( 1 = ganó el primer orador, 7 = ganó el segundo orador).

Los resultados fueron los siguientes:

Las hipótesis 1a y 1b predijeron que mostrar un desacuerdo no verbal de fondo (a diferencia de una expresión neutral, es decir, “con la cara de piedra”) llevaría a percepciones menos favorables de la credibilidad y adecuación del Orador 1. Para probar esta hipótesis, los análisis de contraste se calcularon comparando la combinación de calificaciones en las condiciones de desacuerdo moderado y constante con las de la condición de “cara de piedra” enfrentada para cada una de las variables dependientes. Los análisis de contraste indicaron que el Orador 1 recibió valoraciones significativamente más bajas sobre la adecuación y las dimensiones de credibilidad de sociabilidad, competencia y carácter cuando mostraba desacuerdo durante el discurso de su oponente que cuando permanecía con cara de piedra.

Las hipótesis 2a y 2b predijeron que el Orador 2 se percibiría como más creíble y apropiado cuando su oponente mostrara un desacuerdo moderado o constante en comparación con el oponente que permanecía con la cara de piedra. No se encontraron efectos significativos para las percepciones de sociabilidad, compostura, competencia o carácter del Orador 2. Contrario a la predicción inicial, el desacuerdo no verbal mostrado por parte del polemista que no hablaba redujo la percepción del público de la extroversión del Orador 2. Y también, contrariamente a la predicción, el desacuerdo del Orador 1 no aumentó las percepciones de la idoneidad del Portavoz 2.

En cuanto a las cuestiones 1 y 2, preguntan si el acuerdo más la condición de desacuerdo, en comparación con las condiciones de desacuerdo y la condición de piedra, aumentarían o disminuirían las calificaciones de la credibilidad del orador y/o oponente. Para responder la primera pregunta de investigación, los análisis indicaron que mostrar tanto el acuerdo como el desacuerdo no dio lugar a diferencias en las percepciones de la credibilidad para cualquier debate en relación con las condiciones de desacuerdo. Para abordar la segunda pregunta de investigación, se calcularon los contrastes que comparaban el acuerdo más la condición de desacuerdo con la condición de “cara de piedra”. Los resultados indicaron que mostrar acuerdo más desacuerdo se asoció con percepciones de menor sociabilidad, menos carácter y menos adecuación para el Orador 1 en comparación con cuando permaneció con cara de piedra. Para el Orador 2, los resultados indicaron que la muestra de acuerdo de su oponente más desacuerdo, en comparación con el resto de la “cara de piedra”, no afectó las percepciones de su credibilidad. Sin embargo, el análisis de contraste planeado reveló que la conveniencia del Orador 2 se consideró mayor cuando su oponente mostró una mezcla de acuerdo y desacuerdo que cuando su oponente permaneció con cara de piedra.

La tercera pregunta de investigación preguntó si el comportamiento no verbal del Orador 1 estaría asociado con las percepciones de la audiencia acerca de la habilidad del argumento de los debatientes. No hubo diferencias estadísticamente significativas entre las condiciones en los juicios sobre las habilidades de argumentación del Orador 1. Sin embargo, la presentación de acuerdo más desacuerdo del Orador 1 se asoció con un aumento percibido en las habilidades de argumentación de su oponente (es decir, el Orador 2) en relación con cuando el Orador 1 mostró desacuerdo moderado. Las diferencias entre el acuerdo más la condición de desacuerdo, la cara de piedra y las constantes condiciones de desacuerdo se aproximaron, pero no alcanzaron, los niveles de significancia convencionales para las percepciones de la habilidad de debate del Orador 2 (p = .081 y .079 respectivamente)

La cuarta pregunta de investigación pregunta si el comportamiento no verbal mostrado por el Orador 1 estaba relacionado con las percepciones de quién ganó el debate. Las percepciones de quién ganó el debate son independientes de las condiciones experimentales. Sin embargo, debe tenerse en cuenta que, si bien el valor crítico no alcanzó los niveles convencionales de importancia, el público tuvo 10 veces más probabilidades de juzgar al Orador 2 como el ganador del debate en el comportamiento de acuerdo más desacuerdo, mientras que en las tres condiciones restantes, el Orador 2 tenía solo tres veces más probabilidades de ser juzgado como el ganador del debate.

La quinta pregunta de investigación preguntó si la conducta de fondo del Orador 1 estaba asociada con las percepciones de la audiencia acerca del grado en que el debate fue ganado por cualquiera de los debatientes. El público percibió que el Orador 2 ganó el debate por un margen mayor en la condición de acuerdo y desacuerdo en comparación con el desacuerdo moderado y las condiciones de constante desacuerdo. La condición de la cara de piedra no difirió significativamente de ninguna de las otras condiciones en este análisis.

Para responder a la sexta pregunta de investigación, para probar el efecto del comportamiento no verbal de fondo sobre la credibilidad del hablante, la variación del orador 1 en el comportamiento no verbal de fondo predijo las percepciones de la audiencia sobre su sociabilidad, carácter y adecuación. Las condiciones de desacuerdo moderado y constante se asocian con percepciones de objetividad de la audiencia significativamente más bajas que las condiciones de enfrentamiento y acuerdo más desacuerdo. Sin embargo, las condiciones de cara de piedra y acuerdo más desacuerdo no difieren entre sí. La sociabilidad, el carácter y la idoneidad percibidos están todos asociados positivamente con la objetividad percibida.

Teniendo en cuenta estos resultados concluimos que es desaconsejable expresar demasiados desacuerdos no verbales mientras un oponente tiene la palabra. Los resultados e investigaciones previas indican que una pequeña cantidad de desacuerdos no verbales podría ser aceptable para la mayoría de los miembros de la audiencia, pero el uso frecuente de comportamientos como sacudidas de cabeza, suspiros, y similares empeoran las percepciones de la audiencia sobre la propia credibilidad a lo largo de muchas dimensiones. Peor aún, un desacuerdo no verbal fuerte y frecuente puede aumentar las percepciones de la audiencia sobre algunas dimensiones de la credibilidad del oponente. También encontramos que agregar algunas expresiones de acuerdo no verbales al tiempo que expresaba desacuerdo no parecía crear una ventaja para el polemista que participaba en tales conductas. De hecho, agregar expresiones de acuerdo no verbal parece ser contraproducente y, en algunos casos, empeorar la reacción de la audiencia hacia el polemista.

La importancia de la empatía y de la comunicación no verbal en las interacciones médico-paciente. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Empathic nonverbal behavior increases ratings of both warmth and competence in a medical context” de los autores Gordon T. Kraft-Todd, Diego A. Reinero, John M. Kelley, Andrea S. Heberlein, Lee Baer y Helen Riess, que analizan si  la importancia de la empatía y del comportamiento no verbal en las interacciones médico-paciente.

En medicina, es fundamental que los médicos demuestren empatía (percibida como calidez) y competencia. Las percepciones de estas cualidades a menudo son intuitivas y se basan en el comportamiento no verbal. Definimos la empatía como una capacidad socioemocional que tiene dos componentes distintos: uno afectivo (la capacidad de compartir las emociones de los demás) y otro cognitivo (la capacidad de comprender las emociones de los demás), pero dado que la empatía es fundamentalmente una habilidad relacional, también es útil comprender la cognición del sujeto. Existe una amplia evidencia de que la empatía (expresada por el sujeto) se percibe (por el objeto) como calidez, por lo tanto, hablamos de empatía y calidez como dos caras de la misma moneda, ya que están funcionalmente vinculadas en el contexto de la interacción social. La empatía es particularmente importante en el contexto de la medicina, donde la evidencia sugiere que está relacionada con numerosos resultados que incluyen una mayor satisfacción del paciente, buena relación con el paciente, mayor adherencia al tratamiento, mayor precisión diagnóstica, reducción de los errores médicos y resultados de salud positivos. Los modelos de atención centrados en el paciente o la relación han demostrado una mayor eficacia en el tratamiento y mejores resultados de salud, por lo tanto, se sabe que el comportamiento empático no verbal aumentará las percepciones de la calidez y la competencia de los médicos.

En el presente estudio, se evalúa si se producirá una relación de calidez / competencia en respuesta al comportamiento no verbal de los médicos. También se evalúan las interacciones del género participante con variables independientes, ya que los hallazgos previos han indicado diferencias de género en los juicios de calidez y competencia. Específicamente, aunque hombres y mujeres juzgan que los rasgos relacionados con la calidez son más importantes que los rasgos relacionados con la competencia en la formación de impresiones de los demás, las mujeres juzgan la importancia relativa de los rasgos relacionados con la calidez de una forma significativamente más importante que los hombres. Existe un estereotipo de rol de género en el que las mujeres son más cálidas que los hombres, y estos hallazgos podrían explicarse parcialmente por las mujeres que internalizan este estereotipo que se transfiere a su percepción de los demás. Finalmente, el estudio que analizamos pretende comprobar que cualquier efecto que se encuentre en el estudio no esté impulsado por el estado de ánimo, evitando que las manipulaciones pusieran a los participantes en un estado de ánimo positivo o negativo, lo que luego influiría en sus percepciones de los médicos. Por lo tanto, se incluye el estado de ánimo de los participantes como una covariable en los  análisis para asegurar que las calificaciones de los clínicos de los participantes sean atribuibles a las manipulaciones propias del estudio.

En el estudio participaron 1,377 participantes estadounidenses (60% mujeres, 80% blancos, edad media 36 años, rango 18-80) como pacientes análogos en un estudio en línea que requiere 7 minutos de tiempo. Los participantes fueron asignados aleatoriamente a 1 de 4 condiciones en un diseño factorial. Este estudio se ejecutó en 2 carreras; en la primera carrera (N = 194), no se manipuló la variable “bata blanca” (variable para estudiar la competencia percibida con tan solo ver la bata blanca del médico), por lo que los sujetos fueron asignados aleatoriamente a una de estas 2 condiciones: empático, o comportamiento no verbal no empático (los médicos usaban la bata blanca en ambas condiciones). En la segunda carrera (N = 1,177), se usó la variable de la bata blanca, por lo que los sujetos fueron asignados aleatoriamente a 1 de 4 condiciones en los 2 completos (empatía ó Comportamiento no verbal no empático) x 2 (bata blanca o No bata blanca).

Los participantes vieron una serie de 6 fotografías de médicos hombres o mujeres (asignados aleatoriamente) que mostraban diversos comportamientos no verbales que eran empáticos o no empáticos. Cada fotografía se combinó con 2 líneas de una conversación con guión de paciente y médico (todos los participantes vieron el mismo guion), y se les pidió a los participantes que imaginaran que eran el paciente. En la condición empática, cada fotografía representaba al mismo médico que mostraba diversos comportamientos no verbales implicados en la empatía del médico (contacto visual, nivel de ojos médico-paciente igual, sin barrera física, postura abierta, tacto y expresión facial preocupada). En la condición no empática, el mismo médico mostró comportamientos no verbales opuestos (sin contacto visual, nivel desigual de los ojos, barrera física, postura cerrada, ausencia de contacto y expresión facial despreocupada). En la condición de bata blanca, cada fotografía representaba al mismo médico con una bata blanca sobre la ropa, mientras que en la condición de no bata blanca, simplemente se quitó la bata blanca. Todas las escenas progresaron automáticamente en 3 fases: solo fotografía (2 segundos); fotografía y guión (6 segundos); fotografía solamente (2 segundos). Esta progresión permitió a los participantes enfocarse en la imagen y los comportamientos no verbales mostrados por el médico al mismo tiempo que incorporaba el contenido de la comunicación verbal. Después de ver las 6 escenas en la interacción, los participantes completaron 3 escalas de calificación en orden aleatorio para evaluar su estado de ánimo actual, las percepciones de empatía clínica y las percepciones de calidez y competencia del médico. Finalmente, los participantes completaron varias medidas demográficas. Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto a la relación entre las calificaciones de los participantes sobre empatía, calidez y competencia de los médicos

Se evaluaron las correlaciones entre las puntuaciones de empatía, calidez y competencia de los participantes , y se encontró que existía una fuerte correlación entre calidez y empatía, calidez y competencia, y competencia y empatía.

En la evaluación de calificaciones de los participantes sobre la empatía de los médicos.

Ajustándonos al estado de ánimo, encontramos un efecto principal significativo del comportamiento no verbal en las puntuaciones de empatía, de modo que los participantes calificaron a los médicos que muestran una conducta empática no verbal como más empáticos que los médicos que muestran comportamiento no verbal no empático. También hubo un efecto principal significativo, aunque muy pequeño, del género del sujeto, de modo que los participantes masculinos calificaron a los médicos en ambas condiciones como más empáticos  que las participantes femeninas. Hubo una interacción marginalmente significativa de la conducta no verbal con el sexo del participante de manera que en la condición no empática, las mujeres percibieron a los médicos como menos empáticos que los hombres.

El estado de ánimo positivo fue una covariable significativa de estos efectos, de modo que el estado anímico positivo más alto se asoció con puntuaciones más altas de empatía médica. El estado de ánimo negativo no fue una covariable significativa de estos efectos, y no hubo asociación del estado de ánimo negativo con las puntuaciones de empatía del médico.

Evaluación sobre las calificaciones de los participantes sobre la calidez de los médicos

Ajustando el estado de ánimo, encontramos un efecto principal significativo de la conducta no verbal en las calificaciones de calidez, de modo que los participantes calificaron a los médicos que muestran comportamiento empático no verbal como más cálido que los médicos que muestran comportamiento no verbal no empático. También encontramos una interacción significativa del comportamiento no verbal con el sexo del participante de manera que en la condición no empática, las mujeres perciben a los médicos como menos cálidos que los hombres. El estado de ánimo positivo y negativo fueron ambas covariables significativas de estos efectos, tales que un estado positivo más alto se asoció con puntuaciones más altas de calidez por parte del médico, y un estado de ánimo negativo más alto se asoció con calificaciones más bajas de calidez del médico.

Calificaciones de los participantes sobre la competencia del médico

Ajustando por el estado de ánimo, hubo un efecto principal significativo del comportamiento no verbal en las calificaciones de competencia, de modo que los participantes calificaron a los médicos que muestran comportamiento empático no verbal como más competentes que los médicos que muestran comportamiento no verbal no empático. El estado de ánimo positivo y negativo también fueron covariables significativas de estos efectos, tales que un estado positivo más alto se asoció con mayores calificaciones de competencia del médico, y un estado de ánimo negativo más alto se asoció con calificaciones más bajas de la competencia del médico.

Analizando por tanto todos estos resultados, se proporciona evidencia de que los comportamientos empáticos no verbales aumentan las percepciones del paciente sobre la empatía, la calidez y la competencia del médico, independientemente de si el clínico usa una bata blanca o no. Además, este efecto no se puede atribuir al estado de ánimo y puede ser más fuerte para las mujeres. De acuerdo con investigaciones previas que muestran que la empatía se percibe como calidez, encontramos que las conductas no verbales empáticas aumentan las percepciones de calidez del paciente. Hay que tener en cuenta además que el estado de ánimo fue una covariable significativa de las puntuaciones de empatía, calidez y competencia.

Esto puede servir para reflexionar y pensar en la posibilidad de incorporar la formación empática no verbal en la educación médica. El entrenamiento de empatía no solo es posible, sino práctico, tanto porque los terceros pagadores como los Centros de Servicios de Medicare y Medicaid enfatizan cada vez más los puntajes de satisfacción del paciente para el reembolso y también porque la relación paciente-médico tiene un efecto positivo en los resultados médicos. El entrenamiento empático puede incluso contribuir a un mejor cuidado intercultural, ya que el sesgo implícito contra las minorías puede comunicarse de forma no verbal. Dadas las importantes consecuencias de la empatía de los médicos, es importante que los médicos aprendan cómo el comportamiento no verbal contribuye a la comunicación empática y la utilicen como otra herramienta para mejorar la salud emocional y física de sus pacientes.