Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: mayo 2017

¿Quién miente mejor? Psicopatía vs inteligencia emocional. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Would I lie to you? ‘‘leakage’’ in deceptive facial expressions relates to psychopathy and emotional intelligence”, de los autores Stephen Porter, Leanne ten Brinke, Alysha Baker y Brendan Wallace, de la Universidad de British Columbia (Canadá), que estudian cómo influye la inteligencia emocional y la psicopatía en la expresión de emociones falsas.

No es extraño que las personas oculten la expresión facial de sus verdaderas emociones, ya sea con buenas o malas intenciones. Llamamos a esto engaño emocional y puede suceder de tres maneras: simulando una expresión emocional en ausencia de cualquier emoción real, enmascarando una emoción (es decir, remplazando la emoción sentida por otra diferente), o neutralizando una expresión (lo que implica ocultar la emoción real tras una cara neutra). La investigación ha demostrado que el engaño emocional es detectable: por ejemplo, en el caso de las sonrisas Duchenne y las sonrisas falsas encontramos que ciertos músculos no pueden ser activados intencionalmente sin ausencia de una emoción genuina o, por el contrario, que no pueden ser suprimidos en presencia de una emoción particularmente potente (a lo que llamamos “fuga emocional”).

Hay poco estudiado sobre las diferencias individuales en las habilidades de engaño emocional, pero los investigadores sugieren la hipótesis de que la experiencia en la comunicación emocional sería influyente en esta habilidad. Por tanto, encontraríamos diferencias en las personas con inteligencia emocional (IE) y en psicópatas.

Por un lado, la primera hipótesis sería que, dado que los individuos con altos niveles de IE tienen la capacidad de percibir emociones en los demás, también se espera que tengan una mayor capacidad para controlar sus propias emociones (por ejemplo, mostrar una convincente sonrisa falsa); por tanto, mostrarán una mayor competencia para el engaño emocional.

Por otro lado, los psicópatas parecen ser camaleones de las emociones y usan sus habilidades de actuación para manipular a otros de manera efectiva en diversos contextos interpersonales. Debido a la falta de emociones reales, podemos encontrar menos “fugas emocionales” en ellos durante una exhibición emocional falsa. Por ello, la segunda hipótesis sería que los psicópatas tienen más facilidad para controlar sus expresiones emocionales durante el engaño.

Así pues, aunque la inteligencia emocional y la psicopatía están inversamente relacionadas y reflejan dos extremos opuestos del continuo afectivo, esperamos que ambos sean eficaces como mentirosos emocionales pero por las razones opuestas.

Para probar estas hipótesis se contó con 100 participantes (25 varones y 75 mujeres) que proporcionaron las expresiones emocionales genuinas y falsas, y otros 27 voluntarios fueron los encargados de evaluarlas en tiempo real. Para provocar las emociones se utilizaron imágenes del Sistema Internacional de Imágenes Afectivas, que son imágenes que han sido evaluadas sobre qué tipo de emoción (entre otras cosas) provocan en la mayoría de la gente. Las emociones que se buscaron fueron principalmente tristeza, enfado, miedo, felicidad o neutra. Se les fueron mostrando las imágenes durante 5 segundos, dejando entre imagen e imagen 5 segundos de descanso para volver a una cara neutra. Previamente se les había instruido sobre cómo debían reaccionar a cada foto: expresar una emoción genuina, expresar una emoción falsa, neutralizar una emoción o enmascararla por otra. Realizaron además un cuestionario de inteligencia emocional.

Como resultado, encontramos que los individuos con alta inteligencia emocional tienen un mayor control de sus propias expresiones y mostraban emociones falsas más convincentes que otros y durante más tiempo. Sin embargo, esa capacidad no evitó las fugas emocionales: aunque eran mejores simuladores no eran mejores en ocultar lo que de verdad sentían. De hecho, los participantes que puntuaron alto en el factor de bienestar mostraron una fuga más larga durante las emociones genuinas y las engañosas, probablemente relacionadas con la felicidad (es decir, sonrisa incontrolada).

Por otro lado, se encontró que los psicópatas muestran menos fugas emocionales durante las expresiones emocionales falsas. Sin embargo, no todas las facetas de la psicopatía están asociadas con el engaño emocional competente: La impulsividad se relacionó con el aumento de las fugas emocionales durante el engaño. Estos resultados sugieren que facetas específicas de la psicopatía se asocian con la competencia en la experiencia afectiva, incluyendo el engaño emocional, en lugar de la totalidad de la construcción psicopatía.

Sin embargo, aunque los participantes emocionalmente inteligentes y psicópatas mostraron emociones particularmente convincentes, no engañaron a jueces externos con más frecuencia que otros participantes. Este resultado nulo puede estar relacionado con las escasas tasas de exactitud de los detectores de engaño y su falta de conocimiento empíricamente válido sobre las señales de la mentira. Así, mientras que los mentirosos emocionalmente inteligentes o psicópatas pueden ser particularmente convincentes para el ojo entrenado, los observadores ingenuos pasan por alto estas señales y continúan tomando conjeturas infundadas sobre la credibilidad.

El impacto del lenguaje no verbal en la enseñanza. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The impact of the teachers’ non-verbal communication on success in teaching”, de los autores Fatemeh Bambaeeroo y Nasrin Shokrpour, de la Universidad de Shiraz (Irán), que evalúan la influencia positiva del lenguaje no verbal de los profesores en la enseñanza.

La comunicación es un pilar esencial en el desarrollo social, pero es especialmente importante en los profesionales de la enseñanza. Un buen profesor ha de tener la capacidad de comunicarse de forma efectiva con sus estudiantes, de lo contrario, por muy competente que sea en su campo, no logrará enseñar de forma satisfactoria. La comunicación no verbal es a menudo más sutil y eficaz que la comunicación verbal, y puede llegar a transmitir el significado mejor que las propias palabras. Por ejemplo, una sonrisa genuina explicita los sentimientos mejor que cualquier explicación sobre la felicidad. Por tanto, esta conversación silenciosa es de gran importancia en las interacciones cotidianas e influye en nuestros encuentros sociales y profesionales.

De acuerdo con los estudios realizados, la mayor parte de la información se transfiere a través de la compleja combinación de la postura, la prosodia, la proxémica, los gestos y las expresiones faciales. Por otro lado, el efecto de la mayor parte del lenguaje corporal actúa a nivel inconsciente del destinatario, es decir, el destinatario recibe los profundos efectos de la emisión pero sin ser consciente de ello. Por lo tanto, las personas que tienen la capacidad de utilizar estas habilidades tienen el potencial para guiar a otros en una dirección particular para lograr sus objetivos, y precisamente por esta razón la mayoría de las interacciones humanas implican la comunicación no verbal. El lenguaje corporal tiene el poder de transferir las actitudes y sentimientos de las personas a los demás y en muchos casos puede ser incluso más eficaz que los mensajes verbales.

En el campo de la enseñanza, sin duda una de las principales características de los buenos maestros es buena habilidad de comunicación en el aula: La administración del aula y la resolución constructiva de conflictos en ella requieren buenas habilidades de comunicación, siendo fundamentales las habilidades no verbales. Mediante un buen uso del lenguaje no verbal, los profesores pueden desempeñar un papel importante en el éxito de sus estudiantes. A través del uso de un lenguaje no verbal, los maestros llaman la atención de los estudiantes a una mayor comprensión y motivan a los estudiantes e incluso logran conectar con los estudiantes aburridos.

El lenguaje no verbal de los profesores puede ser eficaz si los estudiantes pueden ver al maestro en lugar de que éste esté oculto tras una mesa o de cara a la pizarra dándoles la espalda. El mejor lugar para el profesor en clase está de pie cerca de su mesa y donde todos los estudiantes puedan verlo. No debe poner las manos en los bolsillos, ya que esto limita su movimiento y expresividad. Dejar las manos libres indica la disposición de los maestros para comunicarse con sus estudiantes. No hace falta que se quede estático en su sitio, pero si siempre cambia su lugar físicamente en la clase el foco atencional de los alumnos se reducirá y el proceso de aprendizaje no procederá. Otro punto importante es que el maestro debe mirar a los estudiantes individualmente. De lo contrario, los estudiantes tendrán la impresión de que el profesor les está haciendo caso omiso, por lo que el efecto de mirar al público individualmente es innegable.

La forma correcta de abordar al estudiante es que el maestro no debe apuntar al estudiante con el dedo cuando se le hace una pregunta porque el estudiante puede sentir ansiedad en este caso. No olvidemos que señalar, dentro del lenguaje no verbal, parece una acusación. El mejor método es que el profesor se acerque un poco al estudiante, le mire directamente y le señale con la mano abierta, como una invitación a contestar.

Tras una revisión sobre distintos artículos que evalúan el éxito académico y la motivación para aprender en relación al lenguaje no verbal de los profesores con sus alumnos se encontró una evidente relación positiva entre ambos factores. ¿Y acaso no es obvio? Ni el más motivado de los alumnos soportaría varias horas escuchando a alguien que no le mira a los ojos, que habla desganado y sin pasión, que no le hace partícipe o le haga sentir acusado o intimidado cada vez que participa en clase. Un apropiado lenguaje no verbal es esencial para cualquier comunicación y el aprendizaje es uno de los procesos comunicativos más importantes.

¿Salud o inteligencia? La elección de un líder según sus rasgos faciales. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “A face for all seasons: searching for context-specific leadership traits and discovering a general preference for perceived health”, de los autores Brian R. Spisak, Nancy M. Blaker, Carmen E. Lefevre, Fhionna R. Moore y Kleis F. B. Krebbers, de la Universidad de Amsterdam, que estudian la preferencia por rasgos faciales saludables antes que intelectuales en la elección de un líder.

Nuestra cara muestra una cantidad significativa de datos que los demás pueden leer incluso a nivel subconsciente. Por ejemplo, altos niveles de estrógeno se asocian tanto con una cara más femenina como con comportamientos más amigables, de manera que cuando buscamos personas amistosas inconscientemente buscamos ese tipo de señales en los demás.

Una de las utilidades de evaluar los rasgos faciales es la elección de un líder. A todos nos gusta ver fotos de nuestros políticos, sentir la confianza que transmiten unos y otros y evaluamos aspectos de ellos que ni siquiera sabríamos explicar pero que tenemos bien aprendidos. El rostro puede darnos información de la aptitud genética y de rasgos del carácter y otros experimentos ya han mostrado que la simple exposición a una fotografía permite evaluar el liderazgo de una persona por encima del azar. Estos resultados se repitieron con niños de tan sólo cinco años, una edad en la que se tiene total ignorancia de conocimiento político o de liderazgo, por lo que estos estereotipos por los que juzgamos a los demás parecen tener que ver con un sesgo cognitivo más instintivo y menos relacionado con el aprendizaje.

Saber elegir adecuadamente un líder aumenta la eficiencia y eficacia de la acción colectiva, mientras que elegir mal puede obstaculizar seriamente el progreso del grupo. Es por ello que en el siguiente experimento se evaluó la forma de valorar a un líder en función de distintos aspectos faciales y situaciones de cooperación y competición, en un intento de aumentar el conocimiento sobre el liderazgo y la elección de líderes.

Para este estudio se contó con 148 participantes (79 hombres y 69 mujeres) con una media de edad de 33 años, que completaron el experimento de manera online. El diseño consistía en hacerles imaginar que estaban eligiendo al nuevo CEO de una empresa y para ello debían evaluar varias caras de hombre en función de la salud percibida, la inteligencia, la masculinidad y el atractivo en diversas situaciones (de competición o de cooperación, entre otras).

Los resultados mostraron que las caras saludables frente a las no saludables, también eran más vistas como inteligentes, atractivas y masculinas, a pesar de ser la misma cara con pequeñas modificaciones. Ocurría lo mismo con las caras más y menos inteligentes, salvo en la masculinidad, donde ser muy inteligente se veía como poco masculino. Pero a la hora de elegir, los participantes anteponían que su líder fuera saludable antes que inteligente independientemente del contexto.

Es posible que estos resultados muestren un sesgo subconsciente de aquella época en la que un líder saludable equivalía a un líder fuerte y era el factor físico lo más importante para el éxito de la especie. Sin embargo, ahora se traduce en interés por los políticos que dedican tiempo y esfuerzo a cuidar su aspecto. Al parecer aún nos queda mucho que evolucionar para empezar a dar importancia a la mente de nuestro líder por encima de su fuerza o su belleza.

Control facial durante una situación de engaño. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Executing Facial Control During Deception Situations”, de los autores Carolyn M. Hurley y Mark G. Frank, de la Universidad de Buffalo (EEUU), que estudian si se pueden controlar las facciones durante una mentira para evitar ser detectados.

El engaño es parte de nuestro día a día. Mentimos a la mayoría de las personas para suavizar nuestras interacciones sociales y la cortesía dicta que no debemos tratar de detectar esas mentiras para no avergonzar a nuestro interlocutor ni alterar el funcionamiento social. Si preguntamos a un amigo si le gusta nuestro nuevo peinado o si le cae bien nuestra nueva pareja, sea lo que sea que piense en realidad, las normas sociales dictan que responderá que sí y nosotros haremos por creérnoslo. Pero no son estas mentiras las que nos preocupan y nos traen aquí, sino aquellas más raras y a su vez más peligrosas, las que tienen intenciones hostiles y se producen en escenarios de riesgo.

A día de hoy, la gente se interesa por estos temas más que antes y podemos encontrarlos incluso en el cine y las series exagerados y llenos de desinformación. Sin embargo, si en algo han acertado es que vigilar la cara es una de las formas más comunes de buscar mentiras. Así pues, nuestra preocupación ahora es otra muy distinta. ¿Si cualquier persona tiene a mano las técnicas de detección de la mentira no generará eso mejores mentirosos? Es por ello que estos investigadores trataron de evaluar si las personas son capaces de ejecutar con éxito contramedidas de control facial para evitar ser detectados mintiendo.

Los participantes fueron 33 mujeres y 27 hombres de unos 20 años y estudios universitarios. El experimento consistía en crear una falsa “escena del crimen”: se interrogaría a todos los participantes sobre el robo de unas entradas de cine. A los participantes que aleatoriamente se les había asignado decir la verdad se les daría una de las entradas si lograban convencer de su inocencia a los interrogadores. A los mentirosos se les darían dos si lograban engañarles y fingían su inocencia. En ambos casos, se les “amenazó” con rellenar largos y tediosos cuestionarios como castigo si fallaban y no conseguirían las entradas. Del 0 al 10, los participantes valoraron el castigo con un 5 (castigo moderado), aunque en realidad fue una estrategia para motivarles y nadie tuvo que hacerlo aunque fracasara, llevándose la entrada de cine igualmente como agradecimiento por la participación.

Dentro de cada grupo (sinceros y mentirosos), se dividieron en tres subgrupos: a uno se le indicó antes del interrogatorio que no sonrieran, ya que el interrogador lo detectaría como signo de estar mintiendo. A otro tercio se le indicó que lo que no debían era levantar las cejas, por el mismo motivo. Al tercio restante no se le dio ninguna indicación para usarlos de grupo control. Después de estas instrucciones, los que estaban en la categoría “mentirosos” cogieron las entradas y se las escondieron. Posteriormente se les interrogaba en una sala con cámaras de vídeo donde se les hicieron varias preguntas, algunas relacionadas con las entradas y otras no.

Los resultados mostraron que las expresiones podían suprimirse pero sólo parcialmente. Por un lado, encontraron que suprimir la sonrisa era mucho más fácil que controlar las cejas ya que es un movimiento mucho más involuntario. Sin embargo, a pesar de las instrucciones todos mostraron la conducta que se les había pedido que no mostraran al menos una vez. Los sinceros eran capaces de controlar el movimiento de sus cejas mejor que los mentirosos, pero curiosamente cuando se pedía la supresión de este movimiento se conseguía colateralmente que se redujeran también las sonrisas. Es posible que esto se debiera a que controlar las facciones a la vez que se desarrollan las mentiras es un esfuerzo cognitivo extra y para reducir esfuerzos el cerebro simplifica la orden a minimizar la expresión facial a nivel general en vez de por zonas, resultando en una cara de póker poco expresiva. Aunque, sorprendentemente, todos los mentirosos creyeron conseguir controlar su expresión sin fallos a pesar de que ninguno lo logró del todo.

Es, por tanto, de gran importancia vigilar si nuestro interlocutor parece estar conteniendo su expresividad dado que sería una pista de que está tratando de luchar contra los tics que le pondrían en evidencia como mentiroso. Sin embargo, no debemos dejar de tener en cuenta que cada día es más fácil mentir ya que la información sobre cómo detectar mentiras está al alcance de la mano de cualquiera. ¿Qué habrían sido capaces de lograr en el experimento si hubieran podido ensayar un poco o ser específicamente entrenados para suprimir esos tics?

Respuesta adaptativa a la exclusión social: La detección de sonrisas sinceras. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Adaptive Responses to Social Exclusion: Social Rejection Improves Detection of Real and Fake Smiles”, de los autores Michael J. Bernstein, Steven G. Young, Christina M. Brown, Donald F. Sacco y Heather M. Claypool, de la Universidad de Miami, que estudian cómo las personas excluidas socialmente detectan mejor las sonrisas verdaderas.

Evolutivamente, estar excluido de la manada implica numerosas amenazas inmediatas y a largo plazo. En consecuencia, los seres gregarios somos especialmente sensibles a las señales que indican un potencial rechazo de nuestros iguales. No es raro que la gente con alta necesidad de pertenencia sean muchos mejores en analizar el lenguaje no verbal de los que les rodean por esta razón, y aquellos mejor insertados en la sociedad tienen una mejor memoria para la información social que los más marginados. En ambos casos, los individuos que temen o sufren el rechazo social muestran mucha atención a estas señales no verbales.

Un importante indicador de señales sociales es la expresión facial de las emociones. Una sonrisa auténtica y sincera, conocida como sonrisa Duchenne, es indicativa de actitudes de cooperación y afiliación. Mientras que las sonrisas sociales o falsas, las no Duchenne, puede servir para enmascarar emociones negativas. La capacidad de identificar y discriminar ambos tipos de sonrisa puede servir a las personas poco incluidas socialmente a afiliarse de nuevo al grupo.

Anteriores investigaciones ya han demostrado que los individuos con más necesidad de pertenencia son más exactos discriminando emociones (por ejemplo, entre felicidad e ira), pero ninguna investigación ha evaluado el alcance de esa capacidad. La hipótesis de este estudio era que ser capaz de identificar la categoría emocional cualitativa de un despliegue facial es de gran importancia para los individuos socialmente excluidos, puesto que distinguir las emociones reales de las falsas parece especialmente importante para asegurar que los esfuerzos de reafiliación se distribuyen al máximo hacia las personas que muestran señales de que desean interactuar y relacionarse. Por tanto, los individuos rechazados mostrarían una mayor capacidad de discriminación entre sonrisas reales y falsas, presumiblemente porque están más en sintonía que otros a sutiles señales sociales.

Treinta y dos estudiantes (17 mujeres, 15 hombres) participaron en el estudio. Eran asignados aleatoriamente a condiciones de inclusión social, exclusión social o grupo control. Luego se les mostró caras que exhibían sonrisas Duchenne o no Duchenne y se les pidió que decidieran si cada una de ellas era “real” o “falsa”. Para manipular el estatus social se utilizó una técnica consistente en hacerles rememorar y escribir acerca de una situación pasada en la que se sintieron aceptados (para los de inclusión social), rechazados (para los de exclusión) o sobre el día de antes de acudir al experimento (grupo sin manipulación social).

Los resultados mostraron que los individuos socialmente rechazados tienen una capacidad mejorada para determinar si la expresión facial “feliz” de un individuo es genuina o falsa. Esto sugiere que la motivación para sentirse parte del grupo de nuevo aumenta la sensibilidad de los que se sienten rechazados para detectar las señales que indican oportunidad de afiliación. Además se vio que no afectaba a la sensibilidad el sexo ni de los que sonreían ni de los observadores.

En conclusión, el rechazo social aumenta nuestra sensibilidad perceptiva hacia las oportunidades de reintegrarnos en el grupo. Como animales sociales que somos, tiene sentido que sentirnos aislados nos mueva a buscar en los demás señales que indiquen posibilidad de reconectar, de lo contrario perderíamos esas oportunidades de adaptarnos de nuevo a la sociedad. Sería interesante ampliar este estudio al análisis de otras emociones y otro tipo de situaciones.