Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: junio 2013

¿Existen los expertos “naturales” en detectar mentiras? Club del Lenguaje no Verbal.

Lies-and-TruthEstimados miembros y lectores del Club del Lenguaje no Verbal. Les presentamos hoy un artículo que resume la interesante investigación llevada a cabo en la Universidad de  Winston-Salem por el científico Gary D. Bond. El autor no plantea inicialmente el animado debate existente entre Bond y Uysal (2007, Law and Human Behavior, 31, 109-115) y O’Sullivan (2007, Law and Human Behavior, 31, 117-123) referido a la existencia o no existencia de expertos en detección del engaño. Los profesionales que participan en las diferentes etapas del proceso judicial entienden que el engaño se produce, con frecuencia, en múltiples situaciones dentro de este contexto (Stro ¨ MWall y Granhag 2004). La investigación que les presentamos se realizó con presos, los cuales, informalmente, señalaron que los agentes de policía, abogados, funcionarios de prisiones, y otros prisioneros les mentían con bastante frecuencia. Por lo tanto, el contexto forense es un lugar único para estudiar el engaño y su detección a muchos niveles y desde múltiples perspectivas, siendo especialmente importante para el proceso judicial la detección de mentiras en los interrogatorios efectuados por los profesionales de este campo. Hay informes de que algunas personas, concretamente, profesionales encargados de hacer cumplir la ley, poseen una mayor precisión en la detección de engaño (Ekman y O’Sullivan 1991), y algunos incluso pueden ser designados como expertos o” magos” de detección debido a sus habilidades extraordinarias (O’Sullivan y Ekman 2004).

En la investigación se llevaron a cabo dos experimentos cuyos objetivos eran (a) la identificación de expertos en la detección del engaño mediante evaluaciones forenses, y (b) el estudio de su comportamiento de detección mediante el proceso del seguimiento del movimiento ocular.

En el Experimento 1, se presentaron a un grupo de estudiantes universitarios (122 estudiantes) y a 112 miembros de las fuerzas del orden estadounidenses (policías, funcionarios federales de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), de la Oficina Federal de Investigaciones (FBI), de la Oficina de Asuntos Indígenas (BIA), y de la Patrulla Fronteriza) las declaraciones grabadas en vídeo de delincuentes en libertad condicional que mentían y decían la verdad en cuatro condiciones: 1) en un interrogatorio en relación con un crimen simulado, 2) en preguntas acerca de su historial laboral en un entrevista de trabajo, 3) en sus relatos referidos a personas que tuvieron un impacto positivo o negativo en sus vidas, y 4)  en sus descripciones a vídeos que habían visto. Los resultados de este experimento mostraron que sólo 11 personas anotaron el 80% o más en la detección de la verdad y el engaño en los mensajes producidos por los delincuentes en libertad condicional. Estas personas se clasificaron como expertos, siendo todos ellos miembros del grupo de las fuerzas del orden.

En  el Experimento 2, participaron sólo 8 de los 11 personas que obtuvieron calificaciones superiores al 80% de precisión y 8 estudiantes que habían alcanzado tasas de precisión de al menos un 37,5%. En este experimento  se analizó el proceso de toma de decisiones de  detección de los participantes, su  precisión, tiempos de reacción, donde miraban en el momento de la decisión, y las señales de comportamiento  que utilizaron para tomar decisiones. Finalizado el experimento dos personas consiguieron superar la tasa del 80%, alcanzando una tasa de precisión del 90%. Estos expertos fueron dos mujeres de 28 y 30 años funcionarias de la Oficina de Asuntos Indígenas (BIA). Los expertos suelen rápidamente  integrar la información obtenida del comportamiento observado para llegar a una conclusión  de veracidad, porque se fijan de inmediato en estas pistas emitidas por el mentiroso (Charness et al. 2001). Por el contrario, los observadores menos experimentados requieren más información sensorial para alcanzar  una representación general de la escena observada  (Abernathy 1990). Efectivamente, los expertos fueron significativamente más rápidos que los estudiantes en la toma de decisiones, medida por el tiempo de reacción. También era importante distinguir la ubicación exacta  del área de la cara o del cuerpo en que el experto se fijaba en el momento preciso  en que emitía su juicio de ”Verdad” o ” Mentira”. Esta cuestión se examinó mediante  el análisis de seguimiento del movimiento ocular utilizando el visor de datos EyeLink II. Una de las dos expertas que alcanzaron una tasa de reconocimiento por encima del 80% miró más en el área de la cara, mientras que la otra se fijó en el área del brazo/torso a la hora de tomar su decisión.

Finalmente, para analizar las señales de comportamiento se pidió a los participantes decir en voz alta todo lo que pensaban mientras veían los vídeos de los delincuentes. Cada frase fue  transcrita y  codificada en (a) señales paralingüísticas  según su definición en la investigación de Kasl y Mahl (1965) y de DePaulo et al. (1982) (por ejemplo, repeticiones, pausas, frase incompletos), (b) señales verbales o del contenido del mensaje (por ejemplo., inconsistencias, contradicciones, verosimilitud), (c) señales no verbales, tales como los movimientos, la mirada, la expresión facial, la postura, etc. y (d) señales intuitivas que eran informes de los sentimientos, las reacciones viscerales y de los sentimientos instintivos. La comunicación de señales paralingüísticas y verbales fue superior en los estudiantes que en los expertos, respecto a las señales intuitivas no se encontraron diferencias, y dónde si se fijaron más los expertos fue en las señales no verbales, las cuales observaron para tomar decisiones rápidas y precisas.

Aunque los métodos, estímulos, y los criterios empleados para detectar expertos en esta investigación son diferentes de los utilizados por la investigación de O’Sullivan y Ekman (2004), los resultados de este estudio también parecen indicar que hay algunas personas que se pueden calificar como “expertos en detección de mentiras”.

¿Te arriesgas? Tu comunicación no verbal desvela tu tendencia al riesgo. Club del Lenguaje no Verbal.

confianza-y-seguridad-estudioLes presentamos hoy un estudio realizado por Wesley G. Moons, Anne E. Kalomiris, Michael K. Rizk (University of California) y Jennifer R. Spoor (La Trobe University, Melbourne). En él, los autores nos ofrecen una interesante investigación cientifica llevada a cabo con el objetivo de relacionar la seguridad de una persona (expresada verbal y no verbalmente) con la tendencia a asumir riesgos.

 Los miembros de los Consejos de Administración de las grandes empresas infieren la cantidad de dinero, que  los potenciales inversores están dispuestos a arriesgar. Los abogados ofertan pactos basados en  la percepción de la voluntad de la parte contraria de seguir una prueba con un resultado incierto. Los agentes de policía evalúan habitualmente si los sospechosos correrán el riesgo de confrontación. Las personas a menudo tratan de determinar qué cantidad de riesgo está dispuesta a asumir otra persona. Aun cuando esta información no se divulga a propósito, las personas pueden transmitir sin saberlo, su disposición a tomar riesgos, mostrando señales de su nivel de certeza o seguridad.

La certeza está formada por factores disposicionales y situacionales, y ha sido claramente vinculada a la asunción de riesgos (Lerner y Keltner 2001, Watson y Spence 2007). Por ejemplo, la percepción de riesgo está en función de si el evento es percibido como controlable y seguro, por lo que la gente debe percibir que un evento tiene menos riesgo en la medida en que se sientan más seguros. De acuerdo con este razonamiento, la investigación sobre las teorías de las tendencias de valoración sugiere que las emociones generalmente asociadas con niveles más altos de seguridad, tales como la felicidad o la ira, tienden a reducir la percepción del riesgo y a aumentar las preferencias hacia asumir éste. Por el contrario, las experiencias emocionales bajas en la certeza, como el miedo y la ansiedad, tienden a aumentar la percepción de riesgo y a disminuir la asunción de riesgos. Por lo tanto, el grado en que uno se siente seguro y confiado es una manera eficaz de determinar su posterior grado de riesgo. En consecuencia, la transmisión involuntaria de cierto nivel de certeza también podría revelar el deseo de asumir riesgos.

Las señales del nivel de certeza o seguridad de la gente se puede manifestar de dos formas principales: no verbal y verbalmente. Las señales no verbales pueden incluir una serie de comportamientos, incluyendo el tono de voz, la expresión facial y la postura corporal. La información no verbal  se suele transmitir involuntariamente, y es indicativo de las acciones futuras (Fridlund 1994). Las señales verbales, esto es, el lenguaje puede expresar certeza a través de diferentes modalidades. Aunque el contenido del habla puede proporcionar la forma más espontánea y rápida de la información lingüística, el contenido del lenguaje escrito también puede revelar información importante acerca del estado psicológico interno. Por ejemplo, los trastornos psicológicos o emocionales de las personas son a menudo observables en sus obras escritas (Pennebaker et al, 1997;.. Hancock et al 2007). Porque la palabra y el texto pueden transmitir estados internos, la evaluación de la seguridad en ambas formas de lenguaje sería establecer si la relación entre la seguridad y el riesgo es omnipresente a través de las modalidades de comunicación.

El presente estudio examinó si la evaluación subjetiva y objetiva de la seguridad no verbal y lingüística predecía la propensión a la toma de decisiones arriesgadas. Pequeños grupos de participantes discutieron una serie de problemas de riesgo (cursos de acción ante una epidemia y decisión de inversión de fondos comunitarios). Se les pidió que decidieran entre una opción fija con resultados definitivos o una opción más arriesgada con resultados potencialmente mejores, pero también con la posibilidad de peores. Posteriormente, los participantes informaron de su decisión final individual y escribieron un ensayo sobre cómo llegaron a ella. El discurso y el comportamiento no verbal de los participantes durante su interacción, así como el contenido de sus ensayos escritos, fueron evaluados por codificadores no expertos (naïve coders) y por el software de análisis de texto LIWC (Linguistic Inquiry and Word Count; Pennebaker, Booth, y Francis 2007).

El estudio descubrió tres señales de certeza que indican preferencia al riesgo de las personas. En primer lugar, la seguridad y confianza expresada en el comportamiento no verbal predijo la disposición de la gente a tomar riesgos. Los autores no establecen expresiones concretas, simplemente se marcaban como personas seguras a aquellas que los codificadores percibían como tal. En segundo lugar, las palabras  relacionadas y que expresan “seguridad, control, certidumbre, etc.” contenidas en el  discurso de los participantes predijeron decisiones arriesgadas. En tercer lugar, los participantes que usaron palabras que indican certeza en sus relatos escritos también tomaron decisiones más arriesgadas.

Estos resultados constituyen la primera demostración de que el grado de riesgo es revelado por la certeza y seguridad comunicada a través de la conducta no verbal, el habla y la escritura. Estos hallazgos tienen importantes aplicaciones prácticas. La policía puede examinar los beneficios de tales estrategias analíticas. Los psicoterapeutas podrían discretamente evaluar la probabilidad de que sus clientes adopten comportamientos arriesgados y potencialmente dañinos para sí mismos. Los analistas políticos podrían estimar en base a la espontaneidad del habla o escritura la voluntad de asumir riesgos de nuestros dirigentes a partir de muestras de líderes mundiales. Los analistas políticos y económicos, abogados, psicoterapeutas y agentes de policía pueden ahora tener una nueva arma en su arsenal.