Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: febrero 2013

Háptica: el poder del tacto. Club del Lenguaje no Verbal.

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Queremos hoy acercar a los miembros del Club del Lenguaje no Verbal y a los lectores de nuestro blog un término que en los últimos años se está poniendo de moda. Se trata de la háptica, término que toma su fuerza en los últimos tiempos de la mano de la investigación en cibernética y video juegos. Según la entrada añadida a Wikipedia, háptica, estrictamente hablando, significa todo aquello referido al contacto, especialmente cuando éste se usa de manera activa. La palabra no está incluida en el diccionario de la Real Academia Española y proviene del griego háptō (tocar, relativo al tacto). Sin embargo algunos teóricos como Herbert Read han extendido el significado de la palabra ‘háptica’ de manera que con ella hacen alusión por exclusión a todo el conjunto de sensaciones no visuales y no auditivas que experimenta un individuo. La sensación del tacto es de las primeras que se desarrollan en el feto y su posterior evolución a medida que se alcanza la edad adulta depende mucho de otros sentidos tales como la visión. La interacción háptica incluye variables mecánicas, como fuerzas, momentos, dureza, etc. y que proviene de las características físicas de aquello que se toca, pero también de la persona que toca, que percibe.

La percepción háptica es en definitiva el santo grial buscado por las compañías de video juegos. La percepción visual y auditiva parece haber llegado a su máxima expresión pero en el ámbito de la percepción háptica queda un mundo por descubrir. Estas compañías lo saben y por ello están invirtiendo ingentes cantidades para investigar en este sentido.

¿Por qué publicamos este artículo precisamente hoy, en nuestro blog dedicado a la divulgación científica del lenguaje no verbal?

Sencillamente porque acaba de publicarse un interesantísimo artículo que abre la puerta a la explicación neuronal de algo que llevamos años explicando en nuestros cursos de formación: el poder del tacto.

Un artículo publicado hace aproximadamente un mes en la revista científica Nature, recoge la investigación de Sophia Vrontou, Allan M. Wong, Kristofer K. Rau, H. Richard Koerber y David J. Anderson del California Institute of Technology, la University of Louisville y la University of Pittsburgh, en la cual han hallado en ratones las neuronas que detectan las caricias. Los autores comprobaron que estas células promueven un estado de bienestar cuando se activan, en respuesta a las caricias ‘placenteras’. A pesar de los numerosos estudios fisiológicos existentes al respecto, esta es la primera vez que se identifican in vivo neuronas sensoriales que detectan caricias ‘placenteras’. El grupo utilizó un pincel diseñado para simular el tipo de caricias que estos animales pueden sentir, con el cual rozaban sus patas traseras. Los investigadores utilizaron técnicas de imagen de calcio en las proyecciones espinales de las neuronas, para mostrar que un tipo determinado de neuronas, que expresan la proteína MRGPRB4, eran las que respondían al estímulo. Estas células nerviosas carecen de fibras de mielina e inervan exclusivamente la piel con vello a través de grandes ramificaciones que, según el estudio, se asemejan a los campos receptivos de las fibras C humanas.

El trabajo revela que estas neuronas se activan acariciando la piel peluda del animal, pero no ante una estimulación dañina, como puede ser una punzada o un pellizco. Es más, al aplicar esos estímulos nocivos se activan otras neuronas –las que expresan la proteína MRGPRD– que no responden ante las caricias.

Los resultados parecen abrir una puerta para comprender la función de este tipo de neuronas durante los comportamientos naturales,  aunque serán necesarios más estudios para confirmar si existen neuronas con propiedades similares también en humanos.

¿Quién manda aquí? Evaluando el estatus. Club del Lenguaje no Verbal.

lenguaje_no_verbal_estatus2El extracto de la investigación que hoy os presentamos se realizó gracias a las aportaciones de la Fundación Nacional de Ciencia Suiza y al ‘‘Zúrcher Hochschulverein’’ (FAN) y parte de los datos de este trabajo se presentaron en la conferencia anual de “Society for Personality and Social Psychology (SPSP)” en Savannah, GA.

Las autoras Marianne Schmid Mast y Judith A. Hall, estudiaron cómo las personas evaluamos la posición social de los demás y qué mecanismos empleamos en los juicios emitidos al respecto.

En las interacciones sociales constantemente evaluamos a otras personas con respecto a las diferentes características personales y lo hacemos sorprendentemente bien, teniendo en cuenta la poca información disponible (Ambady, Hallahan, y Conner, 1999; Amb-ady, Hallahan, y Rosenthal, 1995; Bernieri & Gillis, 2001; Watson, 1989). Hay pruebas evidentes que muestran que la gente juzga con mayor precisión (por encima del azar) cuando se forman impresiones de características de personalidad de los demás en base a fotografías, videos cortos, o después de haber interactuado con otros (Borkenau y Liebler, 1993; Kenny, Albright, Malloy, y Kashy, 1994; Watson, 1989; Zebrowitz & Collins, 1997).

La gente también es precisa en inferencias acerca de la relación entre dos compañeros que están interactuando. Dentro del dominio de las interacciones interpersonales, uno de los aspectos más importantes es el de la posición social (Gifford, 1991; Wiggins, 1979). Sin embargo, en raras ocasiones se ha estudiado si se nos da bien evaluar las relaciones jerárquicas y la situación social de los demás y cómo nos formamos esas impresiones. El objetivo del presente estudio era ver si la gente puede evaluar la posición social de los demás en un porcentaje superior al azar y conocer los mecanismos implicados a la hora de juzgar este aspecto de las personas.

El estatus social y conceptos relacionados como el ser dominante o el poder se han definido de maneras muy diferentes (Ellyson y Dovidio, 1985). En este artículo, se entiende estatus como una posición de control o influencia sobre otros o bien se refiere a la condición de poseer un acceso privilegiado a recursos restringidos. El estatus es un fenómeno omnipresente. Nuestras relaciones en el lugar de trabajo y en  la sociedad en general se caracterizan por jerarquías (Hofstede, 1991). Bajo una perspectiva etológica humana, las jerarquías son funcionales porque minimizan la agresión intragrupal y hacen que el grupo obtenga más probabilidad de éxito en la realización de tareas (Eibl-Eibesfeldt, 1989; Lorenz, 1966). Se han reconocido a las jerarquías y el estatus como importantes factores en la organización de la conducta interpersonal. Por ejemplo, la gente obedece más a una persona con una posición social más alta que a una persona con un perfil más bajo en la escala social (Larsen, Triplett, Brant, y Langenberg, 1979, Milgram, 1965).

En el plano individual, el ser capaz de juzgar con precisión el estatus conlleva distintas ventajas, como por ejemplo, mejorar la comunicación efectiva o prevenir situaciones sociales embarazosas (por ejemplo, dirigirse de manera inadecuada a una persona de alto estatus). Además, cuando un individuo pretende infiltrarse en un estatus jerárquico más alto al que está acostumbrado, es esencial saber quién está en una escala más alta y quien no lo está con el fin de planificar los movimientos estratégicos más eficaces.

El estatus es un aspecto importante que se encuentra en casi todas las interacciones sociales y hay una gran cantidad de estudios en busca de cuáles son los indicadores que utilizamos para detectarlo. Algunos de estos indicadores son la altura, que parece ser que indica estatus alto (Wilson, 1968), en la mayoría de las culturas la edad se toma como un signo de estatus (Berger, Cohen, y Zelditch, 1972; Mazur, 1985), atraer la mirada de otros se asocia con alto estatus (Chance, 1967), los individuos de rostro aniñado son percibidos como débiles en una escala jerárquica (Zebrowitz y Montepare, 1989), los rostros felices y aquellos que suelen mostrarse enfadados se perciben como dominantes, mientras que los rostros tristes y temerosos todo lo contrario(Montepare y Dobish, 2003), los ojos pequeños son indicadores de dominio en contraste con los ojos grandes (Keating & Doyle, 2002), y la falta de sonrisa se ha visto que es un signo de personas dominantes (Halberstadt y Saitta, 1987;. Keating et al, 1981), por citar sólo algunos de los hallazgos. En suma, la apariencia, unida a señales de comportamiento son importantes al evaluar el estatus en otros.

Por otro lado, en esta investigación se observó que las mujeres puntúan más alto que los hombres en los ítems que evalúan los estados anímicos de los demás, los rasgos de personalidad y las intenciones (Ambady et al, 1995;. Hall, 1984; Rosenthal et al, 1979.). Las mujeres son también más legibles, lo que significa que el nivel de aciertos a la hora de juzgar su estatus es mayor que cuando se juzga a los hombres (Hall, 1984). Esto se explica principalmente por el hecho de que las mujeres son más expresivas (Buck, 1984; Buck, y Barrette, 1982; Hall, 1984).

En el presente trabajo se pretendía aportar pruebas para conocer la capacidad de la gente para evaluar el estatus de los demás y también investigar los mecanismos empleados en la precisión de los juicios elaborados. En concreto, las autoras querían averiguar cómo las personas utilizan ciertas claves conductuales y también la apariencia para evaluar el estatus, y si esta estrategia de evaluación generaba acierto en los juicios. Como era de esperar, se descubrió que la gente pueda evaluar el estatus de otros con una precisión superior al azar.

El buen resultado que mostró esta investigación no sorprende, dado que el estatus probablemente se ha señalado como una dimensión importante en las interacciones sociales desde edades tempranas para la mayoría de nosotros. De este modo, se nos ha enseñado a respetar a las personas que tienen un alto estatus. Además, parece que hay muchas oportunidades a diario (sobre todo en nuestro ambiente de trabajo) para aprender a enjuiciar el estatus y este hecho facilita alcanzar un alto nivel de precisión. Esta oportunidad de aprendizaje constante puede derivar en un refinamiento de nuestras evaluaciones del estatus y finalmente en una mayor precisión.

¿Cuáles son los mecanismos que se ocultan detrás de una certeza tan alta a la hora de juzgar? La única información disponible para los perceptores del estudio fue el comportamiento y la apariencia emitida por los interactuantes. En este estudio, los juicios se realizaron en un ambiente en el que la gente interactuaba en su entorno de trabajo y participaron en las tareas o discusiones por lo que los perceptores contaban con muchas más señales de comportamiento que si hubieran sido fotografías estáticas en las que se estuviera posando. Las autoras descubrieron que el género es un elemento diferenciador, de manera que al juzgar a los hombres, los perceptores en su mayoría se basaron en indicios como la vestimenta y la edad. Sin ambargo, para  juzgar el estatus de las mujeres, las señales de comportamiento parecen ser más importantes que la apariencia física (Horgan, Schmid Mast, Hall, & Carter, 2004). Una posible explicación puede ser que al evaluar mujeres, como  ocupan puestos de dirección hace relativamente poco tiempo debido a su reciente incorporación a la vida laboral, la gente confía menos en señales de apariencia como la vestimenta y se centran más en el comportamiento.

Ser preciso en la evaluación del estatus tiene muchas ventajas. Proporciona ventajas competitivas (por ejemplo, ahorra tiempo a la hora de seleccionar rápidamente a la persona con un estatus alto con la que nos interesa hablar en un momento dado) y facilita la comunicación efectiva y suaviza la interacción social (por ejemplo, saber a quién dirigir una solicitud). La presente investigación aportó pruebas que aseguraban que las personas tenían precisión cuando juzgan el estatus de los demás y también confirmaron que esta capacidad se daba tanto en hombres como en mujeres. Por otra parte, los hallazgos encontrados demuestran que los perceptores se basaron más en señales de comportamiento cuando se evaluaba el estatus de las mujeres y para los hombres se centraban más en señales derivadas de la apariencia (vestimenta formal).

La expresión de las emociones a través del comportamiento no verbal en la relación médico-paciente. Club del Lenguaje no Verbal.

lenguaje_no_verbal_medicopaciente_2El siguiente extracto corresponde a un artículo más extenso publicado en la revista del Departamento de Salud y Gestión de la Universidad de Baltimore, en el año 2005. Los autores resaltan la importancia de rescatar los vínculos emocionales que se generan en la interacción médico-paciente a través de la comunicación no verbal. Afirman que  aunque se ha estudiado mucho menos el comportamiento no verbal que otros procesos asistenciales, las actuales  revisiones sostienen que tiene fuerza en las relaciones  del tratamiento terapéutico y mucha influencia en aspectos como la satisfacción, la adherencia al tratamiento y los resultados clínicos de la atención.

Las relaciones que se establecen entre los médicos y los pacientes incluyen conocimiento y sentimiento: el conocimiento del médico y el que aporta el paciente desde su respectivo ámbito de competencia, y las experiencias del médico y del paciente, así como la expresión y la percepción de las emociones durante el encuentro médico. Estos procesos se transmiten en la atención sanitaria mediante la comunicación verbal y no verbal. En la reflexión que hacen los autores del artículo se resalta que el contexto emocional de la atención está especialmente relacionado con la comunicación no verbal y que las emociones se asocian con habilidades de comunicación.

Hay varias maneras en las que las emociones juegan un papel importante en el proceso de la atención médica. Una de ellas es que los médicos y los pacientes tienen emociones. Están influenciados por las emociones que han experimentado en el pasado, las emociones que experimentan en la interacción actual con los demás, y las emociones que anticipan que ocurrirán en el futuro. Las emociones ejercen una profunda influencia en el comportamiento de la persona que las experimenta, incluidos los actos sociales, la memoria, toma de decisiones, la persuasión, el procesamiento de la información, y actitudes interpersonales. Aunque la mayoría de la investigación realizada en esta área ha sido en contextos fuera del ámbito clínico, un estudio realizado por estudiantes del tercer año de medicina demostró que su estado de ánimo influía en la toma de decisiones médicas así como el esfuerzo y la preocupación que mostraban en el cuidado del paciente.

Debido a que las ciencias puras como la química fueron el centro de atención del paradigma médico en el siglo XX, los historiadores de la medicina moderna han detectado una escasez innegable en la comunicación cara a cara en la atención sanitaria.

Usando los términos de cultura de alto y bajo contexto que acuñó el antropólogo Edward T. Hall, se puede considerar que la medicina ha experimentado un cambio en la naturaleza de su cultura desde un alto a un bajo contexto en el esfuerzo de comunicación.  La comunicación de contexto alto es muy sensible a comportamientos no verbales y a señales ambientales para descifrar el significado, mientras que la comunicación de contexto bajo es verbalmente explícita, con poca dependencia de otros indicadores no verbales.

En la medicina actual ha disminuido la atención que se presta a la emoción y su papel en el proceso de atención sanitaria. La tesis que apoyan los autores es que la relación médico-paciente es un fenómeno de contexto alto en el que la comunicación del conocimiento del experto y sus emociones es primordial. Tanto el médico como el paciente son expertos, aunque los dominios de su experiencia suelen ser muy diferentes. Los médicos son expertos en la técnica y el conocimiento respaldado por su formación. Los pacientes son expertos en su historia y la experiencia de su enfermedad, la personalidad, estilo de vida, valores y expectativas. Según la definición de Beach et al., la relación en la atención sanitaria se basa en varios principios fundamentales: (a) las relaciones en materia de salud deben incluir la personalidad de los participantes, (b) el afecto y la emoción son componentes importantes de las relaciones, y (c) todas las relaciones que se establecen en el ambiente sanitario se dan en un contexto de influencia recíproca.

Teniendo en cuenta que en la atención médica interactúan personas-aunque se produzca en un medio muy especial – se pueden aplicar todos los procesos que caracterizan la interacción en general. Estos incluyen procesos emocionales y cognitivos. Y debido a que las emociones y fenómenos relacionados tales como los deseos, estados de ánimo y los sentimientos pueden ser revelados a través de comportamiento no verbal, éste juega un papel importante en la atención médica.

Atendiendo a esta última consideración, es sorprendente comprobar que el comportamiento no verbal ha recibido una atención  escasa en las publicaciones y los estudios médicos. En un intento de contribuir en esta área, el análisis del artículo se centra en la expresión de las emociones a través del comportamiento no verbal.

La gente juzga con cierta precisión las emociones de los demás basándose en información de comportamiento sorprendentemente insignificante, a menudo llamado “pequeñas porciones de comportamiento”. A veces, estas pequeñas porciones duran 1 segundo, pero principalmente varían de algunos segundos a varios minutos de duración. Existen varias correlaciones de sensibilidad no verbal que son potencialmente relevantes para el proceso de atención médica. Los hallazgos encontrados relacionan el género con un ajuste personal y social más adecuado. Las mujeres juzgan mejor las señales no verbales y son más hábiles en la transmisión de emociones a través del comportamiento no verbal. Es muy probable, entonces, que las mujeres médico presenten mayores niveles de sensibilidad no verbal que los médicos de sexo masculino, y que los médicos menos sensibles al comportamiento no verbal sean menos propensos a sufrir un desgaste profesional.

La importancia de esta investigación reside en su aplicabilidad al mundo cotidiano de los pacientes y los médicos. Los autores sostienen que este trabajo importa porque tiene el potencial de mejorar el proceso pero también los resultados de la atención médica entre pacientes y médicos. La conferencia dedicada a la relación centrada en la atención sanitaria a la que se dedica este número de la revista sugiere que el poder curativo que se genera por medio de la conexión emocional entre los pacientes y los médicos puede proporcionar significado y fuerza a la relación terapéutica. Tal vez el más importante de los retos del futuro está en traducir eficazmente lo que se aprende sobre la optimización de las relaciones de atención a la práctica diaria y la rutina de la medicina.