Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: marzo 2012

La expresión facial y las redes sociales

Estimados amigos del Club del Lenguaje no Verbal. En esta ocasión, nos hacemos eco de la investigación llevada a cabo por Piortr Szarota del Instituto de Psicología de la Academia de Ciencias de Polonia. El autor analiza las diferencias interculturales en la preferencia por poner como fotografía en las redes sociales una expresión de alegría frente a la preferencia de poner una expresión de seriedad. Para ello, analiza 2000 fotografías de 10 países diferentes, las cuales fueron publicadas en Windows Live Messenger. Estudios anteriores a esta investigación reflejan diferencias significativas en casos como el de situar la fotografía en una demanda de empleo. En este caso hombres y mujeres sonreían más si el puesto de trabajo a cubrir era de baja categoría que si el puesto cubrir era de alta categoría. A priori, la expresión de alegría es comunicativa de un deseo de afiliación o de sumisión. La investigación sugieren que se puede confiar más en una persona sonriente que en una que no lo es. Igualmente diferentes investigaciones reflejan que la sonrisa y la risa favorecen la formación de relaciones de cooperación.

Por otro lado es importante tener en cuenta que las diferencias culturales influirán en la expresión emocional en función de determinadas normas sociales. Independientemente de que la expresión facial de las emociones básicas sea universal, sociedades como por ejemplo la japonesa, marcan que, ante la presencia de otras personas, no es correcto expresar una emoción y, por tanto, la reprimirán. Pero no sólo las condiciones culturales afectarán a la expresión facial. Por ejemplo, antes de la caída del muro de Berlín, se midió la expresión y la postura de diferentes trabajadores mientras tomaban cerveza en los bares, tanto de un lado del muro como del otro. El resultado ofreció que los trabajadores de la parte occidental sonreían mucho más y mantenían una postura mucho más erguida que los trabajadores de la parte oriental.

Por ello, Szarota se plantea estudiar las diferencias entre las fotografías de personas de Europa del este y las fotografías de personas de la denominada Europa occidental, mediante el primer estudio que analiza fotografías seleccionadas por cada persona de manera individual como su foto de perfil de la red Windows Live Messenger. Los resultados mostraron una clara diferencia entre las fotografías de ambos grupos, mostrando las personas de la Europa occidental una marcada preferencia por mostrar una sonrisa en las fotos, ocurriendo lo contrario en los antiguos países comunistas. Una primera explicación que aporta el autor sería la existencia de menores índices de felicidad y satisfacción por la vida registrados por las personas de este último grupo. Una segunda explicación que aporta el autor es la posibilidad de que la cultura de los países de Europa del este influya en la asertividad, afectividad y desconfianza de sus habitantes. Una tercera explicación, radicalmente diferente, vendría dada por la cultura de la sinceridad que marcaría que una sonrisa sólo debe ser mostrada cuando realmente se siente, dándose en los países del este una menor presencia de la sonrisa social.

Por último, el autor concluye que existe una considerable mayor presencia de sonrisa en las fotografías de mujeres que en las fotografías de hombres, lo cual podría venir justificado por las diferencias de roles sociales que aún en la actualidad existen entre hombres y mujeres.

El poder de los gestos ilustradores

Actualmente hay suficiente información científica como para decir que los gestos juegan un papel crucial en la comunicación del hombre. Ahora bien, estas evidencias proceden de investigaciones realizadas mediante grabaciones de video en las cuales se analizaban tanto los gestos como el discurso verbal. Los investigadores Holler, Shovelton y Beattie de la Universidad de Manchester intentaron en una de sus investigaciones, publicada en el año 2009, aportar evidencias sobre la importancia de los gestos ilustradores, pero esta vez en un contexto natural, en la comunicación cara a cara. Según los autores, en este tipo de comunicación natural, las personas utilizamos una gran multitud de comportamientos no verbales para comunicarnos. La mayor parte de la investigación que existe hasta la fecha se ha centrado en la expresión facial. También han sido analizados otros aspectos tales como la postura, el espacio y la mirada. Pero ha sido durante los últimos años cuando una serie de autores han prestado especial atención a cierto tipo de gestos llamados ilustradores. Este tipo de gestos está íntimamente unido al contenido semántico del discurso verbal tanto en lo referente a su forma como a su duración temporal. Se puede pensar que ambos, discurso verbal y gestos ilustradores, emergen de la misma representación cognitiva y por tanto serán gobernados, al menos en parte, por los mismos procesos cognitivos. Diferentes investigaciones demuestran que estos gestos aportan una información más profunda que el simple mensaje verbal, especialmente cuando hablamos de tamaño o de la posición relativa de un objeto respecto del otro. Por ello, en este estudio, los autores se centraron en este tipo de gestos proporcionando información de tamaño y posición, comparando lo que ocurría en una comunicación cara a cara (comunicación natural) con lo que ocurría viendo y escuchando al narrador a través de una grabación de video. El resultado de su investigación fue muy claro: los gestos ilustradores que comunican claramente tamaño y posición a través de una grabación de video también lo hacen en la comunicación natural. Cuando se analizó información semántica sobre medida y posición de manera conjunta, la comunicación natural fue más efectiva que la comunicación a través de video. Ahora bien, cuando se analizó la información semántica sobre la medida de un objeto de manera separada a la información semántica sobre la posición de ese objeto, no se encontraron diferencias significativas entre la comunicación natural y la comunicación a través de video. Si realizamos una comparación entre la utilidad del gesto para reflejar el tamaño del objeto con la utilidad del gesto para reflejar la posición del objeto, podríamos concluir que es mucho más importante el gesto para determinar una posición relativa que para determinar el tamaño del objeto, pudiéndose inferir fácilmente este último sólo con el discurso verbal. Por otro lado también se concluye que utilizando solamente los gestos, sin discurso verbal, también se puede transmitir de manera eficaz información semántica sobre tamaño y posición. La conclusión general es que los gestos ilustradores tienen un gran poder de comunicación tanto en una situación natural cara a cara, como a través de una grabación de video, o lo que es lo mismo, a través de una pantalla de televisión. Este hecho es de gran importancia en ámbitos como la comunicación política o empresarial.

Conocimiento social de la mentira y credibilidad.

Amparo Caballero, Flor Sánchez y Alberto Becerra de la Universidad Autónoma de Madrid, con el afán de conocer los procesos que facilitan la detección de la mentira, han realizado un estudio en el que buscan comprobar la incidencia del conocimiento social de mentira a la hora de juzgar algo como mentira o verdad.

Primero cuestionan la jerarquía de la información no verbal como el principal indicador conductual que delata a una persona que miente. Resultados de la investigación empírica han revelado que los juicios son más acertados cuando el emisor no es observado directamente, sino cuando los jueces escuchan y leen los mensajes, dando relevancia tanto al contenido verbal del mensaje como a la información que lo acompaña, dígase entonación, pausas, etc. Esto ha abierto el debate sobre el orden de relevancia entre el lenguaje verbal y lenguaje no verbal a la hora de detectar mentiras. Por otro lado señalan que conductas primordialmente de carácter no verbal como las alteraciones en el habla, lentitud al hablar, cambios en el tono de voz, entre otras, están asociadas de manera objetiva a la expresión de la mentira y por tanto son reconocidas como indicadores reales de mentira. Estos indicadores permitirían en teoría una detección precisa de la mentira, sin embargo los trabajos empíricos han mostrado que lo hacen con una precisión baja, que se aproxima a lo esperado por azar. Para ellos, la baja precisión en la detección se debe a errores en los juicios dando verdaderos como falsos y viceversa. La posible explicación a la aparición de estos errores es que los que desean detectar las mentiras, se dejan influenciar más por una serie de conductas que ellos subjetivamente consideran asociadas a la mentira, por ejemplo ocultar la mirada al interlocutor, tocarse alguna parte del cuerpo, juguetear con objetos o cambiar de posición, en lugar de tomar como referencia los indicadores reales de mentira. Así, estas conductas que para su juicio representan un indicador de mentira, en realidad no lo son y terminan convirtiéndose en indicadores subjetivos de mentira. ¿Y de dónde vienen estos indicadores subjetivos de mentira? Un razonamiento de esta investigación nos dice que si la gente se equivoca al formular juicios porque se dejan llevar por indicadores no verbales que ellos “creen” asociados a la mentira, es probable que existan algún tipo de “creencias” que forman parte de un conocimiento más general sobre la mentira. A lo que ellos llaman conocimiento social de mentira.

El estudio se llevó a cabo de la siguiente forma: se reclutaron 147 jueces estudiantes de psicología (116 mujeres y 31 varones). Cada juez fue expuesto a un conjunto de clips auditivos, sobre los cuales debían decidir si los mensajes que oían eran verdaderos o falsos. El estudio reveló que cuando la gente tiene que decidir sobre la credibilidad de personas desconocidas y sus mensajes incluyan información que pueda ser relacionada con el conocimiento social sobre la mentira, este conocimiento tiene clara influencia sobre los juicios. Otra conclusión es que las personas tienen organizado su conocimiento sobre la mentira en torno a dos criterios que se solapan: la situación social en que aparece la mentira, es decir, con quien, donde y cuando se produce la mentira; (ej: mentir en casa cuando se llega tarde) y el objetivo que cumple la mentira (ej: evitar una reprimenda de los padres). Así, por ejemplo, cuando alguien dice que ante la pregunta de un niño pequeño sobre si existen los reyes magos, emitir la respuesta de que sí existen, coincidiría con la respuesta típica en esas situaciones, lo que lleva a evaluar el mensaje como verdadero, que no está mintiendo. El estudio concluye con la hipótesis final de que el conocimiento social sobre la mentira influye más que cualquier otro tipo de información, ya sea verbal o no verbal, cuando se hacen juicios sobre la credibilidad de personas desconocidas.

Detección Indirecta del Engaño: Buscando el Cambio.

Estudios realizados (DePaulo & Bell, 1996; DePaulo & Kashy, 1998; Kashy & DePaulo, 1996) han demostrado que la gente durante el transcurso de sus actividades diarias miente en un 25% de sus interacciones con otros.

Esto prueba que es una conducta muy constante en la socialización del ser humano, sin embargo, ¿tú te crees capaz de detectar cuando alguien te está mintiendo? Si no te miran a los ojos, si su postura cambia, si se nota nervioso, o si se mueve mucho, pues esos son algunos de los estereotipos más populares para descifrar a quien está mintiendo, pero el que sean los más populares no quiere decir que sean los más certeros.

Estos estereotipos caen dentro de lo que Christian L. Hart (Texas Woman University), Derek G. Filmore (East Central University) y James D. Griffith (Shippensburg University), llaman detección directa del engaño, que para ellos no es tan efectiva a la hora de evidenciar mentiras ya que se basa en una identificación explícita de patrones concretos, la cual, diversos análisis bibliográficos han demostrado no ser tan precisa. En cambio, ellos proponen la detección indirecta de mentiras o del engaño, bajo la hipótesis de que observar simples cambios de conducta más allá de seguir algún patrón de conductas específico, es un método mucho más certero. Para ello han realizado un estudio donde se le pidió a 104 estudiantes universitarios de psicología (53 hombres y 51 mujeres) contrastar detección directa vs. detección indirecta en 20 entrevistas (10 hombres y 10 mujeres) grabadas en video.

A todos los entrevistados se les hacían las mismas cuatro preguntas, pidiéndole a la mitad de ellos que mintiera en su respuesta a la cuarta pregunta. Los estudiantes se dividieron en grupos y se les pidió a cada grupo por separado realizar una de dos instrucciones: a unos determinar si las personas en las entrevistas mentían o decían la verdad al contestar la cuarta pregunta, y a los otros grupos se les ordenó registrar si los entrevistados mostraban cambios en su conducta, en su lenguaje corporal o variaciones al hablar, al responder a la cuarta pregunta.

Los resultados de la investigación arrojaron que los grupos de detección indirecta, que se guiaban por registrar los cambios en conducta de los entrevistados, identificaron con mayor precisión quienes mentían en la cuarta pregunta, mientras que los grupos de detección directa, basados en determinar directamente quienes mentían y quienes no, obtuvieron una precisión muy cercana a la que se hubiera obtenido por mera probabilidad.

Esto apoya pues su hipótesis de que el observar simples cambios en la conducta de las personas que mienten, puede ser una estrategia mucho más productiva que buscar conductas específicas a la hora de detectar mentiras. Más allá de que existan conductas o patrones de conductas universales en las personas al mentir, lo que es evidente es que la gente que miente sí manifiesta ligeros o sutiles cambios de conducta, que en cada uno pueden ser únicos y/o diferentes. Para los investigadores, el hecho de que los participantes desconocieran el propósito de su experimento previno que ellos desviaran su atención hacia los clásicos estereotipos de detección, los cuales parecen más bien desorientar a la gente. En cambio el cuerpo creciente de evidencia sugiere que si la gente puede ser alejada de sus estrategias de detección estereotípicas de mentiras, puede entonces detectar pistas significativas e importantes sobre las conductas de los mentirosos, que de otra forma hubieran pasado desapercibidas. Finalmente proponen estudiar a futuro las diferentes variantes de detección indirecta que pudiera haber y dentro de entornos más reales para alcanzar una detección del engaño más precisa.