Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

No puedes mentir a un mentiroso. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “’You can’t kid a kidder’: association between production and detection of deception in an interactive deception task”, de los autores Gordon R. T. Wright, Christopher J. Berry y Geoffrey Bird, de la Universidad de Londres, que analizan la correlación entre detectar mentiras y ser un buen mentiroso. 

Quizás te suene de algo el nombre de Frank Abagnale Jr., o cómo mínimo, recuerdes la película Atrápame si puedes, dirigida por Steven Spielberg y basada en la juventud de Frank. Un ejemplo, entre muchos otros, de delincuentes que acaban colaborando con la ley para pillar a otros delincuentes. Y es que existe la creencia de que los infractores de la ley son buenos pillando a otros como ellos.

Y, aunque no hay evidencia científica, también creemos que un buen mentiroso también es bueno detectando las mentiras en los demás. Como si su propio control del lenguaje verbal y no verbal en la mentira le diera las claves para captar esas señales en otros. Y ésta era la hipótesis que pretendían demostrar los autores de este estudio.

Participaron 51 adultos (27 mujeres y 24 hombres) de 25,35 años de media e inglés como lengua materna. Les dividieron en 10 grupos y se les pasó una encuesta de opinión con afirmaciones con las que debían mostrar su acuerdo o desacuerdo como “deberían prohibir fumar en todos los espacios públicos”. Una vez que sabíamos sus verdaderas opiniones, se les pidió que hablaran con su grupo y compartieran algunas afirmaciones veraces sobre esas opiniones y en otras ocasiones mintieran al respecto, en ambos casos acompañándolo de argumentos para lo cual disponían de 20 segundos por afirmación (por ejemplo, “estoy a favor de los Realitys en televisión porque es una importante forma de aprender sobre el mundo y sobre la gente. A veces, un mal ejemplo es una buena manera de comprender el camino correcto y cómo deberíamos comportarnos”). Se les animó diciéndoles que habría un premio de 50 libras para el que mejor mintiera y otro para el que más mentiras de los demás detectara.

Los investigadores encontraron que, efectivamente, cuanta más facilidad se tenía para mentir, más fácil les resultaba detectar las mentiras de los demás. Es decir, en esta ocasión la cultura popular ha acertado: un buen mentiroso reconoce las mentiras en otros. Lo cual nos sugiere un dilema: Un jurado honesto será peor detectando las mentiras del acusado. ¿Rentaría más confiar en un jurado menos honrado?

Lenguaje no verbal de la infidelidad ajena. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Thin slices of infidelity: Determining whether observers can pick out cheaters from a video clip interaction and what tips them off”, de los autores Nathaniel M. Lambert, Seth Mulder y Frank Fincham, de la Universidad de Brigham, que estudian cómo los observadores externos pueden captar señales de infidelidad observando a una pareja interactuar unos minutos.

Nuestras primeras impresiones acerca de los demás son una mezcla de ideas preconcebidas y estereotipos junto con lo que la mayoría de la gente llama “instinto” o “sexto sentido”, que no es más que nuestra capacidad para interpretar el lenguaje no verbal de otras personas. Si bien es cierto que esa capacidad, sin ningún tipo de entrenamiento, no nos sirve precisamente para detectar mentiras, ¿seríamos capaces de detectar las mentiras cuando la cosa no va con nosotros?

Este estudio plantea la hipótesis de que, al igual que pedimos a un jurado que pueda evaluar a un desconocido basándose en apenas unos minutos oyéndole hablar, todos somos capaces de interpretar, aunque sea de forma inconsciente, el lenguaje no verbal de los demás y captar ciertas señales sobre sus relaciones y sentimientos. Concretamente, creen que unos completos desconocidos pueden detectar la infidelidad después de ver a parejas de novios interactuando durante no más de 3 a 5 minutos.

Los investigadores realizaron dos experimentos diferentes. La primera incluyó a 51 estudiantes universitarios (16 hombres y 35 mujeres de 18 a 23 años) que participaron junto con sus parejas románticas. Los estudiantes completaron cuestionarios antes del experimento para evaluar su “infidelidad emocional y física”, mientras que sus respectivas parejas no completaron cuestionario alguno. Luego las parejas fueron grabadas en vídeo completando una tarea de dibujo donde uno de los miembros de la pareja estaba con los ojos vendados y el otro daba instrucciones sobre qué dibujar. Más tarde, seis observadores objetivos y entrenados observaron las cintas de vídeo y respondieron a la siguientes preguntas:

  1. ¿Cómo de probable es que esta persona haya mostrado interés en otra persona distinta de su pareja?
  2.  ¿Cómo de probable es que esta persona coqueteara con alguien que no sea su pareja?
  3.  ¿Cómo de probable es que esta persona haya tenido relaciones sexuales con alguien que no sea su pareja?
  4.  ¿Cómo de comprometido está el participante en su relación?
  5.  ¿Cómo de fiable has percibido que es esa persona?

Se llevó a cabo un segundo experimento con 43 estudiantes (21 varones y 22 mujeres, con edades comprendidas entre 18 y 33 años) que participaron con sus respectivas parejas. Esta vez, ambos miembros de la pareja completaron los cuestionarios y los investigadores anotaron “puntuaciones promedio de infidelidad” para cada participante en base a sus respuestas a si habían sido infieles y cómo de lejos habían ido en esa infidelidad. Los participantes completaron la misma tarea de dibujo que los participantes en el primer experimento. Posteriormente, cinco observadores entrenados vieron los vídeos y calificaron a los participantes como en el primer experimento, basándose en las mismas preguntas.

En los resultados podemos comprobar que se podía detectar la infidelidad con observar la interacción de la pareja durante una sencilla tarea en apenas unos minutos. El porcentaje de acierto en ambos experimentos fue por encima del azar. Además, no se encontró diferencia entre ambos sexos en contra del mito de que la conducta infiel es más común en hombres.

En definitiva, los resultados son interesantes y debería ahondarse en qué tipo de pistas visuales llevaban a los observadores a discriminar la conducta de unos y otros. ¿Quizás nos es más fácil detectar las mentiras cuando no nos las dicen a nosotros?

Tu voz puede poner en peligro la entrevista de trabajo. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Vocal Fry May Undermine the Success of Young Women in the Labor Market”, de los autores Rindy C. Anderson, Casey A. Klofstad , William J. Mayew y Mohan Venkatachalam, de la Universidad de Duke y la Escuela de Negocios Fuqua, que analizan cómo influye el uso del “vocal fry” en la imagen trasmitida a los demás. 

El vocal fry (o “voz rasgada” en español) se refiere a un tipo de voz caracterizado por vibraciones irregulares e intermitentes de las cuerdas vocales. Se produce mediante un cierre de los pliegues vocales estando éstos relajados, permitiendo así que el aire “burbujee” al pasar entre ellos y produciendo un sonido de frecuencia muy baja. Podemos aquí ver un ejemplo de a qué sonido nos estamos refiriendo y cómo es una forma de hablar cada vez más popular entre las jóvenes.

Hay quien afirma que esta forma tan particular de hablar es una forma de hacer parecer el tono de voz propio más bajo, ya que es el tipo de voz que se percibe como más fuerte y dominante. Es decir, que se utilizaría como un método de mostrar seriedad, inteligencia y determinación. Sin embargo, otras corrientes consideran esta moda como algo desagradable, que muestra a la persona como inmadura y maleducada, ya que en cierto modo la voz suena como si la persona estuviera aburrida.

Ante la falta de cohesión entre los distintos puntos de vista se llevó a cabo esta investigación, que busca analizar cómo se percibe realmente a las jóvenes que hablan con voz rasgada de cara a su perfil profesional. Para ello, se utilizó la voz de siete mujeres jóvenes de entre 19 y 27 años y siete varones jóvenes de entre 20 y 30.  Fueron grabados diciendo la frase “gracias por considerarme para esta oportunidad”, tanto en su tono de voz normal como con la voz rasgada.

El experimento se llevó a cabo en línea a 800 oyentes (400 hombres y 400 mujeres). Para maximizar la validez externa, se dividió a la muestra en tres grupos de edad: 18-33 (n = 265, 133 mujeres y 132 hombres), 34-50: (n = 268, 134 mujeres y 134 hombres) y 51-65 (n = 267 133 mujeres y 134 hombres). Aleatoriamente se les asignaba analizar las voces de los hombres o de las mujeres (sólo uno de los dos tipos para evitar saturación). Se oían las dos voces de cada persona, presentadas en orden aleatorio, y se pedía posteriormente que juzgaran cuál de las dos percibían como más educada, competente, confiable, atractiva y a cuál de las dos contratarían. Una vez evaluado todo esto se pasaba al siguiente par de voces y así sucesivamente.

Los resultados muestran que las mujeres que hablan con voz rasgada o vocal fry son vistas como menos competentes, menos educadas, menos fiables, menos atractivas y son menos contratables laboralmente. Además, esas percepciones eran aún más fuertes cuando el interlocutor era otra mujer. A nivel general, la voz rasgada era percibida negativamente en ambos sexos, por ambos sexos y en cualquier franja de edad por parte del oyente.

Por lo tanto, de cara a una entrevista de trabajo o incluso en cualquier entrevista o conversación en la que uno quiera parecer competente o mostrarse educado debe evitarse el uso de la voz sesgada y hablar en nuestro tono de voz natural, sea el que sea. De lo contrario, no sólo empañaremos nuestra propia imagen, ofreciendo una peor versión de nosotros mismos, sino que además, ¿quién querría hablar con alguien que parece aburrido de escucharle?

Cara de matón: Los rasgos faciales predicen la sentencia. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facial trustworthiness predicts extreme criminal-sentencing outcomes”, de los autores John Paul Wilson y Nicholas O. Rule, de la Universidad de Toronto (Canadá), que estudian el efecto subconsciente que nos produce la cara de los demás en ámbitos legales.

La mayoría de la gente preferiría tener un rostro atractivo e, innegablemente, se sienten atraídos por personas con rasgos faciales agradables. Sin embargo, a la hora de sentir confianza preferimos una cara “típica”. Los rostros promedio, aquellos que podríamos ver como anodinos y absolutamente “del montón”, de alguna forma nos hacen sentir cómodos. Esas caras representan la normalidad y eso nos hace sentir confianza y percibirles como más fiables. Y es que no sólo “los ojos son la ventana del alma”, de algún modo sentimos que toda la cara nos muestra lo que necesitamos saber de la otra persona incluso sin necesidad de cruzar una palabra. Basta con un vistazo para que nos hagamos una idea de la extroversión, la competencia, la dominación e incluso la honradez de una persona. Y eso, por supuesto, es totalmente una opinión sesgada y basada en estereotipos.

Por desgracia para muchos, una cara ancha se percibe como más violenta y agresiva, como si fuera la cara de “un matón”, y por consiguiente transmite muy poca confianza. Y, aunque sepamos que esto es un sesgo, no podemos evitar que nuestro subconsciente nos juegue una mala pasada juzgando a estas personas, en cuyo caso sus rasgos son una cuestión puramente genética. Y esto es un grave problema cuando lo que estamos juzgando es si esa persona es culpable o inocente de un crimen. O, peor aún, si merece la pena de muerte.

Para ver hasta qué punto nos afecta la cara de una persona en los juicios que nos formamos de él, incluso en situaciones en las que no deberíamos hacerlo como lo es un tribunal, se llevó a cabo este experimento. La idea principal era demostrar si las caras calificadas como poco fiables coincidían también con las que habían sido condenadas a pena de muerte y si la amplitud facial era una de las causas de verles de este modo.

Para este estudio se seleccionaron a 371 presos del corredor de la muerte (226 caucásicos y 145 afroamericanos). Se seleccionaron la misma cantidad de presos, manteniendo la proporción racial, que estuvieran en prisión por homicidio de primer grado y condenados a cadena perpetua como grupo control. De manera que se formaron parejas con las fotografías: presos de misma raza y sexo pero uno condenado a muerte y el otro no. Las 742 fotos finales fueron puestas en blanco y negro para evitar diferencias de iluminación o que se viera el color del uniforme (ya que el corredor de la muerte tiene un uniforme distinto a la cárcel convencional). Posteriormente las fotos eran evaluadas por voluntarios, que las calificaban en función de atractivo, madurez y confiabilidad entre otras.

Para una segunda fase, se cogieron fotografías de Proyecto Inocencia, por lo que eran personas que se había demostrado que habían ido a la cárcel injustamente. Se seleccionaron 37 fotografías, de las cuales 20 eran afroamericanos y 17 caucásicos o hispanos. Además, 17 habían sido condenados a muerte y 20 a cadena perpetua. Una vez más fueron puestas en blanco y negro y se valoró la confiabilidad de sus rostros por voluntarios externos.

El primer experimento nos mostró una correlación entre que una cara fuera calificada como poco confiable y recibir una pena de muerte. Una de las variables que parecía influir en esa falta de confianza era el ancho de la cara: las caras anchas daban poca confianza. El resultado se volvió a encontrar en el segundo experimento, cuando se trataba de personas inocentes. Esto pone en evidencia un peligroso sesgo en el sistema judicial: más allá de las pruebas, si una cara no nos transmite confianza porque tiene aspecto “de matón”, lo consideramos culpable. Y, por desgracia, la cara ancha es una cuestión de genética.

Lenguaje no verbal del matón y su influencia en la conducta de ayuda. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The Nonverbal Bully: Effects of Shouting and Conversational Distance on Bystanders’ Perceptions”, de los autores Corey A. Pavlich, Stephen A. Rains y Chris Segrin, de la Universidad de Arizona (EEUU), que estudian la influencia de la proxémica y el tono de voz a la hora de evaluar una situación de abuso.

El acoso o bullyng es un problema común entre los más jóvenes. Se calcula que casi uno de cada diez adolescentes es intimidado como mínimo dos o tres veces al mes. Y en la edad adulta podemos encontrar también estas conductas, con repercusiones legales mucho más graves.

Sabemos que la comunicación no verbal juega un papel fundamental en la percepción de la interacción con los demás, y eso incluye la dominación o la agresividad. Por ello, también juega un papel trascendente en durante una intimidación. Es por esa razón que el objetivo de este estudio es analizar qué formas específicas de comportamiento no verbal percibimos como amenazantes en una interacción de bullyng y cuáles generan intención de intervenir en los espectadores.

Participaron un total de 148 estudiantes universitarios (66,2% de mujeres), con una edad media de 20,8 años. La quinta parte de ellos (20,3%) admitieron haber sido intimidados por abusones durante la secundaria, mientras que casi un tercio (32,4%) declararon haber sido matones. Para las dos variables a medir (volumen de la voz y distancia) se utilizó un medidor de decibelios para asegurarse que las situaciones cumplían los requisitos establecidos: 65dB para una conversación a tono normal y 85dB para tono alto. La distancia por su parte se midió con una cinta métrica para distinguir la distancia de conversación social de la íntima. De manera que teníamos cuatro situaciones: (1) voz normal y distancia social, (2) voz elevada y distancia social, (3) voz normal y distancia íntima y (4) voz elevada y distancia íntima. Los participantes se dividieron a partes iguales en los cuatro posibles subgrupos.

Los participantes debían ver el vídeo en el que, salvo por las variables de volumen de la voz y distancia entre los actores, se representaba la misma escena: un abusón intimidando a otro compañero de clase con palabras despectivas y humillantes. Para asegurarse que entendían la situación, el vídeo se presentaba como un escenario de intimidación entre un abusón y su víctima. Para evitar sesgos, cada persona vio la actuación de dos actores de su mismo sexo. Tras el visionado, los participantes debían valorar en el agresor su nivel de agresividad, dominancia, intimidación y amenaza; en la víctima, valoraron su aparente debilidad, pasividad, capacidad social y si parecía ser acosado a menudo. Por último, se preguntó en qué medida habrían intervenido para parar al agresor si hubieran estado presentes físicamente en la escena y su grado de acuerdo con que el matón estuviera gritando a la víctima y que estuviera invadiendo su espacio personal.

Se encontraron varios hallazgos notables. En primer lugar, los resultados muestran que la gente era más proclive a intervenir cuando el abusón invadía el espacio personal de la víctima, ya que eso representaba mayor vulnerabilidad por parte de la víctima o un potencial daño para ella. Sin embargo, en contra de lo esperado, que el abusón gritara dentro del espacio personal de la víctima no se vio como la situación más agresiva. Quizás porque se espera que una víctima débil se apartara amedrentada por el agresor y quedarse cerca de él a pesar de los gritos se vea como una muestra de fortaleza y, por tanto, de dominio sobre el abuso.

Por otro lado, a pesar de que los agresores son vistos como más peligrosos cuando se encuentran a una distancia social, los observadores eran más propensos a intervenir cuando estaban en el espacio personal. Quizás se deba a que se les percibe como más proclives a una agresión física y, por tanto, es más necesaria la ayuda externa; o quizás porque, como decíamos antes, se le percibe como más débil y el transeúnte se siente menos amenazado él mismo si entra a ayudar. Del mismo modo, encontramos más predisposición a ayudar si el matón está hablando en tono normal que si está gritando.

En conclusión, podemos ver que el lenguaje no verbal es importante en una agresión y en cómo la perciben los espectadores, sobre todo en su predisposición a ayudar. Sería interesante replicar este experimento con actores en vivo para poder dar más validez ecológica a los resultados.

Inteligencia a primera vista, pero sólo en hombres. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Perceived intelligence is associated with measured intelligence in men but not women”, de los autores Karel Kleisner, Veronika Chvátalová y Jaroslav Flegr, de la Universidad Charles en Praga, que estudian cómo somos capaces de evaluar la inteligencia de los hombres con un vistazo pero no la de las mujeres.

El rostro humano es una estructura compleja con una función fundamental de señalización social. Aunque numerosas y variadas especies de mamíferos exhiben estructuras faciales bien desarrolladas, los roles comunicativos y expresivos de la cara alcanzan un nivel único de capacidad en los seres humanos. Investigaciones previas afirman que el rostro puede informarnos acerca de la personalidad, el sexo, la edad, la salud, la etnia, la clase social, el atractivo y la afiliación política, así como, en cierta medida, de la inteligencia.

Algunos investigadores han sugerido que la evolución ha jugado un papel clave en la evolución de los rasgos faciales para que, mediante la selección sexual, indiquen la inteligencia del individuo. Los indicadores visuales responsables de una atribución superior de inteligencia pueden reflejar honestamente la inteligencia real de una persona y, por lo tanto, pueden ser utilizados para seleccionar una pareja sexual o social preferente. Las investigaciones anteriores muestran que las personas son capaces de juzgar la inteligencia a partir de las cualidades faciales de personas desconocidas. La inteligencia medida se ha demostrado que se correlaciona con la inteligencia percibida facialmente y otros rasgos de la personalidad.

Aunque varios estudios han examinado la percepción de la inteligencia a partir de diferentes señales visuales, en ninguno de estos estudios se describen los rasgos faciales específicos que juegan un papel en la evaluación de la inteligencia. Es por ello que este estudio tiene como objetivo estudiar tales rasgos, además de revisar la teoría anterior.

Los participantes son, por un lado, los 80 estudiantes (40 hombres y 40 mujeres) a los que se les midió su cociente intelectual y fueron fotografiados. El segundo grupo estuvo compuesto por 160 evaluadores (75 hombres y 85 mujeres) que calificaron las fotos del primer grupo y no tenían ningún tipo de relación con ninguno de ellos, es decir, eran completos desconocidos. Las fotos fueron evaluadas de 1 a 7 tanto en inteligencia como en atractivo. El orden de presentación fue aleatorio para cada uno de los evaluadores. Además, las fotografías fueron analizadas con métodos morfométricos con el fin de detectar los rasgos faciales que están asociados con la percepción de la inteligencia, la belleza o ambas.

Curiosamente, los evaluadores fueron capaces de estimar la inteligencia con una precisión alta en los hombres, pero no en las mujeres. Por otro lado, no se pudo detectar la asociación entre el CI y la belleza, y tampoco con la morfología facial, a pesar de que otros estudios nos hayan brindado datos de cómo es una cara inteligente y una que no lo es: En ambos sexos, una cara más estrecha con una barbilla más delgada y una nariz más alargada se caracteriza con el estereotipo de alta inteligencia, mientras que una cara más ovalada y más amplia con un mentón poco marcado y una nariz pequeña caracteriza la baja inteligencia.

Como poco, es interesante que la inteligencia haya podido ser evaluada con acierto sólo para uno de los dos sexos y que no se haya debido a los estereotipos que conocemos. Sin duda son datos que deberán estudiarse con más detenimiento para buscar si la explicación responde a estereotipos, a que el baremo por el que medimos a cada sexo es distinto o a un posible fallo metodológico.

Influencia del acento en la percepción del testigo. Club lenguaje no verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Influences of accent and ethnic background on perceptions of eyewitness testimony”, de la autora Lara Frumkin, de la Universidad de Maryland (EEUU), que estudian cómo influye el acento en la percepción de nuestro interlocutor.

En los últimos 20 años, la población de España ha cambiado considerablemente. A día de hoy, la cifra de inmigrantes supera los cuatro millones y medio, es decir, son casi el 10% de la población. Muy cerca de un país que consideramos tan multicultural como Estados Unidos con su 12%. Aunque muchos estudios han investigado aspectos de la discriminación como los estereotipos o los prejuicios, pocos se han centrado en la forma en que los inmigrantes son socialmente percibidos y juzgados. Algunos de estos escasos estudios han puesto en evidencia que el acento de nuestro interlocutor es también una forma de comunicación, con la que nos expresa su origen foráneo, y que sólo con esto los oyentes ya se forman opiniones, juzgan y determinan la credibilidad que achacan a esa persona.

Las investigaciones sobre el acento nos expresan también que, independientemente del país o el idioma, los nativos tienden a degradar a los inmigrantes en base a éste. Se produce, por tanto, un rechazo hacia el individuo independientemente de sus palabras y de la calidad estética de su acento, y un prejuicio basado en el país de origen y el prestigio otorgado a los nacidos en ese país. Se han creado incluso programas para ayudar a reducir el acento, lo que nos demuestra efectivamente este rechazo en la práctica y el efecto negativo que tiene en los oyentes.

Es poco probable que exista un esfuerzo consciente para responder negativamente a las personas con acento extranjero, puesto que las personas por lo general no son conscientes de sus prejuicios. Sin embargo, el acento hace que a nivel subconsciente ya percibamos a esa persona como diferente de nosotros mismos y nos predispone a un juicio poco favorable. Por ello, es importante ver hasta qué punto esto puede afectar el acento en una sala del tribunal y demás mecanismos de justicia.

En este experimento participaron 174 participantes nacidos en Estados Unidos, con una edad media de 19 años y 63% de mujeres. Los participantes fueron divididos en seis grupos, uno para cada uno de los vídeos (condiciones experimentales): 35 vieron un vídeo en el que hablaba un alemán sin acento, 30 un alemán con acento, 30 un mexicano sin acento, 27 un mexicano con acento, 26 un libanés sin acento, y 26 un libanés con acento. En realidad se trataba de los mismos tres actores (un alemán, un libanés y un mexicano) que modulaban el acento para hacerlo aparecer y desaparecer en cada uno de sus vídeos. El vídeo duraba apenas 3 minutos y seguidamente después de su visionado debían contestar a unas preguntas sobre lo creíbles que les resultaban, como si fuera la grabación de un testimonio.

Los resultados nos muestran que el testimonio entregado por el mismo testigo fue percibido como menos favorable cuando el testigo hablaba con acento. Este efecto se replicó en los tres testigos, con sus diferentes acentos. De hecho se puntuó más bajo cuando se utilizaba acento en las cuatro variables medidas: credibilidad, exactitud, engaño y prestigio. Estos resultados se corresponden con los hallados en otras investigaciones, que afirman que los acentos diferentes del nuestro se perciben negativamente.

Es importante resaltar que este estudio fue realizado por estadounidenses y sería interesante replicarlo en otros países de distinto idioma nativo para comprobar si los resultados son extrapolables, aunque todo indique que es probable. Por tanto, es importante tener en cuenta las implicaciones de estos resultados para el sistema judicial y concienciar del poder de estas variables que parecen tan irrelevantes y en realidad son tan influyentes en el testimonio de los testigos.

¿Quién miente mejor? Psicopatía vs inteligencia emocional. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Would I lie to you? ‘‘leakage’’ in deceptive facial expressions relates to psychopathy and emotional intelligence”, de los autores Stephen Porter, Leanne ten Brinke, Alysha Baker y Brendan Wallace, de la Universidad de British Columbia (Canadá), que estudian cómo influye la inteligencia emocional y la psicopatía en la expresión de emociones falsas.

No es extraño que las personas oculten la expresión facial de sus verdaderas emociones, ya sea con buenas o malas intenciones. Llamamos a esto engaño emocional y puede suceder de tres maneras: simulando una expresión emocional en ausencia de cualquier emoción real, enmascarando una emoción (es decir, remplazando la emoción sentida por otra diferente), o neutralizando una expresión (lo que implica ocultar la emoción real tras una cara neutra). La investigación ha demostrado que el engaño emocional es detectable: por ejemplo, en el caso de las sonrisas Duchenne y las sonrisas falsas encontramos que ciertos músculos no pueden ser activados intencionalmente sin ausencia de una emoción genuina o, por el contrario, que no pueden ser suprimidos en presencia de una emoción particularmente potente (a lo que llamamos “fuga emocional”).

Hay poco estudiado sobre las diferencias individuales en las habilidades de engaño emocional, pero los investigadores sugieren la hipótesis de que la experiencia en la comunicación emocional sería influyente en esta habilidad. Por tanto, encontraríamos diferencias en las personas con inteligencia emocional (IE) y en psicópatas.

Por un lado, la primera hipótesis sería que, dado que los individuos con altos niveles de IE tienen la capacidad de percibir emociones en los demás, también se espera que tengan una mayor capacidad para controlar sus propias emociones (por ejemplo, mostrar una convincente sonrisa falsa); por tanto, mostrarán una mayor competencia para el engaño emocional.

Por otro lado, los psicópatas parecen ser camaleones de las emociones y usan sus habilidades de actuación para manipular a otros de manera efectiva en diversos contextos interpersonales. Debido a la falta de emociones reales, podemos encontrar menos “fugas emocionales” en ellos durante una exhibición emocional falsa. Por ello, la segunda hipótesis sería que los psicópatas tienen más facilidad para controlar sus expresiones emocionales durante el engaño.

Así pues, aunque la inteligencia emocional y la psicopatía están inversamente relacionadas y reflejan dos extremos opuestos del continuo afectivo, esperamos que ambos sean eficaces como mentirosos emocionales pero por las razones opuestas.

Para probar estas hipótesis se contó con 100 participantes (25 varones y 75 mujeres) que proporcionaron las expresiones emocionales genuinas y falsas, y otros 27 voluntarios fueron los encargados de evaluarlas en tiempo real. Para provocar las emociones se utilizaron imágenes del Sistema Internacional de Imágenes Afectivas, que son imágenes que han sido evaluadas sobre qué tipo de emoción (entre otras cosas) provocan en la mayoría de la gente. Las emociones que se buscaron fueron principalmente tristeza, enfado, miedo, felicidad o neutra. Se les fueron mostrando las imágenes durante 5 segundos, dejando entre imagen e imagen 5 segundos de descanso para volver a una cara neutra. Previamente se les había instruido sobre cómo debían reaccionar a cada foto: expresar una emoción genuina, expresar una emoción falsa, neutralizar una emoción o enmascararla por otra. Realizaron además un cuestionario de inteligencia emocional.

Como resultado, encontramos que los individuos con alta inteligencia emocional tienen un mayor control de sus propias expresiones y mostraban emociones falsas más convincentes que otros y durante más tiempo. Sin embargo, esa capacidad no evitó las fugas emocionales: aunque eran mejores simuladores no eran mejores en ocultar lo que de verdad sentían. De hecho, los participantes que puntuaron alto en el factor de bienestar mostraron una fuga más larga durante las emociones genuinas y las engañosas, probablemente relacionadas con la felicidad (es decir, sonrisa incontrolada).

Por otro lado, se encontró que los psicópatas muestran menos fugas emocionales durante las expresiones emocionales falsas. Sin embargo, no todas las facetas de la psicopatía están asociadas con el engaño emocional competente: La impulsividad se relacionó con el aumento de las fugas emocionales durante el engaño. Estos resultados sugieren que facetas específicas de la psicopatía se asocian con la competencia en la experiencia afectiva, incluyendo el engaño emocional, en lugar de la totalidad de la construcción psicopatía.

Sin embargo, aunque los participantes emocionalmente inteligentes y psicópatas mostraron emociones particularmente convincentes, no engañaron a jueces externos con más frecuencia que otros participantes. Este resultado nulo puede estar relacionado con las escasas tasas de exactitud de los detectores de engaño y su falta de conocimiento empíricamente válido sobre las señales de la mentira. Así, mientras que los mentirosos emocionalmente inteligentes o psicópatas pueden ser particularmente convincentes para el ojo entrenado, los observadores ingenuos pasan por alto estas señales y continúan tomando conjeturas infundadas sobre la credibilidad.

El impacto del lenguaje no verbal en la enseñanza. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “The impact of the teachers’ non-verbal communication on success in teaching”, de los autores Fatemeh Bambaeeroo y Nasrin Shokrpour, de la Universidad de Shiraz (Irán), que evalúan la influencia positiva del lenguaje no verbal de los profesores en la enseñanza.

La comunicación es un pilar esencial en el desarrollo social, pero es especialmente importante en los profesionales de la enseñanza. Un buen profesor ha de tener la capacidad de comunicarse de forma efectiva con sus estudiantes, de lo contrario, por muy competente que sea en su campo, no logrará enseñar de forma satisfactoria. La comunicación no verbal es a menudo más sutil y eficaz que la comunicación verbal, y puede llegar a transmitir el significado mejor que las propias palabras. Por ejemplo, una sonrisa genuina explicita los sentimientos mejor que cualquier explicación sobre la felicidad. Por tanto, esta conversación silenciosa es de gran importancia en las interacciones cotidianas e influye en nuestros encuentros sociales y profesionales.

De acuerdo con los estudios realizados, la mayor parte de la información se transfiere a través de la compleja combinación de la postura, la prosodia, la proxémica, los gestos y las expresiones faciales. Por otro lado, el efecto de la mayor parte del lenguaje corporal actúa a nivel inconsciente del destinatario, es decir, el destinatario recibe los profundos efectos de la emisión pero sin ser consciente de ello. Por lo tanto, las personas que tienen la capacidad de utilizar estas habilidades tienen el potencial para guiar a otros en una dirección particular para lograr sus objetivos, y precisamente por esta razón la mayoría de las interacciones humanas implican la comunicación no verbal. El lenguaje corporal tiene el poder de transferir las actitudes y sentimientos de las personas a los demás y en muchos casos puede ser incluso más eficaz que los mensajes verbales.

En el campo de la enseñanza, sin duda una de las principales características de los buenos maestros es buena habilidad de comunicación en el aula: La administración del aula y la resolución constructiva de conflictos en ella requieren buenas habilidades de comunicación, siendo fundamentales las habilidades no verbales. Mediante un buen uso del lenguaje no verbal, los profesores pueden desempeñar un papel importante en el éxito de sus estudiantes. A través del uso de un lenguaje no verbal, los maestros llaman la atención de los estudiantes a una mayor comprensión y motivan a los estudiantes e incluso logran conectar con los estudiantes aburridos.

El lenguaje no verbal de los profesores puede ser eficaz si los estudiantes pueden ver al maestro en lugar de que éste esté oculto tras una mesa o de cara a la pizarra dándoles la espalda. El mejor lugar para el profesor en clase está de pie cerca de su mesa y donde todos los estudiantes puedan verlo. No debe poner las manos en los bolsillos, ya que esto limita su movimiento y expresividad. Dejar las manos libres indica la disposición de los maestros para comunicarse con sus estudiantes. No hace falta que se quede estático en su sitio, pero si siempre cambia su lugar físicamente en la clase el foco atencional de los alumnos se reducirá y el proceso de aprendizaje no procederá. Otro punto importante es que el maestro debe mirar a los estudiantes individualmente. De lo contrario, los estudiantes tendrán la impresión de que el profesor les está haciendo caso omiso, por lo que el efecto de mirar al público individualmente es innegable.

La forma correcta de abordar al estudiante es que el maestro no debe apuntar al estudiante con el dedo cuando se le hace una pregunta porque el estudiante puede sentir ansiedad en este caso. No olvidemos que señalar, dentro del lenguaje no verbal, parece una acusación. El mejor método es que el profesor se acerque un poco al estudiante, le mire directamente y le señale con la mano abierta, como una invitación a contestar.

Tras una revisión sobre distintos artículos que evalúan el éxito académico y la motivación para aprender en relación al lenguaje no verbal de los profesores con sus alumnos se encontró una evidente relación positiva entre ambos factores. ¿Y acaso no es obvio? Ni el más motivado de los alumnos soportaría varias horas escuchando a alguien que no le mira a los ojos, que habla desganado y sin pasión, que no le hace partícipe o le haga sentir acusado o intimidado cada vez que participa en clase. Un apropiado lenguaje no verbal es esencial para cualquier comunicación y el aprendizaje es uno de los procesos comunicativos más importantes.

¿Salud o inteligencia? La elección de un líder según sus rasgos faciales. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “A face for all seasons: searching for context-specific leadership traits and discovering a general preference for perceived health”, de los autores Brian R. Spisak, Nancy M. Blaker, Carmen E. Lefevre, Fhionna R. Moore y Kleis F. B. Krebbers, de la Universidad de Amsterdam, que estudian la preferencia por rasgos faciales saludables antes que intelectuales en la elección de un líder.

Nuestra cara muestra una cantidad significativa de datos que los demás pueden leer incluso a nivel subconsciente. Por ejemplo, altos niveles de estrógeno se asocian tanto con una cara más femenina como con comportamientos más amigables, de manera que cuando buscamos personas amistosas inconscientemente buscamos ese tipo de señales en los demás.

Una de las utilidades de evaluar los rasgos faciales es la elección de un líder. A todos nos gusta ver fotos de nuestros políticos, sentir la confianza que transmiten unos y otros y evaluamos aspectos de ellos que ni siquiera sabríamos explicar pero que tenemos bien aprendidos. El rostro puede darnos información de la aptitud genética y de rasgos del carácter y otros experimentos ya han mostrado que la simple exposición a una fotografía permite evaluar el liderazgo de una persona por encima del azar. Estos resultados se repitieron con niños de tan sólo cinco años, una edad en la que se tiene total ignorancia de conocimiento político o de liderazgo, por lo que estos estereotipos por los que juzgamos a los demás parecen tener que ver con un sesgo cognitivo más instintivo y menos relacionado con el aprendizaje.

Saber elegir adecuadamente un líder aumenta la eficiencia y eficacia de la acción colectiva, mientras que elegir mal puede obstaculizar seriamente el progreso del grupo. Es por ello que en el siguiente experimento se evaluó la forma de valorar a un líder en función de distintos aspectos faciales y situaciones de cooperación y competición, en un intento de aumentar el conocimiento sobre el liderazgo y la elección de líderes.

Para este estudio se contó con 148 participantes (79 hombres y 69 mujeres) con una media de edad de 33 años, que completaron el experimento de manera online. El diseño consistía en hacerles imaginar que estaban eligiendo al nuevo CEO de una empresa y para ello debían evaluar varias caras de hombre en función de la salud percibida, la inteligencia, la masculinidad y el atractivo en diversas situaciones (de competición o de cooperación, entre otras).

Los resultados mostraron que las caras saludables frente a las no saludables, también eran más vistas como inteligentes, atractivas y masculinas, a pesar de ser la misma cara con pequeñas modificaciones. Ocurría lo mismo con las caras más y menos inteligentes, salvo en la masculinidad, donde ser muy inteligente se veía como poco masculino. Pero a la hora de elegir, los participantes anteponían que su líder fuera saludable antes que inteligente independientemente del contexto.

Es posible que estos resultados muestren un sesgo subconsciente de aquella época en la que un líder saludable equivalía a un líder fuerte y era el factor físico lo más importante para el éxito de la especie. Sin embargo, ahora se traduce en interés por los políticos que dedican tiempo y esfuerzo a cuidar su aspecto. Al parecer aún nos queda mucho que evolucionar para empezar a dar importancia a la mente de nuestro líder por encima de su fuerza o su belleza.

Control facial durante una situación de engaño. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Executing Facial Control During Deception Situations”, de los autores Carolyn M. Hurley y Mark G. Frank, de la Universidad de Buffalo (EEUU), que estudian si se pueden controlar las facciones durante una mentira para evitar ser detectados.

El engaño es parte de nuestro día a día. Mentimos a la mayoría de las personas para suavizar nuestras interacciones sociales y la cortesía dicta que no debemos tratar de detectar esas mentiras para no avergonzar a nuestro interlocutor ni alterar el funcionamiento social. Si preguntamos a un amigo si le gusta nuestro nuevo peinado o si le cae bien nuestra nueva pareja, sea lo que sea que piense en realidad, las normas sociales dictan que responderá que sí y nosotros haremos por creérnoslo. Pero no son estas mentiras las que nos preocupan y nos traen aquí, sino aquellas más raras y a su vez más peligrosas, las que tienen intenciones hostiles y se producen en escenarios de riesgo.

A día de hoy, la gente se interesa por estos temas más que antes y podemos encontrarlos incluso en el cine y las series exagerados y llenos de desinformación. Sin embargo, si en algo han acertado es que vigilar la cara es una de las formas más comunes de buscar mentiras. Así pues, nuestra preocupación ahora es otra muy distinta. ¿Si cualquier persona tiene a mano las técnicas de detección de la mentira no generará eso mejores mentirosos? Es por ello que estos investigadores trataron de evaluar si las personas son capaces de ejecutar con éxito contramedidas de control facial para evitar ser detectados mintiendo.

Los participantes fueron 33 mujeres y 27 hombres de unos 20 años y estudios universitarios. El experimento consistía en crear una falsa “escena del crimen”: se interrogaría a todos los participantes sobre el robo de unas entradas de cine. A los participantes que aleatoriamente se les había asignado decir la verdad se les daría una de las entradas si lograban convencer de su inocencia a los interrogadores. A los mentirosos se les darían dos si lograban engañarles y fingían su inocencia. En ambos casos, se les “amenazó” con rellenar largos y tediosos cuestionarios como castigo si fallaban y no conseguirían las entradas. Del 0 al 10, los participantes valoraron el castigo con un 5 (castigo moderado), aunque en realidad fue una estrategia para motivarles y nadie tuvo que hacerlo aunque fracasara, llevándose la entrada de cine igualmente como agradecimiento por la participación.

Dentro de cada grupo (sinceros y mentirosos), se dividieron en tres subgrupos: a uno se le indicó antes del interrogatorio que no sonrieran, ya que el interrogador lo detectaría como signo de estar mintiendo. A otro tercio se le indicó que lo que no debían era levantar las cejas, por el mismo motivo. Al tercio restante no se le dio ninguna indicación para usarlos de grupo control. Después de estas instrucciones, los que estaban en la categoría “mentirosos” cogieron las entradas y se las escondieron. Posteriormente se les interrogaba en una sala con cámaras de vídeo donde se les hicieron varias preguntas, algunas relacionadas con las entradas y otras no.

Los resultados mostraron que las expresiones podían suprimirse pero sólo parcialmente. Por un lado, encontraron que suprimir la sonrisa era mucho más fácil que controlar las cejas ya que es un movimiento mucho más involuntario. Sin embargo, a pesar de las instrucciones todos mostraron la conducta que se les había pedido que no mostraran al menos una vez. Los sinceros eran capaces de controlar el movimiento de sus cejas mejor que los mentirosos, pero curiosamente cuando se pedía la supresión de este movimiento se conseguía colateralmente que se redujeran también las sonrisas. Es posible que esto se debiera a que controlar las facciones a la vez que se desarrollan las mentiras es un esfuerzo cognitivo extra y para reducir esfuerzos el cerebro simplifica la orden a minimizar la expresión facial a nivel general en vez de por zonas, resultando en una cara de póker poco expresiva. Aunque, sorprendentemente, todos los mentirosos creyeron conseguir controlar su expresión sin fallos a pesar de que ninguno lo logró del todo.

Es, por tanto, de gran importancia vigilar si nuestro interlocutor parece estar conteniendo su expresividad dado que sería una pista de que está tratando de luchar contra los tics que le pondrían en evidencia como mentiroso. Sin embargo, no debemos dejar de tener en cuenta que cada día es más fácil mentir ya que la información sobre cómo detectar mentiras está al alcance de la mano de cualquiera. ¿Qué habrían sido capaces de lograr en el experimento si hubieran podido ensayar un poco o ser específicamente entrenados para suprimir esos tics?

Respuesta adaptativa a la exclusión social: La detección de sonrisas sinceras. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Adaptive Responses to Social Exclusion: Social Rejection Improves Detection of Real and Fake Smiles”, de los autores Michael J. Bernstein, Steven G. Young, Christina M. Brown, Donald F. Sacco y Heather M. Claypool, de la Universidad de Miami, que estudian cómo las personas excluidas socialmente detectan mejor las sonrisas verdaderas.

Evolutivamente, estar excluido de la manada implica numerosas amenazas inmediatas y a largo plazo. En consecuencia, los seres gregarios somos especialmente sensibles a las señales que indican un potencial rechazo de nuestros iguales. No es raro que la gente con alta necesidad de pertenencia sean muchos mejores en analizar el lenguaje no verbal de los que les rodean por esta razón, y aquellos mejor insertados en la sociedad tienen una mejor memoria para la información social que los más marginados. En ambos casos, los individuos que temen o sufren el rechazo social muestran mucha atención a estas señales no verbales.

Un importante indicador de señales sociales es la expresión facial de las emociones. Una sonrisa auténtica y sincera, conocida como sonrisa Duchenne, es indicativa de actitudes de cooperación y afiliación. Mientras que las sonrisas sociales o falsas, las no Duchenne, puede servir para enmascarar emociones negativas. La capacidad de identificar y discriminar ambos tipos de sonrisa puede servir a las personas poco incluidas socialmente a afiliarse de nuevo al grupo.

Anteriores investigaciones ya han demostrado que los individuos con más necesidad de pertenencia son más exactos discriminando emociones (por ejemplo, entre felicidad e ira), pero ninguna investigación ha evaluado el alcance de esa capacidad. La hipótesis de este estudio era que ser capaz de identificar la categoría emocional cualitativa de un despliegue facial es de gran importancia para los individuos socialmente excluidos, puesto que distinguir las emociones reales de las falsas parece especialmente importante para asegurar que los esfuerzos de reafiliación se distribuyen al máximo hacia las personas que muestran señales de que desean interactuar y relacionarse. Por tanto, los individuos rechazados mostrarían una mayor capacidad de discriminación entre sonrisas reales y falsas, presumiblemente porque están más en sintonía que otros a sutiles señales sociales.

Treinta y dos estudiantes (17 mujeres, 15 hombres) participaron en el estudio. Eran asignados aleatoriamente a condiciones de inclusión social, exclusión social o grupo control. Luego se les mostró caras que exhibían sonrisas Duchenne o no Duchenne y se les pidió que decidieran si cada una de ellas era “real” o “falsa”. Para manipular el estatus social se utilizó una técnica consistente en hacerles rememorar y escribir acerca de una situación pasada en la que se sintieron aceptados (para los de inclusión social), rechazados (para los de exclusión) o sobre el día de antes de acudir al experimento (grupo sin manipulación social).

Los resultados mostraron que los individuos socialmente rechazados tienen una capacidad mejorada para determinar si la expresión facial “feliz” de un individuo es genuina o falsa. Esto sugiere que la motivación para sentirse parte del grupo de nuevo aumenta la sensibilidad de los que se sienten rechazados para detectar las señales que indican oportunidad de afiliación. Además se vio que no afectaba a la sensibilidad el sexo ni de los que sonreían ni de los observadores.

En conclusión, el rechazo social aumenta nuestra sensibilidad perceptiva hacia las oportunidades de reintegrarnos en el grupo. Como animales sociales que somos, tiene sentido que sentirnos aislados nos mueva a buscar en los demás señales que indiquen posibilidad de reconectar, de lo contrario perderíamos esas oportunidades de adaptarnos de nuevo a la sociedad. Sería interesante ampliar este estudio al análisis de otras emociones y otro tipo de situaciones.

¿Sonreír ampliamente o no? Efectos de la sonrisa en los negocios. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Smile Big or Not? Effects of Smile Intensity on Perceptions of Warmth and Competence”, de los autores Ze Wang, Huifang Mao, Yexin Jessica Li y Fan Liu, en un estudio conjunto de la Universidad de Florida, la Universidad de Iowa, la Universidad de Kansas y la Universidad de Adelphi, que estudia la influencia de la sonrisa en el marketing.

Pongamos por ejemplo que necesita acudir a un médico especialista privado. Consulta en internet y finalmente se tiene que decidir entre dos que están cerca de su casa y tienen buenas críticas y un precio razonable. En última instancia, encuentra una foto de ambos en sus respectivas páginas. Uno de ellos sonríe ampliamente, el otro tiene una sonrisa mucho más leve. La foto supone el desempate y, en contra de lo que el sentido común nos haga pensar, elegiremos al que sonríe menos.

La sonrisa es una importante herramienta social como ya hemos visto en otros artículos, es un signo universal de amistad o de buena voluntad. Ver en la foto a un médico sonriente nos hará sentir que es una persona afectuosa y simpática… y, sin embargo, le veremos menos competente. Los investigadores trataron de evaluar este fenómeno en varios experimentos.

En el primero, los investigadores mostraban a los participantes (123, 55 mujeres) imágenes de marketing que mostraban al vendedor ya fuera con una sonrisa amplia o leve y debían valorar del 1 al 7 por un lado lo afectuoso, amable, simpático, sincero que era, y por otro lo competente, inteligente, capaz y hábil. Es decir, ocho virtudes subdivididas en dos grupos: afecto y competencia. Efectivamente las sonrisas amplias puntuaban más alto en las cualidades afectuosas pero menos en las de competencia y se podía ver el efecto opuesto en la sonrisa leve.

En otro experimento, con 281 participantes (155 mujeres) se añadió la variable “riesgo”. Se les presentaba el supuesto anuncio de una nutricionista y en una de las variantes daba un consejo muy arriesgado sobre salud y en otra uno poco peligroso. Cuando el consejo peligroso iba asociado con una gran sonrisa se reducía la competencia percibida, las posibilidades de contratar el servicio e incluso disminuían las inscripciones a la prueba gratuita. Sin embargo, cuando el riesgo era bajo y la nutricionista sonreía ampliamente era vista como más afectuosa y no afectaba a la competencia, consiguiendo una mayor inscripción y contratación.

Esto es así por el enfoque prevención-promoción: cuando estamos buscando algo con la intención de prevención o protección, como sería por ejemplo un abogado o un médico, importa más la competencia que el afecto; pero cuando buscamos promoción o adquisición de algo que no supone un peligro como contratar una dieta o comprar ropa, nos importa más el afecto que nos muestra el vendedor y preferimos una agradable sonrisa que su apariencia competente.

Por tanto, no es que en los negocios la sonrisa deba eliminarse sino que debe tenerse en cuenta qué tipo de negocio estamos ofreciendo y, acorde a ello, ofrecer una apariencia u otra: Una gran sonrisa para negocios o servicios con poco riesgo como la moda, y una sonrisa leve para empleos en los que debes mostrarte competente y experto como abogacía, medicina y asesores financieros. Debemos, por tanto, de asegurarnos de estar lanzando las señales adecuadas al público.

Distintos momentos, distintas situaciones: Conducta verbal vs. Conducta no verbal. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Behavioral Stability Across Time and Situations: Nonverbal Versus Verbal Consistency”, de los autores Max Weisbuch, Michael L. Slepian, Asha Clarke, Nalini Ambady y Jeremy Veenstra-VanderWeele, de la Universidad de Tufts de Massachusetts (Estados Unidos), que estudia la estabilidad y la consistencia del lenguaje no verbal frente a la comunicación verbal.

Somos conscientes de que no actuamos de la misma forma cuando estamos frente a nuestros compañeros de trabajo que frente a nuestros amigos, ni hablamos de la misma forma en el bar que en un funeral. Aunque somos la misma persona, regulamos nuestra forma de comportarnos según el momento y el contexto. Sin embargo, ¿hasta qué punto cambia de una situación a otra nuestro lenguaje no verbal? ¿Se adapta también o es mucho más automático e involuntario?

Entendemos desde la psicología que nuestra personalidad es un conjunto de rasgos y conductas relativamente estables en el tiempo y consistentes de unas situaciones a otras que modulan nuestro estilo de respuesta a lo que sucede a nuestro alrededor. La personalidad es algo distintivo y propio de cada individuo que ayuda a predecir la conducta. Pero si podemos modular nuestra forma de comportarnos, ¿hasta qué punto somos estables o consistentes realmente?

En el primer experimento se pretendía evaluar consistencia situacional, es decir, si varía la conducta de una misma persona en distintos ambientes. Para esto se grabó el comportamiento de los 41 participantes (21 mujeres y 20 hombres) en dos situaciones distintas. La primera situación era una entrevista con un investigador de edad adulta y sexo masculino vestido con ropa formal. La segunda entrevista tenía lugar con una joven que no informaba de ser investigadora y actuaba como cómplice, simulando estar siendo entrevistada también y charlando con el participante de forma más distendida. En ambas situaciones se evaluaba la expresión verbal y la no verbal y se hacía por separado: la verbal en transcripciones y la no verbal en vídeos sin sonido para evitar interferencias.

En el segundo experimento se pretendía evaluar estabilidad temporal, es decir, si varía la conducta de una misma persona en distintos momentos temporales. Para este experimento se grabó a estudiantes de medicina en dos situaciones similares, separadas por 32 meses. En ambas situaciones debían tratar a una paciente que era cómplice del experimento, de manera que la actriz podría redirigir la entrevista para que las situaciones fueran similares y además era una situación muy natural ya que los estudiantes realmente creían estar entrevistando a una paciente hasta el final del estudio y no se veían influenciados por estar en un experimento. El lenguaje verbal y no verbal se examinó de la misma forma que en el primer experimento.

Como resultados, en el primer experimento encontramos que de una situación a otra la conducta verbal variaba, es decir, no era consistente. Sin embargo, la conducta no verbal se mantenía bastante inalterada. Y en el segundo experimento encontramos algo muy similar: con el paso del tiempo el lenguaje verbal variaba, pero el no verbal se mantenía estable. Este último resultado es especialmente reseñable ya que, al tratarse de médicos en formación, podrían haber asimilado nuevas formas de comportamiento para relacionarse con los pacientes, y aun así se encontró que el lenguaje no verbal se mantuvo durante casi tres años.

En conclusión, encontramos datos muy relevantes para la psicología de la personalidad, demostrando la coherencia interna esperada y cómo nuestro lenguaje no verbal, al ser más automático y menos voluntario que el verbal, define mucho mejor nuestra forma de ser a través del tiempo y de las distintas situaciones como una huella personal.

¿Sonreír te hace menos creíble? Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Gender, Smiling, and Witness Credibility in Actual Trials”, de los autores Jacklyn E. Nagle, Stanley L. Brodsky y Kaycee Weeter, de la Universidad de Alabama (Estados Unidos), que estudia cómo afecta la sonrisa a la credibilidad según el género.

Sonreír es una capacidad de gran importancia para los seres humanos. Como ya vimos en otros artículos, sonreír expresa nuestras emociones e incluso cuando la sonrisa es forzada mantiene una utilidad social. Además, sonreír con mayor o menor frecuencia indica rasgos de nuestra personalidad como la extroversión o la simpatía. Sin embargo, no todo lo referente a la sonrisa es positivo. ¿Qué ocurriría si percibiéramos a las personas que sonríen como poco creíbles o menos dignas de confianza?

Por una cuestión social, las mujeres tienden a sonreír más que los hombres. Por esta razón, de alguna forma esa idea admitida en el subconsciente nos hace juzgar más duramente a un hombre que sonríe, como si violar su rol de género le diera menos credibilidad. Según algunos estudios, en un juicio es menos aceptable que sonría un testigo masculino a que lo haga uno femenino, ya que en ellas es algo “normal” pero no en ellos. El objetivo de este estudio era analizar con más precisión la influencia de la sonrisa en la credibilidad según el género.

Los investigadores usaron la Escala de Credibilidad de los Testigos (WCS) que es una herramienta para medir la credibilidad percibida a través de cuatro facetas principales que se asocian a ella: la simpatía, la confianza, la integridad y el conocimiento. Si el acto de sonreír influye en cómo nos perciben en cuanto a alguna de esas características tendría, por tanto, efecto en la credibilidad. La hipótesis principal del estudio es que sonreír afectaría en la credibilidad a través de dos de sus facetas secundarias: la simpatía y la integridad.

Se evaluaron clips de vídeo de juicios reales, tanto penales como civiles (entre los que se incluyen casos de trabajadores, agresiones, violencia doméstica, tráficos de droga y asesinatos). Los testigos fueron 22 hombres y 10 mujeres mayores de edad, de los cuales 21 eran caucásicos y 11 afroamericanos. Se contabilizaron sus sonrisas y se hizo a los participantes evaluarles en función de la Escala de Credibilidad.

De los 32 testigos observados, 23 sonrieron (72%) y 9 no (28%). Tal y como se esperaba, las mujeres sonrieron más que los hombres aunque los datos no llegaron a ser significativos, quizás por el bajo número utilizado. Sin embargo, los hombres parecían más íntegros que las mujeres. Además, los testigos que sonreían eran vistos como más simpáticos, y cuando la sonrisa era de una mujer el efecto era mayor que en los hombres. Sin embargo, las mujeres sonrientes no parecían más simpáticas que los hombres no sonrientes. Los investigadores creen que esto se debe a que de esta forma (mujer-sonrisa; hombre-serio) era congruente con las normas de género y eso favorecía la simpatía.

Es decir, contrario a las expectativas, el género y la sonrisa afectaban a la credibilidad pero de forma combinada. Los hombres eran más dignos de confianza hasta que sonreían, entonces lo eran las mujeres al parecer más simpáticas. Es decir, por desgracia, para parecer creíble hay que cumplir los estereotipos de género, pues aunque la influencia no sea muy grande, cada pequeño paso ayuda.

Los mentirosos no evitan la mirada, la buscan. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Windows to the Soul? Deliberate Eye Contact as a Cue to Deceit”, de los autores Samantha Mann, Aldert Vrij, Sharon Leal, Pär Anders Granhag, Lara Warmelink y Dave Forrester, de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido), que pone en evidencia que los mentirosos buscan el contacto visual deliberadamente durante la mentira.

Popularmente existe la creencia de que los mentirosos evitan la mirada de su interlocutor cuando hablan. Mann, en un experimento en 2004, preguntó a 99 agentes de policía cómo detectar cuando alguien estaba mintiendo y el 73% afirmó que creían que los mentirosos mirarían a otro lado al hablar. Es posible que la razón por la cual creemos que los mentirosos tienden a desviar la mirada es porque la gente suele desviar la mirada cuando está avergonzada y es posible sentirse avergonzado cuando uno hace algo moralmente reprochable como mentir. Además, también es común desviar la mirada cuando el esfuerzo mental aumenta y mentir requiere más carga cognitiva que ser sincero.

Sin embargo, también tenemos razonas para creer que los mentirosos no desviarían la mirada. Cuando intentamos persuadir a alguien tendemos a mirarle a los ojos y una mentira no es sino un intento de persuadir al otro de que estamos diciendo la verdad. Mientras que alguien que está siendo sincero y da por supuesta su credibilidad no tiene la necesidad de buscar la mirada del otro para convencerle de ella. Un mentiroso, en cambio, necesita monitorear a su interlocutor mientras habla para asegurarse de que le está creyendo y seguir construyendo alrededor de su mentira si fuera necesario.

Los estudios, en cambio, ofrecen datos contradictorios al respecto. Los autores hipotetizan que estas incongruencias puedan deberse a que, por un lado, el mentiroso desea apartar la mirada, pero por otro lado tiene la necesidad de mantener el contacto visual para parecer convincente. El resultado final es una cantidad de contacto visual similar a la de una persona sincera. Esto no implica que no podamos usar la mirada para detectar mentiras sino que hasta ahora no lo hemos hecho de la manera correcta. Por ello, la hipótesis de este estudio es que los mentirosos desean parecer convincentes y necesitan monitorear a su interlocutor y, por tanto, podremos apreciar en ellos intentos de contacto visual deliberados.

Para este experimento se utilizaron a 338 participantes, siendo en su mayoría hombres (72%) y con una edad promedio de 34 años. Las nacionalidades fueron además muy diversas, siendo 28 el mínimo de una zona continental y 46 el máximo. El procedimiento era sencillo: se esperaba a la gente a la salida de un aeropuerto internacional y se les ofrecía participar en el experimento con la posibilidad de ganar 10 libras por ello. Si accedían a ello, se les informaba de que otro investigador les iba a hacer dos preguntas. A la primera, todos debían contestar la verdad (¿a dónde vas a volar hoy?), pero a la segunda a unos se les decía que al hablar con el otro investigador debían mentir y a otros que debían decir la verdad (¿Cuál es el propósito de tu viaje?). Posteriormente el investigador trataba de juzgar si le estaban diciendo la verdad o no. El experimento duraba unos 20 minutos y ambas entrevistas eran registradas. Finalmente 177 participantes estaban en el grupo sincero y 161 en el de los mentirosos. Se confirmó más tarde que todos los que debían ser sinceros lo habían sido y que todos los que debían inventar una mentira efectivamente lo habían hecho.

Se pidió a personas ajenas a la investigación analizar las grabaciones para codificar el porcentaje de tiempo que los participantes evitaban la mirada del investigador y el que deliberadamente la buscaban. En los resultados no se encontraron diferencias significativas en cuanto a la etnia pero sí que se hallaron respecto a las miradas: las personas sinceras buscaban menos el contacto ocular que los mentirosos.

En contra de lo que habitualmente se cree, no hay diferencia entre personas sinceras y mentirosas a la hora de evitar la mirada. Sin embargo, sí que la hay a la hora de buscar la mirada del oyente, como si estuvieran valorando si resultaban creíbles o no. Así pues, es importante no usar esto como un indicador automático de engaño, es una cuestión de grado, pero este estudio aporta una interesante clave para la detección de la mentira a nivel no verbal.

Las verdaderas emociones pueden ocultarse tras una sonrisa. Club Lenguaje No Verbal.


Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Hiding true emotions: microexpressions in eyes retrospectively concealed by mouth movements”, de los autores Miho Iwasaki y Yasuki Noguchi, de la Universidad de Kobe (Japón), que analiza cómo la parte inferior del rostro ayuda a disimular microexpresiones de la parte superior.

Cuando vamos paseando por la calle y nos encontramos a alguien que no nos cae especialmente bien, durante apenas un instante mostramos una expresión de desagrado que pasa a ser disimulada rápidamente por una sonrisa forzada para poder saludar cortésmente. En nuestra vida cotidiana tenemos muchas situaciones como esa, y es que en el día a día se entremezclan las expresiones emocionales sinceras y las falsas.

Es innegable la utilidad de saber distinguir una expresión sincera de una falsa y han surgido multitud de estudios sobre el tema. Por ejemplo, para distinguir una sonrisa auténtica de una falsa, una de las claves está en los ojos. La contracción de los músculos que rodean los ojos crean ese característico efecto de “patas de gallo” que representan a la sonrisa Duchenne, la sincera. Es por esto que se considera que las emociones sinceras ocurren en la parte superior del rostro y que la inferior es más fácilmente manipulable a nuestro antojo.

Sin embargo, los autores de este estudio sugirieron que una sonrisa es un rasgo muy predominante en la cara y podría enmascarar las microexpesiones a pesar de que ocurrieran en lugares distantes del rostro. De hecho, cualquier movimiento de la boca podría distraer al interlocutor de los cambios ocurridos en los ojos apenas un instante antes.

Para este estudio se llevaron a cabo cinco experimentos en los cuáles participaron respectivamente 19, 17, 10, 10 y 12 personas. A todos los participantes se les pasó un test de autismo para descartar problemas en el reconocimiento de emociones, confirmando que todos estaban en el rango normal. En el primer experimento se medía el movimiento ocular de los participantes mientras se les presentaban unas imágenes en las que aparecían caras neutras que posteriormente cambiaban para presentar un cambio emocional en boca y ojos, en sólo uno de los dos o en ninguno y luego pasaba a neutro o a mostrar un cambio en la boca. La expresión emocional duraba apenas 50 milisegundos. Se pedía a los participantes que ignoraran la boca y se centraran en los ojos, tratando de discernir cuándo observaban una microexpresión en los ojos y cuando no. En otro de los experimentos se utilizó únicamente la alegría como emoción a valorar. En esta ocasión los ojos mostraban una microexpresión emocional que podía variar entre ira, asco o alegría y posteriormente se enmascaraba con cualquiera de las seis emociones (ira, asco, alegría, sorpresa, tristeza, miedo) o una expresión neutra. Se utilizaron tanto rostros femeninos como masculinos.

Los resultados, a pesar de estar basados en pocas personas, eran muy contundentes: hay una clara interacción entre la parte inferior y superior del rostro que obstaculiza nuestros juicios de autenticidad de las expresiones emocionales. Cuando había cambios en la parte inferior de la cara las microexpresiones de los ojos pasaban desapercibidas la mayoría de las veces, incluso aunque se había predispuesto a los participantes a que prestaran toda su atención a los ojos. Se encontró también que el efecto se maximizaba cuando, después de una expresión en los ojos ocurría una expresión en la boca. Es posible que esto sea una estrategia inconsciente para desviar la atención durante una conversación, de manera que las expresiones involuntarias pasan desapercibidas por otras voluntarias y deliberadamente más lentas que buscan inhibir la percepción de las anteriores.

En conclusión, incluso cuando sabemos que este fenómeno ocurre no podemos evitar que la boca nos distraiga de los ojos. Quizás sería conveniente grabar las reacciones que realmente nos interese analizar para poder analizar las microexpresiones de forma artificial como en casos judiciales. Por otro lado, parece que lo que nos dictaba el instinto funciona: una buena sonrisa falsa puede ocultar lo desagradable que nos resulta alguien.

Afasia y emociones: No comprender el lenguaje te hace detectar mejor las mentiras. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Lie detection and language comprehension: People who can’t understand words are better at picking up lies about emotions.”, de los autores Nancy L. Etcoff, Paul Ekman, John J. Magee y Mark G. Frank, de la Universidad de Massachusetts, que pone en relación la afasia con la capacidad para detectar mentiras.

En los ochenta, en un pabellón de afasia en Estados Unidos, hablaba en televisión el que en aquella época era el presidente, Ronald Reagan. Se podía esperar que el presidente conmoviera a sus conciudadanos con su discurso, pero en aquel lugar lo que resonaban eran carcajadas. No todos, cierto. Había algunos desconcertados, otros ofendidos, incluso algunos claramente recelosos… pero la gran mayoría parecían estar oyendo el mejor de los chistes. ¿Por qué aquellas personas que no podían entender lo que oían se reían con el discurso?

Las personas con afasia tienen daño en el hemisferio cerebral izquierdo, la zona encargada del lenguaje y según el tipo de afasia, puede llegar al extremo de no ser capaz de comprender el lenguaje, como si todo el mundo les hablara en un idioma desconocido y que son incapaces de aprender. Sin embargo, el habla no es sólo palabras, es expresión. Los afásicos no entienden las palabras pero oyen el tono, ven la expresividad, toda la comunicación no verbal que hay en torno al habla.

Precisamente porque no entienden el lenguaje no se les puede engañar con él, y en su defecto captan única y exclusivamente todas las señales involuntarias y espontáneas que son mucho más difíciles de falsear y que ponen en evidencia la mentira. De alguna manera, el cerebro compensa la pérdida de una capacidad alimentando otra en algunos casos y en los afásicos les hace más sensibles al lenguaje no verbal. Por ello, aquella sala se reía al oír el discurso del presidente: captaban su lenguaje no verbal y lo percibían tan grotesco e incongruente que no sólo no podían ser engañados, sino que lo encontraban incluso gracioso.

Un equipo de Massachusetts quiso poner a prueba esta capacidad que siempre se ha dado simplemente por hecho y comprobar en el laboratorio las habilidades de los afásicos comparándolas con otros tipos de daño cerebral y con personas sanas. Así que para este experimento se compararon los resultados de 10 pacientes con graves deficiencias en la comprensión del lenguaje por daño en el hemisferio cerebral izquierdo, 10 pacientes con daño en el hemisferio cerebral derecho, 10 personas sanas de edad similar a los pacientes y 48 estudiantes universitarios sanos. La tarea consistía en ver un vídeo en la que aparecían diez personas, dos veces consecutivas cada una: una de las veces que hablaban, las personas estaban viendo escenas agradables y hablando de las emociones positivas que sentían al verlas; en el otro clip de vídeo debían decir lo mismo pero mientras veían escenas horribles de mutilaciones. Es decir, en un vídeo debían mentir y en el otro, no.

Los pacientes afásicos, es decir, los que tenían daño en el hemisferio izquierdo, fueron significativamente más precisos detectando mentiras. Y no sólo eso: también se dividían los vídeos en aquellos donde las pistas de la mentira estaban en la expresión facial, el tono de voz o ambos. Se encontró que todos los pacientes afásicos eran inusualmente sensibles a las expresiones faciales que delataban la mentira, con una media del 73% de acierto en detectar mentiras.

En conclusión, es posible que el daño en los circuitos del lenguaje dé lugar a un mecanismo compensatorio en el cerebro que aumente el reconocimiento de conductas no verbales. O tal vez, simplemente, el no vernos “distraídos” por las palabras y tener como única fuente de información el lenguaje no verbal nos haga más expertos en este tipo de comunicación. Pero queda en evidencia la importancia de analizar el lenguaje no verbal para la detección de la mentira, ya seamos afásicos o no.

Emojis y emoticonos: Perspectivas y posibilidades en el estudio del lenguaje no verbal. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Emojis: Insights, Affordances, and Possibilities for Psychological Science”, de los autores Linda K. Kaye, Stephanie A. Malone y Helen J. Wall, de la Universidad Edge Hill de Ormskirk (Reino Unido) y la Universidad Católica de Australia, que abordan el uso de los emoticonos y los emojis en la comunicación virtual.

Comunicarnos es esencial para las personas como seres sociales que somos y la interacción virtual se ha convertido en una importante forma de comunicación a día de hoy. Cuando hablamos cara a cara, disponemos de dos vías de comunicación: el comportamiento verbal, como es el habla, y el no verbal, como los gestos, el tono, las expresiones faciales, etc. Sin embargo, no disponemos de esa segunda parte en los entornos virtuales ya que se basan principalmente en interacciones mediante texto escrito como blogs, mensajes o correos electrónicos. Es por ello que han surgido, como mecanismo compensatorio, el uso de emojis y emoticonos que dotan de matices emocionales el mensaje.

El primer uso informado fue en los años 80. En distintos foros se empezaron a utilizar símbolos del teclado formando caras horizontales. La primera fue la cara sonriente  :- )  para indicar que algo era broma. Después surgió la vertiente japonesa de usar letras y símbolos para crear caras de forma vertical como ésta ^_^. Esta combinación de letras y símbolos son los emoticonos, cuyo nombre deriva de “emoción” e “icono”. Tiempo más tarde surgieron los emojis, que son las distintas imágenes con forma de cara que muestran una emoción de forma más clara y menos subjetiva 🙂 .

Ahora estos símbolos se han convertido en una expresión emocional frecuente con una clara intención comunicativa en nuestros mensajes y hasta un 92% de la población on-line los utiliza. Y no son sólo la forma de comunicación de los jóvenes del milenio: una encuesta de 2014 en Estados Unidos reveló que sólo el 54% de los usuarios de los emoticonos estaban en el rango de edad entre 18 y 34 años. Es decir, casi la mitad de la gente que los usa para expresarse no son precisamente “jóvenes”. Por ello, los investigadores creen que comunicarse a través de estos elementos estaría más relacionado con la personalidad que con la edad. De modo que ya podemos echar un vistazo a las recientes investigaciones que, aunque aún novedosas y casi en pañales, ya evalúan esta nueva forma de comunicación digital y lo que revela del comportamiento humano.

Los usuarios son muy conscientes de cómo los emojis y los emoticonos reducen la ambigüedad del discurso, pero también son más “controladas”. A diferencia de las expresiones faciales o el tono de voz, que son espontáneas, la matización que se hace en los medios online es voluntaria y puede ser fácilmente manipulada, perdiendo parte de su honestidad si así se desea. Independientemente de las ventajas y desventajas, somos contextualmente conscientes de con quién hablamos y en qué medio, lo que nos hace regular el uso de emoticonos y emojis según la situación. Por ejemplo, no es lo mismo un mensaje a un amigo que a un jefe, ni tampoco es igual el correo electrónico que las redes sociales.

Además de examinar el uso de los emoticonos y emojis en las emociones, también se ha investigado cómo se comunica la personalidad y cómo se es percibido por los demás gracias a ellos. Los hallazgos recientes indican que los observadores inexpertos son capaces de juzgar la extroversión y la apertura a la experiencia de sus interlocutores en la red con niveles razonables de precisión tan sólo viendo su perfil de Facebook. Esto sería una ventaja sobre la comunicación cara a cara, donde la apertura a la experiencia es en gran medida indetectable en las primeras impresiones.

Juntos, estos hallazgos ilustran que hay claramente algo único en los comportamientos virtuales que los distinguen de las acciones tradicionales del comportamiento humano. Y, dado que podemos prever que la comunicación cara a cara, pese a que nunca será sustituida por la virtual, va a compartir escenario cada vez con más fuerza con ésta, es interesante seguir abordando este nuevo campo de estudio en la comunicación y la conducta humana.

Los efectos de la cara aniñada y la edad en la credibilidad. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facial appearance and impressions of credibility: The effects of facial babyishness and age on person perception”, de los autores Jaume Masip, Eugenio Garrido y Carmen Herrero, de la Universidad de Salamanca, que cómo la edad o los rasgos aniñados influyen en la percepción de las personas.

Realizamos mucha investigación tratando de detectar la mentira tanto a través del lenguaje como de la conducta no verbal; sin embargo, es importante prestar atención también a las creencias sobre el engaño y las señales que la gente utiliza para realizar juicios de veracidad y que, en muchos casos, no son ciertas. Sabemos que la ropa, el atractivo físico o incluso una sonrisa pueden llegar a influir a nivel inconsciente en cómo de honesta percibimos a una persona, y uno de los rasgos que se estudiaron en esta investigación fueron las facciones aniñadas.

Los bebés son vulnerables y dependientes, es por ello que es una cuestión evolutiva ser capaz de percibir las características que nos llevan a identificar a un bebé para protegerlo y cuidarlo. Esas características morfológicas que desencadenan nuestros instintos son las siguientes:

  • Estructura craneal: Los niños tienen una frente más grande y una barbilla más pequeña.
  • Ojos: En el proceso de maduración crecen poco, por ello en proporción son más grandes en un niño que en un adulto respecto al resto de la cara.
  • Cejas: En los niños son más delgadas y más altas.
  • Nariz: Más pequeña y achatada en los niños.
  • Orejas: Los niños las tienen más pequeñas.
  • Labios: Los niños tienen la boca más pequeña, por lo que sus labios parecen más carnosos en proporción y se ven más delgados en los adultos.
  • Mejillas: Los bebés tienen las mejillas redondas y rechonchas, pero al desarrollarse la mandíbula en la adolescencia se pierde ese efecto. Por ello las caras adultas son más angulosas o de facciones fuertes.
  • Otros elementos: Además, los niños tienen una piel más clara y suave que la de los adultos, un cabello y ojos también más claro y unas pupilas proporcionalmente más grandes que los adultos.

Sin embargo, se ha encontrado que en individuos adultos que muestran características faciales que se asemejan a las de los bebés se les atribuyen también rasgos infantiles y, en consecuencia, se les percibe como menos maduros o intelectuales. Aunque, por otra parte, también se les ve como más accesibles, tranquilos, amables y afectuosos. Eso sin duda tiene repercusiones a nivel social e interpersonal como en las oportunidades laborales o la atribución de culpa en un tribunal. La hipótesis de esta investigación era que podríamos ver cómo además podíamos ver afectada la credibilidad y la honestidad entre otras características tanto en caras aniñadas como en niños respecto a adultos o facciones más adustas.

En este experimento participaron 324 estudiantes universitarios, mayoritariamente mujeres. Mediante el uso de programas de ordenador para modificar fotografías, se cogieron tres fotografías de un varón en diferentes edades (niño, adulto y anciano). Se manipularon para que vistieran igual y tuvieran una expresión neutra y un mismo peinado y salieran mirando a la cámara, como en documentos oficiales. Luego se manipularon para resaltar en cada una de las fotografías las características propias de la edad (por ejemplo, que el niño tenga los ojos grandes o que un anciano tenga los labios más finos). De manera que se tenían 9 fotografías finales (3 rangos de edad x 3 niveles de aniñamiento facial). Cada persona veía una única foto y rellenaba un cuestionario, de manera que cada cara fue evaluada 36 veces. Los participantes debían valorar cada cara del 1 al 7 en las siguientes características: fuerte-débil, sumisión-dominancia, inteligente-estúpido, ingenuo-astuto, afectuoso-distante, sincero-deshonesto, creíble-poco creíble.

En los resultados encontramos que las variaciones a las que se sometían las caras variaban el juicio que se hacía sobre ellas. Las caras aniñadas eran percibidas como más honestas, más creíbles, más débiles, más sumisas, más ingenuas y más afectuosas que las maduras. Es decir, afectó a todas las variables menos la inteligencia. Y la variable de la edad influyó también, demostrando que cuanta más edad más probable vemos una agresión sexual, fuerza, astucia, dominancia y frialdad emocional. En cambio, se veía a los niños como menos sinceros, debido a que se les considera demasiado imaginativos y poco confiables, con la única excepción de las agresiones sexuales, donde no se consideraba que un niño pudiera mentir.

Es importante en los contextos legales tener en cuenta que la apariencia o la edad de la gente nos influye a nivel subconsciente. Es posible que nos veamos afectados por el estereotipo de que “lo bello es bueno”: otros experimentos en el pasado ya demostraron nuestra tendencia a creer que las personas más atractivas son también más inteligentes, sinceras, honestas y cándidas. En vistas de nuestra falta de precisión ajustando la credibilidad de forma tan superficial es importante mejorar las herramientas de para su evaluación y tratar de ser lo más imparciales posible.

Sonreír cuando estás afligido: Cuando la sonrisa significa un ceño fruncido. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Smiling When Distressed: When a Smile Is a Frown Turned Upside Down”, del autor Matthew E. Ansfield, de la Universidad de Lawrence, que analiza la utilización de la sonrisa en situaciones angustiosas o desagradables como máscara de las verdaderas emociones.

La gente a veces responde a las experiencias emocionales negativas de maneras aparentemente paradójicas. No es raro que en situaciones incómodas o vergonzosas la gente tienda a sonreír o a reír, como cuando te tropiezas frente a gente conocida o te cantan cumpleaños feliz y no sabes a dónde mirar mientras tanto. Tras una montaña rusa o asustarse en una película de terror, no es raro ver a la gente reír aunque en realidad estén abrumados. Incluso en algunos funerales se ha encontrado un extraño comportamiento risueño en los cónyuges. Así que, ¿por qué la gente sonríe durante experiencias bochornosas o angustiantes en lugar de mostrar sus verdaderas emociones?

Algunas teorías creen que sonreír es en realidad una “máscara” para camuflar las emociones negativas en circunstancias sociales según dictan las reglas culturales, ya que, como sabemos, las emociones son universales pero no su expresión según dónde nos encontremos, y no todas las culturas valoran de la misma forma la expresividad emocional. Sin embargo, otras teorías sugieren que se trate de una función autoreguladora, de manera que ayude a regular el ánimo y disociarse del estímulo negativo. A pesar de estas explicaciones, existe poca investigación que pruebe el papel de la sonrisa en las experiencias emocionales negativas, por ello se llevó a cabo este experimento para comparar hombres y mujeres en distintas situaciones y valorar sus reacciones emocionales.

Para la primera fase se presentaron 160 personas (80 hombres y 80 mujeres), que fueron emparejados con alguien de su mismo sexo, con alguien del sexo contrario o participó en solitario. Cada uno de los subgrupos se decidió al azar, respetando que hubiera el mismo número de personas de cada sexo en cada uno. La actividad consistía en ver cuatro clip de vídeo desagradables, cuatro divertidos y cuatro neutros, en orden aleatorio, de entre 40 y 50 segundos. Después se les pidió que evaluaran su experiencia emocional viendo los vídeos, se les encuestó sobre sus lenguaje corporal (“¿has sonreído a propósito?”, “¿te has mostrado disgustado?”) y, por último, unos evaluadores externos calificaron las reacciones que vieron en los participantes.

Como resultado, no sólo se sonreía más cuanto mayor era la intensidad de la emoción y que se hacía más cuando se estaba acompañado que solo, sino que además los hombres tenían más tendencia a enmascarar sus emociones bajo una sonrisa que las mujeres. Además, tanto hombres como mujeres sonreían más cuando estaban acompañados de un hombre que de una mujer. Además, tres de cada cuatro personas de los que sonrieron viendo los vídeos angustiosos dijeron ser conscientes de ello, pero no porque estuvieran sonriendo a propósito, sino porque trataban de no hacerlo. Por otro lado, cuando se preguntó a hombres y mujeres cómo deberían reaccionar viendo algo desagradable, el 55% de los hombres respondió que con una expresión estoica y el 41% que con disgusto, mientras que el 92% de las mujeres dijo que debían mostrar disgusto: por lo tanto, parece que los participantes sonreían a pesar de que sus creencias de que no era apropiado y de sus esfuerzos conscientes por no hacerlo.

Dado que sonreír en sustitución de una muestra de disgusto o de una expresión más apropiada a la situación que no enmascare los sentimientos reales es algo que se valora negativamente, se decidió llevar a cabo un segundo experimento para tratar de medir el efecto de cómo somos vistos por los demás cuando hacemos tal conducta. Para ello participaron 65 hombres y 65 mujeres y se les pusieron los vídeos que se grabaron de las reacciones de los participantes del primer estudio. Los vídeos no tenían audio y no se les informó de qué estaban viendo los participantes para mostrar esas reacciones, sólo que debían decir sus impresiones sobre ellos. Luego volvieron a verlos tras leer antes de cada clip de vídeo un resumen del vídeo que habían visto en esa ocasión los participantes y luego debían valorar de nuevo sus reacciones y sus impresiones sobre ellos.

Curiosamente, aunque los hombres estaban experimentando mayores dificultades emocionales, sus sonrisas parecían de diversión más que de disgusto, mientras que las mujeres se percibían más disgustadas que divertidas. Y, cuánto más parecía que alguien se divertía en lugar de pasarlo mal, más inapropiado se percibía; aunque, por otro lado, cuando un hombre hacía esto se le percibía como más masculino y dominante, como si esta conducta fuera parte del estereotipo masculino. Del mismo modo, si una mujer mostraba esa conducta se la veía como más masculina.

En conclusión, parece que podemos afirmar que la sonrisa responde tanto a la necesidad de autorregularse y por ello podíamos observarla incluso cuando los participantes estaban solos frente al estímulo negativo, como a la necesidad de enmascarar las emociones y por ello podemos ver distintas reacciones en cuanto a género, tipo de estímulo y frente a quién se encontraban. Es posible que la diferencia en cuanto a género se deba a las reglas de exhibición emocional culturales que dictaminan que los hombres deben de ser más estoicos que las mujeres y, en su defecto, no mostrar emociones negativas en público. Por tanto, los hombres deben soportar mayor carga social y su angustia es mayor ante las emociones negativas por tener que lidiar al mismo tiempo con la necesidad de ocultarlas. Por ello, los hombres sonríen más que las mujeres ante situaciones desagradables o estresantes y, contrariamente a las mujeres, parecen divertidos aunque no es así.

Detección de la mentira a nivel inconsciente. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Some Evidence for Unconscious Lie Detection”, de los autores Leanne ten Brinke, Dayna Stimson y Dana R. Carney, de la Universidad de California, que investiga sobre la detección a nivel subconsciente del engaño.

La mentira forma parte de nuestro día a día. Desde las mentiras “piadosas”, que son herramientas pro-sociales y sin consecuencias negativas, hasta las destructivas y dañinas. Y, sin embargo, la capacidad del ser humano para detectar con precisión la mentira es de apenas el 54%. Es decir, apenas superior a decidir al azar si algo es mentira o no. No obstante, esta incompetencia para la detección del engaño no parece compatible con la teoría evolutiva. Para la adquisición de recursos relacionados con la supervivencia y la competición por los compañeros atractivos, la capacidad de mentir debería haber evolucionado junto con la capacidad de detectar el engaño.

Algunas teorías creen que erramos por la ausencia de señales estereotipadas: los mentirosos no siempre evitan la mirada o se muestran nerviosos. El hecho de que busquemos las señales equivocadas puede cubrir las mentiras, junto con la negligencia de obviar que incluso dentro de una misma persona las señales que nos indican que miente varían con el tiempo. También hay autores que creen que en épocas de abundancia y seguridad carecemos de la motivación necesaria para mantenernos alerta y detectar los engaños, lo cual encajaría en la teoría evolutiva al significar que en épocas de escasez aumentaría nuestra precisión fruto de la necesidad.

En cambio, los autores de esta investigación defendían que el problema radicaba en la mente consciente: estamos afectados por los estereotipos y los sesgos y eso afecta a nuestro análisis de la conducta ajena. Su hipótesis era dejándonos llevar de forma más intuitiva e inconsciente aumentaríamos nuestro porcentaje de acierto.

Para demostrar esto se llevaron a cabo dos experimentos. En el primero participaron setenta y dos estudiantes universitarios (51 mujeres, 21 hombres). Se les presentaba un vídeo de 12 falsos interrogatorios en el que a todos los actores se les acusaba de haber robado cien dólares. La mitad de ellos habían fingido el robo y la otra mitad no, y se les incentivó con que podrían llevarse el dinero de verdad si lograban convencer a quienes vieran el vídeo de no haber robado. Se les hacían diez preguntas con tono neutro, algunas verificables como “¿qué ropa llevas?” o “¿qué tiempo hace fuera?”, y otras relacionadas con el robo como “¿robaste el dinero?”, “¿por qué debería creerte?” o “¿me estás mintiendo?”. Cada uno de los vídeos duraba un minuto aproximadamente. Cuando se pidió a los participantes que dijeran de quién sospechaban que estaba mintiendo y quién estaba diciendo la verdad las respuestas fueron bastante inexactas: sólo fueron capaces de detectar al mentiroso en un 43% de las veces, y quién decía la verdad en el 48% de las ocasiones.

Para un segundo experimento contaron con sesenta y seis estudiantes universitarios (42 mujeres y 24 hombres) que visualizaron los mismos vídeos sobre interrogatorios del primer experimento y después se les hacía ver las caras de los sospechosos intercalados con palabras del campo semántico de la “verdad” o la “mentira” como “honesto”, “falso”, “engañoso”, “veraz”, etc. Los resultados mostraron que los participantes asociaban inconscientemente las palabras de engaño con los sospechosos que habían mentido y al mismo tiempo las palabras antónimas con los que dijeron la verdad.

Estos hallazgos podrían significar que, efectivamente a nivel inconsciente e intuitivo podemos detectar la mentira con más éxito pero nuestros procesos conscientes alteran nuestra capacidad y nos entorpecen en la detección del engaño. Sería interesante replicar estos resultados con una muestra más amplia y mayor rango de edad para evaluar con detenimiento este fenómeno a favor de la intuición.

La importancia del contexto durante el flirteo. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Is This Seat Taken? The Importance of Context During the İnitiation of Romantic Communication”, de los autores Kerry Anne McBain, Lena Hewitt, Teagan Maher, Melinda Sercombe, Shannon Sypher y Grace Tirendi, de la Universidad James Cook (Australia), que investiga sobre la relación entre el flirteo y el contexto en el que tiene lugar.

“¿Qué tal? ¿Puedo invitarte a una copa?” A veces el flirteo es obvio y otras veces es sutil. Cuando alguien coquetea está comunicando a la otra persona señales de atracción y por lo general son estrategias indirectas, de manera que se pueda sortear un rechazo directo si la otra persona no corresponde el deseo. Sin embargo, no solo podemos encontrar distintas formas de flirteo sino que también podemos mostrar propensión a hacerlo en diferentes sitios según nuestro estilo y nuestro sexo.

Sabemos que existen cinco estilos de flirteo: el tradicional, el cortés, el sincero, el físico y el juguetón. El estilo tradicional, a grandes rasgos, cumple las expectativas de género convencionales para cada sexo y se espera que sea el hombre quien haga el primer movimiento; siendo además propio de gente introvertida. El estilo cortés es más cauteloso; quiénes usan este estilo dirigen su coqueteo a menos posibles parejas, utilizan una comunicación no sexual (evitando ser abiertamente sexuales o inapropiados) y prefieren una conexión emocional y segura; por ello son personas que se toman su tiempo para conocer a la otra persona y su coqueteo es sutil e incluso imperceptible en ocasiones.

Para el estilo sincero desarrollar una conexión emocional y un interés sincero es la clave central para iniciar el coqueteo. Aquellos a los que se les atribuye este estilo son más propensos a acercarse a una pareja potencial, consideran los flirteos como un halago y creen que continuamente están coqueteando con ellos. Este estilo se asocia con el desarrollo de conexiones emocionales fuertes, alta química sexual y relaciones significativas y duraderas. No es propio de ellos coquetear para una sola noche. El estilo físico es el más competente expresando sus deseos físicamente y se siente cómodo con ello. Buscan una conexión emocional y una forma juguetona de iniciar el coqueteo. Estas personas tienen poca dificultad en hacer saber su interés a la otra persona y están ansiosos por participar en conversaciones personales y privadas. Por último, el estilo juguetón es visto como divertido y no va necesariamente vinculado al desarrollo de una relación romántica. Para las personas que tienen este estilo el objetivo es divertirse, no están interesados en relaciones profundas y no están particularmente preocupados por ser malinterpretados por los demás.

También se ha estudiado que el contexto puede ser importante a la hora de flirtear, aunque menos ampliamente. Es por ello que es el objetivo de este estudio adentrarse en la relevancia del ambiente y para ello se analizó el estilo de flirteo junto al coqueteo en diversos contextos: bar, contexto educativo, supermercado, gimnasio, oficina, transporte público, fiesta y citas rápidas.

Para esta investigación se utilizaron a 697 personas (206 hombres y 491 mujeres) con edades entre 18 y 73 años, de los cuales el 43,5% estaban solteros, el 34% en una relación y el 22,5% casados. Además, el 52% eran estudiantes universitarios y el 48% población general. La participación se llevó a cabo de manera online y tomaba unos 20 minutos aproximadamente. Además de los datos demográficos, debían rellenar dos cuestionarios: el Inventario de Estilos de Flirteo (FSI) y el Cuestionario de Comportamientos de Flirteo en Contexto (FBCQ).

Encontramos que cuando se pedía a los participantes que eligieran qué estilo de flirteo encajaba más con ellos, el 40% eligió el físico, el 43% el sincero, un 7% el juguetón, otro 7% el tradicional y el 3% restante el cortés. Para cada uno de estos estilos encontramos lo siguiente:

  • Estilo tradicional: Como decíamos al principio, son introvertidos y no están abiertos a nuevas experiencias ni se sienten cómodos en un papel social. Son más propensos a encontrarse en clubs que en bares, porque no consideran que en un bar pueda surgir una relación comprometida. Las mujeres de este estilo carecen de confianza, tienen dificultades para identificar el potencial de una relación y les cuesta desarrollar una conexión emocional dado que les resulta complicado tener conversaciones privadas y personales incluso estando interesadas en la persona. Por otro lado, los hombres son más propensos a conocer a la persona antes de acercarse de forma romántica. Cuando flirtean en una fiesta, un bar, el trabajo o un ambiente educativo es poco probable que usen el lenguaje corporal para señalar interés; y es muy poco probable verles flirteando en lugares como un supermercado.
  • Estilo físico: Son confiados, extrovertidos y abiertos a nuevas experiencias. Es gente que se siente cómoda flirteando en fiestas, bares, entorno educativo, en el gimnasio, en el supermercado o en citas rápidas. En cuanto al género, los hombres además eran más propensos a flirtear también en el transporte público que las mujeres.
  • Estilo juguetón: Este estilo busca subir el autoestima de quienes lo tienen. Son personas extrovertidas, despreocupadas con los demás y no muy educados ni cautelosos en sus acercamientos para coquetear. Los resultados muestran que pueden flirtear en cualquier ambiente indiscriminadamente pero evitarán situaciones diseñadas para mostrar un interés sincero. En cuanto a género, los hombres se mostraron más propensos que las mujeres a adoptar este enfoque lúdico en el ambiente de trabajo, en un entorno educativo, en el transporte público y en el supermercado.
  • Estilo sincero: Es un estilo extrovertido y más común en mujeres y se relaciona bien con personas de estilo educado o físico, aunque no con el juguetón y el tradicional. Son personas cautelosas pero sin problema para interrelacionarse en cualquier contexto. En una fiesta, ellos preferirían ser presentados (al igual que en el estilo tradicional) pero harían uso del lenguaje corporal (como el estilo físico) para demostrar interés a su interlocutor. El uso de lenguaje físico también sería común en contextos como el gimnasio. Sin embargo, analizando por sexos, los hombres utilizan generalmente este estilo en el supermercado o en el transporte público más que las mujeres.
  • Estilo cortés: Son siempre cautelosos en todos los entornos y por lo general prefieren entablar conversación con alguien en lugar de usar el lenguaje corporal para demostrar interés. Sin embargo, harán uso del lenguaje corporal (estilo físico) cuando flirtean en un entorno educativo. No se encontraron diferencias de género en el uso de este estilo para ninguno de los entornos evaluados.

En general, los datos del estudio son interesantes pero deben tenerse en cuenta las limitaciones de la muestra: el 80% eran menores de 25 años y la mayoría de ellos solteros, imposibilitando así la generalización. Además de que no todos los estilos estaban en la misma proporción. Sería relevante replicar los resultados subsanando esos puntos para poder generalizar las conclusiones.

Los efectos sociales y culturales en la sonrisa infantil durante el juego. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Children’s Nonverbal Displays of Winning and Losing: Effects of Social and Cultural Contexts on Smiles”, de los autores Phoebe H. C. Mui, Martijn B. Goudbeek, Marc G. J. Swerts y Arpine Hovasapian, en un estudio conjunto de la Universida de Tilburg (Países Bajos) y la Universidad de California, que sugieren que las sonrisas de los niños son susceptibles a factores sociales y culturales.

Imaginemos a un niño jugando: Sonríe cada vez gana pero se enfurruña cada vez que pierde. No es sorprendente ya que es lo que cabe esperar de un niño. Pero pongamos que el niño no está jugado solo, hay más niños con él. ¿Seguiría mostrando sus emociones de la misma forma ante los otros niños? Hacerlo podría implicar afectar al buen ambiente del juego. ¿Acaso no es desagradable que un amigo se enfade cuando le ganamos? Al jugar en equipo somos, en parte, responsables de mantener la armonía y la cohesión pero algunas sociedades ponen por encima la expresión personal y las metas individuales.

Desde muy pequeños, los niños adhieren connotaciones sociales a su sonrisa. Otros estudios han demostrado que los niños ríen más ante estímulos humorísticos si hay otros niños presentes; y que muestran sonrisas más amplias abriendo un regalo no deseado delante del experimentador que estando a solas. Así que, la forma de sonreír e interactuar de los niños durante el juego podría estar depender de su formación cultural.

Para probar esta hipótesis se llevó a cabo un experimento cuyos participantes fueron 55 niños de origen chino (siendo 34 de ellos varones) y 31 holandeses (de los cuales, 23 eran varones). Todos tenían ocho años de edad y se contaba con el consentimiento de sus padres y profesores.

Se decidió que la tarea experimental fuera un juego para obtener de los niños las expresiones faciales asociadas a ganar o perder. Los niños fueron aleatoriamente a una de las dos condiciones: jugar solo (15 niños holandeses y 13 chinos) o emparejados (16 parejas holandesas y 21 chinas). Las parejas estaban conformadas por niños del mismo sexo y debían cooperar. Los niños estaban sentados frente a una pantalla de ordenador, sobre la cual había una cámara registrando sus expresiones durante el juego. Sin embargo, para el análisis sólo se tenía en cuenta a uno de los niños de la pareja, elegido al aleatoriamente. Las instrucciones del juego se les daban en su lengua materna (holandés o chino) para asegurarse que eran entendidas.

El juego consistía en ir sacando cartas y se debía adivinar si la siguiente sería mayor o menor. Sin embargo, el juego estaba amañado para que cada niño al menos ganara dos veces y perdiera dos veces. Esto era así porque para los análisis se utilizaban nada más que la grabación de la expresión facial durante la segunda victoria y durante la segunda derrota. Evitándose así expresiones menos efusivas a medida que avanza el juego por perder el interés. Para evaluar las expresiones de los niños se utilizó el código FACS, que identifica la presencia e identidad de los músculos faciales.

Se encontró que, efectivamente, se sonreía más estando en pareja que a solas. Luego, comparando por culturas, se observó que los niños chinos que jugaban en parejas sonreían más que estando a solas, un efecto social que no ser observó en los niños holandeses. Esto encaja con la teoría de que una sociedad más estricta y colectiva (China) antepondrá al grupo por encima de uno mismo como ocurre con sociedades más flexibles e individualistas (Holanda). Fue curioso, sin embargo, que no afectaba a la sonrisa el hecho de ir ganando o perdiendo en el juego. Quizás debido a que, tanto niños como adultos, sugieren en momentos de desconcierto, como puede ser cuando se pierde de forma inesperada.

En conclusión, estos hallazgos sugieren que las sonrisas de los niños en un contexto competitivo son susceptibles a los factores sociales y culturales. Quizás sería interesante desarrollar estos resultados con otras emociones como la tristeza o incluso replicarlo en adultos para comprobar el efecto de ambas variables en la otro tipo de muestra.

Evidencias de la personalidad y la agresividad en la biomecánica de la marcha. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Evidence of Big Five and Aggressive Personalities in Gait Biomechanics”, de los autores Liam Satchell, Paul Morris, Chris Mills, Liam O’Reilly, Paul Marshman y Lucy Akehurst, de la Universidad de Portsmouth (Inglaterra), que tratan de demostrar como la personalidad y la agresividad se manifiestan a través de la forma de caminar.

Un completo desconocido en mitad de la calle, no sabemos nada de él. Y sin embargo, unos pasos inseguros parecen decirnos que es tímido. O su forma de andar rápida y vigorosa parece gritar que está enfadado. ¿Expresa nuestro cuerpo realmente cómo somos o cómo nos sentimos? Gran parte de la investigación en lenguaje no verbal se ha centrado en la cara y en los microgestos, incluso en la postura, la posición y hasta el tono de voz. ¿Pero qué pasa con nuestra forma de andar cotidiana? ¿Acaso no sería de interés poder prever las intenciones de una persona sólo viendo su forma de acercarse a nosotros?

Con la intención de arrojar luz sobre ese ámbito, se realizó un análisis exploratorio teniendo como únicas hipótesis que encontraríamos más rotación de la pelvis en mujeres y una mayor rotación del tórax en los hombres además de mayor agresividad. Respecto a la personalidad, no se hicieron hipótesis en firme.

Se reclutaron 29 participantes para el estudio, 16 de los cuales eran hombres con una media de 21 años. Se les pedía que se subieran a una cinta de correr y, tras ponerla en su velocidad de paseo normal, dieran un paseo en ella para familiarizarse. Después se les añadían unos marcadores reflectantes de 12 mm de diámetro en ambos hombros, una en la horquilla esternal (bajo el cuello), en las crestas ilíacas anteriores (cadera); y en la parte de atrás del cuerpo, crestas ilíacas posteriores (zona lumbar) y en la parte alta de la columna, ladeado hacia la derecha. De manera que se tenían puntos de referencia del tórax, de la pelvis y general. Se utilizaron además marcadores adicionales en las piernas y en los pies para identificar los ciclos de la marcha a pie. Primero se les midió durante 10 segundos estando quietos para hacer un modelo de su cuerpo y luego tuvieron que caminar 60 segundos en la cinta. Junto con las cámaras y los software de captura del movimiento se analizaron las formas de caminar de los participantes.

Posteriormente se les pasarabn dos cuestionarios. En primer lugar, el cuestionario de agresión de Buss-Perry que mide cuatro subescalas: la tendencia a la agresión física, a la agresión verbal, la disposición a la ira y la hostilidad hacia los demás. Y, en segundo lugar, hicieron el inventario de personalidad conocido como Big Five, dado que es el más ampliamente aceptado e investigado en diferencias individuales. Los cinco rasgos que mide son: la extraversión, la apertura a la experiencia, la responsabilidad, el neuroticismo y amabilidad.

Se analizaron por separado los resultados de hombres y mujeres, basándose en estudios anteriores. Respecto a la agresión, se encontró que los movimientos por separado del tórax y de la pelvis no indicaban nada, pero era el grado de rotación entre ambos el que reflejaba agresión física, especialmente en mujeres. Es decir, cuando andamos, al mismo tiempo que avanzamos el pie derecho y la cadera derecha, el cuerpo se equilibra avanzando el hombro y el brazo izquierdos, y viceversa. En la gente agresiva, el grado en que se marcan los movimientos es más pronunciado. Donde se encontró correlación para los hombres y la agresividad fue en la velocidad de la marcha: cuanto más veloces, más violentos.

Aunque se esperaba encontrar relación con la extraversión, los resultados no fueron consistentes. Sin embargo, se encontró relevancia en los datos para la amabilidad y la responsabilidad, aunque no saben justificar por qué. Es posible que la personalidad se filtre a la marcha, por ejemplo, adoptando un estilo más confiado de caminar. Pero aún debe investigarse si la marcha afecta a la personalidad o viceversa. Lo que está claro es que, aunque se tenga por un proceso automático, es un reflejo de la psicología individual y aún puede encontrarse mucha información en este ámbito. ¿Podríamos en un futuro preveer los delitos o las agresiones por la forma de caminar de los atacantes?

La sensación de intimidad en las redes sociales. Club de Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Self-disclosure on SNS: Do disclosure intimacy and narrativity influence interpersonal closeness and social attraction?”, de los autores Ruoyun Lin y Sonja Utz, del instituto de Leibniz y la Universidad de Tubinga (Alemania), que aborda el estudio de la intimidad y el atractivo social en las relaciones por internet.

Aunque las redes sociales se utilizan principalmente para mantenernos en contacto con gente conocida, no es raro entablar conversación con algún desconocido. En Twitter, por ejemplo, es relativamente común seguir a gente que sólo conocemos en línea. Algunos estudios creen que tanto las revelaciones personales como los mensajes divertidos de esta red crean sensación de proximidad entre los usuarios, pero esos juicios se han formado de manera subjetiva con estudios correlacionales. Es por ello que el siguiente estudio trata de abordar cómo se forma esta intimidad y qué factores influyen en ello.

Ya sea para hablar de qué se ha comido hoy o para profundizar acerca de un sentimiento, ambos tipos de mensaje son autorrevelaciones. Éstas se pueden clasificar en dos dimensiones: por su extensión y por lo íntimas que sean. Las revelaciones en internet tienen unas características propias en comparación con la comunicación cara a cara. En primer lugar, cuando una revelación es demasiado personal es más probable que sea considerada inapropiada que si se dijera en persona. Por tanto, la autorrevelación íntima en las redes sociales puede reducir la atracción interpersonal. En segundo lugar, las revelaciones no se dirigen a un único interlocutor, sino a varios. Sin embargo, puede ocurrir que en las redes sociales las personas no se den por aludidas y por tanto tener menos efecto. Y, en tercer lugar, las revelaciones de cada persona están inmersas en la marea de publicaciones ajenas, por lo que es posible no prestarle atención.

Por otro lado, otro factor importante es la narrativa. En las autorrevelaciones es revelar la información de uno mismo contándola de manera que parezca una historia. A la gente le gusta ser transportada por la narrativa de una película o novela, desarrollan sentimientos de cercanía con los personajes gracias a ella. Por este motivo, las autorrevelaciones que son narrativas, es decir, que en su conjunto forman una historia continua y coherente, tienen mayor facilidad de comprensión, viveza, compromiso y respuesta emocional.

Las hipótesis del estudio eran que (1) a mayor cantidad de autorrevelaciones, más familiaridad se despertaría en los demás; (2) que las autorrevelaciones íntimas, si se percibían como apropiadas, aumentaría la cercanía y la atracción social; y por último, (3) que las autorrevelación narrativas aumentarían la cercanía y la atracción social.

Para el experimento se diseño una red social llamada Social Net y que era similar a Facebook. En ella crearon cinco perfiles falsos, dos de ellos publicaron cinco veces, uno tres veces y dos una sola vez. Se trataba de un diseño 2×2: alta vs baja intimidad y alta vs baja narratividad. En todas las condiciones había mensajes distractores idénticos, intercalados de la misma forma.

En la primera fase del experimento participaron un total de 139 personas mayores de 18 años, de los cuales sólo 29 fueron hombres y con una media de edad de 24 años. Se pidió a los participantes que navegaran por la red social como si acabaran de crearse una cuenta nueva y que consideraran a los amigos ya incluidos como si los hubiera sugerido la red. Después se les preguntaba cómo de familiarizados se sentían con esos perfiles, valorándolo en una escala Likert de 1 a 7. Del mismo modo, se les preguntó por la impresión que les daban, la narrativa y el interés social. La segunda fase realizó la misma tarea pero en línea y con una muestra mayor: 433 participantes (161 de ellos eran hombres), con una media de edad de 26 años.

De ambas fases se extrae la conclusión de que la autorrevelación pública de información es beneficiosa ya que crea una sensación de familiaridad. Sin embargo, los efectos de la narrativa y la intimidad no son muy claros. Para futuras investigaciones deberán usarse sistemas más realistas, ya que la red social contaba sólo con quince publicaciones. Además, el hecho de que una fase se realice en el laboratorio y la otra a distancia puede suponer, como en este caso, la diferencia en los resultados entre ambas fases. Pero no deja de ser un paso adelante en el estudio de la forma de comunicación de este siglo.

Evaluación de la personalidad usando el olor corporal. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Assessing Personality Using Body Odor: Differences Between Children and Adults”, de la autora Agnieszka Sorokowska, de la Universidad de Breslavia (Polonia), que analiza si los rasgos de personalidad podrían ser reconocidos usando señales olfativas en las interacciones hombre-mujer y niños-adultos.

El olor corporal es una variable importante en las interacciones sociales y, sin embargo, ha sido obviada y subestimada aunque los estudios traten de demostrar su papel. Varios autores defienden que podría estar relacionado con la elección de pareja sexual, del apego entre madres y bebés, indicar la fertilidad femenina o permitir la identificación personal. Pero, además, los últimos estudios creen que podría darnos información sobre la personalidad.

Muchos estudios sugieren que el funcionamiento psicofisiológico de los individuos se refleja en los niveles de diversas sustancias químicas en la piel, la saliva, la orina y las secreciones genitales, contribuyendo al olor corporal natural. Y, más concretamente, podrían verse afectados por la extroversión, la dominancia y el neuroticismo.

Para comprobar esta hipótesis se realizaron dos estudios: uno con niños y otro con adultos. La muestra estuvo compuesta por 75 niños (35 niñas y 40 niños) con una edad media de 8 años, y 75 adultos (41 mujeres y 34 hombres) con una edad media de 20 años. Ambos grupos tuvieron que clasificar los rasgos de personalidad de 50 desconocidos (24 mujeres y 26 hombres de entre 18 y 30 años), basándose en su olor corporal, por lo que además fue requisito no tener problemas olfativos.

Se utilizó olor corporal de adultos en ambos casos debido a que las glándulas encargadas de la producción de feromonas no están activas hasta la pubertad. Para recoger la muestra de olor, se facilitó a los donantes almohadillas de algodón, cinta hipoalergénica quirúrgica, jabón sin perfume, un frasco de vidrio estéril y una nueva camiseta. Los donantes debían lavarse la mañana de la toma de la muestra con el jabón, ponerse las almohadillas en las axilas con la cinta quirúrgica, usar la camiseta suministrada y llevarlo todo durante 12 horas. Además, debían abstenerse de usar cosméticos perfumados (como desodorantes, perfume o jabón), comer alimentos picantes (ajo, cebolla, etc.) y beber alcohol o fumar desde el día de antes. Después de 12 horas, los participantes dejaban las toallitas en el frasco y las devolvían a los experimentadores.

Después, tanto donantes del olor como los participantes debían realizar un test de personalidad de seis cuestiones, cada una de ellas compuesta por tres descriptores: (1) sociable, alegre y activo (extraversión; E); (2) simpático, amable y confiado (amabilidad; A); (3) confiable, auto-disciplinado, y responsable (responsabilidad; C); (4) ansioso, nervioso y fácilmente trastornado (neuroticismo; N); (5) curioso, tiene gusto de cambios, y tiene muchas nuevas ideas (abertura a la experiencia; O). Y, por último, (6) dominante, no ceder, y es un líder (dominancia; D). Ésta última fue añadida por los autores a los cinco factores originales de la teoría de McCae y Costa. Los participantes marcan sus respuestas en la escala de 1 a 5 (1 = en desacuerdo absoluto; 2 = Algo en desacuerdo; 3 = ni de acuerdo, ni en desacuerdo;, 4 = de acuerdo en algo y 5 = totalmente de acuerdo). Todas las frases estaban en positivo y se habían mostrado a otros niños para confirmar que eran entendibles.

El procedimiento fue el mismo para adultos que para niños: La evaluación de los olores se realizó de forma que cada persona calificaba sobre 5 puntos las seis dimensiones de la muestra que se le facilitaba y debía intuir el sexo. Cada participante evaluaba cuatro muestras de olores seleccionadas aleatoriamente, pero manteniendo que examinaran al menos una masculina y una femenina. Además, cada muestra debía ser evaluada al menos seis veces, siendo al menos dos veces por un hombre y dos por una mujer.

Se encontró que los niños no identificaban correctamente el sexo por el olor corporal, ni tampoco tuvieron resultados consistentes en los seis factores salvo para el neuroticismo. En los adultos jóvenes acertaron en el sexo en el 60% de las ocasiones, lo cual no es mucho más que el azar. También se encontraron resultados significativos para el neuroticismo y, además, para la dominancia.

La razón de por qué el neuroticismo es el único factor que se puede identificar a través del olfato, tanto en niños como en adultos, podría deberse a que los neuróticos son propensos al estrés y este proceso podría afectar al olor debido a que produzcan sustancias corporales relacionadas con el miedo. Quizás, como coloquialmente se suele decir, no sólo los perros huelan el miedo.

Respecto a la dominancia, los comportamientos agresivos y dominantes correlacionan con elevados niveles de testosterona, lo que afectaría también a las glándulas sudoríparas, y por consiguiente al olor. Así que la gente dominante podría oler diferente que la gente sumisa. Y el hecho de que los niños no puedan detectar esta diferencia olfativa de poder entre adultos podría deberse a que esto sólo es importante tras la pubertad, de cara a la atracción sexual. Esto se respalda en el hecho de que las mujeres prefieran los olores de hombres dominantes durante su fase fértil del ciclo reproductivo y que los juicios de dominancia sean más precisos cuando se evalúa al sexo opuesto.

Aún queda por averiguar más sobre los otros factores de personalidad, pero por ahora los resultados muestran que el olor corporal humano puede transmitir información importante sobre nuestro interlocutor, complementando las señales visuales y auditivas y contribuyendo a la exactitud de las primeras impresiones.

La pupila refleja las decisiones y los sesgos. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Decision-related pupil dilation reflects upcoming choice and individual bias”, de los autores Jan Willem de Gee, Tomas Knapen y Tobias H. Donner, en un estudio conjunto de la Universidad de Amsterdam y la Universidad de Berlín, que aborda cómo las pupilas cambian su tamaño según la respuesta a una decisión.

La mirada es una gran fuente de información para nuestro interlocutor, cargada de connotaciones e información no verbal que acompaña a nuestras palabras. La mayoría de esos microgestos, en mayor o menor medida pueden llegar a ser controlables, pero hay uno que nos traiciona por completo: el tamaño de nuestras pupilas.

No es novedosa la utilización de la medida pupilar para la toma de decisiones. Los cambios en el tamaño de las pupilas bajo una luz constante se han utilizado como marcador en distintos procesos mentales y cerebrales. Sin embargo, no todos los experimentos recuerdan tener en cuenta el factor del aprendizaje. No reaccionamos de la misma manera ante un estímulo la primera vez que lo vemos que las siguientes, de la misma forma que tomar una decisión no requiere los mismos procesos mentales cada vez. Es por ello que en este diseño, el equipo investigador tuvo en cuenta el efecto acumulativo que produce el aprendizaje.

Además, se tuvo en cuenta también el sesgo propio de cada persona a la hora de tomar decisiones: algunas personas tienen más tendencia a dar el “sí” incluso cuando dudan de la respuesta (liberales) y otras tienen más tendencia al “no” en caso de duda (conservadores). Así que, ¿tendrían estos factores influencia en la respuesta de la pupila a la hora de tomar decisiones?

Para contrastar esta hipótesis se contó con la colaboración de 23 estudiantes a los que se les midió el tamaño de la pupila mientras observaban una grabación en la que debían detectar una señal visual en un monitor sobre un fondo con ruido dinámico, lo cual dificultaba su percepción y, por tanto, la decisión de si lo habían visto realmente o no. Se llevaron a cabo entre 6 y 10 sesiones (entre 480 y 800 ensayos por sujeto) para ver el efecto acumulativo del entrenamiento.

Los resultados parecen mostrar que durante un proceso de decisión prolongado, la pupila se dilata principalmente durante el proceso de formación de la decisión más que cuando ya está ésta tomada.  Además, los datos parecen indicar que cuando una persona da una respuesta afirmativa las pupilas se dilatan más que si da una negativa. Por otro lado, este efecto se ve aún más remarcado cuando contesta afirmativamente la persona que tiende a ser conservadora, es decir, cuando contesta en contra de sus propias preferencias.

En cierto modo, este descubrimiento parece indicar que las pupilas pueden ser predictoras de la respuesta. Quizás, para futuras investigaciones, sea interesante replicar estos resultados con decisiones de tipo emocional, ya que eso acercaría un poco más estos resultados a sus posibles utilizaciones prácticas.

¿Las expresiones faciales se desarrollan antes del nacimiento? Club del Lenguaje no Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Do Facial Expressions Develop before Birth?”, de los autores Nadja Reissland, Brian Francis, James Mason y Karen Lincoln, en un estudio conjunto de la Universidad de Durham, la Universidad de Lancaster y el hospital universitario de James Cook, que abordan el desarrollo de las expresiones faciales de las emociones en los fetos.

Como ya comentábamos en otra ocasión, los bebés al nacer ya son capaces de expresar emociones. Partimos de la base de la universalidad de las emociones y su expresión facial por este motivo, ¿pero en qué momento se desarrolla esa capacidad si ya desde el momento del nacimiento contamos con ella?

Para responder a esa pregunta se examinaron los movimientos faciales de fetos grabados en vídeo con máquinas del ultrasonido 4D en las últimas etapas del embarazo. Los fetos fueron de dos niñas sanas. Una de ellas fue observada en las semanas 24, 27 y 34, y la otra en las semanas 24, 28, 32 y 35. Cada una de las sesiones de observación duró veinte minutos. Las expresiones estudiadas fueron la cara de llorar y la de reír, ambas compuestas por un máximo de 7 movimientos faciales.

Se identificaron 19 movimientos faciales, algunos propios de cada una de las dos expresiones faciales, pero otros no pertenecían a ninguna o eran compartidos. Como resultado se encontró que el número medio de confluencia de tres o más movimientos faciales se incrementó del 7% al 69% entre las semanas 24 y la 35. Además, las expresiones pertenecientes a la cara de llorar se incrementaron de 0 a un 42%, y la de risa de 0 a un 35%.

Es decir, antes de nacer, encontramos que un feto puede mover la cara, por ejemplo separando los labios, arrugando la nariz o bajando una ceja, como ya sabíamos. Sin embargo, los investigadores observaron que a lo largo de las semanas los movimientos iban progresando y conformando combinaciones complejas asociadas a expresiones faciales reconocibles. En la semana 24, primera etapa de la observación, los fetos movían un solo músculo de la cara cada vez, como abrir la boca o estirar los labios, pero en la semana 35 podríamos verles ampliar los labios, bajar las cejas y profundizar el surco nasolabial, todo al mismo tiempo.

A pesar de que el feto no puede hacer ningún sonido, el desarrollo de las expresiones faciales significa que al nacer, el bebé ya ha desarrollado los movimientos faciales para acompañar el llanto y la risa. Sin embargo, los autores no creen que los fetos estén manifestando las emociones asociadas a esas expresiones faciales en el vientre. Lo comparan, sin embargo, con los movimientos respiratorios o la acción de chuparse el dedo que llevan a cabo y que son precursores de las acciones que llevarán a cabo tras nacer, como si se tratara de una práctica. De manera que el feto podría estar “practicando” esas muecas.

Es interesante la potencial aplicación a identificar problemas de salud de este descubrimiento, ya que existe relación entre los patrones de comportamiento del feto y su desarrollo cerebral. Y las diferencias en la evolución de la expresión facial podrían indicarnos problemas en el desarrollo. En futuras investigaciones pretenden averiguar si también podemos encontrar diferencias entre fetos cuyas madres fumen durante el embarazo y las que no lo hacen, y también el estudio de otras expresiones faciales como la ira.

El amor está en la mirada: Un estudio de seguimiento ocular del amor y el deseo sexual. Club del Lenguaje no Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Love Is in the Gaze: An Eye-Tracking Study of Love and Sexual Desire”, de los autores Mylene Bolmont, John T. Cacioppo y Stephanie Cacioppo, en un estudio conjunto de las universidades de Ginebra y Chicago, que estudia cómo diferenciar las intenciones románticas de las sexuales de nuestro interlocutor basándose en la orientación de su mirada.

¿Alguna vez has sentido “amor a primera vista”? ¿O quizás estás más familiarizado con esas miradas que parecen desnudarte? El rostro es un elemento de gran importancia en la comunicación y la interacción social, al igual que la mirada, que nos aporta mucha información de nuestro interlocutor. Y en menos de medio segundo los ojos ya podrían estar revelando los intereses de una persona incluso antes de que él mismo llegue a racionalizarlos.

El amor y el deseo sexual han sido pocas veces estudiados como elementos separados. En parte por los sesgos heredados de nuestra cultura, y en parte por lo complicado de su estudio, ya que a nivel cerebral comparten áreas corticales y subcorticales como el tálamo y el hipocampo entre otras que complican su diferenciación. Sin embargo, el amor y el deseo ni son lo mismo ni están obligatoriamente relacionados (el amor no es requisito para el sexo, ni el deseo acaba desencadenando un enamoramiento): ambos pueden existir por sí mismos o combinados en cualquier grado. Así pues, el objetivo de este estudio era comparar las conductas humanas frente a la percepción de estímulos que les provocaran deseo sexual y enamoramiento.

Para este experimento se presentaron voluntarios 20 participantes (13 mujeres y 7 hombres). De esos 20, sólo 17 llegaron a la segunda fase. A pesar de ello, los datos obtuvieron un 95% de significación estadística. Además, todos los sujetos mostraron puntuaciones en la media de ansiedad, depresión, soledad y deseo sexual, siendo representativos de la población.

En ambas fases del experimento se les hacía presenciar una serie de fotografías de personas desconocidas en un ordenador. Para evitar interferencias, primero se evaluaba la parte conductual y luego la monitorización ocular. En la parte conductual, se pedía a los participantes mirar las fotografías y evaluar si les sugerían deseo sexual (sí o no) o amor romántico (sí o no). Después, en la parte del seguimiento ocular, se les realizaba la misma tarea pero pidiéndoles que se limitaran a observar las fotos y pensar en su respuesta anterior, salvo que en esta ocasión sólo veían dos fotos de las presentadas anteriormente elegidas al azar de cada tipo (románticas y sexuales).

En la fase 1, se mostraron 120 fotografías de parejas heterosexuales de adultos jóvenes (18 a 30 años) en las que las distintas parejas se miraban mutuamente, se tocaban las caras o miraban a cámara, y no comprendían desnudos ni escenas eróticas. Habían sido elegidas en un experimento previo en el que se seleccionaron por una muestra de similar edad las que sugerían más romanticismo y más atractivo sexual.

En la fase 2, los estímulos consistían en 80 fotografías (40 hombres y 40 mujeres) de individuos atractivos mirando a la cámara. Cada participante veía solo las fotografías del sexo opuesto. Igual que en la fase 1, la edad era similar y no se incluía pornografía. Y al igual que en la fase 1, se les encomendó decidir lo más rápido y preciso posible si la fotografía les sugería sentimientos románticos o deseo sexual, pero nunca se preguntaban ambas cosas de la misma foto.

En primer lugar, se demostró que las fotos cumplían su función y las eróticas despertaban interés sexual y las románticas sentimientos amorosos. Una vez validada la base del experimento, se demostró que los participantes eran más propensos a fijarse en la cara de las personas cuando se toman decisiones sobre el amor romántico que al tomar decisiones sobre el deseo sexual, y los mismos participantes eran más propensos a mirar el cuerpo cuando se toman decisiones acerca del deseo sexual que al tomar decisiones sobre el amor romántico. Es interesante también señalar que tanto hombres como mujeres se comportaban de la misma forma en este aspecto. Respecto a la segunda fase, una vez más no hubo diferencias de género en el comportamiento en cuanto al número de miradas, ni la duración de éstas, y se corroboró la hipótesis sobre dirigir la mirada según las intenciones hacia la persona que se observa.

En resumen, podemos afirmar que la atención visual refleja aquello que es más importante para las intenciones o metas, partiendo de la base de que la mirada mutua es uno de los elementos más fiables del amor entre parejas y que la atracción física es parte elemental de la atracción sexual. Aunque aún se sabe poco sobre los mecanismos que hay tras el enamoramiento, estos patrones de respuesta suponen unas primeras pistas respecto a los procesos de atención automáticos que pueden diferenciar los sentimientos que evoca un extraño. Y a su vez, pueden suponer un interesante marcador para utilizar en terapias de pareja.

Enfrentarse a los injustos: Introducción de la imagen proxémica como medida implícita de aproximación y evitación durante la interacción social. Club del Lenguaje no Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facing Off with Unfair Others: Introducing Proxemic Imaging as an Implicit Measure of Approach and Avoidance during Social Interaction”, de los autores Cade McCall y Tania Singer, del Institute for Human Cognitive and Brain Sciences de Alemania, que estudia la proxemia durante interacciones con personas justas e injustas.

A nadie le gusta ser tratado injustamente. Distintos experimentos han demostrado que, a nivel actitudinal, percibimos a los desleales como menos agradables y menos atractivos que los que nos tratan con justicia. A nivel emocional, las personas que han recibido un trato injusto reportan desprecio, ira, e incluso tristeza. La reacción contra la injusticia tiene lugar incluso cuando sólo somos meros observadores y no receptores de la acción. Desde un punto de vista evolutivo, tiene sentido una reacción adversa contra la deslealtad dado que ataca directamente a la cooperación y a la vida en grupo, tan necesarios en una especie social. Por tanto, es lógico reaccionar censurando y/o evitando a estas personas que no son dignas de confianza.

El antropólogo Edward C. Hall acuñó el termino “proxémica” para describir los usos comunicativos y culturales del espacio interpersonal. Esto incluye el distanciamiento interpersonal, la orientación corporal y la forma de mirar a otros. Estos elementos de la comunicación no verbal expresan implícitamente actitudes y motivaciones durante las interacciones sociales y pueden reflejar la naturaleza de la relación entre los dos interactuantes. Así que no es de extrañar que tendamos a acercarnos a las personas que evaluamos positivamente y evitemos a los que no.

En la investigación se ha abordado ampliamente el tema de la injusticia mediante experimentos de economía monetaria, y también por otro lado se ha evaluado el lenguaje no verbal ante personas que no nos eran agradables. Pero este experimento se planteó otro tipo de situación mucho más propia de la vida real: ¿qué ocurre cuando contemplamos la injusticia y no tenemos la oportunidad de castigar a esa persona? ¿Y cómo nuestro cuerpo refleja esas actitudes? ¿Podría predecirse en nuestro lenguaje no verbal cuando vamos a tomar represalias contra otra persona?

Con el fin de buscar la relación entre estas variables se llevó a cabo este experimento, donde se contó con 56 participantes (26 mujeres y 30 hombres). Cada uno de los participantes interactuaba con dos investigadores-cómplices, haciéndoles creer que eran participantes como ellos. Se les hacía esperar juntos en el vestíbulo para darle credibilidad, se les explicaba el experimento y luego los separaban para interactuar en línea desde salas separadas.

El experimento consistía en cuatro tareas: 1) un juego económico, 2) una tarea de memoria en un entorno virtual, 3) la posibilidad de castigar económicamente a otros jugadores, 4) cuestionarios. En el juego económico, uno de los dos cómplices era significativamente más equitativo que el otro para crear la sensación de que uno de los dos era injusto. Posteriormente se les ponía las gafas de realidad virtual y se les introducía en un mundo virtual que consistía en una habitación gris donde estaban los otros dos compañeros. Las gafas permitían también medir la posición y orientación de la cabeza respecto a los otros para los cálculos proxémicos. Los participantes debían andar por la habitación virtual memorizando las fotos para ser interrogados por ellas, pero la verdadera intención de la prueba era ver su acercamiento a los dos cómplices.

Después volvían al juego monetario, donde se les daba la oportunidad de castigar a los otros dos jugadores, haciendo que esa persona perdiera el triple de lo que el participante pagara. Y finalmente se cumplimentaron unos cuestionarios en los que debían calificar numéricamente a los otros participantes en términos de justicia, simpatía, atractivo o molesto entre otros.

Tal como se esperaba, los resultados mostraron que el cómplice justo era valorado como más equitativo, más agradable, más simpático, menos molesto y más atractivo que el cómplice injusto. Esto a su vez demuestra que el intercambio monetario del juego es considerado como una actividad social relevante, puesto que afectaba a nivel actitudinal a los participantes.

Por otro lado, todos los participantes eligieron castigar a los jugadores desleales más que a los justos, y ninguno castigó al justo más que al injusto. En cuanto a la proxémica, los participantes eligieron acercarse más a los justos en la habitación de realidad virtual, aunque sólo encontraron resultados significativos para la distancia interpersonal, no en la mirada. Sin embargo, también se esperaba que algunos participantes prefirieran estar cerca de los desleales: aquellos que eran propensos a castigar a los injustos. Así que se analizó la proxémica con la tendencia a castigar a los otros en la tarea posterior, encontrando que los que más castigaban a los desleales también estuvieron más tiempo frente a ellos y además les dieron la espalda mientras eran observados por ellos.

En definitiva, podemos afirmar que la injusticia influye en nuestro comportamiento no verbal y que la proxémica sirve de predictor de nuestra conducta posterior. Pero con estos resultados aún surgen más preguntas por contestar: ¿es la aproximación y la evitación una forma de mostrar aprobación y censura a los demás o en realidad son expresiones involuntarias demasiado sutiles como para ser percibidas por los otros?

Los perfiles de Facebook reflejan la personalidad real, no la auto-idealización. Club del Lenguaje No Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facebook Profiles Reflect Actual Personality, Not Self-Idealization”, de los autores Mitja D. Black, Juliane M. Stopfer y Boris Egloff de la Universidad de Mainz, Simine Vazire de la Universidad de St. Louis, Sam Gaddis y Samuel D. Gosling de la Universidad de Texas y Stefan C. Schmukle de la Universidad de Münster, que evalúa el realismo de los perfiles en las redes sociales en los jóvenes.

Más de 700 millones de personas en todo el mundo utilizan las redes sociales. Estas páginas se han integrado como parte de nuestra interacción social y son ampliamente utilizadas como parte de la comunicación e incluso a nivel laboral ya desempañan un importante papel. Y a pesar de tan amplia inserción en nuestras vidas, todavía nos faltaba una pregunta por hacernos y corroborar: ¿Son realistas las impresiones que transmiten de nosotros las redes sociales?

Es una suposición ampliamente aceptada que no nos mostramos a nosotros mismos en las redes sociales sino que creamos y mostramos al mundo una versión idealizada de cómo preferiríamos ser en lugar de nuestras auténticas personalidades. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que nuestros contactos en las redes sociales nos conocen de verdad, fuera de la pantalla, y ellos también tienen acceso a publicar en nuestros perfiles y a comentar en las publicaciones propias. Es decir, la imagen mostrada se configura entre varias personas, lo que hace difícil que uno mismo muestre algo diferente de lo que es en realidad.

Para comprobar esta hipótesis se contó con 236 usuarios de las redes sociales más populares en sus respectivos países de entre 17 y 22 años: 133 usuarios de Facebook estadounidenses y 103 usuarios de StudiVZ y SchuelerVZ de Alemania. Se guardó los perfiles de los participantes antes de llevar a cabo los test de personalidad para evitar las modificaciones. Posteriormente se pasó un test de auto-ideal a los participantes para medir la versión de sí mismos que quisieran ser y contrastar si es esa la impresión que transmiten en sus perfiles. Por otro lado, se les pasó a ellos y a sus amigos cercanos un test de personalidad para conseguir más exactitud en la medición de la personalidad real de los participantes. Por último se pidió a evaluadores externos que valoraran la personalidad que percibían en las distintas páginas personales para contrastar con cuál de las dos imágenes que se tenía de los participantes cuadraba más.

Los resultados mostraron que los perfiles se percibían en consonancia con la personalidad real de los usuarios y no con su versión idealizada. Las medidas que fueron más significativas fueron la extraversión y la apertura a la experiencia, y la más baja fue la de neuroticismo, resultados que son similares a estudios previos sobre impresiones cara a cara con desconocidos.

Por tanto, podemos comprobar que las redes sociales, e Internet mismo, han pasado a formar parte de nuestras vidas y son una herramienta más para expresarse y comunicarse, donde la gente no hace otra cosa que mostrarse tal y como son. Quizás eso podría explicar en parte su gran popularidad en los últimos tiempos. Tal vez el siguiente paso sea comprobar si esta forma de pensar es única de los jóvenes, que ya han crecido en un mundo interconectado por la red, o si ya se ha convertido en algo general a todas las edades.

En el ojo del espectador: el contacto visual aumenta la resistencia a la persuasión. Club del Lenguaje No Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “In the Eye of the Beholder: Eye Contact Increases Resistance to Persuasion”, de los autores Frances S. Chen, Julia A. Minson, Maren Schöne y Markus Heinrichs, en un estudio conjunto de la Universidad de Freiburg, la Universidad de Columbia y la Universidad de Harvard, que aborda la posibilidad de que mirar a los ojos al interlocutor aumente la resistencia a ser persuadidos.

Existe la creencia popular de que mirar a los ojos a otra persona es la mejor forma de hablar con ella y que es un punto a favor a la hora de hacerles llegar nuestro punto de vista, especialmente cuando no están de acuerdo con nosotros. Sin embargo, el estudio de Chen y sus compañeros ha demostrado que se produce un efecto contraproducente: el oyente se hace más resistente a la persuasión.

Para llevar a cabo dicho estudio, se realizaron dos experimentos. En el primero, los investigadores recurrieron a tecnología de seguimiento ocular y les pidieron a los participantes que viesen un vídeo de una persona que hablaba sobre determinados temas políticos. Encontraron que mientras más prolongado era el contacto visual, menos convincentes resultaban los argumentos a los participantes. Mantener la mirada únicamente se asoció positivamente con los participantes que ya estaban de acuerdo con el orador previamente.

Para confirmar el efecto de la mirada en la persuasión, se llevó a cabo un segundo experimento. En esta ocasión a un grupo de participantes se le pidió que mirara directamente a los ojos del orador mientras que al otro grupo se le indicó que evitarán el contacto visual y se centraran en los movimientos de la boca.

Curiosamente, quiénes establecieron el contacto visual se mostraron menos convencidos con el discurso político y menos abiertos a la interacción con los oradores, por tanto, eran más difíciles de persuadir.

En conclusión, estos resultados nos muestran el hecho de que el contacto visual puede enviar diferentes tipos de mensajes, que varían en dependencia de la situación. Por un lado, mirar directamente a los ojos puede ser un signo de conexión y confianza y ayudar al orador, pero otras veces se puede asociar al dominio y la intimidación, sobre todo cuando existe una confrontación. Como resultado, las personas reaccionarían retrayéndose a su propia postura con más convicción y cerrándose a argumentos diferentes.

Expresión facial y reconocimiento de emociones en lactantes (II). Club del Lenguaje No Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos la segunda parte del artículo “Expresión facial y reconocimiento de emociones en lactantes”, de los autores Jaime Iglesias, Ángela Loeches y Juan Serrano, de la Universidad Autónoma de Madrid, que recoge una interesante revisión sobre la expresión y reconocimiento de emociones en la infancia. Debido a su extensión fue dividido en dos partes (aquí podéis encontrar la primera parte), hoy os traemos su continuación: el reconocimiento de las emociones en las expresiones faciales por los lactantes.

Los seres humanos tienen un conocimiento social temprano que se ve reflejado en la atracción visual que sienten los bebés por otros rostros. Partiendo desde supuestos neodarwinianos, el desarrollo de la expresión facial de las emociones debió haber ocurrido a la par que la necesidad de atender y responder a esas señales. Por lo tanto, si un bebé es capaz de expresar emociones también debería ser capaz de reconocerlas en otros rostros.

Para este experimento se utilizó el paradigma de la habituación visual. En primer lugar se presenta al lactante la imagen de una expresión facial hasta que se familiariza con ella y deja de prestarle atención. Entonces se le presenta una expresión diferente intercalada con la anterior. Si el niño presta atención de nuevo asumimos que las ha discriminado como diferentes, y si su atención decae otra vez al ver la expresión anterior, es que la ha reconocido.

Se utilizaron diapositivas en color de expresiones faciales de las seis emociones básicas utilizando a una única modelo, una mujer joven de la cual seleccionaron 72 poses. Las diapositivas se proyectaron en diferentes sesiones, cambiando su orden de presentación para cada niño. En cada sesión, el lactante veía dos expresiones: a la que debía habituarse y la nueva; y se le hacían tantas sesiones como combinaciones había entre las seis emociones por pares.

Se llegó a la conclusión de que los bebés discriminaban las expresiones, ya que siempre dedicaban más tiempo a observar la expresión nueva que la habituada. Y dado que siempre se utilizaba a la misma modelo alterando sólo su expresión facial, podemos achacar por entero el resultado a las emociones y no a otros factores externos como el cambio del peinado o del contorno de la cara.

Estos resultados, sumados a los de otras muchas investigaciones con niños invidentes, con síndrome de Down, estudios interculturales e incluso con primates no humanos, nos dan un fuerte apoyo a la teoría del innatismo y la universalidad de las emociones y su expresión y reconocimiento.

Aún se desconoce si otras emociones, supuestamente básicas según otros autores como el interés o el desprecio, están definidas por una expresión facial universal. Esto se debe a que todavía se ignoran los mecanismos evolutivos que dan lugar a la génesis de las expresiones faciales. Es decir, ¿por qué unos movimientos y no otros se han asociado diferencialmente a cada emoción? Hay algunas teorías al respecto. Por ejemplo, en el caso de la sorpresa, contraer el músculo frontal aumenta el campo visual y, en consecuencia, favorece la percepción. Lo que nos permitiría “ver mejor” aquello que nos han sorprendido. Sin embargo, estas justificaciones son hipótesis muy parciales que aún necesitan estudio; así que podría ser la siguiente incógnita a desvelar.

Expresión facial y reconocimiento de emociones en lactantes (I). Club del Lenguaje No Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Expresión facial y reconocimiento de emociones en lactantes”, de los autores Jaime Iglesias, Ángela Loeches y Juan Serrano, de la Universidad Autónoma de Madrid, que recoge una interesante revisión sobre la expresión y reconocimiento de emociones en la infancia. Debido a su extensión lo dividiremos en dos partes: hoy os hablaremos de la expresión facial de los lactantes.

Desde los años ochenta, la psicobiología ha explicado las emociones desde una perspectiva evolutiva, enfatizando su adaptabilidad para afrontar determinadas demandas ambientales. Las emociones básicas (alegría, tristeza, ira, miedo y, para algunos autores, desagrado y sorpresa) se han desarrollado con el objetivo de favorecer la comunicación y la supervivencia, especialmente en las primeras interacciones humanas: las que tienen lugar entre una madre y su hijo.

La mayoría de los investigadores han dado por resuelta la cuestión de la universalidad de las emociones y sus expresiones faciales, aceptando la premisa de que, bajo ese “fondo innatista”, cada sociedad modela las expresiones faciales culturalmente. Un ejemplo de esta teoría es que los occidentales y los orientales reaccionan de la misma forma cuando se les presenta un estímulo desagradable, pero éstos últimos enmascaran bajo una sonrisa su reacción negativa si hay otras personas presentes. Otra prueba de la universalidad de las emociones la encontramos en los niños invidentes. Distintos estudios comparativos han llegado a la conclusión de que podemos encontrar el mismo repertorio de expresiones emocionales en estos niños que han crecido sin ver las expresiones adultas que en cualquier niño vidente, descartando de este modo que el aprendizaje visual (y por tanto, social) sean necesarios para el desarrollo de la expresión social.

Así pues, si nos basamos en que la expresión emocional no es aprendida, ¿no deberíamos poder encontrar esas expresiones en bebés? Ese fue uno de los objetivos de este estudio: determinar si podían encontrar en bebés lactantes de tres a nueve meses las expresiones faciales supuestamente universales que se corresponden con las emociones básicas e innatas. Pero, a diferencia de otros estudios previos que se basaban en juicios subjetivos (¿el bebé está contento o no?), los autores han recurrido a un sistema más imparcial como lo es el uso de códigos obrsevacionales, concretamente del Facial Action Coding System (FACS). Este sistema consiste en subdividir las expresiones emocionales en sus elementos y presentarlos en una lista, sin asociarlos a la emoción, para evitar la predisposición del observador. Por ejemplo, una emoción como la sorpresa se dividiría en “elevar las cejas”, “elevar el párpado superior”, “separar lo labios” y “descenso de la mandíbula”.

Un aspecto importante de esta investigación son los estímulos utilizados para provocar las emociones en los niños. En general, los autores coinciden en las condiciones necesarias para producir la alegría, el desagrado y la tristeza, pero el miedo, la ira y la sorpresa causa controversia. Las que se utilizaron en esta investigación fueron los siguientes:

  • La alegría se intentó producir durante la interacción cara a cara con la madre u otra persona familiar y, en ocasiones, recurriendo al juego «cucú-tras».
  • La ira, por medio de la retirada varias veces consecutivas de algún objeto de las manos o de la boca del niño a la vez que se le inmovilizaban los brazos.
  • El miedo, mediante la aproximación de un extraño.
  • La sorpresa, provocando la aparición y desaparición repentina de alguna persona u objeto familiar al niño.
  • El desagrado, dándole a probar zumos ácidos.
  • Y la tristeza, a causa de la pasividad de la madre ante la mirada y las vocalizaciones de su hijo después de un periodo prolongado de exposición ante un extraño.

Los niños fueron grabados para analizar posteriormente las expresiones a distintas velocidades de reproducción en busca de los distintos elementos que componen las expresiones emocionales por distintos observadores. Como resultado se encontraron efectivamente la presencia de las expresiones universales, con la única excepción de la ira. Los cambios en esta emoción son achacados a las alteraciones respiratorias que producen las vocalizaciones que acompañan a la expresión de ira infantil.

Este estudio, por tanto, nos lleva a concluir que los lactantes son capaces de expresar desde los tres meses de edad las emociones de alegría, ira, miedo, sorpresa, desagrado y tristeza. La pregunta que nos queda ahora por resolver es: ¿son capaces también de reconocer esas mismas expresiones emocionales en otras personas?

Transmisión no verbal de la empatía en la relación médico-paciente. Club del lenguaje no verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “The link between perception of clinical empathy and nonverbal behavior: The effect of a doctor’s gaze and body orientation”, de los autores Sabrina Brugel, Marie Postma-Nilsenová y Kiek Tates, de la Tillburg University, que relaciona la postura y la mirada de doctores con la empatía percibida por los pacientes.

La empatía es considerada una de las habilidades más importantes en el campo de la medicina, tanto desde la perspectiva del paciente y la comunicación de resultados como en la transferencia de información, calidad del diagnóstico, velocidad de recuperación y resultados psicológicos del paciente. En diversos estudios ya se ha demostrado como una alta empatía percibida puede provocar una mayor calidez en el trato médico-paciente, así como una mayor adhesión al tratamiento.

Sin embargo, y debido a múltiples factores, los estudiantes de medicina muestran una reducción de su empatía cuando entran en el campo sanitario, e incluso doctores experimentados se sienten limitados a la hora de expresar empatía debido a la presión del tiempo de consulta. Esta falta de empatía, por supuesto, no es obviada por los pacientes, que pasan por tanto a sentirse tratados solo como un conjunto de síntomas en lugar de como personas.

En el estudio que hoy trataremos, y dada la carencia de estudios existentes sobre comunicación no verbal en el ámbito de la medicina, los autores se centraron en analizar cómo ciertas conductas no verbales simples fueron determinadas por los pacientes como señales de empatía (dado que la empatía solo es transmitida como tal cuando un paciente decodifica un mensaje como empático). En este caso, las dos conductas exploradas en el estudio fueron la dirección de la mirada y la orientación del cuerpo.

En cuanto a la metodología, ambas conductas fueron dicotomizadas en dos posibles opciones: mirada o postura dirigidas hacia el paciente, o mirada o postura esquiva/evitativa. Se grabaron así 4 videos distintos en función de cada posibilidad, en los cuáles se veía a un doctor dando un diagnóstico concreto a la cámara como si estuviese hablando con un paciente. A las personas que veían el vídeo se les pedía, por último, que puntuaran la empatía, la sinceridad y el compromiso de los doctores.

Los resultados, como era esperable, indicaron que los actores que miraban a la cámara directamente como si se tratase del paciente eran puntuados significativamente más alto en la empatía percibida por los espectadores del vídeo, así como en el caso de los actores cuya orientación corporal apuntaba directamente a los pacientes. Una comparativa entre ambos demostró que el efecto de la mirada era más fuerte en comparación con la postura corporal, pero también que la combinación de ambos reforzaba la empatía percibida.

Este estudio, por tanto, sirve como argumento para apoyar la relevancia que la comunicación no verbal tiene como medio de transmisión de empatía entre el paciente y el médico en el ámbito sanitario. Dado el hecho de que, además, es muy fácil entrenar y mejorar la expresión no verbal de un individuo, resultaría de gran utilidad añadir, en un futuro, entrenamientos sobre lenguaje no verbal en el aprendizaje de los médicos, y más concretamente, en el ámbito de la comunicación sanitaria.

Lenguaje no verbal en pediatría: interacción de niños hospitalizados con payasos.

Lenguaje no verbal y pediatria - interaccion entre niños y payasos - club del lenguaje no verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Effect of interaction with clowns on vital signs and non-verbal communication of hospitalized children”, de los autores Pauline Lima Alcântara, Ariane Zonho Wogel, Maria Isabela Lobo Rossi, Isabela Rodrigues Neves y Ana Cláudia Puggina, de la Faculdade de Medicina de Jundiaí, y Ana Llonch Sabates, de la Universidade Guarulhos de Brasil, que utiliza la comunicación no verbal como elemento diagnóstico en interacciones entre menores y payasos en la contextos sanitarios.

La risoterapia es un método terapéutico creado en 1960 por Hunter Adams, que desde su época de estudiante ya implantaba esta metodología en hospitales y escuelas. En ella, se utiliza la risa como mecanismo de liberación del estrés, reduciendo así los efectos nocivos de la tensión generada en el cuerpo. Esto es así debido a la activación del sistema parasimpático, el cual a su vez actúa sobre el sistema inmunológico, aumentando la concentración de anticuerpos y aliviando el dolor causado por el sistema simpático.

A su vez, la sonrisa mejora la comunicación interpersonal, mejorando los vínculos y potenciando la sociabilidad de un individuo. Es, a su vez, importante para el profesional analizar esta característica de la comunicación no verbal, por múltiples motivos. Entre ellos, por un lado, la incongruencia entre lo transmitido verbalmente y no verbalmente puede aportar información sobre el estado del paciente. Y por otro lado, la comunicación no verbal sirve como expresión de las emociones, elemento imprescindible para una pronta recuperación y especialmente importante en el caso de los niños que se encuentran en un ambiente “aislado socialmente” como es un hospital.

¿Podría la risa, por tanto, suponer una mejoría observable a nivel físico y emocional en un ambiente sanitario? Para evaluar esta afirmación, los autores de esta investigación decidieron analizar si la interacción entre un payaso (o la no interacción con él) representaría una mejoría tanto a nivel fisiológico (concretamente, de las constantes vitales) para los menores como a nivel de expresión no verbal (representando por tanto una mejoría a nivel emocional).

Para ello, se seleccionó una muestra de 41 niños con una edad media de 7 años. A los mismos les visitaron un grupo de estudiantes de medicina disfrazados de payasos, realizando posteriormente bromas, canciones y trucos de magia, inflando globos y realizando interpretaciones cómicas. Estas intervenciones duraron 20 minutos en total, midiéndose los signos vitales 1 minuto antes y 1 minutos después del evento, así como la comunicación no verbal (que fue analizada durante la intervención a través de un registro de conducta).

Los resultados mostraron, en primer lugar, que las constantes vitales de los menores mejoraban inmediatamente después de las interacciones lúdicas (aunque estos cambios no fueron estadísticamente significativos). Así, se encontró un aumento de la presión sistólica y diastólica arterial, además de una disminución en la sensación de dolor.

En segundo lugar, sí se encontraron cambios significativos en el comportamiento no verbal de los niños durante la interacción, y más concretamente en relación con la postura, el contacto visual, el uso del mobiliario, la expresión facial, el nivel de energía y la postura corporal, siendo seis de los siete comportamientos no verbales observados. Así, una postura rígida pasó a ser una postura relajada; un contacto visual ausente se convirtió en un contacto fijo; el uso de objetos como barrera con las otras personas (por ejemplo, un cojín o una almohada) desaparecieron conforme avanzaba la interacción; la ausencia de expresión se convirtió en una sonrisa; un nivel de energía apático, somnoliento o inquieto se transformó en una alerta constante; por último, la postura resultó cada vez más abierta y dirigida al sujeto de la interacción (en este caso el payaso), cuando antes el menor había estado colocado de lado.

¿Qué representaron estos cambios a nivel práctico? Principalmente, representó la demostración de que la interacción lúdica en un contexto sanitario resultaba eficiente para cambiar el estado emocional del menor, pasando de un estado negativo o apático a un estado de alegría y relajación (algo que también coincidía con lo aportado por otras investigaciones realizadas en contextos sanitarios). Pero además estos resultados pusieron de relevancia la utilidad que el análisis del comportamiento no verbal puede aportar al contexto sanitario, representando un método de análisis emocional de gran utilidad para los sanitarios encargados de los pacientes.

¿Influye la comunicación no verbal en las decisiones judiciales? Club del Lenguaje No Verbal.

Comunicacion no verbal afecta decisiones judiciales - Club Lenguaje No Verbal
Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Comunicación no verbal y toma de decisiones en el ámbito judicial”, de los autores Fernando Gordillo León y Miguel Ángel Pérez Nieto, de la Universidad Camilo José Cela, Rafael Manuel López Pérez, de la Fundación Universitaria Behavior & Law, Lilia Mestas Hernández, de la Facultad de Estudios Superiores de Zaragoza, y José M. Arana Martínez, de la Universidad de Salamanca”, que reflexiona sobre la importancia de la comunicación no verbal de víctimas, testigos y acusados en decisiones judiciales.

La importancia de la comunicación no verbal en situaciones de interacción entre individuos se pone en evidencia al ser conscientes de que, tan solo utilizando gestos, ya podemos comunicar ideas. Sin embargo, la expresión emocional que aporta la comunicación no verbal no puede ser eliminada de las interacciones comunicativas sin suponer un duro golpe a la información transmitida al interlocutor. Esta información, lejos de resultar nimia, posibilita la realización de inferencias sobre los procesos psicológicos subyacentes (cognición, motivación y emoción) de la persona que la recibe. Resalta, a su vez, la importancia que puede poseer esta influencia sobre motivaciones, emociones propias y actitudes.

Partiendo de este último apunte, hay que recordar que en la toma de decisiones están implicados tanto procesos emocionales como racionales, siendo ambos necesarios para alcanzar un resultado final (según la teoría de los Marcadores Somáticos, de Damasio). Entonces, si la comunicación no verbal es un instrumento tan útil para la transmisión de información emocional, ¿hasta qué punto podría suponer una influencia en decisiones de gran calibre, como las decisiones judiciales?

Por supuesto, todos conocemos que en algún grado debe existir una influencia del arrepentimiento o no arrepentimiento por parte del acusado, pero… ¿hay datos científicos que avalen la importancia de la emoción expresada en el ámbito judicial?

Efectivamente, muchos estudios han puesto de relevancia que lo apropiado o no de las emociones expresadas en el juicio podrían condicionar el resultado del mismo. Desde el punto de vista del acusado o las víctimas, la emoción que expresen puede tener efecto sobre su credibilidad, aunque otros estudios indican que los jueces no suelen verse afectados en sus decisiones por estas emociones. Por otro lado, también se ha relacionado la expresión de remordimiento con un aumento de la cuantía de indemnizaciones a pagar y una reducción de años de condena (ya sea transmitida por el propio acusado, o por el abogado defensor). Percibir al acusado como una persona arrepentida genera una percepción más favorable sobre el carácter de dicha persona, siendo además menos propenso a reincidir y más a rehabilitarse.

Por su parte, la credibilidad de las víctimas o testigos también se ve afectada por las emociones que expresan. Así, una víctima de violación manifestando expresiones negativas (tristeza o desesperación) se perciben como más fiables respecto a cuándo manifiestan neutralidad o sonrisas nerviosas. En general, una víctima que exprese más emociones negativas cuando hablan del acontecimiento que originó sus emociones resulta más creíble.

¿Influye, por tanto, la emoción expresada en las decisiones tomadas en los juicios? Si bien no parece claro que haya una influencia directa, sí parece existir una influencia indirecta, siendo su peso más fuerte ante situaciones donde las evidencias no son tan claras. En este sentido, se podría prever que la decisión tomada en un juicio se verá más afectada por el componente emocional cuando el componente racional (las pruebas) sea menos consistente.

El factor clave para explicar estos efectos parece la congruencia o incongruencia entre el delito y la respuesta emocional esperable por parte de víctima o acusado. Los seres humanos tienen ideas estereotipadas sobre cómo deben ser las reacciones emocionales de una víctima (por ejemplo) ante delitos concretos. En función de la congruencia con estos estereotipos, la víctima verá mejor o peor considerada su credibilidad.

¿Qué aspectos de la comunicación no verbal parecen producir efectos en las decisiones judiciales? Aunque el uso de sonrisas para expresar emociones sería quizá el más relevante, esto no sería lo único. Así, aspectos como el tono, el timbre, el llanto o la risa, la forma de vestir, el físico de un individuo o incluso el modo de dirigirse al juez o al jurado podrían tener efectos en la percepción de los mismos.

Por último, hay un último elemento que podría estar afactando a las decisiones judiciales, en base al llamado “juicio paralelo”: el tratamiento de los medios de comunicación sobre un caso sometido a investigación. Algunas investigaciones indican que cuando el jurado es conocedor en primera persona de las experiencias vividas por los familiares de una víctima de asesinato, se genera un sesgos hacia el veredicto de culpabilidad, así como un aumento de emociones positivas hacia la víctima y de emociones negativas hacia el acusado.

En conclusión, no resulta extraño que los abogados preparen a sus defendidos a sabiendas del impacto que tiene no solo la información verbal, sino también lo que expresan a través de su comunicación no verbal, en las decisiones y en el contexto judicial. Aunque se intentan establecer pautas por parte de los letrados para que haya una mejor comunicación de la información, esto no siempre es posible, dado que el control de la comunicación no verbal (y las emociones expresadas a través de la misma) es mucho más difícil que en el caso de la verbal.

Uso de claves no verbales para estimular el aprendizaje online. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del capítulo “Loving this Dialogue!!!!  Expressing Emotion Through the Strategic Manipulation of Limited Non-Verbal Cues in Online Learning Environments”, de los autores Krystle Phirangee y Jim Hewitt, de la University of Toronto, que a su vez forma parte del libro “Emotions, Technology, and Learning”, y que analiza la transmisión de emociones a través de las limitadas herramientas “no verbales” de las redes sociales.

Desde los primeros días de las conferencias a través de ordenadores, las emociones han sido un tópico de interés en la investigación educativa. Esto es así debido a la dificultad para demostrar emociones a través de la comunicación online, así como a la priorización que ha tenido un estilo desapasionado de escritura (similar a los textos académicos), en detrimento de la transmisión de emociones.

Habitualmente caracterizada como aburrida, fría e impersonal, el aprendizaje online es frecuentemente visto como menos emocional comparado con las clases presenciales. Sin embargo, los estudios demuestran que, como las clases presenciales, los estudiantes viven emociones positivas y negativas derivadas de la interacción en la comunicación online (por ejemplo, tras recibir apoyos a una idea). Sentimientos de alienación y aislamiento pueden ser desarrollados si no se puede satisfacer una comunicación asertiva con los compañeros (incluyendo el apartado emocional). Sin embargo, es cierto que las maneras de demostrar emociones son, aparentemente, mucho más limitadas en la comunicación online que en la presencial. Derks et al. (2008) demostraron, por el contrario, que la carencia de contenido emocional verbal o visual en la comunicación online se suple con otros mecanismos compensatorios, como los emoticonos, con el fin de reducir la ambigüedad de sus mensajes.

El estudio que hoy analizamos se centró en evaluar los tipos de claves no verbales que los estudiantes utilizaban para expresar emociones en un curso online de una universidad norteamericana. Se analizó la comunicación de 45 estudiantes durante el curso de 12 semanas, entrevistándose además a 4 de ellos con el fin de proveer de claves sobre cómo los estudiantes expresaban emociones online, y cómo las interpretaban. Los resultados se dividen en tres grupos, en función del “aspecto no verbal” analizado:

  • Emoticonos: el análisis de contenido reveló que los estudiantes utilizaban emoticonos del mismo modo que una persona utilizaba expresiones faciales o entonaciones vocales: para acompañar ideas con emociones. Cuatro de ellos fueron utilizados habitualmente: el emoticono de la sonrisa (para expresar apoyo a otras ideas, para agradecer, etc.), el de tristeza (para afrontar un reto, para expresar dificultad, etc.), el de sacar la lengua y el de guiño (que se utilizaban para plasmar humor o sarcasmo). En general, además, los participantes indicaban que utilizaban los emoticonos para “suavizar” el contenido de sus mensajes.

A pesar de la utilidad que los emoticonos tenían en la expresión de las emociones, los alumnos indicaron que habían sido inicialmente reticentes a utilizarlos en sus notas online, argumentando que no sabían si procedería utilizarlos en un contexto académico (aun sabiendo que permitirían desarrollar el tono o la expresividad de su mensaje). También les preocupaba que el instructor del curso pudiera no aceptar el uso de los mismos, y tampoco conocían cómo utilizarlos en un contexto académico.

  • Signos de puntuación no convencionales: el análisis de contenido también reveló que los estudiantes en ocasiones utilizaban signos de puntuación de modos no convencionales para expresar emociones (específicamente, exclamaciones y puntos suspensivos).

Los participantes indicaban que el uso de varias exclamaciones les servía para mostrar entusiasmo, frustración, o la necesidad de más tiempo para analizar una idea. También les permitía poner de relevancia comentarios que les llamaban la atención.

Por otro lado, el uso de puntos suspensivos se relacionaba con reflexión, o para sugerir que una idea todavía se encontraba bajo consideración.

  • Uso del botón “Like”: Facebook creó y popularizó un botón llamado “Me gusta” o “Like”. Habitualmente es utilizado en redes sociales online para indicar cuando una persona aprecia, disfruta o apoya cierto contenido. En el curso realizado durante la investigación, un botón de “Me gusta” fue añadido para poder apoyar los comentarios de cada compañero. El análisis de contenido, en este caso, mostró que se utilizaba para varios fines: indicar aprecio por perspectivas afines, agradecer, mostrar apoyo a gente con problemas, reconocer el esfuerzo, mostrar aprecio para gente que contestaba a sus preguntas, etc.

En conclusión, esta investigación encontró que el uso de puntuación, emoticonos y botón de “me gusta” provocaba que los alumnos pudieran expresar con mayor facilidad sus emociones en clases online. Por tanto, el apostar por un apoyo a este tipo de comunicación no verbal en los distintos contextos por parte de los tutores, podría derivar en la creación de una “cultura de compañeros de clase” (en palabras de los autores) que provocaría una sensación de seguridad y apoyo entre los distintos compañeros de clase, así como una menor cantidad de malentendidos entre los mismos.

En última instancia, el uso de estas claves no verbales online se vería como un rol necesario y productivo en los distintos cursos, proveyendo al alumno con herramientas para transmitir sus emociones, y reduciendo la sensación de frialdad y aislamiento que (erróneamente) provoca la formación online.

Identificación facial y procesamiento implícito del sexo. Club Lenguaje No Verbal.

Identificacion facial y procesamiento implicito del sexo. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “People automatically extracts infants’ sex from faces”, de los autores Konstantin O. Tskhay y Nicholas O. Rule, de la University of Toronto, cuyo objetivo es analizar si realmente existe una habilidad implícita para identificar géneros a través de rasgos no evidentes.

Los humanos poseen una remarcable habilidad para extraer, de manera rápida y eficiente, información sobre otros individuos tan solo con pequeños vistazos a sus conductas o apariencias (aunque esta información no sea siempre válida). Algunos de los datos que los individuos extraen con más precisión son la edad, la raza y el sexo de los otros individuos, clasificándolos de manera espontánea y automática tras un primer vistazo.

Investigaciones previas apuntan a que los humanos pueden diferenciar el sexo de otros individuos a través de una gran variedad de edades, incluida la infancia, aunque la identificación en recién nacidos tiende a ser menos precisa. Muchos estudios plantean que la diferenciación de sexos, realizada en base a la cara de la persona que se evalúa, podría estar determinada por dos procesos: un proceso explícito (uso de claves obvias) y un proceso implícito (uso de concepciones básicas construidas a nivel mental).

Para poner a prueba si realmente existía este proceso implícito basado en concepciones construidas socialmente, los autores realizaron un experimento utilizando fotografías de las caras de niños o niñas recién nacidos, con ausencia de datos para determinar su género de manera evidente (pendientes, color de ropa, etc.). Justamente después, aparecían nombres que los participantes debían clasificar en un género u otro. La hipótesis defendida era que si realmente había un procesamiento implícito, cuando la imagen y el nombre concordasen en género los individuos reaccionarían más rápido a la hora de clasificar el nombre (debido a que el procesamiento ya estaría en marcha).

Los resultados indicaron que la velocidad de los participantes no varió en función de la cara de los niños, pero sí que categorizaron más rápido los nombres de niños que de niñas. A su vez, categorizaron más rápido los nombres de niños que de niñas cuando previamente había una imagen de niños, pero no hubo una diferencia significativa en el caso de que previamente se presentaran imágenes de niños.

¿Qué hipotetizaron los autores sobre esta diferencia? Mantienen que puede deberse a que la cara de los hombres representan la imagen básica socialmente hablando, mientras que la cara de las mujeres resultaría una modificación en la mente de los observadores (por lo cuál, la primera imagen mental siempre sería de hombre, y ciertos rasgos nos la harían cambiar por la de mujer). Esto implicaría, sin lugar a dudas, que la identificación del sexo de un individuo se realiza de manera inherente y no controlada, y por tanto reforzaría la hipótesis de una identificación implícita. De este modo, las categorías mentales socialmente construidas facilitaría el procesamiento de información, ya fuera esta obvia o ambigua.

 

Estatus, género y comunicación no verbal. Club del Lenguaje No Verbal.

Estatus, genero y comunicacion no verbal - Club lenguaje no verbal
Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Status, Gender and Nonverbal Behavior: A Study of Structured Interactions Between Employees of a Company”, de los autores Judith A. Hall y Gregory B. Friedman, de la Northeastern University, que analiza cómo la comunicación no verbal varía debido a los predictores “estatus empresarial” y “género”.

Aunque se han realizado diversos estudios analizando la relación entre la conducta no verbal y el status, hay gran cantidad de carencias y ambigüedades en este tipo de literatura. Esto es debido a una multiplicidad de motivos; entre ellos, que apenas se han estudiado conductas no verbales en su relación con el status, y la incongruencia de resultados entre investigaciones (analizando elementos como la sonrisa, la mirada, etc.).

Además, pocas veces se ha tenido en cuenta la interacción entre estas variables y otras que influyen directamente entre los individuos, como el género de cada uno. Así, la mayoría de los estudios rara vez distinguen entre hombre y mujer en las distintas interacciones, por lo cual están sesgando parcialmente los resultados: el status no tiene por qué producir efectos unitarios en los cambios en el comportamiento no verbal cuando hablamos de distintos géneros.

Con este objetivo en mente, la presente investigación consistió en el análisis de las interacciones en una empresa pequeña, en la cual todos los individuos se conocían previamente (y, por tanto, conocían los puestos y el status empresarial de cada uno), discriminando además a través de la variable género, con el fin de determinar cómo variaba la comunicación no verbal al referirse a otros individuos de diferente status dentro de la empresa.

Los participantes fueron 46 empleados (24 hombres y 22 mujeres), que participaron en dos sesiones de interacción, cada una de ellas con un compañero distinto seleccionado al azar. Los observadores, estudiantes de psicología, se dedicaron a analizar la conducta no verbal de las grabaciones de vídeo y sonido. Un investigador entrenado codificó muchas conductas extra.

Los resultados indicaron que los individuos con un status mayor puntuaban  más alto en la dominancia, expresividad y calidez, menos en calidez vocal, utilizaban más gestos manuales, hablaban más y asentían más. Por su parte, y en referencia al género, se encontró que las mujeres sonreían más, asentían más y transmitían una menor dominación vocal que los hombres.

Las mujeres con un status alto puntuaron mayor que hombres con status altos en calidad vocal y visual, menos en dominancia vocal, más alto en expresividad y asentían y sonreían más. En lo que se refiere a la interacción de género en status bajos, solo dos efectos fueron significativamente distintos: las mujeres con bajo status puntuaron más alto en calidez vocal, y menos dominancia vocal que los hombres.

Además, se encontró que cuando la diferencia de status entre los individuos que interactuaban aumentaba, aquel con status más alto puntuaban menos en dominancia y hablaban menos, mientras que aquel con status menor asentían menos, realizaba más movimientos manipulativos, interrumpía y hablaba más. Además, mientras que los de status alto se volvían menos asertivos, los de menor status se volvían más asertivos.

Por su parte, los hombres con mayor status utilizaban más facilitadores e interrumpían más que los de bajo status. Las mujeres con un mayor status fueron puntuadas como más cálidas y más expresivas en que las de bajo status, además de asentir más, gestualizar más, utilizar menos facilitadores y realizar más contacto visual.

En resumen, los resultados arrojaron tres conclusiones específicas. En primer lugar, que las diferencias de género en el lenguaje no verbal parecen coincidir con lo presentado en otras investigaciones. En segundo lugar, que la relación entre status y comportamiento no verbal es compleja, variando con el género y dependiente de diferentes motivaciones asociadas al rol específico. Por último, que no hay evidencia de que las diferencias no verbales en base al género puedan ser un reflejo de diferencias en el status organizacional de hombres y mujeres.

Expresión emocional, roles de género y situaciones de estrés en menores. Club Lenguaje No Verbal.

Roles de genero, expresion emocional y estres economico en menores - club lenguaje no verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Gender Differences in Emotion Expressión in Low-Income Adolescents Under Stress”, de los autores Naaila Panjwani, de la Harvard Graduate School of Education, Tara M. Chaplin, de la George Mason University, Rajita Sinha y Linda C. Mayes, de la Yale University, que plantea la influencia de la situación familiar en el desarrollo de la expresión emocional.

Los investigadores han propuesto y encontrado evidencias respecto a la diferente expresión de emociones en niños y adolescentes según el género. Así, las chicas resultan más emocionalmente expresivas que los chicos. Según un meta-análisis realizado sobre esta temática, aunque pequeñas, realmente existen diferencias significativas consistentes con los roles de género existentes (recordemos que no es lo mismo el sexo que el género). Las mujeres expresarían mayor alegría, internalizando emociones como la tristeza, ansiedad o vergüenza, mientras que los chicos expresarían mayor externalización de emociones como el enfado o el desprecio.

Estas investigaciones se han realizado mayoritariamente en niños, y minoritariamente en adolescentes. Sin embargo, en la mayor parte de los estudios la muestra utilizada eran individuos de raza blanca provenientes de una familia de clase media (según sus ingresos). Por tanto, ningún estudio ha observado a adolescentes de familias con bajos ingresos o de minorías étnicas. ¿Por qué es esto importante? Los autores de esta investigación plantean que la situación económica en una familia de clase baja genera un estrés mayor en los menores, lo cuál puede provocar un impacto significativo en el desarrollo y regulación de la actividad emocional del menor. Y a su vez, la etnia también juega un rol significativo en la expresión emocional. Así, los afroamericanos muestran enfado más veces que los europeos, hispanos o asiáticos americanos, pero también sonríen más. De los pocos estudios realizados sobre la expresión emocional y el género en distintos grupos étnicos se extrae la idea de que también hay diferencias en las distintas razas. Los japoneses, por ejemplo, expresan menos emociones cuando se comunican que los americanos (tanto hombres como mujeres).

Partiendo de estas afirmaciones, el presente estudio examinó las diferencias a la hora de expresar emociones entre los distintos géneros en una muestra de individuos procedentes de familias de bajos ingresos, mayormente afroamericanos, con el fin de determinar hasta qué punto pueden existir diferencias o similitudes con otros grupos de distintos ingresos u otras razas.

Para ello, una muestra de individuos procedentes de ambientes urbanos de EEUU fueron grabados realizando actos que generasen una expresión emocional, durante los cuáles un grupo de observadores entrenados se dedicaban además a identificar los distintos episodios emocionales por los que atravesaba el individuo, fijándose así en elementos como la expresión facial, los cambios en la voz y las posturas.

Los resultados indicaron que, como en otros grupos, la muestra mostró diferencias en la expresión emocional en función del género consistentes con los roles habitualmente conocidos, relacionados con la alegría y la vergüenza, pero también mostraron roles de género inconsistentes con otros grupos en las emociones de desprecio.

Las mujeres afroamericanas mostraron más felicidad que los chicos, incluso bajo situaciones de estrés. Los autores teorizan que esto puede ser debido a que los estereotipos empujan a las mujeres a mostrar sonrisas en público, lo cuál podría ser problemático para las mismas (derivando en problemas de conducta). También consistente con estos roles culturales fue que las chicas mostraron mayor vergüenza que los chicos, aunque no difirieron con estos en la internalización de otras emociones (como la tristeza o la ansiedad). Los autores teorizaron, en este sentido, que el hecho de encontrarse en una familia con ingresos bajos (y por tanto, sometidos a más estrés) podía provocar que tanto chicos como chicas aumentaran la internalización de estas emociones (tristeza y ansiedad), derivando posteriormente en desórdenes emocionales.

Por último, y contrariamente a lo encontrado en otros estudios, se encontró que las mujeres mostraban más emociones de desprecio que los hombres, lo cual los autores creen relacionado con la situación económica en sus familias, donde las mujeres serían criadas para mostrarse más duras y, por lo tanto, más protectoras de sí mismas.

En conclusión, se encontraron diferencias entre géneros a nivel de expresión emocional, la mayoría de las mismas (en base a la opinión de los autores) debidas a la situación económica familiar que vivían los menores, situación que provoca un estrés que cambia el modo de expresar emociones de los menores.

Estimando el éxito de la mediación a través de claves no verbales. Club Lenguaje No Verbal.

Comunicacion no verbal y mediacion - club lenguaje no verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Non-verbal communication analysis in Victim–Offender Mediations”, de los autores Víctor Ponce-López y Xavier Baró, de la Universitat Oberta de Catalunya, y Sergio Escalera, Marc Pérez y Oriol Janés, de la Universidad de Barcelona, cuyo fin es dar a conocer una herramienta para evaluar el éxito de las reuniones de mediación.

La justicia restaurativa es un movimiento social internacional dirigido a reformar la justicia criminal actual, centrándose en las necesidades de las víctimas, que toman un rol activo en el proceso. A su vez, los propios delincuentes son animados a asumir la responsabilidad de sus acciones con el fin de reparar el daño causado. Pues bien: uno de los procedimientos más comunes ofrecidos a las víctimas es la posibilidad de compartir impresiones con un mediador, en un programa conocido como el “Victim-Offender Mediation”, o “Mediación víctima-agresor”. Durante el mismo, ambas partes se reúnen con un mediador por separado, analizando el problema por separado. Finalmente, se realiza un encuentro entre ambas partes y el mediador.

Aunque no existe una guía estándar para establecer el mejor curso de acción para alcanzar los objetivos de mediación deseados, sí que se han descubierto una serie de patrones de comunicación físicos (no verbales) que afectan al modo en el que cada participante percibe al contrario. Ampliamente analizada por la psicología social y otras ciencias cognitivas, su análisis puede resultar crucial en el transcurso de una entrevista de mediación.

Es por ello que los autores de esta investigación plantearon el uso de una sistema inteligente multimodal para analizar la información a través de la extracción de elementos de distintos análisis, lo cual permitiría definir y reconocer indicadores comunicativos. Esto, a su vez, en combinación con el aporte de un individuo experto en el campo de la mediación, podría suponer un gran descubrimiento para este campo de la justicia restaurativa. En este artículo se presentó la fase inicial de este proyecto, sus resultados y sus implicaciones.

La metodología consistió en la grabación de los individuos pertenecientes a las sesiones, realizadas en varias localizaciones de Cataluña. El 15% de las mismas fueron realizadas en encuentros entre las dos partes. A su vez, se definieron tres conceptos de análisis durante los encuentros: receptividad de los individuos, acuerdo alcanzado entre ambas partes y satisfacción alcanzada en relación a las expectativas del mediador. Estos conceptos fueron medidos en cada una de las sesiones a través de observación por parte del mediador.

Los indicadores conductuales no verbales analizados a través de los distintos dispositivos fueron muy variados: la mirada de los individuos (y la dirección de la misma), la postura corporal, la agitación de la mitad superior del cuerpo, la agitación de las manos y su posición, el tiempo hablado por cada individuo y sus turnos, la cantidad de interrupciones, el nerviosismo pre y post encuentro, etc. De los mismos, los resultados indicaron que los más relevantes para analizar la satisfacción fueron la agitación de cuerpo y manos y el turno de los mediadores; para analizar el acuerdo, lo más útil fue analizar la edad del mediador; y en el caso de la receptividad, los movimientos de las manos aportaron los datos más relevantes.

La conclusión derivada de la aplicación de este sistema, a nivel estadístico, resultó ser muy prometedora: se obtuvo una precisión del 86% para predecir satisfacción, del 79% para predecir tanto acuerdo como receptividad, y una gran correlación en los análisis de regresión.

Contexto social, vergüenza y comunicación no verbal. Club del Lenguaje no Verbal

Verguenza, contexto social y comunicacion no verbal - club lenguaje no verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Social Presence, Embarrassment, and Nonverbal Behavior”, de los autores Marco Costa y Pio Enrico Ricci Bitti, de la University of Bologna, y Wies Dinsbach y Antony S. R. Manstead, de la University of Amsterdam, con el fin de analizar la relación entre la conducta no verbal, la vergüenza y el contexto social.

Dado que la vergüenza es una emoción social típica, parece razonable esperar que esta manifestación conductual se elicite en momentos de interacción social más que en condiciones de aislamiento.  Estudios previos han establecido que esta emoción es menos intensa entre familia y amigos que ante individuos totalmente desconocidos, por lo cual el sentimiento de vergüenza debe ser mayor ante la presencia de extraños.

Los científicos, a su vez, han determinado que la vergüenza se encuentra asociada con distintos cambios en los elementos de la comunicación no verbal, como la posición de los ojos, alteraciones del discurso, posturas rígidas, sonrisas nerviosas, etc. De hecho, han llegado incluso a establecer el funcionamiento que sigue a nivel no verbal la expresión de la vergüenza. Así, en primer lugar se daría una evitación o aversión a las miradas. A continuación, una inhibición de la sonrisa. Posteriormente, aparecería una sonrisa que afectaría tan solo a ciertos músculos faciales. A continuación, aumentarían los movimientos de la cabeza hacia abajo, yu por último, un individuo se tocaría la cara.

Partiendo de esta base teórica, los investigadores plantearon una hipótesis: la conducta no verbal de un individuo, relacionada con una expresión conductual medible, debería también reflejar la experiencia subjetiva de vergüenza de un individuo, siendo la misma superior en presencia de participantes que en una condición aislada. El objetivo de este estudio fue, por tanto, analizar el impacto de la presencia de personas desconocidas en la experiencia y conducta de vergüenza de un individuo.

Para ello, 22 mujeres y 16 hombres participaron en el estudio, durante el cual fueron divididos en dos condiciones. En la condición aislada, se sentó al individuo en una silla, frente a una pantalla en la que pasaban imágenes de diversa índole, entre ellas imágenes eróticas de hombres y mujeres. En la condición con compañía, se incluyeron otras dos sillas detrás del individuo, en la cual se sentaban siempre dos investigadores. Una vez terminada la presentación de las imágenes, se solicitaba a los participantes que rellenasen un cuestionario respondiendo a cómo se habían sentido durante la prueba, puntuando emociones como la ansiedad, el interés, la sorpresa o la vergüenza a través de escalas de puntuación. Finalmente, a los participantes se les informaba de la presencia de una cámara en la sala, y se les pedía consentimiento para poder analizar las imágenes.

Tras la codificación de la conducta no verbal de los individuos, estos fueron comparados con los datos extraídos de los cuestionarios rellenados por los participantes. Como quedó patente, mostrar escenas de desnudez y situaciones eróticas fueron efectivas para crear situaciones de vergüenza. A su vez, tal y como se esperaba, la presencia de otros provocó que esta emoción fuera más fuerte en los participantes. Las conductas no verbales más comúnmente observadas fueron movimientos de los labios, rotación de sillas, inclinaciones de cabeza, tocamientos en la cara, movimientos de mano, evitar mirar fijamente a la pantalla, sonrisas “tontas”, etc. Todos ellos encajaron en las conductas prototípicas (salvo la rotación de la silla) de la conducta de vergüenza.

Sorprendentemente, se encontraron tres datos interesantes. En primer lugar, que aunque los individuos reportaban diferentes niveles de vergüenza, no se encontraron diferencias en la frecuencia de conductas no verbales en función de las imágenes mostradas. En segundo lugar, de manera inconsistente a la teoría, 5 de 11 respuestas no verbales fueron menos frecuentes en situaciones con extraños que aisladas. Por último, los hombres exhibieron más conductas no verbales de vergüenza que las mujeres, aunque las mismas reportaron haber sentido más vergüenza.  Una explicación dada por los autores fue que se hubiera dado un fenómeno de inhibición social, que había reducido drásticamente las conductas no verbales relacionadas con la vergüenza. Sin embargo, y dado que esto entraba en conflicto con el planteamiento defendido por los autores (que la presencia de individuos facilitaría la expresión de la emoción), en la reflexión final de la investigación se encauza a otros investigadores a analizar estos posibles fenómenos.

Determinar la personalidad a través del nick de un juego. Club Lenguaje No Verbal.

Determinar la personalidad a traves del nick de un juego - club lenguaje no verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Impressions of World of Warcraft players: personalities based on their usernames: Interobserver consensus but no accuracy”, de los autores Lindsay T. Graham y Samuel D. Gosling, de la University of Texas at Austin, cuyo objetivo es determinar si la personalidad de un individuo puede ser determinada con precisión a través de su nick en un juego online.

A nivel científico, es reconocido que las personas se forman impresiones de las otras en base a retazos mínimos de información (en muchas ocasiones, ni siquiera hace falta un contacto verbal). Incluso un dato tan básico como la dirección de correo de una persona puede provocar que nos creemos una imagen concreta de la misma. Así, encontramos que elementos como la apariencia física, la organización de un perfil de Facebook, la música favorita o incluso la decoración de las habitaciones o de los lugares de trabajo pueden permitir a un individuo juzgar de manera relativamente precisa la personalidad de un individuo.

Millones de personas juegan en la actualidad a juegos online conocidos como MMORPG (juegos de rol online multijugadores masivos), tales como Second Life o Farmville. Una de las particularidades de estos juegos es que los jugadores mantienen relaciones sociales con otros jugadores, resultando en la mayoría de ocasiones en un encuentro online previo a un posible encuentro offline fuera de las redes (si el mismo llega a darse). Es por ello que la primera impresión que suelen recibir del otro individuo los jugadores son los “nicknames” de los mismos.

Teniendo en cuenta, por tanto, la importancia de los nicks como primer elemento en la interacción con otro individuo, los investigadores de este artículo se plantearon una pregunta. ¿Puede el nick de un usuario de un MMORPG concreto (en este caso, World of Warcraft) permitir a otro individuo realizar impresiones relativamente sobre su personalidad?

Para poner a prueba esta hipótesis, los investigadores reclutaron 1357 individuos, que se encargaron de reportar sus nicks (uno solo por persona) y completar cuestionarios de personalidad. Posteriormente, dos grupos de estudiantes (uno de jugadores de World of Warcraft, y otro de personas que nunca habían jugado) se dedicó a evaluar la personalidad de cada individuo en base a su nick.
¿Qué indicaron los resultados del estudio? Por un lado, el consenso entre las respuestas de los jugadores fue fuerte, con pequeñas diferencias entre ambos grupos (los jugadores tuvieron un consenso mayor en extraversión, estabilidad emocional y apertura, y los no jugadores tuvieron un consenso mayor en cordialidad y responsabilidad).

Por otro lado, y en lo que se refiere a la precisión de las impresiones de los observadores, al contrario que en las investigaciones sobre correos electrónicos, no se encontró ninguna evidencia de precisión en las impresiones de los observadores. Incluso con la adopción de claves por parte de los mismos para evaluar los nicks (fijarse en el género, tener un nombre bonito, incluir contenido sexual, de ciencia ficción, múltiples palabras, etc), no se encontró una precisión significativa entre los mismos.

Esta investigación concluyó, por tanto, que los nicks, de manera aislada, no proporcionan información precisa sobre la personalidad de los individuos, pero sí que proporcionan claves que elicitan un acuerdo entre las opiniones de los diversos usuarios. Por tanto, dado el aumento de interacciones en los contextos sociales, serán necesarias más investigaciones que permitan descubrir si las impresiones de terceros sobre un individuo pueden ser precisas o no.

Posturas previas a la entrevista de trabajo. Club Lenguaje No Verbal.

Four different poses of one woman waiting for interview. Sitting in office on chair.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Preparatory power posing affects nonverbal presence and job interview performance”, de los autores Amy J.C. Cuddy y Caroline A Wilmuth, de la universidad de Harvard, Andy J. Yap, del INSEAD, y Dana R. Carney, de la University of California, que analiza la relación entre la adopción de posturas y el posterior desempeño de entrevistas de trabajo.

Las investigaciones han indicado que las posturas expansivas y abiertas reflejan en primates y humanos un alto potencial, mientras que aquellas posturas contraídas y cerradas reflejan un potencial bajo. Un ejemplo muy visual podría ser el instante en que un atleta cruza la línea de meta. Espontáneamente, los deportistas adoptan una posición en “V”, con los brazos y el pecho expandidos, en el caso de haber ganado. Sin embargo, aquellos que no lo hacen, dejan caer sus hombros y contraen el pecho. Lo mismo sucedería en el caso de los chimpancés con alto estatus (que inflaman su pecho) frente a los de bajo estatus (que contraen el cuerpo).

En ambos casos, los investigadores señalan que la adopción de posturas expansivas dispara sensaciones de poder, confianza, autoestima, tolerancia al riesgo, buen humor, tolerancia al dolor y reducción de sentimientos de miedo. Se ha demostrado incluso que estas posturas aumentan la segregación de testosterona, hormona asociada a las conductas de dominancia y búsqueda de estatus, reduciendo a su vez el cortisol, hormona asociada al estrés, el bajo estatus social y el desarrollo de conductas de sumisión.

Con estos planteamientos en mente, se plantea una encrucijada: en los momentos previos a una evaluación social estresante (por ejemplo, una entrevista), mucha gente adopta sin ser conscientes posturas no verbales que pueden causar en ellos una sensación de debilidad, muy probablemente debido al miedo ante el evento, al estrés, o a la intención de controlar y no mostrar sus carencias durante el mismo. ¿Cómo afecta, por tanto, la adopción de esta posición (y la sensación que transmite) al desempeño del individuo durante la posterior evaluación? ¿Podría permitir la adopción de una postura de “poder” justo antes de la entrada a la misma influir en el desempeño y los resultados del individuo de manera positiva? Este es el objetivo de la investigación que nos ocupa, la cual analizará la adopción de posturas y sus consecuencias en una entrevista de trabajo, quizá la experiencia de estrés social más comúnmente afrontada.

Postura abierta vs postura cerrada - club lenguaje no verbalPara ello, 61 estudiantes fueron asignados a dos grupos aleatoriamente: algunos dedicados a adoptar posturas abiertas (brazos en jarra y piernas levemente separadas), y otros a adoptar posturas cerradas (brazos cruzados cogiendo la cintura, una pierna cruzando la otra mientras se deja el peso sobre una). Estos estudiantes mantuvieron esta pose durante 5-6 minutos mientras preparaban su discurso para la entrevista de trabajo. Posteriormente, y tras ser grabados, se continuó analizando su discurso mientras adoptaban una postura libre, para finalizar con los participantes rellenando un cuestionario sobre cómo se sentían en lo referente a dominancia, control, poder y liderazgo.

Los investigadores analizaron, mediante un análisis ANOVA, el efecto de la adopción de las dos posibles posturas en el desarrollo de la actividad. Tal y como se hipotetizó por parte de los autores, los observadores consideraron que aquellos que prepararon la entrevista con una postura abierta (de poder) desarrollaron la entrevista de trabajo de una manera significativamente mejor que aquellos que adoptaron una postura cerrada (de debilidad). A su vez, aquellos con una pose más abierta trasladaron, según sus resultados, haber tenido una sensación de confianza significativamente mayor que el otro grupo. Ni el género ni la raza afectaron a las variables.

Este experimento demostró que la postura adoptada en los momentos preparatorios antes de afrontar una evaluación social (por ejemplo, una entrevista de trabajo) influyó en los pensamientos de los evaluadores, así como en sus decisiones. Comparado con aquellos que mantuvieron posturas de debilidad, aquellos que mantuvieron posturas de poder aparentaron mantener mejor la compostura, proyectar más confianza, y realizaron discursos más cautivadores y entusiastas.

Gestos y medios de transmisión en la enseñanza. Club Lenguaje No Verbal.

Gestos y medios de transmision en la enseñanza - club lenguaje no verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Gesture in Instruction: Evidence from Live and Video Lessons”, de los autores Theodora Koumoutsakis, de la University of Chicago, Ruth Breckinridge Church y Saba Auman-Nolley, de la Northeastern Illinois University, Martha W. Alibali, de la University of Wisconsin-Madison, y Melissa Singer, de la Bridgewater State University, que analiza la influencia de gestos y medio de transmisión en la enseñanza.

Los profesores suelen utilizar gestos durante sus explicaciones, los cuales suelen consistir en movimientos de las manos que acompañan al discurso, como parte de su comunicación para la instrucción. Cuando los investigadores evaluaron si estos gestos influían en el aprendizaje de los estudiantes, encontraron que los resultados aportaban abundante evidencia sobre la influencia de los gestos en la comprensión del discurso. Por tanto, este influencia de los gestos en la comprensión de lo que estaban escuchando determinó, por tanto, que los alumnos veían mejorado su aprendizaje.

Sin embargo, y pese a todo el aporte científico que apuntaba que el aprendizaje mejoraba en presencia de gestos, muy pocas investigaciones se realizaron teniendo en cuenta otros elementos del proceso de transmisión de conocimientos. Estos podrían llegar incluso a afectar al aprendizaje como limitadores, provocando una reducción del aprendizaje incluso aunque se utilizasen gestos. Esta investigación, centrada en la posibilidad de influencia de variables externas al aprendizaje y a su mejora a través de los gestos, decidió introducir una nueva variable para conocer su influencia: la presencialidad o no del profesor durante el aprendizaje. Esto es debido a que el medio utilizado para trasladar información instruccional parece haber sido identificado como una variable importante por ciertos autores como variable de influencia en el aprendizaje. Si los gestos mejoran la transmisión de información, tal y como los datos demuestran, entonces deberían seguir mejorando la transmisión de información incluso aunque el medio sea distinto.

Para poner en práctica esta afirmación, se decidió crear cuatro grupos y compararlos. Los mismos fueron divididos según el medio utilizado para transmitir la información (transmisión presencial contra transmisión grabada) y según la presencia o no de gestos. 63 niños de tercer y cuarto grado (entre 7 y 10 años) fueron seleccionados como parte de la muestra, siendo divididos entre cada equipo de manera totalmente aleatoria. A través de un control muy estricto, los investigadores se aseguraron de que las variables de las clases fueran similares excepto por la condición experimental que cambiaba en cada caso.

Los resultados fueron sorprendentes para los propios investigadores: los gestos mejoraban el aprendizaje de los niños en general, pero al introducir la variable medio, tan solo mejoraban de manera significativa el aprendizaje a través de las clases grabadas. ¿A qué se debió esto? Los investigadores teorizaron que esto podría ser debido a que la introducción de gestos en el vídeo provocaría que los niños prestasen atención a los mismos, estando más atentos al discurso presentado y por tanto focalizándose en el mismo.

Dado el desarrollo que la educación online ha sufrido durante los últimos años (la cual ha aumentado, haciéndose cada vez más y más común), los resultados de esta investigación pueden resultar interesantes para analizar cómo los videos son procesados por las personas que aprenden de los mismos, con el fin de mejorar el impacto de la instrucción. Los investigadores plantearon, por último, que los diseñadores de los cursos no deberían limitarse a grabar a los profesores como “cabezas parlantes”, sino que deberían enseñarles a incorporar gestos a sus discursos.

Credibilidad de las denuncias de agresión sexual. Club del Lenguaje No Verbal.

Credibilidad de las denuncias de agresión sexual. Club del Lenguaje No Verbal.

Credibilidad de las denuncias de agresión sexual. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Despistado por la emoción: la capacidad de los observadores de discriminar denuncias de agresiones sexuales reales y falsas”, de los autores Kristine A. Peace de la Universidad Grant MacEwan (Canadá), Stephen Porter de la Universidad British Columbia (Canadá) y Daniel F. Almon de la Universidad Dalhousie (Canadá), que trata sobre la detección del engaño en las denuncias de agresión sexual.

Una de las razones por las que el engaño ha generado un enorme interés científico son los problemas que han surgido en el sistema legal como resultado de las evaluaciones de credibilidad erróneas y en consecuencia condenas injustas. En particular, los casos de agresiones sexuales suponen un importante reto para la policía y para los jueces; el hecho no suele denunciarse de inmediato y normalmente no existen pruebas confirmatorias. Si bien es difícil establecer un número determinado, se estima que hasta un 20% de las denuncias podrían ser falsas. Por lo tanto, resulta esencial investigar los factores asociados con las características de las denuncias de agresión sexual reales y falsas y la exactitud en la discriminación de los observadores es crucial. El presente estudio examina la capacidad de los observadores (posibles jurados) para discriminar informes reales y falsos de agresión sexual, y si las diferencias individuales están relacionadas con la capacidad para determinar la credibilidad de tales afirmaciones. Uno de los objetivos del estudio es determinar si existe una predisposición a la veracidad ante denuncias reales y falsas de agresión sexual. Se prevé que en el análisis de las declaraciones escritas que contienen descripciones impactantes y perturbadoras de agresiones sexuales, los observadores serán más propensos a creer el informe. Además de determinar la precisión del observador en la valoración de las denuncias de agresión sexual, se ha tratado de identificar las posibles diferencias individuales entre los observadores legos que podrían contribuir a diferentes niveles de competencia de valoración. La fuerza del contenido emocional de la declaración podría interactuar con la función emocional y la personalidad del juez para influir en los juicios de credibilidad. Los distintos rasgos de personalidad podrían asimismo estar relacionados con el uso diferenciado de señales en la toma de decisiones. En general, el análisis empírico de las capacidades de detección del engaño y las diferencias individuales ha arrojado resultados inconsistentes. Las investigaciones que analizan el uso de señales ha revelado que los participantes que se apoyan en un mayor número y variedad de señales (ya sean verbales y/o no verbales) tienden a ser más precisos en la detección del engaño. Este estudio cuenta con tres objetivos principales: (1) evaluar la exactitud de los juicios de credibilidad de denuncias reales y falsas de agresión sexual; (2) analizar el papel de la personalidad y las diferencias individuales en la precisión de la detección; y (3) examinar las estrategias de utilización de señales y su relación con la precisión en las valoraciones de credibilidad.

Los resultados del estudio apoyan las anteriores investigaciones que indicaban que la precisión en la detección está en general alrededor del nivel de azar, y se confirma la predicción con respecto a la predisposición a la veracidad cuando se juzgan denuncias de victimización sexual. De hecho, los observadores que obtuvieron peores resultados, mostraron poca precisión discriminatoria y respuestas sesgadas. Sin embargo, es posible que los juicios sobre la intensidad emocional se hayan visto limitados por la naturaleza emocional de las denuncias de agresión sexual. Curiosamente, el estudio reveló una ligera correlación negativa entre confianza y precisión en la detección de denuncias reales de victimización. Como tal, es importante tener en cuenta la confianza en la toma de decisiones dado que se asocia con percepciones de veracidad. Por otro lado, se halló una correlación negativa entre extraversión y precisión global, lo que indica que los participantes que puntúan bajo en extraversión demostraron más capacidades de detección. Otro hallazgo fue la asociación positiva entre precisión, apertura a la experiencia y neuroticismo. El análisis sobre el uso de señales en este estudio no apoya las hipótesis; la precisión no está relacionada con el número o el tipo de señales empleadas. Parece ser que tanto las denuncias falsas como las reales contenían muchas de las señales más utilizadas (cantidad de detalles, consistencia lógica, detalles relevantes), lo que limita cualquier asociación entre uso de señales y precisión. De este modo, el uso de señales irregulares de palabras/frases se asoció con una mayor precisión en la correcta discriminación de informes reales. Se analizó igualmente si los jueces más precisos utilizan señales diferentes a las que emplean los jueces que cometen más errores. Pero contrariamente a lo que cabría esperar, no existe diferencia en la utilización de señales entre los jueces.

Algunos investigadores han llegado a la conclusión de que las diferencias en la detección del engaño dependen más de las características y conductas del que engaña más que del observador. Algunos argumentan que las diferencias individuales son insignificantes, salvo que las personas difieran en su predisposición a la veracidad de las declaraciones. Los hallazgos sugieren que los factores de personalidad tienen al menos una ligera influencia sobre la capacidad de detección del engaño y confirman que los legos asumen más a menudo que las denuncias de agresión sexual son veraces. El siguiente paso en esta investigación es evaluar la capacidad de los investigadores de la policía y de los que toman las decisiones judiciales para discriminar las denuncias de agresión sexual reales y falsas, y si estos profesionales presentan predisposiciones similares o diferentes hacia la credibilidad de estas denuncias. El presente estudio ofrece una visión de las capacidades de detección del engaño cuando se usan estímulos reales y emocionalmente evocadores. Los participantes obtuvieron peores resultados que al nivel de azar en general, y demostraron una predisposición a la veracidad en sus determinaciones. Estos resultados tienen consecuencias para el ámbito forense, cuando los investigadores se enfrentan a denuncias de agresión sexual, y afrontan el reto de determinar la veracidad.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje No Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Sabiduría popular frente a conocimiento científico sobre la detección no verbal del engaño. Club Lenguaje no Verbal.

Detección de la mentira

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les sugerimos un resumen del artículo “¿Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo? Sabiduría popular frente a conocimiento científico sobre la detección no-verbal del engaño”, del autor Jaume Masip, de la Universidad de Salamanca, en el cuál se revisa la fiabilidad de la detección del engaño a través de la evaluación del lenguaje no verbal.

En multitud de ocasiones, la psicología social ha sido criticada por estudiar ciertas situaciones que, según gran parte de la población, son “de sentido común”. Esto provoca, habitualmente, que la sabiduría popular sustituya al auténtico conocimiento científico a la hora de abordar evidencias o problemas de la vida cotidiana (a lo cual contribuyen, sin duda, series de televisión, libros de autoayuda, etc.). Uno de los campos de la psicología en los que más falsas creencias existen es el de la comunicación no verbal.

¿Hasta qué punto puede la comunicación no verbal transmitirnos realidades absolutas sobre el comportamiento de un individuo? Mientras que la investigación científica nos lleva a relativizar los descubrimientos, la mayoría de la sabiduría popular habla de realidades dicotómicas, sin atender a la variación entre individuos o situaciones. Esta visión errónea es especialmente flagrante en casos como la detección de mentiras, en la cual existen multitud de creencias sobre la utilidad del lenguaje no verbal para detectar las mismas. Este artículo trata de desmantelar algunas de estas creencias populares erróneas, basándose en la rigurosa investigación científica para demostrar la falsedad de muchas de las afirmaciones realizadas fuera de la disciplina de la psicología sobre el tema.

  • ¿Se pilla antes a un mentiroso que a un cojo?

Tal y como las evidencias científicas demuestran, no hay diferencias sustanciales en la detección de la mentira a través del lenguaje corporal respecto a tratar de adivinarlo al azar (en torno al 50% de los casos son acertados). Ni siquiera tras “entrenar” a expertos se encontraron diferencias importantes entre estos y personas que no tenían ningún conocimiento sobre detección de mentiras. Por tanto, y en contra de la “afirmación popular”, se encontró que la capacidad para discriminar entre mensajes verdaderos y falsos es muy escasa en los seres humanos, dependiente sobre todo de elementos personales y contextuales. No es, por tanto, fácil “pillar a un mentiroso”.

  • ¿Afecta nuestra confianza a nuestra capacidad para detectar mentiras?

En absoluto. De hecho, tal y como muestran las investigaciones, las personas no tenemos conciencia de lo correctos o incorrectos que son nuestros juicios de credibilidad. Incluso en multitud de ocasiones tendemos a sobreestimar nuestra capacidad de discriminar entre verdades y mentiras.

  • ¿Existen señales conductuales de cuándo alguien nos está mintiendo?

Taparse la boca, tocarse la nariz, frotarse un ojo o el cuello, mirar fijamente a los ojos… todas estas acciones son, según la cultura popular, rasgos de un mentiroso. De hecho, muchos de estos estereotipos también han sido estudiados, encontrándose que muchos de ellos parecen tener validez universal (como el de que un mentiroso aparta la mirada).

Por supuesto, prácticamente ninguno de estos estereotipos es cierto (y menos generalizables a toda la población). La discrepancia entre estos y la realidad empírica puede dar cuenta del escaso valor de las claves conductuales para formular juicios correctos de mentira.

  • ¿Existe alguna posibilidad de llegar a ser un buen “detector de mentiras”?

Se han realizado multitud de intentos en este sentido, entrenando de diversas maneras a múltiples observadores. Sin embargo, el porcentaje de aciertos no ha representado un gran aumento (del 54% a 57%). ¿A qué se debe esto? En realidad, no es motivo exclusivamente del tipo de entrenamiento, sino de los escasos indicadores conductuales que son realmente útiles. Según ciertos autores, más que incrementar la precisión, lo que provocan estos entrenamientos es el aumento de la tendencia a decir que los mensajes son falsos.

Diferencias paralingüísticas en conversaciones entre parejas y amigos.

Laughing young guy enjoying a conversation over the cellphone

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les sugerimos un resumen del artículo “People will know we are in love: evidence of differences between vocal samples directed toward lovers and friends”, de los autores Sally D. Farley, de la University of Baltimore, Susan M. Hughes y Jack N. Lafayette, del Albright College, en el cuál se examina si existe variación en el tono identificable en función de la persona con la que hablamos.

Como animales sociales, los humanos instintivamente intuimos los estados emocionales de todos aquellos que nos rodean. Tal y como apuntan las investigaciones, un gran número de descubrimientos defienden que las características de nuestra voz, sin ir más lejos, permiten a los individuos de nuestro alrededor extraer más datos que aquellos puramente derivados del discurso. Estos elementos son conocidos en el estudio de la comunicación no verbal como “paralingüísticos”.

Precisamente, los elementos paralingüísticos parecen ser un elemento de gran importancia específicamente en el campo de las relaciones amorosas entre personas. ¿A qué es debido? A que nuevamente, tal y como los estudios abalan, un individuo puede modificar las características de su voz para atraer a posibles compañeros. De hecho, y tal y como se demostró en un experimento sobre la seducción, aquellos hombres que utilizaron una mayor modulación vocal tuvieron más éxito que aquellos que no modularon su paralingüística, llegando incluso a tener una segunda cita con la pareja en el estudio.

Sin embargo, y más allá de la simple atracción, hay ciertas evidencias que indican que las parejas de individuos continúan modificando sus voces cuando hablan entre sí. Por ejemplo, se demostró que la frecuencia del llamado “babytalk” (“conversación de bebé”) era un fuerte predictor de la intimidad y la atracción entre una pareja. En contraposición a esto, otros investigadores indican que estos cambios en el tono pueden no limitarse a las relaciones entre parejas, sino incluir también aquellas relaciones de amistad que generan un estado afectivo o motivacional.

Precisamente frente a esta dicotomía de resultados, el propósito de este estudio consistió en explorar cómo los individuos alteran sus elementos paralingüísticos en función de si hablan con una pareja (heterosexual u homosexual) o si hablan con un amigo muy cercano del mismo sexo a través de conversaciones telefónicas. Para ello, se grabaron distintas conversaciones entre individuos, y se seleccionó a una muestra que debía identificar si se trataba de parejas o de amigos.

En lo que se refiere a esta identificación, se encontró que en un 64.6% de los casos se acertaba, gracias a las características paralingüísticas, si se trataba de una relación de pareja o de amistad (lo cual se encontraba por encima de los límites de la probabilidad básica, 50%). También el interés romántico en frases como “qué estás haciendo” o “cómo estás” fue identificado a través del modo de hablar de los individuos grabados.

Por otro lado, fue identificado que los observadores consideraban más animados a aquellos que hablaban con sus amigos frente a sus parejas. Sin embargo, en contra de lo que los autores predijeron (que los individuos tratarían de sonar más confiados para parecer más atractivos), se encontró que aquellas voces que hablaban con parejas eran puntuadas de modo más negativo. Respecto al tono de voz, los hombres utilizaron tonos levemente más agudos, al contrario que las mujeres (levemente más graves), cuando hablaban o preguntaban a sus parejas. Finalmente, y a través del establecimiento de un modelo en base a las evaluaciones de los observadores, se encontró que cuanto más incluían en su tono elementos más relacionados con el romanticismo (cualidades positivas, amor, pasión, intimidad, etc.), más positivamente eran evaluadas las personalidades de las personas que hablaban.

En conclusión, esta investigación permitió dar fuerza al argumento de que nuestro tono de voz se ajusta al individuo con el que estamos hablando, y de un modo especialmente particular si estamos tratando con nuestra pareja. Esto, lejos de terminarse tras la fase de “cortejo”, seguiría ocurriendo en las distintas interacciones de la pareja, y permitirían a individuos desconocidos identificar de una manera significativa si los individuos observados son pareja o amigos.

 

 

 

 

 

 

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