Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

¡No pierdas la oportunidad! Congreso Internacional sobre Comunicación No Verbal (MADRID, 29, 30 y 31 de mayo)

Comunicación gestual en niños con autismo. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Gestural communication in Children with autism spectrum disorders during mother-child interaction” de Mastrogiuseppe, Capirci, Cuva y Venuti. En este artículo nos hablan de cómo es la comunicación gestual, uno de los aspectos más afectados por el autismo, en los niños durante la interacción con sus madres.

Este estudio se llevó a cabo con un grupo de 20 niños con un trastorno del espectro autista y sus respectivas madres. Se combinó con otros dos grupos, uno formado por 20 niños con Síndrome de Down y sus madres y el otro grupo lo formaban 20 niños con un desarrollo típico y sus progenitoras. La edad mental media en los tres grupos era de 24,16 meses en los tres grupos mientras que la edad real fue diferente entre ellos siendo: de 25 meses en el grupo de desarrollo normal, de 41 meses en el de Síndrome de Down y de 42 en el de autismo.

Los datos fueron recogidos durante una sesión de juego de diez minutos de duración. En ella se pidió a la madre que jugará con su hijo como lo haría si estuviera en casa. Se les proporcionó un conjunto de juguetes estándar donde había: una muñeca, un juego de té, una pelota, dos libros, un teléfono y un trenecito.

Todas las sesiones se grabaron en vídeo y se analizaron posteriormente. Por un lado, se transcribió el audio y, por otro lado, se usó un esquema de codificación específico que permitió el análisis cuantitativo y cualitativo de la producción gestual.

Los gestos fueron clasificados en diferentes categorías. La primera de ellas fue los gestos deícticos, que son aquellos que se refieren a un objeto o cuento que tocan o indican. Su significado solo se puede comprender en base al contexto. Incluyen gestos como: señalar, mostrar, dar o solicitar.

Otra categoría son los gestos ideativos, que están formados por varias subcategorías: gestos representativos – icónicos, gestos convencionales – interactivos y gestos pragmáticos. Los primeros son aquellos que se refieren a un objeto, persona, ubicación o evento a través del movimiento de la mano, el movimiento del cuerpo o la expresión facial. Dentro de estos se incluyen aquellos relacionados con acción realizan por o con el referente, gestos que muestran cualidades o características de un objeto o situación y gesto que representan acciones intransitivas. Los gestos interactivos – convencionales son aquellos que son definidos culturalmente y se usan para regular la interacción, como, por ejemplo, asentir con la cabeza para decir sí. Los gestos pragmáticos son aquellos que sirven para resaltar aspectos de la estructura del discurso y con el contenido del mismo.

Otra categoría son los gestos per se que son aquellos producidos por un estado, pero no están dirigidos a la pareja comunicativa. La siguiente son los gestos corporales instrumentales, estos sirven para usar a la pareja como herramienta para lograr un objetivo. Un ejemplo sería tomar de la mano a la madre y acercarla al objeto deseado.

Una última categoría son los gestos nominales o de acción y son aquellos que se producen con el referente del objeto en la mano. Existen varios tipos: nominal – uno mismo (produce una acción con un objeto referente en la mano), nominal – compañero (realizar la acción con el cuerpo del compañero) y nominal – objeto (produce un gesto de acción sobre un objeto).

Los resultados muestran que la edad cronológica del niño se asoció negativamente con la frecuencia de los gestos totales, de señalar, de mostrar y de dar. No hubo ninguna asociación entre la frecuencia de gestos y la edad de la madre o del desarrollo del niño.

Los resultados también revelaran que los niños con autismo mostraran un número menor de gestos totales que los niños con Síndrome de Down o con un desarrollo típico. Si se analiza cada categoría de gestos se comprobó que, dentro de los gestos deícticos, los relacionados con apuntar fueron mostrados en una proporción significativamente menor en los niños autistas que en los otros dos grupos. Los gestos de solicitud, por el contrario, fueron realizados en mayor medida por los niños con autismo. En lo referente a los gestos de mostrar el porcentaje fue significativamente menor. Y, por último, no se encontraron diferencias para los gestos de dar.

En relación a los gestos ideativos, los niños con autismo produjeron una proporción menor de estos gestos que los otros dos grupos. En cuanto a los gestos nominales, los niños con autismo producían menos gestos de estos tipos que los niños con Síndrome de Down, a su vez estos presentan una mayor cantidad de estos gestos que los niños con desarrollo típico.

En general se puede decir que los niños con autismo producen menos gestos que los niños con Síndrome de Down o con un desarrollo típico, lo que es consistente con la literatura previa, así como los criterios diagnósticos del DSM – V donde el deterioro en el uso de los gestos es uno de ellos.

Los niños con autismo muestran un perfil específico de comportamiento gestual que es diferente de los niños con Síndrome de Down o con desarrollo típico. Tienen impedimentos en el uso de gestos interactivos convencionales, ósea con aquellos que vienen definidos culturalmente. A pesar de no existir literatura previa directamente relacionada, se puede enlazar con los estudios que afirman que los niños con Síndrome de Down producen más gestos convencionales para compensar sus limitaciones lingüísticas.

Por el contrario, los niños con autismo producen una cantidad significativamente mayor de gestos relacionados con solicitar. Sin embargo, muestra impedimentos en la producción de gestos relacionados con mostrar. También eran escasos sus gestos nominales – compañero, que son aquellos en los que el niño realiza una acción sobre el cuerpo de la pareja. Esto está relacionado con deficiencias de compromiso conjunto y de capacidad de atención conjunto que muestran estos niños.

Las correlaciones obtenidas sugieren una relación informal entre las habilidades de interacción lingüística y social y la producción de gestos ideativos y nominales. Estos gestos están estrictamente relacionados con factores cognitivos.

Expresiones de dolor en la demencia y su validez según el ángulo de observación. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Pain expressions in dementia: validity of observer’s pain judgments as a function of angle of observation” de Browne, Hadjistavropoulos, Prkachin, Asfraf y Taati. En este artículo nos hablan sobre la importancia del ángulo mediante el que se ve la expresión facial de dolor en pacientes con demencia.

Las expresiones faciales nos dan mucha información, en el caso clínico son muy reveladoras frente al dolor que pueden estar sintiendo los pacientes. Estas expresiones son más importantes si cabe en el caso de los pacientes con demencia ya que sufren graves limitaciones comunicativas pudiendo ser su único canal de comunicación. Se asume que la vista frontal de la cara permite las evaluaciones observacionales más válidas y confiables pero el impacto del ángulo de visión no ha sido nunca investigado.

Para comprobarlo se realizaron dos estudios. En el primero de ellos se reunió una muestra de 102 adultos mayores de 65 años (con una edad media de 78 años). De esta muestra, 48 personas (13 hombres y 35 mujeres) fueron reclutados de centros de atención de larga instancia donde residían por tener demencia y graves limitaciones en la comunicación verbal. Otras 52 personas (19 hombres y 33 mujeres) fueron seleccionados en una clínica de fisioterapia donde recibían tratamiento para el dolor.

Cada participante fue grabado en video acostado en una cama durante un periodo de referencia de cinco minutos y durante un examen de fisioterapia basado en el movimiento para identificar las áreas dolorosas. El examen consistía en que el fisioterapeuta guiaba al paciente para: cerrar cada mano, levantar cada brazo, doblar cada rodilla hacía el pecho, extender cada pie y sentarse en la cama. Esta fase también duró unos cinco minutos. Los participantes provenientes de la clínica de fisioterapia fueron capaces de autoinformar sobre el dolor en una escala del uno al diez (siendo la media de 5,45). Se filmó a cada paciente tanto durante la fase de referencia como durante el examen, de manera simultanea con una vista frontal y otra de perfil.

Posteriormente, se codificaron todas las grabaciones por un experto de frente con el FACS para evaluar el dolor. Se buscaban cuatro categorías relacionadas con el dolor: bajar las cejas (AU4), levantar la mejilla y párpados tensos (AU6 y AU7), arrugar la nariz y levantar labio superior (AU9 y AU 10) y cerrar los ojos (AU43). Para cada frame de video se asignó una puntuación para cada AU analizada. La suma total de todas iba de 0 al 16. Después un codificador diferente repitió el proceso con la vista de perfil.

Además se usó la PACSLAC – II (Pain Assessment Checklist for Seniors with Limited Ability to Communicate – II, Lista de Verificación de la evaluación del dolor para personas mayores con capacidad limitada para comunicarse – II) que es una herramienta de evaluación observacional validada para ser utilizada por profesionales de la salud en el ámbito clínico, que consiste en una lista de 31 comportamientos asociados al dolor como son: verbalizaciones, movimientos corporales, expresiones faciales, cambios en la actividad, cabios interpersonales o cambios en el estado mental.

Los resultados muestran que la confiabilidad de la codificación PACSLAC -II fue algo mayor usando la vista frontal en lugar de la de perfil. No hubo un efecto significativo dentro del sujeto con respecto al ángulo de observación en las puntuaciones basadas en el FACS y el efecto de interacción tampoco fue significativo para observadores entrenados.

Un segundo estudio se centró en el análisis de la precisión de los juicios de dolor de observadores no entrenados basados en la vista de perfil y de frente. Para ello se utilizaron a 61 estudiantes, con una edad media de 22 años, siendo 41 mujeres y 20 hombres, que visualizaron 80 fragmentos de 10 segundos de duración en orden aleatorio de los pacientes mayores con o sin demencia que se sometieron al examen del fisioterapeuta en el primer estudio. Cada participante vio los 80 fragmentos correspondientes a 40 personas. Primero vio el fragmento de perfil durante 10 segundos, después frontal durante el mismo tiempo, a continuación, se le mostraba un mensaje para que calificará el dolor percibido y por último salía una pantalla blanca durante 15 segundos.

Los resultados muestran que hay un efecto principal significativo que confirmó que los codificadores no entrenados identificaron más comportamientos de dolor durante el examen de fisioterapia que durante el video de referencia. El análisis indicó que había una diferencia significativa en las puntuaciones de la intensidad del dolor entre la vista frontal y la de perfil durante el examen, pero no durante el video de referencia. El género de las personas no tuvo repercusión en los juicios o expresiones. Las puntuaciones obtenidas también sugieren que los observadores entrenados tienden a calificar el dolor como más bajo que los observadores no entrenados. Además, se descubrió que estos últimos fueron significativamente más precisos al evaluar la intensidad del dolor viéndolo de perfil que con la vista frontal en los dos sistemas de codificación.

En relación a las AUs analizadas con el FACS el cierre de ojos se asoció significativamente con los juicios de los observadores entrenados y no entrenados desde la vista de perfil. Los jueces no entrenados también confían más en el levantamiento de las mejillas y la tensión en los párpados (AU6 y AU7) y en arrugar la nariz y levantar el labio superior (AU9 y AU10) desde la vista de perfil que desde la vista frontal. En relación al PACSLAC – II los jueces entrenados tuvieron una confianza mayor en la vista frontal para: P1 (hacer muecas), P2 (cara apretada), P3 (expresión de dolor) y P5 (contracción por dolor). No hay diferencias para observadores no entrenados entre la vista de perfil y la frontal.

En resumen, los observadores no entrenados tendían a calificar la intensidad del dolor como más alta durante un examen de fisioterapia al evaluar la expresión facial desde una vista de perfil. También fueron más precisos en calificar el dolor desde una vista frontal que los observadores entrenados.

En conclusión, las diferencias medias entre las vistas frontal y lateral fueron significativamente pequeñas para las medidas basadas tanto en FACS como en PACSLAC – II. La vista de perfil diferenció los segmentos relacionados con el dolor de los no relacionados, lo mismo ocurrió con la vista frontal. Los observadores no entrenados asignaron calificaciones de mayor intensidad del dolor a los individuos que se sometieron a un examen de fisioterapia cuando lo vieron desde una vista de perfil. Esta vista admitió realmente una correspondencia superior entre las calificaciones de perfil de los observadores y el índice de comportamiento directo de la expresión del dolor en relación a la vista frontal.

Por tanto, el principal hallazgo es que sorprendentemente la vista de perfil tiene ventajas sobre la vista frontal. Se cree que esto es así porque los escenarios actuales donde se necesita que sea eficaz la comunicación del dolor rara vez se producen con una visión frontal perfecta de la cara y, por tanto, se ha ido evolucionando para hacer que otras vistas menos favorables, como la de perfil, comuniquen de manera óptima ese estado interno de dolor.

La comunicación no verbal en el lugar de trabajo. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Behavior and communication in the workplace: a reivew and an agenda for Research” de Bonaccio, O’Reilly, O’Sullivan y Chiocchio. En este artículo se revisan cómo aplicar la comunicación no verbal en las organizaciones.

A día de hoy nadie niega la importancia de la comunicación no verbal en general y, además, hay una gran dedicación por parte de la prensa no especializada en hablar del tema. Sin embargo, el mundo empresarial se ha quedado más rezagado en el entendimiento y aplicación de este tipo de comunicación. Por ello en el presente estudio se pretende hacer una revisión de la literatura de la comunicación no verbal a través del prisma de la organización empresarial.

Los comportamientos no verbales son socialmente pragmáticos ya que de manera implícita o explícita sirven para lograr objetivos sociales y estas demostraciones emocionales son piezas de información social. El comportamiento no verbal nos sirve para coordinar y aportar claridad a las interacciones sociales. Hay cinco funciones de los comportamientos no verbales que tienen implicaciones para la vida organizacional: mostrar los atributos personales, ejercer dominación y establecer una jerarquía, promover el funcionamiento social, fomentar relaciones de alta calidad y mostrar expresiones emocionales.

La primera de las funciones, mostrar los atributos personales, sirve para revisar la información sobre personalidad, interacciones y actitudes de una persona. Estamos constantemente emitiendo señales a través de nuestro comportamiento no verbal y estas son interpretadas con más o menos exactitud por las personas que nos rodean como expresión de nuestros atributos ocultos. Siempre estamos interpretando, incluso una aparente falta de comunicación no verbal será interpretada como indicadora de algún riesgo. Por ejemplo, una falta de expresión que se está realizando para mostrar neutralidad puede ser interpretada como indiferencia o desinterés. Estos comportamientos son muy importantes en la formación de impresiones y en el manejo de las mismas. Esto es fácilmente aplicable en el campo de la selección de personal y evaluación de desempeño. Algunas investigaciones en este campo nos dejan como conclusiones que los individuos tienden a ser más precisos cuando confían en comportamientos no verbales para evaluar habilidades sociales que para evaluar la motivación laboral. En relación al proceso de selección un firme y breve apretón de manos puede conferir sociabilidad, amistad y confianza y está asociado a la contratación. Otros comportamientos relacionados son: las sonrisas, el contacto visual, la expresividad, los gestos con las manos, la apariencia facial y el asentir con la cabeza. Durante este proceso tanto el entrevistador como el entrevistado se ven influidos mutuamente. Los académicos han conceptualizado el comportamiento no verbal como un contaminante en los procesos de selección y apuestan por entrevistas más estructuradas para evitar el sesgo de manejo de impresiones.

La segunda función, ejercer dominancia y establecer una jerarquía, nos dice que las señales de poder no verbales se responden con señales no verbales de sumisión. Estos conceptos de dominancia y jerarquía son de gran importancia en las organizaciones porque normalmente están establecidas en relación a una estructura jerárquica. Algunos de los comportamientos relacionados con el poder y la jerarquía son: la postura de poder (estar de pie con el pecho abierto y las manos en las caderas), el tiempo de conversación y la interrupción, el contacto visual, el tono vocal, la apariencia facial, el tamaño y la fuerza. Se ha demostrado que hay ciertos comportamientos no verbales de poder que son universales en todas las culturas, pero otros dependerán de la misma. Por ejemplo, el poner los pies encima del escritorio es una postura de poder en EE.UU.  no así en los asiático – orientales. Estos comportamientos relacionados con el poder también varían con el género, no son iguales en hombre y en mujeres. La explicación a este fenómeno tiene dos vías, por un lado, se piensa que puede deberse a los estereotipos y expectativos diversas que tiene cada género y, por otro lado, en las diferentes oportunidades relacionadas con sus distintos roles estratificados dentro de la sociedad.

La tercera función, promover el funcionamiento social, busca influenciar a los demás para lograr seguimiento y coordinación social a través de demostraciones no verbales de competencia, prestigio y persuasión, ya que es más probable que la gente siga a aquella persona que muestra carisma, entusiasmo y capacidad. La comunicación no verbal puede aumentar el mensaje de un líder carismático y fortalecer su influencia a través de una comunicación fuerte, que viene caracterizado por: el contacto visual, la fluidez verbal, la expresión facial y corporal, el tono vocal y la variedad. Un mensaje débil con una comunicación fuerte calará más hondo que un mensaje potente con una comunicación débil. Para poder considerarse un líder carismático también es importante mostrarse cercano y mimético. La cercanía incluiría comportamientos como sonreír e inclinarse hacía la otra persona ya que trasmite simpatía y acercamiento. La mimética sería la imitación de la comunicación no verbal de nuestro interlocutor. Si se consigue manejar estas dos características se conseguirán intercambios suaves y recíprocos. Además, hay que tener en cuenta que la pasión se trasmite a través del lenguaje no verbal con los gestos corporales animados, el tono de voz adecuado y el mensaje apropiado.

La cuarta función, fomentar relaciones de alta calidad, gracias a la comunicación no verbal podemos generar y mantener relaciones interpersonales confiables y comprometidos. ¿Cómo? Ayudándonos a prestarnos atención mutua y una respuesta perfecta a las intenciones, estados emocionales y actitudes de los demás. También los comportamientos antes analizados de cercanía e imitación ayudan a establecer una relación mediante la creación de afiliación y confianza y promueve el comportamiento prosocial. Esto puede tener una clara aplicación en el mundo de la empresa sirviendo para afianzar compromisos, confianza y cohesión, pero ha recibido poca atención académica. Sí que ha quedado demostrada la importancia de la intimidad psicológica en una relación mentor – aprendiz, aunque tampoco ha sido muy investigado el papel de la comunicación no verbal en ella. La faceta que ha recibido un poco más de atención ha sido la compasión en el lugar de trabajo. Una relación recíproca producirá comportamientos no verbales más compasivos, que a su vez reforzará dicha relación. La compasión no verbal se muestra principalmente a través del “toque compasivo” (un toque suave no amenazador que puede producir una conexión instantánea incluso entre extraños).

La última función, mostrar emociones, está interconectada con las otras funciones antes mencionadas, pero merecía ser destacada de manera individual porque influye en procesos sociales únicos como, las exhibiciones emocionales de los demás, siendo especialmente relevante para fenómenos como el contagio y los ciclos emocionales. Esto puede llegar a tener una gran influencia en una organización ya que las emociones positivas pueden ampliar el pensamiento de los individuos y extenderse a todos los miembros haciendo que el funcionamiento mejore en las organizaciones. También las emociones pueden ser interpretadas para extraer información del contexto y poder hacer una interpretación del entorno laboral.

Aquí encontramos un pequeño resumen de cómo puede influenciar la comunicación no verbal en el entorno empresarial, pero aun queda mucho por investigar en este campo, como, por ejemplo, el desarrollo de mejores instrumentos de selección y programas de capacitación para entrevistadores que incluyan la comunicación no verbal en los conflictos interpersonales y la discriminación, mejorar el liderazgo o la comunicación entre culturas.

Competitividad y estrategias de seducción no verbal en adolescentes de Curazao. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Intrasexual competitiveness and non – verbal seduction strategies to attract males: a study among teenage girls from Curaçao” de Van Brummen y Buunk. En este artículo se hablan de la competitividad intrasexual y las estrategias de seducción no verbal que llevan a cabo los adolescentes de Curazao.

Hay bastantes estudios previos que indican como las mujeres modifican su atuendo (ropa, complementos, peinados o maquillaje) en función de sus intenciones de cortejo. En el presente estudio se añadió una variable más, la ausencia o presencia durante su infancia de la figura paterna y como influía en la competitividad que tenían con el resto de mujeres y en qué estrategias no verbales de seducción ponían en marcha con los hombres.

En Curazao el 40% de la población se cría en hogares donde el padre no está presente. Esta ausencia paterna, en concreto en algunos momentos de la vida, puede llevar aparejado unas determinadas consecuencias para las niñas, entre las que destacan la búsqueda de atención masculina.  Estudios anteriores mencionaban que aquellas niñas que fueron abandonadas antes de los cinco años buscaban una mayor atención por parte de hombres adultos en comparación con aquellas a las que había abandonado a una edad más tardía. También se demostró que aquellas abandonadas de más pequeñas tenían una tendencia mayor a comenzar a tener relaciones sexuales a una edad más temprana y no estaban tan interesadas en casarse y tener descendencia que aquellas que tenían un padre presente o fueron abandonadas a edad más avanzada.

La hipótesis de este estudio es que aquellas niñas que no tengan padre estarán más interesadas en atraer a los hombres a una edad más temprana, en especial para mantener una relación sexual esporádica. Por ello, será más competitivas con el resto de mujeres y pondrán en marcha un mayor número de estrategias no verbales de seducción.

La competitividad intrasexual se medirá con la escala de Buunk y Fisher que evalúa, entre otras cosas: el deseo de derrotar a otra mujer en vez de mejorar su propio rendimiento, el deseo de verse a sí misma mejor que el resto, los sentimientos de envidia y frustración que experimentan cuando otra chica recibe la atención masculina o la envidia que sienten si otra chica tiene un coche o una casa más bonitos.

Para comprobar dicha hipótesis, primeramente, se realizó un estudio piloto en el que varios observadores acudieron a un lugar de ocio donde se reunían los adolescentes después de la jornada lectiva para evaluar sus relaciones. De sus observaciones extrajeron cuarenta comportamientos no verbales relacionados con la seducción.

Después de descubrir estas conductas en el estudio piloto, se pasó a realizar otro donde poder clasificar dichas conductas de seducción no verbal en estrategias de seducción no verbales. Para ello se utilizó una muestra de 105 adolescentes con una edad media de 16 años. Para llevar a cabo el estudio se observó a las chicas y después se les abordó para obtener sus datos sociodemográficos como edad, lugar de nacimiento, nivel educativo y la ausencia/presencia del padre.

Después se analizaron las conductas observadas a través de un análisis factorial. De esos resultados se dividieron las conductas en nueve estrategias diferentes. La primera de ellas estaba formada por los comportamientos de coqueteo directo donde incluyen conductas como: “reaccionar de manera constante al coqueteo de los hombres”, “reírse constantemente”, “presumir de tener un iPhone o una BlackBerry” o “contonear exageradamente las caderas al andar”. La segunda estrategia era la llamada comportamiento del pavo real que contaba con conductas como: “usar lápiz labial” o “uso de joyas brillantes y coloridas”. La tercera estrategia era el comportamiento inquieto y activo que consistía en: “hablar en voz alta”, “reír a carcajadas”, “mirar para ver si la observan”, entre otros. La cuarta estrategia se llamó dulce tentación donde destacaban conductas como: “usar ropa sintética”, “usar tacones altos” o “comer gominolas”. La quinta estrategia se denominó peinados con ondas y maquillaje, donde destaca el uso de peinados con ondas para dar mayor volumen al pelo, el uso de una gran cantidad de maquillaje fácil o el uso excesivo de brillo de labios. La sexta estrategia era el uso de joyas y accesorios donde se analizaba el uso de gafas de sol o de numerosas pulseras. La séptima estrategia era “lollypop” donde se hacía referencia a ir comiendo chupa – chups, pero también, a usar recogedores de pelo con la misma forma. La octava estrategia era la relacionada con el cuidado de las uñas y la novena la relacionada con el uso de ropa sexy. La confiabilidad de todas las estrategias fue buena a excepción de la novena que fue excluida del estudio posterior.

En el estudio dos se examinó la relación entre la presencia/ausencia del padre y la competitividad intrasexual que presentaban, así como el uso de las estrategias de seducción que usaban. Se obtuvo una nueva muestra de 123 chicas con una edad media de 18 años, dividiéndolas en dos grupos: aquellas que habían crecido con un padre (76) y aquellas que fueron abandonadas por el mismo antes de los 14 años (47).

Para desarrollarlo se utilizaron las ocho estrategias establecidas en el estudio uno y se examinó los resultados en función de la ausencia/presencia del padre. También se analizaron las variables de color de piel, figura corporal y tipo de cabello. Además, se utilizaron los datos extraídos de la Escala de Competitividad Intrasexual de Buunk y Fisher.

La ausencia/presencia del padre no mostró diferencias en lo relacionado con nivel educativo, percepción de la seguridad de su vecindario, color de piel, figura corporal o tipo de cabello. Por el contrario, las niñas con padres ausentes mostraron mayores niveles de competitividad intrasexual que aquellas que habían crecido con un padre presente. En esta línea, también estuvieron los resultados relacionados con las estrategias no verbales de seducción. Las niñas ausentes de padre tenían índices más altos que las de padre presentes. Es decir, las niñas ausentes de padre usaban más a menudo peinados con ondas, maquillaje facial, joyas, accesorios, tenían unas uñas más cuidadas, mostraban más coqueteo directo y un comportamiento más activo, inquieto y de pavo real en presencia de chicos que las niñas con un padre presente.

También se obtuvieron correlaciones más altas entre las diferentes estrategias analizadas y una mayor competitividad intrasexual a excepción de la estrategia “lollypop”. Además, se estableció que la competitividad intrasexual funciona como un mediador entre la ausencia de padre y las estrategias de seducción no verbal analizadas.

Por tanto, estos resultados se pueden relacionar con los estudios previos que afirmaban que las niñas con un padre ausente comenzaban a mantener relaciones sexuales a edades más tempranas y estaban menos interesadas en mantener relaciones estables y tener descendencia, ya que este estilo de vida se veía favorecido con el mayor empleo de estrategias de seducción y una mayor competitividad intrasexual, ya que esto serviría para mostrarse más disponibles sexualmente.

Rendimiento del candidato y respuesta observable en la audiencia. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Candidate Performance and Observable Audience Response: Laughter and Applause – Cheering during the first 2016 Clinton – Trump Presidential Debate” de Stewart, Eubanks, Dye, Gong, Bucy, Wicks y Eidelman. En este artículo se analizan las respuestas del público y su influencia sobre la simpatía que tienen a los candidatos.

En este artículo se estudia la Respuesta Observable de la Audiencia (OAR) y la influencia que esta tienen en la evaluación de los candidatos presidenciales durante un debate. Para realizar los estudios se utilizó los métodos de observación propios de la etología humana. El material de estudio es el primer debate de las elecciones generales entre Donald Trump y Hillary Clinton. Este debate tuvo lugar el 26 de septiembre de 2016. Fue moderado por Lester Holt de la NBC News y duró noventa minutos. Algunos de los temas a tratar fueron: el empleo, las relaciones raciales y la posibilidad de ciberataques.  Tuvo 84 millones de espectadores, siendo el debate más visto de la historia de EE.UU.

En el primer estudio se analizó las OAR del público presente en el plató de televisión. Se catalogaron en: risas, aplausos, abucheos y mixtas. También se estudió su duración y fuerza y cual era el candidato que las provocaba.

Primeramente, se analizó que Trump tuvo cinco minutos más par hablar (47 minutos) que Clinton (42 minutos). Trump tuvo 80 turnos de palabra y Clinton 43. Lester Holt, el moderador, utilizó 10 minutos y 91 turnos de habla. El tiempo total de habla fue de 98 minutos y 214 turnos de palabra, lo que hace ver que existió una alta tasa de superposición en las intervenciones durante el debate.

Se encontró 34 OAR durante el debate, que duraron un total de 102,72 segundos, con un promedio de duración de tres segundos cada uno. Se repartieron de la siguiente manera: 21 risas, nueve aplausos, dos abucheos y dos mixtas (aplauso y risa; aplauso y abucheo).

Estos resultados nos indican que en lo relativo al contagio social la risa fue más confiable debido a la ausencia relativa de control sobre ella. Pero lo que distingue el debate es la OAR relativas a la participación voluntaria (aplausos, abucheos y mezcla). El punto diferenciador de este debate estuvo en que no siguió las normas de educación habituales. Trump interrumpió en repetidas ocasiones y usó una retórica que provocaba risas lo cual haría que la audiencia se replanteará su comportamiento colectivo. Esto provocó que los ataques de Clinton a Trump hicieran que sus seguidores tuvieran una respuesta defensiva. También quedó patente la falta de control del moderador sobre la audiencia a través de las risas.

La habilidad para provocar OAR por parte de los candidatos fue similar, pero hay algunas diferencias. Ambos consiguieron cuatro aplausos cada uno de la audiencia. Además, Trump elicitó cinco más a través de sus ataques de risa. También provocó más abucheos.

El segundo estudio se centró en analizar cómo afecta no sólo las reacciones de los candidatos sino también del público presente durante el debate en la audiencia que lo veía a través de la televisión. Para ello se utilizó una muestra de 341 estudiantes universitarios, compuesto por un 64% de mujeres y un 36% de hombres con una edad media de 19 años. El 83% eran caucásicos, el 6% afroamericanos, el 3% asiáticos y un 1% nativos americanos. De ellos el 77% dijo ser votantes registrados. El 50,1% se identificó con el partido republicano, el 27,6% con el partido demócrata y un 22% se declaró independiente. Se les dividió en siete grupos. Cada grupo vería el debate a través de una cadena de televisión diferente (ABC, Fox News, MSNBC/NBC, CNN, NPR, CBS y C-SPAN) en grupos de entre 42 a 57 participantes.

Se utilizó observadores para identificar las risas, los aplausos, los abucheos y las demás reacciones entre la audiencia del debate. Se pudieron identificar 113 OAR única. En este estudio se centraron en analizar solamente aquellas OAR que encajaran con las que también había presentado el público del plató, para analizar las respuestas compartidas a los candidatos y el contagio social de las reacciones.

Claramente se encontró un patrón de acuerdo: se verificaron un total de 321 reacciones correlacionadas con las respuestas del candidato. Un 79,4% fueron risas, solo diez fueron distinguibles como aplausos (8) y abucheos (2).  En base a estos resultados se puede ver que la risa predomina, pero también hay que tener en cuenta que es la OAR más fácil de identificar. Fue habitual que los tres observadores que había en cada sala estuvieran de acuerdo respecto a la risa no siendo igual con el resto de OAR. La percepción por parte de los observadores pudo estar influenciada por factores como la posición en la que se encontraban.

A pesar de lo anteriormente comentado hay una clara evidencia de que la risa estuvo más presente. Se presentó una relación moderadamente fuerte entre el tipo de OAR del público y el de la audiencia. La risa es más automática y estereotipada que el resto de respuestas presentes. Hay que tener en cuenta que esta es más probable en audiencias jóvenes como las que se utilizaron para este estudio. Además, los jóvenes son más propensos a imitar al resto, especialmente si los consideran miembros de su grupo implícito.

Por último, se realizó un tercer estudio en el cual se investigó la influencia que tendría en las OAR si el candidato les gustaba o no a la audiencia. Para ello se obtuvo una muestra de 34 participantes de una comunidad del oeste de Texas. De ellos 14 eran republicanos, 11 independientes y nueve demócratas. El rango de edad fue de los 18 a los 73 años siendo un 54,3% de hombres y un 45,7% mujeres.

Para evaluar al candidato se utilizó la respuesta de los participantes momento a momento (MTM) a través de diales de respuesta. Al ver el debate, los participantes utilizarían su dial para indicar que estaba de acuerdo con “me gusta el candidato que esta hablando” con opciones de respuesta que iban del 0 al 100. Se tuvieron en cuenta las 21 OAR de risas y 9 de aplausos del Estudio 1.

Los resultados muestran que el aplauso del público provocó una respuesta MTM más positiva que la risa, aunque esta diferencia no fue estadísticamente significativa. Esto puede interpretarse como que la risa no está asociada con la evaluación del candidato, a pesar de que el contexto puede ser diferente cuando existe un fuerte sentimiento hacía uno de los candidatos. La respuesta de los independientes no difería significativamente de la de los republicanos o demócratas. Por el contrario, la de estos dos grupos entre ellos sí que fue mayor. Por ejemplo, cuando el público aplaudía a Clinton, los demócratas e independientes tenían más reacciones positivas, mientras que los republicanos tuvieron más negativas. En cambio, cuando los aplausos fueron para Trump no hubo esta diferencia. Las risas independientemente del candidato tampoco provocaron diferencias en las reacciones. Finalmente se concluyó que la afiliación política no tenía relevancia significativa.

En conclusión, se puede decir que existe una relación moderadamente sólida entre las OAR del público del debate y la de las personas que lo veían por televisión. Principalmente, se destacó en esta relación la risa, seguida del aplauso y, por último, las demás reacciones estudiadas. Parece que los aplausos provocados por Trump pudieron ser más importantes que los provocados por Clinton, ya que la simpatía que presentó Trump se vio afectada positivamente por los aplausos generados. También hay que destacar la influencia negativa que tuvo el poco control ejercido por el moderador del debate sobre la audiencia del mismo.

La Teoría Básica de la Emoción en el siglo XXI. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “What basic emotion Theory really says for the twenty First century study of emotion” de Keltner, Tracy, Sauter y Cowen. En este artículo se comentan las críticas recibidas a dicha teoría y los avances que se han producido en los últimos tiempos.

La emoción es un estado breve que surge por la evaluación de eventos interpersonales o intrapersonales. Presenta antecedentes, señalizaciones, fisiología y tendencia de acción y evaluación que demuestran cierta coherencia. Además, se observan de forma relacionada en nuestros parientes primates. Esta ha sido la definición utilizada para la investigación sobre la regulación de emociones, los patrones de emoción en el cerebro, las influencias específicas de la emoción sobre la cognición y las respuestas fisiológicas periféricas relacionadas con las emociones.

La Teoría Básica de la Emoción (BET) proporciona un marco generativo que guía el estudio de diferentes facetas de la emoción. Además, ofrece criterios empíricos abiertos para incursionar en cualquier estado que un ser humano pueda vivir en las diferentes tradiciones culturales.  La BET ha inspirado nuevos enfoques de estudio como el de los primates (por ejemplo: el tacto puede ser una señal de gratitud) o cómo las emociones influyen en el juicio y la toma de decisiones o los nuevos enfoques para estudiar la universalidad de la sensación físicas relacionada con las emociones.

Las experiencias emocionales son complejas, e involucran procesos subconscientes, representaciones de las sensaciones corporales, interpretación del contexto social, asociaciones, memoria y conocimiento semántico. Debido a esta complejidad la técnica utilizada para su estudio ha sido el autoinforme, que obviamente tiene sus limitaciones, pero es la opción más simple ya que hay una ligazón innegable entre las emociones y los sentimientos de las personas. A pesar de las limitaciones que puede tener esto no invalida, como afirman los críticos, el estudio empírico de la emoción a través del mismo, ya que facilita información sobre el estado interno de las personas.

Por otro lado, se ha criticado la taxonomía de las emociones donde se ha llegado a descubrir hasta 20 estados diferentes. Justamente la crítica indica que no se pueden comparar estos estados con las seis emociones básicas descritas por Ekman. Los nuevos descubrimientos son signos inigualables de la idoneidad de la teoría que permite ir generando nuevos conocimientos. En los últimos tiempos, los investigadores de la teoría BET se han centrado especialmente en las funciones sociales de las emociones que parten de dos supuestos básicos. El primero de ellos es que las emociones nos permiten enfrentar los desafíos y oportunidades que definen aquellas relaciones que son críticas para nuestra vida. Ejemplos de ello son: las investigaciones relacionadas con la jerarquía humana y no humana; el análisis teórico de la vergüenza, el orgullo, la culpa y la envidia o el estudio de las emociones que permiten los apegos interpersonales de diferentes tipos. El segundo supuesto es que las emociones cumplen tres funciones importantes dentro de las interacciones sociales: proporcionar información a los demás, sirven de incentivo para el comportamiento social y evocan respuestas específicas en los observadores.

La investigación de la expresión emocional también se ha desarrollado y ha establecido que es posible que cada emoción puede expresarse de varias maneras. Ya Ekman en 1992 adelantó que la ira podría expresarse de 60 formas diferentes. Desde ese momento los diferentes estudios han documentado variantes de risa, orgullo, vergüenza, amor, deseo y contacto táctil relacionado con las más de veinte emociones.

El conocimiento que poseemos sobre los procesos de atribución de significado a la expresión emocional también ha aumentado. Ahora sabemos que estas comunican: el sentimiento actual, lo que esta sucediendo en el contexto presente, las intenciones o tendencias de acción, las reacciones deseadas en otros y las características de la relación social. Cualquier expresión emocional puede comunicar alguna o todas las informaciones ante mencionadas ya que los conceptos emocionales en sí mismos implican secuencias de causa, sensaciones, cursos de acción, reacciones anticipadas y normas culturales.

Las críticas a la BET suelen centrarse solamente en si las personas relacionan las palabras emocionales con las expresiones faciales prototípicas de la emoción, lo que hace que se produzcan varios errores inferenciales. Hay que tener en cuenta que las palabras en sí mismas son intrínsicamente ambiguas y no logran abarcar toda la estructura conceptual en que basan las personas sus experiencias emocionales.

Como ya se ha mencionado la BET plantea que las personas pueden expresar una emoción de diferentes maneras. Incluso ya se ha estudiado la compatibilidad con los múltiples tipos de variabilidad en la respuesta relacionada con las emociones y su significado contextual, conceptual e interactivo para los observadores. También hay estudios que indican que el significado de la expresión facial puede verse modificado por otros canales que se presentan de manera simultánea como puede ser la postura o el gesto.

Se ha criticado mucho la universalidad de las emociones. Es cierto que varias expresiones emocionales no verbales no están respaldadas por pruebas de universalidad intercultural, pero en esos casos los investigadores han concluido que esa expresión concreta no es generalizable a todas las culturas. La BET reconoce que la evidencia de similitud entre culturas puede explicarse por procesos culturales comunes a todo el mundo, que hoy es más probable gracias a la posibilidad de compartir por internet.

En lo referente a sí la expresión está conformada por la propia evolución o se construye culturalmente. Los nuevos métodos empíricos y estadísticos nos ayudan en el avance de la investigación emocional, especialmente en lo relativo a la cultura. Los miembros de una cultura desarrollan dialectos específicos en los que expresan emociones en formas que solamente son reconocidas por los miembros de dicha cultura. Un estudio reciente afirma que el 50% de los comportamientos multimodales específicos de una determinada expresión emocional se comparten entre culturas, dejando otro 50% al dialecto propio de esa cultura específica. Otros estudios afirman que ciertas expresiones vocales emocionales como la risa, son más universales que otras, como la ira. La universalidad de las emociones puede variar dependiendo de la modalidad estudiada.

Percepción del sexo del hablante a través de vocalizaciones volitivas y espontáneas. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Speaker sex perception from spontaneous and volitional nonverbal vocalizations” de Lavan, Domone, Fisher, Kenigzstein, Kerttu y McGettigan. En este artículo se habla sobre cómo a través de dos experimentos analizaron si era posible adivinar el sexo de una persona simplemente escuchando vocalizaciones como la risa o el llanto.

Las personas somos capaces de distinguir el sexo de los hablantes rápidamente, con menos de dos ciclos glóticos. Lo que nos permite realizar esta diferenciación son las características anatómicas diversas que tienen los dos sexos en su laringe y en sus cuerdas vocales. Los hombres tienen las cuerdas vocales más largas y gruesas que las mujeres y unas vías vocales más largas. Estas diferencias hacen que las voces de los dos sexos sean diferentes. En el presente estudio lo que se busca es comprobar si las personas somos capaces de distinguir el sexo del hablante solo con una vocalización emocional y comprobar si afecta a la precisión la naturaleza, espontánea o volitiva, de la misma.

El primer experimento tuvo 44 participantes de los cuales 24 eran mujeres y 20 hombres con una edad media de 21 años. Para la realización del experimento se grabaron en una cámara anecoica risas, llantos y registros vocales de 5 oradores (tres hombres y dos mujeres con edades comprendidas entre los 23 y los 46 años). Para generar la risa les pusieron vídeos divertidos y para el llanto se les pedía que recordasen algún evento triste. También grabaron series vocálicas cortas. Se realizó un estudio piloto para clasificar la risa y el llanto espontáneo y el volitivo. Con los resultados del estudio piloto se escogieron 25 estímulos de cada tipo, cinco por orador.

Los participantes se sentaban frente al ordenador y se les presentaban 75 estímulos a través de unos auriculares. En la pantalla tenían una cruz que después de escuchar cada estímulo se convertía en un mensaje donde debían elegir si era un hombre o una mujer el que había producido el estímulo. Tenían la instrucción de contestar lo más rápido que pudieran, siendo el tiempo máximo para cada uno de 2,5 segundos.

El fin era evaluar si la vocalización emocional con un control volitivo reducido afectaba a la percepción del sexo del hablante. Como resultado se obtuvo que el rendimiento se vio afectado por las vocalizaciones masculinas espontáneas (llanto y risas) frente a las vocales. En el caso de las mujeres no fue tan aparente. El tiempo de reacción también fue superior en las vocalizaciones emocionales masculinas que en las vocales. Esto indica que es más complicado adivinar el sexo de una persona a través de las vocalizaciones espontáneas.

Las dificultades que se presentan con las vocalizaciones espontáneas se producen porque este tipo de vocalización hace que se sobrescriban o sean menos evidentes las propiedades acústicas que ayudan a codificar el sexo del hablante. Investigaciones previas habían demostrado que las medidas de la Frecuencia Fundamental (F0) y las de los formantes son muy relevantes para la identificación de sexo; pero en el caso de la risa y el llanto espontáneo están menos marcadas. Esto llega hasta el punto de que la F0 en la risa o el llanto espontáneo masculino puede llegar a sobrepasar los niveles asociados a las vocalizaciones durante el habla femeninas. Lo que hace que sea más probable decir que una risa o un llanto es femenino cuando en verdad corresponden a un hombre.

El rendimiento de las risas fue menor que el del llanto. Las risas fueron significativamente más altas en la excitación percibida que en los llantos. A pesar de las pequeñas diferencias presentadas la mayoría de vocalizaciones fueron clasificadas correctamente. Se obtuvo un 70% de precisión media, llegando al 100% en algunos casos. Por tanto, se puede concluir que es una medida robusta. Queda por determinar si los cambios en el rendimiento se deben a diferencias en el grado de control volitivo sobre la producción de voz, en el tipo de vocalización o en la percepción de la excitación.

En lo relativo al segundo experimento que realizaron, se utilizó una muestra de 43 participantes, siendo 39 mujeres y cuatro hombres con una edad media de 19 años. El material que se utilizó fueron las risas grabadas para el primer experimento más otras risas que tenían que hacer conscientemente sin provocar en los oradores ningún estado de ánimo concreto, con un total control volitivo. El procedimiento fue similar al primer experimento, cada participante fue expuesto a 75 estímulos, 25 por cada tipo (vocales, risas volitivas, risas espontáneas), en un orden aleatorio.

Los resultados confirmaron que la interacción entre el tipo de vocalización y el sexo de hablante fue significativa. La precisión fue bastante menor para la risa espontánea que para la volitiva y las vocalizaciones para los oradores masculinos. También se obtuvieron puntuaciones diferentes entre las vocalizaciones y las risas volitivas. En relación a los oradores femeninos la predicción con un nivel más alto fue para las risas volitivas, mientras que para las risas espontáneas y para las vocalizaciones se obtuvieron los mismos niveles. Además, se encontró que los tiempos de reacción fueron similares para las vocalizaciones como para las risas volitivas, mientras que para las risas espontáneas fueron un poco más largos para todos los oradores.

Se encontró, también, una relación entre la F0 y la precisión del reconocimiento del sexo del hablante. Los oyentes fueron más propensos a juzgar las vocalizaciones como producidas por una mujer cuando aumentaba la FO siendo más pronunciado en las vocalizaciones de los hombres.

En conclusión, para los oradores masculinos la precisión fue menor para las risas espontáneas que para las volitivas con diferentes grados dependiendo del tipo de vocalización. Estos resultados están en línea con otros estudios recientes. Además, se encontró una relación entre la F0 y la percepción del sexo, las vocalizaciones con una F0 más alta, aunque fueran producidas por hombres se percibían como realizadas por mujeres, en sentido contrario también ocurría aunque en menor medida.

Factores que afectan a la interpretación del comportamiento no verbal en las clases a los alumnos de EFL. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “What factor affect learner’s ability to interpret Nonverbal behaviors in EFL classrooms?” de Kamiya. En este artículo se habla sobre cómo puede afectar la edad, el dominio del inglés y los años que los alumnos llevan estudiando este idioma para comprender con precisión el comportamiento no verbal en una clase de inglés como lengua extranjera.

El comportamiento no verbal es un complemento indispensable para el lenguaje verbal. En las clases, especialmente en las de idiomas extranjeros los profesores utilizan gestos para compensar la falta de comprensión lingüística de los alumnos, pero se ha demostrado que no siempre favorecen la asimilación de lo que el profesor está diciendo. Por ello, este estudio pretende analizar diferentes variables que pueden influir en la comprensión de los alumnos del comportamiento no verbal de sus profesores.

Para realizar el estudio se contó con una muestra de 112 estudiantes japoneses residentes en ese país. La competencia lingüística se midió utilizando el Marco Común Europeo de Referencia, que establece seis niveles. Se hicieron cuatro grupos, por un lado, 32 niños de sexto grado de ocho escuelas públicas que tenían nivel A1, y que ya tenían un año de estudio del inglés dentro de sus horas lectivas. El segundo grupo estaba formado por 18 niños provenientes de escuelas de inversión en lengua inglesa, en este grupo el nivel iba desde el A1 al B1. Por otro lado, había dos grupos de adultos, el primero de ellos eran 30 estudiantes universitarios con bajo nivel de inglés (A1 – A2). El segundo grupo estaba formado por 32 estudiantes universitarios expertos en comunicación internacional que contaban con alto nivel de inglés (B2 – C1).

Para llevar a cabo el estudio se utilizaron videoclips que fueron grabados en cuatro clases diferentes de escuelas primarias japonesas que tuvieran profesores que fueran nativos ingleses. De estos videos se extrajeron 12 videoclips de cada clase, tres de ellos se veía al profesor haciendo gestos mientras preguntaba algo a la clase, en otros tres el profesor no gesticulaba mientras preguntaba. De los seis restantes, tres se veía al profesor gesticular mientras no hacía ninguna pregunta y los otros tres el profesor no gesticulaba mientras no hacía una pregunta. Los videoclips duraban entre cinco y ocho segundos.

El procedimiento del estudio fue una reunión de entre 30 minutos a una hora en las oficinas del entrevistador. Las entrevistas eran individuales y en japonés. Primero rellenaban un cuestionario personal, después practicaban con tres ejemplos, a continuación, veían un videoclip dos veces seguidas sin sonido. Después de visualizarlo tenían que responder si el profesor había hecho una pregunta o no y tenían que dar una explicación de como habían llegado a esa conclusión. El proceso se repetía para los 48 videoclips grabados.

En relación a qué factores predicen la precisión de los juicios de los alumnos se puede decir que tanto los grupos de niños como los de adultos fueron capaces de hacer predicciones por encima de los niveles propios del azar. Los adultos obtuvieron mayores puntuaciones que los niños, siendo por tanto los juicios de los adultos más precisos que los de los niños respecto a los gestos de los profesores, pero esto no pasaba cuando el profesor no hacía gestos. Aunque la diferencia es muy pequeña y no es estadísticamente significativa, deja la edad como un factor débil. El único factor que contribuyó de una manera significativa fue los años de experiencia en el aprendizaje del idioma, aunque hay que tener en cuenta que este factor parece no tener relevancia hasta llevar seis años de estudio.

En lo que respecta a qué comportamientos no verbales les ayudaron a llegar a sus conclusiones se descubrió que cuantos más comentarios realizaron sobre el comportamiento no verbal para los juicios correctos más precisos fueron los mismos y en los casos en los que el juicio era erróneo cuantos más comentarios menos precisos fueron los juicios. Los años de experiencia en el aprendizaje del idioma era clave, ya que aquellos con más experiencia realizaban más comentarios sobre el comportamiento no verbal, especialmente para los juicios correctos.

Todos los comportamientos no verbales observados en el profesor eran adaptadores, deícticos y miradas. Puede ser que el mayor uso de adaptadores se deba a que los profesores usaban muchas cajas y tarjetas debido al hecho de que estaban en clases elementales con niños pequeños. Las miradas estaban presentes en mayor medida cuando el profesor no realizaba ninguna otra clase de gestos, siendo uno de los comportamientos no verbales que más apareció. De los juicios emitidos se extrajeron dos suposiciones de cómo llegaban a las conclusiones: la primera de ellas es que mirar a un estudiante era un signo de que el profesor iba a realizar una pregunta. El segundo elemento que utilizaban era la cronémica.

En resumen, a pesar de que todos juzgaron si era o no una pregunta por encima de los niveles de azar, hay que destacar que los adultos alcanzaron niveles más precisos en sus juicios. Esto es destacable especialmente porque el estímulo presentado era una clase de niños, lo cual a priori parecería más beneficioso para el grupo de niños. Tampoco se puede afirmar que más mayor será mejor ya que entran en juego otras variables como la propia habilidad o los años de aprendizaje que llevaban de esa lengua. Especialmente esta última variable parece que es la más influyente a la hora de realizar juicios correctos, ya que parece ser que la capacidad para interpretar el comportamiento no verbal propio de cada cultura se va a aprendiendo a la vez que el idioma. A esta afirmación hay que sumar el contexto, en este caso tenían experiencia previa en recibir clases de inglés como lengua extranjera, si hubiera sido otro contexto, como estudiar en el extranjero, hubiera tenido que reprogramar su protocolo de decodificación de gestos.

Como implicaciones para mejorar en clase hay que tener en cuenta el papel preponderante que ha jugado la mirada dentro del comportamiento no verbal, el que el profesor mire al alumno ayuda en el aprendizaje de una nueva lengua ya que crea una mayor intimidad entre ambos y favorece una retroalimentación positiva. También debería centrarse en alargar el tiempo de espera a las preguntas, especialmente cuando los alumnos tienen una competencia lingüística más baja. Además, se recomienda enseñar los gestos típicos de la propia cultura o realizar siempre el mismo gesto a la hora de hacer una pregunta.

De la Teoría Básica de la Emoción al Teoría de la Ecología del Comportamiento. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Inside – Out: From Basic Emotions Theory to the Behavioral Ecology View” de Crivelli y Fridlund. En este artículo se hace una revisión de la Teoría Básica de la Emoción resaltando sus incoherencias internas y proponiendo una teoría alternativa, la Ecología del Comportamiento.

La Teoría Básica de las Emociones (BET) tiene ya más de 60 años y fue la causante del interés del público en general sobre el estudio del comportamiento facial humano. La existencia de expresiones faciales que sean universales tanto en su producción como en su entendimiento influyeron en la mejora de las técnicas de interrogatorio y detección de engaños de manera global. Sin embargo, esta teoría presenta incoherencias internas y suposiciones viciadas y por ello se presenta la Teoría de la Ecología del Comportamiento (BECV), que describe el comportamiento facial humano basándose en la comunicación animal y la evolución biológica y cultural.

El inicio de los estudios sobre la emoción puede remontarse hasta Aristóteles, así como de la expresión facial de la misma pueden estar en LeBrun en el siglo XVII. Pero no fue hasta “La expresión de las emociones del hombre y los animales” de Charles Darwin donde se asentarían las bases del BET. Darwin reflexionaba sobre que la expresión facial de las emociones eran vestigios de comportamientos ancestrales.

Ya en el siglo XX Allport definió las expresiones como el lenguaje de la cara que tendría cientos de emociones asociadas, categorizándolas en seis: dolor, sorpresa-miedo, ira, disgusto, placer y varias actitudes de tono hedónico neutral. Allport creía que las expresiones se adquirían a través del condicionamiento social temprano. Pero la BET no estuvo de acuerdo ya que para ellos las expresiones faciales de la emoción eran automáticas, sólo se suprimían con gran dificultad, sus significados eran invariantes y no dependían del contexto. Esta idea fue la predominantes hasta finales del siglo, cuando diversos estudios confirmaron la dependencia de las expresiones faciales con el contexto.

La formulación de BET de emociones categóricas, universales y expresiones coincidentes con las mismas se basó en los escritos de Tomkins. Se fundaba en un conjunto de afectos primarios que eran como autómatas autocontenidos, independientes de la cognición, no intencionados y tenían primacía sobre los impulsos. Cada uno de los afectos producía una configuración facial distinguible y reconocible universalmente.

El mayor auge de esta teoría se dio a raíz de la investigación de Ekman sobre el comportamiento facial ya que presentaba mejores pruebas deductivas y era más fácil para utilizar los métodos de laboratorio estándar. Ekman consideró como básicas las emociones que tenían una expresión asociadas a ellas única y reconocida universalmente. Las seis emociones básicas eran: ira, miedo, asco, tristeza, sorpresa, y alegría. La explicación que brindó fue que los humanos compartimos ciertas expresiones faciales de emoción que expresan nuestras emociones específicas debido a nuestra filogenia común y que la cultura actúa como supervisora y podría llegar a modificar alguna expresión prototípica innata. Refiriéndose esto último a la posibilidad de enmascaramiento de alguna emoción debido a las reglas culturales sobre las mismas. Además, diferenciaron entre situaciones donde la persona está sola a otras donde está acompañada. En el primero de los casos las expresiones se mostrarán más libremente, sin la influencia de la cultura, y en el segundo estarán más influenciadas por la parte cultural.

Algunos problemas que presenta dicha teoría son: primeramente, la experiencia emocional o sentimientos, que no han podido ser verificados empíricamente y hay que confiar en el autoinforme de los sujetos. También hay conflicto con el número de emociones básicas, ya que no hay exposición clara de criterios de inclusión o exclusión en la lista de estas.

Otro de los problemas que presenta es el de la mezcla, esta teoría nos dice que las emociones pueden combinarse o derivar una en la otra y que por tanto las expresiones aparezcan también mezcladas. Lo que supone que si una persona presenta dos expresiones combinadas está sintiendo dos emociones combinadas, lo cual es complicado de verificar empíricamente, ya que, si no se puede comprobar una, dos es más difícil. Además, se contaba con el problema de que las expresiones prototípicas rara vez se podían observar de manera plena porque están influidas por la cultura que hace que se maquillen.

Como alternativa encontramos la Teoría de la Ecología del Comportamiento (BECV) que fue presentada en la década de los 90. Es una teoría externalista y funcionalista que permite reconectar el estudio de las exhibiciones faciales humanas con la evidencia de la biología evolutiva y los estudios de comunicación animal. Para esta teoría las expresiones faciales son herramientas flexibles que han ido evolucionando conjuntamente y que permite la modificación del comportamiento de las personas con las que nos relacionamos en beneficio de ambos. La evolución se puede dar por selección natural o cultural.  Las expresiones faciales tienen un significado dentro de la propia interacción social y dependerá de los objetivos y los contextos. Esto viene respaldado por los modelos bayesianos de flexibilidad fenotípica desarrollados por biólogos evolutivos contemporáneos.

Esta teoría plantea que incluso aunque el sujeto este solo en una sala, puede sentir la influencia social, ya sea pensando en otros o al enfrentarse a alguna máquina que hace algo inesperado (no devolver el cambio) o cuando está rezando a Dios. Esto dejará sin validez la diferenciación hecha previamente entre caras libres de cultura o influenciadas por la misma.

El BECV tampoco tiene interés en afirmar que las expresiones faciales sean universales, ni puede afirmar si tiene un origen biológico o cultural, ya que para realizar dicha afirmación habría que hacer un análisis muy minucioso y múltiples experimentos para determinar todas las posibles explicaciones. Su enfoque es funcionalista y está centrado en explicar como usamos las expresiones en nuestro día a día, enfatizando la sensibilidad al contexto del propio comportamiento facial durante la interacción.

La revisión presentada plantea que BET o no se ha dado cuenta de los problemas o contradicciones que presenta y que los nuevos planteamientos sobre nuevas emociones y nuevas formas de visualización de las expresiones no se han analizado con la profundidad suficiente. Al igual que no se ha tenido en cuenta otros puntos de vista diferentes al occidental tanto en su definición de emociones como en la de la expresión facial. A modo de resumen de los principales problemas que presenta son la visión simplista y anticuada de la interacción biología – cultura, un conjunto de dicotomías, reflejadas en la partición neurocultural que ya no es sostenible, un conjunto de cambios en los criterios y conceptos mediante los cuales explican los nuevos hallazgos y una conciencia limitada frente a la importancia de la cultura en la vida.

Avances en la teoría básica de la emoción. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Emotional expression: Advances in basic emotion theory” de Keltner, Sauter, Tracy y Cowen. En este artículo se revisan los estudios recientes sobre la expresión emocional, analizan los procesos de reconocimiento de emociones y como se percibe la expresión emocional.

La Teoría Básica de las Emociones (BET) postula que las emociones son estados breves y distintos que involucran componentes fisiológicos, subjetivos y expresivos que permiten a los humanos responder de maneras que son típicamente adaptativas en relación con problemas evolutivamente significativos. También nos dice que la expresión de las emociones tiene cinco propiedades: son patrones de comportamiento breve y coherente con experiencias subjetivas distintas, señalan el estado emocional actual, tienen similitud intercultural, tiene precursores evolutivos también presenten en otros mamíferos y coinciden con la respuesta fisiológica relacionada con la emoción.

Los primeros estudios fueron los de Ekman y Friesen en Nueva Guinea donde identificaron la forma de expresión facial de las seis emociones básicas: ira, miedo, felicidad, tristeza, asco y sorpresa. Surgieron varias críticas a esta teoría, por ejemplo, que las emociones no solo se expresan a través de la expresión facial. La más importante es la que se llamó Teoría del comportamiento ecológico en la cual se postula que las expresiones faciales lo que realmente señalan son intenciones sociales o motivos. Estos estudios favorecieron el desarrollo de tres grandes áreas: la naturaleza de la expresión emocional, la percepción emocional y la coordinación de las interacciones entre individuos en base a las expresiones.

En la primera de ellas, la expresión emocional, asumimos que las emociones permiten que las personas respondan de manera adaptativa a las amenazas y a las oportunidades que se presentan en el entorno. Esto es así debido a cambios en la fisiología periférica, patrones de cognición, movimientos del cuerpo y comportamientos expresivos.

Los primeros estudios de esta rama se centraron en descubrir si las personas eran capaces de detectar las emociones básicas en una imagen estática de la cara. Durante 20 años de estudios en el área se ha descubierto que las expresiones emocionales son multimodales, con patrones dinámicos de comportamiento que incluyen no solo la expresión facial sino también vocalizaciones, movimientos corporales, miradas, gestos, tacto e incluso el olor. Por ejemplo, se ha comprobado que las personas son capaces de juzgar la ira, el miedo, la felicidad, la tristeza y la ternura con una precisión del 70% sólo a través de la prosodia siendo más efectivos cuando son miembros de su propia cultura. También se ha comprobado la efectividad de los estallidos vocales para transmitir hasta doce emociones. Además, en lo relativo al tacto se comprobó que se es capaz de transmitir de manera confiable la ira, el disgusto, el miedo, el amor, la gratitud y la simpatía con toques en el brazo.

Hay tres líneas de estudios dentro de este campo que son los que codifican emociones, los que producen emociones y los que reconocen emociones; gracias a ellos se han descubierto hasta 24 emociones diferentes. También hay que añadir que las emociones no solo se expresan de una manera prototípica, sino que cuentan con diferentes variaciones.

La segunda gran área de estudio ha sido la percepción emocional. Primero se empezó por el reconocimiento de la emoción en la expresión facial, donde se han conseguido resultados de un 58% de precisión en la percepción de la emoción. Después se estudió el reconocimiento de la emoción en la voz, diciendo una sola palabra se han conseguido juzgar la emoción de la ira, el miedo, la felicidad, la tristeza y la sensibilidad con una precisión de entorno al 70%. Estos estudios han llevado a preguntarse qué es lo que realmente se transmite por la voz, si son sentimientos, intenciones, acciones probables o propiedades.

Se plantea que lo primero que se hace al ver expresar una emoción a alguien a través de un movimiento postural o táctil, es inferir el patrón de evaluaciones que llevaría a la otra persona a expresar esa emoción, y de ahí ya se sacaría como conclusión la emoción que está sintiendo. Por ejemplo, vemos que alguien pone una expresión facial de sorpresa y lo primero que inferimos es que ha recibido una información novedosa e inesperada y concluimos que lo que siente es sorpresa.

En esta línea, la teoría de la pragmática afectiva dice que las expresiones faciales o posturales expresan cuatro tipos de información: el sentimiento del individuo, lo que sucede en el contexto actual, el curso de acción deseado y la intención y planes acerca de lo que la persona puede hacer.

La percepción de las emociones va más allá de etiquetarlas, es también la forma en que las distintas expresiones emocionales se relacionan entre sí. También hay que atender a cómo afecta el contexto social a la percepción de las emociones, ya que las personas no perciben la cara de manera aislada, sino dentro de un contexto que condiciona sus inferencias.

Por último, la tercera área es la coordinación de las interacciones entre individuos en base a las expresiones. Aquí nos dicen que las expresiones emocionales desencadenan inferencias sistemáticas y respuestas de comportamiento en otros para ello hay que observar no desde la visión individual sino desde la diádica o grupal.

¿Cómo se produce esta coordinación? Hay tres líneas de pensamiento: la primera de ellas es que las expresiones emocionales proporcionan rápidamente información importante y relevante para los preceptores y es una guía útil para su comportamiento posterior, al igual que también señalan la confiabilidad de remitente.  La segunda es que evocan respuestas específicas en los preceptores sociales, ya que hay algunas expresiones emocionales que desencadenan emociones complementarias en los otros. Por último, las expresiones emocionales sirven como incentivos para las acciones de los demás, al recompensar determinadas medidas, por ejemplo, cuando los padres sonríen frente a un comportamiento que consideran como adecuado en sus hijos.

Por tanto, se presupone que en una primera etapa la función adaptativa de la expresión de emociones fue la regulación fisiológica pero que más tarde evolucionó para cumplir con las funciones comunicativas.

Marcadores no verbales de la mentira en entrevistas colectivas de niños con sus amigos. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Markers of lying during children’s collective interviewing with friends” de Șen y Küntay. En este artículo se habla los indicadores de mentira en los niños cuando se les entrevistaba por parejas sobre una acción que acababa de ocurrir.

Al realizar una entrevista sobre una secuencia de eventos reales provocados, durante los cuales la transgresión de la norma era potencialmente probable, las mentiras son probablemente más representativas que las que se dan en un contexto menos controlado, ya que no solo se miente por comisión sino también por omisión.

El presente estudio utilizó a 90 parejas de niños del mismo sexo, 47 parejas eran hombres y 43 parejas eran mujeres. Eran alumnos de escuelas preescolares locales y algunos otros reclutados por redes sociales. La edad de los niños oscilaba entre los 48 y los 83 meses. La diferencia media de edad entre los componentes de las parejas era de 5,69 meses.

Para el estudio se utilizó una versión modificada del paradigma de la resistencia a la tentación de Kochansja y Aksan. El investigador 1 llevaba a los niños a una sala donde había tres mesas, en la mesa más alejada se colocaron los juguetes más llamativos. En la pared opuesta había otra mesa con materiales diversos, como un conejo de peluche, un cuaderno y ceras de colores, libros para colorear y rompecabezas. En la mesa del centro había dos sillas para que las usaran los niños. A través de un espejo unidireccional el investigador 2 grababa todas las interacciones.

Cuando entraban en la sala el investigador les sentaba en las sillas y les explicaba las normas de la sala. Les decía que iban a jugar, pero que no podían tocar ni la mesa del fondo ni los juguetes que están encima y alrededor de ella. Por el contrario, podían jugar y tocar todo lo que quisieran de la mesa opuesta. El investigador les hacía repetir las normas a los niños para comprobar que las habían entendido, volviéndoselas a decir si había alguna duda. Después se procedió a una sesión de evaluación individual sobre los correlatos sociocognitivos de la conducta de la mentira con cada niño. A continuación, se les volvía a llevar a la sala, donde les volvían a hacer repetir las normas. Entonces el investigador les decía que tenía que irse a preparar materiales para el siguiente juego a otra sala y les pidió a los niños que clasificaran unos cubiertos de plástico mientras no estaba. Después se iba de la sala y dejaba a los dos niños solos.

Se dividió el experimento en cuatro fases, en la primera de ellas, los niños estaban solos un minuto. En la segunda, después de ese tiempo, entraba otro investigador y se ponía a jugar con los juguetes prohibidos a la vista de los niños y no contestaba a ningún intento de comunicación por parte de los niños. En la fase tres, los niños estaban solos seis minutos. La última fase consistía en una entrevista simultanea a ambos niños. El investigador se sentó en una posición enfrentada a los niños de manera equidistante de ambos y mientras realizaba las preguntas, no mantenía contacto visual con ningún de ellos para que fueran ellos los que iniciasen la conversación como prefiriesen.

Las preguntas fueron las mismas y en el mismo orden para todas las parejas. ¿Qué hicisteis juntos cuando no estuve aquí? Cuando no estaba aquí, ¿tocasteis estos juguetes? ¿Estuvisteis alrededor de su mesa todo el tiempo? Parece que la disposición de los juguetes (prohibidos) ha cambiado, ¿no es así? Si los niños no contestaban se les repetía la pregunta. Al acabar la ronda de preguntas se les permitió jugar con los juguetes prohibidos unos minutos.

Se clasificó a los niños como sinceros o mentirosos según su estado de transgresión de la regla/ obediencia y relación con la verdad o mentira durante la entrevista. Los mentirosos fueron consistentes al responder durante la entrevista; es decir, los niños que mentían mantuvieron sus mentiras y no revelaron ninguna información sobre la violación de las reglas durante la entrevista.

Se excluyeron 28 niños de la clasificación, por no responder ninguna pregunta, por haber confesado o por ser un chivato. La muestra final fue de 152 niños en 79 parejas. Ciento veinticuatro niños fueron sinceros, no tocaron los juguetes y dijeron la verdad en la entrevista. Los mentirosos (28 niños) estaban divididos en dos grupos: el primero de ellos, eran niños que tocaron los juguetes prohibidos y ocultaron la situación mintiendo (18), el segundo grupo fueron los niños que no tocaron los juguetes pero que mintieron para ocultar que su amigo los había tocado.

La conducta no verbal que se analizó fue: la transición del habla, la tasa de expresión y la mirada al amigo, así como, la latencia en la respuesta a las preguntas, la presencia de superposición durante la respuesta, la dirección de la mirada o los gestos realizados mientras respondían. La transición del habla es el tiempo que tarda el niño en realizar cualquier expresión que proporciona una elaboración, corrección o acuerdo inmediatamente a continuación del turno del amigo. La media de las transiciones fue de 21. La tasa de expresión se calculó al dividir el número total de enunciados del niño durante la fase de la entrevista con la duración total de la entrevista. La media fue de 6,34.  La mirada al amigo se produce cuando el niño mira explícitamente a la cara o a los ojos del amigo. La media fue de 1,29. La latencia de respuesta era cuánto tiempo pasaba desde que acaba un turno hasta que comenzaba el siguiente. La media estuvo entre 0,63 a 1,93 segundos. La latencia fue mayor en los mentirosos que en los sinceros, estos tardaban de media dos veces más en comenzar la respuesta ya que necesitaban crear un evento que no había existido. Las superposiciones se producían cuando el niño interrumpía a su compañero mientras hablaba se dieron en el 81% de los casos, hubo una tendencia mayor a superponerse en los sinceros (85%) que en los mentirosos (64%), aunque no es una diferencia estadísticamente significativa. La dirección de la mirada se codificó entre mirar al amigo, al investigador o a lo lejos, siendo lo más común una combinación de ellas. Los niños que decían la verdad miraron poco a sus amigos, solo en un 2% de los casos. Aquellos niños que mentían los miraron en un 22% de las veces.  Por último, en un 62,3% de los casos los niños realizaron gestos frente a un 37,7% donde no realizaron ningún tipo de gestos. Los niños sinceros hicieron más gestos después de la pregunta objetivo que aquellos que mentían.

No hay asociación entre el sexo de los niños y la respuesta. Tampoco hubo diferencias entre los mentirosos y sinceros y la duración de la amistad. Cuando los niños mienten por omisión, es decir, no revelan la transgresión, hablaron sobre otros eventos reales de manera similar a como lo hicieron los niños sinceros, ya que mencionan otros eventos verdaderos al tiempo que omite la violación de la regla impuesta.

En resumen, es posible ocultar información crítica mientras se habla de otros eventos reales. En esta situación, el comportamiento no verbal de los niños que dicen la verdad y los que mienten será bastante similar durante toda la entrevista, solamente surgirán diferencias después de la pregunta objeto. Esto es especialmente destacable en lo relativo a la latencia de respuesta mayor en los mentirosos, en un mayor número de miradas al compañero y un menor número de gestos.

Formación de impresiones de estudiantes con gafas o audífonos. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Impression Formation of male and Female Millenial Students Wearing Eye Glasses or Hearing Aids” de Kinley, Strübel y Amlani. En este artículo nos hablan de las impresiones que nos generan los hombres y mujeres que utilizan audífonos y gafas.

Las impresiones las formamos muy rápidamente, en milisegundos. Con una breve exposición a una cara somos capaces de hacer inferencias sobre inteligencia, emociones, personalidad, competencia, confianza, simpatía, atractivo… En este estudio se pretende descubrir cuales son las impresiones que se obtienen al observar a hombres y mujeres que utilizan gafas o audífonos.

Basándose en la literatura preexistente concretamente desde la teoría de la personalidad implícita se formulan dos hipótesis, que son: el uso de gafas hará que las personas tengan una impresión más negativa sobre la persona que los utiliza y lo mismo ocurrirá con el uso de audífonos. También se preguntaron si el género del observador afectaría al juicio que realiza de la persona que lleva gafas o audífonos. También se cuestionaron que si el observador lleva gafas tiene una impresión más positiva de una persona con gafas que sin ellas.

Para realizar el estudio se utilizaron dos fotos, una de un modelo femenino y otra de un modelo masculino, y luego se pasaba una lista con adjetivos sobre su impresión basándose en el cuestionario de Kaigler – Evans y Damhorst. En este caso se redujo el número de adjetivos a 25. Cada adjetivo tenía que puntuarse del 1 (en desacuerdo) al 5 (de acuerdo). Se seleccionaron dos estilos de gafas: uno era de color claro y no era el punto de atención de la cara, mientras que el otro era oscuro y llamaba más la atención. También se utilizaron dos estilos de audífonos: uno era muy pequeño y quedaba casi completamente insertado en el oído y el otro era de color carne, más grande y más visible para el observador.  Además, se utilizaron imágenes control en el estudio donde los modelos no llevaban ni gafas ni audífonos. Se utilizaron dos posturas una de frente y otro de lado. No había fondo en las fotografías y la pose de los modelos era informal.

En total participaron en el estudio 569 participantes de los cuales un 72% eran mujeres, un 27% eran hombres y un 0.4% transgénero. Un 43% eran caucásicos, un 23% hispanos, un 16% negros y un 8% asiáticos. Las edades iban entre 17 a los 56, siendo la edad media de 21. El 60% indicó que llevaba gafas y el 0,5% que usaba audífonos.

En relación a la hipótesis de las gafas, concretamente para el modelo masculino cuando usaba las gafas oscuras fue juzgado como más confiable y más negativamente para el resto de aspectos que cuando iba sin gafas. En el caso de las gafas claras se consideró menos confiable y menos jovial que sin gafas. Por tanto, se puede decir que dentro del modelo masculino la hipótesis se confirma para estar a la moda, ser provocativo y atractivo. Para el modelo femenino se consideró que usando gafas era más de confianza y más jovial que sin ellas. Por tanto, la hipótesis 1 se cumple para ir a la moda, ser provocativo y atractivo.

Las impresiones que generó el modelo control a cuando usaban gafas eran diferentes. El tipo de gafas que llevaba también creaban diferentes impresiones. Con gafas el chico parecía más confiable pero menos a la moda, menos provocativo y menos atractivo y la chica con gafas parecía más confiable y más jovial pero menos a la moda, menos provocativa y menos atractiva que sin ellas.

En relación a los audífonos, para el modelo masculino tanto el que llevaba el más discreto como el más aparatoso fue juzgado como más confiable que el que no llevaba ninguno, pero fue juzgado como menos jovial, menos atractivo, menos provocativo y menos a la moda que él que no llevaba ningún audífono. Por tanto, la hipótesis se confirma para casi todos los valores. Para la modelo femenina, puntúo más alto en estar a la moda y provocativa sin llevar audífonos que llevándolos. También puntúo más alto en atractivo el control que cuando llevaba el audífono que se notaba más. Sin embargo, puntúo más alto en jovialidad y confiabilidad cuando llevaba audífonos. También puntúo como más atractiva cuando usaba el audífono que pasaba más desapercibido que cuando no llevaba ninguno. En general se juzgó a la modelo femenina más negativamente cuando llevaba audífonos para los valores de estar a la moda, ser provocativa y ser atractiva.

Las impresiones que generó el modelo control a cuando usaban audífonos eran diferentes. El tipo de audífonos que llevaba también creaban diferentes impresiones. Con audífonos el chico parecía más confiable pero menos a la moda, menos jovial, menos provocativo y menos atractivo y la chica con audífonos parecía más confiable y más jovial pero menos a la moda, menos provocativa y menos atractiva que sin ellos.

En relación a las diferencias respecto al sexo del observador en el caso del modelo masculino con gafas oscuras se encontró que las observadoras mujeres lo puntuaban como más confiable, mientras que los observadores masculinos le puntuaban como más provocativo. Para el modelo con gafas claras no hay diferencias entre sexos de los observadores. En el caso de la modelo femenina con gafas oscuras la puntuaron como más a la moda y más atractiva los hombres, mientras que las mujeres la puntuaron como más provocativa. En el caso de la modelo femenina con gafas claras los hombres la puntuaron como más atractiva y más provocativa.

Siguiendo con las diferencias según el sexo del observador en el caso de los audífonos, los observadores masculinos puntuaron como más provocativo al modelo masculino que llevaba audífonos. Los hombres, también señalaron como más atractiva a la modelo con el audífono que se notaba más, así como más a la moda y más atractiva a la modelo que llevaba el audífono más pequeño que aquella que no llevaba. Coincide con lo que opinaban las observadoras femeninas.

De la muestra, 172 de las 569 personas que contestaron declararon que llevaban gafas. No se detectó ninguna diferencia entre los observadores que llevaban gafas y aquellos que no las llevaban.

Se puede concluir que las impresiones que nos formamos de la gente que tiene alguna enfermedad o discapacidad son diferentes de aquellas personas sanas. Llevar gafas y el tipo de gafas que se lleva, así como llevar audífonos supone que las personas se formen impresiones diferentes sobre nosotros. Los resultados obtenidos coinciden con la literatura preexistente, así como con los estereotipos sociales, donde llevar gafas te hace parecer más inteligente y más confiable pero no más atractivo. En los últimos años el llevar gafas se ha puesto más de moda y las personas creen que quien las lleva son más inteligentes y más competentes en su trabajo, lo que hace que algunas personas las lleven incluso sin prescripción médica. Sin embargo, los audífonos, especialmente los que se notan más, siguen estando relacionados con la discapacidad, aunque parece que los jóvenes aceptan mejor esta condición que las generaciones más mayores.

Análisis de comportamiento no verbal de fuentes persuasivas. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Nonverbal Behavior of persuasive sources: A multiple process analysis” de Guyer, Briñol, Petty y Horcajo. En este artículo se describen los mecanismos no verbales que utilizan los comunicadores para persuadir, además, se analizarán en base al modelo de probabilidad de elaboración.

Es sabido que la comunicación no verbal que mantiene un comunicador puede llegar a cambiar las actitudes de los receptores. Lo que se busca en este artículo es relacionar determinados comportamientos con los procesos psicológicos del receptor que hacen que se produzca el cambio de actitud y cómo estos mecanismos pueden ser diferentes en función de la situación en la que se presenten.

En base al Modelo de Probabilidad de Elaboración (ELM) la comunicación no verbal de la fuente puede influir en relación a los siguientes procesos: cantidad de pensamiento relevante para el problema, servir como claves, sesgar la valencia de pensamiento, examinarlos como evidencia y su relación con la metacognición.

La cantidad de pensamiento que una persona tiene sobre un tema puede verse influido por la comunicación no verbal. Cuanto más pensamiento dedique al tema mejorará la persuasión en base a argumentos fuertes ya que generarán un mayor número de ideas favorables.  En segundo lugar, en relación al uso de claves, en situaciones de pensamiento bajo una clave de comportamiento no verbal puede llevar al cambio de actitudes en el receptor, por ejemplo, una postura encorvada del comunicador puede llevar a rechazar el mensaje por ser poco convincente. El tercer mecanismo, sesgar la valencia, entra en juego cuando  el pensamiento ya está alto y la comunicación no verbal puede llevar a respaldar o rechazar el contenido del mensaje. Por ejemplo, un comunicador sonriente hará que generemos más pensamientos favorables al mensaje que nos transmite. En cuarto lugar, examinaremos como un argumento más la comunicación no verbal de la fuente en situaciones que tenemos un nivel de pensamiento alto.  En relación a la metacognición, la comunicación no verbal nos puede llevar a pensar en la calidad y validez de nuestros propios pensamientos, ya que si no consideramos válidos nuestros propios pensamientos lo desecharemos y por tanto no ejercerán influencia. Por ejemplo, una fuente puede transmitirnos su credibilidad a través de su comunicación no verbal y si la juzgamos como creíble entonces tendrá más posibilidades de que juzguemos su mensaje de esa misma manera y pueda ejercer en nosotros una mayor influencia.

El ELM es complejo y sus diferentes mecanismos pueden actuar de diferente manera en diferentes situaciones y  los resultados pueden ser producto de diferentes procesos.

Ahora pasaremos a analizar los procesos que subyacen a los efectos de atractivo, credibilidad y poder de la fuente. El atractivo puede aumentar o disminuir la atención que se tiene sobre un mensaje bajo situación de pensamiento moderado. Generalmente se reduce la persuasión de los argumentos fuertes cuando la fuente es atractiva y en esa misma situación aumenta la persuasión de los argumentos débiles. Esto está en línea con la idea de que las cosas que nos hacen sentir bien mejoran la fluidez de pensamiento y pueden reducir la minuciosidad de procesamiento del mensaje. También hay que señalar que el atractivo ejerce más influencia en aquellas personas con baja necesidad de cognición, mientras que en las que la tienen alta parece no ejercer influencia. Además, puede ocurrir que si las personas creen que el atractivo les ha influenciado sesguen sus pensamientos justamente en la dirección contraria.

La credibilidad puede venir definida por la comunicación no verbal con relación al dominio y la fuerza física, el uso de uniformes, uso de gafas de lectura, sudaderas con capucha, la lateralidad facial, el grado de madurez de la cara, el vello facial o los tatuajes. La credibilidad influirá en las actitudes de las personas frente al mensaje, por ejemplo, pensaran más en un mensaje que provenga de una fuente con conocimientos que de una que no los posea. Este indicador funcionará como un heurístico simple en situaciones donde el receptor esté poco motivado o no pueda pensar, al igual que cuando tenga poca relevancia personal. Aquí, también, ocurriría como en el atractivo: si las personas creen que sus pensamientos han sido sesgados pueden dirigirlos en sentido contrario.

El poder está relacionado con la apariencia, la postura corporal, la mirada y el estilo de habla. Normalmente las fuentes poderosas (con estilo confiado, dominante, directo o asertivo) producen un mayor acuerdo que aquellas con una imagen más impotente (presentan dudas, interrupciones…).

Para acabar vamos a hablar sobre la imitación y la compensación. En relación a la imitación cuando nos identificamos con algún aspecto no verbal de la fuente influye en las actitudes sirviendo de señal periférica en situaciones de baja capacidad de pensamiento, en condiciones altas desvía la dirección de los mismos y aumenta la atención en condiciones moderadas. Por tanto, si se identifica con la fuente se realizará un mayor procesamiento del mensaje. También ayuda a la validación cuando la identificación de la fuente se produce después de haber procesado el mensaje. Hay otras veces que en vez de imitar lo que se hace es compensar, si una fuente se muestra muy poderosa puede hacer que los receptores se muestren sumisos.

En este artículo se han descrito como la persuasión del mensaje se puede ver afectada por distintos mecanismos mediante la comunicación no verbal de la fuente. El comportamiento de la fuente puede hacer cambiar de actitud al receptor a través de diferentes procesos dependiendo de las circunstancias que se den.

Un modelo de sistemas de interacción diádica no verbal. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “A Systems Model of Dyadic Nonverbal Interaction” de Patterson. En este artículo se presenta un nuevo modelo de sistemas de interacción diádica no verbal, basado en la integración de los procesos paralelos de envío y recepción de socios en un sistema ecológico más amplio y dinámico.

El presente estudio se basa en un extenso trabajo teórico y empírico en comunicación no verbal que busca la creación de un modelo de interacción diádica no verbal, que sirva para identificar y describir los procesos y factores que determinan el curso de las interacciones diádicas.

La investigación en comunicación no verbal creció mucho en los años 50 y 60, pero casi toda examinó grupos y diferencias individuales. La primera teoría desde una perspectiva interactiva fue la teoría del equilibrio de la intimidad interpersonal. Esta teoría proponía que los individuos señalaban su intimidad con otra persona a través de una serie de comportamientos como era la distancia, la mirada o la sonrisa. También señalaba que si se producía una alteración del nivel de intimidad que tenían, el otro miembro optaba por un comportamiento que lo compensase. En la década de los 70 se introdujeron las teorías cognitivas, como la teoría de la intimidad – excitación, donde decía que si la emoción era negativa seguramente se compensaría pero que si era positiva la actitud sería recíproca. En los 80 se planteó que el nivel de discrepancia entre el comportamiento esperado y el real de la pareja sería el que marcara la compensación o la reciprocidad. En los 90 se puso el énfasis en la automaticidad del comportamiento social.

Todas estas teorías tenían tres limitaciones, no abordaban la utilidad más amplia del comportamiento no verbal de cada persona en la interacción, tenían un alcance limitado y todas las teorías eran reactivas en naturaleza. Para acabar con estas limitaciones se propuso el modelo funcional del comportamiento no verbal, que decía que las personas inician patrones de interacción no verbal para cumplir diferentes funciones sociales, como podrían ser proporcionar información, regular la interacción, expresar intimidad, ejercer influencia y gestionar impresiones. También propuso que la biología, la cultura, el género y la personalidad son determinantes de nuestros patrones de interacción.

La teoría de la cognición social de los 80 y los 90 desvió la atención en los 2000 hacía los procesos cognitivos encubiertos y los juicios sociales. Estas teorías se basaban principalmente en el receptor, mientras que las primeras teorías se basaban en el emisor, se intentó integrar ambas perspectivas en el modelo de proceso paralelo de comunicación no verbal, ya que combina los procesos de codificación y descodificación de la comunicación no verbal en un solo sistema, impulsado por un conjunto común de determinantes y mediadores.  Aun así, seguían sin tener en cuenta el ambiente en donde se producía la comunicación ni la interacción que se presenta en una comunicación diádica.

La interacción se puede dividir en interacción enfocada o no enfocada. La primera de ellas hace alusión a la versión más tradicional de interacción como puede ser una conversación. La interacción no enfocada sería aquella en la que no se produce tal conversación y se basa en personas que comparten un entorno común y hacen ajustes de comportamiento mutuos en relación a la presencia cercana de otros, por ejemplo, el dejar pasar a alguien en la calle.  En cuanto al entorno, una misma persona se comportará de manera diferente en distintos entornos. Además, las personas que compartan entorno es más fácil que sean más similares entre sí que aquellas que no lo comparten.

Por tanto, la biología, la cultura, el género y la personalidad de cada persona tiene una influencia en la elección de entornos, objetivos, procesos de referencia cognitivo – afectivos y comportamiento. Además, las normas sociales y el establecimiento de características pueden hacer que se restrinjan las opciones de comportamiento. Al igual que los objetivos que se busquen pueden llevar a una modificación del ambiente. También el número de objetivos influenciará en el reparto de recursos cognitivos y este reparto a su vez puede llevar a la propia modificación de los objetivos planteados.

A pesar de la importancia que tiene biología, la cultura, el género y la personalidad, al igual que en los juicios sociales y comportamiento paralelo, así como la influencia de los procesos automáticos y complementados por procesos controlados, y de los objetivos conscientes e inconscientes, no acaban de explicar un modelo de sistemas. Para ello hay que añadir dos nuevas características como son el nivel diádico de la interacción e identificar las relaciones recíprocas entre el entorno y los procesos de interacción.

El problema de presentar un modelo tan amplio está en que es difícil comprobar las hipótesis, por ello hay que tomarlo como un marco en el cual se pueden plantear otras teorías más restrictivas y por ello más fáciles de comprobar empíricamente.

En relación a las nuevas tecnologías, el uso de dispositivos móviles, aunque ha facilitado la comunicación entre personas que vivan lejos, también ha dificultado el contacto cara a cara donde es frecuente que nuestro dispositivo interrumpa nuestras conversaciones. Otro problema que plantea es la adicción que hay a estos dispositivos, especialmente entre las personas más jóvenes. Esto podría suponer cambios en nuestras interacciones cara a cara, que podrían plantear nuevos problemas de interpretación debido a su menor número o incluso afectar a nuestras relaciones interpersonales. Lo que llevaría a nuevos escenarios a analizar con el modelo de sistemas. También, dentro de estos nuevos escenarios habría que incluir nuestras interacciones con entes robóticos como podría ser Siri o Alexa.

Modelo integrador de formación de las impresiones (II). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana concluimos el artículo “Making Sense of Other People’s Encounters: Towards an Integrative Model of Relational Impression Formation” de Quadflieg y Westmoreland. En este artículo nos proponen el Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF) que nos habla de cómo nos formamos las impresiones sobre los demás en nuestros encuentros diarios.

El Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF) tiene como objetivo principal comprender y predecir las propiedades psicológicas de las impresiones basadas en encuentros. Se basa en que una tercera persona que presencia un encuentro entre dos o más personas es capaz de generar impresiones relacionadas con la naturaleza de las relaciones que mantienen, cosa que no sería posible sí sólo observasen a una de ellas. Principalmente se centra en aquellas relaciones de dos personas que se producen debido a las obligaciones sociales que tenemos. Lo que busca es identificar los atributos psicológicos fundamentales que determinan la formación de las impresiones, como son la precisión, el consenso y la funcionalidad.

El IMRIF postula que la variación de la precisión se vincula a cuatro tipos de atributos psicológicos que son los atributos de contenido, los atributos de destino, los atributos de los receptores y los atributos de contexto.

Se ha reconocido que las impresiones sobre el tipo de relación que mantienen dos personas son más precisas que las que se forman en relación a la calidad de esta relación. Esto confirma que la variación de las propiedades psicológicas depende de los atributos de contenido. Estos atributos que están relacionados con el tema de la impresión.

También se cree que la variación de la funcionalidad está determinada por los sentimientos. Las impresiones espontáneas basadas en el encuentro están acompañadas por respuestas afectivas rápidas, como la ansiedad, el disgusto, la admiración o la calidez. Estas respuestas afectivas pueden guiar las propias intenciones o acciones de los preceptores, por ejemplo, se comprobó que los encuentros que generan admiración son propicios para el aprendizaje social observacional. El IMRIF cree que la distinción entre las respuestas cognitivas y afectivas de los preceptores frente a los encuentros de otras personas puede ser muy relevantes en relación a la funcionalidad.

Aún queda por investigar y establecer una taxonomía clara basada en evidencia que sirva para describir impresiones basadas en el encuentro con respecto a su precisión, consenso y funcionalidad.

Los encuentros sociales pueden variar mucho en término de atributos objetivos visuales. También está claro que hay algunos atributos que influyen más que otros, como pueden ser el lugar donde se produce, en grado de similitud interpersonal, el nivel de comunicación directa, o su lenguaje no verbal.

De la comunicación no verbal se extraen mucha información relacionada con la proximidad física de las personas a través de su grado de contacto visual, su contacto interpersonal, alineación postural, alienación facial, sincronía de movimiento, coordinación de acciones… pero todavía no queda claro como usan los preceptores utilizan esta información para formar sus impresiones.

También se ha observado que diferentes observadores pueden llegar a conclusiones distintas de un mismo encuentro. Hay personas que son mucho más precisas que otras en sus impresiones. Esto es debido a que las propias experiencias y expectativas interpersonales de los observadores juegan un papel influyente a la hora de formar sus impresiones sobre un encuentro. Por ejemplo, las personas que tienden a la evitación (con poco deseo de buscar apoyo en los demás) juzgan como menos favorables los encuentros positivos que las personas con una evitación más baja.

Además, se ha descubierto, aunque habría que seguir investigando, que las personas que padecen esquizofrenia y trastorno del espectro autista formulan impresiones menos precisas y consensuadas. Las personas con esquizofrenia están menos atentas a las caras o la orientación corporal cuando observan un encuentro. Las personas que padecen un trastorno del espectro autista están incapacitadas para extraer marcadores visuales de compromiso no verbal y tienen dificultades para comprender los motivos sociales que guían las interacciones.

Hay que destacar el papel importante de los atributos del receptor en la formación de impresiones basadas en el encuentro. Específicamente destacan la edad, la salud mental, el género, la personalidad, las actitudes sociales y el estado emocional.

Los atributos menos estudiados han sido los de contexto, que son, aquellos relacionados con las circunstancias situacionales bajo las que se producen las impresiones. Los más estudiados han sido el método de exposición, la duración de la exposición y el punto de vista. El método de exposición hace referencia al medio a través del cual los preceptores pueden presenciar en encuentro entre otras personas, como puede ser en vivo, a través de un video, de una fotografía, de un dibujo o una pintura… No queda claro cómo afectan ya que, por ejemplo, se ha comprobado que observar un acto racista en video genera más angustia que verlo en directo, por tanto, este punto requiere más investigación.  Igualmente, no está claro el efecto de la duración de la exposición. En relación al punto de vista se ha comprobado que es más fácil de analizar la persona que inicia la acción cuando se encuentra en el lado izquierdo que cuando se encuentra en el derecho.

Este modelo presenta limitaciones, a pesar de que identifica cuatro atributos principales todavía no es capaz de explicar como influyen cada uno de ellos en la formación de impresiones.

Modelo integrador de formación de las impresiones (I). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Making Sense of Other People’s Encounters: Towards an Integrative Model of Relational Impression Formation” de Quadflieg y Westmoreland. En este artículo nos proponen el Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF) que nos habla de como nos formamos las impresiones sobre los demás en nuestros encuentros diarios.

Cuando miramos a un extraño por la calle recogemos una gran cantidad de información basada en la dirección de la mirada, la forma y postura de su cuerpo, la forma y dirección de su movimiento y su vestimenta. Con toda ella nos formamos impresiones sociales rápidas sobre sus intenciones, estado emocional e incluso personalidad. Estas impresiones no siempre son precisas al 100%. Esto puede tener grandes repercusiones en múltiples campos, desde dar una oportunidad a una posible pareja pasando por encontrar pareja o incluso la sentencia que recibiéremos en un juicio. Cuando se evalúa a un grupo de extraños no solo se sacan lo anteriormente, sino que también se realizan impresiones del tipo y la calidad de las relaciones que existen entre ellos.

Las teorías tradicionales sobre la formación de impresiones, ya desde mediados del siglo pasado describen que las impresiones sociales precisas surgen cuando se observan las características visuales de otros cuando son indicadores veraces de objetivos, estados o rasgos. Por ejemplo, el nivel de dominio social se puede inferir en relación al estilo de sus gestos.

Se descubrió que la formación de impresiones está caracterizada por tres propiedades psicológicas que son la precisión de la impresión, el consenso en la impresión y la funcionalidad de la impresión. Para que la primera de ella se produzca la persona observada tiene que mostrar una señal visual informativa durante un episodio de percepción del observador, que éste lo perciba y después lo interprete adecuadamente. El consenso depende del razonamiento iterativo de los perceptores durante la consulta.  La funcionalidad está relacionada con que las personas puedan formar impresiones precisas de los demás y su capacidad para interactuar adecuadamente con ellos. Pero los diferentes tipos de impresiones no parecen que formen una construcción psicológica uniforme.

A pesar de la importancia que puede tener este tema no se había propuesto hasta la fecha un modelo de estudio del mismo. Los autores nos proponen el Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF), donde abordan la experiencia de los individuos que presencian encuentros de toras personas desde la perspectiva de una tercera persona.

Este modelo es oportuno por dos razones principales, la mayoría de las teorías existentes hasta la fecha se basan en la captura de impresiones de los individuos y no en la de los encuentros. La segunda razón es que a pesar de tener una gran amplitud conceptual todas las teorías anteriores, no poseen una profundidad explicativa.

Las impresiones basadas en encuentros se basan en las apariencias y las conductas abiertas y los perceptores sacan conclusiones de gran alcance sobre las relaciones u obligaciones sociales de otras personas sin conocerlas directamente. Hay varias categorías, la primera de ellas es prototípica para el dominio e implica impresiones de los atributos sociales que típicamente surgen en el nivel de la díada, se refiere, al tipo de relación que hay entre dos personas y cuál es el propósito de esa reunión.

La segunda categoría son las similitudes y diferencias que constituyen la díada, por ejemplo, las relaciones de poder de otras personas o las relaciones morales de los demás. Estas impresiones se basan en la consideración simultánea de una combinación particular de individuos.

La tercera categoría se refiere a características sociales que residen en individuos. Estas pueden ser motivadas por encuentros sociales con otras personas, pero no dependen de ellos. Por ejemplo, el nivel de neuroticismo puede juzgarse al verle interactuar con otros o simplemente a través de su vestimenta o su expresión facial. En este caso por tanto no importa tanto con quién interactúe ya que no será una variable tan importante como en las dos anteriores categorías.

Las evidencias iniciales sobre las propiedades psicológicas (precisión, consenso y finalidad) indican que estas pueden variar sustancialmente. Las impresiones sobre los tipos de relaciones de otras personas tienden a ser más precisas que las impresiones sobre la calidad de las mismas. En la gran mayoría de casos los observadores estaban de acuerdo en la relación existente entre dos personas, pero diferían en el grado que tenía esa relación.  También se ha investigado cada vez más el sesgo sistemático que presentan, cuando dos personas tienen una apariencia física similar tienden a ser juzgados más favorables los encuentros que entre dos personas diferentes. Por ejemplo, las parejas que tenía un nivel de atractivo similar eran juzgadas como más felices, más equilibradas y con una relación de pareja más profunda que aquellas que tenía un nivel de atractivo diferente. Lo mismo ocurrió cuando se daba un empujoncito ambiguo, las personas que eran más parecidos fue juzgado como un empujón juguetón mientras que en aquellas que eran diferentes se juzgo como más agresivo. Esto nos lleva a la conclusión de que los estereotipos y perjuicios influyen también en las impresiones sobre las relaciones entre dos personas. Esto tiene importantes consecuencias en la vida, ya que parejas interraciales serán juzgadas como menos aptas para recibir una hipoteca o para adoptar a un niño.

Estos sesgos se presentan comunes a aquellas personas con orígenes culturales similares, por tanto, se propone que las presiones evolutivas pueden haber dado forma a la tendencia humana a formar impresiones basadas en el encuentro.

También las impresiones basadas en el encuentro impiden que los perceptores penetren en territorios que otras personas necesitan para comunicarse y conectarse. Al igual que también motivan un enfoque social selectivo y el comportamiento de evitación, por ejemplo, un estudio reveló que un blanco estadounidense estará más predispuesto a acercarse a un negro sonriente cuando éste venga acompañado por un amigo blanco que cuando este solo.

Las impresiones basadas en el encuentro proporcionan una oportunidad para el aprendizaje social, los niños pequeños imitan las acciones que ven cuando te encuentras con otra persona y lo extrapolan a su vida.

Debido a la importancia de las impresiones basadas en el encuentro se propuso el nuevo Modelo Integrativo de Formación de Impresión Relacional (IMRIF) del que hablaremos la semana que viene.

Distrés auditivo, sesgo atencional y caras temerosas. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana concluimos el artículo “Auditory Distress Signals Potentiate Attentional Bias to Fearful Faces: Evidence for Multimodal Facilitation of Spatial Attention by Emotion” de Carlson, Conger y Sterr. En este artículo hablan sobre cómo el distrés auditivo potencia la captación de atención hacia caras temerosas.

En nuestro a día nos vemos atacados por un montón de estímulos que luchan por nuestra atención, de ahí que el cerebro haya diseñado métodos de selección de dichos estímulos ya que nos sería imposible atender a todos. Los estímulos con una carga emocional sobresalen del resto y capturan la atención rápidamente. Estos estímulos con carga emocional han sido ampliamente estudiados cuando se presentan en formato visual, se comprobó que las señales de amenaza como pueden ser las caras de miedo o de ira, así como las armas, los actos violentos o los animales peligrosos captan instantáneamente nuestra atención. También hay estímulos más relacionados con emociones positivas, como pueden ser caras felices o bebés, que captan la atención rápidamente. Pero, generalmente estos han sido estudiados desde un punto de vista unimodal, cuando por ejemplo se comprobó que las señales de amenaza auditiva mejoran el procesamiento visual y las señales de amenaza visual mejoran el procesamiento auditivo.

A día de hoy se desconoce cuanto mejoran las señales emocionales multimodales la atención en relación con las señales emocionales unimodales. Nosotros estamos programados para que tanto la señal auditiva como la visual se integren en una sola audiovisual por ello es razonable pensar que aquellas señales audiovisuales emocionales tengan un mayor efecto que las que se presenten sólo desde una perspectiva unimodal.

Una señal de peligro como puede ser una cara con una expresión de miedo, en el medio natural, por lo general, estará acompañada de una señal de distrés auditivo como sería unos gritos. Esto plantea dos posibilidades, que la presentación de ambas señales juntas provoque que se capten mejor o que la respuesta programada sea de “todo o nada” y por tanto sea indiferente el número de fuentes por las que se presente. La hipótesis que se maneja en este estudio es que, si se presenta el estímulo de una manera multimodal, auditivamente y visual, se captará más la atención que si se presenta de una manera unimodal.

Para comprobar la hipótesis se realizó un experimento 58 estudiantes (31 mujeres y 27 hombres; 53 diestros y 5 zurdos) con edades comprendidas entre los 18 y los 33 años, siendo la media de 20 años.

Para la realización del experimento se seleccionaron cuatro caras con expresiones neutras y de miedo en escala de grises y diez archivos auditivos que incluían sonidos de angustia humana (gritos), así como otros sonidos (risas, bostezos, silbidos). Los archivos de sonido tenían una duración de 6000 ms que fueron recortados quedado en segmentos de 1200 ms. Resultando en nueve archivos de angustia y nueve de no angustia, con los mismos decibelios, pero diferentes frecuencias fundamentales. Debido a esta diferencia de frecuencia fundamental se estudió previamente la relación entre la frecuencia y la atención y no se puedo encontrar ninguna relación consistente.

Cada prueba comenzaba con la fijación de un blanco sobre un fondo negro durante 1000 ms, después se presentaban dos caras simultáneamente durante 200 ms, la exposición era corta porque estudios anteriores afirmaban que los tiempos cortos y la asincronía en la presentación estímulos hacía que la atención fuera más fuerte. En un tercio de los ensayos no se presentaba ningún estímulo auditivo, otro tercio era con sonidos de angustia y otro con sonidos no relacionados con la angustia. Los sonidos se presentaban biauralmente durante 1200 ms, era más largo el estímulo auditivo porque la significación emocional es más compleja de transmitir por medios no visuales.  En total se realizaron 480 pruebas.

Se obtuvo que los sonidos de no angustia y angustia produjeron una facilitación no específica del tiempo de reacción, que fue mayor para los sonidos de angustia. Las caras temerosas atrajeron la atención siempre, pero fue mayor cuando se presentó con sonidos de angustia como predecía la hipótesis. Las respuestas más rápidas en los ensayos congruentes sugieren que el distrés auditivo facilita la captura inicial de la atención.

Estos resultados están en línea con las investigaciones existentes que afirmaba que la atención emocional opera en una naturaleza intermodal, de modo que las señales emocionales de una modalidad sensorial mejoran la atención y la percepción en otras modalidades.

Al encontrar una mejora inespecífica del tiempo de reacción con los sonidos humanos no verbales, y mayor para los sonidos de angustia, sugiere que el presentar multiples fuentes de señales sensoriales convergentes aumentan el nivel de alerta.

Estos resultados concuerdan con las investigaciones que afirmaban que los estímulos multimodales de voz y cara mejoran automáticamente el procesamiento emocional.

Hay que tener en cuenta que la utilización solo de caras con expresión de miedo y neutras así como el uso de audios con angustia y sin ella puede dejar limitada la generalización de los resultados a otros estímulos emocionales.

Cuestionario sobre la construcción y validación de experiencias y actitudes táctiles (TEAQ) (III). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana concluimos el artículo “Construction and Validation of the Touch Experiences and Attitudes Questionnaire (TEAQ): A Self-report Measure to Determine Attitudes Toward and Experiences of Positive Touch” de Trotter, McGlone, Reniers y Deakin. En este artículo hablan sobre la construcción y validación del cuestionario TEAQ, sobre las experiencias de contacto físico tanto en la infancia como en la edad adulta.

Este estudio ha descrito la construcción y validación del Cuestionario de Experiencias y Actitudes Táctiles (TEAQ), que es una medida de autoinforme de las experiencias de cada persona sobre el contacto positivo tanto en la infancia como en el presente y su actitud hacía ese tipo de contacto. Originalmente constaba de 117 ítems que abarcaban todas las circunstancias donde se podía producir un toque positivo, se diseño de una manera holística para evitar posibles sesgos por parte de los investigadores.

Finalmente se dejaron 57 ítems divididos en seis componentes: experiencias de contacto positivo en la infancia (ChT), contacto entre amigos y familiares (FFT), experiencia actual de contacto íntimo (CIT), actitud al contacto íntimo (AIT), actitud para tocar a personas desconocidas (AUT) y actitud hacía el autocuidado (ASC). Estos componentes obtuvieron una buena confiabilidad.

La importancia del contacto en la infancia es de sobra conocida por su influencia en el desarrollo saludable temprano del niño con mecanismos epigenéticos implicados. Era de esperar que fuera uno de los elementos identificados por el cuestionario. Como así ocurrió, destacando como la subescala de negligencia emocional en la niñez. Esto es de interés, ya que el toque positivo, especialmente las caricias, son importantes en la comunicación del amor y éstas activan las células aferentes, implicadas en la codificación como afectivo en vez de como discriminatorio.

Las experiencias actuales de contacto positivo promueven el bienestar y protegen contra la depresión, incluso cuando se recibe un masaje tiene beneficios terapéuticos emocionalmente, reduciendo la depresión, el estrés, la ansiedad, la agresión y el dolor. Es curioso que los componentes claves del contacto positivo en relación con el apoyo social se pueden relacionar más fuertemente con la escala CIT que con la FFT.

El componente de actitud de toque de personas desconocidas se asoció negativamente con el STQ de Wilhelm et al. El STQ se desarrolló para investigar la ansiedad social, donde las puntuaciones más elevadas estaban más desarrolladas con una mayor ansiedad social. Sería de interés un estudio futuro donde se relacionarán las puntuaciones de (AUT) con la ansiedad social.

La escala de actitud hacía el autocuidado fue la única no relacionada con el toque interpersonal. Sería de interés relacionar la puntuación de esta escala en relación a la psicopatología, especialmente la de la depresión, ya que la literatura existente relaciona un cuidado corporal más descuidado con los adolescentes suicidas y con las personas adultas que padecen enfermedades mentales. También se identificó que las mujeres tienen puntuaciones más altas que los hombres en esta subescala.

En lo referente a las limitaciones del estudio hay que destacar que la mayor parte de la muestra eran universitarios, por tanto, sería interesante investigar otros tipos de muestras que confirmen la validez. También, hay que señalar que la mayor parte de los participantes no tenían hijos, se cree que es muy probable que la paternidad puede alterar las experiencias y las actitudes táctiles pudiendo ser muy enriquecedor realizar una muestra con este tipo de población. Además, sería interesante realizar otro estudio con una muestra que hubiera tenido problemas en la infancia de abandono, para ver como reaccionaría el cuestionario ya que en el estudio 3 sólo hubo un 13.4% de participantes con traumas infantiles.

Otros estudios de interés podrían ser relacionarlos con la sensibilidad del procesamiento sensorial y ver que variaciones se producen en el TEAQ. También, sería interesante validarlo en otras culturas, ya que es sabido que las normas culturales influyen en el contacto físico y la muestra que se han barajado en los estudios eran mayoritariamente blancos británicos. Al igual que la mayoría de la muestra tenía menos de 30 años y también sería interesante validarlo en otras franjas de edad. Otro estudio interesante, sería ver las diferencias entre el toque del mismo sexo y el toque del sexo opuesto, hecho que especialmente se evitó en el presente estudio.

En conclusión, se ha demostrado que el TEAQ tiene buena validez aparente, consistencia interna, validez de construcción en términos de validez discriminante, validez de grupo conocido, validez convergente y validez predictiva y concurrente. Siendo el único cuestionario de contacto físico actual que evalúa tanto las experiencias como las actitudes hacía esas experiencias táctiles.

A continuación, se ofrece la lista de los ítems del TEAQ:

  1. No me gusta que las personas sean muy afectuosas conmigo.
  2. Me gusta usar lociones corporales.
  3. Tengo que conocer a alguien bastante bien para disfrutar de un abrazo.
  4. Me resulta natural saludar a mis amigos y familiares con un beso en la mejilla.
  5. Hubo mucho afecto físico durante mi infancia.
  6. Cuando era niño solía abrazar a los miembros de mi familia.
  7. Me gusta usar esencias cuando me baño.
  8. Me parece que acariciar el cabello a una persona que quiero es muy agradable.
  9. Mis padres no fueron muy afectuosos físicamente hacía mí durante mi infancia.
  10. Me gusta dormirme en brazos de alguien que es muy cercano a mí.
  11. A menudo me acurruco en el sofá con alguien.
  12. Disfruto de la intimidad física del juego sexual previo.
  13. Me gusta agarrar el brazo a mis amigos y familiares mientras caminamos.
  14. Normalmente abrazo a mis amigos y familia para despedirnos.
  15. Cuando era un niño y estaba triste mis padres me abrazaban y eso me hacía sentir más feliz.
  16. Es agradable cuando amigos y familiares me saludan con un beso.
  17. A menudo me doy la mano con alguien que conozco íntimamente.
  18. Cuando estoy molesto, generalmente hay alguien que puede consolarme.
  19. Besarse es una buena manera de expresar atracción física.
  20. Se siente realmente bien cuando alguien que me gusta pasa sus dedos por mi cabello.
  21. Normalmente abrazo a la gente cercana.
  22. De niño, mis padres me acostaban todas las noches y me daban un abrazo y un beso de buenas noches.
  23. Mi vida carece de afecto físico.
  24. Me gusta que me acaricien la piel.
  25. A menudo me baño con alguien.
  26. Me gusta tener sexo.
  27. A menudo tengo sexo.
  28. Estoy desanimado por la familiaridad física.
  29. Siempre puedo encontrar a alguien para consolarme físicamente cuando estoy molesto.
  30. Siempre saludo a mis amigos y familiares dándoles un abrazo.
  31. Disfruto de ser abrazo por alguien a quien amo.
  32. Mi madre me baña normalmente cuando era niño.
  33. De niño, mis padres siempre me consolaban cuando estaba molesto.
  34. Disfruto de la sensación de mi piel contra la de otra persona si la conozco íntimamente.
  35. De niño, mis padres me llevaban normalmente de la mano cuando caminábamos juntos.
  36. La mayor parte de los días consigo un abrazo o un beso.
  37. Si alguien a quien no conozco muy bien me pone la mano en el brazo me hace sentir incómodo.
  38. Normalmente tengo contacto físico con mis amigos y familiares cuando estoy con ellos.
  39. Me hace sentir incómodo si alguien a quien no conozco muy bien me toca de manera amigable.
  40. Disfruto de tomarme la mano con alguien que me gusta.
  41. A menudo comparto un beso romántico.
  42. De niño, mi madre me cepillaba regularmente el pelo.
  43. Me gusta exfoliar mi piel.
  44. Besar es la parte agradable de expresar sentimientos románticos.
  45. A menudo me acarician la piel.
  46. A menudo me tomo de la mano con alguien que me gusta.
  47. Me gusta acariciar la piel de alguien que conozco íntimamente.
  48. Estoy en condiciones “abrazable” con un buen número de personas.
  49. A menudo me duermo sosteniendo a alguien cercano.
  50. Acurrucarme en el sofá con alguien es genial.
  51. A menudo paso el brazo alrededor de un amigo cercano cuando caminamos juntos.
  52. Me gusta darme un baño con muchas burbujas.
  53. No me dan muchos abrazos últimamente.
  54. Normalmente doy un masaje de hombros.
  55. Me gusta usar mascarillas faciales.
  56. Me gusta cuando mis familiares y amigos me saludan con un abrazo.
  57. Normalmente cojo del brazo a mis familiares y amigos cuando caminamos juntos.

 

 

 

Cuestionario sobre la construcción y validación de experiencias y actitudes táctiles (TEAQ) (II). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana continuamos con el artículo “Construction and Validation of the Touch Experiences and Attitudes Questionnaire (TEAQ): A Self-report Measure to Determine Attitudes Toward and Experiences of Positive Touch” de Trotter, McGlone, Reniers y Deakin. En este artículo hablan sobre la construcción y validación del cuestionario TEAQ, sobre las experiencias de contacto físico tanto en la infancia como en la edad adulta.

El segundo estudio que realizaron los autores para desarrollar el cuestionario fue hecho para validar la estructura factorial a través de una segunda muestra de participantes y un análisis factorial. En este caso se les suministró el test con los 57 ítems y la muestra estaba compuesta por 704 participantes, siendo el 73% mujeres y la edad media de 27 años.

La confiabilidad del modelo de ecuaciones estructurales se reduce por un número excesivamente grande de variables. La estructura de seis componentes previamente identificados proporcionó un ajuste razonable de los datos de la muestra. Por tanto, quedó confirmada la estructura de seis componentes y el uso apropiado del TEAQ para calcular las puntuaciones de cada subescala para investigar las experiencias y actitudes positivas.

El tercer estudio que realizaron fue para comprobar la validez concurrente y la predictiva del TEAQ. Para la parte predictiva se usó el TEAQ junto con el Cuestionario de Trauma en la Infancia (CTQ-SF), ya que se esperaba que la subescala de contacto con la infancia del TEAQ fuera una predicción negativa del trauma infantil. Además, se utilizó el Cuestionario de Apoyo Social (SSQ6), ya que se creía que las escalas de Contacto entre familiares y amigos y la de Toque íntimo actual predijeran los valores de apoyo social percibido. Para la validez concurrente y discriminante se completó el TEAQ junto con otros cuestionarios existentes sobre el contacto físico que fueron: La Medida de Evitación del Toque (TAM), la Escala de Orientación del Toque Familiar (FTO), el Cuestionario TACTYPE, la Prueba del Tacto, el Cuestionario sobre la experiencia de contacto físico (QPCE), el Cuestionario de Evaluación de Contacto Físico y el Cuestionario de Contacto Social (STQ). Se consideraron un poco anticuados e inadecuados para el uso actual los cuestionarios TAM, el TACTYPE y la prueba táctil. Además, se intentó incluir el Cuestionario de Evaluación del contacto físico, pero no se puedo obtener una copia de los autores.

Para realizar este estudio se utilizó una muestra de 201 participantes en el cual el 80% fueron mujeres, con edades comprendidas entre los 18 y los 81 años. Fueron principalmente estudiantes, y en menor medida trabajadores a tiempo completo. Complementaron en línea el TEAQ junto con preguntas generales, además se les facilitó los cuestionarios de La Orientación de contacto familiar de 16 ítems, que mide las experiencias de contacto físico positivo en la infancia; el cuestionario del toque social con 20 ítems, que estudia las actitudes al contacto físico; el Cuestionario Físico La Experiencia con 8 ítems, que puntúa el contacto físico en la infancia y en la actualidad. También se facilitó el CTQ que contiene cinco subescalas que están referidas al abuso sexual, físico y emocional en la niñez y al abandono físico y emocional. Por último, se les suministró una versión modificada del SSQ6.

Los resultados arrojaron que el TEAQ tenía una buena validez convergente y predictiva. Las puntuaciones se correlacionaban como se esperaba con las otras medidas existentes para el contacto físico.

El estudio 4 tenía como objetivo identificar las diferencias demográficas en las respuestas del TEAQ para investigar la validez de constructo en términos de validez de grupo conocido. Se hipotetizó que las habría diferencias de género ya que la literatura existente afirmaba que las mujeres se sienten más cómodas que los hombres con el contacto interpersonal, especialmente en términos iniciales. En estudios existentes se ha probado que las madres tienen más contactos positivos con las hijas que con los hijos y por ello las mujeres reportan un toque parental más positivo en la infancia que los hombres. También se había probado que tanto las adolescentes como las mujeres tienen más actitudes relativas al cuidado personal que los hombres.

Además, se predijo que las personas que estuvieran en una relación o casada reportarían mayores niveles de contacto físico actual que aquellas que estuvieran solteras. Previamente había sido identificado que es en la fase intermedia de la relación cuando hay mayor contacto físico. Estudios anteriores mostraban que las personas mayores se sentían más cómodos frente al contacto interpersonal que los jóvenes. También se ha comprobado que, en diadas de sexo diferentes, la iniciación al tocar disminuyó con la edad en hombres, pero aumentó en mujeres.

En este estudio se utilizaron los datos recogidos en los tres estudios anteriores y se analizaron para estudiar el estado civil, el género y la edad y su influencia en las puntuaciones de las subescalas del TEAQ. Por tanto, se tuvo un total de 1509 participantes de los cuales un 73.2% eran mujeres con una edad media de 27 años.

Los resultados mostraron que las mujeres obtuvieron mejores puntuaciones en las escalas de FFT, CIT y ChT que los hombres, lo que viene a decir que las mujeres tienen más contacto físico a lo largo de sus vidas que los hombres. Estos resultados coinciden con la literatura preexistente. También, se comprobó que las mujeres tienen una actitud más positiva hacía el cuidado personal que los hombres. En la edad adulta el uso de productos y el dinero invertido en el cuidado y la apariencia es mayor en mujeres que en hombres.

Otros resultados fueron que los hombres tenían una actitud más positiva ante el toque desconocido. La actitud hacía el toque íntimo fue comparables entre hombres y mujeres. La mayor evitación del contacto, sobre todo si provenía del sexo opuesto es por parte de las mujeres, especialmente si era de parte de un desconocido.

Se comprobó también que las personas que estaban en una relación tenían mayor contacto íntimo que aquellas que estaban casadas o vivían juntas.  Para acabar no se consiguieron resultados diferenciados por edad.

La semana que viene presentaremos las conclusiones generales del estudio, así como los ítems del cuestionario.

Cuestionario sobre la construcción y validación de experiencias y actitudes táctiles (TEAQ) (I). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Construction and Validation of the Touch Experiences and Attitudes Questionnaire (TEAQ): A Self-report Measure to Determine Attitudes Toward and Experiences of Positive Touch” de Trotter, McGlone, Reniers y Deakin. En este artículo hablan sobre la construcción y validación del cuestionario TEAQ, sobre las experiencias de contacto físico tanto en la infancia como en la edad adulta.

Desde el descubrimiento de las células aferentes C- táctil ha habido un creciente interés por el papel que juegan las interacciones táctiles en nuestra vida. Estas células responden a las caricias humanas. Las caricias guardan relación con la temperatura de la piel y los estímulos son enviados a la región límbica del cerebro en vez de a la corteza somatosensorial.

Desde hace tiempo se conoce la importancia de las caricias para el desarrollo temprano de los niños, como vio Spitz en los niños de los orfanatos que a pesar de tener cubiertas sus necesidades básicas no prosperaban debido a la falta de cariño. Se comprobó también que las crías de ratas que recibían más cuidados por parte de su madre relacionados con el lamer y el aseo respondían con menos estrés en la etapa adulta que aquellas que tuvieron niveles más bajos. El efecto protector que producen las caricias maternas, tanto en términos de efectos epigenéticos como de comportamiento también ha sido replicado en humanos.

Este efecto protector también se da en la edad adulta, aquellas personas que tienen menos contacto social son más propensas a la depresión. En relación a la parte terapéutica, los masajes reducen la depresión, el estrés, la ansiedad, la agresión y el dolor. Incluso un leve contacto en el hombro antes de la hora de la comida a los residentes de una residencia de ancianos les hacía ingerir más calorías y más proteínas.

Está claro la importancia de los contactos físicos positivos a lo largo de la vida. Por ello, los autores de este estudio decidieron crear y validar un cuestionario que estudiase estas cuestiones, el Cuestionario de Experiencias y Actitudes Táctiles (TEAQ). Este cuestionario está diseñado para medir las experiencias táctiles positivas en la actualidad y en la infancia y medir las actitudes que se tiene frente a esos contactos. Se incluyeron preguntas tanto de contacto interpersonal como no interpersonal.

Para la construcción y validación del cuestionario se realizaron cuatro estudios independientes. El estudio 1 sirvió para construir el cuestionario original que tenía 117 ítems, que después se redujeron a 57 y se identificaron seis componentes diferentes. El estudio 2 confirmó la estructura del cuestionario. El estudio 3 describe la validez adicional del mismo, determinando la validez concurrente y predictiva. Por último, el estudio 4 examinó las diferencias de género, edad y estado civil en las respuestas del cuestionario.

 

El objetivo del estudio 1 era identificar todas las circunstancias en las que se experimenta un toque positivo. De ahí salieron los 117 ítems originales. Después se utilizó el análisis de componentes principales para determinar la estructura de componentes del cuestionario y eliminar los elementos superfluos.

El primer borrador fue completado por 618 personas (440 mujeres y 178 hombres). La edad media fue 26 años, la mayor parte de las personas eran estudiantes (58%), el 60% tenía pareja en ese momento y un 82% no tenía hijos.

En la elaboración del cuestionario participaron psicólogos y psiquiatras. Los principales tipos de contacto positivo interpersonal fueron abrazos, besos, piel con piel y pelo con piel. Las circunstancias en las que se producía el contacto fueron saludo, consuelo, intimidad y contacto infantil. Las relacionadas con el contacto positivo no interpersonal fueron el autocuidado (incluido el aseo personal), el contacto con animales y el contacto con tejidos. Se generó tres ítems por cada tipo de contacto, uno que determinase la frecuencia con la que se daba, otro para determinar la actitud del individuo sobre el mismo y el último para determinar la actitud de la persona cuando se lo da a otra. También había preguntas más generales sobre el contacto físico del tipo “la familiaridad física me desanima” o “Mi vida carece de afecto físico”. Las respuestas era una escala de Likert de 5 puntos siendo el 1 “bastante en desacuerdo” y el 5 “muy de acuerdo”. El cuestionario se aplicó online, junto con algunas preguntas demográficas.

Al final se quedaron 57 ítems, identificando 6 componentes. Cinco de los componentes eran en relación a los demás y uno guardaba relación con el cuidado personal (5 ítems). El componente más importante era el relacionado con los contactos con amigos y familia que tenía 11 ítems acerca de la cantidad y el gusto de recibir un toque cariñoso por parte de los familiares y amigos. Los demás componentes eran sobre el contacto en la relación íntima actual (14 ítems), que como su nombre indica se basa en el contacto que mantienen las personas que están emocionalmente cercanas o en una relación romántica. El tercer componente es el contacto en la infancia (9 ítems). El cuarto es el relacionado con el autocuidado, que se basa en cuanto les gusta a las personas llevar a cabo comportamientos de cuidado de la piel y el aseo personal. El quito es actitud afectiva al contacto con los demás en las relaciones íntimas (13 ítems), que es básicamente con cuantas personas disfrutan de esos contactos más íntimos tanto en una relación emocional cercana como en una relación íntima. Y, por último, el toque de un desconocido (5 ítems), como se sienten cuando una persona desconocida les toca.

Es interesante destacar que se eliminaron dentro de los toques no personales, los relacionados con el contacto con animales y con diferentes tejidos ya que no cumplieron los criterios de inclusión.

A pesar de presentar buena consistencia interna y validez aparente se decidió llevar a cabo el estudio 2 para comprobar la validación de la estructura de los componentes.

La semana que viene continuaremos con el resto de estudios que sirvieron para validar el cuestionario.

 

 

Atribución de emociones en la comunicación vocal dirigida a bebes prematuros. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Emotion Attribution in Nonverbal Vocal Communication Directed to Pretern Infants” de Filippa, Monaci y Grandjean. En este artículo hablan de la relación de las características no verbales de la comunicación vocal de las madres con los bebés prematuros.

Cuando un bebé nace las interacciones sociales más tempranas las tiene con sus progenitores, las cualidades dinámicas de la voz del adulto pueden modular las respuestas del bebé. A su vez el comportamiento que este adopta afecta a la manera que su madre les habla. Cuando el bebé es prematuro esto afecta al proceso de comunicación, ya que la prematuridad influye en la espontaneidad y la reciprocidad del intercambio socioemocional. Los progenitores tienen dificultades para leer el comportamiento y las emociones del bebé y éste tolera menos las interacciones cara a cara. Se ha demostrado que las madres de bebés prematuros tienen menos contactos sociales coordinados con ellos que las madres con bebés nacidos a término. Esto es problemático ya que se ha demostrado que los contactos piel con piel son importantes y tienen efectos a largo plazo.

Hay pocos estudios donde analicen los comportamientos de las madres con los bebés prematuros. Se ha demostrado que las madres modulan su voz de acuerdo con los comportamientos que ven en el bebé como que abra los ojos o sonría a partir de las primeras semanas de la vida del niño.

En el caso de los bebés a término los adultos instintivamente modifican sus expresiones y las características vocales cuando se dirigen a los bebés, ajustándolas a la edad y al estado subjetivo que le otorgan, que varia en tono, estructura temporal con la que se dirigen a los adultos.

Los bebés se sienten atraídos por las emociones positivas expresadas en el habla. Lo mismo ocurre con el canto, prefieren canciones que expresen un contenido emocional feliz. El canto le mantiene interesados y tiene importantes efectos sobre la excitación de los niños, es importante no solo para calmarle sino también para involucrarle en juegos que afectan a su desarrollo temprano.

Cuando las personas se dirigen a los niños utilizan una expresión más generalizada de sus emociones y no tan inhibida como cuando se dirigen a adultos. Se ha demostrado que las madres usan un tono más alto cuando ven que su bebé de cuatro meses produce expresiones de felicidad en una pantalla de video.

En este estudio se pretende investigar las cualidades emocionales de las voces de las madres cuando ven una expresión como una sonrisa o la apertura de los ojos en sus bebés prematuros. Se pretende determinar los niveles de emoción y la sonrisa de la madre a través de la observación de oyentes ajenos y no sólo a nivel acústico. Por tanto, se pretende combinar el análisis acústico con la calificación emocional. Los oyentes adultos pueden percibir las emociones en la voz con un alto grado de precisión. Al igual que, también, son capaces de detectar la sonrisa en la voz humana, ya que al sonreír se altera el tracto vocal y esto tiene efectos en la voz.

La hipótesis del estudio es que la voz materna se modula cuando ve a su bebé sonreír o abrir los ojos y se percibe como más emocional y sonriente. También se plantea que esto es más fácil de percibir cuando se habla que cuando se canta. Por último, se plantea la hipótesis de la existencia de una asociación entre el grado de emoción y la atribución de la sonrisa por parte de los adultos y los parámetros acústicos específicos asociados con comportamientos de los bebés prematuros.

El estudio contó con 31 participantes (20 mujeres y 11 hombres) con edades comprendidas entre los 23 y los 32 años. Ninguno de ellos entendía el idioma en el que se habla para evitar que pudiera interferir la comprensión del mensaje verbal.

Como materiales se utilizaron unas grabaciones recopiladas en la unidad de cuidados neonatales del Hospital de Aosta (Italia). Los oyentes juzgaron solo a través de las características acústicas presentes en el habla ya que no hablan el idioma (italiano). Por otro lado, se analizaron las conductas de los bebés, en este caso, abrir los ojos y sonreír, también se analizó acústicamente el audio de las madres.

Se identificaron 31 comportamientos infantiles específicos entre 10 bebés registrados. Por cada comportamiento se identificó una secuencia de audio que contenía tres muestras maternas extraídas en tres condiciones: en presencia del comportamiento facial del bebé, en ausencia del mismo y los cinco segundos anteriores. Los dos comportamientos del bebé (abrir ojos y sonreír) se dieron de manera simultánea.

Los participantes tenían que responder a algunas preguntas relativas a ellos mismos (edad, género, lengua, relación con el cuidado de bebés…) y después podían realizar unas escuchas de prueba que no eran incluidas en el experimento para familiarizarse con ellas, y posteriormente ya entraban en la prueba.  Tenían que clasificar el grado de emotividad transmitida por la voz y el grado de percepción de sonrisas en la voz.

Los resultados muestran que el habla y el canto materno dirigida a los recién nacidos prematuros presentan características acústicas cuando son concomitantes con una expresión facial particular (ojos abiertos o sonrisa) en el lactante prematuro. La calidad de la voz de una madre se coordina con la expresión infantil prematura.

Esto sugiere un efecto de la retroalimentación de los bebés sobre la calidad del habla. La expresión del bebé prematuro, pudiendo ser accidental o a consecuencia de lo percibido, aumenta la participación emocional materna y ayuda a crear lazos de sintonización emocional por la mayor interacción entre los progenitores y los bebés en los primeros meses de vida.

Se ha descubierto también que, aunque ocurre tanto cuando se habla como cuando se canta, es más fácil de percibir en el primero de ellos que en el segundo. Esto es así porque el canto viene limitado por la estructura melódica de la canción y por tanto no tiene tanta flexibilidad estructural como el habla.

En cuanto a la importancia se le asigna más al hecho de que el bebé abra los ojos a que sonría. El abrir los ojos es un indicador de interés por parte del bebé. La sonrisa en bebés prematuros se ha visto que se producen de manera endógenos, de manera espontánea mientras duermen, aún así los interlocutores las perciben como atractivas y relacionadas con emociones positivas y generalmente las madres tienen a imitarles.

En lo relativo al análisis acústico se concluye que el tono medio se puede considerar como un parámetro acústico clave para predecir la atribución de emociones. La atribución de la sonrisa a través de la voz se asocia al aumento en el tono y en la intensidad.

Se necesitan más investigación para determinar si el contacto temprano, el grado y precocidad de la imitación materna de las expresiones faciales de los bebés tienen repercusión en el desarrollo de las competencias sociales en los bebés prematuros.

Estilos de comunicación relacionados con la psicopatía y su influencia en las impresiones de los observadores (II). Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana continuamos con el artículo “An Examination of the Communication Styles Associated with Psychopathy and Their Influence on Observer Impressions” de Brinke, Porter, Korva, Fowler, Lilienfeld y Patrick. En este artículo hablan de cómo se comunican las personas con rasgos psicopáticos y cómo podemos usar su estilo de comunicación para detectarlos.

Hay razones para creer que la psicopatía está asociada a diferentes estilos de comunicación tanto verbal como no verbal. Sus diferentes características hacen que sus comportamientos sean distintos, por ejemplo, su déficit afectivo puede ir asociada con una menor intensidad de las expresiones faciales; pero también saben que son una buena manera de influir a los demás y por ello pueden intentar fingirlas. Esto puede servir para descubrir al psicópata, ya que a veces, por ejemplo, puede estar mostrando una expresión de felicidad, pero sus palabras sean de ira o enfado.

Se cree que las personas con psicopatía presentaran en mayor medida la sonrisa de Duchenne, ya que puede hacerles parecer más amables, encantadores y hacer creer al resto que no son peligrosos. Además, usarían más gestos con las manos lo que está asociado a una mayor influencia social. También, usarían menos palabras emocionalmente positivas debido a su agresividad y a su poca experiencia emocional y por ello utilizaran palabras más negativas u hostiles. Finalmente se cree que usarán menos pausas llenas.

Se utilizó el modelo de la lente de Brunswik para examinar cuales eran señales de comportamiento predictoras de los rasgos de la psicopatía y que correlacionaban con las percepciones de los rasgos psicopáticos de los observadores. También se examinó la combinación de dos canales de comportamiento incongruentes – el lenguaje emocional y la expresión facial emocional – y su asociación con los rasgos psicopáticos y con la observación de los mismos.

La muestra del estudio eran 100 reclusos masculinos voluntarios que estaban en una prisión de seguridad media en Florida. Cada recluso se sometió a una entrevista del PCL-R completa. Dos personas evaluaron a cada interno, dando puntuaciones altamente confiables. De los presos analizados 18 obtuvieron puntuaciones mayores de 30, cumpliendo con los criterios para el diagnóstico de la psicopatía.

Se codificaron 88 clips de video para al menos un tipo de comportamiento: expresiones faciales, lenguaje corporal o lingüística. Concretamente 50 vídeos fueron codificados para expresiones faciales, 51 para lenguaje corporal y 64 para análisis lingüístico. Treinta y cuatro de los vídeos fueron codificados para todos los comportamientos.

Las expresiones faciales fueron codificadas por un observador ajeno a la puntuación del PCL-R. Se clasificaron la expresión emocional en cada fotograma para la presencia y duración de la expresión, en las regiones superior e inferior de la cara por separado. La expresión de felicidad ocurrió con la frecuencia suficiente para ser sometida a análisis estadístico, las expresiones de tristeza, ira, miedo, disgusto, desprecio y sorpresa no fueron examinadas más en profundidad. En cuanto al lenguaje corporal se codificaron por un lado los ilustradores como índices de animación y los auto -manipuladores como índices de estrés. El contenido verbal se transcribió y se analizo con el software Word Count de Linguistic Inquiry (LIWC), concretamente se estudiaron las características de palabras emocionales positivas y negativas, palabras asociadas específicamente con la ira y expresiones no fluidas.

Uno de los hallazgos más destacados es que las puntuaciones más altas en psicopatía se asociaron con un estilo de comunicación distintivo. Las puntuaciones en el factor 1 del PCL-R estaban asociadas con un aumento de la sonrisa de Duchenne. Este tipo de sonrisa incluye la activación del orbicularis occuli, la aparición de patas de gallo alrededor de los ojos y está asociada con la felicidad genuina; pero investigaciones recientes han descubierto que el 71% de las personas pueden producirla sin sentir esa felicidad. Los psicópatas suelen simular las emociones, por tanto, se cree que serán capaces de producir esta sonrisa sin sentir la felicidad.  También es cierto que los psicópatas son personas que no se dejan llevar por la angustia, por tanto, se puede pensar que la aparición de esta sonrisa en situaciones donde la mayor parte de las personas estarían angustiadas puede reflejar sus bajos niveles de estrés en esa situación. Otra posible explicación es que los presos utilizan este tipo de sonrisa para aumentar su estatus o poder, ya que en los hombres son percibidas como señales de dominancia.

También se encontró que los rasgos asociados al Factor 1 estaban conectados con un mayor uso de ilustradores. Esto está relacionado con que los psicópatas son oradores animados y usan los gestos de las manos para controlar y dominar la conversación, así como para distraer de los mensajes verbales que son frecuentemente engañosos.

En relación al lenguaje verbal la psicopatía está asociada a un uso más abundante de palabras de emoción negativa, en particular con un lenguaje hostil y de enfado. Este lenguaje está asociado tanto al factor 1 como al 2 y refleja la tendencia de comportamiento agresivo y antisocial a la que son propensos los psicópatas. Este tipo de lenguaje también puede responder al placer que sienten estos individuos frente a la angustia psicológica del resto. Se tenía la hipótesis de que habría un uso reducido de las pausas llenas, pero no se puedo comprobar.

Se ha comprobado que presentan conductas contradictorias como las puntuaciones altas en el PCL -R con una mayor presencia de sonrisa de Duchenne y también un uso de lenguaje negativo y hostil. Esto se puede deber al prodigioso uso del engaño por parte de los psicópatas o al reflejo del placer que siente frente a la manipulación de los demás.

Se puede utilizar varias señales para identificar la psicopatía como son el lenguaje negativo y enojado, los ilustradores y las sonrisas de Duchenne. Concretamente las puntuaciones altas en el factor 1 utilizan la combinación de un lenguaje enojado y la sonrisa de Duchenne.

 

Estilos de comunicación relacionados con la psicopatía y su influencia en las impresiones de los observadores (I). Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “An Examination of the Communication Styles Associated with Psychopathy and Their Influence on Observer Impressions” de Brinke, Porter, Korva, Fowler, Lilienfeld y Patrick. En este artículo hablan de cómo se comunican las personas con rasgos psicopáticos y cómo podemos usar su estilo de comunicación para detectarlos.

La psicopatía, tal y como viene en el PCL – R, está dividida en dos factores. El primero de ellos recoge las características interpersonales y afectivas del trastorno, donde destaca el estilo manipulador y capacidades emocionales disminuidas, incluido la menor angustia emocional por el sufrimiento ajeno y menor culpa por el daño producido. El factor 2 esta relacionado con la impulsividad, un escaso control del comportamiento, la agresividad y un estilo de vida socialmente desviado. La psicopatía está relacionada con habilidades de conversación elevadas y una gran habilidad para mentir y manipular a los demás. Por ejemplo, los delincuentes sexuales psicopáticos son dos veces y media más propensos a obtener a la libertad condicional que los no psicopáticos.

Es cierto que las personas con rasgos psicopáticos tienen una mayor habilidad de manipulación, pero también es verdad que ésta no siempre pasa desapercibida a los demás. En un estudio anterior Fowler et al. (2009) comprobó que los observadores son capaces de distinguir los rasgos psicopáticos observando solo unos fragmentos de entre 5 y 10 segundos. Esto plantea la posibilidad de que los seres humanos llevemos incluido un “radar de depredadores” relativamente preciso que nos haga alejarnos de este tipo de personalidades.

Si bien es cierto que siempre se ha hablado del encanto de la personalidad psicopática hay poco estudio científico sobre el tema. Un estudio del año 1978, encontró que los jóvenes delincuentes con una personalidad psicopática hablaban más y realizaban más gestos con las manos. También, se inclinaban hacía delante, sonreían menos y hacían mayor contacto visual durante una conversación que las personas no psicopáticas. Otro estudio del año 1988 comprobó que los infractores psicopáticos realizaban más gesto con las manos mientras hablaban, pero tenían menos relación con lo que estaban diciendo que los agresores no psicopáticos. A parte de la antigüedad que presentan estos estudios, tienen otro problema, que en aquella época todavía no se había desarrollado el PCL-R y, por tanto, no se pudo realizar la medición.

A pesar de las limitaciones de los estudios mencionados anteriormente se puede decir que los psicópatas tienden a usar sus manos como una herramienta poderosa de comunicación y que de esa manera distraen la atención de los mensajes verbales que pueden ser engañosos. Además, otras investigaciones han confirmado que las personas que realizan más gestos con las manos son percibidas como más poderosas y con mayor influencia social. Por tanto, puede decirse que los psicópatas usan los gestos tanto para distraer de la posible mendacidad de su mensaje verbal como una manera de dominar la conversación. Otros estudios han descubierto que los delincuentes psicópatas tienen mayor tasa de automanipulaciones, mayor velocidad en el habla, un aumento de las dudas al hablar, mayor uso de ilustradores y un índice mayor de parpadeo. Se puede decir que las personas con niveles altos de rasgos psicopatológicos sufren un mayor estrés al mentir que las personas normales.

En cuanto a las expresiones faciales se cree que este tipo de personalidad es capaz de adoptar las expresiones faciales convincentes que faciliten la persuasión y la manipulación de los demás. Son capaces de imitar con precisión las expresiones de miedo y arrepentimiento. Las personas con niveles altos en el factor 1 del PCL-R tienen más éxito en producir una expresión emocional falsa frente imágenes con valencia emocional diferente. Las personas con mayores rasgos de psicopatía tienen menos posibilidades de involucrarse en fugas emocionales con respecto a la emoción que están intentando ocultar. Se puede concluir que a pesar de que tienen una escasa experiencia emocional genuina tienen una mayor capacidad para adoptar expresiones emocionales convincentes pero falsas.

En cuanto al contenido verbal de las interacciones, las investigaciones previas sugieren que la elección de determinadas palabras puede ayudar a revelar rasgos de personalidad patológicos, dentro de los cuales se incluiría la psicopatía. El análisis de las narrativas de los homicidios de los delincuentes psicopáticos frente a los no psicopáticos utilizaba descriptores más racionales de causa y efecto (“porque desde entonces”), se centraban más en las necesidades materiales (comida, bebida, dinero) y usaban menos referencias a las necesidades sociales (familia, amigos, religión). También tenían una mayor frecuencia de pausas llenas lo que puede implicar que les es dificultoso cognitivamente describir un evento emocional.

Además, usaron más verbos en pasado y en presente en sus narraciones, lo que correspondería con una menor intensidad emocional.  Esto guarda relación con la teoría de la interpretación emocional que dice que las personas para marcar una mayor distancia emocional narran sus eventos de manera más abstracta y en tiempo pasado. Esto aplicada a los delincuentes psicópatas nos dice que recuerdan de una manera más distante porque les afecta menos a su vida actual los crímenes que hayan podido cometer.

La semana que viene continuaremos con los resultados del presente estudio.

 

Creencias de policías y civiles sobre las señales faciales del engaño (II). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana continuamos con el artículo “Policemen’s and Civilian’s Beliefs About Facial Cues of Deception” de Delmas, Elissalde, Rochat, Demarchi, Tijus y Urdapilleta. En este artículo hablan de las creencias que tienen los policías y los civiles sobre las expresiones faciales que se presentan durante una mentira.

En estudios anteriores tanto civiles como policías coinciden en que la aversión en la mirada es el componente más decisivo para detectar una mentira. Los civiles, además, daban mucha importancia a las expresiones faciales, cosa que parece que no tenía tanta prevalencia entre los policías. A pesar de no darle la misma importancia que los civiles, sus ideas respecto a ellas eran similares, consideraban que durante el engaño estaban presentes fruncir el ceño (AU4), arrugar la nariz (AU9), morderse los labios (AD32), parpadear (AU45), tragar (80) y mirar hacía otro lado.

Los policías tenían muchas creencias irrelevantes sobre el engaño. Se probó que tenían un 24% y un 22% de precisión en sus creencias para señales paraverbales y no verbales. Un experimento con la policía de Texas demostró que sus aciertos no diferían del azar. Algunas creencias que presentan los policías son que durante el engaño está menos presente la elevación del mentón (AU17) que cuando se dice la verdad. Por el contrario, durante el engaño está más presente el movimiento de cabeza y el parpadeo, al igual que la presión en los labios (AU24). Se sonríe menos al engañar que al decir la verdad. Lo que consideraban más presente durante el engaño era tragar (80). Parece ser que la experiencia por sí sola no contribuye a que se mejore la comprensión sobre el comportamiento engañoso.

Los objetivos del presente estudio eran: primero identificar las creencias con respecto a las expresiones asociadas con el engaño y comparar las creencias de los oficiales de policía y los civiles con respecto a las señales faciales de engaño.

Se utilizó una muestra de 106 participantes (63 mujeres y 42 hombres) de los cuales 55 eran civiles con una media de edad de 29 años, y 51 policías con una media de edad de 38 años. En relación a la policía se contactó con 62 oficiales de policía de los cuales 51 aceptaron participar. Todos eran miembros de los servicios judiciales de la OCRVP (Oficina Central para la Represión de la Violencia contra las Personas), el SRPT (Servicio Regional de Policía en el Transporte) y la CSI (Compañía para la Seguridad y la Intervención) de París. Todos eran miembros de la policía judicial con experiencia en interrogatorios, siendo la media de experiencia de 14 años. El 22% admitió haber recibido formación en interrogatorio y recopilación de testimonios.  Los civiles fueron reclutados en la “Cité des Sciencies et de l’Industrie” en París, ninguno informó de haber recibido formación en detección de la mentira o trabajar en investigación judicial.

Se tomaron 54 fotografías de una misma persona representando las señales faciales descritas en el FACS, en total 26 AU, siete AD, 10 posiciones de los ojos y la cabeza, tres movimientos más comunes de las cejas, y una cara neutral. Las caras se mostraron sobre un fondo negro y la distancia de la toma era de dos metros.

La prueba se realizaba en una sala con un ordenador portátil en el que aparecía el siguiente texto: “Imagina que estás hablando con alguien. Esta persona comienza a mentirte. Aparecen algunas expresiones faciales. Para cada foto tienes que decir si, en tu opinión, la expresión, es más, ni más ni menos, o menos presente durante una mentira”. Después iban apareciendo cada una de las imágenes y tenían que ir evaluándola, al final del test tenían que responder a unas preguntas relacionadas con su edad, sexo, profesión…

Se consideran que están más presentes durante el engaño: la elevación de la comisura de los labios (AU12), afinar labios (AU23), apretar labios (AU24), succión de labios (AU28), mandíbula lateral (AD L30), mordisco (AD32), repasar labios (AD37), girar la cabeza hacía la izquierda (51), cabeza hacía arriba (53), cabeza hacía abajo (54), ojos miran hacía la izquierda (61), ojos miran hacía la derecha (62), ojos hacía arriba (63), ojos hacía abajo (64), Hoyuelo (AU L14). Se consideraron 21 señales ni más ni menos presentes durante el engaño: levantar ceja interior (AU 1), párpados tensos (AU7), levantamiento de labio superior (AU10), depresor de la esquina labio (AU15), depresor labio inferior (AU16), elevador barbilla (AU17), contracción labios (AU18), estiramiento horizontal labios (AU20), apretar cuello (AU21), labios en embudo (AU22), separar labios (AU25), caída de mandíbula (AU26), abrir la boca (AU27), soplar (AD33), hinchar (AD34), chupar (AD35), dilatador fosas nasales (AD38), cabeza hacía atrás (58) y pose neutral. Como menos engañosas se consideraron: Arrugar nariz (AU9), ira (AU4+AU5+AU23), asco (AU9+AU10) y miedo (AU2+AU4+AU5+AU20+AU21).

Hay tres expresiones que muestran diferencias estadísticamente significativas entre policías y civiles: soplar (AD33), cabeza hacía abajo (54) y ojos arriba (63). La AD33 y 54 se consideraron ni más ni menos presentes por los policías y no fueron objeto de creencia por los civiles. La 63 los policías la consideraron como más presente que los civiles. Estas diferencias podrían deberse al azar.

La exactitud de los policías sobre las expresiones faciales asociadas al engaño está un 0’6 por encima del azar. Los agentes tienen numerosas creencias correctas, no asociaron con la mentira: arrugar la nariz (AU9), contracción labios (AU18), separar labios (AU25), caída de mandíbula (AU26), cabeza hacía delante (57), cabeza hacía detrás (58). Consideraron que estaba más presente al mentir y es correcto, apretar los labios (AU24). Por el contrario, tienen la creencia errónea de que está presente pero no es así: levantar mejilla (AU6), elevar comisura de los labios (AU12), cabeza hacía arriba (53), cabeza hacía abajo (54), ojos mirar a la izquierda (61), ojos miran a la derecha (62), ojos arriba (63), ojos abajo (64). También consideraron como menos presente pero sí que está elevar la barbilla (AU17). Además, no tienen creencias respecto a las siguientes expresiones y en realidad no están relacionadas con el engaño: levantar ceja interior (AU1), levantar labio superior (AU10), levantar ceja exterior (AU2), estiramiento horizontal de labios (AU20), afinar labios (AU23), mordisco (AD32), bajar cejas (AU4), cierre de ojos (AU43), levantar mejilla + elevar comisura labios (AU6+AU12), cabeza girada hacía la izquierda (51), cabeza girada hacía la derecha (52).

Como se ha dicho más arriba solo un 6% de las expresiones mostraban una diferencia estadísticamente significativa entre los policías y los civiles y podrían haber sido producto de la casualidad. Es posible que las creencias sobre el comportamiento durante el engaño tengan una mayor relación con los estereotipos interculturales que con la experiencia profesional. La tasa de precisión de los profesionales es solo de un 39% por tanto no es lo suficientemente alta. Por ello habría que seguir aumentando en el conocimiento científico sobre las expresiones relacionadas con el engaño a la vez que se debería corregir las creencias erróneas que presentan los profesionales de la investigación judicial sobre que expresiones están presentes cuando se miente.

 

Creencias de policías y civiles sobre las señales faciales del engaño (I). Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Policemen’s and Civilian’s Beliefs About Facial Cues of Deception” de Delmas, Elissalde, Rochat, Demarchi, Tijus y Urdapilleta. En este artículo hablan de las creencias que tienen los policías y los civiles sobre las expresiones faciales que se presentan durante una mentira.

Las personas evaluamos la cara de nuestro interlocutor para descubrir movimientos que puedan ayudarnos a entender si lo que nos está diciendo es verdad o mentira. Un ejemplo de las creencias sería cuanto más aversión en la mirada y parpadeo presente, mayor será la percepción de mentira. Estas creencias que todas las personas presentan provienen tanto del sentido común como de las pseudociencias que transmiten los medios de comunicación y que en la mayoría de los casos carecen del respaldo de la investigación empírica. Las creencias presentadas por las personas, por tanto, no siempre están en línea con lo que la ciencia demuestra. Por ejemplo, las personas consideran que con el lenguaje no verbal es fácil distinguir cuando alguien miente a cuando alguien dice la verdad y la ciencia, por el contrario, considera que esa afirmación no es del todo correcta. El problema viene cuando estás creencias erróneas afectan no solo a las personas normales sino también a los profesionales del ámbito de la justicia, que aplican esas creencias durante sus investigaciones.

Uno de los métodos para estudiar las creencias es el CQM, que a través de un cuestionario escrito analiza las creencias de las personas sobre si determinadas señales son características de los mentirosos. En las últimas décadas ha sido una herramienta muy usada en estudios para comprobar esas creencias.

Se analizaron 22 estudios donde se analizaron 11 expresiones faciales, se descubrió que las creencias estaban organizadas en una heurística general sobre el rostro del mentiroso. A continuación, se muestran los resultados de los estudios analizados.

Las señales faciales que las personas asocian con el engaño son: fruncir el ceño, arrugar la nariz, presionar los labios, morder el labio, parpadear, tragar, mover la cabeza y mirar con aversión. Las personas esperan que los mentirosos muestren el nerviosismo en el rostro, lo cual es coincidente con los estereotipos sobre la mentira. Esto no es así, los mentirosos no tienen por qué mostrar nerviosismo en el rostro mientras que las personas que están diciendo la verdad puede ser que sí que muestren nerviosos por temas ajenos al que están hablando. Esto puede llevar a predecir erróneamente la mentira.

Otra creencia es que habrá mayor presencia de expresiones faciales, pero la ciencia no ha podido establecer una relación directa entre el aumento de expresiones faciales y la mentira, ya que está puede deberse a otras causas, como el nerviosismo y no estar relacionado con estar diciendo una mentira.

Las creencias que tienen las personas se pueden ver influidas por las características del propio mentiroso o por las de la mentira. Se han estudiado cuatro categorías, la población, el tipo de mentira, el comportamiento evaluado y las características de la persona evaluada. El tema más estudiado es la población, las características propias de las personas que juzgan a las demás. Aquí se ha estudiado si hay diferencias entre ser un profesional o no del sistema judicial, ser hombre o mujer, ser padre o no tener hijo, o ser jefe o subordinado y su relación con las creencias sobre las expresiones faciales de los mentirosos. Los resultados arrojados parecen confirmar que no hay grandes diferencias en las creencias teniendo en cuenta las variables antes mencionadas. Por tanto, se acepta que tanto los profesionales como los civiles tienen las mismas creencias sobre que expresiones faciales denotan engaño y cuáles no.

El contexto en el que aparece la mentira y su naturaleza tienen una gran influencia sobre las creencias que posee la gente. Las personas relacionan diferentes intereses con las mentiras según el contexto. Por ejemplo, el mentir sobre un crimen se considera de alto riesgo, sin embargo, mentir sobre una transgresión menor se considera de bajo riesgo. Por tanto, al asociar la mentira con el estrés, se considera que las mentiras de alto riesgo tienen una mayor relación con el estrés y, en consecuencia, con una mayor presencia de expresiones faciales.

Otra creencia es que las personas juzgan más severamente a los demás que a ellos mismos. Consideran que los demás se ponen más nerviosos que ellos mismos al mentir. Por ello, informan de un mayor número de expresiones de nerviosismo y vergüenza en los otros que en ellos cuando mienten.

En cuanto a la relación con las creencias de la mentira y las propias creencias, parece que el usar o no un velo o algo que cubra parte del rostro no tiene una influencia directa. Tampoco se encontraron diferencias en relación con la edad de la persona que mentía. Por tanto, se puede concluir, que en principio las características de la persona no tienen una influencia directa sobre las creencias de los demás en relación a sí están mintiendo o diciendo la verdad.

Estos estudios presentaban tres limitaciones importantes. La primera de ellas era que describir las expresiones faciales solamente a través de palabras hacía que se complicara su comprensión y visualización por parte de los sujetos. La segunda limitación guarda relación con la anterior, es que algunos términos pueden ser ambiguos y generar confusión, por ejemplo, el término sonrisa no especifica que tipo de sonrisa sería, pudiendo ser Duchenne o no, y cada una de estas sonrisas involucran músculos diferentes y estados emocionales distintos. La última limitación habla sobre el número de expresiones faciales analizadas, ya que en los estudios revisados sólo se analizaron 11 expresiones faciales y centrándose especialmente en cuatro de ellas, lo cual deja fuera un gran número de expresiones posibles.

En la siguiente entrada veremos el experimento que se realizó para comprobar las diferentes creencias entre oficiales de policía y civiles.

Los efectos de la ropa y la postura en la percepción sobre las personas. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el resumen del estudio “You are What You Wear: Unless You Moved – Effects of Attire and Posture on Person Perception” de Küster, Krumhuber y Hess; en él nos hablan de cómo afectan la interacción entre los estereotipos ocupacionales reflejados en la vestimenta y la postura en la percepción que nos formamos de las personas.

Las personas utilizamos claves para formar nuestra opinión sobre otras personas que acabamos de conocer. Entre otras utilizamos las señales faciales y más concretamente las expresiones faciales. Pero también, se utilizan como los gestos y señales corporales, incluyendo también la postura que adoptamos. Otros factores serían la vestimenta, el peinado, el aseo personal o los adornos.

La ropa que usamos puede aportar información sobre nuestros gustos o también puede ir asociada a una profesión, ya que los uniformes son los medios más fáciles para asociar a una persona con una determinada profesión, lo que provoca estereotipos ocupacionales. Éstos están generalmente asociados al éxito, los roles de género y la autoestima. Algunos estudios se enfocaron en la relación entre una profesión estereotipada de género y una profesión atípica, aunque al tratarse de estudios antiguos estaban muy centrados en los roles de género imperantes en la época y la metodología que usaron era a través de viñetas.

La presente investigación consta de tres estudios donde se estudiaron la relación entre la vestimenta presentada, en este caso uniformes, con las percepciones de empatía y dominancia. Además, se estudió como la variación de la postura, entre abierta o cerrada, podía modificar las percepciones sobre los puntos anteriores. Para los tres estudios se utilizaron avatares, ya que es más fácil de controlar que ninguna otra variable interfiera en la investigación y en estudios anteriores se descubrió que las personas reaccionan igual ante los avatares que ante otros seres humanos.

El estudio 1 tenía como objetivo evaluar el nivel de empatía que otorgaban a un avatar en función de la vestimenta que presentaba. En este caso era un uniforme de enfermera, uno militar y una vestimenta causal para la condición de control. Se utilizaron 164 personas de muestra (116 mujeres y 48 hombres) con una media de edad de 25 años. Se crearon cinco identidades femeninas caucásicas, con diferencias en el tono de la piel y el color de los ojos y el pelo. Se utilizaron texturas fotorrealistas con luz indirecta. Las imágenes presentaban un tamaño de 400×497 pixeles y eran de la cara, cuello y pecho. Todas las identidades eran presentadas bajo las tres vestimentas distintas.

A cada participante se le asigno una de las 15 combinaciones posibles. Se les dio el siguiente texto: “Esta es Erin. Ella intenta hacerlo bien en su trabajo y lo toma en serio. En su tiempo libre hace deporte. Los fines de semana a Erin le gusta salir con sus amigos”. Los nombres y la descripción fueron idénticos para todos los participantes sin importar la foto que les fuera asignada. Los participantes tenían que evaluar seis ítems diferentes relacionados con la empatía, a través de la pregunta “¿Cuánto es capaz esta persona de X?” Siendo X reemplazada en cada caso por: “tomando la perspectiva de otra persona”, “entendiendo los sentimientos de los demás”, “mostrando compasión”, “brindando consuelo”, “compartiendo sus sentimientos” y “sintiéndose conmovido por los sentimientos de otra persona”.  Las respuestas eran dadas en una escala del 1 al 9, siendo el 1 para nada y el 9 mucho.

Los resultaron mostraron que había un efecto significativo para el atuendo, se veía más empática a la enfermera que a la militar o que a la vestimenta casual. La diferencia entre el uniforme militar y la vestimenta casual no llegó a ser significativa.

El estudio 2 añadía la postura y la calidez y dominio a lo investigado en el anterior. Para ello, se contó con 312 participantes (213 mujeres y 99 hombres) con una edad media de 22 años. En este caso se crearon cuatro identidades caucásicas, en las mismas condiciones que en el estudio anterior. Aquí se presentaban con uniforme militar o de enfermera y con una postura abierta o cerrada, obteniendo así 16 avatares diferentes. Los participantes veían un avatar y completaban la escala de empatía utilizada en el estudio 1. Además, se añadió una escala de cuatro ítems sobre calidad y de otros cuatro sobre dominancia, basados en las Escalas de Adjetivos Interpersonales Revisadas. Las preguntas eran: “Comparado con una persona promedio, ¿Cómo X es esta persona?”. La X era sustituida, en relación a la calidez, por: “de buen corazón”, “tierno”, “de corazón frío” y “antipático”.  Para el dominio, era: “asertivo”, “dominante”, “tímido”, y “flojo”. Las respuestas iban del 0 al 8, siendo el 0 no son capaces y el 8 muy capaces. Se presentaban en primer lugar las escalas para calidez y dominio intercalando las preguntas y por último se pasaba la escala de empatía.

Los resultados mostraron que cuando tenía una postura abierta y el uniforme de enfermera se calificaba como más cálido que cuando la postura era cerrada. La postura abierta y el uniforme militar le otorgaban menor dominio que con la postura cerrada. Se comprobó que la enfermera seguía siendo calificada como más cálida y empática, pero que si se añadía la postura cerrada estos efectos desparecían, por tanto, se puede decir que los estereotipos ocupacionales pueden ser anulados por un comportamiento negativo no verbal.

En el estudio 3 se añadió la variable del sexo al experimento.  Se utilizaron 163 participantes (96 mujeres, 63 hombres y 4 de otro sexo) con una edad media de 28 años.  En este caso se generaron cuatro identidades, dos masculinas y dos femeninas. Cada personaje fue presentado con las tres vestimentas diferentes (enfermera, militar y casual) y las dos posturas (abierta y cerrada).  Para que la apariencia facial no afectara a las percepciones de dominio y calidez se les difuminó el rostro con un filtro. Se utilizó el mismo procedimiento que en los estudios anteriores.

Los resultados para las identidades masculinas fueron más significativos para el dominio con su relación con el uniforme y la postura. Las posturas abiertas tuvieron más alta la empatía y más bajo el dominio. Los avatares con uniforme de enfermero fueron puntuados más altos en empatía que los otros dos. Por el contrario, el dominio fue percibido como mayor con el uniforme militar. El uniforme de enfermero fue asociado a mayor competencia que el de militar, y éste a su vez fue mayor que la vestimenta casual.

Una postura cerrada condujo a un mayor dominio percibido, lo que a su vez llevó a una mayor competencia percibida. Los hombres con uniforme de enfermero se percibían como más empáticos y esto se asociaba a una mayor competencia percibida.

Los resultados para las identidades femeninas los avatares con una postura abierta fueron calificados como menos competentes y dominantes, pero más empáticos. La vestimenta casual se asociaba con menos competencia que los dos uniformes. Con la postura abierta el uniforme militar se asoció con índices de dominancia más altos que el de enfermera o la ropa casual. Con la postura cerrada ambos uniformes fueron asociados a mayor dominancia que la vestimenta casual. Para las mujeres las percepciones de dominancia y empatía se veían afectadas por la postura.

En resumen, para las mujeres los participantes eran más influenciados por su lenguaje no verbal que los estereotipos ocupacionales. Sin embargo, para los hombres fue al revés, los participantes confiaron más en los estereotipos de ocupacionales.

Influencia de la mirada y la postura de la cabeza en los juicios de dominancia, fuerza física e ira. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Eye Gaze and Head Posture Jointly Influence Judgements of Dominance, Physical Strength and Anger” de Toscano, Schubert y Giessner. En este artículo hablan de como la mirada y la postura que adopta la cabeza puede influenciar en los juicios emitidos por los demás sobre la dominancia, la fuerza física o la ira.

En todas las culturas y a través de todos los tiempos las sociedades se han organizado en jerarquías, un estatus alto en ellas ha aportado beneficios para las personas. Cuando se muestran comportamientos propios de estatus alto las personas son categorizadas como dominantes. Uno de estos indicadores es la fuerza física, también el rostro puede ser un indicador de estatus social, tanto la morfología como las expresiones faciales pueden significar dominancia. A parte, la expresión facial de la ira da una configuración de más fuerte y más dominante al rostro.

La percepción de dominación facial puede definirse como la capacidad de influir en otros a través de la implementación de acciones que tienen un impacto en ellos, en particular aquellas que proporcionan recompensas positivas. Algunas investigaciones relacionan la dominancia facial con la fuerza corporal, ya que ésta permite poder llevar a cabo acciones a través de nuestros propios medios corporales. Rostros con cejas bajas, ojos pequeños, barbilla grande, boca estrecha y nariz ancha indican fuerza y dominancia.

Normalmente estos estudios se han llevado a cabo con la cabeza y la mirada neutras, pero en la vida real tanto la postura de la cabeza como la dirección de la mirada varían, por ello habría que estudiar como estas variaciones pueden modificar la percepción de la dominancia y la fuerza.

Los humanos nos interesamos más por nuestros congéneres cuando nos miran directamente. Desde pequeños somos capaces de diferenciar la mirada directa de la desviada. La mirada puede indicar interés, pero también dominio y sumisión. Cuando es directa puede ser interpretada como una amenaza en determinados contextos. Hay investigaciones que demuestran que desviamos la mirada cuando los demás tienen comportamientos dominantes. Las emociones más relacionadas con la dominación son intensificadas con la mirada fija. Las demostraciones de dominación son expresadas a través de miradas fijas mientras que la sumisión se produce por la mirada evitada.

La postura de la cabeza también puede influir en la dominancia percibida. Algunos estudios sugieren que la cabeza levantada aumenta el juicio de dominio. Además, las personas con caras levantadas hacía arriba son percibidas como más pesadas que aquellas con caras hacía abajo. También, una postura más arriba aumenta la masculinidad percibida en hombres.

También hay investigaciones que indican que no solo se consideran más dominantes las caras inclinadas hacía arriba, sino que puede darse el caso de que se perciban como más dominantes aquellas caras inclinadas hacía abajo.

En el presente estudio se explora como cambian los juicios de fuerza física y dominancia dependiendo de la postura de la cabeza y de la mirada, si cambian a la vez y si la mirada y la postura interactuaban en sus efectos.  Las investigaciones anteriores, como ya hemos visto, están de acuerdo en que una cabeza inclinada hacía arriba indica dominio, pero una cabeza hacía abajo puede indicar sumisión, pero también desafío y disposición a combatir. La hipótesis planteada es que la mirada puede influir en este resultado. También se tuvo en cuenta el género ya que los rostros masculinos expresan una mayor dominancia.

En el estudio 1 se investigó tanto la dominancia como la fuerza. Para ello se manipularon tanto la posición de la cabeza (neutra, hacía arriba o hacía abajo) como la mirada (directa o desviada). Hubo 295 participantes agrupados en tres grupos. El grupo 1 eran 93 estudiantes universitarios portugueses (68 mujeres y 25 hombres con una edad media de 23 años). El grupo 2 eran 137 participantes estadounidenses (74 mujeres y 63 hombres, con una edad media de 36 años). El grupo 3 eran 65 participantes estadounidenses (30 mujeres y 35 hombres, con una edad media de 35 años), esta muestra era más pequeña porque solo se investigaba la fuerza. Los participantes juzgaban 60 caras (30 de hombre y 30 de mujer) creadas a partir del software FaceGen. Para cada retrato se utilizaba una posición de cabeza neutra, otra inclinada para arriba y la última inclina para abajo; y dos tipos de miradas, directa y desviada. Todas las caras eran blancas con el fin de evitar estereotipos, aunque el tono de la piel era diferente.

Se concluyó que la dominancia y la fuerza física se juzgaban más altas cuando se inclinaban las cabezas, en comparación con una postura neutral de la misma. Cuando estás inclinado y miras más directamente al interlocutor aumenta la impresión que tiene sobre tu fuerza física y tu dominancia.  En lo referente a la mirada, su relación con la posición de la cabeza era más fuerte con la mirada directa que con la desviada, ya que cuando la mirada se desvía es indiferente la posición de la cabeza. La cabeza inclinada de un hombre se interpretaba más fácilmente como dominante que la de una mujer. Tanto la postura de la cabeza como la mirada tenían una mayor influencia en la percepción de la dominancia que en la de la fuerza física.

El estudio 2 investigó la relación de la ira con las percepciones de dominancia y de fuerza física. Para este estudio se tuvo una muestra de 61 participantes (33 mujeres y 28 hombres, con una edad media de 34 años) a los cuales se les preguntó sobre lo enfadado que parecía una persona, siendo 1 nada enfadado y 7 muy enfadado. Se utilizaron los mismos materiales que en el estudio anterior.

Las señales de ira parece que se perciben de manera similar a la dominancia y la fuerza física. Los juicios de ira eran más altos cuando las cabezas estaban inclinadas o levantadas en lugar de estar en una posición neutra, pero solo cuando la mirada era directa. Las cabezas inclinadas con la mirada directa se juzgaron como más enojadas que las cabezas levantadas con la mirada directa a los ojos. Esto se producía en mayor medida en los hombres.

Se puede concluir que se percibió que las posturas elevadas de la cabeza tenían más estatus social ya que se juzgaron como más fuertes y dominantes que aquellas que estaban en posición neutra. También se descubrió que las cabezas inclinadas eran percibidas como más dominantes, con más fuerza y más enfadadas cuando la mirada era directa y especialmente ocurría en los hombres. Inclinar la cabeza y tener la mirada desviada era muestra de sumisión y debilidad física. También es importante destacar que la relación de la postura de la cabeza y la mirada fue menor con la fuerza física que con la dominancia. Esto puede explicarse porque en los humanos el estatus social va más allá de la fuerza física y entran en juego otros componentes como la inteligencia emocional, la voluntad de liderar y las aptitudes cognitivas.

Reconocimiento de las claves vocales de la emoción y la intención social en adultos y adolescentes. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Mid- Adolescent’s and Adults’ Recognition of Vocal Cues of Emotion and Social Intent: Differences by Expression and Speaker Age” de Morningstar, Ly, Feldman y Dirks. En este artículo hablan de la influencia de la edad tanto del hablante como del oyente en el reconocimiento de la emoción y las expresiones sociales a través de las claves vocales.

La voz es una fuente de múltiple información, más allá de lo que nos diga el propio mensaje. La voz, en sí misma, puede transmitir información tanto del estado emocional del hablante como de sus intenciones sociales. La capacidad para entender estas señales emocionales en la voz va mejorando con la edad, hasta que se lleva a la adolescencia donde los niveles son similares a los de los adultos. No se sabe si las diferentes percepciones también varían en función de otras características como la edad del hablante. Estudios recientes indican que la prosodia emocional de los jóvenes puede no ser equivalente a la de los adultos.

Este estudio investiga el reconocimiento de oyentes tanto adultos como adolescentes de las expresiones socioemocionales vocales presentadas por hablantes adultos y adolescentes. Se estudia si la etapa de desarrollo del interlocutor interactúa con las propiedades del estímulo, como la edad del hablante y el tipo de expresión que transmite para predecir la capacidad de reconocimiento de la emoción vocal del oyente. Existe evidencias que ratifican que la capacidad para reconocer las expresiones vocales de la emoción mejora durante la infancia hasta que a mediados de la adolescencia se alcanza los niveles que se presentan en la adultez. Pero trabajos recientes, han demostrado que la red social del cerebro sigue madurando durante la adolescencia lo que sugiere que se pueden presentar nuevos ajustes emocionales. Por ello, el reconocimiento de la emoción vocal puede que se mejore desde la adolescencia y que las propiedades del estímulo sean las que faciliten o dificulten ese reconocimiento.

La edad del hablante, como se ha dicho, puede estar vinculada a la precisión del reconocimiento emocional vocal de los oyentes. La evidencia sugiere que las características acústicas que subyacen a las experiencias emocionales difieran según la edad, siendo más difícil de decodificar la prosodia emocional de los jóvenes que de los adultos. Se comprobó que los actores juveniles presentaban expresiones socioemocionales menos distintas que los actores adultos. Los adultos se expresan en tono más bajo cuando están tristes que cuando están enfadados, en cambio, los jóvenes presentaban el mismo tono para ambos estados. Esto supone que las representaciones vocales de los jóvenes tienen menos variación entre sí que las de los adultos. Debido a la importancia que tiene el tono en el reconocimiento emocional es posible que las expresiones de los jóvenes sean menos reconocidas que las de los adultos. También, debido a que todavía no presentan una madurez plena todas las áreas cerebrales involucradas en el reconocimiento emocional de la voz, puede ser que los adolescentes tengan mayores dificultades que los adultos en reconocer los estados emocionales por la voz de otros adolescentes, al presentarse como un estímulo más complejo debido a su poca variación.

Investigaciones anteriores concluyeron que la ira y la tristeza se reconocen mejor que la felicidad o el asco, también que la voz puede transmitir información social importante en la prosodia actitudinal. En este estudio se examinó el reconocimiento de las emociones básicas por parte de los oyentes, así como las expresiones sociales que denotan hostilidad social (mezquindad) y afiliación (amabilidad).

Las hipótesis que se plantearon para el estudio fueron que la interpretación de los oyentes dependerá de la edad de los hablantes. La voz de los adultos será más fácil de interpretar y que todos los oyentes encontraran más difíciles de interpretar la voz de los adolescentes, ocurrirá especialmente esto con los oyentes adolescentes. También se plantea que los adolescentes mostrarán niveles similares a los adultos en el reconocimiento de ciertas emociones como, la ira, la felicidad o la tristeza; pero, los adultos serán superiores en otras más complejas como el asco o en expresiones sociales como la mezquindad o la amabilidad.

La muestra utilizada de oyentes fue 50 adolescentes (58% mujeres, 42% hombres) con edades entre los 13 y los 15 años y 86 adultos (59% mujeres y 41% hombres) con edades entre los 18 y los 30 años. En cuanto a los hablantes fueron todos actores profesionales 7 niños con una edad media de 12 años y 17 niñas con una edad media de 12 años, 15 mujeres con una edad media de 25 años y 15 hombres con una edad media de 33 años.

Los hablantes grababan cinco frases de contenido neutro en siete tonos emocionales diferentes: ira, felicidad, tristeza, miedo, asco, amabilidad y mezquindad. Los oyentes escuchaban las grabaciones todas las veces que querían y puntuaban lo reconocibles que eran las emociones y la autenticidad que presentaban en una escala del uno al cuatro.

Se concluyó que los oyentes adultos fueron más precisos que los adolescentes. También que las grabaciones de adultos se reconocían mejor que la de los jóvenes. Sin embargo, la interacción bidireccional entre el oyente y la edad del hablante no fue significativa. La tristeza y la ira se reconocieron mejor, seguidas por el miedo y la amabilidad. La felicidad y la amabilidad no fueron diferenciadas y lo mismo le ocurre a la ira con la mezquindad.

Hubo interacciones bidireccionales significativas entre la edad del oyente y el tipo de expresión y la edad del hablante y el tipo de expresión. Los adultos eran más precisos que los jóvenes al escuchar las grabaciones de miedo y de tristeza en adultos y de ira, miedo, amabilidad y tristeza en jóvenes. Adolescentes y adultos oyentes fueron equivalentes en los relatos adultos de ira, asco, amabilidad, felicidad y mezquindad y para los de jóvenes en asco, alegría y mezquindad. El miedo y la tristeza a menudo se confundían entre sí, especialmente en hablantes jóvenes. Al igual que la amabilidad y la alegría, esto era especialmente pronunciado en jóvenes.

Como se hipotetizó las expresiones vocales de los jóvenes eran más difíciles de identificar que la de los adultos en general, esto puede deberse al mayor desarrollo del tracto laríngeo. En cuanto la mejor codificación puede deberse a la mayor maduración de las habilidades sociales con la edad, pero también puede ser por la mayor experiencia profesional, debido a que todos ellos se dedicaban al mundo de la actuación. También se confirmó la hipótesis de que los adolescentes tendría mayores problemas de reconocimiento, especialmente con las voces de otros adolescentes, esto puede ser debido al incompleto desarrollo tanto de la capacidad de reconocimiento emocional como a la menor habilidad de comunicación de los codificadores. Los datos indican que el nivel de desarrollo del codificador es más importante para el reconocimiento emocional vocal que el del decoficador. Se esperaba una mayor precisión por parte de los adultos en expresiones complejas y poco reconocidas, los oyentes adultos superaron a los jóvenes en expresiones bien identificadas como la ira, la tristeza o el miedo. Esto puede significar que la mayor maduración y experiencia de los adultos con señales de emoción puede no ser suficiente para conferir una ventaja de procesamiento con expresiones que son difíciles de comunicar e identificar mediante el uso de señales acústicas.

La importancia de las señales visuales y vocales de los portavoces en tiempos de crisis. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Spokespersons’ Nonverbal Behavioral in Times of Crisis: The Relative Importance of Visual and Vocal Cues” de De Waele, Claeys, Cauberghe y Fannes. En este artículo hablan de la influencia tanto de las señales visuales como de las vocales de engaño de los portavoces de las organizaciones durante una crisis y su repercusión tanto en las actitudes de las personas hacía ella como de las intenciones de compra de sus productos.

Directores ejecutivos, políticos, celebridades y demás figuras públicas son examinadas al detalle en sus intervenciones porque se cree que el significado auténtico de sus mensajes está en las señales no verbales. Un ejemplo de ello sería el abundante análisis que realizó la prensa norteamericana durante la campaña electoral de 2016 de Donald Trump y Hillary Clinton. En situaciones en las que no se confía especialmente en el orador o se cree que puede estar mintiendo se analizará el comportamiento no verbal para dilucidar sobre la credibilidad del compareciente. La crisis en las organizaciones son momentos en los cuales el público no muestra una confianza plena en las mismas, por tanto, sería un tiempo muy relevante para descubrir cómo las señales no verbales pueden influir en la percepción del público.

Aun siendo un tema importante no abunda la investigación centrada en él. La mayor parte de los estudios hablan sobre aspectos verbales durante la comunicación en crisis, especialmente sobre el impacto del contenido de la comunicación. Otra área investigada ha sido los aspectos visuales como la etnicidad, las características faciales, las expresiones visuales de poder y las expresiones emocionales faciales. Sólo un estudio se centró en las señales vocales, concretamente en el tono de voz. Dado que la mayor parte de este tipo de comunicaciones se produce a través de conferencias audiovisuales, vídeos corporativos o entrevistas sería interesante analizar tanto las señales visuales como las vocales.

La psicología social dice que las personas confían más en las señales visuales que en las señales vocales cuando se están formando la opinión sobre otra persona, pero esto dependerá del contexto en el que se produzca. Dado que la credibilidad jugará un papel de suma importancia en la comunicación durante una crisis en las empresas es interesante examinar como este tipo de señales producidas por el portavoz de la misma afectan a las actitudes hacia la empresa como el comportamiento que se tiene hacia la misma.

Las señales no verbales de un hablante tienen una gran importancia para la percepción del oyente, ya que a través de ella puede juzgar la intención que tiene el interlocutor de ser sincero o por el contrario de engañarle. Este tipo de señales no verbales habitualmente han sido divididas en dos clases, señales visuales (gestos con las manos, miradas…) y señales paraverbales o vocales (tono de voz, trastornos en el habla…). Un área muy importante de investigación ha sido en el impacto de las señales visuales en la percepción del poder. Se ha observado que las señales visuales de poder (expresión facial relajada, posición abierta del cuerpo, contacto en la mirada, postura erguida y movimientos corporales expresivos) aumentan la competencia de un portavoz durante una crisis, sin embargo, después de una crisis, las señales visuales impotentes aumentan la sinceridad del portavoz. Por tanto, un aumento en la competencia como en la sinceridad mejoraran la reputación.

Otra línea de investigación ha sido la detección del engaño a través de las señales visuales. Hay dos ramas, unos investigadores se han centrado en las señales reales u objetivas de engaño y, por otro lado, otros investigadores han trabajado sobre que señales nos hacen creer que nos están engañando. En la primera línea, varios metaanálisis han demostrado que hay pocos comportamientos no verbales que indiquen claramente el engaño, llegando a cuestionarse si se podría detectar simplemente con señales no verbales. En relación con la segunda línea, hay señales que independientemente de la veracidad del mensaje nos llevan que lo percibamos como engañoso, como, por ejemplo, la aversión de la mirada, los movimientos del tronco, los cambios de posición, los adaptadores o los movimientos de manos y pies.

Los dos estudios que a continuación se presentan examinan la interacción entre las señales visuales y vocales de los portavoces de las organizaciones durante una crisis. El estudio 1 trata sobre el impacto de las señales visuales del engaño y los trastornos del habla en las actitudes hacia una organización en crisis. El estudio 2 habla sobre el impacto de las señales visuales de engaño y el tono de voz en las intenciones de compra hacia una organización durante una crisis.

Como ya se ha dicho la credibilidad es muy importante en la comunicación, especialmente en aquella que se produce durante una crisis. Por tanto, en el estudio 1 se plantea la hipótesis de que las señales visuales engañosos en la comunicación de crisis resultan en una actitud más negativa hacia la organización que las señales visuales no engañosos porque disminuyen la credibilidad del portavoz. La otra hipótesis planteada es que la alteración en el habla (uso de muletillas, palabras repetidas u oraciones incompletas) en la comunicación durante la crisis tiene como resultado más actitudes negativas hacia la organización que si no están presentes, pero sólo cuando hay señales visuales engañosas.

Se presentaba en papel un escenario de crisis de una empresa ficticia dedicada al comercio online que había tenido un problema con la confidencialidad de los datos de los clientes, ya que habían sido publicados los nombres, direcciones, emails, tarjetas de crédito y contraseñas de los usuarios de su tienda online. No se especificaba quien era el responsable. Después se mostraban tres instantáneas y un audio de la entrevista donde el CEO explicaba que había sido debido a un virus informático muy agresivo y que sus estrictos protocolos de seguridad no habían podido evitarlos. Se mostraba diferentes situaciones experimentales, en una había señales visuales engañosas, en otra no, en otra había alteraciones en el habla y en la otra no. Las señales visuales engañosas eran aversión en la mirada, cambios en la postura y uso de adaptadores (tocarse el brazo y reajustarse la corbata). Las alteraciones del habla eran errores en el habla (palabras u oraciones repetidas, cambios de oración, oraciones incompletas y deslizamientos de los labios) y variaciones en el habla.

Participaron 125 personas (52% mujeres y 48% hombres) con edades comprendidas entre los 18 y los 73 años, la media de edad estaba en 33 años. Se envía por email la situación y luego un link a un vídeo de YouTube donde se presentaban las fotos y el audio de la entrevista, para finalizar tenían que realizar una encuesta.

Se confirmó la importancia de las señales visuales de engaño, ya que las mismas provocaban un mayor número de actitudes negativas hacía la empresa y hacía menos creíble al CEO. Por tanto, es importante que los portavoces se aseguren de mirar a la cámara, al entrevistador o al público, que eviten los cambios de postura y los adaptadores para transmitir una mayor credibilidad. También, se confirmó que las señales vocales dependerán de las visuales. Exclusivamente cuando había señales visuales de engaño, las alteraciones del habla tuvieron también una influencia negativa.

El estudio 2 tiene como hipótesis que las señales visuales engañosas en la comunicación de una crisis dan como resultado intenciones de compra más bajas y que un tono de voz elevado en la comunicación de la crisis también da como resultado las intenciones más bajas de compra debido a la menor credibilidad del portavoz, pero solo cuando haya señales visuales engañosas.

El procedimiento a seguir fue igual que en el estudio 1, en lo relacionado al tono, en una de las condiciones experimentales se elevó (a 123 Hz) y en otra se disminuyó (a 87 Hz). La situación presentada fue la siguiente, el agua embotellada de una empresa dedicada a ello contenía altos niveles de nitratos lo que había llevado a la hospitalización de un niño por cianosis. El CEO explicaba que el problema estaba fuera del control de la empresa. En este caso hubo 126 participantes (54% mujeres y 46% de hombres) con edades entre los 19 y 85 años, con una media de 39 años.

El estudio 2 corrobora los resultados del estudio 1. También demostró que las señales visuales de engaño afectan a la intención de compra. En lo relativo al tono de voz, una voz aguda tiene un impacto negativo en la intención de compra solo sí existen señales visuales de engaño. Por tanto, queda confirmado el impacto de las señales visuales sobre el efecto que puedan tener las señales vocales.

La voz aguda no es una señal engañosa en sí misma porque no disminuye la credibilidad del CEO, pero sí que es negativa en la intención de compra cuando existen señales engañosas. Esto puede ser porque influye de otra manera reduciendo la credibilidad. Además, la voz aguda está relacionada con la falta de poder, nerviosismo, menor atractivo y menor competencia.

Como limitaciones se tiene el uso de fotos en lugar de vídeo que hubiera sido más realista, la mayor prevalencia de las señales visuales sobre las vocales, la no interacción con los elementos verbales del mensaje y que la realización al ser online el audio y el vídeo no se presentaron en un entorno controlado.

Revisando los efectos del género en la detección del engaño. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Revisting Perceiver and Target Gender Effects in Deception Detection” de Lloyd, Summers, Hugenberg y McConnell. En este artículo hablan de como el género del preceptor y del objetivo puede influir en la detección del engaño.

La problemática de la detección del engaño ha sido de gran interés para la justicia durante siglos y también ha sido un tema muy investigado. A pesar de todo ello, la detección del engaño es complejo. Se ha comprobado que las personas detectan correctamente en un 54% de los casos, lo que supone un porcentaje muy bajo por encima de lo que sería el azar (50%). El no poder detectar el engaño con corrección tiene graves consecuencias económicas, sociales, emocionales, teniendo implicaciones significativas para el comercio, la justicia penal y las relaciones románticas.

Las investigaciones sobre el tema han intentado mejorar la precisión con la que se detectan los engaños. Una de las características más investigadas ha sido el receptor y el género del objetivo, tema central del presente estudio.

Las investigaciones llevadas a cabo hasta el momento han llegado a tres conclusiones respecto el género y la detección del engaño. La primera es que las mujeres son mejores que los hombres en la detección del engaño. La segunda es que dependiendo de las investigaciones las mujeres o los hombres son mejores mentirosos. La tercera es la combinación del género tanto del objetivo como del perceptor.

Diferentes investigaciones concluyeron que las mujeres son mejores detectando mentiras que los hombres, mostrando un mayor rendimiento en diferentes paradigmas como puede ser detectándolas con desconocidos o con sus parejas sentimentales. Han sido superiores tanto en los juicios explícitos de engaño como en las medidas inconscientes. Esto es consistente con los resultados del género en las tareas de sensibilidad interpersonal en general. Las mujeres son superiores a los hombres en las tareas relacionadas con la percepción de la persona y la sensibilidad interpersonal como son la memoria de las personas, el reconocimiento de las emociones, el conocimiento de señales no verbales y la interpretación de señales verbales y no verbales. Esto puede ser debido a que las mujeres han desarrollado siempre roles sociales dirigidos al cuidado que enfatizan la sensibilidad emocional. Esto podría hacer que aumentase la sensibilidad social a través de la práctica y la creación de estereotipos que afecten de manera diferente al rendimiento de hombres y mujeres. Se ha comprobado, incluso, que los hombres se desempeñan peor en tareas enmarcadas como femeninas que cuando se enmarcan como masculinas o no se enmarcan. En cambio, en relación con la detección de la mentira no hay estereotipos aparentes sobre que las mujeres sean más sensibles en la detección del engaño. De hecho, si nos fijamos en una de la profesión que más pueden utilizar la detección del engaño, como es la policía, la gran mayoría son hombres. Hay investigaciones que incluso han llegado a la conclusión contraria, que los hombres son mejores detectando mentiras que las mujeres. Los metanálisis no han encontrado evidencias sólidas sobre la mejor precisión en la detección del engaño por alguno de ambos géneros.

En cuanto a la relación del género de la persona que miente, a pesar de haber recibido menos atención, las conclusiones tampoco son definitivas. Unas investigaciones concluyeron que las mujeres eran mejores mintiendo que los hombres ya que tienen más práctica con las emociones y su demostración, y, por tanto, serían capaces de mentir mejor sobre ellas. Mientras que otras investigaciones concluyeron que era más difícil de detectar a los mentirosos masculinos. La teoría que subyace a estas dos conclusiones opuestas es la misma. En este último caso se apuesta a que la causa de que sea más fácil leer a las mujeres es justamente su mayor emocionalidad, lo que hace más fácil que se le escape la emoción real que están sintiendo. Parece ser que hay una mayor evidencia que apuesta porque son mejores mentirosos los hombres, pero no se pueden llegar a conclusiones definitivas firmes.

En la relación con la detección del engaño y la combinación del género del objetivo como del perceptor se concluyó que los preceptores femeninos en comparación con los masculinos eran más precisos en la detección del engaño en blancos masculinos. Por el contrario, los preceptores masculinos fueron más precisos en blancos femeninos. Esto puede explicarse debido a los sesgos y preferencias del género. Confiamos más en las personas de nuestro propio género y puede hacer que nos perdamos pistas sobre el engaño. Pero estudios posteriores no consiguieron comprobar ese efecto.

¿Por qué existen hallazgos tan inconsistentes en esta área? Primero, porque muchos estudios clásicos en este tema tenían conjuntos de estímulos relativamente pequeños, en gran parte debido a la dificultad de crear estímulos de alta calidad en los paradigmas de detección de mentiras. Segundo, muchos estudios que observaron los efectos del género del perceptor tienen bajo poder estadístico. Tercero, algunas inconsistencias de los efectos de género en la detección de mentiras pueden ser metodológicas. Finalmente, los hallazgos del efecto de género también pueden ser ocultados por cuestiones analíticas.

En el presente estudio se analiza el papel del preceptor y el género del objetivo, además se intentan evitar algunos de los problemas que presentaba la literatura prexistente. Para ello se reclutó una gran cantidad de muestra (402 sujetos) y una gran cantidad de vídeos (320) con igualdad de mujeres y de hombres y contando dos verdades y dos mentiras. Los vídeos fueron extraídos de la Base de Datos de Detección del Engaño de la Universidad de Miami, y se normalizaron multitud de variables para que el trabajo contara con más control. Esto permitió usar la Teoría de Detección de Señales (SDT) que ofrece una mayor precisión sobre los mecanismos subyacentes a la detección de mentiras, ayudando a no confundir la capacidad de discriminar entre verdades y mentiras con la tendencia a favorecer una respuesta sobre otra.

Los 402 sujetos (203 hombres y 199 mujeres) vieron cada uno un subconjunto de la muestra de vídeos. Los participantes eran su mayoría blancos (83’5%) y con edades comprendidas entre los 18 y los 78 años. Los vídeos eran muestras de 80 sujetos diferentes (40 hombres y 40 mujeres) diciendo verdades y mentiras sobre sus relaciones personales. Sus edades estaban comprendidas entre los 18 y los 26 años. Los sujetos grababan los videos con las siguientes instrucciones, primero describir a una persona que les gustara, porque les gustaba y que dijeran sus cualidades positivas, después tenían que describir a la misma persona, pero en este caso tenían que mentir y decir porque no les gustaba y sus cualidades negativas. En el tercer vídeo tenían que describir a una persona que no les gustase decir porque no y sus cualidades negativas y para acabar un cuarto vídeo donde mintieran diciendo porque les gustaba esa misma persona y sus cualidades positivas. Cada participante fue asignado al azar para ver uno de los 20 conjuntos de vídeos diferentes que había, cada conjunto contenía 16 vídeos. Cada conjunto incluyó ocho vídeos de objetivos femeninos (cuatro verdades y cuatro mentiras) y ocho vídeos de objetivos masculinos (cuatro verdades y cuatro mentiras). Cada conjunto de vídeos incluía una verdad negativa, una mentira negativa, una verdad positiva y una mentira positiva, de dos mujeres y de dos hombres. Después de ver cada vídeo, los participantes respondían a cuatro preguntas que siempre estaban en el mismo orden: ¿Esta persona está diciendo la verdad o una mentira?, ¿cómo de atractiva es esta persona?, ¿qué confiable es esta persona?, y ¿cómo de ansioso te parece está persona? A la primera pregunta tenían que seleccionar verdad o mentira y las otras tres se evaluaron mediante una escala del 1 al 7 donde el 1 era “De ningún modo” y el 7 era “Extremadamente”.

Los resultados del estudio en primera instancia replicaron conclusiones de la literatura preexistente como que los preceptores exhiben habilidades de detección de mentiras un poco mejor que el azar o que muestran un sesgo de verdad general en sus juicios. Como resultados novedosos se puede hablar de que los preceptores revelaron una mayor sensibilidad y precisión para sus juicios sobre objetivos femeninos que para objetivos masculinos. Además, los perceptores juzgaban a los objetivos masculinos como veraces más a menudo que los objetivos femeninos. Sin embargo, no se observó ningún efecto del género del perceptor en la sensibilidad, precisión o sesgo de verdad. Tampoco se encontró interacción entre el preceptor y el género objetivo en cualquiera de los resultados. Una explicación posible a por qué se juzga como más veraces a los hombres pueden ser los estereotipos. Los hombres son más agresivos físicamente y las mujeres para agredir utilizan más la agresión relacional a través de chismes y cotilleos. Por ello se ven que son más propensos al escepticismo respecto a los objetivos femeninos. Una limitación importante del estudio es que solo se usaron videos con pequeñas mentiras que serían extrapolables a lo que se puede encontrar en nuestro día a día, pero no se podría extrapolar a las grandes mentiras como en la detección de engaño en el ámbito criminal.

Efectos de los gestos icónicos típicos y atípicos en la comprensión narrativa. Club de Lenguaje No Verbal.

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Not all gestures are created equal: the effects of typical and atypical iconic gestures on narrative comprehension” de Dargue y Sweller. En este artículo hablan de como los diferentes gestos icónicos inciden en la comprensión narrativa y por ende en el proceso de aprendizaje.

Como ya sabemos la comunicación no verbal, incluyendo los gestos, es de vital importancia para la comprensión del mensaje que queremos transmitir, ya que son un apoyo a lo que estamos diciendo. Los gestos nos sirven para llamar la atención sobre algo, o pueden ayudar a representar una situación, un objeto o una acción. A través de la acentuación de un mensaje hablado, los gestos pueden beneficiar el aprendizaje del observador. Si bien los beneficios del gesto son evidentes para la comprensión del habla y la resolución de problemas, poca investigación se refiere a ellos en el contexto de la comprensión narrativa.

La comprensión narrativa es la habilidad para interpretar y dar sentido a las historias, siendo una, si no la más importante, de las herramientas cognitivas para el desarrollo humano. Se utiliza la narrativa para producir el significado de acciones y eventos, indicando el impacto crucial de la comprensión narrativa en la comunicación. En niños es importante ya que les permite expresar sus necesidades y sentimientos además de comprender los de los demás; pero, en adultos también es importante, por ejemplo, para entender los conceptos relacionados con la moral y la ética en la práctica de actividades profesionales tales como la medicina, el derecho o la educación. Darse cuenta de los beneficios de los gestos en la comprensión narrativa repercutirá en mejoras en el proceso de aprendizaje.

Se teoriza que el habla y el gesto se combinan para formar un único sistema de comunicación verbal- gestual subyacente, por el cual la información que se presenta mediante el habla y el gesto se procesa de manera simultánea para formar una sola representación. A través de imágenes de resonancia magnética funcional se comprobó que el habla y el gesto actúan en áreas superpuestas del cerebro. En otros estudios se concluyó que si el gesto y el habla no concuerdan se procesan de manera más lenta que si son congruentes entre sí.

Investigaciones previas han descubierto que se decodifican gestos y discursos simultáneamente cuando se puede ver la narrativa, sugiriendo que el gesto junto con el habla influye en la compresión narrativa. Estudiantes universitarios recordaron más eventos de una historia si el hablante hizo un gesto congruente con la historia que si únicamente se narraba. Por tanto, se espera que la observación de los gestos beneficie la comprensión narrativa. Sin embargo, no todos los gestos son iguales y habrá que ver que tipos de gestos son más importantes.

Los gestos se pueden clasificar en deícticos, metafóricos, rítmicos, o icónicos, nos centraremos en estos últimos. Estos gestos muestran un significado concreto, típicamente un objeto o una acción que está relacionada con el habla, siendo importantes para la evolución del lenguaje. Investigaciones anteriores sobre la efectividad de los gestos icónicos no han encontrado resultados concluyentes.

Los gestos se producen en diferente medida al transmitir un mensaje, por tanto, algunos gestos icónicos se producirán de manera más frecuente con unas palabras o expresiones determinadas. Es posible que esto se deba a factores motores, semejanzas, o simplemente que su uso es más común. Es probable que los gestos que se producen con frecuencia (gestos típicos) puedan beneficiar el aprendizaje en mayor medida que los gestos que se producen con menor frecuencia (gestos atípicos).

Una de las razones por las que los gestos típicos puede ser más beneficios para la comprensión narrativa es porque ayudan a centrar la atención en el contenido del discurso al que acompañan. Al llamar la atención sobre determinados elementos del mensaje oral, el observar los gestos es un apoyo y amplia la información presentada verbalmente, lo que la hace más comprensible.

Para comprobar esto se realizaron dos estudios. El estudio uno se examinó los diferentes gestos icónicos que niños y adultos producían al contar una narrativa que habían visto. A algunos de los participantes se les dieron instrucciones sobre que hicieran gestos mientras recontaban la historia mientras que a otros no les dijo nada de los gestos. Se identificaron diferentes gestos para su uso posterior en la tarea de la comprensión narrativa. Participaron 31 adultos y 37 niños. Los niños eran alumnos de preescolar, de entre tres años y dos meses y cinco años y siete meses, siendo 16 mujeres y 21 hombres. Mientras que los adultos eran 16 mujeres y 16 hombres de entre 18 años y un mes y 52 años y tres meses. Se dividieron aleatoriamente en los dos grupos, quedando de 18 adultos y 21 niños en el grupo que no recibió instrucciones y 14 adultos y 16 niños en el que recibieron instrucciones sobre los gestos. El material que visionaron todos los participantes fue un video de dibujos animados del Pato Donald intentando llenar una regadera para regar sus sandías. Después tenían dos minutos para completar una actividad de unir los puntos. A continuación, se les realizaban una serie de preguntas sobre el video que habían visualizado.  Este estudio sirvió para seleccionar los gestos icónicos típicos. De los gestos icónicos que realizaron se seleccionaron diez para usarlos en el estudio 2.

En el estudio 2 se quería descubrir si los gestos más producidos ayudaban más al aprendizaje que aquellos que eran rara vez producidos. El otro objetivo del estudio 2 era comprobar si los gestos ayudaban a los adultos a comprender mejor la narrativa cuando era difícil. Los participantes de este estudio vieron un video de alguien narrando la historia del Pato Donald que se había visionado en el estudio 1. Según las condiciones del experimento el narrador realizaba gestos típicos, gestos atípicos o no hacía ningún gesto en determinados momentos de la historia. La hipótesis era que los que mejor recordarían serían aquellos que habían visto la narración con los gestos típicos, seguidos de los que tenían gestos atípicos y los que peor recordaran serían los que no tenían gestos. Se esperaba que los gestos ayudaran a la comprensión narrativa cuando el discurso contuviese palabras de uso poco común que cuando tenían palabras de uso más frecuente. Para este estudio se utilizaron 130 estudiantes universitarios (101 mujeres y 29 hombres) con edades comprendidas entre los 17 años y 8 meses y los 52 años y 5 meses. La grabación de la narración que se mostraba era de una mujer adulta desconocida para los participantes. Igual que en el estudio 1 se realizó una tarea de unir puntos y después se pasó a realizarles una serie de preguntas sobre lo que recordaban de la narración.

Se concluyó que los participantes que habían observado gestos icónicos típicos recordaron mejor que aquellos que habían observado gestos atípicos o los que no habían observado ningún gesto. Esto no solo demuestra que los gestos típicos benefician la comprensión narrativa en mayor medida que los atípicos, sino que también prueban que hay subtipos de gestos y cada uno tiene un impacto diferente en el proceso de aprendizaje. Esta diferencia puede ser consecuencia de que los gestos típicos tiene menor carga cognitiva que los gestos atípicos.

Contacto y contexto: manifestación de la comunión o de la dominancia. Club de Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal esta semana presentamos el artículo “Keeping in touch with context: non-verbal Behavior as a manifestation of communality and dominance” de Sejerdej, Simão, Waldzus y Brito. En este artículo hablan de como un el contacto háptico puede tener un significado de comunión con la otra persona o de dominancia dependiendo de una serie de características.

El tocar es un comportamiento fundamental y complejo en la vida social diaria, ya que posee multiples formas y significados. Varía en duración y puede producirse con múltiples partes del cuerpo, pueden ser contactos simultáneos o con un orden.

El contacto háptico transmite proximidad e intimidad y ayuda a establecer y mantener relaciones cercanas. Investigaciones neuroendocrinológicas muestran que los contactos liberan oxitocinas y endorfinas, que están biológicamente relacionadas con las conexiones sociales. También facilita la liberación de dopamina, que hace aumentar la sensación de placer. Otros descubrimientos sugieren que el contacto realza el comportamiento prosocial, que influye en el comportamiento e incrementa la obediencia.

Por otro lado, algunas formas de contacto pueden transmitir, de manera intencionada o no, mensajes relacionados con la jerarquía, que pueden influir tanto en los observadores como en los propios actores. Hay evidencias que muestran que los diferentes tipos de contacto influyen en el poder y en el estatus. Muchas investigaciones muestran que la iniciación en los contactos hápticos frecuentes produce una diferencia en el poder en las relaciones entre dos personas, estableciéndose este efecto para aquellos que inician el contacto.

En el presente estudio se investiga las condiciones para que se perciba intimidad y poder que los contactos hápticos provocan en los observadores combinando cuatro características: iniciación, reciprocidad, grado de formalidad del contacto y el contexto en el que se produce. La idea de base es que el significado de la relación no es sólo producto del contacto, sino que es el resultado de la combinación de las características del contacto.

El contacto es parte del sistema de relaciones con la comunidad, porque la conexión entre los cuerpos crea la experiencia de unión y de comunión. Por otro lado, cuando una persona inicia el contacto otra lo recibe y esto puede ser un signo de asimetría, característico de las relaciones jerárquicas, y, puede crear la impresión de dominancia. Por tanto, se puede crear la sensación de dominancia o de comunión a través del contacto. Para descubrir cómo surgía cada una de ellas se realizaron dos estudios donde se mostraba un vídeo donde un actor tocaba a otro de manera informal o formal y donde ese contacto podía ser o no recíproco. Posteriormente se medía la percepción de la relación existente entre las dos personas que habían participado en el vídeo.

En el primer estudio se hipotetizó que la persona que iniciaba el contacto expresa una intención de comunión en la relación a través del contacto háptico, especialmente cuando se realizaba en un contexto informal y expresa dominancia si no había relación. También se incrementará la percepción de dominancia en el recibidor y si el contacto es recíproco y se incrementará la comunión si se realiza un gesto de aceptación especialmente en un contexto informal.

El estudio se realizó con 172 participantes (119 mujeres y 53 hombres) de entre 17 y 69 años usando una lista de emails de una universidad portuguesa. El experimento consistía en unas breves instrucciones y el visionado de un vídeo con una interacción entre dos hombres para después contestar unas preguntas sobre el mismo. Se usaron diferentes videos, uno donde el contacto era formal y otro donde era informal. También había uno donde había reciprocidad y otro donde no. Además, de un último donde no se producía contacto ninguno. La formalidad se basa en la intimidad que implicaba el contacto. Se llevó a cabo un pretest donde se determinó que, quitando el choque de manos, el contacto que implicaba menos intimidad era el toque en el hombro y que que más era el toque en la rodilla.

Los videos fueron grabados por dos actores profesionales que hablaban entre ellos, ambos a la misma distancia de la cámara, detrás de ellos había una mesa y una pared en blanco. Los actores mantenían una conversación, pero estaba silenciada y no era entendible. En lo relativo al contacto, uno de los actores tocaba al otro en mitad de la conversación durante un segundo. En el contexto informal pone la palma de la mano en la rodilla del otro. En el formal la pone en el hombre. En la situación de reciprocidad, el segundo actor tocaba al primero de la misma manera unos segundos después. Cada participante veía solamente un vídeo al azar y tenía que verlo hasta el final para poder contestar el cuestionario.

El contacto especialmente el informal hace que se perciba con una intención de comunión. La iniciación del contacto incrementa esa percepción, sin importa el tipo de contacto. La reciprocidad afecta al recibidor, pero no al iniciador, ya que le primero es percibido como más tendente a la comunión en el caso informal, que si no es recíproco.

Ningún tipo de contacto, ni de reciprocidad hace que se perciba la dominancia ni en el iniciador ni en el recibidor. Los últimos indicios piden precaución. ¿Por qué no se perciben cambios en la dominancia? Cuando los observadores no tienen ninguna pista sobre la interacción observada, pueden dudar en hacer inferencias relacionadas en términos de asimetría. Si el gesto que se realiza no es muy agresivo lo interpreta como de comunión por defecto. Es posible que para sacar otros significados sea necesario mayor información del contexto. También, puede deberse a que los participantes fuesen estudiantes y por tanto en su entorno sean más habituales los contextos de comunión que los jerarquizados y hayan interpretado así la relación presentada en los vídeos. Por tanto, hay que enfatizar la importancia del contexto. En entorno más jerarquizado, como podría ser una organización, hubiera cambiado la percepción de la dominancia en la interacción a estudiar.

En el segundo experimento se estudió el contacto háptico en un entorno más formal. Investigaciones anteriores señalaban que, en contextos jerarquizados, las personas con menos estatus iniciaban más los contactos formales y las de estatus superiores iniciaban tanto contactos formales como informales. Se propuso que la reciprocidad del contacto tendría más significado para los observadores cuando el tipo de contacto casara con el contexto de la interacción. Por ello se esperaba que en un contexto jerarquizado la reciprocidad de un contacto formal neutralizará la asimetría entre los sujetos; mientras que en un contexto menos jerarquizado la reciprocidad de un contacto más informal reduce más la asimetría que si fuera un contacto formal.

El estudio contó con 190 participantes (127 mujeres y 63 hombres) y se realizó online a través una lista de emails de una universidad portuguesa. El procedimiento fue similar al del estudio uno salvo que en este se les pedía que describiesen lo que era para ellos una persona con autoridad antes de visualizar los mismos vídeos que en el estudio precedente.

En este estudio se concluyó que quien iniciaba el contacto se veía como más dado a la comunión, independientemente de si el contacto era formal o no. Se incrementó la percepción del recibidor si había reciprocidad, aunque no se encontraron diferencias en el tipo de contacto. La reciprocidad del contacto en contextos no jerarquizados reduce la diferencia entre la comunión percibida en el iniciador y en el recibidor cuando el contexto es informal, pero no cuando es formal. En contexto jerarquizados pasa lo mismo con los contactos formales.

En cuanto a la dominancia, se probó que el dominio era mayor cuando no había contacto recíproco. El contacto no recíproco incrementa la percepción de dominio en el iniciador del mismo y baja la percepción en el recibidor del contacto. La reciprocidad anula ese efecto. Por otro lado, la eliminación de la asimetría de dominancia se debe a la disminución de la dominancia en el iniciador mediante la reciprocidad del contacto informal en contexto no jerarquizados y del contacto forma en contextos jerarquizados.

Para concluir los estudios se centraron en descubrir la relación entre la iniciación, la reciprocidad, el grado de formalidad del contacto háptico y el contexto de la interacción. Los resultados muestran que la inferencia que sale por defecto cuando se observa un contacto es la de comunión. Pero no queda claro si depende de la formalidad de contacto. Otra inferencia adicional sería la presencia o ausencia de asimetría en la dominancia siempre que se observe todo el contacto y se ponga en un contexto. A pesar de que estadísticamente no presentó una relación significativa los efectos condicionales indican que la reciprocidad de un contacto formal es más significativa en un contexto jerarquizado, ya que iguala a ambos interlocutores y lo mismo ocurre en un contexto no jerarquizado con el contacto informal.

El iniciador siempre es percibido como con una intención de comunión que el recibidor, aunque hay que tener en cuenta los límites que presenta una investigación de laboratorio. Cuando el contexto es neutro, el iniciador es percibido como poseedor de una intención de comunión. Sin embargo, en el contacto cercano, la diferencia entre el contacto formal e informal desaparece. En una situación amistosa cualquier tipo de reciprocidad aumenta la percepción de comunión en la persona que lo realiza.

La iniciación del contacto expresa dominancia especialmente en un contexto jerárquico. Sin embargo, en estudios precedentes y en el estudio dos incluso en el contexto no jerárquico el iniciador era percibido como más dominante que el recibidor. Esto puede ser así por la asimetría de poder que presentan algunos contextos, por tanto, el que inicia el contacto aumenta su dominancia. El recibidor puede contrarrestar la asimetría con un contacto recíproco, que será visto como una toma de iniciativa por parte del observador.

Como conclusión, se puede decir que, si bien el contacto es, en general, una forma de comportamiento relacional, solo se pude decodificar su significado correcto atendiendo a la combinación de las siguientes características, iniciación, reciprocidad, tipo de contacto y contexto situacional.

Cambios en la percepción del atractivo y la simetría del rostro con el movimiento facial. Club Lenguaje No Verbal

Amigos del Club de Lenguaje No Verbal, esta semana presentamos el resumen del estudio “Symmetry in Motion: Perception of Attractiveness Changes with Facial Movement” de Hughes y Aung; en él nos hablan de las diferencias de atractivo y simetría que muestran los rostros dependiendo de si se examina un estímulo en movimiento o estático.

A pesar de que la belleza es un concepto cultural que cambia de una cultura a otra, hay algunos puntos que coinciden en todas. Uno de ellos es la simetría facial. Esto se debe a que la simetría bilateral indica una genética subyacente buena y una buena adaptación al estrés medioambiental y de desarrollo. Clasificando de esta manera a los sujetos simétricos como deseables.

La asimetría fluctuante (FA) se refiere a la desviación producida al azar de la simetría perfecta de los rasgos bilaterales y es fluctuante porque no depende de los genes. Siendo uno de los indicadores que los humanos usan para elegir compañero. Índices bajos de FA van unidos a una mayor salud, una mayor resistencia a la enfermedad y mayores niveles de fertilidad. En hombres los niveles bajos están relacionados con un incremento de la masculinidad y el vigor y una menor tasa metabólica en reposo. En mujeres se ha visto relacionado con menor peso corporal en relación al índice de masa corporal (IMC). La presencia de niveles altos de FA está relacionada con la esquizofrenia y la depresión.

Niveles bajos de FA está relacionado con cualidades personales positivas como ser más sociables, animado, con más autoconfianza, estables, con menores niveles de ansiedad y mayor nivel de inteligencia. La simetría también guarda relación con los comportamientos sexuales. Niveles más bajos de FA están asociados a un mayor número de parejas sexuales a lo largo de la vida.

En lo referente al atractivo hay múltiples estudios que concluyen que las caras simétricas son más atractivas que las asimétricas. También se ha relacionado la simetría del cuerpo con una percepción mayor de atractivo tanto para hombres como para mujeres.

Las investigaciones previas donde se ha establecido la relación entre simetría y atractivo fueron hechas solo con imágenes. Esto es una limitación ya que en la vida real normalmente se ven las caras en movimiento, como cuando las personas hablan, lo cual hace que la simetría del rostro cambie.

Existen diferencias de percepción entre las imágenes fijas y en movimiento, por ejemplo, los vídeos son más favorables que las imágenes fijas. Otro estudio demostró que las caras femeninas que eran atractivas en movimiento no lo tenían porque ser en una imagen estática. La causa de esto, puede ser que la emoción se traslada mejor en la imagen en movimiento que en las fijas, esto es especialmente valorado en el caso de las mujeres. Aunque las conclusiones parecen no estar claras, ya que hay estudios que determinan que los niveles de atractivo eran iguales en ambos sexos para las imágenes fijas como para las estáticas.

En el presente estudio se analiza el atractivo en función de la simetría y del movimiento, por ejemplo, cuando una persona habla. Esto hace que las conclusiones tengan una mejor validez ecológica. La hipótesis de partida es que cuando al hablar el movimiento resalta la simetría facial las caras serán consideradas como más atractivas en movimiento que en una imagen estática.

Participaron un total de 224 participantes (120 mujeres y 104 hombres) todos procedentes de la Junta de Revisión Institucional. Los vídeos utilizados fueron grabados por alumnos de universidades, siendo un total de 46 individuos (24 mujeres y 22 hombres) que fueron grabados del cuello para arriba recitando número del 1 al 10 más o menos al ritmo de un número al segundo. Los vídeos fueron reproducidos sin sonido. Después se tomaron muchos fotogramas de cada vídeo, el primero uno en el que estuviera con una expresión neutra, con los ojos abiertos mirando hacía adelante y la boca cerrada, y después, se extrajeron otros donde estuvieran diciendo “1”, “3”, “5” y “8” porque son los que producen más movimiento.

Otros 48 participantes (25 mujeres y 23 hombres) valoraron el atractivo de las imágenes extraídas de los vídeos con expresión neutra del 1 al 10. Otro grupo de 50 participantes (28 mujeres y 22 hombres) valoraron el atractivo del 1 al 10 de los vídeos sin sonido.

Se utilizaron dos grupos más para valorar la simetría del rostro. Para ello se usa la siguiente definición “simetría es cuando imaginas una línea que baja por la línea media de la cara de las personas y ve los lados derechos e izquierdos de la cara como idénticos uno con relación al otro. La simetría perfecta sería como la imagen en el espejo del lado derecho e izquierdo de la cara”. El grupo que valoró las fotos estaba formado por 47 participantes (26 mujeres y 21 hombres) y el grupo que valoró el vídeo estaba formado por 33 participantes (17 mujeres y 16 hombres).

Se calcularon diferentes valoraciones medias del atractivo, por un lado, una total, y por otro, en base a las puntuaciones otorgado por el mismo sexo y otra por los de sexo opuesto. Luego se calculó la diferencia entre el atractivo medio de un sujeto en base a sus fotografías fijas y de su vídeo.

La diferencia entre las puntuaciones era cuanto puede variar el atractivo viendo una foto o un vídeo. Si era positivo la diferencia significaba que el vídeo era más atractivo y si era negativo significaba que las fotografías eran más atractivas. Los mismos cálculos se realizaron para la asimetría fluctuante (FA).

Se demostró que la percepción del atractivo está afectada por la simetría facial que puede cambiar mientras se habla. Si el movimiento del habla crea una mayor simetría la persona será considerada como más atractiva y, al contrario, si el movimiento producido durante el habla hace que el rostro parecía más asimétrico se volverá menos atractivo.

Estos resultados concuerdan con los de Sadr et al (2006) que examinaron la simetría en relación al movimiento corporal. Comprobaron que cuando el movimiento de andar hacía más asimétrico el cuerpo, las personas eran catalogadas como más atractivas. Concluyeron que la simetría producidas por el movimiento tenía más peso al decidir el atractivo de una persona que la propia simetría anatómica.

El estudio actual describe que las actuales medidas de simetría no predicen bien el atractivo. Las puntuaciones de atractivo que se dan si se utiliza un estímulo en movimiento predicen mejor las evaluaciones subjetivas de simetría, pero no así las objetivas. Si se utiliza los cambios que se producen en la medición de la simetría facial mientras habla una persona se pueden ver que hay diferencias entre el atractivo producido por un estímulo estático o por uno dinámico.

Rubenstein (2005) descubrió que cuando se utilizaba un estímulo estático generalmente se concentraban más en los elementos estructurales de la cara mientras que con uno dinámico la atención se dirigirá más a los elementos no estructurales como la expresión de la emoción, o en algunas características estructurales concretas como el movimiento de la adiposidad facial. En el estudio actual se propone que la medida son los cambios transitorios de la simetría facial.

Solo se ha comprobado que existen diferencias de atractivo entre los estímulos estáticos y los dinámicos cuando se tiene en consideración el género tanto del evaluador como del modelo. Las mujeres consideran más atractivo a los hombres en los vídeos mientras que los hombres consideran más atractivos a los otros hombres en las fotos. Las mujeres son más sensibles a los estímulos dinámicos que los hombres.

El movimiento del rostro puede hacer que parezca más simétrico y por tanto más atractivo. Futuros estudios deberán investigar sobre que movimientos exactos producen está mayor percepción de simetría.

 

Correspondencia entre las respuestas fisiológicas y no verbales: comportamiento no verbal que acompaña el desafío y la amenaza. Club Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “On the Correspondence Between Physiological and Nonverbal Responses: Nonverbal Behavior Accompanying Challenge and Threat”, de los autores Max Weisbuch, Mark D. Seery, Nalini Ambady y Jim Blascovich, quienes investigan la correspondencia entre las respuestas fisiológicas y las no verbales en las situaciones de desafíos y amenazas.

Se sabe que los marcadores fisiológicos son propensos a estar acompañados por un comportamiento no verbal psicológicamente significativo, y esto ha sido estudiado en el caso de las situaciones estresantes. Investigadores como Darwin y Cannon estuvieron de acuerdo en que las respuestas a las situaciones estresantes (por ejemplo, el terror) se caracterizan por patrones específicos fisiológicos y no verbales (temblor del cuerpo, piel pálida, pelo erizado…).

Aunque esta idea sugiere que la actividad fisiológica y no verbal constituyen una respuesta integrada a las demandas ambientales, hay pocas investigaciones que respalden esta teoría, y estas ausencias de investigaciones pueden deberse a la posibilidad de que las respuestas fisiológicas y no verbales ante situaciones ambientales sean independientes. Por ejemplo, las expresiones no verbales pueden funcionar como respuestas comunicativas que no dependen de la actividad autónoma subyacente. Además, la dificultad de medir respuestas fisiológicas complejas puede explicar la falta de evidencia fisiológica-no verbal.

La investigación realizada en el presente estudio examina el grado en que una situación estresante (desafío o amenaza) provoca la covarianza entre los patrones de actividad no verbal (comportamiento no verbal) y fisiológica (medición de marcadores cardiovasculares).

Los marcadores de desafío y amenaza son relevantes dentro de contextos que requieren respuestas cognitivas para cumplir un objetivo relevante. Ejemplos de tales situaciones de rendimiento motivado incluyen realizar un examen, dar un discurso y causar una buena impresión. Por lo tanto, las situaciones de rendimiento motivado incluyen muchas de esas situaciones que comprendemos como “estresantes”. Los estados motivacionales de desafío y amenaza se producen del siguiente modo: El desafío se produce cuando se evalúa que los recursos de afrontamiento (por ejemplo, habilidades, disposiciones, soporte externo) cumplen o superan las demandas de la situación (por ejemplo, esfuerzo requerido, peligro, incertidumbre). La amenaza se produce cuando las demandas de la situación se evalúan como recursos superiores a la superación. Por lo tanto, el desafío y la amenaza pueden entenderse como niveles de “confianza” específica del contexto.  Más de 30 estudios diferentes demostraron que el desafío incluye más confianza en el afrontamiento de tareas y una mayor movilización de energía que la amenaza, factores que deberían mejorar el rendimiento.

En cuanto al comportamiento no verbal estudiado en la investigación, los autores son conscientes de que el comportamiento facial parece ser especialmente susceptible de control consciente, por lo que las respuestas faciales pueden reflejar más la deseabilidad social que la experiencia subjetiva o fisiológica (de hecho, las expresiones faciales positivas a veces pueden ser más probables entre las personas que experimentan un afecto negativo que entre las personas que experimentan un afecto neutral. En este caso, ante una amenaza, quienes experimentan dicha amenaza pueden esforzarse especialmente por crear una expresión facial segura y, por lo tanto, pueden parecer más seguros que los individuos desafiados). En contraste, la voz parece ser menos susceptible al control consciente y puede ser un indicador más verídico de la experiencia psicológica (Ekman y Friesen). Por lo tanto, los canales faciales y vocales pueden diferir con respecto a su relación con los procesos fisiológicos.

En el estudio realizado participaron de forma remunerada 90 mujeres estudiantes de psicología de la Universidad de California. De estas 90 mujeres, 30 fueron seleccionadas para el análisis no verbal sobre

Par la medición fisiológica se usaron dispositivos de medición fisiológica para registrar señales cardíacas, presión arterial y rendimiento cardíaco. Para la medición no verbal se usó un micrófono y cámara de vídeo detrás del cristal tintado situado directamente frente al participante.

Se registró el comportamiento de los participantes a través de las mediciones nombradas, y digitalmente se crearon 2 tipos de packs: Un primer pack de vídeos silenciados en donde se observaba el comportamiento no verbal del participante, enfocándose únicamente la cara, y un segundo pack en donde se eliminó el vídeo y los sonidos de alta frecuencia para que finalmente solo se pudiese percibir la prosodia.

Los participantes completaron el experimento individualmente. Al llegar al laboratorio, un experimentador saludó al participante y la acompañó a una sala de preparación. Se aplicaron los sensores necesarios para el registro fisiológico y se llevó al participante a una sala de control. Allí, se inició un período de descanso de 5 minutos cuando el experimentador abandonó la sala, durante el cual se evaluaron los niveles basales de las respuestas fisiológicas. Después del período de descanso, se informó al participante que un miembro del equipo de investigación entraría ahora en la sala para involucrar al participante en un ejercicio. Una experimentadora desconocida para el participante entró en la sala de grabación, se presentó y se sentó para comenzar una conversación. La conversación duró 3 minutos, durante los cuales se registraron las mediciones fisiológicas. El entrevistador le hizo al participante un conjunto de preguntas predeterminadas sobre sí misma. Las preguntas incluidas generaban sensaciones de desafío o de amenaza dependiendo del participante.

Tras realizar las grabaciones a las participantes, 18 estudiantes de pregrado fueron asignados aleatoriamente para juzgar los clips de video o clips de sonido resultantes, puntuándolos en escalas de 0 a 5 según la confianza y dominio visto u oído en los clips.  Los resultados fueron los siguientes: Autoconfianza facial (a = .81), autoconfianza vocal (a = .59), dominio facial (a = .74) y dominio vocal (a = .56) .

Estudiando las mediciones fisiológicas de las participantes se comprobó que en los casos de sensación de desafío se aumentan las pulsaciones, se dilatan las arterias (disminuye TPR, que es la resistencia vascular), y se produce un mayor flujo sanguíneo. Durante la sensación de amenaza, aumentan las pulsaciones pero disminuye el flujo sanguíneo y la dilatación de arterias es mucho menor.

Se comprobó por tanto que los participantes que exhibieron una amenaza consistente con experimentar una menor confianza, mostraron una confianza vocal menor y una confianza facial mayor. Para los participantes que exhibieron una amenaza, estos resultados son consistentes con el intento de enmascarar una falta subyacente de confianza (indicada por sus respuestas vocales) con un comportamiento no verbal facial relativamente controlable. Por el contrario, el patrón no verbal asociado con el desafío es consistente con la realidad que experimenta una mayor confianza, junto con la falta de preocupación por aparecer con confianza. Las reacciones fisiológicas de los participantes fueron diferentes entre los que sintieron desafío y los que sintieron amenaza. Por tanto, la diferencia entre la confianza vocal y facial que percibían los observadores indicaba un patrón cardiovascular que sólo podría ser observable a través de dispositivos de medición fisiológica.

En términos más generales, estos resultados demuestran que existe covarianza en las respuestas fisiológicas y no verbales, pero que esta covarianza puede observarse mejor con un patrón significativo de actividad fisiológica. Por el contrario, las expresiones faciales a menudo pueden ser engañosas, especialmente en comparación con las expresiones vocales, y pueden estar particularmente sujetas a preocupaciones motivacionales, como la gestión de impresiones. Estas consideraciones resaltan la importancia de utilizar patrones de reactividad fisiológica complejos y validados empíricamente al examinar la relación entre las respuestas fisiológicas y no verbales.

¿Los hombres muestran menos miedo si son observados por mujeres atractivas? Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Fear Attenuated and Affection Augmented: Male Self-Presentation in a Romantic Context” de Dina Dosmukhambetova y Antony Manstead, en donde se explica el comportamiento facial de los hombres para aumentar su atractivo hacia las mujeres en entornos de miedo (películas de terror) y de ternura (vídeos de niños pequeños). 

La gente se esfuerza en dar una buena impresión cuando ellos mismos se encuentran en presencia de miembros deseables del sexo opuesto.  Las mujeres por ejemplo se presentan como fieles cuando quieren una relación a largo plazo y ayudan más para parecer más generosas, mientras que los hombres se describen a sí mismos como más ambiciosos y reportan dar mayor importancia al éxito financiero y se vuelven más creativos. Dado lo anterior, parece probable que en un contexto romántico los individuos también usarían expresiones faciales de emociones de tal manera que parecieran más deseables. De hecho, hay investigaciones que demuestran que las personas modulan sus emociones para lograr objetivos sociales. Por ejemplo, varios estudios explican que las personas muestran ser felices para ser más agradables, o que las mujeres son más propensas a mostrar emociones “impotentes” ante determinados problemas (como la tristeza y el miedo), mientras que los hombres son más propensos a reportar emociones “poderosas” ante este tipo de situaciones, como la ira y la decepción porque estas últimas están de acuerdo con una motivación para mantener el control.

El objetivo del estudio que resumimos fue examinar si, en el contexto del romance, los individuos intentan manipular su imagen a los ojos de los demás alterando estratégicamente sus expresiones faciales de emoción (según lo medido por el sistema de codificación FACS). Los autores derivan hipótesis sobre el contenido del comportamiento de autopresentación a partir de la teoría evolutiva, que proporciona información sobre lo que la gente valora en las parejas románticas potenciales. Por lo tanto, la teoría evolutiva predice que la conveniencia de un hombre como pareja romántica dependerá, al menos en parte, de la percepción de su voluntad de invertir en sus hijos y de su percepción de su capacidad de proteger físicamente tanto a su pareja femenina como a su descendencia. Estas predicciones también son consistentes con una perspectiva psicológica social sobre el comportamiento romántico. En términos de voluntad de invertir en la infancia, tanto los cambios en los roles de género como la presión social actual sobre los varones para que se involucren más en el cuidado de los niños podrían hacer que los varones expresen más afecto hacia los bebés en el contexto del romance. En cuanto a la capacidad de proporcionar protección física, la investigación psicológica social muestra que las mujeres prefieren a los hombres que no muestran miedo frente a un estímulo que provoca miedo. Ya sea que la preferencia de las mujeres por ciertos rasgos en los varones esté determinada por factores evolutivos o sociales, si estos son los rasgos que prefieren las mujeres, son los que los varones deben mostrar en el contexto del romance. Cuando se encuentren en presencia de una mujer atractiva, los varones deben estar motivados para mostrar menos expresiones que sean indicativas de su incapacidad para proporcionar dicha protección; también deben estar motivados para aumentar las expresiones que demuestren que es probable que sean buenos padres. Sin embargo, existen diferencias individuales conocidas en la forma en que las personas abordan el romance y en su propensión a ejercer un control expresivo sobre sus conductas sociales, por lo que estas hipótesis deben ser más amplias.

Investigaciones anteriores muestran que los esfuerzos de manejo de la impresión en un contexto romántico son moderados por la orientación sociosexual. El Inventario de Orientación Sociosexual (SOI; Simpson y Gangestad 1991) mide la predisposición a tener relaciones sexuales sin compromiso ni intimidad. Las puntuaciones más bajas de esta escala indican que las personas están “restringidas”, lo que significa que necesitan estar emocionalmente apegadas y cómodas con las personas con las que tienen relaciones sexuales; las puntuaciones más altas de esta escala indican que las personas están “sin restricciones”, lo que significa que no necesitan involucrarse emocionalmente antes de tener relaciones sexuales, y que se sienten cómodas teniendo múltiples relaciones sexuales casuales. Consistente con esta distinción, se ha demostrado que la SOI está asociada con un número de tendencias conductuales sociosexuales. Por ejemplo, los individuos “sin restricciones” son más propensos a desear parejas que obtienen un alto puntaje en atractivo y visibilidad social, mientras que los individuos “con restricciones” suelen desear parejas que posean buenas cualidades personales y de crianza. En una serie de estudios relativos al SOI se encontró que los varones sin restricciones se vuelven más generosos y tienen más probabilidades de involucrarse en una ayuda heroica. Los investigadores argumentaron que este comportamiento no restringía la inclinación de los hombres a buscar múltiples parejas románticas.

En el presente estudio resumido los autores buscan mostrar que en el contexto de la atracción romántica los hombres muestran menos miedo ante una película de terror y aumentan sus expresiones de afecto hacia los bebés. Además, predicen que en el contexto romántico los hombres sin restricciones controlarán el miedo mucho más que los hombres con restricciones. Esto se debería a que tal patrón estaría en línea con la tendencia de los varones a exhibir “heroísmo” cuando se encuentran en un contexto romántico.

El autocontrol es otro posible moderador de las conductas de autopresentación. La escala de autocontrol es una medida ampliamente utilizada para medir la propensión de las personas a controlar su comportamiento expresivo con el fin de ejercer control sobre la imagen social que proyectan. Las investigaciones muestran que los sujetos con un alto autocontrol manejan mejor las impresiones que producen en las personas que los sujetos con un bajo autocontrol. La investigación también muestra que la escala de autocontrol está correlacionada con la orientación sociosexual, de tal manera que los individuos sin restricciones tienden a tener un mayor autocontrol. Por lo tanto, hay dos predicciones contradictorias sobre el papel moderador del autocontrol: En primer lugar, en presencia de una mujer atractiva, es probable que los autocontroladores de alto nivel, supuestamente capaces de gestionar la impresión que dan en mayor medida, atenúen sus expresiones de miedo y aumenten sus expresiones de afecto más que los autocontrolados de bajo nivel. En segundo lugar, la correlación positiva entre la falta de restricciones y el alto autocontrol implica que los altos autocontroles podrían comportarse como participantes sin restricciones, en el sentido de que fruncen menos el ceño en presencia de escenas de terror, pero no sonríen más durante la presencia de escenas con niños pequeños (para mostrar esa vinculación con la crianza). En la presente investigación se examinan estas dos predicciones que compiten entre sí. La investigación muestra además que la mera exposición a fotos de mujeres atractivas hace que los hombres se comporten como si estuvieran tratando de impresionar a una mujer. Una razón de tales efectos es que los hombres están más abiertos a encuentros sexuales casuales que las mujeres. Para comprobar todo esto, los autores realizaron una manipulación del contexto romántico, llevando a los participantes masculinos de la investigación a creer que estaban siendo observados a través de una cámara de video por una asistente de investigación atractiva o poco atractiva.

La investigación se realizó del siguiente modo: participaron 62 sujetos masculinos, con una edad media de 22,37 años, y siendo el 47% solteros.

En primer lugar se les mostraron fotografías de mujeres. El material usado fue 6 fotos de mujeres (3 atractivas y otras 3 menos atractivas) que debían ser puntuadas del 1 (“la mujer menos atractiva que he visto nunca”) al 11 (“la mujer más atractiva que he visto nunca”). En ese estudio, la imagen atractiva recibió una puntuación media de 7,37, mientras que la imagen menos atractiva recibió la puntuación media de 2,47.

Posteriormente se prepararon tres breves películas. La película 1 (horror) fue un extracto de 2 min 20 s de la película de terror “1408”. El extracto representa a un hombre tratando de escapar de una habitación “maldita”; al final del clip un atacante intenta apuñalar al protagonista. Este film fue seleccionado de entre un número de clips de horror que habían sido probados previamente para evocar miedo. La película 2 (neutral) fue la película ‘Sticks’ , un film emocionalmente neutro que únicamente muestra palos dibujados en la pantalla. También tuvo una duración de 2 min 20 s. La película 3 (infantes) era una versión editada del comercial “Pampers Peace on Earth”  que muestra a niños durmiendo con una suave melodía; duraba 1 minuto.

Para medir los resultados se usaron dos medidas, el SOI (Sociosexual Orientation Inventory), una medida de 7 ítems de la preferencia de las personas por el sexo sin restricción o restringido; y el SMS (Self-Monitoring Scale), un instrumento de 18 ítems que mide la propensión de las personas a ejercer un control expresivo sobre su comportamiento. Además, los participantes fueron grabados durante el experimento. Se utilizó el Facial Action Coding System (FACS) para codificar su comportamiento facial. Se codificaron cuatro unidades de acción (UA) o combinaciones de UA: AU1- AU4 (elevador de ceja interno y bajada de ceja), AU4 (bajada de ceja o frunciendo el ceño), AU5 (elevador de párpado superior), y AU12 (tirador de esquina de labio, o sonriendo). AU4 no estaba codificado como’AU4′ cuando ocurrió en combinación con AU1, pero estaba codificado en todos los demás casos por su conexión con la expresión del miedo, mientras que AU12 (con o sin elevador de mejillas, AU6) fue seleccionado porque ha sido usado como una medida de la calidez y afecto de los padres. Todas las codificaciones fueron realizadas por dos expertos codificadores de FACS de forma independiente. La fiabilidad fue del 79%.

Todas las emociones se midieron en una escala de 9 puntos, desde 0 (“no sentí la emoción en lo más mínimo”) hasta 8 (“lo máximo que he sentido en reacción a una película”). Las emociones eran afecto, diversión, ira, miedo, tristeza y sorpresa. También se midió la valencia general del afecto experimentado durante cada película (1 = muy desagradable, 8 = muy agradable).

Antes de que los participantes llegaran al laboratorio, la experimentadora se puso maquillaje y ropa para parecer poco atractiva. Esto era necesario para eliminar la posibilidad de que los participantes consideraran atractivo a la experimentadora, porque esto podría haber interferido con la manipulación del atractivo del asistente de investigación. Después de dar la bienvenida a los participantes y sentarlos frente a un ordenador y una cámara de video, la experimentadora mencionó que tenía que irse en unos minutos y que su asistente de investigación podría monitorear su progreso durante el experimento a través de una cámara y los interrogaría al final del estudio. La experimentadora también mencionó que los participantes eran libres de hacer preguntas a la asistente de investigación, si tenían alguna, durante el experimento. Luego se dejó a los participantes solos para que leyeran el consentimiento informado y comenzaran el experimento.

La manipulación del atractivo físico de la asistente de investigación y el refuerzo de la creencia de los participantes de que vería sus cintas de video se incorporó al consentimiento informado. Después de leer la información estándar sobre las tareas y procedimientos del experimento, los participantes continuaron a una página que proporcionaba información sobre la asistente de investigación, quien ostensiblemente también tendría acceso a sus datos de video para fines de codificación y análisis. El atractivo de la asistente de investigación fue manipulado por una foto que se incluyó en esa página.

Después de acordar participar, los participantes vieron los tres films (horror, infantes y neutrales) y respondieron preguntas sobre sus reacciones emocionales a cada uno de ellos. Al final, los participantes completaron los correspondientes cuestionarios (SOI, autocontrol…). Luego se les dio un informe completo. Las respuestas abiertas a una pregunta sobre el propósito del experimento revelaron que ninguno de los participantes adivinó el verdadero propósito del experimento.

El diseño del estudio fue un doble factorial: Atractivo asistente: atractiva vs. poco atractiva; y Tipo de película: horror vs. neutro vs. infantil.

Los resultados fueron los siguientes: De los 67 participantes, 5 fueron excluidos. Dos reportaron ser homosexuales, uno reportó haber visto la película 1408 demasiadas veces, en otro caso la grabación del vídeo fue de muy baja calidad, y un quinto sujeto declaró no creerse que realmente había una asistente observando tras la cámara. Por tanto, quedaron 62 participantes válidos para el estudio.

Sobre las manipulaciones del tipo de película, la emoción dominante reportada por los participantes mientras veían la película de terror fue el miedo. Reportaron sentir más miedo que enfado o tristeza. La emoción dominante reportada por los participantes mientras miraban el anuncio de niños pequeños fue el afecto. Los participantes reportaron experimentar más afecto que diversión. Para el film neutro, los medios de todas las emociones reportadas (afecto, diversión, enojo, miedo, tristeza y sorpresa) fueron menos de 3 en una escala de 1 a 9 y la valencia media estuvo cerca del punto medio. Por lo tanto, se entiende que las manipulaciones de las películas fueron exitosas.

Sobre la manipulación relativa al atractivo de la asistente, el cuestionario de verificación de manipulación fue administrado después de que las películas hubieran sido vistas, con el pretexto de que ”la investigación muestra que las personas a veces se ven afectadas en cómo se comportan al saber que alguien las está observando”. A los participantes se les instruyó además que ”para eliminar estadísticamente cualquier efecto de la Asistente de Investigación en tu comportamiento, nos gustaría medir tus percepciones de ella”. Hubo un efecto de la atracción de la asistente sobre las percepciones, de tal manera que los participantes vieron a la asistente atractiva como mucho más atractiva que a la asistente poco atractiva. Así, durante la película de terror, aunque el atractivo de la asistente no afectó los auto-reportes de ninguna emoción, incluyendo el miedo, ira, tristeza y sorpresa, si que hubo un efecto del atractivo de la asistente sobre la cantidad de fruncimiento de ceño (AU4) de los participantes. Como se predijo, los hombres en la condición de asistente atractiva fruncieron menos el ceño que los hombres en la condición de asistente poco atractiva.

La cantidad de fruncimiento de ceño (AU4) no se vio afectada por el atractivo de la asistente cuando los participantes estaban viendo el film neutro.

El atractivo de la asistente tampoco afectó a los auto-reportes de ninguna emoción en el visionado del vídeo sobre niños. No influyó en las respuestas sobre afecto, diversión, ira, tristeza o sorpresa, ni sobre la valencia percibida del contenido afectivo de film. Eso si, como se predijo, los participantes en la condición de asistente atractiva sonrieron más veces  (AU12) que los participantes en la condición de asistente poco atractivo.

En cuanto a la Orientación Sociosexual, se utilizó la regresión logística para determinar si la relación entre el atractivo de la asistente y el fruncir el ceño (AU4) durante el film de terror dependía de la orientación sociosexual. Los resultados mostraron que al ver el film de terror, los hombres sin restricciones fruncían el ceño menos cuando eran observados por una asistente atractiva que cuando eran observados por una asistente poco atractiva, mientras que los hombres con restricciones no mostraban apenas diferencia.

En cuanto al autocontrol, los sujetos con alto autocontrol fruncieron menos el ceño cuando fueron observados por asistentes atractivas que cuando fueron observados por asistentes poco atractivas, mientras que los sujetos con bajo autocontrol no mostraron diferencias en la cantidad de veces que fruncieron el ceño con independencia del atractivo de la asistente.

Por tanto, se confirma que bajo determinadas circunstancias y características del sujeto, los participantes varones variaron sistemáticamente en función del atractivo de una observadora. De forma general, la presencia de una atractiva observadora femenina llevó a los varones a fruncir menos el ceño mientras veían un film de terror, pero no mientras veían un film neutral. Como se predijo, este efecto fue más evidente entre los hombres con una orientación socio-sexual sin restricciones, es decir, hombres que están más fuertemente motivados para perseguir múltiples relaciones románticas no comprometidas, así como entre los hombres con un alto nivel de autocontrol.

La presencia de una atractiva observadora femenina también llevó a los varones a sonreír más mientras miraban un film que representaba a bebés “lindos”, pero no cuando veían un film neutral. Sin embargo, ni la orientación sociosexual ni el autocontrol (algo sorprendente) moderaron este efecto.

Una cuestión que surge con respecto a la interpretación de estos resultados es si los hombres atenuaron el miedo y expresaron mayor afecto para parecer más deseables como pareja romántica al observador femenino atractivo. Si los hombres intentaban manipular su imagen social de tal manera, en principio según informaron no lo hacían conscientemente: Los hombres no reportaron querer impresionar a la atractiva asistente más de lo que querían impresionar a la poco atractiva asistente. Sin embargo, la ausencia de estrategias conscientes por parte de los varones no implica que su comportamiento no haya sido impulsado por preocupaciones estratégicas. No sólo la autopresentación es a menudo subconsciente; también es más probable que tenga éxito cuando el autopresentador engaña sin ser consciente de ello.

¿Puede una sonrisa falsa aumentar la percepción de confianza de los demás? Club de Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “A fake smile thwarts cheater detection” de Matia Okubo, Akihiro y Kenta Ishikawa. Un interesante estudio publicado en “Journal of Nonverbal Behavior”, en donde explican como las personas discriminan a posibles mentirosos en base a sus expresiones faciales negativas, y como una expresión facial positiva falsa (como una sonrisa falsa) puede influir en la percepción de confianza de los demás y frustrar la posible detección de una mentira. 

La cooperación social es una característica universal de las sociedades humanas porque las interacciones cooperativas mejoran la aptitud para la supervivencia. Sin embargo, esta mejora puede estar en riesgo si hay mentirosos durante las interacciones de cooperación: Los mentirosos pueden explotar a sus compañeros en un intercambio social beneficiándose de ellos sin reciprocidad. La cooperación social a largo plazo sólo tiene éxito si los individuos son capaces de detectar y evitar a los mentirosos en sus interacciones sociales. Aunque existen técnicas científicas que ayudan a detector las mentiras, Cosmides (1989) propuso que los humanos tienen mecanismos cognitivos innatos para detectar a estos mentirosos, basándose especialmente en las expresiones faciales.

Las expresiones faciales de los demás proporcionan información sobre su estado emocional y sus intenciones, que desempeñan un papel importante en la cooperación social. Algunas investigaciones encontraron que las caras de los mentirosos eran juzgadas más agresivas (amenazantes e intimidantes) y atraían la atención de los observadores durante las tareas visuales. Estos resultados sugieren que las expresiones emocionales agresivas como la ira pueden funcionar como una señal facial para la detección de los mentirosos.

Además, una expresión emocional agresiva es un determinante importante de la confianza facial percibida. Oosterhof y Todorov en una investigación en 2008 utilizaron una técnica de transformación en rostros generados por computadora y demostraron que los cambios en la dimensión confiable de los rostros afectaban principalmente a las percepciones de ira y felicidad, pero no a las percepciones de otras expresiones emocionales básicas. Demostraron además que los rostros dignos de desconfianza son percibidos como más enojados que los rostros confiables. Por tanto la capacidad de detectar a los mentirosos (erroneamente o no) por su apariencia puede basarse, al menos parcialmente, en la detección de expresiones emocionales agresivas de los rostros. Si los mentirosos expresan habitualmente niveles más altos de emociones agresivas, la gente debería ser capaz de distinguir de manera fiable a los mentirosos de los cooperadores. Sin embargo, este no es el caso: Aunque la gente es sensible a los mentirosos, la detección de los mentirosos, por supuesto, no es perfecta en situaciones del mundo real. Los autores de este artículo especulan que estas fallas en la detección de mentirosos son atribuibles a la habilidad de los mentirosos para disfrazar las emociones que indicarían su actitud poco cooperativa.

Una expresión facial que puede utilizarse para disfrazar las emociones subyacentes es la sonrisa, que es la señal más importante en la cooperación social, así como una de las expresiones más fáciles de fingir según Ekman. De hecho, en un experimento se usaron caras generadas por ordenador y demostraron que la percepción de la confiabilidad de las caras estaba correlacionada con la intensidad de las expresiones felices. Utilizaron fotografías de candidatos electorales y descubrieron que la intensidad de la sonrisa predijo la confianza percibida.

Estos resultados sugieren que incluso un símil artificial o planteado aumenta la confianza percibida. Sobre la base de estos hallazgos, se formularon las siguientes hipótesis: (1) Debido a que las expresiones faciales agresivas señalan la actitud poco colaboradora del observador, los observadores pueden discriminar con éxito a los mentirosos de los cooperadores detectando niveles más altos de expresiones faciales agresivas entre los mentirosos. Sin embargo, (2) tal detección de mentirosos puede ser frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores.

Para probar estas hipótesis, los autores llevaron a cabo una tarea de calificación utilizando fotografías faciales de los mentirosos y cooperadores, que fueron categorizados sobre la base de las puntuaciones en un juego económico. Se pidió a los modelos para las fotografías (es decir, a los mentirosos y cooperadores) que adoptaran tres tipos de expresiones faciales posadas (feliz, neutral y enojado) cuando se tomaron sus fotografías. Debido a que las  hipótesis involucraban la función de una sonrisa falsa (es decir, una expresión de felicidad posada), se usaron expresiones faciales posadas en lugar de expresiones espontáneas. Los participantes evaluaron las fotografías faciales en términos de intensidad emocional (la fuerza de la emoción que se expresa) y confiabilidad. En base a las hipótesis, se predijo que las fotografías de los mentirosos serían calificadas como emocionalmente más expresivas (más felices y más enojadas por rostros felices y enojados, respectivamente) que las de los cooperadores. Como resultado de una exitosa detección de mentirosos basada en expresiones agresivas, las fotografías de los mentirosos serían calificadas como menos confiables que las de los cooperadores para la expresión de enojo. Sin embargo, para la expresión feliz, la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad desaparecería debido a una sonrisa falsa, que los mentirosos expresarían con mayor intensidad que los cooperadores para ocultar su actitud social.

Para comprobarlo hicieron un experimento con 68 estudiantes universitarios o de posgrado (33 mujeres y 35 hombres) de la Universidad de Sophia o de la Universidad de Meijigakuin, Tokio, Japón. La mitad de los participantes calificaron las caras enojadas y la otra mitad las caras felices.

Los modelos para las fotografías de los rostros fueron reclutados en la Universidad de Senshu, Kanagawa, Japón, y eran desconocidos para los participantes en las tareas de calificación. Las fotografías de los rostros se seleccionaron a partir de fotografías de 84 modelos masculinos. Había dos expresiones faciales posadas (feliz, enojado) para cada modelo. Se pidió a las modelos que se sentaran frente a la cámara y se les animó a ser tan emocionalmente expresivos como fuera posible para cada emoción.

La tarea de calificación utilizó un total de 108 fotografías. Fueron 96 fotografías definidas por una combinación ortogonal de 2 expresiones faciales (enojado y feliz) y 2 condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores, 24 cada uno). Además, se utilizaron 12 estímulos de relleno con una expresión neutra en la tarea de clasificación. Los modelos para los estímulos de relleno puntuaron alrededor del promedio en la puntuación de engaño (es decir, 6 modelos cada uno por encima y por debajo de la mediana). Se agregaron estímulos de relleno para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales, de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación.

En cada ensayo, se pidió a los participantes que evaluaran una fotografía de un rostro presentado en un monitor LCD en términos de (1) la confiabilidad y (2) la intensidad de la expresión facial de la persona en la fotografía en una escala de 7 puntos (0 no confiable en absoluto – 6 extremadamente confiable, y 0 extremadamente feliz, 6 extremadamente enojado). La fotografía de la cara estaba presente hasta que se hizo la respuesta.

Cada participante completó 60 ensayos ya sea con caras con expresiones felices o expresiones de enojo. Esto se hace para evitar un efecto potencial de arrastre de presentaciones repetidas del mismo modelo con diferentes expresiones faciales: El juicio previo sobre el modelo con una expresión (por ejemplo, enojado) puede afectar el juicio posterior sobre el mismo modelo con la otra expresión facial (por ejemplo, feliz), especialmente con respecto a la confiabilidad.

La intensidad emocional fue relativamente alta en todas las fotografías porque se animó a los modelos a ser lo más expresivos emocionalmente posible cuando se tomaron sus fotografías. Tales fotografías podrían haber tenido un aspecto similar entre los ensayos en cuanto a intensidad emocional porque los participantes observaron sólo un tipo de expresiones planteadas (feliz o enojado). Por lo tanto, se añadieron los estímulos de relleno con expresiones emocionales neutras para aumentar la variedad de intensidad de las expresiones faciales de modo que los participantes pudieran realizar fácilmente la tarea de calificación. Los 60 ensayos consistieron en 48 ensayos de dos condiciones de cooperación (mentirosos versus cooperadores, 24 cada uno) y 12 ensayos de relleno.

Para analizar los resultados, para cada participante, se calcularon las calificaciones medias de intensidad emocional y confiabilidad para las 4 condiciones definidas, una combinación ortogonal de dos condiciones de cooperación (mentirosos y cooperadores) y dos tipos de calificación (intensidad emocional y confiabilidad). Cada puntaje de calificación fue sometido a un análisis de diseño mixto de dos factores de varianza con la expresión facial (feliz vs. enojado) como un factor entre los participantes y la cooperación (mentirosos vs. cooperadores) como un factor dentro de los participantes.

Sobre la intensidad emocional, las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como emocionalmente más expresivas que las de los cooperadores. La expresión facial fue significativa con mayor intensidad para la expresión feliz que para la expresión de enojo. No hubo interacción entre la cooperación y la expresión facial, lo que indica que la ventaja de los mentirosos en la intensidad emocional se observó independientemente de las expresiones emocionales.

En cuanto a la confiabilidad, las fotografías de los mentirosos se calificaron de menos fiables que las de los cooperadores. Hubo un efecto principal significativo de la expresión facial, con mayor confiabilidad para la expresión feliz que para la expresión enojada. Estos efectos principales fueron calificados por una interacción significativa entre la cooperatividad y la expresión facial: Para la expresión de enojo, los mentirosos fueron calificados de menos confiables que los cooperadores. La desventaja de estos mentirosos desapareció para las expresiones felices. Además, la confiabilidad de los mentirosos fue calificada como más alta para la expresión feliz que para la expresión enojada. Esta ventaja de la expresión feliz no era significativa para los cooperadores.

A raíz de los resultados del experimento, se concluye que las fotografías de los mentirosos fueron calificadas como más expresivas emocionalmente independientemente de la expresión emocional en el presente estudio. Para la expresión de enojo, este resultado concuerda con los hallazgos previos de que los rostros de los mentirosos fueron juzgados como más agresivos (amenazantes e intimidantes) y atrajeron la atención de los observadores. Además, encontraron que los rostros poco confiables eran percibidos como más enojados que los rostros confiables.

La intensidad emocional de la expresión feliz también fue calificada como más alta para los mentirosos que para los cooperadores. Además, los rostros con expresiones emocionales felices eliminaron la desventaja de los mentirosos en la confiabilidad que se observaba en la expresión de enojo. Estos resultados apoyan la hipótesis de que la detección de mentirosos puede verse frustrada por una sonrisa falsa, que los mentirosos son más capaces de expresar con mayor intensidad que los cooperadores.

De todos modos, es necesario tener en cuenta algo, y es que a diferencia del presente estudio, otros estudios previos encontrados (no resumidos a fecha actual en el Club de Lenguaje No Verbal) han encontrado que los cooperadores, en lugar de los mentirosos, son emocionalmente más expresivos durante las interacciones sociales que los mentirosos. Estos resultados parecen ser inconsistentes con los hallazgos de este estudio. Esta inconsistencia puede atribuirse a las expresiones faciales planteadas utilizadas en el presente estudio. En contraste con el presente estudio, los estudios consultados anteriormente se centraron en las expresiones faciales espontáneas durante situaciones sociales, por lo que esa “espontaneidad” puede ser la responsable de estas diferencias, ya que las emociones espontáneas pueden funcionar como una señal para la cooperación social porque los individuos emocionalmente expresivos son menos capaces de ocultar emociones y, por lo tanto, deben comprometerse a tener intenciones de cooperación y comportarse de manera cooperativa. Dicho de otra manera, los cooperadores con señales emocionales honestas pueden ser menos capaces de fingir sus emociones que los mentirosos, quienes pueden expresar intensidades más altas de emociones falsas con el fin de disfrazar su actitud no cooperativa para que puedan fingir ser cooperativos. Además, mientras que en el presente estudio se utilizaron imágenes fijas, en estudios anteriores consultados se utilizaron vídeos que pueden transmitir información más significativa desde el punto de vista social, como expresiones faciales dinámicas e interacción social continua.

 

 

El comportamiento facial durante las fases de excitación sexual. Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Facial behavior while experiencing sexual excitement” de Fernández-Dols, Crivelli y Carrera, en el que estudian el comportamiento facial de 100 sujetos durante las cuatro fases de excitación sexual, analizando dicho comportamiento a través del sistema de codificación FACS (Facial Action Coding System, de Ekman y Friesen).

La excitación sexual involucra no sólo procesos motores y sensoriales, sino también procesos cognitivos y emocionales. Los componentes cognitivos y emocionales de la excitación sexual llevan a una pregunta interesante pero relativamente descuidada: ¿existe una expresión facial de excitación sexual? Por obvias razones éticas y convencionales, esta cuestión ha sido poco estudiada. La sexualidad es un tema potencialmente polémico que no deja indiferente a nadie, provocando reacciones positivas o negativas muy emocionales. Además, el comportamiento sexual espontáneo y cotidiano es una actividad esencialmente privada, por lo que realizer estudios (serios y profesionales) sobre ello resulta especialmente complicado.

Masters y Johnson en 1966 proporcionaron lo que probablemente sigue siendo el estudio observacional más exhaustivo de las expresiones faciales de excitación sexual. Observaron 10.000 “ciclos completos de respuestas sexuales” de 382 mujeres y 312 hombres, y sus hallazgos todavía se consideran una fuente precisa de información. Observaron una fase de intensa excitación sexual previa al orgasmo (“fase de meseta”) durante la cual se observaron “ceños fruncidos o muecas”, “contracción de la musculatura que rodea la boca” y, más tarde en esta fase, apertura de la boca. La apertura de la boca fue más frecuente en el coito, mientras que las mandíbulas cerradas y las fosas nasales acampanadas fueron más frecuentes en la automanipulación.

Una característica curiosa del trabajo de Masters y Johnson es que sus términos de elección sugieren que las expresiones faciales durante la excitación sexual son similares a las expresiones faciales generalmente categorizadas como expresión de dolor. De hecho, Hughes y Nicholson en 2008 señalaron esta similitud y estudiaron el reconocimiento de expresiones de placer sexual y de expresiones de dolor. Los participantes fueron significativamente más hábiles en reconocer expresiones faciales de dolor que expresiones faciales de placer, pero las tasas de reconocimiento de placer sexual fueron todavía muy sustanciales (79.8% para el dolor y 75.3% para el placer). Aun así, ni Masters ni Johnson ni Hughes ni Nicholson hicieron un análisis detallado de las expresiones faciales que estudiaron con ninguno de los modernos sistemas de codificación objetiva. Este aspecto de su investigación nos deja con preguntas sobre su descripción de los movimientos musculares involucrados.

Los autores de este estudio que se resume realizaron un experimento. Para ello, utilizaron un sitio de Internet que muestra vídeos cortos (aprox. 30-360 segundos) de voluntarios que grabaron su propio comportamiento facial mientras realizaban un comportamiento sexual (generalmente masturbación) y luego alcanzaban un orgasmo. El sitio web (que en el momento de escribir este artículo cuenta con 4.399 vídeos) proporciona instrucciones detalladas a aquellos que quieren publicar sus clips, incluyendo instrucciones sobre la posición de la cámara y las luces y, lo más importante, una petición explícita para evitar la exageración o la simulación.

 Los clips incluyen el orgasmo del emisor, así como una parte sustancial de las fases de la meseta de excitación (es decir, el período anterior al orgasmo) y, ocasionalmente, registros cortos de la fase final (es decir, el período de relajación después del orgasmo).

Estos clips son una valiosa fuente de información (profesional) sobre la expresión facial durante el ciclo sexual. Proporcionan una oportunidad (1) para probar la exactitud de la descripción de Masters y Johnson y (2) para obtener una descripción más precisa de las expresiones faciales observadas mediante el uso de un sistema de codificación objetivo estándar.

Para el experimento realizado los autores seleccionaron 00 clips publicados en el sitio por 100 personas diferentes (74 mujeres y 26 hombres). En este experimento se usó la herramienta FACS (Facial Action Coding System) de Ekman y Friesen, que codifica los movimientos musculares basándose en cambios visibles en la superficie facial. Un codificador entrenado en FACS analizó todas las acciones musculares faciales de los remitentes (excluyendo los movimientos de la cabeza porque la mayoría de las cabezas de los remitentes estaban en una superficie horizontal).

La codificación se dividió en cuatro períodos de acuerdo con la división del ciclo sexual de Masters y Johnson:

(1) Emoción base: los 6 segundos al principio del clip en el que el remitente comienza a estar excitado sexualmente.

(2) Meseta: la primera mitad de la secuencia de 12 segundos inmediatamente antes del periodo de Resolución. Este período está marcado por cambios en los sonidos y la respiración que marcaron un orgasmo inminente.

(3) Orgasmo: la segunda mitad de la secuencia de 12 segundos. Este segundo período de seis segundos incluye signos de orgasmo y termina cuando el orgasmo probablemente terminó, como lo indica el hecho de que las caras de los emisores se relajaron y pasaron al cuarto período. La atribución del orgasmo a este período de Meseta se basa en la tensión muscular aparente y los sonidos producidos por el emisor, una estimación que encaja con la estimación de Masters y Johnson de la duración de un orgasmo.

(4) Resolución: el período desde el momento en que el emisor se relaja, mantiene los ojos abiertos y mueve la cabeza para mirar a su alrededor, enfocándose en otras actividades que no sean el sexo (por ejemplo, ajustar la cámara o interactuar con alguien). La duración de este período variaba de un clip a otro.

Los dos períodos más relevantes son las dos mitades de la secuencia de 12 segundos de intensa excitación sexual y orgasmo inmediatamente antes del corto período final de Resolución. Dividimos esta secuencia de 12 segundos en dos mitades para distinguir entre el comportamiento facial en la meseta y cualquier movimiento reflejo potencial durante el orgasmo.

Es necesario indicar que, debido al uso de FACS para analizar los resultados, los mismos son expresados con términos AU (terminología FACS usada para los diferentes movimientos musculares). Expresar los resultados en estas unidades de movimientos musculares, y aún más, explicarlas una a unaa, resultaría complejo y extenso para el presente artículo, por lo que se indicarán únicamente las conclusiones más características de los resultados del análisis. Sin embargo, es importante recordar que el sistema de codificación facial utilizado en el sistema FACS es uno de los sistemas más importantes para el estudio de la expresión facial, y de hecho, es explicado y estudiado en profundidad, desde un punto de vista teórico y práctico, en el Master de Comportamiento No Verbal y Detección de la mentira.

Retomando los resultados, se enumeraron todos los movimientos musculares que ocurrieron en los emisores en cada periodo. Los movimientos musculares encontrados con más frecuencia en los tres primeros períodos fueron los ojos cerrados (AU43), ceño fruncido/cejas bajas (AU4) y caída de la mandíbula (AU26). En el período de excitación inicial encontramos ojos cerrados (AU43), ceño fruncido/fruncimiento de la frente (AU4), caída de la mandíbula (AU26) y movimiento de la esquina del labio (AU12).

En comparación con el período de excitación inicial, los ojos cerrados (AU43), el ceño fruncido (AU4) y la mandíbula caída (AU26) aumentaron en el período de la meseta, durante el cual también hubo, como en el período de excitación inicial, ocurrencias de AU25 (parte de los labios) y AU12 (las esquinas de los labios). Además, en el período de la meseta también hubo ocurrencias de AU42 (ojos achinados), AU6 (elevación de la mejilla), AU10 (elevación del labio superior), AU27 (estiramiento de la boca), y AU29 y AU30 (empuje de la mandíbula hacia los lados). En comparación con el período de la Meseta, el período del orgasmo mostró una disminución significativa en el ceño fruncido, elevación de la mejilla y caída de la mandíbula.

Finalmente, el periodo de Resolución es el tiempo en el que la mayoría de los comportamientos faciales característicos de periodos anteriores se desvanecieron: los remitentes abrieron los ojos, los movimientos fruncidos desaparecieron y la sonrisa (AU12) aumentó significativamente en frecuencia.

Se encontró una diferencia significativa entre hombres y mujeres en la frecuencia de dos unidades de acción relevantes en dos períodos específicos: El AU43 (ojos cerrados) fue más frecuente en las mujeres que en los hombres durante el período de la meseta, mientras que el AU10 (aumento del labio superior) fue más frecuente en los hombres que en las mujeres durante el período de la meseta-orgasmo.

Algunas AU ocurrieron en combinación con otras, y el estudio muestra una extensa tabla en la que se recogen todas las combinaciones encontradas en al menos el 5% de los remitentes en cualquier periodo. El período de excitación de la línea de base incluyó algunas caras neutras y algunas combinaciones de ojos cerrados con labios separados (AU25 y AU43) o mandíbula caída (AU26 y AU43). Durante el periodo de meseta y orgasmo las caras neutrales desaparecieron, pero una de las mismas dos combinaciones (ojos cerrados y mandíbula caída) ocurrió con mayor frecuencia. Las fases de meseta y orgasmo también incluyeron otras combinaciones, principalmente AU4 (ceño fruncido/ceja inferior) con AU4 o AU6 (fruncir el ceño y levantar las mejillas) con los ojos cerrados y los labios separados o con los ojos cerrados y la mandíbula caída. Finalmente, en el período de la Resolución encontramos un aumento significativo de caras neutrales en comparación con las demás fases.

Si bien los resultados del experimento son expresados con gran detalle en el estudio, resulta importante tener en cuenta algunas posibles limitaciones. La primera, el tamaño de la muestra (100 sujetos) resulta pequeña, más aún teniendo en cuenta la importante cantidad de clips disponibles en la página web. Y la posible segunda limitación, relacionada con la primera, la encontramos en la propia naturaleza de estos vídeos. No se trata de participantes de un experimento que siguen una serie de instrucciones, sino de sujetos que voluntariamente se grabaron a sí mismos realizando una experiencia placentera para exhibirla posteriormente en la página web, por lo que es posible que algunos de estos sujetos, al buscar exhibirse a sí mismos disfrutando de una experiencia placentera, puedan haber exagerado o incluso planeado en algún momento sus expresiones faciales.

Aun con estas posibles consideraciones o limitaciones, este experimento muestra que existe diversa actividad facial durante los periodos de excitación sexual, siendo muchos de estos movimientos musculares comunes frecuentemente especialmente en la fase de la meseta y el orgasmo. En cuanto a la hipótesis sobre la similitud entre las expresiones de excitación sexual y las expresiones de dolor, los resultados del estudio confirman las las observaciones de Masters y Johnson y de Hughes y Nicholson sobre la similitud entre la expresión del dolor y la expresión de la excitación sexual. Los movimientos faciales individuales y combinados que se observan son similares a los que se describen como la expresión del dolor, ya que la expresión prototípica del dolor incluyendo cuatro movimientos faciales centrales: ceño fruncido/bajo, (AU4), estrechamiento de la órbita (que incluye levantamiento de mejillas, AU6, o párpados apretados, AU7), levantamiento del labio superior (AU10), y cierre del ojo (AU43). En otros estudios (por ejemplo, en este estudio de Craig, Hyde y Patrick), los investigadores han descrito otros movimientos faciales recurrentes (por ejemplo, tirón de la esquina del labio, caída de la mandíbula…) en el dolor. Todas estas unidades de acción fueron encontradas en las fases de excitación sexual.

Aun así, tanto en el dolor como en la excitación sexual, no todas las personas muestran el mismo patrón facial, pero todas muestran un rango limitado de movimientos. Aunque los resultados de este estudio confirmaron la similitud entre las expresiones de dolor y excitación sexual, Hughes y Nicholson informan que aunque pudiese parecer probable confundir la expresión de uno con la del otro en función de la codificación FACS, los observadores directos pueden distinguirlos con mayor precisión que por casualidad, ya que el contexto influye en el juicio diferencial entre una u otra expresión.

Teorías de la carga cognitiva en la detección de las mentiras. La técnica SUE. Club del Lenguaje No Verbal

 

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Outsmarting the Liars: Toward a Cognitive Lie Detection Approach” de Aldert Vrij, Par Anders Granhag, Samantha Mann, y Sharon Leal, en donde explican la influencia de la elaboración de mentiras en la carga cognitiva del sujeto.  En esta ocasión, basándonos en el contenido del artículo, y ampliándolo con contenido adicional, se explicará de forma breve y sencilla cómo afecta la carga cognitiva en las declaraciones de un sujeto y cómo puede utilizarse este factor para la detección de las mentiras. 

Varias décadas de investigación de detección de mentiras han demostrado que la capacidad de las personas para detectar el engaño observando el comportamiento y escuchando el habla es limitada, con, en promedio, el 54% de las verdades y mentiras clasificadas correctamente. Para mejorar las tasas de precisión, algunos investigadores han intentado desentrañar las estrategias utilizadas por ciertas personas identificadas con habilidades extraordinarias de detección de mentiras (los llamados atrapadores de mentiras) mientras que otros investigadores han trabajado en mostrar las señales de “diagnóstico” del engaño. El éxito de tales programas de capacitación ha sido limitado, con solo unos pocos puntos porcentuales, en promedio, ganados en precisión. El problema es que las señales de engaño son generalmente débiles y poco confiables. Una de las razones es que las explicaciones teóricas subyacentes de por qué aparecen tales señales, nerviosismo y carga cognitiva, también se aplican a los que cuentan la verdad. Es decir, tanto los mentirosos como los que leen la verdad pueden temer ser incrédulos y tener que pensar mucho al proporcionar una declaración. ¿Pueden los entrevistadores hacer preguntas que provocan activamente y amplifican las señales verbales y no verbales del engaño? Los esfuerzos en el pasado (por ejemplo, la Entrevista de Análisis de Comportamiento de Reid) se han concentrado en despertar y amplificar las emociones, pero es dudoso si se pueden plantear preguntas que necesariamente generarán más preocupación en los mentirosos que en los narradores de verdad. Sin embargo, es posible hacer preguntas que aumenten la carga cognitiva más en mentirosos que en los que dicen la verdad. Esta perspectiva cognitiva de detección de mentiras consiste en dos enfoques. La técnica de carga cognitiva tiene como objetivo hacer que la entrevista sea más difícil para los entrevistados. Se argumenta que esto afecta a los mentirosos más que a los que dicen la verdad, lo que resulta en señales cada vez más evidentes de engaño. La técnica de preguntas estratégicas examina diferentes formas de cuestionamiento que provocan la mayoría de las respuestas diferenciales entre los sinceros y los mentirosos.

Sobre la técnica de carga cognitiva:  Mentir puede ser más exigente cognitivamente que decir la verdad. En primer lugar, formular la mentira puede ser cognitivamente exigente. Un mentiroso necesita inventar una historia y debe monitorear su fabricación para que sea plausible y se adhiera a todo lo que el observador u observadores saben o podrían descubrir. Por otra parte, los mentirosos deben recordar lo que han dicho a quién para mantener la coherencia. Los mentirosos también deben abstenerse de proporcionar nuevas pistas. En segundo lugar, los mentirosos son menos propensos que los sinceros a dar por sentada su credibilidad. Como tal, los mentirosos estarán más inclinados que los sinceros a monitorear y controlar su conducta para parecer honestos con el investigador, y tal monitoreo y control es cognitivamente exigente. Tercero, como los mentirosos no dan por hecho la credibilidad, también pueden monitorear las reacciones del investigador cuidadosamente para evaluar si parecen estar saliéndose con la suya, y esto también requiere recursos cognitivos. En cuarto lugar, los mentirosos pueden estar preocupados con la tarea de recordarse a sí mismos sus roles, lo que requiere un esfuerzo cognitivo adicional. Quinto, los mentirosos también tienen que suprimir la verdad mientras están elaborando las mentiras, y esto también es cognitivamente exigente. Finalmente, aunque la activación de la verdad a menudo ocurre automáticamente, la activación de la mentira es más intencional y deliberada, y por lo tanto requiere un esfuerzo mental.

Un cazador de mentiras podría explotar los diferentes niveles de carga cognitiva que experimentan los mentirosos y los sinceros para discriminar más efectivamente entre ellos. Los mentirosos requieren más recursos cognitivos que los sinceros y tendrán menos recursos cognitivos sobrantes. Si se aumenta la demanda cognitiva, lo que podría lograrse al hacer solicitudes adicionales es que los mentirosos puedan no ser tan buenos como los sinceros al hacer frente a estas solicitudes adicionales. Una forma de imponer carga cognitiva es pidiendo a los entrevistados que cuenten sus historias en orden inverso. Esto aumenta la carga cognitiva porque (a) va en contra de la codificación de orden directo natural de los eventos que ocurren secuencialmente, y (b) interrumpe la reconstrucción de eventos a partir de un esquema. Otra forma de aumentar la carga cognitiva es instruir a los entrevistados para que mantengan contacto visual con el entrevistador. Cuando las personas tienen que concentrarse en contar sus historias, probablemente cuando se les pide que recuerden lo que ha sucedido, tienden a apartar la mirada de su compañero de conversación (por lo general, a un punto inmóvil), porque mantener el contacto visual es una distracción.

En dos experimentos, se solicitó a la mitad de los mentirosos y narradores de la verdad que recordaran sus historias en orden inverso o que mantuvieran contacto visual con el entrevistador, mientras que no se dio ninguna instrucción a la otra mitad de los participantes. Aparecieron más señales de engaño en el orden inverso y manteniendo las condiciones de contacto visual que en las condiciones de control. Los observadores que vieron estas entrevistas grabadas en vídeo pudieron distinguir mejor entre verdades y mentiras en la condición de orden inverso y mantener las condiciones de contacto visual que en las condiciones de control. Por ejemplo, en el experimento de orden inverso, el 42% de las mentiras se clasificaron correctamente en la condición de control, muy por debajo de las que normalmente se encuentran en la investigación de detección de mentiras verbales y no verbales, lo que sugiere que la tarea de detección de mentiras fue difícil. Sin embargo, en la condición experimental, el 60% de las mentiras se clasificaron correctamente, más de lo que se encuentra típicamente en este tipo de investigación de detección de mentiras.

Sobre la técnica de preguntas estratégicas: Un hallazgo consistente en la investigación del engaño es que los mentirosos se preparan a sí mismos al anticipar una entrevista. La planificación facilita la mentira, y las mentiras planificadas suelen contener menos señales de engaño que las mentiras espontáneas. Sin embargo, los efectos positivos de la planificación solo surgirán si los mentirosos anticipan correctamente qué preguntas se harán. Los investigadores pueden explotar esta limitación haciendo preguntas que los mentirosos no anticipan. Aunque los mentirosos pueden negarse a responder preguntas no anticipadas, las respuestas de tipo “no sé” o “no recuerdo” generarán sospecha si las preguntas son sobre aspectos centrales (pero imprevistos) del evento objetivo. Para probar la técnica de las preguntas imprevistas, se entrevistó individualmente a pares de mentirosos y de personas que hablaban sobre haber almorzado juntos en un restaurante. Mientras los sinceros almorzaban juntos, los mentirosos no lo hicieron, pero se les ordenó que fingieran que sí. Todas las parejas tuvieron la oportunidad de prepararse para la entrevista. El entrevistador hizo preguntas de apertura convencionales (por ejemplo, “¿Qué hiciste en el restaurante?”), Seguidas de preguntas sobre detalles espaciales (por ejemplo, “En relación con dónde te sentabas, ¿dónde estaban los comensales más cercanos?”) y detalles temporales (por ej., “¿Quién terminó su comida primero, usted o su amigo?”). Además, se les pidió que dibujaran el diseño del restaurante. Las preguntas espaciales y las solicitudes de dibujo fueron una sorpresa para los entrevistados (esto se estableció después de la entrevista). Con base en la superposición de las respuestas entre los dos miembros de la pareja a las preguntas anticipadas, los mentirosos y los sinceros no se clasificaron por encima del nivel de oportunidad. Sin embargo, en base a las respuestas a las preguntas imprevistas, hasta el 80% de los pares de mentirosos y sinceros se clasificaron correctamente.

Por lo tanto, hacer preguntas imprevistas provocó señales de engaño. Hacer preguntas no anticipadas también puede ser efectivo al evaluar a los entrevistados individuales en lugar de a los pares de entrevistados. Un entrevistador podría hacer la misma pregunta dos veces. Cuando los mentirosos no han anticipado la pregunta, tienen que elaborar una respuesta en el acto. La memoria de un mentiroso sobre esta respuesta inventada puede ser más inestable que la memoria de un sincero sobre el evento real. Por lo tanto, los mentirosos pueden contradecirse a sí mismos más que los sinceros. Este enfoque probablemente funciona mejor si las preguntas se formulan en diferentes formatos. Cuando se les pidió que describieran verbalmente y dibujaran el diseño de un restaurante, las respuestas verbales y los dibujos de las personas sinceras mostraron más superposición que las respuestas verbales y los dibujos de los mentirosos. Los dibujos nunca se han usado antes como una herramienta de detección de mentiras, pero tienen potencial, como se demostró en otros experimentos. Más que una solicitud verbal, la solicitud del dibujo obliga al entrevistado a transmitir información espacial. Es decir, incluir un objeto dentro de un dibujo requiere que ese objeto esté ubicado espacialmente. En comparación, se puede describir verbalmente un objeto en una habitación sin indicar su ubicación espacial. Si un mentiroso no ha visto un elemento en un lugar determinado, puede describirlo verbalmente, pero lo hará sin explicar su ubicación para evitar el riesgo de ser descubierto. Dicha ” estrategia de enmascaramiento ” no es posible cuando se le pide que haga un dibujo. Como resultado, un mentiroso puede decidir no dibujar el objeto. En un experimento de puestos de trabajo, los sinceros discutían sus ocupaciones reales, mientras que los mentirosos discutían las ocupaciones que fingían tener. Cuando se les pidió que describieran verbalmente el diseño de su oficina, las respuestas de los sinceros y mentirosos fueron igualmente detalladas; sin embargo, cuando se les pidió que dibujaran el diseño de sus oficinas, los dibujos de los mentirosos fueron menos detallados que los de los sinceros.

El uso estratégico de la evidencia (SUE)

 Los sospechosos mentirosos y que dicen la verdad entran en entrevistas con la policía en diferentes estados mentales. Un sospechoso culpable a menudo tendrá un conocimiento único sobre el crimen, el cual, si lo reconoce el entrevistador, hace obvio que él o ella es el perpetrador. La principal preocupación del culpable será asegurar que el entrevistador no obtenga ese conocimiento. Los sospechosos inocentes enfrentan el problema opuesto, por temor a que el entrevistador no crea lo que hicieron en el momento del crimen. Estos diferentes estados mentales implican diferentes estrategias para mentirosos y sinceros. Los sospechosos culpables tienden a usar estrategias de evasión (por ejemplo, evitando mencionar dónde estaban en un momento determinado) o estrategias de negación (por ejemplo, negar haber estado en un lugar determinado en un momento determinado cuando se les preguntó directamente). Por el contrario, los sospechosos inocentes no evitan ni escapan, sino que son comunicativos y dicen la verdad como sucedió.

En la técnica SUE, el investigador busca detectar estas estrategias diferenciales a través de un uso estratégico de la evidencia disponible (por ejemplo, posible información incriminatoria, es decir, el entrevistador tiene pruebas y evidencias sobre el crimen). El propósito de SUE es hacer preguntas abiertas (por ejemplo, “¿Qué hiciste el domingo pasado por la tarde?”) seguidas de preguntas específicas (por ej., “¿Tú o alguien más manejaron tu automóvil el último domingo por la tarde?”) sin revelar la existencia de evidencias (por ejemplo, sin que el entrevistado sepa inicialmente que el entrevistador tiene las imágenes de circuito cerrado de televisión del automóvil del entrevistado conducidas en un lugar específico ese domingo por la tarde). Las personas que cuentan la verdad probablemente mencionen conducir el automóvil ese domingo por la tarde, ya sea espontáneamente o después de que se lo pidan (por ejemplo, “diga la verdad, como sucedió”). Es poco probable que los mentirosos mencionen conducir el automóvil de forma espontánea o después de que se lo pidan.

Esta técnica SUE para detectar mentiras puede ser aprendida (de hecho, es una de las varias herramientas y técnicas que se enseña en nuestro Máster de Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira). De hecho, en un experimento realizado por los autores del artículo que resumimos, la mitad de los entrevistadores recibieron entrenamiento SUE y se les ordenó entrevistar al sospechoso utilizando la técnica SUE. Los entrevistadores restantes fueron instruidos para entrevistar al sospechoso en el estilo de su elección. Los entrevistadores no capacitados obtuvieron una precisión del 56.1% (similar a la que se encuentra típicamente en la investigación de detección de mentiras verbales y no verbales), mientras que los entrevistadores entrenados en SUE obtuvieron un 85.4% de precisión. Los sospechosos culpables contradecían la evidencia con más frecuencia que los sospechosos inocentes, particularmente cuando los interrogaban entrevistadores entrenados por SUE.

¿Es la forma de hablar una señal fiable para detectar el engaño? Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Detecting Deceptive Speech: Requirements, Resources and Evaluation” de Julia Hirschberg, en donde resumimos concretamente si existen diferencias en la forma de hablar entre mentirosos y sinceros, así como los resultados de un metaanálisis referido a la forma de hablar como señal de identificación del engaño y su fiabilidad. 

El engaño generalmente se define como un intento deliberado de engañar a los demás. Los que engañan son aquellos que intentan convencer a otros de que algo es verdadero y que el engañador sabe que es falso, excluyendo, por ejemplo, a los actores o mentirosos patológicos. Distinguir a los mentirosos de los que cuentan la verdad es un tema de interés tanto para los científicos como para el personal encargado de hacer cumplir la ley, que espera que la investigación científica identifique señales confiables que puedan ser utilizadas por máquinas o humanos en la detección práctica del engaño. La mayoría de los estudios de engaño hoy se enfocan en señales visuales de engaño, como expresiones faciales (por ejemplo, Ekman) o gestos corporales (por ejemplo, Burgoon) o en señales biométricas tradicionales utilizadas en poligrafía (por ejemplo, Horvath). Muchos proyectos de investigación actuales están intentando aplicar enfoques de aprendizaje automático basados ​​en la detección de emociones como la ira, la frustración, la confianza o la incertidumbre en los sistemas de diálogo. Dicha investigación ha motivado la aplicación de técnicas similares en intentos de identificar otros tipos de estado del hablante, como el engaño, que a su vez se ha asociado en la literatura psicológica con emociones tales como miedo (de detección) o euforia (al no ser detectado). Un problema importante para los estudios de engaño en cualquier canal es el hecho de que muchas variables pueden influir en el estado del hablante durante un acto de engaño.

La mayoría de los investigadores, así como los profesionales, estarían de acuerdo en que no hay una sola señal para el engaño, sino que se deben buscar múltiples indicadores. Aunque pocos estudios se han centrado en las claves habladas, ha habido un trabajo considerable en indicadores léxicos y semánticos de engaño. En general, dichas anotaciones han sido codificadas a mano por anotadores capacitados o etiquetadas de forma subjetiva, aunque también se han realizado algunos estudios basados en palabras clave.

Los estudios del habla y el lenguaje engañosos realizados por científicos del comportamiento se han centrado principalmente en la percepción humana del engaño y los análisis descriptivos de la desviación del uso sintáctico o léxico o en el rango de tono o volumen comparado con algunas “normas” generales o específicas declaraciones escritas. Estos estudios proporcionan información útil sobre la percepción humana de las señales de engaño y algunos proporcionan correlaciones entre las percepciones humanas y las medidas objetivas de las señales en la señal del habla. Sin embargo, muchos de los hallazgos de estudios previos han sido inconclusos e incluso contradictorios, tal vez debido a la variación en la motivación de los mentirosos estudiados, a la cantidad de preparación previa empleada en la elaboración de la mentira, a las diferencias individuales entre los hablantes o al modo en que qué características particulares se han definido en diferentes estudios. Por lo tanto, se ha hipotetizado que los mentirosos hablan más que los que cuentan la verdad o hablan menos, dependiendo tal vez del cuidado con el que la mentira ha sido preparada antes de contar o el deseo del engañador de retener la información. También se ha pensado que exhiben más latencia de respuesta o menos, por razones similares; Los mentirosos demasiado ensayados pueden darse a conocer respondiendo preguntas particulares con demasiada rapidez, mientras que los mentirosos que no han sido ensayados deben dedicar más tiempo a pensar sobre la mentira que están inventando. Se ha observado que los mentirosos hablan más alto o más suave cuando están acostados, y exhiben más tensión vocal y menos “agradabilidad” vocal. Los estudios han encontrado que los mentirosos exhiben menos disfluencias o más que los narradores de la verdad, quizás de nuevo dependiendo de la cantidad de ensayo de sus historias. Sobre bases similares de que las mentiras ensayadas difieren de la revelación de la verdad normal, se cree que los mentirosos hacen menos admisiones de olvidos que los que cuentan la verdad. Se dice que los mentirosos menos ensayados parecen menos seguros, para proporcionar menos detalles y descripciones de escenas, para ser menos plausibles y lógicos en sus historias, para producir más repeticiones, para usar más negaciones y expresiones “indirectas” (por ejemplo, atribuir acciones), y opiniones para nosotros o ellos, para proporcionar menos detalles, exhibir una complejidad cognitiva menor en su discurso, y desviarse del tema con mayor frecuencia al mencionar eventos periféricos o relaciones. Estas características se capturan en varios esquemas de codificación, como la codificación NVB de Vrij de comportamientos no verbales de mirada, gesto, falta de fluidez, latencia de respuesta y velocidad de conversación; CBCA (Análisis de contenido basado en criterios), que codifica contenido léxico y RM (Reality Monitoring), que codifica la información perceptual, cognitiva y afectiva identificada en las declaraciones de los sujetos (Vrij y Masip). Los practicantes típicamente explican que pasan una buena parte de una entrevista inicial para determinar si un hablante normalmente exhibe comportamientos tales como evitar la mirada; para estos hablantes, hacer contacto visual puede despertar sospechas en los interrogatorios posteriores, mientras que para aquellos que no evitan el contacto visual normalmente, la evitación de la mirada durante el interrogatorio podría considerarse sospechosa. Y la mayoría de las características que involucran lo que se dice deben ser codificadas o interpretadas de otra manera por un agente humano con cierta habilidad.

El metaestudio de DePaulo et al. sobre las señales del engaño proporciona una excelente encuesta de 158 indicadores hipotéticos y 1338 estimaciones separadas de estudios previos. Este útil estudio compila los resultados de experimentos con sujetos en los que se observó a adultos que mienten y dicen la verdad, donde las señales potenciales de engaño se midieron objetivamente de alguna manera o se evaluaron por los humanos, en un intento de determinar qué señales representan conductas engañosas y no engañosas cuando se examinan en todos los estudios que los incluyen como factores. DePaulo examina la importancia de las claves individuales en apoyo de cinco hipótesis básicas sobre mentirosos:

  1. Los mentirosos son menos comunicativos que los que cuentan la verdad (“detienen algo”).
  2. Las historias de los mentirosos son menos convincentes en términos de la fluidez y verosimilitud de su narrativa; tienden a ser menos convincentes que los que cuentan la verdad sobre todo.
  3. Los mentirosos parecen menos positivos y agradables que los que dicen la verdad, en términos de lo que dicen y cómo lo dicen.
  4. Los mentirosos parecen tensos, debido a la carga cognitiva de mantener una mentira consistente o temer el descubrimiento.
  5. Por razones similares, los mentirosos pueden incluir más imperfecciones en sus historias, o pueden incluir menos, debido al ensayo previo de lo que planean decir.

Si bien muchas de las señales examinadas en estas categorías son gestos faciales y corporales, se incluyen una cantidad de posibles señales del habla y el lenguaje, por lo que es instructivo observar cuáles de estas señales se confirman a través de los estudios.

Con respecto a las señales acústicas y prosódicas al engaño, DePaulo descubrió que, a través de los estudios examinados, había evidencia de una diferencia significativa entre mentirosos y narradores de la verdad en la proporción del tiempo total de conversación que los mentirosos hablaban frente a su compañero de conversación, con mentirosos hablando significativamente menos que los que cuentan la verdad. Sin embargo, factores como la duración global de la respuesta, la duración de la interacción, la latencia de respuesta, el volumen y la frecuencia de conversación, que también se han propuesto como posibles pistas para discriminar el habla engañosa del no engañoso, no mostraron diferencias significativas en este metaestudio.

Con respecto a la falta de fluidez del habla (incluidas las pausas y vacilaciones llenas y silenciosas), DePaulo no encontró evidencia para esto en todos los estudios; de hecho, descubrieron que los mentirosos tendían a hacer significativamente menos autocorrecciones espontáneas. Nótese también el trabajo más reciente sobre pausas llenas y silenciosas como señales de engaño por Benus, que muestra una correlación positiva entre estas pausas y el decir la verdad. Examinando las señales léxicas y semánticas del engaño, codificadas por los evaluadores humanos, DePaulo encontró apoyo en los estudios de afirmaciones de que las producciones de mentirosos son menos plausibles y fluidas que las de los que cuentan la verdad en una serie de categorías hipotéticas en la literatura: los mentirosos proporcionaron significativamente menos detalles que los narradores de la verdad y tendían a hacer declaraciones y quejas significativamente más negativas. Los mentirosos también hicieron menos admisiones por falta de memoria y menos expresiones de duda. Fueron significativamente más propensos a mencionar frases extrañas en sus discursos que los verídicos. En general, hubo correlaciones negativas significativas entre las clasificaciones de engaño y de los observadores sobre la plausibilidad de las historias de los mentirosos y su estructura lógica, y hubo significativamente más discrepancias y declaraciones ambivalentes en sus narrativas.

Para otras señales hipotéticas de engaño en esta categoría, el estudio de DePaulo no encontró correlaciones significativas con el engaño. Estos incluyen la proporción de palabras únicas utilizadas por mentirosos, su uso de términos generalizadores, autorreferencias o referencias mutuas o grupales, el uso de construcciones tentativas (por ejemplo, “yo pienso”), la cantidad de detalles inusuales o superfluos que proporcionaron, sus discusiones sobre estado mental del hablante o del oyente, la cantidad de información sensorial que proporcionaron (codificada usando RM) y la complejidad cognitiva de su resultado. Sin embargo, es importante observar que aunque DePaulo no encontró correlaciones significativas de muchas señales hipotéticas en los estudios que incluyeron, los estudios individuales encontraron que estas características son señales útiles para el engaño, ya sea solo o en combinación con otras características. Y se han realizado trabajos más recientes en algunos de ellos, que por supuesto no se incluyeron en este metaestudio. También es difícil combinar estudios de señales individuales que pueden estar sujetos a diferentes definiciones e interpretaciones, particularmente cuando estas señales se miden perceptualmente en lugar de objetivamente. Entonces, aunque los resultados de DePaulo son útiles, claramente no descartan posibles señales de engaño.

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¿Funcionan los programas para detectar mentiras a través del análisis de la voz? Club del Lenguaje No Verbal

Existen pocas aplicaciones creadas con el objetivo de detectar el engaño a través del análisis de la voz del sujeto de forma automática. Ha habido algún intento de automatizar una forma simple de análisis léxico del texto engañoso en un programa llamado Consulta Lingüística y Conteo de Palabras (LIWC), desarrollado en la década de 1990. LIWC calcula el porcentaje de palabras en un texto que cae en una de las 72 categorías diferentes, para capturar emoción “negativa”, grado de autorreferencia e indicadores de complejidad cognitiva, bajo la hipótesis de que los mentirosos exhiben más la emoción negativa y menos las autorreferencias. Utilizando este análisis basado en palabras clave, el programa informa si el contenido del texto responde a un testimonio verídico o falso clasificando a los mentirosos versus los que cuentan la verdad a una tasa de precisión global del 61%.

Por otro lado, existe el análisis de estrés de voz para detectar mentiras. El trabajo sobre Análisis de estrés de voz (VSA) supone que los indicadores de estrés vocal también indican engaño, pero esta hipótesis no se ha respaldado en pruebas experimentales, aunque las características examinadas para el análisis de VSA pueden resultar útiles en combinación con otras caracteristicas. Los enfoques de análisis de estrés de voz (VSA) se basan en indicadores de bajo nivel de estrés, como microtemblores o fluctuaciones vocales, como indicadores indirectos de mentira. Ha habido poca evidencia de que los sistemas VSA puedan discriminar eficazmente el engaño del habla no engañosa, aunque se ha descubierto que dichos sistemas podrían ser herramientas útiles para un examinador experto. Probaron recientemente la utilidad de la inestabilidad frente a otras características como discriminadores para el engaño y encontraron que, aunque la fluctuación de voz no discriminaba, la afinación lo hacía, aunque solo de manera dependiente del hablante. Sin embargo, los sistemas VSA continúan siendo comercializados ampliamente a las agencias de aplicación de la ley como la respuesta a sus problemas de detección de engaño.

Recientemente, ha habido interés en aplicar técnicas de Aprendizaje Automático al problema de la detección del engaño a partir del habla, buscando probar cuáles de las muchas características propuestas en la literatura conductual podrían ser a) objetivamente medibles y b) discriminadores útiles.

Se han realizado estudios utilizando árboles de decisiones capacitados en información léxica para predecir el engaño. Las claves incluyen números de sílabas, palabras, oraciones, oraciones cortas y oraciones ‘simples’; medidas de complejidad de palabras y oraciones; indicadores de especificidad y expresividad; y una medida de “informalidad” basada en errores detectables automáticamente. Los resultados para los árboles de decisión de mejor rendimiento examinados a partir de 20 ejecuciones de validación cruzada en un conjunto de datos muy pequeño muestran una tasa de acierto del 70%. También se ha trabajado para aplicar las tecnologías del habla y las técnicas de aprendizaje automático al lenguaje engañoso a través del programa Columbia-SRI-Colorado (CSC). Este programa fue diseñado para provocar el discurso engañoso y no engañoso dentro del hablante. Las pruebas incluyeron entrevistas con treinta y dos hablantes nativos de inglés americano estándar. Los sujetos realizaron tareas en seis áreas, donde se manipuló la dificultad de las tareas para que los entrevistados obtuvieran puntajes más altos que un perfil artificial en dos áreas, menor en dos e idénticamente en otros dos. Los sujetos recibieron incentivos financieros y de autopresentación para convencer a un entrevistador de que, de hecho, habían realizado lo mismo que el perfil objetivo. Los sujetos fueron instruidos para presionar uno de los dos pedales ocultos del entrevistador después de cada declaración, un pedal de verdad y otro de mentira. Las entrevistas duraron entre 25 y 50 minutos, y comprendieron aproximadamente 15,2 horas de diálogo; produjeron aproximadamente 7 horas de discurso del sujeto. Los datos se registraron utilizando micrófonos en una cabina de sonido y posteriormente se transcribieron ortográficamente. Se crearon varias segmentaciones a partir de los datos: la segmentación implícita de las prensas de pedal, que se corrigió a mano para alinearse con los conjuntos de declaraciones correspondientes; segmentos de palabras, de la alineación automática de la transcripción usando un motor SRI ASR; unidades con forma de oración y etiquetadas; y grupos que se identificaron a partir de alineaciones de palabras ASR más intensidad y pausas, y posteriormente se corrigieron manualmente. Por lo tanto, el estudio consistió en la transcripción léxica, las etiquetas de mentira globales y locales, las segmentaciones y el discurso en sí mismo.

El estudio de este programa ha logrado una precisión del 66,4%, usando una combinación de características acústico-prosódica, léxica y dependiente del hablante y 64,0% utilizando las características acústicas-prosódicas solamente. Por lo tanto, los resultados producidos automáticamente por programas son bastante alentadores, pero no pueden utilizarse como factores inequívocos ni de muy alta fiabilidad.

Comportamiento No Verbal en fotografías naturales versus posadas. Club de Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión presentamos un resumen del artículo “Status, gender, and nonverbal behavior in candid and posed photographs: A study of conversations between university employees” de Judith Hall, Lavonia Smith, Frank Thayer y Jeannette Gordon, en donde explican a través de una investigación las diferencias más significativas en el comportamiento no verbal mostrado en fotos posadas frente al mostrado en fotos naturales, así como la posible diferenciación en estos comportamientos entre hombres y mujeres. 

La observación cotidiana sugiere que las personas que difieren en el estado social se comportan de manera diferente el uno del otro. Existe la idea de que los comportamientos no verbales sutiles son una forma de mostrar y mantener las diferencias de estado. La mayoría de los estudios que han examinado el estado y el comportamiento no verbal han utilizado estudiantes universitarios que interactuaron en roles determinados experimentalmente. En un paradigma, por ejemplo, a los participantes se les asignan sus roles, que pueden ser gerente-empleado, profesor-alumno, o entrevistador –entrevistado, pero muy pocos estudios se han llevado a cabo entre personas en puestos establecidos de forma natural. Aunque los experimentos que usan los roles tienen valor porque mantienen los factores extraños constantes mientras manipulan el estado, tales estudios generan preocupación sobre el impacto de las manipulaciones de estado y la naturaleza de las interacciones sociales que siguen al estar, en cierto modo, haciendo un papel.

En este estudio, los empleados de la universidad tuvieron una conversación con alguien de su departamento o unidad mientras se les tomaban fotografías. Llamamos a estas fotografías “francas” porque, aunque los participantes sabían que estaban siendo fotografiados, las fotografías se tomaron a intervalos no anunciados a medida que avanzaba la conversación. Para cada par de empleados, el asistente de investigación también obtuvo una fotografía “posada” al terminar la conversación después de 4 minutos y pidiéndoles a los participantes que miraran a la cámara para obtener una imagen final. Luego se relacionó el estado relativo autoinformado, el tipo de fotografía (sincera vs. posada) y el sexo con ocho comportamientos no verbales: inclinación hacia arriba, postura erecta, inclinación hacia adelante, sonrisa, cejas levantadas, brazos cruzados, auto tocamiento, y descansando los codos en la pierna o en los muebles.

Al tratar de relacionar el estado con una conducta sincera no verbal, lo ideal sería utilizar una observación discreta para obtener muestras de un comportamiento completamente auténtico. Sin embargo, esto no fue posible por razones éticas y, además, la observación no controlada crea ambigüedades interpretativas (debido a la confusión con las tareas y los entornos). La discusión de la relación de estado con el comportamiento no verbal se ha relacionado estrechamente con la discusión de las diferencias de género en el comportamiento no verbal. Los hombres y las mujeres difieren en el número de comportamientos no verbales, y las magnitudes de estas diferencias rivalizan o superan las de otras diferencias psicológicas de género, así como otros correlatos de las mismas conductas no verbales. La literatura indica que las mujeres sonríen y miran más, se inclinan más (se sientan de una manera menos relajada), se acercan a los demás más y se tocan más, entre otras diferencias. Henley propuso que las diferencias de género en el status subyacen a las diferencias de género no verbales, es decir, los individuos de alto status o dominantes se comportan como los hombres, mientras que las personas de bajo status o sumisas se comportan como lo hacen las mujeres, si bien relativamente pocos estudios han medido tanto el estado como el sexo en el mismo estudio y pocos estudios han podido probar esta hipótesis directamente. En este estudio los autores evalúan los resultados en busca de evidencia de que las diferencias de status podrían subyacer a las diferencias de género no verbales.

El estudio parte de la hipótesis de que las fotografías posadas provocarían una diferencia de género más extrema que las fotografías espontáneas. De esos comportamientos que se examinan, uno de los que más veces se ha examinado en investigaciones bajo diferentes circunstancias es la sonrisa. En los metanálisis se encontró que cuando la observación era más notoria (por ejemplo, la presencia de la cámara era más obvia), la tendencia de los hombres a sonreír menos que las mujeres se volvió más pronunciada . Los estudios de fotografías posadas (es decir, cámaras muy destacadas) han sido previamente virtualmente unánimes en mostrar que las mujeres sonríen más que los hombres bajo tales circunstancias. Pero, ¿qué sucede ante fotografías espontáneas? ¿aparece la misma diferencia?

Para comprobarlo, contaron con 96 profesores y personal de Northeastern University en Boston, MA. La mitad (18 mujeres, 30 hombres) de estos individuos fueron seleccionados al azar de la guía telefónica de la facultad / personal universitario por asistentes de investigación; la mitad restante (28 mujeres, 20 hombres) fueron otros profesores universitarios y personal que fueron reclutados por el primer grupo para servir como socios de interacción. Según la inspección visual de las fotografías, la muestra era blanca, con la excepción de cuatro hombres afroamericanos, dos mujeres afroamericanas y una mujer asiática. En lo sucesivo, los reclutados por los asistentes de investigación se llamarán empleados, y aquellos que a su vez fueron reclutados por los empleados serán llamados socios. En total, había 13 díadas parejas socias-socias, 5 dúo parejas socias-socias, 15 díadas parejas socias-socias, y 15 díadas parejas socias-socias. Las restricciones impuestas durante el reclutamiento fueron que los empleados no podían ser estudiantes, no podían ser conocidos por el asistente de investigación y no podían ser del Departamento de Psicología. Los empleados tenían una edad promedio de 47 años (SD = 10.62, rango = 29-69). Los socios tenían una edad media de 38 años (SD = 13.14, rango = 19-68).

60 estudiantes masculinos y femeninos de pregrado que recibieron crédito parcial en su curso de Introducción a la Psicología hicieron juicios de comportamiento no verbal de las fotografías. No se recopilaron datos sobre la etnia, pero la población de la cual se reclutaron los calificadores es predominantemente blanca y de clase media.

Cuatro asistentes de investigación (1 hombre, 3 mujeres) reclutaron a los empleados por teléfono. A los empleados se les preguntó si estarían interesados ​​en participar en un estudio conducido por un profesor en el Departamento de Psicología. Una vez aceptado, se les dijo a los empleados que serían fotografiados durante una conversación para estudiar la interacción social en una situación de “vida real”. Si los empleados estaban dispuestos a participar, se les pidió que contrataran a alguien de su departamento o unidad que no fuera un amigo personal cercano para que participara con ellos. Una vez que los empleados estaban seguros de que tenían un socio interesado en participar, el asistente de investigación programó una cita en la oficina del empleado. Al empleado y a la pareja se les pidió que sostuvieran una conversación de 4 minutos sobre “trabajo y vida en Northeastern”; muchas díadas hablaron sobre temas específicos relacionados con el trabajo. Se les informó que durante esta conversación el asistente de investigación tomaría fotografías en intervalos no anunciados. Cuando el asistente de investigación había tomado cuatro fotografías a intervalos de 40 segundos (en lo sucesivo denominadas fotografías “espontáneas”), pidió a los participantes que miraran la cámara para una fotografía final (fotografía “posada”). El asistente de investigación se abstuvo explícitamente de pedirles a los participantes que sonrieran o que dijeran “queso”. En todo momento, se permitió a los asistentes de investigación interactuar de forma natural con los participantes.

Después de que se tomó la última fotografía, se pidió a todos los participantes que completaran un cuestionario en el que calificaron, en una escala de 9 puntos, su estado relativo a la otra persona: “¿Cómo describiría su relación jerárquica (en términos de rango, autoridad, o cadena de mando) a su socio en su oficina, departamento o unidad? ” (mucho más bajo que mi compañero / mucho más alto que mi compañero). Los participantes también se les pidió que escriban su título de trabajo. Ejemplos de puestos de trabajo de alto status fueron vicepresidente y profesor; ejemplos de puestos de trabajo de bajo status fueron secretario y asistente de programación. Finalmente, los participantes calificaron el grado en que conocían a la otra persona y su comodidad, disfrute y tensión durante la conversación (en escalas de 9 puntos).

Resultaron 235 fotografías que fueron plasmadas de forma aleatoria en álbumes de fotografías. Las mitades izquierda y derecha de cada fotografía se cubrieron alternativamente con papel opaco, de modo que un evaluador determinado solo podía ver un miembro de la díada. En total, cada participante fue calificado por 5 calificadores por cada elemento de calificación no verbal. Cada evaluador puntuó solo uno de los siguientes para las 235 fotografías (solo la persona de la izquierda o de la derecha): posición de la cabeza hacia abajo / posición de la cabeza hacia arriba; cejas arqueadas / cejas levantadas; postura desplomada / postura rígida; inclinarse hacia atrás / inclinarse hacia adelante; no sonríe / sonríe intensamente (todo en escalas de 9 puntos); o una lista de verificación que enumera (1) los brazos cruzados, (2) tocarse a sí mismo (no incluye las manos apoyadas en el regazo, los brazos cruzados o las manos juntas) y (3) los codos apoyados sobre la mesa, el brazo de la silla o la rodilla. Los evaluadores en la condición de la lista de verificación podían verificar todos los que se aplicaron para cada fotografía. En la puntuación, los elementos de la lista de verificación se convirtieron en variables (presente / ausente).

El análisis se realizó del siguiente modo: En primer lugar, para cada fotografía, las clasificaciones realizadas por los cinco observadores se promediaron para cada comportamiento no verbal. A continuación, para cada participante por cada elemento de comportamiento, se promediaron las calificaciones de las cuatro fotografías tomadas durante la conversación (fotografías espontáneas). Estos se analizaron por separado de la fotografía final, que es la fotografía posada.

Los empleados y socios valoraron su propio estado relativo. Debido a que estuvieron muy de acuerdo con su estado relativo, se creó un conjunto de calificaciones de empleados y socios al promediarlos después de revertir la calificación del socio, de modo que para ambos participantes las calificaciones en el extremo superior de la escala indicaron que el empleado tenía mayor estado que el socio, mientras que las calificaciones en el extremo inferior indicaron que el empleado tenía un estado más bajo que el socio. Esta calificación de status compuesto se usó para identificar quién tenía el status más alto y quién era el miembro del status más bajo de cada díada.

Las relaciones de status, las fotografías naturales / posadas y el género a la conducta no verbal se examinaron en análisis de varianza univariante de modelo mixto de cuatro vías (ANOVA) que tenían dos factores entre pares y dos dentro de las parejas; en estos ANOVA las variables dependientes fueron las conductas no verbales, los factores entre las dos parejas fueron el género de la persona de menor status y el género de la persona de mayor status, y los factores dentro de las parejas fueron el comportamiento de la persona de menor status versus mayor y tipo de fotografía (natural / posada). Las diferencias de género se examinaron adicionalmente utilizando correlaciones entre el género (0: masculino, 1: femenino) y las conductas no verbales.

Los resultados fueron los siguientes:

En cuanto a la inclinación de la cabeza hacia arriba, los miembros de menor status inclinaron la cabeza hacia arriba más que los miembros de mayor status. Hubo también un efecto altamente significativo de fotografías naturales / posadas: Los participantes inclinaron la cabeza más en las fotografías posadas que en las naturales. No hubo otros efectos significativos.

En cuanto a la sonrisa, el status no se relacionó significativamente con la sonrisa. Sin embargo, los participantes sonreían mucho más en las fotografías posadas que en las naturales. Además, para las fotografías naturales, la sonrisa (para los dos participantes combinados) no estaba relacionada con el sexo de la persona de menor status, pero para las fotografías posadas sonriendo (para ambos participantes combinados) fue sustancialmente mayor cuando la persona de menor status era mujer que cuando la persona de menor status era hombre. Lo más llamativo es la cantidad de sonrisas en los casos en las que ambos participantes eran mujeres, en relación con las otras condiciones.

Ni el status ni las fotografías naturales / posadas se relacionaban significativamente con el auto-contacto, aunque cuando la persona de menor status era hombre, la persona de mayor status se tocaba más que la persona de menor status, pero cuando la persona de menor status era mujer no había diferencia. Aparte, en fotografías naturales, los participantes se tocaron un poco más cuando la persona de menor status era mujer que hombre, pero esta diferencia de género se revirtió para las fotografías posadas: los participantes se tocaron más cuando el status inferior era hombre en vez de mujer.

En cuanto a los codos en reposo, la persona de mayor status apoyó los codos en una pierna o en los muebles más que la persona de menor status. Además, cuando la persona de menor status era hombre, la persona de mayor status descansaba más sus codos que la persona de menor status, pero no había mucha diferencia cuando la persona de menor status era mujer.

Sobre las posturas e inclinaciones, ni el estado ni las fotografías naturales / posadas se relacionaron significativamente con estos comportamientos. Tampoco hubo otros efectos significativos en los ANOVA para estos comportamientos.

Sobre las diferencias de género en el comportamiento no verbal de la investigación, hubo algunas diferencias de género significativas. Aunque no fue consistente entre los participantes y las fotografías naturales / posadas, hubo evidencia de que las mujeres se sentaron con una postura más erguida, se inclinaron más hacia adelante, sonrieron más y arquearon las cejas más que los hombres. De todas las diferencias entre las diferencias de género naturales y posadas, la más notable fue la sonrisa: no hubo diferencias sonrientes para las fotografías sinceras, pero en las fotografías posadas las mujeres de menor status sonrieron notablemente más que los hombres de menor status.

En resumen, este estudio encontró evidencia de que varios comportamientos no verbales variaron con el status, las fotografías sinceras versus las posadas, y el sexo. Sin embargo, la evidencia de interacciones entre estos factores sugiere que puede haber una utilidad limitada para generalizar sobre cualquiera de estas variables individualmente en relación con el comportamiento no verbal. Los efectos de status no siempre fueron constantes a través del género, y las diferencias de género no siempre fueron constantes en las fotografías naturales / posadas. Es particularmente interesante que las diferencias de género en la sonrisa parecían ser especialmente sensibles a las demandas situacionales (fotografías naturales frente a las posadas).

Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte III). Club del Lenguaje No Verbal

 

Tercera y última parte del estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros,  en donde se estudia la validez de la hipótesis de los defensores de PNL que afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. 

Como se explicó en la anterior entrada, este tercer experimento examina si la supuesta relación entre los movimientos oculares en las mentiras surge en una serie de videos que contienen mentiras de gran importancia, en concreto, mentiras relativas a la desaparición de un ser querido. El proyecto implicó codificar los movimientos oculares realizados por los participantes en dos tipos de videos. En una serie de videos había pruebas convincentes de que los participantes estaban mintiendo, mientras que en la otra serie de videos la evidencia sugería fuertemente que estaban diciendo la verdad. Como antes, el estudio investigó la duración corta y más larga de los movimientos oculares en la parte superior derecha y en la parte superior izquierda. Las variables dependientes fueron la frecuencia de las miradas de los participantes (es decir, movimientos oculares que duraron un segundo o más) y miradas rápidas (movimientos oculares de menos de un segundo de duración) a la dirección superior derecha o superior izquierda durante la entrevista.

Los videos que se usaron en el experimento eran 52 videos en los que las personas hacen un llamamiento público directo para el regreso seguro de un pariente desaparecido. Estos videos han sido recopilados de agencias de noticias en varios países, incluidos Australia, Canadá, el Reino Unido y los Estados Unidos. Hay pruebas contundentes (que incluyen, por ejemplo, la posesión del arma homicida, las imágenes de la cámara de seguridad, la persona que conduce la policía al cuerpo de la víctima, el pariente más tarde encontrado vivo con el secuestrador o el familiar que se suicidó) para sugerir que las personas en 26 de estos videos estaban mintiendo y los de los otros 26 videos decían la verdad.

Cada una de las cintas de video fue codificada por dos evaluadores independientes. El procedimiento de codificación fue idéntico al empleado en el Estudio 1 e implicó contar el número de veces que el participante miró hacia arriba y hacia la derecha, y hacia arriba a la izquierda, durante cada entrevista. Un codificador analizó todos los videos, mientras que un segundo codificador examinó una selección aleatoria de 13 videos para evaluar la confiabilidad entre evaluadores.

Pues bien, como sucedió con los dos anteriores experimentos, los resultados de nuevo no fueron significativos. Si bien existen más frecuencia de miradas rápidas hacia la izquierda en los casos de mentira que en los casos de verdad, existe aproximadamente el mismo número de frecuencia y tiempo en miradas hacia la derecha en los casos de verdad y de mentira.

Por tanto, una vez más, los datos no respaldaron las afirmaciones hechas por los practicantes de PNL. En resumen, los tres estudios no proporcionaron ninguna evidencia para apoyar la noción de que los patrones de movimientos oculares promovidos por muchos profesionales de PNL ayudan a la detección de mentiras. Esto está en línea con los hallazgos de una cantidad considerable de trabajos previos que muestran que las pistas faciales (incluidos los movimientos oculares) son indicadores pobres de engaño por sí solos. Es decir, determinadas microexpresiones faciales pueden ser indicadores de incongruencias entre lo dicho verbalmente y lo expresado no verbalmente, pero eso no significa que sea un indicador de mentira, y por supuesto no debe trabajarse con un solo indicador para detectar la mentira, sino con un conjunto de indicadores o factores que puedan orientar al evaluador a considerar si existe una incongruencia entre lo que el sujeto explica verbalmente y lo que el cuerpo indica físicamente. Por tanto, aunque hayamos podido comprobar según los resultados de los experimentos la no validez de la detección de la mentira únicamente por el movimiento ocular, tampoco se debe de entender que un solo y único factor, de forma aislada, que indique incongruencia en el testimonio (por ejemplo una microexpresión o una postura corporal), sea suficiente para detectar con total fiabilidad una mentira aun cuando el significado de dicho factor esté validado científicamente.

Por último recordar, si como lector estás interesado en comprender el comportamiento no verbal y aprender a detectar la mentira de una forma rigurosamente científica, abarcando de forma profesional todas las áreas de conocimiento necesarias para convertirte en un profesional en el ámbito del comportamiento no verbal, que cuentas con el Master 100% Online de Comportamiento No Verbal y Detección de la Mentira de Behavior & Law. No olvides consultar la web, el programa del Master, y no dudes en contactar con nosotros si tienes cualquier duda.

Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte II). Club del Lenguaje No Verbal

Segunda parte del estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros en donde se estudia la validez de la hipótesis de los defensores de PNL que afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. 

En el primer estudio se comprobó que la hipótesis de los practicantes de PNL, de que los participantes tendrían una probabilidad significativamente mayor de mirar hacia su derecha cuando estaban mintiendo en comparación con cuando decían la verdad, y que serían significativamente más propensos a mira hacia su izquierda cuando decían la verdad en comparación con cuando estaban mintiendo, se cumplía pero no de una forma fiable, ya que los resultados estadísticos mostraban una diferencia de comportamiento ocular mínima entre la condición de “verdad” y de “mentira”. Podría argumentarse que el estudio carecía de validez porque los practicantes de PNL no defienden que la detección de mentiras involucre la codificación cuidadosa de las entrevistas filmadas, sino que promueve un proceso más intuitivo y holístico basado en la observación de la conducta en tiempo real. También se quiere comprobar cual es el motivo por el que la creencia de esta hipótesis es tan amplia. Por ello, resumimos a continuación el segundo experimento realizado en donde se añadían dos importantes variables: Una variable en la cual se informa a los participantes del significado que tiene mirar hacia la izquierda o hacia la derecha en función de si dicen verdades o mentiras (para comprobar si este conocimiento previo influye en el comportamiento ocular), y otra variable en la que se hace creer a los evaluadores que esta explicación se encuentra en un marco científico para comprobar si en esos casos los niveles de confianza de los evaluadores era mayor que los que no fueron informados de ello.

Para este experimento, los participantes fueron asignados aleatoriamente a uno de dos grupos. Los participantes en uno de los grupos recibieron información sobre el patrón de movimiento ocular que los practicantes de PNL creen que está asociado con la mentira (condición de “entrenamiento NLP”), mientras que los participantes en el otro grupo no recibieron esta información (condición de “control”). Luego se pidió a todos los participantes que miraran las entrevistas del Estudio 1, indicaran si pensaban que el entrevistado estaba mintiendo o diciendo la verdad, y calificaron la confianza que tenían en su decisión.

Participaron 50 sujetos (16 hombres, edad promedio 26,62 años, rango 18-73) que fueron reclutados a través de contactos de los experimentadores. A los participantes se les dijo que el estudio se refería a la psicología de la mentira y no se les compensó por su participación en el estudio.

A los participantes que aleatoriamente se les asignó el grupo de “entrenamiento PNL” se les ofreció una hoja de capacitación de PNL en donde se describían los patrones de movimiento ocular que los practicantes de PNL creen que están asociados con la mentira, y se proporcionó una ilustración clara de lo que deberían estar buscando durante la tarea de detección de mentiras. También se les proporcionó una hoja de respuestas: con ello se pedía a los participantes que indicaran si pensaban que cada entrevistado estaba diciendo la verdad o mintiendo, y calificaba el grado de confianza en su respuesta en una escala entre 1 (nada seguro) y 7 (muy seguro). A los participantes del grupo “control” no se les ofreció ninguna información sobre PNL.

A todos los participantes se les mostraron los 32 videoclips. Después de ver cada clip, se le pidió al participante que indicara si creía que el entrevistado estaba mintiendo o diciendo la verdad, e indicó qué tan seguros estaban de su decisión, en la hoja de respuestas. Los experimentadores no sabían si el clip evaluado era la verdad o una mentira

Los resultados revelaron que no había diferencia entre los niveles de precisión y las clasificaciones de confianza de los dos grupos (“entrenamiento PNL” y “control”), por lo que tampoco brindaron soporte para las afirmaciones relacionadas con la PNL y la detección de mentiras. En los videos en los que el participante decía la verdad, 16 de los 21 sujetos de “entrenamiento PNL” acertaron, mientras que también 16 de los 29 sujetos del grupo control acertaron. En cuanto a los vídeos en los que el participante mentía, 4 sujetos de los 21 sujetos “entrenamiento PNL” acertaron, y 4 sujetos de los 29 sujetos de control acertaron.

Se realizó otro experimento especialmente interesante, un tercer experimento que examinaba si la supuesta relación entre los movimientos oculares en las mentiras surgió en una serie de videos que contienen mentiras de gran importancia. El estudio utilizó una gran muestra internacional de cintas de video que contenían imágenes de personas que hacían un llamamiento público por un familiar desaparecido. En aproximadamente la mitad de estos casos, existe evidencia abrumadora que sugiere que la persona que presentó la apelación mentía, mientras que en los casos restantes, la evidencia sugiere que la apelación fue verdadera. La codificación previa de estas cintas ha revelado varias diferencias importantes en el comportamiento verbal y no verbal de los mentirosos y no mentirosos, como, por ejemplo, mentirosos que usan menos palabras, más palabras provisionales (por ejemplo, “si”, “quizás”, “tal vez”), y mayor parpadeo. Sobre la base de las afirmaciones hechas por muchos practicantes de PNL, se predijo que aquellos que mienten en las conferencias de prensa serían significativamente más propensos a mirar hacia su derecho que aquellos que dicen la verdad.

Este experimento resulta interesante porque incluye una variable: El interés propio en realizar la mentira. Debe de existir una diferencia conductual entre mentir en una investigación científica a través de las instrucciones facilitadas por los investigadores, a mentir en un entorno real, en casos especialmente graves, en los que se miente en lo relativo a la desaparición de un familiar y por tanto, aparentemente, requiere un mayor esfuerzo en la elaboración de la mentira y una conducta diferente. En este tercer experimento es en el que se observará este factor, teniendo en cuenta de nuevo que lo que se observa y se juzga es única y exclusivamente el movimiento ocular, y no el resto de posibles indicadores de mentira que puedan aparecer en los vídeos a raíz de la conducta mostrada. Este tercer experimento, y las conclusiones finales sobre la validez o no de la relación entre el movimiento ocular y la mentira, serán presentados en la próxima entrada.

Dime hacia donde miras… ¿y te diré si me mientes?. (Parte I). Club del Lenguaje No Verbal

 

Los defensores de la programación neurolingüística (PNL) afirman que ciertos movimientos oculares son indicadores fiables de la mentira. De acuerdo con esta noción, una persona que mira hacia su derecha está diciendo una mentira, mientras que si mira hacia la izquierda es indicativo de estar diciendo la verdad. A pesar de la creencia generalizada en esta afirmación, no existen suficientes exámenes científicos que validen esta creencia. Para comprobar la certeza o falsedad de estas creencias, procedemos a resumir algunos de los más interesantes experimentos encontrados en el estudio “The Eyes Don’t Have It: Lie Detection and NeuroLinguistic Programming“ de Richard Wiseman, Caroline Watt, Leanne Brinke, y otros, en donde se discuten las implicaciones teóricas y prácticas de estos hallazgos.

Los psicólogos han llevado a cabo una gran cantidad de investigaciones en un intento de establecer los correlatos conductuales de la mentira. Sin embargo, a pesar de este impresionante catálogo de trabajos, ninguna investigación previa ha examinado adecuadamente la validez de una noción que ha recibido una amplia aceptación entre el público, a saber, que los mentirosos tienden a exhibir un patrón particular de movimiento ocular. Según esta idea, cuando las personas diestras miran hacia la derecha, es probable que visualicen un evento “construido” (es decir, imaginado), mientras que cuando miran hacia la izquierda es probable que visualicen una memoria “recordada” (es decir, un evento que realmente les ha sucedido). En cambio, cuando miran hacia la derecha, es probable que estén pensando en un sonido “construido”, y cuando miran hacia la izquierda, es probable que estén pensando en un sonido “recordado”. Estas presuntas relaciones se enseñan con frecuencia en cursos de capacitación de PNL, y son omnipresentes en Internet. De hecho, una búsqueda en Google sobre los términos “programación neurolingüística” revela miles de sitios que describen la supuesta relación, y algunos videos bien conocidos de YouTube que alientan a los interesados en la detección de mentiras a adoptar este enfoque.

A lo largo de la década de 1980, los investigadores examinaron muchas de las afirmaciones hechas por los practicantes de PNL. Gran parte de este trabajo evaluó la supuesta relación entre el movimiento ocular y la modalidad de pensamiento e implicó registrar los movimientos oculares de los participantes mientras les hacía preguntas que alentaban a recordar recuerdos visuales y auditivos (por ejemplo, “¿De qué color es la puerta de su casa?”, “¿Puedes describir el sonido de la voz de tu madre?”). Este trabajo fracasó consistentemente en respaldar las afirmaciones de PNL. Aunque los defensores de PNL no vieron los pensamientos “construidos” como mentiras, esta noción se ha vuelto común, lo que lleva a muchos practicantes de PNL a afirmar que es posible obtener una visión útil de si alguien está mintiendo de sus movimientos oculares. Desafortunadamente, muy poco o ningún trabajo previo ha examinado la validez de este reclamo. Rhoads y Solomon se refieren brevemente a cuatro experimentos que supuestamente demostraron que la técnica podría usarse para clasificar con precisión el 90% de las verdades y mentiras, pero no proporcionan una referencia para estos experimentos. Vrij y Lochun se mostraron con razón escépticos sobre estos supuestos estudios, señalando que ningún otro experimento en la psicología de la detección de mentiras ha producido este nivel de precisión. Los tres experimentos que resumiremos a continuación aquí proporcionan el primer examen experimental de la supuesta relación entre la mentira y el patrón de movimientos oculares propuesto por muchos practicantes de PNL. El estudio 1 consistió en filmar a los participantes que mienten y dicen la verdad, y luego codifica sus movimientos oculares. Sobre la base de las afirmaciones hechas por muchos practicantes de PNL, se predijo que los participantes tendrían una probabilidad significativamente mayor de mirar hacia su derecha cuando estaban mintiendo en comparación con cuando decían la verdad, y que serían significativamente más propensos a mira hacia su izquierda cuando decían la verdad en comparación con cuando estaban mintiendo.

Para hacer este experimento se realizó lo siguiente. El experimento empleó un diseño dentro de dos condiciones. En cada condición, los participantes llevaron a cabo una serie de acciones y luego tomaron parte en una entrevista grabada en video sobre su comportamiento. En una condición, se pidió a los participantes que dijeran la verdad, mientras que en la otra condición se les pidió que mintieran. Como la literatura de la PNL no especifica qué duración de los movimientos oculares se consideran informativos, el estudio investigó movimientos de corta y larga duración. Las variables dependientes fueron la frecuencia de las miradas de los participantes (es decir, movimientos oculares que duraron un segundo o más) y miradas (movimientos oculares de menos de un segundo de duración) a la dirección superior derecha o superior izquierda durante la entrevista.

Para realizar el experimento se contó con 32 participantes (12 hombres, con una edad promedio de 22.3 años, rango de 18-56 años) que eran principalmente estudiantes de pregrado contratados a través de contactos de los experimentadores. Como la literatura de la PNL sugiere que la supuesta relación entre la mentira y los movimientos oculares es más fuerte en las personas diestras, los participantes solo fueron reclutados si se describían a sí mismos como diestros. A los participantes se les dijo que el estudio se refería a la psicología de la mentira, pero no se les informó que implicaba estudiar el movimiento ocular. Los participantes fueron evaluados individualmente.

El orden en el que completaron la condición “Mentira” y “Verdad” se determinó al azar mediante un lanzamiento de moneda. En la condición de “Mentira”, al participante se le dio primero el teléfono móvil del experimentador. Luego se les ordenó ingresar a una determinada oficina, esconder el teléfono en su bolsillo o bolso y regresar a la sala de informes. El experimentador explicó que serían llevados a una sala de entrevistas y filmados respondiendo tres preguntas: “¿Qué hiciste dentro de la oficina?”, “¿Qué objetos viste en el cajón del escritorio?” Y “¿Cuál era el diseño de los objetos en el cajón?”. Cuando se les preguntó qué hacían dentro de la oficina, se le pidió al participante que mintiera, y dijo que ellos abrieron el cajón del escritorio y pusieron el teléfono dentro. Cuando se le preguntó qué objetos veían en el cajón, se le pidió al participante que describiera cinco objetos plausibles (“verosímil” se definió como algo lo suficientemente pequeño como para caber y se puede ver en un cajón del escritorio). Cuando se le pide que describa el diseño de los objetos, se le pidió al participante que diera una descripción ficticia. Se le pidió al participante que fuera lo más convincente posible a lo largo de la entrevista. El participante completó esta tarea y luego fue llevado a la sala de entrevistas y entrevistado por un segundo experimentador que desconocía si el participante estaba mintiendo o diciendo la verdad. Durante la entrevista, el participante se sentó frente a un fondo negro con la cámara enfocada en la cara del participante para que sus movimientos oculares estuvieran claramente registrados. En la condición de “Verdad”, al participante se le entregó el teléfono móvil del experimentador y se le indicó ir a cierta oficina, abrir el primer cajón del escritorio en la oficina, colocar el teléfono dentro del cajón y observar los otros objetos dentro del cajón, y luego que regresase a la sala de información. El experimentador explicó que luego serían llevados a una sala de entrevistas y filmados respondiendo tres preguntas: “¿Qué hiciste dentro de la oficina?”, “¿Qué objetos viste en el cajón del escritorio?” y “¿Cuál era el diseño de los objetos en el cajón?”. Al participante se le pidió que dijera la verdad durante toda la entrevista. El participante completó la tarea y luego fue llevado a la sala de entrevistas y entrevistado por un segundo experimentador. El contenido del cajón del escritorio de oficina para cada prueba se eligió al azar de un grupo de treinta objetos cotidianos (por ejemplo, grapadora, manzana, calculadora, paraguas pequeño, sobre).

Cada una de las 64 entrevistas (es decir, dos entrevistas por participante) fueron codificadas por dos calificadores independientes. Para asegurarse de que los evaluadores no fueron influenciados por los comentarios de los participantes durante las entrevistas, las pistas de audio fueron eliminadas antes de la codificación. La codificación incluía contar el número de veces que el participante miraba y hacia la derecha, y hacia la izquierda, durante cada entrevista. Los movimientos de los ojos en otras direcciones (por ejemplo, directamente hacia arriba o hacia abajo) no fueron codificadas. Para ayudar a garantizar la alta confiabilidad entre evaluadores, los evaluadores recibieron capacitación sobre cuatro entrevistas de ‘prueba’ que se filmaron además de las entrevistas de los participantes.

Los dos evaluadores observaron repetidamente cada entrevista tanto a velocidad normal como a baja velocidad, y contaron la cantidad de veces que el participante miró arriba a la derecha por un segundo o más, arriba a la izquierda por un segundo o más, arriba a la derecha por menos de un segundo y arriba a la izquierda por menos de un segundo.

Pues bien, los resultados del análisis no mostraron resultados concluyentes. Las miradas a la izquierda y a la derecha se produjeron indistintamente al decir la verdad o al mentir. En cuanto al tiempo en segundos en los que se desviaba la mirada, tampoco se encontraron resultados relevantes: Las miradas rápidas hacia la izquierda se realizaron con más frecuencia al decir la verdad que al mentir, y las miradas hacia la izquierda durante más de un segundo se produjeron más en la condición de la verdad que en la condición de la mentira. Sin embargo, las miradas rápidas hacia la derecha se produjeron por igual en los casos de mentiras que en los casos de verdad, y las miradas de más de 1 segundo a la derecha se produjeron tan solo un poco más en las condiciones de mentira que en las de verdad. En los 4 casos, las diferencias de tiempo y frecuencia son insignificantes, por lo que la hipótesis no puede considerarse válida por si sola, o mejor dicho, aunque los datos validen la hipótesis, la validez estadística es demasiado débil como para poder asegurar de forma científica que la hipótesis se cumple con certeza.

Podría argumentarse que el estudio carecía de validez porque los practicantes de PNL no defienden que la detección de mentiras involucre la codificación cuidadosa de las entrevistas filmadas, sino que promueve un proceso más intuitivo y holístico basado en la observación de la conducta en tiempo real. El Estudio 2 abordó este tema informando a un grupo de participantes sobre los movimientos oculares que los practicantes de PNL afirman estar asociados con la mentira, y luego pidiéndoles que vean las entrevistas del Estudio 1 y clasifiquen cada una como una mentira o la verdad. Se formuló la hipótesis de que los participantes en este grupo de “entrenamiento PNL” superarían a un grupo de participantes control que no habían recibido tal entrenamiento. En segundo lugar, suponiendo que no exista una relación entre los patrones propuestos de movimientos oculares y la mentira, ¿por qué la gente debería creer que existe tal patrón? Una posibilidad es que las personas confíen más en sus capacidades de detección de mentiras cuando creen que están siguiendo un marco teórico científico, como el aparentemente proporcionado por PNL. El Estudio 2 también abordó esta pregunta al pedirles a los participantes en las condiciones de “entrenamiento PNL” y “control” que califiquen qué tan seguros estaban de sus juicios. Se formuló la hipótesis de que el grupo de “entrenamiento PNL” produciría niveles de confianza significativamente más altos que aquellos en el grupo “control”. En la siguiente entrada del blog veremos cómo se desarrolló este segundo experimento.

El comportamiento no verbal en entornos virtuales (Parte II). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la segunda parte del resumen del estudio “Cyber-Flirting: An Examination of Men’s and Women’s Flirting Behaviour Both Offline and on the Internet” de Mónica Whitty, estudio en donde se explican las formas de comunicación online y las diferencias y similitudes entre el comportamiento no verbal tradicional y el que se establece a través de Internet y Redes Sociales.

En la primera parte del artículo resumimos algunas de las características comunes en el coqueteo fuera y dentro de la red según el género del individuo. A continuación se busca respuesta a las siguientes hipótesis:

Hl: El cuerpo (o la descripción del mismo) se usa para coquetear con la misma frecuencia en salas de chat que en situaciones cara a cara.

H2: Las mujeres coquetearán tanto en salas de chat como en situaciones cara a cara con más frecuencia que los hombres al emplear señales no verbales (o sustitutos en línea para estas señales).

H3: Los hombres coquetearán tanto en las salas de chat como en las situaciones cara a cara con más frecuencia que las mujeres al describir su estado socioeconómico y al iniciar el contacto.

Para responder a estas hipótesis, los participantes que habían utilizado salas de chat fueron invitados a participar en el estudio. 5.697 individuos completaron la encuesta, de los cuales 3554 (62%) eran mujeres y 2143 (38%) eran hombres. Aunque es una limitación de la encuesta, para eliminar el sesgo solo se invitó a los heterosexuales a participar. Las edades variaron de 18 a 70 con una media de 23. El 70% de la muestra tenía una educación secundaria, el 14% había completado un diploma o un certificado, 13% un título y 3% calificaciones de postgrado. El 55% de la muestra eran solteros, 29% tenían novio o novia, 11% estaban casados, 4% estaban separados o divorciados, y 1% no respondieron. El 74% en algún momento de sus vidas, formaron una relación romántica con alguien que conocieron fuera de línea, mientras que el 23%, en algún momento de sus vidas, formaron una relación romántica con alguien que conocieron en línea. El 35% se había encontrado con alguien cara a cara a quien se habían encontrado por primera vez en línea. El 59% de la muestra declaró que coqueteaba con más frecuencia fuera de línea, 22% más frecuentemente en línea, 13% lo mismo y 6% no coqueteaba. La muestra consistió en individuos de una variedad de países, con 69% de América y Canadá, 16% de Australia y Nueva Zelanda, 6% del Reino Unido, 2% de Europa, 2% de Asia, 1% de América del Sur, 0.5% de Medio Oriente y 0.2% de África (el resto no indicó su país de residencia).

Se construyó una encuesta que se centró en las formas en que las personas coquetean en situaciones cara a cara y cómo coquetean en las salas de chat. Aunque se pudo haber seleccionado una gran cantidad de conductas de coqueteo para este estudio, dado que los objetivos eran examinar si el cuerpo puede reconstruirse en línea para coquetear y examinar si los hombres y las mujeres coquetean de maneras tradicionalmente definidas, este estudio se enfocó en conductas no verbales y sus sustitutos en línea, descripciones de atractivo y estado socioeconómico, y el inicio del contacto con otro.

A los participantes se les pidió que calificaran en una escala de Likert de 7 puntos (1 = nunca, 7 = todo el tiempo) con qué frecuencia coqueteaban al mostrar comportamientos particulares para indicar atracción por otro. A los participantes se les pidió que consideraran el comportamiento coqueto en situaciones cara a cara y el comportamiento coqueto en las salas de chat. Algunos ejemplos de ítems incluyen: ‘¿Alguna vez te has esforzado por parecer físicamente atractivo para que puedas atraer a otro / a otros?’ y ‘¿Alguna vez utilizas emoticones, como caras sonrientes : ) o un guiño ; ) para indicar a alguien en línea que te sientes atraído por ellos?’ A los participantes se les preguntó si coqueteaban describiendo el ingreso y / o la educación y / o la ocupación; haciendo un esfuerzo por parecer físicamente atractivo; iniciar una conversación con alguien que encontraron atractivo; mostrar gestos no verbales, como sonreír o mirar; y riendo y tocando. A los participantes se les preguntó si coqueteaban en línea al describir el ingreso y / o la educación y / o la ocupación; describiéndose a sí mismos como físicamente atractivos; iniciar contacto con alguien que conocieron en línea; mostrar sustitutos no verbales, como emoticones ( :O ,  ; )  , XD); y usando acrónimos, como LOL (reír a carcajadas, muchas risas).

Los resultados fueron los siguientes:

Para probar la primera hipótesis, se realizaron pruebas pareadas en los ítems que evaluaron el grado en que el cuerpo se representó en el comportamiento de flirteo. La mayoría de los participantes (59%) afirmaron que coqueteaban con más frecuencia fuera de línea, y los datos revelan que las personas que coqueteaban con más frecuencia cara a cara eran más propensas que las que coqueteaban en línea para flirtear en situaciones cara a cara a usar señales no verbales y reír, e iniciar el contacto o la charla. Las comparaciones también mostraron que las personas que coqueteaban con mayor frecuencia en línea enfatizaban el atractivo más que las personas que coqueteaban cara a cara o coqueteaban tanto en línea como fuera de línea. Además, las personas que coqueteaban con más frecuencia en línea eran más propensas que las personas que coqueteaban más frecuentemente cara a cara para destacar su  nivel socioeconómico.

Con los datos obtenidos en las encuestas se investigaron también las diferencias sexuales en el comportamiento de flirteo. Las variables dependientes incluyeron elementos que medían el comportamiento coqueto en línea y fuera de línea.

La Hipótesis 2 fue parcialmente respaldada por los resultados. Las mujeres coqueteaban más que los hombres en situaciones cara a cara, al mostrar señales no verbales, reír, tocar y hacer un esfuerzo con su apariencia. En línea, las mujeres coqueteaban más que los hombres al usar sustitutos de señales no verbales (como emoticones) y risas (como acrónimos como LOL) y describiéndose a sí mismas como físicamente atractivas.

La hipótesis 3 también fue parcialmente respaldada. Los hombres coqueteaban más que las mujeres en situaciones cara a cara enfatizando su estatus socioeconómico. Sin embargo, contrariamente a las expectativas, los hombres no eran más propensos a iniciar contacto fuera de línea. En línea, sin embargo, los hombres eran más propensos que las mujeres a iniciar contacto (iniciando la conversación).

Por tanto, podemos concluir que a pesar de las afirmaciones de algunos investigadores de que Internet es más una reunión de mentes que de cuerpos, este estudio encontró alguna evidencia de que el cuerpo desempeña un papel importante en el coqueteo cibernético en las salas de chat. Los datos sugieren que las personas son más propensas a usar el cuerpo para coquetear fuera de línea. Sin embargo, dado que la mayoría de la muestra declaró que flirteaba más fuera de línea, se requirió un segundo análisis. En este segundo análisis, las personas que afirmaron coquetear más cara a cara se compararon con las personas que afirmaron coquetear más en línea, y con las personas que afirmaron coquetear en línea tanto como lo hicieron fuera de línea. Esto resaltó algunas diferencias significativas. Los resultados sugirieron que aquellos que coquetean más en línea pueden traducir el cuerpo a través de texto, usando, por ejemplo, cinética (en forma de acrónimos, como LOL), ocular (en forma de emoticones, como un guiño), y háptica (a través de descripciones en el texto). De hecho, la representación de las señales no verbales y la risa parece ser una forma popular para las personas para ciber-ligar. Este estudio respalda de alguna manera los argumentos teóricos previos de que el cuerpo puede traducirse con éxito en línea. Sin embargo, es posible que cuanto mejor se manejan en Internet, más capaces de hacerlo.

En general, los hombres y las mujeres coqueteaban en formas distintivamente definidas por el género, tanto en encuentros cara a cara como en salas de chat. Aunque los pequeños tamaños de efecto sugieren que debemos tratar estos resultados con precaución, como se predijo, las mujeres eran más propensas que los hombres a coquetear en línea y fuera de línea empleando señales no verbales, riéndose y enfatizando el atractivo físico.

El comportamiento no verbal en entornos virtuales (Parte I). Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “Cyber-Flirting: An Examination of Men’s and Women’s Flirting Behaviour Both Offline and on the Internet” de Mónica Whitty, estudio en donde se explican las formas de comunicación online y las diferencias y similitudes entre el comportamiento no verbal tradicional y el que se establece a través de Internet y Redes Sociales.

Dado el creciente número de relaciones que se inician en línea, ahora existe una necesidad adicional de comprender exactamente cómo estas relaciones comienzan. Algunas investigaciones han considerado cómo las relaciones románticas progresan en línea; por ejemplo, Whitty y Gavin sostuvieron que las relaciones a menudo no permanecen en línea, sino que tienden a progresar del chat al al teléfono o cara a cara. McKenna, Green y Gleason  concluyeron a partir de su investigación que la capacidad de autodescubrir más en un entorno anónimo fueron razones importantes por las que las relaciones en Internet se desarrollan rápidamente y suelen ser íntimas y cercanas. Sin embargo, aunque su investigación apoya en parte sus afirmaciones, estos investigadores no exploraron en detalle los tipos de conversaciones que tienen lugar en línea. Por ejemplo, ¿fueron algunas de estas conversaciones sobre la apariencia? Whitty ha argumentado que, aunque los cuerpos físicos no están presentes en línea, el cuerpo sigue siendo importante. Por ejemplo, una persona puede coquetear en línea al describir cómo se ve, siente y huele su cuerpo.

Dado el fuerte énfasis de los teóricos sobre la ausencia del cuerpo en línea y los argumentos para que la atracción en Internet sea el resultado de una “reunión de mentes”, uno de los objetivos de este estudio fue examinar si se ha pasado por alto el papel del cuerpo. Además, este estudio tuvo como objetivo explorar si los hombres y las mujeres coquetean en línea de maneras tradicionalmente definidas. Si bien se reconoce aquí que hay una gran variedad de comportamientos de flirteo que los científicos sociales deberían considerar, este estudio limitó su enfoque a lo siguiente: comportamientos no verbales, como sonreír, mirar y tocar; sustitutos de comportamientos no verbales, como emoticones (sonrisas, guiños), acrónimos (LOL – reír a carcajadas), descripciones de atractivo físico, descripciones de estado socioeconómico e inicio de contacto.

En ocasiones se ha argumentado que las discusiones sobre la ausencia del cuerpo en Internet son contraproducentes y los científicos sociales deben cambiar su enfoque a cómo se retrata el cuerpo en línea. Hasta hace poco se creía que el comportamiento de flirteo cara a cara consiste principalmente en señales no verbales, especialmente en las primeras etapas de las relaciones. El lenguaje corporal puede señalar la atracción sin la obviedad de la palabra hablada. Esta ambigüedad protege a las personas de cualquier humillación si la persona a la que señalan atracción no comparte sus sentimientos. Algunos códigos básicos que son importantes a considerar en el coqueteo incluyen cinética, miradas, apariencia física, olor, voz, aspectos proxémicos y hápticos… Si bien los individuos pueden ser hábiles para mostrar estas señales de flirteo en encuentros cara a cara, la pregunta es cómo se replican estas señales tradicionales sin conexión en línea, si es que lo hacen. Este documento ahora considera estos códigos básicos de flirteo con mayor detalle y especula sobre cuáles podrían ser los equivalentes en línea.

Las exhibiciones tradicionales de gestos cinéticos incluyen sacudir el cabello, lamerse los labios, sonreír, reír o reírse tontamente. Los movimientos oculares, incluyen dilatación de la pupila, miradas recatadas, miradas cortas, destellos de cejas a menudo acompañados de una sonrisa y contacto visual. Las formas olfativas de flirteo se ejemplifican por el uso de perfume y para después del afeitado. El lenguaje coqueto es típicamente un discurso más animado con una cantidad moderada de risa, menos silencios y pausas y mayor calidez e interés. Proxémica es la cantidad de distancia personal mantenida entre individuos. Las personas que se inclinan una hacia la otra y que están en el mismo ángulo corporal son percibidas como más coquetas que las que se alejan unas de otras. La háptica, o el uso del tacto, es una forma común de comunicación, particularmente en el comportamiento de flirteo. Otro signo de comportamiento seductor es el uso del ajuste innecesario de la ropa.

Para que el coqueteo ocurra en el ciberespacio, el cuerpo debe representarse a través del texto. Por ejemplo, en lugar de esforzarse por verse bien, como se haría tradicionalmente en una cita fuera de línea, las personas pueden crear una primera impresión al describir a través del texto qué tan atractivas son. Sin embargo, a diferencia de las interacciones tradicionales, esto no se limita a la apariencia del cuerpo real. Como se argumentó en documentos anteriores, el ciberespacio permite a una persona crear un cuerpo nuevo y atractivo a través del texto. De hecho, podemos idear un ser completamente nuevo y atractivo; uno que tiene un buen trabajo, gana enormes sumas de dinero y es bien educado. Incluso si las fotos se intercambian en línea, estas no son fotos necesariamente de la persona real, o alternativamente, las personas pueden seleccionar cuidadosamente imágenes de sí mismos que salen especialmente bien (posiblemente seleccionando sus mejores fotos, o incluso sus fotos siendo mucho más jóvenes).

Las miradas y movimientos de las cejas no se replican tan fácilmente en línea. Sin embargo, hay algunas alternativas a estos gestos no verbales. Por ejemplo, los emoticones, que son dibujos hechos a partir de símbolos de puntuación, podrían ser una alternativa útil. Expresiones faciales como caras sonrientes, guiños y besos como un sustituto del lenguaje corporal. Además, en lugar de utilizar risas audibles, las personas pueden usar acrónimos, como LOL (“lot of laughts”, es decir, reír a carcajadas o muchas risas). Otro dispositivo que se puede agregar al repertorio de comportamientos de flirteo en línea es el uso de nicks seductores. Aunque el contacto físico no es posible en línea, puede describirse cómo se siente y cómo se puede imaginar.

Algunos comportamientos de flirteo fuera de línea son aún menos fáciles de traducir en línea. Por ejemplo, es difícil encontrar sustitutos de la proxémica. Los participantes en línea no saben cómo huele la persona con la que están hablando, y las sutilezas de la voz, como el tono y el timbre, no son evidentes en línea. Las pausas en la conversación pueden atribuirse a una mala conexión a Internet o malas habilidades de escritura en lugar de una falta de interés. Las personas tampoco pueden indicar atracción en línea inclinándose más cerca de la otra persona o reflejando sus movimientos corporales.

Además de considerar cómo se representa el cuerpo en un comportamiento coqueto en línea, este estudio examinó si las diferencias de género características del coqueteo sin conexión eran evidentes en el coqueteo en línea. Los psicólogos evolutivos sugieren que las mujeres aportan información de sus cuerpos físicos, lo que debería indicar una buena salud, juventud y fertilidad. Por el contrario, algunas de las características deseables importantes para los hombres incluyen el dominio físico y la capacidad de producir recursos (por ejemplo, estatus social, ambición y altos ingresos). De hecho, la investigación ha encontrado evidencia para respaldar estos supuestos. Los hombres califican el atractivo físico como una cualidad importante en una pareja más que las mujeres, y las mujeres otorgan calificaciones más altas a los rasgos que reflejan dominio y estatus social.

Si los hombres y las mujeres le dan más importancia a algunas cualidades atractivas que a otras, a su vez esperaríamos que los hombres y las mujeres coqueteasen de diferentes maneras para acentuar las características deseadas. La investigación ha observado a las mujeres en lugares como bares de solteros. Se identificaron 52 muestras no verbales diferentes por parte de las mujeres, señales de coqueteo que servían para atraer y provocar el acercamiento de los hombres. Estos incluían gestos tales como patrones faciales y de la cabeza, sonreír, reír, tocar, inclinarse y arreglarse discretamente. A diferencia de las mujeres, los hombres eran más propensos a coquetear mediante el estado de señalización y el dominio, que a menudo se consigue gastando dinero, exagerando sus ingresos, vistiendo ropas costosas, alardeando de su inteligencia superior y exagerando su nivel de popularidad sexual.

Estas diferencias de género no se limitan simplemente a los encuentros cara a cara. Una investigación realizada en la década de 1970 descubrió que las mujeres en los anuncios personales eran más propensas a ofrecer atractivo y buscar seguridad financiera, mientras que los hombres eran más propensos a ofrecer seguridad financiera y buscar el atractivo. El atractivo físico era la calidad de mayor rango deseada por los hombres, y de hecho aparecía más del doble de frecuencia en los avisos de los hombres que en las mujeres. Las mujeres, por el contrario, tenían más probabilidades de esperar a un hombre comprensivo, emocionalmente sano y financieramente estable.

Algunos teóricos han sugerido que el Ciberespacio es un lugar donde las personas se liberan para ser quienes quieran. El ciberespacio es posiblemente un lugar donde los individuos pueden trascender los roles de género cuando se trata de un comportamiento coqueto. Sin embargo, algunas investigaciones sugieren que las tendencias de las relaciones fuera de línea se replican en línea. Por ejemplo, se ha encontrado que en las salas de chat los hombres mienten o exageran más detalles sobre su educación, ocupación e ingresos que las mujeres.

Scharlott y Christ en 1995 hicieron la primera investigación sobre las diferencias de género y la atracción en un sitio de citas en línea. Estos investigadores encuestaron a personas utilizando un sitio de citas por Internet llamado Matchmaker. En ese momento, las fotos y los videos no eran una característica del servicio, sin embargo, los participantes pudieron calificar su atractivo en una escala de apariencia ‘muy buena’ a ‘inferior a la media’. Estas personas también incluyeron otros detalles sobre ellos mismos, incluidos los ingresos. Scharlott y Christ  encontraron que “muchos usuarios heterosexuales de Matchmaker se ajustan en gran medida a los roles específicos de género tradicionalmente atribuidos a hombres y mujeres”. En su estudio, los hombres eran más propensos a iniciar contacto y las mujeres tenían más probabilidades de asumir un rol pasivo. Además, las mujeres que calificaron su apariencia como superior a la media o muy buena recibieron más mensajes de los hombres que las mujeres que se calificaron a sí mismas como promedio. Curiosamente, lo mismo no ocurrió para los hombres.

Para los propósitos de este estudio, los investigadores eligieron las salas de chat, ya que el texto era el modo primario de comunicación en estos espacios al momento del estudio; a diferencia, por ejemplo, de los sitios de citas en línea que generalmente muestran fotografías. Basándose en la investigación descrita en el artículo que resumimos, se generaron las siguientes hipótesis:

Hl: El cuerpo (o la descripción del mismo) se usa para coquetear con la misma frecuencia en salas de chat que en situaciones cara a cara.

H2: Las mujeres coquetearán tanto en salas de chat como en situaciones cara a cara con más frecuencia que los hombres al emplear señales no verbales (o sustitutos en línea para estas señales).

H3: Los hombres coquetearán tanto en las salas de chat como en las situaciones cara a cara con más frecuencia que las mujeres al describir su estado socioeconómico y al iniciar el contacto.

Los resultados de las hipótesis, así como el método de investigación empleado, será explicado en el siguiente artículo.

La importancia de la inmediatez en el comportamiento no verbal para crear vínculos de confianza. Club del Lenguaje No Verbal

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “Creating Immediacy Using Verbal and Nonverbal Methods” de Debra Dalonges y Jacquelyn Fried, documento en donde se explica la importancia de la inmediatez y de las relaciones positivas a través del comportamiento no verbal para establecer vínculos de confianza entre pacientes y médicos o alumnos y profesores.

La inmediatez se define como el grado de cercanía física o psicológica percibida entre dos personas. Las personas se sienten atraídas por las personas y cosas que les gustan, evalúan positivamente y prefieren, y evitan o se alejan de las cosas que les disgustan, evalúan negativamente o no prefieren.

La inmediatez abarca técnicas de comunicación verbal y no verbal que se pueden aplicar en múltiples entornos. Reducir el estrés y establecer una relación con los clientes requiere integrar la delicadeza de un educador y la compasión de un médico de calidad. Los educadores usan técnicas de inmediatez para educar a sus alumnos; estos mismos métodos se pueden aplicar en un entorno clínico. Al igual que los académicos, los higienistas dentales confían en las habilidades de comunicación verbal y no verbal finamente perfeccionadas para impartir información sobre educación sanitaria para motivar y educar a los pacientes sobre la salud oral y sistémica. Los higienistas dentales, como médicos expertos y conocedores, deben utilizar habilidades de comunicación que generen confianza en los pacientes y que transmitan sus habilidades y conocimientos. Los rasgos deseados asociados con la inmediatez verbal incluyen la autorrevelación, el humor, el tono, la referencia a los rasgos positivos y el discurso de otro con respecto a las similitudes. Las principales señales no verbales asociadas con la inmediatez incluyen la escucha empática, la migración facial (que muestra la expresión), la sonrisa, la orientación de la mirada, la apariencia física y el tacto.

Mediante estrategias de comunicación no verbales y verbales, un higienista dental puede mejorar las interacciones y alentar a los clientes a expresar sus inquietudes. Las señales no verbales pueden ser mucho más importantes que lo que se dice. Estas señales pueden influir en los resultados de los intercambios académicos y clínicos.

De acuerdo con los resultados de la comunicación educativa, los pacientes que ven a los médicos como profesionales cercanos son menos temerosos y generalmente están más satisfechos con la atención médica que reciben. El atractivo interpersonal, el grado en que otros responden positivamente entre sí, se puede mejorar utilizando comportamientos de inmediatez. Los médicos que deseen emplear los comportamientos de la inmediatez deben explorar las técnicas verbales y no verbales y las formas de asegurar su congruencia. Actos simples como mantener el contacto visual cuando se comunican, tocar suavemente el brazo de un paciente para reforzarlo y hablar con un tono suave y no amenazante son algunas de las maneras de lograr la inmediatez. La aplicación consciente y el aprendizaje diligente de estrategias de comunicación tanto verbales como no verbales pueden ayudar a mejorar los resultados de la educación sanitaria.

Una parte de toda comunicación son los comportamientos no verbales. Estas conductas incluyen el estudio de los movimientos corporales al comunicarse, los gestos y expresiones faciales, la proxémica (la naturaleza, grado y efecto de la separación espacial que los individuos mantienen naturalmente), la sensibilidad de la piel, el uso de artefactos, características físicas, movimiento ocular, comportamiento conmovedor y factores ambientales. Las expresiones faciales y los gestos incluyen el contacto corporal, la apariencia física y la dirección de la mirada. Los comportamientos no verbales incluyen las variables paralingüísticas del tono emocional, el tiempo y el acento. Los docentes consideran que los profesores que transmiten mensajes de cuidado verbal en combinación con señales de cuidado no verbal son más creíbles. Algunos investigadores creen que los comportamientos no verbales son más efectivos para comunicar la inmediatez que los comportamientos verbales. Las señales no verbales a menudo son innatas y, a veces, pueden contradecir un mensaje verbal. Quien tiene un conocimiento experto de las conductas no verbales puede transmitir efectivamente un mensaje no verbal controlado.

Al aplicar los principios de inmediatez, se pueden combinar comportamientos de comunicación tanto verbales como no verbales. Ya sea que se discuta el estado de salud de una persona o se educa a los estudiantes, los mensajes se transmiten a través de dos tipos de comunicación: explícita e implícita. Los mensajes explícitos llevan el contenido; la comunicación implícita transmite emociones y sentimientos. Los mensajes explícitos son fundamentalmente verbales, mientras que las comunicaciones implícitas son principalmente no verbales. Del 7% de la comunicación verbal, se descubrió que el 38% pasa por el tono de voz y el 55% por el lenguaje corporal general. Al formar relaciones de inmediatez con los pacientes, los médicos deben considerar todos los actos de comunicación verbal y no verbal.

La inmediatez muestra calidez y mejora las interacciones y las relaciones. Las interacciones con los pacientes son experiencias humanas que crean un vínculo relacional. La comunicación efectiva es un vehículo a través del cual se optimiza la participación de los pacientes. Un estudio correlacional de enfermeras y pacientes reveló que la fortaleza de su vínculo facilitó resultados positivos de la atención y una mayor satisfacción del paciente. Fomentar y fortalecer los vínculos de los higienistas dentales con sus pacientes podría producir resultados similares.

Relatando el principio educativo de la inmediatez, Vélez y Cano estudiaron la asociación entre la motivación del estudiante y la inmediatez del maestro. Su encuesta encontró que para aumentar la motivación del estudiante a través de señales verbales y no verbales se debían de exhibir gestos positivos y alentadores. Las expectativas de éxito se potencian mediante una combinación de comunicación verbal y no verbal constante, positiva y de apoyo.

¿Cómo reaccionan los hijos ante las expresiones verbales y no verbales de discusión de sus padres? (Parte II)

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos la continuación del estudio “Children’s emotional reactivity to interadult nonverbal conflict expressions” de los autores Gina De Arth-Pendley y Cummings, E Mark. En nuestra anterior entrada especificamos los principios del estudio, por lo que a continuación expondremos el método de evaluación, los resultados obtenidos y las conclusiones del estudio.

 

Para evaluar los niveles de complejidad dentro de las estrategias de resolución de problemas, los asistentes de investigación pidieron a los niños que sugirieran lo que cada padre podría haber hecho para sentirse mejor. A los niños también se les preguntó qué harían si vieran a sus padres comportarse de la misma manera que los padres del video, para recopilar datos para evaluar las estrategias de intervención personal. Finalmente, se les pidió a los niños que calificaran en la escala de tipo Likert de 5 puntos usada anteriormente lo seguros estaban de que las intervenciones propuestas resolverían con éxito una disputa similar entre los padres.

Para evaluar los resultados, si un niño experimentó una reacción negativa a cualquiera de las expresiones se anotó el campo de reacciones negativas como un 1 y reacciones no negativas como 0. Es decir, cuando los niños informaron sentir una emoción negativa (“enfadado”, “triste” o “asustado”) en respuesta a expresiones de conflicto negativas, sus respuestas se calificaron como 1. Cuando un niño informa sentimientos no negativos (p. ej., “bien” o “feliz”) en respuesta a expresiones negativas, se dio una puntuación de 0. Este procedimiento sirvió como un control de manipulación para responder emocionalmente. Los grados o niveles de negatividad emocional que los niños informaron sentir en respuesta a la madre y el padre se calificaron en una escala tipo Likert de 5 puntos derivada de la escala móvil utilizada por los participantes (por ejemplo, 0 = calificación otorgada por reacciones positivas a expresiones negativas, 1 = muy poco, 2 = un poco, 3 = mucho, 4 = mucho, 5 = mucho). Por lo tanto, en efecto, las respuestas se calificaron en una escala de 1 a 5 para las reacciones negativas.

Las calificaciones para el nivel de complejidad de las estrategias de resolución de problemas proporcionadas por los niños para los adultos en conflicto se basaron en un sistema de codificación en el que las respuestas de los participantes se clasificaron en uno de tres niveles de calidad (es decir, 1 = sin solución, 2 = solución general, y 3 = solución específica / compleja). Una solución general consistía en estrategias que no eran específicas del tema que se discutía o estrategias de solución que eran vagas o simplistas, como “Se he podría jugar un juego”. Una solución específica / compleja incluía estrategias que se relacionaban específicamente con el problema que se discutía o incluía una solución más detallada para el problema, como “podría recoger sus cosas en la casa y ayudar más”.

Las estrategias de intervención personal se evaluaron en cinco dimensiones diferentes. Estas dimensiones incluían acercarse solo a la madre (por ejemplo, “le diría a la madre que se calmara”, “ayudaría a mi madre a preparar la cena”, etc.); acercarse solo al padre (por ejemplo, “le diría a mi padre que no se enfade”, “ayudaría a mi padre a limpiar la casa”, etc.); acercarse a ambos padres (por ejemplo, “le diría a mi mamá que se calme y a mi padre que no se enfade”, “los ayudaría a ambos a limpiar la casa”, etc.); evitar activamente el conflicto parental (por ejemplo, “iría a mi habitación”, “me iría” etc.) y una reacción hostil al conflicto parental (por ej., “les gritaría que dejaran de pelear”, “Me enfadaría con ellos y los separaría”, etc.). Estas dimensiones también se calificaron con el formato de codificación mencionado previamente.

Por último, se evaluó el grado de confianza que cada participante tenía en su capacidad para resolver el conflicto parental, utilizando la escala de tipo Likert de 5 puntos mencionada anteriormente (1 = muy poco a 5 = mucho). En resumen, cada tipo de interacción se asoció con escalas para el (a) grado de emocionalidad negativa experimentada por los participantes, (b) nivel de complejidad de resolución de problemas, (c) tipo de intervención personal y (d) confianza en la propia capacidad para resolver el conflicto de los padres.

Para evaluar las respuestas de los participantes con respecto a las áreas de interés, se realiza un análisis de varianza de medidas repetidas con dos factores entre sujetos (es decir, edad y género) y un factor dentro de los sujetos (es decir, finales, con ocho niveles de expresión negativa, incluyendo orientación corporal evitativa, evitación a través de una barrera, exasperación, miedo, intimidación, tristeza, tratamiento silencioso y enojo verbal sin resolución).

En cuanto a la negatividad emocional en respuesta a exhibiciones parentales de conflictos no verbales y verbales no resueltos, las pruebas revelaron que el miedo (M = 2.77, SD = 1.91) produjo más sentimientos negativos que todas las expresiones no verbales, excepto la tristeza (M = 1.87, SD = 1.60). La ira verbal (M = 2.27, SD = 1.87) también produjo una mayor negatividad que el tratamiento silencioso (M = 1.21, SD = 1.67). También se encontró que los participantes reaccionaron más negativamente hacia las muestras de miedo de los padres (M = 2.74, SD = 2.07) que a cualquiera de las otras terminaciones no verbales excepto la tristeza (M = 1.90, SD = 1.84).

Los niños reaccionaron de manera similar a la mayoría de las formas de expresiones de conflictos no verbales; sin embargo, informaron sentirse más negativos en reacción a las muestras paternas de miedo (M = 2.77, SD = 1.91, para la madre; M = 2.74, SD = 2.07, para el padre).

En cuanto al nivel de Complejidad de las soluciones sugeridas para el conflicto de los padres, no se encontraron contrastes significativos para el efecto principal de los finales. Sin embargo, se encontraron diferencias de género que sugerían que las soluciones generadas por las niñas eran más complejas (M = 2.21, SD = 0.78) que las generadas por los niños (M = 1.97, SD = 0.81).

Sobre los tipos de estrategias de intervención personal, se encontraron resultados significativos solo para las intervenciones de acercamiento a ambos padres, evitación activa y reacciones hostiles. Los análisis de las intervenciones en las que se abordarían ambos padres revelaron un efecto principal de la edad que sugirió que los niños pequeños (M = 0,44, SD = 0,50) y preadolescentes (M = 0,33 , SD = 0.47) fueron más propensos a acercarse a ambos padres que los adolescentes (M = 0.19, SD = 0.40). Con respecto a los informes de los participantes que evitarían el conflicto parental, un efecto principal de la edad sugirió que los niños más pequeños (M = 0.19, SD = 0.40) eran más propensos que los preadolescentes (M = 0.01, SD = 0.23) o adolescentes (M = .004, SD = 0.21) para informar que evitarían intervenir en disputas parentales. Además, los niños más pequeños reportaron más hostilidad (M = 0.30, SD = 0.46) que preadolescentes (M = 0.13, SD = 0.30) o adolescentes (M = 0.13, SD = 0.33) en respuesta al conflicto de los adultos.

Sobre el nivel de confianza de los niños en su capacidad para resolver con éxito las disputas de los padres, las pruebas indicaron que los niños más pequeños tenían más confianza (M = 3.61, SD = 1.36) que los preadolescentes (M = 2.91, SD = 1.29) y adolescentes (M = 2.43, SD = 1.21) en su habilidad para resolver el conflicto entre padres. Además, las pruebas de contraste también revelaron que los preadolescentes tenían mucha más confianza en sus habilidades de resolución de conflictos que los adolescentes.

Los hallazgos de este estudio implican que los comportamientos de conflicto no verbal utilizados en las disputas parentales no pasan desapercibidos para los niños. Por el contrario, los niños reaccionan negativamente al conflicto no verbal de forma similar a sus reacciones ante el conflicto verbal, como se refleja en sus informes de mayor negatividad, hostilidad y evitación activa. Uno de los hallazgos clave fue que las muestras de miedo de los adultos produjeron mayores sentimientos de negatividad que cualquier otro final no verbal excepto la tristeza. Puede ser que el miedo produzca más negatividad que enfado porque representa una amenaza más directa para la seguridad emocional de los niños. Es decir, un niño puede ver a un padre temeroso como más vulnerable y menos capaz de proporcionar protección que un padre enfadado.

Hemos visto además que varias reacciones hacia el conflicto no verbal variaron en función de la edad. En primer lugar, los niños más pequeños reaccionaron de manera diferente a los niños mayores en sus intervenciones de conflicto. Como se esperaba, los niños más pequeños tenían más probabilidades que los adolescentes de evitar activamente la intervención en el conflicto parental. Esas reacciones evitativas sugieren que el conflicto es más angustioso y, tal vez, más amenazante para los niños más pequeños. Sin embargo, cuando los niños más pequeños sí proponían intervenciones, tenían más probabilidades que los adolescentes de acercarse a ambos padres en lugar de mostrar una preferencia por interactuar con uno de los padres sobre el otro. Los niños más pequeños también mostraron niveles de confianza más altos que los niños mayores en su capacidad para resolver conflictos no verbales, lo que indica que pueden tener una comprensión más simplista del conflicto y la resolución de conflictos debido a su falta de exposición a la resolución de problemas.

Con respecto a las diferencias de género, las niñas generaron soluciones más complejas para la madre que los niños. Es posible que las niñas ofrezcan soluciones más complejas porque son más propensas que los niños a reaccionar ante el conflicto parental con suposiciones de responsabilidad personal, mayor autoculpación, y una mayor mediación. Aunque no está claro por qué las chicas no difieren de los chicos en sus soluciones para el padre, es posible que, además de los factores antes mencionados, las chicas se identifiquen más con su madre y, por lo tanto, puedan generar soluciones más complejas para ella.

Los informes de los niños sobre la desregulación emocional y conductual, así como los déficits de afrontamiento evaluados en respuesta a formas no verbales de conflicto, resaltan las implicaciones de estos hallazgos para la hipótesis de la seguridad emocional. Primero, en el área de la regulación emocional de los niños, encontramos que las expresiones de conflictos no verbales producen una respuesta emocional negativa. En segundo lugar, las niñas propusieron que intentarían regular el comportamiento de los padres al convertirse en mediadores más directamente involucrados en disputas parentales que involucran comportamientos de conflicto no verbal. En tercer lugar, en comparación con los niños más grandes, los niveles más altos de confianza de los niños más pequeños demostraron representaciones internas de habilidades de afrontamiento que pueden reflejar una comprensión más pobre de la complejidad del conflicto.

Para finalizar, los resultados de este estudio muestran que las evaluaciones de los niños sobre el significado del conflicto parental, ya que afecta su seguridad emocional, no difieren en función de si ese conflicto se expresa verbal o no verbalmente. En sus evaluaciones del conflicto familiar, los niños pueden considerar que las expresiones no verbales del conflicto son tan amenazantes para su bienestar emocional como el conflicto verbal. Además, las expresiones de miedo no verbales de los adultos pueden aumentar significativamente las implicaciones negativas de los conflictos sobre la seguridad emocional. Por tanto se puede concluir que solo reconociendo la naturaleza multidimensional del conflicto, pueden los investigadores obtener una mejor comprensión de los procesos específicos y las características del estímulo que influyen en las reacciones de los niños al conflicto conyugal.

¿Cómo reaccionan los hijos ante las expresiones verbales y no verbales de discusión de sus padres?

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del estudio “Children’s emotional reactivity to interadult nonverbal conflict expressions” de los autores Gina De Arth-Pendley y Cummings, E Mark. Se trata de un extenso estudio sobre la reacción emocional de los niños ante las expresiones no verbales en conflictos entre padres. En el estudio examinaron las reacciones de 3 grupos de niños (con edades comprendidas entre los 6 y 16 años) a múltiples formas de comportamiento de conflicto no verbal expresadas en simulaciones grabadas en vídeo de discusiones entre adultos.

Los conflictos entre parejas casadas se han asociado con la inadaptación de los niños. El conflicto conyugal, en comparación con otros aspectos individuales de matrimonios angustiados, es un predictor más fuerte de problemas de conducta negativos en los niños. Los niños muestran angustia en respuesta al conflicto conyugal a través de respuestas motoras manifiestas, reacciones somáticas, aumento de ira o agresión y participación en disputas parentales. Las reacciones de los niños a la ira son significativamente diferentes de sus reacciones a las condiciones iniciales o de control, como las interacciones amistosas o emocionalmente neutras entre adultos.  Además, las emociones experimentadas por los niños están relacionadas con sus reacciones hacia el conflicto conyugal. Por ejemplo, un estudio de Davies y Cummings mostró que los niños que previamente habían sido inducidos a sentirse enfadados o tristes reportaron menores percepciones de autorregulación y un aumento de las evaluaciones negativas en reacción al conflicto creado. Por el contrario, los niños que habían sido inducidos a sentirse felices mostraron evaluaciones negativas más bajas. Estos hallazgos sugieren que las emociones sentidas por el niño pueden ser un factor causal en las reacciones del niño a los conflictos entre adultos.

Aunque el conflicto puede ser angustiante para los niños, es una parte inevitable de la vida que ocasionalmente experimentan incluso aquellos que viven en familias armoniosas. Por lo tanto, además de descubrir situaciones en las que se puede evitar el conflicto, los investigadores deberían centrarse en la heterogeneidad del conflicto y sus expresiones para comprender mejor el impacto del conflicto en los niños. Por ejemplo, los investigadores pueden obtener una evaluación más completa del efecto del conflicto utilizando el enfoque orientado al proceso propuesto por Cummings, que evalúa cómo las dimensiones múltiples y los dominios del conflicto matrimonial afectan en el sentimiento de seguridad emocional del niño. Este enfoque pretende ayudar a los investigadores a comprender cómo y por qué los factores psicológicos, fisiológicos y contextuales se organizan y operan dinámicamente a lo largo de la vida para afectar el funcionamiento y el desarrollo en general. Aunque las investigaciones indican que el conflicto conyugal actúa como un factor de riesgo que puede afectar negativamente a los niños, algunas formas de conflicto matrimonial (por ejemplo, la resolución constructiva de problemas) pueden no afectar a los niños de forma negativa como otras formas de conflicto (por ejemplo, violencia doméstica). Además, otros factores individuales (por ejemplo, la edad, los roles de género) pueden aumentar o proteger contra el impacto negativo del conflicto conyugal en los niños. Debido a que la relación entre los factores de riesgo y el desarrollo de la respuesta inadaptada es probabilística, los investigadores deberían examinar las características específicas del estímulo del conflicto y las características individuales de los niños expuestos a diversas formas de conflicto al estudiar los patrones de respuesta de los niños.

Los investigadores han demostrado que el conflicto matrimonial puede ser particularmente dañino cuando compromete la seguridad emocional del niño. Según la hipótesis de la seguridad emocional, la seguridad emocional, como un sistema regulatorio derivado del funcionamiento familiar, puede afectar a los niños a través de su regulación emocional, la regulación de las relaciones matrimoniales y las representaciones internas de las relaciones familiares. El enfoque orientado al proceso explica las diferencias individuales y los contextos específicos y las características de estímulo de las expresiones de conflicto y, por lo tanto, es particularmente útil para estudiar estas variables como influencias en los patrones de respuesta emocional, conductual y cognitiva de los niños.

El propósito de los autores de este estudio fue aplicar este marco orientado al proceso a la investigación de las reacciones de los niños a expresiones no verbales de emociones negativas (p. ej., enfado, miedo y tristeza) mostradas en disputas entre adultos, en función de las diferencias individuales y el estímulo específico características del comportamiento no verbal. Aunque se ha investigado sistemáticamente la sensibilidad de los niños a expresiones de ira verbales y físicamente agresivas, se sabe poco sobre las reacciones de los niños a las comunicaciones de conflictos no verbales (es decir, expresiones faciales y posturas corporales). En particular, aunque los investigadores han examinado la presencia de conducta no verbal dentro de la comunicación conyugal, así como las habilidades de los individuos para detectar estados emocionales en personas que muestran expresiones estáticas no verbales, no ha habido una comparación sistemática de los efectos de las comunicaciones no verbales expresadas durante el conflicto conyugal en los niños.

En este estudio se hicieron evaluaciones con respecto a los informes infantiles de reactividad emocional, estrategias de resolución de problemas, estrategias de intervención personal y niveles de confianza en respuesta a 12 interacciones grabadas en video que representaban diferentes comunicaciones no verbales, incluidas formas múltiples de expresión de conflictos no verbales.

Uno de los principales intereses en este estudio fue el efecto del conflicto no verbal en diferentes grupos de edad de los niños. Debido a que se ha descubierto que los niños más pequeños son menos capaces de regular la excitación emocional y la angustia que los niños mayores, se esperaba que los niños más pequeños reaccionaran más negativamente a las expresiones de conflicto no verbal. Además, se esperaba que los niños mayores tuvieran más probabilidades que los niños más pequeños de mostrar estrategias complejas de resolución de problemas para los adultos conflictivos, porque los niños mayores tienen más experiencias de vida con el conflicto y capacidades de razonamiento más desarrolladas.

También se realizó en este estudio un análisis sobre estrategias de intervención personal para determinar si la mediación propuesta con uno o ambos padres, la evitación activa del conflicto parental, o la hostilidad hacia los adultos conflictivos variaban en función de la edad de los niños. Aunque los análisis de las preferencias de los niños para acercarse a uno o ambos padres fueron exploratorios, esperábamos que los niños más pequeños, con su desregulación emocional aumentada y nociones limitadas de cómo proponer la mediación reaccionarían con mayor evitación y hostilidad que los niños mayores.

Con respecto a los niveles de confianza, se esperaba que los niños más pequeños, comparados con los mayores, informaran tener más confianza en que podrían resolver disputas parentales, porque los niños más pequeños tienen menos experiencia con las complejidades de resolución de problemas y conflictos. En resumen, el estudio plantea la hipótesis de que los niños más pequeños, a diferencia de los niños mayores, reportarían una mayor negatividad emocional, estrategias de resolución de problemas menos complejas, más evitación y hostilidad y una mayor confianza en su capacidad para resolver con éxito las disputas entre los padres.

Debido al énfasis en el enfoque orientado al proceso para evaluar las posibles relaciones entre el contexto y las características individuales, también se incluye el género (además de la edad) como un factor en los análisis. Sin embargo, la literatura hasta la fecha sobre las diferencias de género con respecto a la reactividad de los niños a las expresiones de conflicto es escasa. Por lo tanto, se realizó un examen exploratorio de posibles diferencias de género infantil.

Una nota final se refiere a las diversas formas de expresiones no verbales examinadas en este estudio. Este fue un enfoque preliminar y exploratorio para estudiar las reacciones hacia ciertas expresiones que se encuentran comúnmente en las disputas entre adultos; por lo tanto, no se investigaron todas las formas posibles de comunicaciones no verbales exhibidas durante el conflicto. Sobre la base de la noción de que existe una uniformidad universal en la forma en que las personas muestran emociones y cómo pueden detectar estados emocionales observando las características faciales (de ello habló Ekman), se esperaba que los niños en este estudio tendrían la capacidad de distinguir con precisión entre los estados emocionales negativos y no negativos de las parejas en conflicto de las emociones básicas de ira, tristeza, miedo y felicidad.

Las formas de expresiones de conflicto negativas seleccionadas para el examen fueron las que se pueden observar comúnmente durante los conflictos cotidianos. En este estudio, las expresiones negativas no verbales incluyeron las de la orientación del cuerpo que evita la ira, la evitación a través de la barrera del objeto, la exasperación, la intimidación, el “tratamiento silencioso”, y las del miedo y la tristeza. Las expresiones no verbales de miedo y tristeza, aunque no expresiones de enojo, con frecuencia acompañan expresiones de ira y a menudo ocurren durante episodios de conflicto conyugal. Por lo tanto, la cuestión de cómo reaccionan los niños a las expresiones no verbales de miedo y tristeza es pertinente para una comprensión más completa de los efectos de las comunicaciones matrimoniales no verbales negativas en los niños.

En el estudio se incluyen las siguientes condiciones para fines de comparación y para presentar una variedad de expresiones no negativas, así como para evitar posibles sesgos de expectativa o efectos de habituación: una interacción airada con una resolución verbal, dos interacciones no verbales amistosas (por ejemplo, afecto facial positivo y afecto físico), y una discusión amistosa verbal. Cada terminación no verbal consistía en expresiones faciales y posturas corporales relativas a la comunicación no verbal. Por ejemplo, cada expresión de conflicto contenía comportamientos específicos que se han codificado en investigaciones pasadas como conductas “negativas”; las expresiones amistosas contenían conductas codificadas como “positivas” o no negativas.

Participaron en el estudio 22 niños de 6 a 8 años (10 niños y 12 niñas, edad media = 6.95 años, SD = 1.05); 20 preadolescentes, con edades entre 10 y 12 años (10 niños y 10 niñas, edad media = 11.0 años, SD = 1.12); y 20 adolescentes, de entre 14 y 16 años (10 niños y 10 niñas, edad media = 14.7 años, SD = 1.42). Todos los participantes fueron reclutados a través de anuncios en periódicos pagados y recibieron una compensación por su participación.

Las madres de los participantes acompañaron a sus hijos al laboratorio y completaron las medidas sobre las características de los antecedentes familiares mientras sus hijos participaban en el estudio. Los antecedentes educativos de los padres iban desde el 1° grado hasta el nivel de doctorado (años promedio de educación = 13.8, SD = 2.8). El ingreso mensual de los padres varió de $1,000 a $ 10,500 (ingreso mensual promedio = $ 3,850.81, SD = $ 1,888.22). Con respecto a la etnia de los participantes, 83.3% eran caucásicos, 10.8% eran afroamericanos, 2.9% eran hispanos, 2.0% eran asiáticos y 1.0% eran nativos americanos.

Después de que los niños observaran cada segmento de las interacciones matrimoniales, fueron entrevistados por un asistente de investigación, que utilizó un cuestionario de 12 ítems que evaluó las percepciones de los niños sobre las emociones de los actores; las percepciones de los niños sobre sus propias emociones, en respuesta a los escenarios presentados; y las estrategias de resolución de problemas de los niños, las intervenciones personales y los niveles de confianza con respecto a las intervenciones.

Doce segmentos diferentes de video de 1 minuto de interacciones de adultos hombres y mujeres se presentaron a cada niño individualmente en el laboratorio. Estos segmentos incluyeron 5 expresiones de enfado no verbales (por ejemplo, tratamiento silencioso, orientación corporal evitativa, evitación a través de una barrera, exasperación e intimidación), 1 expresión no verbal de tristeza, 1 expresión no verbal de miedo, 2 interacciones amistosas no verbales (por ejemplo, afecto físico) y afecto facial positivo), 1 interacción verbal amistosa (p. ej., discusión positiva), 1 expresión verbal de ira sin resolución (p. ej., discusión continua) y 1 expresión verbal de ira con resolución verbal.

Tres situaciones preparadas proporcionaron los temas para los nueve tipos de interacciones emocionales negativas (es decir, las siete interacciones con expresiones de conflicto no verbal y las dos interacciones con expresiones de ira verbal). De estas nueve interacciones, tres representaron una discusión sobre el costo de la factura del teléfono, tres presentaron una discusión durante la cena, y tres retrataron una discusión sobre la limpieza de la casa. La duración de cada situación fue de 45 segundos. Cada situación fue seguida por uno de los nueve finales diferentes de 15 segundos, por lo que la duración total de cada interacción fue de 1 minuto. Además, los participantes vieron tres interacciones amistosas de 1 minuto, que describieron el afecto facial positivo, el afecto físico y una discusión positiva.

Los conflictos representados en las sátiras base enojadas tenían la intención de representar disputas normales y cotidianas. Por lo tanto, ninguna de las disputas se expresó intensamente enojada, y los temas de los argumentos eran sobre asuntos cotidianos. Dos conjuntos de actores (es decir, dos parejas de padres diferentes) realizaron las interacciones. Se escribieron guiones para las interacciones, de modo que la redacción era la misma para ambos grupos de actores. Para evitar que los comportamientos no deseados entren en diferentes escenarios con diferentes actores, incluimos instrucciones específicas en los guiones para las expresiones de afecto facial y comportamientos específicos no verbales de los actores. Todos los actores, por lo tanto, expresaron los mismos comportamientos, palabras y niveles de intensidad de cada emoción en los sketches básicos y en las interacciones positivas.

Los actores representaron los finales en niveles de intensidad similares que estaban dentro de un rango bajo a moderado de ira, miedo o tristeza, ya que las expresiones de conflicto retratadas a niveles moderados muestran efectivamente diferencias en las reacciones al conflicto conyugal. Dos evaluadores (un graduado y un estudiante de pregrado) vieron la grabación de cada expresión y estuvieron de acuerdo en que la representación y la intensidad de las expresiones fueron similares en todos los actores y escenarios.

La presentación de las terminaciones se organizó en un orden asignado aleatoriamente en una cinta de video. Este orden fue contrarrestada por una segunda cinta de video, de modo que la mitad de cada grupo de participantes vieron las interacciones en el orden mostrado en la primera cinta de video y la otra mitad visualizó las interacciones en el orden que se muestra en la segunda cinta de vídeo. Para reducir la posibilidad de que los niños salgan del laboratorio con preocupaciones por la pareja en conflicto, se incluyó una resolución al final de cada video en la que ambas parejas se disculparon por todos los comportamientos negativos que mostraron durante las interacciones previas y declararon que no estaban enfadados el uno con el otro.

Un asistente de investigación explicó a cada niño individualmente que él o ella vería las interacciones grabadas en video entre los actores adultos. A cada niño se le pidió que simulara que los actores eran sus padres y que imaginara que se comportaban de la manera presentada en la cinta de video. Después de cada interacción grabada en video, el vídeo se detuvo y cada niño recibió una serie de preguntas sobre sus sentimientos con respecto al final de cada interacción. Específicamente, se le pidió a cada niño que señalara cómo se sentía al final de la interacción (por ejemplo, “enfadado”, “triste”, “asustado”, “bien, “o” feliz “). También se les pidió a los niños que calificaran la cantidad de emociones que sentían en una escala de 5 puntos que variaba de muy poco a mucho.

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