Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Children’s Nonverbal Displays of Winning and Losing: Effects of Social and Cultural Contexts on Smiles”, de los autores Phoebe H. C. Mui, Martijn B. Goudbeek, Marc G. J. Swerts y Arpine Hovasapian, en un estudio conjunto de la Universida de Tilburg (Países Bajos) y la Universidad de California, que sugieren que las sonrisas de los niños son susceptibles a factores sociales y culturales.

Imaginemos a un niño jugando: Sonríe cada vez gana pero se enfurruña cada vez que pierde. No es sorprendente ya que es lo que cabe esperar de un niño. Pero pongamos que el niño no está jugado solo, hay más niños con él. ¿Seguiría mostrando sus emociones de la misma forma ante los otros niños? Hacerlo podría implicar afectar al buen ambiente del juego. ¿Acaso no es desagradable que un amigo se enfade cuando le ganamos? Al jugar en equipo somos, en parte, responsables de mantener la armonía y la cohesión pero algunas sociedades ponen por encima la expresión personal y las metas individuales.

Desde muy pequeños, los niños adhieren connotaciones sociales a su sonrisa. Otros estudios han demostrado que los niños ríen más ante estímulos humorísticos si hay otros niños presentes; y que muestran sonrisas más amplias abriendo un regalo no deseado delante del experimentador que estando a solas. Así que, la forma de sonreír e interactuar de los niños durante el juego podría estar depender de su formación cultural.

Para probar esta hipótesis se llevó a cabo un experimento cuyos participantes fueron 55 niños de origen chino (siendo 34 de ellos varones) y 31 holandeses (de los cuales, 23 eran varones). Todos tenían ocho años de edad y se contaba con el consentimiento de sus padres y profesores.

Se decidió que la tarea experimental fuera un juego para obtener de los niños las expresiones faciales asociadas a ganar o perder. Los niños fueron aleatoriamente a una de las dos condiciones: jugar solo (15 niños holandeses y 13 chinos) o emparejados (16 parejas holandesas y 21 chinas). Las parejas estaban conformadas por niños del mismo sexo y debían cooperar. Los niños estaban sentados frente a una pantalla de ordenador, sobre la cual había una cámara registrando sus expresiones durante el juego. Sin embargo, para el análisis sólo se tenía en cuenta a uno de los niños de la pareja, elegido al aleatoriamente. Las instrucciones del juego se les daban en su lengua materna (holandés o chino) para asegurarse que eran entendidas.

El juego consistía en ir sacando cartas y se debía adivinar si la siguiente sería mayor o menor. Sin embargo, el juego estaba amañado para que cada niño al menos ganara dos veces y perdiera dos veces. Esto era así porque para los análisis se utilizaban nada más que la grabación de la expresión facial durante la segunda victoria y durante la segunda derrota. Evitándose así expresiones menos efusivas a medida que avanza el juego por perder el interés. Para evaluar las expresiones de los niños se utilizó el código FACS, que identifica la presencia e identidad de los músculos faciales.

Se encontró que, efectivamente, se sonreía más estando en pareja que a solas. Luego, comparando por culturas, se observó que los niños chinos que jugaban en parejas sonreían más que estando a solas, un efecto social que no ser observó en los niños holandeses. Esto encaja con la teoría de que una sociedad más estricta y colectiva (China) antepondrá al grupo por encima de uno mismo como ocurre con sociedades más flexibles e individualistas (Holanda). Fue curioso, sin embargo, que no afectaba a la sonrisa el hecho de ir ganando o perdiendo en el juego. Quizás debido a que, tanto niños como adultos, sugieren en momentos de desconcierto, como puede ser cuando se pierde de forma inesperada.

En conclusión, estos hallazgos sugieren que las sonrisas de los niños en un contexto competitivo son susceptibles a los factores sociales y culturales. Quizás sería interesante desarrollar estos resultados con otras emociones como la tristeza o incluso replicarlo en adultos para comprobar el efecto de ambas variables en la otro tipo de muestra.