Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Perceived intelligence is associated with measured intelligence in men but not women”, de los autores Karel Kleisner, Veronika Chvátalová y Jaroslav Flegr, de la Universidad Charles en Praga, que estudian cómo somos capaces de evaluar la inteligencia de los hombres con un vistazo pero no la de las mujeres.

El rostro humano es una estructura compleja con una función fundamental de señalización social. Aunque numerosas y variadas especies de mamíferos exhiben estructuras faciales bien desarrolladas, los roles comunicativos y expresivos de la cara alcanzan un nivel único de capacidad en los seres humanos. Investigaciones previas afirman que el rostro puede informarnos acerca de la personalidad, el sexo, la edad, la salud, la etnia, la clase social, el atractivo y la afiliación política, así como, en cierta medida, de la inteligencia.

Algunos investigadores han sugerido que la evolución ha jugado un papel clave en la evolución de los rasgos faciales para que, mediante la selección sexual, indiquen la inteligencia del individuo. Los indicadores visuales responsables de una atribución superior de inteligencia pueden reflejar honestamente la inteligencia real de una persona y, por lo tanto, pueden ser utilizados para seleccionar una pareja sexual o social preferente. Las investigaciones anteriores muestran que las personas son capaces de juzgar la inteligencia a partir de las cualidades faciales de personas desconocidas. La inteligencia medida se ha demostrado que se correlaciona con la inteligencia percibida facialmente y otros rasgos de la personalidad.

Aunque varios estudios han examinado la percepción de la inteligencia a partir de diferentes señales visuales, en ninguno de estos estudios se describen los rasgos faciales específicos que juegan un papel en la evaluación de la inteligencia. Es por ello que este estudio tiene como objetivo estudiar tales rasgos, además de revisar la teoría anterior.

Los participantes son, por un lado, los 80 estudiantes (40 hombres y 40 mujeres) a los que se les midió su cociente intelectual y fueron fotografiados. El segundo grupo estuvo compuesto por 160 evaluadores (75 hombres y 85 mujeres) que calificaron las fotos del primer grupo y no tenían ningún tipo de relación con ninguno de ellos, es decir, eran completos desconocidos. Las fotos fueron evaluadas de 1 a 7 tanto en inteligencia como en atractivo. El orden de presentación fue aleatorio para cada uno de los evaluadores. Además, las fotografías fueron analizadas con métodos morfométricos con el fin de detectar los rasgos faciales que están asociados con la percepción de la inteligencia, la belleza o ambas.

Curiosamente, los evaluadores fueron capaces de estimar la inteligencia con una precisión alta en los hombres, pero no en las mujeres. Por otro lado, no se pudo detectar la asociación entre el CI y la belleza, y tampoco con la morfología facial, a pesar de que otros estudios nos hayan brindado datos de cómo es una cara inteligente y una que no lo es: En ambos sexos, una cara más estrecha con una barbilla más delgada y una nariz más alargada se caracteriza con el estereotipo de alta inteligencia, mientras que una cara más ovalada y más amplia con un mentón poco marcado y una nariz pequeña caracteriza la baja inteligencia.

Como poco, es interesante que la inteligencia haya podido ser evaluada con acierto sólo para uno de los dos sexos y que no se haya debido a los estereotipos que conocemos. Sin duda son datos que deberán estudiarse con más detenimiento para buscar si la explicación responde a estereotipos, a que el baremo por el que medimos a cada sexo es distinto o a un posible fallo metodológico.