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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en ocasión les presentamos un resumen del artículo “Expresión facial y reconocimiento de emociones en lactantes”, de los autores Jaime Iglesias, Ángela Loeches y Juan Serrano, de la Universidad Autónoma de Madrid, que recoge una interesante revisión sobre la expresión y reconocimiento de emociones en la infancia. Debido a su extensión lo dividiremos en dos partes: hoy os hablaremos de la expresión facial de los lactantes.

Desde los años ochenta, la psicobiología ha explicado las emociones desde una perspectiva evolutiva, enfatizando su adaptabilidad para afrontar determinadas demandas ambientales. Las emociones básicas (alegría, tristeza, ira, miedo y, para algunos autores, desagrado y sorpresa) se han desarrollado con el objetivo de favorecer la comunicación y la supervivencia, especialmente en las primeras interacciones humanas: las que tienen lugar entre una madre y su hijo.

La mayoría de los investigadores han dado por resuelta la cuestión de la universalidad de las emociones y sus expresiones faciales, aceptando la premisa de que, bajo ese “fondo innatista”, cada sociedad modela las expresiones faciales culturalmente. Un ejemplo de esta teoría es que los occidentales y los orientales reaccionan de la misma forma cuando se les presenta un estímulo desagradable, pero éstos últimos enmascaran bajo una sonrisa su reacción negativa si hay otras personas presentes. Otra prueba de la universalidad de las emociones la encontramos en los niños invidentes. Distintos estudios comparativos han llegado a la conclusión de que podemos encontrar el mismo repertorio de expresiones emocionales en estos niños que han crecido sin ver las expresiones adultas que en cualquier niño vidente, descartando de este modo que el aprendizaje visual (y por tanto, social) sean necesarios para el desarrollo de la expresión social.

Así pues, si nos basamos en que la expresión emocional no es aprendida, ¿no deberíamos poder encontrar esas expresiones en bebés? Ese fue uno de los objetivos de este estudio: determinar si podían encontrar en bebés lactantes de tres a nueve meses las expresiones faciales supuestamente universales que se corresponden con las emociones básicas e innatas. Pero, a diferencia de otros estudios previos que se basaban en juicios subjetivos (¿el bebé está contento o no?), los autores han recurrido a un sistema más imparcial como lo es el uso de códigos obrsevacionales, concretamente del Facial Action Coding System (FACS). Este sistema consiste en subdividir las expresiones emocionales en sus elementos y presentarlos en una lista, sin asociarlos a la emoción, para evitar la predisposición del observador. Por ejemplo, una emoción como la sorpresa se dividiría en “elevar las cejas”, “elevar el párpado superior”, “separar lo labios” y “descenso de la mandíbula”.

Un aspecto importante de esta investigación son los estímulos utilizados para provocar las emociones en los niños. En general, los autores coinciden en las condiciones necesarias para producir la alegría, el desagrado y la tristeza, pero el miedo, la ira y la sorpresa causa controversia. Las que se utilizaron en esta investigación fueron los siguientes:

  • La alegría se intentó producir durante la interacción cara a cara con la madre u otra persona familiar y, en ocasiones, recurriendo al juego «cucú-tras».
  • La ira, por medio de la retirada varias veces consecutivas de algún objeto de las manos o de la boca del niño a la vez que se le inmovilizaban los brazos.
  • El miedo, mediante la aproximación de un extraño.
  • La sorpresa, provocando la aparición y desaparición repentina de alguna persona u objeto familiar al niño.
  • El desagrado, dándole a probar zumos ácidos.
  • Y la tristeza, a causa de la pasividad de la madre ante la mirada y las vocalizaciones de su hijo después de un periodo prolongado de exposición ante un extraño.

Los niños fueron grabados para analizar posteriormente las expresiones a distintas velocidades de reproducción en busca de los distintos elementos que componen las expresiones emocionales por distintos observadores. Como resultado se encontraron efectivamente la presencia de las expresiones universales, con la única excepción de la ira. Los cambios en esta emoción son achacados a las alteraciones respiratorias que producen las vocalizaciones que acompañan a la expresión de ira infantil.

Este estudio, por tanto, nos lleva a concluir que los lactantes son capaces de expresar desde los tres meses de edad las emociones de alegría, ira, miedo, sorpresa, desagrado y tristeza. La pregunta que nos queda ahora por resolver es: ¿son capaces también de reconocer esas mismas expresiones emocionales en otras personas?