Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Marzo 2017

Las verdaderas emociones pueden ocultarse tras una sonrisa. Club Lenguaje No Verbal.


Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Hiding true emotions: microexpressions in eyes retrospectively concealed by mouth movements”, de los autores Miho Iwasaki y Yasuki Noguchi, de la Universidad de Kobe (Japón), que analiza cómo la parte inferior del rostro ayuda a disimular microexpresiones de la parte superior.

Cuando vamos paseando por la calle y nos encontramos a alguien que no nos cae especialmente bien, durante apenas un instante mostramos una expresión de desagrado que pasa a ser disimulada rápidamente por una sonrisa forzada para poder saludar cortésmente. En nuestra vida cotidiana tenemos muchas situaciones como esa, y es que en el día a día se entremezclan las expresiones emocionales sinceras y las falsas.

Es innegable la utilidad de saber distinguir una expresión sincera de una falsa y han surgido multitud de estudios sobre el tema. Por ejemplo, para distinguir una sonrisa auténtica de una falsa, una de las claves está en los ojos. La contracción de los músculos que rodean los ojos crean ese característico efecto de “patas de gallo” que representan a la sonrisa Duchenne, la sincera. Es por esto que se considera que las emociones sinceras ocurren en la parte superior del rostro y que la inferior es más fácilmente manipulable a nuestro antojo.

Sin embargo, los autores de este estudio sugirieron que una sonrisa es un rasgo muy predominante en la cara y podría enmascarar las microexpesiones a pesar de que ocurrieran en lugares distantes del rostro. De hecho, cualquier movimiento de la boca podría distraer al interlocutor de los cambios ocurridos en los ojos apenas un instante antes.

Para este estudio se llevaron a cabo cinco experimentos en los cuáles participaron respectivamente 19, 17, 10, 10 y 12 personas. A todos los participantes se les pasó un test de autismo para descartar problemas en el reconocimiento de emociones, confirmando que todos estaban en el rango normal. En el primer experimento se medía el movimiento ocular de los participantes mientras se les presentaban unas imágenes en las que aparecían caras neutras que posteriormente cambiaban para presentar un cambio emocional en boca y ojos, en sólo uno de los dos o en ninguno y luego pasaba a neutro o a mostrar un cambio en la boca. La expresión emocional duraba apenas 50 milisegundos. Se pedía a los participantes que ignoraran la boca y se centraran en los ojos, tratando de discernir cuándo observaban una microexpresión en los ojos y cuando no. En otro de los experimentos se utilizó únicamente la alegría como emoción a valorar. En esta ocasión los ojos mostraban una microexpresión emocional que podía variar entre ira, asco o alegría y posteriormente se enmascaraba con cualquiera de las seis emociones (ira, asco, alegría, sorpresa, tristeza, miedo) o una expresión neutra. Se utilizaron tanto rostros femeninos como masculinos.

Los resultados, a pesar de estar basados en pocas personas, eran muy contundentes: hay una clara interacción entre la parte inferior y superior del rostro que obstaculiza nuestros juicios de autenticidad de las expresiones emocionales. Cuando había cambios en la parte inferior de la cara las microexpresiones de los ojos pasaban desapercibidas la mayoría de las veces, incluso aunque se había predispuesto a los participantes a que prestaran toda su atención a los ojos. Se encontró también que el efecto se maximizaba cuando, después de una expresión en los ojos ocurría una expresión en la boca. Es posible que esto sea una estrategia inconsciente para desviar la atención durante una conversación, de manera que las expresiones involuntarias pasan desapercibidas por otras voluntarias y deliberadamente más lentas que buscan inhibir la percepción de las anteriores.

En conclusión, incluso cuando sabemos que este fenómeno ocurre no podemos evitar que la boca nos distraiga de los ojos. Quizás sería conveniente grabar las reacciones que realmente nos interese analizar para poder analizar las microexpresiones de forma artificial como en casos judiciales. Por otro lado, parece que lo que nos dictaba el instinto funciona: una buena sonrisa falsa puede ocultar lo desagradable que nos resulta alguien.

Afasia y emociones: No comprender el lenguaje te hace detectar mejor las mentiras. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Lie detection and language comprehension: People who can’t understand words are better at picking up lies about emotions.”, de los autores Nancy L. Etcoff, Paul Ekman, John J. Magee y Mark G. Frank, de la Universidad de Massachusetts, que pone en relación la afasia con la capacidad para detectar mentiras.

En los ochenta, en un pabellón de afasia en Estados Unidos, hablaba en televisión el que en aquella época era el presidente, Ronald Reagan. Se podía esperar que el presidente conmoviera a sus conciudadanos con su discurso, pero en aquel lugar lo que resonaban eran carcajadas. No todos, cierto. Había algunos desconcertados, otros ofendidos, incluso algunos claramente recelosos… pero la gran mayoría parecían estar oyendo el mejor de los chistes. ¿Por qué aquellas personas que no podían entender lo que oían se reían con el discurso?

Las personas con afasia tienen daño en el hemisferio cerebral izquierdo, la zona encargada del lenguaje y según el tipo de afasia, puede llegar al extremo de no ser capaz de comprender el lenguaje, como si todo el mundo les hablara en un idioma desconocido y que son incapaces de aprender. Sin embargo, el habla no es sólo palabras, es expresión. Los afásicos no entienden las palabras pero oyen el tono, ven la expresividad, toda la comunicación no verbal que hay en torno al habla.

Precisamente porque no entienden el lenguaje no se les puede engañar con él, y en su defecto captan única y exclusivamente todas las señales involuntarias y espontáneas que son mucho más difíciles de falsear y que ponen en evidencia la mentira. De alguna manera, el cerebro compensa la pérdida de una capacidad alimentando otra en algunos casos y en los afásicos les hace más sensibles al lenguaje no verbal. Por ello, aquella sala se reía al oír el discurso del presidente: captaban su lenguaje no verbal y lo percibían tan grotesco e incongruente que no sólo no podían ser engañados, sino que lo encontraban incluso gracioso.

Un equipo de Massachusetts quiso poner a prueba esta capacidad que siempre se ha dado simplemente por hecho y comprobar en el laboratorio las habilidades de los afásicos comparándolas con otros tipos de daño cerebral y con personas sanas. Así que para este experimento se compararon los resultados de 10 pacientes con graves deficiencias en la comprensión del lenguaje por daño en el hemisferio cerebral izquierdo, 10 pacientes con daño en el hemisferio cerebral derecho, 10 personas sanas de edad similar a los pacientes y 48 estudiantes universitarios sanos. La tarea consistía en ver un vídeo en la que aparecían diez personas, dos veces consecutivas cada una: una de las veces que hablaban, las personas estaban viendo escenas agradables y hablando de las emociones positivas que sentían al verlas; en el otro clip de vídeo debían decir lo mismo pero mientras veían escenas horribles de mutilaciones. Es decir, en un vídeo debían mentir y en el otro, no.

Los pacientes afásicos, es decir, los que tenían daño en el hemisferio izquierdo, fueron significativamente más precisos detectando mentiras. Y no sólo eso: también se dividían los vídeos en aquellos donde las pistas de la mentira estaban en la expresión facial, el tono de voz o ambos. Se encontró que todos los pacientes afásicos eran inusualmente sensibles a las expresiones faciales que delataban la mentira, con una media del 73% de acierto en detectar mentiras.

En conclusión, es posible que el daño en los circuitos del lenguaje dé lugar a un mecanismo compensatorio en el cerebro que aumente el reconocimiento de conductas no verbales. O tal vez, simplemente, el no vernos “distraídos” por las palabras y tener como única fuente de información el lenguaje no verbal nos haga más expertos en este tipo de comunicación. Pero queda en evidencia la importancia de analizar el lenguaje no verbal para la detección de la mentira, ya seamos afásicos o no.

Emojis y emoticonos: Perspectivas y posibilidades en el estudio del lenguaje no verbal. Club del Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Emojis: Insights, Affordances, and Possibilities for Psychological Science”, de los autores Linda K. Kaye, Stephanie A. Malone y Helen J. Wall, de la Universidad Edge Hill de Ormskirk (Reino Unido) y la Universidad Católica de Australia, que abordan el uso de los emoticonos y los emojis en la comunicación virtual.

Comunicarnos es esencial para las personas como seres sociales que somos y la interacción virtual se ha convertido en una importante forma de comunicación a día de hoy. Cuando hablamos cara a cara, disponemos de dos vías de comunicación: el comportamiento verbal, como es el habla, y el no verbal, como los gestos, el tono, las expresiones faciales, etc. Sin embargo, no disponemos de esa segunda parte en los entornos virtuales ya que se basan principalmente en interacciones mediante texto escrito como blogs, mensajes o correos electrónicos. Es por ello que han surgido, como mecanismo compensatorio, el uso de emojis y emoticonos que dotan de matices emocionales el mensaje.

El primer uso informado fue en los años 80. En distintos foros se empezaron a utilizar símbolos del teclado formando caras horizontales. La primera fue la cara sonriente  :- )  para indicar que algo era broma. Después surgió la vertiente japonesa de usar letras y símbolos para crear caras de forma vertical como ésta ^_^. Esta combinación de letras y símbolos son los emoticonos, cuyo nombre deriva de “emoción” e “icono”. Tiempo más tarde surgieron los emojis, que son las distintas imágenes con forma de cara que muestran una emoción de forma más clara y menos subjetiva 🙂 .

Ahora estos símbolos se han convertido en una expresión emocional frecuente con una clara intención comunicativa en nuestros mensajes y hasta un 92% de la población on-line los utiliza. Y no son sólo la forma de comunicación de los jóvenes del milenio: una encuesta de 2014 en Estados Unidos reveló que sólo el 54% de los usuarios de los emoticonos estaban en el rango de edad entre 18 y 34 años. Es decir, casi la mitad de la gente que los usa para expresarse no son precisamente “jóvenes”. Por ello, los investigadores creen que comunicarse a través de estos elementos estaría más relacionado con la personalidad que con la edad. De modo que ya podemos echar un vistazo a las recientes investigaciones que, aunque aún novedosas y casi en pañales, ya evalúan esta nueva forma de comunicación digital y lo que revela del comportamiento humano.

Los usuarios son muy conscientes de cómo los emojis y los emoticonos reducen la ambigüedad del discurso, pero también son más “controladas”. A diferencia de las expresiones faciales o el tono de voz, que son espontáneas, la matización que se hace en los medios online es voluntaria y puede ser fácilmente manipulada, perdiendo parte de su honestidad si así se desea. Independientemente de las ventajas y desventajas, somos contextualmente conscientes de con quién hablamos y en qué medio, lo que nos hace regular el uso de emoticonos y emojis según la situación. Por ejemplo, no es lo mismo un mensaje a un amigo que a un jefe, ni tampoco es igual el correo electrónico que las redes sociales.

Además de examinar el uso de los emoticonos y emojis en las emociones, también se ha investigado cómo se comunica la personalidad y cómo se es percibido por los demás gracias a ellos. Los hallazgos recientes indican que los observadores inexpertos son capaces de juzgar la extroversión y la apertura a la experiencia de sus interlocutores en la red con niveles razonables de precisión tan sólo viendo su perfil de Facebook. Esto sería una ventaja sobre la comunicación cara a cara, donde la apertura a la experiencia es en gran medida indetectable en las primeras impresiones.

Juntos, estos hallazgos ilustran que hay claramente algo único en los comportamientos virtuales que los distinguen de las acciones tradicionales del comportamiento humano. Y, dado que podemos prever que la comunicación cara a cara, pese a que nunca será sustituida por la virtual, va a compartir escenario cada vez con más fuerza con ésta, es interesante seguir abordando este nuevo campo de estudio en la comunicación y la conducta humana.

Los efectos de la cara aniñada y la edad en la credibilidad. Club Lenguaje no Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facial appearance and impressions of credibility: The effects of facial babyishness and age on person perception”, de los autores Jaume Masip, Eugenio Garrido y Carmen Herrero, de la Universidad de Salamanca, que cómo la edad o los rasgos aniñados influyen en la percepción de las personas.

Realizamos mucha investigación tratando de detectar la mentira tanto a través del lenguaje como de la conducta no verbal; sin embargo, es importante prestar atención también a las creencias sobre el engaño y las señales que la gente utiliza para realizar juicios de veracidad y que, en muchos casos, no son ciertas. Sabemos que la ropa, el atractivo físico o incluso una sonrisa pueden llegar a influir a nivel inconsciente en cómo de honesta percibimos a una persona, y uno de los rasgos que se estudiaron en esta investigación fueron las facciones aniñadas.

Los bebés son vulnerables y dependientes, es por ello que es una cuestión evolutiva ser capaz de percibir las características que nos llevan a identificar a un bebé para protegerlo y cuidarlo. Esas características morfológicas que desencadenan nuestros instintos son las siguientes:

  • Estructura craneal: Los niños tienen una frente más grande y una barbilla más pequeña.
  • Ojos: En el proceso de maduración crecen poco, por ello en proporción son más grandes en un niño que en un adulto respecto al resto de la cara.
  • Cejas: En los niños son más delgadas y más altas.
  • Nariz: Más pequeña y achatada en los niños.
  • Orejas: Los niños las tienen más pequeñas.
  • Labios: Los niños tienen la boca más pequeña, por lo que sus labios parecen más carnosos en proporción y se ven más delgados en los adultos.
  • Mejillas: Los bebés tienen las mejillas redondas y rechonchas, pero al desarrollarse la mandíbula en la adolescencia se pierde ese efecto. Por ello las caras adultas son más angulosas o de facciones fuertes.
  • Otros elementos: Además, los niños tienen una piel más clara y suave que la de los adultos, un cabello y ojos también más claro y unas pupilas proporcionalmente más grandes que los adultos.

Sin embargo, se ha encontrado que en individuos adultos que muestran características faciales que se asemejan a las de los bebés se les atribuyen también rasgos infantiles y, en consecuencia, se les percibe como menos maduros o intelectuales. Aunque, por otra parte, también se les ve como más accesibles, tranquilos, amables y afectuosos. Eso sin duda tiene repercusiones a nivel social e interpersonal como en las oportunidades laborales o la atribución de culpa en un tribunal. La hipótesis de esta investigación era que podríamos ver cómo además podíamos ver afectada la credibilidad y la honestidad entre otras características tanto en caras aniñadas como en niños respecto a adultos o facciones más adustas.

En este experimento participaron 324 estudiantes universitarios, mayoritariamente mujeres. Mediante el uso de programas de ordenador para modificar fotografías, se cogieron tres fotografías de un varón en diferentes edades (niño, adulto y anciano). Se manipularon para que vistieran igual y tuvieran una expresión neutra y un mismo peinado y salieran mirando a la cámara, como en documentos oficiales. Luego se manipularon para resaltar en cada una de las fotografías las características propias de la edad (por ejemplo, que el niño tenga los ojos grandes o que un anciano tenga los labios más finos). De manera que se tenían 9 fotografías finales (3 rangos de edad x 3 niveles de aniñamiento facial). Cada persona veía una única foto y rellenaba un cuestionario, de manera que cada cara fue evaluada 36 veces. Los participantes debían valorar cada cara del 1 al 7 en las siguientes características: fuerte-débil, sumisión-dominancia, inteligente-estúpido, ingenuo-astuto, afectuoso-distante, sincero-deshonesto, creíble-poco creíble.

En los resultados encontramos que las variaciones a las que se sometían las caras variaban el juicio que se hacía sobre ellas. Las caras aniñadas eran percibidas como más honestas, más creíbles, más débiles, más sumisas, más ingenuas y más afectuosas que las maduras. Es decir, afectó a todas las variables menos la inteligencia. Y la variable de la edad influyó también, demostrando que cuanta más edad más probable vemos una agresión sexual, fuerza, astucia, dominancia y frialdad emocional. En cambio, se veía a los niños como menos sinceros, debido a que se les considera demasiado imaginativos y poco confiables, con la única excepción de las agresiones sexuales, donde no se consideraba que un niño pudiera mentir.

Es importante en los contextos legales tener en cuenta que la apariencia o la edad de la gente nos influye a nivel subconsciente. Es posible que nos veamos afectados por el estereotipo de que “lo bello es bueno”: otros experimentos en el pasado ya demostraron nuestra tendencia a creer que las personas más atractivas son también más inteligentes, sinceras, honestas y cándidas. En vistas de nuestra falta de precisión ajustando la credibilidad de forma tan superficial es importante mejorar las herramientas de para su evaluación y tratar de ser lo más imparciales posible.