Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Diciembre 2016

El amor está en la mirada: Un estudio de seguimiento ocular del amor y el deseo sexual. Club del Lenguaje no Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Love Is in the Gaze: An Eye-Tracking Study of Love and Sexual Desire”, de los autores Mylene Bolmont, John T. Cacioppo y Stephanie Cacioppo, en un estudio conjunto de las universidades de Ginebra y Chicago, que estudia cómo diferenciar las intenciones románticas de las sexuales de nuestro interlocutor basándose en la orientación de su mirada.

¿Alguna vez has sentido “amor a primera vista”? ¿O quizás estás más familiarizado con esas miradas que parecen desnudarte? El rostro es un elemento de gran importancia en la comunicación y la interacción social, al igual que la mirada, que nos aporta mucha información de nuestro interlocutor. Y en menos de medio segundo los ojos ya podrían estar revelando los intereses de una persona incluso antes de que él mismo llegue a racionalizarlos.

El amor y el deseo sexual han sido pocas veces estudiados como elementos separados. En parte por los sesgos heredados de nuestra cultura, y en parte por lo complicado de su estudio, ya que a nivel cerebral comparten áreas corticales y subcorticales como el tálamo y el hipocampo entre otras que complican su diferenciación. Sin embargo, el amor y el deseo ni son lo mismo ni están obligatoriamente relacionados (el amor no es requisito para el sexo, ni el deseo acaba desencadenando un enamoramiento): ambos pueden existir por sí mismos o combinados en cualquier grado. Así pues, el objetivo de este estudio era comparar las conductas humanas frente a la percepción de estímulos que les provocaran deseo sexual y enamoramiento.

Para este experimento se presentaron voluntarios 20 participantes (13 mujeres y 7 hombres). De esos 20, sólo 17 llegaron a la segunda fase. A pesar de ello, los datos obtuvieron un 95% de significación estadística. Además, todos los sujetos mostraron puntuaciones en la media de ansiedad, depresión, soledad y deseo sexual, siendo representativos de la población.

En ambas fases del experimento se les hacía presenciar una serie de fotografías de personas desconocidas en un ordenador. Para evitar interferencias, primero se evaluaba la parte conductual y luego la monitorización ocular. En la parte conductual, se pedía a los participantes mirar las fotografías y evaluar si les sugerían deseo sexual (sí o no) o amor romántico (sí o no). Después, en la parte del seguimiento ocular, se les realizaba la misma tarea pero pidiéndoles que se limitaran a observar las fotos y pensar en su respuesta anterior, salvo que en esta ocasión sólo veían dos fotos de las presentadas anteriormente elegidas al azar de cada tipo (románticas y sexuales).

En la fase 1, se mostraron 120 fotografías de parejas heterosexuales de adultos jóvenes (18 a 30 años) en las que las distintas parejas se miraban mutuamente, se tocaban las caras o miraban a cámara, y no comprendían desnudos ni escenas eróticas. Habían sido elegidas en un experimento previo en el que se seleccionaron por una muestra de similar edad las que sugerían más romanticismo y más atractivo sexual.

En la fase 2, los estímulos consistían en 80 fotografías (40 hombres y 40 mujeres) de individuos atractivos mirando a la cámara. Cada participante veía solo las fotografías del sexo opuesto. Igual que en la fase 1, la edad era similar y no se incluía pornografía. Y al igual que en la fase 1, se les encomendó decidir lo más rápido y preciso posible si la fotografía les sugería sentimientos románticos o deseo sexual, pero nunca se preguntaban ambas cosas de la misma foto.

En primer lugar, se demostró que las fotos cumplían su función y las eróticas despertaban interés sexual y las románticas sentimientos amorosos. Una vez validada la base del experimento, se demostró que los participantes eran más propensos a fijarse en la cara de las personas cuando se toman decisiones sobre el amor romántico que al tomar decisiones sobre el deseo sexual, y los mismos participantes eran más propensos a mirar el cuerpo cuando se toman decisiones acerca del deseo sexual que al tomar decisiones sobre el amor romántico. Es interesante también señalar que tanto hombres como mujeres se comportaban de la misma forma en este aspecto. Respecto a la segunda fase, una vez más no hubo diferencias de género en el comportamiento en cuanto al número de miradas, ni la duración de éstas, y se corroboró la hipótesis sobre dirigir la mirada según las intenciones hacia la persona que se observa.

En resumen, podemos afirmar que la atención visual refleja aquello que es más importante para las intenciones o metas, partiendo de la base de que la mirada mutua es uno de los elementos más fiables del amor entre parejas y que la atracción física es parte elemental de la atracción sexual. Aunque aún se sabe poco sobre los mecanismos que hay tras el enamoramiento, estos patrones de respuesta suponen unas primeras pistas respecto a los procesos de atención automáticos que pueden diferenciar los sentimientos que evoca un extraño. Y a su vez, pueden suponer un interesante marcador para utilizar en terapias de pareja.

Enfrentarse a los injustos: Introducción de la imagen proxémica como medida implícita de aproximación y evitación durante la interacción social. Club del Lenguaje no Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facing Off with Unfair Others: Introducing Proxemic Imaging as an Implicit Measure of Approach and Avoidance during Social Interaction”, de los autores Cade McCall y Tania Singer, del Institute for Human Cognitive and Brain Sciences de Alemania, que estudia la proxemia durante interacciones con personas justas e injustas.

A nadie le gusta ser tratado injustamente. Distintos experimentos han demostrado que, a nivel actitudinal, percibimos a los desleales como menos agradables y menos atractivos que los que nos tratan con justicia. A nivel emocional, las personas que han recibido un trato injusto reportan desprecio, ira, e incluso tristeza. La reacción contra la injusticia tiene lugar incluso cuando sólo somos meros observadores y no receptores de la acción. Desde un punto de vista evolutivo, tiene sentido una reacción adversa contra la deslealtad dado que ataca directamente a la cooperación y a la vida en grupo, tan necesarios en una especie social. Por tanto, es lógico reaccionar censurando y/o evitando a estas personas que no son dignas de confianza.

El antropólogo Edward C. Hall acuñó el termino “proxémica” para describir los usos comunicativos y culturales del espacio interpersonal. Esto incluye el distanciamiento interpersonal, la orientación corporal y la forma de mirar a otros. Estos elementos de la comunicación no verbal expresan implícitamente actitudes y motivaciones durante las interacciones sociales y pueden reflejar la naturaleza de la relación entre los dos interactuantes. Así que no es de extrañar que tendamos a acercarnos a las personas que evaluamos positivamente y evitemos a los que no.

En la investigación se ha abordado ampliamente el tema de la injusticia mediante experimentos de economía monetaria, y también por otro lado se ha evaluado el lenguaje no verbal ante personas que no nos eran agradables. Pero este experimento se planteó otro tipo de situación mucho más propia de la vida real: ¿qué ocurre cuando contemplamos la injusticia y no tenemos la oportunidad de castigar a esa persona? ¿Y cómo nuestro cuerpo refleja esas actitudes? ¿Podría predecirse en nuestro lenguaje no verbal cuando vamos a tomar represalias contra otra persona?

Con el fin de buscar la relación entre estas variables se llevó a cabo este experimento, donde se contó con 56 participantes (26 mujeres y 30 hombres). Cada uno de los participantes interactuaba con dos investigadores-cómplices, haciéndoles creer que eran participantes como ellos. Se les hacía esperar juntos en el vestíbulo para darle credibilidad, se les explicaba el experimento y luego los separaban para interactuar en línea desde salas separadas.

El experimento consistía en cuatro tareas: 1) un juego económico, 2) una tarea de memoria en un entorno virtual, 3) la posibilidad de castigar económicamente a otros jugadores, 4) cuestionarios. En el juego económico, uno de los dos cómplices era significativamente más equitativo que el otro para crear la sensación de que uno de los dos era injusto. Posteriormente se les ponía las gafas de realidad virtual y se les introducía en un mundo virtual que consistía en una habitación gris donde estaban los otros dos compañeros. Las gafas permitían también medir la posición y orientación de la cabeza respecto a los otros para los cálculos proxémicos. Los participantes debían andar por la habitación virtual memorizando las fotos para ser interrogados por ellas, pero la verdadera intención de la prueba era ver su acercamiento a los dos cómplices.

Después volvían al juego monetario, donde se les daba la oportunidad de castigar a los otros dos jugadores, haciendo que esa persona perdiera el triple de lo que el participante pagara. Y finalmente se cumplimentaron unos cuestionarios en los que debían calificar numéricamente a los otros participantes en términos de justicia, simpatía, atractivo o molesto entre otros.

Tal como se esperaba, los resultados mostraron que el cómplice justo era valorado como más equitativo, más agradable, más simpático, menos molesto y más atractivo que el cómplice injusto. Esto a su vez demuestra que el intercambio monetario del juego es considerado como una actividad social relevante, puesto que afectaba a nivel actitudinal a los participantes.

Por otro lado, todos los participantes eligieron castigar a los jugadores desleales más que a los justos, y ninguno castigó al justo más que al injusto. En cuanto a la proxémica, los participantes eligieron acercarse más a los justos en la habitación de realidad virtual, aunque sólo encontraron resultados significativos para la distancia interpersonal, no en la mirada. Sin embargo, también se esperaba que algunos participantes prefirieran estar cerca de los desleales: aquellos que eran propensos a castigar a los injustos. Así que se analizó la proxémica con la tendencia a castigar a los otros en la tarea posterior, encontrando que los que más castigaban a los desleales también estuvieron más tiempo frente a ellos y además les dieron la espalda mientras eran observados por ellos.

En definitiva, podemos afirmar que la injusticia influye en nuestro comportamiento no verbal y que la proxémica sirve de predictor de nuestra conducta posterior. Pero con estos resultados aún surgen más preguntas por contestar: ¿es la aproximación y la evitación una forma de mostrar aprobación y censura a los demás o en realidad son expresiones involuntarias demasiado sutiles como para ser percibidas por los otros?

Los perfiles de Facebook reflejan la personalidad real, no la auto-idealización. Club del Lenguaje No Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Facebook Profiles Reflect Actual Personality, Not Self-Idealization”, de los autores Mitja D. Black, Juliane M. Stopfer y Boris Egloff de la Universidad de Mainz, Simine Vazire de la Universidad de St. Louis, Sam Gaddis y Samuel D. Gosling de la Universidad de Texas y Stefan C. Schmukle de la Universidad de Münster, que evalúa el realismo de los perfiles en las redes sociales en los jóvenes.

Más de 700 millones de personas en todo el mundo utilizan las redes sociales. Estas páginas se han integrado como parte de nuestra interacción social y son ampliamente utilizadas como parte de la comunicación e incluso a nivel laboral ya desempañan un importante papel. Y a pesar de tan amplia inserción en nuestras vidas, todavía nos faltaba una pregunta por hacernos y corroborar: ¿Son realistas las impresiones que transmiten de nosotros las redes sociales?

Es una suposición ampliamente aceptada que no nos mostramos a nosotros mismos en las redes sociales sino que creamos y mostramos al mundo una versión idealizada de cómo preferiríamos ser en lugar de nuestras auténticas personalidades. Sin embargo, también debe tenerse en cuenta que nuestros contactos en las redes sociales nos conocen de verdad, fuera de la pantalla, y ellos también tienen acceso a publicar en nuestros perfiles y a comentar en las publicaciones propias. Es decir, la imagen mostrada se configura entre varias personas, lo que hace difícil que uno mismo muestre algo diferente de lo que es en realidad.

Para comprobar esta hipótesis se contó con 236 usuarios de las redes sociales más populares en sus respectivos países de entre 17 y 22 años: 133 usuarios de Facebook estadounidenses y 103 usuarios de StudiVZ y SchuelerVZ de Alemania. Se guardó los perfiles de los participantes antes de llevar a cabo los test de personalidad para evitar las modificaciones. Posteriormente se pasó un test de auto-ideal a los participantes para medir la versión de sí mismos que quisieran ser y contrastar si es esa la impresión que transmiten en sus perfiles. Por otro lado, se les pasó a ellos y a sus amigos cercanos un test de personalidad para conseguir más exactitud en la medición de la personalidad real de los participantes. Por último se pidió a evaluadores externos que valoraran la personalidad que percibían en las distintas páginas personales para contrastar con cuál de las dos imágenes que se tenía de los participantes cuadraba más.

Los resultados mostraron que los perfiles se percibían en consonancia con la personalidad real de los usuarios y no con su versión idealizada. Las medidas que fueron más significativas fueron la extraversión y la apertura a la experiencia, y la más baja fue la de neuroticismo, resultados que son similares a estudios previos sobre impresiones cara a cara con desconocidos.

Por tanto, podemos comprobar que las redes sociales, e Internet mismo, han pasado a formar parte de nuestras vidas y son una herramienta más para expresarse y comunicarse, donde la gente no hace otra cosa que mostrarse tal y como son. Quizás eso podría explicar en parte su gran popularidad en los últimos tiempos. Tal vez el siguiente paso sea comprobar si esta forma de pensar es única de los jóvenes, que ya han crecido en un mundo interconectado por la red, o si ya se ha convertido en algo general a todas las edades.

En el ojo del espectador: el contacto visual aumenta la resistencia a la persuasión. Club del Lenguaje No Verbal.

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Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje No Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “In the Eye of the Beholder: Eye Contact Increases Resistance to Persuasion”, de los autores Frances S. Chen, Julia A. Minson, Maren Schöne y Markus Heinrichs, en un estudio conjunto de la Universidad de Freiburg, la Universidad de Columbia y la Universidad de Harvard, que aborda la posibilidad de que mirar a los ojos al interlocutor aumente la resistencia a ser persuadidos.

Existe la creencia popular de que mirar a los ojos a otra persona es la mejor forma de hablar con ella y que es un punto a favor a la hora de hacerles llegar nuestro punto de vista, especialmente cuando no están de acuerdo con nosotros. Sin embargo, el estudio de Chen y sus compañeros ha demostrado que se produce un efecto contraproducente: el oyente se hace más resistente a la persuasión.

Para llevar a cabo dicho estudio, se realizaron dos experimentos. En el primero, los investigadores recurrieron a tecnología de seguimiento ocular y les pidieron a los participantes que viesen un vídeo de una persona que hablaba sobre determinados temas políticos. Encontraron que mientras más prolongado era el contacto visual, menos convincentes resultaban los argumentos a los participantes. Mantener la mirada únicamente se asoció positivamente con los participantes que ya estaban de acuerdo con el orador previamente.

Para confirmar el efecto de la mirada en la persuasión, se llevó a cabo un segundo experimento. En esta ocasión a un grupo de participantes se le pidió que mirara directamente a los ojos del orador mientras que al otro grupo se le indicó que evitarán el contacto visual y se centraran en los movimientos de la boca.

Curiosamente, quiénes establecieron el contacto visual se mostraron menos convencidos con el discurso político y menos abiertos a la interacción con los oradores, por tanto, eran más difíciles de persuadir.

En conclusión, estos resultados nos muestran el hecho de que el contacto visual puede enviar diferentes tipos de mensajes, que varían en dependencia de la situación. Por un lado, mirar directamente a los ojos puede ser un signo de conexión y confianza y ayudar al orador, pero otras veces se puede asociar al dominio y la intimidación, sobre todo cuando existe una confrontación. Como resultado, las personas reaccionarían retrayéndose a su propia postura con más convicción y cerrándose a argumentos diferentes.