Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Abril 2015

Las caras sonrientes no siempre dicen la verdad. Club del Lenguaje No Verbal.

Las caras sonrientes no siempre dicen la verdad. Club del Lenguaje No Verbal.

Las caras sonrientes no siempre dicen la verdad. Club del Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, esta vez les presentamos un resumen del artículo “Las caras sonrientes, a veces no dicen la verdad: la expresión facial en el juego del ultimátum afecta a la toma de decisiones y a los potenciales relacionados con eventos” de los autores Patrick Mussel y Johannes Hewig de la Universidad Julius Maximilians (Alemania), John J. B. Allen de la Universidad de Arizona (EE.UU.), Michael G. H. Coles de la Universidad de Illinois (EE.UU.) y Wolfgang Miltner de la Universidad Friedrich-Schiller (Alemania), acerca de las expresiones faciales y la toma de decisiones en los negocios.

En las interacciones sociales, las expresiones faciales contienen información valiosa que puede influir directamente en la interacción. Sonreír es una expresión frecuentemente observada en la interacción humana de la cual se deducen las creencias y acciones posteriores. Como comportamiento social desempeña un papel crucial en la toma de decisiones, se cree que las expresiones faciales tienen asimismo una influencia directa en la toma de decisiones, como por ejemplo en las negociaciones económicas. Un paradigma común para la investigación de la negociación económica es el juego del ultimátum. En él un “proponente” divide cierta cantidad de dinero en dos partes, una para sí mismo, la otra para un “respondedor”. El “respondedor” puede aceptar o rechazar la oferta. Si la oferta es aceptada, ambos jugadores reciben la cantidad de dinero propuesta por el “proponente”. Sin embargo, si la rechaza, ninguno recibe nada. La Teoría de la elección racional explica la conducta humana suponiendo que las decisiones se toman en base a motivos racionales. Esta teoría predice que los receptores deberían aceptar cualquier propuesta, ya que algo de dinero es mejor que nada, y el “proponente”, sabiendo esto, debería ofrecer lo menos posible. Sin embargo, los datos empíricos muestran que los individuos difieren en gran medida de las predicciones de la Teoría de la elección racional, al rechazar normalmente las ofertas injustas. Por lo tanto, la limitación que presenta esta Teoría es que no tiene en cuenta el papel de las emociones en la toma de decisiones. En una interacción social, cabe esperar que el estado emocional provocado por las expresiones faciales afectará a la posterior toma de decisiones. Sin embargo, poco se sabe sobre el efecto de las expresiones faciales en la conducta de negociación económica, como en el juego del ultimátum. Se ha descubierto que la sonrisa reduce la ira percibida en manifestaciones verbales negativas, puede ser que de manera similar se reduzcan las emociones negativas provocadas por las ofertas injustas en el juego del ultimátum. Por lo tanto, se ha examinado la hipótesis de que la expresión facial del “proponente” podría influir en la toma de decisiones en el juego del ultimátum. Además, se ha investigado si la expresión facial podría asimismo afectar al procesamiento neuronal de las ofertas realizadas por el “proponente”. A pesar de haberse demostrado que las expresiones faciales influyen en el error asociado con la negatividad, investigaciones previas no han analizado la negatividad relacionada con el feedback (NRF) en el juego del ultimátum. Sin embargo, del mismo modo que una expresión sonriente podría reducir la percepción de la ira provocada por las ofertas injustas, también podría influir en la negatividad relacionada con el feedback (NRF). Por lo tanto, se prevé que la NRF de las ofertas injustas de “proponentes” sonrientes se vea reducida en comparación con las ofertas injustas de “proponentes” que no sonríen.

En este estudio se ha descubierto que los aspectos de la interacción social pueden influir en la toma de decisiones en el juego del ultimátum. Mientras que la Teoría de la elección racional prevé que todas las ofertas deberían ser aceptadas para maximizar el beneficio personal, los individuos normalmente difieren de esta predicción; aún más importante, se ha descubierto que la expresión facial y el sexo del “proponente” influyen en la toma de decisiones económicas, con mayores índices de rechazo de caras no sonrientes, en comparación con caras sonrientes, y de hombres, en comparación con “proponentes” mujeres en ofertas moderadamente injustas. Respecto al sexo, se puede especular que los “proponentes” mujeres pueden atenuar la ira provocada por las ofertas injustas, sobre todo en comparación con los “proponentes” masculinos que no sonríen. Esta suposición se corresponde con los estereotipos de género acerca de que los niños y los hombres son más agresivos que las niñas y las mujeres. En resumen, los resultados avalan que, bajo ciertas circunstancias, la toma de decisiones no se basa únicamente en el beneficio económico; sino que más bien, otros factores, como la expresión emocional del “proponente”, pueden anular la maximización de ganancia y conllevar el rechazo de la remuneración. De acuerdo con investigaciones recientes, se ha observado una alteración de las respuestas neuronales en el juego del ultimátum originada por el valor de las ofertas. En general, las ofertas más pequeñas provocan una NRF más fuerte, un componente que se ha interpretado como un indicador de castigo, o de eventos “peores de lo esperado”. Por otra parte, una oferta injusta de “proponentes” que no sonríen podría interpretarse como doblemente desfavorable, y en cambio, así como los eventos que son claramente “peores de lo esperado”, las ofertas injustas de los “proponentes” sonrientes, aunque no sean positivas, no son percibidas de manera tan negativa como las propuestas que se hacen sin sonreír. Por consiguiente, los resultados demuestran que las correlaciones neuronales de evaluación de las ofertas están influidas por la expresión facial del “proponente”. Es importante tener en cuenta que el efecto de la NRF no explica por completo la influencia del sexo y de la expresión facial en la toma de decisiones. Si bien se ha descubierto que la expresión facial modula tanto la toma de decisiones en el juego del ultimátum como el procesamiento neuronal de la oferta, no explica por completo el efecto del comportamiento. Por lo tanto, se concluye que un proceso neuronal otro que el procesamiento de la oferta, contribuye a la influencia del sexo y de la expresión facial en la toma de decisiones. El efecto que tienen las caras sonrientes sobre la intensidad de la NRF es que, en comparación con las caras no sonrientes, dan lugar a una NRF menor y a un aumento de los índices de aceptación. Una cara sonriente no siempre dice la verdad y a veces viene seguida de un comportamiento negativo, como una oferta injusta. Sin embargo, en base a los resultados de este estudio, la expresión facial sonriente puede reducir las respuestas neuronales y conductuales ante ese comportamiento negativo. Así pues, las expresiones faciales son un aspecto importante de la interacción social que afecta a la toma de decisiones en las negociaciones económicas. Los hallazgos ponen de relieve que el valor de una oferta económica depende del contexto en el que se propone. Por lo tanto, la explicación de la toma de decisiones en contextos económicos, y muy probablemente en otros contextos, debe tener en cuenta factores sociales como la actitud y el sexo de los individuos que participan en la interacción como principal influencia en el complejo cálculo neuropsicosocial que suscitan las decisiones y el comportamiento.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Romper las reglas para alcanzar el poder. Club Lenguaje No Verbal.

Romper las reglas para alcanzar el poder. Club Lenguaje No Verbal.

Romper las reglas para alcanzar el poder. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, esta semana les ofrecemos un resumen del artículo “Romper las reglas para alcanzar el poder: Cómo los infractores de normas alcanzan el poder de cara a los demás”, de los autores Gerben A. Van Kleef , Astrid C. Homan, Catrin Finkenauer, Seval Gündemir y Eftychia Stamkou de la Universidad de Amsterdam (NL), sobre la transgresión de normas y la percepción de poder.

Tal vez sea de esperar que los que detentan el poder al romper las reglas caigan en desgracia y pierdan su poder. Pero, ¿es posible que el hecho de romper las reglas en realidad alimente la percepción de poder? En este trabajo se explora esta paradójica posibilidad, centrándose en los efectos de la violación de las normas sobre la percepción de poder. Las normas son reglas o principios entendidos por los miembros de un grupo y que guían y/o restringen el comportamiento, sin la coerción de las leyes, para generar una conducta adecuada y aceptable. Así pues, la violación de la norma se define como una conducta que infringe uno o más principios de comportamiento apropiado y aceptable. En base a la teoría del poder de activación/inhibición y al trabajo empírico se plantea la hipótesis de que las personas que violan las normas son percibidas como más poderosas que las que no lo hacen. Según esta teoría, los individuos poderosos son relativamente libres de comportarse como quieren. Encuentran menos limitaciones sociales y más entornos con recursos (dinero, conocimiento, apoyo). Esto estimula su sistema de activación conductual, que se acompaña de desinhibición conductual. Al contrario, los individuos con poco poder, sufren más limitaciones sociales, amenazas y castigos. Esto activa su sistema de inhibición conductual, que restringe sus acciones. De hecho, los individuos con poder parecen actuar a voluntad sin temor a las consecuencias negativas. Esta desinhibición conductual hace que los individuos más poderosos sean propensos a exhibir una conducta socialmente inapropiada. Es más, a pesar de imponer estrictas normas morales a los demás, ellos por el contrario no suelen respetarlas.

Debido a que se cree que ciertos comportamientos están asociados con el poder, las señales en sí mismas pueden indicar poder. Por lo tanto, cuando las personas perciben a los que se encuentran a su alrededor, pueden utilizar este tipo de señales para inferir su nivel de poder. En este trabajo se ha querido poner a prueba esta hipótesis en cuatro estudios. En el primer estudio se estableció un escenario en el que un sujeto mostraba una conducta de violación de normas (o no), y se midieron las percepciones de los encuestados acerca “del poder” de esa persona. Los resultados proporcionaron evidencia inicial sobre que el hecho de transgredir las normas puede alimentar la percepción de poder, incluso aunque se trate de un comportamiento negativo (asocial, inmoral, inadecuado y grosero). El estudio 2, para examinar la posibilidad de generalizar el efecto, se centró en un tipo diferente de infracción de la norma que se llevó a cabo en un contexto institucional. Además, se investigó si el efecto de las transgresiones sobre la percepción de poder está mediado por inferencias intencionadas. El estudio mostró que la violación de normas puede alimentar la percepción de poder ya que indica que se es libre de actuar como uno quiere, una libertad que se asocia con un poder elevado. En el estudio 3 se empleó una violación de normas distinta y una metodología diferente para establecer la fuerza del efecto. Según las investigaciones sobre estereotipos emocionales, se prevé que los individuos poderosos reaccionen con más rabia y menos tristeza ante acontecimientos negativos que los individuos menos poderosos y, por consiguiente exhibir tendencias de acción más activas (aproximación, confrontación) y menos pasivas (inhibición, impotencia). Se ha usado esta idea para desarrollar una discreta representación de percepción de poder, esperando que la transgresión llevaría a índices más altos de ira y tendencias de activación e índices más bajos de tristeza y tendencias de inhibición. Para profundizar en la robustez y generalización de los hallazgos, en el estudio 4 se investigó si los efectos se dan igualmente en una interacción cara a cara. Los resultados indicaron que el efecto de la violación de normas sobre el poder está mediado por inferencias intencionadas.

En consecuencia, la presente investigación revela que la violación de normas hace que los individuos sean percibidos como más poderosos. El análisis de mediación mostró que el efecto de la transgresión puede ser explicado en términos de inferencias intencionadas: los infractores de normas son vistos con la libertad de actuar como les plazca, lo que alimenta la percepción de poder. El trabajo empírico ha descubierto varios predictores de poder, que van desde rasgos de personalidad tales como extraversión y dominancia a características demográficas y comportamiento no verbal. Se ha logrado mostrar que los individuos pueden ganar poder de cara a los demás infringiendo las normas. Este estudio apunta a un nuevo mecanismo a través del cual la jerarquía social y organizativa se refuerza y perpetúa. Puesto que el poder lleva a la desinhibición conductual, los poderosos son más propensos a violar las normas. Al hacerlo, otros individuos les ven poderosos, tal y como se ha demostrado. A medida que los individuos alcanzan el poder, su comportamiento se vuelve aún más libre, llevando posiblemente a más transgresiones, y por lo tanto provocando un proceso de auto-refuerzo. La gente suele detectar rápidamente el poder de los demás, pero del mismo modo debilitan la posición de poder de una persona cuando creen que es ilegítima. De acuerdo con la influencia recíproca del modelo de poder, los individuos detentan el poder cuando actúan en interés del grupo. Por tanto, infringir la normas por el interés del grupo puede ser una buena manera de elevar la posición. Una última cuestión se refiere al papel de la acción. Los individuos que muestran una mayor propensión a actuar tienden a ser percibidos como más poderosos. Puede ser que el papel de la acción dependa del contexto, de manera que el tipo de (in)acción que indique mayor libertad probablemente genere percepción de poder. Futuros estudios podrían explorar esta posibilidad. En conclusión, violar las normas puede aumentar el poder de un individuo de cara a los demás. A medida que los individuos obtienen poder, sienten una mayor libertad para infringir las normas vigentes. Paradójicamente, estas transgresiones no socavan el poder del individuo sino que lo incrementan, originando así un círculo vicioso de poder e inmoralidad.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo. Club Lenguaje No Verbal.

Efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo. Club Lenguaje No Verbal.

Efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, en esta ocasión les presentamos un resumen del artículo “Efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo cotidiano: un experimento de campo” de los autores Max Ernest-Jones, Daniel Nettle y Melissa Bateson de la Universidad de Newcastle (UK), acerca del comportamiento cooperativo.

Las sociedades humanas se caracterizan por altos niveles de comportamiento cooperativo (es decir, el comportamiento que beneficia a otros individuos con un coste a corto plazo para uno mismo), a menudo dirigido a no familiares. Entre los modelos más destacados de estabilidad evolutiva de cooperación entre no familiares, se encuentran los modelos basados en la reputación y en el castigo. En los modelos de reputación, los individuos que no cooperan cuando tienen la oportunidad de hacerlo, corren el riesgo de no ser elegidos como compañeros de interacción por parte de otros miembros del grupo que han observado o conocen su comportamiento. Mientras el valor esperado de esta futura pérdida de oportunidades interacción sea lo suficientemente elevado, las consecuencias para la reputación pueden hacer de la cooperación una estrategia que facilita la adaptabilidad, incluso cuando es probable que el beneficiario no corresponda. En los modelos de castigo, se imponen los costes de la adaptabilidad a los miembros del grupo que no cooperan. Una vez más, esto puede ser suficiente para que la cooperación sea una estrategia facilitadora de la adaptabilidad, y la tendencia a castigar el comportamiento no cooperativo puede verse favorecida por la selección bajo ciertas circunstancias. Existe evidencia empírica sobre los efectos de la reputación y del castigo en la conducta cooperativa humana. Tanto la reputación como la evitación del castigo suponen un incentivo para cooperar que sólo se obtiene cuando alguien más sabe acerca de la conducta. Por lo tanto, en la medida que los mecanismos psicológicos que subyacen de las decisiones de cooperar han sido moldeados por la presencia recurrente de efectos de reputación y de castigo, deberían ser altamente sensibles a las señales que indican que el comportamiento está siendo observado. Una potente señal de observación son un par de ojos, y se ha demostrado que solo con poner la imagen de unos ojos como fondo de pantalla en un ordenador es suficiente para aumentar la cooperación en el Juego del Dictador (Dos jugadores; uno de ellos, el dictador, divide cierta cantidad de dinero entre él mismo y el otro jugador, el receptor). En contraste con estos resultados, se ha descubierto que las imágenes de ojos como fondo de pantalla de ordenador no tuvieron efecto sobre la conducta cooperativa del segundo jugador en el Juego de la Confianza (Ejercicios físicos para probar y estimular la confianza en uno mismo y en el grupo). Por otra parte, se ha mostrado recientemente que estar en una habitación con otras personas no tiene ningún efecto sobre las decisiones en el Juego del Ultimátum (similar al Juego del Dictador, en el que se interacciona de manera anónima) cuando se asegura explícitamente que los individuos no tendrán conocimiento de lo que se decide.

En este artículo se ha llevado a cabo un experimento de campo en el que se midieron los efectos de los carteles sobre el comportamiento de tirar basura de los clientes en una cafetería de autoservicio. Se prepararon carteles con imágenes de ojos de personas o de algunas flores, y con un mensaje escrito congruente o incongruente con el comportamiento que se quería medir. La cafetería se compone de 35 mesas de diferentes tamaños y se rige por un sistema de auto-limpieza cuya norma social (Reforzada por carteles en las paredes) es que los clientes deben recoger la basura de sus mesas antes de salir de la cafetería. En la condición congruente los carteles muestran el mensaje: “Por favor coloquen sus bandejas cuando hayan acabado”, mientras que en la condición incongruente el mensaje es: “Por favor, sólo consuman alimentos y bebidas comprados en este establecimiento”.

En un experimento diseñado para investigar los efectos de las imágenes de ojos en el comportamiento cooperativo en un entorno real, se ha descubierto que los carteles que representan imágenes de ojos aumentan la probabilidad de que la gente recoja la basura de sus mesas en una cafetería de auto-servicio. Por lo tanto, se podría decir que la cercanía de imágenes de ojos puede tener consecuencias importantes en la conducta cooperativa en un entorno real. Parece que los mecanismos psicológicos que controlan las decisiones sobre si cooperar o no son especialmente sensibles a las señales que normalmente indican un escrutinio social. Para muchos individuos, las imágenes de ojos no fueron relevantes para la interacción en la cafetería. Supuestamente, la presencia de observadores reales proporciona muchas señales de observación, y esto puede saturar el efecto de los estímulos artificiales. Sin embargo, es posible que las señales de observación solo influyan en ciertas situaciones. En primer lugar, los efectos de la inclusión de señales sutiles de observación pueden ser mayores en entornos con pocos observadores reales. En segundo lugar, la influencia de las señales implícitas puede ser anulada por instrucciones explícitas sobre el anonimato del comportamiento. Finalmente, puede haber otros aspectos de la estructura de la tarea cooperativa que manifiesten señales de observación de forma menos notable. Puede ser que los diferentes escenarios evoquen diferentes esquemas psicológicos, donde la observación de terceros es un aporte menos importante, y el comportamiento del compañero lo es más. Además de demostrar el efecto de los ojos, los datos proporcionan asimismo evidencia directa de que la presencia de personas reales, y la posibilidad de ser realmente observado, reduce el comportamiento de tirar basura. Por lo tanto, algunos individuos en grandes grupos pueden sentirse igual de ignorados que si estuvieran solos. A pesar de que este tipo de experimentos no explica el origen evolutivo de la cooperación humana, ayuda a esclarecer el funcionamiento de los mecanismos de cercanía, en ambientes naturales, por medio de los cuales los individuos deciden cuando comportarse de forma cooperativa y cuando no hacerlo. Este estudio confirma que la visualización de imágenes de ojos tiene la misma eficacia que un codazo, no sólo porque los ojos atraen la atención, sino por conexiones más básicas entre la sensación de ser observado y la conducta cooperativa. Las imágenes de ojos parecen ser eficaces en la inhibición de conductas antisociales en situaciones donde no existe una relación de compañerismo (Por ejemplo: no despilfarrar bienes públicos, o no deteriorar infraestructuras públicas), y en especial cuando hay pocas personas alrededor mirando.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

Contacto físico y riesgo en los negocios. Club Lenguaje No Verbal.

Contacto físico y riesgo en los negocios. Club Lenguaje No Verbal.

Contacto físico y riesgo en los negocios. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, esta semana les sugerimos un resumen del artículo “El contacto físico y la asunción de riesgos en los negocios” de los autores Jonathan Levav de la Universidad de Columbia (EE.UU.) y Jennifer J. Argo de la Universidad de Alberta (Canadá) que trata sobre el efecto del contacto físico en los negocios.

El contacto físico es una característica de la vida humana y animal. Es el sentido más desarrollado entre los recién nacidos, y su efecto es evidente en comportamientos que van desde la comunicación de estados y la respuesta neuronal a amenazas a dejar propinas en un restaurante. De hecho, estudios previos en psicología del desarrollo y comportamiento animal demostraron que el contacto físico es la piedra angular de la relación entre la madre y el bebé, tan importante incluso como la reducción del hambre y la sed. En este sentido, estudios sobre huérfanos de la Segunda Guerra Mundial demostraron la importancia del contacto físico materno y de la crianza para la posterior salud mental de los niños. El beneficioso efecto del contacto físico se extiende asimismo al ámbito de la salud física, ya que tal contacto se asocia con un adecuado aumento de peso y una mayor reacción sensorial entre los recién nacidos. La principal función del contacto físico en la infancia es que la madre pueda crear un sentimiento de apego en su hijo. Este apego genera sentimientos de seguridad y por lo tanto aumenta la predisposición del bebé (animal y humano) a desarrollar una conducta de exploración en entornos no familiares y situaciones extrañas. Ante la falta de apego materno y contacto físico, tanto los bebés humanos como los animales muestran comportamientos contrarios a la seguridad (miedo y recelo) y evidencian una limitada predisposición a explorar el espacio físico. La implicación de estos hallazgos es que la sensación de seguridad que surge del apego provocado por el contacto físico materno hace a los bebés más dispuestos a aceptar el riesgo que conlleva la exploración de nuevos y desconocidos estímulos. A pesar de la importancia del contacto físico como factor decisivo para la conducta de exploración o asunción de riesgos entre los niños, todavía no se ha llegado a entender el efecto del contacto físico en el comportamiento exploratorio de los adultos.

En este artículo, se presentan tres experimentos que analizan si el contacto físico afecta a la predisposición de los adultos a desarrollar un comportamiento exploratorio. En concreto, se estudió el efecto del contacto físico mínimo en la asunción de riesgos en los negocios. La principal hipótesis que se ha probado es que ciertas formas de contacto físico evocarán una sensación de seguridad en los participantes experimentales, y que esta sensación de seguridad, a su vez, aumentará su predisposición a tomar decisiones financieras arriesgadas. La idea de que el contacto puede evocar un sentimiento de seguridad está en parte extraída de la bibliografía que trata acerca de la forma de manifestar las emociones, que propone que “los estados que representan la percepción, la acción y la introspección de un modo específico cuando se está interaccionando con un sujeto particular, o en una situación específica, también se utilizan para representar estas ideas cuando el sujeto o la situación original no están presentes”. Se puede deducir que ciertas formas de contacto podrían recordar a los participantes los sentimientos de seguridad provocados por un contacto físico materno similar en la infancia. La conexión propuesta entre éstos sentimientos y la asunción de riesgos procede de la observación de que los que toman decisiones a menudo miden el riesgo por sus sentimientos en el momento de la elección y no por consideraciones analíticas, de modo que se puede esperar que los sentimientos tengan un efecto a la hora de enfrentarse a decisiones arriesgadas. Un aspecto importante de los experimentos es que la sensación de seguridad de los participantes era ficticia; por lo tanto, estos experimentos contrastan con investigaciones anteriores que han investigado la influencia de la interdependencia social (es decir, la seguridad real) en la elección bajo condiciones de riesgo. Por otra parte, se muestra que el efecto del contacto físico no se debe a cambios en el estado de ánimo en general, que han sido vinculados con cambios en las actitudes hacia el riesgo.

Se han puesto a prueba las hipótesis en tres experimentos de laboratorio que requerían que los participantes tomaran decisiones financieras tanto con consecuencias hipotéticas como reales. Todos los participantes son estudiantes de empresariales que han asistido a un curso introductorio de finanzas. Los participantes fueron reclutados bajo la excusa de un experimento sobre la conducta del consumidor. El contacto físico en el que se centran es una suave palmadita en el hombro. Se ha optado por este tipo de contacto debido a que es una reminiscencia del contacto maternal y se ha demostrado que provoca moderados sentimientos de apoyo y relajación.

Los tres experimentos presentados demuestran una asociación entre ciertos tipos de contacto físico y la asunción de riesgos en los negocios. Esta asociación se pudo observar a pesar de la sutil manipulación: un fugaz toque en el hombro. Se plantea que una leve palmadita, de una mujer, en el hombro, de una manera que signifique apoyo puede evocar sentimientos semejantes a la sensación de seguridad proporcionada por el toque reconfortante de una madre en la infancia. A pesar de que en estos estudios el sentimiento de seguridad fue ficticio, los datos indican que los participantes percibieron una verdadera sensación de seguridad que les llevó a asumir un mayor riesgo económico que los participantes que no tuvieron ese contacto físico. En un sentido más amplio, estos resultados indican que el contacto físico mínimo puede ejercer una fuerte influencia sobre la toma de decisiones y las tendencias de riesgo en los adultos, posiblemente también fuera del ámbito de los negocios.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno

A veces los demás nos conocen mejor que nosotros mismos. Club Lenguaje No Verbal.

A veces los demás nos conocen mejor que nosotros mismos. Club Lenguaje No Verbal.

A veces los demás nos conocen mejor que nosotros mismos. Club Lenguaje No Verbal.

Estimados suscriptores y seguidores del Club del Lenguaje no Verbal, esta vez les ofrecemos un resumen del artículo “A veces los demás nos conocen mejor que nosotros mismos” de las autoras Simine Vazire y Erika N. Carlson de la Universidad de Washington (EE.UU.) que trata de la percepción de la propia personalidad.

La mayoría de nosotros tenemos la poderosa intuición que nos conocemos mejor de lo que los demás nos conocen. Sin embargo, todos conocemos personas que se engañan a sí mismas, lo cual plantea la incómoda posibilidad de que nosotros, también, podríamos estar engañándonos. Cuando se trata de nuestra propia personalidad, cada vez hay más evidencia de que nuestros puntos ciegos son considerables. Por otra parte, los demás a veces pueden ver cosas sobre nuestra personalidad que no podemos. El objetivo de este trabajo es revisar la evidencia más reciente en relación a la precisión de la auto percepción de la personalidad y la percepción de los otros y demostrar que la imagen completa de cómo es una persona requiere tanto la propia perspectiva de la persona como la perspectiva de otros que la conocen bien.

El primer paso para poder determinar que los demás saben cosas de nuestra personalidad que nosotros mismos no conocemos es mostrar que hay lagunas en nuestro auto conocimiento. Algunos puntos ciegos pueden deberse a una simple falta de información. Pueden deberse asimismo a demasiada información, tenemos acceso a tantos pensamientos, sentimientos y comportamientos que a menudo nos cuesta mucho agregar mentalmente esos indicios y reconocer patrones. Sin embargo, en muchos casos, los puntos ciegos no son tan inocentes ya que son el resultado de procesos cognitivos motivados. Querer afirmar y mejorar nuestra autoestima es uno de los motivos de mayor influencia en la auto percepción. El conocimiento motivado influye y distorsiona la auto percepción de muchas maneras que ayudan a crear y mantener puntos ciegos en el auto conocimiento. Un claro ejemplo de punto ciego lo encontramos en la investigación sobre discrepancias entre las percepciones explícitas e implícitas de las personas sobre su propia personalidad. La personalidad implícita se mide normalmente por la asociación automática que las personas hacen de ellas mismas con rasgos específicos o comportamientos. De este modo, se forman asociaciones automáticas o implícitas sobre la base de anteriores patrones de comportamiento. Por lo tanto, los rasgos que la gente asocia automáticamente con ellos mismos en pruebas implícitas pueden predecir el comportamiento más allá de los rasgos que promueven conscientemente en mediciones explícitas de personalidad. Si el procesamiento implícito del auto conocimiento fuera simplemente una cuestión de eficiencia, deberíamos ser capaces de aumentar la congruencia entre nuestra auto imagen explícita e implícita centrando nuestra atención en las manifestaciones conductuales de nuestra personalidad implícita. Así pues, parece que nuestros motivos a veces nos llevan a ignorar los aspectos de nuestra personalidad que otros pueden detectar. Como resultado, nuestras auto percepciones conscientes proporcionan una valiosa pero incompleta perspectiva sobre nuestra personalidad.

El segundo paso para poder determinar que otros pueden conocer cosas acerca de nuestra personalidad que nosotros desconocemos es mostrar que los demás son expertos en la detección de la personalidad. Resulta que muchos aspectos de la personalidad son increíblemente transparentes a los demás, incluso cuando no se están transmitiendo deliberadamente. Revelamos nuestra personalidad deliberada e indeliberadamente a través de la música que escuchamos, nuestros dormitorios, y nuestro entorno online. Por otra parte, cuanto más convivimos con los demás, con mayor precisión pueden inferir nuestros pensamientos y sentimientos. Estos hallazgos muestran que somos agudos conocedores de las personalidades de los demás, probablemente debido a la importancia de la percepción interpersonal para nuestra especie social. En consecuencia, los demás, especialmente aquellos que pasan mucho tiempo con nosotros y con los que nos sinceramos, se convierten casi inevitablemente en expertos en nuestra personalidad.

El objetivo de este artículo es demostrar que a veces los demás ven aspectos de nuestra personalidad de los que no somos conscientes. La igualdad total en los niveles de precisión oculta un patrón más interesante: la auto valoración de la personalidad y la valoración de los demás no sólo proporcionan información redundante, sino que reflejan aspectos diferentes. Vazire (2010) propuso que tenemos mejor información de nosotros mismos que los demás para juzgar rasgos internos, rasgos principalmente definidos por pensamientos y sentimientos, pero que los demás tienen mejor información para juzgar rasgos externos, rasgos principalmente definidos por la conducta manifiesta. Existen evidencias de que las personas cercanas podrían de hecho tener impresiones más positivas sobre nosotros de las que tenemos, pero que sus percepciones son aun así más precisas. Los hallazgos sugieren que los que nos conocen bien a veces ven cosas que no vemos en nosotros mismos, sobre todo cuando se trata de aspectos de nuestra personalidad que pueden ser apreciados por los demás y de los que nos preocupamos mucho (y por lo tanto no podemos ver de forma objetiva).

Para conocer la personalidad de alguien, tenemos que saber tanto la manera en que se ve a sí mismo como la manera en que le ven otras personas que le conocen bien. El hecho de que la auto percepción sea una parte importante de la personalidad no es algo nuevo; el nuevo descubrimiento es que los demás saben muchas cosas acerca de nosotros que desconocemos. La investigación plantea que aunque tendemos a sobrestimar el grado en que otros comparten nuestra percepción de nosotros mismos, somos capaces de detectar la impresión que producimos a los demás, incluso al conocer a alguien por primera vez. Parece asimismo que sabemos cómo las personas que nos conocen en diferentes contextos nos ven de distinta manera (por ejemplo, los padres frente a los amigos). En resumen, parece que somos algo conscientes de cómo nos ven los demás, pero no siempre hacemos uso de esa información para juzgar nuestra propia personalidad. Por lo tanto, es posible que podamos mejorar nuestro auto conocimiento dando más importancia a nuestras impresiones acerca de cómo nos ven los demás, especialmente, cuando se trata de rasgos evaluativos observables (por ejemplo: ser divertido, encantador, etc.). Estudios recientes han planteado que la auto afirmación reduce las respuestas defensivas y nos hace más receptivos a la información negativa sobre nosotros. Por otro lado, las técnicas de meditación pueden reducir los dos principales obstáculos para el auto conocimiento: la falta de información y las tendencias motivacionales. En resumidas cuentas, se sabe poco sobre cómo mejorar el auto conocimiento. Parece evidente que queda mucho por aprender acerca de cómo podemos llegar a conocernos mejor.

Fundación Universitaria Behavior & Law – Club del Lenguaje no Verbal

Traducción y edición: Leticia Moreno