Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Enero 2013

“Forensic Phychology” de Stephen Porter. Club del Lenguaje no Verbal.

lenguaje_no_verbal_libroporterEl Club del Lenguaje no Verbal tiene el honor de presentaros la nueva publicación de nuestro amigo Stephen Porter quien, junto a su compañero Lawrence S. Wrightsman , ha escrito la segunda edición de “Forensic Phychology”. En el libro los autores estudian el comportamiento humano en el difícil terreno del crimen y su castigo y muestra cómo los psicólogos son un eslabón más de la cadena que completa el sistema judicial, actuando como perfiladores criminales y consultores forenses.

Aquellos que tuvistéis la oportunidad de asistir al Taller de Detección de Mentiras celebrado en Ávila el pasado otoño, pudistéis comprobar cómo el Dr. Porter mostraba cómo hay técnicas no verbales que juegan un papel importante en el ámbito de la psicología forense.

A quien os apasione este tema, desde aquí, os animamos a leerlo, impulsados por su rigurosidad científica y conocedores de la profesionalidad de nuestro amigo de la Universidad de British Columbia.

¿Y tú? ¿Sonríes en las fotos que utilizas para darte a conocer en Internet? Club del Lenguaje no Verbal.

lenguaje_no_verbal_sonrisainternetEl extracto del estudio que hoy compartimos con vosotros fue realizado en el 2011 por Piotr Szarota de la Academia de Ciencias Polacas en Varsovia (Polonia) cuyo objetivo era averiguar lo que el propio autor denominó como “el misterio de la sonrisa europea” y analizar los factores que influyen en las personas de distintos países europeos para elegir sonreír o no hacerlo en las fotos que utilizan como perfil en internet.

Se evaluaron 2.000 fotos de 10 países por dos jueces independientes. A pesar de que hayan pasado 20 años desde la caída del Muro de Berlín, los usuarios de Internet procedentes del antiguo bloque soviético parecen sonreír con menos frecuencia que los de Europa Occidental. Asimismo, las mujeres con independencia de su nacionalidad sonreían más que los hombres.

Se ve a menudo la sonrisa como un signo universal de amistad o de buena voluntad. Se percibe a las personas sonrientes más positivamente (véase Hess et al 2002).; este efecto fue primero reportado por Thornton (1943), quien descubrió que los individuos sonrientes suelen tener mayor capacidad para la bondad, la honestidad y el sentido del humor. Numerosos estudios han encontrado efectos similares para otros rasgos positivos de personalidad, no sólo en las sociedades occidentales, como los EE.UU. (Reis et al. 1990), Brasil (Otta et al. 1996), o Polonia (Szarota 2006), sino también en Hong Kong (Lau 1982) y Japón (Matsumoto y Kudoh 1993).

Según Fridlund (1994), una sonrisa por lo general significa una predisposición a la afiliación (” vamos a ser amigos”) o apaciguar un conflicto (” lo que tú digas”). La investigación señala que las personas confían más en aquellas que sonríen que en las que no lo hacen tan a menudo. Mehu y Dunbar (2008),  llevaron a cabo una observación de personas interactuando en pequeños grupos, que demostró que la sonrisa así como la risa intervienen en la formación de relaciones de cooperación.

Sin embargo, también hay pruebas que señalan diferencias culturales de la sonrisa. Estas diferencias se pueden interpretar en términos de dialectos no-verbales. La teoría del dialecto (Elfenbein et al. 2007) propone la presencia de diferencias culturales en el uso de señales de expresión emocional que son lo suficientemente sutiles como para permitir una correcta comunicación a través de las fronteras culturales en general, sin embargo, son suficientemente notables como para dar lugar a una potencial falta de comunicación (Elfenbein y Ambady 2003). Contrariamente a mostrar reglas, los dialectos no verbales son sutiles variaciones en la manera de mostrar una misma emoción.

Por último, pero no menos importante, los supuestos culturales sobre la sonrisa podrían estar vinculados a normas culturales que guían la interacción humana y la auto-presentación. Wojciszke (2004, p. 39) propuso recientemente que hay “culturas de afirmación en las que debes ser feliz, o por lo menos aparentarlo, ” culturas en las que hay que estar sonriendo, donde no es necesario ser feliz, pero no se debe ser infeliz”, y “culturas de queja en las que debes ser infeliz, o al menos parecerlo”. La cultura americana es un perfecto ejemplo de la primera categoría, y la cultura polaca es un ejemplo de la última

No hay duda de que estas diferencias culturales se manifiestan en las interacciones de la vida cotidiana. Sin embargo, no está claro si afectan a las decisiones de los individuos sobre qué fotografías de sí mismos quieren que aparezcan en Internet.

Las diferencias interculturales en la sonrisa no sólo son resultado de la cultura, sino también de factores socio-económicos.

Desde el punto de vista del autor, este es el primer estudio que compara las diferencias interculturales con respecto a la auto-presentación basada en las fotografías seleccionadas individualmente. Parece probable que las diferencias entre Oriente y Occidente en cuanto al bienestar personal se pueden manifestar en interacciones espontáneas, pero en lo que se refiere a la auto-presentación, cuando se ha elegido una fotografía deliberadamente por una persona para que otros la puedan ver, se podría pensar que se ejerce un mayor control. La gente puede buscar específicamente una fotografía en la que está sonriendo sólo porque una sonrisa parece ser un signo universal de amistad.

Como ya señaló el eminente escritor checo, Milan Kundera (2007) ”, la diversidad cultural es el gran valor europeo … máxima diversidad en mínimo espacio ” (p. 28). Parece que esta diversidad también puede referirse a algo aparentemente tan universal como la sonrisa. Los resultados mostraron que había diferencias significativas en las preferencias por la sonrisa entre la Europa occidental y los países ex comunistas. Estas diferencias pueden venir dadas directamente por el bienestar de los usuarios o pueden deberse a diferentes estrategias de comportamiento.

La primera explicación apuntaría a la investigación de Oettingen y Seligman (1990) y estudios posteriores que documentan índices más bajos de bienestar subjetivo y síntomas depresivos en el este de Europa (véase, Mikolajczyk et al. 2008). En este estudio se registraron correlaciones entre los porcentajes de las sonrisas e índices de felicidad y satisfacción con la vida.

La segunda explicación podría evocar una mentalidad post-comunista. Los europeos del este, generalmente considerados como menos asertivos, menos amables y más desconfiados, estarían menos dispuestos a sonreír que los europeos occidentales.

Otro hallazgo indica que el género es un factor importante de la sonrisa más que la propia cultura en sí misma. El hecho de que las mujeres tienden a sonreír más a menudo que los hombres ha sido ya bien documentado (por ejemplo, Hall y Halberstadt, 1986). Para explicar estas diferencias LaFrance et al. (2003) señaló las necesidades específicas de los roles sociales: las mujeres se supone que son “más expresivas y sociales” y sonreír es una manera eficaz de transmitir estos atributos (p. 325).

El autor tiene la esperanza de que a pesar de las limitaciones encontradas, este estudio proporcione descubrimientos interesantes para que se profundicen en futuras investigaciones. También espera haber  demostrado con éxito que la sonrisa es un fenómeno social complejo que puede explicarse a partir de diferentes ángulos, como son los sistemas políticos, las condiciones económicas, el bienestar personal,  estrategias de presentación y, por último pero no menos importante, como comportamiento no verbal guiado por sistemas culturales específicos.

Cuando una voz atractiva y el aspecto físico no coinciden. Club del Lenguaje no Verbal.

De nuevo hoy tenemos el gusto de dar a conocer otro artículo fruto del trabajo realizado por nuestra delegada del Club del Lenguaje no Verbal en República Dominicana, Elda Marzo.

En esta ocasión, Elda Marzo quiere compartir con nosotros un estudio que  trata sobre las investigaciones  realizadas por los autores  Miron Zuckerman y Veronica Sinicropi del Departamento de Ciencias Clínicas y Sociales en Psicología de la Universidad de Rochester, Estados Unidos, en el cual plantean que las personas cuyo atractivo físico y vocal no coinciden pueden obtener más impresiones negativas que aquellos que poseen, tanto un rostro como una voz, considerados atractivos.  El presente estudio mostró que la razón de este efecto no es simplemente que la percepción de que la cara y la voz son discrepantes, sino más bien que se produce una cierta inclinación hacia el canal menos atractivo.  Este hallazgo  es consistente con una gran cantidad de publicación científica que indica que los efectos de los fenómenos negativos, como poco atractivos, rostro o voz, son más fuertes que los efectos de los fenómenos positivos.

El artículo de Dion (1972) “What is beautiful is good” (Lo Que Es Bello Es Bueno), es una investigación extensa que demostró que las personas físicamente atractivas son vistas de una forma más positiva, es decir, se les atribuye rasgos de personalidad socialmente más deseables. (Véase Berscheid y Walster 1974; Feingold 1992; Hatfield y Sprecher, 1986).

Otros estudios plantean incluso la posibilidad de que las personas más atractivas en realidad desarrollan imágenes más favorables de sí mismos.  (Adams 1977; Snyder  1977).  Aplicando el concepto de un estereotipo atractivo para el domino vocal, los autores Sucherman y Driver (1989) propusieron que al igual que los rostros atractivos, las voces atractivas también pueden obtener impresiones más positivas.  Ellos descubrieron que los jueces fueron capaces de ponerse de acuerdo sobre si las voces son voces más atractivas o no y que se asociaron con más impresiones favorables de la personalidad de los sujetos estudiados.  En un trabajo de investigación posterior (Berry 1990, 1992; Zuckerman et al, 1990;. Zuckerman y Hodgins, 1993), los resultados demostraron que el atractivo vocal produce efectos que son comparables en magnitud a los efectos del atractivo físico.

El filósofo griego Sócrates dijo “Habla para que yo te vea”, haciendo inferencia a la voz como elemento reflector de la personalidad.  Cuando escuchamos a una persona por vía telefónica de forma automática le atribuimos ciertos rasgos físicos, atractivos si es una voz modulada y menos atractivos cuando no lo es.  Al ver físicamente a la persona tratamos de unir las apreciaciones físicas con la voz, provocando en ocasiones, como resultado, cierta desilusión.

Un ejemplo de esto es cuando escuchamos un programa de radio.  Puede suceder que recordemos el timbre de voz del locutor, atribuyéndole ciertos rasgos de personalidad  y no lo relacionemos con su rostro.

En el presente estudio se presentaron la cara y la voz simultáneamente, ocasionando que los perceptores encontraran el canal menos atractivo como decepcionante.  Indirectamente, el presente resultado proporciona información de apoyo adicional a la importancia que otorgamos a la atracción vocal como elemento que contribuye para formarnos  la impresión general que ocurre en el contacto interpersonal. En conclusión las señales vocales provocan un efecto en sí mismo y llevan bastante peso como para causar decepción con la apariencia física, cuando el atractivo vocal fue menor que el atractivo físico y viceversa.