Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Octubre 2012

Cómo distinguen los niños las expresiones faciales de miedo y asco

Queridos amigos, os mostramos un extracto del trabajo realizado por varios investigadores de la universidad de Ottawa en Canadá, que han investigado el reconocimiento facial y la discriminación de las expresiones de miedo y asco en la infancia. Eligieron estas emociones porque se ha descubierto que tienen un patrón más lento en el desarrollo, aunque presentan una mejora significativa en la infancia tardía. Una investigación más detallada de los errores cometidos por los niños indica que el miedo y el asco son a menudo confundidos un mayor número de veces con otra emoción negativa o neutral (como sorpresa) que con emociones positivas. Por esta razón, centraron el análisis en la capacidad de los niños para distinguir el miedo y el asco de la ira, la tristeza y la sorpresa.

Las expresiones faciales desempeñan un papel importante en la comunicación de estados emocionales y en la regulación de las interacciones sociales de los seres humanos. Proporcionan información sobre el tipo de emoción (como el miedo o la ira) y su intensidad, y permiten que los protagonistas involucrados en las interacciones sociales ajusten su comportamiento de la forma más adecuada (Ekman, 1993; Izard 1991).

Las pruebas que tenemos hasta ahora, referentes al reconocimiento emocional, nos demuestran que la capacidad de hacer una conexión entre expresiones faciales y emociones básicas específicas aparece alrededor de los dos años. A pesar de que los preescolares son capaces de reconocer la mayoría de las emociones básicas, su rendimiento está lejos de ser perfecto.  Esta capacidad mejora a medida que los niños se van haciendo mayores aunque no es igual para todas las emociones. Las expresiones de felicidad y tristeza ya las reconocen muy bien con cinco años. Sin embargo los niveles de precisión para las expresiones de miedo y asco, aunque se sitúan por encima del azar, son por lo general bastante bajos a los cinco años, aunque mejoran sustancialmente en los próximos cinco años (Gao y Maurer 2008; Gosselin 1995; Gosselin y Larocque 2000; Vicari et al. 2000). Los patrones de desarrollo del reconocimiento de la ira y la sorpresa están menos claros.

Curiosamente, los errores que se producen en la clasificación de una emoción tampoco son uniformes. La confusión entre sorpresa y miedo es el error más frecuente realizado por niños de entre 5 y 10 años (Bullock y Russell 1985; Gosselin 1995). También hay mucha confusión en el reconocimiento de las expresiones faciales para distinguir expresiones de asco y cólera (Bullock y Russell 1985; Camras 1980; Gosselin et al. 1995). Varios investigadores también han descubierto que uno de los errores más comunes en el reconocimiento de expresiones de sorpresa es confundirla con la felicidad  (Bullock y Russell 1985; Gosselin 1995). La magnitud de estos errores disminuye con el tiempo, pero los errores persisten incluso en la edad adulta (Gosselin y Kirouac 1995; Wiggers 1982).

Las expresiones faciales son claramente objetos visuales complejos compuestos de varias características ubicados en diferentes regiones de la cara. Mientras que algunas características son fáciles de detectar, como la apertura de la boca o la apertura de los ojos, otras características son más sutiles y sólo implican arrugas leves de la piel. Además, es importante señalar que el grado de diferenciación entre las emociones no es homogéneo (Ekman, 2003). El miedo comparte más características faciales con sorpresa que la tristeza o la ira, por poner un ejemplo. Debido a la complejidad de las expresiones faciales, los autores de esta investigación consideran que probablemente la discriminación visual entre las expresiones faciales de las emociones todavía mejora durante la segunda infancia y que es responsable, al menos en parte, para mejorar el reconocimiento.

Se ha demostrado en varias ocasiones que las expresiones faciales de miedo y asco son menos reconocidas por los niños que otras emociones básicas. Para este trabajo se realizaron dos estudios en los que se investigó el reconocimiento y la discriminación visual de estas dos expresiones en niños en edad escolar. En el Estudio 1, a los niños (5, 6, 9, y 10 años de edad) se les mostraron estas dos expresiones faciales, y se les pidió qué dijeran a qué emoción correspondía. Los resultados indicaron que la precisión de los niños de 9 y 10 años fue mayor que para los niños que tenían 5 y 6 años en tres contrastes: asco-rabia, miedo-sorpresa, y miedo-tristeza. Los niños más pequeños tenían más dificultad para reconocer la emoción de asco cuando se presentaba junto con la ira, y también les costaba reconocer la expresión de miedo cuando se presentaba junto con sorpresa. En el estudio 2, a los niños (5, 6, 9 y 10 años de edad) se les mostró la expresión objeto de estudio junto con otras dos expresiones, y se les pidió que señalasen la expresión que les pareciera más similar a la que era objeto de estudio. Al contrario de lo esperado, incluso los niños de 5 y 6 años -fueron muy precisos en distinguir miedo y asco de otras emociones, lo que sugiere que la percepción visual no fue el principal factor limitante para el reconocimiento de estas emociones en niños en edad escolar.

El objetivo de los autores de estos estudios era examinar el desarrollo de la capacidad de los niños para discriminar visualmente las expresiones faciales de miedo y asco del resto de emociones. El hecho de que la precisión fuera alta es interesante si se tiene en cuenta que el material visual que utilizaron variaba no sólo de expresión facial, sino también en función del sexo y el origen étnico. Desde un punto de vista perceptivo, los resultados son interesantes porque indican que los niños son capaces de extraer características invariantes clasificando emociones a pesar de las variaciones en género y etnia. A pesar de que se ha confirmado que la edad influye en la precisión en general, la mejora fue muy leve, lo que significa que el desarrollo de la capacidad visual no explica mucho el patrón obtenido en los resultados del Estudio 1. Al contrario de lo que se esperaban, los niños de 5 y 6 años, distinguieron perfectamente  el miedo de la sorpresa. La precisión de los niños más pequeños fue algo menor para discriminar asco-ira que para asco-tristeza, asco-miedo, y asco-sorpresa. Sin embargo, no encontraron esta diferencia en  niños más mayores, probablemente debido a que la precisión fue muy alta para cada uno de los contrastes.

La leve mejora en el rendimiento general asociada con la edad sugiere que hay algunos elementos madurativos del sistema visual que podrían tener lugar en la infancia tardía. Todavía está por determinar la naturaleza exacta de esta mejora. De acuerdo con investigaciones anteriores, la capacidad de discriminar entre patrones visuales mejora mucho más allá de la infancia y está relacionada con diversos cambios en el desarrollo, incluyendo la maduración física, una mayor capacidad de atención, exploraciones visuales más completas, y más eficiencia en la asignación de recursos de procesamiento. Los resultados de la presente investigación sugieren que tal mejora no se limita a los objetos físicos, sino que también están involucrados objetos sociales, como son las expresiones faciales.

Reconocer las relaciones familiares a través de la proxémica

Estimados amigos del Club del Lenguaje no Verbal, hoy tenemos la oportunidad de compartir con todos vosotros un estudio realizado por Ángel Cuñado, psicólogo y terapeuta familiar. En concreto este trabajo se centra en las relaciones observadas de lejanía o cercanía que se establecen entre los diferentes miembros familiares que acuden a la consulta para recibir terapia.

Antes de seguir avanzando con el estudio, es necesario hacer mención a la proxémica. El término proxémica está íntimamente ligado al antropólogo estadounidense Eduard T. Hall y con él se refiere al empleo y a la percepción que el ser humano hace de su espacio físico, de su intimidad personal; de cómo y con quién lo utiliza.

Hall propone cuatro tipos de distancias (cada distancia tiene una fase cercana y una lejana) que varían con las diferencias de personalidad, los factores ambientales y la cultura.

Distancia Íntima: está comprendida entre unos 15 y 45 cm. Es la distancia de amor y lucha, de protección y del confortamiento. Es el perímetro de la pareja, la familia, los amigos, también de alguien que quiere agredirnos físicamente o a quien queremos agredir…

Distancia Personal: se corresponde con un perímetro de entre unos 45 y 120 cm. Es una especie de burbuja protectora que mantiene la distancia entre sí y los demás. Es la distancia que se suele mantener cuando estás en la oficina, reuniones, asambleas, fiestas, conversaciones amistosas o de trabajo.

Distancia Social: entre 120cm a 3,5 m. Es la separación correspondiente a las personas desconocidas.

Distancia Pública: es aquella que dista entre 3,5 m y 9 m. Es la distancia que se utiliza para dirigirse a un grupo de personas durante coloquios, charlas, conferencias, empleando un tono de voz alto para comunicarse.

El objetivo del estudio de Ángel Cuñado es observar la relación que existe entre los miembros de un sistema familiar, en cuanto a la proximidad vs. lejanía que presentan en interacciones grabadas en vídeo en entrevistas realizadas en terapia familiar o de pareja en relación de interacción en contexto terapéutico. Para realizar este trabajo utiliza las grabaciones hechas por la Escuela Vasco Navarra de Terapia Familiar (EVNTF)5, y sigue la teoría y propuestas de Edward T. Hall (2003).

Las interacciones de familias o parejas son observadas desde un prisma proxémico, en el que una distancia más cercana nos indicaría una proximidad psicológica mayor y una distancia más lejana lo contrario. En total fueron catorce las familias observadas en la consulta y sobre las que se realizaron las grabaciones para su posterior análisis.

Desde aquí consideramos muy ilustrativo poner un par de ejemplos extraídos literalmente del estudio para que los lectores tengáis una idea más clara de cómo se llevó a cabo el estudio:

Familia 8 – dificultades de pareja (ver anexo1, modelo 4): este es un ejemplo claro de las distancias entre las parejas con dificultades. En estos casos los participantes mantienen distancias “social cerca”, dejan un espacio como si fuese a sentarse alguien entre los dos miembros de la pareja.

 

Intervención: en esta ocasión la intervención parece de Perogrullo, tenemos que eliminar la barrera psicológica que hay entre los dos acortando las distancias físicas.

 

Familia 9 – puntuación discordante (ver anexo1, modelo 5): es una variante de las relaciones de pareja en que el asiento o hueco que dejan entre los dos, lo ocupa el hijo de una forma virtual y lo que apreciamos es la distancia física representando las diferentes posturas que mantienen sobre las normas que se deben seguir.

 

Intervención: intervenimos exactamente como en la anterior eliminando barreras.

Los hallazgos encontrados en base a este estudio  se basan en la importancia de la proxémica mostrada por las familias en las diferentes sesiones que puede servir de ayuda para la realización de posibles líneas de trabajo. Las intervenciones realizadas en esta área están dirigidas a establecer límites claros, promover normas y reglas, fomentar el desarrollo del ciclo vital en que se encuentran las personas participantes en los sistemas. Estas observaciones apoyan la idea de la que parte la investigación; la proxémica de las relaciones muestra la cercanía psicológica de los miembros de un sistema o de los subsistemas entre sí. Aunque todavía son necesarias investigaciones con un enfoque más cuantitativo y no tan observacional.

<< Descargar artículo completo >>