Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Febrero 2012

Cuantos más gestos tuyos, menos gestos míos

Las autoras Cutica y Bucciarelli del Centro de Ciencia Cognitiva de la Universidad de Turín nos acercan hoy al mundo de los gestos. Cuando una persona habla, lo más habitual es que despliegue ciertos movimientos corporales, ademanes, gestos, señas, etc., acompañando así lo que dice verbalmente. Para nosotros parece una conducta totalmente normal pero las últimas investigaciones sobre este fenómeno revelan que hay una función bastante interesante que tiene que ver con la correcta o incorrecta formación de modelos mentales. Un modelo mental es una representación analógica de una situación descrita o percibida, conformada por elementos que representan estas entidades descritas o percibidas, los cuales se interconectan entre ellos y crean así relaciones entre las entidades.

Numerosos estudios han señalado que la profunda comprensión de un discurso involucra la construcción y manipulación de representaciones mentales que reproducen la situación descrita. También han revelado que los ademanes desplegados por un orador favorecen la construcción del modelo mental del discurso en los oyentes o espectadores, y además ayudan al orador a organizar su línea de pensamiento a la hora de hablar.

Basándose en estas ideas, se realizó un estudio para corroborar la hipótesis de que una persona que escucha un discurso acompañado de gestos, desplegará menos gestos a la hora de recordarlo y contarlo que una persona que ha escuchado un discurso, que no va acompañado de ademanes de ningún tipo, puesto que lo que se piensa es que una persona que ha sido expuesta a un mensaje verbal acompañado de gestos, ha sido capaz de formular un mejor modelo mental del discurso y por lo tanto ha tenido una mejor comprensión del mensaje, por lo que no requiere de acompañar su relato con ademanes a la hora de reproducirlo o recordarlo.

Para ello se realizaron dos experimentos, uno donde se reclutaron 38 estudiantes (32 mujeres y 6 hombres) de 23 años a los que se expuso a dos vídeos de aproximadamente 6 minutos en los cuales un actor narraba una serie de sucesos ocurridos en un carnaval. El actor relataba el mismo discurso en ambos vídeos, sólo que en uno lo hacía acompañado de ademanes espontáneos y en el otro lo narraba sin hacer ningún gesto. Los estudiantes se dividieron en dos grupos y cada grupo vio uno de los vídeos.

Los resultados arrojados por este experimento confirmaron la hipótesis sostenida por los investigadores quedando demostrado que los estudiantes que habían observado el vídeo con la narración acompañada de gestos, a la hora de recordar lo visto lo hacían produciendo menos gestos (41% de los relatos acompañados de gestos), que el otro grupo que vio el vídeo sin gestos lo relataba con más gestos (56% de los relatos acompañados de gestos).

Debido a su tema, el contenido del discurso narrativo de este experimento sugiere descripciones espaciales y de movimiento, y según algunos estudios, existe un nexo particular entre la producción de gestos espontáneos y los contenidos que involucran imaginaciones visuales o dinámicas, es decir espaciales y de movimiento, por lo que para el segundo experimento lo que se hizo fue reclutar a otros 30 estudiantes (24 mujeres y 6 hombres) de 23 años y hacer una replica del primer experimento sólo que para éste se manejo un contenido mucho más técnico, hablando sobre la percepción del color, un tema de menor “espacialidad y motricidad”.

Los resultados de este experimento también confirmaron la hipótesis, los participantes que vieron el vídeo con ademanes hicieron menos gestos al recordarlo (45% de los relatos acompañados con gestos) mientras que los participantes expuestos al vídeo sin ademanes recurrieron a más gestos a la hora de recordarlo (78% de los relatos acompañados con gestos).

Como conclusiones generales, el estudio nos dice que el propósito de los gestos que acompañan al lenguaje verbal, desde ambas perspectivas, tanto del oyente como del orador, sirven para apoyar la organización de los pensamientos a través de la construcción de un modelo mental del discurso.

También es evidente que la comprensión profunda del discurso por parte del escucha y la buena organización de las ideas por parte del orador, recaen en la creación de modelos mentales completos y correctamente articulados, integrando tanto información lingüística como los gestos que acompañan al discurso.

Quizás lo que queda pendiente es investigar más a fondo la forma en que los gestos pueden dirigir la atención del receptor  hacia la información verbal que acompañan.

La metodología como clave en el estudio del reconocimiento emocional

Algunos estudios han dejado ver que las emociones que mejors se reconocen al pasar de los años son las positivas y entre ellas en especial la de felicidad. ¿Esto sucede porque conforme envejecemos nos quedamos con los estímulos más felices o porque existen partes de nuestro cerebro que rigen estas zonas y cambian con la edad? Quizás podríamos responder esto preguntando a Susan T. Charles y Belinda Campos, investigadoras del Departamento de Psicología y Conducta Social de la Universidad de California, las cuales han revisado el trabajo de Isaacowitz y Stanley sobre el reconocimiento emocional facial relacionado a las edades, el cual señalan como una habilidad que va de la mano del funcionamiento socio-emocional pero que está constantemente marcado por el declive relacionado a la edad. Algunas de sus conclusiones fueron que el declive relacionado a la edad existe, pero con una notoriedad menor en emociones positivas que negativas, por lo cual se necesita discutir posibles explicaciones motivacionales y estructurales a este efecto “positivo”, y que futuras investigaciones sobre las diferencias de edad deben realizarse en contextos más ecológicos. Partiendo de estos apuntes como base, Susan T. Charles y Belinda Campos han querido abordar tres principales temas sobre esta materia:

  1. Asuntos metodológicos al comparar emociones positivas y negativas.
  2. Explicaciones motivacionales y estructurales para diferencias de edad.
  3. La necesidad de más contextos ecológicos.

En cuanto al primer punto, las autoras no encuentran tan certera la evaluación de las emociones a través de preguntas cerradas, ya que no distinguen bien entre las diferentes emociones negativas. Por ejemplo, la felicidad figura en la mayoría de los estudios, como la emoción más comúnmente detectada y la única positiva, por lo que podría tratarse de la mejor preservada debido a que es la más sencilla y la que menos labor cognitivo y esfuerzo de percepción supone. Si este fuera el caso, habría que evaluar otras explicaciones y no motivaciones, por ejemplo preguntarse ¿por qué las emociones positivas son más fáciles de detectar que otras? o si con relación a las diferencias de edad, ¿la emoción más básica y fácil de reconocer es la menos susceptible a desaparecer con la edad, o existen áreas del cerebro involucradas que favorezcan lo positivo o negativo con el paso de los años? Lo que ellas recomiendan es el uso de metodologías que utilicen respuestas abiertas, para así expandir la posibilidad de tener varias emociones positivas.

En cuanto al segundo tema, proponen que los investigadores desarrollen y evalúen más hipótesis relacionadas a los cambios en la estructura cerebral y cambios de motivaciones derivadas de la edad, similar a los debates existentes sobre factores genéticos vs. entorno, diferencias de géneros e interacciones entre este tipo de hipótesis. Basarse en un solo tipo de explicación ya sea estructural o motivacional, es una idea simplista, por eso hablan de fomentar el manejo de hipótesis donde se involucren diversos factores, lo cual puede dar una idea más completa de por qué y cuándo aparecen las diferencias de edad para el reconocimiento emocional.

Finalmente ante la necesidad de mayores contextos ecológicos para analizar la diferencia de edad en el reconocimiento emocional, su visión es optimista ya que se han encontrado con investigadores que han comenzado a practicar estos estudios a través de diferentes contextos, entendiendo la vida cotidiana de los jóvenes, adultos y gente mayor, así como la frecuencia con la que cambian de estados emocionales. Entendiendo también los resultados de la imprecisión en la interpretación de las expresiones emocionales de una persona, a lo que los estudios empíricos continuarán ayudando a entender de mejor manera.

Libros Club Lenguaje no Verbal

Estimados amigos, debido a la acogida que tuvo el pasado año nuestro libro de recopilación de artículos publicados en el Club del Lenguaje no Verbal, este año volvemos a editar un ebook con la recopilación de todos nuestros post publicados durante el 2011. Puedes descargarlo en este link

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Y si tu llegada al Club es reciente y aun no tienes el libro del 2010, también puedes descargarlo en este link

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Un mundo de mentiras

Estimados amigos del Club del Lenguaje no Verbal, hoy nos hacemos eco de un artículo publicado por la Universidad de MacQuaire en Sidney en la cual analizaban los indicadores subjetivos de la mentira. Estos indicadores son elementos que creemos hacen las personas cuando mienten, indicadores comúnmente aceptados por la mayoría de la población pero que pueden corresponderse con indicadores reales o no.

¿Cómo te das cuenta cuando alguien está mintiendo?, esa es la pregunta que realizó el equipo de investigación “The Global Deception Research Team” en un estudio hecho en 75 países y con 43 idiomas diferentes. Lo que este equipo había notado es que los estereotipos más comunes en occidente sobre alguien al mentir no son los que los investigadores han encontrado como los más reveladores de engaño o mentira. Sin embargo el estudio realizado confirmó la existencia de estereotipos globales sobre las conductas que realizan las personas cuando mienten.

Esta investigación se desarrolló en dos partes, una respondiendo la pregunta abierta “¿Cómo te das cuenta cuando alguien está mintiendo?”  y la otra contestando un cuestionario sobre el hecho de mentir.

Algunas conclusiones interesantes que arrojó este estudio fueron que, en 51 de 58 países estudiados, el “desviar la mirada” fue el rasgo más respondido de todos y el que 43.90% de las personas respondió como primera opción. El 71.5% de los que respondieron cree que los que mienten desvían la mirada, el 65.2% cree que las personas que mienten cambian su postura más de lo usual, 64.8% cree que los mentirosos se  tocan y/o rascan repetidamente, y el 62.2% cree que los que cuentan historias más largas de lo normal también mienten.

En la primera parte del estudio, los sujeto de los Emiratos Árabes Unidos fueron menos proclives a mencionar la desviación de mirada como característica de alguien que miente, sin embargo en el cuestionario, el 65% mencionó que las personas tienen un menor contacto visual a la hora de mentir.

En general el estudio nos dice que “desviar la mirada”, es el estereotipo que más gente detecta como signo de que alguien está mintiendo, dado que 61 de 63 países participantes lo creen, sin embargo existen extensas investigaciones publicadas que demuestran que el hecho de “desviar la mirada” tiene muy poca asociación al hecho de mentir, ya que sucede de igual forma tanto en gente que dice la verdad como en quien no, entonces, si los estereotipos de alguien que miente no reflejan en realidad conducta de engaño, ¿cómo es que se tiene esa concepción de ellos?

Para eso, este equipo de investigadores ha propuesto una hipótesis muy interesante. Ellos explican que los estereotipos están diseñados para desalentar el hábito de mentir pero no para describir la conducta de quienes mienten. Según su hipótesis estos estereotipos tienen unos cimientos morales y encarnan una norma global: la gente que miente debe sentir vergüenza, por lo que deben mostrar signos de ocultamiento, pena y sumisión, y el desviar la mirada según sus resultados, es una interpretación universal asociada a la vergüenza.

Por ejemplo, los niños deben avergonzarse al mentir a sus padres, los mentirosos deben sentirse mal y ser atrapados. Los estereotipos capturan y promueven estos preceptos como vehículos de control social y así, estos estereotipos son pasados de generación en generación. Incluso señalan que el contacto visual se remonta hasta el momento en que somos bebés. El primer vehículo de interconexión entre madre e hijo se da mediante el contacto visual, por lo que el rompimiento de este contacto se convierte en la primera señal de desaprobación del niño. Para cuando los niños ya tienen 3 años, ya saben que los adultos reaccionan negativamente ante las conductas engañosas, por lo que terminan asociando el desviar la mirada con la mentira o engaño. Finalmente los autores expresan una visión distinta ya que les preocupa que, lejos de desalentar el hábito de mentir, estos estereotipos mas bien promueven dichas conductas engañosas, puesto que ignoran las habilidades de los mentirosos y predisponen a las personas para no detectar las mentiras por completo y por ende ser incapaces de castigarlas. Para los autores estas creencias tienen nobles sentimientos nobles pero terminan siendo contraproducentes.