Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Diciembre 2011

Cuatro oportunidades para la detección de mentiras en una entrevista.

“Ojos que no ven, corazón que no siente” o “el amor es ciego” son dos dichos populares que anuncian que la mayoría de las personas buscamos la felicidad, aunque sea a costa apartar la vista ante las evidencias. En 1969 Frijda enunció sus leyes emocionales. Entre ellas, se encuentra la ley de la realidad aparente, según la cual la intensidad emocional será mayor cuanto más real le parezca la situación al individuo. Este mecanismo psicológico tiende a desvirtuar la realidad haciéndola más asumible en términos de felicidad. Quizá sea este el motivo por el cual las personas somos tan ineficaces a la hora de detectar mentiras. Desde pequeños, preferimos no ver la realidad antes de asumir que nos están mintiendo. Este hecho hace que, cuando vamos madurando, seamos realmente “malos” detectando mentiras, aun cuando éstas estén delante de nuestras narices.

Un reciente artículo publicado en Psychology Today por Joe Navarro, hace mención a la investigación de 261 casos en los cuales se declaraba, a diferentes imputados, como inocentes a consecuencia de la aparición de pruebas irrefutables de ADN. En estos casos, investigados por diferentes cuerpos de seguridad estadounidenses, el 100% de los inspectores de policía se equivocaron.

Según el autor, esta situación se puede modificar actuando sobre el entorno y la formación como claves fundamentales a la hora mejorar la precisión en la detección de mentiras.  Sólo en un entorno donde el entrevistador domine la situación y tenga el control del tiempo podríamos hablar de posibilidad de éxito en la detección. El entrevistador, en este entorno, deberá ser el que dirija la conversación haciendo preguntas. Cuando se le otorgue al entrevistado la libertad total de expresar sus opiniones, la posibilidad de detectar una mentira será mucho menor. Sin embargo, cuando se le hagan preguntas en una secuencia adecuada y por parte de un entrevistador bien formado, se dispondrá de 4 elementos a través de los cuales detectar el engaño. Durante cualquier proceso de entrevista, especialmente en un entorno forense, hay básicamente cuatro oportunidades por pregunta, para evaluar si la persona está ocultando algo.

Primera oportunidad. Durante la enunciación de la pregunta.

A medida que el entrevistado escucha la pregunta se puede ver el comportamiento que indica que el individuo se bloquea, restringe sus movimientos o se ve afectado negativamente por la pregunta (labios apretados, retracción de la barbilla, etc), por el contrario podría comenzar a relajarse. Un buen entrevistador formula la pregunta y observa sin mostrar duda o sospecha. Una vez que se hace la pregunta, el entrevistador espera y observa. Ahora bien, para el culpable, no todas las palabras tendrán el mismo peso. Un asesino que utiliza un punzón va a reaccionar a esta palabra de manera diferente que si se le pregunta por un machete, un cuchillo o una pistola. Esas palabras no tendrán el mismo efecto emocional, porque sólo la palabra “punzón”, el arma del crimen, es una amenaza para él.

Segunda Oportunidad – Durante el procesamiento de la pregunta.

La segunda oportunidad para evaluar el engaño es cuando la persona entrevistada procesa la pregunta que acaba de oír. Algunas personas procesan muy rápidamente las preguntas, mientras que otros se toman su tiempo. No importa cuál sea la forma de procesar la pregunta, la clave será la variación respecto de su forma habitual de procesamiento, así como los efectos de la pregunta sobre el entrevistado (repetir la pregunta, cierre de tobillos, mirada fija hacia adelante, variación en la velocidad de parpadeo, …) Cambios en el comportamiento o la expresión facial implican cambios cognitivos o emocionales. La cuestión a plantearse por el entrevistador será la de averiguar el “por qué”.

Tercera oportunidad – Durante la respuesta

Cómo responde, su convicción, los titubeos, la voz firme, los movimientos de brazos de cierre o apertura, cerrar los puños ocultando los dedos, las palmas hacia arriba o hacia abajo, la posición de la barbilla, y los hombros subiendo hacia las orejas son elementos a observar. Si se comprueba un cambio de estado o intensidad emocional, estaremos ante una pregunta sobre la que profundizar.

Cuarta oportunidad. Después de la respuesta.

La cuarta oportunidad para evaluar el engaño será después de que haya respondido a la pregunta. En ese momento, un buen entrevistador va a esperar creando una pausa de aspecto natural, pero que será tensa para el entrevistado. Se podrá observar si hay alguna expiración de alivio, relajación en el comportamiento, movimientos en la silla, o respiración agitada. Después de una pregunta, el entrevistado, si cree que no le han detectado su engaño, desarrollará un comportamiento tendente a la relajación del estrés soportado al escuchar, procesar y responder a la pregunta (movimientos, exhalación con carrillos hinchados, exhalación prolongada, tocarse a uno mismo o auto-calmarse).
Evidentemente, al igual que el resto de autores que estudian, desde la seriedad, el ámbito de la detección de mentiras, Navarro plantea que estos elementos son tan sólo indicadores, meramente sugieren que hay problemas sobre los cuales habrá que profundizar. Puede que no haya indicadores concluyentes de engaño, pero hay cosas que podemos observar, tanto en lo que se dice, como en el lenguaje corporal del entrevistado.

La revolución a la vuelta de la esquina.

Desde hace tiempo venimos defendiendo desde el Club del Lenguaje No Verbal la tesis de que en los próximos años se va a producir una revolución en el mundo de las emociones que vendrá generada por avances informáticos, o quizá mejor dicho, cibernéticos. Detalles como que Google haya adquirido hace unos meses una empresa especializada en el reconocimiento facial, o las investigaciones que se están llevando a cabo con el apoyo de la industria de los videojuegos, avalan esta teoría, que por otro parte es compartida por muchas otras personas.

En éste artículo queremos destacar la investigación de un equipo compuesto por miembros de la Universidad de Granada y de la Universidad Carlos III de Madrid. El profesor David Griol Barres forma parte del Grupo de Inteligencia Artificial Aplicada del Departamento de Informática de la UC3M, los profesores Zoraida Callejas Carrión y Ramón López-Cózar Delgado, del Grupo de Sistemas de Diálogo Hablado y Multimodal del Departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UGR. El equipo presenta en la revista EURASIP Journal on Advances in Signal Processing un sistema que puede emplearse para adaptar automáticamente el diálogo con una computadora a la situación del usuario, adecuando la respuesta de la máquina al estado de ánimo de la persona. “Gracias a este nuevo avance, la máquina podrá determinar cómo se siente el usuario (emoción) y cómo pretende continuar con el diálogo (intención)”, explica uno de sus creadores, David Griol, profesor del Departamento de Informática de la UC3M.

Para detectar el estado emocional del usuario, los científicos se han centrado en las emociones negativas que pueden hacer que se frustre al hablar con un sistema automático. En concreto, su trabajo considera el enfado, el aburrimiento y la duda. Para detectarlas automáticamente, se utiliza información sobre el tono de voz, la velocidad con la que se habla, la duración de las pausas, la energía de la señal de voz y así hasta un total de 60 parámetros acústicos distintos.

Se emplea también información acerca de cómo se ha desarrollado el diálogo para ajustar la probabilidad de que un usuario esté en un estado emocional u otro. Si el sistema no reconoce varias veces lo que deseas decirle, o te ha pedido que repitas la información, pueden ser factores que hagan que te enfades o aburras de interactuar con el sistema.

Los autores han desarrollado un método estadístico que aprende en base a diálogos previos, cuáles son las acciones más probables que puede tomar un usuario en cada momento.

Una vez que se han detectado tanto emoción como intención, los científicos proponen adaptar automáticamente el diálogo a la situación que atraviesa el usuario.

Sin lugar a dudas, los próximos nos depararán grandes avances en esta materia.