Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Abril 2011

No muevas tus pestañas

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Estimados amigos,

En esta ocasión nos acercamos a todos vosotros con un artículo de gran interés para todos aquellos interesados en detectar “mentirosos”. En el año 2008, los profesores Leal y Vril del departamento de psicología de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) publicaron una investigación en la cual analizaban el parpadeo producido por un conjunto de personas al mentir.

La hipótesis que pretendían contrastar fue la siguiente:

“Cuando una persona miente, su parpadeo se vuelve más lento (fruto de la mayor actividad cognitiva) e inmediatamente después de expresar su mentira, el parpadeo se acelera”.

Esta hipótesis fue planteada en función de anteriores estudios que comprobaron que al realizar actividades mentales complejas (como cálculos matemáticos) el parpadeo de las personas disminuye fruto de la mayor demanda de actividad cognitiva (mayores recursos empleados en pensar). Los autores pretendían contrastar si este mismo hecho ocurría al mentir.

Configuraron una muestra de personas compuesta por dos grupos: uno con individuos que dirían mentiras y otro con individuos que dirían la verdad. Tras realizar todo el proceso especificado en el diseño del experimento obtuvieron los siguientes resultados:

– En el periodo anterior a comenzar la actividad, la tasa media de parpadeo fue similar en ambos grupos.

– El grupo de los mentirosos tuvieron una menor tasa de parpadeo cuando expresaban su mentira.

– El grupo de los mentirosos incrementó su tasa de parpadeo en el periodo inmediatamente posterior a expresar su mentira.

– En el grupo que decía la verdad NO se produjo un descenso de la tasa de parpadeo mientras realizaban su exposición (decían la verdad).

– El grupo que decía la verdad NO tuvo un incremento de la tasa de parpadeo en el periodo posterior a realizar su exposición, lo cual parece lógico ya que anteriormente no habían mentido.

Por tanto, la conclusión a la que llegan los autores es que efectivamente se cumple ese patrón, es decir, se parpadea menos mientras se miente y tras decir la mentira se acelera el parpadeo.

Como una consecuencia práctica de sus conclusiones, los autores creen que los patrones de velocidad de parpadeo podrían estudiarse para ayudar a los profesionales en detección de mentiras. Un beneficio de ese sistema sería que se podría realizar de manera no intrusiva a través de una cámara remota, lo que hace que sea aplicable en muchas situaciones.

Una investigación que, sin duda, tendrá sus defensores y detractores. Por nuestra parte, tan solo hemos querido ofreceros un nuevo artículo para la reflexión y profundización en el apasionante mundo del lenguaje no verbal.

Reconocimiento “endogrupal” de emociones

Estimados amigos y miembros del Club del Lenguaje no Verbal, hoy os traemos un artículo de sumo interés publicado en 2009. En primer lugar está elaborado por el Dr. Matsumoto de la Universidad Estatal de San Francisco, lo cual ya es una gran garantía. Como mucho conocéis, Matsumoto comenzó su andadura en el mundo de la comunicación no verbal de la mano de Paul Ekman, teniendo en su haber un increíble número de publicaciones científicas y comerciales. En segundo lugar, este artículo nos ofrece una visión novedosa planteando la hipótesis de que se reconocen mejor las emociones de las personas incluidas en tu mismo grupo cultural, es lo que Matsumoto denomina reconocimiento “endogrupal” o “ingroup”. Plantea dos grupos de trabajo, uno compuesto por personas estadounidenses y otro por japonés planteando que cada grupo reconocerá mejor las expresiones emocionales de su mismo grupo que las del otro grupo. Por último, y a mi parecer quizá lo más importante de la investigación, el autor realiza la investigación con expresiones emocionales en situaciones reales y no con expresiones emocionales posadas (que suele ser lo habitual).

 Según los autores, existen diversos estudios que apuntan en la línea de que determinados individuos puedan reconocer más exactamente las expresiones emocionales producidas por miembros de su propia cultura antes que los producidos por miembros de otras culturas. Ahora bien, los resultados son variados. Por otro lado es importante distinguir entre juicios de expresiones emocionales posadas vs expresiones emocionales espontáneas, porque éstos pueden diferir en varias vías. En primer lugar, las expresiones posadas pueden contener movimientos de músculos faciales extraños o carecer de movimientos de músculos que en realidad existirían, cosa que no ocurre en las expresiones espontáneas. En segundo lugar, diferencias relativas en los niveles de intensidad de los músculos faciales que se inervan en las expresiones faciales posadas no pueden ser análogamente válidas en las expresiones espontáneas. Tercero, las expresiones espontáneas son las idóneas desde el punto de vista de su comienzo, compensación, y coordinación entre los músculos faciales; las expresiones posadas no lo son. Finalmente, las expresiones posadas tienden a ser asimétricas, es decir, más fuertes en un lado de la cara que en el otro.

Según el artículo analizado, Elfenbein argumenta que el efecto endogrupal ocurre debido a las diferencias culturales en expresión emocional, lo que él llama “dialectos emocionales” que derivan de aspectos culturales.

Matsumoto afirma que desafortunadamente, sin embargo,  no han existido estudios probando la hipótesis endogrupal usando expresiones espontáneas. Este tipo de estudios pueden tener implicaciones potenciales para la noción de los dialectos de emoción. El autor sugiere que tales dialectos ocurren sólo con las expresiones posadas.

Dados estos antecedentes, el autor plantea una investigación en la que examine el efecto endogrupal a través de expresiones espontáneas producidas por atletas durante la competencia de Judo de los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004. Las expresiones eran capturadas usando fotografías de alta velocidad al final de las competiciones al entregar las medallas de oro, plata y bronce. Observadores estadounidenses y japoneses juzgaron las expresiones producidas por competidores estadounidenses y japoneses. Supusieron que los observadores estadounidenses eran relativamente más exactos al juzgar a los expositores estadounidenses en comparación con el juicio sobre expositores japoneses, mientras que los observadores japoneses podrían ser relativamente más exactos al juzgar los expositores japoneses comparado con el juicio sobre expositores americano. En definitiva que cada grupo reconocería mejor las emociones de su propio grupo que las del otro.

Una vez realizado el estudio, se vlida la hipótesis nula ya que parece los resultados concluyen que no hay ventaja en reconocer las expresiones del propio grupo respecto del reconocimiento de las del otro grupo. Los observadores americanos eran mejores al juzgar las emociones de los expositores japoneses, mientras que los observadores japoneses eran mejores al juzgar los expositores americanos. Cierta investigación sugiere que, al juzgar emociones, los americanos están más influidos por las señales faciales que por las señales contextuales, mientras que los japoneses incorporan más el  contexto. Ahora bien, el autor apunta una serie de puntualizaciones sobre las limitaciones del estudio. En primer lugar, el número y tipo de expresiones eran limitados. Pudo ser que un número más grande de expresiones, a través de un rango más ancho de emociones, fuese requerido para producir el efecto endogrupal. O, pudo ser que el contexto evocador particular utilizado en este estudio (ganar o perder una medalla) no fuese conducente a expresiones del tipo que produce un efecto endogrupal.

En cualquier caso, se abren nuevas vías de investigación.