Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Octubre 2010

¿Pueden nuestros gestos influir en nuestro cuerpo y nuestra mente? 1/2

Las personas que trabajamos en el mundo de la comunicación no verbal somos conocedores del increible poder que tienen nuestros gestos sobre nosotros. Lo más habitual es estudiar el lenguaje no verbal como expresión de las emociones, pero no debemos olvidar que también funciona en sentido contrario. Las emociones generan la expresión pero la expresión también genera la emoción. Aconsejar a una persona deprimida que realice ejercicios forzados de erguir el cuerpo, pasear con la cabeza levantada y sonreir (aunque no lo sienta) va a ser de gran ayuda para ella,  generando emociones positivas que le ayudarán a superarla. Igualmente la persona que acuda a una entrevista de trabajo y sienta esa lógica y humana ansiedad ante la situación, podrá realizar un ejercicio similar que le aportará seguridad y le tranquilizará.

Pues bien, ha llegado el momento de decir que la ciencia ha demostrado este hecho. Os dejo a continuación con un extracto de un artículo de la Universidad de Harvard donde concluyen que determinados gestos producen un incremento de la testosterona y una disminución del cortisol, aumento de poder y disminución del estrés.

Gestos de poder: Breves señales no verbales que afectan a los niveles neuroendocrinos y a la tolerancia al riesgo.

Dana R. Carney, Amy J.C. Cuddy, and Andy J. Yap – Columbia University and Harvard University

Los pavos reales, orgullosos, muestran las plumas de su cola en búsqueda de pareja. El gato eriza el pelaje de su lomo al percibir un intruso de su tamaño. El chimpancé, afirmando su rango jerárquico, aguanta la respiración hasta que se abulta el pecho. El ejecutivo en la sala de juntas, pone los pies sobre la mesa, los dedos entrelazados detrás de su cuello, los codos apuntando hacia afuera. Los humanos y otros animales señalan su poder y dominación a través de señales  no verbales de carácter expansivo, y estas actitudes, se refieren al poder profundamente relacionado con la selección natural, nos referimos al “macho alfa” (Darwin, 1872/2009, de Waal, 1998).

¿Pero es tan solo una escenificación del poder? ¿Qué sucede cuando se realizan expresiones de poder? ¿Puede sentirse más poderosa una persona realizando estos gestos? ¿Los sistemas mentales y fisiológicos preparan a las personas para ser más poderosas?

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El objetivo de nuestra investigación fue comprobar si los gestos de poder en realidad producen poder. Para realizar esta prueba, nos fijamos en los efectos que generan los gestos de poder o seguridad y los de bajo poder sobre algunos indicadores fundamentales: los sentimientos de seguridad en uno mismo, la elevación de la testosterona (hormonas del dominio), disminución de la hormona del estrés (cortisol), y aumento de la tolerancia al riesgo.

Nuestros resultados muestran que los gestos de poder o seguridad (en contraposición a los que reflejan poca seguridad) provocan cambios fisiológicos, psicológicos y de comportamiento, demostrándose la hipótesis planteada.

Estos hallazgos contribuyen en la comprensión actual del conocimiento corporal de dos maneras importantes. En primer lugar, sugieren que los efectos de realización de determinados gestos, más allá de la emoción y la cognición, influyen en la fisiología y la elección de la conducta posterior. Por ejemplo, como se describió anteriormente, asintiendo con la cabeza se genera un efecto que hace que sea más fácil persuadir  otra persona y sonriendo nuestro buen humor aumenta.

Sugerimos que estos comportamientos simples, una inclinación de la cabeza o una sonrisa, también pueden causar cambios fisiológicos que activan cambios psicológicos, fisiológicos y de comportamiento y esencialmente pueden cambiarte el día completo.

En segundo lugar, estos resultados sugieren que cualquier constructo psicológico, como la seguridad o la autoestima, puede incorporar elementos relativos a señales no verbales.

Estos resultados también ofrecen un avance metodológico en la investigación sobre la seguridad. Muchos de los efectos expresados de poder están limitados por la necesidad metodológica de manipular “la seguridad” en un ambiente de laboratorio (por ejemplo, asignaciones de roles complejos).

La investigación sugiere que la hipótesis comprobada puede extenderse a un gran número de gestos cotidianos adicionales a los utilizados en este experimento, aunque esto deba ser objeto de estudios posteriores.

Un simple cambio de postura física de la persona prepara sus sistemas mentales y fisiológicos para soportar situaciones difíciles y estresantes, y tal vez para mejorar realmente la confianza y el rendimiento en situaciones como entrevistas de trabajo, hablar en público, en desacuerdos con el jefe, o asumir riesgos potencialmente rentables. Estos hallazgos sugieren que, en algunas situaciones que requieren energía, la gente tiene la capacidad de “fingir” los gestos para contribuir a generar esos cambios internos y de conducta.

Por otro lado, a lo largo del tiempo, estos pequeños cambios posturales con los resultados que ellos conllevan mejorarían la salud general de la persona y su bienestar. Este beneficio potencial es particularmente importante en personas que están o se sienten impotentes debido a la falta de recursos, que están en los puestos de trabajo más bajos en el organigrama de una organización, o que pertenecen se sienten inseguros de sí mismos.

Detectar mentiras como el FBI

En numerosas ocasiones nos movemos entre la teoría y la práctica, nos movemos entre las aportaciones teóricas de la ciencia y las aportaciones de determinadas personas que acumulan años de experiencia en una materia. A veces, sus conclusiones coinciden, a veces difieren y, en otras ocasiones como la que nos ocupa, las aportaciones de la experiencia, simplemente no han sido validadas científicamente. Desde el Club del Lenguaje No Verbal pretendemos informar sobre todo aquello que consideremos de interés para vosotros y que, por supuesto, venga avalado por la seriedad de la ciencia o de la experiencia.

Cuando un ex-agente del FBI con decenas de años de experiencia en interrogatorios publica un libro presentando sus conclusiones sobre la detección de mentiras, aunque no tenga validez científica, cuando menos es digno de ser leído.

Este es precisamente el caso que nos ocupa. Tal y como se recoge en diversos blogs, os traemos un resumen de las pistas más interesantes presentadas por Bouton Marcos en su libro “Cómo detectar mentiras igual que el FBI”

El comportamiento del mentiroso.

El  Agente Especial Bouton indica en su libro que hay algunos indicadores de la mentira que son fáciles de detectar: mirar alrededor en vez de establecer contacto visual, ritmo cardiaco acelerado, sudoración aun con baja temperatura en la sala. No obstante, es importante tener en cuenta que la fisiología de cada persona es diferente, por lo tanto, los cambios en ella cuando están diciendo una mentira no es consistente en todos los individuos. Todos muestran signos fisiológicos diferentes cuando dicen una mentira y no una señal fisiológica típica que se pueda aplicar a todas las personas.

Señales peligrosas

Bouton explica que “ser consciente de las señales inconscientes emitidas por un sospechoso cuando está a punto de atacar” fue una parte fundamental de su trabajo.

Las señales que él cree ser signos de una persona violenta incluyen: puños cerrados, una ingesta súbita y profunda de aire, o situarse de pie en una posición defensiva. Por otra parte, afirma que un breve destello de ira en una persona que parece tranquila es una microexpresión de sus verdaderos sentimientos que el sospechoso está tratando de encubrir.

Contacto visual (o la falta de él)

El artículo continúa con un análisis del contacto visual, y cómo los ojos puede ser un indicador de que alguien está siendo engañoso.

Bouton mantiene en su libro “la gente normalmente mantiene el contacto visual durante una conversación sobre el 60 %, algunos apartan la mirada cada vez que mienten. Cuando alguien parpadea más rápidamente, es un buen indicador de que no están diciendo la verdad.

El mismo Bouton acepta que este indicador no es necesariamente fiable. En este sentido sí está prácticamente aceptado que el contacto visual o la falta de él no indica en absoluto la mentira. En este sentido hay que tener en cuenta que, aun sin ser un indicador de mentira, existe el mito de creer que quien no te mira a los ojos oculta algo.

Sociópatas


Bouton habla en su libro de los “mentirosos compulsivos” como personas con una patología social que realmente creen que lo que están diciendo es verdad, por lo que técnicamente no están mintiendo y no pueden presentar los mismos signos que alguien que puede sentirse culpable o nervioso porque sabe que miente.

Hemos considerado ofreceros una breve visión de este libro que recoge la experiencia a través de miles de interrogatorios. A partir de ahí, cada cual podrá sacar sus propias conclusiones.