Club del Lenguaje no Verbal

Por cortesía de la Fundación Universitaria Behavior & Law

Mes: Junio 2010

Lenguaje no Verbal – Teoría tridimensional de las emociones

Hoy en día es aceptado de manera generalizada por la comunidad científica la existencia de un modelo tridimensional de las emociones. Este modelo nos aporta qué al sentir una emoción se desencadenan tres tipos de procesos en la persona:

– Motor o conductual, es decir, al sentir una emoción desarrollaremos una determinada conducta.

– Cognitivo, es decir, al sentir algo, también pensaremos algo, razonaremos algo al respecto de lo que no ocurre.

– Fisiológico, es decir, algo ocurrirá en nuestro cuerpo (enrojecimiento, sudor, alteración del ritmo cardiaco, dilatación de pupilas, etc…

Debemos tener siempre presente que el lenguaje no verbal o la comunicacion no verbal es la expresión de nuestras emociones, por tanto, en esa expresión intervendrán las tres dimensiones. Debemos prestar atención a las reacciones motoras o conductuales (qué hacemos con nuestro cuerpo a nivel de comportamiento o movimientos) y a las fisiológicas (qué reacciones se desencadena en nuestro cuerpo) porque marcarán la expresión visible de la emoción, pero ojo, la tercera dimensión, la dimensión cognitiva afectará a ambas y se verá afectada por ambas.

Por ejemplo, yo puedo sentir enfado en un momento dado y mi cuerpo reaccionará a nivel motor demostrando con mi conducta y mis movimientos el enfado (cara, cuerpo, …), también se generarán determinadas reacciones fisiológicas (tensión muscular, incremento del ritmo cardíaco y de la potencia del latido, incremento de adrenalina, …), pero a su vez el proceso cognitivo se ve influido e influye en ellos. Si considero que la situación socialmente no me permite mostrar el enfado, mi cerebro mandará señales para controlar mis muestras de enfado. Esta demostrado que se pueden observar tanto las expresiones de las emociones como los intentos de controlarlas.

En este sentido Paul Ekman nos aporta dentro de su categorización de microexpresiones las “expresiones abortadas” y las “subexpresiones”, que son precisamente expresiones de la emoción sentida que el proceso cognitivo trata de disimular (las primeras aparecen completas y las segundas sólo parcialmente).

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[foto de la noticia]Estimados amigos, os dejamos aquí una serie de post dirigidos a arrojar luz sobre la universalidad de los gestos, ya no solo en su componente intercultural, sino en su aspecto temporal. ¿Han evolucionado los gestos utilizados en la antigüedad? ¿Cómo serían los gestos en la época de los romanos?

Este estudio que os iremos dejando en diversos post ha sido elaborado de manera magistral por M. Antònia Fornés Pallicer y Mercè Puig Rodríguez-Escalona, doctoras en Filología Clásica, profesoras titulares de Filología Latina de la Universidad de las Islas Baleares y de la Universidad de Barcelona respectivamente y miembros del Grupo de Lingüística Latina de la Universidad de Barcelona (GLLUB). Desde hace unos años, están desarrollando un proyecto de investigación centrado en el campo de la gestualidad romana que se ha recogido en el libro publicado por Editorial Octaedro “El porqué de nuestros gestos. La Roma de ayer en la gestualidad de hoy”, un libro para no perdérselo.

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Orejas

En España, Italia, Brasil, Uruguay y Argentina es común felicitar los aniversarios estirando de las orejas a los que cumplen años. El origen de esta costumbre está en la época romana. Antiguamente se hacía un gesto muy parecido: se tocaba el lóbulo de la persona a la que habían de recordarle algo. Asimismo, también se tocaban su propio lóbulo cuando querían hacer memoria. Por ello, hoy se tira de la oreja cuando alguien cumple años: para recordarle el tiempo pasado.

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Silencio

“Pero él, llevándose el índice a los labios, atónito por el miedo, dijo: calla, calla”. Se trata de un texto de Apuleyo, concretamente de Las metamorfosis (la única novela romana que ha sobrevivido entera), que ha dado cuenta de un gesto muy común entre nosotros, el de imponer silencio.

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[foto de la noticia]Aprobación[foto de la noticia]

Uno de los emblemas más interesantes es el del gesto que hacían los romanos a la hora de afirmar o negar. Para comunicar aprobación se hacía lo mismo que ahora: mover la cabeza arriba y abajo. No obstante, la sorpresa ha llegado al investigar la negación. Aunque los romanos conocían el movimiento lateral de izquierda a derecha, no era éste el que utilizaban normalmente para decir no, sino que tiraban la cabeza hacia atrás. Lo más curioso es que este emblema existe todavía en la Italia meridional, al sur de Nápoles; como también perdura en Sicilia, Malta, Grecia y Turquía.

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Números

Los romanos podían expresar con los dedos cualquier número entre el uno y un millón. El sistema consistía en representar las unidades con dieciocho gestos distintos realizados con los dedos de la mano izquierda (el corazón, el anular y el meñique expresaban las cifras del uno al nueve, y con el pulgar y el índice las decenas). Con la mano derecha se expresaban las centenas y millares mediante 18 gestos. La posición de las manos respecto al pecho, el ombligo o el fémur expresaban las decenas y centenas de mil. Para el millón se entrelazaban las manos.

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[foto de la noticia]Un ‘tanto’

Levantar el dedo corazón manteniendo la mano cerrada era un gesto obsceno que intentaba reproducir un pene erigiéndose desde el escroto. “¿También tú te burlas de mí, ladrón, y me muestras el dedo impúdico cuanto te amenazo?”, reza un poema romano.

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[foto de la noticia]Chasquear los dedos

En latín se llama crepitus digitorum, el gesto de chasquear los dedos servía para enviar una señal a alguien para que hiciera alguna cosa que ya se sabía. Tíbulo lo nombra en sus Elegías como la manera de ordenar a su mujer que le abra las puertas de casa.

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[foto de la noticia]Existe un mosaico del siglo VI d. C. con un personaje que hace el gesto de los cuernos con una mano: levantar los dedos meñique e índice con el puño cerrado. Su significado variaba si se hacía hacía arriba o hacia abajo. De ésta última manera significaba, como hoy, alejar el mal. Es, por tanto, un gesto de protección, como también lo es cruzar los dedos índice y corazón. Eran símbolos de defensa ante el mal de ojo.

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‘Corta, corta’

El gesto en tono de burla para advertir a alguien que pare de hablar cuando su verborrea se hace insoportable permanece igual hoy. Consiste en mantener los dedos juntos y estirados horizontalmente y juntarlos y separarlos alternativa y rápidamente del pulgar.

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Piernas cruzadas

Sentarse con las piernas cruzadas era considerado maléfico en la antigua Roma. También lo era sentarse con las manos entrelazadas y colocadas sobre una rodilla o con los dedos entrelazados. En concreto, estas posturas podían perjudicar algunos procesos como el parto (estaba prohibido sentarse así delante de una mujer embarazada) o la toma de decisiones en una reunión.

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[foto de la noticia][foto de la noticia]Tocarse la barba

Para los romanos, el que se palpa la barba habla calmosamente. La costumbre de afeitarse con un barbero no comienza hasta el siglo II a. C. La doctora Fornés afirma que “de hecho, los primeros barberos, procedentes de Sicilia, llegaron a Roma el año 300 a. C., aunque los romanos ya se afeitaban solos mucho antes”.

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Cabeza alta

Los discursos del dictador italiano Benito Mussolini recogían gestos de la época romana. Se refiere a ello Petronio, cuando habla de un personaje que sabe que recibirá una herencia y estaba orgulloso de su recuperación moral y económica. De esta manera, levantando la barbilla, manifestaba su orgullo.

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Tocarse la nariz

Este gesto no es hoy, como tampoco lo era en la antigua Roma, señal de buena educación. Los romanos consideraban que mantener la nariz limpia era símbolo de buena educación. Sonar a otra persona era una gesto con otro significado: tratarlo como a un niño.

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[foto de la noticia]Sacar la lengua

Estaba prohibido sacar la lengua, incluso cuando se tosía, y pasarse la lengua por encima de los labios. Estos gestos podían dar a entender a otra persona que se estaba invitando a una relación más íntima. No obstante, sacar con fuerza la lengua se entendía como una burla. Las primeras manifestaciones que los investigadores han encontrado sobre ello se refieren a “irreductibles” galos que se burlaban de los romanos. Aún así, parece que el gesto ya se hacía en las culturas mediterráneas antiguas, como indica un pasaje de la Biblia (Isaías 57,4).

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‘Exquisito’

Juntar los dedos índice y pulgar, y besarlos se realizaba como gesto a las estatuas de dioses o al entrar en lugares sagrados. Hoy se utiliza tanto para lanzar un beso a alguien como para expresar satisfacción ante una cosa que ha gustado mucho

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Besar en la boca

En la antigua Roma era común que el amante o un familiar del moribundo le besase en la boca para recibir el alma de la persona que dejaba este mundo. Esto se puede trasladar también hoy en día. La prensa coincidió en interpretar el beso de Madonna a Britney Spears como el traspaso de un cetro: el de reina del pop.

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Orejas de asno

“Imitar con la manos unas orejas blancas”. Mostrar las palmas de las manos con el pulgar tocando las orejas y moviendo los dedos también significaba burla hace dos mil años. Para los romanos, era imitar las orejas de un asno

Definición de proxémica o proxemia

Estimados amigos, os dejo en esta ocasión con la definición del Centro Virtual Cervantes del término proxémica. Es una definición muy clarificadora para todos aquellos que no hayáis oido hablar del término y queráis realizar un primer acercamiento.

Se conoce como proxémica la parte de la semiótica (ciencia que estudia el sistema de signos empleado en la comunicación) dedicada al estudio de la organización del espacio en la comunicación lingüística; más concretamente, la proxémica estudia las relaciones -de proximidad, de alejamiento, etc.- entre las personas y los objetos durante la interacción, las posturas adoptadas y la existencia o ausencia de contacto físico. Asimismo, pretende estudiar el significado que se desprende de dichos comportamientos.

La competencia proxémica permite a las personas crear un marco de interacción acorde con unas coordenadas espaciotemporales que expresan determinados significados y que, en ocasiones, obedecen a un complejo sistema de restricciones sociales que pueden observarse en relación con el sexo, la edad y la procedencia social y cultural de las personas. A veces, la distribución del espacio está establecida de antemano, por ejemplo, en la sala de un juicio o en una ceremonia religiosa.

El origen de la proxémica está relacionado con los estudios que los etólogos habían realizado acerca de la importancia de la distribución espacial en las interacciones entre animales. En los años sesenta del siglo XX, un grupo de estudiosos de las ciencias sociales, entre ellos el antropólogo Edward T. Hall, aplicaron el modelo que etólogos como Huxley o Lorenz habían diseñado para el mundo animal al estudio de la comunicación en las sociedades humanas. Hall identificó varios tipos de espacio, entre ellos el denominado espacio personal o informal. Este espacio no es otro que el creado por los participantes de una interacción y que varía en función del tipo de encuentro, la relación entre los interlocutores, sus personalidades y otros factores. Diseña un modelo en el que clasifica el espacio personal en cuatro subcategorías:

  1. Espacio íntimo, que va desde el contacto físico hasta aproximadamente 45 cm. Esta distancia podría subdividirse en dos intervalos distintos: entre 0 y 15 cm, distancia que presupone el contacto físico y que tendría lugar en situaciones comunicativas de máxima intimidad (por ejemplo, durante el mantenimiento de relaciones afectivas); y entre 15 y 45 cm, que se corresponde con una distancia menos íntima pero inserta en un marco de privacidad.
  2. Espacio casual-personal, que se extiende desde 45 cm a 120 cm. Es la distancia habitual en las relaciones interpersonales y permite el contacto físico con la otra persona.
  3. Espacio social-consultivo, que abarca desde los 120 cm hasta los 364 cm y aparece en situaciones donde se intercambian cuestiones no personales.
  4. Espacio público, que va desde esta última hasta el límite de lo visible o lo audible. A esta distancia los participantes tienen que amplificar recursos como la voz para posibilitar la comunicación. Por ejemplo, durante una conferencia.

El propio E. T. Hall señala que este modelo está basado en sus observaciones de una muestra particular de adultos y por tanto, no es generalizable a todas las sociedades.

Es evidente que existen normas diferentes en cada cultura para el lugar y la distancia que se deben mantener en determinadas situaciones y que transmiten información sobre la relación social entre los participantes. Existe una distancia adecuada para cada situación de acuerdo a unas reglas establecidas por la comunidad que los participantes conocen, o deben aprender, para moverse con éxito en las relaciones interpersonales y evitar conflictos o interpretaciones erróneas.

Es, por tanto, necesario que los aprendientes reconozcan y utilicen los diferentes códigos proxémicos utilizados en la cultura de la lengua que aprenden para evitar conflictos durante los intercambios comunicativos. Puede resultar interesante presentar visualmente modelos de comportamiento proxémico en diversos grupos sociales y durante diferentes situaciones comunicativas en sociedades donde se habla español.

Otros términos relacionados

Comunicación no verbal; Cinésica; Etnografía de la comunicación; Cortesía; Competencia sociocultural.

Bibliografía básica

  1. Casalmiglia, H. y Tusón, A. (1999). Las cosas del decir. Barcelona: Ariel.
  2. Crystal, D. (1987). Enciclopedia del lenguaje de la Universidad de Cambridge. Madrid: Taurus: 1994.
  3. Greimás, A. J.; Courtés, J. (1982). Semiótica. Diccionario razonado de la teoría del lenguaje. Madrid: Gredos,1990.
  4. Poyatos, F. (1994). La comunicación no verbal I. Cultura, lenguaje y conversación. Madrid: Istmo
  5. Poyatos, F. (1994). La comunicación no verbal II. Paralenguaje, kinésica e interacción. Madrid: Istmo.

Bibliografía especializada

  1. Hall, E. T. (1959). The silent language. Nueva York: Doubleday y Co.
  2. Knapp, M. L. (1980). La comunicación no verbal. El cuerpo y el entorno. Barcelona: Paidós,1992.