En esta ocasión os acercamos un artículo que nos hace especial ilusión compartir con todos vosotros. Se trata de un artículo publicado por Rafael López (director del Club del Lenguaje no Verbal) junto a Miguel Ángel Pérez Nieto (decano de la Facultad de CC de la Salud de la Universidad Camilo José Cela) y Héctor González Ordí (profesor de la Facultad de Psicología de la Universidad Complutense de Madrid). La publicación ha aparecido en el último número de la revista científica Edupsykhé y realiza la presentación parcial de la investigación que, desde el año 2010 hasta principios del 2012, se llevó a cabo con cerca de 500 miembros de los Cuerpos de Seguridad del Estado y las Fuerzas Armadas españolas.
Según los autores, en la actualidad, diferentes posturas denominadas neodarwinistas, sostienen que las emociones son reacciones adaptativas para la supervivencia, que son heredadas filogenéticamente o desarrolladas ontogenéticamente siguiendo procesos de maduración neurológica, con unas bases expresivas y motoras propias, universales, considerando que existe un número determinado de emociones discretas (Ekman, Friesen, y Ellsworth, 1972; Izard, 1982; Plutchik, 1980; Tomkins, 1984).
A la luz de este planteamiento, puede parecer que, en el momento actual, las emociones juegan un papel importante para la supervivencia de las personas que velan por nuestra seguridad. Por ello, podría ser de interés que los cuerpos de seguridad del estado tengan en cuenta la importancia de las emociones para su supervivencia y, en definitiva, que tengan en consideración la necesidad de investigar en materia de emociones y de expresión motora de éstas, así como de los mecanismos adecuados para incrementar la destreza en el reconocimiento emocional, si es que este hecho es posible.
Las emociones y su expresión son elementos heredados, cargados en nuestro código filogenético (Chóliz y Tejero, 1994). Por ello, parece evidente que tanto expresión de las emociones como reconocimiento emocional vendrán determinados por procesos filogenéticos. Ahora bien, no debemos despreciar la posibilidad de que el aprendizaje sea una variable a tener en cuenta en el desarrollo de emociones y su vinculación a conductas sociales (e.g. Etxebarría, Apocada, Ortiz, Fuentes y López, 2009), de manera que la experiencia podría jugar también un papel fundamental en la habilidad de reconocimiento de emociones.
Todos los amantes del lenguaje no verbal conocemos las teorías y publicaciones de Paul Ekman, quién, sin lugar a dudas es el científico más importante, después de Darwin, en el área de la expresión facial de las emociones. Ahora bien, sería igualmente conocido si no hubiese sido el creador (junto a Friesen y Hager) del sistema de codificación de la acción facial (FACS). Sin ser, a nuestro entender, su investigación más importante, sí fue durante muchos años la más utilizada por cientos de autores. La metodología científica moderna hace imprescindible la existencia de instrumentos contrastados como el FACS, y posiblemente, la investigación sobre gestos ha estado relegada a un segundo lugar respecto a la expresión facial, precisamente por carecer de un sistema de codificación que facilitase la investigación científica.
Pues bien, parece ser que la inexistencia de un sistema de codificación gestual está llegando a su fin. Son muchos los autores que en la actualidad están trabajando en esta área, pero nos ha llamado especialmente la atención una investigación llevada a cabo por Dael, Mortillaro y Scherer, la cual en la actualidad se encuentra aprobada para su publicación, aunque aún no lo ha sido. Los autores presentan en este artículo el BAP, The Body Action and Posture coding system (sistema de codificación de posturas y acciones corporales). Según los propios autores, han adoptado un enfoque integrador, han desarrollado un nuevo método alineado con la descripción de los movimientos del cuerpo en tres niveles: un nivel anatómico (articulaciones de movimientos anatómicos), un nivel de forma (dirección y orientación del movimiento), y un nivel funcional (funciones comunicativas y de autorregulación).
Desde el Club del Lenguaje no Verbal les deseamos a los autores el mayor de los éxitos en este trabajo que, sin duda, servirá de sustento a una gran número de nuevas y futuras líneas de investigación.
Artículo original: Dael, N., Mortillaro, M., & Scherer, K. R. (in press). The Body Action and Posture coding system (BAP): Development and reliability. Journal of Nonverbal Bahevior.

Estimados lectores y miembros del Club del Lenguaje no Verbal. Es para nosotros un placer comunicarles que nuestra organización, día a día, con mucho esfuerzo y una gran dosis de humildad, va creciendo. Queremos dar la bienvenida públicamente a nuestros nuevos compañeros de viaje, Gianna Virginia Tassara de la República del Perú, Ana Paula Díaz de la República de México, Elda Marzo de República Dominicana, y Lucio Guberman de la República Argentina, personas que con sus aportaciones enriquecerán nuestro Club y otorgarán una mayor cercanía a los miembros que, desde numerosos países, nos siguen. En la pestaña “quienes somos” de esta web tienen a su disposición sus datos de contacto.
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Desde el Club del Lenguaje no Verbal siempre hemos apostado por el estudio de todas aquellas circunstancias que, por encima del contenido verbal, son susceptibles de comunicar algo. La comunicación, desde nuestro punto de vista, circular en tres sentidos. Los dos primeros son los conocidos por todos, aquellos que despiertan nuestro interés respecto de la comunicación no verbal. Estamos hablando de los mensajes que comunicamos hacia nuestros interlocutores y de los mensajes que las personas que tenemos a nuestro alrededor nos lanzan, continuamente, a nosotros. El tercer sentido de comunicación es menos conocido, pero, sin lugar a dudas, es aquel que sorprende de mayor manera a las personas que acuden a nuestros cursos y conferencias. Hablamos de la comunicación con nosotros mismos. En anteriores artículos ya hemos hablado de diferentes investigaciones que demuestran la influencia sobre nosotros mismos de diferentes gestos y expresiones faciales que conscientemente o inconscientemente podamos realizar. Hoy nos acercamos un artículo de los investigadores Hajo Adam y Adam D. Galinsjky de la Northweatern University de Evanston, Illinois. El artículo lleva por título “Enclothes Cognition”. Mediante esta terminología, los autores describen la influencia sistemática que la ropa que elegimos ponernos cada día tiene sobre nuestros procesos psicológicos. Los autores trabajaron sobre los factores que concurren en el hecho de llevar una determinada ropa, primero el significado simbólico que esa determinada ropa tiene para nosotros y segundo la experiencia física de llevarla. Los autores realizaron un primer experimento vistiendo a varios grupos de personas con una bata de laboratorio. La hipótesis a contrastar fue que una bata de laboratorio se asociaría psicológicamente con procesos de gran atención y cuidado sobre la tarea que a realizar. Por tanto, este primer experimento pretendió demostrar si el hecho de que un grupo de personas llevase esta bata laboratorio incrementaría la atención selectiva respecto de un grupo que no llevase esta vestimenta. En un segundo y tercer experimento los autores cambiaron el significado psicológico de la bata para un grupo de personas, a las cuales se les dijo que la bata era de pintor. Otro grupo fue informado de que era una bata de médico. A su vez en estos experimentos se utilizaron batas usadas y batas nuevas. Los resultados demostraron en el experimento 1 que las personas que vestían una bata, incrementaron significativamente la atención selectiva en comparación con el grupo de personas que llevaron su ropa normal. En el segundo y tercer experimento se comprobó que cuando la bata se asoció a un médico, pero la bata era nueva, no existió incremento en la atención selectiva. Cuando la bata era usada pero se decía que correspondía a un pintor, tampoco existió incremento en la atención selectiva. Ahora bien, cuando se informó que la batalla era de médico y además esta fue nueva, sí existió un incremento significativo de la atención selectiva. Los autores concluyen por tanto, que cuando se produce el efecto sobre el incremento de la atención, existe la concurrencia de dos factores: el significado simbólico de la ropa y la experiencia física de usarla.
Estimados amigos del Club del Lenguaje no Verbal. En esta ocasión, nos hacemos eco de la investigación llevada a cabo por Piortr Szarota del Instituto de Psicología de la Academia de Ciencias de Polonia. El autor analiza las diferencias interculturales en la preferencia por poner como fotografía en las redes sociales una expresión de alegría frente a la preferencia de poner una expresión de seriedad. Para ello, analiza 2000 fotografías de 10 países diferentes, las cuales fueron publicadas en Windows Live Messenger. Estudios anteriores a esta investigación reflejan diferencias significativas en casos como el de situar la fotografía en una demanda de empleo. En este caso hombres y mujeres sonreían más si el puesto de trabajo a cubrir era de baja categoría que si el puesto cubrir era de alta categoría. A priori, la expresión de alegría es comunicativa de un deseo de afiliación o de sumisión. La investigación sugieren que se puede confiar más en una persona sonriente que en una que no lo es. Igualmente diferentes investigaciones reflejan que la sonrisa y la risa favorecen la formación de relaciones de cooperación.
Por otro lado es importante tener en cuenta que las diferencias culturales influirán en la expresión emocional en función de determinadas normas sociales. Independientemente de que la expresión facial de las emociones básicas sea universal, sociedades como por ejemplo la japonesa, marcan que, ante la presencia de otras personas, no es correcto expresar una emoción y, por tanto, la reprimirán. Pero no sólo las condiciones culturales afectarán a la expresión facial. Por ejemplo, antes de la caída del muro de Berlín, se midió la expresión y la postura de diferentes trabajadores mientras tomaban cerveza en los bares, tanto de un lado del muro como del otro. El resultado ofreció que los trabajadores de la parte occidental sonreían mucho más y mantenían una postura mucho más erguida que los trabajadores de la parte oriental.
Por ello, Szarota se plantea estudiar las diferencias entre las fotografías de personas de Europa del este y las fotografías de personas de la denominada Europa occidental, mediante el primer estudio que analiza fotografías seleccionadas por cada persona de manera individual como su foto de perfil de la red Windows Live Messenger. Los resultados mostraron una clara diferencia entre las fotografías de ambos grupos, mostrando las personas de la Europa occidental una marcada preferencia por mostrar una sonrisa en las fotos, ocurriendo lo contrario en los antiguos países comunistas. Una primera explicación que aporta el autor sería la existencia de menores índices de felicidad y satisfacción por la vida registrados por las personas de este último grupo. Una segunda explicación que aporta el autor es la posibilidad de que la cultura de los países de Europa del este influya en la asertividad, afectividad y desconfianza de sus habitantes. Una tercera explicación, radicalmente diferente, vendría dada por la cultura de la sinceridad que marcaría que una sonrisa sólo debe ser mostrada cuando realmente se siente, dándose en los países del este una menor presencia de la sonrisa social.
Por último, el autor concluye que existe una considerable mayor presencia de sonrisa en las fotografías de mujeres que en las fotografías de hombres, lo cual podría venir justificado por las diferencias de roles sociales que aún en la actualidad existen entre hombres y mujeres.
Actualmente hay suficiente información científica como para decir que los gestos juegan un papel crucial en la comunicación del hombre. Ahora bien, estas evidencias proceden de investigaciones realizadas mediante grabaciones de video en las cuales se analizaban tanto los gestos como el discurso verbal. Los investigadores Holler, Shovelton y Beattie de la Universidad de Manchester intentaron en una de sus investigaciones, publicada en el año 2009, aportar evidencias sobre la importancia de los gestos ilustradores, pero esta vez en un contexto natural, en la comunicación cara a cara. Según los autores, en este tipo de comunicación natural, las personas utilizamos una gran multitud de comportamientos no verbales para comunicarnos. La mayor parte de la investigación que existe hasta la fecha se ha centrado en la expresión facial. También han sido analizados otros aspectos tales como la postura, el espacio y la mirada. Pero ha sido durante los últimos años cuando una serie de autores han prestado especial atención a cierto tipo de gestos llamados ilustradores. Este tipo de gestos está íntimamente unido al contenido semántico del discurso verbal tanto en lo referente a su forma como a su duración temporal. Se puede pensar que ambos, discurso verbal y gestos ilustradores, emergen de la misma representación cognitiva y por tanto serán gobernados, al menos en parte, por los mismos procesos cognitivos. Diferentes investigaciones demuestran que estos gestos aportan una información más profunda que el simple mensaje verbal, especialmente cuando hablamos de tamaño o de la posición relativa de un objeto respecto del otro. Por ello, en este estudio, los autores se centraron en este tipo de gestos proporcionando información de tamaño y posición, comparando lo que ocurría en una comunicación cara a cara (comunicación natural) con lo que ocurría viendo y escuchando al narrador a través de una grabación de video. El resultado de su investigación fue muy claro: los gestos ilustradores que comunican claramente tamaño y posición a través de una grabación de video también lo hacen en la comunicación natural. Cuando se analizó información semántica sobre medida y posición de manera conjunta, la comunicación natural fue más efectiva que la comunicación a través de video. Ahora bien, cuando se analizó la información semántica sobre la medida de un objeto de manera separada a la información semántica sobre la posición de ese objeto, no se encontraron diferencias significativas entre la comunicación natural y la comunicación a través de video. Si realizamos una comparación entre la utilidad del gesto para reflejar el tamaño del objeto con la utilidad del gesto para reflejar la posición del objeto, podríamos concluir que es mucho más importante el gesto para determinar una posición relativa que para determinar el tamaño del objeto, pudiéndose inferir fácilmente este último sólo con el discurso verbal. Por otro lado también se concluye que utilizando solamente los gestos, sin discurso verbal, también se puede transmitir de manera eficaz información semántica sobre tamaño y posición. La conclusión general es que los gestos ilustradores tienen un gran poder de comunicación tanto en una situación natural cara a cara, como a través de una grabación de video, o lo que es lo mismo, a través de una pantalla de televisión. Este hecho es de gran importancia en ámbitos como la comunicación política o empresarial.
Amparo Caballero, Flor Sánchez y Alberto Becerra de la Universidad Autónoma de Madrid, con el afán de conocer los procesos que facilitan la detección de la mentira, han realizado un estudio en el que buscan comprobar la incidencia del conocimiento social de mentira a la hora de juzgar algo como mentira o verdad.
Primero cuestionan la jerarquía de la información no verbal como el principal indicador conductual que delata a una persona que miente. Resultados de la investigación empírica han revelado que los juicios son más acertados cuando el emisor no es observado directamente, sino cuando los jueces escuchan y leen los mensajes, dando relevancia tanto al contenido verbal del mensaje como a la información que lo acompaña, dígase entonación, pausas, etc. Esto ha abierto el debate sobre el orden de relevancia entre el lenguaje verbal y lenguaje no verbal a la hora de detectar mentiras. Por otro lado señalan que conductas primordialmente de carácter no verbal como las alteraciones en el habla, lentitud al hablar, cambios en el tono de voz, entre otras, están asociadas de manera objetiva a la expresión de la mentira y por tanto son reconocidas como indicadores reales de mentira. Estos indicadores permitirían en teoría una detección precisa de la mentira, sin embargo los trabajos empíricos han mostrado que lo hacen con una precisión baja, que se aproxima a lo esperado por azar. Para ellos, la baja precisión en la detección se debe a errores en los juicios dando verdaderos como falsos y viceversa. La posible explicación a la aparición de estos errores es que los que desean detectar las mentiras, se dejan influenciar más por una serie de conductas que ellos subjetivamente consideran asociadas a la mentira, por ejemplo ocultar la mirada al interlocutor, tocarse alguna parte del cuerpo, juguetear con objetos o cambiar de posición, en lugar de tomar como referencia los indicadores reales de mentira. Así, estas conductas que para su juicio representan un indicador de mentira, en realidad no lo son y terminan convirtiéndose en indicadores subjetivos de mentira. ¿Y de dónde vienen estos indicadores subjetivos de mentira? Un razonamiento de esta investigación nos dice que si la gente se equivoca al formular juicios porque se dejan llevar por indicadores no verbales que ellos “creen” asociados a la mentira, es probable que existan algún tipo de “creencias” que forman parte de un conocimiento más general sobre la mentira. A lo que ellos llaman conocimiento social de mentira.
El estudio se llevó a cabo de la siguiente forma: se reclutaron 147 jueces estudiantes de psicología (116 mujeres y 31 varones). Cada juez fue expuesto a un conjunto de clips auditivos, sobre los cuales debían decidir si los mensajes que oían eran verdaderos o falsos. El estudio reveló que cuando la gente tiene que decidir sobre la credibilidad de personas desconocidas y sus mensajes incluyan información que pueda ser relacionada con el conocimiento social sobre la mentira, este conocimiento tiene clara influencia sobre los juicios. Otra conclusión es que las personas tienen organizado su conocimiento sobre la mentira en torno a dos criterios que se solapan: la situación social en que aparece la mentira, es decir, con quien, donde y cuando se produce la mentira; (ej: mentir en casa cuando se llega tarde) y el objetivo que cumple la mentira (ej: evitar una reprimenda de los padres). Así, por ejemplo, cuando alguien dice que ante la pregunta de un niño pequeño sobre si existen los reyes magos, emitir la respuesta de que sí existen, coincidiría con la respuesta típica en esas situaciones, lo que lleva a evaluar el mensaje como verdadero, que no está mintiendo. El estudio concluye con la hipótesis final de que el conocimiento social sobre la mentira influye más que cualquier otro tipo de información, ya sea verbal o no verbal, cuando se hacen juicios sobre la credibilidad de personas desconocidas.
Estudios realizados (DePaulo & Bell, 1996; DePaulo & Kashy, 1998; Kashy & DePaulo, 1996) han demostrado que la gente durante el transcurso de sus actividades diarias miente en un 25% de sus interacciones con otros.
Esto prueba que es una conducta muy constante en la socialización del ser humano, sin embargo, ¿tú te crees capaz de detectar cuando alguien te está mintiendo? Si no te miran a los ojos, si su postura cambia, si se nota nervioso, o si se mueve mucho, pues esos son algunos de los estereotipos más populares para descifrar a quien está mintiendo, pero el que sean los más populares no quiere decir que sean los más certeros.
Estos estereotipos caen dentro de lo que Christian L. Hart (Texas Woman University), Derek G. Filmore (East Central University) y James D. Griffith (Shippensburg University), llaman detección directa del engaño, que para ellos no es tan efectiva a la hora de evidenciar mentiras ya que se basa en una identificación explícita de patrones concretos, la cual, diversos análisis bibliográficos han demostrado no ser tan precisa. En cambio, ellos proponen la detección indirecta de mentiras o del engaño, bajo la hipótesis de que observar simples cambios de conducta más allá de seguir algún patrón de conductas específico, es un método mucho más certero. Para ello han realizado un estudio donde se le pidió a 104 estudiantes universitarios de psicología (53 hombres y 51 mujeres) contrastar detección directa vs. detección indirecta en 20 entrevistas (10 hombres y 10 mujeres) grabadas en video.
A todos los entrevistados se les hacían las mismas cuatro preguntas, pidiéndole a la mitad de ellos que mintiera en su respuesta a la cuarta pregunta. Los estudiantes se dividieron en grupos y se les pidió a cada grupo por separado realizar una de dos instrucciones: a unos determinar si las personas en las entrevistas mentían o decían la verdad al contestar la cuarta pregunta, y a los otros grupos se les ordenó registrar si los entrevistados mostraban cambios en su conducta, en su lenguaje corporal o variaciones al hablar, al responder a la cuarta pregunta.
Los resultados de la investigación arrojaron que los grupos de detección indirecta, que se guiaban por registrar los cambios en conducta de los entrevistados, identificaron con mayor precisión quienes mentían en la cuarta pregunta, mientras que los grupos de detección directa, basados en determinar directamente quienes mentían y quienes no, obtuvieron una precisión muy cercana a la que se hubiera obtenido por mera probabilidad.
Esto apoya pues su hipótesis de que el observar simples cambios en la conducta de las personas que mienten, puede ser una estrategia mucho más productiva que buscar conductas específicas a la hora de detectar mentiras. Más allá de que existan conductas o patrones de conductas universales en las personas al mentir, lo que es evidente es que la gente que miente sí manifiesta ligeros o sutiles cambios de conducta, que en cada uno pueden ser únicos y/o diferentes. Para los investigadores, el hecho de que los participantes desconocieran el propósito de su experimento previno que ellos desviaran su atención hacia los clásicos estereotipos de detección, los cuales parecen más bien desorientar a la gente. En cambio el cuerpo creciente de evidencia sugiere que si la gente puede ser alejada de sus estrategias de detección estereotípicas de mentiras, puede entonces detectar pistas significativas e importantes sobre las conductas de los mentirosos, que de otra forma hubieran pasado desapercibidas. Finalmente proponen estudiar a futuro las diferentes variantes de detección indirecta que pudiera haber y dentro de entornos más reales para alcanzar una detección del engaño más precisa.
Las autoras Cutica y Bucciarelli del Centro de Ciencia Cognitiva de la Universidad de Turín nos acercan hoy al mundo de los gestos. Cuando una persona habla, lo más habitual es que despliegue ciertos movimientos corporales, ademanes, gestos, señas, etc., acompañando así lo que dice verbalmente. Para nosotros parece una conducta totalmente normal pero las últimas investigaciones sobre este fenómeno revelan que hay una función bastante interesante que tiene que ver con la correcta o incorrecta formación de modelos mentales. Un modelo mental es una representación analógica de una situación descrita o percibida, conformada por elementos que representan estas entidades descritas o percibidas, los cuales se interconectan entre ellos y crean así relaciones entre las entidades.
Numerosos estudios han señalado que la profunda comprensión de un discurso involucra la construcción y manipulación de representaciones mentales que reproducen la situación descrita. También han revelado que los ademanes desplegados por un orador favorecen la construcción del modelo mental del discurso en los oyentes o espectadores, y además ayudan al orador a organizar su línea de pensamiento a la hora de hablar.
Basándose en estas ideas, se realizó un estudio para corroborar la hipótesis de que una persona que escucha un discurso acompañado de gestos, desplegará menos gestos a la hora de recordarlo y contarlo que una persona que ha escuchado un discurso, que no va acompañado de ademanes de ningún tipo, puesto que lo que se piensa es que una persona que ha sido expuesta a un mensaje verbal acompañado de gestos, ha sido capaz de formular un mejor modelo mental del discurso y por lo tanto ha tenido una mejor comprensión del mensaje, por lo que no requiere de acompañar su relato con ademanes a la hora de reproducirlo o recordarlo.
Para ello se realizaron dos experimentos, uno donde se reclutaron 38 estudiantes (32 mujeres y 6 hombres) de 23 años a los que se expuso a dos vídeos de aproximadamente 6 minutos en los cuales un actor narraba una serie de sucesos ocurridos en un carnaval. El actor relataba el mismo discurso en ambos vídeos, sólo que en uno lo hacía acompañado de ademanes espontáneos y en el otro lo narraba sin hacer ningún gesto. Los estudiantes se dividieron en dos grupos y cada grupo vio uno de los vídeos.
Los resultados arrojados por este experimento confirmaron la hipótesis sostenida por los investigadores quedando demostrado que los estudiantes que habían observado el vídeo con la narración acompañada de gestos, a la hora de recordar lo visto lo hacían produciendo menos gestos (41% de los relatos acompañados de gestos), que el otro grupo que vio el vídeo sin gestos lo relataba con más gestos (56% de los relatos acompañados de gestos).
Debido a su tema, el contenido del discurso narrativo de este experimento sugiere descripciones espaciales y de movimiento, y según algunos estudios, existe un nexo particular entre la producción de gestos espontáneos y los contenidos que involucran imaginaciones visuales o dinámicas, es decir espaciales y de movimiento, por lo que para el segundo experimento lo que se hizo fue reclutar a otros 30 estudiantes (24 mujeres y 6 hombres) de 23 años y hacer una replica del primer experimento sólo que para éste se manejo un contenido mucho más técnico, hablando sobre la percepción del color, un tema de menor “espacialidad y motricidad”.
Los resultados de este experimento también confirmaron la hipótesis, los participantes que vieron el vídeo con ademanes hicieron menos gestos al recordarlo (45% de los relatos acompañados con gestos) mientras que los participantes expuestos al vídeo sin ademanes recurrieron a más gestos a la hora de recordarlo (78% de los relatos acompañados con gestos).
Como conclusiones generales, el estudio nos dice que el propósito de los gestos que acompañan al lenguaje verbal, desde ambas perspectivas, tanto del oyente como del orador, sirven para apoyar la organización de los pensamientos a través de la construcción de un modelo mental del discurso.
También es evidente que la comprensión profunda del discurso por parte del escucha y la buena organización de las ideas por parte del orador, recaen en la creación de modelos mentales completos y correctamente articulados, integrando tanto información lingüística como los gestos que acompañan al discurso.
Quizás lo que queda pendiente es investigar más a fondo la forma en que los gestos pueden dirigir la atención del receptor hacia la información verbal que acompañan.
Algunos estudios han dejado ver que las emociones que mejors se reconocen al pasar de los años son las positivas y entre ellas en especial la de felicidad. ¿Esto sucede porque conforme envejecemos nos quedamos con los estímulos más felices o porque existen partes de nuestro cerebro que rigen estas zonas y cambian con la edad? Quizás podríamos responder esto preguntando a Susan T. Charles y Belinda Campos, investigadoras del Departamento de Psicología y Conducta Social de la Universidad de California, las cuales han revisado el trabajo de Isaacowitz y Stanley sobre el reconocimiento emocional facial relacionado a las edades, el cual señalan como una habilidad que va de la mano del funcionamiento socio-emocional pero que está constantemente marcado por el declive relacionado a la edad. Algunas de sus conclusiones fueron que el declive relacionado a la edad existe, pero con una notoriedad menor en emociones positivas que negativas, por lo cual se necesita discutir posibles explicaciones motivacionales y estructurales a este efecto “positivo”, y que futuras investigaciones sobre las diferencias de edad deben realizarse en contextos más ecológicos. Partiendo de estos apuntes como base, Susan T. Charles y Belinda Campos han querido abordar tres principales temas sobre esta materia:
- Asuntos metodológicos al comparar emociones positivas y negativas.
- Explicaciones motivacionales y estructurales para diferencias de edad.
- La necesidad de más contextos ecológicos.
En cuanto al primer punto, las autoras no encuentran tan certera la evaluación de las emociones a través de preguntas cerradas, ya que no distinguen bien entre las diferentes emociones negativas. Por ejemplo, la felicidad figura en la mayoría de los estudios, como la emoción más comúnmente detectada y la única positiva, por lo que podría tratarse de la mejor preservada debido a que es la más sencilla y la que menos labor cognitivo y esfuerzo de percepción supone. Si este fuera el caso, habría que evaluar otras explicaciones y no motivaciones, por ejemplo preguntarse ¿por qué las emociones positivas son más fáciles de detectar que otras? o si con relación a las diferencias de edad, ¿la emoción más básica y fácil de reconocer es la menos susceptible a desaparecer con la edad, o existen áreas del cerebro involucradas que favorezcan lo positivo o negativo con el paso de los años? Lo que ellas recomiendan es el uso de metodologías que utilicen respuestas abiertas, para así expandir la posibilidad de tener varias emociones positivas.
En cuanto al segundo tema, proponen que los investigadores desarrollen y evalúen más hipótesis relacionadas a los cambios en la estructura cerebral y cambios de motivaciones derivadas de la edad, similar a los debates existentes sobre factores genéticos vs. entorno, diferencias de géneros e interacciones entre este tipo de hipótesis. Basarse en un solo tipo de explicación ya sea estructural o motivacional, es una idea simplista, por eso hablan de fomentar el manejo de hipótesis donde se involucren diversos factores, lo cual puede dar una idea más completa de por qué y cuándo aparecen las diferencias de edad para el reconocimiento emocional.
Finalmente ante la necesidad de mayores contextos ecológicos para analizar la diferencia de edad en el reconocimiento emocional, su visión es optimista ya que se han encontrado con investigadores que han comenzado a practicar estos estudios a través de diferentes contextos, entendiendo la vida cotidiana de los jóvenes, adultos y gente mayor, así como la frecuencia con la que cambian de estados emocionales. Entendiendo también los resultados de la imprecisión en la interpretación de las expresiones emocionales de una persona, a lo que los estudios empíricos continuarán ayudando a entender de mejor manera.
Estimados amigos, debido a la acogida que tuvo el pasado año nuestro libro de recopilación de artículos publicados en el Club del Lenguaje no Verbal, este año volvemos a editar un ebook con la recopilación de todos nuestros post publicados durante el 2011. Puedes descargarlo en este link
Y si tu llegada al Club es reciente y aun no tienes el libro del 2010, también puedes descargarlo en este link
Estimados amigos del Club del Lenguaje no Verbal, hoy nos hacemos eco de un artículo publicado por la Universidad de MacQuaire en Sidney en la cual analizaban los indicadores subjetivos de la mentira. Estos indicadores son elementos que creemos hacen las personas cuando mienten, indicadores comúnmente aceptados por la mayoría de la población pero que pueden corresponderse con indicadores reales o no.
¿Cómo te das cuenta cuando alguien está mintiendo?, esa es la pregunta que realizó el equipo de investigación “The Global Deception Research Team” en un estudio hecho en 75 países y con 43 idiomas diferentes. Lo que este equipo había notado es que los estereotipos más comunes en occidente sobre alguien al mentir no son los que los investigadores han encontrado como los más reveladores de engaño o mentira. Sin embargo el estudio realizado confirmó la existencia de estereotipos globales sobre las conductas que realizan las personas cuando mienten.
Esta investigación se desarrolló en dos partes, una respondiendo la pregunta abierta “¿Cómo te das cuenta cuando alguien está mintiendo?” y la otra contestando un cuestionario sobre el hecho de mentir.
Algunas conclusiones interesantes que arrojó este estudio fueron que, en 51 de 58 países estudiados, el “desviar la mirada” fue el rasgo más respondido de todos y el que 43.90% de las personas respondió como primera opción. El 71.5% de los que respondieron cree que los que mienten desvían la mirada, el 65.2% cree que las personas que mienten cambian su postura más de lo usual, 64.8% cree que los mentirosos se tocan y/o rascan repetidamente, y el 62.2% cree que los que cuentan historias más largas de lo normal también mienten.
En la primera parte del estudio, los sujeto de los Emiratos Árabes Unidos fueron menos proclives a mencionar la desviación de mirada como característica de alguien que miente, sin embargo en el cuestionario, el 65% mencionó que las personas tienen un menor contacto visual a la hora de mentir.
En general el estudio nos dice que “desviar la mirada”, es el estereotipo que más gente detecta como signo de que alguien está mintiendo, dado que 61 de 63 países participantes lo creen, sin embargo existen extensas investigaciones publicadas que demuestran que el hecho de “desviar la mirada” tiene muy poca asociación al hecho de mentir, ya que sucede de igual forma tanto en gente que dice la verdad como en quien no, entonces, si los estereotipos de alguien que miente no reflejan en realidad conducta de engaño, ¿cómo es que se tiene esa concepción de ellos?
Para eso, este equipo de investigadores ha propuesto una hipótesis muy interesante. Ellos explican que los estereotipos están diseñados para desalentar el hábito de mentir pero no para describir la conducta de quienes mienten. Según su hipótesis estos estereotipos tienen unos cimientos morales y encarnan una norma global: la gente que miente debe sentir vergüenza, por lo que deben mostrar signos de ocultamiento, pena y sumisión, y el desviar la mirada según sus resultados, es una interpretación universal asociada a la vergüenza.
Por ejemplo, los niños deben avergonzarse al mentir a sus padres, los mentirosos deben sentirse mal y ser atrapados. Los estereotipos capturan y promueven estos preceptos como vehículos de control social y así, estos estereotipos son pasados de generación en generación. Incluso señalan que el contacto visual se remonta hasta el momento en que somos bebés. El primer vehículo de interconexión entre madre e hijo se da mediante el contacto visual, por lo que el rompimiento de este contacto se convierte en la primera señal de desaprobación del niño. Para cuando los niños ya tienen 3 años, ya saben que los adultos reaccionan negativamente ante las conductas engañosas, por lo que terminan asociando el desviar la mirada con la mentira o engaño. Finalmente los autores expresan una visión distinta ya que les preocupa que, lejos de desalentar el hábito de mentir, estos estereotipos mas bien promueven dichas conductas engañosas, puesto que ignoran las habilidades de los mentirosos y predisponen a las personas para no detectar las mentiras por completo y por ende ser incapaces de castigarlas. Para los autores estas creencias tienen nobles sentimientos nobles pero terminan siendo contraproducentes.
La proxémica o proxemia, es una disciplina que estudia la manera en que los espacios afectan al ser humano, cómo nuestras forma de relacionarnos dentro de un espacio expresa y genera emociones. Aunque es una materia de gran interés, es difícil encontrar estudios que actualmente se estén llevando a cabo en esta materia por universidades. Por suerte, hoy le podemos mostrar uno de ellos.
Cuando caminamos por la calle acompañados de alguien, es muy extraño que nos percatemos sobre la forma en que lo estamos haciendo, la alineación que manejamos, la velocidad a la que vamos y el espacio que se guarda con la otra persona, sin embargo, todos estos aspectos comunican y simbolizan algo.
Según un estudio de Marco Costa del departamento de psicología de la Universidad de Boloña, existen varias cosas que analizar en un fenómeno como este. En su estudio, él apunta que el tamaño del grupo, la composición de éste y las similitudes entre sus miembros intervienen en su estructura espacial. Algunas de las observaciones del estudio son que los grupos mayores de 4 personas se dividen en pequeñas unidades de una, dos y tres personas, que parecieran ser las unidades básicas de estructura de los grupos al caminar. Los grupos de hombres que caminan juntos lo hacen de una forma mas separada uno del otro que los grupos de mujeres. Esto desaparece en grupos más grandes y mixtos, haciendo parecer que cuanto mayor sea el grupo menor presión existe en los hombres de guardar cierta distancia con respecto a los otros. Otro aspecto interesante es que en grupos, tanto de hombres como de mujeres, en los cuales existe un miembro significativamente más alto, el grupo camina más desalineado a comparación de grupos donde los miembros guardan estaturas muy similares, esto lo explica citando estudios previos que señalan el rol que juegan las semejanzas y diferencias dentro de un grupo a la hora de negociar su espacio personal, por ejemplo, grupos que caminan más alineados y cercanos unos de los otros generalmente comparten algún rasgo en común, ya sea sexo, edad, estatura, status o incluso raza. En grupos mixtos, el hombre tiende a caminar un poco más adelantado, una conducta que se podría interpretar como un signo de dominio. En cuanto a la velocidad, los grupos de hombres tienden a caminar más aprisa que los grupos de mujeres sin importar el tamaño del grupo. También menciona que parejas o triadas que, de alguna manera, tienen una conexión afectiva más profunda, la velocidad tiende a bajar, mientras que cuando la relación es un tanto más superficial, la velocidad sube. Finalmente Marco Costa apunta que en futuros estudios sería importante analizar en qué medida permanece constante el orden espacial que guardan estos grupos al caminar, ya que las regularidades encontradas podrían arrogar información no verbal importante sobre las relaciones sociales y afectivas de los miembros del grupo.
“Ojos que no ven, corazón que no siente” o “el amor es ciego” son dos dichos populares que anuncian que la mayoría de las personas buscamos la felicidad, aunque sea a costa apartar la vista ante las evidencias. En 1969 Frijda enunció sus leyes emocionales. Entre ellas, se encuentra la ley de la realidad aparente, según la cual la intensidad emocional será mayor cuanto más real le parezca la situación al individuo. Este mecanismo psicológico tiende a desvirtuar la realidad haciéndola más asumible en términos de felicidad. Quizá sea este el motivo por el cual las personas somos tan ineficaces a la hora de detectar mentiras. Desde pequeños, preferimos no ver la realidad antes de asumir que nos están mintiendo. Este hecho hace que, cuando vamos madurando, seamos realmente “malos” detectando mentiras, aun cuando éstas estén delante de nuestras narices.
Un reciente artículo publicado en Psychology Today por Joe Navarro, hace mención a la investigación de 261 casos en los cuales se declaraba, a diferentes imputados, como inocentes a consecuencia de la aparición de pruebas irrefutables de ADN. En estos casos, investigados por diferentes cuerpos de seguridad estadounidenses, el 100% de los inspectores de policía se equivocaron.
Según el autor, esta situación se puede modificar actuando sobre el entorno y la formación como claves fundamentales a la hora mejorar la precisión en la detección de mentiras. Sólo en un entorno donde el entrevistador domine la situación y tenga el control del tiempo podríamos hablar de posibilidad de éxito en la detección. El entrevistador, en este entorno, deberá ser el que dirija la conversación haciendo preguntas. Cuando se le otorgue al entrevistado la libertad total de expresar sus opiniones, la posibilidad de detectar una mentira será mucho menor. Sin embargo, cuando se le hagan preguntas en una secuencia adecuada y por parte de un entrevistador bien formado, se dispondrá de 4 elementos a través de los cuales detectar el engaño. Durante cualquier proceso de entrevista, especialmente en un entorno forense, hay básicamente cuatro oportunidades por pregunta, para evaluar si la persona está ocultando algo.
Primera oportunidad. Durante la enunciación de la pregunta.
A medida que el entrevistado escucha la pregunta se puede ver el comportamiento que indica que el individuo se bloquea, restringe sus movimientos o se ve afectado negativamente por la pregunta (labios apretados, retracción de la barbilla, etc), por el contrario podría comenzar a relajarse. Un buen entrevistador formula la pregunta y observa sin mostrar duda o sospecha. Una vez que se hace la pregunta, el entrevistador espera y observa. Ahora bien, para el culpable, no todas las palabras tendrán el mismo peso. Un asesino que utiliza un punzón va a reaccionar a esta palabra de manera diferente que si se le pregunta por un machete, un cuchillo o una pistola. Esas palabras no tendrán el mismo efecto emocional, porque sólo la palabra “punzón”, el arma del crimen, es una amenaza para él.
Segunda Oportunidad – Durante el procesamiento de la pregunta.
La segunda oportunidad para evaluar el engaño es cuando la persona entrevistada procesa la pregunta que acaba de oír. Algunas personas procesan muy rápidamente las preguntas, mientras que otros se toman su tiempo. No importa cuál sea la forma de procesar la pregunta, la clave será la variación respecto de su forma habitual de procesamiento, así como los efectos de la pregunta sobre el entrevistado (repetir la pregunta, cierre de tobillos, mirada fija hacia adelante, variación en la velocidad de parpadeo, …) Cambios en el comportamiento o la expresión facial implican cambios cognitivos o emocionales. La cuestión a plantearse por el entrevistador será la de averiguar el “por qué”.
Tercera oportunidad – Durante la respuesta
Cómo responde, su convicción, los titubeos, la voz firme, los movimientos de brazos de cierre o apertura, cerrar los puños ocultando los dedos, las palmas hacia arriba o hacia abajo, la posición de la barbilla, y los hombros subiendo hacia las orejas son elementos a observar. Si se comprueba un cambio de estado o intensidad emocional, estaremos ante una pregunta sobre la que profundizar.
Cuarta oportunidad. Después de la respuesta.
La cuarta oportunidad para evaluar el engaño será después de que haya respondido a la pregunta. En ese momento, un buen entrevistador va a esperar creando una pausa de aspecto natural, pero que será tensa para el entrevistado. Se podrá observar si hay alguna expiración de alivio, relajación en el comportamiento, movimientos en la silla, o respiración agitada. Después de una pregunta, el entrevistado, si cree que no le han detectado su engaño, desarrollará un comportamiento tendente a la relajación del estrés soportado al escuchar, procesar y responder a la pregunta (movimientos, exhalación con carrillos hinchados, exhalación prolongada, tocarse a uno mismo o auto-calmarse).
Evidentemente, al igual que el resto de autores que estudian, desde la seriedad, el ámbito de la detección de mentiras, Navarro plantea que estos elementos son tan sólo indicadores, meramente sugieren que hay problemas sobre los cuales habrá que profundizar. Puede que no haya indicadores concluyentes de engaño, pero hay cosas que podemos observar, tanto en lo que se dice, como en el lenguaje corporal del entrevistado.
Desde hace tiempo venimos defendiendo desde el Club del Lenguaje No Verbal la tesis de que en los próximos años se va a producir una revolución en el mundo de las emociones que vendrá generada por avances informáticos, o quizá mejor dicho, cibernéticos. Detalles como que Google haya adquirido hace unos meses una empresa especializada en el reconocimiento facial, o las investigaciones que se están llevando a cabo con el apoyo de la industria de los videojuegos, avalan esta teoría, que por otro parte es compartida por muchas otras personas.
En éste artículo queremos destacar la investigación de un equipo compuesto por miembros de la Universidad de Granada y de la Universidad Carlos III de Madrid. El profesor David Griol Barres forma parte del Grupo de Inteligencia Artificial Aplicada del Departamento de Informática de la UC3M, los profesores Zoraida Callejas Carrión y Ramón López-Cózar Delgado, del Grupo de Sistemas de Diálogo Hablado y Multimodal del Departamento de Lenguajes y Sistemas Informáticos de la UGR. El equipo presenta en la revista EURASIP Journal on Advances in Signal Processing un sistema que puede emplearse para adaptar automáticamente el diálogo con una computadora a la situación del usuario, adecuando la respuesta de la máquina al estado de ánimo de la persona. “Gracias a este nuevo avance, la máquina podrá determinar cómo se siente el usuario (emoción) y cómo pretende continuar con el diálogo (intención)”, explica uno de sus creadores, David Griol, profesor del Departamento de Informática de la UC3M.
Para detectar el estado emocional del usuario, los científicos se han centrado en las emociones negativas que pueden hacer que se frustre al hablar con un sistema automático. En concreto, su trabajo considera el enfado, el aburrimiento y la duda. Para detectarlas automáticamente, se utiliza información sobre el tono de voz, la velocidad con la que se habla, la duración de las pausas, la energía de la señal de voz y así hasta un total de 60 parámetros acústicos distintos.
Se emplea también información acerca de cómo se ha desarrollado el diálogo para ajustar la probabilidad de que un usuario esté en un estado emocional u otro. Si el sistema no reconoce varias veces lo que deseas decirle, o te ha pedido que repitas la información, pueden ser factores que hagan que te enfades o aburras de interactuar con el sistema.
Los autores han desarrollado un método estadístico que aprende en base a diálogos previos, cuáles son las acciones más probables que puede tomar un usuario en cada momento.
Una vez que se han detectado tanto emoción como intención, los científicos proponen adaptar automáticamente el diálogo a la situación que atraviesa el usuario.
Sin lugar a dudas, los próximos nos depararán grandes avances en esta materia.
Recogemos en este artículo un trabajo publicado en “Current Directions in Psychological Science” por la investigadora Lisa Feldman Barr de la universidad estadounidense Northeastern University, en el cua se cuestiona la eliminación de contexto de las expresiones faciales ya que esto hace difícil la percepción emocional.
Como podrán comprobar a continuación este estudio ataca directamente a la corriente evolucionista del estudio de las emociones. Desde nuestro punto de vista (que ofreceremos al final del artículo), las conclusiones a las que llega la autora no están exentas de razón, pero, evidentemente desde una óptica muy diferente a la planteada.
La investigación refuta el argumento de que hay emociones biológicamente fundamentales, cada una de ellas codificada en una configuración facial específica, que pueden ser interpretadas en una imagen de un rostro sin cuerpo por cualquier persona en cualquier lugar.
El documento sostiene que la percepción emocional a través de la expresión facial está afectada por numerosos tipos de contextos. Los experimentos con equipos de “eye tracking” en los cuales se realiza un seguimiento del movimiento ocular del “reconocedor” de la emoción, demuestran que, en función del significado derivado del contexto, la personas miramos y prestamos atención a diferentes zonas faciales.
El idioma también puede ayudar a la percepción de la emoción en el rostro. En otro estudio, los participantes pudieron nombrar mejor las expresiones faciales de “hacer pucheros”, “burla”, o “sonrisa” cuando el investigador les proporcionaba diferentes alternativas, es decir, les ofrecía los términos lingüísticos para expresar esas emociones, que cuando tenían buscar ellos mismos las palabras.
El contexto cultural de la expresión emocional tendrá la misma importancia, ya que personas de culturas psicológicamente similares pueden interpretar las emociones de su grupo con relativa facilidad.
Barrett dice que este tipo de investigación conlleva importantes consecuencias en el mundo real. Por ejemplo, se ofrecen matices para la comprensión de los cambios en la percepción emocional de personas con demencia o psicopatologías, e incluso en personas mayores sanas, los cuales “pueden tener dificultades para percibir las emociones con exactitud en una foto estática, pero pueden hacerlo muy bien en la vida cotidiana, donde el contexto se suministra.
Como dijimos, esta investigación tiene parte de razón. Está claro que el contexto es imprescindible para reconocer una emoción. Hay numerosos estudios que concluyen que las personas no reconocemos las emociones por encima del azar. Ahora bien, que exista duda sobre la universalidad del reconocimiento no pone en duda la universalidad de la expresión facial emocional. Estudios como el de Matsumoto, en el cual se grabó la expresión facial al ganar o perder una medalla en las olimpiadas de atletas invidentes de nacimiento comparándola con la expresión de atletas videntes, concluyendo que la expresión era idéntica, dejan muy claro que la expresión es universal. Por otro lado, decir que la dificultad en seleccionar las palabras que describen la emoción es reconocerla pero, es mucho decir. Que el contexto cultural es importante en el reconocimiento ya nos lo dijo Ekman en varios de sus artículos.
En definitiva, desde nuestro humilde punto de vista, la expresión parecer ser universal y el reconocimiento podría tener un mayor recorrido investigativo, aunque por otro lado nuestra experiencia en numerosos cursos de formación es que hay determinadas emociones como la alegría que una gran mayoría de personas, de diferentes culturas, de diferentes profesiones, de diferentes edades, de diferentes niveles culturales, etc. se reconocen en un porcentaje muy elevado cercano al 100%. Quizá no todas las emociones básicas tengan un reconocimiento universal, pero sí todas ellas tienen una expresión universal.
Estimados amigos del Club del Lenguaje no Verbal, este artículo es muy especial para nosotros. Hoy rendimos honores al padre del estudio de la expresión facial de las emociones. Aquel hombre que allá por 1872 dio origen al estudio de la expresión de las emociones en el hombre y los animales y marcó un hito en la corriente evolucionista del estudio de las emociones. Efectivamente, nos referimos a Charles Darwin. Autor ampliamente conocido por su teoría de la evolución de las especies, pero que también dedicó muchos años al estudio de las emociones y de cómo su expresión se mantenía inalterable en términos evolutivos. Con la publicación de su libro “The Expression of the Emotions in Man and Animals” marcó el inicio de una corriente que muchos años después retomara Paul Ekman, dando lugar a la época más prolija en investigación de expresión facial de emociones.
Para los amantes del lenguaje no verbal y en concreto de las microexpresiones, os dejamos a continuación con el enlace desde el cual podréis leer la obra de Charles Darwin.
http://darwin-online.org.uk/graphics/Expression_Illustrations.html
Y para los amantes de la fotografía, no os perdais el libro “Darwins Camera”
Antes de que Paul Ekman demostrase la universalidad de la expresión facial de las emociones primarias, la corriente conductual imperante en el mundo de la psicología, atribuía la totalidad de nuestra comunicación no verbal al efecto del aprendizaje que todos llevamos a cabo a lo largo de nuestra vida. La contundencia de las aportaciones de Ekman, no dejaron lugar a dudas, y hoy en día, nadie pone en tela de juicio que las emociones básicas poseen un patrón de expresión facial universal que viene contenido en nuestra carga genética.
Ahora bien, si hablamos de gestos, ¿qué ocurre? ¿son aprendidos o genéticos?
Os acercamos en este artículo a la investigación llevada a cabo por los científicos del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva, en Leipzig, Alemania, que recientemente ha sido publicada por BBC Mundo Ciencia
Según los científicos, en varias ocasiones lograron filmar a diversos primates de la especie de los “bonobos” moviendo la cabeza de lado a lado para evitar que otros hicieran algo que ellos no querían.
En una de las grabaciones se ve a una madre negando con la cabeza para evitar que su cría juegue con sus alimentos.
Esto -afirman los investigadores- podría ser un precursor, en uno de nuestros parientes más cercanos, de la conducta de negar con la cabeza que utilizan los seres humanos. Los chimpancés parecen sacudir la cabeza para evitar conductas que no les satisfacen.
“Nuestras observaciones son las primeras que informan sobre el uso de movimiento negativos con la cabeza en los bonobos“, afirma Christel Schneider, quien dirigió el estudio.
Según la investigadora, los videos grabados en el Zoológico de Leipzig muestran a una madre chimpancé sacudiendo la cabeza con desaprobación cuando su cría juega con comida.
“Ulindi está tratando de evitar que su hija, Luiza, siga jugando con un pedazo de puerro”, explica la investigadora.
“Como Luiza no hace caso, a pesar de repetidos intentos de detenerla, Ulindi finalmente niega con la cabeza mirando a la cría”, agrega.
Eventualmente, Ulindi aleja el puerro de la cría, pero ésta trata de volver a alcanzarlo.
“No” de bonobo
Se sabe que los grandes simios africanos, como los bonobos (Pan paniscus) y los chimpancés (Pan troglodytes), utilizan gestos con la cabeza como negativa (inclinación o sacudida) para comunicarse con otros miembros.
Ya se sabía que los bonobos emplean sacudidas de cabeza para iniciar interacciones con otros miembros de su grupo, como comenzar a jugar.
Sin embargo, éste es el primer estudio que filma y observa a un simio sacudiendo la cabeza en un contexto negativo, para evitar o prevenir la conducta de otro bonobo.
Los científicos basados en Alemania observaron esta conducta cuando analizaban a los animales como parte de un estudio más amplio sobre la comunicación de las crías de los grandes simios.
Con cámaras de video grabaron los gestos y la conducta de bonobos, chimpancés, gorilas y orangutanes en seis zoológicos europeos.
Durante la investigación, observaron a cuatro bonobos sacudiendo la cabeza de esta forma en 13 ocasiones diferentes.
Previamente sólo se contaba con informes anecdóticos sobre chimpancés sacudiendo la cabeza para indicar “no”.
Sofisticados
Los científicos creen que la negativa con la cabeza es un precursor de la misma conducta en seres humanos.
Los científicos explican que los bonobos utilizan una serie más amplia de gestos de cabeza que los chimpancés y se considera que son más sofisticados al usar la cabeza para indicar algún significado.
Estos sistemas sofisticados de comunicación, dicen los autores, quizás han surgido debido a la sociedad aparentemente sofisticada, tolerante, cooperativa e igualitaria en que viven estos animales, con sus complejas estructuras sociales y jerarquías difusas.
Así, los bonobos quizás desarrollaron el movimiento de cabeza para decir “no” y negociar situaciones conflictivas.
Los investigadores, sin embargo, muestran cautela y dicen que no pueden estar seguros de que los animales realmente quieren negar cuando sacuden la cabeza de esta forma.
Pero hasta ahora ésta sigue siendo la mejor explicación, afirman.
Y tal como le explicó a la BBC Schneider, hay que aclarar que el movimiento de la cabeza no siempre está asociado con algo negativo.
“En algunas culturas, como en Bulgaria, sacudir la cabeza significa ‘sí’”, expresa la investigadora.
Fuente: BBC Mundo Ciencia
Es habitual encontrarnos con artículo e investigaciones científicas que pretenden ofrecer claves para detectar mentiras. En la mayoría de las ocasiones estas claves se plantean desde la óptica de lo que hace el mentiroso. Ahora bien, puede ser igualmente interesante fijar la atención en lo que hace el buen “detector humano de mentiras”.
Es precisamente esta óptica la que vamos a tratar, presentando una investigación llevada a cabo por Gary D. Bond de la universidad Estatal de Winston-Salem publicada en Law & Human Behavior. A través de dos experimentos, el autor identifica a expertos en detección y evaluación del engaño y estudia su comportamiento visual, ¿dónde miran para saber que la otra persona está mintiendo? Seleccionaron expertos en detección de mentiras de entre un grupo de miembros de cuerpos de seguridad. Los expertos analizados tuvieron una precisión del 80% en la detección en una primera evaluación y de un 90% en una segunda evaluación. En los análisis de detección de señales, los expertos explotaron la fuente de datos no verbal para tomar decisiones rápidas y precisas sobre si el individuo mentía o no.
Los expertos parecían tener esquemas desarrollados sobre la base de experiencias pasadas con sospechosos, lo cual les serviría como esquemas de búsqueda activa del engaño a través de los comportamientos no verbales. Un porcentaje importante de expertos tomaron la decisión de que un individuo miente fijándose principalmente en la cara (labios, ojos, nariz y mejillas). Esas áreas serían las zonas de alto interés visual porque se habrían usado probablemente con éxito en el pasado para detectar el engaño. Otro grupo de expertos detectaron también la mentira mirando a zonas cercanas a las del torso (zona derecha del torso, brazo izquierdo, parte superior de la pierna derecha), aunque también miraron a la cara, tomando la decisión mientras observaban en el área de los labios y los ojos. Este último grupo, por tanto, tomó también en consideración los movimientos de los brazos y las piernas para el diagnóstico.
Si bien el autor o encontró las claves concretas para detectar la mentira, sí pudo concluir que el lenguaje no verbal fue una herramienta fundamental para estos “detectores humanos” y que la decisión la tomaron en el momento de mirar la zona del rostro.
Por otro lado, apunta el autor que Ekman y O’Sullivan indicaron con anterioridad, que la detección basada en la unión de señales verbales y no verbales obtiene resultados de mayor precisión total que aquellos que utilizan sólo las señales verbales o las señales no verbales.
Durante años hemos oído hablar de la importancia de las microexpresiones a la hora de reconocer las emociones. Desde que, en la década de los 70, Paul Ekman comenzase su línea de investigación en esta materia, se ha producido un intenso debate sobre el papel de la formación en el desarrollo de la habilidad para reconocer microexpresiones. Tras la aparición de diversos artículos que indican que la formación sí es un elemento clave y algún otro que apunta en sentido contrario, queremos hoy presentar un artículo de gran interés. La investigación ha sido llevada a cabo por David Matsumoto y por Hwang Sung, profesores de psicología social de la Universidad Estatal de San Francisco. Las conclusiones de esta investigación, que hoy acercamos a todos los lectores del Club del Lenguaje no Verbal, son de rabiosa actualidad, ya que el artículo en el cual se refleja la investigación ha sido recientemente aprobado para su publicación en Springer Science, pero aún no ha sido publicado.
Otro detalle de interés, es que la investigación realizada por esta universidad fue financiada a través de una subvención del Instituto de Investigación del Ejército y de la Oficina de Investigación Científica de las Fuerzas Aéreas, elemento que nos puede dar una idea de la importancia que el reconocimiento de microexpresiones tiene en materia de seguridad.
Este trabajo es notable porque presenta una evidencia científica de la eficacia del entrenamiento para la mejora de la capacidad de reconocimiento emocional a través de las microexpresiones.
En un primer estudio, varias personas con la profesión de vendedor participaron en una conferencia en la cual se les impartía conocimientos básicos sobre reconocimiento emocional. Con estas personas se constituyeron dos grupos. Uno de ellos recibió una sesión de entrenamiento adicional de 60 minutos impartida por un formador experimentado. Este grupo se comparó con el otro (que no recibió la formación adicional). Los resultados mostraron una capacidad de reconocimiento de microexpresiones significativamente mayor en el grupo de entrenamiento adicional en comparación con el otro grupo y en comparación consigo mismo antes de la formación adicional.
Este hallazgo ha sido especialmente notable por dos razones:
- En primer lugar, ambos grupos eran equivalentes en su conocimiento de las emociones, porque ambos recibieron información básica sobre reconocimiento emocional. Sin embargo, mientras que un grupo recibió el taller de capacitación adicional, el otro grupo no lo recibió.
- En segundo lugar, el impacto del programa de capacitación no sólo se demuestra en las tareas de reconocimiento emocional sino que también produjo mejoras sociales y de comunicación según una evaluación de los participantes realizada por terceros dos semanas después del programa.
Los resultados del “estudio 1” fueron reforzados aún más por los resultados del “estudio 2”, que demostraron la eficacia del programa de formación tras un periodo de tiempo tras la formación.
En el estudio 2 los participantes fueron abogados y psicólogos. Se crearon igualmente dos grupos, uno que recibió la formación en reconocimiento de microexpresiones y otro que no la recibió. Tres semanas más tarde, se realizó un post-test al grupo entrenado y al otro grupo de comparación. El grupo entrenado fue significativamente mejor en reconocimiento emocional que el grupo de comparación. Además, también tuvieron un tiempo de reacción (latencia de respuesta) más rápido.
Estos hallazgos son importantes porque demuestran que las personas pueden ser entrenadas en el reconocimiento de las microexpresiones, y además esta capacidad puede ser retenida en el tiempo.
En el artículo, los autores nos dicen:
“Los datos científicos presentados en estos estudios proporcionan la prueba necesaria para aquellas personas interesadas en la comprensión de las emociones de sus interlocutores. Si usted interactúa a diario con otras personas y quiere comprenderlas mejor, la formación en el reconocimiento de microexpresiones es una opción muy interesante a considerar”.
Sin duda, una línea de investigación de máxima actualidad en el panorama científico internacional.
Fuente: Evidence for training the ability to read microexpressions of emotion. David Matsumoto & Hyi Sung Hwang. Springer Science 2011
Estimados amigos del CLub del Lenguaje no Verbal. Hoy hemos querido traeros un artículoescrtio en 2009 por Eric Costa. Este artículo nos aproxima a la importancia del lenguaje no verbal en el trabajo policial.
Eric Costa. 30 de noviembre de 2009. Nueva York.
Los agentes de policía pasan por un intenso y riguroso entrenamiento antes de estar listos para salir a las calles. Están entrenados acerca de cómo leer las señales no verbales que los criminales emiten cuando están mintiendo o cuando van a huir de la escena de un crimen (Pinizzotto & Davis, 1999).
Los oficiales de policía tienen que darse cuenta que ellos mismos se comunican no verbalmente con los delincuentes y con el público en general (Jacobs, 1993). Según Jacobs (1993), los delincuentes y traficantes de drogas están siempre en busca de señales no verbales, como el contacto visual y la apariencia de los compradores de drogas, para tratar de descifrar si son o no son en realidad un agente encubierto. No sólo en operaciones encubiertas hay que tener cuidado con el lenguaje no verbal, sino también en el trabajo de uniforme. La investigación en tres casos distintos en que fue asesinado un agente de policía ha concluido que la apariencia de ser firme, con autoridad, y en posesión del control pueden impedir que un oficial sea el objetivo al azar de un asesinato (Pinizzotto & Davis, 1999). La seguridad de un oficial de policía depende de su capacidad de establecer la autoridad y del dominio verbal cuando se trabaja con el público en situaciones tales como paradas rutinarias de vehículos. La forma en que un oficial de policía puede garantizar su seguridad es a través del contacto visual directo, la proximidad física, el control de la voz, y un aspecto físico cuidado (Burgoon et al, 1984;. Tusing y Dillard, 2000; Mauro, 1984).
Sin el entrenamiento en estas habilidades no verbales, un agente de policía podría poner en peligro su vida al tratar con el público (Pinizzotto & Davis, 1999).
Una de las formas en que un oficial de policía puede establecer su autoridad cuando se trabaja con el público y especialmente durante una parada de tráfico, es a través del contacto visual directo con el individuo. La investigación sobre el contacto visual ha concluido que un mayor contacto visual comunica una menor activación emocional y una mayor compostura (Burgoon, Buller, Hale, y deTURCK, 1984). El control emocional y la calma son elementos clave para un oficial durante un control de tráfico, ya que muestra una gran sensación de firmeza. La muestra no verbal de firmeza se asocia con el mantenimiento de la autoridad y reduce la posibilidad de ser blanco de una agresión (Pinizzotto & Davis, 1999). Se ha confirmado que el contacto visual elevado también transmite dominación y mayor control (Burgoon et al., 1984). Tanto la dominación como el control son dos elementos que se considera debe tener una persona con autoridad.
Otro estudio encontró cuando un hombre recibe un contacto visual continuado de otro hombre, frente a contactos visuales breves, juzga a esta persona como más dominante (Thayer, 1969). En este caso, con contacto el visual se establece la autoridad de un agente y se evita que la población civil pueda pensar que es presa fácil.
Otra forma en la que un oficial puede establecer el dominio y la autoridad no verbal durante una parada rutinaria de tráfico es inclinándose hacia el interior del vehículo, mientras que hablan con el conductor. La investigación concluye que la proximidad a otra persona transmite serenidad, dominio y control (Burgoon et al., 1984). Un estudio anterior halló que las personas que quieren ejercer su dominio, se posicionan en un lugar de mayor proximidad a otras personas (Hare y Bales, 1963). Al mismo tiempo, cuando su posición dominante se muestra a través de la cercanía a otros, estos responden centrando más la atención en ellos (Hare y Bales, 1963). Utilizando los espacios se muestra control de la situación, y esto, en última instancia, sirve para proteger la seguridad del oficial.
Se ha concluido que un nivel bajo de contacto visual y una posición distante se asocia con una mayor desvinculación (Burgoon et al., 1984). Esto a menudo se transmite no verbalmente a los ciudadanos reflejando que el agente está preocupado por otras cosas (Pinizzotto & Davis, 1999). Transmitir un sentido de preocupación y mantenerse distante disminuye la presencia de autoridad del oficial y pone su seguridad en situación de riesgo. Las investigaciones han encontrado que niveles bajos de contacto visual se asocian con ser percibido como menos dominante (Thayer, 1969). Un agente que presenta como poco dominante refleja poca autoridad, pudiéndose interpretar como una oportunidad por alguien que desee acabar con su vida. Si el oficial no utiliza el contacto visual y la proximidad física, el delincuente puede pensar, en este caso, que tiene la oportunidad de huir o atacarle.
Otra forma en la que un oficial de policía puede establecer el dominio y la autoridad no verbal durante paradas de tráfico es a través de su voz. El tono de la voz está estrechamente asociado con la forma en que una persona se ve dominante o sumisa. La investigación muestra que un tono bajo representa dominio y un tono más alto se considera sumisión y feminidad (Tusing y Dillard, 2000). Los oficiales que utilizan un tono bajo, sin importar si son hombres o mujeres, serán capaces de establecer su dominio al hablar con una persona durante una parada de tráfico. La sonoridad de la voz o la amplitud, se encuentran también asociadas con la proyección de dominancia (Tusing y Dillard, 2000). Los altos niveles de amplitud o intensidad, es decir, mostrar más energía en la voz, permite a la población civil saber quién tiene la autoridad (Tusing y Dillard, 2000).
Otra investigación muestra que cuando los médicos de servicios de emergencias usan una voz más fuerte establecen dominio y la autoridad (Harrigan, Gramata, Lucic, y Margolis, 1989). En el mismo estudio desprende que un ritmo más rápido del discurso fue visto como más dominante (Hernandez et al., 1989). Por tanto, un agente en un control de tráfico debe abordar al individuo en el coche con intensidad vocal, sonoridad, y una velocidad de discurso más rápida de lo normal con el fin de mostrar dominación.
En otro estudio se encontró que un ritmo más rápido de expresión contribuye no sólo a ser vistos como dominantes, sino también como competentes (Buller, LePoire, Aune, y Eloy, 1992).
Por otro lado, el dominio también se relaciona directamente con la eficacia (Buller et al., 1992). Si un funcionario es capaz de enviar señales no verbales de dominancia, entonces, la eficacia es mejor valorada. Los primeros minutos de una interacción agente – civil son fundamentales para establecer el dominio. La capacidad de manipular la voz de una manera que parezca dominante y autoritaria proporciona mayor seguridad. Una voz sumisa de tono agudo podría presentar al oficial como débil y tímido y podría hacer que una persona crea que tiene la oportunidad de dañarle (Tusing y Dillard, 2000).
Los agentes de policía son principalmente identificables por el uniforme y la apariencia. Uno de los mayores factores que contribuyen en el establecimiento de autoridad y dominación como oficial de policía es su aspecto visible. En un estudio que analiza cuál es la diferencia en las percepciones que se obtienen de un agente de uniforme en relación con la percepción cuando visten de paisano, llega a la conclusión de que los oficiales de uniforme eran vistos como más competentes y más capaces de defenderse (Mauro, 1984 ).
Pinizzotto & Davis (1999) llegan a la conclusión en su investigación sobre asesinatos de policías que los oficiales que fueron vistos con sobrepeso y descuidados, parecieron un blanco más fácil.
Otro estudio que utilizó uniformes de policía con el fin de inducir al cumplimiento de determinadas acciones por parte de otras personas, encontraron que se produce una mayor tasa de cumplimiento cuando se usó un uniforme que proyecta autoridad (Bickman, 1974).
La manera en que uno se presenta ante los demás incide directamente en la percepción que se tiene de él. Cuando un agente mantiene su uniforme limpio y en orden, y presenta una imagen tradicional, comunica verbalmente a los demás que se encuentra en una posición de poder. Mantener buena forma física contribuye también a una imagen de autoridad y dominación (Pinizzotto & Davis, 1999). La capacidad de establecer dominio e inducir al cumplimiento de otros a través de la apariencia física contribuye por tanto a la seguridad de los propios oficiales.
Estaremos incrementando la seguridad de los agentes les concienciamos de los efectos de su comunicación no verbal y de su capacidad para establecer el dominio, la autoridad y el cumplimiento por parte de los demás.
Para concretar, las habilidades no verbales que transmiten el dominio son: mantener el contacto visual, la proximidad física, el control del sonido de su voz, y un cuidado uniforme (Burgoon et al, 1984;. Tusing y Dillard, 2000; Mauro, 1984).
Cuando un oficial se acerca a un vehículo se debe mantener el contacto visual en todo momento y la proximidad inclinándose hacia el individuo con el fin de establecer el dominio y autoridad (Burgoon et al., 1984). Cuando el agente comienza a hablar a la persona, debe mantener tono grave, volumen y un ritmo acelerado de expresión a fin de establecer mayor dominancia (Tusing y Dillard, 2000). Por último, mantenerse en buena forma física y tener un uniforme brillante ayudará a una señal no verbal de tener todo “bajo control” (Bickman, 1974).
Se debe concienciar a los responsables de los cuerpos del deber de mejorar estas habilidades no verbales (Pinizzotto & Davis, 1999). Habitualmente se forma al agente en la lectura no verbal del delincuente, pero en la suya propia. Se deben ofrecer clases específicas sobre comunicación no verbal cuando los nuevos funcionarios están asistiendo a la academia de policía. Si todos los oficiales se tomasen tiempo para asegurarse de que están en el control de su lenguaje no verbal los demás se lo pensarían dos veces antes de considerarles blanco fácil.
Estimados amigos del Club del Lenguaje no Verbal.
Tal y como hemos mencionado en algunas ocasiones, la prosodia emocional, o contenido no verbal transmitido a través de la voz, es quizá el hermano pobre de la comunicación no verbal. Las investigaciones de Darwin en su libro “La expresión de las emociones en los animales y en el hombre”, retomadas a los largo de la segunda mitad del s XX por autores de la talla de Ekman, han hecho que la expresión facial tome el protagonismo en la investigación en comunicación no verbal. Por otro lado, las últimas investigaciones en cibernética y los intentos que se están llevando a cabo para que las computadoras sean capaces de reconocer los movimientos corporales, están poniendo la expresión gestual en primera línea investigativa. Ahora bien, el componente paraverbal sigue relegado a unos pocos autores que, de manera intermitente, avanzan en este sentido.
Precisamente es sobre prosodia emocional sobre lo que hoy vamos a tratar. Os presentamos una investigación llevada a cabo por Krauss, Freyberg y Morsella, de la Universidad de Columbia (Nueva York), encaminada a comprobar si a través del contenido paraverbal una persona puede llegar a inferir determinadas características físicas de los oradores.
A lo largo de dos experimentos examinaron la capacidad de los oyentes para hacer inferencias precisas acerca de los oradores a través de los contenidos no lingüísticos de sus
discursos.
En el Experimento 1, se seleccionaron a diversas personas que tomaron el papel de oyentes. Estas personas escucharon a un grupo de oradores masculinos y femeninos los cuales articularon dos frases de prueba. El objetivo era tratar de seleccionar, de entre dos fotografías, cuál correspondía al orador. El resultado arrojó que un 76,5% de las veces se seleccionó la foto correcta.
En el experimento 2, los oyentes escucharon las frases de prueba, pero esta vez debían identificar la edad, la altura y peso de los oradores. En este experimento, se selecciona a otro grupo de personas a los cuales se les pide que también identifiquen la edad, altura y peso, pero en esta ocasión directamente a partir de sus fotografías, sin escucharles. Se procede a comprobar las diferencias entre ambos grupos al estimar edad, talla y peso a través de las fotos y a través de la voz. Las estimaciones hechas a partir de las fotos fueron más precisas que las hechas a través de la voz respecto de la edad y la talla, pero sorprendentemente la diferencia fue muy escasa respecto de las magnitudes inferidas a través de la voz. Por ejemplo, respecto a la edad, sólo hubo una diferencia media de 1 año en la estimación y rspecto a la altura una diferencia media de 0,5 pulgadas. Las estimaciones hechas a partir de fotos no fueron uniformemente superiores a las realizadas a través de las voces.
A la luz de estos resultados, los autores sugieren que la exactitud en la inferencia de aspectos físicos a través del contenido paraverbal del discurso, se debe a dos motivos:
- Las fuentes anatómicas. Diferentes edades, pesos y tallas pueden producir diferencias en los sonidos emitidos. Uno de los casos más evidentes es la diferencia entre hombres y mujeres. Los hombres tienden a ser más grandes y más musculosos que las mujeres, y esto tiene consecuencias en el grosor de sus cuerdas vocales y la arquitectura de sus tractos vocales, que a su vez afectan al tono y al timbre de sus voces.
- Las fuentes culturales. La forma en la que las personas aprenden a usar sus voces dependen de su entorno cultural. Los oradores podrían haber sido identificados como hombres o mujeres al hablar de una manera estereotipadamente masculina o femenina. Los hombres tienden a hablar en franjas bajas de tonos de voz y las mujeres en franjas medias y altas. Sin embargo, aunque es posible que culturalmente se definan normas de vocalización entre géneros, la idea de que existen normas de vocalización relacionadas con la altura o el peso es considerablemente menos plausible.
En cualquier caso, los autores aceptan que no pudieron especificar con certeza las propiedades acústicas de las voces que hicieron posible que, a través de la voz, se realizarán esas inferencias tan exactas sobre género, edad, peso y talla. En cualquier caso, no conocerlas no resta rigor al hecho de demostrar que a través de la voz se pueden reconocer determinadas características de la persona con la misma certeza que mirando una fotografía.
Nos ocupamos en esta ocasión de un artículo publicado por Robert M. Krauss, profesor de la Universidad de Columbia (Nueva York), y posiblemente una de las personas con mayores conocimientos sobre el comportamiento no verbal en las personas. La extensa publicación incluye una clasificación de los gestos que se realizan con las manos al hablar, la cual hemos considero muy interesante de cara a completar anteriores artículos publicados en nuestro blog.
Todos los gestos realizados con la mano son movimientos de la mano, pero no todos los movimientos de la mano son gestos. A pesar de las numerosas clasificaciones gestuales que abundan en la literatura, hay poco acuerdo entre los investigadores. Según el autor, los gestos realizados con la mano podríamos clasificarlos en:
- Adaptadores
- Gestos simbólicos
- Gestos de conversación (movimientos motores y movimientos léxicos)
1.- Los Adaptadores (a los que Paul Ekman denomina manipuladores) suponen la manipulación de la persona o de algún objeto (por ejemplo, ropa, lápices, gafas), del tipo de arañar, frotar, tocar, etc. Ellos no son percibidos como comunicación, ni se perciben de manera significativa en relación con el discurso que acompañan, a pesar de que puedan servir de base para las inferencias de disposición (por ejemplo, que el orador está nervioso, incómodo , aburrido, etc) Se ha sugerido que los adaptadores pueden revelar los pensamientos o sentimientos inconscientes o los pensamientos y sentimientos que el orador está tratando conscientemente de ocultar, pero poca investigación sistemática se ha dirigido a esta cuestión.
2.- Los gestos simbólicos (denominados emblemas por Paul Ekman) son signos gestuales convencionales de la mano con un significado específico. A diferencia de los adaptadores, los gestos simbólicos se utilizan intencionalmente y cumplen una función comunicativa clara. Cada cultura tiene un conjunto de gestos simbólicos familiar para la mayoría de sus miembros adultos, y gestos muy similares pueden tener diferentes significados en diferentes culturas. A pesar de que los gestos simbólicos a menudo se utilizan en ausencia del mensaje verbal, de vez en cuando le acompañan, ya sea haciéndose eco de una palabra o una frase o sustituyendo algo que no se dijo.
3.- Gestos de Conversación.
Desde una óptica léxica, los movimiento vistos anteriormente se sitúa en los dos extremos, los que no significan nada y los que sustituyen al mensaje verbal. Sobre estos hay poca polémica. Sin embargo, hay desacuerdo acerca de los movimientos que ocupan la parte central de la continuidad de lexicalización, los movimientos que no son como la palabra ni son tan carentes de sentido como los adaptadores. Nos referimos a este conjunto heterogéneo de movimientos de las manos como gestos de conversación (denominados ilustradores por Paul Ekman). En primer lugar, a diferencia de los gestos simbólicos, los gestos de conversación no se producen en ausencia de expresión, y en las conversaciones se realizan únicamente por la persona que está hablando. En segundo lugar, estos gestos están temporalmente coordinados con el habla. Y en tercer lugar, a diferencia de los adaptadores, por lo menos algunos gestos de conversación están relacionados con el contenido semántico de la palabra que acompañan.
Nos parece útil distinguir entre dos tipos principales que difieren en su forma y, creemos, también en su función.
3.1 Movimientos motores. Un tipo de gesto de conversación consiste en movimientos repetitivos y rítmicos, que no tienen ninguna relación obvia con el contenido semántico del discurso de acompañamiento. Por lo general la forma de la mano se mantiene fija durante el gesto que puede repetirse varias veces. Los movimientos motores se producen en coordinación con la prosodia del habla y la cadencia de las sílabas tónicas, aunque la sincronía está lejos de ser perfecta.
3.2. Movimientos léxicos. La otra categoría principal de los gestos de conversación consiste en movimientos de la mano, que varían considerablemente en longitud, son repetitivos, complejos y cambiantes en su forma, y parecen estar relacionados con el contenido semántico de la palabra que acompañan.
Estimados amigos, os dejamos hoy en este post el enlace a una entrevista realizada a Rafael López por Juan Diego Sánchez Martínez, periodista malagueño de gran proyección. Es una entrevista cargada de contenido donde se realiza una revisión general de diferentes aspectos del lenguaje no verbal.
Esperamos que os guste.

Estimados miembros y lectores del Club del Lenguaje no Verbal.
Después de un prolongado periodo de tiempo de diseño y preparación hemos lanzado nuestro primer curso de “Comunicación no Verbal para Médicos”. El seminario, desarrollado en colaboración con un importante laboratorio farmacéutico, ha sido ya impartido a un número importante de especialistas de diversos hospitales de la Comunidad de Madrid. Los cuestionarios de evaluación han obtenido una excelente puntuación, destacando que TODOS los participantes recomendarían este curso a un colega o compañero.
Con esto, simplemente os quiero trasladar a todos los miembros del Club del Lenguaje no Verbal que esta materia, que a todos nosotros nos apasiona, es de gran aplicación y utilidad en innumerables ámbitos profesionales.
A nuestros habituales cursos de comunicación no verbal para ventas y dirección de equipos se ha unido ya la formación especializada en comunicación no verbal para médicos, cuerpos de seguridad del estado, profesores y, en breve, periodistas y profesionales de la comunicación en general.
Por ello, os animo a todos a que no enviéis las experiencias vividas en vuestras profesiones en materia de comunicación no verbal (manejo de espacios, posturas, gestos, expresiones faciales, etc.).
En conmemoración del éxito obtenido en el curso impartido en el ámbito de la salud, os trasladamos a continuación el resultado de una investigación científica desarrollada en la Universidad de Bretaña por los doctores Gueguen, Meineri y Charles-Sire publicada en el año 2010.
En el artículo titulado “Mejorar la adhesión al tratamiento mediante técnicas no verbales: un experimento de campo sobre el efecto del contacto físico” nos ofrecen el resultado encontrado sobre la adhesión al tratamiento al producirse un contacto táctil leve por parte de un médico ante los pacientes, al solicitar la promesa verbal del cumplimiento de la medicación prescrita. Este acto no verbal se asoció con una mayor adhesión al tratamiento que respecto del caso de no existir ningún tipo de contacto táctil.
Además, sus resultados muestran que el contacto táctil se asoció con mayores niveles de competencia profesional percibida a la vez de que se percibe una mayor preocupación del médico por su paciente.
Una vez más, estos resultados son congruentes con estudios previos que muestran que el tacto es asociado a una mayor percepción positiva. Aunque el contacto táctil se asocia a una mayor adhesión a la medicación tanto para hombres como mujeres, se produjo un mayor nivel en el caso de pacientes del sexo masculino. Este efecto es tal vez explicado por el hecho de que los hombres utilizan menos el contacto táctil que las mujeres en su interacción social. Así, cuando se produjo contacto táctil, los varones fueron tal vez más receptivos con este comportamiento no verbal, dada su novedad.
En un experimento previo realizado en Francia, estudiantes que fueron tocados brevemente en el antebrazo por su profesor tuvieron una mejor predisposición a salir a la pizarra para corregir un ejercicio en clase. Este efecto se encontró tanto con los estudiantes masculinos y femeninos, pero también en mayor medida con los estudiantes varones.
Los resultados amplían las investigaciones anteriores y confirman que el sentido del tacto es clave a la hora de animar al paciente para llevar a cabo el comportamiento esperado en un contexto médico.
En Francia, donde este experimento se llevó a cabo, se ha informado de que más del 70% de los pacientes no cumplen con prescrito terapéutica regímenes. Es necesario fomentar la investigación sobre métodos que efectivamente pueden aumentar el cumplimiento de la medicación, hecho el cual se ha convertido en un verdadero problema de salud pública. Además se debe informar a los profesionales acerca de estos métodos.
La investigación presentada es además de gran interés ya que evalúa el efecto del contacto táctil sobre la evaluación y toma de decisión por parte del paciente días después de producirse el contacto táctil. Lasinvestigacionesanteriores tan sólo presentaban el efecto inmediato tras producirse el contacto. Podríamos decir que en esta investigación el contacto mantuvo su efecto durante 7 días.
Otra posible interpretación que ofrecen los autores es el hecho de que el contacto físico pueda cambiar incluso la forma expresiva del propio médico.
Como conclusión si el contacto físico cambia la forma en que los pacientes perciben a los médicos y la forma en que el médico se comunica, entonces, ¿cuál sería la potencia del contacto táctil si el médico lo usase de manera frecuente?
Debemos añadir además que el paciente tras no cumplir el tratamiento, en un gran número de casos, miente al médico por vergüenza, lo cual dificulta las decisiones médicas a la hora de cambiar el tratamiento e incluso de cuestionarse el diagnostico.
Si transformásemos estos hechos en un importe económico, nos llevaría a plantearnos las siguientes preguntas: ¿se produce una más rápida recuperación del paciente si éste cumple el tratamiento? ¿se reducen las visitas a la consulta? ¿se evitan gastos en medicamentos innecesarios? ¿se acortan las bajas médicas si el paciente cumple el tratamiento?
¿de qué importes estamos hablando? ¿cientos de millones de euros? ¿millones de euros? ¿o tan sólo cientos de miles de euros?
En cualquier caso, es evidente la justificación de una intervención a nivel formativo e investigador en este ámbito.
Presentamos el último vídeo de análisis de comunicación no verbal de nuestros políticos. Con Camps y Alarte nos despedimos de la campaña electoral 2011.
http://www.elmundo.es/elecciones/elecciones-2011/mienteme/04.html
Tercer vídeo. En esta ocasión, analizamos a los candidatos por Castilla La Mancha. Hay aspectos realmente curiosos en estos dos candidatos que hemos intentado reflejar en un breve vídeo que os presentamos directamente desde el enlace del diario El Mundo.
http://www.elmundo.es/elecciones/elecciones-2011/mienteme/03.html
Después del éxito obtenido por nuestro primer vídeo en el que analizamos a los líderes del PSOE y PP, os dejamos hoy con el vídeo aparecido el pasado sábado en El Mundo, el cual ocupó el PUESTO Nº 1 en el ranking de las páginas más vistas sobre las elecciones en este diario (elmundo.es posee una audiencia según OJD de aproximadamente 35 millones de visitnates únicos al mes).
Esto es una muestra más de la importancia de la comunicación no verbal en nuestras vidas y del interés que la mayoría de personas otorgan a esta materia.
Os dejamos con el vídeo.
http://www.elmundo.es/elecciones/elecciones-2011/mienteme/02.html
Es un honor para nosotros que uno de los diarios más prestigiosos de nuestro país haya contado con la colaboración de Rafael López para analizar, desde la óptica del lenguaje no verbal, la campaña electoral que se está llevando a cabo en España.
Os dejamos a continuación el enlace para que podáis acceder al vídeo.
http://www.elmundo.es/elecciones/elecciones-2011/mienteme/01.html

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En este artículo vamos a abordar la investigación llevada a cabo por los profesores dela Universidad Autónoma de Madrid, Loeches Alonso, Carvajal Molina, Serrano y Fernández Carriba en el año 2004. Su investigación fue plasmada en el artículo “Neuropsicología de la percepción y la expresión facial de emociones: Estudios con niños y primates no humanos”. En él revisan diferentes investigaciones sobre la neuropsicología de la percepción y la expresión facial de emociones en niños y en primates no humanos. Parten de las teorías neodarwinianas sobre el origen de la emoción, que pre-suponen la existencia de circuitos cerebrales específicos para la expresión y comprensión del afecto y consideran que estos comportamientos son innatos y filogenéticamente determinados (heredados de nuestra especie).
Los autores llegan a las siguientes conclusiones:
- A lo largo del primer año de vida los niños manifiestan capacidades básicas para reconocer emociones. Entre otros correlatos neurobiológicos, se ha observado que este proceso se corresponde con una mayor actividad del hemisferio cerebral derecho, frente al izquierdo.
- En primates no humanos, y desde distintas aproximaciones experimentales, se ha encontrado un patrón similar al de nuestra especie en tareas de reconocimiento y discriminación de expresiones faciales de emociones.
- Los lactantes expresan emociones con acciones musculares similares a las descritas en adultos. La mayoría de los autores señalan que el hemisferio cerebral derecho muestra una mayor implicación que el izquierdo, también en el caso de la expresión emocional y para todas las emociones estudiadas. No obstante desde algunas investigaciones se concluye que el hemisferio izquierdo es el dominante en el caso de la expresión de emociones positivas y el hemisferio derecho sólo en las negativas.
- Los estudios sobre expresión facial en primates no humanos indican que existe una asimetría facial que se manifiesta en una mayor intensidad de la expresión en la mitad izquierda de la cara y, de manera correspondiente, en una mayor implicación del hemisferio cerebral derecho.
Concluyen su revisión considerando que la existencia de semejanzas anatómicas y funcionales entre adultos, niños y primates no humanos justifica el interés por los estudios de ontogenia y filogenia para conocer mejor las bases neurobiológicas que subyacen a la conducta emocional.

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Estimados amigos,
En esta ocasión nos acercamos a todos vosotros con un artículo de gran interés para todos aquellos interesados en detectar “mentirosos”. En el año 2008, los profesores Leal y Vril del departamento de psicología de la Universidad de Portsmouth (Reino Unido) publicaron una investigación en la cual analizaban el parpadeo producido por un conjunto de personas al mentir.
La hipótesis que pretendían contrastar fue la siguiente:
“Cuando una persona miente, su parpadeo se vuelve más lento (fruto de la mayor actividad cognitiva) e inmediatamente después de expresar su mentira, el parpadeo se acelera”.
Esta hipótesis fue planteada en función de anteriores estudios que comprobaron que al realizar actividades mentales complejas (como cálculos matemáticos) el parpadeo de las personas disminuye fruto de la mayor demanda de actividad cognitiva (mayores recursos empleados en pensar). Los autores pretendían contrastar si este mismo hecho ocurría al mentir.
Configuraron una muestra de personas compuesta por dos grupos: uno con individuos que dirían mentiras y otro con individuos que dirían la verdad. Tras realizar todo el proceso especificado en el diseño del experimento obtuvieron los siguientes resultados:
- En el periodo anterior a comenzar la actividad, la tasa media de parpadeo fue similar en ambos grupos.
- El grupo de los mentirosos tuvieron una menor tasa de parpadeo cuando expresaban su mentira.
- El grupo de los mentirosos incrementó su tasa de parpadeo en el periodo inmediatamente posterior a expresar su mentira.
- En el grupo que decía la verdad NO se produjo un descenso de la tasa de parpadeo mientras realizaban su exposición (decían la verdad).
- El grupo que decía la verdad NO tuvo un incremento de la tasa de parpadeo en el periodo posterior a realizar su exposición, lo cual parece lógico ya que anteriormente no habían mentido.
Por tanto, la conclusión a la que llegan los autores es que efectivamente se cumple ese patrón, es decir, se parpadea menos mientras se miente y tras decir la mentira se acelera el parpadeo.
Como una consecuencia práctica de sus conclusiones, los autores creen que los patrones de velocidad de parpadeo podrían estudiarse para ayudar a los profesionales en detección de mentiras. Un beneficio de ese sistema sería que se podría realizar de manera no intrusiva a través de una cámara remota, lo que hace que sea aplicable en muchas situaciones.
Una investigación que, sin duda, tendrá sus defensores y detractores. Por nuestra parte, tan solo hemos querido ofreceros un nuevo artículo para la reflexión y profundización en el apasionante mundo del lenguaje no verbal.
Estimados amigos y miembros del Club del Lenguaje no Verbal, hoy os traemos un artículo de sumo interés publicado en 2009. En primer lugar está elaborado por el Dr. Matsumoto de la Universidad Estatal de San Francisco, lo cual ya es una gran garantía. Como mucho conocéis, Matsumoto comenzó su andadura en el mundo de la comunicación no verbal de la mano de Paul Ekman, teniendo en su haber un increíble número de publicaciones científicas y comerciales. En segundo lugar, este artículo nos ofrece una visión novedosa planteando la hipótesis de que se reconocen mejor las emociones de las personas incluidas en tu mismo grupo cultural, es lo que Matsumoto denomina reconocimiento “endogrupal” o “ingroup”. Plantea dos grupos de trabajo, uno compuesto por personas estadounidenses y otro por japonés planteando que cada grupo reconocerá mejor las expresiones emocionales de su mismo grupo que las del otro grupo. Por último, y a mi parecer quizá lo más importante de la investigación, el autor realiza la investigación con expresiones emocionales en situaciones reales y no con expresiones emocionales posadas (que suele ser lo habitual).
Según los autores, existen diversos estudios que apuntan en la línea de que determinados individuos puedan reconocer más exactamente las expresiones emocionales producidas por miembros de su propia cultura antes que los producidos por miembros de otras culturas. Ahora bien, los resultados son variados. Por otro lado es importante distinguir entre juicios de expresiones emocionales posadas vs expresiones emocionales espontáneas, porque éstos pueden diferir en varias vías. En primer lugar, las expresiones posadas pueden contener movimientos de músculos faciales extraños o carecer de movimientos de músculos que en realidad existirían, cosa que no ocurre en las expresiones espontáneas. En segundo lugar, diferencias relativas en los niveles de intensidad de los músculos faciales que se inervan en las expresiones faciales posadas no pueden ser análogamente válidas en las expresiones espontáneas. Tercero, las expresiones espontáneas son las idóneas desde el punto de vista de su comienzo, compensación, y coordinación entre los músculos faciales; las expresiones posadas no lo son. Finalmente, las expresiones posadas tienden a ser asimétricas, es decir, más fuertes en un lado de la cara que en el otro.
Según el artículo analizado, Elfenbein argumenta que el efecto endogrupal ocurre debido a las diferencias culturales en expresión emocional, lo que él llama “dialectos emocionales” que derivan de aspectos culturales.
Matsumoto afirma que desafortunadamente, sin embargo, no han existido estudios probando la hipótesis endogrupal usando expresiones espontáneas. Este tipo de estudios pueden tener implicaciones potenciales para la noción de los dialectos de emoción. El autor sugiere que tales dialectos ocurren sólo con las expresiones posadas.
Dados estos antecedentes, el autor plantea una investigación en la que examine el efecto endogrupal a través de expresiones espontáneas producidas por atletas durante la competencia de Judo de los Juegos Olímpicos de Atenas de 2004. Las expresiones eran capturadas usando fotografías de alta velocidad al final de las competiciones al entregar las medallas de oro, plata y bronce. Observadores estadounidenses y japoneses juzgaron las expresiones producidas por competidores estadounidenses y japoneses. Supusieron que los observadores estadounidenses eran relativamente más exactos al juzgar a los expositores estadounidenses en comparación con el juicio sobre expositores japoneses, mientras que los observadores japoneses podrían ser relativamente más exactos al juzgar los expositores japoneses comparado con el juicio sobre expositores americano. En definitiva que cada grupo reconocería mejor las emociones de su propio grupo que las del otro.
Una vez realizado el estudio, se vlida la hipótesis nula ya que parece los resultados concluyen que no hay ventaja en reconocer las expresiones del propio grupo respecto del reconocimiento de las del otro grupo. Los observadores americanos eran mejores al juzgar las emociones de los expositores japoneses, mientras que los observadores japoneses eran mejores al juzgar los expositores americanos. Cierta investigación sugiere que, al juzgar emociones, los americanos están más influidos por las señales faciales que por las señales contextuales, mientras que los japoneses incorporan más el contexto. Ahora bien, el autor apunta una serie de puntualizaciones sobre las limitaciones del estudio. En primer lugar, el número y tipo de expresiones eran limitados. Pudo ser que un número más grande de expresiones, a través de un rango más ancho de emociones, fuese requerido para producir el efecto endogrupal. O, pudo ser que el contexto evocador particular utilizado en este estudio (ganar o perder una medalla) no fuese conducente a expresiones del tipo que produce un efecto endogrupal.
En cualquier caso, se abren nuevas vías de investigación.
¿Nuestra intención de voto nace de nuestro cerebro límbico (donde se generan las emociones) o de nuestra corteza cerebral (donde se generan los procesos racionales)?
Para todos, los que penséis que nuestro voto nace de la emoción, para aquellos que penséis que nuestro voto nace de la razón o para aquellos que penséis que votamos movidos por ambos componentes de nuestra persona, os traemos un artículo que resume la investigación de dos científicos de las universidades de Londres y Princeton. Un artículo que seguro os llevará a la reflexión, sobre todo a los que residáis en España ya que nos encontramos inmersos en campaña electoral para elegir a nuestros representantes municipales y autonómicos.
Estos autores, de los que recientemente ya hemos hablado, nos traen una nueva investigación aplicada al mundo político que recogen en su artículo “Elegido en 100 milisegundos: Las inferencias sobre características de personalidad y el voto”
Olivola, C.Y. de la Universidad de Londres y Todorov, A. de la Universidad de Princeton muestran como determinados juicios elaborados por los votantes respecto de la personalidad de los candidatos políticos, pueden predecir su éxito electoral. Esto sugiere que los votantes dependen profundamente de las apariencias al elegir el candidato al que votarán. Los investigadores analizan los datos existentes para demostrar que lo que ellos denominan la “competencia facial” es un elemento predictor de las preferencias políticas. Finalmente, crean un modelo informático que usan para derivar algunas de las características faciales asociadas con estos juicios.
“Los hombres, por lo general, juzgan más las apariencias que la realidad”
Maquiavelo.
Los modernos economistas y expertos en ciencia política de los últimos años, asumen que los votantes son actores racionales cuyas elecciones están libres de condicionantes predisposicionales. Se supone que un sistema democrático debe partir de votantes razonables, ya que la elección de las personas que conduzcan el futuro de su estado, dependerá de su sano juicio. La elección del candidato adecuado supone tener en cuenta multitud de aspectos tales como consideraciones religiosas, económicas, morales, de seguridad, sociales y de aspectos domésticos e internacionales. Los votantes son inundados con información procedente de prensa escrita, televisión, radio e internet, ofreciéndoles rumores, entrevistas, noticias, etc. que deberán ser retenidas, codificadas, y posteriormente recuperadas para realizar la elección individual del candidato.
Sin embargo, la psicología cognitiva nos enseña que cuando nos enfrentamos a una cantidad ingente de información, las personas tendemos a simplificar. Por ello, dada la complejidad de la votación, no debe sorprendernos que los votantes tomen atajos mentales para llegar a sus decisiones finales.
La investigación en el terreno de la política ha identificado varios caminos que los votantes usan para simplificar el proceso de decisión. Muchos votantes parecen depender enormemente de la cercanía ideológica del partido al escoger candidatos. Otras estrategias suponen el uso de señales no verbales que nos inclinan a votar a una u otra persona, como puede ser la frecuencia de voz. Gregorio y Gallagher (2002) analizaron las frecuencias de voz de los candidatos en 19 debates televisados e las elecciones presidenciales americanas, encontrando cómo un candidato, a través de su frecuencia de voz puede demostrar la dominación social relativa dentro de un debate.
En los últimos años, en materia política, las señales visuales han adoptado un primer plano. Varios estudios han demostrado una relación entre varias señales visuales no verbales y la intención de voto. El comportamiento no verbal de los políticos carismáticos es mucho más imitado por sus votantes que el de los políticos que no lo son. Se considera también de gran importancia la reacción no verbal del político ante determinadas noticias importantes para la sociedad. Diversos estudios inciden incluso en la influencia que tiene la expresión facial de los locutores de televisión cuando se refieren a un candidato concreto. Se demostró que los votantes parecieron favorecer al candidato para quién el locutor expuso las expresiones faciales más positivas. Igualmente en entrevistas, el comportamiento no verbal de un entrevistador pudo impactar en cómo los espectadores percibieron al político. En particular, la imagen de un político sufrió un menoscabo considerable cuando el entrevistador era hostil.
En esta investigación los autores se enfocan en juzgar las características de personalidad que se extraen de un candidato a través de su apariencia facial. Principalmente analizan lo competentes que pueden llegar a parecer a través de su apariencia facial, independientemente de que lo sean realmente o no. Analizan la correlación entre las variables “competencia percibida” y “éxito electoral”. Sus resultados muestran que la inferencia de competencia está estrechamente ligada a la madurez facial y la atracción. Por último aportan que la apariencia, supuestamente, influye más en los votantes menos inteligentes que consumen una gran cantidad de programas televisivos.
Las inferencias que realizamos respecto de la personalidad de nuestros interlocutores, a través de su apariencia facial, son rápidas y espontáneas, dejando un pequeño espacio para procesos racionales que inhiban o corrijan esos juicios iniciales. La naturaleza rápida y fácil de las inferencias basadas en apariencia hace que supongan un condicionante importante en terrenos tan importantes como la elección de amigos, los negocios, la ciencia forense o el ámbito militar. Por ejemplo, una persona con apariencia madura, empíricamente, tendrá que pagar en un juicio una indemnización mayor que una persona con apariencia joven. Parecer extravertido y abierto a nuevas experiencias está positivamente relacionado con encontrar amigos o amigas, mientras que para las mujeres, parecer ambiciosas, competentes y auto-disciplinadas tiene el efecto contrario.
Por último, a nivel general, podríamos decir que la percepción relativa a la expresión facial del estado emocional puede ser percibida como un rasgo de personalidad de nuestro interlocutor, y no sólo como un estado emocional temporal. Es decir, una persona que ofrezca, en un momento dado una expresión emocional de miedo, se considerará por las personas que vean esa expresión como una persona con personalidad temerosa.
La variable “competencia” se entiende como lo competente que es un candidato para el trabajo de dirigir un gobierno. Todos los votos se realizan en función de lo competente que parece ser un candidato. Ahora bien, habrá personas que infieran esa competencia en función de un análisis objetivo de los hechos y otras que lo infieran simplemente por la apariencia de los candidatos, aunque ni ellos mismo sean conscientes de ello. Se producen una serie de señales que, en cierto modo, introducen “ruido” en el juicio final. Está demostrado que las impresiones de competencia pueden ser formadas rápida y fácilmente, sin ningún tipo de deliberación. Una vez se formen las impresiones, éstas influyen en las decisiones de voto, siendo esta influencia inconsciente y no pudiendo ser reconocidas por el propio votante. Los juicios de competencia con base en la apariencia predicen los resultados electorales.
Por otro lado parece evidente que la inferencia sobre la competencia de una persona partiendo de su apariencia se desarrolla a una edad bastante temprana y es sorprendente estable a lo largo de la vida de una persona. De una colección de fotografías, tanto niños como ancianos eligieron mayoritariamente a la misma persona como la más competente para ser el capitán de un hipotético barco.
Lo políticos que fueron observados como más competentes lo fueron también como más familiares y más atractivos y en general los votantes preferían votantes que se les asemejasen. En suma, el más competente, confiable, atractivo, más maduro y familiar de los políticos, pareció ser el que más intención de voto podría atraer.
Si vamos directamente a los rasgos de mayor competencia, podemos decir que las personas percibidas como más competentes poseen caras poco redondas, la distancia entre las cejas y los ojos es menor a la media, los pómulos son más altos, y la mandíbula es más angular.
Respecto a las diferencias de las caras masculinas y femeninas, la investigación previa ha mostrado que las características faciales femeninas son típicamente asociadas con menor competencia y poder que sus contrapartes masculinos y también con mayor emotividad y accesibilidad. Las mujeres percibidas como más competentes eran también percibidas como más masculinas, aunque diversas investigaciones ofrecen que la apariencia de competencia no es tan importante para la intención de voto a favor de las candidatas femeninas que para los masculinos.
Como conclusión, podemos decir que las primeras impresiones basadas en la apariencia son notablemente influyentes, difíciles de superar, y además ocurren con asombrosa velocidad. Parece evidente que esto pueda extenderse al campo político y en concreto a la intención de voto. El impacto de la apariencia será especialmente importante sobre aquellos votantes que tengan un bajo nivel de información objetiva sobre los candidatos, siendo este grupo el más numeroso. Por tanto, aunque la ciencia política y la economía generalmente han asumido que los votantes pasan por procesos de decisión sofisticados y racionales que no están influidos por señales superficiales, la investigación que os hemos ofrecido sugiere lo contrario.
Queridos amigos del Club del Lenguaje No Verbal.
El mundo de la comunicación no verbal está experimentando un increíble auge en los últimos tiempos. Un gran número de personas comienzan a descubrir que realmente el mayor impacto dentro de un proceso de comunicación se debe a nuestro lenguaje no verbal. Ahora bien, al igual que ocurriría en cualquier otro ámbito, el desarrollo de una materia conlleva la aparición de contenido que no tiene el rigor suficiente como para ser tenido en cuenta. Internet, como herramienta potenciadora del conocimiento, no lo distingue. Potencia el conocimiento serio y que no lo es tanto. Por ello, desde el Club del Lenguaje No Verbal queremos afianzarnos en la línea de publicar sólo aquella información que sea realmente seria y contrastada. Para ello hacemos mención hoy a un artículo publicado hace escasos meses y elaborado por investigadores de la Universidad de Michigan. La investigación fue llevada a cabo por M. Melissa Gross, Elizabeth A. Crane y Barbara L. Fredrickson dando lugar a la publicación del artículo “Methodology for Assessing Bodily Expression of Emotion”. El propósito de su trabajo fue elaborar un método para evaluar la expresión corporal y proporcionar una descripción de los movimientos que se asocian con emociones positivas o negativas.
Debemos ser conscientes de la tremenda utilidad de esta investigación para un gran número de profesiones y situaciones personales. Los autores han concluido qué movimientos generan emociones positivas en los interlocutores y cuáles generan emociones negativas. Poneos en el lugar de un vendedor, de un terapeuta, de un médico, de un policía, de un profesor, o de cualquier otro profesional. ¿os parece interesante saber qué movimientos generan emociones positivas y negativas en vuestros clientes, pacientes, alumnos, …?
En primer lugar deberemos saber que las emociones positivas son más fácilmente reconocibles cuando nos referimos a la expresión facial, peo en el caso de movimiento corporales, son las emociones negativas las que se reconocen mucho más fácilmente por nuestros observadores. Por ello, debemos tener en cuenta que, por ejemplo, un cliente percibirá de manera mucho más clara nuestra expresión corporal de emociones negativas que la expresión de emociones positivas. Si deseamos desprender un ambiente positivo y cordial con el cliente deberé esmerarme en transmitir esas emociones positivas y saber que las negativas las percibirá rápidamente.
El segundo factor a tener en cuenta es la percepción que nuestro interlocutor tiene sobre nuestra activación. El concepto de activación o “arousal” en psicología es, a mi parecer, complejo de entender, pero de una manera simplista podríamos relacionarlo en el campo de los gestos con la energía (y seguro que más de un psicólogo, justamente, me criticará). Si deseo transmitir una emoción de enfado, de gran alegría, de excitación o de poder (en sentido de dominancia) deberé realizar movimientos cortos, de breve duración y muy veloces. Si deseo transmitir tristeza, nuestros movimientos deben caracterizarse por la lentitud. Si lideras un equipo, el día que salgas triste de casa, intenta realizar movimientos cortos y contundentes, reflejarás seguridad y poder y además te ayudará a conseguirlos.
El tercer factor será la expansión o comprensión del cuerpo. Las emociones de ira, dominio y alegría se caracterizan por movimientos expansivos, es decir, intentamos que nuestro cuerpo ocupe más volumen, sacamos pecho y separamos los brazos del cuerpo. En el caso de alegría u orgullo esto irá unido a mantener la cabeza erguida. En caso de tristeza o miedo, nuestra postura reflejará un cuerpo ciertamente comprimido y cerrado sobre él mismo. En este sentido ten cuidado ya que la alegría puede confundirse con orgullo y, quizá, desees transmitir lo primero y consigas lo segundo.
En cualquier caso, lo realmente importante es tomar consciencia de nuestros movimientos y observar analíticamente los nuestros y los de nuestros interlocutores.
Los profesores Aldert Vrij, Katherine Edward, Kim P. Roberts, and Ray Bull de la Universidad de Portsmouth, publicaron en el Journal of Nonverbal Behavior, en el año 2000, un nteresante artículo en el cual examinaban dos hipótesis fundamentales. La primera determinar si un análisis sistemático de comportamiento no verbal puede ser útil para la detección de mentiras, y la segunda determinar indicadores son más fiables en la detección de mentiras, los verbales o los no verbales.
La investigación previa la publicación del artículo nos ofrece una visión un tanto pesimista sobre la posibilidad de detectar mentiras a partir de comportamiento no verbal. En este artículo los autores demuestran que ser posible detectar mentiras a través de comportamiento no verbal cuando se tienen en cuenta los comportamientos apropiados y se eliminan las interpretaciones subjetivas. Establecen que existen determinados comportamientos que son signo de carga emocional y otros que son signo de carga cognitiva. Tal y como demostraron anteriormente DePaulo y Ekman, el índice de acierto en la detección de mentiras es más elevado cuanto mayor es lo que está en juego. Es decir, mentira un amigo que te hace un regalo horroroso expresándole que gusta mucho, será difícilmente detectable ya que no hay gran cosa en juego. Mentir en un juzgado o ante un interrogatorio policial, para la mayoría de los mortales, supondrá una situación de tensión en la cual hay mucho en juego y por tanto la detección de nuestras mentiras será mucho más fácil de realizar. En general, y en coincidencia con Ekman, los autores expresan que cuando una persona realiza más pausas de las que realiza en situación (o frente a preguntas de control), cuando la latencia de respuestas mayor o cuando se hable más lento de lo normal, la carga cognitiva será mayor. Ahora bien, mediante comportamiento verbal y no verbal podremos establecer que existe una mayor carga emocional o cognitiva en el individuo, pero no podremos saber el porqué. La clave será concluir que el engaño es la única explicación posible para ese incremento de la intensidad emocional o mental. La investigación arroja que un 80,82% de las mentiras fueron detectadas al utilizarse una combinación de técnicas verbales y no verbales, a la vez que establece que no existe una superioridad en cuanto a fiabilidad de ninguna de las técnicas respecto de la otra.
Es evidente que la imagen que tenemos de las personas que nos rodean es una de las claves principales que nos hacen encasillarlas, es decir que nos hacen incluirlas en determinados estereotipos. Un reciente estudio realizado por Dana R. Carney y Judith A. Hall de las universidades de Harvard y Boston respectivamente, analiza determinadas creencias sobre la expresión no verbal de lo que ellos denominan el “poder social”. El poder lo definen dentro de una doble dimensión por un lado una característica propia de la persona, es decir, de su personalidad y por otro lado un rol social, es decir, el papel que desempeña dentro de una organización. En función de esta doble dimensión se establecerían las personas con un nivel alto de poder social (personalidad y rol) frente a las personas con un bajo poder social. Establecidos estos dos grupos se demostró que existen comportamientos diferenciados entre ambos a nivel no verbal. En general las personas con un alto poder social se perciben como personas que no prestan atención a su equipo y se consideran en el derecho de invadir el espacio de los demás. Existe la creencia de que las personas con un alto nivel de poder miran a su interlocutor a los ojos mientras hablan, pero no lo hacen mientras escuchan. El estereotipo marca que las personas consideradas con un alto poder se enojarán mucho más que las personas con un bajo poder. Por el contrario los segundos serán más tendentes al miedo y a la tristeza. En cuanto a la postura corporal, se percibe como personas con un alto nivel de poder a aquellas con una postura erguida del cuerpo y ligeramente inclinada hacia adelante. Existe la creencia de que una persona con un alto nivel de poder se expresará más libremente, y por tanto, su expresión corporal será más acentuada que en el resto de la población. En cuanto a la forma de expresarse verbalmente, se piensa que las personas con un mayor nivel de poder interrumpirán más las conversaciones y hablarán con mayor confianza. Cabe destacar que el estudio arroja que los comportamientos en función del género no difieren, es decir, que el estereotipo de persona socialmente poderosa es el mismo tanto para mujeres como para hombres.
Tomamos hoy el testigo de una investigación en materia de reconocimiento facial de emociones elaborada por la Universidad de Otago (Nueva Zelanda). En esta investigación el profesor Richard Porter y la estudiante de doctorado Katie Douglas someten a un test de reconocimiento facial de expresión emocional a un conjunto de 68 personas afectadas por una depresión profunda. Igualmente sometieron a un grupo de control de 50 personas a este mismo test. El resultado de la investigación arroja que el grupo que parece depresión reconoce sensiblemente peor la emoción de asco. Los investigadores relacionan esta investigación con los avances que indican que este mismo hecho ocurre también con enfermos de Parkinson, en los cuales el peor reconocimiento de la expresión de asco viene dado por niveles bajos de dopamina. Por ello, esta investigación abre el campo a nuevos estudios que determinen si, en el caso de la depresión profunda, el mal reconocimiento de la expresión de asco viene también derivado de un nivel bajo de esta sustancia. Si fuese así, la medición de los niveles de dopamina podría utilizarse como un medidor de la evolución de la depresión. Según los autores “otra explicación es que el proceso emocional se ve afectado por la presión a la que está sometida la persona. El internamiento en un hospital psiquiátrico es agotador, apartando a la persona de su ambiente social y situandole en proximidad con otros individuos apenados”. El principal avance que supone esta investigación es que se abren nuevas vías para determinar si el reconocimiento facial de la expresión de la emoción de asco puede ser un buen marcador de la evolución de determinadas enfermedades psíquicas.
Hemos querido hoy recoger un estudio publicado en el año 2008 por el departamento de psicología de la Universidad de Princeton. Según los propios autores, Nikolaas N.Oosterhof y Alexander Todorov, las personas automáticamente evaluamos el rostro de nuestro interlocutor en búsqueda de determinados rasgos de personalidad, siendo además, esta evaluación, de importancia trascendental en las interrelaciones sociales. El mensaje subconsciente que obtenemos del rostro de la otra persona tendrá un efecto importante en situaciones que pueden ir desde el éxito electoral hasta la decisión de un jurado. Esta investigación concluye que la evaluación del rostro de una persona supone un mecanismo adaptativo que nos hace inferir las intenciones y la capacidad que la otra persona puede tener de hacernos daño y nos previene de ara a obtener una rápida respuesta por nuestra parte.
Los autores de esta investigación llegan también a la conclusión de que el reconocimiento facial podría medirse a través de dos dimensiones: la valencia y la dominancia. La valencia puede definirse como la percepción de pistas faciales que me inducen a acercarme o a evitar a la persona. La dominancia será la evaluación del poder o indefensión física de mi interlocutor a través de su expresión facial. En el caso de que no existan pistas claras sobre estas dimensiones en el rostro de la persona que tenemos enfrente, evaluaremos su rostro en busca de similitud con la expresión de ira o de alegría para inferir de esta manera sus intenciones.
Os dejamos a continuación un enlace al texto completo en inglés.
Queridos amigos del Club del Lenguaje No Verbal.
Hemos querido felicitaros el nuevo año haciéndoos partícipes de un ebook en el cual hemos recopilado todos los artículos publicados durante el año 2010. Desde que abrimos nuestra web, cerca de 15.000 personas, de más de 30 nacionalidades, han pasado por nuestras páginas. Por ello, y con el objeto de que podáis leer aquellos artículos que os hayais perdido, os enviamos nuestra recopilación del año 2010.
Os deseamos de corazón que el año 2010 os lleve a cumplir vuestros objetivos personales y profesionales, y sobre todo, ¡qué disfrutéis en el camino!
NOTA: Haced click en la imagen para descargar el ebook
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Os dejamos hoy con una entrevista que nos realizaron en ”aquimarketing para empresarios y profesionales”, blog de actualidad, observaciones, artículos, entrevistas, conceptos y aplicaciones del Marketing para pequeños empresarios y profesionales. Alberto Aguelo nos realiza una entrevista muy interesante para entender la importancia de la comunicación no verbal en el ámbito comercial.
http://www.aquimarketing.com/2010/12/aquientrevista-rafael-lopez.html
Espero que os guste.

Seguro que ha comenzado a leer este artículo invadido por la curiosidad que le ha suscitado el título. Tranquilo, no tienen nada que ver. El único punto de confluencia de estos personajes es que fueron objeto de evaluación en la entrevista que recientemente nos realizaron en Radio Kanal Barcelona. Entre otras cosas, hablamos de su comunicación no verbal. Le dejamos a continuación un enlace para que pueda escuchar la entrevista.
Esperamos que haya sido de su agrado.
Es de sobra conocido, por todas las personas a las que nos apasiona el mundo del lenguaje no verbal, que la expresión facial de las emociones básicas tiene caracter universal. Es decir, en base a las aportaciones de Paul Ekman, está contrastado científicamente que la expresión facial de este tipo de emoción es la misma en cualquier lugar del mundo. Ahora bien, las expresiones gestuales, e incluso prosódicas, tienen una clara influencia cultural.
Recientemente tuve el placer de coincidir en una de nuestras conferencias sobre comunicación no verbal aplicada a los cuerpos de seguridad del estado, con una persona de origen marroquí. Nos intercambiamos correos y le pedí que me contase, de primera mano y expuesto por ella misma, situaciones que diferenciasen el lenguaje no verbal de la cultura árabe con la nuestra. Muy amablemente recibí recientemente un primer correo con una serie de reflexiones al respecto que he querido trasladaros de manera textual:
“Para mi, en el lenguage no verbal en el mundo arabe, hay que diferenciar claramente dos aspectos:
- Comunicación no verbal del hombre.
- Comunicación no verbal de la mujer.
Son muy distintos. En sus movimientos el hombre arabe, más o menos, es libre de hacer cualquier movimiento en función de la situación. En una mujer el lenguaje no verbal es mucho mas importante que el lenguaje verbal. Como mujer, hay muchos gestos que no puedo hacer en un lugar publico. Por ejemplo, en un café, será crucial la manera en cómo yo dirijo la mirada. Si miro hacia todas las partes del establecimiento, significa que estoy buscando entablar conversación con un hombre, y eso, en mi cultura, no se hace. La forma en que se debe hacer es concentrando mi mirada en el compañero o compañera que tengo enfrente. Si busco con mis ojos a otras personas, sobre todo hombres, puedo ser mal interpretada y considerada una mujer “poco respetable” y que puedo estar buscando un hombre para pasar la noche. Si un hombre me mira y yo respondo con la mirada, seguro que se va a dirigir hasta mi para hablar comigo. La mirada es un signo de rechazo o de invitation a una conversacion. Mis ojos son los primeros de todo mi cuerpo que hablan.”
Le pediremos a nuestra excepcional colaboradora que sigua instruyéndonos sobre el lenguaje no verbal en la cultura árabe, lo cual nos aportará una enriquecedora visión que incrementará nuestra objetividad. Desde aqui, muchas gracias por compartir esta información con todos nosotros.
Existe un momento en la vida de todo ser humano en el cual, lo único de lo que disponemos para comunicarnos es nuestro lenguaje no verbal. Gestos, microexpresiones y elementos paraverbales son imprescindibles para nuestra evolución. Evidentemente, hablamos del momento en que somos bebés. Si pudiesemos recordar con claridad esa etapa de nuestra vida, seguro que vendrían a nuestra mente momentos de frustración en los cuales queríamos decir algo y los mayores no nos entendían, e igualmente momentos de gran alegría en los que comprobabamos cómo nuestras expresiones tenían su adecuada respuesta.
Recientemente, un equipo de psicólogos y científicos de dos universidades españolas (Universidad Nacional de Educación a Distancia y Universidad de Murcia), patrocinados por el Instituto del Bebé Nuk, editaron la Guía de la Expresión del Bebé. Un manual breve y sumamente interesante que os recomiendo que leais. Como siempre, os dejamos un link para que podáis acceder a su descarga.
¡Qué la disfrutéis! Y recordad que para recibir directamente en vuestro email los diferentes artículos que publicamos, podéis inscribiros gratuitamente al Club del Lenguaje No Verbal dejándonos vuestro nombre y dirección de correo.
Las personas que trabajamos en el mundo de la comunicación no verbal somos conocedores del increible poder que tienen nuestros gestos sobre nosotros. Lo más habitual es estudiar el lenguaje no verbal como expresión de las emociones, pero no debemos olvidar que también funciona en sentido contrario. Las emociones generan la expresión pero la expresión también genera la emoción. Aconsejar a una persona deprimida que realice ejercicios forzados de erguir el cuerpo, pasear con la cabeza levantada y sonreir (aunque no lo sienta) va a ser de gran ayuda para ella, generando emociones positivas que le ayudarán a superarla. Igualmente la persona que acuda a una entrevista de trabajo y sienta esa lógica y humana ansiedad ante la situación, podrá realizar un ejercicio similar que le aportará seguridad y le tranquilizará.
Pues bien, ha llegado el momento de decir que la ciencia ha demostrado este hecho. Os dejo a continuación con un extracto de un artículo de la Universidad de Harvard donde concluyen que determinados gestos producen un incremento de la testosterona y una disminución del cortisol, aumento de poder y disminución del estrés.
Gestos de poder: Breves señales no verbales que afectan a los niveles neuroendocrinos y a la tolerancia al riesgo.
Dana R. Carney, Amy J.C. Cuddy, and Andy J. Yap – Columbia University and Harvard University
Los pavos reales, orgullosos, muestran las plumas de su cola en búsqueda de pareja. El gato eriza el pelaje de su lomo al percibir un intruso de su tamaño. El chimpancé, afirmando su rango jerárquico, aguanta la respiración hasta que se abulta el pecho. El ejecutivo en la sala de juntas, pone los pies sobre la mesa, los dedos entrelazados detrás de su cuello, los codos apuntando hacia afuera. Los humanos y otros animales señalan su poder y dominación a través de señales no verbales de carácter expansivo, y estas actitudes, se refieren al poder profundamente relacionado con la selección natural, nos referimos al “macho alfa” (Darwin, 1872/2009, de Waal, 1998).
¿Pero es tan solo una escenificación del poder? ¿Qué sucede cuando se realizan expresiones de poder? ¿Puede sentirse más poderosa una persona realizando estos gestos? ¿Los sistemas mentales y fisiológicos preparan a las personas para ser más poderosas?
El objetivo de nuestra investigación fue comprobar si los gestos de poder en realidad producen poder. Para realizar esta prueba, nos fijamos en los efectos que generan los gestos de poder o seguridad y los de bajo poder sobre algunos indicadores fundamentales: los sentimientos de seguridad en uno mismo, la elevación de la testosterona (hormonas del dominio), disminución de la hormona del estrés (cortisol), y aumento de la tolerancia al riesgo.
Nuestros resultados muestran que los gestos de poder o seguridad (en contraposición a los que reflejan poca seguridad) provocan cambios fisiológicos, psicológicos y de comportamiento, demostrándose la hipótesis planteada.
Estos hallazgos contribuyen en la comprensión actual del conocimiento corporal de dos maneras importantes. En primer lugar, sugieren que los efectos de realización de determinados gestos, más allá de la emoción y la cognición, influyen en la fisiología y la elección de la conducta posterior. Por ejemplo, como se describió anteriormente, asintiendo con la cabeza se genera un efecto que hace que sea más fácil persuadir otra persona y sonriendo nuestro buen humor aumenta.
Sugerimos que estos comportamientos simples, una inclinación de la cabeza o una sonrisa, también pueden causar cambios fisiológicos que activan cambios psicológicos, fisiológicos y de comportamiento y esencialmente pueden cambiarte el día completo.
En segundo lugar, estos resultados sugieren que cualquier constructo psicológico, como la seguridad o la autoestima, puede incorporar elementos relativos a señales no verbales.
Estos resultados también ofrecen un avance metodológico en la investigación sobre la seguridad. Muchos de los efectos expresados de poder están limitados por la necesidad metodológica de manipular “la seguridad” en un ambiente de laboratorio (por ejemplo, asignaciones de roles complejos).
La investigación sugiere que la hipótesis comprobada puede extenderse a un gran número de gestos cotidianos adicionales a los utilizados en este experimento, aunque esto deba ser objeto de estudios posteriores.
Un simple cambio de postura física de la persona prepara sus sistemas mentales y fisiológicos para soportar situaciones difíciles y estresantes, y tal vez para mejorar realmente la confianza y el rendimiento en situaciones como entrevistas de trabajo, hablar en público, en desacuerdos con el jefe, o asumir riesgos potencialmente rentables. Estos hallazgos sugieren que, en algunas situaciones que requieren energía, la gente tiene la capacidad de “fingir” los gestos para contribuir a generar esos cambios internos y de conducta.
Por otro lado, a lo largo del tiempo, estos pequeños cambios posturales con los resultados que ellos conllevan mejorarían la salud general de la persona y su bienestar. Este beneficio potencial es particularmente importante en personas que están o se sienten impotentes debido a la falta de recursos, que están en los puestos de trabajo más bajos en el organigrama de una organización, o que pertenecen se sienten inseguros de sí mismos.
En numerosas ocasiones nos movemos entre la teoría y la práctica, nos movemos entre las aportaciones teóricas de la ciencia y las aportaciones de determinadas personas que acumulan años de experiencia en una materia. A veces, sus conclusiones coinciden, a veces difieren y, en otras ocasiones como la que nos ocupa, las aportaciones de la experiencia, simplemente no han sido validadas científicamente. Desde el Club del Lenguaje No Verbal pretendemos informar sobre todo aquello que consideremos de interés para vosotros y que, por supuesto, venga avalado por la seriedad de la ciencia o de la experiencia.
Cuando un ex-agente del FBI con decenas de años de experiencia en interrogatorios publica un libro presentando sus conclusiones sobre la detección de mentiras, aunque no tenga validez científica, cuando menos es digno de ser leído.
Este es precisamente el caso que nos ocupa. Tal y como se recoge en diversos blogs, os traemos un resumen de las pistas más interesantes presentadas por Bouton Marcos en su libro “Cómo detectar mentiras igual que el FBI”
El comportamiento del mentiroso.
El Agente Especial Bouton indica en su libro que hay algunos indicadores de la mentira que son fáciles de detectar: mirar alrededor en vez de establecer contacto visual, ritmo cardiaco acelerado, sudoración aun con baja temperatura en la sala. No obstante, es importante tener en cuenta que la fisiología de cada persona es diferente, por lo tanto, los cambios en ella cuando están diciendo una mentira no es consistente en todos los individuos. Todos muestran signos fisiológicos diferentes cuando dicen una mentira y no una señal fisiológica típica que se pueda aplicar a todas las personas.
Señales peligrosas
Bouton explica que “ser consciente de las señales inconscientes emitidas por un sospechoso cuando está a punto de atacar” fue una parte fundamental de su trabajo.
Las señales que él cree ser signos de una persona violenta incluyen: puños cerrados, una ingesta súbita y profunda de aire, o situarse de pie en una posición defensiva. Por otra parte, afirma que un breve destello de ira en una persona que parece tranquila es una microexpresión de sus verdaderos sentimientos que el sospechoso está tratando de encubrir.
Contacto visual (o la falta de él)
El artículo continúa con un análisis del contacto visual, y cómo los ojos puede ser un indicador de que alguien está siendo engañoso.
Bouton mantiene en su libro “la gente normalmente mantiene el contacto visual durante una conversación sobre el 60 %, algunos apartan la mirada cada vez que mienten. Cuando alguien parpadea más rápidamente, es un buen indicador de que no están diciendo la verdad.
El mismo Bouton acepta que este indicador no es necesariamente fiable. En este sentido sí está prácticamente aceptado que el contacto visual o la falta de él no indica en absoluto la mentira. En este sentido hay que tener en cuenta que, aun sin ser un indicador de mentira, existe el mito de creer que quien no te mira a los ojos oculta algo.
Sociópatas
Bouton habla en su libro de los “mentirosos compulsivos” como personas con una patología social que realmente creen que lo que están diciendo es verdad, por lo que técnicamente no están mintiendo y no pueden presentar los mismos signos que alguien que puede sentirse culpable o nervioso porque sabe que miente.
Hemos considerado ofreceros una breve visión de este libro que recoge la experiencia a través de miles de interrogatorios. A partir de ahí, cada cual podrá sacar sus propias conclusiones.
Independientemente de las aptitudes y actitudes que pueda tener un gran líder, es evidente que el liderazgo es algo que está en la mente de los demás. Todos los grandes líderes lo son o han sido porque el resto de la humanidad les hemos otorgado ese galardón. Hay una serie de elementos que nos hacen decir “esta persona es un líder” y la gran mayoría de estos son elementos que se perciben a través de la vista. La clave estará en lo que digan y hagan, pero siempre canalizado a través del “cómo lo digan y cómo lo hagan”, es decir, a través de las señales no verbales.
Cuando una persona es un líder, su comportamiento es diferente al de los demás. Algo se ve o se siente en él que es diferente. Pero este hecho no es único en el hombre, algunas especies de peces cambian de color una vez que se conviertan en los líderes del grupo y en el mono, el macho dominante tiene una mayor formación de nuevas células cerebrales.
En los seres humanos, a menudo se dice, “los líderes viven más tiempo” y también se observan cambios en su lenguaje corporal.
En esta serie de pequeñas perlas sobre el lenguaje no verbal del líder vamos a ofrecerte cuales son los signos no verbales que denotan el liderazgo.
No es de extrañar que algunos de los líderes más carismáticos de nuestro tiempo, como Barak Obama o Steve Jobs, son maestros del lenguaje corporal. Han dominado la capacidad de sincronizar su lenguaje verbal y los mensajes no verbales. Controlan sus gestos corporales, y en consecuencia, su capacidad de influir en su audiencia y transmitir su mensaje con eficacia.







